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Sagradas Escrituras Version Antigua

by Russell Stendal · Spanish · Gutenberg #6528 · 4,065,822 chars · public domain (US)

The Project Gutenberg eBook of Sagradas Escrituras Version Antigua
    
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Title: Sagradas Escrituras Version Antigua

Author: Russell Stendal


        
Release date: September 1, 2004 [eBook #6528]
                Most recently updated: June 21, 2020

Language: Spanish

Other information and formats: www.gutenberg.org/ebooks/6528


*** START OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK SAGRADAS ESCRITURAS VERSION ANTIGUA ***


Copyright (c) 1996, 2002 by Russell Martin Stendal



Introducción de Las Sagradas Escrituras Version Antigua transcrita y puesta en español actual por Russell Martin Stendal en su revisión de 1996, así como un Glosario (antiguo) y dos notas de los Editores de tal revisión:

                            Las
                   Sagradas Escrituras
                      Version Antigua

       Traducida de los Textos Originales en Hebreo y Griego
               al Español por Casiodoro de Reina (1569)

                 Apoyada en el Nuevo Testamento
                 de Francisco de Enzinas (1543)
        y en el Nuevo Testamento con Salmos y Proverbios
                 de Juan Pérez de Pineda (1556)

            Y cotejada posteriormente con la revisión
                 de Cipriano de Valera (1602)
               y con subsiguientes revisiones
      con el fin de actualizar la ortografía y la gramática
         sin perder el sentido de la traducción original.

"La Palabra del Dios nuestro permanece para siempre".  (Isaías 40:8).

            Copyright (c) 1999,  Russell Martin Stendal

Esta Biblia puede ser usado libremente siempre y cuando su contenido
no sea alterado.

(This Bible may be used freely provided that the contents are not altered).

Colombia Para Cristo
Apartado Aéreo 95.300
Santafé de Bogotá, Colombia
telefax 346-1419

Primera Edición
Marzo de 1996

Impreso en Colombia


AMONESTACION

del Traductor de los Sacros Libros
al Lector y a toda la Iglesia del Señor:

Cristiano lector:

Intolerable cosa es a Satanás, padre de mentira, y autor de tinieblas,
que la verdad de Dios y su luz se manifieste en el mundo;  porque sólo
por este  camino es desecho su engaño; se desvanecen sus tinieblas, y 
se descubre toda la vanidad sobre la cual su reino es fundada, y de 
allí está cierta su ruina:  y los míseros hombres que tiene ligados en 
muerte con prisiones de ignorancia, enseñados con la divina luz, se le 
salen de su prisión a vida eterna, y a libertad de hijos de Dios.  De 
aquí viene, que aunque por la condición de su maldito ingenio 
aborrezca y persiga todo medio encaminado a la salud de los hombres, 
con singulares diligencias y fuerza siempre ha resistido, y no cesa, 
ni cesará de resistir (hasta que Dios lo frene del todo) a los libros 
de la Sagrada Escritura;  porque sabe muy bien por la larga 
experiencia de sus pérdidas, cuán poderoso instrumento es este para 
deshacer sus tinieblas en el mundo, y echarlo de su vieja posesión.

Largo discurso sería necesario hacer para recitar ahora las 
persecuciones que la Sagrada Escritura ha sufrido en otros tiempos, y 
los cargos infames que le ha hecho, por los cuales no pocas veces ha 
alcanzado a casi desarraigarlos del mundo;  y lo hubiera alcanzado sin 
duda, si la luz que en ellos está encerrada, no tuviese su origen y 
fuente más alto que este sol, y que no consistiese en solo los libros 
como todas las otras disciplinas humanas; de donde viene que 
pereciendo los libros en que están guardadas, o por la condición de 
los tiempos, o por otros casos mundanos, ellas también perezcan;  y si 
alguna restauración tienen después, es en cuanto se hallan algunas 
reliquias, con que ayudado el ingenio humano las resucita.  Mas porque 
la fuente de esta divina luz es el mismo Dios, y su intento es 
propagarla en este abismo de tinieblas, de aquí, que aunque muchas 
veces por cierto consejo suyo permita a Satanás la potestad sobre los 
sagrados libros, y aunque él los queme todos, y aun también mate a 
todos los que ya participaron de aquella celestial sabiduría, 
quedándonos la fuente sana y salva, (como no puede tocar en ella) la 
misma luz al fin vuelve a ser restaurada con gran victoria, y él queda 
frustrado y avergonzado de sus diligencias.

Por ser pues este su pertinaz ingenio contra la divina palabra, 
estamos ciertos que no lo dejará de seguir en esta obra presente, y
que en cuanto ella es más necesaria a la Iglesia del Señor, tanto más 
él se desvelará en despertar contra ella toda suerte de enemigos, 
extraños y domésticos; los de lejos y los de cerca.  Los de lejos, 
hace días que están despiertos para impedir toda versión vulgar de la 
Santa Escritura, a título de que los sagrados misterios no han de ser 
comunicados al vulgo, y que es ocasión de errores en él, &c.  De 
cerca, no le faltarán otros supuestos, que con títulos algo más 
sutiles y aparentes se levanten contra ella, aunque por ventura a los 
unos y a los otros no les falte buena intención, y celo, como muchas 
veces acontece, que con buenas intenciones pero por falta de mejor 
enseñanza pensando servir a Dios, sirven al demonio y a sus intentos.

En cuanto a los primeros, no determinamos por ahora tratar la
cuestión, si es conveniente o no, que la ley de Dios, y todo el cuerpo
de su palabra, ande de manera que pueda ser entendida por todos, 
remitiéndonos a otros muchos que antes de nosotros la han tratado 
copiosa y acertadamente.  Bastará por ahora amonestarles con toda 
caridad y humildad, que si son Cristianos, y tienen verdadero celo de 
la gloria de Dios y de la salud de los hombres, como quieren que se 
entienda de ellos, miren lo primero, que de lo uno y de lo otro la 
Palabra de Dios contenida en los sacros libros es el verdadero y 
legítimo instrumento, y que por tal razón Dios lo ha comunicado al 
mundo para ser por él conocido y honrado de todos, y que por esta vía 
tengan salud;  y esto sin excluir de esta universalidad ni doctos ni 
indoctos, ni esta lengua ni la otra.  De donde es necesario que 
concluyan:  Que prohibir la divina Escritura en lengua vulgar no se 
puede hacer sin singular injuria de Dios, e igual daño a la salud de 
los hombres, lo cual es pura obra de Satanás y de los que él tiene a 
su servicio.

Miren lo segundo, que hacen gran vergüenza a la misma Palabra de Dios
en decir que los misterios que contiene no se hayan de comunicar al
vulgo.  Porque las supersticiones e idolatrías todas con que el diablo 
ha enloquecido al mundo, y extraviándolo del conocimiento y culto de 
su verdadero Dios, trajeron siempre este pretexto de falsa reverencia.  
Y tenía razón el inventor de ellas en esto,  porque si quería que sus 
abominaciones permaneciesen algo en el mundo, necesario era que el 
vulgo no las entendiese, sino sólo aquellos a quienes eran provechosas 
para sustentar sus vientres y gloria.  Los misterios de la verdadera 
Religión son al contrario, pues quieren ser vistos y entendidos de 
todos, porque son luz y verdad;  y porque siendo ordenados para la 
salud de todos, el primer grado para alcanzarla necesariamente es 
conocerlos.

Consideren en tercer lugar, que no le hacen menor afrenta en decir que
sean ocasión de errores, porque la Luz y la Verdad (si confiesan que
la Palabra de Dios lo es) a nadie puede engañar ni entenebrecer.  Y si 
algunas veces lo hace (como no negamos que lo haga y muchas) de alguna 
otra parte debe venir el mal;  no de su ingenio y naturaleza, que es 
quitar la tiniebla, descubrir el error, y deshacer el engaño.  El 
Profeta Isaías claramente dice que su profecía no es para dar luz a 
todos, sino para cegar los ojos del Pueblo, agravar sus oídos, y 
embotar su corazón, para que no vean ni oigan la Palabra de Dios, y se 
conviertan y reciban sanidad; quien por evitar estos males mandaría 
entonces al Profeta que se callase, y le cerraría la boca, viendo que 
hiciera cosa conforme a la voluntad de Dios, y al bien de su Iglesia; 
mayormente diciendo él mismo otras muchas veces, que su profecía es 
luz para los ciegos, consuelo para los afligidos, esfuerzo para los 
cansados, &c.   ¿Y qué hablamos de Isaías?  El mismo Señor dice, que 
vino al mundo para juicio, para que los que no ven vean, y los que ven 
sean ciegos.  Le mandaron luego los padres de la fe de entonces que 
callase, por evitar el daño de los que de su predicación habían de 
salir más ciegos.  De él dice Simeón, que viene para levantamiento, y 
también para ruina de muchos.  Lo mismo había dicho de él el Profeta 
Isaías.  Por lazo (dice) y por ruina a las dos casas de Israel, y de 
ellos tropezarán muchos, &c.  Lo mismo dice el Apóstol de la 
predicación del Evangelio, que a unos es olor vital, a otros olor 
mortal.   ¿Sería luego buena prudencia quitarlo del mundo, quitando a 
los buenos el único medio por donde se han de salvar, por quitar la 
ocasión de hacerse peores a los que se pierdan, y de suyo están ya 
señalados para perdición?

Miren lo cuarto: Que el estudio de la divina Palabra es cosa
encomendada y mandada por Dios a todos, por tantos y tan claros
testimonios del Viejo y Nuevo Testamento, que sin muy largo discurso 
no se podrán aquí recitar; de donde queda claro que no puede ser sin 
impiedad inexcusable, que el mandamiento de Dios, tantas veces 
repetido, y tan necesario a los hombres, sea dejado y anulado por una 
tan flaca razón; y que sin ningún pretexto, por santo que parezca, 
puede excusar, que si Dios la dio para todos, no sea una tiranía 
execrable que a los más la quiten; y falta de juicio es (si pretenden 
buena intención) que la habilidad para poder gozar de ella, sea saber 
latín solamente, como si sólo los que lo saben, por el mismo caso sean 
ya los más prudentes y píos:  y los que no lo saben, los más puestos a 
los peligros, que dicen, que temen.   ¿Si es la verdadera sabiduría, 
quién la necesita más que los más ignorantes?  Si es Palabra de Dios, 
insigne injuria se hace a Dios, a ella, y a los buenos, que por el 
abuso de los malos, se le quite su libertad de correr por las manos de 
los que podrían usar bien de ella, y sacar los frutos para los cuales 
Dios la dio.  Perverso juicio es que por evitar el inconveniente de 
los errores, que dicen, en algunos, priven a todos del medio con que 
podrían salir de la ignorancia, errores, herejías, idolatría, pecado, 
y toda corrupción, e iniquidad en que nacimos, y fuimos criados, y de 
que nuestra corrupta naturaleza se abreva (como dice Job) como peces 
del agua.

Si es Luz, a la luz resiste todo hombre que le impide salir en público
para lumbre y alegría de todos;  y tinieblas se debe llamar y mentira, 
porque a la luz y a la verdad no resiste ni pone impedimento, sino la 
tiniebla y mentira.  Si es candela, a cuya lumbre el hombre ciego y 
habitante en esta caverna tenebrosa encamine seguramente sus pasos, 
visto es pretender de tener los hombres en su ceguera, el que no 
quiere que les sea comunicada con aquella abundancia con que ella se 
da.  Si es escudo a todos los que en ella ponen su esperanza, espada 
con que el Apóstol arma al Cristiano para defenderse y ofender a sus 
enemigos en toda suerte de tentación, desarmado y por consiguiente 
vencido y muerto de mano del diablo lo quiere, quien se la quita que 
no la tenga tan copiosa y tan a la mano, cuanto son muchas y continuas 
sus tentaciones.  Si es útil para enseñar en la ignorancia, para 
redargüir en el error, para reprender en el pecado, para enseñar a la 
justicia, para perfeccionar al Cristiano, y hacerlo hábil y pronto a 
toda buena obra, fuera de todo buen enseñamiento, y de toda buena y 
Cristiana disciplina lo quiere, el error, el pecado, y la confusión en 
lo sacro y en lo profano ama y desea, el que en todo o en parte 
sepulta las divinas Escrituras; y sepultándolas en parte da a entender 
bien claro lo que haría del todo si pudiese, o esperase salir con 
ello.

Estas razones son claras, y se dejan entender de todos, no obstante 
todos los hermosos pretextos que se podrán traer en contrario, que no 
son muchos; y el más dorado es el que hemos dicho, tan frío que ni aun 
con humana razón es digno de que se contienda mucho contra él, porque 
está claro que ningún hombre de sano juicio habrá, que de veras diga: 
Que un gran bien, y mayormente tan necesario a todos, dado de Dios 
para común uso de todos, se deba prohibir en todo ni en parte por el 
abuso que los malos ingenios pueden tener de él.  Por monstruo de 
desvarío, enemigo del linaje humano, sería tenido justamente el rey o 
príncipe, que porque hay muchos que usan mal del pan, del agua, del 
vino, del fuego, de la luz, y de las otras cosas necesarias a la vida 
humana, o las prohibe del todo, o hiciese tal estanco de ellas que no 
se diesen si no muy caras, y con gran escasez.  La Palabra de Dios 
tiene todos estos títulos, porque también tiene los mismos efectos 
para el alma, miren pues los príncipes del mundo, en qué opinión 
quieren ser tenidos haciéndola pasar por tan inicua condición.

Finalmente como quiera que sea, es necesario que se resuelvan:  Que ni 
las disputas inoportunas, ni las defensas violentas, ni los pretextos
cautelosos, ni el fuego, ni las armas, ni toda la potencia del mundo 
junta podrá ya resistir, que la Palabra de Dios no corra por todo tan 
libremente como el sol por el cielo, como ya lo vamos todos probando 
por experiencia; y sería prudencia no poca aprender de lo 
experimentado para lo porvenir, y tomar otros consejos.  Ni nos 
dejemos engañar más con los pretextos dichos, porque no se encubre 
mucho lo que el diablo pretende con ellos, aunque los que los han 
puesto tengan cuanta buena intención quisieron, por lo menos esto es 
necesario que esté fuera de disputa, Que habiendo dado Dios su Palabra 
a los hombres, y queriendo que sea entendida y puesta en efecto por 
todos, ningún buen fin puede pretender el que la prohibiere en 
cualquier lengua que sea.

Casiodoro de Reina -- 1569

De la edición original de Casiodoro de Reina, solamente tenemos
conocimiento de tres copias que sobrevivieron a la hoguera de la 
Inquisición.  Muchas Biblias fueron quemadas junto con sus dueños. 
Pero cuando el diablo supo que no podía parar subsiguientes ediciones 
de la Biblia en español, se vió obligado a cambiar de táctica.  
Valiéndose de las buenas intenciones de muchos para actualizar, 
modernizar, y simplificar la Biblia en español, en cada revisión el 
enemigo logró sembrar su cizaña, ocultando parcialmente la luz y la 
verdad de la palabra de Dios, y poco a poco quitando el filo de la 
espada del Cristiano. Es nuestra intención presentarles la Palabra de 
Dios en ortografía y gramática  actualizadas, pero con toda la fuerza 
y unción que fue derramada sobre Casiodoro de Reina, erudito del 
Hebreo y Griego; un hombre escogido por Dios para ser el traductor de 
la Biblia al español.

Los Editores -- 1996

GLOSARIO
--------
Arrepentimiento.  Es esencial para la salvación (Hechos 17:30);
implica dar la media vuelta para cambiar de rumbo hacia la enmienda, 
con el fin de hacer solamente la voluntad de Dios, y se manifiesta con 
los "frutos del arrepentimiento" (restitución). (Lucas 3:3-18;  Hechos 
17:30).

Buen Fruto.  Por sus frutos los conoceréis - el fruto del Espíritu 
Santo se manifestará en la vida de todo cristiano auténtico. (Efesios 
5:9).

Buenas Obras.   Son iniciadas por el Espíritu Santo, según la voluntad
de Dios y se hacen a la manera de Dios y con el poder de Dios.
(Santiago 2:20).

Caridad.  Entender y vivir el amor ágape (que redime, el amor
vertical).  Viene solamente cuando la vida de Dios se manifiesta en el 
ser humano; el hombre no lo tiene en sí mismo, ni lo puede obtener por 
su propia cuenta.  Nace del sacrificio y no de las emociones humanas.  
La caridad es esencial para que nuestro amor humano, horizontal 
(fileos) sea saludable. Vean como se aman los unos a los otros, listos 
a dar la vida por los hermanos, sentir compasión por unos hermanos en 
dificultades tal como si fueran las propias.  (1 Corintios cap. 13).

Carnalidad.  Si vives según la carne morirás. (Romanos 8:13).

Concupiscencia.  Apetito, o deseo de los bienes terrenos.   Apetito
desordenado por los deseos de la carne.  (Santiago 1:15).

Creer o tener Fe. Es  más que un reconocimiento mental de hechos 
históricos.  La verdadera fe obra obediencia a Dios (Gálatas 3:2-11) y 
es dependencia total en él para que su gracia obre en nosotros.  Se 
requiere arrepentimiento y fe (obediencia) para recibir el don del 
Espíritu Santo.  (Hechos 2:38).

Cristo.  Mesías, Ungido;  el que tiene toda Potestad. (Mateo 28:18).
Es esencial que Jesús, el Cristo, sea nuestro único amo y Señor.  
(Joel 2:32).

Elección.  La palabra en griego significa selección.  Muchos son
llamados, pero pocos son escogidos.  Sienten su llamado y elección 
seguros por una serie de pasos dirigidos por Dios.  (2 Pedro 1:1-11).

Espíritu Santo.   El Consolador  (Juan 14:16-18).  Hay que "nacer de 
nuevo" por el Espíritu de Dios.  La gracia de Dios puede obrar en 
nosotros mediante el arrepentimiento (de nuestras propias obras 
muertas) y la fe (dependencia total en Jesús, el Cristo, para obrar en 
nosotros). El auténtico Espíritu Santo obra santidad en nosotros para 
que podamos conocer plenamente a Dios.

Evangelio.  Las buenas nuevas:  que podemos someternos a un nuevo Rey
y no tenemos que servir a la carne,  al mundo, o a Satanás ni un 
momento más.  (Marcos 1:1; 1:14,15; 13:10; 16:15).

Gentiles.  Gente; paganos, inconversos; incircuncisos de carne y/o de
corazón.  (Jeremías 9:26).

Gracia.   La potencia de Dios - Dios hará por usted lo que usted
reconoce que no puede hacer por sí mismo para hallar arrepintimiento,  
liberación , y todos los recursos necesarios para vivir plenamente en 
santidad, comunicado con Dios.  (Romanos 7:25-8:39).

Justicia (rectitud).   La justicia actual, que sigue siendo la
justicia de Cristo que obra en la vida diaria del creyente por la fe, 
mediante los recursos del Espíritu Santo.  (Isaías 54:14-17; 1 Juan 
2:29).

Perfección.  Madurez: que no falta nada. La meta principal de la vida
cristiana.  (Hebreos 6:1).

Potencia.  Virtud para hacer una cosa, para producir un efecto.  Es el
poder bajo control dirigido a un fin específico.  Para que los dones 
del poder de Dios nos sean de provecho eterno, deben ser sometidos a 
la potestad de Jesús, para que seamos dirigidos por su Santo Espíritu 
y no por las concupiscencias de nuestra carne.  (Isaías 9:7; 1 
Corintios 14:40).

Salud.  Salvación del poder del pecado para seguir la voluntad de
Dios; que da como resultado la vida en Cristo ahora para bienestar de
nuestro cuerpo, alma y espíritu; más vida eterna como posesión
definitiva en el juicio final. (Hebreos 2:3;  Romanos 10:10).

Vida Eterna.  Jesús, el Cristo, es la vida eterna, si lo tenemos a él,
tenemos la vida. (1 Juan 5:10-13).

Vivir Guiados por el Espíritu.   Los que son guiados por el Espíritu de
Dios son los hijos de Dios. (Romanos 8:14).

Sobreedificados sobre el fundamento de los Apóstoles y de los Profetas,
en la principal piedra del ángulo, JESUS, el Cristo;

En la cual compaginado todo el edificio, va creciendo para ser un Templo
santo al Señor:

En el cual vosotros también sois juntamente edificados, por morada de Dios
en el Espíritu Santo. (Efesios 2:20-22).

                          Nota del Editor

Hemos hecho un esfuerzo para preservar el énfasis del original
referente a mayúsculas, palabras en bastardilla y/o en [llaves].  Se
emplea la bastardilla cuando, a criterio del traductor, la palabra es
necesaria en cuanto al buen español, pero no figura en el manuscrito
del idioma original.  Las palabras en llaves son aclaraciones hechas
por el traductor para evitar que se mal entienda la frase.  La 
puntuación y la ortografía tienen el propósito principal de preservar 
el sentido y el conjunto demostrado en los manuscritos originales, y 
no necesariamente según las normas del español moderno.

El traductor original transcribió el Nombre de Dios al español como
Jehová; Nombre que aparece en los manuscritos hebreos de las Sagradas
Escrituras con cuatro consonantes (sin vocales) YHWH (o JHVH) y se
traduce de manera literal al español como YO SOY (según Exodo 3:14).
Así mismo figura en el idioma griego en algunas citas del Nuevo
Testamento (vean  Marcos 12:26, 14:62, Lucas 22:70, Juan 4:26;
6:35,41; 8:18,24,28,58; 11:25; 18:5-8; Apocalipsis 1:8,11,17; 2:23;
21:6; 22:13,16).  Los antiguos consideraban que el Nombre de Dios era
demasiado sagrado para pronunciar y entonces leian "Adonai" o Señor
cada vez que encontraban los cuatro consonantes del tetragramaton.
Tradición seguido por nuestro Señor Jesús y por los apóstoles en el
Nuevo Testamento cuando citaban las Escrituras del Antiguo Testamento.
En esta obra hemos continuado en la tradición del Nuevo Testamento en
cuanto a las citas del Antiguo Testamento y así el nombre que aparece
en los manuscritos originales como YHWH esta siempre escrita en
mayúsculas pequeñas como SEÑOR, DIOS,  o YO SOY según el caso.
Esperamos que esta explicación ayude a aclarar la polémica acerca de
la transcripción castellana del Nombre sagrado (y dejamos al lector en
libertad para pronunciar el Nombre de Dios a su conciencia)  si todos 
reconocemos que hay un solo YO SOY y sólo mediante el arrepentimiento 
y la fe podemos hallar nuestra existencia en El eternamente.

Ilustres hombres de Dios a través de los siglos han encontrado
múltiples aplicaciones del mensaje profético de la Palabra de Dios;
sea a la Israel natural, a la Israel espiritual (la Iglesia), o a la
vida diaria del cristiano.  Como acabamos de ver referente al Nombre
de Dios, es útil entender el significado literal y espiritual de los
nombres propios usados en las Sagradas Escrituras  para mayor
comprensión de cada faceta del mensaje divino.

(c) 1996,  Russell Martin Stendal
Tomado del www.onlinebible.net módulo: SEV.EXE Las Sagradas Escrituras Version Antigua Revised 1999







GÉNESIS


CAPÍTULO 1

1 En el principio creó Dios los cielos y la tierra. 

2 Y la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas [estaban] sobre la faz del abismo, y el espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas. 

3 Y dijo Dios: Sea la luz; y fue la luz. 

4 Y vio Dios que la luz [era] buena; y apartó Dios a la luz de las tinieblas. 

5 Y llamó Dios a la luz Día, y a las tinieblas llamó Noche; y fue la tarde y la mañana un día. 

6 Y dijo Dios: Sea [un] extendimiento en medio de las aguas, y haya apartamiento entre aguas y aguas. 

7 E hizo Dios un extendimiento, y apartó las aguas que [estaban] debajo del extendimiento, de las aguas que [estaban] sobre el extendimiento; y fue así. 

8 Y llamó Dios al extendimiento Cielos; y fue la tarde y la mañana el día segundo. 

9 Y dijo Dios: Júntense las aguas que [están] debajo de los cielos en un lugar, y descúbrase lo seco; y fue así. 

10 Y llamó Dios a lo seco Tierra, y al ayuntamiento de las aguas llamó Mares; y vio Dios que [era] bueno. 

11 Y dijo Dios: Produzca la tierra hierba verde, hierba que haga simiente; árbol de fruto que haga fruto según su naturaleza, que su simiente [esté] en él sobre la tierra; y fue así. 

12 Y produjo la tierra hierba verde, hierba que hace simiente según su naturaleza, y árbol que hace fruto, cuya simiente [está] en él según su naturaleza; y vio Dios que [era] bueno. 

13 Y fue la tarde y la mañana el día tercero. 

14 Y dijo Dios: Sean luminarias en el extendimiento de los cielos para apartar el día y la noche; y sean por señales, y por tiempos [determinados], y por días y años; 

15 y sean por luminarias en el extendimiento de los cielos para alumbrar sobre la tierra; y fue así. 

16 E hizo Dios las dos luminarias grandes; la luminaria grande para que señorease en el día, y la luminaria pequeña para que señorease en la noche, y las estrellas. 

17 Y las puso Dios en el extendimiento de los cielos, para alumbrar sobre la tierra, 

18 y para señorear en el día y en la noche, y para apartar la luz y las tinieblas; y vio Dios que [era] bueno. 

19 Y fue la tarde y la mañana el día cuarto. 20 Y dijo Dios: Produzcan las aguas [gran cantidad de] criaturas de alma viviente, y aves que vuelen sobre la tierra, sobre la faz del extendimiento de los cielos. 

21 Y creó Dios los grandes dragones, y todo animal [que vive], que las aguas produjeron según sus naturalezas, y toda ave de alas según su naturaleza; y vio Dios que [era] bueno. 

22 Y Dios los bendijo diciendo: Fructificad y multiplicaos, y llenad las aguas en los mares, y las aves se multipliquen en la tierra. 

23 Y fue la tarde y la mañana el día quinto. 

24 Y dijo Dios: Produzca la tierra alma viviente según su naturaleza, bestias y serpientes, y animales de la tierra según su naturaleza; y fue así. 

25 E hizo Dios animales de la tierra según su naturaleza, y bestias según su naturaleza, y todas [las] serpientes de la tierra según su naturaleza; y vio Dios que [era] bueno. 

26 Y dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, y en las aves de los cielos, y en las bestias, y en toda la tierra, y en toda serpiente que [se] anda arrastrando sobre la tierra. 

27 Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; macho y hembra los creó. 

28 Y los bendijo Dios; y les dijo Dios: Fructificad y multiplicaos, y llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, y en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra. 

29 Y dijo Dios: He aquí os he dado toda hierba que hace simiente, que [está] sobre la faz de toda la tierra; y todo árbol en que [hay] fruto de árbol que haga simiente, os serán para comer. 

30 Y a toda bestia de la tierra, y a todas las aves de los cielos, y a todo lo que se mueve sobre la tierra, en que hay ánima viviente, toda verdura de hierba verde [les] será para comer; y fue así. 

31 Y vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que [era] bueno en gran manera. Y fue la tarde y la mañana el día sexto. 


CAPÍTULO 2

1 Y fueron acabados los cielos y la tierra, y todo su ornamento. 

2 Y acabó Dios en el día séptimo su obra que hizo, y reposó el día séptimo de toda su obra que había hecho. 

3 Y bendijo Dios al día séptimo, y lo santificó, porque en él reposó de toda su obra que había creado Dios en perfección. 

4 Estos [son] los orígenes de los cielos y de la tierra cuando fueron creados, el día que el SEÑOR Dios hizo la tierra y los cielos, 

5 y toda planta del campo antes que fuese en la tierra, y toda hierba del campo antes que naciese; porque el SEÑOR Dios aún no había hecho llover sobre la tierra, ni [aun había] hombre para que labrase la tierra; 

6 Y [un] vapor subía de la tierra, que regaba toda la faz de la tierra. 

7 Formó, pues, El SEÑOR Dios al hombre [del] polvo de la tierra, y sopló en su nariz [el] aliento de vida; y fue el hombre un alma viviente. 

8 Y había plantado el SEÑOR Dios [un] huerto en Edén al oriente, y puso allí al hombre que formó. 

9 Había también hecho producir el SEÑOR Dios de la tierra todo árbol deseable a la vista, y bueno para comer, y el árbol de vida en medio del huerto, y el árbol de [la] ciencia del bien y del mal. 

