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Rimas

by Bartolomé Mitre · Spanish · Gutenberg #35407 · 386,645 chars · public domain (US)

The Project Gutenberg eBook of Rimas
    
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Title: Rimas

Author: Bartolomé Mitre


        
Release date: February 26, 2011 [eBook #35407]

Language: Spanish

Other information and formats: www.gutenberg.org/ebooks/35407

Credits: Produced by Chuck Greif and the Online Distributed
        Proofreading Team at http://www.pgdp.net (This book was
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*** START OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK RIMAS ***




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Nota del transcriptor: La ortografía del original fue conservada.








RIMAS

DE

BARTOLOMÉ MITRE

CON

UN PREFACIO DEL AUTOR

SEGUNDA EDICION, CORREGIDA Y AUMENTADA

BUENOS AIRES

CARLOS CARAVALLE, EDITOR

Imprenta y Librerías de MAYO, Moreno 337 y Potosí 189

1876




     Puedan estos cantos encontrar un alma sensible que goce en sus
     acordes, despertando en ella risueñas fantasías ó elevándola á
     nobles sentimientos, aunque en seguida mueran! No aspirando á
     conmover á la posteridad lejana, deben resonar y apagarse al mismo
     tiempo. La inspiracion de un momento les dió vida, por eso huyen
     mezclados á la ligera danza de las horas.

     SCHILLER.




ADVERTENCIA DEL EDITOR

Á ESTA SEGUNDA EDICION


Hace treinta años que el ilustre poeta D. Estéban Echeverría consignó
estas palabras en un libro dedicado á la jóven generacion de sus dias:
«El señor Mitre, artillero científico, soldado en Cagancha y en el sitio
de Montevideo, ha adquirido, aunque muy jóven, títulos bastantes como
pensador y poeta. Su musa se distingue de los contemporáneos por la
franqueza varonil de sus movimientos, y por cierto temple de voz marcial
que nos recuerda la entonacion robusta de Calímaco y Tirteo. Se ocupa
actualmente de trabajos históricos que le granjearán, sin duda, nuevos
lauros.»

Precisamente en la época en que las líneas que acaban de leerse se
publicaban, (año de 1846) la musa del señor Mitre enmudecía, pues, como
él lo ha dicho en su conocida _Carta-Prefacio_, casi todas las poesías
líricas que forman su coleccion fueron escritas por él á la edad de
veinte años.

Estas poesías, reunidas por la primera vez en un volúmen, se publicaron
en Buenos Aires en 1854, precisamente por la imprenta en que hoy se da
esta nueva edicion, siendo su editor el mismo que firma esta
advertencia.

Aunque se hizo un tiraje bastante copioso para la época, la edicion se
agotó muy luego, al punto que á los pocos meses nos fué imposible
atender á la demanda creciente de la obra. La demanda, lejos de
disminuir ha ido creciendo cada vez mas, como hemos podido cerciorarnos
por nosotros mismos en el comercio de libros de que hace veinte años que
nos ocupamos, obteniendo precios subidos, que no ha alcanzado entre
nosotros ningun libro, los pocos ejemplares que por casualidad se
ofrecen en venta.

Esta circunstancia nos ha determinado á hacer de las _Rimas de don
Bartolomé Mitre_ una edicion mas completa y correcta que la anterior, á
la vez que mas lujosa, satisfaciendo así la demanda del público y
enriqueciendo con ella la Biblioteca de Escritores Argentinos que hemos
emprendido y de que llevamos publicados ya algunos volúmenes.

Para el efecto, hemos obtenido la colaboracion de un joven literato,
quien teniendo á la vista un ejemplar de la edicion de 1854 anotado por
el mismo autor, se ha prestado gustoso á dirijir este trabajo,
encargándose de su clasificacion y correccion.

A esto se deberá poder incluir en este tomo varias composiciones que no
tuvieron cabida en la primera edicion, y que publicadas anónimas andaban
dispersas en los diarios; así como el poder presentar algunas otras con
toda correccion en su forma definitiva.

Aun cuando el señor Mitre no ha hecho profesion de poeta, como él mismo
lo ha dicho, y dejó de escribir versos muy temprano, como todos sus
contemporáneos, Mármol, Gutierrez, Dominguez, Rivera Indarte, Irigoyen,
Thompson, Balcarce, Cuenca y otros para quienes la lira fué mas bien un
arma de combate que un instrumento artístico, precisamente por esto su
obra poética es una página de nuestra historia revolucionaria, siéndolo
á la vez de la literatura nacional.

Para hacer resaltar este carácter especial de sus poesías, han sido
clasificadas bajo un órden metódico, dividiéndolas en cinco libros y
agrupándolas por séries segun sus afinidades.

El «Libro Primero», comprende sus poesías patrióticas, escritas casi
todas durante la gloriosa lucha de la libertad contra la tiranía, en la
que el autor manejó al mismo tiempo la lira y la espada. Entre ellas el
_Canto á la derrota del Quebracho_, la _Muerte de Zacarias Alvarez_, la
_Elegía á Lavalle_, _El Grito de Alarma_ en 1841 y su composicion _Al 25
de Mayo_ en 1844, durante el sitio de Montevideo, son verdaderas páginas
históricas llenas de vida, en que las heróicas pasiones de sus
contemporáneos acompañan el canto varonil del poeta. Los _Recuerdos de
Buenos Aires_, en que el proscripto rememora sus bellezas, sus glorias y
sus desgracias, el Himno á los _Mártires de la Libertad_ y su
popularísima cancion del _Inválido_, pertenecen tambien á esta série, y
tanto ellas como las anteriores justifican el juicio aventajado que á su
respecto hizo Echeverría en 1846.

El «Libro Segundo», contiene bajo el epígrafe de ARMONÍAS DE LA PAMPA,
algunas composiciones, que segun el mismo autor lo ha dicho en una nota
puesta al pié de una de ellas, pertenecen á un género esencialmente
nacional, que puede llamarse nuevo, así por los asuntos como por el
estilo, segun la teoría que él mismo ha desenvuelto sobre este tema. A
este género pertenece _Santos Vega_, _El Caballo del Gaucho_ y _El
Pato_. Por razon del escenario y aun del asunto, hemos creido deber
incluir entre ellas la _Revolucion del Sud_ y _El Ombú en medio de la
Pampa_, bien que la primera corresponda mas á las poesías patrióticas y
la segunda á las de diverso género reunidas en otro libro.

El «Libro Tercero», comprende bajo la denominacion de POESÍAS DIVERSAS,
los asuntos morales, sentimentales, fantásticos ó de caprichosa y
fugitiva inspiracion, que corresponden á varios géneros y asuntos.
Señalaremos entre ellas la que se titula _En la Tumba de un Poeta_, _El
Valz_, _La Despedida_, _La Agonía del Poeta_, _La Desesperacion_, las
_Noches de Diciembre_ y los _Dos Pensamientos_, en que no obstante sus
variados tonos, predomina un tinte melancólico que les da un aire de
familia.

El «Libro Cuarto», bajo el rubro de POESÍAS FAMILIARES, comprende las
composiciones inspiradas por los afectos íntimos del hogar y de la
amistad espansiva, descollando entre todas ellas la que lleva por título
_A mi hija Delfina_.

Por último, en el «Libro Quinto» están coleccionadas todas las
imitaciones y traducciones poéticas del autor. Entre ellas sobresalen
_El Cementerio de Campaña_ de Grey, _El Salmo de la Vida_ de Longfelow
y _El Apóstol_ de Beranger, que así por la celebridad universal de los
testos, como por la manera magistral con que están manejados, jueces muy
competentes estiman como los trabajos mas notables que encierra este
libro.

Tal es la edicion que presentamos y que viene á agregar un volúmen mas á
nuestra Biblioteca de Escritores Argentinos, de la cual forma parte
integrante, habiendo por consiguiente adoptado el mismo formato y papel
de los ya publicados, continuando nuestro propósito.

C. C.




CARTA-PREFACIO

DE LA PRIMERA EDICION


_Buenos Aires, Marzo 1º de 1854._

Recuerdo que en uno de los mas bellos capítulos de sus Impresiones de
Viage, me llamó «poeta por vocacion».

Hoy, al tiempo de publicar mis poesías, se me ocurre retribuir á Vd.
aquella fineza, colocando esta carta al frente de su primera edicion. En
el mismo capítulo en que me hacía el agradable cumplimiento que he
citado, decía Vd., hablando del sitio de Montevideo, de que yo era
soldado en aquella época:--«En medio de este caos de intereses,
respirando la atmósfera cargada de humo, y encerradas en un horizonte
que á cada punto tiene aparejadas tormentas que de una hora á otra
pueden descargar sobre sus cabezas, las musas argentinas, cualquiera que
sea la ribera donde les sea permitido entregarse á sus sueños, lo
divinizan todo, hasta la desesperacion y el desencanto. Me parece que
una causa profunda hace al pueblo español por todas partes poeta:
inteligencias caidas, como aquellos nobles de otro tiempo descendidos á
la plebe, con organizaciones é instintos desenvueltos; mentes elevadas y
ociosas que se remueven y agitan én su nada, revelando su elevada
condicion por entre los harapos que las cubren. El español, inhábil para
el comercio, que esplotan á sus ojos, naves, hombres y caudales de otras
naciones, negado para la industria, la maquinaria y las artes;
destituido de luces para hacer andar la ciencias, ó mantenerlas
siquiera, rechazado por la vida moderna para que no está preparado, el
español se encierra en sí mismo y hace versos; monólogo sublime á veces,
_estéril siempre_, que le hace sentirse ser inteligente y capaz si
pudiera, de accion y de vida, por las transformaciones que hace
esperimentar á la naturaleza que engalana en su gabinete, como lo haria
el norte-americano con el hacha de los campos, aquel poeta práctico que
hace una pastoral de un desierto inculto, é inventa pueblos y maravillas
de la civilizacion, cuando del bosque asoma su cabeza á la márgen del
rio aun no ocupado. ¡Yo os disculpo, poetas argentinos! Vuestras
endechas protestarán por mucho tiempo contra la suerte de vuestra
patria. Haced versos y poblad el rio de seres fantásticos, ya que las
naves no vienen á turbar el terso espejo de sus aguas. Y mientras otros
fecundan la tierra, y cruzan á vuestros ojos con sus naves cargadas el
_almo rio_, cantad vosotros como la cigarra; contad sílabas, mientras
los recien venidos cuentan _patacones_; pintad las bellezas del rio que
otros navegan; describid las florestas y campiñas, los sotos y
bosquecillos de vuestra patria; mientras el teodolito y el grafómetro,
prosáicos en demasía, describen á su modo y para otros fines, los
accidentes del terreno.--¡Qué de riquezas de inteligencia, y cuánta
fecundidad de imaginacion perdidas! ¡Cuántos progresos para la
industria, y qué saltos daria la ciencia si esta fuerza de voluntad, si
aquel trabajo de horas de contraccion intensa en que el espíritu del
poeta está exaltado hasta hacerle chispear los ojos, clavado en su
asiento, encendido su cerebro y agitándose todas sus fibras, se empleara
en encontrar una aplicacion de las fuerzas físicas para producir un
resultado útil!»

La diatriva es un poco fuerte, y aunque algo merecida, hace tiempo que
le guardo rencor por la parte que me toca como soldado raso en la
falange de poetas del Rio de la Plata, que ha divinizado hasta la
desesperacion y el desencanto. Monólogo estéril, mentes decaidas,
hombres incapaces para la accion, inhábiles para el trabajo,
derrochadores de la inteligencia, tales son los calificativos que
prodiga á la poesía y á los poetas, deplorando que la fuerza creadora
aplicada á ensanchar los límites del mundo inmaterial no se hubiese
aplicado esclusivamente á hacer alguna nueva conquista sobre el mundo
material. Para confusion de sus detractores y para honor de la poesía,
ha tenido que valerse de su propio lenguaje al atacarla, como esos
caudillos de la montonera, que al mismo tiempo que procuraban
desacreditar la táctica europea, se servian para contrarrestarla de sus
propias maniobras mal aprendidas y peor enseñadas.

Ya veo, que si le diesen á organizar el mundo, desterraría como Platon,
á los poetas de su república, sin embargo de que Vd., lo mismo que aquel
grande hombre, tiene mas de poeta que de filósofo, y solo le falta para
complementar su inteligencia privilegiada, iluminar la parte tenebrosa
de su mente con la luz resplandeciente de la poesia.

Tal es el objeto que me propongo en esta carta, y creo que lo
conseguiré, haciendo resonar en el fondo de su conciencia aquella voz
misteriosa que gritó á San Pablo, perseguidor de los
cristianos:--«Saulo, ¿por qué me persigues?»

Habiendo V. estudiado filosofía sin maestro, como yo, debe haber leido á
Herder, Bouterweck, Richter, Jouffroi, Schlegel, Burke, Winckelman y
tantos otros, y por consecuencia debe saber lo que es estética, palabra
derivada del griego, que, si hemos de dar crédito á los que comprenden
este idioma, significa _sensacion_, _sentido_, _facultad de sentir_; y
por medio de la cual se designa la parte de aquella ciencia que esplica
y analiza la teoría de lo bello, de lo agradable y lo sublime. Asunto es
este que ha inspirado á Kant uno de sus libros mas serios y bien
pensados, libro que obligó á los espíritus mas austeros á dar carta de
ciudadanía en los dominios filosóficos á la ciencia de la estética, que
ya Baumgarten habia bautizado con el nombre alambicado de «Filosofía de
las Gracias y de las Musas».

Sabiendo todo esto, debe saber tambien que la estética divide el imperio
de las artes en dos; artes de espacio, y artes de tiempo, es decir,
artes que se ven ó que se palpan, ó artes que se oyen ó se sienten. A
las primeras corresponden la pintura, la escultura y la arquitectura; y
á las segundas, la música y la poesía, division con la cual yo no estoy
del todo conforme, por las razones que paso á esponer.

Yo considero la poesía como un arte sintético, ó lo que es lo mismo, un
arte que obra sobre la imaginacion y sobre los sentidos á la vez, por la
doble combinacion de las formas materiales é inmateriales del espacio y
del tiempo. Así ha observado Sismondi con mucha propiedad que «la poesía
es una feliz combinacion de dos de las mas bellas artes: música por los
sonidos y pintura por las imágenes.» Esto se comprueba con la profunda
observacion hecha por todos los críticos de que, los mas grandes poetas
son precisamente aquellos cuyas ideas poéticas son susceptibles de
representarse por medio de la pintura, como se vé leyendo con atencion
las obras del Dante ó de Milton; habiendo el primero inspirado á Miguel
Angel los famosos frescos, cuyos dibujos ornados por la mano del Giotto,
habrá podido ver en la biblioteca del Vaticano; y habiendo sido
propuesto el segundo como modelo á los pintores por uno de los grandes
prosadores de nuestra época, por Guizot. D'Ampere, un espíritu no menos
sério, ni menos profundo ha dicho á este respecto: «La grande escultura
griega, tal como se muestra en la Niobe de Florencia ó en las estátuas
del Partenon, es la poesía homérica traducida en mármol. El Dante
dibuja sus figuras á la manera enérjica, atrevida y grandiosa de Miguel
Angel; y el fresco del _Juicio final_ es un canto del Dante.»

No puede negarse que la línea, el colorido y la palabra tiene sus
límites, y que á la pintura y á la escultura les está vedado lo que es
permitido á la poesía, pero esto no destruye la regla general de que,
para escitar la admiracion, la pintura necesita ser poética, así como la
poesía necesita ser pintoresca. La razon de esto es muy clara: la idea
que escapa á la pintura, es decir, la idea que no es pintoresca ó que no
tiene cierto movimiento dramático, se presenta confusamente á la
imaginacion.

Toda esta disertacion metafísica--que vá á hacerme pasar la plaza de
pedante--no tiene mas objeto que crearme un punto de apoyo para repetir
lo que se ha dicho tantas veces, que «algo le falta al hombre que es
insensible á los encantos de la música ó de la pintura» y que por
consecuencia le falta todo al que no es susceptible de comprender todas
las bellezas de la poesía, que condensa á la vez la imágen y la armonía.

Y á propósito, ya que hablamos de música, ¿sabe V. quien fué el inventor
de la lira? Segun dice Apoliodoro, (aun cuando los descubrimientos de
Champollion parecen desmentirlo, pues solo se ha encontrado el arpa en
los monumentos egipcios) su inventor fué Hermes Trimegisto, secretario
de Osiris, quien habiendo encontrado en las riberas del Nilo una tortuga
muerta, cuyos nérvios resecos por los rayos del sol se habian convertido
en cuerdas sonoras, tomó de aquí la idea del instrumento que hoy
simboliza la poesía y al son del cual bailaba el hierofanta egipcio,
espresando simbólicamente las revoluciones de los astros y el órden
aparente del universo. A esta escuela musical perteneció Moises, y ella
dió orígen al arpa hebráica, á los salmos de David, á los cantares de
Salomon y á las lamentaciones de Jeremías.--Algun tiempo despues,
inventó Hiagnis la flauta frigia, que acompañó los primeros himnos que
se cantaron en honor de Baco y de Pan. Estos dos instrumentos (poniendo,
si se quiere, el arpa en vez de la lira) tomados de la naturaleza,
compusieron la primera orquesta de los tiempos primitivos, y de la lira
ó arpa egipcia y de la flauta frigia, ha nacido ese lenguaje universal
que cuenta hoy mas de ochenta sonidos, y que segun me lo aseguró un dia
el gran pianista Hertz, puede dar mas de cien sonidos distintos en el
piano; mientras que los idiomas mas ricos de nuestros dias no pueden dar
ni la mitad. ¿Cómo esplica Vd. este misterio? Es que la música, mas
filosófica que los filósofos, y menos desdeñosa que los hombres de
letras, ha recojido en su seno todas las modulaciones de todos los
idiomas antiguos y modernos del norte y del mediodia, con las cuales se
ha enriquecido, en la misma proporcion en que se ha empobrecido el
idioma hablado, por el radicalismo exagerado de hombres que á título de
espíritus sérios y positivos, pretenden desalojar á la armonía poética
del último atrincheramiento en que se defiende aun con heroismo,
rechazando los ataques violentos de los prosistas iconoclastas, cuyo
bello ideal es un lenguaje sin símbolos y sin música, y para quienes la
estructura del verso no es una forma tomada de la naturaleza misma, como
la lira egipcia, (ó griega segun otros) sinó una combinacion feliz del
capricho humano--«un ingenioso contrasentido», como decía Newton. Por
eso el verso se le presenta á Vd. como la prision del pensamiento; por
eso vé en él un obstáculo mas bien que un punto de apoyo; por eso, en
fin, cree que una idea pierde en profundidad todo cuanto gana en
sonoridad; y esto esplica, ya que no disculpa, su juicio desventajoso
sobre la poesía.

Si Vd. hubiese hecho un estudio detenido de las leyes de la
versificacion, si se hubiera propuesto darse cuenta de la razon del
yambo, del dáctilo, del troquéo y del espondéo, habría visto que todo su
mecanismo reposa sobre la combinacion de las sílabas agudas y graves
caracterizadas por los acentos; y que el movimiento del verso, su número
y sus pausas, obedecen á reglas constantes que tienen su orígen en la
naturaleza de los idiomas, y en la organizacion humana, siendo la rima y
la cantidad de sílabas, lo mas secundario que hay en la estructura del
verso. Así vemos que el francés, que es el único idioma moderno que no
haya adoptado para su versificacion la prosodia poética inventada por
los provenzales,--de que hablaremos mas adelante--es en manos de sus mas
grandes poetas, un instrumento pobre é insonoro, por no contar con mas
recursos métricos que con los que le presta el número de sílabas y la
repeticion de la rima, lo que hace que los franceses hayan llegado hasta
el grado de negar que exista una armonía poética fuera de estas dos
condiciones materiales. Por eso la lengua francesa es la lengua mas
prosáica del mundo, segun lo han reconocido sus grandes hablistas, y
entre ellos Cárlos Nodier y Michelet; lo cual esplica porque la Francia
no haya producido un gran poeta, digno de rivalizar con Homero, con
Virgilio, con el Dante, con Byron, con Goethe, con Camoens ó con
Calderon, y la razon porque no lo producirá jamás. Aquí tiene Vd.
demostrado hasta la evidencia la importancia de la forma métrica, y la
influencia que ella ha ejercido y ejerce en el desenvolvimiento del
entendimiento humano.

No estrañe que entre en estos detalles minuciosos sobre la cadencia
poética en sus relaciones con la música y con la naturaleza humana,
desde que ellos me sirven tan eficazmente al objeto que me he propuesto
en esta carta. Ademas, como lo ha dicho Sismondi, «la estructura del
verso, esta parte en cierto modo mecánica de la poesía, está ligada por
acordes misteriosos y secretos, con nuestras sensaciones, con nuestras
emociones, con todo aquello que habla á nuestro corazon y á nuestra
imaginacion, y seria conocer muy mal el lenguaje divino de los poetas,
considerarla solamente como una traba impuesta al pensamiento. Los
versos no conmueven nuestras almas, no cautivan nuestras pasiones, sinó
porque tienen algo de mas íntimo que la prosa, algo que se apodera de
todo nuestro ser, encontrando mas directamente el camino del espíritu y
de los sentidos, y trayéndonos impresiones mas completas que las que el
lenguaje por sí solo y desprovisto de estos accesorios puede despertar.»
Y mas adelante agrega: «La rima es una especie de llamamiento al
recuerdo y á la esperanza, ella despierta una sensacion pasada y hace
desear una nueva, realza la importancia de los sonidos, y dá en cierto
modo una especie de colorido á las palabras.»

Nada de estraño sería que los poetas elogiasen su lenguaje, pero cuando
los mas eminentes prosistas proclaman su superioridad, preciso es
reconocer que hay en él algo de verdaderamente sublime, y que por lo
menos, no se le debe juzgar sin haberle estudiado antes.

Si del lenguaje poético, considerado en sus relaciones con la música y
con la organizacion humana, la mente se eleva hasta la contemplacion de
la idea abstracta, y penetra en los dominios de la psicología, se verá
que, siendo la poesía á la prosa, lo que el drama lírico es al drama
recitado, ella no es otra cosa que el lenguaje á toda orquesta, la
palabra que se acompaña con la música del ritmo y de la rima, que se
impregna de ella, que la asimila á su ser, que funde en un todo compacto
la idea y la armonía al fuego inestinguible de la inspiracion que arde
en la cabeza del poeta. Así es como la poesía, á la manera de una onda
sonora, penetra en lo mas hondo de la imaginacion y de la conciencia,
apoderándose al mismo tiempo de los sentidos, despertando suavemente las
emociones perezosas que dormitan, haciendo sentir al hombre la unidad de
su ser, formando en el fondo del alma un acorde sublime, y dominando con
su canto las emociones disonantes del corazon humano.

Suprimid la poesía, y las relaciones del hombre con la naturaleza
quedan interrumpidas, mientras que nuestras facultades, funcionando
aisladamente como en sueños, jamás producirán ese acorde sublime que es
el resultado de la imágen, del sonido, del movimiento y de la
abstraccion; que son las cuatro grandes manifestaciones de la vida, los
cuatro principios constitutivos de las bellas artes, los cuatro
elementos de cuya combinacion se forman todos los productos
intelectuales, y que la poesía es la única que condensa y reduce á una
sola fórmula.

La poesía es el puente misterioso que une al hombre físico con el hombre
moral, y que pone en contacto todas sus facultades; por eso decia
Schiller:--«Para filosofar, basta la mitad del hombre mientras que la
otra mitad puede descansar: pero las musas lo absorben todo.» Para ser
poeta, se necesita sentir y pensar á un mismo tiempo, y poner en
ejercicio el poder de abstraccion á la vez que la imaginacion, porque lo
que no conmueve y convence, no merece el nombre de poesía. Las ciencias
y las artes no tienen alas para volar mas allá de las fronteras del
mundo material, ni ojos para objetos que se hallen fuera del alcance del
telescopio. La poesía ademas de tener alas y de tener ojos para recorrer
el universo y contemplar en él cuanto hay de grande y de bello, puede
lanzarse á los espacios infinitos de la creacion, penetrar en los
dominios del mundo inmaterial, poner al hombre en relacion con Dios, y
establecer entre el cielo y la tierra aquella cadena de oro, que segun
los antiguos, ligaba á la criatura con su Criador.

Esto es la poesía, esto es el arte divino, del cual ha dicho Vd. que
solo tiene sacerdotes entre los hombres incapaces de accion, esto es lo
que Vd. ha llamado «monólogo sublime á veces, estéril siempre».

Una república prosáica, tal cual Vd. parece desearla, tendria mucha
semejanza con aquella pálida mansion de los héroes de la antigüedad, que
el Dante nos describe en su _Infierno_: imágen debilitada de la vida, en
que las sombras vagan sin esperanzas de un bien mejor, llorando la
pérdida de una felicidad que nunca conocieron. Sería un cuerpo sin alma;
sería la bella estátua de Prometeo sin el fuego sagrado que la dió vida
y movimiento. Desheredados de la poesía, ¿qué voz simpática responderia
á las armonías secretas del corazon? ¿qué potencia sobrenatural nos
elevaria á la contemplacion de lo infinito? ¿qué relámpago iluminaria
con sus resplandores pasageros las profundidades de nuestro ser? ¿por
qué medio se dirigirian los instintos, una vez quebrado el instrumento
usual con que se forma y desarrolla el sentimiento y la inteligencia de
lo bello? Preguntas son estas que pondrian en bárbaros aprietos al
legislador en teoría de esa soñada república platónica.

No sé por qué me parece encontrar cierta analogía entre su idea y las
asociaciones de las abejas, de las hormigas y de los castores. Hé aquí
tres repúblicas que realizan el bello ideal de los positivistas, y que
llenan todas las condiciones pedidas por Vd.: repúblicas de matemáticos,
de ingenieros, de químicos y de industriales, que pasan la vida cavando
la tierra, edificando y destilando, «aplicando al trabajo todas las
fuerzas físicas sin «malgastar sus fuerzas intelectuales en
ornamentaciones inútiles, ni en monólogos sublimes, pero estériles»; y
deshojando las flores para arrojar sus perfumes en el gran alambique de
la fábrica comunista! Hé aquí su bello ideal: el hombre menos la idea
del progreso, menos la aspiracion á lo infinito, menos la condicion de
la perfectibilidad; porque, desengáñese, sin la poesía bajo alguna de
sus formas, el progreso, la abstraccion y la perfectibilidad son
imposibles. Así se vé que los castores, las hormigas y las abejas
fabrican sus casas, hacen sus provisiones, trazan sus exágonos y
destilan la miel lo mismo hoy que al principio del mundo, lo mismo
mañana que hoy, sin dar un paso adelante. ¿Por qué? Porque les falta la
poesía que satisface á la aspiracion de lo mejor, de lo ideal, que es el
resorte poderoso de la perfectibilidad humana. Su aspiracion prosáica me
trae á la memoria en este momento los versos de un poeta español del
siglo pasado:

    Dura resolucion desesperada
    Labrarse un molde en qué vaciar la vida,
    Sin que se altere de la estampa nada.

