Escritos políticos, económicos y literarios
by Florencio Varela · Spanish · Gutenberg #47346 · 475,692 chars · public domain (US)
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Title: Escritos políticos, económicos y literarios
Author: Florencio Varela
Release date: November 14, 2014 [eBook #47346]
Most recently updated: October 24, 2024
Language: Spanish
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*** START OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK ESCRITOS POLÍTICOS, ECONÓMICOS Y LITERARIOS ***
BIBLIOTECA AMERICANA.
TOMO VIII.
ESCRITOS POLÍTICOS Y LITERARIOS,
DEL
Dͬ. D. FLORENCIO VARELA.
ESCRITOS
POLÍTICOS, ECONÓMICOS Y LITERARIOS,
DEL DOCTOR
D. FLORENCIO VARELA.
COLECCIONADOS
POR
D. LUIS L. DOMINGUEZ.
[Ilustración]
Buenos Aires.
IMPRENTA DEL =ORDEN=--SAN MARTIN N. 5.
1859.
EL EDITOR.
Echábanse de ménos en nuestra Biblioteca algunos nombres ilustres en la
literatura del Plata.
Sin embargo, nosotros habiamos hecho lo posible por llenar este vacio.
Muchas diligencias practicamos para obtener entre otros trabajos
inéditos ó publicados, las poesias de D. Juan Cruz Varela, cuya
publicacion estaba aplazada y que aun despues de haberse anunciado de
nuevo, permanecen sin salir á luz, apesar de la formal promesa que
nos hacia el Sr. Posse con fecha 15 de Julio de 1858 en la carta que
transcribimos á continuacion:
_Sr. Dr. D. Alejandro Magariños Cervantes._
Muy señor mio:
Siento no poder acceder á la solicitud de vd. respecto á las poesias
de D. Juan Cruz Varela. Tengo como dije á vd. un compromiso pendiente
á ese respecto y no he encontrado motivo justo para desligarme de él.
Dentro de muy pocos dias se dará principio á la publicacion.
Con este motivo saludo á vd. y me suscribo á sus órdenes atento SS.
Q. S. M. B.
_Daniel J. Posse._
Entonces nos dirijimos á D. Héctor y D. Mariano Varela, y les
preguntamos si tendrian inconveniente en coleccionar algunos escritos
políticos y literarios de su señor Padre, ó permitir que otra persona
competente se encargase de este trabajo, que podria formar uno ó dos
tomos de la Biblioteca.
Los jóvenes redactores de la _Tribuna_ simpatizaron con la idea,
agradeciéndonos el débil homenaje que queríamos tributar á la memoria
de su padre; pero por razones que seria largo referir, no pudieron
darnos inmediatamente una respuesta explícita y terminante.
Seis meses despues, instábamos amigablemente á D. Luis Dominguez para
que nos entregase la coleccion de sus poesias que nos habia ofrecido, y
como nos sucede con harta frecuencia, nos encontramos con que en todo
habia pensado el autor ménos en tener prontos los originales para el
momento en que se los pidiésemos.
_Tu quoque!_.... esclamamos con un arranque tragicómico, porque
teniamos y tenemos al señor Dominguez por uno de los escritores mas
sérios y que con mas religiosidad llena sus compromisos.
El ex-redactor del _Orden_ nos manifestó en pocas palabras la
imposibilidad absoluta en que se habia visto para buscar sus poesias
diseminadas en varios periódicos, ú olvidadas entre sus papeles,
hacerlas copiar &a. "pero estando mas desocupado ahora, añadió, voy á
hacer á ese trabajo, y puede vd. contar con él para dentro de poco
tiempo; vd. vé tambien que mi turno no ha llegado, pues vd. habia
pensado dar otros tomos de la Biblioteca, antes de lo mio. En fin, si
vd. se empeña puedo darle otro libro de mas importancia que mis poesias.
--Es V. muy modesto; pero no acepto el cambio.
--Tengo coleccionados algunos escritos de D. Florencio Varela de los
que puede entresacarse lo suficiente para formar un interesante volúmen
de la Biblioteca.
--¡Magnífica idea! esclamé, pero....
--Pero qué?
--Tal vez haya alguna dificultad por parte de los miembros de su
familia.
--No creo que haya el menor inconveniente; y si lo hubiese, corre de mi
cuenta allanarlo."
El Señor Dominguez con su habitual bondad nos prometió ademas escribir
un rasgo biográfico sobre la vida y las producciones del ilustre
finado; tarea fácil para el Sr. Dominguez que como todos saben ha
enriquecido la GALERIA DE CELEBRIDADES ARJENTINAS con una biografía
del Dr. Varela que nada deja que desear. Estamos persuadidos que no
podiamos haber confiado á mejores manos la honrosa mision de arrancar
para la Biblioteca algunas flores escogidas de la bella guirnalda
literaria del fundador del _Comercio del Plata_.
Cúmplenos, sin embargo, antes de terminar, hacer una advertencia
á los eruditos. En el deseo de complacer á la mayoria de nuestros
suscriptores, no se ha seguido en esta coleccion el órden cronológico
ni el encadenamiento que exigiria la índole de las materias que
comprenden las producciones de Varela. Hemos rogado al Sr. Dominguez
diese á su trabajo toda la amenidad é interés posible, prefiriendo
la parte general y doctrinaria á la que se refiere únicamente á las
polémicas periodísticas y cuestiones transitorias del momento, aunque
todo es notable y digno de reproducirse, hoy como ayer, en los escritos
del eminente publicista. Tal vez mas adelante nos sea dado completar
con otro tomo la coleccion que ahora publicamos.
Entre tanto podemos asegurar sin temor de equivocarnos que, por
incompleto que sea este libro, hacemos un verdadero servicio á las
letras del Rio de la Plata, popularizando las ideas que contiene.
Nuestros suscriptores y la juventud estudiosa encontrarán en estas
pájinas, recomendadas suficientemente por el justo renombre del autor,
ademas de la profundidad de los conceptos, la belleza de la forma
realzada por un lenguaje elegante y castizo; y aunque no tuviesen otro
mérito, este solo bastaria para darles un lugar distinguido en la
biblioteca de los amantes de la buena literatura nacional.
A. MAGARIÑOS CERVANTES.
Buenos Aires, Marzo--1859.
FLORENCIO VARELA.
D. Florencio Varela nació en Buenos Aires el dia 23 de Febrero de 1807.
Fué su padre D. Jacobo Adrian Varela, español del cuño antiguo, cuyo
nombre se conserva en las tradiciones de la defensa de Buenos Aires,
por la gallardia con que se mantuvo con su cuerpo, en la posicion
del Retiro, embestida por dos divisiones inglesas, y la inteligencia
con que salvó su compañia al frente del enemigo vencedor. D. Jacobo
Adrian tuvo la fortuna de ver coronado por el triunfo mas espléndido
su consagracion á la independencia de la patria de sus hijos; pero
este fué el único desquite que le fué dado tomar contra un enemigo que
acababa de consumar su ruina, apoderándose en Montevideo de un buque en
que habia invertido todo el capital que giraba en el comercio.
Una herencia de honor y de pobreza fué, pues, el patrimonio que
Florencio Varela recibió al nacer. Su corazon y su inteligencia
empezaron á formarse en la escuela de la adversidad, que es la que
mejor prepara al hombre para la vida activa en tiempos calamitosos.
Su padre, atacado de una enfermedad mortal, ocupaba sus ocios en
enseñarle á leer, escribir y contar. El tierno discípulo era tambien el
enfermero del anciano, á quien asistió hasta la hora de su muerte, que
tuvo lugar en el invierno de 1818.
Varela tenia 11 años. El general Puigredon, Director del Estado,
acababa de fundar el colegio de la Union del Sud. La madre de Florencio
solicitó una beca de gracia para su hijo; y allí hizo sus estudios
preparatorios. Cuatro años despues dejó el colegio é ingresó á la
facultad de jurisprudencia en la Universidad, y en Agosto de 1827, á
los 20 años de edad, se graduó de Doctor, recibiendo el título gratuito
que se acuerda al candidato que mas se distingue en los exámenes de
prueba.
El jóven Varela habia descollado entre sus condiscípulos, no tanto por
su contraccion á los estudios escolares, como por su talento claro,
por su memoria prodijiosa, por su instruccion literaria adquirida
privadamente en la lectura asídua de poetas españoles y franceses.
Este amor á las bellas letras, á que lo arrastraban el ejemplo de su
hermano D. Juan Cruz y la natural inclinacion de su espíritu, llegó á
distraerlo á tal punto de sus estudios profesionales, que hubo de verse
espuesto á no poder rendir exámen de uno de los cursos de derecho.
Amonestado por su maestro, Varela volvió sobre sí; aprovechó el único
mes que faltaba para la conclusion del año escolar, se presentó á
exámen, y obtuvo la primera clasificacion por voto unánime de sus
jueces.
A principios de 1825 fué nombrado para un empleo subalterno en una
secretaría de Estado. Entre el desempeño de sus deberes oficiales,
y sus estudios profesionales, Varela hacia sus primeros ensayos
en la carrera literaria y en la vida pública. Escribia versos que
publicaba en los periódicos que redactaba su hermano mayor, y seguia
las opiniones que este sostenia, como el órgano mas autorizado y mas
capaz del partido unitario. Poco despues de subir al mando el coronel
Dorrego, hizo renuncia de su empleo, no creyendo delicado conservarse
al lado de una administracion de quien era ardiente opositor. Despues
de la revolucion de 1° de Diciembre de 1828, fué nombrado oficial
mayor de Relaciones Esteriores. En ella habia tomado la poca parte que
su edad le permitia; sin embargo su adhesion al partido unitario en
que tanto figuraba el nombre de sus hermanos, le obligó á seguir la
suerte de estos, cuando emigraron á Montevideo en Agosto de 1829, poco
despues de la abdicacion del jeneral Lavalle. En Octubre del mismo
año regresaron á Buenos Aires; pero les salió al encuentro una órden
de destierro, y sin que se les permitiese desembarcar volvieron á una
espatriacion que para casi todos los hermanos debia ser eterna.
Varela salió desterrado, como hemos dicho, el 12 de Octubre de 1829, y
desde entonces fijó su residencia en Montevideo, donde debia pasar el
resto de sus dias. Estando allí casó con una jóven de Buenos Aires con
quien habia quedado comprometido antes de su espatriacion. Esta union
fué feliz y fecunda; Varela tuvo en ella trece hijos.
Instalado en Montevideo, se dedicó asiduamente á terminar su carrera
de abogado, profesion que empezó á ejercer con éxito antes de estar
solemnemente recibido en los estrados de aquel pais. La recepcion
tuvo lugar el 8 de Abril de 1835. "Los miembros del tribunal, dice el
mismo Varela, me hicieron el honor de no examinarme, dirijiéndome su
presidente una arenga en la que me manifestó que el tribunal estaba
satisfecho de mis aptitudes."
Con su entrada en el foro termina una de las faces de la vida literaria
de Varela. Se consagró durante tres años, con ardor incansable, al
estudio de la jurisprudencia, y al de las ciencias políticas y morales
que con ella se dán la mano; y aunque no abandonó sus gustos literarios
y su pasion por los versos, fué sin embargoo, dejando de hacerlos,
hasta que por el año 34 ó 35 renunció completamente á este género de
composicion literaria.
En 1830 publicó un pequeño cuaderno con el título de _El dia de Mayo_,
conteniendo cinco de sus mejores composiciones. Dos de ellas han sido
insertadas en la _América Poética_. Sin apartarse en las formas y el
estilo de los ejemplos de Quintana, que era su modelo predilecto,
Varela abandonó en estas poesias, por primera vez, la _silva_ que
habia manejado siempre; y ajustó su pensamiento á las formas de la
estancia regular, con iguales condiciones de ritmo y de cadencia. Por
el mismo tiempo dió á luz su bella _Oda_ á la Hermandad de la Caridad,
obra llena de filosofia é ideas elevadas, la cual contribuyó no poco
á asentar su reputacion literaria en el pais de su asilo; y á darle
valimiento con el círculo poderoso de los hombres que dirijian aquella
corporacion.
No contribuyó ménos á ese resultado la publicacion que hizo en ese
mismo año de un escrito de género muy diverso, titulado: _Observaciones
contra el Proyecto de ley sobre la moneda de cobre_; panfleto
impregnado de las sanas ideas de la escuela económica moderna, y que
hace altísimo honor á los conocimientos y al buen juicio del jóven
autor.
En 1833 fué nombrado por el Gobierno de Montevideo miembro de una
comision censora de teatro; y él mismo compuso una comedia, de la cual
nada conocemos.
Con este ensayo, y algun otro de menor importancia, Varela abandonó
la lira para siempre, y se entregó desde entonces á su profesion y al
estudio de la historia de su pais que se preparaba á escribir.
Su íntima relacion con su hermano D. Juan Cruz, á quien hospedaba en su
casa y respetaba como á un segundo padre, le habia puesto en su pais,
y le puso en Montevideo tambien, en la vida activa de la política.
Todos los hombres notables del partido unitario habian sido desterrados
de Buenos Aires por Rosas, y se habian refugiado, como los hermanos
Varela, en Montevideo, ó en otros puntos del territorio Oriental. Esa
porcion escogida de proscriptos, suspiraba por regresar á la Patria
perdida. Compuesta de los hombres de mayor inteligencia y de los
militares de mas valor y nombradia en las guerras pasadas, forzados
á la inactividad, ó á un trabajo penoso para procurar el sustento de
sus familias arrojadas de sus hogares, aquella emigracion vivia de
esperanzas y deseos, y hacia una propaganda activa y temible contra el
poder tiránico de su pais. Esto inquietaba naturalmente á Rosas.
El Estado Oriental estaba tambien dividido en partidos, que, como un
elemento mas de poder, procuraban ganarse á los emigrados arjentinos.
Estos á su vez buscaban sus afinidades entre las facciones, con la
esperanza de ser ayudados algun dia en sus proyectos relativos á su
pais. El gobierno de Oribe manifestó al fin que preferia el apoyo del
gobierno de Rosas; admitió sus reclamos contra el uso de la libertad
de imprenta que hacian los emigrados; y estos, como era natural, se
inclinaron al partido de Rivera que les ofrecia ayuda y garantias. La
lucha estalló en 1836; pero D. Florencio Varela no tomó parte activa
en los sucesos que se desarrollaban, por mas que simpatizára con el
partido colorado. Sin embargo de esto, fué desterrado por el gobierno
de Oribe.
Triunfante el general Rivera, Varela regresó á la ciudad, y desde
entonces empezó é tomar parte franca y activa en la política de aquel
pais. Establecido el gobierno de Rivera, uno de sus primeros actos
fué declarar la guerra al tirano de Buenos Aires. De aquí nació una
triple alianza entre las fuerzas navales de la Francia que bloqueaban
esta ciudad, por una parte, el nuevo gobierno oriental por otra, y por
otra la emigracion arjentina que cada dia aumentaba su número con los
que salian de Buenos Aires huyendo dá las violencias del Dictador, y
procurando robustecer el nucleo reaccionario que al amparo de esos
dos poderes se formaba en Montevideo. El Dr. Varela fué uno de los
cooperadores mas decididos é intelijentes en la revolucion contra
Rosas.
Desde que el General Lavalle se puso en campaña; él era el hombre
de pensamiento y de accion de la Comision Arjentina, cuyo encargo
principal consistia en proveer de recursos al ejército, para lo cual
casi era necesario hacer milagros. El mantenia las relaciones de esta
con el ejército revolucionario, con los agentes franceses, y con el
gobierno oriental. Su casa era el punto de reunion de la emigracion
arjentina. Cultivaba especialmente con esmero la amistad de la
juventud, cuyos sentimientos patrióticos inflamaba, y cuyo amor al
estudio estimulaba.
Los agentes de la Francia habian estipulado una alianza formal con
el general Lavalle, cuyo objeto era la destruccion de la tirania de
Rosas y el establecimiento de gobiernos regulares en la república
arjentina. El general Lavalle habia atravesado el Paraná, y operaba
ya en el territorio de Buenos Aires, cuando se presentó el Almirante
Mackau, con algunos refuerzos y ámplias facultades para obrar. El
Almirante prefirió la via de las negociaciones é hizo la paz con Rosas.
El Dictador afirmó así su poder, y la reaccion liberal terminó por
entonces en una série de desastres.
El Dr. Varela publicó con ese motivo uno de sus escritos políticos mas
notables, titulado: _Sobre la convencion de 29 de Octubre de 1840,
desarrollo y desenlace de la cuestion francesa en el Rio de la Plata_.
En este papel lleno de nervio y de elocuencia, presentó Varela en su
verdadera luz la vergonzosa transacion por la cual un Almirante francés
dejó á merced de un enemigo feroz á los aliados de la gran nacion.
Varela escribia en esta ocasion bajo el peso de toda clase de
infortunios. El folleto se dió á luz el 29 de Diciembre. El 20 de
Octubre habia perdido una hija, el 29 se habia concluido el tratado
que daba un golpe fatal á su partido; el 28 de Noviembre el ejército
libertador era completamente batido en el Quebrachito; y en los
momentos mismos de terminar aquel escrito recibia la noticia de haber
sido asesinado en esa misma batalla, su hermano Rufino, á quien Varela
amaba como á un hijo!
Tantas fatigas de espíritu y de cuerpo, la incesante consagracion á
la cosa pública, los acerbos pesares devorados en secreto por los
desastres de la revolucion y por las causas que los producian y que la
generalidad ignoraba, la asídua contraccion á su bufete que le daba el
pan para su numerosa familia; todo esto agotó al fin las fuerzas de
Varela. A mediados del año 40 ya habia tenido necesidad de hacer un
pequeño viaje á Martin Garcia. Le hemos oido referir la viva emocion
que sintió su alma al divisar en aquel viaje las torres de la ciudad
natal en lontananza; el buque contrariado por los vientos se habia
puesto á la vista de Buenos Aires; aquella fué la última despedida
de la patria. A principios de 1841, su vida se encontró seriamente
amenazada por una afeccion pulmonar. Sus médicos le prescribieron hacer
un viage al Brasil; y el 31 de Mayo se embarcó con su familia para Rio
Janeiro, donde llegó el 14 de Junio, despues de un viage peligroso.
Una semana antes de partir, tuvo lugar en Montevideo un certámen
poético, en celebracion de la Revolucion de Mayo. Varela fué uno de los
jueces, y escribió el juicio de la comision, que insertamos en este
repertorio.
Luego que el Dr. Varela llegó á Rio Janeiro; sintió una mejoría notable
en su salud. Allí consagró principalmente su tiempo á preparar los
elementos que debian servirle para escribir la historia de su pais,
pensamiento que le ocupaba hacia algunos años.
Cinco meses empleó en escudriñar la Biblioteca pública de aquella
capital, en la cual encontró y estractó documentos preciosos relativos
á la historia política de estas regiones cuando aun eran colonias.
Se dedicó al estudio de los materiales que habia acopiado durante
muchos años y recibió de D. Bernardino Rivadavia, que allí residia,
noticias ignoradas y papeles y documentos de la mayor importancia.
Entre ellos, y de letra del general Belgrano, todos los relativos á
la célebre negociacion con Carlos IV, [ó mas bien con el conde de
Cabarrus,] y todos los papeles diplomáticos relativos á su mision á
Europa. Obtuvo tambien el autobiografia de Belgrano, y algunas notas
curiosas sobre la revolucion de Alzaga en 1812, y sobre la causa contra
este mismo personaje en 1809.
Habia reunido gran copia de materiales, en periódicos, folletos,
memorias y documentos, inéditos, y en tradiciones orales de los hombres
que estaban al cabo de los sucesos en que habian sido actores ó
testigos. Estaba preparado para utilizar estos elementos.[1] La muerte
arrebató á la Patria aquella riqueza intelectual con tanta industria
atesorada. ¿Seria acaso un presentimiento el que manifestaba este
hombre tan laborioso cuando respondia á sus amigos que con frecuencia
le pedian que mirase por su salud,--"Es que veo que se me acaba la vida
sin haber hecho nada que quede despues de mí"?...
[1] El Sr. Mitre, en la introduccion á su exelente HISTORIA DE
BELGRANO, fundándose en un párrafo de carta de Varela que he
copiado en su Biografia (GALERIA DE CELEBRIDADES ARJENTINAS),
dice:--"Y murió tal vez dudando del pensamiento de Mayo". Yo
puedo afirmar lo contrario; Varela escribió esa carta recien
llegado al Janeiro, antes de haber reunido la copia de documentos
y tradiciones que recibió de D. Bernardino Rivadavia, uno de los
actores en la revolucion, y quizá el que mejor sabia explicarla.
Seis renglones mas abajo de mi Biografia, hay otra carta de Varela
que desvanece toda duda á ese respecto.
El 30 de Noviembre de 1842, el Dr. Varela se puso en viaje con toda su
familia, de regreso para Montevideo.
Cerca ya del puerto, el buque chocó en un escollo y se fué á pique.
Varela y su familia escaparon con gran trabajo de una muerte terrible;
pero de todos sus efectos, apénas pudo salvar su caja de papeles
históricos, objeto especial de sus cuidados durante el naufrajio.
El Dr. Varela llega á Montevideo, sin tener con que cubrir la desnudez
de sus hijos: y la primera noticia que recibe es la del desastre del
ejército del jeneral Rivera en el Arroyo Grande. El dia 16 de Febrero
el ejército de Rosas ponia sitio á Montevideo; y como las desgracias no
vienen nunca solas, en el siguiente mes, y en el espacio de tres dias,
Varela perdió una hija, y una hermana muy querida. Su corazon resistió
con entereza esta cadena de desventuras. Le hemos oido referir con
serenidad todos los accidentes de su naufrajio; le hemos visto soportar
con resignacion la pérdida de cuanto poseia, y entregarse en seguida
tranquilamente al desempeño de sus nuevas deberes.
Montevideo se preparó á defenderse contra las armas de Rosas, que el
jeneral Oribe, temible por sus recientes, hechos, conducia contra
su pais. Varela ocupó un puesto entre los defensores; y despues de
ayudar con su consejo y su cooperacion al gobierno de la defensa, fué
enviado en Agosto de 1843 á Inglaterra con una mision especial, cuyos
antecedentes y objeto esplica él mismo en su Diario de Viaje. (_Vease
Celebridades Arj._)
Antes de ser nombrado para esta mision, el Dr. Varela publicó un nuevo
panfleto político, titulado: _Sucesos del Rio de la Plata_. Su objeto
era, demostrar la falta de verdad y de estudio que predominaba en los
informes que remitian á los gobiernos europeos sus respectivos ajentes,
de donde provenian los desaciertos en que habian incurrido aquellos en
sus cuestiones con el dictador de Buenos Aires.
Varela desempeñó su mision con habilidad, pero no consiguió el
resultado que habia hecho esperar el Comodoro Purvis, y que era
dado prometerse despues de los actos de este, y de las compromisos
contraidos por el ministro británico, Mr. Mandeville. Despues de varias
conferencias con lord Aberdeen, declaró este oficialmente que el
gobierno de la reina no tomaria parte en los negocios del Plata. La
Inglaterra (como observa Varela) no conocia entonces sus intereses. Dos
años despues se veia forzada á hacer lo que no hizo á instancias de
Varela; y así el tiempo vino al fin á dar la razon al comisionado de
Montevideo.
Varela ocupó su corta residencia en Inglaterra en visitar los
monumentos, los palacios, los museos, los arsenales, y especialmente
los establecimientos fabriles que alimentan la industria y el comercio
colosal de aquella gran nacion. Estudió las máquinas de vapor con el
interés de un mecánico. De todo tomaba prolijas notas en el diario de
viaje que llevó sin interrupcion.
Despues de visitar las principales ciudades manufactureras de
Inglaterra, pasó á Francia y residió algunas semanas en Paris, donde
redobló su actividad para ver las cosas mas notables de este otro
emporio de civilizacion y humana grandeza. Su tiempo se dividia entre
la necesidad de satisfacer su ilustrada curiosidad, y el deseo de
obtener en Francia por la opinion pública, lo que sus esfuerzos no
habian alcanzado cerca del gabinete ingles. Con ese fin, se acercó á
los principales oradores de la Cámara de Diputados, y particularmente
á M. Thiers, cuya estimacion supo captarse. En aquella asamblea, tanto
bajo la monarquía, como despues bajo la república, resonaron los
elojios de Varela, cuando llegó la ocasion de tratar la cuestion del
Plata, y de hacer uso de los datos que él habia facilitado.[2]
[2] En la sesion del 5 de Enero de 1850, dijo el célebre orador
Mr. Thiers:--"El Sr. Varela, á quien todos hemos conocido, era
uno de los hombres mas distinguidos que es posible encontrar en
cualquier parte del mundo."