10 Y salía [un] río de Edén para regar el huerto, y de allí se repartía en cuatro cabezas. 

11 El nombre del uno [era] Pisón; éste [es] el que cerca toda la tierra de Havila, donde hay oro; 

12 y el oro de aquella tierra [es] bueno; [hay] allí [también] bedelio y piedra cornerina. 

13 El nombre del segundo río [es] Gihón; éste [es] el que cerca toda la tierra de Etiopía. 

14 Y el nombre del tercer río [es] Hidekel; éste [es] el que va hacia el oriente de Asiria. Y el cuarto río [es el] Eufrates. 

15 Tomó, pues, el SEÑOR Dios al hombre, y le puso en el huerto de Edén, para que lo labrase y lo guardase. 

16 Y mandó el SEÑOR Dios al hombre, diciendo: De todo árbol del huerto comerás; 

17 mas del árbol de [la] ciencia del bien y del mal, no comerás de él; porque el día que de él comieres, morirás. 

18 Y dijo el SEÑOR Dios: No [es] bueno que el hombre esté solo; le haré ayuda que [esté] delante de él. 

19 Formó, pues, el SEÑOR Dios de la tierra toda bestia del campo, y toda ave de los cielos, y las trajo a Adán, para que viese cómo les había de llamar; y todo lo que Adán llamó al alma viviente, es [ese] su nombre. 20 Y puso Adán nombres a toda bestia y ave de los cielos, y a todo animal del campo; mas para Adán no halló ayuda que estuviese delante de él. 

21 Y el SEÑOR Dios hizo caer sueño sobre el hombre, y se adormeció; entonces tomó una de sus costillas, y cerró la carne en su lugar; 

22 y edificó el SEÑOR Dios la costilla que tomó del hombre, en mujer, y la trajo al hombre. 

23 Y dijo el hombre: Esta vez, hueso de mis huesos, y carne de mi carne; ésta será llamada Varona, porque del Varón fue tomada. 

24 Por tanto, el varón dejará a su padre y a su madre, y se allegará a su mujer, y serán por una carne. 

25 Y estaban ambos desnudos, Adán y su mujer, y no se avergonzaban. 


CAPÍTULO 3

1 Pero la serpiente era astuta, más que todos los animales del campo que el SEÑOR Dios había hecho; la cual dijo a la mujer: ¿Conque Dios dijo: No comáis de ningún árbol del huerto? 

2 Y la mujer respondió a la serpiente: Del fruto de los árboles del huerto comemos; 

3 mas del fruto del árbol que [está] en medio del huerto dijo Dios: No comeréis de él, ni tocaréis en él, para que no muráis. 

4 Entonces la serpiente dijo a la mujer: No moriréis. 

5 Mas sabe Dios, que el día que comiereis de él, serán abiertos vuestros ojos, y seréis como dioses, sabiendo el bien y el mal. 

6 Y vio la mujer que el árbol [era] bueno para comer, y que [era] deseable a los ojos, y árbol de codicia para entender; y tomó de su fruto, y comió; y dio también a su marido, y comió con ella. 

7 Y fueron abiertos los ojos de ambos, y conocieron que [estaban] desnudos; entonces cosieron hojas de higuera, y se hicieron cintas para ceñir. 

8 Y oyeron la voz del SEÑOR Dios que se paseaba en el huerto al aire del día; y se escondió el hombre y su mujer de delante del SEÑOR Dios entre los árboles del huerto. 

9 Y llamó el SEÑOR Dios al hombre, y le dijo: ¿Dónde [estás] tú? 

10 Y él respondió: Oí tu voz en el huerto, y tuve miedo, porque estaba desnudo; y me escondí. 

11 Y le dijo: ¿Quién te enseñó que estabas desnudo? ¿Has comido del árbol de que yo te mandé no comieses? 

12 Y el hombre respondió: La mujer que me diste, ella me dio del árbol, y comí. 

13 Entonces el SEÑOR Dios dijo a la mujer: ¿Qué [es] esto [que] hiciste? Y dijo la mujer: La serpiente me engañó, y comí. 

14 Y el SEÑOR Dios dijo a la serpiente: Por cuanto esto hiciste, maldita serás más que todas las bestias y que todos los animales del campo; sobre tu pecho andarás, y polvo comerás todos los días de tu vida; 

15 y enemistad pondré entre ti y la mujer, y entre tu simiente y su simiente; ella te herirá la cabeza, y tú le herirás el calcañar. 

16 A la mujer dijo: Multiplicaré en gran manera tus dolores y tus preñeces; con dolor darás a luz los hijos; y a tu marido [será] tu deseo, y él se enseñoreará de ti. 

17 Y al hombre dijo: Por cuanto escuchaste la voz de tu mujer, y comiste del árbol de que te mandé diciendo: No comerás de él. Maldita [será] la tierra por amor de ti; con dolor comerás de ella todos los días de tu vida; 

18 espinos y cardos te producirá, y comerás hierba del campo; 

19 en el sudor de tu rostro comerás el pan, hasta que vuelvas a la tierra, porque de ella fuiste tomado. Porque polvo eres, y al polvo serás tornado. 20 Y llamó el hombre el nombre de su mujer, Eva; por cuanto ella era madre de todos lo vivientes. 

21 Y el SEÑOR Dios hizo al hombre y a su mujer túnicas de pieles, y los vistió. 

22 Y dijo el SEÑOR Dios: He aquí el hombre es como uno de nosotros sabiendo el bien y el mal; ahora, pues, para que no meta su mano, y tome también del árbol de la vida, y coma, y viva para siempre; 

23 y lo sacó el SEÑOR del huerto de Edén, para que labrase la tierra de que fue tomado. 

24 Echó, pues, fuera al hombre, y puso al oriente del huerto de Edén querubines, y una llama de cuchillo que andaba en derredor para guardar el camino del árbol de la vida. 


CAPÍTULO 4

1 Y conoció Adán a su mujer Eva, la cual concibió y dio a luz a Caín, y dijo: He ganado varón por el SEÑOR. 

2 Y otra vez dio a luz a su hermano Abel. Y fue Abel pastor de ovejas, y Caín fue labrador de la tierra. 

3 Y aconteció andando el tiempo, que Caín trajo del fruto de la tierra presente al SEÑOR. 

4 Y Abel trajo también de los primogénitos de sus ovejas, y de su grosura. Y miró el SEÑOR a Abel y a su presente; 

5 y a Caín y a su presente no miró. Y se ensañó Caín en gran manera, y decayó su semblante. 

6 Entonces el SEÑOR dijo a Caín: ¿Por qué te has ensañado, y por qué se ha inmutado tu rostro? 

7 Cierto que si bien hicieres, será acepto; y si no hicieres bien, a las puertas duerme el pecado, y a ti será su deseo, y tú te enseñorearás de él. 

8 Y habló Caín a su hermano Abel; y aconteció que estando ellos en el campo, Caín se levantó contra su hermano Abel, y le mató. 

9 Y El SEÑOR dijo a Caín: ¿Dónde [está] Abel tu hermano? Y él respondió: No sé; ¿soy yo guarda de mi hermano? 

10 Y él le dijo: ¿Qué has hecho? La voz de la sangre de tu hermano clama a mí desde la tierra. {sangre: Heb. sangres} 

11 Ahora pues, maldito [seas] tú de la tierra que abrió su boca para recibir la sangre de tu hermano de tu mano: 

12 Cuando labrares la tierra, no te volverá a dar su fuerza; vagabundo y extranjero serás en la tierra. 

13 Y dijo Caín al SEÑOR: Grande [es] mi iniquidad para perdonar. 

14 He aquí me echas hoy de la faz de la tierra, y de tu presencia me esconderé; y seré vagabundo y extranjero en la tierra; y será que cualquiera que me hallare, me matará. 

15 Y le respondió el SEÑOR: Cierto que cualquiera que matare a Caín, siete veces será castigado. Entonces el SEÑOR puso señal en Caín, para que no lo hiriese cualquiera que le hallara. 

16 Y salió Caín de delante del SEÑOR, y habitó en tierra de Nod, al oriente de Edén. 

17 Y conoció Caín a su mujer, la cual concibió y dio a luz a Enoc; y edificó [una] ciudad, y llamó el nombre de la ciudad del nombre de su hijo, Enoc. 

18 Y a Enoc nació Irad, e Irad engendró a Mehujael, y Mehujael engendró a Metusael, y Metusael engendró a Lamec. 

19 Y tomó para sí Lamec dos mujeres: el nombre de la una [fue] Ada, y el nombre de la otra Zila. 20 Y Ada dio a luz a Jabal, el cual fue padre de los que habitan en tiendas, y [crían] ganados. 

21 Y el nombre de su hermano [fue] Jubal, el cual fue padre de todos los que tocan arpa y órgano. 

22 Y Zila también dio a luz a Tubal-Caín, acicalador de toda obra de bronce y de hierro: y la hermana de Tubal-Caín fue Naama. 

23 Y dijo Lamec a sus mujeres: Ada y Zila, oíd mi voz; mujeres de Lamec, escuchad mi dicho: Que varón mataré por mi herida, y [un] joven por mi golpe; 

24 que siete veces será vengado Caín, mas Lamec setenta veces siete. 

25 Y conoció aún Adán a su mujer, [la cual] dio a luz un hijo, y llamó su nombre Set; porque Dios [(dijo ella)] me ha dado otra simiente por Abel, al cual mató Caín. 

26 Y a Set también le nació [un] hijo, y llamó su nombre Enós. Entonces comenzó a ser invocado el nombre del SEÑOR. 


CAPÍTULO 5

1 Este es el libro de la descendencia de Adán. El día en que creó Dios al hombre, a la semejanza de Dios lo hizo; 

2 macho y hembra los creó; y los bendijo, y llamó el nombre de ellos Adán, el día en que fueron creados. 

3 Y vivió Adán ciento treinta años, y engendró [un hijo] a su semejanza, conforme a su imagen, y llamó su nombre Set. 

4 Y fueron los días de Adán, después que engendró a Set, ochocientos años; y engendró hijos e hijas. 

5 Y fueron todos los días que vivió Adán novecientos treinta años; y murió. 

6 Y vivió Set ciento cinco años, y engendró a Enós. 

7 Y vivió Set, después que engendró a Enós, ochocientos siete años; y engendró hijos e hijas. 

8 Y fueron todos los días de Set novecientos doce años; y murió. 

9 Y vivió Enós noventa años, y engendró a Cainán. 

10 Y vivió Enós después que engendró a Cainán, ochocientos quince años; y engendró hijos e hijas. 

11 Y fueron todos los días de Enós novecientos cinco años; y murió. 

12 Y vivió Cainán setenta años, y engendró a Mahalaleel. 

13 Y vivió Cainán, después que engendró a Mahalaleel, ochocientos cuarenta años; y engendró hijos e hijas. 

14 Y fueron todos los días de Cainán novecientos diez años; y murió. 

15 Y vivió Mahalaleel sesenta y cinco años, y engendró a Jared. 

16 Y vivió Mahalaleel, después que engendró a Jared, ochocientos treinta años; y engendró hijos e hijas. 

17 Y fueron todos los días de Mahalaleel ochocientos noventa y cinco años; y murió. 

18 Y vivió Jared ciento sesenta y dos años, y engendró a Enoc. 

19 Y vivió Jared, después que engendró a Enoc, ochocientos años; y engendró hijos e hijas. 20 Y fueron todos los días de Jared novecientos sesenta y dos años; y murió. 

21 Y vivió Enoc sesenta y cinco años, y engendró a Matusalén. 

22 Y anduvo Enoc con Dios, después que engendró a Matusalén, trescientos años; y engendró hijos e hijas. 

23 Y fueron todos los días de Enoc trescientos sesenta y cinco años. 

24 Y anduvo Enoc con Dios, y desapareció, porque le llevó Dios. 

25 Y vivió Matusalén ciento ochenta y siete años, y engendró a Lamec. 

26 Y vivió Matusalén, después que engendró a Lamec, setecientos ochenta y dos años; y engendró hijos e hijas. 

27 Fueron, pues, todos los días de Matusalén, novecientos sesenta y nueve años; y murió. 

28 Y vivió Lamec ciento ochenta y dos años, y engendró [un] hijo; 

29 y llamó su nombre Noé, diciendo: Este nos consolará de nuestras obras, y del trabajo de nuestras manos de la tierra, a la cual el SEÑOR maldijo. 

30 Y vivió Lamec, después que engendró a Noé, quinientos noventa y cinco años; y engendró hijos e hijas. 

31 Y fueron todos los días de Lamec setecientos setenta y siete años; y murió. 

32 Y siendo Noé de quinientos años, engendró a Sem, a Cam, y a Jafet. 


CAPÍTULO 6

1 Y acaeció [que], cuando comenzaron los hombres a multiplicarse sobre la faz de la tierra, y les nacieron hijas, 

2 viendo los hijos de Dios las hijas de los hombres que eran hermosas, tomaron mujeres, escogiendo entre todas. 

3 Y dijo el SEÑOR: No contenderá mi espíritu con el hombre para siempre, porque ciertamente él [es] carne; mas serán sus días ciento veinte años. 

4 Había gigantes en la tierra en aquellos días; y también después que entraron los hijos de Dios a las hijas de los hombres, y les engendraron [hijos], éstos [fueron] los valientes, que desde la antigüedad [fueron] varones de nombre. 

5 Y vio el SEÑOR que la malicia de los hombres [era] mucha sobre la tierra, y [que] todo el intento de los pensamientos del corazón de ellos ciertamente [era] malo todo el tiempo. 

6 Y se arrepintió el SEÑOR de haber hecho hombre en la tierra, y le pesó en su corazón. 

7 Y dijo el SEÑOR: Raeré los hombres que he creado de sobre la faz de la tierra, desde el hombre hasta la bestia, y hasta el animal y hasta el ave de los cielos; porque me arrepiento de haberlos hecho. 

8 Pero Noé halló gracia en los ojos del SEÑOR. 

9 Estas [son] las generaciones de Noé: Noé, varón justo, perfecto fue en sus generaciones; con Dios anduvo Noé. 

10 Y engendró Noé tres hijos: a Sem, a Cam, y a Jafet. 

11 Y se corrompió la tierra delante de Dios, y se llenó la tierra de violencia. 

12 Y miró Dios la tierra, y he aquí que estaba corrompida; porque toda carne había corrompido su camino sobre la tierra. 

13 Y dijo Dios a Noé: El fin de toda carne ha venido delante de mí; porque la tierra está llena de violencia delante de ellos; y he aquí que yo los destruyo a ellos con la tierra. 

14 Hazte un arca de madera de cedro; harás apartamientos en el arca y la embetunarás con brea por dentro y por fuera. 

15 Y de esta manera la harás: de trescientos codos la longitud del arca, de cincuenta codos su anchura, y de treinta codos su altura. 

16 Una ventana harás al arca, y la acabarás a un codo de elevación por la parte de arriba; y pondrás la puerta del arca a su lado; y le harás piso bajo, segundo y tercero. 

17 Y, he aquí que yo traigo un diluvio de aguas sobre la tierra, para destruir toda carne en que haya espíritu de vida debajo del cielo; todo lo que [hay] en la tierra morirá. 

18 Mas estableceré mi pacto contigo, y entrarás en el arca tú, y tus hijos, y tu mujer, y las mujeres de tus hijos contigo. 

19 Y de todo lo que vive, de toda carne, dos de cada uno meterás en el arca, para que tengan vida contigo; macho y hembra serán. 20 De las aves según su especie, y de las bestias según su especie, de todo animal de la tierra según su especie, dos de cada uno entrarán a ti para que haya vida. 

21 Y tú tómate toda vianda que se come, y júntatela, y será para ti y para ellos por mantenimiento. 

22 E hizo Noé conforme a todo lo que le mandó Dios; así [lo] hizo. 


CAPÍTULO 7

1 Y el SEÑOR dijo a Noé: Entra tú y toda tu casa en el arca, porque a ti he visto justo delante de mí en esta generación. 

2 De todo animal limpio te tomarás de siete pares, macho y su hembra; mas de los animales que no son limpios, dos, macho y su hembra. 

3 También de las aves de los cielos de siete pares, macho y hembra; para guardar en vida la simiente sobre la faz de toda la tierra. 

4 Porque [pasados] aún siete días, yo haré llover sobre la tierra cuarenta días, y cuarenta noches; y raeré toda sustancia que hice de sobre la faz de la tierra. 

5 E hizo Noé conforme a todo lo que le mandó el SEÑOR. 

6 Y [siendo] Noé de seiscientos años, el diluvio de las aguas fue sobre la tierra. 

7 Y vino Noé, y sus hijos, y su mujer, y las mujeres de sus hijos con él al arca, por las aguas del diluvio. 

8 De los animales limpios, y de los animales que no [eran] limpios, y de las aves, y de todo lo que anda arrastrándose sobre la tierra, 

9 De dos en dos entraron a Noé en el arca: macho y hembra, como mandó Dios a Noé. 

10 Y fue, que al séptimo día las aguas del diluvio fueron sobre la tierra. 

11 El año seiscientos de la vida de Noé, en el mes segundo a los diecisiete días del mes; aquel día fueron rotas todas las fuentes del grande abismo, y las ventanas de los cielos fueron abiertas; 

12 y hubo lluvia sobre la tierra cuarenta días y cuarenta noches. 

13 En este mismo día entró Noé, y Sem, y Cam y Jafet, hijos de Noé, la mujer de Noé, y las tres mujeres de sus hijos con él en el arca; 

14 ellos y todos los animales según sus especies, y todas las bestias según sus especies, y todo animal que anda arrastrándose sobre la tierra según su especie, y toda ave según su especie, todo pájaro, toda cosa de alas. 

15 Y vinieron a Noé al arca, de dos en dos, de toda carne, en que [había] espíritu de vida. 

16 Y los que vinieron, macho y hembra de toda carne vinieron, como le había mandado Dios: y cerró Dios sobre él. 

17 Y fue el diluvio cuarenta días sobre la tierra; y las aguas se multiplicaron, y alzaron el arca, y fue alzado de sobre la tierra. 

18 Y prevalecieron las aguas, y [se] multiplicaron en gran manera sobre la tierra; y andaba el arca sobre la faz de las aguas. 

19 Y las aguas prevalecieron mucho en gran manera sobre la tierra; y todos los montes altos que [había] debajo de todos los cielos, fueron cubiertos. 20 Quince codos encima prevalecieron las aguas; y fueron cubiertos los montes. 

21 Y murió toda carne que anda arrastrándose sobre la tierra, en las aves, y en las bestias, y en los animales, y en toda criatura que anda arrastrándose sobre la tierra, y en todo hombre; 

22 todo lo que tenía aliento de espíritu de vida en sus narices, de todo lo que [había] en la tierra, murió. 

23 Así rayó toda la sustancia que [había] sobre la faz de la tierra, desde el hombre hasta la bestia, hasta el animal, y hasta el ave del cielo; y fueron raídos de la tierra; y quedó solamente Noé, y los que con él [estaban] en el arca. 

24 Y prevalecieron las aguas sobre la tierra ciento cincuenta días. 


CAPÍTULO 8

1 Y se acordó Dios de Noé, y de todos los animales, y de todas las bestias que [estaban] con él en el arca; e hizo pasar Dios un viento sobre la tierra, y cesaron las aguas. 

2 Y se cerraron las fuentes del abismo, y las ventanas de los cielos; y la lluvia de los cielos fue detenida. 

3 Y [se] tornaron las aguas de sobre la tierra, yendo y volviendo; y decrecieron las aguas al cabo de ciento cincuenta días. 

4 Y reposó el arca en el mes séptimo, a diecisiete días del mes, sobre los montes de Armenia. 

5 Y las aguas fueron decreciendo hasta el mes décimo; en el décimo, al primero del mes, se descubrieron las cabezas de los montes. 

6 Y fue, que al cabo de cuarenta días, Noé abrió la ventana del arca que había hecho, 

7 y envió al cuervo, el cual salió, y estuvo yendo y tornando hasta que las aguas se secaron de sobre la tierra. 

8 Envió también de sí a la paloma, para ver si las aguas se habían aliviado de sobre la faz de la tierra; 

9 y no halló la paloma donde reposar la planta de su pie, y se volvió a él al arca, porque las aguas [estaban aún] sobre la faz de toda la tierra. Y él extendió su mano y la tomó, la metió consigo en el arca. 

10 Y esperó aún otros siete días, y volvió a enviar la paloma del arca. 

11 Y la paloma volvió a él a la hora de la tarde; y he aquí [que traía una] hoja de oliva tomada en su boca; y entendió Noé que las aguas se habían aliviado de sobre la tierra. 

12 Y esperó aún otros siete días, y envió la paloma, la cual no tornó a volver a él más. 

13 Y fue, que en el año seiscientos uno de Noé, en el [mes] primero, al primero del mes, las aguas se enjugaron de sobre la tierra y quitó Noé la cubierta del arca, y miró, y he aquí que la faz de la tierra estaba enjuta. 

14 Y en el mes segundo, a los veintisiete días del mes, se secó la tierra. 

15 Y habló Dios a Noé diciendo: 

16 Sal del arca tú, y tu mujer, y tus hijos, y las mujeres de tus hijos contigo. 

17 Todos los animales que [están] contigo de toda carne, de aves y de bestias y de toda criatura que anda arrastrándose sobre la tierra, sacarás contigo; y vayan por la tierra, y fructifiquen, y multiplíquense sobre la tierra. 

18 Entonces salió Noé, y sus hijos, y su mujer, y las mujeres de sus hijos con él. 

19 Todos los animales, y toda criatura, y toda ave, todo lo que se mueve sobre la tierra según sus especies, salieron del arca. 20 Y edificó Noé [un] altar al SEÑOR y tomó de todo animal limpio y de toda ave limpia, y ofreció holocausto en el altar. 

21 Y olió el SEÑOR olor de reposo; y dijo el SEÑOR en su corazón: No volveré más a maldecir la tierra por causa del hombre; porque el intento del corazón del hombre es malo desde su niñez; ni volveré más a herir toda cosa viva, como he hecho. 

22 Todavía [serán] todos los tiempos de la tierra; [es a saber] sementera, y siega, y frío y calor, verano e invierno, y día y noche, no cesarán. 


CAPÍTULO 9

1 Y bendijo Dios a Noé y a sus hijos, y les dijo: Fructificad, y multiplicaos, y llenad la tierra; 

2 y vuestro temor y vuestro pavor será sobre todo animal de la tierra, y sobre toda ave de los cielos, en todo lo que se moverá en la tierra, y en todos los peces del mar; en vuestra mano son entregados. 

3 Todo lo que se mueve, que es vivo, os será para mantenimiento; [así] como [la] verdura de hierba, os lo he dado todo. 

4 Pero la carne con su alma ([o vida]), que es su sangre, no comeréis. 

5 Porque ciertamente vuestra sangre [que es] vuestra alma, [yo la] demandaré; de mano de todo animal la demandaré, y de mano del hombre; de mano del varón su hermano demandaré el alma del hombre. 

6 El que derramare sangre de hombre en el hombre, su sangre será derramada; porque a imagen de Dios es hecho el hombre. 

7 Mas vosotros fructificad, y multiplicaos; y andad en la tierra, y multiplicaos en ella. 

8 Y habló Dios a Noé y a sus hijos con él, diciendo: 

9 He aquí, que yo establezco mi pacto con vosotros, y con vuestra simiente después de vosotros; 

10 y con toda alma viviente que [está] con vosotros, en aves, en animales, y en toda bestia de la tierra [que está] con vosotros; desde todos los que salieron del arca hasta todo animal de la tierra. 

11 Que [yo] estableceré mi pacto con vosotros, que no será talada más toda carne con aguas de diluvio; y que no habrá más diluvio para destruir la tierra. 

12 Y dijo Dios: Esta [será] la señal del pacto que yo pongo entre mí y vosotros y toda alma viviente que [está] con vosotros, por siglos perpetuos: 

13 Mi arco pondré en las nubes, el cual será por señal de pacto entre mí y la tierra. 

14 Y será, que cuando anublare sobre la tierra, entonces mi arco aparecerá en las nubes. 

15 Y me acordaré de mi pacto que [está] entre mí y vosotros y toda alma viviente en toda carne; y no serán más las aguas por diluvio para destruir a toda carne. 

16 Y estará el arco en las nubes, y lo veré para acordarme del pacto perpetuo entre Dios y toda alma viviente, con toda carne que está sobre la tierra. 

17 Dijo más Dios a Noé: Esta [será] la señal del pacto que he establecido entre mí y toda carne, que [está] sobre la tierra. 

18 Y los hijos de Noé que salieron del arca fueron Sem, Cam y Jafet; y Cam [es] el padre de Canaán. 

19 Estos tres [son] los hijos de Noé; y de ellos fue llena toda la tierra. 20 Y comenzó Noé a labrar la tierra, y plantó [una] viña; 

21 y bebió del vino, y se embriagó, y se descubrió en medio de su tienda. 

22 Y Cam, padre de Canaán, vio la desnudez de su padre, y lo dijo a sus dos hermanos que estaban fuera. 

23 Entonces Sem y Jafet tomaron la ropa, y la pusieron sobre los hombros de ambos, y andando hacia atrás, cubrieron la desnudez de su padre teniendo vueltos los rostros, que no vieron la desnudez de su padre. 

24 Y despertó Noé de su vino, y supo lo que había hecho con él su hijo el más joven; 

25 y dijo: Maldito [sea] Canaán; siervo de siervos será a sus hermanos. 

26 Dijo más: Bendito el SEÑOR, el Dios de Sem, y sea Canaán su siervo. 

27 Ensanche Dios a Jafet, y habite en las tiendas de Sem, y sea Canaán su siervo. 

28 Y vivió Noé después del diluvio trescientos cincuenta años. 

29 Y fueron todos los días de Noé novecientos cincuenta años; y murió. 


CAPÍTULO 10

1 Estas [son] las generaciones de los hijos de Noé: Sem, Cam y Jafet, a los cuales nacieron hijos después del diluvio. 

2 Los hijos de Jafet: Gomer, y Magog, y Madai, y Javán, y Tubal, y Mesec, y Tiras. 

3 Y los hijos de Gomer: Askenaz, y Rifat, y Togarma. 

4 Y los hijos de Javán: Elisa, y Tarsis, Quitim, y Dodanim. 

5 Por éstos fueron partidas las islas de los gentiles en sus tierras, cada cual según su lengua, conforme a sus familias en sus naciones. 

6 Los hijos de Cam: Cus, y Mizraim, y Fut, y Canaán. 

7 Y los hijos de Cus: Seba, Havila, y Sabta, y Raama, y Sabteca. Y los hijos de Raama: Seba y Dedán. 

8 Y Cus engendró a Nimrod. Este comenzó a ser poderoso en la tierra. 

9 Este fue poderoso cazador delante del SEÑOR; por lo cual se dice: Así como Nimrod poderoso cazador delante del SEÑOR. 

10 Y fue la cabecera de su reino Babel, y Erec, y Acad, y Calne, en la tierra de Sinar. 

11 De esta tierra salió Assur, el cual edificó a Nínive, y a Rehobot, y a Cala, 

12 Y a Resén entre Nínive y Cala; la cual [es] la ciudad grande. 

13 Y Mizraim engendró a Ludim, y a Anamim, y a Lehabim, y a Naftuhim, 

14 Y a Patrusim, y a Casluhim de donde salieron los filisteos, y a Caftorim. 

15 Y Canaán engendró a Sidón, su primogénito y a Het, 

16 y a Jebusi, y a Amorri, y a Gergesi, 

17 y a Hevi, y a Arci, y a Sini, 

18 y a Aradi, y a Samari, y a Amati; y después se derramaron las familias de los cananeos. 

19 Y fue el término de los cananeos desde Sidón, viniendo a Gerar hasta Gaza, hasta entrar en Sodoma y Gomorra, Adma, y Zeboim hasta Lasa. 20 Estos [son] los hijos de Cam por sus familias, por sus lenguas, en sus tierras, en sus naciones. 

21 También le nacieron [hijos] a Sem, padre de todos los hijos de Heber, [y] hermano mayor de Jafet. 

22 Y los hijos de Sem: Elam, y Asur, y Arfaxad, y Lud, y Aram. 

23 Y los hijos de Aram: Uz, y Hul, y Geter, y Mas. 

24 Y Arfaxad engendró a Sala, y Sala engendró a Heber. 

25 Y a Heber nacieron dos hijos: el nombre del uno [fue] Peleg, porque en sus días fue partida la tierra; y el nombre de su hermano, Joctán. 