Los espartanos pretendieron tambien estirpar la poesía del corazon, y
lograron fabricar un molde artificial para dar una nueva forma á la
naturaleza humana, ¿y qué consiguieron? destruir el libre albedrío,
arrebatar á la inteligencia el atributo mas bello de la divinidad,
despojar á la humanidad de sus amables virtudes, sin estirpar sin
embargo esa poesía colectiva, á despecho del mismo pueblo que la
rechazaba, que, como lo ha observado Tocqueville, es el signo
característico de la poesía democrática. La república de Esparta no es,
por otra parte, sino un engendro de la imaginacion poética de Licurgo,
que concibió una asociacion en su cabeza, la formuló en un poema que
llamó leyes, y fanatizado por su idea, como Saint-Simon y Fourrier en
nuestros dias, dió su vida á trueque de ver realizada su teoría, hija
mas bien de la fantasía que de la observacion de la naturaleza humana.

Apesar de tantas precauciones, la música y la poesía tenian un culto
secreto en el corazon de aquellos austeros ciudadanos, dispuestos á
morir por sus santas leyes; y la prueba de esto es, que allí fué donde
se añadió una cuerda mas á la lira, lo que le valió un destierro
perpétuo al inventor, bajo el pretesto de que tales armonías convidaban
al pueblo á la molicie.

La lira se encargó de su venganza.

Años despues, los de Esparta en guerra con los Mesenianos, pidieron
auxilio á Atenas. Esta República les envió por contingente un poeta
armado de una lira. El poeta se llamaba Tirteo. Sus himnos guerreros
encendieron el entusiasmo en todos los corazones y templaron la fibra
viril del pueblo abatido por la derrota, que voló con decision á la
batalla. Rotos los escuadrones de Esparta, los dispersos oyeron á su
espalda la voz robusta de Tirteo, que se acompañaba con la lira
encordada por los Espartanos, y volviendo caras, conquistaron de nuevo
el lauro de la victoria, probando á sus enemigos que la poesía lejos de
convidar á la molicie sabe exaltar lo que hay de mas noble y de mas
sublime en el corazon humano. Por esto, el mismo Licurgo se vió
obligado á confesar que el triunfo de Lacedemonia se debia á Tirteo. Los
Lacedemonios, salvados por la poesía, que en vano habian procurado
proscribir, dieron á Tirteo el título de ciudadano, y promulgaron una
ley para que en adelante sus poesías fuesen recitadas á los ejércitos de
la república, reunidos en torno de la tienda de campaña de sus
Generales.

A Vd., á quien veo muy propenso á seguir el ejemplo del éforo espartano,
puesto que, segun Vd., la poesía es hija de la impotencia y la pereza,
bueno es predicarle con estos ejemplos elocuentes que echan por tierra
todas sus teorías, que con la mayor seriedad llama cosas prácticas. Y ya
que andamos viajando por la antigua Grecia no abandonaremos este pais
encantador, cuyos laureles nos quitan el sueño, sin haber hecho otra
escursion por su historia. En una carta que nada tiene de geográfica,
son permitidos estos paseos caprichosos, en que la imaginacion gusta
estraviarse por los senderos floridos que se abren ante sus pasos,
aunque ignore á donde van á parar.

La palabra poesía deriva del griego, y si hemos de dar crédito á los
filólogos, significa _crear_, _componer_, _fabricar_, _hacer_,
_construir_, en fin, es una verdadera palabra enciclopédica, que
representa dignamente á la potencia creadora por escelencia, que á la
manera del Creador sobre el barro, sopla sobre una idea invisible, le dá
forma y vida, y la inmortaliza por los siglos de los siglos, sin el
auxilio de la reproduccion.

Marmontel pretende que allí donde esa palabra tuvo su orígen fué donde
nació la poesía. La historia desmiente esta hipótesis: la poesía nació
con el hombre, y el idioma rítmico fué el primero que vibró en su lábio
balbuciente, como el gorjeo es el primer sonido que sale de la garganta
de las aves. Si el hombre no fuese perfectible habria hablado
eternamente en verso, como el pájaro que por no ser susceptible de
aprender á hablar, se ha quedado con su lenguaje primitivo, sin poder
alcanzar hasta la prosa, que es, como lo observa Michelet, la última
forma en que se concreta el pensamiento humano. ¿Y quién nos dice que
porque el pájaro no pronuncie palabras como el hombre no hay poesía en
su canto? Qué otra cosa es la poesía sino la queja tierna ó dolorida, la
vibración armónica de cada organizacion, las emociones ó las ideas
íntimas que se convierten en sonidos al pasar por los lábios como el
viento al pasar por las arpas eólicas? En este punto estoy de acuerdo
con Calderon, que dice que el pájaro es poeta, susceptible de pensar y
de sentir, y por lo tanto de hacerse comprender en el lenguaje que le es
peculiar. Cito los versos en que así lo da á entender, porque son
admirables y dignos de un gran poeta:

    Y con acento suave
    Se queja una simple ave,
    Y en amorosa prision
    Así aliviarse pretende;
    Que al fin la queja se entiende
    Si se ignora la cancion.

Pero dejando aparte esta profunda cuestion fisio-ornitológica; de lo que
no hay duda es, que el verso precedió á la prosa, y sus mas antiguos
monumentos así lo atestiguan. Esto se prueba con la historia de los
tiempos primitivos.

El Ejipto, cuna de la civilizacion del mundo, donde estudiaron la música
Moises y Pytágoras, tuvo en su orígen cantos para todos los trabajos,
calculados para reglar el movimiento de los trabajadores por médio del
ritmo, pues sus habitantes como grandes observadores de la naturaleza
habian descubierto ya el fenómeno fisiológico que se ha esplicado en
nuestros dias, de como la música y las canciones hacen sobrellevar por
mas largo tiempo la fatiga con menos cansancio del hombre. Este pueblo,
que tenia sin duda el órgano de la simetría, y que sujetaba al ritmo
hasta los trabajos de campo, las ceremonias religiosas y las
revoluciones de los astros, no puede haber hablado en sus primeros
tiempos otro lenguaje que el métrico; y aunque ni los Árabes ni los
Griegos hagan mencion de sus poetas, esto no prueba que su modo de
hablar dejase de ser cadencioso, como el de todos los pueblos primitivos
pues de esto á lo que propiamente se llama poesía hay una gran
distancia.

Los primeros civilizadores de la Grecia fueron músicos y poetas. Los
sacerdotes, los sábios los médicos los filósofos y los matemáticos,
fueron los primeros poetas griegos.

Anfion, por el poder irresistible de las armonías de su lira, segun
cuenta la fábula, puso en movimiento las piedras y levantó los muros de
la ciudad de Tebas.

Orfeo, que hizo parte de la espedicion de los Argonautas, cuyo viage es
tan cierto como el de Colon, domesticó á las fieras con los blandos
sonidos de su lira, segun cuenta la misma fábula. Aun cuando pueda
ponerse en duda este milagro y el de Anfion, ahí están sus Himnos de
Iniciacion para comprobar que antes de que hubiese prosa hubo un poeta.
Ahí están para mayor abundamiento los mitos y las poesías Índicas,
anteriores á las leyendas y á los himnos de Orfeo.

Homero y Hesiodo, su contemporáneo, que ennoblecieron el dialecto
jónico, reasumieron en sus poemas toda la civilizacion de un mundo,
concretaron todo un ciclo histórico, y ensanchando los límites del
corazon y de la intelijencia, pusieron al hombre en relacion con todos
los objetos de la naturaleza de que estaba rodeado.

Solo ochocientos años despues de Orfeo, y cuatrocientos años despues de
Homero y Hesiodo, apareció por primera vez la prosa en Grecia, en el año
600 (antes de J. C.) Segun algunos eruditos, el honor de esta invencion
corresponde á un indio llamado Bidpai; segun otros, á un esclavo frigio
llamado Lokman, que no falta quien diga que es el mismo Esopo. Plinio
sostiene que la gloria de la prosa corresponde al filósofo Pherecydes, y
á Cadmo de Mileto la de la historia. Otros piensan con Strabon que deba
darse la prioridad á Cadmo. Ambas opiniones encontradas convienen empero
en un punto, y es, que tanto la prosa de Cadmo como la de Pherecydes, su
contemporáneo, eran todavia una imitacion del lenguaje poético,
consistiendo toda su innovacion en romper la medida del verso.

Pytágoras, la cabeza mas matemática que haya producido el mundo, sin
escluir la de Pascal, continuó pensando en verso, y en verso continuó
hablando á sus discípulos, que en sus _Versos Dorados_ nos han
transmitido las lecciones de aquel gran maestro y de su inmortal
escuela.

Hasta la época de Platon no se acreditó la prosa entre los filósofos
griegos.

Los latinos no conocieron la prosa sino 307 años despues de la fundacion
de Roma, en que con motivo de una arenga pronunciada ante el Senado por
Apio Caecus, para exitarlo á que no hiciera alianza con Pyrro, se
introdujo el uso de este lenguage en la vida civil.

Los Arabes no escribieron en prosa hasta el siglo VI de nuestra era, es
decir, bajo la dominacion de Mahoma; y en Irlanda no se hizo uso de ella
hasta el siglo XII.

Basta lo dicho para demostrar que la poesía precedió á la prosa, y que
esta no es otra cosa en realidad, que el verso roto y descompuesto
ajustado á otra cadencia mas grave y menos vibrante.

Aquí tiene Vd. como al descomponer los versos y ensartarlos unos tras
otros, no ha hecho otra cosa que plagiar á los primitivos prosadores,
repitiendo sin sospecharlo, uno de los pasos mas gigantescos que haya
dado el lenguage universal, cual es la transicion del verso á la prosa.

Pero lo que en los antiguos era un progreso, en Vd. es un retroceso; y
para demostrarle claramente esto que parecerá una paradoja, necesito
entrar en algunos detalles técnicos sobre la versificacion.

En las edades primitivas era mas fácil hacer verso que prosa, porque el
lenguage métrico era para el hombre lo que el canto para el pájaro, en
razon de que, fundándose los idiomas primitivos sobre sonidos
imitativos, eran mas sonoros, mas armoniosos, mas ricos en su
pronunciacion, y todas sus palabras, á la manera de esas tres notas
musicales que de cualquier modo que se combinen producen una melodía, de
cualquier modo que se mezclasen, siempre daban por resultado un verso.
Eran tambien, si así puede decirse, mas pintorescos, pues como lo
observa un crítico español, "los sonidos prolongados mas bien que
articulados, de que están llenas las lenguas salvages, parecen mas
propios para conmover la imaginacion pintando, que para hablar al
entendimiento definiendo." En tales idiomas, todo el artificio del
verso--si es que artificio habia--consistia en la medida de las partes y
en los tiempos de la pronunciacion. La inspiracion era todo: el verbo no
se habia encerrado todavia--segun la espresion de Nodier--en el tubo de
una pluma. Como entre los antiguos la música y la poesía estaban
identificadas, pues segun dice Strabon, "hablar y cantar era lo mismo en
otro tiempo", el ritmo gobernaba á la melodía. Cada sílaba tenia un
sonido y una duracion determinada, y la division de las sílabas en
largas y breves, habia asimilado completamente el ritmo poético al ritmo
musical. Así es que en Grecia, el descubrimiento de un nuevo metro daba
por resultado inmediato la invencion de una nueva música, y las escuelas
musicales que conocemos con los nombres de _dórica_, _lidia_, _frigia_,
_jónica_, y _eólica_, no estaban fundadas sino en la diversidad de
metros, siendo los sonidos radicales exactamente los mismos. Cada verso
estaba dividido en cierto número de compases, á que damos todavia el
nombre de pies, y cuya pronunciacion, alternada dentro de tiempos
iguales, producía la cadencia que venia á herir el oido periódicamente,
cualquiera que fuese la diversidad de los sonidos. El movimiento
alternado de las sílabas largas y breves ó vice-versa, y la combinacion
armoniosa de los pies ó compases, era lo que producía la diversidad de
metros, la cual fué prodijiosa entre los Griegos y Romanos. Debido sin
duda á ese sentimiento de la armonía que se desarrollaba con el hombre,
y que dejaba libre la imaginacion para remontar su vuelo, es que las
edades primitivas hayan producido poetas tan sublimes como Homero y como
Job, poetas que no serán igualados jamás, á menos que la humanidad no
vuelva á encontrar la rica prosodia de los primeros tiempos.

Hoy sucede todo lo contrario. Es mas fácil hablar y pensar en prosa, que
cantar en verso, habiéndose multiplicado las dificultades de la
versificacion, así por la complicacion del nuevo sistema métrico cuanto
por las abstracciones de que las lenguas modernas se han impregnado, al
absorver tantas ideas nuevas y complexas como han surgido de la mente
humana. La rica prosodia de los idiomas onomatopéyicos ha desaparecido
en los idiomas modernos, y con ellos el ritmo y la cadencia de la
versificacion primitiva, falta que ha sido necesario suplir con la
invencion del actual sistema métrico, cuyos recursos armónicos consisten
en períodos musicales, marcados por consonantes ó asonantes, acentos y
apoyaturas, arte completamente desconocido de los antiguos, por que esto
era totalmente inútil, desde que el ritmo suplía ventajosamente la
rima. Los provenzales fueron los primeros que se apercibieron de la
dificultad de distinguir las sílabas en largas y breves, como lo hacían
los antiguos, y los que á imitacion de los Arabes (á lo que parece)
sacando partido de una lengua enérgicamente acentuada, combinaron
hábilmente las acentuaciones haciéndolas alternar con las sílabas no
acentuadas, y añadiendo el ornamento de la rima produjeron en su
conjunto un movimiento análogo al del verso antiguo, aunque por otra
parte cada sílaba dejó de tener su valor musical, como sucedía
anteriormente. Tal es la teoría de la cesura que divide el verso en dos
partes de un movimiento uniforme ó acompasado, dando al oído un ligero
descanso que rompa la monotonía, de lo que proviene que versos de un
mismo número de sílabas difieran tan notablemente entre sí. La
colocacion respectiva de los acentos y apoyaturas decide del movimiento
del verso: así es que, hay varias clases de versos endecasílabos, cada
uno de los cuales representa en realidad un metro distinto, fenómeno de
que no se han apercibido todos los poetas españoles.

Tales son las leyes de la versificacion moderna, á las cuales se han
sometido las lenguas del mediodia de la Europa, á escepcion de la
francesa, como lo observé antes. En esta última, el esfuerzo de la
pronunciacion está repartido igualmente entre todas las sílabas, sin que
el acento marque el sonido capital de cada palabra, de lo que proviene
el martilleo monótono de sus versos, martilleo que Víctor Hugo ha
pretendido corregir por el corte del alejandrino, asimilándolo en cierto
modo á la prosa, que es lo mismo que los españoles--y entre ellos
Moratin y Jovellanos--han hecho con el verso blanco. Hablando de esto,
dice el autor de _La Literatura del Mediodia de la Europa_:--"En nuestra
poesía moderna, las sílabas no son consideradas por lo que respecta á su
duracion solamente, sino tambien en cuanto á sus acordes; y esas
vocales, ya ligeras, ya sensibles ó sonoras, no pasan desapercibidas
cuando la rima las hace esperar y determina su situacion. ¿Qué seria de
la poesía provenzal si no buscásemos en ella mas que el pensamiento, tal
cual puede reflejarlo una prosa lánguida? Habia en ella algo mas que el
simple sentido de las palabras, cuando el trovador armonizaba su bello
lenguage con los sones melodiosos de su arpa; cuando la inspiracion
guerrera le suministraba rimas enérgicas, nerviosas y resonantes; cuando
espresaba la embriaguez del amor por medio de sonidos tristes y
voluptuosos. La prosodia, del mismo modo que la rima, se acordaba con
las emociones de su alma, mucho mejor que el sentido de las palabras; la
acentuacion repetida y precipitada, que golpeaba cada segunda sílaba en
los versos yámbicos, parecia corresponder á las pulsaciones de su
corazon, y al movimiento del alma. Así fué como por medio de esta
sensibilidad esquisita de las impresiones musicales, y de esta
organizacion delicadísima, inventaron los trovadores un arte de que
ellos mismos no podian darse cuenta, y como, con el auxilio de una nueva
armonía, lograron comunicar esa emocion del alma, que todos los poetas
han buscado, y que no pueden encontrar sinó siguiendo las huellas de
esos inventores de nuestra prosodia."

La rima y el acento: hé aquí, pues, los dos pilares en que se columpia
suavemente el verso, hé aquí las dos condiciones que lo caracterizan; hé
aquí las dos líneas pronunciadas que lo separan del verso antiguo, y la
causa de que sea tan difícil hablar y pensar en verso en nuestros dias.
Esta dificultad es tal vez la causa de que el mundo, despues de la
aparicion de la prosa, y despues de la extincion de los idiomas muertos,
haya producido un número tan limitado de grandes poetas, todos los
cuales han quedado siempre muy abajo del original, incluso Virgilio, que
es un reflejo de la poesía primitiva. Pero estas nuevas dificultades
impuestas al lenguage poético, si por una parte han disminuido el número
de los que pueden hablar en verso, por otra parte han servido
eficazmente á su adelanto, dándole ese resorte poderoso que hace que el
pensamiento se escape con mas potencia á medida que mas se reconcentra.
La rima, que Madama Staël, llama "el eco del pensamiento," ha
contribuido no poco á templar la poesía, que de otro modo sería un
lenguage lánguido y descolorido, y asi se observa estudiando las obras
de los grandes poetas, que huyen con cuidado de emplear consonantes
vulgares para espresar pensamientos sublimes, y que muchas veces la
rebusca de un consonante original, imprime á la idea una novedad
inesperada, abriendo á la imaginacion nuevos horizontes, que de otro
modo la inteligencia no habria entrevisto.

Los que crean ver en esos accesorios de la poesía, las ornamentaciones
plásticas de un arte en decadencia, se equivocan sobremanera; desde
que, como se vé, esos accesorios de la poesía son parte integrante de
ella, como los nervios del cuerpo humano. La fuente de la poesía no se
ha agotado aun, bien que los poetas de estos tiempos no vayan á beber la
inspiracion en las ondas de Helicona, y la lira del clásico Apolo es un
instrumento que está muy lejos de haber dado todas sus armonías. Como lo
observa D'Ampere:--"todo en este mundo tiene su colocacion, y la poesía
conservará eternamente la suya. Siempre habrá una necesidad de ideas,
una aspiracion hácia un mundo superior, que cada dia será mas difícil
satisfacer, y á la cual no podrán jamas bastar ni las altas
abstracciones del pensamiento, ni los curiosos resultados de la ciencia,
ni los descubrimientos de la historia. Despues de todo lo que se ha
hecho, hay todavia muchos abismos que esplorar en la imaginacion y en el
corazon del hombre. Hay que pintar todavia los nuevos sentimientos que
desenvuelve el progreso de los siglos; y hasta las grandes ideas de la
ciencia, las vistas elevadas de la filosofía, de la historia, tienen su
poesía, y esta poesía, está por crearse. Existe para la humanidad un
océano de entusiasmo que está muy lejos de agotarse." Renuncie pues, á
su insensato empeño de romper ese instrumento, cuya escala no tiene
término, cuyas notas son infinitas, y que todavia no ha recorrido la
millonésima parte del diapason de las pasiones. Lejos de eso, si á mí me
fuera dado, no solo procuraria retemplarlo, sino que daria mucho por
poder rehacer los libros poéticos de las antiguas religiones, que Vd.
sabe leemos hoy en prosa, por haberse perdido la prosodia de los
idiomas primitivos, sin embargo de que el perfume de su exquisita
poesía, trasciende al través de las edades.

Pero observo que el sendero florido que seguíamos nos ha llevado á la
frontera del antiguo Egipto. Volvamos hácia atrás en busca de nuestra
querida Grecia, que todavía no he agotado el tema, y en ella hemos de
volver á encontrar al Egipto. Hablábamos de Homero.

Para Vd., la epopeya de Homero es un monólogo estéril y sublime. Pues
bien, ese monólogo estéril y sublime es el resúmen de la cosmogonía y de
la filosofía sacerdotal del Egipto, cuna de la civilizacion del mundo.
Así dice el erudito don Agustin Duran, que «Hesiodo y Homero, creadores
de la epopeya Griega, formaron sus poemas, redactando con sus fábulas
todo el sistema político, filosófico y religioso que constituye el
espíritu de los pueblos progresivos, bajo cuyos auspicios marcha aun la
sociedad europea.» No es de estrañar que en vista de una obra tan vasta
y tan sublime, muchos hayan dudado de la existencia de Homero--entre
ellos Vico, en su _Scienza Nuova_--acreditando la hipótesis de que la
Iliada y la Odisea se componen de una série de cantos populares, que
transmitidos de siglo en siglo por la tradicion oral, adicionándose con
nuevos cantos al pasar por cada generacion, llegaron á formar esos dos
libros inmortales, cuyo verdadero autor es todo el pueblo griego. Cuando
hablemos del Romancero español verá que la hipótesis no carece de
fundamento racional, pero por ahora, sea que Homero haya existido ó no,
para el fin que me propongo es lo mismo, puesto que con este ejemplo le
demuestro hasta la última evidencia, que no solo el lenguaje poético
sino la poesía mas sublime, fué la primera manifestacion de la
inteligencia humana, el primer molde en que se vació el verbo hecho
hombre para redimirnos del cautiverio de la ignorancia.

Si esto no le bastase para convencerse de la verdad de mi tésis, oiga á
los génios investigadores que han compulsado los monumentos escritos de
la antigüedad, y le dirán que el Veda enigmático de los Bracmas, las
tradiciones pérsicas de los Güebros, el Zend Avesta de Zoroastro, los
libros de Osiris, el Koran, y el Edda de los Escandinavos, fueron
escritos, «en un lenguaje métrico y sentencioso», así como el Génesis y
los demás libros poéticos de la Biblia; y que los Frigios y los Licios,
en la estremidad occidental del globo, lo mismo que los Túrdulos y
Turdetanos en el mediodia de la Europa--segun lo dice Strabon y lo
repite Humboldt--redactaron en verso sus leyes, á las cuales asignaban
una antigüedad de seis mil años.

¿Cómo, pues, habla con tan poco respeto de la poesía que hizo surgir la
luz de la inteligencia, el mundo moral de las ideas, del caos sin forma
ni color de las masas inertes de nuestro ser material?

¡Arrodíllate, pecador, y pide la absolucion de tu blasfemia, á los piés
de esa madre misericordiosa, que se llama poesía, y de cuyo seno mana la
leche y la miel con que alimentas tu alma!

Pero no, antes de vestir la cándida túnica de los neófitos, volvamos á
la Grecia por la última vez, y estudiemos el mágico poder de la poesía
en uno de sus mas grandes pueblos y de sus mas grandes hombres: Atenas
y Solon.

Los atenienses, despues de haber sido batidos por los de Megara--ciudad
dórica--decretaron la pena de muerte contra todo el que hiciera una
mocion para retornar á Salamina. Algunos años despues, un poeta hizo
llorar al pueblo con el relato de las desgracias de Jonia, y el poeta
fué multado por el tribunal, imitando en esto la crueldad de Esparta al
desterrar al que encordó la lira.

Solon, comprendiendo todo el partido que podia sacarse de la poesía para
imprimir al pueblo un movimiento eléctrico y sublime, haciéndose el
insensato, infringió el decreto sobre Salamina, entonando en la plaza
pública un cántico guerrero, por medio del cual, el futuro legislador,
cual otro Tirteo, logró encender el entusiasmo popular. El pueblo pidió
á gritos el ataque de Salamina, y Solon haciéndose general en gefe, y
cambiando la lira por la espada, tomó á Salamina á la cabeza de
quinientos hombres.

Al dejar para siempre las playas de la Grecia, yo le impongo por todo
castigo, que coloque ese lauro militar sobre las sienes de la poesía,
para que otra vez se mida un poco, antes de calificar de estéril á la
que tantos hechos gloriosos, tantas acciones generosas, tantas ideas
sublimes y tantos sentimientos nobles ha sabido producir.

No es este y el de Tirteo, el único lauro guerrero que la poesía puede
revindicar para sí.

Dando un salto al través de los siglos, trasladémonos á la risueña
Italia, que Vd. ha visitado con religioso respeto, segun nos cuenta en
sus Viages.

Si es que ha leido la historia del mediodia de la Europa, debe acordarse
que el emperador Luis II, cautivo del duque de Benevento, debió su
libertad á una cancion compuesta por sus soldados. Esta cancion, que es
el monumento mas antiguo de la baja latinidad, reunió en torno de la
bandera caida del monarca á sus antiguos soldados dispersos por toda la
Italia, que marchando valientemente contra Adelghiso, duque de
Benevento, lograron rescatar de su cautiverio al ilustre prisionero.

Sin la poesía, la humanidad contaría esta accion generosa de menos en el
catálogo de los grandes hechos que la honran y dignifican.

¿Quién ignora la influencia que la poesía tuvo en la batalla de
Hastings? La historia nos cuenta que próximos á chocarse los ejércitos
de Haroldo y de Guillermo el Conquistador, un caballero normando, dando
espuelas á su caballo, entonó entre los dos ejércitos el célebre canto
carlovingiano, que conocemos desde aquella época con el título de
«Cancion de Rolando», y que es la mas sublime epopeya de la edad media.
El poeta, presentando el ejemplo de paladin de Roncesvalles, y evocando
los gloriosos nombres de Carlo Magno, de Oliverio y de Turpin, logró
inflamar el entusiasmo de los normandos, escitándolos á vencer ó morir,
y por eso vencieron, repitiendo en coro la «Cancion de Rolando». Dán
testimonio de esto el poeta Wacé, y los historiadores Guillermo de
Malmesbury, Mateo de Paris, Ralph Hyden, Alberico y Mateo de
Westminster.