El año siguiente volvió Varela al seno de su familia. Su viaje á
Europa, habia completado su educacion, sazonado su juicio y abierto á
su inteligencia un campo mas estenso. Al mismo tiempo su carácter moral
se habia perfeccionado. Las costumbres inglesas, que habia podido
apreciar en el seno de algunas familias que habia tratado con cierta
intimidad, lo habian cautivado; desde entonces parecia que el tipo
ingles era el modelo de su conducta personal. A su afabilidad congenial
que nunca lo abandonaba, se agregó por imitacion cierta gravedad llena
de nobleza, particularmente en su trato con estraños. El sentimiento
religioso se hizo tambien mas visible en él desde que tuvo ocasion de
observar la saludable influencia que el culto externo ejerce sobre
las costumbres públicas y privadas en Inglaterra. Cuando volvió á
Montevideo empezó á habituarse á la práctica de la santificacion del
domingo, asistiendo al templo con su familia al servicio divino. Desde
entonces, en fin, pudo presentarse en el trato social como un modelo
del hombre culto y del cumplido caballero.
Continuó influyendo directamente en la política del Rio de la Plata,
por la amistad que lo ligaba al Sr. Vasquez, el cual volvió como antes
á valerse de su consejo y cooperacion en el ministerio de Relaciones
Exteriores.
Es de esa época, y pertenece á su inspiracion y á su pluma, el
_memorandum_ pasado por el gobierno oriental á su representante en el
Brasil el Sr. Magariños, para entablar negociaciones sobre la base de
un arreglo definitivo de límites. Pero su obra mas importante fué el
_Comercio del Plata_, diario fundado por él en 1845, con tres objetos:
combatir la tirania de Rosas, apoyar la intervencion europea que venia
á facilitar con su ausilio los medios de destruirla, y abrir para la
prensa del Rio de la Plata una nueva era de cultura en las formas, de
moderacion en el debate y de utilidad y enseñamiento fecundo para el
pueblo.
Varela se propuso realizar una completa reforma en la prensa periódica;
y si no lo consiguió del todo, dió por lo ménos en su diario el ejemplo
mas acabado de la posibilidad de realizarla.
Él se propuso hacer desaparecer del diarismo la personalidad y el
insulto que, á falta de razon ó de saber, servia á los escritores del
dia de cómodo recurso para satisfacer una curiosidad pueril, y dar
pávulo á las discordias interiores. Estableció la discusion sobre las
bases del razonamiento y de la historia; juzgó los hechos con sano
criterio; esplicó con claridad el pasado y formuló con acierto las
aspiraciones del porvenir.
Dió siempre mayor importancia á las cosas que á los hombres; puso
la sinceridad del hombre honrado al servicio de su causa, y no
manchó jamas con la mentira las columnas de su diario consagrado al
esclarecimiento y á la defensa de la verdad. Ilustró en él todas
las cuestiones de actualidad, y particularmente las que versaban
sobre política internacional, que tanto abundaron en aquella época
en que un campesino de Buenos Aires, supo á fuerza de astucia y mala
fé, poner á prueba la perspicacia de los gabinetes y la habilidad
de muchos diplomáticos. Conservó siempre una digna reserva en los
negocios privativos del pais en donde escribia; porque profesaba el
principio, de que la voz del extranjero en las cuestiones internas de
un pais conmovido por la discordia, solo puede tener autoridad cuando
se alza desligada del alarido de las pasiones ajitadas; cuando pugna
por aplacarlas y no por enardecerlas. Estimaba á tal punto el decoro
de su diario y de los principios á que estaba consagrado, que cuando
ocurria un hecho, por notable que fuera, capaz de empañarlo, le negaba
totalmente el derecho de circulacion por su conducto, como sucedió
en la revuelta de Abril de 1846, de la cual no se encuentra el menor
rastro en las columnas del _Comercio del Plata_.
Las relevantes prendas del escritor, el atractivo de su estilo, la
fuerza irresistible de su lógica, la amenidad del diario que procuraba
ser perfecto en todas las materias que abrazaba, diéronle una
importancia suprema en todo el Rio de la Plata, y una grande estimacion
en el exterior. _El Comercio del Plata_ se hizo una potencia en las
cuestiones de la época; su opinion era siempre deseada, y su consejo
seguido. Todos querian conservar su coleccion, y hubo quien ofreció una
onza de oro por el primer número sin poder obtenerlo. Como era natural,
el publicista que con tanto éxito sostenia la propaganda civilizadora,
que llenaba su ministerio con tanta conciencia y dedicacion, debia
ser, y era en efecto, objeto de la estimacion y el respeto general, y
así Varela llegó á tener en aquella época una importancia personal tan
grande, como la que gozaba el papel que dirijia.
El Dr. Varela aprovechó el ajente de publicidad de que disponia, para
dar á conocer muchos escritos interesantes y documentos relativos á
la historia del pais, entre los cuales citaremos la _Coleccion de
Constituciones_ de las repúblicas americanas, y de los _Tratados_ de
los Estados del Plata, y una série de papeles de sumo interés sobre
las _cuestiones de límites_ entre las posesiones Españolas y las
Portuguesas en América, todos raros, y algunos inéditos.
En las columnas editoriales dilucidó algunas cuestiones históricas, y
sostuvo la gran tesis de la libertad de los rios interiores, que la
revolucion contra Rosas puso en práctica apénas obtuvo el triunfo.
Dos años y medio habia sostenido el Dr. Varela la abrumadora tarea
del diarismo, conquistándose la simpatía de los buenos y el odio de
los malos, cuando el 20 de Marzo de 1848, á las 8 de la noche, fué
alevosamente asesinado, recibiendo una puñalada por la espalda en el
momento de llegar á la puerta de su casa. El asesino, Andres Cabrera,
consiguió evadirse sin ser visto, y regresó al campo del ejército
sitiador, de donde habia sido mandado, segun lo ha declarado él mismo,
en la causa criminal que se le siguió en 1852.
Los detalles de este crímen atroz, están consignados en la Biografia
de Varela que escribí para la _Galeria de Celebridades Arjentinas_, de
donde he arrancado estos fragmentos. Allí remito al lector interesado
en conocerlos, porque el Editor de la _Biblioteca_ no me concede ya
espacio sino para concluir.
Pocos hombres habrá que gocen como el Dr. Varela de un aprecio mas
universal. Su carácter afable, su talento, su vida inmaculada, su
honradez á toda prueba, su desprendimiento generoso, su sencillo
género de vida, todo contribuia á captarle la amistad de cuantos
le conocian. En todas partes del mundo donde estuvo, supo adquirir
amistades calorosas y profundas. Y si en vida recibió los testimonios
mas inequívocos de aprecio, despues de su muerte su familia tuvo la
confirmacion mas solemne de ese sentimiento general.
Varela dejaba al morir diez hijos y una viuda en cinta, sin otro
patrimonio que el corto capital invertido en la imprenta y su
biblioteca. En el acto se abrieron suscripciones en favor de esa
familia huérfana, y se reunieron mas de quince mil pesos plata en pocos
dias. En ella tomaron parte sus amigos de todas las nacionalidades;
y es digno de mencionarse, que Sir Charles Hotham, el gefe de la
escuadrilla inglesa que combatió en Obligado, se asoció á esta
manifestacion de simpatía, enviando desde Inglaterra donde se hallaba,
algunas libras esterlinas.
La prensa de todo el mundo resonó en elogio del valiente escritor
que habia concitado contra sí el furor de los tiranos, y un diario
ingles propuso la ereccion de una estatua, costeada por los escritores
públicos, en honor de su memoria.
Poco despues de derrocada la tirania de Rosas, que él combatió hasta
el último instante de su vida, sus restos fueron trasladados á Buenos
Aires por su familia, y depositados en esta tierra que tanto habia
amado. El sencillo sepulcro en que duerme el eterno sueño, costeado por
nueve de sus amigos ó admiradores, es un testimonio del aprecio que
despertaron sus virtudes y su amor á la libertad.
Tales son los rasgos principales de la vida de este arjentino ilustre.
Como hombre privado, fué un verdadero tipo de virtudes domésticas,
Padre de una familia numerosa, tenia por su anciana madre una
veneracion tan cariñosa como espresiva; era para él, segun sus propias
palabras, un objeto de culto sobre la tierra. Jamas la nube mas lijera
alteró la serenidad de su amor lleno de fidelidad y de confianza para
la compañera de su vida. Su trato era festivo, fácil é insinuante. Se
ganaba instantáneamente el corazon de cuantos le trataban. Poseia en
el mas alto grado el dominio de sí mismo. Vivia siempre ocupado; y
cuando no trabajaba mentalmente; tenia el antiguo hábito de recitar
los innumerables versos latinos, franceses é italianos, ingleses y
españoles que conservaba en su memoria privilejiada. No amaba la
música; pero en compensacion, era apasionado por la pintura y el arte
plástico. No conocia otros pasatiempos que los que le proporcionaban
sus libros y sus estudios.
Como hombre público, brillaba por su talento, por su erudicion poco
comun, por su carácter recto y leal. Partidario ardiente de la
libertad, del órden y de la ley, consagró sus facultades eminentes en
todo su vigor á la defensa de la verdad, sublevando la opinion pública
contra el despotismo sangriento y bárbaro que habia sojuzgado á su
patria. Reformó la prensa del Rio de la Plata, proscribiendo de ella
la procacidad del lenguaje, la personalidad y el insulto, y haciéndola
una cátedra de crítica decorosa, de enseñamiento moral y de discusion
templada y racional. Sus armas fueron la verdad,--la verdad ante
todo!--el exámen concienzudo de los hechos, y una aspiracion constante
al progreso y al bien. Tolerante, conciliador y humano, aceptó todo
concurso que tendiera á la paz y á la felicidad de su patria; no
reconoció mas que dos enemigos dignos de su odio:--Rosas y Oribe; y
muy pocos dignos de su desprecio--los que por interés ó vileza seguian
sus banderas sangrientas. Mantuvo firme la suya que era de honor y de
justicia;--al pié de ella fué sacrificado á la iracunda impotencia del
vencido.
LUIS L. DOMINGUEZ.
NOTA:--El escrito que antecede no es mas que una série de fragmentos
tomados testualmente, con escepcion de pocos renglones, de la Biografia
del Dr. Varela escrita para la _Galeria de Celebridades Arjentinas_.
_L. D._
OBSERVACIONES CONTRA EL PROYECTO DE LEY
_Presentado por el Gobierno á las Cámaras, sobre la moneda de cobre._
MONTEVIDEO--1830.
Si es del mayor interés, en los paises republicanos que todos los
ciudadanos tomen parte en la discusion de los negocios que dicen
relacion á la gloria, la prosperidad, y el bien estar de la Nacion; si
es cierto que todos deben contribuir, en cuanto esté de su parte, á que
se adopte una innovacion, cuyos resultados pueden ser favorables; ó á
que se rechace otra, que indudablemente produciria efectos perniciosos;
nunca es mayor aquel interés, nunca mas rigoroso este deber, que cuando
se trata de examinar y discutir una medida, que afecta directamente á
todos los individuos de la asociacion, de cualquier clase y condicion
que sean; que lo mismo ha de ser sentida por el capitalista, que por
el proletario, y que ha de decidir de la fortuna de aquel, como de
la subsistencia de este. Entonces puede ser criminal la indolencia
de los ciudadanos, si no procuran contribuir á ilustrar la materia;
y merecerian sufrir los males que resultasen de la adopcion de una
medida, á cuya discusion habian renunciado.
El deseo de cumplir con este deber, del modo que nos sea posible nos ha
impulsado á tomar parte en el exámen de una cuestion de cuya resolucion
están hoy pendientes los ánimos de todos.
Mucho tiempo hace que el descrédito progresivo de nuestra moneda de
cobre ha llamado la atencion de las autoridades, y de los ciudadanos;
unas y otros se ocupan, de algunos meses á esta parte, en meditar los
medios mas á propósito para arrancar de la circulacion un agente, cuya
accion amaga constantemente la prosperidad nacional, minándola en sus
cimientos, y cegando las fuentes de la riqueza pública. La naturaleza
del mal exijia medidas enérgicas y urgentes; y los ciudadanos esperaban
con ansia que las autoridades se pronunciasen, de un modo decisivo,
sobre asunto tan importante.
En esta espectativa, apareció en todos los diarios el proyecto de ley,
presentado por el Ejecutivo á las Cámaras, el 22 del corriente, y su
aparicion ha dado lugar á nuevas, y mas agitadas discusiones; le miran
unos como un medio de salvar al pais de la crísis que le amenaza,
mientras otros le consideran como el mas eficaz para acelerarla, y
hacerla mas ruinosa; y todos se esfuerzan en demostrar su utilidad ó
sus desventajas: nosotros (lo decimos desde ahora) pertenecemos al
número de los que creen que el proyecto está muy léjos de producir los
efectos que se deseaban; algo mas, de los que le miran como una fuente
de males para el pais, en caso que llegue á convertirse en una ley.
En el curso de este escrito, vamos á desenvolver las razones en que
fundamos nuestra opinion. Procuraremos hacerlo de modo que todos nos
entiendan; huirémos de las teorías, para fijarnos en consideraciones
prácticas, que dén mayor fuerza á nuestros raciocinios. Si alguna
vez es preciso, los apoyarémos en las doctrinas de hombres versados
en estas materias, siempre que pueda hacerse una aplicacion exacta
de ellas. Como nuestro único objeto es convencer, no usaremos otro
lenguaje que el de la razon y la lógica; nos esforzaremos en hacer
palpables los resultados de la medida que se propone; y habremos
conseguido cuanto deseabamos, si una sola de nuestras ideas puede
contribuir á producir un bien, ó á desterrar un mal.
Llamamos, sobre todo, la atencion del gobierno, y de ambas Cámaras,
á las razones que vamos á desenvolver; les suplicamos que las pesen
detenidamente, antes de ocuparse en la discusion del proyecto: porque,
aunque no tenemos la pretension de enseñar, sabemos que es muy fácil
que escapen á la imaginacion de unos, las ideas que se presentan á la
de otros. Ya el Ejecutivo, en la nota con que acompaña su proyecto,
ha manifestado que no es indiferente á los clamores de la opinion
pública: allí ha dicho, que _ha tenido muy presentes las observaciones
que de algun tiempo acá, se manifiestan por la prensa_; y nosotros
tenemos derecho á esperar que se tomen en consideracion las nuestras:
porque estamos persuadidos á que "se hace á los gobiernos un servicio
útil, cuando se les indican recursos realmente fecundos é inagotables,
ó se les aleja de los facticios y funesto."[3] Si conseguimos lo
segundo, procuraremos indicar lo primero, proponiendo algunas bases
que sostituyan con ventaja las del proyecto en cuestion. Esto produce
necesariamente una division de nuestro trabajo en dos partes. 1.ª
Observaciones sobre el proyecto del Ejecutivo: 2.ª Bases que pudieran
sostituirse á las que en él se proponen. Entraremos ya en materia, sin
mas explicaciones. ¡Ojalá nuestra tarea pueda ser de alguna utilidad!
[3] J. B. Say, _Trat. de Econ. Polit._, lib. 1, cap. 21, § 5.
PRIMERA PARTE.
OBSERVACIONES SOBRE EL PROYECTO DE LEY.
Desde que la inquietud producida por el descrédito de la moneda de
cobre empezó á causar trastornos perjudiciales en el comercio, era
indispensable la adopcion de una medida que remediase este mal, á cuya
trascendencia no puede fijarse límites.
La base de esta medida, cualquiera que se adoptase, no podia ser otra,
que la completa extincion de aquella moneda; base en que todos están
conformes porque no hay uno que no conozca los peligros con que nos
amenaza este medio circulante. Una moneda, que, por una multitud de
circunstancias combinadas, ha dejado de ser _un signo representativo
de los metales preciosos_, único destino que debia tener,[4] y ha
venido á hacer el mismo servicio que ellos, sin poseer ninguna de sus
cualidades; una moneda, que, ocupando el mismo lugar que el oro y
la plata, no está garantida por nadie, que haya prometido cambiarla
á la vista como deberia ser[5], ni ofrece en su peso un valor real
proporcionado á su valor escrito; esta moneda, decimos, no puede
ménos de ser una causa constante de ruina; y es preciso desterrarla á
todo trance. Bien conoció el Ejecutivo que esta debia ser la base de
cualquiera operacion que propusiese á las Cámaras; ó, mas bien, que
este era el objeto principal que debia tener en mira: y así es que á
esto se dirije su proyecto segun se vé en el artículo 11, que dispone
que, al cabo de tal tiempo, _no circulará, como moneda, en el Estado,
el cobre del Brasil_.
[4] Las piezas de cobre no son propiamente moneda;.... son una
especie de cédula de crédito, ó de signo, que representa una
porcion de plata, demasiado pequeña para acuñarla--(_Say, Trat. de
Econ. Polit. lib. 1.° cap. 21. §10._)
[5] Como cédulas de crédito que son las monedas de cobre, deberia
el gobierno que las pone en circulacion, cambiarlas por plata,
en el acto que se le presentasen, siempre que se las llevasen en
número suficiente para igualar una pieza de plata; único medio de
asegurarse de que no quedan en manos del público, sino las que son
necesarias para los cambios--(_Id. id._)
Convenimos, pues, con el gobierno y con todos, en esta base principal.
Pero ¿los medios que el proyecto propone son á propósito para
conseguir el objeto que se desea? ¿Sancionado él, desterrará de la
circulacion el cobre del Brasil? Y si le destierra ¿no será causando
á la riqueza nacional perjuicios enormes, que no podrá ella soportar
sin aniquilarse? ¿Los medios que el gobierno propone son de tal
modo esclusivos, que sea preciso adoptarlos, á pesar de todos sus
inconvenientes, porque no haya otros de que echar mano? Esto es lo
que vamos á examinar, resolviendo negativamente estas cuestiones; y
nos lisonjeamos de que nuestra opinion será la de la mayoria de los
ciudadanos.
A pesar del poco enlace que guardan entre sí los artículos del
proyecto, los analizaremos uno á uno, del modo mas completo que nos sea
posible. El primero dispone que--
_Por el término de seis meses, cuando ménos, ó de nueve; cuando mas,
á contar desde el dia en que se publique esta ley, se admitirá en las
oficinas de recaudacion, por pago de derechos de introducciones, la
mitad en moneda de cobre, y la otra mitad en plata ú oro, por el valor
de sus sellos._
El primer vicio que se presenta en este artículo, vicio que es comun
á todo el proyecto, es la incertidumbre del periodo en que él ha de
empezar á tener efecto. En las operaciones de hacienda, de cualquier
naturaleza que sean, es indispensable que todo sea fijo y determinado;
y mucho mas, cuando ellas importan una innovacion, que necesariamente
obliga al comercio á arreglar sus pagos bajo un nuevo sistema, como
sucede en el caso presente. En esta clase de operaciones no puede
haber mas ni ménos; todo lo que no sea determinado é invariable, es
muy espuesto á producir todos los males que resultan al comercio de
no tener datos seguros para sus cálculos; de no poder arreglar los
negocios, con la confianza de que, en tal periodo precisamente, ha de
empezar á cumplirse una nueva ley, que le impone nuevos deberes. Nos
esplicarémos.
Hoy está el comerciante obligado á pagar sus derechos de introduccion
en moneda de plata, por el valor de sus sellos; y los acreedores del
Estado son pagados todos del mismo modo; entrando solamente el cobre
por el valor de un dos por ciento, y en las transaciones menores[6].
Mas el proyecto propone que se paguen estos derechos la mitad en plata
y la mitad en cobre; y fija para esto _seis ó nueve_ meses. Sancionado
que sea él, ¿como sabrá el comerciante y el acreedor del Estado cual de
los dos periodos elejirá el gobierno para empezar á cumplir la nueva
ley? ¿Como tomará sus medidas el primero para proveerse con tiempo del
cobre necesario para pagar los derechos; y el segundo las suyas para
dar destino á la moneda desacreditada que reciba en pago; si ni el
uno ni el otro saben con certeza el dia para que deben arreglar sus
cálculos? Necesariamente esta incertidumbre ha de ponerlos en una gran
confusion, ha de introducir una gran desconfianza en las operaciones
mercantiles; ha de exponer á todos á mil engaños perjudiciales; porque
mediando un periodo de tres meses, nada ménos, entre los dos plazos
fatales, ninguno podrá entrar con seguridad en una especulacion
extranjera como que no puede saber, si, en llegando sus mercancias á
puerto, habrá de pagar los derechos en plata, ó por mitad en cobre.
Todo esto es de una evidencia palpable; y cualquiera que tenga las
primeras nociones del comercio, sabe bien que nada puede emprenderse,
sin peligro, cuando no hay datos fijos para calcular.
[6] Ley de la Asamblea de 11 de julio de 1829.
Mucho podriamos extendernos en demostrar los perjuicios que esta
incertidumbre en las operaciones mercantiles acarrearia á todos los
consumidores de géneros de importacion; pero nos contentamos con
apuntar la idea porque es muy fácil concebirla en toda su extension; y
seguiremos examinando el artículo primero del proyecto.
Del mismo modo que no atinamos con las razones que hayan decidido
al gobierno á fijar dos plazos para empezar á cumplirse la ley que
propone, tampoco podemos concebir cuales son los resultados útiles
que espera de la medida que encierra este artículo. La hemos meditado
detenidamente, y solo hallamos que ella es diametralmente contraria al
objeto que se procura. No nos olvidemos de que este es la extincion de
la moneda de cobre. Bien, pues; el artículo primero, ni por sí solo,
ni combinado con los demas, puede propender á extinguirla; porque las
cantidades de cobre que, en fuerza de él, reciba el gobierno, en pago
de derechos, saldrán de sus arcas, para volver á la circulacion, en
virtud del artículo 13, que dispone que el gobierno hará sus pagos
en la idéntica proporcion que cobra los derechos. En consecuencia,
sancionado este artículo, permaneceria en circulacion cuando ménos, la
misma cantidad de cobre; y decimos cuando ménos, porque aun nos falta
que demostrar que circulará mucho mas.
Pero, si el artículo es inútil bajo este punto de vista, no lo es ménos
si se crée favorecer con él al comercio. En efecto, al comerciante
importa casi lo mismo pagar los derechos en plata que en cobre, (se
entiende cuando sabe con seguridad que ha de pagarlos en tal especie
determinada); porque, si los paga en plata, sus efectos se aforan
en esta moneda; y si en plata y cobre por mitad, el aforo se hace
guardando la proporcion del valor de ambas monedas, de modo que el
resultado siempre es igual para el introductor.
Es visto, pues, que el artículo primero ningun resultado útil puede
producir, ni en beneficio del comercio, ni para estinguir la moneda
aborrecida. Pero léjos de estinguirla, favorece poderosamente su
aumento; y en este concepto, el artículo es perniciosísimo. Vamos á
probarlo á la evidencia.
Nadie negará, al ménos con razon, que la moneda es una mercancia, como
todas las demas, sujeta á las mismas leyes, "y cuyo valor se determina
tambien por la proporcion que se encuentra entre su cantidad ofrecida
y su cantidad demandada"[7]; ó, lo que es lo mismo, que "su valor se
aumenta en razon de la necesidad que hay de ella, combinada con su
abundancia."[8] Tampoco podrá negarse que toda mercancia, inclusa la
moneda, acude mas á aquel mercado donde mas se necesita; y que todo
jénero es mas necesario, cuanto son mas multiplicados los usos que
de él se hacen. De estos principios invariables, y que son un axioma
para todos, resulta necesariamente este otro: que en el momento que se
destina un jénero cualquiera á un uso que antes no tenia, ese jénero
es mas solicitado, y por consiguiente acude mas al mercado donde se
necesita. Hagamos ahora la aplicacion de estos principios.
[7] Storch, _Curso de Econ. Polit._ lib. 5, cap. 6.
[8] Say. Lib. I. cap. 21, § 3.
En virtud de la ley de 11 de Julio del año anterior, nuestra moneda de
cobre ha dejado de usarse en el pago de los derechos de introduccion;
y por consiguiente tiene un empleo ménos que antes, y un empleo de
aquellos en que mas se consumia: esto ha hecho necesariamente que
aquella moneda sea ménos solicitada; y que falte un estímulo poderoso
para introducirla. Pero el artículo 1.° del proyecto manda que la
mitad de los derechos de introduccion se paguen en cobre; y desde ese
momento restablece la moneda que quiere estirpar en un empleo que ya
no tenia; quiere arrancarla de la circulacion, y la abre un canal
nuevo y espacioso para que circule; quiere darla un golpe de muerte,
y aumenta y fortifica los resortes que la hacen vivir. Sancionado el
artículo que combatimos, necesariamente habrá mayor demanda de cobre;
será mas solicitado en una cantidad igual á la mitad de la suma total
de los derechos de introduccion; y esta nueva demanda, escesiva sin
duda, tan léjos de excluir de la circulacion aquella moneda, la dá mas
valor del que hoy tiene; y ofrece al extranjero un nuevo y poderoso
aliciente para introducirla. Si alguno dudase de que la medida que
atacamos daria mas valor al cobre, fijese en lo que pasa con él en el
dia. Nunca ha sido mayor el valor de los patacones y las onzas respecto
del cobre, ó menor el del cobre respecto de la plata y el oro, que en
los últimos meses. ¿Y porqué? Porque en los últimos meses, el cobre
perdió enteramente el empleo que tenia en el pago de derechos; dejó
por esta razon, de ser tan solicitado; la cantidad que se empleaba en
aquel uso, distrayéndola de los demas que tiene la moneda, volvió de
golpe á recargar la circulacion; abundó mas, se buscó ménos, y bajó de
precio. Mas si ahora se la vuelve á emplear en el pago de derechos, se
efectuará necesariamente la operacion contraria; y el cobre adquirirá
mas valor.