26 Y Joctán engendró a Almodad, y a Selef, y Hazar-mavet, y a Jera, 

27 y a Adoram, y a Uzal, y a Dicla, 

28 y a Obal, y a Abimael, y a Seba, 

29 y a Ofir, y a Havila, y a Jobab: todos éstos [fueron] hijos de Joctán. 

30 Y fue su habitación desde Mesa viniendo de Sefar, monte de oriente. 

31 Estos [fueron] los hijos de Sem por sus familias, por sus lenguas, en sus tierras, en sus naciones. 

32 Estas [son] las familias de Noé por su descendencia, en sus naciones; y de éstas, fueron divididos los gentiles en la tierra después del diluvio. 


CAPÍTULO 11

1 Era entonces toda la tierra una lengua y unas [mismas] palabras. 

2 Y aconteció que, cuando partieron de oriente, hallaron una vega en la tierra de Sinar, y se asentaron allí. 

3 Y dijeron los unos a los otros: Dad acá, hagamos ladrillo y cozámoslo con fuego. Y les fue el ladrillo en lugar de piedra, y el betún en lugar de mezcla. 

4 Y dijeron: Dad acá, edifiquémonos ciudad, y torre, que tenga la cabeza en el cielo; y hagámonos nombrados, por ventura nos esparciremos sobre la faz de toda la tierra. 

5 Y descendió el SEÑOR para ver la ciudad y la torre, que edificaban los hijos del hombre. 

6 Y dijo el SEÑOR: He aquí el pueblo [es] uno, y todos éstos tienen un lenguaje; y ahora comienzan a hacer, y ahora no dejarán de [efectuar] todo lo que han pensando hacer. 

7 Ahora pues, descendamos, y mezclemos allí sus lenguas, que ninguno entienda la lengua de su compañero. 

8 Así los esparció el SEÑOR de allí sobre la faz de toda la tierra, y dejaron de edificar la ciudad. 

9 Por esto fue llamado el nombre de ella Babel, porque allí mezcló el SEÑOR el lenguaje de toda la tierra, y de allí los esparció sobre la faz de toda la tierra. 

10 Estas [son] las generaciones de Sem: Sem, de edad de cien años, engendró a Arfaxad, dos años después del diluvio. 

11 Y vivió Sem, después que engendró a Arfaxad quinientos años, y engendró hijos e hijas. 

12 Y Arfaxad vivió treinta y cinco años, y engendró a Sala. 

13 Y vivió Arfaxad, después que engendró a Sala, cuatrocientos tres años, y engendró hijos e hijas. 

14 Y vivió Sala treinta años, y engendró a Heber. 

15 Y vivió Sala, después que engendró a Heber, cuatrocientos tres años, y engendró hijos e hijas. 

16 Y vivió Heber treinta y cuatro años, y engendró a Peleg. 

17 Y vivió Heber, después que engendró a Peleg, cuatrocientos treinta años, y engendró hijos e hijas. 

18 Y vivió Peleg, treinta años, y engendró a Reu. 

19 Y vivió Peleg, después que engendró a Reu, doscientos nueve años, y engendró hijos e hijas. 20 Y Reu vivió treinta y dos años, y engendró a Serug. 

21 Y vivió Reu, después que engendró a Serug, doscientos siete años, y engendró hijos e hijas. 

22 Y vivió Serug treinta años, y engendró a Nacor. 

23 Y vivió Serug, después que engendró a Nacor, doscientos años, y engendró hijos e hijas. 

24 Y vivió Nacor veintinueve años, y engendró a Taré. 

25 Y vivió Nacor, después que engendró a Taré, ciento diecinueve años, y engendró hijos e hijas. 

26 Y vivió Taré setenta años, y engendró a Abram, y a Nacor, y a Harán. 

27 Estas [son] las generaciones de Taré: Taré engendró a Abram, y a Nacor, y a Harán; y Harán engendró a Lot. 

28 Y murió Harán antes que su padre Taré en la tierra de su naturaleza, en Ur de los caldeos. 

29 Y tomaron Abram y Nacor para sí mujeres: el nombre de la mujer de Abram [fue] Sarai, y el nombre de la mujer de Nacor, Milca, hija de Harán, padre de Milca y de Isca. 

30 Y Sarai fue estéril, que no [tenía] hijo. 

31 Y tomó Taré a Abram su hijo, y a Lot hijo de Harán, hijo de su hijo, y a Sarai su nuera, mujer de Abram su hijo; y salió con ellos de Ur de los caldeos, para ir a la tierra de Canaán; y vinieron hasta Harán, y [se] asentaron allí. 

32 Y fueron los días de Taré doscientos cinco años; y murió Taré en Harán. 


CAPÍTULO 12

1 Pero el SEÑOR había dicho a Abram: Vete de tu tierra y de tu naturaleza, y de la casa de tu padre, a la tierra que [yo] te mostraré; 

2 y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición. 

3 Y bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra. 

4 Y se fue Abram, como el SEÑOR le dijo; y fue con él Lot; y [era] Abram de edad de setenta y cinco años cuando salió de Harán. 

5 Y tomó Abram a Sarai su mujer, y a Lot hijo de su hermano, y toda su hacienda que habían ganado, y las almas que habían hecho en Harán, y salieron para ir a tierra de Canaán; y a tierra de Canaán llegaron. 

6 Y pasó Abram por aquella tierra hasta el lugar de Siquem, hasta el alcornoque de More; y el cananeo [estaba] entonces en la tierra. 

7 Y apareció el SEÑOR a Abram, y le dijo: A tu simiente daré esta tierra. Y edificó allí un altar al SEÑOR, que [se] le había aparecido. 

8 Y se pasó de allí a un monte al oriente de Betel, y tendió su tienda, teniendo a Betel al occidente y Hai al oriente; y edificó allí altar al SEÑOR, e invocó el nombre del SEÑOR. 

9 Y movió Abram [de allí], caminando y yendo hacia el mediodía. 

10 Y hubo hambre en la tierra, y descendió Abram a Egipto para peregrinar allá; porque [era] grande el hambre en la tierra. 

11 Y aconteció que cuando llegó para entrar en Egipto, dijo a Sarai su mujer: He aquí, ahora conozco que eres mujer hermosa de vista; 

12 y será, que cuando te vean los egipcios, dirán: Su mujer es; y me matarán a mí, y a ti te darán la vida. 

13 Ahora pues, di que eres mi hermana, para que yo halle bien por causa tuya, y viva mi alma por amor de ti. 

14 Y aconteció que, cuando entró Abram en Egipto, los egipcios vieron la mujer que era hermosa en gran manera. 

15 También la vieron los príncipes del Faraón, y se la alabaron al Faraón; y fue llevada la mujer a casa del Faraón, 

16 que hizo bien a Abram por causa de ella; y tuvo ovejas, y vacas, y asnos, y siervos, y criadas, y asnas y camellos. 

17 Mas el SEÑOR hirió al Faraón y a su casa de grandes plagas, por causa de Sarai, mujer de Abram. 

18 Entonces [el] Faraón llamó a Abram y le dijo: ¿Qué [es] esto que has hecho conmigo? ¿Por qué no me declaraste que era tu mujer? 

19 ¿Por qué dijiste: Es mi hermana? ¡Y [yo] la tomé para mí por mujer! Ahora, pues, he aquí tu mujer, tómala y vete. 20 Entonces [el] Faraón mandó acerca de él a varones, que le acompañaran, y a su mujer, con todo lo que tenía. 


CAPÍTULO 13

1 Así subió Abram de Egipto hacia el mediodía, él y su mujer, con todo lo que tenía, y con él Lot. 

2 Y Abram [era] riquísimo en ganado, en plata y oro. 

3 Y volvió por sus jornadas [de la parte] del mediodía hacia Betel, hasta el lugar donde había estado antes su tienda entre Betel y Hai; 

4 al lugar del altar que había hecho allí antes; e invocó allí Abram el nombre del SEÑOR. 

5 Y asimismo Lot, que andaba con Abram, tenía ovejas, y vacas, y tiendas. 

6 De tal manera que la tierra no los sufría para morar juntos; porque su hacienda era mucha, y no pudieron habitar juntos. 

7 Y hubo contienda entre los pastores del ganado de Abram y los pastores del ganado de Lot; y el cananeo y el ferezeo habitaban entonces en la tierra. 

8 Entonces Abram dijo a Lot: No haya ahora altercado entre mí y ti, entre mis pastores y los tuyos, porque somos hermanos. 

9 ¿No [está] toda la tierra delante de ti? Yo te ruego que te apartes de mí. Si [tú fueres] a la mano izquierda, [yo] iré a la derecha; y si [tú] a la derecha, [yo] a la izquierda. 

10 Y alzó Lot sus ojos, y vio toda la llanura del Jordán, que toda ella [era] de riego, antes que destruyese el SEÑOR a Sodoma, y a Gomorra, como [un] huerto del SEÑOR, como la tierra de Egipto entrando en Zoar. 

11 Entonces Lot escogió para sí toda la llanura del Jordán; y se fue Lot al oriente, y se apartaron el uno del otro. 

12 Abram [se] asentó en la tierra de Canaán, y Lot [se] asentó en las ciudades de la llanura, y puso sus tiendas hasta Sodoma. 

13 Mas los hombres de Sodoma [eran] malos y pecadores para con el SEÑOR en gran manera. 

14 Y el SEÑOR dijo a Abram, después que Lot se apartó de él: Alza ahora tus ojos, y mira desde el lugar donde tú estás hacia el aquilón, y al mediodía, y al oriente y al occidente; 

15 porque toda la tierra que tú ves, [la] daré a ti y a tu simiente para siempre. 

16 Y pondré tu simiente como el polvo de la tierra; que si alguno podrá contar el polvo de la tierra, también tu simiente será contada. 

17 Levántate, ve por la tierra a lo largo de ella y a su ancho; porque a ti la tengo de dar. 

18 Y asentó Abram su tienda, y vino, y moró en el alcornocal de Mamre, que [es] en Hebrón, y edificó allí altar al SEÑOR. 


CAPÍTULO 14

1 Y aconteció en [aquellos] días [que] Amrafel, rey de Sinar; Arioc, rey de Elasar; Quedorlaomer, rey de Elam, y Tidal, rey de los gentiles, 

2 hicieron guerra contra Bera, rey de Sodoma, y contra Birsa, rey de Gomorra, y contra Sinab, rey de Adma, y contra Semeber, rey de Zeboim, y [contra] el rey de Bela, la cual [es] Zoar. 

3 Todos éstos se juntaron en el valle de Sidim, que [es] el Mar Salado. 

4 Doce años habían servido a Quedorlaomer, y al decimotercer año se rebelaron. 

5 Y en el año decimocuarto vino Quedorlaomer, y los reyes que [estaban] de su parte, e hirieron a los refaítas en Asterot-carnaim; a los zuzitas en Ham, y a los emitas en Save-quiriataim. 

6 Y a los horeos en el monte de Seir, hasta la llanura de Parán, que está junto al desierto. 

7 Y volvieron y vinieron a En-mispat, que es Cades, e hirieron todas las labranzas de los amalacitas, y también al amorreo, que habitaba en Hazezontamar. 

8 Y salió el rey de Sodoma, y el rey de Gomorra, y el rey de Adma, y el rey de Zeboim, y el rey de Bela, que [es] Zoar, y ordenaron contra ellos batalla en el valle de Sidim; 

9 [es a saber], contra Quedorlaomer, rey de Elam, y Tidal, rey de los gentiles, y Amrafel, rey de Sinar, y Arioc, rey de Elasar; cuatro reyes contra cinco. 

10 Y el valle de Sidim estaba lleno de pozos de betún; y huyeron el rey de Sodoma y el de Gomorra, y cayeron allí; y los demás huyeron al monte. 

11 Y tomaron toda la hacienda de Sodoma y de Gomorra, y todas sus vituallas, y se fueron. 

12 Tomaron también a Lot, hijo del hermano de Abram, que moraba en Sodoma, y a su hacienda, y se fueron porque él moraba en Sodoma. 

13 Y vino uno que escapó, y lo denunció a Abram [el] hebreo, que habitaba en el alcornocal de Mamre amorreo, hermano de Escol y hermano de Aner, los cuales estaban confederados con Abram. 

14 Y oyó Abram que su hermano era cautivo, y armó sus criados, los criados de su casa, trescientos dieciocho, y los siguió hasta Dan. 

15 Y se derramó sobre ellos de noche él y sus siervos, y los hirió, y los siguió hasta Hoba, que [está] a la izquierda de Damasco. 

16 Y recobró todos los bienes, y también a Lot su hermano y su hacienda, y también las mujeres y el pueblo. 

17 Y salió el rey de Sodoma a recibirlo, cuando volvía de herir a Quedorlaomer y a los reyes que [estaban] con él, al valle de Save, [que es] el valle del Rey. 

18 Entonces Melquisedec, rey de Salem, sacó pan y vino; el cual [era] sacerdote del Dios alto; 

19 y le bendijo, y dijo: Bendito [sea] Abram del Dios alto, poseedor de los cielos y de la tierra; 20 y bendito [sea] el Dios alto, que entregó tus enemigos en tu mano. Y [Abram] le dio los diezmos de todo. 

21 Entonces el rey de Sodoma dijo a Abram: Dame las personas, y toma para ti la hacienda. 

22 Y respondió Abram al rey de Sodoma: He alzado mi mano al SEÑOR Dios alto, poseedor de los cielos y de la tierra, 

23 que desde [un] hilo hasta la correa de [un] zapato, nada tomaré de todo lo que es tuyo, para que no digas: Yo enriquecí a Abram. 

24 Sacando solamente lo que comieron los jóvenes, y la parte de los varones que fueron conmigo, Aner, Escol, y Mamre; los cuales tomarán su parte. 


CAPÍTULO 15

1 Después de estas cosas vino [la] palabra del SEÑOR a Abram en visión, diciendo: No temas, Abram; yo [soy] tu escudo, [y] tu galardón [será] sobremanera grande. 

2 Y respondió Abram: Señor DIOS ¿qué me has de dar, siendo así que yo ando solo, y el mayordomo de mi casa [es] el damasceno Eliezer? 

3 Dijo más Abram: He aquí no me has dado simiente, y he aquí el hijo de mi casa me hereda. 

4 Y luego la palabra del SEÑOR vino a él diciendo: No te heredará éste, sino el que saldrá de tus entrañas, aquél te heredará. 

5 Y le sacó fuera, y dijo: Mira ahora a los cielos, y cuenta las estrellas, si las puedes contar. Y le dijo: Así será tu simiente. 

6 Y creyó al SEÑOR, y se lo contó por justicia. 

7 Y le dijo: Yo [soy] el SEÑOR, que te saqué de Ur de los caldeos, para darte a heredar esta tierra. 

8 Y [él] respondió: Señor DIOS ¿en qué conoceré que la tengo de heredar? 

9 Y le dijo: Apártame [una] becerra de tres años, y [una] cabra de tres años, y [un] carnero de tres años, [una] tórtola también, y [un] palomino. 

10 Y tomó [él] todas estas cosas, y las partió por la mitad, y puso cada mitad una enfrente de otra; mas no partió las aves. 

11 Y descendían aves sobre los cuerpos muertos, y las ojeaba Abram. 

12 Y fue que poniéndose el sol cayó sueño sobre Abram, y he aquí que [un] temor, [una] oscuridad grande cayó sobre él. 

13 Entonces dijo a Abram: Ten por cierto que tu simiente será peregrina en tierra no suya, y les servirán, y serán afligidos cuatrocientos años. 

14 Mas también a la gente a quien servirán, juzgo yo; y después de esto saldrán con grande riqueza. 

15 Y tú vendrás a tus padres en paz, y serás sepultado en buena vejez. 

16 Y en la cuarta generación volverán acá; porque aun no [está] cumplida la maldad del amorreo hasta aquí. 

17 Y sucedió [que] puesto el sol, y hubo [una] oscuridad, y he aquí un horno de humo, y [una] antorcha de fuego que pasó por entre las mitades. 

18 Aquel día hizo el SEÑOR pacto con Abram diciendo: A tu simiente daré esta tierra desde el río de Egipto hasta el río grande, el río Eufrates; 

19 al cineo, y al cenezeo, y al cadmoneo, 20 al heteo, y al ferezeo, y al rafeo, 

21 y al amorreo, y al cananeo, y al gergeseo, y al jebuseo. 


CAPÍTULO 16

1 Y Sarai, mujer de Abram no le daba hijos; y ella tenía una sierva egipcia, que se llamaba Agar. 

2 Dijo, pues, Sarai a Abram: He aquí ahora el SEÑOR me ha vedado de dar a luz; te ruego que entres a mi sierva; por ventura tendré hijos de ella. Y oyó Abram al dicho de Sarai. 

3 Y Sarai, la mujer de Abram, tomó a Agar su sierva egipcia, al cabo de diez años que había habitado Abram en la tierra de Canaán, y la dio a Abram su marido por mujer. 

4 Y [él] entró a Agar, la cual concibió; y cuando vio que había concebido, miraba con desprecio a su señora. 

5 Entonces Sarai dijo a Abram: Mi afrenta [es] sobre ti; yo puse mi sierva en tu seno, y viéndose embarazada, me mira con desprecio; juzgue el SEÑOR entre mí y ti. 

6 Y respondió Abram a Sarai: He ahí tu sierva en tu mano, haz con ella lo que bien te pareciere. Entonces Sarai la afligió, y [ella] huyó de su presencia. 

7 Y la halló el ángel del SEÑOR junto a [una] fuente de agua en el desierto, junto a la fuente [que está] en el camino del Sur. 

8 Y [le] dijo: Agar, sierva de Sarai, ¿de dónde vienes tú, y a dónde vas? Y [ella] respondió: Huyo de delante de Sarai, mi señora. 

9 Y le dijo el ángel del SEÑOR: Vuélvete a tu señora, y humíllate bajo su mano. 

10 Le dijo [también] el ángel del SEÑOR: Multiplicaré tanto tu simiente, que no será contada por la multitud. 

11 Y le dijo [aun] el ángel del SEÑOR: He aquí que has concebido, y darás a luz [un] hijo, y llamarás su nombre Ismael, porque ha oído el SEÑOR tu aflicción. 

12 Y él será hombre fiero; su mano contra todos, y las manos de todos contra él, y delante de todos sus hermanos habitará. 

13 Entonces [ella] llamó el nombre del SEÑOR que hablaba con ella, Atta el roi, [Tú eres el] Dios de la [vista]; porque dijo: ¿No he visto también aquí las espaldas del que me vio? 

14 Por lo cual llamó al pozo, Pozo del Viviente que me ve. He aquí [está] entre Cades y Bered. 

15 Y Agar dio a luz un hijo a Abram, y llamó Abram el nombre de su hijo que le dio Agar, Ismael. 

16 Y [era] Abram de edad de ochenta y seis años, cuando Agar dio a luz a Ismael. 


CAPÍTULO 17

1 Y siendo Abram de edad de noventa y nueve años, el SEÑOR se le apareció, y le dijo: Yo [soy] el Dios todo poderoso; anda delante de mí, y sé perfecto. 

2 Y pondré mi pacto entre mí y ti, y te multiplicaré mucho en gran manera. 

3 Entonces Abram cayó sobre su rostro, y Dios habló con él diciendo: 

4 He aquí mi pacto contigo: Serás por padre de muchedumbre de gentiles; 

5 y no se llamará más tu nombre Abram, sino [que] será tu nombre Abraham, porque te he puesto por padre de muchedumbre de gentiles. 

6 Y te multiplicaré mucho en gran manera, y te pondré en gentiles, y reyes saldrán de ti. 

7 Y estableceré mi pacto entre mí y ti, y entre tu simiente después de ti por sus generaciones, por alianza perpetua, para serte a ti por Dios, y a tu simiente después de ti. 

8 Y te daré a ti, y a tu simiente después de ti, la tierra de tus peregrinaciones, toda la tierra de Canaán, en heredad perpetua; y les seré por Dios. 

9 Dijo [de nuevo] Dios a Abraham: Tú, empero, mi pacto guardarás, tú y tu simiente después de ti por sus generaciones. 

10 Este [será] mi pacto, que guardaréis entre mí y vosotros y tu simiente después de ti: Será circuncidado en vosotros todo macho. 

11 Circuncidaréis, pues, la carne de vuestro prepucio, y será por señal del pacto entre mí y vosotros. 

12 Y de edad de ocho días será circuncidado en vosotros todo macho por vuestras generaciones: el nacido en casa, y el comprado a dinero de cualquier extranjero, que no fuere de tu simiente. 

13 Debe ser circuncidado el nacido en tu casa, y el comprado por tu dinero; y estará mi pacto en vuestra carne para alianza perpetua. 

14 Y el macho incircunciso que no hubiere circuncidado la carne de su prepucio, aquella persona será cortada de su pueblo; mi pacto anuló. 

15 Dijo también el SEÑOR a Abraham: A Sarai tu mujer no llamarás su nombre Sarai, mas Sara será su nombre. 

16 Y la bendeciré, y también te daré de ella hijo; [sí], la bendeciré, y vendrá a ser [madre] de gentiles; reyes de pueblos serán de ella. 

17 Entonces Abraham cayó sobre su rostro, y se rió, y dijo en su corazón: ¿A hombre de cien años ha de nacer [hijo]? ¿Y si Sara, ya de noventa años, ha de dar a luz? 

18 Y dijo Abraham a Dios: Deseo que Ismael viva delante de ti. 

19 Y respondió Dios: Ciertamente Sara tu mujer te dará a luz [un] hijo, y llamarás su nombre Isaac; y confirmaré mi pacto con él por alianza perpetua a su simiente después de él. 20 Y por Ismael, [también] te he oído: he aquí [que] le bendeciré, y le haré fructificar y multiplicar mucho en gran manera: doce príncipes engendrará, y le pondré por gran gente. 

21 Mas [yo] estableceré mi pacto con Isaac, el cual te dará a luz Sara en este tiempo el año siguiente. 

22 Y acabó de hablar con él, y subió Dios de [estar] con Abraham. 

23 Entonces tomó Abraham a Ismael su hijo, y a todos los [siervos] nacidos en su casa, y a todos los comprados por su dinero, todo macho en los varones de la casa de Abraham, y circuncidó la carne de su prepucio en aquel mismo día, como Dios había hablado con él. 

24 Era Abraham de edad de noventa y nueve años cuando circuncidó la carne de su prepucio. 

25 E Ismael su hijo era de trece años cuando fue circuncidada la carne de su prepucio. 

26 En aquel mismo día fue circuncidado Abraham e Ismael su hijo. 

27 Y todos los varones de su casa, el [siervo] nacido en casa, y el comprado por dinero del extranjero, fueron circuncidados con él. 


CAPÍTULO 18

1 Y [se] le apareció el SEÑOR en el alcornocal de Mamre, estando él sentado a la puerta de su tienda, cuando comenzaba el calor del día. 

2 Y alzó sus ojos, y miró, y he aquí tres varones que estaban junto a él; y cuando los vio, salió corriendo de la puerta de su tienda a recibirlos, y se inclinó hacia la tierra, 

3 Y dijo: Señor, si ahora he hallado gracia en tus ojos, te ruego que no pases de tu siervo. 

4 Que se traiga ahora un poco de agua, y lavad vuestros pies; y recostaos debajo de un árbol, 

5 y traeré un bocado de pan, y sustentad vuestro corazón; después pasaréis, porque por eso habéis pasado cerca de vuestro siervo. Y [ellos] dijeron: Haz así como has dicho. 

6 Entonces Abraham fue de prisa a la tienda a Sara, y le dijo: Toma presto tres medidas de flor de harina, amasa y haz panes cocidos debajo de la ceniza. 

7 Y corrió Abraham a las vacas, y tomó [un] becerro tierno y bueno, y lo dio al joven, y éste se dio prisa a aderezarlo. 

8 Tomó también manteca y leche, y el becerro que había aderezado, y lo puso delante de ellos; y él estaba junto a ellos debajo del árbol; y comieron. 

9 Y le dijeron: ¿Dónde está Sara tu mujer? Y él respondió: Aquí en la tienda. 

10 Entonces dijo: De cierto volveré a ti según el tiempo de la vida, y he aquí, que Sara tu mujer tendrá un hijo. Y Sara escuchaba a la puerta de la tienda, y Abraham [estaba] detrás de él. 

11 Y Abraham y Sara [eran] viejos, entrados en días: y a Sara [le] había cesado ya la costumbre de las mujeres. 

12 Se rió, pues, Sara entre sí, diciendo: ¿Después que he envejecido tendré deleite? Así mismo mi señor [es ya] viejo. 

13 Entonces el SEÑOR dijo a Abraham: ¿Por qué se ha reído Sara diciendo: Será cierto que he de dar a luz siendo ya vieja? 

14 ¿Por ventura hay para Dios alguna cosa difícil? Al tiempo señalado volveré a ti, según el tiempo de la vida, y Sara tendrá [un] hijo. 

15 Entonces Sara negó diciendo: No me reí; porque tuvo miedo. Y [él] dijo: No es así, porque te reíste. 

16 Y los varones se levantaron de allí, y miraron hacia Sodoma; y Abraham iba con ellos acompañándolos. 

17 Y el SEÑOR dijo: ¿Encubro yo a Abraham lo que hago, 

18 habiendo de ser Abraham en gran gente y fuerte, y habiendo de ser benditos en él todos los gentiles de la tierra? 

19 Porque [yo] lo he conocido, [sé] que mandará a sus hijos y a su casa después de sí, que guarden el camino del SEÑOR, haciendo justicia y juicio, para que haga venir el SEÑOR sobre Abraham lo que ha hablado acerca de él. 20 Entonces el SEÑOR le dijo: Por cuanto el clamor de Sodoma y Gomorra se ha engrandecido, y el pecado de ellos se ha agravado en extremo, 

21 descenderé ahora, y veré si han consumado su obra según el clamor que ha venido hasta mí; y si no, lo sabré. 

22 Y se apartaron de allí los varones, y fueron hacia Sodoma; mas Abraham estaba aún delante del SEÑOR. 

23 Y se acercó Abraham y dijo: ¿Destruirás también al justo con el impío? 

24 Por ventura hay cincuenta justos dentro de la ciudad, ¿destruirás también y no perdonarás al lugar por cincuenta justos que [estén] dentro de él? 

25 Lejos de ti el hacer tal, que hagas morir al justo con el impío, y que sea el justo [tratado] como el impío; nunca tal hagas. El juez de toda la tierra, ¿no ha de hacer derecho? 

26 Entonces respondió el SEÑOR: Si hallare en Sodoma cincuenta justos dentro de la ciudad, perdonaré a todo este lugar por amor de ellos. 

27 Y Abraham replicó y dijo: He aquí ahora que he comenzado a hablar a mi Señor, aunque soy polvo y ceniza; 

28 por ventura faltarán de cincuenta justos, cinco: ¿destruirás por aquellos cinco toda la ciudad? Y dijo: No [la] destruiré, si hallare allí cuarenta y cinco. 

29 Y volvió a hablarle, y dijo: Por ventura se hallarán allí cuarenta. Y respondió: No lo haré por amor de los cuarenta. 

30 Y dijo: No se enoje ahora mi Señor, si hablare: Por ventura se hallarán allí treinta. Y respondió: No [lo] haré si hallare allí treinta. 

31 Y dijo: He aquí ahora que he comenzado a hablar a mi Señor: Por ventura se hallarán allí veinte. Respondió, no [la] destruiré, por veinte. 

32 Y volvió a decir: No se enoje ahora mi Señor, si hablare solamente una vez: Por ventura se hallarán allí diez. Respondió, No [la] destruiré, por diez. 

33 Y se fue el SEÑOR, luego que acabó de hablar a Abraham; y Abraham se volvió a su lugar. 


CAPÍTULO 19

1 Llegaron, pues, los dos ángeles a Sodoma a la tarde; y Lot estaba sentado a la puerta de Sodoma. Y viéndolos Lot, se levantó a recibirlos, y se inclinó su faz a tierra. 

2 Y dijo: Ahora, pues, mis señores, os ruego que vengáis a casa de vuestro siervo y os hospedéis, y lavaréis vuestros pies: y por la mañana os levantaréis, y seguiréis vuestro camino. Y ellos respondieron: No, que en la plaza dormiremos. 