La influencia de la poesía no fué menos decisiva en la revolucion de los
Paises Bajos. Es sabido que el alma de esa revolucion fué el famoso
Marnix de Saint-Aldegonde, político, escritor, orador, teólogo,
renombrado diplomático y uno de los célebres hombres de guerra de sus
dias. Pues bien; cuando el duque de Alba ocupó los Paises Bajos en 1569,
degolló 18,000 hombres y proscribió 100,000. El príncipe de Orange, á la
cabeza de 24,000 hombres, no pudo triunfar del terror, y fué vencido sin
combatir. Es entonces que Marnix escribe en el destierro el canto
nacional, que se ha perpetuado hasta nuestros dias, con el título de
_Wilhelmus Lied_ (Cancion de Guillermo). Con esas estrofas en los
labios, se sublevó un pueblo en masa, se levantó el entusiasmo guerrero
y religioso, se triunfó del terror, y se inauguró una nacion que
combatió sin tregua cien años por su independencia, entonando el himno
varonil, que, como dice Edgar Quinet, «es una meseniana bíblica, que dió
su ritmo á la revolucion, y por el cual los escritores del siglo XVI
llamaron á Marnix _nuevo Tirteo, alterum quasi Tirteum_». Este gran
poeta, profeta de la nacion Neerlandesa, es el mismo de quien ha dicho
el austero Bayle, que cada verso de sus canciones valía por un libro; el
mismo que redactó la constitucion de las Provincias Unidas y tradujo en
verso la Biblia, que es la fuente de la lengua holandesa, siendo otra
rara coincidencia, que tambien sea un poeta el criador de un idioma,
cuya raiz y genealogía es necesario buscar en la poesía.--Dan testimonio
de todo esto las crónicas y memorias de la época.

Pero ¿para qué ir tan lejos? No hemos sido testigos del poder mágico de
la Marsellesa en nuestros días? ¡Cuántas victorias, cuántos valientes
de menos contaría el pueblo francés, sin ese canto bélico que ha dado la
vuelta al mundo!

Hasta los tiranos y los conquistadores han reconocido el poder
irresistible de la poesía, persiguiendo con mas encarnizamiento á los
poetas que á los soldados en armas. Testigo de ello es Eduardo I,
conquistador del pais de Gales, el cual hizo degollar á todos los Bardos
de la comarca para consolidar su conquista, porque temia con razon que,
mientras hubiese un arpa pulsada por ellos, mientras sus inspirados
himnos resonasen en aquellas agrestes montañas, el recuerdo de la
antigua libertad no moriría en sus habitantes, y que las armas serian
impotentes para vencerla. Muertos los Bardos, la conquista se consolidó.
Esta es la catástrofe que Thomas Grey ha cantado en versos inmortales.

No quiero abusar de mi superioridad en este punto, y guardándome otras
muchas citas históricas que mantengo de reserva en mi cartera, me
contentaré con recordarle otro ejemplo del mismo género. ¿Quién sublevó
el espíritu teutónico del nacionalismo germánico contra la intervencion
napoleónica en Alemania? ¿Quién, sino la falange de poetas, á cuya
cabeza se puso Koerner, el intrépido Tirteo del siglo XIX, que murió
atravesado de una bala al frente de su Regimiento de Cazadores,
entonando el himno marcial con que habia reclutado sus soldados? ¡Niegue
ahora el poder de la poesía!

Si prescindiendo de la parte rítmica de la poesía, y no contando para
nada los progresos que ha hecho hacer á la civilizacion en el sentido de
la filosofía y de la cosmogonía, pasamos igualmente por alto la
influencia irresistible que ejerce sobre los móviles que impulsan al
hombre al sacrificio generoso de la vida, y descendemos á considerar la
poesía como instrumento de adelantos filológicos, vamos á ver que sin el
auxilio de la poesía, los idiomas modernos serian los mas bárbaros del
mundo!

Ya le he demostrado que la prosa fué hija de la poesía. Ahora voy á
demostrarle que la prosa ha hecho progresos alumbrada por la antorcha de
la poesía, que ha sido para ella la columna de fuego que la ha conducido
hasta la tierra de promision.

Dejemos á un lado los idiomas de la antigüedad, y las lenguas
teutónicas, y estudiemos tan solo los cuatro principales idiomas que
fluyeron como cuatro raudales del seno del latin, en el momento en que
de la descomposicion del mundo romano surgian los elementos de una nueva
civilizacion.

El italiano era un dialecto vulgar cuando el Dante se sirvió de él para
escribir su _Divina Comedia_, que á la par de la mas grandiosa epopeya
de los tiempos modernos, es la fuente del idioma mas puro, y mas
armonioso de la raza latina. El Petrarca ornamentó, dió elasticidad y
clasificó en cierto modo la lengua dignificada por el Dante, cambiando
hasta cierto punto su esencia, como lo dice Sismondi, y legando á su
patria un idioma digno de rivalizar con los de Grecia y Roma. Los poétas
que le han sucedido, dieron la última mano á la obra iniciada por los
padres de la poesía italiana.

Queda establecido que el idioma italiano es hijo de la poesía, y esta
creacion bastaría por sí sola para inmortalizar á su progenitor, y
desmentir las imputaciones de esterilidad que se le hacen.

¿Cuál es el orígen del francés moderno? Por supuesto que la fuente
original es el latin, que por espacio de cinco siglos estuvo depositando
en el fondo de las poblaciones, los materiales de los nuevos idiomas que
debian reemplazarlo, y que hasta hoy son conocidos con el nombre de
lenguaje romance, y del cual dice Sismondi que «circunstancias
accidentales, mas bien que diversidad de razas, han dado orígen á la
diferencia que se nota entre el portugués, el español, el provenzal, el
francés y el italiano, cuyo fondo comun es el latin.» Las Galias,
despues de haber perdido su idioma indígena (el celta) el cual ha
llegado hasta nuestros dias refugiado en la antigua Armórica, se
hallaron--en el espacio que media entre el V y X siglo--divididos por
los idiomas _franko_, _theotesco_ ó tudesco y el latin, y en una
multitud de gergas y dialectos, que al fin se reconcentran en dos
grandes fracciones: el roman provenzal ó lengua de _oc_ (si), y el
roman-wallon ó lengua de _Oil_ ó de _Oui_ (si).

Estos dos idiomas se repartieron la Francia. Al Mediodia el provenzal,
que pasó los Pirineos é invadió la Navarra, dando orígen al catalan; y
al Norte el roman-wallon, que modificado por los Normandos, dió orígen
al francés actual, y fué el mismo que Guillermo el Conquistador llevó á
Inglaterra, y que bajo el reinado de Hugo Capeto se hizo la lengua
nacional.

El provenzal, que en el siglo X produjo millares de poetas, dando á luz
una literatura original que en nada se parece á la griega ni á la
latina, fué por el espacio de tres siglos la lengua de la poesía y del
canto en Europa, así como hoy lo es el italiano. Hoy es una lengua
muerta y solo se conoce por los cantos de sus trovadores.

El roman-wallon, que tambien fué en su orígen un dialecto poético,
aunque mas áspero y seco que el provenzal, produjo los _troveros_ ó
_trouveres_, que no deben de confundirse con los _trovadores_ ó
_trouvadours_, que son provenzales. Son los troveros los que primero
compusieron los _fabliaux_, y los _lais_ de amor.

A ellos tambien debe la Europa los romances caballerescos y las
representaciones dramáticas; y gracias á la poesía, la lengua francesa,
tan pobre como es, ha llegado á ser un idioma universal, el idioma de la
prosa por excelencia, pasando de las manos de Corneille y de Racine á
las de Pascal, que es el que tiene la gloria de haber fijado esta
lengua, complementada por Voltaire, Montesquieu, Buffon y Rousseau.

El portugués dejó de ser gerga, y es hoy considerado como idioma,
gracias á las Lusiadas de Camoens, que inmortalizando á su patria con
sus cantos, inmortalizó á la vez la lengua materna, fijándola en versos
de bronce, para probar á las edades venideras que el lenguaje que la
poesía adopta por suyo, por vulgar y pobre que sea, se sublima, se
complementa y se hace eterno con su solo contacto.

El español, que es el antiguo _romance_, y que se llamó así para
distinguirlo del romano ó latino, vino al mundo bajo los auspicios de la
poesía, y por medio de ella se generalizó, se perfeccionó, y se
perpetuó de generacion en generacion, hasta llegar á ser la lengua de
Cervantes y de Solis. El monumento mas antiguo del romance castellano,
es el poema del Cid, que en este momento tengo ante mis ojos. Un poema
fué, pues, el núcleo de la lengua castellana que hoy hablamos, y aunque
no se conozcan las demas composiciones anteriores al siglo XII, en que
este poema fué compuesto, debe suponerse que fueron en verso, pues solo
por medio de la cadencia métrica podrían trasmitirse de generacion en
generacion, sin corromperse, los libros fiados á la tradicion oral, no
habiéndose inventado todavía el uso del papel, siendo el pergamino
carísimo, y habiendo cesado de venir el papirus de Egipto con motivo de
la invasion de los Arabes.

Así, pues, la poesía desempeñó entonces el mismo oficio que hoy está
encomendado á la imprenta. Ella fué la que se encargó de gravar en la
mente las producciones del idioma vulgar, dando á la memoria puntos
naturales de apoyo en el corte simétrico del verso y en la repeticion
periódica de la rima, de tal modo que, cuando una generacion perdía un
verso la siguiente lo echaba al momento de menos.

Al poema del Cid siguió la traduccion del _Fuero Juzgo_, y el código de
las Partidas, cuyo autor, el célebre D. Alonso el Sabio, fué como Solon,
poeta al mismo tiempo que legislador. Sus cántigas y sus coplas de arte
mayor, verdaderas joyas poéticas, contribuyeron inmensamente á pulir el
tosco lenguaje de aquella época de barbárie.

Despues vino el _Romancero_, esa magnífica epopeya caballeresca, escrita
por millares de autores, en el curso de varios siglos, y cuya unidad de
accion y de lenguaje ha venido á demostrar prácticamente que la Iliada
de Homero pudo haber sido compuesta del mismo modo por la agregacion
sucesiva de los cantos de diversos autores y edades. El _Romancero_ es
el arca santa del idioma castellano, es su verdadera gramática y su
verdadero diccionario. Sin los cantos del Romancero, es decir, sin la
poesía, la España hablaria catalan, árabe, gallego ó teothesco, y el
mundo no poseería este idioma abundante y sonoro, que segun Cárlos V,
parece hecho para hablar con Dios. Los progresos sucesivos del
castellano fueron obra esclusiva de sus poetas, que lo pulieron y
ornaron, imprimiéndole esos giros elípticos, valientes y atrevidos que
lo caracterizan, que llevan en sí el sello de la inspiracion poética.
Puede decirse que Calderon y Lope de Vega han hecho mas por el idioma
castellano que toda la Academia Española desde su fundacion.

¿Qué me dice ahora del monólogo estéril y sublime de esta musa, que
despues de obrar tantos prodijios, vuelca su urna y derrama de su seno
cuatro idiomas inmortalizados por la poesía, y que han sido por espacio
de cuatro siglos, los agentes poderosos de la civilizacion moderna?

Mucho podria decirse sobre la influencia de la poesía en el desarrollo
de las lenguas vivas de orígen teutónico, especialmente sobre el inglés,
que debe á Shakespeare mucho de lo que vale; pero me limitaré á
apuntarle, que el solo Milton introdujo en el lenguaje vulgar mas de
seiscientas palabras nuevas; y que el aleman debe á sus poetas,
especialmente á Lessing, á Goethe y á Schiller, la asombrosa
flexibilidad que lo hace tan propio para espresar las ideas mas
abstractas y vaporosas, dándoles forma y color por un proceder
completamente poético.

No estrañará, pues, que á despecho de la oposición de hombres como V.,
la poesía haya conquistado una alta posicion, y que, en cada dia que se
pasa, estienda y afirme mas su imperio sobre la imaginacion y sobre las
conciencias, invadiendo audazmente los dominios psicológicos. En este
sentido, la poesía ha hecho y hace mas por la mejora y por el
conocimiento íntimo del hombre, que cuantos estudios filosóficos se han
emprendido. «El hombre y sus enfermedades invisibles, lo que es y lo que
debe ser», tal es la interminable espiral en que asciende la poesía
moderna, marchando en torno de un eje sin encontrarse jamás sus
estremos. Así se vé, que por lo que respecta al hombre íntimo, la poesía
inicia, la filosofía esplica y la prosa vulgariza, y que por esta triple
operacion llega á formar parte del fondo del gran tesoro del sentido
comun, lo que al principio se presentó como una brillante paradoja. Y en
esta carrera precipitada de las ideas, mientras que la filosofía se
entretiene en esplicar, y la prosa en vulgarizar, la poesía sigue su
marcha ascendente hácia la region de luz, marcando con una columna de
oro el gran paso dado por la humanidad, y dejando muy atrás á sus
auxiliares en la labor constante del progreso.

Bajo este punto de vista, la poesía, puede considerarse hoy como un
método de enseñanza superior, que coadyuva eficazmente al progreso moral
en el sentido de la Inglaterra y de los Estados-Unidos, los pueblos mas
progresistas del mundo, y los dos que con mas tenacidad y valentía han
perseguido el ideal en el terreno del esperimento. Estas dos naciones
trabajan hace mucho tiempo por mejorar la condicion social por medio de
la mejora parcial de los individuos, á la inversa de los alemanes, que
pretenden regenerar á la humanidad entera por medio de esos ensalmos
universales, que se llaman sistemas filosóficos; y á la inversa tambien
de los franceses, que hace sesenta años se agitan en el círculo vicioso
de las revoluciones, buscando instituciones adecuadas al hombre, antes
de haber formado los instintos del hombre, ó lo que es lo mismo, el
hombre adecuado á las instituciones. La cuestion capital en Inglaterra y
en los Estados-Unidos, es la que se relaciona con las almas y las
conciencias. Así los vé V. contraer todas sus facultades á la
propagacion de las sociedades morales que mejoran las costumbres, al
desarrollo de la libertad de pensar, á la difusion de la instruccion
primaria, que mejora la condicion del hombre, derramando con profusion
por el universo todo la palabra poética del antiguo y nuevo Testamento.
Por eso ha dicho un escritor norte-americano:--«Tenemos ya bastante
ciencia popular; lo que falta á nuestros hijos son libros capaces de
formar sus instintos.» Este es el rol que desempeñan en la mejora del
género humano los libros de poesía, que como se ha dicho, son los que
forman la conciencia de un mundo mejor. Si ellos nos faltan, ¿con qué
los reemplazaremos?

Dejando á un lado la poesía, y pasando á los poetas, tengo que decirle
cosas que le parecerán un poco paradójicas, y que sin embargo no son
menos positivas, ni menos prácticas, que las anteriores.

Vdes., los hombres prácticos, sérios y positivos, tienen una manera muy
singular de juzgar de la capacidad de los demas hombres, y la llamo
singular, por no darle el nombre de absurda. Cuando un hombre sabe
cuanto hay que saber en este mundo, ó al menos tanto cuanto puede
aprender un hombre, y á mas la poesía, dicen Vds. _¡es un poeta!_ Y con
esto queda condenado. De manera que para que un hombre sea completo, es
necesario que ignore la poesía, es decir, que desconozca al hombre
moral; que no tenga el sentimiento de lo bello; que carezca de las
facultades perceptivas de la armonía; que no haya leido ni á Homero, ni
á Horacio, ni á Schiller, ni á Shakespeare, ni á Lope de Vega, ni á
Lamartine, ni á Dante; que no conozca la historia literaria de los
pueblos antiguos ó modernos; que no le ande sobrando la imaginacion, y
que sea incapaz de crear séres de la nada en el silencio de la
inspiracion. Faltándole todos estos requisitos, es decir, siendo un ser
incompleto, puede contar por seguro cualquiera que responda á tales
condiciones negativas, que será proclamado como hombre positivo por el
Areópago de los hombres sérios. Pero si sabe todo lo que ese hombre
puede saber, mas la poesía, que supone otra multitud de conocimientos,
puede contarse por seguro que será declarado sin apelacion, espíritu
superficial. ¿Es sério este modo de juzgar?

¿Sabe Vd. lo que Napoleon decía del poeta Corneille? Pues bien, decía
que á haber vivido en su tiempo le habria nombrado su primer ministro.
Napoleon, que fué un gran poeta á la manera de Alejandro, era digno de
comprender cuánta ciencia política había en el creador de esos grandes
caracteres de la antigüedad, en cuya boca ha puesto palabras que han
inmortalizado á su autor, y que prueban que quien tan profundamente
conocía á los hombres bien pudo atinar con el mejor modo de dirigirlos.

¿Tiene Vd. conocimiento que haya existido en alguna época un hombre mas
sábio que Homero, si hemos de juzgarle por sus obras? Astrónomo,
geógrafo, erudito, filósofo, político, habla de la guerra con la
precision de Xenofonte, describe los detalles culinarios como Careme en
nuestros dias, conoce perfectamente la mineralogía, y habla por la boca
de Nestor y de Ulises con mas buen sentido que nuestros titulados
hombres de Estado. Debido á esto hace treinta siglos que preside á los
destinos de la poesía, y que domina en todas las bellas artes. ¿Qué le
falta á los ojos de los hombres sérios para ser un hombre completo? No
ser poeta, es decir, no haber escrito el libro mas sublime que haya
producido el ingenio humano, y por el cual el mundo quemaría diez
bibliotecas como la de Alejandría. ¿Esto es sério?

¿Qué dice Vd. de Shakespeare? ¿Quién ha penetrado mas hondamente que él
en los arcanos del corazon humano? ¿Quién con mas sabiduría y mas
profundidad que él ha sabido crear esos tipos inmortales, que
personifican las pasiones de tal modo, que á no haber surgido de su
mente, el hombre no se conocería á sí mismo? Shakespeare, puede decirse,
que, no solo nada de lo que tenia relacion con el hombre le era
indiferente, sino que sabia todo cuanto al hombre concernia. ¡Lástima
que fuese poeta! dirá Vd., y que en vez de escribir dramas no haya
empleado su fuerza de voluntad en buscar alguna aplicacion útil de las
fuerzas físicas, en vez de estasiarse en un monólogo estéril y sublime!
¿Esto es sério?

Podría seguir bosquejando otra porcion de cuadros del mismo género, por
medio de rápidos perfiles, pero la multiplicidad de ellos no probaria
mas que los nombres de Homero, de Corneille y de Shakespeare, á quienes
tendríamos que clasificar de hombres incompletos, si hubiésemos de
juzgar con el criterio de los hombres positivos, que cuando les
presentan un libro de poesía preguntan ¿y esto qué prueba? Esos tres
génios prueban, por lo menos, el poder del hombre; y no es poco probar,
pues sin ellos no sabríamos de lo que somos capaces. Las ciencias y las
artes nos han revelado ó hecho presentir todo aquello que podemos
percibir ó alcanzar por medio de los sentidos, menos los límites del
entendimiento, que, como dice Leibnitz, es lo único que no entra por los
sentidos. Lo primero está fuera del hombre, corresponde á una vida
esterior que no es la suya. Lo segundo pertenece al hombre mismo, y,
como lo dice Leroux, es la espresion de su propia vida, ó mas bien, su
propia vida que se realiza, comunicándose á los demas, y esforzándose en
eternizarse.

Preveo de antemano la objeccion.

Puede decírseme que por muy completo que sea un poeta, la preponderancia
de la imaginacion produce en sus facultades un desequilibrio que lo hace
poco apto para los negocios prácticos de la vida. Esta es una
vulgaridad desmentida por los hechos. Para poner de manifiesto lo
contrario, bastará decir que si algun dia hubiese de escribirse el
código del buen sentido práctico, es á los libros de los poetas adonde
irian á beberse sus principios. El ser poeta no impidió á Solon ser el
primer legislador de la antigüedad. El poeta Esopo representa la moral
del sentido comun. Tito, no por hacer versos dejó de ser un gran
político y un gran guerrero. Salomon, apesar de ser un gran poeta, es el
tipo de la sabiduría gobernando. Ciceron, que era poeta, hablando en
prosa, ha escrito hermosos versos que han llegado hasta nosotros.
Augusto, el político mas sagaz de la antigüedad, hacia versos, y en
versos lloró la muerte de Virgilio, para salvar de la destruccion á la
Eneida. César y Bruto, la víctima y el matador, tambien hicieron versos,
que depositaron en bibliotecas públicas. Poetas tan débiles como
Ciceron, pero mas felices que él, pocas personas supieron que los
hacían. Machiavelo, que, á haber vivido en este siglo se reiría de
Talleyrand y de Metternich, era poeta. Cervantes, el buen sentido
hablando, era poeta, y Sancho Panza, el sentido comun personificado, es
una creacion eminentemente poética. Un político célebre, reconocido por
uno de los primeros oradores del mundo, el Lord Chattam, empezó por
hacer versos, como puede verse en Villemain. D. Alonso el Sabio, el
hombre mas práctico de su tiempo, fué tambien poeta. Poeta fué tambien
el marques de Villena, eminente hombre de Estado de su época. El Dante
bebió todas sus inspiraciones del conocimiento práctico que tenia de la
vida y de los negocios públicos de su pais. L'Hopital, «representante de
la conciencia humana,» como le llamó Sainte Beuve, hacia versos. Halley,
el mas grande astrónomo de la Gran Bretaña, amó y cultivó la poesía, y
en hermosos versos que brillan como astros al frente de los _Principios_
de Newton, celebró las sublimes ideas de su predecesor, hermanando el
cálculo con la inspiracion. Grocio, el severo publicista, es contado
entre los poetas de su nacion, y legó á Milton el gérmen de su inmortal
poema. Milton, que ha escrito panfletos políticos, fué un hábil Ministro
de Relaciones Exteriores, antes de ser el autor del _Paraiso perdido_.
El célebre Bolinbroke fué poeta, y de poetas se rodeó y aconsejó en la
época en que la Inglaterra pesaba con todo su poder en la balanza de los
destinos del mundo.

Montesquieu, que tenia todas las calidades brillantes de poeta, y que se
estasiaba en leer á Ovidio, Montesquieu, el que encontró las tablas
perdidas de los derechos del hombre, tambien ha escrito poesías.
Beaumarchais, el autor del Barbero de Sevilla, fué un hábil negociante y
un diplomático sagaz. Pocos hombres han poseido en tan alto grado la
ciencia del mundo y el conocimiento del corazon humano, como el poeta
Molière, cuyas obras valen por doscientos tratados de moral. Voltaire,
el representante del buen sentido de la humanidad, fué un poeta, y como
tal será admirado en el futuro, cuando nadie lea sus obras en prosa.
Federico II, á pesar de ser un mal versificador, rindió también culto á
las musas, y sus composiciones poéticas, escritas en la víspera de sus
grandes batallas, han sido recogidas por la historia y adoptadas por la
literatura. Canning, el hábil Ministro que salvó la Inglaterra, fué un
poeta. Beranger, otro representante del buen sentido universal, es uno
de los primeros poetas del siglo. Madama Stael, una de las cabezas mas
fuertes de nuestros dias, era una cabeza eminentemente poética. Rossi,
el profundo economista, el político sesudo, uno de los primeros
jurisconsultos del siglo, empezó su carrera literaria traduciendo en
verso italiano los poemas de Byron, por lo que ha merecido los elogios
del severo historiador Mignet. El mismo Lamartine, á quien por su
calidad de poeta se le han negado las facultades del hombre político,
tuvo (con todas sus deficiencias) la idea de la República cuando todos
vacilaban; pacificó la Europa con un manifiesto, y en tres meses de
gobierno hizo mas y se mostró mas hábil que el hábil Luis Felipe
auxiliado por Thiers y por Guizot, en el espacio de diez y ocho años.
Entre nosotros, Florencio Varela, el hombre de tacto político, el hombre
de recto juicio y de tino práctico, era tambien poeta. De manera, que si
los poetas pueden revindicar para sí la ciencia práctica y el buen
sentido que por la vulgaridad se les niega, los hombres positivos que se
enorgullecen de su ignorancia poética, deben convenir, en vista de estos
ejemplos, que son incompetentes para juzgar aquello de que no entienden,
ó no son capaces de sentir.

Alejandro, Tácito, Sócrates, Platon, Herodoto, Napoleon, Tito-Livio,
Colon, Bolívar, han sido poetas á su manera, y si no escribieron poemas,
fué porque dieron otra direccion á las fuerzas poéticas de que podian
disponer. El primero, las aplicó á las grandes conquistas civilizadoras;
el segundo, á las pinturas dramáticas que lo han inmortalizado. Sócrates
y Platon presintieron, por intuicion poética, las sublimes verdades del
progreso moral. Herodoto es el verdadero rival de Homero, y Tito-Livio
eclipsa muchas veces á Virgilio. Para comprender la idea poética que
hizo á Colon descubrir el Nuevo Mundo, es necesario leer su _Diario de
Viaje_, publicado por Navarrete, en el cual se ve al visionario, al
espíritu entusiasta, mirando con los ojos del alma la tierra prometida
de que se reian los espíritus positivos. Además, es bien sabido que
Colon hizo realmente versos, habiéndose salvado algunos de los que le
inspiró la musa cristiana en su _Libro de las Profecías_. Bolívar, que
carecía del genio metódico de la guerra y de las calidades sólidas del
político, derramó toda la poesía que rebosaba en su alma en bríndis,
proclamas, discursos, boletines y acciones grandiosas dignas de la
epopeya; procurando en esto marchar tras la huella de Napoleon, poeta en
accion, cuyo genio militar se dilataba en presencia de las Pirámides ó
evocando los recuerdos de la antigua Roma: y que se dormia bajo su
tienda militar leyendo á Corneille ó á Ossian, como Alejandro leyendo á
Homero, y derramando lágrimas de dolor á la idea de que no tendría un
poeta semejante que cantase sus hazañas.