Desde el momento que le tenga, el extranjero halla un estímulo mas para
introducirle: todos los especuladores del Brasil sobre esta plaza,
tienen un nuevo empleo que dar al cobre en el pago de derechos de los
efectos que introduzcan; y puede asegurarse, sin temor de engañarse,
que el dia en que empezase á cumplirse este artículo de la ley, ese
mismo empezaria á aumentar la cantidad de cobre circulante, y este
aumento seguiria progresivamente.
¿Habrá alguno tan preocupado, que nos oponga el argumento de que está
prohibida la introduccion de cobre del Brasil? No lo creemos; pero
si alguno hubiese, le desmostrariamos su error del mismo modo que el
que probó que habia movimiento, echando á caminar: le diriamos que á
pesar de la prohibicion de introducir cobre del Brasil, circulan en
esta plaza millares de monedas de este metal, acuñadas en el año que
va corriendo, no solo lejítimas, sino tambien falsificadas, que aun es
peor: les diremos que en todos los puertos del Brasil se introducen
por contrabando miles de pesos en cobre falsificado; les mostrariamos,
al lado de los ejemplos de todas las naciones que han prohibido la
introduccion ó estraccion de alguna moneda, y han sido burladas, el
ejemplo de la España, que castigaba con la pena capital la estraccion
de un peso fuerte, fuera de su territorio; y se estraian millones
anualmente, por que las minas opulentas de Méjico vaciaban en las
arcas de Madrid muchísimo mas numerario del que se necesitaba para la
circulacion; y el sobrante buscaba salida, á pesar de la amenaza del
patíbulo.
Hemos demostrado que el artículo del proyecto, léjos de contribuir
á desterrar la moneda de cobre, propende directa é inmediatamente á
darle mas crédito y valor, y á aumentar su cantidad, estimulando la
introduccion. ¿Como podrán, pues, las Cámaras autorizar con su augusta
sancion, una medida directamente contraria á lo que reclama el interés
general, y al objeto mismo que se propone el gobierno, al presentarlas
el proyecto de ley? Esperamos que estas razones podrán algo sobre el
ánimo de nuestros legisladores; y pasamos á ocuparnos del artículo
segundo.
Su texto es el siguiente:--
_El pago de derechos, en los frutos y efectos de extraccion se hará con
arreglo al decreto de la H. A. fecha 11 de Julio de 1829, reducida la
moneda de cobre á un 2 por ciento en las transaciones mayores._
Este artículo, que por sí solo nada importa; pues no es otra cosa que
la confirmacion de la ley que en él se cita, y que está vijente; es,
en nuestro sentir, una irregularidad que sorprende, si se le combina
con el que acabamos de analizar. En efecto, el artículo 1.° manda
pagar mitad en plata y mitad en cobre, los derechos de introduccion;
es decir, de efectos de produccion y fabricacion extranjera; y el
2.° manda pagar solo en plata [ménos el 2 por ciento], los derechos
de exportacion; es decir, de los frutos de produccion ó fabricacion
nacional. He aquí una combinacion extraordinaria: una ley destinada á
alijerar los impuestos sobre los productos extranjeros, y á conservar
los que gravitan sobre los productos nacionales. No acertamos con
el objeto que el gobierno se propone con esta medida. Entretanto es
indudable que nuestros cueros, nuestra crin, nuestras astas, &a.,
quedan de peor condicion que los tejidos, los caldos y la quincalla
del extranjero. La razon es clara. Si el extranjero, que introduce
paños, pagando sus derechos en plata, puede vender en nuestro mercado
la vara de aquel tejido á siete patacones, por ejemplo, y el hacendado
nacional que extrae cueros, puede vender al extranjero cada uno en
igual cantidad, pagando los derechos tambien en plata; sancionado el
proyecto, el extranjero podrá vender su vara de paño en tanto ménos de
los siete patacones, cuanto sea el ménos valor que paga de derechos,
á causa de la diferencia del cobre respecto de la plata; mientras
que el hacendado nacional, que, podia vender el cuero en tanto mas
de siete patacones, cuanto ménos derecho tuviese que pagar el que ha
de estraerlos, si los pagase en cobre, no puede aprovecharse de esta
ventaja, de que se aprovecha el extranjero.
Repetimos que no podemos acertar con el objeto que el gobierno se
ha propuesto en este artículo; y, si, como hemos demostrado, él es
perjudicial porque favorece la industria extranjera, gravando la
nacional, es completamente inútil para lograr el fin que se tiene
en mira, de estinguir la moneda de cobre del Brasil. Nosotros, por
lo ménos, no vemos de que modo pueda influir este artículo es aquel
resultado; y creemos que nadie podrá demostrarlo. Juzgamos innecesario
decir mas sobre él, y vamos á ocuparnos de los siguientes:
3. _Queda autorizado el gobierno para que, si lo estima necesario,
establezca una caja recaudadora del cobre que debe separarse de la
circulacion._
4. _Lo está igualmente para determinar el modo y forma de la extraccion
de dicho cobre; valorar el cambio á que deba recibirlo la caja, si
se establece, y estipular el premio y comisiones que necesita la
operacion._
He aquí dos artículos que una vez sancionados, producirian la mas
funesta ajitacion en todos los tenedores de la moneda de cobre,
introducirian alteraciones indefinidas en todos los valores, trabarian
toda clase de especulaciones, y convertirian las vias fáciles y
conocidas del jiro mercantil en un laberinto enredado y confuso, del
que no saldriamos, sino á costa de la riqueza nacional.
Sorprende, á la verdad, ver al Ejecutivo proponer á los legisladores
del pais una ley, sobre materias tan delicadas como todas las de
hacienda, concebida en los términos mas vagos, mas indeterminados, mas
sujetos á variaciones de toda clase. La ambigüedad de las palabras es
un vicio capital en toda ley, aun en las ménos importantes, porque
abre la puerta á las interpretaciones, y á su diferente aplicacion.
¿Y qué se dirá de una ley sobre materias que tienen por base la
confianza pública, propuesta en momentos de una gran ajitacion, con
el objeto de calmarla; y que deja abierta la puerta á toda clase de
interpretaciones, á todo jénero de dudas, á variaciones sin término, á
incertidumbres y desconfianzas sin límites? La confianza pública es la
piedra fundamental sobre que han de levantarse todas las operaciones
de hacienda: ya un célebre escritor la llamó, la madre del crédito;[9]
y toda medida tomada en estas materias, que no inspire una confianza
ciega, es una fuente de trastornos. Esto sucede con los artículos 3. y
4. del proyecto.
[9] _Le crédit est l'enfant de la confiance_--Hennet: _Théorie du
crédit public_; lib. 1.° cap. 3.
El primero autoriza al Gobierno para establecer, ó no, _segun lo crea
conveniente_, una caja recaudadora del cobre que debe separarse de
la circulacion. El establecimiento de esta caja, ¿es por ventura una
medida tan indiferente, que no merezca fijarse en la ley, y que pueda
sancionarse con el carácter de eventual? De ningun modo: porque el
establecerse ó no la caja importa el que haya ó deje de haber un medio
de amortizar la moneda peligrosa: ¿y cuantos trastornos no producirá
al comercio y á todos los tenedores de cobre la incertidumbre en
que quedan de si se amortizará ó no? Las especulaciones del primero,
los cálculos de los segundos, deben ser enteramente distintos, si el
cobre se amortiza de lo que serian en el caso contrario. Todos tienen
que arreglar de antemano sus negocios en un sentido, para el primer
caso; y en otro, diametralmente opuesto, para el segundo. ¿Como sabrán
pues, el modo con que han de arreglarlos, cuando ignoran si la caja
se establecerá ó no, si se verificará el hecho que debe ser la base
de sus cálculos? ¿Quien responde de los perjuicios que sufririan los
tenedores de esa moneda funesta, si, habiéndose preparado para el caso
de que la caja se establezca, el gobierno no la establece; y _vice
versa_? ¿Como pueden emprender nada con seguridad, si la ambigüedad de
la ley los expone á verse engañados en todos sus cálculos? Esto es de
suyo tan claro, que no necesita mas explicaciones: sin embargo, las
adelantarémos con un ejemplo.
Todos saben que el descrédito de las notas del banco de Buenos Aires
proviene de que no se pagan á la vista; si aquel establecimiento
prometiese el dia de hoy empezar á pagar sus billetes el 1.° de enero,
por ejemplo, ellos adquiririan inmediatamente mas valor en la plaza:
y las especulaciones se arreglarian con concepto á que aquel dia los
billetes debian valer tanto como el oro y la plata. Pero, si el banco
dijese á los tenedores de sus notas: "el 1.° de Enero empezaré, ó no,
segun me parezca, á rescatar mis billetes, cambiandolos por metálico".
¿Qué efecto produciria su promesa? Necesariamente una confusion
espantosa. Los billetes tendrian cada dia un valor distinto, segun la
mas ó ménos probabilidad que hubiera de que el banco los cambiase ó
dejase de cambiarlos; esta alteracion en el medio circulante produciria
la alteracion de todos los valores; ninguna especulacion podria hacerse
por que se ignoraria si lo que hoy se compró á 4, podrá venderse mañana
á 2; y he aquí perdida la confianza, aniquilado el comercio.
Lo mismo sucede con el artículo 3 del proyecto. Si la caja se
establece, subirá el precio del cobre, por que habrá quien lo cambie
por plata, quien responda de su valor: si no se establece, sucederá lo
contrario, la caja no podria hacer sus operaciones sino en los seis ó
nueve meses fijados en el artículo 1.°, porque al cabo de ellos ya
no debe circular el cobre segun el artículo 11. De aquí resultaria
necesariamente que en todo este periodo los tenedores de cobre no
podrian saber si su moneda valdrá hoy lo que valdrá mañana; nadie
podrá comprar á plazo de 8 dias, porque ignorará si, al ir á pagar un
género que hoy compró á 8, la moneda habrá adquirido doble valor, por
el establecimiento de la caja, y tendrá que pagar diez y seis, por lo
que solo vale la mitad. A este estado de incertidumbre ¿que otra cosa
puede seguirse, que un desaliento jeneral, un abandono completo de las
especulaciones mercantiles?
Pero no es este el solo vicio del artículo--_El gobierno establecerá
si lo crée necesario una caja recaudadora del cobre._ ¿Y cuales son
los fondos de esta caja? ¿Cual es el capital con que ella haria frente
á sus compromisos, una vez establecida? Si registramos los trece
artículos del proyecto, en ninguno vemos que se la destinen fondos para
el caso que se establezca. Supóngase que llega este caso: si la caja es
para recaudar el cobre, no puede hacer esta operacion sino cambiándole
por plata ú oro; pues el nuevo cobre nacional solo empezará á circular
despues de los seis ó nueve meses; y entonces ya no circulará el del
Brasil. Bien, pues, si la caja se establece, en este mero hecho el
gobierno promete á los tenedores de cobre cambiárselo por plata ú oro,
como hace un Banco con sus notas: ¿y cual es el capital que tiene
la caja para cumplir esta promesa? ¿Que fondos se le han destinado?
Ningunos. ¿Y que confianza podrán inspirar las promesas del gobierno,
cuando nadie vé el capital con que han de cumplirse? ¿Quien la tendria
en un Banco, si no supiera que sus accionistas han depositado en él
una suma de valores reales, que forma el capital con que han de hacer
frente á sus compromisos? Son tan obvias estas reflexiones, que no
podemos concebir como hayan escapado á la penetracion del Ejecutivo.
El no puede desconocer que su caja recaudadora seria un establecimiento
de crédito; ¿y como entonces le propone sin designarle fondos? En
establecimientos de esta clase, el capital es lo primero á que se
atiende, como que él es su base única y su único sosten. El modo de
sus operaciones importa poco, como haya capital con que hacerlas y
mantener ileso el crédito. Uno de los escritores mas respetables en
esta materia, el caballero Hennet, dice: que para inspirar confianza,
y obtener crédito por ella, es preciso, entre otras condiciones, tener
"un primer fondo de riqueza, que pueda garantir, sino el todo, al ménos
una parte de los compromisos que se adquieran"[10]. Este primer fondo de
riqueza, este capital de los establecimientos de crédito, es siempre
indispensable; y no basta tenerlo, sino que es preciso que todos
sepan que se tiene, que todos estén persuadidos de que él no puede
faltar por ningun motivo, sin cuya seguridad no habrá confianza en el
establecimiento y por consiguiente, él no tendrá crédito. Por esto es
que siempre que los gobiernos han establecido cajas de amortizacion,
con cualquier objeto que sea, lo primero de que han cuidado ha sido
de destinar en la misma ley que las establece una parte fija de las
rentas para capital de la caja: y solo así han logrado sostenerlas con
utilidad y con crédito.
[10] Théorie du Crèdit Publique. L. 1. c. 3.
Es visto, pues, que la caja, cuya creacion se propone por el gobierno
nunca podrá tener mas que el nombre de tal, sin que pueda hacer
servicio alguno, por falta de fondos; y que esta falta producirá
necesariamente la desconfianza, que es la muerte del comercio. Sigamos
nuestro análisis.
Esta caja, dice el art. 3, recaudará el cobre, _que debe separarse de
la circulacion_. ¿Y como se separa? ¿De que modo va á hacer la caja sus
operaciones? ¿En que periodos ha de ir rescatando el cobre que circula?
¿A que precio ha de pagarlo? ¿Qué circunstancias son las que han de
determinar este precio? Todas estas cuestiones son de una importancia
vital para los tenedores de cobre, y todas debian estar resueltas en
la ley, á la manera que al establecer la caja que ha de amortizar
un emprestito, se fija el valor de los billetes, se les señala un
interés, se designan los periodos de la amortizacion &a. En efecto, los
tenedores de aquella moneda necesitan saber de que modo ha de salir
de sus manos para ser comprado por la caja; para que plazos deben
tenerla acumulada, separandola de su jiro, con el objeto de cambiarla;
á que precio se les ha de pagar, para calcular si les conviene mas
venderla á la caja, ó darla otro jiro; y por último, que causas han de
producir alteraciones en el precio que pague la caja, para arreglar,
en consecuencia, sus cálculos. Todo esto necesita saber el tenedor del
cobre: ¿y como le satisface el proyecto? Léase el art. 4.
_El gobierno queda igualmente autorizado para determinar el modo y
forma de la estraccion de dicho cobre, valorar el cambio á que deba
recibirlo la caja, si se establece, y estipular el premio y comisiones,
que necesita la operacion._
¡De este modo satisface el proyecto las ansiedades de los tenedores
de cobre! ¡Cuanto desórden en una sola determinacion! Desde luego, el
público, no solo tiene que sufrir la incertidumbre de si se establecerá
ó no, esta caja, no solo tiene que mantenerse en una perpétua
desconfianza por su falta de capital, sino que tambien debe ignorar
el modo y la forma de sus operaciones, cuando esta debia ser la base
para arreglar las suyas. Todo queda al arbitrio del gobierno, que puede
establecer hoy una forma y mañana otra, sin que los tenedores puedan
tomar ninguna como base fija de sus cálculos. ¡Qué modo de inspirar la
confianza, madre del crédito! ¡Qué medios para calmar las inquietudes y
zozobras que causa el cobre á sus tenedores!
Pero aun esto es nada. El mismo artículo deja al arbitrio del gobierno
_valorar el cambio á que la caja deba recibir el cobre_. Esta
disposicion es el colmo de las ajitaciones, y de los trastornos. ¿Como
se crée que la caja recaudadora pueda tener ni la sombra del crédito,
cuando no solo es incierta la forma y los periodos de la amortizacion,
sino que tambien es discrecional el precio á que ha de amortizarse? El
escritor que acabamos de citar dice (y no hay como dudarlo) "que no
puede haber crédito, sin la mayor exactitud en llenar los compromisos
que se contraigan _en la hora, en el minuto, sin la menor dificultad,
sin el mínimo retardo_." Solamente de este modo puede tranquilizarse al
acreedor de la caja, que en nuestro caso seria todo tenedor de cobre:
solo así se le puede dar seguridad para sus cálculos, fomento para sus
especulaciones.
Pero el proyecto no solo no fija periodo alguno para llenar sus
compromisos, no solo no ofrece garantias de hacerlo sin dificultad
ni retardo, sino que deja al administrador de la caja la facultad de
imponer la ley á los tenedores del cobre sobre el precio á que han de
cambiarle. Desde que esto se llevase á efecto, todos los valores del
mercado quedarian sujetos á ser diariamente alterados, á voluntad del
gobierno. Muy fácil es demostrarlo.
Por supuesto que la caja recaudadora jamas podrá hacer sus operaciones
como las hacen las cajas de amortizacion, comprando la especie
amortizable al corriente de plaza. Esto puede hacerse con los billetes
de crédito público, porque, representando ellos, en manos del tenedor,
el capital que éste ha prestado, le producen un interés mensual; y este
interés es el que los convierte en un efecto mercantil, cuyo valor sube
ó baja, segun es mayor ó menor el número de personas que quieren tener
su capital prestado á interés, y los compran por este motivo. La alta ó
baja en el valor de estos billetes siempre _es libre_, y se determina
por la cantidad ofrecida y la cantidad demandada: de modo que tienen
un precio corriente, al que puede comprarlos la caja de amortizacion.
Pero esto no puede hacerse con nuestra moneda de cobre. Como que ella,
en manos del tenedor, no representa su capital prestado á interés, sino
que es el propio capital, la alta ó baja de su valor no es efecto de un
jiro parecido al que se hace con los billetes, sino del descrédito que
sufre; y por consiguiente, no tiene, como aquellos, un valor corriente
á que la caja pueda comprarla. Esta fijará, pues, el precio de su
amortizacion, como lo propone el proyecto, á voluntad del Ejecutivo.
Desde ese momento, el precio á que la caja pagase el cobre, seria
la medida de su precio en el mercado; por que si la caja pagase un
patacon, por ejemplo, por cada tres pesos de cobre nadie venderia
por ménos sus patacones, sopena de perder al volver á comprarlos en
la caja. Es, pues, indudable que el precio que esta pagase seria el
del cobre en el mercado; pero el gobierno puede valorar ese precio
á su arbitrio; puede pagar hoy al cuarenta por ciento, mañana al
20, pasado mañana al 30, y variar así cada dia; y por consiguiente á
iguales alteraciones estaria sujeto el precio del cobre en el mercado.
Mas, como esta es la moneda en que se hacen hoy los pagos todas las
demas mercancias seguirán en sus valores las mismas oscilaciones que
la moneda con que se las compra. Y entonces ¿quien podrá especular
con seguridad en jénero ninguno? Cuantos perjuicios no sufririan
los productores de todo jénero, que empleando hoy su capital le
encontrarian mañana disminuido? ¿Cuantos no tendrian que sufrir todos
los consumidores en virtud de las alteraciones de los valores de los
efectos que consumen? La imaginacion se pierde en este caos; y nosotros
creemos que lo que hemos dicho basta para demostrar á la última
evidencia que los artículos 3 y 4 del proyecto serian ruinosísimos
para el pais porque trastornarian completamente el jiro, introducirian
la desconfianza y el desaliento, y matarian al comercio. Las razones
que hemos aducido son de tal modo evidentes que no dudamos de que
las cámaras conociendolas mejor que nosotros, rechazarán aquellos
artículos--Analizemos el 5.°
_Para sufragar toda clase de quiebras, y los gastos que pueda ocasionar
la extraccion del cobre, se cargará un 10 por ciento el pago de
derechos á la introduccion de muebles de lujo, y demas artículos_ _que
afectan la industria y agricultura del Estado._
Nos es muy estraño el ver que aun hoy se equivoquen tanto los gobiernos
acerca de las reglas que deben seguir en la imposicion de los derechos.
Ya no hay quien no reconozca como un axioma, que, cuanto mas se
recargan aquellos, tanto mas se promueve el contrabando: resultando de
aquí que las rentas se disminuyen en lugar de aumentarse. Los ejércitos
de guardas con que la Inglaterra ha guarnecido sus costas, las penas
terribles impuestas al contrabando, no impiden que se haga, por el
valor de millones de pesos anuales, ni han sido parte á prohibir que
en todas sus mesas se beba el vino de Burdeos, cuya introduccion se
prohibia con penas severísimas. El ejemplo que hemos citado de la
España, y las tablas que presentariamos, si el tiempo no nos urjiese,
de la diminucion que han sufrido las rentas de todos los Estados,
á proporcion que han aumentado sus derechos, probaria á la última
evidencia que tal es el resultado inevitable de esos aumentos. El
artículo, pues, que analizamos, producirá tambien este efecto tanto
mas cuanto él recarga los derechos precisamente sobre artículos de
lujo, es decir, sobre aquellos que, por su poco volúmen, se prestan
admirablemente al contrabando. Una caja de alhajas, que valga algunos
miles, se introduce en una faldriquera. No hay que dudarlo; si este
artículo se sancionase, el Estado perderia en lugar de ganar; porque
se harian clandestinamente las introducciones que hoy se hacen por la
Aduana.
Pero él adolece, á mas, de otro vicio, que hace su ejecucion muy
peligrosa. Se recargan los derechos sobre muebles de lujo, y _demas
artículos_ que afectan la industria y agricultura del Estado. Esta
determinacion es en extremo vaga, y sujeta á mil interpretaciones.
¿Quien ha de clasificar los artículos á quienes la ley comprende?
Son tantos y tan varios los que pueden afectar nuestra industria y
agricultura, que es imposible dejar de enumerarlos en la ley, sino se
quiere dar lugar á abusos perjudicialisimos.
Pero aun cuando ese artículo no produjese resultados contrarios á los
que de él se esperan, aun cuando estuviesen designados los efectos que
se recargan, el aumento de las rentas que él produjese jamas podria
servir para sufragar las quiebras y gastos que traeria el extraer de la
circulacion la moneda de cobre.
Esta operacion, como hemos dicho, debe hacerse en los seis ó nueve
meses fijados por el proyecto; y en este periodo, por consiguiente,
es preciso subsanar aquellas quiebras, y cubrir aquellos gastos.
Pero el art. 6, cap. 3, de la ley de Aduana dispone que "no podrá
hacerse innovacion á ella, sin que sea sancionada y publicada _seis
meses antes de su ejecucion_." En virtud de esta disposicion, cuya
moral é importancia nadie puede desconocer, el recargo de derechos,
que establece el proyecto no empezaria á llevarse á efecto, ni á
aumentarse por él las rentas, hasta seis meses despues de su sancion,
es decir, en el mismo periodo en que debe hacerse la amortizacion del
cobre, y en que han de tener lugar esas quiebras y esos gastos, que el
gobierno quiere subsanar, con el aumento de derechos.
Resulta, pues, que el artículo 5 no puede, de modo alguno, contribuir
al objeto de desterrar la moneda de cobre, á ménos que se revoque, en
su obsequio, el 6 de la ley de Aduana; y á fé que el primero no merece
el sacrificio del segundo.
El artículo 6 del proyecto _autoriza al gobierno para enajenar
el terreno de las dos cuadras pertenecientes al convento de San
Francisco_; y nosotros creemos que no es este su lugar. La disposicion
que él envuelve, deberia ser objeto de una sancion separada, y
posterior á algunas otras. Este terreno, como algunas mas propiedades,
no es de propiedad pública, sino que pertenece á los regulares; y
estamos seguros de que las cámaras no darán al gobierno la autorizacion
que solicitan sin dictar antes una ley de reforma, que asegurase la
subsistencia de los regulares; y en cuya virtud sus propiedades,
pasasen á serlo del Estado. Mientras esta ley no exista, las Cámaras no
pueden autorizar al gobierno para disponer de un predio que no es de
propiedad pública; y en este concepto juzgamos impracticable el art. 6.
El valor de aquel terreno, dice el art. 7, _servirá á proporcionar la
moneda nacional en cobre, que debe empezar á circular, el primer dia
despues de concluidos los seis ó nueve meses_ &a.
O nos engañamos mucho, ó este artículo es muy bien calculado para
inspirar una gran desconfianza de que se realize la amonedacion del
nuevo cobre nacional. El interés personal jamas se equivoca, siempre
vela sobre todas las operaciones que le dicen relacion, examina
prolijamente los recursos de los gobiernos, los compara con sus
compromisos, y deduce las consecuencias que le han de guiar. Desde el
momento que el pueblo vea que el gobierno propone por únicos recursos,
para la empresa dificil y dispendiosa de sellar una nueva moneda, el
producto de dos cuadras de terreno, ya no puede creer que aquella
empresa se realice. Cada uno calcula primero el valor de ese terreno,
despues los costos que puede tener la compra de la materia de que ha
de fabricarse la moneda, los gastos de la amonedacion y demas; y de
esta comparacion deducen todos que el valor de dos cuadras de terreno
no puede hacer frente á gastos tan considerables como los que exije
una nueva fabricacion de moneda. No hay remedio, siempre que los
gobiernos presentan al pueblo recursos mezquinos para empresas grandes,
le muestran su debilidad, y le inducen á desconfiar. El célebre Mr.