3 Mas él porfió con ellos mucho, y [se] vinieron con él, y entraron en su casa; y les hizo banquete, y coció panes sin levadura y comieron. 

4 Y antes que se acostasen, cercaron la casa los hombres de la ciudad, los varones de Sodoma, todo el pueblo junto, desde el más joven hasta el más viejo; 

5 y llamaron a Lot, y le dijeron: ¿Dónde [están] los varones que vinieron a ti esta noche? Sácanolos, para que los conozcamos. 

6 Entonces Lot salió a ellos a la puerta, y cerró las puertas tras sí, 

7 y dijo: Hermanos míos, os ruego que no hagáis mal. 

8 He aquí ahora yo tengo dos hijas que no han conocido varón; os las sacaré afuera, y haced de ellas como bien os pareciere; solamente a estos varones no hagáis nada, pues que vinieron a la sombra de mi tejado. 

9 Y ellos respondieron: Quita allá; y añadieron: Vino éste aquí para habitar como un extraño, ¿y habrá de erigirse en juez? Ahora te haremos más mal que a ellos. Y hacían gran violencia al varón, a Lot, y se acercaron para romper las puertas. 

10 Entonces los varones extendieron su mano, y metieron a Lot en casa con ellos, y cerraron las puertas. 

11 Y a los varones que [estaban] a la puerta de la casa desde el menor hasta el mayor, hirieron con ceguera; mas [ellos] se fatigaban por hallar la puerta. 

12 Y dijeron los varones a Lot: ¿Tienes aquí alguno [más]? Yernos, y tus hijos y tus hijas, y todo lo que tienes en la ciudad, sácalo de este lugar: 

13 Porque destruimos este lugar, por cuanto el clamor de ellos se ha engrandecido delante del SEÑOR; por tanto el SEÑOR nos ha enviado para destruirlo. 

14 Entonces salió Lot, y habló a sus yernos, los que habían de tomar sus hijas, y les dijo: Levantaos, salid de este lugar; porque el SEÑOR va a destruir esta ciudad. Mas fue [tenido] como burlador en ojos de sus yernos. 

15 Y cuando el alba subía, los ángeles daban prisa a Lot, diciendo: Levántate, toma tu mujer, y tus dos hijas que se hallan [aquí], para que no perezcas en el castigo de la ciudad. 

16 Y deteniéndose él, los varones asieron de su mano, y de la mano de su mujer, y de las manos de sus dos hijas en la misericordia del SEÑOR [que era] sobre él; y le sacaron, y le pusieron fuera de la ciudad. 

17 Y fue que sacándolos fuera, dijo: Escápate; sobre tu alma; no mires tras ti, ni pares en toda esta llanura; escapa al monte, para que no perezcas. 

18 Y Lot les dijo: No, yo os ruego, señores míos; 

19 he aquí ahora ha hallado tu siervo gracia en tus ojos, y has engrandecido tu misericordia que has hecho conmigo dándome la vida; mas yo no podré escapar al monte, que por ventura no se me pegue el mal, y muera. 20 He aquí ahora esta ciudad [está] cercana para huir allá, la cual [es] pequeña; escaparé ahora allá, (¿no [es ella] pequeña?) y vivirá mi alma. 

21 Y le respondió: He aquí he recibido también tu súplica sobre esto, para no destruir la ciudad de que has hablado. 

22 Date prisa, escápate allá; porque no podré hacer nada hasta que hayas llegado allá. Por esto fue llamado el nombre de la ciudad, Zoar. 

23 El sol salía sobre la tierra, cuando Lot llegó a Zoar. 

24 Y el SEÑOR llovió sobre Sodoma y sobre Gomorra azufre y fuego del SEÑOR desde los cielos; 

25 y trastornó las ciudades, y toda aquella llanura, con todos los moradores de aquellas ciudades, y el fruto de la tierra. 

26 Entonces la mujer de Lot miró atrás, a espaldas de él, y se volvió estatua de sal. 

27 Y subió Abraham por la mañana al lugar donde había estado delante del SEÑOR. 

28 Y miró hacia Sodoma y Gomorra, y hacia toda la tierra de aquella llanura miró; y he aquí que el humo subía de la tierra como el humo de un horno. 

29 Y fue que, destruyendo Dios las ciudades de la llanura, Dios se acordó de Abraham, y envió [fuera] a Lot de en medio de la destrucción, al asolar las ciudades donde Lot estaba. 

30 Pero Lot subió de Zoar, y [se] asentó en el monte, y sus dos hijas con él; porque tuvo miedo de quedar en Zoar, y se alojó en [una] cueva él y sus dos hijas. 

31 Entonces la mayor dijo a la menor: Nuestro padre es viejo, y no [queda] varón en la tierra que entre a nosotras conforme a la costumbre de toda la tierra. 

32 Ven, demos a beber vino a nuestro padre, y durmamos con él, y conservaremos de nuestro padre generación. 

33 Y dieron a beber vino a su padre aquella noche; y entró la mayor, y durmió con su padre; mas [él] no supo cuándo se acostó [ella], ni cuándo se levantó. 

34 El día siguiente dijo la mayor a la menor: He aquí [yo] dormí la noche pasada con mi padre; démosle a beber vino también esta noche, y entra, duerme con él, y conservemos de nuestro padre generación. 

35 Y dieron a beber vino a su padre también aquella noche; y se levantó la menor, y durmió con él; y él no supo cuándo se acostó [ella], ni cuándo se levantó. 

36 Y concibieron las dos hijas de Lot, de su padre. 

37 Y dio a luz la mayor [un] hijo, y llamó su nombre Moab, el cual [es] padre de los moabitas hasta hoy. 

38 La menor también dio a luz [un] hijo, y llamó su nombre Ben-ammi, el cual [es] padre de los amonitas hasta hoy. 


CAPÍTULO 20

1 De allí partió Abraham a la tierra del mediodía, y [se] asentó entre Cades y Shur, y peregrinó en Gerar. 

2 Y decía Abraham de Sara su mujer: Mi hermana es. Y Abimelec, rey de Gerar, envió y tomó a Sara. 

3 Pero Dios vino a Abimelec en sueños de noche, y le dijo: He aquí muerto eres por la mujer que has tomado, la cual es casada con marido. 

4 Mas Abimelec no [se] había llegado a ella, y dijo: Señor, ¿matarás también la gente justa? 

5 ¿No me dijo él: Mi hermana es; y ella también dijo: Es mi hermano? Con sencillez de mi corazón, y con limpieza de mis manos he hecho esto. 

6 Y le dijo Dios en sueños: Yo también sé que con integridad de tu corazón has hecho esto; y yo también te detuve de pecar contra mí, y así no te permití que la tocases. 

7 Ahora, pues, vuelve la mujer a su marido; porque es profeta, y orará por ti, y vivirás. Y si tú no la volvieres, sabe que de cierto morirás, con todo lo que fuere tuyo. 

8 Entonces Abimelec se levantó de mañana, y llamó a todos sus siervos, y dijo todas estas palabras en los oídos de ellos; y temieron los hombres en gran manera. 

9 Después llamó Abimelec a Abraham y le dijo: ¿Qué nos has hecho? ¿Y [en] qué pequé [yo] contra ti, que has atraído sobre mí y sobre mi reino tan gran pecado? Lo que no debiste hacer has hecho conmigo. 

10 Y dijo [más] Abimelec a Abraham: ¿Qué viste para que hicieses esto? 

11 Y Abraham respondió: Porque dije [para mí]: Cierto no hay temor de Dios en este lugar, y me matarán por causa de mi mujer. 

12 Y a la verdad también [es] mi hermana, hija de mi padre, mas no hija de mi madre, y la tomé por mujer. 

13 Y fue que, cuando Dios me hizo salir errante de la casa de mi padre, [yo] le dije: Esta [es] la merced que tú me harás, que en todos los lugares donde llegáremos, digas de mí: Mi hermano es. 

14 Entonces Abimelec tomó ovejas y vacas, y siervos y siervas, y [se los] dio a Abraham, y le devolvió a Sara su mujer. 

15 Y dijo Abimelec: He aquí mi tierra [está] delante de ti, habita donde bien te pareciere. 

16 Y a Sara dijo: He aquí he dado mil [monedas] de plata a tu hermano; mira que él te [es] por velo de ojos para todos los que [estuvieron] contigo, y para con todos; [así fue] reprendida. 

17 Entonces Abraham oró a Dios; y Dios sanó a Abimelec y a su mujer, y a sus siervas, y tuvieron hijos. 

18 Porque había del todo cerrado el SEÑOR toda matriz de la casa de Abimelec, a causa de Sara mujer de Abraham. 


CAPÍTULO 21

1 Y visitó el SEÑOR a Sara, como había dicho, e hizo el SEÑOR con Sara como había hablado. 

2 Y Sara concibió y dio a luz a Abraham [un] hijo en su vejez, en el tiempo que Dios le había dicho. 

3 Y llamó Abraham el nombre de su hijo que le nació, que le dio a luz Sara, Isaac. 

4 Y circuncidó Abraham a su hijo Isaac de ocho días, como Dios le mandó. 

5 Y era Abraham de cien años, cuando le nació Isaac su hijo. 

6 Entonces dijo Sara: Dios me ha hecho reir, y cualquiera que lo oyere, se reirá conmigo. 

7 Y añadió: ¿Quién dijera a Abraham que Sara había de dar leche a hijos? Que le he dado a luz un hijo en su vejez. 

8 Y creció el niño, y fue destetado; e hizo Abraham gran banquete el día que fue destetado Isaac. 

9 Y vio Sara al hijo de Agar la egipcia, el cual ésta [le] había dado a luz a Abraham, que se burlaba. 

10 Por tanto dijo a Abraham: Echa a esta sierva y a su hijo; que el hijo de esta sierva no ha de heredar con mi hijo, con Isaac. 

11 Este dicho pareció grave en gran manera a Abraham a causa de su hijo. 

12 Entonces dijo Dios a Abraham: No te parezca grave a causa del muchacho y de tu sierva; en todo lo que te dijere Sara, oye su voz, porque en Isaac te será llamada descendencia. 

13 Y también al hijo de la sierva pondré en gente, porque [es] tu simiente. 

14 Entonces Abraham se levantó muy de mañana, y tomó pan, y [un] odre de agua, y lo dio a Agar, poniéndolo sobre su hombro, y [le] entregó al muchacho, y la envió. Y ella fue, y se perdió en el desierto de Beerseba. 

15 Y faltó el agua del odre, y echó al muchacho debajo de un árbol; 

16 y se fue y se sentó enfrente, alejándose como un tiro de arco; diciendo: No veré cuando el muchacho morirá; y se sentó enfrente, y alzó su voz y lloró. 

17 Y oyó Dios la voz del muchacho; y el ángel de Dios llamó a Agar desde el cielo, y le dijo: ¿Qué tienes, Agar? No temas; porque Dios ha oído la voz del muchacho en donde está. 

18 Levántate, alza al muchacho, y tómalo de tu mano, porque en gran gente lo tengo de poner. 

19 Entonces abrió Dios sus ojos, y vio una fuente de agua; y fue, y llenó el odre de agua, y dio de beber al muchacho. 20 Y fue Dios con el muchacho; y creció, y habitó en el desierto, y fue tirador de arco. 

21 Y habitó en el desierto de Parán; y su madre le tomó mujer de la tierra de Egipto. 

22 Y aconteció en aquel mismo tiempo que habló Abimelec, y Ficol, príncipe de su ejército, a Abraham diciendo: Dios es contigo en todo cuanto haces. 

23 Ahora pues, júrame aquí por Dios, que no faltarás a mí, ni a mi hijo, ni a mi nieto; sino que conforme a la misericordia que [yo] hice contigo, harás [tú] conmigo y con la tierra donde has peregrinado. 

24 Y respondió Abraham: Yo juraré. 

25 Y Abraham reprendió a Abimelec a causa de [un] pozo de agua, que los siervos de Abimelec le habían quitado. 

26 Y respondió Abimelec: No sé quién haya hecho esto, ni tampoco tú me lo hiciste saber, ni yo lo he oído hasta hoy. 

27 Y tomó Abraham ovejas y vacas, y dio a Abimelec; e hicieron ambos alianza. 

28 Y puso Abraham siete corderas del rebaño aparte. 

29 Y dijo Abimelec a Abraham: ¿Qué [significan] esas siete corderas que has puesto aparte? 

30 Y él respondió: Que estas siete corderas tomarás de mi mano, para que me sean en testimonio [de] que [yo] cavé este pozo. 

31 Por esto llamó a aquel lugar Beerseba; porque allí juraron ambos. 

32 Así hicieron alianza en Beerseba; y se levantó Abimelec y Ficol, príncipe de su ejército, y se volvieron a tierra de los filisteos. 

33 Y plantó [Abraham un] bosque en Beerseba, e invocó allí el nombre del SEÑOR Dios eterno. 

34 Y moró Abraham en tierra de los filisteos muchos días. 


CAPÍTULO 22

1 Y aconteció después de estas cosas, que probó Dios a Abraham, y le dijo: Abraham. Y [él] respondió: Heme aquí. 

2 Y dijo: Toma ahora tu hijo, tu único, Isaac, a quien amas, y vete a tierra de Moriah, y ofrécelo allí en holocausto sobre uno de los montes que [yo] te diré. 

3 Y Abraham madrugó muy de mañana, y enalbardó su asno, y tomó consigo dos criados suyos, y a Isaac su hijo; y cortó leña para el holocausto, y se levantó, y fue al lugar que Dios le dijo. 

4 Al tercer día alzó Abraham sus ojos, y vio el lugar de lejos. 

5 Entonces dijo Abraham a sus criados: Esperaos aquí con el asno, y yo y el muchacho iremos hasta allí, y adoraremos, y volveremos a vosotros. 

6 Y tomó Abraham la leña del holocausto, y la puso sobre Isaac su hijo; y él tomó en su mano el fuego y el cuchillo; y fueron ambos juntos. 

7 Entonces habló Isaac a Abraham su padre, y dijo: Padre mío. Y él respondió: Heme aquí, mi hijo. Y él dijo: He aquí el fuego y la leña; mas ¿dónde [está] el cordero para el holocausto? 

8 Y respondió Abraham: Dios proveerá para si cordero para el holocausto, hijo mío. E iban juntos. 

9 Y cuando llegaron al lugar que Dios le había dicho, edificó allí Abraham [un] altar, y compuso la leña, y ató a Isaac su hijo, y le puso en el altar sobre la leña. 

10 Y extendió Abraham su mano, y tomó el cuchillo, para degollar a su hijo. 

11 Entonces el ángel del SEÑOR le dio voces del cielo, y dijo: Abraham, Abraham. Y él respondió: Heme aquí. 

12 Y dijo: No extiendas tu mano sobre el muchacho, ni le hagas nada; que ahora conozco que temes a Dios, pues que no me rehusaste tu hijo, tu único; 

13 entonces alzó Abraham sus ojos, y miró, y he aquí un carnero a sus espaldas, trabado en [una] mata por sus cuernos; y fue Abraham, y tomó el carnero, y lo ofreció en holocausto en lugar de su hijo. 

14 Y llamó Abraham el nombre de aquel lugar, YHWH-jireh ([el SEÑOR verá]). Por tanto se dice hoy, en el monte del SEÑOR será visto. 

15 Y llamó el ángel del SEÑOR a Abraham la segunda vez desde el cielo, 

16 y dijo: Por mí mismo he jurado, dijo el SEÑOR, que por cuanto has hecho esto, y no me has rehusado tu hijo, tu único; 

17 bendiciendo te bendeciré, y multiplicando, multiplicaré tu simiente como las estrellas del cielo, y como la arena que [está] a la orilla del mar; y tu simiente poseerá las puertas de sus enemigos: 

18 En tu simiente serán benditos todos los gentiles de la tierra, por cuanto escuchaste a mi voz. 

19 Y se tornó Abraham a sus criados, y se levantaron y se fueron juntos a Beerseba; y habitó Abraham en Beerseba. 20 Y aconteció después de estas cosas, que fue dada nueva a Abraham, diciendo: He aquí que también Milca ha dado a luz hijos a Nacor tu hermano: 

21 A Uz su primogénito, y a Buz su hermano, y a Kemuel padre de Aram. 

22 Y a Quesed, y a Hazo, y a Pildas, y a Jidlaf, y a Betuel. 

23 Y Betuel engendró a Rebeca. Estos ocho dio a luz Milca a Nacor, hermano de Abraham. 

24 Y su concubina, que se llamaba Reúma, dio a luz también a Teba, y a Gaham, y a Tahas, y a Maaca. 


CAPÍTULO 23

1 Y fue la vida de Sara ciento veintisiete años; [tantos fueron] los años de la vida de Sara. 

2 Y murió Sara en Quiriat-arba, que es Hebrón, en la tierra de Canaán; y vino Abraham a endechar a Sara, y a llorarla. 

3 Y se levantó Abraham de delante de su muerta, y habló a los hijos de Het, diciendo: 

4 Peregrino y advenedizo soy entre vosotros; dadme heredad de sepultura con vosotros, y sepultaré mi muerta de delante de mí. 

5 Y respondieron los hijos de Het a Abraham, y le dijeron: 

6 Oyenos, señor mío, [eres] un príncipe de Dios entre nosotros; en lo mejor de nuestras sepulturas sepulta [a] tu muerta; ninguno de nosotros te impedirá su sepultura, para que entierres tu muerta. 

7 Y Abraham se levantó, y se inclinó al pueblo de aquella tierra, a los hijos de Het; 

8 y habló con ellos, diciendo: Si tenéis voluntad que yo sepulte mi muerta de delante de mí, oídme, e interceded por mí con Efrón, hijo de Zohar, 

9 [para] que me dé la cueva de Macpela, que tiene al cabo de su heredad; que por su justo precio me la dé, para heredad de sepultura en medio de vosotros. 

10 Este Efrón habitaba entre los hijos de Het; y respondió Efrón heteo a Abraham, en oídos de los hijos de Het, de todos los que entraban por la puerta de su ciudad, diciendo: 

11 No, señor mío, óyeme: te doy la heredad, y te doy también la cueva que [está] en ella; delante de los hijos de mi pueblo te la doy; sepulta tu muerta. 

12 Y Abraham se inclinó delante del pueblo de la tierra. 

13 Y respondió a Efrón en oídos del pueblo de la tierra, diciendo: Antes, si te [place], te ruego que me oigas; [yo] daré el precio de la heredad, tómalo de mí, y sepultaré en ella mi muerta. 

14 Y respondió Efrón a Abraham, diciéndole: 

15 Señor mío, escúchame: la tierra vale cuatrocientos siclos de plata; ¿qué es esto entre mí y ti? Entierra [pues] tu muerta. 

16 Entonces Abraham se convino con Efrón, y pesó Abraham a Efrón el dinero que dijo, oyéndolo los hijos de Het, cuatrocientos siclos de plata, corrientes por los mercaderes. 

17 Y quedó la heredad de Efrón que [estaba] en Macpela enfrente de Mamre, la heredad y la cueva que [estaba] en ella, y todos los árboles que [había] en la heredad, y en todo su término al derredor, 

18 de Abraham en posesión, a vista de los hijos de Het, y de todos los que entraban por la puerta de su ciudad. 

19 Y después de esto sepultó Abraham a Sara su mujer en la cueva de la heredad de Macpela enfrente de Mamre, que [es] Hebrón en la tierra de Canaán. 20 Y quedó la heredad y la cueva que en ella [había], de Abraham, en heredad de sepultura [comprada] de los hijos de Het. 


CAPÍTULO 24

1 Y Abraham [era ya] viejo, y bien entrado en días; y el SEÑOR había bendecido a Abraham en todo. 

2 Y dijo Abraham a su siervo, [el más] viejo de su casa, que era el que gobernaba en todo lo que tenía: Pon ahora tu mano debajo de mi muslo, 

3 y te juramentaré por el SEÑOR, Dios de los cielos y Dios de la tierra, que no has de tomar mujer para mi hijo de las hijas de los cananeos, entre los cuales yo habito; 

4 sino que irás a mi tierra y a mi natural, y tomarás [de allá] mujer para mi hijo Isaac. 

5 Y el siervo le respondió: Por ventura la mujer no querrá venir en pos de mí a esta tierra, ¿volveré, pues, tu hijo a la tierra de donde saliste? 

6 Y Abraham le dijo: Guárdate que no vuelvas a mi hijo allá. 

7 El SEÑOR, Dios de los cielos, que me tomó de la casa de mi padre, y de la tierra de mi natural, y me habló, y me juró diciendo: A tu simiente daré esta tierra; él enviará su ángel delante de ti, y [tú] tomarás de allá mujer para mi hijo. 

8 Y si la mujer no quisiere venir en pos de ti, serás libre de este mi juramento; solamente que no vuelvas allá a mi hijo. 

9 Entonces el siervo puso su mano debajo del muslo de Abraham su señor, y le juró sobre este negocio. 

10 Y el siervo tomó diez camellos de los camellos de su señor, y fue llevando en su mano lo mejor que su señor tenía; y se levantó y fue a Ara Naharaim, a la ciudad de Nacor. 

11 E hizo arrodillar los camellos fuera de la ciudad, [junto] a [un] pozo de agua, a la hora de la tarde, a la hora en que salen las doncellas por agua. 

12 Y dijo: SEÑOR, Dios de mi señor Abraham, dame, te ruego, el tener hoy buen encuentro, y haz misericordia con mi señor Abraham. 

13 He aquí yo estoy junto a la fuente de agua, y las hijas de los varones de esta ciudad salen por agua. 

14 Sea, pues, [que] la doncella a quien [yo] dijere: Baja ahora tu cántaro, para que yo beba; y ella respondiere: Bebe, y también daré de beber a tus camellos, [que] ésta [sea la que] aparejaste a tu siervo Isaac; y en esto conoceré que habrás hecho misericordia con mi señor. 

15 Y aconteció [que] antes que él acabase de hablar, he aquí Rebeca que salía, (la cual había nacido a Betuel, hijo de Milca, mujer de Nacor hermano de Abraham) con su cántaro sobre sus hombros. 

16 Y la doncella [era] de muy hermoso aspecto, virgen, a la que varón no había conocido; la cual descendió a la fuente, y llenó su cántaro, y se volvía. 

17 Entonces el siervo corrió hacia ella, y dijo: Te ruego que me des a beber un poco de agua de tu cántaro. 

18 Y ella respondió: Bebe, señor mío: y se dio prisa a bajar su cántaro sobre su mano, y le dio a beber. 

19 Y cuando acabó de darle a beber, dijo: También para tus camellos sacaré agua, hasta que acaben de beber. 20 Y se dio prisa, y vació su cántaro en la pila, y corrió otra vez al pozo para sacar agua, y sacó para todos sus camellos. 

21 Y el varón estaba maravillado de ella, callando, para saber si el SEÑOR había prosperado su camino o no. 

22 Y fue [que] cuando los camellos acabaron de beber, el varón sacó un pendiente de oro de medio siclo de peso, y dos brazaletes de diez [siclos] de peso de oro, 

23 y dijo: ¿De quién eres hija? Te ruego me digas, ¿hay lugar en casa de tu padre donde posemos? 

24 Y ella respondió: Soy hija de Betuel, hijo de Milca, el cual dio a luz ella a Nacor. 

25 Y añadió: También hay en nuestra casa paja y mucho forraje, y lugar para posar. 

26 El varón entonces se inclinó, y adoró al SEÑOR. 

27 Y dijo: Bendito [sea] el SEÑOR, Dios de mi señor Abraham, que no apartó su misericordia y su verdad de mi señor, guiándome el SEÑOR en el camino a casa de los hermanos de mi amo. 

28 Y la doncella corrió, e hizo saber en casa de su madre estas cosas. 

29 Y Rebeca tenía un hermano que se llamaba Labán, el cual corrió afuera al varón, a la fuente; 

30 y fue [que] cuando vio el pendiente y los brazaletes en las manos de su hermana, que decía: Así me dijo aquel varón; vino al varón; y he aquí [él] estaba junto a los camellos a la fuente. 

31 Y le dijo: Ven, bendito del SEÑOR; ¿por qué estás fuera? Yo he limpiado la casa, y el lugar para los camellos. 

32 Entonces el varón vino a casa, y [Labán] desató los camellos; y les dio paja y forraje, y agua para lavar los pies de él, y los pies de los varones que con él [venían]. 

33 Y le pusieron delante qué comer; mas él dijo: No comeré hasta que haya dicho mi mensaje. Y [él] le dijo: Habla. 

34 Entonces dijo: Yo soy siervo de Abraham; 

35 y el SEÑOR ha bendecido mucho a mi señor, y él se ha engrandecido; y le ha dado ovejas y vacas, plata y oro, siervos y siervas, camellos y asnos. 

36 Y Sara, mujer de mi amo, dio a luz [un] hijo a mi señor después de su vejez, al cual ha dado todo cuanto tiene. 

37 Y mi señor me hizo jurar, diciendo: No tomarás mujer para mi hijo de las hijas de los cananeos, en cuya tierra habito; 

38 sino que irás a la casa de mi padre, y a mi natural, y tomarás de allá mujer para mi hijo. 

39 Y [yo] dije: Por ventura no querrá venir en pos de mí la mujer. 

40 Entonces él me respondió: El SEÑOR, en cuya presencia [yo] he andado, enviará su ángel contigo, y prosperará tu camino; y tomarás mujer para mi hijo de mi linaje y de la casa de mi padre; 

41 entonces serás libre de mi juramento, cuando hubieres llegado a mi linaje; y si no te [la] dieren, serás libre de mi juramento. 

42 Llegué, [pues], hoy a la fuente, y dije: SEÑOR, Dios de mi señor Abraham, si tú prosperas ahora mi camino por el cual yo ando, 

43 he aquí yo estoy junto a la fuente de agua; sea, pues, [que] la doncella que saliere por agua, a la cual [yo] dijere: Dame ahora de beber un poco de agua de tu cántaro; 

44 y ella me respondiere, Bebe tú, y también para tus camellos sacaré agua; ésta sea la mujer que aparejó el SEÑOR al hijo de mi señor. 

45 Y antes que acabase de hablar en mi corazón, he aquí Rebeca, que salía con su cántaro sobre su hombro; y descendió a la fuente, y sacó agua; y [yo] le dije: Te ruego que me des a beber. 

46 Y [ella] prestamente bajó su cántaro de encima de sí, y dijo: Bebe, y también a tus camellos daré a beber. Y bebí, y dio también de beber a mis camellos. 

47 Entonces le pregunté, y dije: ¿De quién eres hija? Y ella respondió: Hija de Betuel, hijo de Nacor, que le dio a luz Milca. Entonces le puse un pendiente sobre su nariz, y brazaletes sobre sus manos; 

48 y me incliné, y adoré al SEÑOR, y bendije al SEÑOR, Dios de mi señor Abraham, que me había guiado por camino de verdad para tomar la hija del hermano de mi señor para su hijo. 

49 Ahora pues, si vosotros hacéis misericordia y verdad con mi señor, declarádmelo; y si no, declarádmelo; y echaré a la diestra o a la siniestra. 

50 Entonces Labán y Betuel respondieron y dijeron: Del SEÑOR ha salido esto; no podemos hablarte malo ni bueno. 

51 He ahí Rebeca delante de ti; tómala y vete, y sea mujer del hijo de tu señor, como lo ha dicho el SEÑOR. 

52 Y fue, [que] cuando el siervo de Abraham oyó sus palabras, se inclinó a tierra al SEÑOR. 

53 Y sacó el siervo vasos de plata y vasos de oro y vestidos, y dio a Rebeca; también dio cosas preciosas a su hermano y a su madre. 

54 Y comieron y bebieron él y los [varones] que venían con él, y durmieron; y levantándose de mañana, dijo: Enviadme a mi señor. 

55 Entonces respondió su hermano y su madre: Espere la doncella con nosotros a lo menos diez días, [y] después irá. 

56 Y él les dijo: No me detengáis, pues que el SEÑOR ha prosperado mi camino; despachadme para que me vaya a mi señor. 

57 [Ellos] respondieron entonces: Llamemos la doncella y preguntémosle. 