¿Sabe Vd. cuál es el reproche que los ingleses hacen á Roberto Peel, el
primer hombre de Estado de nuestros dias? Pues bien, le reprochan no
haber sido poeta. No se sonría: lea la biografía de Peel, escrita por
D'Israeli, el gefe del partido tory, y se convencerá de que hablo
formalmente. Todos convienen en que este reproche es merecido. Roberto
Peel era un gran organizador, pero carecía de esa facultad poética que
se llama creadora, sea que ella se aplique á la composicion de un poema,
ó á los negocios de la administracion ó de la política. Nada de lo que
Peel ha hecho ha sido creado por él, y aun la misma reforma comercial
que ha ilustrado su nombre, á la cual se opuso largo tiempo, fué, como
se sabe, idea original de Cobden, caudillo audaz de la Liga de
Manchester. Sus reformas sobre la Irlanda le fueron sugeridas por
O'Connel, el gran poeta de los _meetings_ al aire libre, á cuya palabra
poética debe su redencion un pueblo que lo aclama su libertador. Si Peel
hubiese poseido la potencia creadora, es decir, si hubiese podido
merecer el nombre de poeta que se le niega, habria sido el mas eminente
hombre práctico de nuestros dias, habria equilibrado la gloria de
Napoleon y completado el binomio de los grandes hombres en el siglo XIX,
y hoy se diria: _Napoleon_ + _Peel_. No se dice por qué faltó al segundo
término la potestad creadora, que es el patrimonio de los génios
poéticos, sea que hagan ó no versos. Así, pues, en los negocios
prácticos de la vida las calidades poéticas, lejos de ser un
inconveniente, constituyen una ventaja real y positiva, siempre que la
imaginacion no predomine de tal modo, que sofoque todas las demas
facultades del entendimiento.

Ahora estudiemos al poeta por el lado de la seriedad. Generalmente se le
considera como un hombre frívolo, que pasa su vida contando _sílabas_
en vez de contar _patacones_, y que malgasta todo su talento en
_producir ficciones_, en vez de llevar á cabo realidades. Distingamos.
Hay dos especies de poetas: unos que se llaman _objetivos_ y otros que
llamaremos _sugestivos_. Los primeros son los que se asimilan todas las
ideas poéticas de los demas identificándolas con las suyas propias, y
que sin agotar su propia sustancia, las vuelven modificadas y digeridas
como si esclusivamente les pertenecieran. Estas naturalezas artísticas
pero frias, no se gastan jamás y producen siempre, y á ellas
corresponden Voltaire y Goethe, que debieron á esta circunstancia el
poder alcanzar una ancianidad serena. Los poetas por temperamento, para
quienes la poesía es una vocacion, son como las lámparas: alumbran
gastando en sus poemas el aceite de la vida, derramando en sus obras su
propia sustancia y apagándose muy temprano, como Byron ó como Schiller.
Considerada bajo este punto de vista, hay pocas ocupaciones mas serias
que la del poeta, que en cada sílaba, en cada verso, en cada estrofa,
gasta tal vez un minuto, una hora, un dia de su existencia, viviendo en
un solo momento lo que otros en un año. Todo cuanto el poeta describe ó
pinta lo ha visto, lo ha sentido, y existe desparramado en toda la
creacion, aunque los ojos del vulgo no puedan percibir su armonioso
conjunto. Los tipos inmortales creados por Rafael, no han existido ni
existirán jamás; ¿son por esto una mentira? ¡Oh, no! ellos son la
idealizacion de la realidad, ó como se ha definido el ideal, "la
espresion mas alta de la verdad." Tal es la poesía; y el poeta, su
inspirado intérprete, y cuando de pié sobre la trípode del genio
fatídico repite las palabras misteriosas que susurran en su alma, se
asemeja á la síbila de la antigüedad, que solo entonaba el canto
profético en medio de dolorosas convulsiones.

En vista de todo esto, podremos decir que tanto la prosa como la poesía,
son dos manifestaciones de la palabra, son las dos formas de que se
reviste el pensamiento, y que si la una es el fruto, la otra es la flor;
que sin flor no puede haber fruto, y que por lo tanto, enredarse mas en
esta cuestion seria lo mismo que disputar sobre si tiene mas importancia
la base que la cúspide de la pirámide, ó cual fué primero: el huevo ó la
gallina.

Por lo que, pongo aquí el punto final á mi disertacion.

He terminado, pues, y sin embargo, apenas he desflorado el vasto campo
de mi tésis. Podrian escribirse sobre ella muchos volúmenes, gastando
tantas plumas de diamante, cuantas yo he gastado de acero en esta carta.
Dejo á otros esa agradable tarea. A mí me falta tiempo para ser
literato, así como me ha faltado para ser poeta, si es que hubiese
podido serlo.

Hubo un tiempo en que fuí poeta por vocacion, como Vd. me ha llamado en
sus _Viages_, y cuando me acuerdo de esto, me digo á mí mismo, penetrado
de una profunda melancolía: _¡Y yo tambien viví en Arcadia!_

Las poesías que va á leer, fueron escritas casi todas ellas á la edad de
veinte años. Entonces soñaba con la inmortalidad, y los laureles de
Homero me quitaban el sueño. Pronto comprendí que ni podia aspirar á
vivir en la memoria de mas de una generacion como poeta, ni nuestra
sociedad estaba bastante madura para producir un poeta laureado. Sin
embargo, ese poco de poesía que Dios habia depositado en mi alma, lo he
derramado á lo largo del camino de mi vida, consagrándolo unas veces á
mi patria, otras á mis amigos, otras á las afecciones puras y serenas
del hogar, porque el que cuenta por seguro que sus versos no llegarán á
la posteridad, debe ser generoso con su pequeño tesoro.

Tal es el orígen de las pocas composiciones que he escrito despues de
los veinte años. Hoy, hace tanto tiempo que no hago versos, que creo que
me he olvidado de pulsar la lira, hablando en estilo metafórico de mal
gusto. Por eso amo las páginas que siguen, las cuales reflejan algunos
de esos dolores intensos y de esos momentos solemnes de la última
revolucion contra el tirano de nuestra patria, tiranía que, para honor
de nuestro culto, no ha contado un solo poeta entre sus filas. La
tiranía se levantó, imperó veinte años en nuestro pais haciendo rodar
cabezas, y cayó al fin postrada por sus propios escesos, sin que un solo
poeta le quemara un grano de incienso, lo que prueba que la poesía ha
sido considerada entre nosotros como un verdadero sacerdocio, mientras
que la prosa se prostituia torpemente. Por este solo rasgo serian
acreedores nuestros poetas á la corona cívica, aun cuando no fuesen
dignos de ceñir sus sienes con el lauro literario de los grandes génios.
En la antigua Roma, el despotismo de Augusto tuvo por auxiliares la musa
de Horacio, de Virgilio y de Ovidio; y la bárbara tiranía de Neron tuvo
por aduladores á Séneca y á Lucano, notables poetas de la decadencia
latina. Entre nosotros, la tiranía de Rosas apenas ha merecido algunas
coplas vulgares, porque la poesía que tiene el sentimiento de lo bello,
huye de la fealdad moral, á la par que se apasiona por la virtud y la
justicia, que es un reflejo de la belleza ideal sobre la tierra. Por eso
los poetas del Rio de la Plata han derramado en sus versos, su amor á la
libertad y su ódio por la tiranía, guiados siempre por ese sentimiento
de lo bello, que hace comprender cuánto hay de sublime y de hermoso en
la libertad y en la justicia.

Tengo otra razon mas para odiar á Rosas, y la publicacion de estas
_Rimas_ es mi venganza. Odio á Rosas, no solo porque ha sido el verdugo
de los Argentinos, sino porque á causa de él he tenido que vestir las
armas, correr los campos, hacerme hombre político y lanzarme á la
carrera tempestuosa de las revoluciones sin poder seguir mi vocacion
literaria. Hoy mismo, en medio de las embriagantes agitaciones de la
vida pública, no puedo menos de arrojar una mirada retrospectiva sobre
los dias que han pasado, y contemplar con envidia la suerte de los que
pueden gozar de horas serenas entregados en brazos de la musa
meditabunda. Cuando esto me pasa, se me viene á la memoria un cuento que
en otro tiempo me hizo reir, y que hoy me hace suspirar, tal es la
profunda verdad que encierra. Oiga el cuento, por fin de carta. Un pobre
pastor, hablando consigo mismo, se decia:--¡Ah! si yo fuera rey!....--Y
bien, qué harias? preguntóle uno que le oia, sin él advertirlo.--¿Qué
haria? dijo el pastor, ¡cuidaria mis ovejas á caballo! Digo lo mismo.
Si fuese rey haria versos. Y sin embargo, es probable que en el resto de
mi vida no haga una docena de versos:

BARTOLOMÉ MITRE.





LIBRO PRIMERO

POESÍAS PATRIÓTICAS




       I

       Á LA

       DERROTA DEL QUEBRACHO

(CON MOTIVO DE LA MUERTE DE RUFINO VARELA)

    Corramos al combate, á la venganza
    Y el que niegue su pecho á la esperanza
    Hunda en el polvo la cobarde frente.

    QUINTANA.


    Cuando tremolen patrios pabellones
    Anunciando del pueblo la victoria,
    Entone el vate bélicas canciones
    Y cante los guerreros y la gloria;
    Mas si la patria yace en agonía
    Rompa el canto á la fúnebre elegía.

    Cuando en liza ó al pié de la muralla
    Derrotados se miren los valientes,
    Cuando vea que el plomo y la metralla
    Ha postrado patriotas eminentes,
    Arda su pecho en fuego sacrosanto
    Y entone de la guerra el noble canto.

    Cuando un laurel los déspotas levanten
    Y en medio de los brindis de la orgía
    El triunfo impío en su insolencia canten,
    Fulmine su tremenda profecía,
    Y anuncie con su voz aterradora
    De libertad la celestial aurora.

    Sí, que del vate la mision sagrada
    Es inflamar del bravo el ardimiento,
    Dar nuevo temple á la fulmínea espada
    Con el soplo encendido de su aliento,
    Y al fúnebre clamor de la derrota,
    Alzar del libre la bandera rota.

    Para probar los pueblos de la tierra,
    Para templar las almas de los bravos,
    En medio del estruendo de la guerra
    Dios suele coronar á los esclavos,
    Mas luego con su mano poderosa
    Los hunde de la noche en la honda fosa.

    En la derrota el pueblo valeroso
    Templa su brazo y su robusta lanza,
    Para volver despues mas ardoroso
    Y entre el polvo, la sangre y la matanza,
    Y entre el humo que envuelve la pelea
    Desafiar el cañon que centellea.

    Cancha-Rayada viera con denuedo
    A los héroes de Mayo caer vencidos,
    Pero sin dar cabida al torpe miedo
    Alzaron sus pendones abatidos,
    Al cielo sus espadas elevaron
    Y en sus hombros la patria sustentaron.

    Imitemos nosotros su alto ejemplo:
    El pendon de la patria enarbolando
    Marchemos de la gloria al sacro templo
    «O muerte ó libertad» todos clamando;
    Y apoyando la planta en los escombros
    La libertad alcemos en los hombros.

    Aquel cobarde que del triunfo dude,
    Quien al tirano eternizado crea,
    El que á los gritos del honor no acude
    Y do el pendon de libertad flamea,
    Ese es un vil de corazon cobarde
    Do el entusiasmo de la patria no arde.

    ¿Y quién no abriga fuego sacrosanto
    Y vuela con ardor á la batalla?
    ¿A quién detiene ni el amor, ni el llanto,
    Ni el silbo de la bala y la metralla?
    ¿Quién por la patria perecer no jura
    De Varela en la yerta sepultura?

    Los atrevidos cantos de la guerra
    Resuenen en la losa del soldado,
    Y de flores cubramos esa tierra
    Donde cayó sin vida, ensangrentado,
    Y de la patria el estandarte santo
    Sea de paz y proteccion su manto.

    No débil llanto su cabeza inunde!
    Que una corona del laurel sagrado
    Su frente polvorosa orne y circunde,
    Y empuñando su hierro ensangrentado,
    La juventud que á combatir se apresta
    Muestre la enseña de la patria enhiesta.

    El funeral del martir generoso
    Le corresponde al pueblo redimido,
    Cuando libre del yugo vergonzoso
    La pira encienda en el altar ungido,
    Y cuando puedan respirar sus almas
    Y sus manos alzar cívicas palmas.

    Vamos á conquistarle noble tumba
    En la tierra natal purificada,
    Para que aquel que en esta lid sucumba
    Pueda dormir en tierra libertada,
    Y no sean sus huesos quebrantados
    Por tiranos ni siervos pisoteados.

    Duerme en tanto en el campo de batalla
    Mientras su patria gime en servidumbre;
    Mientras la fé del corazon desmaya
    Y el hierro se carcome con la herrumbre;
    Cuando el tirano al vernos en derrota
    Con su lauro la espalda nos azota!

    ¿Quién es el vil que ríe, canta y danza
    Cuando el lamento de la patria suena,
    A sus hijos llamando á la venganza?
    Y si el cañon de la batalla truena,
    Quién el torpe que el miedo no sacude
    Y al grito ronco del honor no acude?

    Juventud de mi patria, los laureles
    Se conquistan peleando con bravura,
    Y la lira, la pluma ó los cinceles
    No eternizan jamás progenie impura:
    Los genios á los fuertes divinizan
    Y á los cobardes con su planta pisan.

    Vuestros padres, titanes todos fueron,
    Que desplegando al viento sus banderas
    Contra un poder gigante combatieron,
    Y encima de las altas cordilleras
    Lanzaron sobre el leon de las Españas
    Del pueblo irresistible las montañas.

    Y vosotros, qué sois? flojos pigmeos
    Sin brazos, sin espada, sin creencia,
    Temblando ante el tirano como reos
    Sofocando la voz de la conciencia...!
    Y bebereis oprobio eternamente
    Sin levantar la deslustrada frente!

    Mas así no será, que de Varela
    Todos van á clamar sobre la tumba,
    Que es un cobarde el que á pelear no vuela,
    Su canto de victoria ya retumba
    Y en medio de las huéstes debeladas
    Resuena el estridor de las espadas.

    En esa triste y yerma sepultura
    Entonad los cantares de la gloria,
    Ensalzad el martirio y la bravura
    Y volad en seguida á la victoria
    A recoger laureles inmortales,
    Cantando con denuedo: «Oid mortales!»

    Imitad su constancia y bizarría
    Y el alto ejemplo que su vida abona,
    Que de la Patria en el hermoso dia
    El pueblo os ceñirá sacra corona,
    Y vuestra muerte con guerrera pompa
    Publicará la fama con su trompa.

    Empuñad una lanza vibradora,
    Abandonad el ócio y la molicie,
    Arrimad una mano protectora
    Antes que nuestra patria se desquicie
    Y arrastre en su caida soberana,
    La libertad, la gloria americana.




       II

       RECUERDOS

       DE BUENOS AIRES


      ¡Oh patria! oh Buenos Aires! oh sueño de mi vida!
    Como inmortal recuerdo reinas en mi memoria
    Recorriendo los dias de dicha promisoria
    Que en tu seno amoroso, Buenos Aires, pasé.
    Recuerdo la ribera do á meditar yo iba
    Y el árbol perfumado que sombra me prestaba,
    Recuerdo los momentos en que se deslizaba
    Mi vida por un lago sereno de placer.

      ¡Oh patria, oh Buenos Aires! tú ocupas hoy la mente
    De miles de proscriptos por tierras estrangeras,
    De grandes ciudadanos á los que el ser tu dieras
    Y vagan desterrados del suelo de su amor;
    Y tu eres para ellos el sueño de su vida,
    Eres la blanca estrella que guia al peregrino,
    Y en noche tempestuosa le enseña su camino
    Como astro de los mares que alumbra al viajador.

      Pasaron ¡ay! pasaron las puras alegrias,
    Y errante y solitario por playas estrangeras
    Poeta peregrino, con quejas lastimeras,
    Al pais de mis recuerdos dirijo esta cancion.
    En vez de ornar con flores las cuerdas de mi lira,
    Pensando en Buenos Aires las riego con mi llanto,
    Y encuentro entre esas gotas amargas de quebranto
    En los recuerdos nobles viril consolacion.

      ¡Oh patria! Aunque de lodo te cubran la cabeza
    Yo siempre con orgullo pronunciaré tu nombre,
    Diré que con tus hechos ganaste un gran renombre
    Que oscurecer no pueden mil siglos de baldon.
    ¡Ah! vuélvante la espalda degenerados hijos:
    Yo inclinaré mi frente ante tu altar caído,
    Y besaré la orla del manto carcomido,
    Llorando tus desdichas, cantando tu esplendor.

      En vano en los albores de una existencia estéril
    Abandoné tus playas; no te olvidé por eso,
    Como al dejar la bella que nos brindó su beso
    Dá mas placer al alma pensar en él despues.
    Atravesando mares y recorriendo campos,
    La pluma manejando con la ñudosa lanza,
    Vivificado siempre por íntima esperanza
    Jamás he sacudido tu polvo de mis piés.

      Si leo algun escrito que nombra á Buenos Aires
    Sus páginas exalan magnético perfume,
    Y todas las palabras mi mente las asume
    Como el rocío puro que cae sobre la flor;
    Y entonces se presentan á mi memoria triste
    Tus torres, tus jardines, tus calles animadas,
    Tu cielo hermoso y puro, tus brisas perfumadas,
    Tu rio, tu horizonte, tu hermoso bicolor.

      ¿Dó están aquellas plazas llenas de movimiento,
    Sus altas catedrales, sus grupos bulliciosos,
    Sus verdes arboledas, sus alazanes briosos,
    Que ofrecen á la vista contínua variedad?
    ¿Qué es del perfume suave del polvo de la patria,
    De aquel aroma puro de sus lozanas flores,
    De sus flotantes nubes de vívidos colores,
    De la dulzura grata de su agua de cristal?

      Tus magas misteriosas contemplo entusiasmado
    El rayo de la luna bañando su alba frente,
    Con blancas vestiduras cruzar rápidamente,
    Cual cruza por los aires celeste aparicion.
    Mi mente acalorada poblando los espacios
    Admira la aérea forma que tienen las porteñas,
    Sus ojos que derraman miradas halagüeñas,
    Sus lábios que destilan el bálsamo de amor.

      Y veo en mis ensueños tus bailes voluptuosos,
    Salones que perfuman las ninfas Argentinas,
    Y grupos en que brillan sonrisas peregrinas--
    Cual no las ha fijado de Fidias el cincel.--
    Y siento entre los giros del valz, que corre, vuela,
    La brisa que producen las alas del ambiente
    Cargadas con efluvios que envuelven dulcemente
    Mi corazon y mi alma, mi espíritu y mi ser.

      ¡El valz! silfos alados sin duda lo inventaron
    Al ver entretegida la madreselva airosa
    En torno de la encina que altiva y vigorosa
    Se viste con sus galas cuando sus brazos dá!
    Así te me presentas ciudad fuerte y hermosa
    Pendientes de tus brazos tus hijas hechiceras,
    Como guirnaldas ténues que adornan las palmeras,
    Y al recibir su apoyo le dan su emanacion.

      No suenan en mi oido las dulces _vidalitas_
    Que en medio de la noche modula el tucumano,
    Ni los sentidos _Tristes_ que repite el riojano,
    Ni el alegre _cielito_ que el porteño hace oir;
    Cantares de mi patria, al abrir yo mis ojos
    Susurrabais suaves á la par de mi cuna,
    Y vuestro éco inefable en las noches de luna
    Es música del alma que el alma sabe oir.

      A veces, paseando de noche por las calles
    De la dulce guitarra el éco me encantaba,
    Cuando el amante tierno un _Triste_ modulaba
    Al pié de los balcones del ángel de su amor.
    Mientras, tal vez la niña oyendo las canciones
    Que desde la ventana le enviaba su querido,
    Entre cendales albos el plácido sonido
    Llenaba su alma y mente de plácida ilusion.

      No veo el rio hermoso, de mástiles cubierto
    Como un espeso bosque de gigantescos pinos,
    Ni aquel conjunto bello de buques Argentinos
    Que ostentan sus pendones bañados por el sol;
    No veo el alta torre del templo magestuoso
    Cuyo círculo cubre la gloria con sus alas,
    Al verle acribillado de las rugientes balas
    Que el cañon Argentino lanzara á Whittelok.

      No veo aquellos muros que consagró la gloria
    Cuando asilado en ellos ejército estrangero,
    El pueblo omnipotente con ademan severo
    Hizo rendir la espada del bravo Berresford;
    No veo el foro inmenso do fueron nuestros padres
    A usar de los derechos que Dios les concedia,
    Ni el balconage rústico donde el Cabildo un dia
    La gran soberanía del pueblo proclamó.

      No veo la tribuna do ardientes oradores,
    El pan de la palabra caliente derramaban,
    Y desde lo alto de ella terribles fulminaban,
    Rayos á los tiranos con santa indignacion;
    No veo el pueblo inmenso la catedral llenando,
    Oyendo los sonidos del órgano, suaves,
    Ni entre nubes de incienso cruzando por las naves
    Leopardos, quinas, leones, mirar con emocion.

      ¡Oh patria! como esclava suspiras en cadenas,
    Cubiertas de cadalzos tus calles enlutadas,
    Marchitos tus laureles, tus glorias mancilladas,
    Ajada tu bandera de gloria y esplendor;
    Tu seno profanado por déspota cobarde
    Que duerme resguardado de míseros esclavos,
    Que en su calvario triste remachan férreos clavos
    Al pueblo generoso que en Mayo se elevó.

      Pero ¡ay! de tí, apartado y errante por el mundo,
    Hijo desheredado de tu cariño inmenso,
    De la estranjera playa te quemo el puro incienso
    Que á tí tan solo, oh madre! me es dado tributar.
    No solo en llanto estéril he de inundar la tierra:
    Mis vacilantes manos arrimaré á tus aras;
    Si derrumbadas bajan.... entre reliquias caras
    Feliz si entre su polvo, me puedo sepultar!




       III

       LA MUERTE

       DE ZACARIAS ALVAREZ

(EN LA BATALLA DEL SAUCE GRANDE)


    Los gritos de los bravos,
    El ¡ay! de los esclavos,
    Y el trueno del cañon;
    Del plomo los rugidos,
    Del sable los crugidos,
    Y el golpe del tambor.

    Del potro las carreras,
    Los vivas y los mueras,
    Y el toque del clarin,
    Cual trueno tramontano
    Que asorda todo el llano
    Retumba en el confin.

    Y en medio á las legiones
    Penachos y pendones
    Se miran tremolar;
    Y en la humareda envueltos,
    Como cabellos sueltos
    Del sol se ven flotar.

    Los bravos se adelantan,
    Y el polvo que levantan
    Con ímpetu veloz,
    Sus rostros ennegrece,
    Y entre él desaparece
    La enseña del honor.

    El _Escuadron de Maza_
    Sin casco ni coraza
    Se avanza con valor,
    Y su entusiasmo brilla
    Como en verde cuchilla
    Los reflejos del sol.

    Y con marcial fiereza
    Se mira á su cabeza
    Zacarias marchar:
    Alma grande y altiva
    Que renunció la oliva
    Del pacífico hogar.

    Y voló á la batalla,
    Y la acerada malla
    Y el plomo despreció,
    Y al frente de sus bravos
    De Rosas los esclavos
    Valiente acuchilló.

    Potentes escuadrones
    Al pié de los cañones,
    Su lanza dispersó,
    Y en medio á sus fusiles
    Y bayonetas viles
    Su caballo dejó.[1]

    Al frente de su tropa
    Zacarías galopa
    Y hace el suelo crugir,
    Y la potente lanza
    Blandida con pujanza
    Se mira relucir.

    Magnífica tremola
    La bella banderola
    Del ínclito campeon,
    Y en medio á la pelea
    La moharra centellea
    Como una exalacion.

    Escúchase un redoble:
    La infantería inmoble
    Sus armas descargó.
    Y al ver sus bayonetas
    «Á la carga, cornetas!»
    Zacarías gritó.

    Y todos enristraron
    Y en pos de él se arrojaron
    Sus lanzas á estrellar.
    ¿El plomo y la metralla,
    El foso y la alta valla
    Su furia detendrá?

    Proteja Dios al fuerte
    Que va á retar la muerte
    Cargando con valor!
    Y si caer le toca,
    Caiga como una roca
    Con ímpetu y fragor.

    Y en la veloz carrera
    Flameaba la bandera
    Del ínclito Escuadron,
    Y al ver la artillería
    Su gefe le decía:
    «Soldados, al cañon!»

    Mas ¡ay! bala traidora
    De pronto silvadora
    Su pecho traspasó;
    Y con ferrea pujanza
    Apretando la lanza
    Moribundo cayó.

    Alzando la cabeza
    Repite con firmeza:
    «Avance el Escuadron!
    «Este es mi adios postrero...
    «Yo por la patria muero...
    «Soldados, al cañon!»

    Ningun soldado gime,
    Pero dolor sublime
    Las frentes inundó;
    Mas él del hondo seno
    Lanzaba voz de trueno:
    «Soldados, al cañon!»

    Y el Escuadron valiente
    A la batalla ardiente
    Con furia se lanzó,
    Y en la garganta estrecha
    Y encima de la mecha
    Su gefe le miró.

    Y su bandera viendo
    Él esclamó muriendo:
    «¡Oh de mi Patria sol!»
    Y su cabeza noble
    Como gigante roble
    Al polvo descendió.

    Murió como un valiente
    De su Escuadron al frente
    Cargando con valor,
    En un túmulo inmenso
    Y en medio del incienso
    Del taco del cañon.

    No cánticos pagados...
    Sus voces sus soldados
    Alzaron en loor;
    No funerales fuegos...
    Ardientes lanzafuegos
    Brillaron en su honor.

    No triste terciopelo,
    Ni lágrimas de hielo,
    Ni orgullo y vanidad;
    Banderas le envolvieron,
    Y ¡vivas! le siguieron
    A la mansion de paz.




       IV

       AL SOL DEL 25 DE MAYO DE 1844

(EN MONTEVIDEO SITIADO)


    Cascadas del Niagára y Tequendama
    Donde el agua de un mundo se derrama
    Para apagar de América la sed!
    Amazonas, Ontario, bello Plata,
    Donde la vírgen pura se retrata
    En la márgen bañándose los pies!

    Pampas inmensas, selvas olorosas,
    Del Andes cordilleras orgullosas
    Que corona la ardiente cruz del Sud!
    Perfumaos como nube de incensario,
    Armonizaos cual himno del santuario
    Para decir de Mayo al Sol: Salud!