Ouvrard prestaba cientos de millones á los soberanos de Europa,
contrataba por si los sesenta con que la Francia compró la evacuacion
de su territorio por los aliados; y sin embargo, se negó á prestar á
un soberano cinco millones, diciéndole _que el que pedia tan corta
cantidad mostraba bien que no tenia como pagarla_.[11] Esto es lo que
siempre sucede en casos semejantes; y á esta desconfianza dá lugar el
art. 6 del proyecto. El gobierno no puede dudar de que el valor de
las dos cuadras de terreno está muy léjos de bastar á los gastos que
demanda la emision de una nueva moneda: ¿por qué, pues, no pide tambien
autorizacion para emplear otras sumas, hasta la cantidad necesaria,
presentando un presupuesto y designando los ramos de las rentas de que
se sacarian aquellas sumas? Este era el único modo de que su operacion
inspirase la confianza, que él mas que nadie desea, por que conoce que
la necesita. Manifestado el inconveniente que presenta este artículo,
pasaremos á ocuparnos del 8.°; cuyo tenor es como sigue:
[11] _Memorias de Mr. Ouvrard._
_Esta moneda_ [el nuevo cobre nacional] _tendrá el valor
correspondiente á plata y se dividirá_ &a. El texto de este artículo
es muy oscuro. No sabemos si el gobierno quiere expresar que el nuevo
cobre nacional correrá con un valor igual al de la plata, es decir que
ocho monedas de á real de dicho cobre habrán de recibirse por un peso
fuerte; ó quiere dar á entender que el valor escrito de cada pieza será
igual á su valor real, al de la cantidad de cobre que ella tenga. Lo
primero no creemos; por que seria un error imperdonable en este siglo,
el pretender que una órden del gobierno pueda dar á la moneda el valor
que ella no tiene. Muchos lo han creido así, en la época en que no
se tenian nociones de la ciencia económica. Casi todos los gobiernos
de Europa han disminuido el valor real de sus monedas, dejándolas el
mismo valor escrito; y han ordenado que se reciban con la estimacion
que antes; pero no ha habido uno solo que no se haya visto burlado, por
que, siendo la moneda una mercancia como todas las demas, el que la
recibe por un género que vende, quiere recibir un valor igual al que él
entrega: y no admitirá por el mismo precio una pieza que tenga una onza
de plata fina, y otra que tenga media onza de plata y media de cobre,
aunque ambas se llamen _un peso_ y aunque se lo mande el gobierno. "Si
la fuerza, la habilidad ó circunstancias políticas extraordinarias,
han sostenido algunas veces el valor corriente de las monedas,
cuando su valor intrínseco ha disminuido, jamas ha sido sino por un
tiempo muy corto. El interés personal llega muy luego á descubrir si
la mercancia que recibe vale ménos que la que dá; y siempre halla
medios de librarse de las desventajas de un cambio desigual."[12] No
hay duda; siempre serán inútiles todas las medidas que tomen á este
respecto los gobiernos, si la moneda que se empeñan en protejer no
tiene efectivamente el valor que quieren darla: siempre el tenedor de
cualquier producto rehusará admitirla, en cambio de él, por mas valor
del que ella tenga en si misma; y como á nadie puede obligarse á vender
sus productos á un precio fijo, este subirá siempre, á proporcion del
ménos valor de la moneda en que ha de pagarse. El que vende una vara de
lienzo en un peso fuerte, realmente no hace mas que cambiar el lienzo
por una onza de plata fina: pero, si al peso se le mezcla media onza
de cobre, ya no habrá quien cambie la vara de lienzo por media onza de
plata solamente; y no hay leyes que sean parte á conseguirlo.
[12] Storch, _Cours d'Economie Politique_, part. 1, lib. 6, cap. 5.
Ya hemos dicho que la moneda es una mercancia como cualquiera otra,
cuyo valor se determina por las mismas leyes que el de todos los demas
jéneros; y á la manera que el gobierno no puede fijar el precio á
que han de venderse en el mercado las astas, el café, las muselinas,
tampoco puede fijar el de la moneda, que es una mercancia como ellas.
Si el nuevo cobre nacional no tiene un valor real equivalente al del
oro y la plata; ó si no representa ese valor, garantiéndole de tal
modo, que los tenedores del nuevo cobre estén seguros de que se les
cambiará por plata _en la hora en el minuto que se presenten_; entonces
serán indudablemente inútiles todos los esfuerzos de la autoridad para
que la moneda nacional se reciba con la estimacion de los metales
preciosos. Cuando se cambia sin repugnancia una onza de oro por diez y
siete pesos, es por que con aquella se puede comprar la misma cantidad
de productos que con estos. Pero si con un peso de la nueva moneda
nacional no se puede comprar una cantidad de productos igual á la
que se compra con un peso fuerte, nadie cambiará este por aquel: y
ciertamente no se podrá, si el tenedor del peso nacional no está seguro
de que la autoridad que le ha emitido, se lo cambiará por un peso
fuerte, en el momento de presentarle á ser cambiado.
De aquí resulta, que, para que el art. 8, pudiera tener cumplimiento,
en el sentido que le analizamos, seria preciso que el gobierno hubiese
designado en el proyecto el modo como garantiria el valor del cobre
nacional; por que solo esta confianza podrá hacer que se reciba con
estimacion: de otro modo, es inútil que lo mande, por que no será
obedecido.
Los principios que acabamos de desenvolver son ya tan familiares para
todos que temeriamos incurrir en la nota de pedantes, si insistiésemos
en demostrarlos. No podemos, pues, persuadirnos á que ellos hayan
escapado á la penetracion del gobierno; y por lo tanto no creemos que
el art. 8 del proyecto quiera decir que el nuevo cobre se recibirá
con la estimacion de la plata: por que, si realmente no merece esa
estimacion, no habrá poder humano que se la dé; y si la merece, no hay
necesidad de leyes para que la adquiera.
Si no es este, pues, el espíritu del art. 8, el quiere decir
necesariamente que el valor escrito del nuevo cobre será igual á su
valor real; esto es, que la cantidad de cobre que tenga cada pieza
valdrá en plata una cantidad igual á la que esprese el sello que se
le ponga. En este sentido, no trepidamos en afirmar que la medida que
propone el gobierno, á mas de ser casi imposible ejecutarla, seria muy
desventajosa para el pais; y vamos á demostrarlo.
Que seria casi imposible ejecutarla es una cosa bien clara, desde que
se advierta que para igualar el valor real, con el escrito, seria
preciso que una pieza de este metal que valiese un peso, pesase media
libra, cuando ménos. Este es un inconveniente gravísimo, sobre todo
en moneda destinada á los cambios menores, que cada uno necesita
llevar consigo á cada momento.[13] Esto lo conciben todos fácilmente,
sin necesidad de mas explicacion. Demostremos, pues, que la medida
que propone el artículo, en el sentido que la analizamos, seria
perjudicialísima para el pais.
[13] Le numeraire doit etre _d'un transport facile_; c'est-á-dire,
il doit représenter une grosse valeur, sous un petit volume.
Storch, _cours d'Econom. pol. part. 1.ª lib. 5, cap. 5._
Desde que el oro y la plata se han destinado al uso de moneda, ninguna
nacion de las que usa estos metales, la ha sellado de cobre, guardando
una proporcion exacta entre su valor intrínseco y su valor escrito:
todos los gobiernos que han emitido piezas de este metal, les han dado
únicamente el carácter de signos representativos del oro y la plata
como otras veces se efectúa con el papel. Este es el único uso que
se hace del cobre, y no puede hacerse otro sin pérdida. Busquemos la
prueba de esto en la misma operacion que propone el artículo 8 del
proyecto.
Para sellar la nueva moneda de cobre, es preciso comprar el metal al
extranjero, y pagarle los gastos del braceaje. Supongamos que van á
emitirse diez mil pesos en cobre, cuyo valor real sea igual al valor
escrito. Tendremos que pagar, por ejemplo nueve mil pesos en plata
por diez mil libras de cobre en planchas; y mil pesos en plata por
los gastos de amonedacion: si se ha de dar á la moneda de cobre la
proporcion que se quiere, las diez mil libras, despues de selladas,
valdrán el capital que por ellas dimos, y lo que pagamos por el
braceaje; es decir, que las diez mil libras de cobre sellado no valdrán
mas que los diez mil pesos en plata que nos han costado. ¿Y qué
habremos ganado en esta operacion? Hemos dado al extranjero diez mil
pesos en plata por otros tantos en cobre; y cuando mas, si nada nos
perjudicamos, nada tampoco aventajamos.
Pero efectivamente perdemos, y no poco; por que nos es mucho mas
importante conservar la moneda de plata que la de cobre. Aquella,
en primer lugar es recibida en todos los mercados del mundo, y esta
concurrencia le dá un valor muy superior á la moneda de cobre, que solo
circula en nuestra plaza. Por otra parte, si esta moneda de cobre ha
de estimarse por su valor real, por la cantidad de metal que tiene,
está sujeta á todas las alteraciones que produce, en el valor de un
efecto, la mayor ó menor cantidad de él que se introduce. El azúcar,
el vino y las zarazas valen ménos cuando abundan mas; y lo propio
sucede con el oro, la plata y el cobre. Pero la abundancia de los dos
primeros metales es muchísimo menor que la del último; jamas las minas
de Méjico, del Perú, &c., despachan cargamentos de plata y oro, como
los despachan de cobre las de Coquimbo, el Japon, &c. Siendo, pues,
exesivamente mayor la abundancia de cobre que de los metales preciosos,
la moneda fabricada de estos, está infinitamente ménos espuesta á
variar en su valor, por esta causa, que la moneda fabricada de cobre; y
por consiguiente aquella es preferible con mucho á esta.
Y siendo indudable que es mas conveniente para un pais tener moneda de
plata que de cobre, el art. 8 del proyecto nos perjudica sobre manera,
dando al extranjero una cantidad de la primera, en cambio de otra igual
de la segunda; y por lo tanto, debemos esperar que las Cámaras no
consientan en este perjuicio inevitable. Pasemos ya al artículo 9, que
dice así.
_El cobre, que á la conclusion de los seis ó nueve meses, exista en el
Estado, será cambiado por la moneda nacional, "por el valor que tenga
su peso" recibiéndole por el término de sesenta dias._
Supuesta la sancion de este artículo y del anterior, entra el gobierno
en una especulacion, que no es propia de él, y que es muy ruinosa para
los tenedores de la moneda que se persigue. Esto casi no necesita
demostracion. La moneda nacional, debe tener un valor escrito igual á
su peso: mientras el valor escrito del cobre del Brasil es exesivamente
mayor que el de su peso; de consiguiente, suponiendo que cien pesos de
esta última moneda pesen una arroba, y que el quintal de cobre valga en
plaza veinte pesos, el gobierno comprará los ciento de la moneda del
Brasil con cinco de la nacional: por que cinco pesos de esta moneda
pesarian lo mismo que ciento de la del Brasil. Esto basta para probar,
no solo la imposibilidad de sellar cobre que valga por lo que pese,
sino tambien que el cambio que se ordena por el artículo 9, es un
despojo violento que se hace á los tenedores de cobre del Brasil.
Esto sucederá inevitablemente, cualquiera que sea la acepcion en que se
tome el artículo 8, ya esprese que el cobre nacional tendrá el valor
escrito igual al intrínseco; ya quiera decir que se recibirá con la
misma estimacion que la plata. Acabamos de demostrar lo primero; y lo
segundo salta á la vista; por que, dando el gobierno la moneda nacional
por el valor de la plata, siempre pagará con cinco pesos de ella los
ciento del Brasil, que pesen una arroba, segun la suposicion anterior.
_El artículo 10 dispone que los que prefieran exportar el cobre del
Brasil, concluidos los seis ó los nueve meses, no serán obligados al
cambio dispuesto en el artículo anterior._
Para combatir este artículo, establezcamos primero un hecho indudable.
La moneda que queremos destruir no es una mercancia que pueda
exportarse á todos los mercados; ella no tiene valor sino en el Brasil
y en nuestro Estado; por consiguiente, exportandola de aquí, no puede
llevarse sino á aquel pais. Sentado este hecho, es evidente que el
artículo 10, combinado con el 3, el 4 y el 9, cierran á los tenedores
del cobre todos los caminos por donde pudieran huir de su ruina. En
efecto, estos cuatro artículos no les dejan otra alternativa que la
de vender el cobre á la caja recaudadora, al precio que el gobierno
quiera pagarle; ó cambiarle por la moneda nacional, con una pérdida
enorme ó exportarle con otra no ménos considerable.
Ya hemos demostrado que perderian en las dos primeras operaciones;
¿y quien no vé que lo mismo sucederia en la de exportar el cobre?
Es forzoso llevarle al Brasil; y allí esta moneda está mucho mas
desacreditada que entre nosotros; hay contra ella un clamor mas
general; la cantidad que circula es prodijiosamente mayor que la
necesaria; S. M. I. y las Cámaras se ocupan en prepararla un golpe de
muerte: ¿con cuanta pérdida, pues, no nos recibirian en aquel mercado
una mercancia que rebosa en él, y está buscando salida; una moneda
que miran como ruinosa, y que tratan de aniquilar á todo trance? ¿Es
este el remedio que el proyecto deja á los que no quieran sufrir el
perjuicio de cambiar el cobre por la moneda nacional? poco agradecidos
deben quedar al gobierno los tenedores de aquella moneda; pues el
remedio que les ofrece es tan peligroso como la enfermedad.
A mas de esto ¿quien nos responde de que, á la conclusion de los seis ó
nueve meses, no esté ya aniquilada en el Brasil la moneda de cobre, que
con tanto empeño atacan sus autoridades? y en este caso probabilísimo,
¿á donde la extraeriamos los tenedores de Montevideo?
Este artículo, pues, de nada sirve en el proyecto, sino, como dijimos
antes, para hacer mas penosa la situacion de los tenedores de cobre.
Art. 11. _A la terminacion, de los seis ó nueve meses no circulara,
como moneda, en el Estado el cobre del Brasil._
Desde el principio convenimos en que este era el objeto que debia
tenerse en mira, al proponer cualquier medida para calmar las
inquietudes que hoy sufre el comercio por causa de aquella moneda. En
consecuencia nada tenemos que decir especialmente sobre este artículo;
sino, en general, que, si la moneda de cobre ha de estinguirse por
medios tan ruinosos como los que propone el proyecto; si hemos de
librarnos de aquel agente peligroso, á costa de los enormes quebrantos,
de los trastornos mercantiles que hemos mostrado, como resultados
inevitables de la sancion del proyecto; conviene mas sufrir por algun
tiempo aquella moneda, hasta que encuentre una combinacion, que la
destierre con ménos perjuicios. No es el único objeto á que se aspira
que deje de circular el cobre del Brasil, sino que deje de circular con
el menor perjuicio posible para la riqueza pública y ciertamente el
proyecto ha buscado los medios de desaparicion de esa moneda se señale
por una gran catástrofe mercantil. Deseamos que el artículo 11 se
lleve á efecto; pero hemos mostrado, de un modo palpable, que no puede
llevarse por los medios propuestos.
El artículo 12, que dispone que _la moneda de plata ú oro se recibirá
por el valor de sus sellos, cualquiera que sea su curso en el
comercio_, adolece del error que hemos indicado al examinar el artículo
8; es decir, de la pretension de querer fijar el precio á que ha de
recibirse la moneda. Siempre que no haya en el Estado otra moneda ménos
estimada que la plata ó el oro, se recibirán estas por el valor de sus
sellos, sin necesidad de que lo mande la ley. Pero, mientras suceda lo
que hoy; mientras haya un medio circulante que interviene en todas las
transaciones, y que vale ménos que el oro y la plata, nadie cambiará
estas especies por aquella, por el valor de sus sellos. Si el dia de
hoy se promulgase una ley, que ordenase que los patacones y las onzas
se cambiasen por el cobre del Brasil, por el valor de sus sellos,
nadie la obedeceria: todos los tenedores del oro y plata sepultarian
en sus arcas esta moneda; ninguno la cambiaria; seria presiso llevar
los hombres por centenares á la cárcel; y ni aun así se conseguiria el
cumplimiento de la ley. Semejante disposicion seria un ataque violento
á la propiedad; porque se obligaria á los ciudadanos á desprenderse
de sus efectos, por un precio á que no querrian darlos: y, al cabo de
una série de violencias, la ley siempre quedaria burlada. En tiempo de
los célebres _asignados_ de Francia, se impuso la pena capital al que
no los recibiese con la misma estimacion que al oro y la plata. ¿Y
que sucedió? Que mientras se guillotinaban hombres por este motivo, se
pedian, en el mercado, cinco mil francos en _asignados_ por una trucha;
y al cabo hubo hombre que empapeló su aposento con estos billetes.
Esto mismo sucederia, guardada la proporcion, con el artículo 12 del
proyecto; y nada es tan peligroso, sobre todo en los Estados nacientes,
como el dictar leyes para que sean burladas con desprecio.
El último artículo del proyecto, que dispone que _durante el periodo
de los seis ó nueve meses, el gobierno hará sus pagos en proporcion al
valor de plata y cobre por mitad_, no dá lugar á ninguna consideracion
importante, de la que puedan deducirse consecuencias de un interés
jeneral.
Hemos concluido el análisis del proyecto. Tal vez habremos omitido
muchas reflexiones, que se nos habrán escapado, ó por la escasez de
nuestras luces, ó por la premura del tiempo, que apénas nos deja lugar
para meditar lo que escribimos; como que ha sido preciso apresurarse á
dar al público estas reflexiones, antes que las Cámaras se ocupen en la
discusion del proyecto. Sin embargo, nos lisonjeamos de que, con las
observaciones que hemos hecho, todos podrán formar un juicio exacto
del negocio: y creemos haber demostrado que el proyecto del Ejecutivo;
es de todo punto inadmisible, porque léjos de propender á estinguir
esa moneda, resto mortífero de la dominacion extranjera, la favorece
poderosamente; porque introduce la desconfianza en todas las clases,
la confusion en las operaciones mercantiles, el desaliento jeneral en
los especuladores de todo jénero; porque amenaza á los tenedores de
cobre, que son todos los ciudadanos, con pérdidas insoportables, que
cegarian las fuentes de la prosperidad nacional; por que muchas de sus
disposiciones son absolutamente impracticables; y por último porque, si
lograse con él arrancar de la circulacion el cobre del Brasil, seria
por medios tan violentos y ruinosos como estos, cuando puede hacerse
por otros ménos perjudiciales.
No creemos que se nos pueda atribuir otras miras, cuando hemos escrito
este papel, que la de contribuir, en cuanto nos es posible, á que se
evite la caida de las fortunas del pais: si algun interés personal nos
anima, es únicamente el de no ser envueltos en conflagracion general.
Como no queremos que se nos diga que solo tratamos de atacar las
medidas que se proponen, sin propender, por nuestra parte, á que se
procuren otras mejores; haremos tambien los esfuerzos posibles por
presentar á la consideracion pública algunas bases, que pudieran
servir para la adopcion de una medida contra el cobre del Brasil; no
podremos hacerlo inmediatamente, porque la materia es delicadísima,
exija una grande meditacion, conferenciarla entre muchos, y discutirla
detenidamente. Cuando llegue el caso de presentarlas, la haremos con
toda la desconfianza que nos inspira la certidumbre de la escasez de
nuestras luces. Si no merecen la aprobacion, nos limitarémos á desear
que se adopten otras mejores.
Entretanto, suplicamos á nuestros Representantes, y Senadores, que
se dignen examinar las razones en que fundamos nuestra oposicion al
proyecto; y que no olviden, al discutirle, que de su resolucion está
pendiente la suerte de esta Patria que tanto queremos.
_Montevideo, Noviembre 29 de 1830._
UNA ASOCIACION DE CAPITALISTAS.
INFORME DE LA COMISION CLASIFICADORA DEL CERTAMEN POÉTICO DE MAYO
(MONTEVIDEO--1841)
"Si quereis coronar mi exelsa frente
Pedid al Cielo que la vuestra alumbre."
_De una composicion del certámen._
Son los poetas sacerdotes encargados de las festividades de la Patria;
y ciertamente que, en esta vez, no han desertado sus aras.--Si se
recuerda el breve tiempo concedido por el programa del _certámen
poético de Mayo_, la accidental ausencia de algunos de nuestros vates
esclarecidos; si se mide sobre todo la indiferencia con que se acoje,
por lo comun, toda idea nueva de este jénero, la primera vez que se
promueve, no parecerá reducido el número de concurrentes á esta liza
de la inteligencia y del jénio, monumento de gloria para la Nacion que
solemniza con ella sus grandes aniversarios.
Diez son las composiciones poéticas que esta Comision ha recibido, y es
preciso decir--en honor de la República--que, á escepcion de dos que no
merecen aquel nombre, revelan todas las demas, aunque en proporciones
distintas, elevacion de espíritu y de ideas, conocimiento del arte, y
de las condiciones que la civilizacion y el estado social piden hoy á
la poesia, y á los ramos todos de la literatura.
El estrechísimo tiempo concedido á esta Comision para examinar las
piezas, clasificarlas, y redactar su informe, no le permite analizarlas
todas ni detenerse como desearia, sobre las que ha de analizar. Dejará,
pues, sin exámen, aquellas que no tuvieron la fortuna de merecer el
lauro, ni una especial recomendacion; limitándose á decir sobre ellas
que aun las ménos aventajadas reflejan algunos destellos del jénio
que campea en otras arrogante y altivo, y que no faltan en algunas
ráfagas de brillantísima luz, aunque eclipsada hoy por resplandores
mas puros.--Cumple la Comision en estas breves líneas con un deber de
justicia.--
Cuatro son entre todas las piezas que ha mirado como dignas de fijar su
atencion.
Ha destinado el lauro á la primera: ha acordado á la segunda el
_accesit_, y usando de la libertad que el programa la concede, ha
creido deber hacer especial y honorifica mencion de las otras dos.
Es este fallo la expresion de un juicio, cuyas fundamentos desea la
Comision exponer, aunque muy rápidamente, para corresponder al honor
que se le ha dispensado: y porque tampoco comprende que pueda ser otra
la materia de este informe.
Colocada en la altura de que la crítica no puede descender, la Comision
ha mirado, ante todo, las piezas que examinaba bajo el aspecto de su
mas ó ménos armonía con el carácter presente de la poesia nacional, ó
por decir mejor, Americana. Ha creido que aquel merecia mas en este
punto, que mejor hubiese comprendido las modificaciones, los cambios
decisivos, que la literatura recibe de la variacion y progreso de las
costumbres, de las creencias, de los elementos todos que constituyen la
vida de los pueblos.
Ninguna literatura americana pudo haber mientras duró la dominacion de
la España; Colonia ninguna puede tener una literatura propia; porque no
es propia la existencia de que goza, y la literatura no es mas que la
espresion de las condiciones y elementos de la existencia social. El
pensamiento del colono, lo mismo que sus brazos y su suelo, producen
solo para la metrópoli de quien recibe hábitos y leyes, preocupaciones
y creencias. Si alguna luz intelectual le alumbra, es apénas el
reflejo--pálido por muy bríllante que sea--del grande luminar á quien
sirve de satélite. ¿Que escuchábamos, en las márgenes de nuestro Plata,
antes de 1810? Ecos desfallecidos de los cantos que se alzaban en
las orillas del Manzanares. Las liras que llamábamos Americanas, se
pulsaban solo para llorar _oficialmente_ sobre la tumba del Monarca que
cerraba los ojos, ó para cantar en la coronacion del que le sucedia
sobre el trono. Nuestros pueblos arrancaban al extranjero triunfos
espléndidos en las calles y plazas de nuestras ciudades, adornaban la
techumbre de nuestros templos con los pendones arrebatados al vencido,
y el jénio apocado de los hijos de la lira no encontraba para tan altas
hazañas, motivo mas noble que el amor á Cárlos y Maria Luisa.
Mengua grande, á la verdad, borrada despues por dias de gloria perenal.
Alumbró la llama de la libertad; alzóse el pueblo de la condicion de
colono á la de soberano, y en el gran sacudimiento nació tambien la
poesia nacional, hermana gemela de la independencia. Su carácter no
podia ser otro que el de la época en que nacía. La intelijencia y los
brazos del pueblo nuevo no tenia otra ocupacion que meditar empresas
de guerra, ganar batallas, y reparar los descalabros de las derrotas.
Ninguna otra podia ser la entonacion de las liras Americanas:--cantos
de guerra, himnos de victoria, lamentos de dolor iracundo sobre la
tumba del guerrero caido bajo la enseña del Sol, maldiciones contra
sus verdugos; esto, y nada mas podia pedirse á los que tenian fuego
en la mente, patriotismo en el corazon.--Y ese y ningun otro, es el
acerado temple de los materiales que forman el honrosisimo monumento
de nuestra primera poesia nacional.