58 Y llamaron a Rebeca, y le dijeron: ¿Irás [tú] con este varón? Y ella respondió: [Sí], iré. 

59 Entonces enviaron a Rebeca su hermana, y a su nodriza, y al siervo de Abraham y a sus varones. 

60 Y bendijeron a Rebeca, y le dijeron: Nuestra hermana eres; seas en millares de millares, y tu generación posea la puerta de sus enemigos. 

61 Se levantó entonces Rebeca y sus doncellas, y subieron sobre los camellos, y siguieron al varón; y el siervo tomó a Rebeca, y se fue. 

62 Y venía Isaac del pozo del Viviente que me ve; porque él habitaba en la tierra del mediodía; 

63 y había salido Isaac a orar al campo, a la hora de la tarde; y alzando sus ojos miró, y he aquí los camellos que venían. 

64 Rebeca también alzó sus ojos, y vio a Isaac, y descendió del camello; 

65 porque había preguntado al criado: ¿Quién [es] este varón que viene por el campo hacia nosotros? Y el siervo había respondido: Este [es] mi señor. [Ella] entonces tomó el velo, y se cubrió. 

66 Entonces el siervo contó a Isaac todo lo que había hecho. 

67 Y la introdujo Isaac a la tienda de su madre Sara, y tomó a Rebeca por mujer; y la amó; y se consoló Isaac después [de la muerte] de su madre. 


CAPÍTULO 25

1 Y Abraham tomó otra mujer, cuyo nombre [fue] Cetura; 

2 la cual le dio a luz a Zimram, y a Jocsán, y a Medán, y a Madián, y a Isbac, y a Súa. 

3 Y Jocsán engendró a Seba, y a Dedán: e hijos de Dedán fueron Asurim, y Letusim, y Leumim. 

4 E hijos de Madián: Efa, y Efer, y Hanoc, y Abida, y Elda. Todos estos [fueron] hijos de Cetura. 

5 Y Abraham dio todo cuanto tenía a Isaac. 

6 Y a los hijos de sus concubinas dio Abraham dones, y los envió de junto Isaac su hijo, mientras él vivió, al oriente, a la tierra oriental. 

7 Y estos [fueron] los días de vida que vivió Abraham: ciento setenta y cinco años. 

8 Y expiró, y murió Abraham en buena vejez, anciano y lleno [de días] y fue unido a su pueblo. 

9 Y lo sepultaron Isaac e Ismael sus hijos en la cueva doble, en la heredad de Efrón, hijo de Zoar heteo, que [está] enfrente de Mamre; 

10 la heredad que compró Abraham de los hijos de Het; allí está sepultado, y Sara su mujer. 

11 Y sucedió, después de muerto Abraham, [que] Dios bendijo a Isaac su hijo; y habitó Isaac junto al pozo del Viviente que me ve. 

12 Y estas [son] las generaciones de Ismael, hijo de Abraham, que dio a luz Agar, la egipcia, sierva de Sara a Abraham: 

13 Estos, pues, [son] los nombres de los hijos de Ismael, por sus nombres, por sus linajes: El primogénito de Ismael, Nabaiot; y Cedar, y Abdeel, y Mibsam, 

14 y Misma, y Duma, y Massa, 

15 Hadar, y Tema, y Jetur, y Nafis, y Cedema. 

16 Estos son los hijos de Ismael, y estos [sus] nombres por sus villas y por sus palacios; doce príncipes por sus familias. 

17 Y estos [fueron] los años de la vida de Ismael, ciento treinta y siete años; y expiró y murió Ismael; y fue unido a su pueblo. 

18 Y habitaron desde Havila hasta Shur, que [está] enfrente de Egipto, viniendo a Asiria; y delante de todos sus hermanos cayó. 

19 Y estas [son] las generaciones de Isaac, hijo de Abraham. Abraham engendró a Isaac; 20 y era Isaac de cuarenta años cuando tomó a Rebeca, hija de Betuel, [el] arameo, de Padan-aram, hermana de Labán, [el] arameo, por su mujer. 

21 Y oró Isaac al SEÑOR por su mujer, que era estéril; y lo aceptó el SEÑOR, y concibió Rebeca su mujer. 

22 Y los hijos se combatían dentro de ella; y dijo: Si [es] así ¿para qué [vivo] yo? Y fue a consultar al SEÑOR. 

23 Y le respondió el SEÑOR: Dos naciones [hay] en tu vientre, y dos pueblos serán divididos desde tus entrañas; mas [un] pueblo [será] más fuerte que [el otro] pueblo, y el mayor servirá al menor. 

24 Y cuando se cumplieron sus días para dar a luz, he aquí mellizos en su vientre. 

25 Y salió el primero bermejo, y todo él velludo como [una] pelliza; y llamaron su nombre Esaú. 

26 Y después salió su hermano, trabada su mano al calcañar de Esaú; y fue llamado su nombre Jacob. Y era Isaac de edad de sesenta años cuando [Rebeca] los dio a luz. 

27 Y crecieron los niños, y Esaú fue varón sabio en la caza, hombre del campo; Jacob, empero, era varón entero, que estaba en las tiendas. 

28 Y amó Isaac a Esaú, porque comía de su caza; mas Rebeca amaba a Jacob. 

29 Y guisó Jacob [un] potaje; y volviendo Esaú del campo cansado, 

30 dijo a Jacob: Te ruego que me des a comer de eso bermejo, pues estoy [muy] cansado. Por tanto fue llamado su nombre Edom. 

31 Y Jacob respondió: Véndeme hoy en este día tu primogenitura. 

32 Entonces dijo Esaú: He aquí yo me voy a morir; ¿para qué, pues, me servirá la primogenitura? 

33 Y dijo Jacob: Júrame hoy en este día. Y él le juró, y vendió a Jacob su primogenitura. 

34 Entonces Jacob dio a Esaú del pan y del guisado de las lentejas; y él comió y bebió, y se levantó, y se fue. [Así] menospreció Esaú la primogenitura. 


CAPÍTULO 26

1 Y hubo hambre en la tierra, además de la primera hambre que fue en los días de Abraham; y se fue Isaac a Abimelec rey de los filisteos, en Gerar. 

2 Y se le apareció el SEÑOR, y le dijo: No desciendas a Egipto; habita en la tierra que yo te diré; 

3 habita en esta tierra, y [yo] seré contigo, y te bendeciré; porque a ti y a tu simiente daré todas estas tierras, y confirmaré el juramento que juré a Abraham tu padre: 

4 Y multiplicaré tu simiente como las estrellas del cielo, y daré a tu simiente todas estas tierras; y todos los gentiles de la tierra serán benditos en tu simiente. 

5 Por cuanto oyó Abraham mi voz, y guardó mi observancia, mis mandamientos, mis estatutos y mis leyes. 

6 Habitó, pues, Isaac en Gerar. 

7 Y los hombres de aquel lugar [le] preguntaron acerca de su mujer; y él respondió: Es mi hermana; porque tuvo miedo de decir: Es mi mujer; por ventura, [dijo], los varones del lugar me matarían por causa de Rebeca; porque era de hermoso aspecto. 

8 Y sucedió [que], después que él estuvo allí muchos días, Abimelec, rey de los filisteos, mirando por una ventana, vio a Isaac que jugaba con Rebeca su mujer. 

9 Y llamó Abimelec a Isaac, y dijo: He aquí ella es de cierto tu mujer; ¿cómo, pues, dijiste: Es mi hermana? E Isaac le respondió, porque dije: Por ventura moriré por causa de ella. 

10 Y Abimelec dijo: ¿Por qué nos has hecho esto? Por poco hubiera dormido alguno del pueblo con tu mujer, y hubieras traído sobre nosotros el pecado. 

11 Entonces Abimelec mandó a todo el pueblo, diciendo: El que tocare a este hombre o a su mujer, de cierto morirá. 

12 Y sembró Isaac en aquella tierra, y halló aquel año ciento por uno; y le bendijo el SEÑOR. 

13 Y el varón se engrandeció, y fue adelantando y engrandeciéndose, hasta hacerse muy grande; 

14 y tuvo hato de ovejas, y hato de vacas, y grande apero; y los filisteos le tuvieron envidia. 

15 Y todos los pozos que habían abierto, los siervos de Abraham su padre en sus días, los filisteos los habían cerrado y llenado de tierra. 

16 Y dijo Abimelec a Isaac: Apártate de nosotros, porque mucho más fuerte que nosotros te has hecho. 

17 E Isaac se fue de allí; y asentó sus tiendas en el valle de Gerar, y habitó allí. 

18 Y volvió a abrir Isaac los pozos de agua que habían abierto en los días de Abraham su padre, y que los filisteos habían cerrado, muerto Abraham; y los llamó por los nombres que su padre los había llamado. 

19 Y los siervos de Isaac cavaron en el valle, y hallaron allí [un] pozo de aguas vivas. 20 Y los pastores de Gerar riñeron con los pastores de Isaac, diciendo: El agua es nuestra; por eso llamó el nombre del pozo Esek, porque habían altercado con él. 

21 Y abrieron otro pozo, y también riñeron sobre él; y llamó su nombre Sitna. 

22 Y se apartó de allí, y abrió otro pozo, y no riñeron sobre él; y llamó su nombre Rehobot, y dijo: Porque ahora nos ha hecho ensanchar el SEÑOR y fructificaremos en la tierra. 

23 Y de allí subió a Beerseba. 

24 Y se le apareció el SEÑOR aquella noche, y dijo: Yo [soy] el Dios de Abraham tu padre; no temas, que yo [soy] contigo, y yo te bendeciré, y multiplicaré tu simiente por causa de Abraham mi siervo. 

25 Y edificó allí [un] altar, e invocó el nombre del SEÑOR, y tendió allí su tienda; y abrieron allí los siervos de Isaac [un] pozo. 

26 Y Abimelec vino a él desde Gerar, y Ahuzat, amigo suyo, y Ficol, capitán de su ejército. 

27 Y les dijo Isaac: ¿Por qué venís a mí, pues que me habéis aborrecido, y me enviaste, que no estuviese con vosotros? 

28 Y ellos respondieron: Hemos visto que el SEÑOR es contigo; y dijimos: Haya ahora juramento entre nosotros, entre nosotros y tú, y haremos alianza contigo: 

29 Que no nos hagas mal, como [nosotros] no te hemos tocado, y como solamente te hemos hecho bien, y te enviamos en paz; tú ahora, bendito del SEÑOR. 

30 Entonces él les hizo banquete, y comieron y bebieron. 

31 Y madrugaron por la mañana, y juraron el uno al otro; e Isaac los envió, y [ellos] se partieron de él en paz. 

32 Y en aquel día sucedió [que] vinieron los criados de Isaac, y le dieron nuevas acerca del pozo que habían abierto, y le dijeron: Agua hemos hallado. 

33 Y lo llamó Seba, por cuya causa el nombre de aquella ciudad es Beerseba hasta este día. 

34 Y cuando Esaú fue de cuarenta años, tomó por mujer a Judit hija de Beeri, [el] heteo, y a Basemat hija de Elón, [el] heteo: 

35 Y fueron amargura de espíritu a Isaac y a Rebeca. 


CAPÍTULO 27

1 Y aconteció [que] cuando Isaac envejeció, y sus ojos se oscurecieron de vista, llamó a Esaú, su hijo el mayor, y le dijo: Mi hijo. Y él respondió: Heme aquí. 

2 Y él dijo: He aquí ya soy viejo, no sé el día de mi muerte. 

3 Toma, pues, ahora tus armas, tu aljaba y tu arco, y sal al campo, y cógeme caza; 

4 y hazme guisados, como yo amo, y tráemelo, y comeré; para que te bendiga mi alma antes que muera. 

5 Y Rebeca oyó, cuando hablaba Isaac a Esaú su hijo; y se fue Esaú al campo para coger la caza que había de traer. 

6 Entonces Rebeca habló a Jacob su hijo, diciendo: He aquí [yo] he oído a tu padre que hablaba con Esaú tu hermano, diciendo: 

7 Tráeme caza, y hazme guisados, para que coma, y te bendiga delante del SEÑOR, antes que muera. 

8 Ahora pues, hijo mío, escucha mi voz en lo que te mando: 

9 Ve ahora al ganado, y tómame de allí dos cabritos buenas de las cabras, y [yo] haré de ellos guisados para tu padre, como él ama; 

10 y tú los llevarás a tu padre, y comerá, para que te bendiga antes de su muerte. 

11 Y Jacob dijo a Rebeca su madre: He aquí Esaú mi hermano es hombre velloso, y yo hombre sin pelos; 

12 por ventura me tentará mi padre, y me tendrá por burlador, y traeré sobre mí maldición y no bendición. 

13 Y su madre respondió: Hijo mío, sobre mí [sea] tu maldición; solamente obedece mi voz, y ve, y tómalos. 

14 Entonces él fue, y [los] tomó, y [los] trajo a su madre; y su madre hizo guisados, como su padre [los] amaba. 

15 Y tomó Rebeca los vestidos de Esaú su hijo mayor, los preciosos, que ella tenía en casa, y vistió a Jacob, su hijo menor: 

16 Y le hizo vestir sobre sus manos y sobre la cerviz donde no tenía pelos, las pieles de los cabritos de las cabras; 

17 y dio los guisados y pan que había aderezado, en mano de Jacob su hijo. 

18 Y él fue a su padre, y dijo: Padre mío; y él respondió: Heme aquí, ¿quién eres, hijo mío? 

19 Y Jacob dijo a su padre: Yo soy Esaú tu primogénito; he hecho como me dijiste; levántate ahora, y come de mi caza, para que me bendiga tu alma. 20 Entonces Isaac dijo a su hijo: ¿Qué [es] esto, que tan presto hallaste hijo mío? Y él respondió: Porque el SEÑOR tu Dios hizo que se encontrase delante de mí. 

21 E Isaac dijo a Jacob: Acércate ahora, y te palparé, hijo mío, si eres mi hijo Esaú o no. 

22 Y se acercó Jacob a su padre Isaac; y él le palpó, y dijo: La voz [es] la voz de Jacob, mas las manos [son] las manos de Esaú. 

23 Y no le conoció, porque sus manos eran vellosas como las manos de Esaú; y le bendijo. 

24 Y dijo: ¿Eres tú mi hijo Esaú? Y él respondió: Yo [soy]. 

25 Y dijo: Acércamela, y comeré de la caza de mi hijo, para que te bendiga mi alma; y él [se] la acercó, y comió; le trajo [también] vino, y bebió. 

26 Y le dijo Isaac su padre: Acércate ahora, y bésame, hijo mío. 

27 Y él se llegó, y le besó; y olió Isaac el olor de sus vestidos, y le bendijo, y dijo: Mira, el olor de mi hijo, como el olor del campo que el SEÑOR ha bendecido. 

28 Dios, pues, te dé del rocío del cielo, y de las grosuras de la tierra, y abundancia de trigo y de mosto. 

29 Sírvante pueblos, y naciones se inclinen a ti: Sé señor de tus hermanos, e inclínense a ti los hijos de tu madre; malditos los que te maldijeren, y benditos los que te bendijeren. 

30 Y aconteció, luego que hubo Isaac acabado de bendecir a Jacob, y apenas había salido Jacob de delante de Isaac su padre, que Esaú su hermano vino de su caza. 

31 E hizo él también guisados, y trajo a su padre, y le dijo: Levántese mi padre, y coma de la caza de su hijo, para que me bendiga tu alma. 

32 Entonces Isaac su padre le dijo: ¿Quién [eres] tú? Y él dijo: Yo [soy] tu hijo, tu primogénito, Esaú. 

33 Entonces se estremeció Isaac con grande estremecimiento, y dijo: ¿Quién [es] el que [vino] aquí, que tomó caza, y me trajo, y comí de todo antes que vinieses? Yo le bendije, y será bendito. 

34 Cuando Esaú oyó las palabras de su padre, clamó con una muy grande y muy amarga exclamación, y le dijo a su padre: Bendíceme también a mí, padre mío. 

35 Y él dijo: Vino tu hermano con engaño, y tomó tu bendición. 

36 Y él respondió: Bien llamaron su nombre Jacob, que ya me ha engañado dos veces; me tomó mi primogenitura, y he aquí ahora ha tomado mi bendición. Y dijo: ¿No has guardado bendición para mí? 

37 Isaac respondió y dijo a Esaú: He aquí [yo] le he puesto por señor tuyo, y le he dado por siervos a todos sus hermanos; de trigo y de vino le he fortelecido, ¿qué, pues, te haré a ti ahora, hijo mío? 

38 Y Esaú respondió a su padre: ¿No tienes [más que] una sola bendición, padre mío? Bendíceme también a mí, padre mío. Y alzó Esaú su voz, y lloró. 

39 Entonces Isaac su padre habló y le dijo: He aquí será tu habitación en grosuras de la tierra, y del rocío de los cielos de arriba; 

40 y por tu espada vivirás, y a tu hermano servirás; mas habrá tiempo cuando te enseñorees, y descargues su yugo de tu cerviz. 

41 Y aborreció Esaú a Jacob por la bendición con que su padre le había bendecido, y dijo en su corazón: Llegarán los días del luto de mi padre, y [yo] mataré a Jacob mi hermano. 

42 Y fueron dichas a Rebeca las palabras de Esaú su hijo mayor; y ella envió y llamó a Jacob su hijo menor, y le dijo: He aquí, Esaú tu hermano se consuela acerca de ti con la idea de matarte. 

43 Ahora pues, hijo mío, escuche mi voz: levántate, y húye a Labán mi hermano, a Harán. 

44 Y mora con él algunos días, hasta que el enojo de tu hermano se mitigue. 

45 Hasta que se aplaque la ira de tu hermano contra ti, y se olvide de lo que le has hecho; [yo] enviaré entonces, y te traeré de allá, ¿por qué seré privada de vosotros ambos en un día? 

46 Y dijo Rebeca a Isaac: Fastidio tengo de mi vida, a causa de las hijas de Het. Si Jacob toma mujer de las hijas de Het, como éstas, de las hijas de esta tierra, ¿para qué quiero la vida? 


CAPÍTULO 28

1 Entonces Isaac llamó a Jacob, y lo bendijo, y le mandó diciendo: No tomes mujer de las hijas de Canaán. 

2 Levántate, ve a Padan-aram, a casa de Betuel, padre de tu madre, y toma de allí para ti mujer de las hijas de Labán, hermano de tu madre. 

3 Y el Dios omnipotente te bendiga y te haga fructificar, y te multiplique, hasta venir a ser congregación de pueblos; 

4 y te dé la bendición de Abraham, y a tu simiente contigo, para que heredes la tierra de tus peregrinaciones, que Dios dio a Abraham. 

5 Así envió Isaac a Jacob, el cual fue a Padan-aram, a Labán, hijo de Betuel, [el] arameo, hermano de Rebeca, madre de Jacob y de Esaú. 

6 Y vio Esaú como Isaac había bendecido a Jacob, y le había enviado a Padan-aram, para tomar para sí mujer de allí; y que cuando le bendijo, le había mandado, diciendo: No tomarás mujer de las hijas de Canaán; 

7 y [que] Jacob había escuchado a su padre y a su madre, y se había ido a Padan-aram. 

8 Vio asimismo Esaú que las hijas de Canaán parecían mal a Isaac su padre; 

9 y se fue Esaú a Ismael, y tomó para sí por mujer a Mahalet, hija de Ismael, hijo de Abraham, hermana de Nebaiot, además de sus otras mujeres. 

10 Y salió Jacob de Beerseba, y fue a Harán; 

11 y se encontró con un lugar, y durmió allí porque ya el sol se había puesto; y tomó de las piedras de aquel lugar y puso a su cabecera, y se acostó en aquel lugar. 

12 Y soñó, y he aquí una escalera que estaba [apoyada] en tierra, y su cabeza tocaba en el cielo; y he aquí ángeles de Dios que subían y descendían por ella. 

13 Y he aquí, el SEÑOR estaba encima de ella, el cual dijo: Yo [soy] el SEÑOR Dios de Abraham tu padre, y el Dios de Isaac; la tierra en que estás acostado te la daré a ti y a tu simiente. 

14 Y será tu simiente como el polvo de la tierra, y [te] multiplicarás al occidente, y al oriente, y al aquilón, y al mediodía; y todas las familias de la tierra serán benditas en ti y en tu simiente. 

15 Y he aquí, yo [soy] contigo, y [yo] te guardaré por dondequiera que fueres, y [yo] te volveré a esta tierra; porque no te dejaré hasta tanto que haya hecho lo que te he dicho. 

16 Y despertó Jacob de su sueño, y dijo: Ciertamente el SEÑOR está en este lugar, y yo no lo sabía. 

17 Y tuvo miedo, y dijo: ¡Cuán espantoso es este lugar! No es otra cosa que casa de Dios, y puerta del cielo. 

18 Y madrugó Jacob por la mañana, y tomó la piedra que había puesto a su cabecera, y la puso por título, y derramó aceite encima de ella. 

19 Y llamó el nombre de aquel lugar Bet-el, bien que Luz [era] el nombre de la ciudad primero. 20 E hizo Jacob voto, diciendo: Si fuere Dios conmigo, y me guardare en este viaje donde voy, y me diere pan para comer y vestido para vestir, 

21 y si tornare en paz a casa de mi padre, el SEÑOR será mi Dios, 

22 y esta piedra que he puesto por título, será casa de Dios; y de todo lo que me dieres, la décima [parte] lo he de apartar para ti. 


CAPÍTULO 29

1 Y alzó Jacob sus pies, y fue a la tierra de los orientales. 

2 Y miró, y vio un pozo en el campo; y he aquí tres rebaños de ovejas que yacían cerca de él; porque de aquel pozo abrevaban los ganados; y [había] una gran piedra sobre la boca del pozo. 

3 Y se juntaban allí todos los rebaños; y revolvían la piedra de sobre la boca del pozo, y abrevaban las ovejas; y volvían la piedra sobre la boca del pozo a su lugar. 

4 Y les dijo Jacob: Hermanos míos, ¿de dónde sois? Y ellos respondieron: De Harán somos. 

5 Y él les dijo: ¿Conocéis a Labán, hijo de Nacor? Y ellos dijeron: Sí, [le] conocemos. 

6 Y él les dijo: ¿Tiene paz? Y [ellos] dijeron: Paz; y he aquí Raquel su hija viene con el ganado. 

7 Y él dijo: He aquí el día es aún grande; no es tiempo todavía de recoger el ganado; abrevad las ovejas, e id a apacentarlas. 

8 Y ellos respondieron: No podemos, hasta que se junten todos los rebaños, y remuevan la piedra de sobre la boca del pozo, para que abrevemos las ovejas. 

9 Estando aún él hablando con ellos, Raquel vino con el ganado de su padre, porque ella [era] la pastora. 

10 Y sucedió [que], cuando Jacob vio a Raquel, hija de Labán, hermano de su madre, y a las ovejas de Labán, el hermano de su madre, se acercó Jacob, y removió la piedra de sobre la boca del pozo, y abrevó el ganado de Labán, hermano de su madre. 

11 Y Jacob besó a Raquel, y alzó su voz, y lloró. 

12 Y Jacob dijo a Raquel como él era hermano de su padre, y como era hijo de Rebeca; y ella corrió, y dio las nuevas a su padre. 

13 Y así [que] oyó Labán las nuevas de Jacob, hijo de su hermana, corrió a recibirlo, y lo abrazó, y lo besó, y lo trajo a su casa; y él contó a Labán todas estas cosas. 

14 Y Labán le dijo: Ciertamente hueso mío y carne mía eres. Y estuvo con él un mes de días. 

15 Entonces dijo Labán a Jacob: ¿Por ser tú mi hermano, me has de servir de balde? Declárame qué [será] tu salario. 

16 Y Labán tenía dos hijas: el nombre de la mayor [era] Lea, y el nombre de la menor, Raquel. 

17 Y los ojos de Lea eran tiernos, pero Raquel [era] de lindo semblante y de hermoso parecer. 

18 Y Jacob amó a Raquel, y dijo: [Yo] te serviré siete años por Raquel, tu hija menor. 

19 Y Labán respondió: Mejor es que te la dé a ti, y no que la dé a otro hombre; estáte conmigo. 20 Así sirvió Jacob por Raquel siete años; y le parecieron como pocos días, porque la amaba. 

21 Y dijo Jacob a Labán: Dame mi mujer, porque mi tiempo es cumplido para que entre a ella. 

22 Entonces Labán juntó a todos los varones de aquel lugar, e hizo banquete. 

23 Y sucedió [que] a la noche tomó a Lea su hija, y se la trajo; y [él] entró a ella. 

24 Y dio Labán su sierva Zilpa a su hija Lea [por] criada. 

25 Y venida la mañana, he aquí que era Lea; y él dijo a Labán: ¿Qué [es] esto que me has hecho? ¿No te he servido por Raquel? ¿Por qué, pues, me has engañado? 

26 Y Labán respondió: No se hace así en nuestro lugar, que se dé la menor antes de la mayor. 

27 Cumple la semana de ésta, y se te dará también la otra, por el servicio que hicieres conmigo otros siete años. 

28 E hizo Jacob así, y cumplió la semana de aquella; y él le dio a Raquel su hija por mujer. 

29 Y dio Labán a Raquel su hija por criada a su sierva Bilha. 

30 Y entró también a Raquel; y la amó también más que a Lea; y sirvió con él aún otros siete años. 

31 Y vio el SEÑOR que Lea era aborrecida, y abrió su matriz; pero Raquel era estéril. 

32 Y concibió Lea, y dio a luz un hijo, y llamó su nombre Rubén, porque dijo: Porque vio el SEÑOR mi aflicción; ahora por tanto me amará mi marido. 

33 Y concibió otra vez, y dio a luz un hijo, y dijo: Por cuanto oyó el SEÑOR que yo era aborrecida, me ha dado también éste. Y llamó su nombre Simeón. 

34 Y concibió otra vez, y dio a luz un hijo, y dijo: Ahora esta vez será juntado mi marido conmigo, porque le he dado a luz tres hijos: por tanto, llamó su nombre Leví. 

35 Y concibió otra vez, y dio a luz un hijo, y dijo: Esta vez alabaré al SEÑOR; por esto llamó su nombre Judá; y dejó de dar a luz. 


CAPÍTULO 30

1 Y viendo Raquel que no daba hijos a Jacob, tuvo envidia de su hermana, y decía a Jacob: Dame hijos, o si no, yo [soy] muerta. 

2 Y Jacob se enojaba contra Raquel, y decía: ¿[Soy] yo en lugar de Dios, que te impidió el fruto de tu vientre? 

3 Y ella dijo: He aquí mi sierva Bilha; entra a ella, y dará a luz sobre mis rodillas, y yo también tendré hijos de ella. 

4 Así le dio a Bilha su sierva por mujer; y Jacob entró a ella. 

5 Y concibió Bilha, y dio a luz un hijo a Jacob. 

6 Y dijo Raquel: Me juzgó Dios, y también oyó mi voz, y me dio un hijo. Por tanto llamó su nombre Dan. 

7 Y concibió otra vez Bilha, la sierva de Raquel, y dio a luz el hijo segundo a Jacob. 

8 Y dijo Raquel: Con luchas de Dios he luchado con mi hermana, y he vencido. Y llamó su nombre Neftalí. 

9 Y viendo Lea que había dejado de dar a luz, tomó a Zilpa su sierva, y la dio a Jacob por mujer. 

10 Y Zilpa, sierva de Lea, dio a luz un hijo a Jacob. 

11 Y dijo Lea: Vino la [buena] ventura. Y llamó su nombre Gad. 

12 Y Zilpa, la sierva de Lea, dio a luz otro hijo a Jacob. 

13 Y dijo Lea: Para hacerme bienaventurada; porque las mujeres me dirán bienaventurada; y llamó su nombre Aser. 

14 Y fue Rubén en tiempo de la siega de los trigos, y halló mandrágoras en el campo, y las trajo a Lea su madre; y dijo Raquel a Lea: Te ruego que me des de las mandrágoras de tu hijo. 

15 Y ella respondió: ¿Es poco que hayas tomado mi marido, sino que también te has de llevar las mandrágoras de mi hijo? Y dijo Raquel: Pues dormirá contigo esta noche por las mandrágoras de tu hijo. 

16 Y cuando Jacob volvía del campo a la tarde, salió Lea a él, y le dijo: A mí has de entrar, porque a la verdad te he alquilado por las mandrágoras de mi hijo. Y durmió con ella aquella noche. 