    Salve, página inmensa de la historia,
    Divino resplandor de la memoria,
    Fuente de perennal inspiracion!
    En tus alas de fuego me sublimas,
    Y al entusiasmo sacro en que me animas
    Calientas mi cabeza y corazon.

    Hoguera abrasadora del gran Mayo,
    Do se incendió terrible como el rayo
    El fuego de un pensar generador;
    Que el corazon templó cual hierro fuerte,
    Y dió existencia á la materia inerte,
    Como el soplo divino del Creador.

    Al vivífico rayo de tu lumbre
    Se estremeció la inmensa muchedumbre
    Y el polvo del esclavo sacudió;
    Allí surgió la dignidad humana
    En la nacion potente y soberana
    Que el soplo democrático animó.

    Allí, genios pujantes, inspirados,
    Formularon derechos conculcados
    En solo una palabra: ¡Libertad!
    Y Dios vertió con generosa mano
    Perfumes sobre el mundo Americano,
    Y le dijo: «Naciones, levantad!»

    La inspiracion del alta inteligencia,
    El calor de la intrépida elocuencia
    En el astro de Mayo concentró;
    Y del ardiente labio de Moreno
    Se desprendió de su palabra el trueno
    Y el programa de Mayo formuló.

    «Derribemos su trono al despotismo,
    «Abramos ancha via al patriotismo,
    «Alcemos los fanales de la Ley;
    «Rompamos su barrera á la ignorancia,
    «Alumbremos la mente de la infancia,
    «Y ennoblezcamos á la humana grey!»

    Esta palabra el entusiasmo inflama,
    Prende en los corazones noble llama,
    Que como chispa eléctrica cundió:
    Y cual hierve entre escollos la marea,
    Hirvió entre las cabezas una idea
    Que dió vida á la gran revolucion.

    Revolucion sin lanzas ni fusiles,
    Un alto pensamiento fué su Aquiles,
    Y la razon su escudo tutelar;
    Revolucion fundada en la justicia,
    Que tuvo los principios por milicia,
    Y por columna ardiente la verdad.

    Revolucion con cauda de cometa,
    Que atravesó el espacio, cual saeta
    Despedida del arco del Señor;
    Parto de mil ideas generosas
    Que volaron en chispas luminosas
    Por todo el continente de Colon.

    Solo una vez brillaron sus espadas:
    Para romper cadenas execradas,
    Y sostener las tablas de la Ley;
    Para postrar esclavos y tiranos,
    Para afirmar los vínculos de hermanos,
    Y atarlos con cadenas de laurel.

    Tuvo ejércitos, grandes generales,
    Que pasearon gloriosas y triunfales
    Sus banderas, del pueblo paladion;
    Y de los Andes en la blanca cima,
    En Chile hermoso y opulenta Lima
    Postraron al ibérico leon.

    Legisladores de alta inteligencia
    Que encendieron la luz de la esperiencia
    Para legar un pacto al porvenir,
    De Independencia el acta formularon
    Y entre rayos y truenos proclamaron
    Decálogo del nuevo Sinaí.

    Sol de Mayo, que entonces refulgente
    Suspendido por Dios en el oriente
    Alumbraste la gran Revolucion,
    Al fecundar su universal semilla
    Hoy te doblan humildes la rodilla
    Los nietos de esa audaz generacion.

    Mira el árbol sembrado por sus manos,
    Que enarbola sus gajos soberanos
    Sombreando el Sud, el Norte y Ecuador;
    A cuyo pié la Libertad divina
    Vagando por el mundo peregrina
    La tienda americana levantó.

    En vano las segures cortadoras
    En su tronco se hundieron destructoras
    Sin conseguir sus ramas marchitar;
    Y aunque hollado por hondas cicatrices
    Estiende poderoso sus raices
    La América abarcando cual titan.

    Contempla al Norte, en trece fajas bellas
    Como flamea el pabellon de estrellas
    Simbolizando libertad y union;
    Y en la torre de su alto Capitolio
    La democracia antigua en su gran solio
    Con mas justicia y con mejor razon.

    De allí voló de Mayo la simiente,
    De allí de Libertad el soplo ardiente
    Que la mente del pueblo calentó;
    Como se esparcen jugos y colores
    En el fecundo polen de las flores,
    Que la brisa en sus alas derramó.

    Contempla al pueblo libre que en el Istmo
    Defendió con intrépido heroismo
    El suelo que dos mundos ha de atar;
    Al formarle parece que Dios quiso
    Dar á su Americano paraíso
    Vínculo de eternal fraternidad.

    Al Sud, siete Repúblicas hermanas
    Enarbolan banderas soberanas
    En vez del estandarte colonial,
    Y al soplo tempestuoso de la guerra
    Fortalecen sus astas en la tierra
    Como árbol que sacude el vendabal.

    Las Repúblicas hijas de Bolívar
    Beben en copa de oro miel y acíbar
    Caminando á un hermoso porvenir,
    Y Chile cual fanal del marinero
    Nos muestra mas seguro derrotero
    Porque debe la América seguir.

    ¿Y qué es de la República que un dia
    Hizo surgir de entre la noche fria
    De esclavitud, un mundo colosal;
    La que dando patrióticas lecciones
    Fundó en el Continente tres Naciones
    Sobre el polvo del trono colonial?

    De aquella que con brazos vigorosos
    Derribó los guerreros orgullosos
    Del Brasil, de la Iberia y Albión;
    La que abatió la cima de los Andes,
    Y dió á la historia de los hombres grandes
    Páginas inmortales de esplendor?

    La que envuelta en el manto de la gloria
    Sobre el carro triunfal de la victoria
    Se coronó la frente de laurel;
    Y en vez del negro trono de los reyes
    Supo elevar el ara de las leyes
    Y derramó sobre ella mirra y miel?

    La que libre, feliz y soberana
    Bebia la virtud republicana
    En el soplo viril del huracan;
    La que en alas del rápido pampero
    Parecía decir al mundo entero:
    «Adonde vá mi viento el brazo vá.»

    La que Atenas del mundo Americano
    Distribuyó con generosa mano
    De ilustracion y de verdad el pan,
    Y en la mente sin luz de la criatura
    Encerraba la ardiente levadura
    Que con la edad debia fermentar?

    Ahí la teneis en lo alto de un calvario,
    Envuelta por el fúnebre sudario
    Que le arrojó la torpe esclavitud;
    Reina con el cabello pisoteado,
    Laurel al que la lluvia no ha regado
    Y se marchita en flor de juventud.

    Su sociedad sin leyes, desquiciada,
    Y bajo férrea mano nivelada,
    Tiembla ante la cuchilla del terror;
    Los nombres de patriotas eminentes,
    No gravados en bronces relucientes
    Sino en tablas de ingrata proscripcion.

    Los principios de Mayo conculcados,
    Los derechos del hombre pisoteados,
    Sin que pueda decir: «yo tengo un pan»;
    Un pueblo destinado al sacrificio
    Sobre el horrendo tajo del suplicio
    Que sangre pura destilando está.

    Al deshonor sus hijas entregadas,
    Las madres en los templos azotadas
    Coronadas del moño de irrision,
    Arrastrando cual mulas torpe carro
    Donde llevan un ídolo de barro
    Que colocan al lado del Señor!!

    La tribuna de Agüero y de Dorrego,
    Cuya palabra descendió cual riego
    En medio de la barra popular,
    Hoy la ocupan estúpidos sectarios
    Donde leen un papel sin comentarios
    En defensa del crímen y maldad.

    La bandera que guiaba al combatiente
    Despojada del sol resplandeciente,
    Y ennegrecido su divino azul;
    Desterrado el honor de su milicia,
    Derrumbado el altar de la justicia,
    Sus poetas sin patria ni laud.

    En todo impreso del demonio el sello:
    El robo, la injusticia y el degüello
    Sancionados en ley y religion;
    Coágulo de los vicios mas inmundos
    Que emponzoñara el aire de mil mundos
    Si no se contuviese su espansion.

    El genio que preside esta anarquía
    Entre el vapor espeso de la orgía
    Desparrama en su aliento corrupcion:
    Aborto abominable del infierno,
    Ó maldicion tremenda del Eterno
    Porque el lazo rompimos de la union.

    Salvage que en sus raptos de demencia
    Volcó la hermosa antorcha de la ciencia
    Para encender con ella su fogon,
    Donde quemó del pueblo los derechos,
    Y el bello libro de los grandes hechos...
    Mas ¡ah! su cifra está en el corazon.

    Entonces en demanda tuya, ¡oh Mayo!
    Armamos nuestra diestra con tu rayo
    Para acorrer la patria en su orfandad,
    Dando al viento de nuevo los colores
    Que engalanó en los nítidos albores
    De nuestra patria el sol de libertad.

    Pero la diestra que mi patria azota
    La revolcó en el campo de la rota,
    Y vió abatido su inmortal pendon;
    Los cruzados de Mayo sucumbieron
    Y á las playas de Oriente se acojieron
    Cual la paloma que huye del halcon.

    Hijo del pabellon del Argentino
    Su bandera dió sombra al peregrino
    Como el palmero al pobre viajador;
    Pero el feroz tirano, en torvo ceño,
    Los despertó de su ajitado sueño
    En la tierra de lenta proscripcion.

    Al mirar levantarse agigantado
    Un pueblo por las leyes gobernado,
    Vió su trono sangriento bambolear;
    Ante la ley retrocedió el salvage
    Y sus hordas hambrientas de pillage
    Bajo rojo pendon hizo juntar.

    Y dijo:--«Al otro lado de este rio
    «Se levanta con fuerte poderío
    «El odiado pendon de libertad;
    «Corred allí, mis bravos federales,
    «Y quemad esos libros infernales
    «En que se habla de Patria y de Igualdad.

    «A la carga! á degüello! mis sicarios,
    «Que mueran los salvages unitarios
    «Por mi mazhorca á filo de puñal;
    «Despedazad sus cráneos con la bola
    «Y arrastrad de los potros á la cola
    «Sus cabezas en medio de un cardal!

    «Que vista en pocos dias triste luto
    «Y que me pague en llanto su tributo
    «La que llaman República Oriental:
    «Atádmela á la cincha con un lazo
    «Que dando espuela y rienda á mi picazo
    «La vereis por las pampas arrastrar.

    «Predicad que á los pies de mi caballo
    «He borrado los códigos que en Mayo
    «Una turba de locos escribió,
    «Y he formado en la palma de mi mano
    «Un famoso sistema americano
    «Para reinar sobre las leyes, yo!»

    La mesnada de torpes asesinos
    Que deshonran el nombre de Argentinos
    Volaron cual hambriento gavilan,
    Y al barbárico son de un clamoréo
    Llegan ante la gran Montevideo,
    Donde los libres en su puesto están.

    Llegan, y se detienen asombrados
    Ante los fuertes muros, levantados
    Del pueblo por la mano colosal:
    Y en el Cerrito de eternal memoria
    Donde Rondó se coronó de gloria
    El invasor levanta su real.

    No ya cual otro tiempo, en las almenas
    Van á trozar las bárbaras cadenas
    De tres siglos de oprobio y opresion:
    Renegando las glorias de esos dias
    Vienen á traer satánicas orgías,
    Vienen á traer degüello y proscripcion.

    Por las orillas fértiles del Plata
    La gavilla de Rosas se dilata
    Amenazando hundir la Libertad:
    Montevideo grande, fiel, sublime,
    Bajo el enorme peso que la oprime
    Alza tranquila el último fanal.

    Oponiendo su espada á la venganza
    Guarda el arca de la última esperanza
    Como el pueblo elejido de Jehová;
    Y en ella cual depósito sagrado
    Se encierra el porvenir ilimitado
    Que en los tiempos su luz proyectará.

    En ella, como en surcos misteriosos
    Fructifican los gérmenes hermosos
    Que fecunda la sangre y el sudor,
    Y dia y noche la ciudad invicta
    Guardando con amor su arca bendita
    Vela al pié del sagrado pabellon.

    En vano viejos pueblos enervados
    Escriben por el miedo dominados
    «El oro! el oro es de la tierra Dios;»
    Que ella dice con hechos elocuentes:
    «En los pueblos viriles y valientes
    «El Dios, es de la patria el santo amor.»

    Funde cañones, arma ciudadanos,
    Y al niño, á la muger y los ancianos
    Les infunde su aliento varonil;
    Amasa con su sangre su muralla
    Bajo el fuego de la hórrida metralla
    Y el mortífero plomo del fusil.

    La pólvora y la sangre siempre humea,
    De sol á sol su ejército aun pelea,
    Y uno á uno sus hijos vé caer;
    Pero ella mas heróica y mas constante
    Los envuelve en su manto rutilante
    Y les ciñe coronas de laurel.

    Al que infame, cobarde y miserable
    Deserta su defensa inimitable
    Le estampa el sello ardiente del traidor,
    Y teje siempre-viva y mustio lirio
    Para ceñir coronas de martirio
    Al que le dé su vida en oblacion.

    Y sus hijas tambien, con patriotismo,
    Bendan al que cayó con heroismo
    Defendiendo su hogar y castidad;
    Y comprendiendo su mision inmensa
    Se entregan de la patria á la defensa
    Ofreciendo sus hijos en su altar.

    Oh, mil veces, mil veces venturosa
    La juventud que en lucha tan hermosa
    Puede toda su sangre derramar;
    La que serena ante el embate rudo
    De los tiranos, cae en el escudo
    Del mártir de una causa universal.

    Estos tus hijos son, los que á tus dogmas
    Hoy tributan sus cánticos y aromas
    Su brazo y su poder intelectual:
    Que acaudillan de Mayo aquellos hombres
    Cuyos gloriosos é inmortales nombres
    Son nuestro patrimonio nacional.

    Cada viejo de Mayo es flor divina
    De la corona cívica Argentina
    Y la corona cívica Oriental;
    Y si el viento arrebata alguna hoja
    Tu luz seca las gotas de congoja
    De nuestra patria en la divina faz.

    Detente, oh Sol, y mira ese caido:--
    Fué un guerrero de nombre esclarecido
    Que en holocausto tuyo se ofreció,
    Y hasta lanzar sus postrimer aliento
    Á tí te consagró su pensamiento,
    Y al ver tu faz contento sucumbió.

    Grande, entre los gigantes de aquel Mayo
    Que robaron á Dios su ardiente rayo
    Para decir al pueblo: _Fiat Lux_,
    Hoy miró su postrer aniversario,
    Sirviéndole de espléndido sudario
    De la ciudad el estandarte azul.

    Tuvo seis hijos, del amor el fruto,
    Que presentó á la Patria por tributo
    Cuando miró su estátua bambolear,
    Y á la cabeza de su prole hermosa
    Desenvainó su espada victoriosa
    Para poner á raya la maldad.

    Y en cien combates de eternal memoria,
    Do la ciudad se coronó de gloria
    Relampagueó su acero vencedor,
    Y el entusiasmo puro en que en él ardía
    Á sus valientes hijos infundía
    Entre el silvo del plomo matador.

    Hermosa cual su vida, fué su muerte:
    Con el aliento varonil del fuerte
    Peleando por la patria sucumbió.
    En hombros de su ejército esforzado,
    De balazos el pecho acribillado
    El campo de batalla abandonó.

    Estendido en el lecho de agonía
    Reconcentró de su alma la energía
    Para poderte contemplar ¡oh Sol!
    Y á veces repetia el fuerte anciano:
    «Pueda mirar el astro soberano
    «Que el dia de la América alumbró!»

    El cielo oyó su ruego. Esta mañana
    Cuando tocaba á vuelo la campana
    Y tronaba la salva del cañon,
    Sintió fuego patriótico en el alma
    Y cual hojas al tronco de la palma
    Su valerosa prole le rodeó.

    Sobre su calva é inspirada frente
    Relucía la chispa refulgente
    Que fijó con su dedo el Hacedor:
    Abrió sus ojos á la luz süave,
    Y arrojó una mirada dulce y grave
    A sus retoños, que en amor regó.

    Los estrechó con paternal terneza,
    Y elevando exaltada su cabeza
    En las nubes de Oriente la fijó:
    Cayeron de rodillas ante el lecho
    El corazon en lágrimas deshecho
    Y así les dió postrera bendicion:

    «Benditos seais, para salvar la Patria
    «Y fecundar de Mayo la simiente,
    «Para adornar con palma refulgente
    «De nuestra patria el pabellon triunfal.

    «Benditos seais, para morir por ella,
    «Entre el ardor de la feral batalla,
    «Para oponer incontrastable valla
    «En la tribuna al despotismo audaz.

    «Benditos seais, para rasgar el pecho
    «Del torpe Rosas, con robusta mano,
    «Y dar al pueblo en que nació Belgrano
    «De libertad y gloria la señal.

    «El mundo entero aplaudirá ese golpe,
    «La humanidad consagrará loores,
    «Y el cincel de los grandes escultores
    «Os armará del salvador puñal.

    «Himnos sin cuento os rendiran los vates,
    «Párvulos tiernos, santas bendiciones,
    «Casta doncella, puras emociones,
    «Y admiracion la noble ancianidad.

    «El pueblo grato os ceñirá de lauros,
    «Enjugareis de una nacion el lloro,
    «Que vuestro nombre escribirá con oro
    «En las fajas del Lávaro triunfal.

    «Grandes sereis por mil generaciones,
    «Y vuestra gloria inundará este suelo,
    «Y vuestro padre desde el alto cielo
    «Os enviará su bendicion de paz.

    «Benditos seais, para salvar la Patria
    «Y dar al mundo ese inmortal ejemplo
    «Volar de gloria al sacrosanto templo
    «Y de Mayo las aras levantar.»

    Dijo el anciano, y el gran sol de Mayo
    Vertió sobre su frente un puro rayo
    Que en misteriosa auréola la ciñó.
    Le contempló con ojo entusiasmado
    Diciendo: «¡Patria mia!».... y apagado
    Quedó su inteligente resplandor!

    Así de Libertad sucumbe el hijo:
    Sobre la Patria el pensamiento fijo,
    Abrazando las gradas de su altar;
    Como Castelli y cual Beron de Astrada,
    Como Lavalle de alma no domada,
    Muere para vivir, vida inmortal.

    Con mártires de grandes corazones
    Se alzan y regeneran las naciones
    Y su sangre es la ofrenda que les dan:
    Mártir fué el Redentor, y de un madero
    Do lo enclavó el impio, al mundo entero
    Regeneró con su mision de paz.

    Bebiendo el entusiasmo de sus hechos
    Buscaremos del hombre los derechos
    Á la radiante luz de la verdad;
    En el templo de Mayo elevaremos
    Hostia de paz y allí profesaremos
    Su doctrina de amor y de hermandad.

    Profética la mente ve otros dias
    En que se oirán sublimes armonías
    Bajo el domo que habremos de elevar
    No habrá tiranos, ni sangrienta guerra,
    Tierra de promisión será esta tierra,
    Norma de la aflijida humanidad.

    ¡Oh Mayo! de tu espíritu invisible
    Penetrarás un mundo indivisible,
    Como la luz la vasta la inmensidad:
    Y al relucir tu sol del alto cielo
    Se elevará sonoro desde el suelo
    Un coro de alabanza universal.

    CORO

    «Gran lámpara del templo soberano,
    «Vasta concretacion del ser humano,
    «Condensacion de la inmortal verdad;
    «Fuente perenne de fecunda idea
    «Que en los espacios, nuevos mundos crea,
    «Antorcha de la inmensa eternidad.

    «Inagotable manantial de vida
    «Que fecunda la savia bendecida
    «Del árbol de la sacra libertad;
    «Árbol que ostenta flores inmortales
    «Teñidas de colores celestiales,
    «Con que perfuma Dios la humanidad.

    «Cosmopolita cifra que concreta
    «Las utopias doradas del poeta
    «Y el ideal del genio pensador;
    «Efluvio poderoso de otros mundos,
    «Que haces brotar los gérmenes fecundos
    «En el limbo del surco de labor.

    «Del gran dia celeste monumento,
    «Donde arde su divino pensamiento
    «Como el fuego sagrado en el altar:
    «Tú alumbrarás del mundo las edades
    «En medio de las negras tempestades
    «Para impedir al mundo naufragar.

    «Númen del libre, signo de victoria,
    «Luz de los pueblos, astro de la gloria,
    «Que das al genio noble inspiracion:
    «Tú, la divina imágen que soñaron,
    «Los hombres que tus luces invocaron,
    «Realizas con tu sola emanacion.

    «Tú guardas de los hombres el tesoro
    «Y en tus altares, de las urnas de oro
    «Derramas democrático raudal;
    «Tú bañas con tu linfa á las naciones,
    «Y viertes en sedientos corazones
    «De la justicia universal maná.

    «Bajo la ígnica cruz del cristianismo
    «Que corona tu domo, el despotismo
    «Yace herido del rayo popular,
    «Y la divina imágen que soñaron
    «Los hombres que tu basa levantaron
    «Le oprime con su planta de titan.»




       V

       EL CORSARIO

(PROSPECTO DE UN PERIÓDICO POLÍTICO EN 1840)

    Es mi barco mi tesoro,
    Es mi Dios la libertad.

    _Espronceda._


    Es una linda goleta
    Ligera como la brisa,
    Que en el Plata se desliza
    Cual fantástica vision.
    Ruge el viento enfurecido
    En la blanquecina vela,
    Mientras ligero revuela
    Del corsario el pabellon.

    Sentado un hombre en la popa
    El ancho rio admirando
    Meditabundo fumando,
    Entre una nube se vé:
    Es su frente ancha y altiva,
    Es tostado su semblante,
    Es su mirar penetrante
    Y su brazo de temer.

    Entre sus manos robustas
    Una guitarra se mira,
    Que blandamente suspira
    Como querella de amor,
    Y mientras ruge en los cables
    El pampero embravecido,
    De su guitarra al sonido
    Entona aquesta cancion.


       CANCION

    "Es mi goleta el cisne de este rio
    Que tiende el ala cuando brilla el sol:
    Es en el puerto libre como el viento
    Y en altos mares libre como yo.
        A mi querida la llaman
        La goleta «Libertad,»
        Porque asila al hombre libre
    Y hace fuego á la maldad.
    Y de todos tiranos los pendones
    Se abaten al rugir de sus cañones.

    Ha navegado hasta la vieja Europa
    Enarbolando el argentino sol,
    Y en su crucero, al pabellon de Iberia
    Con sus rayos ardientes eclipsó:
        Y al divisarse sus velas
        De Cádiz en la ciudad,
        Decían los gaditanos:
        «Allí viene la «Libertad!»
    Y flotaba el pendon Americano
    Desafiando las balas del tirano.

    Cubierto el puente de caliente sangre
    Izando al tope flámula de honor
    Ha visto la bandera de un Imperio
    Sepultarse entre el humo del cañon.
        Y al pasar por su costado
        Brown que el combate ordenaba
        Con su bocina de mando
        A los bravos saludaba.
    En el _Juncal_, donde con pecho fuerte
    Clamaban todos: «Libertad ó muerte!»

    Ora corsario de los hombres libres
    Se vé mi enseña por do quier flotar,
    Y el marinero en medio de la noche
    Suele decir: «Ahí vá la «_Libertad!_»
        Soy el amigo del pueblo,
        Ante nadie me arrodillo,
        Ni á los esclavos halago,
        Ni á los déspotas me humillo.
    Vivo en el mar, desprecio los tiranos,
    Nunca con ellos enlacé mis manos.

    Cuando cruzando el Rio de la Plata
    Veo flamear de Rosas el color,
    De alerta el grito doy á mis marinos
    Empuñando la barra del timon.
        Y cuando al frente aparecen
        Grito á mis valientes ¡fuego!
        Por no tomar esas presas
        A las llamas las entrego.
    Que allí mi _Libertad_ tan solo impera:
    Bajo sus fuegos rinden su bandera.

    Mi divisa es:--«Valor é Independencia.»
    Mi ley:--«Aborrecer al opresor.»
    Mi religion:--«La libertad del mundo.»
    Mi patria:--«El continente de Colon.»
        Y sin tener mas tesoro
        Que mi barco y mi puñal,
        Primero daré la vida
        Que rendir la _Libertad_.
    Que ese pendon que brilla con la luna
    Jamás se abate ante bandera alguna.»

      El marinero que en la cofa estaba
      Gritó al Corsario que tambien velaba,
              «Un barco viene.»
      El se levanta magestuoso y mudo,
      Y de los vientos al silvido rudo
              Todo previene.

      Era francés el buque que venia,
      Y allá en su mástil ondear se via
              De Julio el pabellon.
      Viva la Francia! gritan muchas veces;
      Vivan los libres! gritan los franceses
              De noble corazon.

      Sigue el buque francés su derrotero
      Impelido del soplo del Pampero
              Por el piélago azul.
      En tanto que el Corsario navegaba
      Y al divisar sus velas esclamaba
              «A los libres, salud.»

      Un negro bergantin pasó á lo lejos,
      Y de la mústia luna á los reflejos,
              Dijo, al ver su pendon:
      «Mirad, se llama de la mar señora
      «Esa bandera que enlutada llora
              «En el templo de Dios.

      «Hoy de la Francia muéstrase celosa
      «Porque cree que fuerte y poderosa
              «Nos podrá sojuzgar.
      «Islas quiere la Francia? Ya el Britano
      «Ha robado en el mundo Americano
              «Malvinas y Roatan.

      «Quiere nuestras ciudades? los pedazos
      «De la bandera inglesa, que á balazos
              «Supimos conquistar,
      «Y son de gloria nuestra herencia rica,
      «Levantados en lo alto de una pica
              «A la Europa dirán:

      «Que en todo el continente Americano
      «Ni el francés, ni el inglés, ni el castellano
              «Su mano asentará.
      «A ver! que alguno la conquista intente
      «Y de todo un ejército insolente
              «Los cráneos mostrará.»

      Dijo el Corsario, y en su altiva frente
      Relámpago de luz cruzó luciente
              Como una exalacion.
      Volvió á la popa, y se acostó en su asiento,
      Y en medio de la música del viento
              Tranquilo se durmió.

            * * *

    La aurora aparece con dulce sonrisa
    Y llena de aromas la atmósfera está,
    Hermosa goleta que impele la brisa
    Surcando va el agua del gran Paraná.

    En tanto el Corsario la costa admirando
    Saluda aquel rio de gracia inmortal,
    Y en alto levanta, su sien desnudando,
    Tres fajas de blanco y azul celestial.