Pero la lucha de la independencia terminó y con ella los odios
que la guerra enciende. Intervalos de paz, breves, por desgracia,
como el relámpago, dieron treguas al pensamiento para elevarse á
la contemplacion de las grandes verdades filosóficas y morales,
permitieron mirar en derredor con ojos, que no anublaba la polvora de
las batallas: empezaron los pueblos á meditar en su destino, á buscar
el fin porque habian derramado su sangre; á correr tras de las mejoras
y el progreso social. Levantábase entonces, una jeneracion, que no
habia asistido á los combates de sus padres; pero que habia aprendido
de sus labios, los dogmas santos de Mayo: imposible era que resonasen
en sus liras, ecos de guerra que ya no ardia, ni clamor de venganza
contra enemigos que eran ya nuestros hermanos. La poesia empezó
naturalmente á tomar un tinte mas filosófico, mas templado, se vistió
por la primera vez, con las riquísimas galas de nuestro suelo, que los
poetas de la revolucion no distinguieron entre el polvo y el estruendo
de las armas, y reflejó, por fin, esa melancolía que imprime en el
ánimo el espectáculo continuado casi, de las guerras civiles y del
hondo infortunio de la patria.
Tal es el carácter de nuestra poesia actual: y la Comision ha creido
deber buscar en las composiciones del concurso la espresion práctica
de estas verdades como un mérito de la mas alta estimacion. Ha
preferido, por consiguiente, aquellas que han mirado la revolucion de
Mayo por el lado de su intencion moral, política, civilizadora, sobre
las que no han tenido en vista sino la parte de sus glorias militares.
Las que aparecen revestidas de las nuevas formas del arte, á las que no
han acertado todavia á desnudarse de la cota y de la lanza, que vistió
la musa de 1810.
Despues de aquella circunstancia que juzgó primordial, ha buscado en
las piezas presentadas, el mérito de un plan acertado, y que llenase
las condiciones dadas en el programa del certámen: ha preferido en este
punto los que ha creido mas vastos en su comprension, mas arreglados en
su distribucion, y sobre todo mas orijinales; pues que la orijinalidad
es el sello que mas caracteriza al jénio y la condicion primera de la
actual literatura.
Por eso mismo, la novedad en las ideas, su elevacion, su oportunidad,
su tendencia á despertar sentimientos de patriotismo, y de virtud
social, ha sido tambien uno de los méritos que ha buscado la comision,
prefiriendo las piezas en que con mas acierto encontró reunido el
apoteosis de los heroes muertos, con la exposicion elevada de sus
dogmas, y con la exhortacion á la perseverancia y á la fé de la
jeneracion que vive.
Ha buscado, por último la perfeccion en aquellas condiciones del
arte, que pudieran llamarse puramente mecánicas, y que no por eso
ceden á ninguna otra en importancia. Si la poesia es un arte, fuerza
es juzgar al poeta por las reglas que ese arte estableció para
enfrenar el desbocamiento de la imajinacion, para vestir esteriormente
las concepciones morales, que pertenecen al jénio. El ritmo, por
consiguiente, el mecanismo de la versificacion, la correccion y cultura
del lenguage, la gala y lozania del estilo,--dotes que todas las
escuelas y sistemas exijen para lo bello--han sido otros tantos motivos
de exámen y de preferencia en los juicios de la Comision.
Si esos juicios tomados en su conjunto y última espresion, han sido
acertados y justos, lo decidirá la razon pública--tribunal mas
competente que este--á quien la Comision presenta las composiciones
preferidas, que son las que pasa á designar.
Ha obtenido el lauro único de la medalla de oro, la que lleva por tema
estos versos del lírico latino.
Tuque dum procedis ¡Io triumphe!
Non semel dicemus ¡Io triumphe!
Civitas omnis, dabimusque Divis
Thura benignis
Se ha presentado como su autor el Sr. D. Juan Maria Gutierrez que ha
sido reconocido por el sello especial que le revestia.
Unánime fué y por aclamacion el voto que ha concedido á esta pieza la
supremacia sobre todas. Ninguno, sin duda, entre los concurrentes, ha
comprendido la grandeza de la revolucion, sus glorias y sus fines como
el Señor Gutierrez. Ninguno ha estendido como él el círculo de sus
ideas, ninguno se ha revestido de la imponente majestad que reina en su
poema, ninguno, alcanzado á la correccion extremada de su diccion; y,
si era de desear, en sentir de la Comision, que el discurso fatídico
del anciano fuese ménos extenso, que algunas de las ideas diseminadas
en él, fuesen ménos comunes, y mas vigorosas, que se borrase una que
otra espresion poco feliz, no puede desconocerse que esos lunares
desaparecen en la tersura jeneral de la composicion; y están mas que
lavados por la invocacion relijiosa y altísima, con que desde el
principio pone recojimiento en el alma del que le oye, pidiéndole para
la suya; por las ricas y maestras pinceladas que dibujan el magnífico
cuadro del navegador Genovés en los momentos en que oponia á la demente
incredulidad del amotinado equipaje, la realidad asombrosa del mundo
que descubria, y por la sentida rememoracion de los muertos Poetas de
la Patria, con que cierra el poeta su largo canto.
La Comision no puede dejar de recomendar el autor de esta pieza á la
estimacion del Pueblo en cuyo seno ha recibido tan altas inspiraciones.
Síguele de cerca y casi le rivaliza en mérito la que lleva por divisa
estas palabras del abate Lamennais.
"La libertad es la gloria de los pueblos;" produccion que pertenece
al Sr. D. Luis Dominguez segun la señal de reconocimiento que ha
presentado.
Si esta pieza no alcanzó á la majestad y altura de la que precede,
no se la puede disputar una concepcion vasta y feliz, un plan
acertadamente distribuido, fecundidad de ideas, elevada entonacion,
elocucion correctísima, y pasajes que revelan por cierto, el jénio
del poeta. No es posible hablando de ella, dejar de recordar las
estancias que le dán principio, el anatema que fulmina contra los
tronos, que usurpan en la tierra la majestad del único y eterno
trono que el poeta reconoce, y el tributo que paga á los grandes
capitanes de la revolucion; si bien es doloroso encontrar en este
punto invertida la cronolojia de nuestros triunfos, mas de lo que,
á juicio de la Comision, es permitido á la poesia apartarse de la
senda de la historia.--Tampoco quisiera haber hallado el nombre
admitido de Motezuma reemplazado por otro que aunque mas conforme á su
pronunciación primitiva, es duro, poco poético y no llena la condicion
de la Rima para que fué variado.
Tan digna crée la Comision esta pieza del _accessit_ que la ha
concedido, que pide á la autoridad á quien debe su investidura, el
permiso de presentar á su autor, como prueba del aprecio que la obra
le merece, un volúmen que encierra las ricas producciones de la lira
de Espronceda, una de las espléndidas columnas que sustentan hoy el
magnífico templo que levanta la España á la literatura y á las artes.
Dos piezas mas ha creido la Comision que merecian una recomendacion
especial, aunque no debe esperarse de ellas el mérito de las anteriores.
Es la primera la que tiene á su frente estas líneas del poeta del
siglo, del portentoso Lord Byron:
"Where, Chimborazo, over air, earth, wave
"Glares with his Titan eye, and sees no slave."
Se ha presentado como su autor D. José Mármol. Ofrece esta pieza una
prueba práctica de lo que antes dijo la Comision, sobre las condiciones
del arte, que llamó mecánicas. Ciertamente que si la versificacion,
el estilo, el uso de la lengua, correspondiesen en esta pieza á la
entonacion, y á las ideas, no seria este el lugar que ocuparia entre
las del Certámen.
No se comprenderá toda la exactitud de esta clasificacion hasta que
se oiga la lectura de la pieza misma. La elevacion, la novedad, el
frescor, la abundancia de sus ideas sorprenden en la primera lectura,
y hacen casi olvidar los pecados contra el arte, que la fuerzan á
flaquear ante los ojos de la crítica. Frecuente violacion de la
sintaxis y de la pureza de la lengua, inexactitud aunque no tan comun
en la rima: quebrantamiento de las condiciones de versificacion que
el mismo poeta se impone; y una que otra locucion sumamente oscura son
los defectos que empañan el terso brillo de las ideas y luchan con el
elevado entono de esta pieza. La Comision reconoce que el molde en que
fué vaciada, es sin disputa una cabeza poética, y ha querido mostrar el
aprecio que la merece tomando de ella los dos versos que ha colocado
al frente de este informe. Se complace en esperar que su autor,
reconociendo como indispensable la disciplina del arte, y sujetando
á ella sus fogosas inspiraciones, presentará cuando este certámen se
renueve, frutos mas sazonados que ocupen un lugar mas distinguido en el
banquete que la Patria ofrece á sus poetas.
La segunda composicion recomendada presenta exactamente el reverso de
la anterior. Aquella campea por las ideas y desfallece por la forma
poética; esta descuella por la forma y flaquea por las ideas.
Cualquiera reconocerá en ella un hábil versificador, un hablista
consumado, un hombre de comercio íntimo y frecuente con las musas;
pero que en esta ocasion no tuvo la fortuna de recibir inspiraciones
elevadas y nuevas. Puede decirse que no hay en esa pieza un solo
defecto de forma, pero sus ideas son humildes, reflejadas de las que
brillan profusamente en los cantos de la revolucion. La distingue este
verso latino:
_Sole novo, preclara luce, libertas nascitur orbi;_
y su autor es D. Francisco A. de Figueroa.
Termina aquí la tarea de la Comision. Alto, muy alto ha sido el honor
que sus miembros han recibido; y siempre contarán como una gloria el
hallar sus nombres asociados al primer acto de este jénero que vén las
Repúblicas del Rio de la Plata. Quisieran ellos aumentar por todos
medios su solemnidad presente, y su memoria futura. En lugar, pues, de
cerrar este informe con una exhortacion á los vates del Plata, inútil
desde que ninguna puede ser mas elocuente que el acto mismo á que
asisten, y desde que no puede faltar emulacion en el pecho, cuando hay
estro en la mente, le cerrará la Comision proponiendo á la autoridad á
quien competa una idea en que, al deseo puro de solemnizar este acto,
confiesa que se mezcla un lijero tinte de propia vanidad. Consiste la
idea en que terminada esta festividad se requiera á los autores de las
cuatro composiciones distinguidas que las escriban todas y las firmen
de su mano para que, escribiendo la Comision al pié de la primera la
palabra _laureada_, _accessit_ al pié de la segunda, y _recordada
con distincion_ en las otras dos, firmen los miembros de ella, y se
depositen estos autógrafos, en la Biblioteca Nacional, con una copia
autorizada del Programa del Certámen, y este informe.
Montevideo, 25 de Mayo de 1841.
ARTÍCULOS DEL "COMERCIO DEL PLATA."
CONGRESO AMERICANO.
I.
De intento nos abstuvimos de tocar, en nuestro artículo de ayer, la
cuestion del Congreso Americano, á que esencialmente se contrae el voto
del Consejo de Gobierno de Venezuela, cuya segunda sesion publicamos
hoy. Quisimos reducirnos, en aquel artículo, presentar el contraste
de los principios del Gobierno Constitucional de Venezuela y del
Dictador de Buenos Aires, respecto de las relaciones con el extranjero:
quisimos mostrar loa prácticos resultados de ambos sistemas; y dar
una desmentida viva y elocuente á esa falsa vocingleria de los amigos
del Dictador, cuando aseguran que todas las Repúblicas del Continente
profesan los mismos principios que él, ó simpatizan con su adopcion.
Examinando ahora las opiniones del gobierno de Venezuela, respecto
del proyectado congreso americano, nos parece que su negativa á tomar
parte en él, se funda en los mas sólidos principios de política y
conveniencia para aquel Estado; y en otros, que son comunes á todos los
demas del habla española.
Mucho alucina, en efecto, porque lisonjea mucho el amor propio
nacional, la idea de una Gran Asamblea Americana, con los objetos
que manifestó Bolivar, al proponerla en 1822, y que hoy todavia la
atribuyen Méjico y Chile, que son las dos Repúblicas mas empeñadas,
segun parece, en su realizacion.
Pero los inconvenientes materiales, políticos, mercantiles, y de
todo órden, que á ello se oponen, son de tal modo invencibles, que
estamos ciertos de no ver en nuestros dias una reunion de _todas las
Repúblicas_ que fueron colonias españolas, y de que tampoco la verá la
jeneracion siguiente.
La tentativa de Bolivar falló, á pesar de que la concurrencia de
Representantes de las primeras Potencias de la Europa, y los escritos
de Depradt, dieron á la Asamblea de Panamá la importancia de un gran
acontecimiento de la época. Se atribuyó entonces su mal resultado
á causas puramente locales y de momento, que, aunque algo pudieron
influir,[14] estuvieron léjos de ser las que frustraron aquel proyecto.
[14] La insalubridad del clima de Panamá fué, en efecto, un
sério obstáculo á la duracion de las Sesiones del Congreso. Dos
individuos de la Comision inglesa, que concurrió á la Asamblea,
murieron de las enfermedades allí dominantes.
Las verdaderas causas existian entonces, como existen Hoy, y produjeron
de parte de algunos Estados, la misma repulsa que producen actualmente
en Venezuela. Cuando Bolivar en 1822 y 23, invitó al Gobierno Arjentino
á que concurriese á la Asamblea de Panamá; y envió al efecto á su
Plenipotenciario D. Joaquin Mosqueira, ese Gobierno se negó á los
deseos del Libertador de Colombia, por motivos iguales á los que Hoy
expresa Venezuela. Probablemente fueron tambien los mismos los que
influyeron en los demas Estados, que no concurrieron al Congreso.
Entre los varios inconvenientes que hacen inverificable la realizacion
de ese proyecto, el Consejo de Gobierno venezolano indica ya los que
nacen de las distancias entre los diversos Estados, y de la completa
falta de medios de comunicacion para vencerlas. Esos inconvenientes son
tan claros, que no necesitamos agregar una palabra á lo que contiene el
documento de Venezuela.
Nos ocuparemos en analizar otros, de muy distinta naturaleza.
No es posible esperar una Gran Reunion de Naciones Independientes,
sin que existan graves motivos de interés comun que las liguen. Esos
motivos _no pueden existir_ entre los Estados Sud-Americanos.
¿De que órden serian?--O comerciales, ó políticos.
Los primeros, léjos de ser comunes, son mas bien diametralmente
opuestos. Entre todas las Nuevas Repúblicas Americanas no hay una sola
que sea fabricante. Todas dependen de la Europa y de los Estados-Unidos
para proveerse de los objetos de consumo que las fábricas producen: los
frutos que ellas poseen son todos, ó materias primeras para esas mismas
fábricas extranjeras, ó productos de la agricultura, que se envian á
aquellos mercados. La sola diferencia de situacion jeográfica, y de un
litoral mas ó ménos cómodo, causa enormes diferencias en los costos con
que cada uno envia al extranjero sus productos, y recibe los que este
le trae. ¿Que arreglo, de ventaja comun, es posible hacer en semejantes
circustancias? Venezuela y Chile, por ejemplo, pueden enviar á Europa
el cobre de sus minas, en cambio de algodones de Manchester ó de sedas
de Leon. Pero Venezuela embarca el primero, y recibe los segundos, en
los puertos de esta América mas vecinos á la Europa; mientras que Chile
no puede hacer ese comercio, sino dando vuelta el Cabo de Hornos, y
empleando cuatro veces mas tiempo y mas gastos que Venezuela. Igual
diferencia estableceriamos entre nuestro Rio de la Plata, abierto al
comercio marítimo del mundo, y la República Boliviana, encerrada entre
barreras de montañas, dividida del mar por ellas y por áridos desiertos.
En esas circunstancias, ¿puede racionalmente esperarse que un Estado
renuncie sus ventajas naturales, para nivelarse á otros que no las
posée, y que ninguna puede darle en cambio? Imposible lo creemos.
Si se trata de dos paises de diversa situacion jeográfica y
cuyos productos sean idénticos ó análogos, la dificultad crece
considerablemente; porque el interés de cada uno consiste en sacar la
mayor ventaja de unos mismos productos.
La liga, pues, de intereses puramente comerciales, seria inverificable.
Pero seria tambien perjudicialísima.
Sabido es que los progresos del comercio y de la industria dependen,
ante todo, de la perfeccion de los medios y métodos empleados en la
produccion, y de la facilidad de transportar los productos, á bajo
precio y con seguridad, hasta el punto en que han de entregarse al
consumidor. Aquel de los Estados Sud-Americanos, que mas adelantando
estuviese en sus medios de cultivar la tierra, de beneficiar sus
ganados, ó de esplotar sus minas; aquel que tuviese mas y mejores
caminos, ó canales, tendria una superioridad decidida, y lejítima,
sobre su vecino que ninguna de esas mejoras poseyese. Si ella de nada
hubiese de aprovecharle, por que tuviera que nivelarse á un arreglo
comun con el atrasado vecino, es claro que ningun estímulo tendria para
emprender esas mejoras; y jamas podriamos esperar que saliesen nuestros
paises del atraso en que actualmente se encuentran, en punto á medios
de comunicacion y transporte; y á métodos de facilitar la produccion.
No siendo pues, un interés comercial, comun á todos, el que pudiera
reunir á los Estados Americanos en un Gran Congreso, veamos si tendrian
para hacerlo el estímulo de un interés político.
Lo examinaremos en el número siguiente.
_Octubre 7 de 1845._
II.
¿Cuales son los intereses políticos, comunes á todos los Estados
Americanos, que los inducirían á reunirse en una Grande Asamblea?
Francamente, nunca los hemos comprendido.
Hace mucho tiempo que, con motivo del preconizado _Sistema Americano_
del Dictador Rosas, estamos sus enemigos preguntando ¿en que consiste
ese sistema? ¿cuales han de ser sus principios, sus basas? á que
objeto práctico se dirije?--Ni Rosas, ni su _Gaceta_, ni nadie, se
ha tomado jamas el trabajo de decirlo. Que Rosas y los suyos callen,
bien lo comprendemos: su objeto es engañar; tienen un convencimiento y
expresan otro: jente así jamas discute. Pero que hombres sesudos, de
tino político, y de excelentes intenciones; hombres como el Diputado
Rodriguez Santos en la Cámara temporaria del Brasil, hablen tambien del
_Sistema Americano_, sin definirle: le tomen como una cosa de todos
comprendida, y discurran sobre ella sin mas esplicacion; eso es lo que
nos sorprende, eso lo que no podemos comprender.
El vínculo comun que existió durante la guerra de la independencia,
quedó disuelto, como lo dice muy bien el Gobierno de Venezuela,
desde que la guerra terminó, y desde que la Madre Patria reconoció
la independencia de varios de los Nuevos Estados. Desde entonces, no
existiendo peligro comun, no puede haber necesidad de comun defensa.
Es preciso recordar tambien que la lucha de Independencia no fué una
lucha _de la América contra la Europa_; del principio republicano
contra el principio monárquico. No: eso no es cierto. Algunas Potencias
Europeas se inclinaron alternativamente en favor ó en contra de la
independencia Americana: pero lo hicieron, no por sostener ó atajar
la causa de la emancipacion, sino por miras é intereses puramente
europeos. El establecimiento de Repúblicas de este lado del Océano
no podia inquietar ni favorecer á la Europa.--Ella en todo caso
necesitaba mercados independientes; y así se vió que, siempre que
las exigencias dá la política, puramente europea, no inclinaron
á las grandes Potencias en favor de la España, se pronunciaron,
mas ó ménos explícitamente, por la emancipacion que les abria esos
mercados. Así Napoleon--el representante encarnado del principio
monárquico--declaraba ante el Cuerpo Lejislativo, en 1809, _que él no
se opondria jamas á la independencia de las naciones continentales de
la América; que esa independencia estaba en el órden necesario de los
sucesos, en la justicia y en el interés bien entendido de todas las
Potencias_.[15] Así la Inglaterra reconoció, en 1823, la independencia
de los Nuevos Estados, desde que intereses políticos _europeos_ no le
impidieron buscar mercados independientes de este lado del Atlántico.
[15] Sesion del 12 de Diciembre de 1809; publicada en el MONITOR
de 13 del mismo.
No es verdad, pues, que, ni aun durante la guerra de la Independencia
Americana, haya existido una lucha de principios, de sistemas
políticos, entre los dos Continentes. Sucedió con la emancipacion de la
América del Sur lo que, en el siglo precedente, habia sucedido con la
de la América setentrional. Monarquias europeas ayudaron con sus armas
y su poder á la emancipacion de las Nuevas Repúblicas del Norte.
A nadie ha ocurrido jamas decir que _la Europa_ haya acechado, en época
ninguna, la Independencia de la Union Americana, ni que esta necesite
de un sistema y de un derecho público especial, opuesto al europeo.
¿Y porqué temeremos los Estados de la América Meridional lo que nunca
temió la del Norte? ¿Por que necesitarémos un sistema y un derecho
público, que nos diferencie de la Europa, cuando no le necesitan las
Repúblicas de la otra América?
El Gobierno de Venezuela ha dicho con suma razon, que la pretension
de formar un derecho público americano, diverso del de Europa, seria
productiva de grandes males.
En efecto, el derecho público americano deja de ser tal, si no es la
regla establecida, y admitida por la mayoria de las sociedades humanas.
Naciones infinitamente mas antiguas que las nuestras, fundaron y
reconocieron un derecho público: los Estados Unidos del Norte le han
reconocido tambien, á su vez, como basado en las nociones de justicia
universal. Que podrian hacer los Estados de Sud América solos, para
cambiar, ó alterar el derecho público de la Europa y de los Estados
Unidos del Norte?
No investiguemos cuales serian las diferencias entre el pretendido
derecho público americano, y el europeo: cualesquiera que ellas fuesen,
es claro que las naciones que se hallan en posesion del suyo no
querrian reconocer las alteraciones. Y como el derecho público es la
regla para los deberes y acciones recíprocas de una nacion con otra,
nacerian necesariamente choques frecuentes entre el derecho público
universal, y el Sud Americano.
¿Quien perderia en esa lucha?
Este pregunta merece mas atencion de la que jeneralmente se la
atribuye. No disputarémos quien ganaria una batalla, diez batallas; si
una espedicion europea triunfaría, ó seria vencida. No: esas cuestiones
nos parecen estériles, sin resultados trascendentales ni permanentes.
Somos de los que creen á la Europa _sin medios para conquistar la
América_, especialmente en sus rejiones apartadas. Pero creemos
tambien que nuestros paises, aun triunfando de una espedicion europea,
perderian inmensamente en cualesquiera querellas con la Europa;
perderian de un modo duradero, permanente; y esos son los resultados
á que es preciso atender, cuando se trata de sistemas políticos ó
mercantiles, cuando se deciden medidas que han de influir sobre la
suerte de los Pueblos, cuya vida no se mide por la duracion de la del
hombre. Estados nuevos, sin poblacion, con escasas rentas nacionales,
con infinitos objetos de urgente mejora á que aplicarlas, con pocos y
muy imperfectos medios de educacion pública; ninguna calamidad pueden
sufrir mas grande que la de una guerra. Ella les arrebata su poblacion
ya escasa, consume sus exiguos recursos, impide toda mejora, todo
desarrollo mercantil é industrial; y los deja completamente exhaustos
despues del triunfo, postrados sobre sus laureles, para no levantarse
en media jeneracion.
Ahí está la República Arjentina. Entró en la guerra contra el Brasil
próspera, rica, floreciente: ganó batallas; apresó muchos buques:
obtuvo una paz de honor, embellecida por el nacimiento de un Estado
Nuevo. Pero quedó sin substancia, abatida y pobre: el primer caudillo
audaz que se presentó la trajo al punto en que se vé. Ese es el
resultado final de su triunfo.
No quiere esto decir que los nuevos Estados deban someterse
humildemente á la voluntad de naciones mas fuertes de la Europa
¡No, por Dios! La dignidad de los Estados no es una palabra vacia;
su independencia no es un bien ilusorio. Defenderla hasta perecer,
es el primero de los deberes. Pero el modo de conservar ésta, de no
comprometer aquella, es no multiplicar las causas de desavenencia con
el extranjero; no crearse dificultades nuevas; sino, por el contrario,
aplicarse á ir allanando poco á poco las que existen.
Creemos que la adopcion de un código de Derecho Público distinto del
de la Europa seria fecunda en los riesgos que indicamos; y que por
consiguiente, muy léjos de ser ese un interés comun en los Estados
Americanos, para reunirlos en un Congreso, conviene soberanamente que
no piensen en semejante innovacion.
Pero si opinamos contra la reunion de una Asamblea de todas las
Repúblicas del habla Española, pensamos tambien que se podrian sacar
muy grandes ventajas de un Congreso á que solo concurrieran los Estados
que componen una seccion determinada de la América y que están en
diario é inmediato contacto.
Esto, aplicado especialmente al Rio de la Plata será objeto de otro
artículo.
ROSAS Y LAS FRONTERAS DE BUENOS AIRES.
Una de las prácticas mas invariables observadas por el Dictador
de Buenos Aires, que forma á la vez una parte esencial y un rasgo
característico de su sistema, es el hacerse discernir un título que no
merece ó atribuir un mérito cualquiera, que no ha contraido, y mandar
en seguida, que se repita por todos, y en todas ocasiones, hasta que, á
fuerza de repetirse, se convierte, no solo en dicho, sino en creencia
popular.