17 Y oyó Dios a Lea; y concibió, y dio a luz el quinto hijo a Jacob. 

18 Y dijo Lea: Dios me ha dado mi salario, por cuanto di mi sierva a mi marido; por eso llamó su nombre Isacar. 

19 Y concibió Lea otra vez, y dio a luz el sexto hijo a Jacob. 20 Y dijo Lea: Dios me ha dado buena dádiva; ahora morará conmigo mi marido, porque le he dado a luz seis hijos; y llamó su nombre Zabulón. 

21 Y después dio a luz una hija, y llamó su nombre Dina. 

22 Y se acordó Dios de Raquel, y la oyó Dios, y abrió su matriz. 

23 Y concibió, y dio a luz un hijo; y dijo: Dios ha quitado mi vergüenza; 

24 y llamó su nombre José, diciendo: Añádame el SEÑOR otro hijo. 

25 Y aconteció, cuando Raquel dio a luz a José, que Jacob dijo a Labán: Envíame, e iré a mi lugar, y a mi tierra. 

26 Dame mis mujeres y mis hijos, por las cuales he servido contigo, porque tú sabes el servicio que te he hecho. 

27 Y Labán le respondió: Halle yo ahora gracia en tus ojos, he experimentado que el SEÑOR me ha bendecido por tu causa. 

28 Y dijo: Señálame tu salario, que [yo] lo daré. 

29 Y él respondió: Tú sabes cómo te he servido, y cuánto ha sido tu ganado conmigo; 

30 porque poco tenías antes de mi [venida], y ha crecido en multitud; y el SEÑOR te ha bendecido con mi entrada; y ahora ¿cuándo tengo de hacer yo también por mi propia casa? 

31 Y él dijo: ¿Qué te daré? Respondió Jacob: No me des nada; si hicieres por mí esto, volveré a apacentar tus ovejas. 

32 Yo pasaré hoy por todas tus ovejas, poniendo aparte toda oveja pintada y manchada, y todo carnero bermejo entre los carneros, y lo pintado y manchado entre las cabras; y esto será mi salario. 

33 Así responderá por mí mi justicia mañana cuando me viniere mi salario delante de ti; todo lo que no fuere pintado ni manchado en las cabras y bermejo en las ovejas [mías], se me ha de tener por de hurto. 

34 Y dijo Labán: Mira, Deseo que fuese como tú dices. 

35 Y apartó [Labán] aquel día los machos cabríos cinchados y manchados; y todas las cabras pintadas y manchadas, y todo lo que tenía [en sí] algo de blanco, y todo lo bermejo entre las ovejas, y las puso en la mano de sus hijos; 

36 y puso tres días de camino entre sí y Jacob; y Jacob apacentaba las otras ovejas de Labán. 

37 Luego tomó Jacob varas de álamo verdes, y de almendro, y de castaño, y descortezó en ellas mondaduras blancas, descubriendo [así] lo blanco de las varas. 

38 Y puso las varas que había mondado en las pilas, en los abrevaderos del agua donde las ovejas venían a beber, delante de las ovejas, las cuales se calentaban viniendo a beber. 

39 Y concebían las ovejas delante de las varas, y parían borregos cinchados, pintados y manchados. 

40 Y apartaba Jacob los corderos, y los ponía con su rebaño, los cinchados, y todo lo que [era] bermejo en el hato de Labán. Y ponía su hato aparte, y no lo ponía con las ovejas de Labán. 

41 Y sucedía que cuantas veces se calentaban las tempranas, Jacob ponía las varas delante de las ovejas en las pilas, para que concibiesen delante de las varas. 

42 Y cuando venían las ovejas tardías, no las ponía; así eran las tardías para Labán, y las tempranas para Jacob. 

43 Y [se] multiplicó el varón muchísimo, y tuvo muchas ovejas, y siervas y siervos, y camellos y asnos. 


CAPÍTULO 31

1 Y oía él las palabras de los hijos de Labán que decían: Jacob ha tomado todo lo que [era] de nuestro padre; y de lo que [era] de nuestro padre ha hecho toda esta gloria. 

2 Miraba también Jacob el rostro de Labán, y veía que no era para con él como ayer y antes de ayer. 

3 También el SEÑOR dijo a Jacob: Vuelvete a la tierra de tus padres, y a tu natural; que [yo] seré contigo. 

4 Y envió Jacob, y llamó a Raquel y a Lea al campo a sus ovejas, 

5 Y les dijo: Veo que el rostro de vuestro padre no es para conmigo como ayer y antes de ayer; mas el Dios de mi padre ha sido conmigo. 

6 Y vosotras sabéis que con todas mis fuerzas he servido a vuestro padre; 

7 y vuestro padre me ha mentido, que me ha mudado el salario diez veces; pero Dios no le ha permitido que me hiciese mal. 

8 Si él decía así: Los pintados serán tu salario; entonces todas las ovejas parían pintados; y si decía así: Los cinchados serán tu salario; entonces todas las ovejas parían cinchados. 

9 Y quitó Dios el ganado de vuestro padre, y me lo dio a mí. 

10 Y sucedió que al tiempo que las ovejas se calentaban, alcé yo mis ojos y vi en sueños, y he aquí que los machos [que] subían sobre las hembras [eran] cinchados, pintados y abigarrados. 

11 Y me dijo el ángel de Dios en sueños: Jacob. Y [yo] dije: Heme aquí. 

12 Y él dijo: Alza ahora tus ojos, y verás todos los machos que suben sobre las ovejas cinchados, pintados y abigarrados; porque [yo] he visto todo lo que Labán te ha hecho. 

13 Yo [soy] el Dios de Bet-el, donde [tú] ungiste el título, y donde me prometiste voto. Levántate ahora, y sal de esta tierra, y vuélvete a la tierra de tu naturaleza. 

14 Y respondió Raquel y Lea, y le dijeron: ¿Tenemos acaso parte o heredad en la casa de nuestro padre? 

15 ¿No nos tiene ya como por extrañas, [pues] que nos vendió, y aun se ha comido del todo nuestro precio? 

16 Porque toda la riqueza que Dios ha quitado a nuestro padre, nuestra es, y de nuestros hijos; ahora pues, haz todo lo que Dios te ha dicho. 

17 Entonces se levantó Jacob, y subió sus hijos y sus mujeres sobre los camellos. 

18 Y guió todo su ganado, y toda su hacienda que había adquirido, el ganado de su ganancia que había adquirido en Padan-aram, para volverse a Isaac su padre en la tierra de Canaán. 

19 Y Labán había ido a trasquilar sus ovejas; y Raquel hurtó los ídolos de su padre. 20 Y hurtó Jacob el corazón de Labán, [el] arameo, en no hacerle saber cómo [se] huía. 

21 Huyó, pues, con todo lo que tenía; y se levantó, y pasó el río, y puso su rostro al monte de Galaad. 

22 Y fue dicho a Labán al tercer día cómo Jacob había huido. 

23 Entonces tomó a sus hermanos consigo, y fue tras él camino de siete días, y le alcanzó en el monte de Galaad. 

24 Y vino Dios a Labán, [el] arameo, en sueños aquella noche, y le dijo: Guárdate que no digas a Jacob bueno ni malo. 

25 Alcanzó pues Labán a Jacob, y éste había fijado su tienda en el monte; y Labán acampó con sus hermanos en el monte de Galaad. 

26 Y dijo Labán a Jacob: ¿Qué has hecho, que me hurtaste el corazón, y has traído a mis hijas como cautivas a espada? 

27 ¿Por qué te escondiste para huir, y me hurtaste [el corazón], y no me hiciste saber, [para] que [yo] te enviara con alegría y con canciones, con tamborín y vihuela? 

28 Que aun no me dejaste besar mis hijos y mis hijas. Ahora locamente has hecho. 

29 Poder hay en mi mano para haceros mal; mas el Dios de vuestro padre me habló anoche diciendo: Guárdate que no digas a Jacob ni bueno ni malo. 

30 Y ya que te ibas, porque tenías deseo de la casa de tu padre, ¿por qué me hurtaste mis dioses? 

31 Y Jacob respondió, y dijo a Labán: Porque tuve miedo; pues dije, por ventura me robarías tus hijas. 

32 En quien hallares tus dioses, no viva; delante de nuestros hermanos reconoce lo que yo tuviere tuyo, y llévatelo. Jacob no sabía que Raquel los había hurtado. 

33 Y entró Labán en la tienda de Jacob, y en la tienda de Lea, y en la tienda de las dos siervas, y no los halló, y salió de la tienda de Lea, y vino a la tienda de Raquel. 

34 Y tomó Raquel los ídolos, y los puso en una albarda de [un] camello, y se sentó sobre ellos; y tentó Labán toda la tienda y no los halló. 

35 Y ella dijo a su padre: No se enoje mi señor, porque no me puedo levantar delante de ti; porque tengo la costumbre de las mujeres. Y él buscó, pero no halló los ídolos. 

36 Entonces Jacob se enojó, y riñó con Labán; y respondió Jacob y dijo a Labán: ¿Qué prevaricación [es] la mía? ¿Cuál [es] mi pecado, que has seguido en pos de mí? 

37 Pues que has tentado todos mis alhajas, ¿qué has hallado de todas las alhajas de tu casa? Ponlo aquí delante de mis hermanos y tuyos, y juzguen entre nosotros ambos. 

38 Estos veinte años he estado contigo; tus ovejas y tus cabras nunca abortaron, ni yo comí carnero de tus ovejas. 

39 Nunca te traje lo arrebatado por las fieras; yo pagaba el daño; lo hurtado así de día como de noche, de mi mano lo requerías. 

40 De día me consumía el calor, y de noche la helada, y el sueño se huía de mis ojos. 

41 Así he estado veinte años en tu casa: catorce años te serví por tus dos hijas, y seis años por tu ganado; y has mudado mi salario diez veces. 

42 Si el Dios de mi padre, el Dios de Abraham, y el temor de Isaac, no fuera conmigo, de cierto me enviarías ahora vacío; vio Dios mi aflicción y el trabajo de mis manos, y te reprendió anoche. 

43 Y respondió Labán, y dijo a Jacob: Las hijas [son] hijas mías, y los hijos, [son] hijos míos, y las ovejas [son] mis ovejas, y todo lo que tú ves es mío; ¿y que puedo yo hacer hoy a estas mis hijas, o a sus hijos que ellas han dado a luz? 

44 Ven pues ahora, hagamos alianza yo y tú; y sea en testimonio entre mí y entre ti. 

45 Entonces Jacob tomó una piedra, y la levantó por título. 

46 Y dijo Jacob a sus hermanos: Coged piedras. Y tomaron piedras e hicieron un majano; y comieron allí sobre aquel majano. 

47 Y lo llamó Labán: Jegar Sahaduta; y lo llamó Jacob Galaad. 

48 Porque Labán dijo: Este majano [será] testigo hoy entre mí y entre ti; por eso fue llamado su nombre Galaad; 

49 y Mizpa, por cuanto dijo: Atalaye el SEÑOR entre mí y entre ti, cuando nos esconderemos el uno del otro. 

50 Si afligieres mis hijas, o si tomares otras mujeres además de mis hijas, nadie está [con] nosotros; mira, Dios es testigo entre mí y entre ti. 

51 Dijo más Labán a Jacob: He aquí este majano, y he aquí este título, que he erigido entre mí y ti. 

52 Testigo [sea] este majano, y testigo [sea] este título, que ni yo pasaré contra ti este majano, ni tú pasarás contra mí este majano ni este título, para mal. 

53 El Dios de Abraham, y el Dios de Nacor juzgue entre nosotros, el Dios de sus padres. Y Jacob juró por el temor de Isaac su padre. 

54 Y ofreció Jacob sacrificio en el monte, y llamó a sus hermanos a comer pan; y comieron pan, y durmieron en el monte. 

55 Y madrugó Labán por la mañana, y besó [a] sus hijos y [a] sus hijas, y los bendijo; y volvió y se tornó a su lugar. 


CAPÍTULO 32

1 Y Jacob siguió su camino, y le salieron al encuentro ángeles de Dios. 

2 Y dijo Jacob cuando los vio: El campamento de Dios [es] éste; y llamó el nombre de aquel lugar Mahanaim. 

3 Y envió Jacob mensajeros delante de sí a Esaú su hermano, a la tierra de Seir, campo de Edom. 

4 Y les mandó diciendo: Así diréis a mí señor Esaú: Así dice tu siervo Jacob: Con Labán he morado, y me [he] detenido hasta ahora; 

5 y tengo vacas, y asnos, y ovejas, y siervos y siervas; y envío a decirlo a mi señor, por hallar gracia en tus ojos. 

6 Y los mensajeros volvieron a Jacob, diciendo: Vinimos a tu hermano Esaú, y él también viene a recibirte, y cuatrocientos hombres con él. 

7 Entonces Jacob tuvo gran temor, y se angustió; y partió el pueblo que tenía consigo, y las ovejas y las vacas y los camellos, en dos cuadrillas; 

8 y dijo: Si viniere Esaú a una cuadrilla y la hiriere, la otra cuadrilla escapará. 

9 Y dijo Jacob: Dios de mi padre Abraham, y Dios de mi padre Isaac, el SEÑOR, que me dijiste: Vuélvete a tu tierra y a tu natural, y [yo] te haré bien. 

10 Menor soy que todas las misericordias, y que toda la verdad que has hecho con tu siervo; que con mi bordón pasé este Jordán, y ahora estoy sobre dos cuadrillas. 

11 Líbrame ahora de la mano de mi hermano, de la mano de Esaú, porque le temo; que por ventura no venga, y me hiera, la madre con los hijos. 

12 Y tú has dicho: [Yo] te haré bien, y pondré tu simiente como la arena del mar, que no se puede contar por la multitud. 

13 Y durmió allí aquella noche, y tomó de lo que le vino a la mano un presente para su hermano Esaú. 

14 Doscientas cabras y veinte machos cabríos, doscientas ovejas y veinte carneros, 

15 Treinta camellas paridas, con sus hijos, cuarenta vacas y diez novillos, veinte asnas y diez borricos. 

16 Y lo entregó en mano de sus siervos, cada manada [de] por sí; y dijo a sus siervos: Pasad delante de mí, y poned espacio entre manada y manada. 

17 Y mandó al primero, diciendo: Si Esaú mi hermano te encontrare, y te preguntare, diciendo: ¿De quién eres? ¿Y adónde vas? ¿Y para quién es esto [que llevas] delante de ti? 

18 Entonces dirás: Presente es de tu siervo Jacob, que envía a mi señor Esaú; y he aquí también él [viene] tras nosotros. 

19 Y mandó también al segundo, y al tercero, y a todos los que iban tras aquellas manadas, diciendo: Conforme a esto hablaréis a Esaú, cuando le hallareis. 20 Y diréis también: He aquí tu siervo Jacob [viene] tras nosotros. Porque dijo: Apaciguaré su ira con el presente que va delante de mí, y después veré su rostro; por ventura le seré acepto. 

21 Y pasó el presente delante de él; y él durmió aquella noche en el real. 

22 Y se levantó aquella noche, y tomó sus dos mujeres, y sus dos siervas, y sus once hijos, y pasó el vado de Jaboc. 

23 Los tomó, [pues], y los pasó el arroyo, y pasó lo que tenía. 

24 Y se quedó Jacob solo, y luchó con él un varón, hasta que el alba subía. 

25 Y cuando [el varón] vio que no podía con él, tocó la palma de su anca, la palma del anca de Jacob se descoyuntó luchando con él. 

26 Y dijo: Déjame, que el alba sube. Y él dijo: No te dejaré, si no me bendices. 

27 Y él le dijo: ¿Cómo es tu nombre? Y él respondió: Jacob. 

28 Y él dijo: No se dirá más tu nombre Jacob, sino Israel; porque has peleado con Dios y con los hombres, y has vencido. 

29 Entonces Jacob le preguntó, y dijo: Declárame ahora tu nombre. Y él respondió: ¿Por qué preguntas por mi nombre? Y lo bendijo allí. 

30 Y llamó Jacob el nombre de aquel lugar Peniel; porque vi a Dios cara a cara, y fue librada mi alma. 

31 Y le salió el sol cuando pasaba a Peniel; y cojeaba de su anca. 

32 Por esto no comen los hijos de Israel, hasta hoy día, del tendón que se contrajo, el cual está en la palma del anca; porque tocó a la palma del anca de Jacob en el tendón que se contrajo. 


CAPÍTULO 33

1 Y alzando Jacob sus ojos miró, y he aquí venía Esaú, y los cuatrocientos hombres con él; entonces repartió él los niños entre Lea y Raquel y las dos siervas. 

2 Y puso las siervas y sus niños delante; luego a Lea y a sus niños; y a Raquel y a José los postreros. 

3 Y él pasó delante de ellos, y se inclinó a tierra siete veces, hasta que llegó a su hermano. 

4 Y Esaú corrió a su encuentro, y le abrazó, y se echó sobre su cuello, y le besó; y lloraron. 

5 Y alzó sus ojos, y vio las mujeres y los niños, y dijo: ¿Quiénes son éstos? Y él respondió: Son los niños que Dios ha dado a tu siervo. 

6 Y se llegaron las siervas, ellas y sus niños, y se inclinaron. 

7 Y vino Lea con sus niños, y se inclinaron; y después llegó José y Raquel, y también se inclinaron. 

8 Y él dijo: ¿Qué te propones con todas estas cuadrillas que he encontrado? Y él respondió: El hallar gracia en los ojos de mi señor. 

9 Y dijo Esaú: Suficiente tengo yo, hermano mío; sea para ti lo que [es] tuyo. 

10 Y dijo Jacob: No, yo te ruego, si he hallado ahora gracia en tus ojos, toma mi presente de mi mano, que por eso he visto tu rostro, como si hubiera visto el rostro de Dios; y hazme placer. 

11 Toma, te ruego, mi bendición que [te] es traída; porque Dios me ha hecho merced, y todo lo que hay [aquí es] mío. Y porfió con él, y la tomó. 

12 Y dijo: Anda, y vamos; y [yo] iré delante de ti. 

13 Y él le dijo: Mi señor sabe que los niños son tiernos, y que tengo ovejas y vacas paridas; y si las fatigan, en un día morirán todas las ovejas. 

14 Pase ahora mi señor delante de su siervo, y yo me iré poco a poco al paso de la hacienda que va delante de mí, y al paso de los niños, hasta que llegue a mi señor a Seir. 

15 Y Esaú dijo: Dejaré ahora contigo de la gente que [viene] conmigo. Y él dijo: ¿Para qué esto? Halle [yo] gracia en los ojos de mi señor. 

16 Así se volvió Esaú aquel día por su camino a Seir. 

17 Y Jacob partió a Sucot, y edificó allí casa para sí, e hizo cabañas para su ganado; por tanto llamó el nombre de aquel lugar Sucot. 

18 Y vino Jacob sano a la ciudad de Siquem, que está en la tierra de Canaán, cuando venía de Padan-aram; y se asentó delante de la ciudad. 

19 Y compró una parte del campo, donde tendió su tienda, de mano de los hijos de Hamor, padre de Siquem, por cien piezas de moneda. 20 Y asentó allí un altar, y lo llamó: El Fuerte Dios de Israel. 


CAPÍTULO 34

1 Y salió Dina la hija de Lea, la cual [ésta] había dado a luz a Jacob, a ver las doncellas de la tierra. 

2 Y la vio Siquem, hijo de Hamor, [el] heveo, príncipe de aquella tierra, y la tomó, y se acostó con ella, y la deshonró. 

3 Mas su alma se apegó a Dina la hija de Lea, y se enamoró de la joven, y habló al corazón de ella. 

4 Y habló Siquem a Hamor su padre, diciendo: Tómame por mujer a esta joven. 

5 Y oyó Jacob que Siquem había mancillado a Dina su hija; y estando sus hijos con su ganado en el campo, calló Jacob hasta que ellos viniesen. 

6 Y salió Hamor padre de Siquem a Jacob, para hablar con él. 

7 Y los hijos de Jacob vinieron del campo cuando lo supieron; y se entristecieron los varones, y se ensañaron mucho, porque hizo vileza en Israel acostándose con la hija de Jacob, lo que no se debía haber hecho. 

8 Y Hamor habló con ellos, diciendo: El alma de mi hijo Siquem se ha apegado con vuestra hija; os ruego que se la deis por mujer. 

9 Y emparentad con nosotros; dadnos vuestras hijas, y tomad vosotros las nuestras. 

10 Y habitad con nosotros; porque la tierra estará delante de vosotros; morad y negociad en ella, y tomad en ella posesión. 

11 Siquem también dijo a su padre y a sus hermanos: Halle [yo] gracia en vuestros ojos, y daré lo que me dijereis. 

12 Aumentad a cargo mío mucha dote y dones, que yo daré cuanto me dijereis, y dadme la joven por mujer. 

13 Y respondieron los hijos de Jacob a Siquem y a Hamor su padre con engaño; y hablaron, por cuanto había mancillado a Dina su hermana. 

14 Y les dijeron: No podemos hacer esto de dar nuestra hermana a hombre que tiene prepucio; porque entre nosotros [es] abominación. 

15 Mas con esta condición os haremos placer; si habéis de ser como nosotros, que se circuncide entre vosotros todo varón; 

16 entonces os daremos nuestras hijas, y tomaremos nosotros las vuestras; y habitaremos con vosotros, y seremos un pueblo. 

17 Mas si no nos prestareis oído para circuncidaros, tomaremos nuestra hija, y nos iremos. 

18 Y parecieron bien sus palabras a Hamor y a Siquem, hijo de Hamor. 

19 Y no dilató el joven [en] hacer aquello, porque la hija de Jacob le había agradado; y él era el más honrado de toda la casa de su padre. 20 Entonces Hamor y Siquem su hijo vinieron a la puerta de su ciudad, y hablaron a los varones de su ciudad, diciendo: 

21 Estos varones son pacíficos con nosotros, y habitarán en la tierra, y traficarán en ella; pues he aquí la tierra es bastante ancha para ellos; nosotros tomaremos sus hijas por mujeres, y les daremos las nuestras. 

22 Mas con esta condición nos harán estos hombres el placer de habitar con nosotros, para que seamos un pueblo: si se circuncidare en nosotros todo varón, así como ellos [son] circuncidados. 

23 Sus ganados, y su hacienda y todas sus bestias, serán nuestras; solamente convengamos con ellos, y habitarán con nosotros. 

24 Y escucharon a Hamor y a Siquem su hijo todos los que salían por la puerta de la ciudad, y circuncidaron a todo varón, [a] cuantos salían por la puerta de su ciudad. 

25 Y sucedió que al tercer día, cuando sentían ellos el mayor dolor, los dos hijos de Jacob, Simeón y Leví, hermanos de Dina, tomaron cada uno su espada, y vinieron contra la ciudad animosamente, y mataron a todo varón. 

26 Y a Hamor y a Siquem su hijo [los] mataron a filo de espada; y tomaron a Dina de casa de Siquem, y se fueron. 

27 Y los hijos de Jacob vinieron a los muertos y saquearon la ciudad; por cuanto habían amancillado a su hermana. 

28 Tomaron sus ovejas y vacas y sus asnos, y lo que [había] en la ciudad y en el campo, 

29 y toda su hacienda; se llevaron cautivos a todos sus niños y sus mujeres, y robaron todo lo que [había] en casa. 

30 Entonces dijo Jacob a Simeón y a Leví: Me habéis turbado con hacerme abominable a los moradores de esta tierra, el cananeo y el ferezeo; y teniendo yo pocos hombres, se juntarán contra mí, y me herirán, y seré destruido yo y mi casa. 

31 Y ellos respondieron: ¿Había él de tratar a nuestra hermana como a [una] ramera? 


CAPÍTULO 35

1 Y dijo Dios a Jacob: Levántate, sube a Bet-el, y estáte allí; y haz allí un altar al Dios que [se] te apareció cuando huías de tu hermano Esaú. 

2 Entonces Jacob dijo a su familia y a todos los que con él [estaban]: Quitad los dioses ajenos que [hay] entre vosotros, y limpiaos, y mudad vuestros vestidos. 

3 Y levantémonos, y subamos a Bet-el; y allí haré altar al Dios que me respondió en el día de mi angustia, y ha sido conmigo en el camino que he andado. 

4 Así dieron a Jacob todos los dioses ajenos que [había] en poder de ellos, y los zarcillos que [estaban] en sus orejas; y Jacob los escondió debajo de [un] alcornoque, que [estaba] en Siquem. 

5 Y salieron, y el terror de Dios fue sobre las ciudades que [había] en sus alrededores, y no siguieron tras los hijos de Jacob. 

6 Y llegó Jacob a Luz, que [está] en tierra de Canaán, (esta es Bet-el) él y todo el pueblo que con él [estaba]; 

7 y edificó allí un altar, y llamó el lugar El-betel, porque allí se le había aparecido Dios, cuando huía de su hermano. 

8 Entonces murió Débora, ama de Rebeca, y fue sepultada a las raíces de Bet-el, debajo de un alcornoque; y se llamó su nombre Alón-bacut. 

9 Y se apareció otra vez Dios a Jacob, cuando se había vuelto de Padan-aram, y le bendijo. 

10 Y le dijo Dios: Tu nombre [es] Jacob; no se llamará más tu nombre Jacob, sino Israel será tu nombre; y llamó su nombre Israel. 

11 Y le dijo Dios: Yo [soy] el Dios Omnipotente: crece y multiplícate; [una] nación y compañía de naciones ([gentiles]) saldrá de ti, y reyes saldrán de tus lomos; 

12 y la tierra que [yo] he dado a Abraham y a Isaac, la daré a ti; y a tu simiente después de ti daré la tierra. 

13 Y se fue de él Dios, del lugar donde había hablado con él. 

14 Y Jacob puso [un] título en el lugar donde había hablado con él, [un] título de piedra, y derramó sobre él libación, y echó sobre él aceite. 

15 Y llamó Jacob el nombre de aquel lugar donde Dios había hablado con él, Bet-el. 

16 Y partieron de Bet-el, y había aún como media legua de tierra para llegar a Efrata, cuando dio a luz Raquel, y hubo trabajo en su parto. 

17 Y aconteció, [que] como había trabajo en su parto, le dijo la partera: No temas, que [también] tendrás este hijo. 

18 Y acaeció que al salírsele el alma, (pues murió) llamó su nombre Benoni; mas su padre lo llamó Benjamín. 

19 Así murió Raquel, y fue sepultada en el camino de Efrata, la cual es Belén. 20 Y puso Jacob [un] título sobre su sepultura: éste [es] el título de la sepultura de Raquel hasta hoy. 

21 Y salió Israel, y tendió su tienda más allá de la torre de Eder. 

22 Y acaeció, morando Israel en aquella tierra, [que] fue Rubén y durmió con Bilha la concubina de su padre; lo cual oyó Israel. Y fueron los hijos de Israel doce: 

23 Los hijos de Lea: Rubén el primogénito de Jacob, y Simeón, y Leví, y Judá, e Isacar, y Zabulón. 

24 Los hijos de Raquel: José, y Benjamín. 

25 Y los hijos de Bilha, sierva de Raquel: Dan, y Neftalí. 

26 Y los hijos de Zilpa, sierva de Lea: Gad, y Aser. Estos [fueron] los hijos de Jacob, que le nacieron en Padan-aram. 

27 Y vino Jacob a Isaac su padre a Mamre, a la ciudad de Arba, que [es] Hebrón, donde habitaron Abraham e Isaac. 

28 Y fueron los días de Isaac ciento ochenta años. 

29 Y expiró Isaac y murió, y fue recogido a su pueblo, viejo y lleno de días; y lo sepultaron Esaú y Jacob sus hijos. 


CAPÍTULO 36

1 Y estas son las generaciones de Esaú, el cual [es] Edom. 

2 Esaú tomó sus mujeres de las hijas de Canaán: a Ada, hija de Elón, [el] heteo, y a Aholibama, hija de Aná, hijo de Zibeón, [el] heveo; 

3 Y a Basemat, hija de Ismael, hermana de Nebaiot. 

4 Y Ada dio a luz a Esaú a Elifaz; y Basemat dio a luz a Reuel. 

5 Y Aholibama dio a luz a Jeús, y a Jaalam, y a Coré: estos [son] los hijos de Esaú, que le nacieron en la tierra de Canaán. 

6 Y Esaú tomó sus mujeres, y sus hijos, y sus hijas, y todas las personas de su casa, y sus ganados, y todas sus bestias, y toda su hacienda que había adquirido en la tierra de Canaán, y se fue a [otra] tierra de delante de Jacob su hermano. 