    Y dice las islas y el bosque mirando:--
    «Lavalle y sus bravos aquí me hallarán,
    «Y el rio en mi barco, veloces pasando,
    «Mi vida y mi barco por suyo tendrán!»

    De pronto en el llano se ven mil guerreros,
    Bandera Argentina se mira lucir,
    Y al pié resplandecen los fuertes aceros
    Que van sus valientes con gloria á esgrimir.

    «Salud, hombres libres, la patria os espera,
    «Guerreros antiguos y nuevos, salud.»
    Gritóles, y todos al ver su bandera
    Bajaron sus lanzas diciendo: «Salud.»




       VI

       ELEGÍA

       AL GENERAL LAVALLE

    Mejor se triunfa muriendo que matando.


       INTRODUCCION

    En la region andina que libertó Bolívar
    Reposa la cabeza del mártir esforzado,
    Que en sus membrudos hombros potente ha sustentado
    La inmensa pesadumbre de gran revolucion.
    Robusto como el pino que bate la tormenta
    Sus ramas han crujido con ímpetu violento,
    Y hoy yace por el suelo tendido y sin aliento...
    Tendido y sin aliento, pero domado nó!

    Donde un mortal sucumbe, un héroe se levanta,
    Sus formas luminosas se animan lentamente....
    Relámpagos y nubes coronan su alta frente
    A par de los gigantes que doman la creacion:
    Los Andes, atrevidas pirámides del mundo
    Vestidas por la pompa severa del invierno;
    Inmensos pedestales que levantó el Eterno
    De pedestal le sirven y de eternal panteon.

    Cual página mas grande para inscribir su nombre
    Que esas gigantes moles que mundos equilibran,
    En cuyas canas frentes los huracanes vibran
    Como arpas misteriosas que pulsa el vendabal?
    Atleta americano lanzóse de su cumbre
    Por conquistar á hierro la libertad de un mundo,
    Y de su altivo paso se vé surco profundo
    Que el tiempo despeñado se para á contemplar.

    Su vida fué un invierno, sañudo, interminable:
    Envuelto por el hielo, luchando brazo á brazo,
    Y el fuego de la patria guardando en su regazo
    Para encender la antorcha de gloria y libertad.
    Por eso para libro de sus heróicos hechos
    Los Andes han abierto su inmensurable seno,
    Como para la tumba del inmortal Moreno
    Bastar pudo tan solo la inmensidad del mar.


       EL CENTINELA

    Trémula brilla en la celeste esfera
    La blanca antorcha que sucede al dia,
    Y de la noche la mortaja fria
    Sus anchos pliegues tiende en derredor.
    Soberbia en tanto entre la espesa bruma
    Se vé la cumbre de los altos Andes,
    Donde un gran pueblo con alientos grandes
    La alta bandera de igualdad clavó.

    Sordo fragor en sus entrañas ruge
    Al despeñarse el agua del torrente,
    Cual si arrastrase en rápida corriente
    De un mundo el esqueleto colosal.
    Y allá en su cima los eternos hielos
    Brillan como el almete de un guerrero,
    Cuando cubierto de fulmineo acero
    Se vé atrevido su creston ondear.

    Y en ancho mar de blanquecina nieve
    Solo una forma humana se elevaba:
    La de un fiel centinela que velaba
    Apoyada la mano en su fusil.
    Blancos cabellos su cabeza orlaban,
    Hondos surcos cruzaban su semblante,
    Y su mirada firme y penetrante
    Revelaba un aliento varonil.

    Era una sombra de las grandes huestes
    Que de Mendoza al Ecuador partieron,
    Y que del grande San Martin siguieron
    Por entre abismos la pisada audaz;
    Era un guardian de la ignorada tumba
    De los caidos sin legar su nombre,
    Que esperaba á los héroes de renombre
    Para dar á otro mundo la señal.

    Asi velaba en medio de dos mundos
    Los vivos y los muertos custodiando,
    Cuando un rumor los ámbitos llenando
    La montaña en su base conmovió.
    _¿Quién vive?_ preguntó, y tristes voces
    «_Quien murió por la Patria_,» contestaron,
    Y cuarenta adalides avanzaron
    Alzando un desgarrado pabellon.

    Negros los rostros y la frente roja,
    La mano herida y como sierra el sable
    Llevaba aquella hueste formidable,
    Fugitiva del campo del honor.
    Envueltos en banderas argentinas
    Conducian los restos de un soldado,
    Y brillaba en su cráneo descarnado
    La aureola que al mártir coronó.

    El centinela comprendió que á un héroe
    Aquellos huesos frios sustentaron:
    Sus lágrimas ardientes resbalaron
    Y su fusil al hombro levantó.
    ¿Quién es el héroe? preguntó, y un jóven
    De veinte Mayos é inspirada frente,
    Doblando la rodilla reverente
    En discurso elocuente respondió:


       DISCURSO

    «Su nombre está escrito del pueblo en el seno,
    De sus altas glorias el mundo está lleno,
    Su frente circuye laurel inmortal;
    Atleta de Mayo, venció los esclavos,
    De un pueblo de siervos rompiendo los clavos
    Bañó su cabeza con óleo de paz.

    «Los Andes le vieron alzarse á su cumbre,
    Y allí derramando magnética lumbre
    De América el mundo con ella alumbró;
    Le vieron soberbio venciendo á los Reyes,
    Llevando el programa de glorias y leyes
    Grabado en el sable que grillos trozó.

    «Con lanza enristrada cruzó como rayo
    Llevando la enseña del pueblo de Mayo
    Del Plata á los Andes y ardiente Ecuador;
    Y reales diademas, y tronos y cetros
    Se hicieron pedazos, cual viejos espectros,
    Crujiendo á las plantas del gran lidiador.»

            * * *

      El centinela alzó la noble frente
      Que súbito relámpago cruzó;
      Y atónito, el fusil resplandeciente
      Ante los huesos frios presentó.

            * * *

    «Alzóse en su patria soberbio tirano,
    De libres la senda mostrónos su mano
    Y heróico el primero por ella cruzó.
    Y justos principios alzando en su espada
    Llevó el estandarte de santa cruzada
    Que en rota y victoria seis veces se vió.

    «Pero él en su espada, con nervio pujante
    La patria y sus glorias sostuvo constante,
    Y nunca cobarde su espalda dobló:
    Miró su bandera de polvo cubierta,
    Miró de la lucha la arena desierta,
    Y entonces su frente soberbia rindió.

    «Su grande destino la muerte ha cortado!
    La causa camina, pero ¡ay! está helado
    El soplo de fuego que vida le dió!
    Así en otros tiempos en circo estendido
    El fuerte guerrero yacia caido
    Y el carro que hollaba seguir triunfador!»

            * * *

      El centinela atento le escuchaba
      Y el corazon guerrero arder sintió,
      Y aquel fusil que al frente presentaba
      Rendido hasta sus plantas abatió.

            * * *

    «Envueltos sus restos por patria bandera
    Encuentren al menos en tierra estrangera
    La tumba que al mártir su patria negó.
    Sus fieles soldados cavando su fosa
    Cubrirán de tierra con mano piadosa
    La frente laureada que el mundo admiró.

    «Al pié de su tumba que calle la envidia!
    Su espíritu noble preside á la lidia
    Que aun arde en nosotros su llama inmortal.
    Apóstol y mártir su pueblo le nombra,
    Y grande y serena su pálida sombra
    De dulce esperanza levanta el fanal.

    «Un dia los hijos del pueblo argentino
    Orlando sus sienes con lauro divino,
    Darán á sus manes sagrada ovacion,
    Y entonces nosotros los Andes cruzando
    Vereis que volvemos en triunfo llevando
    Los huesos proscriptos del grande campeon.»

            * * *
      El centinela contempló aquel muerto
      Que un huracan del mundo arrebató,
      Y arrodillado sobre el suelo yerto
      Humilde ante su gloria se postró.

            * * *


       EPILOGO

    Como una chispa de la luz divina
    Se vé brillar en la region andina
                  La estrella matinal;
    Y una mano invisible, misteriosa,
    Levanta de la noche silenciosa
              El fúnebre cendal.

    Y descubre un cadáver coronado,
    De lágrimas y espinas incrustado
              Su lauro triunfador:
    Y en su presencia el ángel del aurora
    Levanta con su voz consoladora
              El himno del dolor.


       HIMNO

    Lavalle, tu cabeza
    De penas fué calvario,
    Y vaso lacrimario
    Tu grande corazon:
    Y los cautivos pueblos
    Vertieron en tu seno
    El llanto de amor lleno
    Que el pueblo derramó.

    Luchando cuerpo á cuerpo
    Caiste en noble guerra,
    Sobre la misma tierra,
    Que tu sudor regó.
    Y el corazon del mártir
    Que atesoraba el llanto
    Un génio sacrosanto
    Del cuerpo arrebató.

    Alzóse hasta las cumbres
    Del alto Chimborazo,
    Y allí con fuerte brazo
    Tu corazon clavó;
    Y cual en noble túmulo
    Brilla la urna de oro,
    La urna de nuestro lloro
    Allí vierte esplendor.

    Torrente de dolores
    Por Dios atesorado,
    Cual dictamo sagrado
    Que destiló el amor!
    ¡Oh corazon que fuiste
    El cáliz de amarguras,
    A las espadas duras
    Dá el templo del honor!

    Acérquese allí el jóven
    Y beba fortaleza,
    Allí busquen firmeza
    Los brazos sin vigor;
    Allí vaya ese pueblo
    Que dobla su garganta,
    Y beba la ira santa
    Que hiera al opresor.

    Allí vaya la vírgen
    A derramar sus flores,
    Para jurar amores
    Al que combata al vil;
    Acérquese allí el niño
    Y en su dolor templado
    Levante el grito osado
    De lucha varonil.

    Y diga á los que duermen
    En el polvo sangriento:
    «Dad otra vez al viento
    «De Mayo el pabellon;
    «Y vencidos cien veces,
    «Otras tantas deshechos,
    »Oponed duros pechos
    «A la dura opresion.»

    Sí, que la voz del niño
    Oráculo es del cielo
    Para anunciar consuelo
    A un pueblo en horfandad,
    Y sus puras palabras
    Al tiempo de verterlas
    Se convierten en perlas
    En la urna funeral.




       VII

       JOSÉ CAMPON

(PÁGINA DE UN DIARIO MILITAR EN 1839)


       I

    Cuando las huestes de Rosas
    Pisaron de Oriente el suelo,
    Al toque de la corneta
    Seis mil bravos acudieron:
    A su cabeza se vió
    Al héroe antiguo de Haedo,
    Acaudillando los bravos
    Que de la patria en el seno
    Heróicos se levantaron
    En sosten de sus derechos.
    Todo Oriental que abrigaba
    De la libertad el fuego,
    Bajo el pendon de la gloria
    Iba á desnudar su acero,
    Lleno de noble energía,
    Y de patriotismo lleno.


       II

    Campon tranquilo vivía
    Bajo del paterno techo:
    Ciñóse al punto su espada,
    Montó un veloz parejero,
    Y voló do le llamaban
    De la corneta los ecos.
    Ni le detuvo el peligro,
    Ni el triste llanto materno,
    Ni del amor las dulzuras,
    Ni del dolor los lamentos:
    Solo escuchó al patriotismo
    Que atesoraba en su pecho.


       III

    A la orilla de un arroyo
    Se vén veinte coraceros
    Dispersados en guerrilla
    Sobre caballos lijeros;
    Se ven al frente asomar
    Bajo los talas y seibos
    Que baña Santa Lucía
    Míl y quinientos guerreros;
    Y el denodado Campon
    Mandando los coraceros
    Con firmeza les repite:
    «Antes que rendirse... ¡fuégo!»
    Lanzando grito salvaje
    Viene la tropa de siervos,
    Como una nube de polvo
    O una bandada de cuervos.
    Campon, cual muro de bronce
    El choque espera sereno,
    Y á sus valientes soldados
    Manda hacer continuo fuego,
    Y cuando balas no tuvo
    Dijo la espada blandiendo:
    «La carabina á la espalda
    «Sable en mano, coraceros!»


       IV

    Santander con su Escuadron
    Se lanza en el entrevero;
    Cuadra, _¡A la carga! ¡á la carga!_
    Repite con voz de trueno:
    Sigue Blanco con sus bravos
    Montados en moros negros.
    Por su valor y su arrojo
    Es conocido el primero,
    Y se distingue el segundo
    Por su semblante sereno:
    La calva frente de Blanco
    Es de su alma fiel espejo,
    Pues se retratan en ella
    La honradez y el ardimiento.
    Trescientos hombres le siguen
    Cargando al son de _degüello_,
    En proteccion de los bravos
    Que lidiando como héroes,
    Mas que hombres de hueso y carne
    Parecen hombres de hierro!
    Ni les intimida el número,
    Ni el morir les causa miedo;
    Con sables hechos pedazos
    Sus ojos despiden fuego,
    Está abollado el morrion
    Y sangre vierten sus miembros,
    Ruge el plomo en sus cabezas
    Y retiembla el pavimento;
    Pero ellos imperturbables
    En medio del entrevero,
    Sueltan la rienda al caballo,
    Descargan golpes tremendos;
    Y ante su diestra valiente
    Llenos de susto los siervos,
    Bajan la mústia cabeza,
    Abren un ancho sendero;
    Y allí donde el clarin
    Resuenan los tristes ecos
    Llenos de sangre y de polvo
    Júntanse los coraceros.

    Blanco, que fué rechazado
    En el encuentro primero,
    Al frente del enemigo
    Organiza los dispersos,
    Hace tocar á la carga
    Y otra vez los lleva al fuego.


       V

    Campon y Alberdi entretanto
    De los esclavos en medio,
    Abandonados se miran
    Del hombre, no de su aliento.
    De su alarido de guerra
    Retumba el éco á lo lejos;
    Al galopar sus corceles
    Con fragor retumba el suelo;
    Sobre sus negras corazas
    Rechina el fúlgido acero,
    Los sables cubren la luz
    Sobre sus cráneos sangrientos.

    Heróicamente lidiaron,
    Cien heridas recibieron,
    Y clamando--¡Libertad!
    Al suelo cayeron muertos.
    Y la divina corona
    Que la Patria dá al guerrero,
    Sobre sus frentes marchitas
    Se vió caer desde el cielo.

    Blanco á la carga conduce
    A sus valientes de nuevo,
    Pero al querer batallar
    Todos se miran envueltos,
    Y cual las hojas de otoño
    Por la campaña dispersos.
    En vano el buen coronel
    Levanta su voz de trueno,
    Abandonado y sin gente
    Solo le ampara su acero.


       VI

    En la inmediata cuchilla
    Un relámpago de fuego
    Brilló, rugiendo con furia
    Del cañon el ronco trueno.
    Nuñez avanza atrevido
    Con setecientos guerreros,
    Blandiendo lanza potente,
    Montando un tordillo negro.
    Es imponente su marcha,
    Y por su rostro moreno
    El entusiasmo asomaba
    Como en la noche un reflejo.
    Al marchar de sus campeones,
    Al relumbrar de sus hierros,
    Y al tremolar su estandarte
    Los enemigos huyeron.
    Los libres en vez de rostros
    Espaldas tan solo vieron.


       VII

    Cuando los viles esclavos
    Riendas al caballo dieron,
    De cadáveres y de armas
    El campo quedó cubierto,
    En expiacion de los libres
    Que con honor sucumbieron.

    Cuarenta bravos perdimos
    En este glorioso encuentro,
    Y al otro dia al pasar
    Aquel campo de los muertos
    Nuestros soldados decian:
    «Tanta sangre vengaremos,
    «Por cada gota de sangre
    «Un arroyo verteremos.»


       VIII

    En los campos de Cagancha
    En medio al humo y al fuego,
    El escuadron de Campon
    Admiró por su denuedo.
    El ala izquierda ocupaba,
    Y en el furibundo encuentro
    El campo quedó sembrado
    De hombres y caballos muertos.
    Quedó en medio á la cuchilla
    De sangre un ancho reguero:
    ¿Quién lo hizo? el escuadron
    Que por vengar sus guerreros,
    Pasó legiones de esclavos
    A los filos de su acero.




       VIII

       HIMNO

       Á LOS MÁRTIRES DE LA LIBERTAD


       INVOCACION

      Llegad en torno mio,
    Venid, sombras nocturnas,
    Y alzad con poderío
    Las cinerarias urnas,
    Cubiertas con el lirio
    Que consagró el martirio:
    Alzad, sombras, alzad!

      Bañadlas con el llanto
    Del pueblo que suspira,
    Y el ardoroso canto
    Que se alce con mi lira,
    Por todo el hemisferio
    Libre del cautiverio.
    Llevad, sombras, llevad!


       CORO

      De América las vírgenes
    Con mano temblorosa,
    La cabellera frígida,
    Sangrienta y polvorosa
    De las heróicas víctimas,
    Con flores ceñirán.

      Entre perfumes célicos
    Y grata melodía
    De cánticos suavísimos,
    Hasta la tumba fria
    Entre aureolas fúlgidas
    Los héroes bajarán.

      Sobre la huesa húmeda
    Donde su lauro brilla,
    Los pueblos redimidos
    Doblando la rodilla,
    Al trono del Altísimo
    Plegarias alzarán.

      El Bardo de la América
    Invocará sus manes,
    Y al son de la arpa armónica
    Que pulsan los titanes,
    Sobre su frente pálida
    La inspiracion caerá.


       POETA

      La tumba del valiente
    No pide débil llanto,
    Sino del vate ardiente
    El estridente canto,
    Que imite en su armonía,
    Vibrante vocería
    Del campo del honor.

      Qué importan á los bravos
    La pompa de los templos
    Que compran los esclavos!
    Les bastan sus ejemplos,
    Su inmarcesible gloria,
    Su tumba, su victoria,
    Sus lauros, su valor!

      Cual rinde su alta frente
    El sol al Océano,
    Como el audaz torrente
    Que baja al ancho llano,
    Debe ser la caida
    Del que rinde la vida
    Del pueblo en el altar.

      Cantemos á los muertos
    En la feral pelea,
    Que sus despojos yertos
    De América presea,
    Valen mas que la pompa
    Que celebra la trompa
    Del poeta servil.

      Indómitos guerreros
    Ante el altar caidos,
    Blandiendo los aceros
    De sangre reteñidos,
    Venid, llegó la hora:
    La América hoy valora
    Vuestra mision viril.

      Llegad, nubes de incienso
    Bañando vuestras frentes,
    Oireis el himno inmenso
    Que pueblos reverentes
    Cantan en el osario,
    No al génio sanguinario,
    Ni al Régulo opresor.

      Generaciones nuevas
    Ricas de independencia,
    Tras dolorosas pruebas
    Por fecundar tu herencia,
    Se acercan á las aras
    Que con tu sombra amparas
    Del Plata al Ecuador.

      Oh brazos tan robustos
    Que á un mundo estremecieron,
    Y en dias mas augustos
    Sus aras contuvieron,
    Poderosos se eleven
    Y á la mansion me lleven
    De sacra inspiracion!


       CORO

      Sus lívidos cadáveres
    Veranse entre humo denso,
    Del pueblo, del incienso,
    Y entre la pompa nítida
    Del templo de Israel.

      Relucirán las lámparas
    Ante el sombrío coro,
    Y al órgano sonoro
    Se mezclarán melódicas
    Las arpas de Sion.

      Resonará en la bóveda
    El cántico suave,
    Y en medio á el ancha nave
    Se elevará en el túmulo
    La gloria y libertad.

      Y el inspirado vate,
    Envuelto por el manto
    Del entusiasmo santo,
    Exclamará profético:
    «Tu nombre vivirá.»


       POETA

      La libertad se encumbra
    Sobre sangrienta pira,
    Y con su antorcha alumbra
    Las cuerdas de la lira,
    Que el vate pulsa altivo
    Al son del éco divo
    Del férvido huracan.

      Su luz, los nombres dora
    De la urna funeraria,
    Donde enlutada llora
    La musa solitaria,
    Los mártires valientes
    Cuyas soberbias frentes
    Humeando sangre estan.

      Miradlos sobre el suelo
    Que hollamos con la planta,
    Mirad: en raudo velo
    Su espíritu levanta
    La célica bandera,
    Que ondear hace altanera
    La ráfaga veloz.

      Cayeron cual jigantes
    En medio de la gloria:
    Sus páginas brillantes
    Abrió la inmensa historia,
    Y en letras de granito
    Su triunfo ha sido inscrito
    Con fúlgido esplendor.

      Ese pendon miraron
    Yaciendo moribundos,
    Del suelo se aferraron
    Con brazos tremebundos,
    Cual si al morir peleando
    La tierra asi abrazando
    Quisieran defender.

      Sublime abrazo inmenso
    Rodeado por las balas,
    En medio al humo denso;
    Bajo las negras alas
    De la terrible muerte
    Y con la sien inerte
    Ceñida de laurel!

      Y al abrazar la tierra
    Con ánimo esforzado,
    Su alarido de guerra
    Por el viento llevado
    Resonó en los hogares,
    Y en los undosos mares,
    Cual voz de redencion.

      Y hoy sus huesos dispersos,
    En la estéril llanura,
    Blanqueados por los cierzos,
    Se estiman mas que el oro
    Y forman el tesoro
    Del mundo de Colon.

      Si existe una creencia
    Y un pabellon triunfante,
    Si es libre la conciencia,
    Si en libro de diamante
    Se esculpen altos hechos,
    Debémoslo á los pechos
    Que el hierro atravesó.

      A los varones fuertes
    Que la espada blandieron,
    Que arrostrando mil muertes
    En el campo cayeron
    Del noble sacrificio,
    Bajo el marcial auspicio
    Del alto galardon.

      De todo un pueblo el luto,
    De todo un mundo el llanto,
    Es mísero tributo
    Para su polvo santo,
    En que renacen palmas,
    Y en que resurgen almas
    Al soplo del creador.

      No necesitan urnas
    Ni estátuas levantadas,
    Porque las horas diurnas
    De estrellas coronadas
    Guardan el monumento,
    Que cubre el firmamento
    Del hemisferio austral.


              CORO

      De la tierra sangrienta
    Se elevarán los muertos,
    Y con rayos inciertos
    La luna amarillenta,
    El esqueleto pálido
    Trémula alumbrará.

      De luces coronada
    La sombra de los fuertes,
    En túmulos inertes
    Relucirá animada,
    Cual la vision fantástica
    Del Cristo Salvador.

      Las fúlgidas espadas,
    Las bélicas banderas,
    Trotones y cimeras,
    Y lanzas destrozadas,
    Cual súbito relámpago
    Fulmíneas brillarán.

      Se elevarán ardientes
    Atléticas legiones
    Al pié de sus pendones,
    Cuando el Omnipotente
    Les diga como á Lázaro:
    «Del polvo levantad.»


              POETA

      Cuando la densa bruma
    Los valles enlutaba,
    Cuando la blanca espuma
    Los mares circundaba,
    Cual mágicos concentos
    Nacian los acentos
    Del arpa de Ossian.

      Al eco melodioso
    La bruma relucía,
    Y en carro vaporoso
    Celeste aparecía
    Poblando la colina,
    La sombra de Malvina,
    De Morven y Fingal.

      ¿Y el Bardo arrebatado
    Que invoca realidades,
    No ha de poder osado
    Anticipar edades
    Del tiempo en la penumbra,
    Cuando su mente alumbra
    Inspiracion mas fiel?

      ¿La losa de la tumba
    Levantará mi lira?--
    Oid: el viento zumba,
    El Hacedor me inspira,
    Siento su soplo ardiente
    Que en alas del ambiente
    El polvo hace tremer.

      ¡Campeones inmortales!
    Alzad la noble frente,
    Que adornan las señales
    De la metralla ardiente,
    Alzaos del frio lecho,
    Con voces en el pecho,
    Latiendo el corazon.

      Rasgad con mano fuerte
    La fúnebre mortaja
    Con que os vistió la muerte,
    Y oireis la sorda caja
    Que toca ¡á bayoneta!
    La voz de la corneta,
    Y el trueno del cañon.

      La luna brilla hermosa
    Cual lámpara divina
    Rielando misteriosa;
    En la region Andina
    Su genio se levanta,
    Y en torno se quebranta
    La tierra con fragor.

      Los cascos resplandecen
    Cual rápido meteoro,
    Las plumas que se mecen
    Entre celajes de oro
    Anuncian mil campeones,
    Y en medio á las lejiones
    Se eleva un pabellon.

      Mil ecos fragorosos
    Producen los aceros,
    Los potros ardorosos
    Relinchan altaneros,
    Y en masas apiñadas
    De sombras laureadas
    Se forma una legion.

      Descance con mi plectro
    Mi cítara de acero,
    Desfile cada espectro
    Con ademan severo,
    Al son de los clarines
    Que llenan los confines
    Con son atronador!

      ¡Silencio! los tambores
    Ya la señal han dado,
    Y rayo de fulgores
    El campo ha iluminado.
    ¡Gloria á los inmortales
    Que pisan los umbrales
    De un mundo superior!

      Mirad, ya no es del alma
    Fantasma vaporoso,
    Vestidos con la palma
    Del mártir generoso,
    Despues de su caida
    Renacen á la vida
    De glorias perennal!


              CORO

      De América las lágrimas
    Bañando los cabellos
    De los gigantes mártires,
    Cual nítidos destellos,
    Una corona bélica
    A sus virtudes cívicas
    Y á su valor serán.

      En las eternas páginas
    Del libro de los hombres,
    Como inmortal espíritu
    Revivirán sus nombres,
    Y las coronas pálidas
    De las edades áridas
    De gloria teñirán.

      El santo tabernáculo
    De la igualdad preciosa
    Protegerán impávidos
    Con su égida gloriosa,
    Guardando el testo bíblico
    Del inmortal decálogo
    Que á un mundo redimió.

      Aéreo coro de ángeles
    Entonará mil cánticos
    Como la brisa plácidos;
    La libertad en tanto,
    Como vision espléndida,
    Tendiendo el ala rápida
    Se elevará hasta Dios.


              POETA

      Del tiempo la corriente
    Bramando se derrumba,
    Como la voz rugiente
    Del huracan retumba,
    Y en rápida carrera
    La humanidad lijera
    Se hunde en la eternidad.

      Despeñados los siglos
    Cruzan los hemisferios,
    Como inmensos vestiglos
    Se abaten los imperios,
    Y en medio á la ruina
    Encúmbrase divina
    La santa Libertad.