Así se hizo llamar primero _Restaurador de las Leyes_, despues _Heroe
del Desierto_, mas tarde _Grande Americano_; así se atribuyó la
pacificacion del pais en Octubre de 1820, cuando ninguna parte notable
tuvo en ese suceso: y así [para llegar de una vez á nuestro objeto]
hace pregonar que su campaña al desierto exterminó á los indios, que
ha asegurado, contra sus incursiones, las fronteras de la campaña de
Buenos Aires, y extendido las fronteras de la Provincia.--En estos
últimos tiempos especialmente, en que el poder de la verdad, ha
triunfado de los embustes que su prensa propaga, se ha empeñado él
en revestirse de ese mérito, y en repetir, mas que nunca, que á su
gobierno vijilante y fuerte se debe la seguridad de la campaña, y la
extension de sus fronteras.
Nada es, sin embargo, mas opuesto á la verdad. Sucede precisamente
lo contrario. Desde que Rosas se apoderó del Gobierno, y durante su
dictadura, muchas estancias valiosísimas se han despoblado, muchos
cientos de miles de ganados han pasado á poder de los indios salvajes,
y las fronteras de la provincia de Buenos Aires se han retirado _como
cuarenta leguas mas adentro_, dejando todo ese inmenso territorio en el
dominio indisputado y tranquilo de las tribus del desierto. Esta es la
verdad.
Cuando Rosas se hizo discernir la dictadura, la línea de frontera de la
provincia de Buenos Aires, se extendia del modo siguiente.--
Al N. O.--hasta la guardia de _Melincué_, á 75 leguas de Buenos Aires.
Al Oeste, hasta el fuerte de la _Federacion_, á mas de 60 leguas.
Al S. O., hasta el fuerte _25 de Mayo_ á 60 leguas, y fuerte de la
_Laguna Blanca_, á 70 leguas de la Capital.
Al Sur, hasta _Tupalquen_, 65 leguas, y al fuerte de la _Independencia_
[Tandil] distante 75.
Se extendia, pues, _á un radio de 70 leguas de la capital_, una línea
de fuertes guarnecidos, y en buen estado de defensa.
Pero las estancias--las conquistas pacíficas de los criadores
de ganados--se extendian á no pocas leguas mas allá; porque las
guarniciones de los Fuertes tenian en respeto á los salvajes del
desierto.
Eso era cuando Rosas entró al mando. Veámos lo que es ahora.
Volviendo de su campaña al desierto, puso todavia en _la Federacion_ la
chusma de indios que condujo, y á que llamaba _amigos_. Los salvajes
trajeron naturalmente allí los hábitos depredadores de la Pampa,
y asolaron _amistosamente_ aquella comarca. Melincué fué primero
abandonado: siguió la Guardia _de Mercedes_, 10 leguas mas adentro; se
conservó algun tiempo la _de Rojas_, otras 10 leguas mas hácia Buenos
Aires: pero luego se dejó tambien en poder de los salvajes, que habian
arrasado, hasta no dejar vestijio, las de Melincué y Mercedes.
Abandonó luego el 25 de Mayo, y puso su guardia en _la Barrancosa_,
muchas leguas mas adentro; al mando del célebre Ramirez, de
sobre-nombre _Macana_. Los indios le atacaron varias veces, le
vencieron, le debilitaron; y la Barrancosa se abandonó, retirándose
la guardia fronteriza, al _Fortin de Areco_, 40 leguas mas adentro de
Melincué.
En igual proporcion se fueron sucesivamente abandonando las guardias
del 25 de Mayo, Laguna Blanca Tapalquen. Esta última era el asiento
del poder de Rosas en la campaña del Sur. Allí tuvo mucho tiempo al
coronel D. Ramon Maza [á quien mató junto con su padre el Presidente
de la Sala] y al teniente coronel Granada, con unos 900 hombres de
caballeria. Retiró de allí esa fuerza, _para matar Unitarios_, y
abandonó á los indios todo el terreno comprendido entre aquellas
guardias y el Rio Salado:--es decir una zona de 35 á 40 leguas de ancho.
Todas las estancias--riquísimas muchas de ellas--que se hallaban en
esa vasta extension de territorio, quedaron completamente despobladas.
Las de Beaus, Lezica, Quiroga, Iramain, y todas las que ocupaban las
inmediaciones de la Laguna del Bragado; las de los Balcarce y otros
muchos, en Tapalquen; todas las del Arroyo de las Flores; y, en una
palabra, cuantas existian, por aquella parte, hasta la márjen derecha
del Salado, han desaparecido durante el dominio de Rosas, y los
salvajes de la Pampa dominan ese terreno, ocupado antes por pingües
establecimientos.
La línea de guardias, que hoy forma la frontera, está reducida á lo que
era al empezar el siglo;--Fortin de Areco, Guardia de Lujan y el Monte;
el primero, que es el mas remoto, á ménos de 35 leguas de Buenos Aires;
y el último no dista 30.
Todo el resto de la provincia está en poder de los indios, cuyas
incursiones, durante el Gobierno de Rosas, han avanzado á puntos,
pocos años antes tan seguros como la misma capital.--En _Rojas_
estuvieron diez dias seguidos, en 1839 [segun creemos] sin que nadie
los molestase: hoy llegan hasta las inmediaciones de Areco y Lujan; y
en 1840, ó 41 vinieron hasta la estancia de D. N. Benitez, mas adentro
de la guardia del _Pergamino_; y solo á _10 leguas de la márjen_ del
Paraná.
Cuando Rosas subió al mando, el camino carretero, que conduce de Buenos
Aires á las provincias interiores, estaba protejido por las guardias de
Melincué, Mercedes, y la Esquina. Hoy no existen las dos primeras: ha
sido preciso abandonar el antiguo camino, é ir á buscar la proteccion
de la barrera del Carcarañal.
Esos son los hechos: esa la seguridad que Rosas ha procurado á las
propiedades rurales, y esa la extension que ha dado á las fronteras--
Recomendamos á los lectores extranjeros, que deseen comprender bien
este artículo, que consulten, al leerle, alguna buena carta de Buenos
Aires.--La del Sr. W. Parish es excelente.
_Octubre 10 de 1845._
PRODUCTOS Y COMERCIO DEL RIO DE LA PLATA.
GANADOS--SEBOS.
"Si el Jeneral Rosas, como lo creo, comprende todo lo que se puede
hacer en Buenos Aires para dar impulso á los productos de su pais,
podrá llegar á ver pasar á su mercado la esportacion de los valiosos
artículos que la Inglaterra consume de la Rusia, y acrecer rápidamente
la riqueza territorial."--
Estas palabras que el Sr. Ouseley dijo al Sr. Guido en el Rio de
Janeiro, segun aparece de la nota de este, que hemos publicado con
el número 3, nos han movido á escribir algunas líneas sobre ciertos
productos de nuestro Rio de la Plata, comunes á la Rusia; y sobre el
comercio que de ellos hacemos, especialmente con la Inglaterra.
Los que habitamos las dilatadas llanuras de ambas márjenes de nuestro
Rio, cubiertas de incontable número de ganados; los que vemos extraer
por nuestros puertos _millones de cueros_ para el extranjero, estamos
envanecidos de las riquezas que nuestros campos encierran; y con
dificultad creemos que la industria de otros paises pueda emplear
anualmente en sus fábricas mas productos que los que dán nuestros
ganados.
No es esta vanidad destituida de fundamento; por que, en efecto,
nuestros cueros representan en los mercados Europeos una parte muy
considerable de la introduccion total de ese artículo; y por supuesto,
que el Rio de la Plata es, á ese respecto, el mas importante de los
mercados americanos.
Pero hay otros en que queda muy atrás el dia de hoy, aunque debemos
esperar que adelante mucho desde que la paz permita contraerse á
mejorar las fuentes de nuestra riqueza nacional. Este artículo, probará
esa verdad, respecto de la cria de ganados, y de los sebos que producen.
Poco dispuesta estaria, sin duda, á creernos la jeneralidad de los
estancieros de ambos lados del Rio de la Plata, si les dijésemos que en
Inglaterra, en una Isla pequeña, donde la tierra es carísima, donde la
poblacion no cabe, donde el ganado se alimenta de nabos, de zanahorias
y de paja, se cria un número tan crecido de animales vacunos y lanares,
que no solo proveen á la subsistencia de muchos millones de habitantes,
sino que dán á las fábricas inglesas cantidad mayor de algunos
productos que la que nosotros les enviamos. Eso, que á muchos parecerá
una fábula, es, sin embargo, una realidad que hemos visto, y examinado
muy cuidadosamente por nosotros mismos, anotando todos los hechos de
que ahora nos servimos.
Segun los mejores datos estadísticos, el consumo de carne en el Reino
Unido--Inglaterra, Escocia é Irlanda--es de _un millón doscientos
cincuenta mil, á un millón doscientos setenta y cinco mil por año_:
todo él criado en el Reino.
Ese ganado se engorda á un punto de que poca idea tenemos hoy en
nuestros paises, aunque nuestros mayores la tenian, antes de la
revolucion de 1810, en algunas de las Provincias Arjentinas; donde se
acostumbraba tener _potreros_ para engordar bueyes y novillos cuya
grasa y carne daban pingües beneficios.
En Inglaterra, suelen llevar el engorde de algunos animales á tal
grado, que hemos visto, en Diciembre de 1843, bueyes que pesaban 1,800
y 2,000 libras; y uno que llegaba á _dos mil y quinientas libras de
peso_. Eso, por supuesto, es estraordinario: pero el peso medio de todo
el ganado que se consume en Lóndres es de _800 libras_ cada animal
vacuno, y 85 cada carnero.
Comparado ese peso con el de nuestros novillos de consumo en el Rio
de la Plata, se vé que estos no llegan á la mitad de aquellos. De
ahí, la inmensa cantidad de sebo que el ganado del consumo produce en
Inglaterra. Ella varia de 85 libras lo ménos, á 180 libras lo mas,
por animal; mientras que en nuestros ganados el primer término puede
estimarse en 15 libras, y el segundo en 75.
Así que, la cantidad de sebo que el Rio de la Plata esporta para
Inglaterra es comparativamente muy pequeña, al lado de la que
produce el ganado de consumo del Reino; y queda muy distante de las
esportaciones de la Rusia.
La siguiente tabla comparativa, muestra las cantidades enviadas al solo
mercado de Lóndres (que es el mas importante para este artículo) en una
série de cinco años
RIO DE LA PLATA. | RUSIA.
|
1839 3,015 pipas. | 92,625 pipas.
1840 4,353 -- | 86,538 --
1841 16,400 -- | 82,300 --
1842 10,600 -- | 66,500 --
1843 9,465 -- | 36,100 --
Por muy crecidas que parezcan las introducciones de la Rusia, ellas no
compusieron, en los últimos años, _un quinto_ del producto del ganado
que se consume en el Reino.
Los sebos de Rusia nos aventajan, no solo en cantidad, sino en calidad,
y por consiguiente en precio. La calidad depende, en parte, del mejor
engorde y cuidado de los animales; y en parte, del modo mas perfecto de
beneficiar el sebo.
Estas desventajas no deben, á juicio nuestro, desanimar á los
estancieros y saladores del Rio de la Plata, sino, al contrario,
estimularlos á mejorar sus ganados, y á perfeccionar el beneficio de
sus sebos.
_Octubre 18 de 1845._
EL CORONEL OLAVARRIA.
"Queriendo el Gobierno manifestar de algun modo el alto aprecio que
le merecen los servicios que este guerrero distinguido ha prestado
al pais, tanto en su gloriosa independencia, cuanto en las diversas
ocasiones que ha necesitado de ellos"..&a.&a.,
DECRETO DEL GOBIERNO _de 24 de Octubre, publicado en este número_.
Pocos nombres mas familiares en el Rio de la Plata que el del noble
guerrero á quien consagramos estas líneas. En las campañas de Chile
como en las del Perú; en las de Bolivia como en la del Brasil; en
Buenos Aires como en el Estado Oriental, ese nombre se encuentra
siempre asociado á brillantes hazañas personales, á victorias
gloriosas, á desastres tan gloriosos como la victoria; y representando
siempre, á la par del valor individual, las ideas de perfecta
organizacion y diciplina militar, especialmente en la arma á que
Olavarria se habia contraido en la última mitad de su carrera.
Pero sus hechos, como los de todos los personajes de una epopeya
todavia por escribirse, se conservan solamente en las tradiciones
populares, en documentos desparramados, ó en la memoria de sus
compañeros de armas. De fuentes tan diversas, apénas hemos podido
recojer uno que otro hecho, en las breves horas que nos quedaban,
desde que nos llegó el decreto del gobierno de la República, que dá
á los servicios del Coronel Olavarria una recompensa tan honrosa como
delicada.
Renunciando pues á toda pretension de biógrafos, haremos una sencilla
narracion de la carrera de aquel gefe, para confirmar, en cierto modo,
la justicia de esa noble resolucion del Gobierno Oriental, y para
cumplir un grato deber de la amistad que nos ligaba con el malogrado
guerrero.
Olavarria fué militar, literalmente, desde su primera infancia. Su
padre, Coronel de Blandenguez en Buenos Aires, en tiempo del gobierno
colonial, gozaba de merecida estimacion con los Virreyes, y en la Corte
de Madrid. La juventud americana no tenia entonces otra carrera delante
de sí, que la Iglesia, el Foro y la Milicia. El padre de Olavarria,
deseoso de dar al hijo la suya propia, solicitó, y obtuvo por gracia
especial de la Corte, á principios de 1810, un despacho de cadete del
mismo cuerpo Blandenguez, cuando el niño tenia apénas de 8 á 9 años.
Por estraño que esto nos parezca el dia de hoy, nada era mas comun
en aquellos tiempos, y aun en los primeros años de la revolucion,
que el destinar á la milicia los niños de esa edad, con el título de
_cadetes_, verdaderos _estudiantes_, que se reunian en académias bajo
la direccion de algun táctico viejo que les enseñaba á dar batallas
sobre las mesas, con muñequillos de carton.
Aquella edad y aquel título tenia Olavarria, cuando se abrió, en
1810, el grande drama en que debia, mas tarde, representar un papel
distinguido. Entonces no solo se obraba con el dia: se pensaba tambien
para el siguiente. Los que dirijian el movimiento procuraron formar
militares científicos, que pudieran hacer frente á las dificultades
que se preveian. Continuaron las académias de cadetes, especialmente
para el estudio importante de la artilleria. A esta arma se decidió
el niño Olavarria, y despues de tres años de estudio, empezó á servir
activamente en ella en 1813, teniendo él, 13 años de edad.
La reconquista de Chile por los españoles en 1814 hizo pensar
seriamente al gobierno de Buenos Aires en la necesidad de llevar
la guerra á aquel hermoso pais; y en el año siguiente se empezó la
formacion del Ejército de los Andes. Olavarria fué uno de los primeros
fundadores de ese Ejército--la gran escuela militar de nuestros
paises--y á él pasó, en clase de Alferez, en 1815.
Dos años despues, San Martin le transportaba al otro lado de los
Andes, descendia al suelo chileno, y encontraba al enemigo en la
cuesta de Chacabuco. Fué el primer encuentro en que se hallaba el
Alferez Olavarria; y ya en él se condujo de manera y demostró calidades
tales, que San Martin, cuya penetracion para conocer al soldado era
proverbial, miró en el jóven Alferez un hombre de esperanzas, y á
fines de ese mismo año le dió el grado de teniente.
Esa primera victoria de los republicanos, despertó al Virrey de Lima,
que miró amenazado el Perú, si Chile conservaba la independencia que
acababa de proclamar, en Febrero de 1818. Pezuela se apresuró por eso,
á mandar al jeneral Osorio, que con 5,000 hombres de tropas regladas,
desembarco en Talcahuano, en los primeros meses de aquel año; y marchó
sobre el ejército republicano, que se dirijia hácia Talca. Muy cerca
ya de esa ciudad, tuvo lugar la sorpresa y completísima dispersión del
Ejército de San Martin, en Cancha-Rayada, la noche del 19 de Marzo.
Olavarria, despertó, como todos, cercado de enemigos: sin desmayar
por eso, acudió á salvar su bateria, con una serenidad y un valor que
asombraron á los veteranos: sacó las piezas del campo de la sorpresa,
y se retiró muy largo trecho con ellas; hasta que, al dia siguiente,
oprimido por el número del victorioso enemigo, exhaustas sus fuerzas y
las de sus pocos artilleros, tuvo que abandonar los cañones, salvándose
con dificultad.
Apénas habian corrido 27 dias, despues de ese desastre, cuando San
Martin hizo frente á los realistas, en la llanura de Maipo, nombre cuya
significacion nadie ignora en Sud-América; nombre que desde entonces
........................became a magic word;
Which utter'd, to the hearer's eye appear
The camp, the host, the fight, the conqueror's career,
La artilleria trabajó mucho en esa batalla; y nuestro amigo, simple
teniente, se distinguió tanto, por actos de intelijencia y de valor,
que fué hecho capitan en el campo de la jornada.
Continuó despues toda la campaña de Chile, hasta la completa espulsion
de los enemigos, de ese territorio; y no hubo encuentro notable en que
no tuviese parte. Los combates de Chillan, de Biobio, y otros muchos,
le encontraron entre los vencedores.
El ejército Libertador de Chile se reorganizó despues para la
atrevidísima campaña del Perú. Olavarria marchó tambien en esa
expedicion; y al arribo al puerto de Pisco en 1820, se le confió
el mando de la artilleria de mar, á bordo del bergantin chileno
_Araucano_, destinado á cruzar entre aquel puerto y el Callao. Tambien
le esperaban combates en el mar; y se condujo con singular bizarria en
el que sostuvo el _Araucano_ con la fragata española _Cleopatra_.
Desde entonces, dejó el capitan Olavarria la arma en que habia
servido; y pasó á la caballeria, en que tantos conocimientos teóricos
y prácticos desplegó despues. Su primer servicio, en esa arma, fué en
el afamado regimiento de granaderos á caballo, que tanto nombre dió á
Necochea,
..............."el guerrero esforzado
Otra vez vencedor, y otra cantado;"
en cuyo cuerpo hizo toda la campaña de la Sierra, á las órdenes del
Jeneral Arenales.--De regreso de ella, pasó de Ayudante mayor, en 1822,
á un cuerpo de caballeria peruana, en el que hizo la campaña de la
costa, é inmediaciones de Lima, al mando del Jeneral D. Domingo Tristan.
En 1823, elevado al grado de Sarjento Mayor, fué destinado al primer
cuerpo de lanceros; que formaba parte de las fuerzas que, á las órdenes
del Jeneral Santa Cruz, hicieron la penosa, é importante campaña de los
Puertos Intermedios. En lo mas crítico de ella, fué mandado Olavarria
con su escuadron á ocupar la ciudad de Cochabamba.
El enemigo, por un movimiento bien concebido y bien ejecutado, dejó
aquel cuerpo enteramente cortado de la Division á que pertenecia; y
cayó sobre él con fuerzas muy superiores. Olavarria, sereno en el
conflicto, hábil para concebir, y rápido para ejecutar, emprendió una
dificil retirada á los Yungas, donde el renombre jeneral Lanza mantenia
el espíritu de independencia; y desafiaba, á fuerza de arrojo, de
actividad, y de conocimientos locales, todo el poder de los realistas.
A Lanza se incorporó Olavarria con todo su escuadron: reunidas despues
todas las fuerzas de aquel jeneral, determinó atacar al enemigo, que,
á las órdenes de Olañeta, ocupaba los Valles de Cochabamba. El éxito
correspondió mal al arrojo: Lanza fué vencido, sus fuerzas exterminadas
ó dispersas; y el Mayor Olavarria, obligado á escapar casi solo, y sin
esperanza de encontrar allí nuevos elementos de resistencia, determinó
arrostrar cualesquiera peligros, por reunirse á los compañeros á
quienes habia dejado combatiendo sobre las costas. Acompañado de cuatro
oficiales, sus particulares amigos, atravesó disfrazado varios pueblos
que el enemigo ocupaba; hasta llegar desdespues de inmensos trabajos, y
sorprender el Puerto de Arica, donde se apoderó de un mal buquecillo de
cabotaje, que le condujo á la Capital del Perú.
El último tercio del año de 1823 fué funesto para las armas
republicanas: parecia que el Ejército libertador del Perú habia perdido
el espíritu que le animaba, con la ausencia de su Gefe, el General San
Martin; que, en Setiembre del año anterior, habia dado el ejemplo único
hasta entonces, sin imitacion despues--de abdicar en manos del Congreso
Peruano, todos sus títulos, todo su poder militar y civil, alejandose
para siempre de la escena política.
El Perú quedó todo en poder de los españoles, á escepcion de algunos
Departamentos al Norte de Lima, donde se recojieron las reliquias
de los ejércitos republicanos. El jénio y los auxilios de Bolivar
los reorganizaron allí, y se emprendió de nuevo la campaña, que puso
término á la guerra de la independencia.--El mayor Olavarria fué
destinado á un cuerpo de nueva creacion, en el que se halló en la
batalla de Junin; que, como todos saben, empezó por la derrota de
los republicanos, y terminó por su completa victoria. Olavarria fué
hecho prisionero al principio de la jornada, y rescatado despues en
el mismo campo de batalla. Concluida esta, fué ascendido á comandante
de escuadron, en cuya clase se halló en la memorable batalla de
Ayacucho. Su comportacion allí escedió en bizarria á todo lo que hasta
entonces habia hecho. A mas de la parte que tuvo en la batalla, fué
destinado, despues de ella, á perseguir con su escuadron y una compañia
de cazadores, la derecha enemiga, que se retiraba organizada; hizo
prodijios de valor, desplegó extraordinaria actividad y tino; y regresó
al campo de batalla conduciendo número muy considerable de prisioneros.
Poco quedó que hacer, despues de la jornada de Ayacucho. Sin embargo,
los realistas ofrecieron todavia alguna resistencia en el Alto Perú,
y Olavarria participó tambien de todos los trabajos que fué necesario
emprender para terminar la guerra. Entre otros, fué destinado á sofocar
una insurreccion realista en Huamanga; varios encuentros tuvieron
lugar; hasta que, al fin, sometió á los revolucionarios, concluyendo
así sus servicios en la guerra de la Independencia, cuando literalmente
no quedaba ya un enemigo á quien combatir.
El término de aquella lucha, despertó en Buenos Aires la idea de
reconquistar la Banda Oriental, ocupada por el Brasil: á los cantos
de triunfo de Ayacucho se mezclaban clamores de guerra contra el
Imperio; y puede, con toda verdad, decirse que esa guerra habia
sido declarada por el pueblo, antes que los gabinetes formulasen la
declaracion. Olavarria oyó en el Alto Perú la nueva empresa á que su
patria se preparaba: pidió inmediatamente á Bolivar permiso para dejar
el servicio en su Ejército, y venir á ofrecer su brazo á su pais.
El Libertador de Colombia se lo concedió, en términos muy honrosos,
dándole, por sus servicios, los despachos de Coronel graduado, el 13 de
Marzo de 1826.
En Julio de ese año estaba ya en Buenos Aires, donde el Presidente
de la República le nombró Comandante de escuadron en un cuerpo de
caballeria: pero en Agosto siguiente, le confió el mando y organizacion
de ese Regimiento núm. 16, cuya fama ganada en la campaña del Brasil,
dura todavia entre los militares del Rio de la Plata. Olavarria fué
uno de los Jefes que mas brillaron en esa campaña, especialmente en
la jornada de Ituzaingó, donde su escuadron se atrajo la admiracion
de todos por su denuedo y su pericia. Allí fué herido Olavarria de un
pistoletazo, por la primera vez. El General Alvear dijo en el boletin
de aquella jornada: "Los bravos lanceros [era el cuerpo de Olavarria]
maniobrando como en un dia de parada sobre un campo cubierto ya de
cadáveres, cargaron, rompieron al enemigo, lo lancearon y persiguieron
hasta una bateria de tres piezas, que tambien tomaron. El rejimiento 8
sostenia esta carga: fué decisiva. El Coronel Olavarria sostuvo en ella
la reputacion que adquirió en Junin y en Ayacucho."
De vuelta de esa campaña, el coronel tomó la parte que todos sus
compañeros en el movimiento de 1.° de Diciembre de 1828, en Buenos
Aires. Vencidas las fuerzas del Jeneral Lavalle, Olavarria emigró á
la República Oriental, que empezaba entonces su vida independiente:
fijó su residencia en Mercedes, donde se entregó á ocupaciones
enteramente pacíficas. De ellas le sacaron las injustisimas y estúpidas
persecuciones que D. Manuel Oribe declaró, en obsequio á Rosas, contra
todos los emigrados Arjentinos. El Coronel que ya entonces habia
contraido matrimonio y formádose una familia, se reunió al General
Rivera á quien acompañó en la adversidad y en la fortuna, combatiendo
siempre por la libertad del pais que le asilaba, de la patria de sus
hijos, que el habia adoptado por suya. Su espada sostuvo siempre, en
este pais, la divisa del órden constitucional, y de los gobiernos
legales.