7 Porque la hacienda de ellos era grande, y no podían habitar juntos, ni la tierra de su peregrinación los podía sostener a causa de sus ganados. 

8 Y Esaú habitó en el monte de Seir; Esaú es Edom. 

9 Estos son los linajes de Esaú, padre de Edom, en el monte de Seir. 

10 Estos son los nombres de los hijos de Esaú: Elifaz, hijo de Ada, mujer de Esaú; Reuel, hijo de Basemat, mujer de Esaú. 

11 Y los hijos de Elifaz fueron Temán, Omar, Zefo, Gatam, y Cenaz. 

12 Y Timna fue concubina de Elifaz, hijo de Esaú, la cual le dio a luz a Amalec: estos son los hijos de Ada, mujer de Esaú. 

13 Y los hijos de Reuel fueron Nahat, Zera, Sama, y Miza: estos son los hijos de Basemat, mujer de Esaú. 

14 Estos fueron los hijos de Aholibama, mujer de Esaú, hija de Aná, que fue hijo de Zibeón; ella dio a luz a Esaú a Jeús, Jaalam, y Coré. 

15 Estos [son] los duques de los hijos de Esaú. Los hijos de Elifaz, primogénito de Esaú: el duque Temán, el duque Omar, el duque Zefo, el duque Cenaz, 

16 El duque Coré, el duque Gatam, y el duque Amalec: estos [son] los duques de Elifaz en la tierra de Edom; estos [son] los hijos de Ada. 

17 Y estos [son] los hijos de Reuel, hijo de Esaú: el duque Nahat, el duque Zera, el duque Sama, y el duque Miza; estos [son] los duques [que salieron] de Reuel en la tierra de Edom; estos [son] los hijos de Basemat, mujer de Esaú. 

18 Y estos [son] los hijos de Aholibama, mujer de Esaú: el duque Jeús, el duque Jaalam, y el duque Coré; estos [son] los duques [que salieron] de Aholibama, mujer de Esaú, hija de Aná. 

19 Estos, pues, [son] los hijos de Esaú, y sus duques: él [es] Edom. 20 Y estos son los hijos de Seir, [el] horeo, moradores de aquella tierra: Lotán, Sobal, Zibeón, Aná, 

21 Disón, Ezer, y Disán: estos [son] los duques de los horeos, hijos de Seir en la tierra de Edom. 

22 Los hijos de Lotán fueron Hori y Hemán; y Timna fue hermana de Lotán. 

23 Y los hijos de Sobal fueron Alván, Manahat, Ebal, Sefo, y Onam. 

24 Y los hijos de Zibeón fueron Aja, y Aná. Este Aná es el que inventó los mulos en el desierto, cuando apacentaba los asnos de Zibeón su padre. 

25 Los hijos de Aná fueron Disón, y Aholibama, hija de Aná. 

26 Y estos [fueron] los hijos de Disón: Hemdán, Esbán, Itrán, y Querán. 

27 Y estos [fueron] los hijos de Ezer: Bilhán, Zaaván, y Acán. 

28 Estos [fueron] los hijos de Disán: Uz, y Arán. 

29 Y estos [fueron] los duques de los horeos: el duque Lotán, el duque Sobal, el duque Zibeón, el duque Aná. 

30 El duque Disón, el duque Ezer, el duque Disán: estos fueron los duques de los horeos; por sus ducados en la tierra de Seir. 

31 Y los reyes que reinaron en la tierra de Edom, antes que reinase rey sobre los hijos de Israel, [fueron] estos: 

32 Bela, hijo de Beor, reinó en Edom: y el nombre de su ciudad fue Dinaba. 

33 Y murió Bela, y reinó por él Jobab, hijo de Zera, de Bosra. 

34 Y murió Jobab, y reinó por él Husam, de tierra de Temán. 

35 Y murió Husam, y reinó por él Hadad, hijo de Bedad, el que hirió a Madián en el campo de Moab; y el nombre de su ciudad [fue] Avit. 

36 Y murió Hadad, y reinó por él Samla, de Masreca. 

37 Y murió Samla, y reinó en su lugar Saúl, de Rehobot del Río. 

38 Y murió Saúl, y reinó por él Baal-hanán, hijo de Acbor. 

39 Y murió Baal-hanán, hijo de Acbor, y reinó por él Hadar en lugar suyo; y el nombre de su ciudad [fue] Pau; y el nombre de su mujer Mehetabel, hija de Matred, hija de Mezaab. 

40 Estos, pues, [son] los nombres de los duques de Esaú por sus linajes y sus lugares por sus nombres: el duque Timna, el duque Alva, el duque Jetet, 

41 El duque Aholibama, el duque Ela, el duque Pinón, 

42 El duque Cenaz, el duque Temán, el duque Mibzar, 

43 El duque Magdiel, y el duque Iram. Estos [fueron] los duques de Edom por sus habitaciones en la tierra de su heredad. Este es el Esaú, padre de Edom. 


CAPÍTULO 37

1 Y habitó Jacob en la tierra donde peregrinó su padre, en la tierra de Canaán. 

2 Estas [fueron] las generaciones de Jacob. José, siendo de edad de diecisiete años apacentaba las ovejas con sus hermanos; y el joven estaba con los hijos de Bilha, y con los hijos de Zilpa, mujeres de su padre; e informaba José a su padre la mala fama de ellos. 

3 Y amaba Israel a José más que a todos sus hijos, porque le había tenido en su vejez; y le hizo una ropa de diversos colores. 

4 Y viendo sus hermanos que su padre lo amaba más que a todos sus hermanos, le aborrecían, y no le podían hablar pacíficamente. 

5 Y soñó José [un] sueño y lo contó a sus hermanos; y ellos vinieron a aborrecerle más todavía. 

6 Y él les dijo: Oíd ahora este sueño que he soñado: 

7 He aquí que atábamos manojos en medio del campo, y he aquí que mi manojo se levantaba, y estaba derecho, y que vuestros manojos estaban alrededor, y se inclinaban al mío. 

8 Le respondieron sus hermanos: ¿Has de reinar [tú] sobre nosotros, o te has de enseñorear sobre nosotros? Y le aborrecieron aún más a causa de sus sueños y de sus palabras. 

9 Y soñó aún otro sueño, y lo contó a sus hermanos, diciendo: He aquí que he soñado otro sueño, y he aquí que el sol y la luna y once estrellas se inclinaban a mí. 

10 Y lo contó a su padre y a sus hermanos; y su padre le reprendió, y le dijo: ¿Qué sueño [es] éste que soñaste? ¿Hemos de venir yo y tu madre, y tus hermanos, a inclinarnos a ti a tierra? 

11 Y sus hermanos le tenían envidia, mas su padre miraba el asunto. 

12 Y fueron sus hermanos a apacentar las ovejas de su padre en Siquem. 

13 Y dijo Israel a José: Tus hermanos apacientan las ovejas en Siquem; ven, y te enviaré a ellos. Y él respondió: Heme aquí. 

14 Y él le dijo: Ve la paz de tus hermanos y la paz de las ovejas, y tráeme la respuesta. Y lo envió del valle de Hebrón, y llegó a Siquem. 

15 Y lo halló [un] hombre, andando él perdido por el campo, y le preguntó aquel hombre, diciendo: ¿Qué buscas? 

16 Y él respondió: Busco a mis hermanos; te ruego que me muestres dónde pastan. 

17 Y aquel hombre respondió: Ya se han ido de aquí; [yo] les oí decir: Vamos a Dotán. Entonces José fue tras de sus hermanos, y los halló en Dotán. 

18 Cuando ellos lo vieron de lejos, antes que llegara cerca de ellos, pensaron contra él para matarle. 

19 Y dijeron el uno al otro: He aquí viene el soñador; 20 ahora pues, venid, y matémoslo y echémosle en una cisterna, y diremos: [Alguna] mala bestia le devoró; y veremos qué serán sus sueños. 

21 Cuando Rubén oyó [esto], lo libró de sus manos y dijo: No lo matemos. 

22 Y les dijo Rubén: No derraméis sangre; echadlo en esta cisterna que está en el desierto, y no pongáis mano en él; por librarlo así de sus manos, para hacerlo volver a su padre. 

23 Y sucedió [que], cuando llegó José a sus hermanos, ellos hicieron desnudar a José su ropa, la ropa de colores que [tenía] sobre sí; 

24 y le tomaron, y le echaron en la cisterna; mas la cisterna [estaba] vacía, no [había] en ella agua. 

25 Y se sentaron a comer pan; y alzando los ojos miraron, y he aquí una compañía de ismaelitas que venía de Galaad, y sus camellos traían aromas y bálsamo y mirra, e iban a llevarlo a Egipto. 

26 Entonces Judá dijo a sus hermanos: ¿Qué provecho el que matemos a nuestro hermano y encubramos su muerte? 

27 Venid, y vendámosle a los ismaelitas, y no sea nuestra mano sobre él; que nuestro hermano es nuestra carne. Y sus hermanos acordaron con él. 

28 Y cuando pasaban los madianitas mercaderes, sacaron ellos a José de la cisterna, y le trajeron arriba, y le vendieron a los ismaelitas por veinte [piezas] de plata. Y llevaron a José a Egipto. 

29 Y Rubén volvió a la cisterna, y no halló a José dentro, y rasgó sus vestidos. 

30 Y tornó a sus hermanos y dijo: El joven no parece; y yo, ¿adónde iré yo? 

31 Entonces tomaron ellos la ropa de José, y degollaron un cabrito de las cabras, y tiñieron la ropa con la sangre; 

32 y enviaron la ropa de colores y la trajeron a su padre, y dijeron: Esta hemos hallado, reconoce ahora si es o no la ropa de tu hijo. 

33 Y él la conoció, y dijo: La ropa de mi hijo es; [alguna] mala bestia le devoró; José ha sido despedazado. 

34 Entonces Jacob rasgó sus vestidos, y puso saco sobre sus lomos, y se enlutó por su hijo muchos días. 

35 Y se levantaron todos sus hijos y todas sus hijas para consolarlo; mas él no quiso tomar consolación, y dijo: Porque yo tengo de descender a mi hijo enlutado hasta la sepultura. Y lo lloró su padre. 

36 Y los madianitas lo vendieron en Egipto a Potifar, oficial del Faraón, capitán de los de la guardia. 


CAPÍTULO 38

1 Y aconteció en aquel tiempo, que Judá descendió con sus hermanos, y se fue a un varón adulamita, que se llamaba Hira. 

2 Y vio allí Judá [la] hija de [un] hombre cananeo, el cual se llamaba Súa; y la tomó, y entró a ella, 

3 la cual concibió, y dio a luz un hijo; y llamó su nombre Er. 

4 Y concibió otra vez, y dio a luz un hijo, y llamó su nombre Onán. 

5 Y volvió [a concebir], y dio a luz un hijo, y llamó su nombre Sela. Y estaba en Quezib cuando lo dio a luz. 

6 Y Judá tomó mujer para su primogénito Er, la cual se llamaba Tamar. 

7 Y Er, el primogénito de Judá, fue malo a los ojos del SEÑOR, y lo mató el SEÑOR. 

8 Entonces Judá dijo a Onán: Entra a la mujer de tu hermano, y haz parentesco con ella, y levanta simiente a tu hermano. 

9 Y sabiendo Onán que la simiente no había de ser suya, sucedía que cuando entraba a la mujer de su hermano corrompía en tierra, por no dar simiente a su hermano. 

10 Y desagradó en ojos del SEÑOR lo que hacía, y lo mató también a él. 

11 Y Judá dijo a Tamar su nuera: Estáte viuda en casa de tu padre, hasta que crezca Sela mi hijo; porque dijo: Que por ventura no muera él también como sus hermanos. Y se fue Tamar, y estuvo en casa de su padre. 

12 Y pasaron muchos días, y murió la hija de Súa, mujer de Judá; y Judá se consoló, y subía a los trasquiladores de sus ovejas a Timnat, él y su amigo Hira el adulamita. 

13 Y fue dado aviso a Tamar, diciendo: He aquí tu suegro sube a Timnat a trasquilar sus ovejas. 

14 Entonces quitó ella de sobre sí los vestidos de su viudez, y se cubrió con [un] velo, y se arrebozó, y se puso a la puerta de las aguas que [están] junto al camino de Timnat; porque veía que había crecido Sela, y ella no era dada a él por mujer. 

15 Y la vio Judá, y la tuvo por ramera, porque ella había cubierto su rostro. 

16 Y se apartó del camino hacia ella, y le dijo: Ea, pues, ahora entraré a ti; porque no sabía que era su nuera; y ella dijo: ¿Qué me has de dar, si entrares a mí? 

17 El respondió: Yo te enviaré de las ovejas un cabrito de las cabras. Y ella dijo: Hazme de dar prenda hasta que lo envíes. 

18 Entonces él dijo: ¿Qué prenda te daré? Ella respondió: Tu anillo, y tu manto, y tu bordón que [tienes] en tu mano. Y él se los dio, y entró a ella, la cual concibió de él. 

19 Y se levantó, y se fue; y se quitó el velo de sobre sí, y se vistió las ropas de su viudez. 20 Y Judá envió el cabrito de las cabras por mano de su amigo el adulamita, para que tomase la prenda de mano de la mujer; mas no la halló. 

21 Y preguntó a los hombres de aquel lugar, diciendo: ¿Dónde está la ramera de las aguas junto al camino? Y ellos le dijeron: No ha estado aquí ramera. 

22 Entonces él se volvió a Judá, y dijo: No la he hallado; y también los hombres del lugar dijeron: Aquí no ha estado ramera. 

23 Y Judá dijo: Tómeselo para sí, para que no seamos menospreciados; he aquí yo he enviado este cabrito, y tú no la hallaste. 

24 Y acaeció [que] al cabo de unos tres meses fue dado aviso a Judá, diciendo: Tamar tu nuera ha fornicado, y aun cierto está encinta de las fornicaciones. Y Judá dijo: Sacadla, y sea quemada. 

25 Y ella cuando la sacaban, envió a decir a su suegro: Del varón cuyas [son] estas cosas, estoy encinta; y dijo más: Conoce ahora cuyas [son] estas cosas, el anillo, y el manto, y el bordón. 

26 Entonces Judá lo conoció, y dijo: Más justa es que yo, por cuanto no le he dado a Sela mi hijo. Y nunca más la conoció. 

27 Y aconteció que al tiempo de dar a luz, he aquí [había] dos en su vientre. 

28 Y sucedió, cuando dio a luz, que sacó la mano [el uno], y la partera tomó y ató a su mano [un hilo de] grana, diciendo: Este salió primero. 

29 Y aconteció [que] tornando él a meter la mano, he aquí su hermano salió; y [ella] dijo: ¿Por qué has hecho sobre ti rotura? Y llamó su nombre Fares. 

30 Y después salió su hermano, el que tenía en su mano [el hilo de] grana, y llamó su nombre Zara. 


CAPÍTULO 39

1 Y descendido José a Egipto, lo compró Potifar, oficial del Faraón, capitán de los de la guardia, varón egipcio, de mano de los ismaelitas que lo habían llevado allá. 

2 Mas el SEÑOR fue con José, y fue varón prosperado; y estaba en la casa de su señor el egipcio. 

3 Y vio su señor que el SEÑOR [era] con él, y que todo lo que él hacía, el SEÑOR lo hacía prosperar en su mano. 

4 Así halló José gracia en sus ojos, y le servía; y él le hizo mayordomo de su casa, y entregó en su poder todo lo que tenía. 

5 Y aconteció que, desde cuando le dio el encargo de su casa, y de todo lo que tenía, el SEÑOR bendijo la casa del egipcio a causa de José; y la bendición del SEÑOR fue sobre todo lo que tenía, así en casa como en el campo. 

6 Y dejó todo lo que tenía en la mano de José; ni con él sabía [de] nada más que del pan que comía. Y era José de hermoso semblante y bella presencia. 

7 Y aconteció después de esto, que la mujer de su señor alzó sus ojos sobre José, y dijo: Duerme conmigo. 

8 Y él no quiso, y dijo a la mujer de su señor: He aquí que mi señor no sabe conmigo lo que [hay] en casa, y ha puesto en mi mano todo lo que tiene. 

9 No hay otro mayor que yo en esta casa, y ninguna cosa me ha reservado sino a ti, por cuanto tú [eres] su mujer, ¿cómo, pues, haría [yo] este grande mal y pecaría contra Dios? 

10 Y fue [que] hablando ella a José cada día, y no escuchándola él para acostarse al lado de ella, para estar con ella. 

11 Aconteció [que] entró él un día en casa para hacer su oficio, y no había nadie de los de casa allí en casa. 

12 Y ella lo asió por su ropa, diciendo: Duerme conmigo. Entonces él dejó su ropa en manos de ella, y huyó, y se salió fuera. 

13 Y acaeció [que] cuando vio ella que le había dejado su ropa en sus manos, y había huido fuera, 

14 llamó a los de casa, y les habló diciendo: Mirad, nos ha traído un hebreo, para que hiciese burla de nosotros; vino [él] a mí para dormir conmigo, y [yo] di grandes voces; 

15 y viendo que [yo] alzaba la voz y gritaba, dejó junto a mí su ropa, y huyó, y salió. 

16 Y ella puso junto a sí la ropa de él, hasta que vino su señor a su casa. 

17 Entonces le habló ella semejantes palabras, diciendo: El siervo hebreo que nos trajiste, vino a mí para deshonrarme; 

18 y cuando [yo] alcé mi voz y grite, él dejó su ropa junto a mí, y huyó fuera. 

19 Y sucedió [que] cuando oyó su señor las palabras que su mujer le hablara, diciendo: Así me ha tratado tu siervo; se encendió su furor. 20 Y tomó su señor a José, y le puso en la casa de la cárcel, donde estaban los presos del rey, y estuvo allí en la casa de la cárcel. 

21 Mas el SEÑOR fue con José, y extendió a él [su] misericordia, y le dio gracia en ojos del príncipe de la casa de la cárcel. 

22 Y el príncipe de la casa de la cárcel entregó en mano de José todos los presos que [había] en aquella prisión; todo lo que hacían allí, él lo hacía. 

23 No veía el príncipe de la cárcel cosa alguna que en su mano estaba; porque el SEÑOR era con él, y lo que él hacía, el SEÑOR lo prosperaba. 


CAPÍTULO 40

1 Y aconteció después de estas cosas, que pecaron el maestresala del rey de Egipto, y el panadero, contra su señor el rey de Egipto. 

2 Y [el] Faraón se enojó contra sus dos oficiales, contra el principal de los maestresalas, y contra el principal de los panaderos; 

3 y los puso en la cárcel de la casa del capitán de los de la guardia, en la casa de la cárcel donde José estaba preso. 

4 Y el capitán de los de la guardia dio cargo de ellos a José, y él les servía; y estuvieron días en la cárcel. 

5 Y ambos a dos, el maestresala y el panadero del rey de Egipto, que estaban presos en la cárcel, soñaron un sueño, cada uno su sueño en una misma noche, cada uno conforme a la declaración de su sueño. 

6 Y vino a ellos José por la mañana, y los miró, y he aquí que [estaban] tristes. 

7 Y él preguntó a aquellos oficiales del Faraón, que [estaban] con él en la cárcel de la casa de su señor, diciendo: ¿Por qué [parecen] hoy mal vuestros rostros? 

8 Y ellos le dijeron: Hemos tenido un sueño, y no [hay] quién lo declare. Entonces les dijo José: ¿No [son] de Dios las declaraciones? Contádmelo ahora. 

9 Entonces el principal de los maestresalas contó su sueño a José, y le dijo: Yo soñaba que veía una vid delante de mí, 

10 y en la vid tres sarmientos; y ella como que florecía, salía su renuevo, maduraron sus racimos de uvas; 

11 y [que] el vaso de Faraón estaba en mi mano, y que [yo] tomaba las uvas, y las exprimía en el vaso del Faraón, y daba el vaso en la mano del Faraón. 

12 Y le dijo José: Esta es su declaración: Los tres sarmientos son tres días; 

13 al cabo de tres días [el] Faraón levantará tu cabeza, y te hará volver a tu asiento; y darás el vaso al Faraón en su mano, como solías cuando eras su maestresala. 

14 Por tanto te acordarás de mí dentro de ti cuando tuvieres bien, y te ruego que hagas conmigo misericordia, que hagas mención de mí al Faraón, y me saques de esta casa; 

15 porque he sido hurtado de la tierra de los hebreos; y tampoco he hecho aquí porqué me hubiesen de poner en [la] cárcel. 

16 Y viendo el principal de los panaderos que había declarado [para] bien, dijo a José: También yo soñaba que veía tres canastillos blancos sobre mi cabeza; 

17 y en el canastillo más alto [había] de todas las viandas del Faraón, obra de panadero; y que las aves las comían del canastillo de sobre mi cabeza. 

18 Entonces respondió José, y dijo: Esta [es] su declaración: Los tres canastillos tres días son. 

19 Al cabo de tres días quitará [el] Faraón tu cabeza de sobre ti, y te hará colgar en la horca, y [las] aves comerán tu carne de sobre ti. 20 Y fue al tercer día el día del nacimiento del Faraón, e hizo banquete a todos sus siervos; y alzó la cabeza del príncipe de los maestresalas, y la cabeza del príncipe de los panaderos, entre sus siervos. 

21 E hizo volver a su oficio al príncipe de los maestresalas; y dio el vaso en mano del Faraón. 

22 Mas hizo colgar al príncipe de los panaderos, como le había declarado José. 

23 Y el príncipe de los maestresalas no se acordó de José, sino que se olvidó de él. 


CAPÍTULO 41

1 Y aconteció [que] pasados dos años tuvo [el] Faraón un sueño: Y he aquí que estaba sobre el río; 

2 y que del río subían siete vacas, hermosas a la vista, y muy gordas, que pacían en el prado. 

3 Y he aquí otras siete vacas subían tras ellas del río, de fea vista, y enjutas de carne, y se pararon cerca de las vacas [hermosas] a la orilla del río. 

4 Y que las vacas de fea vista y enjutas de carne tragaban a las siete vacas hermosas y muy gordas. Y despertó [el] Faraón. 

5 Se durmió de nuevo, y soñó la segunda vez: He aquí, siete espigas llenas y hermosas subían de una [sola] caña. 

6 Y he aquí otras siete espigas menudas y abatidas del solano, salían después de ellas. 

7 Y las siete espigas menudas tragaban a las siete espigas gruesas y llenas. Y despertó [el] Faraón, y le pareció [que era] sueño. 

8 Y acaeció que a la mañana su espíritu se atormentó; y envió e hizo llamar a todos los magos de Egipto, y a todos sus sabios: y les contó [el] Faraón sus sueños, mas no [había] quién los declarase al Faraón. 

9 Entonces el príncipe de los maestresalas habló al Faraón, diciendo: De mis pecados me acuerdo hoy: 

10 [El] Faraón se enojó contra sus siervos, y a mí me echó en la cárcel de la casa del capitán de los de la guardia, a mí y al príncipe de los panaderos. 

11 Y yo y él soñamos sueño una misma noche: cada uno soñó conforme a la declaración de su sueño. 

12 Y [estaba] allí con nosotros un joven hebreo, siervo del capitán de los de la guardia; y se lo contamos, y él nos declaró nuestros sueños, y declaró a cada uno conforme a su sueño. 

13 Y aconteció que como él nos declaró, así fue: a mí me hizo volver a mi asiento, e hizo colgar al otro. 

14 Entonces [el] Faraón envió y llamó a José; y le hicieron salir corriendo de la cárcel, y le cortaron el pelo, y mudaron sus vestidos, y vino al Faraón. 

15 Y dijo [el] Faraón a José: [Yo] he soñado [un] sueño, y no hay quién lo declare; mas he oído decir de ti, que oyes sueños para declararlos. 

16 Y respondió José al Faraón, diciendo: No está en mí; Dios será el que responda paz al Faraón. 

17 Entonces [el] Faraón dijo a José: En mi sueño, he aquí, que estaba a la orilla del río; 

18 y que del río subían siete vacas gruesas de carne y hermosas de forma, que pacían en el prado. 

19 Y que otras siete vacas subían después de ellas, flacas y de muy feo aspecto; tan extenuadas, que no he visto otras semejantes en toda la tierra de Egipto en fealdad. 20 Y las vacas flacas y feas tragaban a las siete primeras vacas gruesas; 

21 y entraban en sus entrañas, mas no se conocía que hubiesen entrado en ellas, porque su parecer [era aún] malo, como de primero. Y [yo] desperté. 

22 Vi también soñando, y he aquí siete espigas subían en una [misma] caña llenas y hermosas; 

23 y que otras siete espigas menudas, marchitas, abatidas del solano, subían después de ellas. 

24 Y las espigas menudas tragaban a las siete espigas hermosas; y lo he dicho a los magos, mas no [hay] quién me lo declare. 

25 Entonces respondió José al Faraón: El sueño del Faraón es uno mismo: Dios ha mostrado al Faraón lo que él hace. 

26 Las siete vacas hermosas siete años son; y las espigas hermosas son siete años: el sueño es uno mismo. 

27 También las siete vacas flacas y feas que subían tras ellas, son siete años; y las siete espigas menudas y marchitas del solano, siete años serán de hambre. 

28 Esto [es] lo que respondo al Faraón. Lo que Dios hace, lo ha mostrado al Faraón. 

29 He aquí vienen siete años de gran abundancia en toda la tierra de Egipto. 

30 Y se levantarán tras ellos siete años de hambre; y toda la abundancia será olvidada en la tierra de Egipto; y el hambre consumirá la tierra; 

31 y aquella abundancia no se echará de ver a causa del hambre siguiente, la cual será gravísima. 

32 Y el suceder el sueño al Faraón dos veces, [significa] que la cosa es firme de parte de Dios, y que Dios se apresura a hacerla. 

33 Por tanto, provéase ahora [el] Faraón de [un] varón prudente y sabio, y póngalo sobre la tierra de Egipto. 

34 Haga [esto el] Faraón, y ponga gobernadores sobre la provincia, y quinte la tierra de Egipto en los siete años de la abundancia; 

35 y junten toda la provisión de estos buenos años que vienen, y alleguen el trigo bajo la mano del Faraón para mantenimiento de las ciudades; y guárdenlo. 

36 Y esté aquella provisión en depósito para la tierra, para los siete años del hambre que serán en la tierra de Egipto; y la tierra no perecerá de hambre. 

37 Y el negocio pareció bien a Faraón, y a sus siervos. 

38 Y dijo [el] Faraón a sus siervos: ¿Hemos de hallar otro hombre como éste, en quien haya Espíritu de Dios? 

39 Y dijo [el] Faraón a José: Pues que Dios te ha hecho saber todo esto, no hay entendido ni sabio como tú. 

40 Tú serás sobre mi casa, y por tu dicho se gobernará todo mi pueblo; solamente en el trono seré [yo] mayor que tú. 

41 Dijo más [el] Faraón a José: He aquí [yo] te he puesto sobre toda la tierra de Egipto. 

42 Entonces [el] Faraón quitó su anillo de su mano, y lo puso en la mano de José, y lo hizo vestir de ropas de lino [finísimo], y puso un collar de oro en su cuello; 

43 y lo hizo subir en su segundo carro, y pregonaron delante de él: Abrech [Padre tierno-a este honre como a padre carísimo]; y lo puso sobre toda la tierra de Egipto. 

44 Y dijo [el] Faraón a José: Yo [soy el] Faraón; y sin ti ninguno alzará su mano ni su pie en toda la tierra de Egipto. 

45 Y llamó [el] Faraón el nombre de José, Zafnat-panea; y le dio por mujer a Asenat, hija de Potifera, sacerdote de On. Y salió José por toda la tierra de Egipto. 

46 Y era José de edad de treinta años cuando fue presentado delante del Faraón, rey de Egipto: y salió José de delante del Faraón, y pasó por toda la tierra de Egipto. 

47 E hizo la tierra en aquellos siete años de abundancia a montones. 

48 Y [él] juntó todo el mantenimiento de los siete años que fueron en la tierra de Egipto, y guardó mantenimiento en las ciudades, poniendo en cada ciudad el mantenimiento del campo de sus alrededores. 