      Como en el Andes brama
    El huracan tremendo,
    Cuando veloz derrama
    El trueno ronco estruendo,
    Y en tanto el polo cruje,
    Resisten al empuje
    Sus quicios de cristal;

      Así del tiempo el vuelo
    Que abate las barreras,
    Estiende por el suelo
    Sus ondas altaneras,
    Chocando resonantes
    El muro de diamantes
    Del alma libertad.

      Y ella con faz serena
    Sus furias dominando,
    Desde la escelsa almena
    Los cielos contemplando,
    Mira nacer la aurora
    Que al mundo es precursora
    De paz y de igualdad.

      Y su sagrada enseña
    Al viento desplegando,
    A tiranos domeña
    Pueblos emancipando,
    Y concita á sus bravos
    Rompan de los esclavos
    La argolla y el cordel.

      Y por eso los nombres
    De redentores fuertes
    Alientan á los hombres,
    Y cuando caen inertes
    Las almas se electrizan,
    Y gratas divinizan
    Su nombre y su laurel.

      Vuestros restos divinos
    Son nítidas lumbreras,
    Que alumbran los caminos
    De edades venideras,
    Por donde ardientemente
    La juventud valiente
    Se lanza al porvenir,

      Son cual la luz bendita
    De la columna ardiente
    Del pueblo Israelita;
    La estrella reluciente
    Cuyos reflejos vagos,
    A los tres Reyes Magos
    Condujo hasta el Señor.

      Vendrán horas serenas
    Que vuelen en pedazos
    Las últimas cadenas
    Que amarran nuestros brazos,
    Alzando los escudos
    Que con brazos membrudos
    Vuestro aliento elevó.

      En ellos sostendremos
    Al génio Americano,
    Y altivos hundiremos
    A todo vil tirano
    Que con su torpe planta
    A la corona santa
    Manche de libertad.

      Y de Colon la sombra
    El ámbito cruzando
    Sobre celeste alfombra,
    Se elevará clamando:
    «La aurora de Dios brilla!
    «Tiranos, de rodilla!
    «Naciones, levantad.»




       IX

       INVOCACION

   (EN EL ANIVERSARIO DE LA INDEPENDENCIA DE CHILE)


        I

    Pueblos, batid vuestro pendon glorioso
    Del Atacama al Cabo tempestuoso
          Donde se estrella el mar;
    Que en este dia la nacion Chilena
    Lo hizo flamear sobre la antigua almena
    De independencia al grito popular.


       II

    Guerreros, por la sangre consagrados,
    De inmarcesibles lauros coronados
          En el campo de honor;
    Despertad del cañon al estampido,
    Que hoy rememora un pueblo agradecido
    Que os debe de su gloria el esplendor.


       III

    Niños, alzad las inocentes palmas
    Y ardan en entusiasmo vuestras almas
          Honrando á la virtud,
    Que niños cual vosotros vuestros padres
    Descendieron del seno de sus madres
    Para destruir la dura esclavitud.


       IV

    Vírgenes puras, como el sol hermosas,
    Que os coronais con perfumadas rosas
          La frente virginal;
    Cubrid con ellas los sepulcros yertos
    De los valientes por la patria muertos
    Que duermen sobre almohada terrenal.


       V

    Sacerdotes del Dios crucificado,
    Quemad sobre el altar inmaculado
          Inciensos al Señor,
    Y suba entre la nube de humo denso
    La sublime oracion de un pueblo inmenso
    Que ensalza de la patria al Redentor.


       VI

    Legisladores de alta inteligencia,
    Que alumbrasteis del pueblo la conciencia
          Clamando: _Fiat lux!_
    Si los campeones dieron altos hechos,
    Vosotros proclamasteis los derechos
    De la igualdad, que predicó Jesus.


       VII

    Ancianos, cuya mano temblorosa
    Nos indica la ruta misteriosa
          Que debemos seguir;
    Bendecid con amor á vuestros hijos,
    Para que sigan con los ojos fijos
    La estrella que los lleve al porvenir.


       VIII

    Jóvenes, de la patria la riqueza,
    El porvenir está en vuestra cabeza,
          Bella es vuestra mision:
    Es coronar el noble monumento,
    Que simboliza el grande pensamiento
    Que inauguró la tierra de Colon.


       IX

    Sombras de las falanges militares
    Que alzaron los escudos tutelares
          Al pié del patrio altar;
    Dejad caer el casco rutilante
    Dejad caer el hierro fulminante
    Y vuestra obra venid á contemplar.


       X

    Naves, alzad las flámulas hermosas
    Envueltas por las nubes magestuosas
          Del humo del cañon,
    Conmemorando los gloriosos dias
    En que Chile botó á las ondas frias
    En leño audaz su invicto pabellon.


       XI

    Campos feraces do la mies ondea,
    Selvas en donde el pájaro gorjea,
          Rios que vais al mar:
    Un himno alzad con voz estrepitosa,
    Que os fecundó la sangre jenerosa
    Que enrojeció las gradas de su altar.


       XII

    Andes, en cuya frente encanecida
    La historia americana está esculpida
          En cifra colosal;
    Tú que levantas la cabeza al cielo,
    Pídele á Dios la lluvia del consuelo
    Y á la América baña en su raudal.




       X

       AL CONDOR DE CHILE[2]


    Tú que en las nubes tienes alto nido,
    Tiende tu vuelo, condor atrevido,
    Que sustentas de Chile el paladion;
    Sigue del sol la luminosa huella,
    Y trae cual Prometeo una centella
    Para incendiar con ella á la nacion.

    Para incendiarla en alto patriotismo,
    Para animar la antorcha del civismo
    Para encender del pueblo la virtud;
    Para templar los tibios corazones,
    Para quemar los últimos girones
    Del manto de la torpe esclavitud.

    Estiende, estiende el ala vigorosa,
    Cual la vela que en noche procelosa
    Alza la nave en negra tempestad;
    Vuela á traer la vívida centella
    Que en ochocientos diez, fulgente y bella,
    La antorcha reanimó de libertad.

    Tú sabes ya el camino, ave altanera,
    Fuiste de nuestros padres mensajera
    Para pedir á Dios chispa inmortal
    Y dar fuego de alarma los cañones,
    Y derretir los ferreos eslabones
    De la innoble cadena colonial.

    Tú los viste lanzarse á la pelea,
    Blandir la espada, sacudir la tea,
    Vencer, y caer en la pujante accion
    Mientras que tú, cruzando las esferas
    Dabas aire de Chile á las banderas,
    Y fuego del patriota al corazon.

    Tú los viste en la noche tempestuosa
    Guiados por tu pupila luminosa,
    Cual por la estrella el navegante audaz,
    Escalar de los Andes las montañas,
    Esculpiendo en su cima las hazañas
    Que realizaron con vigor tenaz.

    Allí tambien reverberó tu lumbre
    Cuando bajó rodando de la cumbre
    Desmelenado el iracundo leon,
    A par que retumbaba en la eminencia
    El grito atronador de independencia
    Que repetia el mundo de Colon.

    Desde entonces tu llama se ha apagado,
    El corazon del pueblo se ha enfriado,
    Y ha muerto el fuego patrio en el altar,
    Fuego necesitamos: danos fuego,
    Que nuestros ojos abundante riego
    De libertad al árbol dieron ya.

    Haz por los hijos lo que en otros dias
    Hiciste por sus padres, cuando hendias
    Las esferas con ímpetu veloz,
    Para traer la centella salvadora
    Que de ese sol, que el universo adora,
    Brotó, y en tus pupilas puso Dios.

    Las alas tiende y sube hasta los cielos,
    Cual si fueras á traer á tus hijuelos
    El alimento que la vida dá;
    Y mientras bajas desde el alta esfera
    Nuestra voz de Setiembre á la bandera
    Con himno popular saludará.

    Y cuando venga la centella ardiente
    Que del cobarde el corazon caliente
    Y nos llene de aliento varonil;
    Danos sombra propicia con tus alas,
    Mientras que en el espíritu que exalas
    Impregnamos la túnica viril.

    Despues condúcenos á la victoria,
    Traza con luz la senda de la gloria
    Que nos lleve sin sangre á la igualdad;
    Toma luego en tu pico oliva y palma
    Y arrancando una chispa á nuestra alma
    Vuélvesela á ese sol de libertad.




       XI

       LA ORACION DE SETIEMBRE


    Doblemos la rodilla: ya luce en el oriente
    El sol, que en otros dias con brillo refulgente
    Inauguró del pueblo la estátua colosal.
    Miradle en este templo que alzó la providencia:
    Sobre el altar se eleva, fijando la creencia
    Que llena nuestras almas de espíritu inmortal.

    Chile es el templo inmenso: los Andes sus altares,
    Sus flores el incienso, sus cedros los pilares,
    Sus aves la armonía, su cielo el pabellon;
    Valparaiso el pórtico que sobre el mar se inclina,
    Y el sol que nos alumbra, la lámpara divina.
    Do arde sagrado fuego de eterna religion.

    Mirad cual lo saludan del muro los cañones,
    Cual alzan los guerreros sus ínclitos pendones,
    En que la estrella luce cual signo de hermandad;
    Mirad como se riza del mar la blanca espuma,
    Cual se disipa en torno la misteriosa bruma,
    Y cual se tiñen de oro los Andes, ¡contemplad!

    Oid como resuenan los _¡vivas!_ nacionales,
    Cual desde el alta torre sus glorias inmortales
    Publica la campana con lenguas de metal;
    Oid como retumban los bélicos tambores,
    Los cantos de la infancia, del pueblo los clamores,
    Que llenan todo el templo cual coro universal.

    Doblemos la rodilla, y en nuestros labios vibre,
    Una oracion solemne digna de un pueblo libre,
    Que en alas de los ángeles remonte hasta el Señor;
    Doblemos la rodilla, y alzando el pensamiento,
    En un amor unidos y un mismo sentimiento,
    Roguemos al abrigo de un manto protector.

    Roguemos por la suerte del mundo Americano,
    Porque sus nobles hijos con palmas en la mano
    En nombre de un principio se abracen con amor;
    Roguemos porque caigan los réprobos caudillos,
    Que en el altar sagrado dan filo á los cuchillos,
    Para apagar, matando, de libertad el clamor.

    Roguemos, porque nunca naufrague la creencia,
    Para que tenga un culto la excelsa inteligencia
    Que dice á la barbarie:--«¡De aquí no pasarás!»
    Roguemos porque todos escriban en sus pechos
    Con sangre de sus venas, sus leyes y derechos,
    ¡Que nunca borrar pueda la tiranía audaz!

    Pidamos para el campo las mieses abundosas,
    El pan para los pobres, virtud á las hermosas,
    Y para el pueblo todo, la luz de la razon;
    Y ante la tumba fria do yacen nuestros padres,
    Que de laurel eterno cubrieron nuestras madres,
    Pidamos para todos de paz la bendicion!

    Este es el ruego digno de un pueblo generoso,
    El único que al sólio del Todo-Poderoso
    En alas de los ángeles la brisa llevará;
    Roguemos, que templados por el sublime ruego,
    El alma encandecida del entusiasmo al fuego
    A otras generaciones su ardor trasmitirán.

    Doblemos la rodilla: ya luce en el Oriente
    El sol que á nuestros padres encandenció la mente
    Para vaciar en ella de Chile la nacion;
    ¡Silencio! en nuestros lábios como en el arpa vibre
    Una oracion solemne digna de un pueblo libre
    Que pida para todos Amor y Redencion.




       XII

       Á LA AMÉRICA


    Por las fieras hambrientas perseguido
    Cruza indómito potro las llanuras,
    Y amarrado con fuertes ligaduras
    En sus hombros Mazzepa va tendido.

    Por la carrera al fin desfallecido
    El bruto cae sobre las breñas duras,
    Y libre de sus recias ataduras
    Mazzepa se levanta rey ungido.

    Asi América gime entre cordeles
    Al rudo potro colonial atada,
    Seguida por la jauría de lebreles;
    Y exánime, y sangrienta y lacerada
    Corre, cae, se levanta y de laureles,
    Resplandece su frente coronada.




       XIII

       Á LOS MÁRTIRES DE LA INDEPENDENCIA


    Herido por un dardo en la pelea
    Epaminondas cae sobre su escudo,
    Abierto el pecho por el dardo agudo
    Que mata el cuerpo, pero no la idea.

    Y al ver triunfal que su pendon flamea
    Afloja de la muerte el fiero nudo
    Y dice á Tebas: «Madre, te saludo!
    «Quedan mis hijas: Leuctra y Mantinea!»

    Tambien dos hijas bellas nos dejaron
    Los que el libre pendon dieron al viento,
    Y á su sombra su espíritu entregaron;

    Hijas son de su esfuerzo y su ardimiento:
    La Independencia que ellos proclamaron,
    La libertad que dió su pensamiento.




       XIV

       EL INVÁLIDO


    No mirais aquel mendigo
    De aquella iglesia á la puerta,
    Cuya miseria despierta
    Simpática compasion;
    Y que á todos los que pasan
    Tendiendo mano transida,
    Pide con voz dolorida
    _Una limosna por Dios!_

    Es un mártir de la patria,
    Un soldado valeroso
    Del estandarte glorioso
    Que el hemisferio cruzó;
    Soldado que en otro tiempo
    Hizo temblar al guerrero
    Y que hoy pide al pasagero:
    _Una limosna por Dios!_

    Ved: en su manga derecha
    Se perciben dos galones,
    Y de Maipo los cordones
    Que la patria le donó:
    Cabo inválido, sin brazo,
    Solo le resta en la tierra
    Pedir despues de la guerra
    _Una limosna por Dios!_

    A la puerta de la iglesia
    Rememora sus hazañas,
    Y las gloriosas campañas
    Que en otros siguió;
    Y mostrando con orgullo
    De su frente un ancha herida,
    Pide con voz dolorida
    _Una limosna por Dios!_

    «Fuí soldado de los Andes,
    «En Maipo Cabo me hicieron,
    «Y las balas deshicieron
    «Mi brazo en Ituzaingó:
    «Entonces mi voz se oia
    «En medio del fuego recio,
    «Y hoy me arrojan con desprecio
    «_Una limosna por Dios!_

    «De frente! A la bayoneta!
    «El coronel nos gritaba,
    «Y sin miedo nos llevaba
    «A la boca del cañon.
    «Al brazo el arma llevaba,
    «Metralla y bala llovia,
    «Y entonces yo no pedia
    «_Una limosna por Dios!_

    «Cuantas veces en los Andes
    «Al venir la madrugada,
    «En medio de una nevada
    «Mi bigote emblanqueció.
    «Hoy la nieve de los años
    «Mi cabello ha encanecido,
    «Y estiendo la mano y pido
    «_Una limosna por Dios!_

    «Dónde están mis camaradas
    «Del Cerrito y Ayacucho,
    «Que mordian el cartucho
    «Con indomable valor?
    «Dónde están? tal vez ahora
    «Duermen en la tumba helada,
    «Ó piden con voz quebrada
    «_Una limosna por Dios!_

    «Como ellos yo moriré,
    «Y en la tierra de mi fosa
    «¿Qué alma verterá piadosa
    «Una gota de dolor?
    «Y cuando en algun camino
    «Bajo los años sucumba
    «¿Quién dará para mi tumba
    «_Una limosna por Dios!_»

    Cesa, cesa en tus lamentos
    Cabo lleno de laureles,
    Que hay olvidos mas crueles
    Que los que llora tu voz:
    La República Argentina
    Bajo el yugo de un tirano
    Pide al mundo americano
    _Una limosna por Dios!_

    1838




       XV

       LA CAMPANA

      Profético metal, los ciudadanos
    Que de agüero y comento son exentos
    A tu voz bailarán por estos llanos,
      En tanto que tu voz y tus acentos
    Oyen descoloridos los tiranos
    Y te atienden los reyes macilentos.

                    QUEVEDO.

              (Polimnia--Musa II.)


       I

    ¡Oh, Campana! de mi Patria
    Eres símbolo de gloria:
    O heraldo de la victoria,
    O intérprete del dolor;
    Eres corona de bronce
    En los aires suspendida,
    Que los fastos de la vida
    Publicas con tu clamor.

    Tú concretas nuestra historia:
    Has dado la voz de alerta,
    Golpeando de puerta en puerta
    Con tu metálica voz;
    Has anunciado las paces
    Adornada con la oliva,
    Y envuelta con palma altiva
    La guerra cruenta y feroz.

    Has sido la grave orquesta
    De los cánticos triunfales,
    Y en los tristes funerales,
    Melancólico pregon;
    Y colgado de tus cuerdas
    Un pueblo de audacia lleno,
    Ha hecho brotar de seno
    La voz de revolucion.

    Y tus ecos tempestuosos
    Por el aire resonaron
    Cuando en Mayo saludaron
    El sol de la redencion,
    Cuyo vivífico rayo
    Como un martillo de oro
    Te dió el acento sonoro
    De la estátua de Memnon.

    Has publicado cien veces
    Por el mundo americano,
    Las victorias de Belgrano,
    De San Martin y Alvear;
    Has proclamado á los pueblos
    En medio de la matanza,
    Y alentado su esperanza
    Los triunfos al publicar.

    En las contiendas civiles
    Esclava de las facciones,
    Te ha arrancado tristes sones
    La espada del vencedor,
    Y dominando el murmullo
    Del pueblo desenfrenado,
    Ante el mundo has protestado
    Con dolorido clamor.

    Y cuando por un tirano
    El pueblo se vió oprimido,
    Tú articulaste un gemido
    Con tu lengua de metal,
    Y otra vez sobre tu torre
    Sonaras estrepitosa,
    Cuando mires victoriosa
    La bandera azul flotar.

    Eres la voz del destino
    Que presides á las horas,
    Que con sus alas sonoras
    Te golpean sin cesar,
    Y tú, su vuelo marcando,
    Generosa en demasía,
    Devuelves una armonía
    Por el golpe que te dan.


       II

    Al pueblo siempre anuncia la campana
    Lo que ha sido, lo que es, lo que será:
    Cuando á su trono se alza soberana
    La virtud que combate á la maldad;
    Y cuando los tiranos en su cuello
    Han posado su planta ignominiosa
    ¡Ay! entonces resuena dolorosa
    Cual llorando perdida libertad.

    ¡Ah! de mi patria saludó el bautismo
    Cuando subiendo al rango de Nacion,
    Sobre su frente el oleo del civismo
    Dios derramó cual sacra bendicion.
    Mas hoy llora, cual llora por los muertos,
    Porque no tiene pueblo soberano,
    Y es el despojo de feroz tirano
    La que en sus puños desgarró un leon!

    Pero ella ha de sonar en algun dia
    En la torre de la alta Catedral,
    Para mi Patria anuncio de alegría;
    Para el tirano un eco funeral.
    Y se alzarán los cánticos sagrados
    Como cuando cayeron los leones,
    Y cuando cien Británicos pendones
    En su techumbre el pueblo hizo colgar.

    Y entre incienso, plegarias y armonía,
    Entre gritos de Patria y Libertad,
    Descenderá la horrenda tiranía,
    Se elevará radiante la Igualdad:
    No existirán divisas de partidos,
    Será el color azul, de los hermanos,
    Que para combatir á los tiranos
    Se abraza con amor la sociedad.

    Envuelto en un pendon ensangrentado
    En el pendon azul de la Nacion,
    Conducirán el cuerpo de un soldado
    Tendido en la cureña de un cañon,
    Y al pié de la pirámide de Mayo
    El cadáver del mártir colocando,
    De laureles su frente coronando
    Le votarán espléndida ovacion!

    ¡Muera yo así en mi Patria redimida
    Dejándola con gloria y libertad!
    ¡Muera yo así cantando en mi caida
    El himno de la Paz y la Igualdad!
    ¡Pueda llegar hasta el hermoso dia,
    En que suba mi Patria á su alto asiento,
    Y ábranse con estruendo en el momento
    Las puertas de la negra eternidad!

    1839




       XVI

       SATIRA Á SANDOVAL

       AL TRAIDOR QUE ENTREGÓ Á ORIBE Á LAS ILUSTRES VÍCTIMAS AVELLANEDA Y
       VILELA

    Le traite se fait justice
    Il se chasse de nos rangs
    Ah! que son nom retentise
    Maudit par nos veterans!

    BARTHELEMI.


    Prendiendo fuego á un templo portentoso
    Erostrato su nombre eternizó;
    Vendiendo Judas á Jesus piadoso
    Su fama en el Madero se esculpió.

    Entregando al verdugo dos cabezas
    Te has hecho en nuestros fastos inmortal,
    Que si no tienes que contar proezas,
    Tienes una traicion ¡vil Sandoval!

    ¡Vil Sandoval! tu nombre será eterno,
    Como un remordimiento le has de oir,
    Y hasta tocar el linde del infierno
    La maldicion de Dios te ha de seguir.

    Siete veces traidor, tú, miserable,
    De la historia en el libro vivirás,
    Como en jardín ameno y deleitable
    Vive entre flores el reptil audaz.

    Tú te has hecho justicia con tu crimen:
    Mi noble patria batirá las manos,
    Al ver que en tí sacuden sucio limen
    Los libres que combaten á tiranos.

    Signe por esa huella ensangrentada
    Que el verdugo señala con su planta,
    Y encontrarás al fin de la jornada
    Un buen cordel que oprima tu garganta.

    Y mientras tu amo el látigo sangriento
    Hace sobre tu espalda resonar,
    Yo empuñaré el azote del tormento
    Para tu nombre infame flajelar.

    Tu nombre dije! En qué gloriosas lides
    Entre la voz del plomo resonó?
    Entre qué renombrados adalides
    Tu acero vencedor relampagueó?

    Mas no en batallas se probó tu aliento:
    En pulperías fueron tus campañas,
    Armado con un naipe mas mugriento
    Que el corazon que abrigan tus entrañas.

    Pérfido el vaso de licor tendiendo
    Y bajo el poncho armando la cuchilla,
    Y á tus contrarios por la espalda hiriendo,
    Seguido por vandálica gavilla;

    Tendido entre las patas del caballo,
    En vez de sangre revolcado en vino:
    Tales son tus proezas, vil lacayo;
    Tales tus hechos son, vil asesino.

    Escoria de la fragua de los vicios,
    Tahur, ladron, borracho y asesino!
    Tu eterno compañero es el suplicio;
    Traicionar á los libres, tu destino.

    Ojos de gato, lengua de serpiente,
    Garras de tigre, boca de lagarto!
    Satan sin duda con un beso ardiente
    Selló tu rostro en la hora de tu parto.

    Y al contemplarte mísero gusano
    En medio de una gloria colosal
    Dijiste tú:--«Ya no pondré mi mano,
    «Adonde alcance con su pié triunfal:»

    Y envidiando el laurel de la derrota,
    Y de los libres la postrera gloria,
    Fuiste á vender cual miserable ilota,
    Los hijos de la patria y la memoria.

    Sí, que la inmensa gloria de los bravos
    No era para tus hombros sin pujanza:
    Debes cargar cadenas entre esclavos,
    No de los libres la quebrada lanza.

    Los libres solos su bandera alzando
    Con doble esfuerzo treparán los Andes,
    Y entre Argentinos el aliento dando
    Los buenos solo llamaránse grandes.

    Tú, Sandoval, tan ínclita guirnalda
    Con tus manos inmundas no ajarás,
    Porque ese hierro que marcó tu espalda
    Te ha impreso ya su cicatriz tenaz.

    No azul pendon te prestará su sombra
    Sino la planta del señor feroz,
    Que haciéndote servir como de alfombra
    Te lanzará iracundo, torpe coz.

    El lodo cubra tu cabeza infame,
    Tu cuello dobla al récio bofeton,
    De tu señor el pié sangriento lame,
    Y de tu labio mane corrupcion!

    Sicario vil entre sicarios seas,
    Sucios insectos cubran tus heridas,
    Arrastrado cual vívora te veas,
    Y Dios te dé para sufrir, mil vidas!

    Sangre bebas en vez de linfa pura,
    Sangre tan solo bebas por do quier,
    Y al entrar en el lecho, sangre impura
    De la almohada veas tú correr!

    El mas cobarde escúpate á la cara,
    Tu nombre sea voz de deshonor,
    Mientras mi musa con candente vara
    Fija en tu frente el nombre de TRAIDOR!

    La maldicion del mundo eternamente
    En tu oido resuene noche y dia,
    Y las furias con látigo crujiente
    Te precipiten á la tumba fria!

    Que por las furias siempre perseguido
    Llegues á la mansion de Satanás,
    Y al darte abrazo estrecho, estremecido,
    Dedos ardientes sientas por detrás.

    Y que te brinde copa reluciente,
    Y al apurarla lleno de embriaguez,
    En la lengua te pique una serpiente,
    Que surja enfurecida de la hez.

    Luego te traiga naipes caldeados,
    Y te obligue con ellos á jugar,
    Y sientas por tus dedos abrasados
    Tu negra sangre á chorros destilar.

    Y levantando un coro de clamores
    Los demonios, al son de ronca trompa,
    Te arrojen donde yacen los traidores,
    Con infernal y con grotesca pompa!

    1841




       XVII

       GRITO DE ALARMA

(DESPUES DE LA DERROTA DEL ARROYO GRANDE EN 1841)


    Alzaos del polvo inerte
    Vencidos, no domados,
    Cerniendo la melena
    Como soberbio leon;
    Alzaos, y ante los bustos
    De hermanos degollados,
    Levante un pueblo libre
    Su alejado pabellon.

    Si conservais alientos
    Y sangre en vuestras venas,
    El aire que os circunda
    De fuego llenaré,
    Y la dorada copa
    Que el entusiasmo inspira,
    Al silvo de las balas
    Tranquilo os brindaré.

    Mas si temblais cobardes,
    En vez de altivos cantos
    Viriles maldiciones
    Levantará mi voz;
    Y en vez de alzar la copa
    Del génio de la patria,
    Os lanzaré mi lira
    Con ímpetu feroz.

    Oid, que del poeta
    Las voces son augustas,
    Ya entonen la agonía
    O el cántico triunfal
    A su eco se levantan
    Los pueblos oprimidos,
    Y en pechos maldecidos
    Esconden el puñal.

    A su eco se alza el pueblo
    Rompiendo sus cadenas,
    Con brazos vigorosos
    Mas duros que el metal,
    Y si en la dura lucha
    Dan vuelta las espaldas,
    Vuelven, si dá la lira
    De alarma la señal.