Durante su larga carrera, fué honrado con varias comisiones
importantes: ha sido diversas veces parlamentario; ha obtenido cinco
medallas, dos cordones, dos escudos, y una estrella de la lejion de
honor de Chile. Ese era el militar, el hombre público.
En el hogar doméstico, en sus relaciones privadas, todos los que le
conocieron le quisieron y le estimaron. Casó, en el destierro, con
Da. Jertrudis Rodriguez, hija de un propietario de Mercedes; y se
contrajo al cuidado y fomento de las propiedades rurales de su esposa.
La invasion de Oribe le arrojó de su casa; y su familia se asiló en la
Capital, donde tuvo el dolor de perder un exelente esposo, un padre
solícito y tierno.
El Gobierno Oriental acaba de recompensar los méritos del Coronel
Olavarria, con un acto que honra tanto al que le ha hecho como á la
memoria de aquel soldado distinguido. Grande consuelo es, para su
familia y sus amigos, ese testimonio de la gratitud de un pueblo que
le habia admitido entre sus ciudadanos. Los amigos y compatriotas del
Coronel Olavarria se unen á su familia, para agradecer esa honrosa
demostracion.
_Octubre 27 de 1845_
ERRORES CURIOSOS.
Las prensas del Rio de la Plata han publicado algunas veces artículos
sueltos sobre la ignorancia, en que se vive en la Europa, respecto
de los hombres, de los sucesos, de la historia, de la geografia, de
las costumbres; y en una palabra, de todo lo que dice relacion á estos
paises: algunos ejemplos se han citado, de libros publicados por
seudo-viajeros, que recojen notas en los cafées, en las calles, ó de
boca de truhanes, que se entretienen en contarles los mas ridículos
despropósitos; y las publican luego en esmeradas ediciones, con títulos
pomposos, aumentando la inmensa copia de paparruchas con que se
alimenta la ignorancia.
Algo se ha dicho, repetimos, sobre ese particular; pero aun queda
muchísimo que decir; é importa decirlo, porque en ello se interesa
directamente el crédito y la prosperidad de estos paises.
Un documento oficial que publicamos ayer, firmado por el primer
estadista contemporáneo:--si se esceptúa tal vez el soberano á quien
sirve[16] nos ha sugerido la idea de este artículo. Mas adelante
hablaremos de ese documento.
[16] M. Guizot, y el rey Luis Felipe. (_L. D._)
Cuando uno de nosotros visita la Europa por primera vez, encuentra
cada dia un desengaño, ó pierde alguna ilusion, respecto de las ideas
que allí se tienen sobre estos paises. La afluencia comparativamente
grande, de extranjeros que frecuentan nuestros puertos; el comercio
de ideas y de productos que se mantiene entre nosotros y la Europa,
nos persuade que allí se fija en este lado del mar la misma atencion
que nosotros fijamos en los paises remotos. Sin embargo, sucede todo
lo contrario; y ninguna exageracion hay en decir: que entre la clase
comerciante--que es generalmente la que mas conoce las regiones de
nuestra América--ese conocimiento está limitado en cada individuo al
pais con que trafica. Los hombres de ciencia y de letras no tienen
sobre ellas, por lo comun otras nociones que las muy generales que dán
los libros de geografia, ó de historia: y esas mismas, pervertidas por
los viajeros traficantes de imposturas, á quienes antes nos referimos.
Hablamos todo esto por esperiencia propia. Con mucha frecuencia nos
ha sucedido del otro lado del mar que, al decir que éramos de Buenos
Aires, y que íbamos de Montevideo, se nos tomaba por brasileros; y mas
de una persona advertida por nosotros de su error, nos ha sostenido
todavia que Rio de la Plata y Brasil todo era uno:--proposicion
(digámoslo de paso) que convendria mucho al Sr. Carneiro Leão, á juzgar
por sus notas al general Guido, pero que no prueba gran conocimiento en
la geografia física y política.
Engaño muy grande seria el creer que solo se encuentran esos errores
en gentes vulgares ó iliterarias: algunos ejemplos de nuestra propia
experiencia han de mostrar lo contrario.
Hallándonos una noche en una distinguida sociedad de Lóndres,
contestando á algunas preguntas que nos hacian sobre el Rio de la
Plata, uno de los circunstantes, negociante de primera nota en el
_City_, nos preguntó en plena asamblea _donde se hallaba actualmente
el General Bolivar_. Esto sucedia en el invierno de 1843.--"Señor,
contestamos, el General Bolivar ha muerto." "No, no, repuso el
interlocutor: hablo del libertador de Colombia, Simon Bolivar."--"Si
señor, dijimos, murió hace ahora unos diez años." Y esto fué una
novedad para nuestro contertulio.
Fuimos á visitar en Paris á uno de los literatos cuyo nombre y cuyos
escritos son mas familiares en todas estas rejiones;[17] y una de las
preguntas que nos hizo fué--por mas asombroso que parezca--cual era el
idioma de la sociedad culta en el Rio de la Plata. Contestamos nosotros
que el Castellano: "eso será, repuso él, en las clases inferiores;
pero entiendo que el francés es el idioma de la clase escojida." Como
le afirmásemos lo contrario, extrañó entonces que un niño que nos
acompañaba se expresase regularmente en francés.
[17] M. de Lamartine.
Poco despues de nuestra llegada á Montevideo, recibimos diplomas de
una sociedad cientifica residente en Paris, que especialmente se
ocupa en trabajos históricos, y geográficos. El sobrescrito con
que esos papeles nos llegaron, y que conservamos en nuestro poder,
dice literalmente:--"Al Sr. Florencio Varela, Doctor en Derecho, en
Montevideo (_Brasil_.")
Una casa de Comercio de esta plaza puso el año pasado en nuestras
manos un poder que habia recibido de corresponsales suyos en _Ruan_,
para cobrar una suma á otro negociante en esta. El poder otorgado en
aquella ciudad de Francia dice: "A los SS.... negociantes en Montevideo
(_Méjico_.")
A estos ejemplos podriamos agregar otros, tomados de libros
contemporaneos, que gozan de justisima reputacion; pero que carecen
hasta de buen sentido, desde que hablan de la América del Sud; Maunder,
por ejemplo, que en uno de sus _Tesoros_ presenta al General San Martin
ganando señaladas batallas _contra_ los independientes de Sud América,
_y en favor_ del rey de España!! Pero si algun ejemplo mas notable se
necesita, aquí tenemos el documento que indicamos al principio; la
carta del Sr. Guizot al Baron de Mackau, que publicamos ayer entre
las piezas oficiales de la negociacion con el Señor Deffaudis. El Sr.
Guizot, estadista de alta capacidad, hombre de vastisima erudicion,
uno de los genios mas seriamente investigadores que conocen los
contemporaneos, colocado al frente de las relaciones exteriores de la
Francia, lo que le obliga á conocer la organizacion política de los
paises con quienes mantiene esas relaciones; el Sr. Guizot no se ha
dado cuenta todavia de la República Arjentina; y en la carta citada
dá, por dos veces, á Rosas el título de _Presidente_; y se expone á
que Arana--Arana, por Dios, que no sabe siquiera traducir el francés,
que no está cierto tal vez, de cual rama de los Borbones está sobre
el trono de Francia,--le zumbe en una nota oficial por aquella crasa
equivocacion!! Ella es tanto mas notable, cuanto la capacidad que
Rosas se atribuye para representar á todas las provincias Arjentinas,
ha sido, desde el tratado Mackau, materia de pública, y muy ajitada
discusion. Hoy nadie ignora: y á nadie es permitido ignorar sino á unos
periódicos de Nueva York que ponen á Rosas al mando de las fuerzas
_orientales_, y al general Rivera y á _Ur Kisso_ al frente de las
Arjentinas--que Rosas no es mas que el _Gobernador de la Provincia de
Buenos Aires_: que no hay, en la actualidad, _Presidente_ de aquella
República, por que ningun pacto existe que ligue las provincias
Arjentinas. El error del Sr. Guizot es injustificable, y aumenta la
lista de los que cada dia se cometen respecto de nosotros.
Algunas personas han querido escusar esa ignorancia, diciéndonos que
ni tienen medios de averiguar lo que pasa en estos paises, ni su
situacion vale la pena de ser estudiada.--No: esa es una mala excusa de
la ignorancia. Cualesquiera que hayan sido los estravíos de la prensa
en nuestra América, mucho, muchísimo bueno se ha escrito en ella; y el
Rio de la Plata no es el que ménos ha contribuido, en ciertas épocas á
aumentar el caudal de útiles conocimientos, sobre las rejiones bañadas
por este inmenso estuario.
Cualesquiera tambien que nuestras locuras sean, no es verdad que
hayamos merecido por ellas la suerte de Gomorra--que deban estos paises
borrarse de la lista de los pueblos cultos y cristianos. No: los
jérmenes del bien, de la civilizacion, del progreso moral, existen con
bastante vigor para resistir, como lo están haciendo hace tantos años,
los esfuerzos que hace la barbarie por desarraigarlos. Los que vuelven
el rostro con desden á la situacion de estas rejiones, lo hacen por
abandono, por pereza, por no tomarse el trabajo de ayudar y sostener
el buen principio: le dejan perecer, pudiendo salvarle, y luego nos
escarnecen por que ha perecido.
Los sucesos, que, hace seis meses, empiezan á desarrollarse, muestran
que la Europa ha comprendido al fin la conveniencia, la necesidad,
de dar apoyo en la América al principio civilizador. A nosotros
toca apoyar esa nueva tendencia; y los escritores públicos, mas que
muchos otros, tienen la obligacion de hacerlo, elevando la imprenta
á la altura conveniente, haciéndola servir á derramar en el exterior
conocimientos exactos sobre los hombres y las cosas de nuestros
paises; y á combatir, con enerjia y con templanza, la impostura de los
que trabajan por envolver entre sombras la verdad.
_Noviembre 19 de 1845._
JUICIO SOBRE EL GOBIERNO DE ROSAS.
Si Rosas fuera mas hábil, ó ménos altanero, evitaria con gran cuidado
la publicacion de ciertos actos, indispensables para la conservacion de
ese sistema monstruoso, fundado en las dos principales basas del terror
y del engaño. Para sostener este último, necesita estar proclamando
principios liberales, amor á las instituciones republicanas; hablando
siempre de su sumision á la ley, de su respeto á las garantias y
derechos de los ciudadanos; mientras que la necesidad de sostener el
elemento del terror le pone en diaria y patente contradiccion con las
palabras y protestas que incesantemente repite. Mejor seria para él,
ocultar á los ojos del mundo los documentos con que el mas ignorante de
los hombres puede reprocharle la hipocresia y el embuste de todas sus
palabras.
Esta reflexion nos sujiere la publicacion hecha por la _Gaceta_, de las
últimas reelecciones de los Gobernadores de Tucuman y Catamarca; y de
las resoluciones confiriéndole facultades estraordinarias. En todos
esos documentos, lo mismo que en los que, por servilísima imitacion,
dicta y pública la jente del Cerrito, se repiten hasta empalagar las
palabras leyes, republicanismo, libertad, sentimiento americano. Y sin
embargo, en donde quiera que gobierna Rosas y sus amigos, no hay un
solo pueblo donde los Gobernadores no sean constantemente reelejidos,
y donde no estén investidos de facultades estraordinarias; es decir,
donde no esté suspendida toda ley, toda garantia, y aniquilada
completamente la division de los poderes públicos, que forman la
esencia de toda constitucion republicana: para reemplazarlos por la
irresponsable voluntad de un soldado.
Las supuestas leyes que conceden á los mandones de todas las provincias
Arjentinas y del Cerrito ese poder arbitrario y discrecional, se
fundan uniformemente en lo escepcional de las circunstancias, y en
la necesidad de que "_toda otra ley, toda otra razon, todo otro
sentimiento se posponga á la imperiosa exijencia de salvar la
patria_".[18] ¿Pero qué sistema es este, que, en 15 años seguidos del
mas libre é ilimitado ejercicio, conserva los paises donde rije en
un estado escepcional; que no permite que las leyes ejerzan imperio
alguno; y que no ofrece otro medio de salvar la patria que el de
depositar toda la autoridad pública en manos de un solo hombre? Y no
de un hombre como quiera; sino precisamente del que representa y tiene
en sus manos la fuerza material, el poder de las armas. ¿Cual es en
el mundo la República [ya que tan republicanos se proclaman] fundada
en esa monstruosa organizacion? Rosas, Oribe, la turba embustera de
parásitos que viven para ensalzarlos entonan el coro, que les mandan
repetir, de quejas y denuestos _contra la tirania de las naciones
Europeas_, á quienes, sin creerlo ellos mismos, atribuyen miras de
dominacion y de conquista. Pero en esas naciones el ciudadano piensa lo
que quiere; habla y escribe lo que piensa; su propiedad es suya; suyo
el fruto de su trabajo; su casa es un recinto donde ninguno penetra
por la fuerza, y nadie, desde el Monarca para abajo, puede privarle
de su libertad ni de sus bienes, sino en nombre de la ley; y por un
juicio regular en el que el acusado es el que tiene mas garantias.
Pero en los paises donde imperan estos _republicanos eminentes_ donde
se proclama este gran _sistema americano_, los hombres son arrastrados
por centenares á las prisiones; sus bienes son confiscados en provecho
de los delatores ó de los verdugos; ninguno sabe para quien trabaja;
nadie está cierto de que, al acostarse hoy, amanecerá mañana bajo el
techo de su hogar; porque basta la simple voluntad del que reune todos
los poderes del Estado, unidos á la fuerza material, para privarlo á
un tiempo de sus bienes, de su libertad y de su vida. Si alguno hay
tan imprudente que niegue que esto pasa en los pueblos donde domina
Rosas, Oribe y los suyos, les citaremos los textos con sus firmas
de los decretos de confiscacion; las publicaciones hechas por ellos
de presos sacados, de á 200 y 400, de las cárceles donde entraron,
sin que se les dijera porqué; y de donde salieron, no por sentencia
de juez, sino porque lo pidieron los almirantes Mackau y Dupotet.
Les citaremos, sobre todo, esos decretos que los invisten con las
facultades estraordinarias; esos, porque nada como eso desmiente la
hipócrita vocingleria de leyes, de libertad, de republicanismo, de
sistema americano.
[18] Palabras literales de la última resolucion de Tucuman, del
1.°de octubre próximo pasado, publicada en la _Gaceta_ de 19 del
corriente.
Y si ese es el sistema americano; si consiste en vivir como vivimos
hace 15 años; en que Estanislao Lopez gobierne en Santa Fé hasta que
se muera; Ibarra en Santiago, Benavides en San Juan, Rosas en Buenos
Aires, y así todos los demas, hasta que llegue tambien el momento de
morir; si consiste en que no tengamos hogar, ni propiedad, ni libertad
individual; en que la mitad de una jeneracion se pase con las armas en
la mano; en que los campos no se cultiven, y la educacion se abandone,
y ningun trabajo útil se emprenda, y los principios de la moral, y las
prácticas relijiosas se vayan poco á poco olvidando; hasta desaparecer
y dejar al hombre la sola vida estúpida y material que le asemeja á la
bestia;--si en eso consiste, mandones dementes y frenéticos, el sistema
americano que proclamais; mejor, mil veces mejor estábamos bajo el
sistema colonial, y estariamos bajo el dominio de cualquiera potencia
civilizada y cristiana.
Porque no es verdad que esta vida que llevamos sea el destino del
hombre en la creacion; y cualquier Gobierno que permitiera llenar el
que realmente debe ser; que asegurase á los ciudadanos su libertad, sus
derechos; y mejorase su condicion social: cualquiera, fuese cual fuese
su nombre; con solo esas condiciones, seria preferible mil veces á eso
que vosotros llamais sistema americano.
Por fortuna de las naciones que pueblan este vasto continente, no es
verdad que sea vuestro sistema el que ellas buscan, por el que tanto
han luchado. No; al contrario; la América se afana tras del mismo
sistema de libertad y de perfeccion que rije en los Estados Unidos y en
la Europa Constitucional: vosotros solos, os oponeis á la realizacion
de ese deseo; y os afanais por sostituir á una organizacion legal,
á gobiernos de libre y democrática eleccion, el sistema salvaje de
la pampa y el sombrío despotismo de Montezuma. A eso llamais sistema
americano, eso prueban vuestras leyes de facultades estraordinarias,
vuestras interminables reelecciones, y vuestra bajisima sumision á la
voluntad de un déspota, á quien remedais míseramente y cuyo látigo os
hace temblar.
Gritad republicanismo y sistema americano: por toda contestacion os
recordaremos siempre los decretos que en las provincias que domina
Rosas, y en las zanjas del Cerrito, os invisten con las maldecidas
facultades estraordinarias. Buscad jóvenes cuya intelijencia degradais,
y cuya reputacion aniquilais en la cuna, haciéndolos escribir en
defensa de ese sistema brutal; jóvenes que aun tienen mucho que vivir,
y que, todavia en la mitad de su carrera, han de avergonzarse de mirar
al rostro á los que hayan leido sus producciones: todas ellas, todo el
papel que les hagais borrar, no deshará jamas el convencimiento que dán
vuestros decretos de facultades estraordinarias; ellos solos destruyen
toda la sofistería de vuestro hipócrita palabreo.
_Noviembre 27 de 1845._
NAVEGACION DE LOS RIOS INTERIORES.
I.
Escribir sobre esta materia, despues de tanto como se ha escrito, de
dos años acá en las dos márjenes del Rio de la Plata, parecerá tal
vez una repeticion fastidiosa. Profesando, sin embargo, opiniones muy
diversas de las que jeneralmente hemos oido emitir sobre el particular,
deseamos ver si podemos traer la discusion á un terreno nuevo, en vez
de seguir á Rosas en el que sus adversarios le han permitido, hasta
ahora, elejir á su placer.
El ha mostrado su natural astucia, elijiendo el único que le ofrecia
ventaja.--Jeneralizando las teorías abstractas del derecho público,
sobre navegacion de aguas interiores, ha evitado la discusion esencial
y práctica de la libertad de navegar el Paraná:--tratando únicamente
del derecho _que Buenos Aires_ tiene para excluir al extranjero, de la
navegacion de ese rio, ha evadido fácilmente el exámen del que tienen
_las otras provincias litorales_ para admitir en sus puertos todos los
pabellones. El ha cuidado esmeradamente de no ventilar sus derechos,
sino como cuestion de _la Nacion Arjentina_ con el extranjero: nosotros
creemos que ha debido, y debe tratarse, como cuestion entre Buenos
Aires y las demas provincias litorales. La complicacion, que en los
momentos actuales ha sobrevenido, de un elemento extranjero, aparecerá
entonces en su verdadera luz.
Rosas, atrincherado en citas y doctrinas del derecho de jentes y en
declaraciones generales del Conde Aberdeen, prueba muy fácilmente que
ninguna nacion extranjera puede exijir, de derecho, la navegacion
de un rio interior contra la voluntad del soberano á quien ese rio
pertenece; y aplicando esa doctrina á los sucesos de Hoy, concluye que
la Francia y la Inglaterra atropellan inicuamente _los derechos de la
Confederacion Arjentina_. Otros le han negado aquel principio jeneral:
nosotros se lo concedemos de plano; pero negamos la aplicacion, y
con ella la consecuencia final. No es la Nacion Arjentina quien se
opone á la libre navegacion del Paraná; es el solo y único gobierno
de Buenos Aires; mientras que las otras provincias arjentinas, á
quienes la cuestion interesa, desean, piden á voces, necesitan
vitalmente esa libertad de navegacion, tan léjos de oponerse á ella. La
historia de las revueltas domésticas de aquellos pueblos, desde poco
despues de la comun emancipacion, y los hechos que Hoy vemos, prueban
incontestablemente esa verdad.
El Paraná, desde la confluencia del Paraguay hasta que se vacia
en el Plata, corre bañando territorio de cuatro provincias
arjentinas;--Corrientes y Entre Rios en la márjen izquierda, Santa Fé
y Buenos Aires en la derecha. De todas ellas, solo esta última tiene
interés--interés segun el sistema anti-económico y estrecho que hasta
ahora se ha seguido--en que buques extranjeros no suban el Paraná;
por qué mientras el término final de las expediciones de ultramar sea
la rada de Buenos Aires, ella sola hace todo el comercio de tránsito
con las demas provincias. Estas, por el contrario, tienen el mas alto
interés mercantil, económico y político, en hacer el comercio directo
con el extranjero; en no pagar á Buenos Aires los derechos y gastos del
comercio de tránsito, en particular de las rentas de las Aduanas; y en
no permanecer en impotente dependencia de la voluntad del Gobierno de
Buenos Aires; que, alegando necesidades de guerra ciertas ó supuestas,
cierra cuando le parece toda comunicacion por las aguas, incluso el
comercio mismo de tránsito.
Esa posicion, los sentimientos y disposiciones que ella engendra en las
provincias litorales, son tan evidentes, que argumento ninguno puede
ponerlas en duda. Haber desconocido Buenos Aires esos intereses y esos
sentimientos, ha sido en todos tiempos, una de las primeras causas de
desavenencia y rompimiento de parte de las provincias. Casi siempre
han justificado ellas sus procedimientos alegando el domino exclusivo
que Buenos Aires pretendia en las aguas de la República, y la no
participacion de las otras provincias en las ventajas pecuniarias que
de esas aguas sacaba la Capital.
Rosas, que se proclama fundador de la _Confederacion Arjentina_, es
entre todos los gobiernos de Buenos Aires, el que mas tirantez y
obstinacion ha mostrado en negar á las provincias _confederadas_, que
ocupan las márgenes del Paraná, toda participacion en las ventajas que
Buenos Aires deriva del comercio directo con el extrangero. Aplicando
la lejislacion y los arreglos hechos para la navegacion de rios
que, como el Escalda, corren por territorios _de naciones diversas
é independientes_, á la de un rio que solo baña _provincias de una
misma nacion_ niega á las que llama sus hermanas, á las que tienen
derechos perfectamente iguales á él, lo que aquella legislacion niega
á las naciones extrangeras. Arrogándose el derecho de someter esas
provincias á su sistema, basta que una se separe de él, como sucede
Hoy en Corrientes, para que el Dictador cierre de un golpe el Paraná,
y aniquile en todas las otras aun el mezquino comercio de tránsito que
permite á los que le obedecen.
El solo es, pues, quien cierra los rios al extranjero, contra la
voluntad, contra los intereses mas esenciales de las demas provincias.
Estas tienen, para abrirlos, el mismo derecho que tiene él para
cerrarlos. No es verdad, por consiguiente, que _la Nacion Arjentina_
rehuse al extranjero la entrada al Paraná; Corrientes, provincia tan
Arjentina como Buenos Aires, tiene abiertos sus puertos á todos los
pabellones, por expresas leyes de su legislatura, hace mas de cinco
años; Santa Fé y Entre Rios, los admitieron igualmente en el tiempo en
que se vieron emancipados del poder de Rosas; y los admitirian Hoy,
como el principio de su prosperidad y engrandecimiento.
Sin negar, pues, el principio jeneral de que los extranjeros no tienen
derecho á navegar el Paraná contra la voluntad de la nacion Arjentina,
negamos la aplicacion que hace Rosas de ese principio; y decimos: que
tres de las cuatro Provincias Arjentinas bañadas por el Paraná, quieren
que el extranjero le navegue, y que solo hay una que se opone á las
demas.
No pretendemos que esa circunstancia dá derecho al extranjero para
forzar, en tiempo de paz, y sin negociacion alguna previa, el paso por
las aguas de la provincia que resiste: pero no se puede desconocer que
modifica de tal manera el principio general del derecho público, que su
aplicacion viene á ser completamente imposible.
La República Arjentina no tiene Hoy autoridad alguna nacional: la
investidura dada á Rosas de entretener las relaciones exteriores
no se extiende á decidir por sí y ante sí, una cuestion tan grave;
á disponer de los derechos é intereses de las otras provincias. El
extranjero, pues, que acepta el permiso que las provincias del Alto
Paraná le conceden de comerciar con ellas, que desea aprovecharse de
él, y que no encuentra autoridad nacional á quien recurrir para que
remueva el obstáculo que la sola provincia de Buenos Aires opone;
puede, cuando ménos, pedir, con buen derecho, al gobierno de esta, que
haga tales arreglos, que salvando lo que crea convenir á sus intereses
provinciales, y evitando el comercio con las costas de su provincia,
no le prive del beneficio que las otras le conceden y deje libre el
tránsito hácia ellas; porque las aguas que bañan las costas de la
Provincia de Buenos Aires no son aguas del particular dominio de esa
provincia, sino de la Nacion Arjentina; y del mismo modo que Corrientes
no podria hacer en la parte del rio que corre por su territorio, obras
que impidiesen su curso, ó le desviasen, en daño de las provincias
de mas abajo, así tampoco estas pueden poner trabas á la libre
comunicacion que las de arriba desean.