49 Y acopió José trigo como arena del mar, mucho en extremo, hasta no poderse contar, porque no [tenía] número. 

50 Y nacieron a José dos hijos antes que viniese el primer año del hambre, los cuales le dio a luz Asenat, hija de Potifera, príncipe de On. 

51 Y llamó José el nombre del primogénito Manasés; porque Dios (dijo) me hizo olvidar de todo mi trabajo, y de toda la casa de mi padre. 

52 Y el nombre del segundo lo llamó Efraín; porque Dios (dijo) me hizo crecer en la tierra de mi aflicción. 

53 Y se cumplieron los siete años de la abundancia, que hubo en la tierra de Egipto. 

54 Y comenzaron a venir los siete años del hambre, como José había dicho; y hubo hambre en todas las provincias, mas en toda la tierra de Egipto había pan. 

55 Y hubo hambre en toda la tierra de Egipto, y el pueblo clamó al Faraón por pan. Y dijo [el] Faraón a todo los egipcios: Id a José, y haced lo que él os dijere. 

56 Y había hambre por toda la faz de la tierra. Entonces abrió José todo [granero] donde había, y vendía a los egipcios; porque el hambre había crecido en la tierra de Egipto. 

57 Y toda la tierra venía a Egipto para comprar de José, porque por toda la tierra había crecido el hambre. 


CAPÍTULO 42

1 Y viendo Jacob que en Egipto había alimentos, dijo a sus hijos: ¿Por qué os estáis mirando? 

2 Y dijo: He aquí, [yo] he oído que hay alimentos en Egipto; descended allá, y comprad de allí para nosotros, para que podamos vivir, y no nos muramos. 

3 Y descendieron los diez hermanos de José a comprar trigo a Egipto. 

4 Mas Jacob no envió a Benjamín, hermano de José, con sus hermanos; porque dijo: Para que no le acontezca [algún] desastre. 

5 Y vinieron los hijos de Israel a comprar entre los que venían; porque había hambre en la tierra de Canaán. 

6 Y José era el señor de la tierra, que vendía [el trigo] a todo el pueblo de la tierra; y llegaron los hermanos de José, y se inclinaron a él rostro por tierra. 

7 Y cuando José vio a sus hermanos, los conoció; mas hizo que no los conocía, y les habló ásperamente, y les dijo: ¿De dónde habéis venido? Ellos respondieron: De la tierra de Canaán a comprar alimentos. 

8 Y José conoció a sus hermanos, pero ellos no le conocieron. 

9 Entonces se acordó José de los sueños que había soñado de ellos, y les dijo: Espías sois; por ver lo descubierto de la tierra habéis venido. 

10 Y ellos le respondieron: No, señor mío; mas tus siervos han venido a comprar alimentos. 

11 Todos nosotros somos hijos de un varón; somos hombres de [la] verdad; tus siervos nunca fueron espías. 

12 Y él les dijo: No; a ver lo descubierto del país habéis venido. 

13 Ellos respondieron: Tus siervos somos doce hermanos, hijos de un varón en la tierra de Canaán; y he aquí el menor [está] hoy con nuestro padre, y otro no parece. 

14 Y José les dijo: Eso es lo que os he dicho, afirmando que sois espías. 

15 En esto seréis probados: Vive [el] Faraón que no saldréis de aquí, sino cuando vuestro hermano menor viniere aquí. 

16 Enviad uno de vosotros, y traiga a vuestro hermano; y vosotros quedad presos, y vuestras palabras serán probadas, si [la] verdad [esta] con vosotros; y si no, vive [el] Faraón, que sois espías. 

17 Y los juntó en la cárcel por tres días. 

18 Y al tercer día les dijo José: Haced esto, y vivid. Yo temo a Dios. 

19 Si sois hombres de [la] verdad, quede preso en la casa de vuestra cárcel uno de vuestros hermanos; y vosotros id, llevad el alimento para el hambre de vuestra casa; 20 pero habéis de traerme a vuestro hermano menor, y serán verificadas vuestras palabras, y no moriréis. Y ellos lo hicieron así. 

21 Y decían el uno al otro: Verdaderamente hemos pecado contra nuestro hermano, que vimos la angustia de su alma cuando nos rogaba, y no [le] oímos; por eso ha venido sobre nosotros esta angustia. 

22 Entonces Rubén les respondió, diciendo: ¿No os hablé [yo] y dije: No pequéis contra el joven; y no escuchasteis? He aquí también su sangre es requerida. 

23 Y ellos no sabían que [los] entendía José, porque [había] intérprete entre ellos. 

24 Y se apartó [José] de ellos, y lloró; después volvió a ellos, y les habló, y tomó de [entre] ellos a Simeón, y le aprisionó a vista de ellos. 

25 Y mandó José que llenaran sus sacos de trigo, y devolviesen el dinero de cada uno de ellos, [poniéndolo] en su saco, y les diesen comida para el camino; y fue hecho con ellos así. 

26 Y ellos pusieron su trigo sobre sus asnos, y se fueron de allí. 

27 Y abriendo uno su saco para dar de comer a su asno, en el mesón, vio su dinero que estaba en la boca de su costal. 

28 Y dijo a sus hermanos: Mi dinero se me ha devuelto, y aun helo aquí en mi saco. Se les sobresaltó entonces el corazón, y espantados dijeron el uno al otro: ¿Qué [es] esto [que] nos ha hecho Dios? 

29 Y venidos a Jacob su padre en tierra de Canaán, le contaron todo lo que les había acaecido, diciendo: 

30 Aquel varón, señor de la tierra, nos habló ásperamente, y nos trató como a espías de la tierra: 

31 Y [nosotros] le dijimos: Somos hombres de [la] verdad, nunca fuimos espías. 

32 Somos doce hermanos, hijos de nuestro padre; el uno no parece, y el menor [está] hoy con nuestro padre en la tierra de Canaán. 

33 Y aquel varón, señor de la tierra, nos dijo: En esto conoceré que sois hombres de verdad; dejad conmigo uno de vuestros hermanos, y tomad para el hambre de vuestras casas, y andad, 

34 y traedme a vuestro hermano el menor, para que [yo] sepa que no sois espías, sino hombres de [la] verdad; [así] os daré a vuestro hermano, y negociaréis en la tierra. 

35 Y aconteció que vaciando ellos sus sacos, he aquí que en el saco de cada uno [estaba] el atado de su dinero; y viendo ellos y su padre los atados de su dinero, tuvieron temor. 

36 Entonces su padre Jacob les dijo: Me habéis privado de mis hijos; José no parece, ni Simeón tampoco, y a Benjamín le llevaréis; sobre mí son todas estas cosas. 

37 Y Rubén habló a su padre, diciendo: Harás morir a mis dos hijos, si no te lo volviere; entrégalo en mi mano, que yo lo volveré a ti. 

38 Y él dijo: No descenderá mi hijo con vosotros; que su hermano es muerto, y él solo ha quedado; y si le aconteciere [algún] desastre en el camino por donde vais, haréis descender mis canas con dolor a la sepultura. 


CAPÍTULO 43

1 Y el hambre era grande en la tierra. 

2 Y aconteció que cuando acabaron de comer el trigo que trajeron de Egipto, les dijo su padre: Volved, y comprad para nosotros un poco de alimento. 

3 Y respondió Judá, diciendo: Aquel varón nos protestó con ánimo resuelto, diciendo: No veréis mi rostro sin vuestro hermano con vosotros. 

4 Si enviares a nuestro hermano con nosotros, descenderemos y te compraremos alimento: 

5 Pero si no le enviares, no descenderemos; porque aquel varón nos dijo: No veréis mi rostro sin vuestro hermano con vosotros. 

6 Y dijo Israel: ¿Por qué me hicisteis [tanto] mal, declarando al varón que teníais otro hermano? 

7 Y ellos respondieron: Aquel varón nos preguntó expresamente por nosotros, y por nuestra parentela, diciendo: ¿Vive aún vuestro padre? ¿Tenéis otro hermano? Y le declaramos conforme a estas palabras. ¿Podíamos nosotros saber que había de decir: Haced venir a vuestro hermano? 

8 Entonces Judá dijo a Israel su padre: Envía al joven conmigo, y nos levantaremos e iremos, a fin [de] que vivamos y no muramos nosotros, y tú, y nuestros niños. 

9 Yo lo fío; a mí me pedirás cuenta de él: si [yo] no te lo volviere y lo pusiere delante de ti, seré para ti el culpable todos los días; 

10 que si no nos hubiéramos detenido, cierto ahora hubiéramos ya vuelto dos veces. 

11 Entonces Israel su padre les respondió: Pues que así es, hacedlo; tomad de lo mejor de la tierra en vuestros vasos, y llevad a aquel varón [un] presente, un poco de bálsamo, y un poco de miel, aromas y mirra, nueces y almendras. 

12 Y tomad en vuestras manos doblado dinero, y llevad en vuestra mano el dinero vuelto en las bocas de vuestros costales; por ventura fue yerro. 

13 Tomad [también a] vuestro hermano, y levantaos, y volved a aquel varón. 

14 Y el Dios Omnipotente os dé misericordias delante de aquel varón, y os suelte al otro vuestro hermano, y a este Benjamín. Y si he de ser privado de mis hijos, séalo. 

15 Entonces tomaron aquellos varones el presente, y tomaron en su mano doblado dinero, y a Benjamín; y se levantaron, y descendieron a Egipto, y se presentaron delante de José. 

16 Y vio José a Benjamín con ellos, y dijo al mayordomo de su casa: Mete a aquellos varones en casa, y degüella víctima, y aderézala; porque estos varones comerán conmigo al mediodía. 

17 Y el varón hizo como José dijo; y metió aquel varón a los hombres en casa de José. 

18 Y aquellos hombres tuvieron temor, cuando fueron metidos en casa de José, y decían: Por el dinero que fue vuelto en nuestros costales la primera vez nos han metido aquí, para revolver sobre nosotros, y dar sobre nosotros, y tomarnos por siervos a nosotros, y a nuestros asnos. 

19 Y se llegaron a aquel varón que presidía en la casa de José, y le hablaron a la entrada de la casa. 20 Y dijeron: Ay, señor mío, nosotros descendimos al principio a comprar alimentos; 

21 y aconteció que cuando vinimos al mesón y abrimos nuestros costales, he aquí que el dinero de cada uno [estaba] en la boca de su costal, nuestro dinero en su [justo] peso; y lo hemos vuelto [a traer] en nuestras manos. 

22 Hemos [también] traído en nuestras manos otro dinero para comprar alimentos; nosotros no sabemos quién haya puesto nuestro dinero en nuestros costales. 

23 Y él respondió: Paz a vosotros, no temáis; vuestro Dios y el Dios de vuestro padre os dio el tesoro en vuestros costales; vuestro dinero vino a mí. Y sacó a Simeón a ellos. 

24 Y metió aquel varón a aquellos hombres en casa de José; y les dio agua, y lavaron sus pies; y dio de comer a sus asnos. 

25 Y ellos prepararon el presente entretanto que venía José al mediodía, porque habían oído que allí habían de comer pan. 

26 Y vino José a casa, y ellos le trajeron el presente que [tenían] en su mano dentro de la casa, y se inclinaron a él hasta tierra. 

27 Entonces les preguntó de la paz, y dijo: ¿Vuestro padre, el anciano que dijisteis, tiene paz? ¿Vive todavía? 

4 

28 Y ellos respondieron: Bien va a tu siervo nuestro padre; aún vive. Y se inclinaron, e hicieron reverencia. 

29 Y alzando él sus ojos vio a Benjamín su hermano, hijo de su madre, y dijo: ¿Es éste vuestro hermano menor, de quien me hablasteis? Y dijo: Dios tenga misericordia de ti, hijo mío. 

30 Entonces José se apresuró, porque se conmovieron sus entrañas a causa de su hermano, y procuró dónde llorar: y entró en su cámara, y lloró allí. 

31 Y lavó su rostro, y salió fuera, y se esforzó, y dijo: Poned pan. 

32 Y pusieron para él aparte, y separadamente para ellos, y aparte para los Egipcios que con él comían; porque los egipcios no pueden comer pan con los hebreos, lo cual es abominación a los egipcios. 

33 Y se sentaron delante de él, el mayor conforme a su mayoría, y el menor conforme a su menoría; y estaban aquellos hombres atónitos [mirándose] el uno al otro. 

34 Y él tomó presentes de delante de sí para ellos; mas el presente de Benjamín era aumentado más que los presentes de todos ellos en cinco partes; y ellos bebieron, y se embriagaron con él. 


CAPÍTULO 44

1 Y mandó José al mayordomo de su casa, diciendo: Llene los costales de estos varones de alimentos, cuanto pudieren llevar, y pon el dinero de cada uno en la boca de su costal; 

2 y pondrás mi copa, la copa de plata, en la boca del costal del menor, con el dinero de su trigo. Y él hizo como dijo José. 

3 Venida la mañana, los hombres fueron despedidos con sus asnos. 

4 Saliendo ellos de la ciudad, que aún no se habían alejado, dijo José a su mayordomo: Levántate, y sigue a esos hombres; y cuando los alcanzares, diles: ¿Por qué habéis vuelto mal por bien? 

5 ¿No [es] ésta en [la] que bebe mi señor, y por la que suele adivinar? Habéis hecho mal en lo que hicisteis. 

6 Cuando él los alcanzó, les dijo estas palabras. 

7 Y ellos le respondieron: ¿Por qué dice mi señor tales cosas? Nunca tal hagan tus siervos. 

8 He aquí, el dinero que hallamos en la boca de nuestros costales, te [lo] volvimos a traer desde la tierra de Canaán; ¿cómo, pues, habíamos de hurtar de casa de tu señor plata ni oro? 

9 Aquel de tus siervos en quien fuere hallada la copa, que muera, y aun nosotros seremos siervos de mi señor. 

10 Y él dijo: También ahora sea conforme a vuestras palabras; aquel en quien se hallare, será mi siervo, y vosotros seréis sin culpa. 

11 Ellos entonces se dieron prisa, y derribaron cada uno su costal en tierra, abrieron cada uno su costal. 

12 Y buscó; desde el mayor comenzó, y acabó en el menor; y la copa fue hallada en el costal de Benjamín. 

13 Entonces ellos rasgaron sus vestidos, y cargó cada uno su asno, y volvieron a la ciudad. 

14 Y llegó Judá con sus hermanos a casa de José, que aún estaba allí, y se postraron delante de él en tierra. 

15 Y les dijo José: ¿Qué obra [es] ésta que habéis hecho? ¿No sabéis que [un] hombre como yo sabe adivinar? 

16 Entonces dijo Judá: ¿Qué diremos a mi señor? ¿Qué hablaremos? ¿O con qué nos justificaremos? Dios ha descubierto la maldad de tus siervos: he aquí, nosotros somos siervos de mi señor, nosotros también, y aquel en cuyo poder fue hallada la copa. 

17 Y él respondió: Nunca yo tal haga; el varón en cuyo poder fue hallada la copa, aquel será mi siervo; vosotros id en paz a vuestro padre. 

18 Entonces Judá se llegó a él, y dijo: Te ruego señor mío, que hable tu siervo una palabra en oídos de mi señor, y no se encienda tu enojo contra tu siervo, pues que tú [eres] como [el] Faraón. 

19 Mi señor preguntó a sus siervos, diciendo: ¿Tenéis padre o hermano? 20 Y nosotros respondimos a mi señor: Tenemos [un] padre anciano, y un joven que le nació en su vejez, pequeño aún; y [un] hermano suyo murió, y él quedó solo de su madre, y su padre lo ama. 

21 Y [tú] dijiste a tus siervos: Traédmelo, y pondré mis ojos sobre él. 

22 Y nosotros dijimos a mi señor: El joven no puede dejar a su padre, porque si le dejare, su padre morirá. 

23 Y dijiste a tus siervos: Si vuestro hermano menor no descendiere con vosotros, no veáis más mi rostro. 

24 Aconteció pues, que cuando llegamos a mi padre tu siervo, le contamos las palabras de mi señor. 

25 Y dijo nuestro padre: Volved a comprarnos un poco de alimento. 

26 Y nosotros respondimos: No podemos ir; si nuestro hermano fuere con nosotros, iremos; porque no podemos ver el rostro del varón, no estando con nosotros nuestro hermano el menor. 

27 Entonces tu siervo mi padre nos dijo: Vosotros sabéis que dos me dio a luz mi mujer; 

28 y el uno salió conmigo, y pienso de cierto que fue despedazado, y hasta ahora no le he visto; 

29 y si tomareis también éste de delante de mí, y le aconteciere [algún] desastre, haréis descender mis canas con dolor a la sepultura. 

30 Ahora, pues, cuando llegare yo a tu siervo mi padre, y el joven no fuere conmigo, porque su alma está ligada con el alma de él, 

31 sucederá que cuando él no vea al joven, morirá: y tus siervos harán descender las canas de tu siervo nuestro padre con dolor a la sepultura. 

32 Porque tu siervo salió por fiador por el joven con mi padre, diciendo: Si no te lo volviere, entonces [yo] seré culpable para mi padre todos los días; 

33 te ruego pues que quede ahora tu siervo por el joven por siervo de mi señor, y que el joven vaya con sus hermanos. 

34 Porque ¿cómo iré [yo] a mi padre sin el joven? No podré, por no ver el mal que sobrevendrá a mi padre. 


CAPÍTULO 45

1 Entonces José no pudo contenerse delante de todos los que estaban al lado suyo, y clamó: Haced salir de mi presencia a todos. Y no quedó nadie con él, para darse a conocer José a sus hermanos. 

2 Entonces dio su voz con lloro; y oyeron los egipcios, y oyó también la casa del Faraón. 

3 Y dijo José a sus hermanos: Yo [soy] José: ¿vive aún mi padre? Y sus hermanos no pudieron responderle, porque estaban turbados delante de él. 

4 Entonces dijo José a sus hermanos: Llegaos ahora a mí. Y ellos se llegaron. Y él dijo: Yo [soy] José vuestro hermano, el que vendisteis a Egipto. 

5 Ahora pues, no os entristezcáis, ni os pese de haberme vendido acá; que para vida me envió Dios delante de vosotros; 

6 que ya han sido dos años de hambre en medio de la tierra, y aún quedan cinco años [en] que ni habrá arada ni siega. 

7 Y Dios me envió delante de vosotros, para que vosotros quedaseis en la tierra, y para daros vida por grande libertad. 

8 Así pues, no me enviasteis vosotros acá, sino Dios, que me ha puesto por padre del Faraón, y por señor a toda su casa, y por enseñoreador en toda la tierra de Egipto. 

9 Daos prisa, id a mi padre y decidle: Así dice tu hijo José: Dios me ha puesto por señor de todo Egipto; ven a mí, no te detengas. 

10 Y habitarás en la tierra de Gosén, y estarás cerca de mí, tú y tus hijos, y los hijos de tus hijos, tus ganados y tus vacas, y todo lo que tienes. 

11 Y allí te alimentaré, pues aún [quedan] cinco años de hambre, para que no perezcas de pobreza tú y tu casa, y todo lo que tienes. 

12 Y he aquí, vuestros ojos ven, y los ojos de mi hermano Benjamín, que mi boca os habla. 

13 Haréis [pues] saber a mi padre toda mi gloria en Egipto, y todo lo que habéis visto; y daos prisa, y traed a mi padre acá. 

14 Y se echó sobre el cuello de Benjamín su hermano, y lloró; y también Benjamín lloró sobre su cuello. 

15 Y besó a todos sus hermanos, y lloró sobre ellos; y después sus hermanos hablaron con él. 

16 Y se oyó la noticia en la casa del Faraón, diciendo: Los hermanos de José han venido. Y agradó a los ojos del Faraón y de sus siervos. 

17 Y dijo [el] Faraón a José: Di a tus hermanos: Haced esto: cargad vuestras bestias, e id, volved a la tierra de Canaán; 

18 y tomad a vuestro padre y vuestras familias, y venid a mí, que [yo] os daré lo bueno de la tierra de Egipto y comeréis la grosura de la tierra. 

19 Y tú manda: Haced esto: tomaos de la tierra de Egipto carros para vuestros niños y vuestras mujeres; y tomad a vuestro padre, y venid. 20 Y no se os preocupe por vuestras alhajas, porque el bien de la tierra de Egipto será vuestro. 

21 Y lo hicieron así los hijos de Israel; y les dio José carros conforme a la orden del Faraón, y les suministró mantenimiento para el camino. 

22 A cada uno de todos ellos dio mudas de vestidos, y a Benjamín dio trescientas [piezas] de plata, y cinco mudas de vestidos. 

23 Y a su padre envió esto: diez asnos cargados de lo mejor de Egipto, y diez asnas cargadas de trigo, y pan, y comida para su padre para el camino. 

24 Y despidió a sus hermanos, y se fueron. Y él les dijo: No riñáis por el camino. 

25 Y subieron de Egipto, y llegaron a la tierra de Canaán a Jacob su padre. 

26 Y le dieron las nuevas, diciendo: José vive aún; y él [es] señor en toda la tierra de Egipto. Y su corazón se desmayó; pues no los creía. 

27 Y ellos le contaron todas las palabras de José, que él les había hablado; y viendo él los carros que José enviaba para llevarlo, el espíritu de Jacob su padre revivió. 

28 Entonces dijo Israel: Basta; José mi hijo vive todavía; iré, y le veré antes que yo muera. 


CAPÍTULO 46

1 Salió Israel con todo lo que tenía, y vino a Beerseba, y ofreció sacrificios al Dios de su padre Isaac. 

2 Y habló Dios a Israel en visiones de noche, y dijo: Jacob, Jacob. Y él respondió: Heme aquí. 

3 Y dijo: Yo soy el Dios, el Dios de tu padre; no temas de descender a Egipto, porque [yo] te pondré allí en gran gente. 

4 Yo descenderé contigo a Egipto, y yo también te haré volver; y José pondrá su mano sobre tus ojos. 

5 Y se levantó Jacob de Beerseba; y tomaron los hijos de Israel a su padre Jacob, y a sus niños, y a sus mujeres, en los carros que [el] Faraón había enviado para llevarlo. 

6 Y tomaron sus ganados, y su hacienda que habían adquirido en la tierra de Canaán, y vinieron a Egipto, Jacob, y toda su simiente consigo; 

7 sus hijos, y los hijos de sus hijos consigo; sus hijas, y las hijas de sus hijos, y a toda su simiente trajo consigo a Egipto. 

8 Y estos son los nombres de los hijos de Israel, que entraron en Egipto: Jacob y sus hijos; Rubén, el primogénito de Jacob. 

9 Y los hijos de Rubén: Hanoc, y Falú, y Hezrón, y Carmi. 

10 Y los hijos de Simeón: Jemuel, y Jamín, y Ohad, y Jaquin, y Zohar, y Saúl, hijo de la cananea. 

11 Y los hijos de Leví: Gersón, Coat, y Merari. 

12 Y los hijos de Judá: Er, y Onán, y Sela, y Fares, y Zara: mas Er y Onán, murieron en la tierra de Canaán. Y los hijos de Fares fueron Hezrón y Hamul. 

13 Y los hijos de Isacar: Tola, y Fúa, y Job, y Simrón. 

14 Y los hijos de Zabulón: Sered y Elón, y Jahleel. 

15 Estos [fueron] los hijos de Lea, los que dio a luz a Jacob en Padan-aram, y además su hija Dina; treinta y tres las almas todas de sus hijos e hijas. 

16 Y los hijos de Gad: Zifión, y Hagui, y Ezbón, y Suni, y Eri, y Arodi, y Areli. 

17 Y los hijos de Aser: Imna, e Isúa, e Isúi y Bería, y Sera, hermana de ellos. Los hijos de Bería: Heber, y Malquiel. 

18 Estos [fueron] los hijos de Zilpa, la que Labán dio a su hija Lea, y dio a luz éstos a Jacob; dieciséis almas. 

19 Y los hijos de Raquel, mujer de Jacob: José y Benjamín. 20 Y nacieron a José en la tierra de Egipto Manasés y Efraín, los que le dio a luz Asenat, hija de Potifera, sacerdote de On. 

21 Y los hijos de Benjamín [fueron] Bela, y Bequer y Asbel, y Gera, y Naamán, y Ehi, y Ros y Mupim, y Hupim, y Ard. 

22 Estos fueron los hijos de Raquel, que nacieron a Jacob; en todas, catorce almas. 

23 Y los hijos de Dan: Husim. 

24 Y los hijos de Neftalí: Jahzeel, y Guni, y Jezer, y Silem. 

25 Estos [fueron] los hijos de Bilha, la que dio Labán a Raquel su hija, y dio a luz éstos a Jacob; [por] todas siete almas. 

26 Todas las personas que vinieron con Jacob a Egipto, procedente de sus lomos, sin las mujeres de los hijos de Jacob, todas las personas [fueron] sesenta y seis. 

27 Y los hijos de José, que le nacieron en Egipto, dos personas. Todas las almas de la casa de Jacob, que entraron en Egipto, fueron setenta. 

28 Y envió a Judá delante de sí a José, para que le viniese a ver a Gosén; y llegaron a la tierra de Gosén. 

29 Y José unció su carro y vino a recibir a Israel su padre a Gosén; y se manifestó a él, y se echó sobre su cuello, y lloró sobre su cuello bastante. 

30 Entonces Israel dijo a José: Muera [yo] ahora, ya que he visto tu rostro, pues aún vives. 

31 Y José dijo a sus hermanos, y a la casa de su padre: Subiré y haré saber al Faraón, y le diré: Mis hermanos y la casa de mi padre, que estaban en la tierra de Canaán, han venido a mí; 

32 y los hombres [son] pastores de ovejas, porque son hombres ganaderos; y han traído sus ovejas y sus vacas, y todo lo que tenían. 

33 Y cuando Faraón os llamare y dijere: ¿cuál [es] vuestro oficio? 

34 Entonces diréis: Hombres de ganadería han sido tus siervos desde nuestra juventud hasta ahora, nosotros y nuestros padres; a fin [de] que moréis en la tierra de Gosén, porque los egipcios abominan todo pastor de ovejas. 


CAPÍTULO 47

1 Y José vino, e hizo saber al Faraón, y dijo: Mi padre y mis hermanos, y sus ovejas y sus vacas, con todo lo que tienen, han venido de la tierra de Canaán, y he aquí, están en la tierra de Gosén. 

2 Y de los postreros de sus hermanos tomó cinco varones, y los presentó delante del Faraón. 

3 Y [el] Faraón dijo a sus hermanos: ¿[Cuál es] vuestro oficio? Y ellos respondieron a Faraón: Pastores de ovejas [son] tus siervos, así nosotros como nuestros padres. 

4 Dijeron además al Faraón: Por morar en esta tierra hemos venido; porque no [hay] pasto para las ovejas de tus siervos, pues el hambre [es] grave en la tierra de Canaán; por tanto, te rogamos ahora [que] habiten tus siervos en la tierra de Gosén. 

5 Entonces [el] Faraón habló a José, diciendo: Tu padre y tus hermanos han venido a ti; 

6 la tierra de Egipto delante de ti está; en lo mejor de la tierra haz habitar a tu padre y a tus hermanos; habiten en la tierra de Gosén; y si entiendes que hay entre ellos hombres valientes, ponlos por mayorales del ganado mío. 

7 Y José introdujo a su padre, y lo presentó delante del Faraón; y Jacob bendijo al Faraón. 

8 Y dijo [el] Faraón a Jacob: ¿Cuántos [son] los días de los años de tu vida? 

9 Y Jacob respondió al Faraón: Los días de los años de mi peregrinación [son] ciento treinta años; pocos y malos han sido los días de los años de mi vida, y no han llegado a los días de los años de la vida de mis padres en los días de sus peregrinaciones. 

10 Y Jacob bendijo al Faraón, y se salió de delante del Faraón. 

11 Así José hizo habitar a su padre y a sus hermanos, y les dio posesión en la tierra de Egipto, en lo mejor de la tierra, en la tierra de Ramesés como mandó [el] Faraón. 

12 Y alimentaba José a su padre y a sus hermanos, y a toda la casa de su padre, de pan, hasta la boca del niño. 

13 Y no [había] pan en toda la tierra, y el hambre [era] muy grave; y desfalleció de hambre la tierra de Egipto y la tierra de Canaán. 

14 Y recogió José todo el dinero que se halló en la tierra de Egipto y en la tierra de Canaán, por los alimentos que de él compraban; y metió José el dinero en casa del Faraón. 

15 Y acabado el dinero de la tierra de Egipto

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