    Un dia fué en la Grecia
    Que en medio á la derrota
    Los cantos de Tirteo
    Se oyeron resonar,
    Y revolviendo al punto
    Los escuadrones rotos,
    El lauro de victoria
    Supieron rescatar.

    Será que ya en el mundo
    No exista el entusiasmo,
    Ni acorran á la patria
    Los hombres de esta edad?
    ¡Oh, no! los corazones
    Sacudan ese pasmo,
    Y asiendo de la espada
    Gritemos: «¡Libertad!»

    La libertad no ha muerto,
    Y en la sangrienta arena
    Donde se vé postrada
    Su aliento no rindió:
    De heridas traspasada,
    Y en rojo humor teñida,
    En sus convulsas manos
    Nuestro laurel salvó.

    Secad el triste lloro
    Que baña las mejillas
    Al sol de la esperanza
    Que miro ya lucir,
    Los pueblos no se salvan
    Con infecundo llanto,
    Sinó queriendo altivos
    Ser libres ó morir.

    Agrúpense los libres
    Al pié de la bandera,
    Que las legiones rotas
    Aun hacen tremolar,
    Y firmes, denodados,
    Velando en la trinchera,
    Como la sombra al cuerpo
    La sigan sin cesar.

    Al que á su puesto falte,
    Al que la muerte tema,
    Al que cobarde tiemble
    ¡Oprobios veces mil!
    Los cascos de los potros
    Que doman los valientes
    Pisen esas cabezas
    Sin nervio varonil.

    Verán á los bandidos
    Sus puertas derribando,
    Violadas en su lecho
    Las prendas de su amor,
    Y en medio á la algazara
    De torpes asesinos
    Los cráneos de sus hijos
    Colmados de licor!

    Honor á los valientes
    Que vibren el acero
    Confiando en nuestra causa
    Con grande corazon;
    Y firmes como roca
    La espada levantando,
    De esclavos y tiranos
    Detengan la invasion!

    Honor al que en las filas
    Peleando como bueno,
    Consagre á sus hermanos
    La vida en oblacion!
    La palma del martirio
    Circundará su frente,
    Que de los hombres libres
    Tendrá la bendicion!

    El fuego y el acero
    Llevamos en las manos,
    Lidiemos con denuedo,
    Caigamos con valor,
    Y antes que ver la patria
    Revuelta por el fango,
    En pálidas cenizas
    Salvemos el honor.

    Luchad como valientes,
    Porque do quier que vayais,
    Como á traidores viles
    El mundo escupirá;
    Luchad, que defendemos
    El último baluarte,
    Donde salvar podremos
    La gloria y el hogar.

    ¡Al arma! Al arma! Al arma!
    Y el grito repetido
    Haga vibrar las almas
    Con súbita emocion,
    Y en torno de la hoguera
    Que brilla moribunda,
    Encienda sus antorchas
    Del pueblo la legion.

    Arriba, ciudadanos,
    Dando de ¡alarma! el grito
    Alzad vuestra bandera,
    Rodead el patrio altar,
    Antes que el nuevo Atila
    Pisando vuestras sienes
    Os haga á latigazos
    Del polvo levantar.

    De frente, infantería!
    La boca en el cartucho,
    La cara al enemigo,
    La mano en el fusil,
    Soldados, adelante,
    Rompamos esas filas:
    Quien caiga será grande,
    Quien huya será vil!

    Valientes escuadrones
    Que en ardorosos potros
    Oís con lanza en ristre
    Los ecos del clarin,
    En cargas redobladas
    Romped esas legiones,
    Que alzan bandera roja
    Del campo en el confin!

    Tranquilos artilleros,
    Al pié de la cureña,
    Ardiente lanza-fuego
    Tended sobre el cañon;
    Y entre humo y entre sangre,
    Y en nubes de metralla
    Vomite cada bronce
    Muertes y destruccion!

    Prudentes timoneros
    Que con membrudos brazos
    Luchais contra las olas
    Que agita el huracan,
    Poned la proa al viento
    Con ánimo esforzado,
    Fijando el gobernalle
    Con mano de tiran!

    Alzad, de alarma al grito,
    Vencidos, no domados,
    Cerniendo la melena
    Como soberbio leon;
    Alzad y ante los bustos
    De hermanos degollados,
    Levante un pueblo libre
    Su ajado pabellon.




       XVIII

       HIMNO

       AL 25 DE MAYO

(ARREGLADO Á MÚSICA)


    CORO

    Libertad, sube á tu trono
    De la gloria en el broquel,
    Agitando nobles palmas,
    Coronada de laurel.

    ESTROFA

    Como la flor hermosa
    De cáliz recojido,
    Que se abre al estallido
    Del rayo destructor,
    La Patria, al ronco estruendo
    Del rayo de la guerra,
    En Mayo dió á la tierra
    Su aroma y esplendor.

    CORO

    Libertad, sube á tu trono
    De la gloria en el broquel,
    Agitando nobles palmas,
    Coronada de laurel.

    ESTROFA

    Esclava Buenos Aires
    Gemía en desconsuelo,
    Cuando brilló en el cielo
    De libertad el sol,
    Y entre flotantes nubes
    El astro colocando,
    Dijo, su sien orlando:
    «¡Mirad mi pabellon!»

    CORO

    Libertad, sube á tu trono
    De la gloria en el broquel,
    Agitando nobles palmas,
    Coronada de laurel.

    ESTROFA

    Dando de alarma el grito
    Con eco poderoso,
    El pueblo generoso
    La espada desnudó;
    Y destrozó cadenas,
    Y derribó coronas,
    Y en las opuestas zonas
    Laureles conquistó.

    CORO

    Libertad, sube á tu trono
    De la gloria en el broquel,
    Agitando nobles palmas,
    Coronada de laurel.

    ESTROFA

    Los héroes con su sangre
    Sellaron la victoria,
    Cayendo con su gloria
    Bajo el sagrado altar,
    Y el pueblo agradecido
    Sus nombres rememora,
    Que el sol de Mayo dora
    En la urna tumular.

    CORO

    Libertad, sube á tu trono
    De la gloria en el broquel,
    Agitando nobles palmas,
    Coronada de laurel.

    ESTROFA

    Alzando verdes palmas
    Tejidas con el lirio,
    La gloria y el martirio
    Reciba su ovacion;
    Y alzando patrios himnos
    Que vuelen por los aires,
    Levante Buenos Aires
    Su invicto pabellon.

    CORO

    Libertad, sube á tu trono
    De la gloria en el broquel,
    Agitando nobles palmas,
    Coronada de laurel.




       LIBRO SEGUNDO

       ARMONÍAS DE LA PAMPA




       I

       Á UN OMBÚ

       EN MEDIO DE LA PAMPA


    Cual rústico campanario
    Que en la campaña desierta
    Indica al hombre la puerta
    Del melancólico osario
    Que ampara su vecindad;
    Ahí estás, ombú gigante
    A la orilla del camino,
    Anunciando al peregrino
    Que bajo el tronco pujante
    Duerme por siempre un mortal.

    La tempestad te acaricia
    Con sus alas tenebrosas,
    Y en tus entrañas hojosas
    Te da con grata delicia
    Ardientes besos de amor;
    Y con atléticos brazos
    Junto á tu tronco la aferras,
    Y entre tus ramas encierras
    Con titánicos abrazos
    Su estrepitoso clamor.

    Y tú á su voz amorosa
    Enamorado palpitas,
    Tu cabellera lujosa
    En el seno precipitas
    De la recia tempestad;
    Y te envuelve con su manto
    Que el relámpago colora,
    Tu frente que el rayo dora
    Te la riega con el llanto
    De la mústia soledad.

    Y celosa de la tierra
    Que te nutre con su seno,
    Ruge como ronco trueno,
    Tus raices desentierra
    Con delirante furor.
    Cuando te siente postrado
    Entre tus ramas suspira,
    Y cual armónica lira
    Lanza tu tronco humillado
    Ecos de tierno dolor.

    Al lucir el alba pura,
    En la Pampa ya no brillas,
    Y tus hojas amarillas
    Rodando por la llanura
    Van á perderse en el mar.
    Los cisnes de la rivera
    Que visten plumas de nieve,
    Meciéndose en la onda leve
    Siguen tu traza lijera
    Por las ondas de cristal!

    Eres la verde guirnalda
    De la cabaña pajiza,
    Que vas marchando de prisa
    Con el pasado á tu espalda
    Y á tu frente el porvenir.
    Donde huye la tribu errante
    Y clava el hombre su planta,
    Tu cabeza se levanta
    Cual la de inmenso gigante
    Que está diciendo: «hasta aquí.»

    Tú señalas las barreras
    Que dividen al desierto,
    Y oyes el vago concierto
    Que alzan las auras ligeras
    De la Pampa en el umbral.
    Eres lo último que muere
    De la morada del hombre,
    Y sin registrar un nombre
    Estás diciendo al viajero
    Que allí descansa un mortal.

    Deten tu paso y escucha
    El gemido del hermano,
    El rugido del tirano,
    El estridor de la lucha...
    ¡De la lucha fraternal!
    El alarido de guerra
    A tus espaldas retumba,
    La libertad se derrumba,
    De horror palpita la tierra
    Que en sangre teñida está.

    ¡Ah! prosigue tu camino
    Por la pampa solitaria:
    La tiranía es precaria
    Y con esplendor divino
    Se alzará la Libertad.
    Sí, prosigue tu carrera,
    Por la llanura estendida,
    Y alza en tu cima florida
    Del porvenir la bandera
    Y del hombre la Igualdad.

    Mas ¿qué miras? La campaña
    Que á lo lejos se dilata,
    El arroyuelo de plata,
    El cielo que nada empaña,
    O el inmenso pajonal?
    No, tú miras á lo lejos
    Al trasponer aquel monte
    En el lejano horizonte,
    Como en mágicos espejos
    Lo que es y lo que será.

    Miras la pampa argentina
    De ciudades matizada,
    Y por mil naves surcada
    La laguna cristalina
    Que hoy cubre verde juncal;
    Miras la pobre cabaña
    Que en palacio se transforma,
    Y que al tomar nueva forma
    Una nueva luz la baña
    Con resplandor sin igual.

    Míras al indio tostado,
    Que lanzando un alarido
    Vá huyendo despavorido
    Por el llano dilatado
    En pavoroso tropel;
    Y tras él, el tigre fiero
    Que abandona su dominio
    Hoy teatro del exterminio,
    Que ocupa un pueblo altanero
    Y que transforma en vergel.

    No pases mas adelante
    Que mas lejos, abatido,
    Marchito y descolorido
    Verás al ombú gigante
    Hoy de la pradera rey:
    Y en su lugar la corona
    Verás alzarse del pino,
    Que unido al hierro y al lino
    Sirve al hombre en toda zona
    Para dar al mundo ley.

    Ese destino te espera
    Arbol cuya vista asombra
    Que al caminante das sombra,
    Sin dar al rancho madera,
    Ni al fuego una astilla dar;
    Recorrerás el desierto
    Cual mensajero de vida,
    Y tu mision concluida
    Caerás cual cadáver yerto
    Bajo el pino secular.




       II

       Á SANTOS VEGA

       PAYADOR ARGENTINO

    Cantando me han de enterrar
    Cantando me he de ir al cielo.

    SANTOS VEGA.

    Santos Vega, tus cantares
    No te dieron fama y gloria,
    Mas viven en la memoria
    De la turba popular;
    Y sin tinta ni papel
    Que los salve del olvido
    De padre á hijo han venido
    Por la tradicion oral.

    Bardo inculto de la pampa,
    Como el pájaro canoro
    Tu canto rudo y sonoro
    Diste á la brisa fugaz;
    Y tus cantos se repiten
    En el bosque y en el llano,
    Por el gaucho Americano,
    Por el indio montaráz.

    ¿Qué te importa si en el mundo
    Tu fama no se pregona?
    Tú ya tienes la corona
    Del poeta popular.
    Y es mas bello, que en el bronce,
    En el mármol ó granito,
    Haber sus obras escrito
    En la memoria tenaz.

    ¡Qué te importa! si has vivido
    Cantando cual la cigarra,
    Al son de humilde guitarra
    Bajo el ombú colosal!
    Si tus ojos se han nublado
    Entre mil aclamaciones,
    Si tus _cielos_ y canciones
    En el pueblo vivirán!

    Cantando de _pago_ en _pago_,
    Y venciendo payadores,
    Entre todos los cantores
    Fuiste aclamado el mejor;
    Pero al fin caiste vencido
    En un duelo de armonías,
    Despues de payar dos dias;
    Y moriste de dolor.[3]

    Como el antiguo guerrero
    Caído sobre su escudo,
    Sobre tu instrumento mudo
    Entregaste tu alma á Dios;
    Y es fama, que al mismo tiempo
    Que tu vida se apagaba,
    La bordona reventaba
    Produciendo triste son.

    No te hicieron tus paisanos
    Un entierro magestuoso,
    Ni sepulcro esplendoroso
    Tu cadáver recibió;
    Pero un _Pago_ te condujo
    A la tumba silenciosa,
    Y lloraron en tu fosa
    Niños y hombres con dolor.

    Y los gauchos al volverse
    A llorar entre sus ranchos,
    Espantaron los caranchos
    Que llegaban á escarbar:
    Y se apearon del caballo,
    Y con ademan contrito,
    Rezó cada uno el _bendito_
    Y volvieron á montar.

    De noche bajo de un árbol
    Dicen que brilla una bela,
    Y es tu ánima que vela,
    Santos Vega el Payador!
    ¡Ah! levanta de la tumba!
    Muestra tu tostada frente,
    Canta un cielo _derrepente_[4]
    O una décima de amor!

    Cuando á lo lejos divisan
    Tu sepulcro triste y frio,
    Oyen del vecino rio
    Tu guitarra suspirar;
    Y creen escuchar tu voz
    En las verdes espadañas,
    Que se mecen cual las cañas
    Al soplo del vendabal.

    Y hasta creen que las aves
    Dicen al tomar su vuelo:
    «Cantando me he de ir al cielo;
    «Cantando me han de enterrar!»
    Y te ven junto al fogon,
    Sin que nada te arrebate,
    Saboreando amargo mate
    Veinte y cuatro horas payar.

    Tu alma puebla los desiertos,
    Y del Sud en la campaña
    Al lado de una cabaña
    Se eleva fúnebre cruz;
    Esa cruz, bajo de un tala
    Solitario, abandonado,
    Es un símbolo adorado
    En los campos del Tuyú.

    Allí duerme Santos Vega:
    De las hojas al arrullo
    Imitar quiere el murmullo
    De una fúnebre cancion.
    No hay pendiente de sus gajos
    Enlutada y mústia lira,
    Donde la brisa suspira
    Como un acento de amor.

    Pero las ramas del tala
    Son mil arpas sin modelo,
    Que formó Dios en el cielo
    Y arrojó á la soledad;
    Si el pampero brama airado
    Y estremece al firmamento,
    Forma místico concento
    El árbol y el vendaval.

    Esa música espontánea
    Que produce la natura,
    Cual tus cantos, sin cultura,
    Y ruda como tu voz,
    Tal vez en noche callada,
    De blanco cráneo en los huecos,
    Produce los tristes ecos
    Que oye el pueblo con pavor.

    ¡Duerme! duerme Santos Vega,
    Que mientras en el desierto
    Se oiga ese vago concierto,
    Tu nombre será inmortal;
    Y lo ha de escuchar el gaucho
    Tendido en su duro lecho,
    Mientras en pajizo techo
    Cante el gallo matinal.

    Duerme mientras se despierte
    Del alba con el lucero
    El vigilante tropero
    Que repita tu cantar,
    Y que de bosque en laguna,
    En el repunte ó la hierra,
    Se alce por toda esta tierra
    Como un coro popular.

    Y mientras el gaucho errante
    Al cruzar por la pradera,
    Se detenga en su carrera
    Y baje del alazan;
    Y ponga el poncho en el suelo
    A guisa de pobre alfombra,
    Y rece bajo esa sombra,
    ¡Santos Vega, duerme en paz!




       III

       EL PATO

       CUADRO DE COSTUMBRES


    Clara, bella y perfumada,
    Era una tarde serena,
    De esas tardes en que el cielo
    Todas sus galas ostenta,
    En que la brisa y la flor
    Nos hablan con voz secreta,
    En que las bellas suspiran,
    En que medita el poeta,
    En que el infame se esconde,
    Y en que el pueblo se recrea.
    Y matizando la alfombra
    De una estendida pradera
    Se vé una alegre cuadrilla
    Con sus vestidos de fiesta,
    Porque cien gauchos reunidos
    Las pascuas de Dios celebran.
    En las ancas del caballo
    Cada cual lleva su bella,
    El que ufano con su carga
    Bate el suelo con sobérbia,
    Mientras que el viento levanta
    La nevada pañoleta,
    Que acaricia las mejillas
    Del ginete á quien estrecha
    Tal vez por no resbalar...
    Quizá de puro coqueta.
    No llevan collares de oro,
    Ni carabanas de perlas,
    Ni relucientes sombreros,
    Ni corbatines de seda:
    Humildes son los vestidos
    Que las mujeres ostentan;
    Y bajo pieles curtidas
    Y de ponchos de bayeta
    Aquel rústico gauchage
    Alma independiente alberga.
    Como el tosco _ñandubay_
    Bajo su áspera corteza
    Roba á la vista del hombre
    Del corazon la belleza.


       II

    Encima de una loma
    Se ven á las muchachas
    Haciendo con donaire
    Pañuelos agitar;
    Y en tanto en la llanura
    En círculo formados,
    Se ven de los ginetes
    Los ponchos ondear.

    Sus ojos resplandecen
    Radiantes de alegria,
    Que templa con sus sombras,
    Del rostro la altivez,
    Con juegos herculáneos
    Festejaran el dia,
    Que el pueblo hasta jugando
    Respira robustez.

    Diríanse campeones
    Que esperan la pelea
    Que anuncie con estruendo
    Las lenguas del clarin:
    La inercia los consume
    Mas si el cañon humea
    Con varonil corage
    Buscan glorioso fin.

    Tal vez unas carreras
    Esperan á porfia
    Para cubrir de palmas
    Al potro mas veloz...
    Mas no, todos desean
    Robustecer el alma,
    Por eso _¡El Pato! El Pato!_
    Repiten á una voz.

    ¡El Pato! juego fuerte
    Del hombre de la pampa,
    Que marca las costumbres
    De un pueblo varonil.
    Para crispar los nervios,
    Para tender los músculos,
    Como el convulso jóven,
    En el dolor febril.

    Las fiestas populares
    De un pueblo de valientes
    Semejan á las rudas
    Caricias del leon,
    Porque el pampero raudo
    Batiendo en esas frentes
    Parece que inocula
    Vigor al corazon.

    Ya todos se aprestaban
    A comenzar la pugna,
    Asiendo de las garras
    Con fuerza de titan:
    Los piés en los estribos
    Apoyan con pujanza,
    Y esperan afanosos
    Del gefe la señal.

    Las madres, las esposas
    Contemplan aquel grupo
    Pendientes del latido
    Del brazo muscular;
    Mas derrepente vése
    Que las manijas sueltan,
    Y se oye entre el corrillo
    Sordo rumor vagar.

    ¿Quién desarmó la fuerza
    De los cincuenta brazos,
    Que un pino gigantesco
    Podrían sacudir?
    Dos hombres que se acercan
    Al medio de la liza,
    Y muestran ser campeones
    Que quieren combatir.


       III

    El uno es Diego Zamora
    Apellidado el «valiente»,
    Cuya daga vencedora
    A sus contrarios devora
    Y es el terror de la gente.

    Su mirada es decidida
    Y negra su cabellera;
    Y una sonrisa atrevida
    Del labio está suspendida
    Revelando una alma fiera.

    Lleva un _facon_ en la falda,
    Lleva un _poncho_ balandran
    Terciado por media espalda,
    Y del campo la esmeralda
    Huella en un potro alazan.

    El otro es Pedro de Obando,
    Compañero de fatigas
    De Zamora, y peleando
    Anda con él desafiando
    Las partidas enemigas.

    Estriba con bizarría,
    Y la _espuela nazarena_
    Suspira en dulce armonía,
    Como grillos que á porfía
    Lloran del preso la pena.

    Guapos el Pago los llama,
    Y el alcalde salteadores,
    Pero pública la fama
    Que no la avaricia inflama
    Su pecho en vivos ardores.

    Ligados por nudo fuerte
    Los dos siguen un camino:
    Hermanos de vida y muerte
    Aceptan la misma suerte
    Bajo el yugo del destino.


       IV

    Adelantóse Zamora
    Y sugetando la rienda
    Pidió parte en la contienda
    Con altanera atencion.
    Todos á una voz gritaron
    «Que entre Zamora y Obando».
    Y entonces el pato tomando
    Zamora con él salió.

    Picaron todos de espuelas
    Galopando á rienda suelta
    Queriendo tomar la vuelta
    Del ginete vencedor;
    Mas en vano corren, vuelan,
    Gritan, pegan, forcejean,
    Y resudan, y espolean,
    Y le siguen con furor.

    Hasta que al fin un ginete
    Lo alcanza, y con mano fija
    Asiendo de la manija
    Hizo el caballo cejar,
    Pero Zamora con furia
    Lo lleva de una pechada,
    Dejando en tierra estampada
    De su triunfo la señal.

    Pero tres nuevos atlétas
    Dispútanle su presea,
    Y él en tremenda pelea
    La disputa á todos tres.
    Forcejean, y tendidos
    Furiosos luchan en vano
    Por quebrantar una mano
    Que hierro parece ser.

    Crugen, se estiran los miembros,
    Se hinchan de sangre las venas,
    Y enronquecidos apenas
    Pueden el aire lanzar;
    Mas él firme en sus estribos
    Como animado centauro,
    Disputa á todos el lauro
    En combate desigual.

    Llegan tres mas, y Zamora
    Con la presteza del rayo,
    Dando riendas al caballo
    Las manijas les quitó:
    Dos de ellos fueron al suelo
    En pos del tremendo empuje,
    Y el que queda firme ruje
    De vergüenza y de furor.


       V

    Y corriendo
    Desbandados,
    Y empapados
    En sudor,
    A Zamora
    Todos siguen,
    Y persiguen
    Con furor.

    Ya lo alcanzan
    O despuntan,
    Ya se juntan
    En redor,
    Cual las hojas
    De una planta
    Que levanta
    El ventarron.

    Cual relámpago
    Flamígero,
    El alígero
    Alazan,
    Los zanjones
    Que encontraba
    Los salvaba
    Sin parar.

    Y por último
    Rendidos
    Alaridos
    Dan de paz,
    Y las gorras
    Que se quitan
    Las agitan
    En señal.


       VI

    Zamora entonces levantando en alto
    El pato, cual si fuese una bandera,
    Detiene del caballo la carrera
    Y le hace el freno con furor tascar,
    Y así parado en medio de la pampa
    Con su ademan á todos desafia;
    Mas viendo que ninguno se movia
    Dirige á todos la señal de paz.

    Torció las riendas del sobérbio bruto
    Y á trote largo adelantóse al rato
    Llevando al lado el disputado pato
    Que á gruesas gotas de sudor ganó;
    Y al acercarse ante el vencido corro
    Se desciñó del rostro su barbijo,
    Y estas palabras atrevidas dijo
    Que la turba entre aplausos recibió.

    «Si hay quien dispute que gané la palma
    «Átese al punto á la cintura un lazo,
    «Que yo tan solo con mi izquierdo brazo
    «Ginete, y pingo, y pato arrastraré.»
    Nadie admitió su formidable reto:
    Tan solo Obando en ademan airado
    Sacó del anca un lazo que arrollado
    Una serpiente parecia ser.

    Por la presilla lo fijó en su cuerpo
    Y por la argolla se lo dió á su amigo
    Quien se admiraba hallar un enemigo
    En el hermano que le diera Dios;
    Pero impulsado por feroz orgullo
    Asió del lazo en la siniestra mano,
    Y á gran galope atravesando el llano
    Tirante el lazo entre los dos quedó.

    Cual hosco toro que en lazada envuelto
    Se niega altivo á obedecer la fuerza,
    Y rebramando con furor se esfuerza,
    Y aspa y pezuña quiere allí clavar,
    Tal Pedro Obando con poder resiste
    Al férreo brazo de que está pendiente,
    Mientras el lazo entre los dos, crugiente,
    Se vé como una lámpara oscilar.

    Silencio horrible por do quiera reina:
    Enmudeció el frenético alarido,
    Y solo se oye el fúnebre crujido
    Del lazo palpitante entre los dos;
    Mas derrepente resonó un gemido
    Dos espirales al formar el lazo,
    Y cada cual llevando su pedazo
    Envuelto en él al polvo descendió[5].




       IV

       EL CABALLO DEL GAUCHO

    Mi caballo era mi vida,
    Mi bien, mi único tesoro.

    _Juan M. Gutierrez._


    Mi caballo era ligero
    Como la luz del lucero
    Que corre al amanecer;
    Cuando al galope partia
    Al instante se veia
    En los espacios perder.

    Sus ojos eran estrellas,
    Sus patas unas centellas,
    Que daban chispas y luz:
    Cuanto su ojo divisaba
    En su carrera alcanzaba,
    Fuese tigre ó avestruz.

    Cuando tendia mi brazo
    Para revolear el lazo
    Sobre algun toro feroz,
    Si el toro nos embestia,
    Al fiero animal tendia
    De una pechada veloz.

    En la guardia de frontera
    Paraba oreja agorera
    Del indio al sordo tropel,
    Y con relincho sonoro
    Daba el alerta mi moro
    Como centinela fiel.

    En medio de la pelea,
    Donde el coraje campea,
    Se lanzaba con ardor;
    Y su estridente bufido
    Cual del clarin el sonido
    Daba al ginete valor.

    A mi lado ha envejecido,
    Y hoy está cual yo rendido
    Por la fatiga y la edad;
    Pero es mi sombra en verano,
    Y mi brújula en el llano,
    Mi amigo en la soledad.

    Ya no vamos de carrera
    Por la estendida pradera,
    Pues somos viejos los dos.
    ¡Oh mi moro! quiera el cielo
    Caigamos juntos al suelo
    Al decir al mundo A dios!




       V

       LA REVOLUCION DEL SUD

       I

       Á BUE

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