Tratando ahora de la entrada que buques extrangeros se han forzado
en el Paraná, fácil será demostrar que ella no viola principio
alguno de derecho internacional, ni ofende las prerogativas de la
Nacion Arjentina. La Inglaterra y la Francia no han dicho; "entramos
al Paraná por que la ley comun de las naciones nos dá derecho de
entrar, aunque la Nacion Arjentina no quiera." No; ellas reconocen
plenamente el derecho de los arjentinos: sus gobiernos lo han declarado
así solemnemente: pero han entrado al Paraná por razones del todo
independientes de ese derecho.
Desde luego, la Francia y la Inglaterra no fueron á aquel Rio, sino
_despues de hallarse en guerra con_ _Rosas_; ¿y quien no sabe que la
guerra envuelve el desconocimiento de todos los derechos?
Pero, á mas de eso, hay otro motivo que autorizaria para entrar al
Paraná, no solamente á la Inglaterra y á la Francia, sino á todas las
demas naciones cuyos súbditos se hallan en el caso que expresaremos.
Extrangeros de diversos paises se han establecido en las provincias
arjentinas del alto Paraná, y en el Paraguay, con pleno consentimiento
de los Gobiernos de los respectivos paises: eso les dió el derecho de
disponer libremente de los frutos de su industria, y de la propiedad
que acumulasen. Sobreviene una cuestion, puramente doméstica, entre
dos provincias arjentinas--la de Buenos Aires y la de Corrientes;
y abusando entonces de la ventaja que le dá el dominio de la parte
baja del rio, Rosas cierra enteramente la comunicacion con aquella
provincia; y priva á los extranjeros establecidos en ella y en todo
el alto Paraná de disponer de los frutos y propiedades que acumularon
lícitamente.--No permite que se saquen de allí bajo bandera ninguna
neutral, y niega á la suya, única que navega el rio, el permiso de
traerlas á los mercados á que eran destinadas. Quedan, pues, todos esos
extranjeros privados del libre uso de su propiedad, y sufren inmensas
pérdidas, por una querella puramente doméstica de Rosas; quedan esas
propiedades encerradas no solo en Corrientes que está en guerra con
el Dictador, sino en el Paraguay y otros puntos, que no lo están.
Semejantes trabas violan abiertamente derechos adquiridos por los
súbditos extranjeros, sea en virtud de tratados existentes, sea por el
consentimiento del libre ejercicio de su comercio y de su industria en
aquellos parajes. Si Rosas, pues, abusa de su dominio en los rios, en
perjuicio de los extranjeros, claro es que dá á estos el derecho de
oponerse al abuso; de emplear la fuerza contra la fuerza; de penetrar
á traer la propiedad extranjera, que el Dictador, en violacion de
derechos incuestionables, no consiente buenamente que se traiga.
Esas son las razones por que se fuerza la entrada al Paraná; no por
desconocer el derecho ni la soberania de la Nacion Arjentina en aquel
Rio. Rosas, solo Rosas, es el causador de esa hostilidad; como él,
y solo él, es quien se opone á la libertad de la navegacion, que
Corrientes, Entre Rios y Santa Fé desean y necesitan para prosperar.
Puede ser que otra vez volvamos sobre este asunto.
_Enero 2 de 1846._
II.
Manifestamos en uno de nuestros números anteriores el aspecto en que,
á juicio nuestro, debe considerarse la cuestion de la navegacion del
Paraná;--no con relacion á pretensiones del extranjero, sino como
cuestion de entre las diversas provincias Arjentinas situadas sobre
las márjenes de aquel rio. La nueva declaracion de principios del
Paraguay viene á apoyar los derechos y las ventajas de esas provincias.
Aquella República abre sus puertos á todos los extranjeros, declara que
tiene derecho á la navegacion libre del Paraná, y que la oposicion del
Dictador de Buenos Aires al goce de ese derecho es una de las causas
que motivan y justifican la guerra.
Las naciones que han reconocido la independencia del Paraguay, y
las que en adelante la reconozcan, envuelven naturalmente en ese
reconocimiento el de los derechos todos de la soberania, incluso
el dominio de las aguas y su uso para el comercio. Una de las mas
naturales y mas comunes consecuencias del reconocimiento de la
independencia de un nuevo Estado es la celebracion de tratados de
comercio, navegacion y amistad: aquellas naciones, pues, los celebrarán
con el Paraguay; adquirirán, por ellos, derechos á navegar en las
aguas y puertos de esa República; y por consecuencia á transitar por
las que pertenecen á las provincias arjentinas, que forman la parte
mas baja del rio. El Paraguay quedará, respecto de estas provincias,
en una posicion análoga--y no decimos _idéntica_ por razones que
daremos mas adelante--á la en que se halló la Béljica despues de
su separacion de la Holanda en 1832. Las aguas y puertos belgas en
la parte superior del Escalda de nada, ó de muy poco, servirian
al comercio del mundo, si las pretensiones del Rey de Holanda al
uso y navegacion exclusiva de la parte baja de aquel rio hubiesen
sido respetadas en toda su estension. La Béljica seria un pais
independiente, con puertos tan importantes como Amberes, y no podria
usar de su derecho de abrirlos al comercio de todo el mundo; cosa, en
realidad, opuesta á toda idea de conveniencia y de justicia comun. Los
mismos motivos que hubo para hacer los arreglos que sobre el Escalda
existen, habrá para que se reduzca á Rosas á entrar por algunos,
cualesquiera que sean, con tal que dén por resultado el tránsito por
sus aguas hasta el alto Paraná. Si hay diferencia en esos motivos,
es enteramente en contra de las pretensiones del Dictador: porque
no ofrece el Paraná las grandes dificultades que el Escalda para
conciliar los intereses de sus diversos soberanos. Aquel rio europeo
corre por entre ciudades y comarcas opulentas, las mas industriosas,
tal vez, de todo el continente europeo; y que perteneciendo á Estados
diversos, tienen rivalidades y celos comerciales; tienen intereses
fabriles que protejer, las unas contra la supremacia de las otras;
tienen que multiplicar sus medios de vijilancia contra el contrabando
y el fraude, en proporcion de las inmensas facilidades que ofrecen
á esas operaciones clandestinas los centenares de vapores que cruzan
aquellas aguas, los muchos y rapidísimos medios de comunicacion y de
transporte por tierra. Conciliar esos intereses, que no es posible, en
realidad desatender, era y es Hoy la gran dificultad para el arreglo de
la navegacion del Escalda. Pero nada de eso sucede respecto de nuestro
magnífico Paraná, que baja por entre soledades incultas, y bosques
primitivos; y sobre cuyas márjenes, en una extension de 150 leguas,
se hallan apénas tres ciudades capitales de Provincia, y 7 ú 8 villas
de escasísima poblacion, de ninguna industria, de muy poco comercio,
y aun ese, dependiente de la Capital de Buenos Aires. Entre ellos,
por consiguiente, ni puede existir rivalidad alguna fundada, ni hay
intereses notables que conciliar. Siempre hemos creido, por eso, que
no es posible, ni sensato, aplicar á los rios interiores de nuestra
América, especialmente á los afluentes del Plata, los principios de
derecho de jentes, ni la lejislacion y reglamentos prácticos, que rijen
la navegacion de los Rios en Europa; sino que deben sufrir grandes
modificaciones, en virtud de las diferencias expresadas, y de otras
muchas de análoga naturaleza.
Creemos, entretanto, que un arreglo _justo y racional_ para la
navegacion del Paraná hasta el Paraguay no puede ofrecer las
dificultades que la del Escalda; y que, si en este último rio se ha
hallado medio de conciliar, en parte, intereses tan complicados como
los que existen, debe esperarse que se llegue mas fácilmente á un
arreglo respecto del Paraná.
Reconocida la independencia del Paraguay, y con ella la soberania y el
uso de sus aguas, Rosas no tendria, en realidad, derecho para quejarse
de que se le exijieran esos arreglos: la cuestion que podria promover
seria contra el reconocimiento de la independencia paraguaya; pero
consumado este, la navegacion del rio, fundada en tratados del Estado
reconocido, no es mas que una consecuencia natural del reconocimiento.
Ese es, á juicio nuestro, el nuevo punto de vista en que las últimas
declaraciones del Paraguay colocan la cuestion de la navegacion del
Paraná. Si Buenos Aires tuviera otro Gobierno que el de Rosas, él
comprenderia, á la primera mirada, que su interés estaba en no dar
entrada á cuestion ninguna; sino, por el contrario, en adoptar de plano
la basa de la libre navegacion, como un principio seguro de riqueza,
de desarrollo, de engrandecimiento futuro; limitando los arreglos á
las leyes de policia y aduanas, para protejer su comercio contra el
contrabando, y para derivar del permiso de tránsito una renta, que, sin
gravar desproporcionadamente al comercio ni á la navegacion extranjera,
creceria y llegaria á ser muy considerable, á medida que aquellos se
desarrollasen. Pero nada de esto puede esperarse de gobernantes de
los principios de Rosas: por fortuna creemos no engañarnos cuando
pensamos que nuestros principios son los que profesan jeneralmente los
enemigos del dictador, los que en el órden natural de las cosas han
de ser llamados á reemplazar el sistema y las ideas de aquel mandon,
cuando suene la hora de su castigo. Aun por eso consideramos como dos
ideas íntimamente ligadas, la del desaparecimiento de Rosas, y la de la
prosperidad futura de los pueblos que baña el Paraná.
_Enero 15 de 1846._
III.
Al lado de la reconvencion á que contestamos ayer se nos hace otra,
de naturaleza análoga relativa á las ideas que profesamos y hemos
emitido sobre la navegacion del Paraná. ¡Como! se dice: ¿Un hijo de
Buenos Aires aboga por franquicias comerciales en favor de las otras
provincias, cuando no pueden concedérseles sino á expensas de las
ventajas que el comercio y la navegacion de Buenos Aires reportarán,
mientras sea este el único puerto donde todos los demas pueblos de
la República hayan de venir á proveerse de lo que consumen? Es este
un reproche en que toman parte aun algunos enemigos mortales de
Rosas, persuadidos, de buena fé, á que las ventajas comerciales de las
provincias ribereñas importan necesariamente pérdidas proporcionales
para la de Buenos Aires.
Ese error, á juicio nuestro, ha sido una de las causas principales de
apartamiento y de guerras civiles en las provincias arjentinas: ni
creemos posible reconciliarlas, ó unirlas en un vínculo de _sincera y
permanente_ amistad, mientras se obre en consonancia con aquel error.
No se nos oculta que la adopcion práctica de nuestras ideas nada ménos
importaria que un cambio fundamental en el sistema político y económico
seguido en Buenos Aires, en todas las épocas--lo mismo en las de su
aislamiento que en las que ha formado parte de la república reunida en
una representacion comun. Pero precisamente por eso es que deseamos que
se medite seriamente ese cambio; que se estudien en los ensangrentados
anales de nuestro atraso social, los efectos del sistema hasta hoy
seguido; y se examinen los que producirá el opuesto.
Desde luego tenemos el convencimiento de que Buenos Aires, muy léjos
de perder con la libre navegacion del Paraná, ganaria inmensamente en
ella y en la consiguiente prosperidad de las provincias litorales.
La situacion de Buenos Aires le dá ventajas que conservará siempre
porque nadie puede quitárselas. Las expediciones de ultramar llegan á
sus puertos sin grandes dificultades; mientras que para llegar á los
puertos del Paraná necesitan la mitad mas de tiempo, y á veces otro
tanto, que el que emplean para venir de Europa á Buenos Aires.
Los obstáculos puramente naturales que causan ese retardo solo pueden
vencerse por buques de vapor, pero estos no se pueden emplear como
marina mercante, destinada al comercio de ultramar; las expediciones
mercantiles han de continuar haciéndose, como basta hoy, en buques de
vela, y estos han de hallar, por lo general, mas economía, en rendir
su viaje en Buenos Aires que en Santa Fé, en la Bajada, en Corrientes.
Buques de vapor se ocuparán entonces en transportar los electos de
Buenos Aires á todos aquellos puertos; como para ese tráfico, y en
rios como los nuestros, son admirablemente propios los buques de
aquella clase. Buenos Aires conservará, pues, sus ventajas de puerto de
depósito, y aunque no todas las expediciones se detengan precisamente
allí, y suban algunas como subirán, directamente á los puertos del
Paraná, lo que por esas dejaria Buenos Aires de ganar, siempre seria
mucho ménos que lo que aventajaria en el aumento del comercio,
consecuencia necesaria de la libertad.
Por otra parte, la mejora y prosperidad de las provincias vecinas
será siempre uno de los mayores beneficios que Buenos Aires puede
recibir. ¿Que gana él, que ganaria jamas, en tener por vecinos
pueblos miserables, obligados á buscar en el pillage y en la guerra
lo que no pueden adquirir por el comercio ó por la industria; que se
hacen soldados por que no hallan otra profesion á que dedicarse, que
consumen muy poco y nada producen? ¿Qué ha adelantado Buenos Aires
con la pobreza de su vecina Santa Fé? Veinteicinco años hace que tuvo
que comprar la paz á precio de un tributo anual; de un tributo que no
era otra cosa que dar buenamente á aquel pueble lo que, si no se le
daba, venia él á arrebatar de las estancias del norte de su vecina.
Si en vez de esa miseria, Santa Fé hubiese gozado, al ménos, una
situacion igual á la de Buenos Aires, guardadas las proporciones de la
poblacion de ambas, claro es que esa última provincia, léjos de tener
que contribuir al sosten de su vecina, habria mantenido con ella un
cambio de artículos que recíprocamente necesitasen, y que seria de
ventaja comun. Pregúntese si entre la multitud de ciudades que cubren
las márjenes del Misissipi, del Rin, ó del Escalda, hay alguna atrasada
y en miseria, por causa de la prosperidad de las otras; ó si, por el
contrario, todas progresan á un mismo tiempo, sirviéndose las unas de
auxiliares á las otras. ¿Por qué no han de seguir nuestras provincias
esa misma ley, que es ley natural del desarrollo social y económico de
los pueblos? ¿No es una contradiccion inesplicable el empeño con que
Buenos Aires procura alejar de sus fronteras las hordas depredadoras de
los indios ó de los ladrones alzados, que las saquean, y la obstinacion
en un sistema cuyo efecto es aumentar en esas propias fronteras el
número de pobres, que tienen por necesidad, que hacerse depredadores y
ladrones? Las exijencias de una política sensata y las necesidades de
la administracion vienen tambien en apoyo de los intereses puramente
mercantiles y materiales. No es posible--no es racional--esperar que
haya paz y cordial intelijencia entre diversas provincias de un mismo
estado, cuando las unas jimen en miseria completa, mientras otras
nadan comparativamente en la abundancia; sin que esa diferencia sea
efecto de causas naturales, si no de malos sistemas administrativos.
Los mismos celos, la misma envidia que nace en el seno de una familia,
cuando uno de sus miembros, con iguales derechos á los otros, es objeto
de una exclusion injusta que lo condena á inferior condicion, esos
mismos deben necesariamente existir entre los varios miembros de un
cuerpo político: el que se mire injustamente deprimido, ha de vivir en
perpétua rebelion contra los que quieren gozar solos, de ventajas que
deben ser comunes. Claro es, que sistema ninguno político ó económico,
puede alcanzar á destruir las desventajas que nacen de la naturaleza.
Las provincias enclavadas en el corazon de la República, como
Catamarca, la Rioja, Santiago, jamas podrán por muchas concesiones
que se les hicieran adelantar en la misma proporcion que Buenos Aires,
Santa Fé ó Corrientes, situadas sobre rios navegables. Pero esas
diferencias no ofenden, por que no son efecto de la injusticia de los
hombres, sino obra de la naturaleza misma: no son ellas de las que
nosotros hablamos.
El secreto de mantener la paz en los pueblos consiste en crearles
intereses materiales: esta verdad, demostrada por el estudio de
los hechos que dieron nacimiento á lo que se llama la ciencia
económico-política, se aplica lo mismo á las relaciones de unos
estados, con otros independientes, que á los diversos miembros de
un mismo estado. Los pueblos ricos y prósperos abominan la guerra
civil, que destruye su prosperidad: los que nada tienen que perder,
son los únicos que ganan en la revuelta: el objeto, pues, de los que
gobiernan debe ser propender, por todos medios, á crear en las diversas
provincias del Estado los mismos intereses, los mismos estímulos,
salvar siempre las diferencias que la naturaleza ofrece. Los Estados
Unidos de Norte América--esa nacion que todas sus hermanas del Sur
tomaron por modelo, muchas veces equivocadamente, ¿conservaria acaso
su envidiable union, ó habria adquirido el prodijioso desarrollo en
que marcha, si unos Estados hubiesen sido privados de las naturales
ventajas que gozaban otros? ¿Por qué no imitar en eso á aquella
nacion, como nos hemos empeñado en imitarla en lo que no podiamos
realizar?
Si todo lo que hemos dicho es, como creemos, fundado en razon, en
justicia, en buenos principios de política y de economía, no vemos
por que el hecho de ser porteños nos imponga el deber de renegar
esos principios, de obrar contra convicciones, y de predicar que el
engrandecimiento de nuestra _provincia_ consiste en el empobrecimiento
de las otras que componen nuestra _República_. No, mil veces no. En
nuestro modo de concebir el amor á la Patria, de buscar su prosperidad
y su lustre, no entran los elementos cordobes, entrerriano, ó porteño:
entra solo la idea colectiva de arjentinos; y consideramos tan obligado
al que nació en Buenos Aires á promover la prosperidad de Tucuman, como
al que vé ocultarse el Sol tras de los Andes á trabajar por el bien de
los que abrevan sus ganados en las aguas del Paraná.
Ese es nuestro credo, en la gran cuestion de la organizacion social,
económica y política de nuestra patria; y ese creemos tambien que es el
de la mayor parte de nuestros amigos políticos.
_Marzo 19 de 1846._
IV.
Otra vez hemos dicho, muy de paso, que no creiamos oportuno examinar la
cuestion si será ventajosa ó perjudicial al interés comun del Rio de la
Plata la ereccion de un Estado independiente, formado por la separacion
de las provincias de Entre Rios y Corrientes de la familia Arjentina:
la razon que entonces teniamos para pensar así subsiste todavia: nada
vemos que nos persuada á que esa separacion tendrá lugar, ni aun á que
se trata _seriamente_ de ella; ¿y para que ajitar una cuestion tan
grave, puramente en teoría?
Entretanto, muchos datos que últimamente hemos recojido, y que nos
llegan de diversas partes y personas, nos muestran que esa cuestion
empieza á ocupar á algunos espíritus, con motivo de los rumores,
cada vez mas esparcidos, de que Corrientes y Entre Rios formarán una
alianza contra el dictador de Buenos Aires; y que, como es inevitable y
natural hay diverjencia grande de pareceres. Sentiriamos que semejante
discusion se entablase _ahora_, y _en esa forma_; no por otra cosa que
por el tiempo que se pierde, y por lo que distrae la atencion y el
espíritu de otra cuestion infinitamente mas importante, de resultados
mas inmediatos, y sobre todo mas prácticos.
El problema que á Entre Rios y Corrientes importa ventilar y resolver
es, como promoverán mas rápida, y mas sólidamente, el desarrollo
de los elementos de prosperidad que encierran, como aumentarán su
poblacion, sus consumos, sus productos, y por consiguiente, su comercio
y su riqueza. Para eso, nada importa que sean provincias arjentinas, ó
un estado independiente: lo mismo pueden conseguir aquellos objetos en
una condicion que en otra: y mas pronto los conseguirán, cuanto ménos
se embarazen con cuestiones de agregacion ó separacion política. El
estudio meditado de la historia de nuestra emancipacion revela, con
evidencia irresistible, que la causa principal del atraso y desórden en
que vivimos, es haber empleado en esas estériles cuestiones el tiempo
y los recursos que habriamos debido emplear en promover la riqueza
nacional, en atraer emigracion, en facilitar canales á la navegacion y
al comercio. Cada ensayo de organizacion política, cada tentativa de
agregacion ó separacion de diversas provincias ó estados, ha producido
siempre una guerra civil ó extranjera, y consumido improductivamente
los brazos y el dinero del Estado. ¿Y qué quedó en compensacion de tan
valiosos sacrificios? Nada, sino jérmenes de desunion y de desórden.
Quisiéramos, por eso, que la cuestion, que empieza á ocupar los
espíritus, de si convendria ó no la separacion de las dos provincias
entrerrianas, no produjese embarazos ni tropiezos; nosotros ni
apoyamos, ni combatimos la idea; si hubiese en ella _uniformidad_ de
pareceres, nada tendriamos que oponer; pero, desde que no la hay, desde
que sea necesario discutir, creemos que se pierde tiempo en ajitar
hoy esa cuestion; y deseariamos, mas bien, que se pensára ya, y se
trabajára, sin pérdida de momento, en encontrar los medios mas prontos
y mas eficaces de asegurar al Entre Rios y á Corrientes, lo mismo
que á Santa Fé, la navegacion libre del Paraná y el libre comercio
de sus respectivos puertos. Ese es ahora el interés evidente de
aquellas provincias, esa su necesidad vital: su derecho para procurar
satisfacerla, en su presente condicion de provincias arjentinas, es
incuestionable; ligarse para reclamar el ejercicio de ese derecho, y
de los demas que corresponden á provincias realmente federadas, seria
una cosa que comprenderiamos mas que cualquier otra; y ménos dudas
abrigariamos á cerca de las miras que se atribuyen á Urquiza, si se nos
dijese que aquel era el fondo de su pensamiento.
En efecto, el Entre Rios, como Santa Fé y Corrientes, jamas pueden
esperar adquirir el completo desarrollo de que son capaces, mientras
permanezcan en el sistema de aislamiento mercantil en que hoy se
hallan: situadas sobre rios navegables, el simple comercio de cabotaje
no puede bastar á elevarlos al grado de prosperidad que les daria la
libertad de navegacion y de comercio trasatlántico. Prescindiendo de
razones que otras veces hemos expuesto, y que cualquiera comprende,
nos fijaremos en una, que vale por muchas otras. La naturaleza ha
puesto obstáculos á la navegacion del Paraná _aguas arriba_, que no
pueden vencerse con utilidad del comercio, sino por medio del vapor:
las ventajas de ese magnífico rio, como canal de comunicacion y de
riqueza, jamas pueden aprovecharse cumplidamente por buques de vela:
sabido es que, en la estacion del verano, en aquella precisamente en
que las aguas están mas crecidas, un buque de vela tiene que emplear
noventa dias, término medio, para remontar de Buenos Aires al Paraguay,
y muchas veces ciento veinte y aun ciento cincuenta. Un buque de
vapor andará la misma distancia en 15 dias; y no es necesario decir
que, en el comercio, todo gasto ocasionado meramente por demoras que
pueden evitarse, es un gasto en pura pérdida, un capital empleado
improductivamente, que aumenta el precio de las mercaderias, en daño
del introductor ó del consumidor.
Ahora bien: no puede racionalmente esperarse que el Paraná se navegue
por vapor, en una escala que sea de utilidad al comercio, mientras
su navegacion no sea libre para todos los pabellones de los pueblos
marítimos. En nuestros paises no hay todavia ni ha de haber, en mucho
tiempo, capitales propios que destinar á empresas semejantes: ó no
han de realizarse, ó han de deberse á capitales extranjeros pero es
evidente que estos no se emplearán en la navegacion de un rio, si
no les es libremente permitida, de modo que, sin esta libertad, las
provincias litorales del Paraná pierden inevitablemente todas las
ventajas que la navegacion por vapor debe ofrecerles.
Esas ventajas no se limitan al comercio: los inmensos bosques del
Paraná y sus islas, como tambien los del Chaco, de que hoy se saca
menguadísimo producto, lo darian entonces muy abundante, proveyendo
al gran consumo de leña que los vapores usarian en vez de carbon:
esa nueva industria ocuparia muchos brazos del pais y muchos del
extranjero; establecimientos para esos trabajos se levantarian en
varios puntos de las hoy desiertas soledades de aquel rio, y servirian
de oríjen á otras tantas poblaciones, que se estenderian sobre sus
costas.
Imposible nos parece que los que mandan en las provincias de Entre
Rios y Santa Fé no comprendan, como comprendemos nosotros, y como han
comprendido el Paraguay y Corrientes, que la prosperidad y la paz de
todos esos pueblos dependen esencialmente de la libertad de navegacion
y comercio en el Paraná; y que de ellos, de ellos mismos, es de quien
debe emanar esa gran innovacion.
Ellos tienen _el derecho_ de declarar esa libertad; reúnanse,
declárenla; y entonces el extranjero navegará el Paraná, porque se lo
permiten los que tienen el derecho de hacerlo; el mismo derecho que
puede tener Buenos Aires. Para ese fin, para promover sus recíprocos
intereses materiales, el progreso de su comercio y de su poblacion,
deben ligarse las provincias litorales, mas bien que para arreglos
políticos, de que ventaja ninguna directa ni inmediata han de derivar.
Continuaremos este artículo, que suspendemos por falta de espacio.
_Junio 20 de 1846._
V.
Dijimos al terminar nuestro artículo del viérnes, que las provincias
litorales del Paraná están llamadas
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