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Viajes por España

by Pedro Antonio de Alarcón · Spanish · Gutenberg #26314 · 430,087 chars · public domain (US)

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Title: Viajes por España

Author: Pedro Antonio de Alarcón


        
Release date: August 14, 2008 [eBook #26314]

Language: Spanish

Other information and formats: www.gutenberg.org/ebooks/26314

Credits: Produced by Chuck Greif, Michigan State University and the
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        available by the University of Michigan Libraries.)


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[Nota del transcriptor: la ortografía del original no ha sido
actualizada.]




VIAJES

POR

ESPAÑA

DE

D. PEDRO ANTONIO DE ALARCÓN

DE LA REAL ACADEMIA ESPAÑOLA

VISITA AL MONASTERIO DE YUSTE, DOS DÍAS EN SALAMANCA.--LA GRANADINA.--DE
MADRID A SANTANDER. PRIMER VIAJE A TOLEDO.--EL ECLIPSE DE SOL DE 1860.
CUADRO GENERAL DE VIAJES.

TERCERA EDICIÓN

MADRID

EST. TIPOGRÁFICO «SUCESORES DE RIVADENEYRA»,

_Paseo de San Vicente, núm. 20_

1907

_Es propiedad del Autor.--Quedan hechos los depósitos que marca la
Ley._




ÍNDICE

DEDICATORIA.--_Al Sr. D. Mariano Vázquez_

Una visita al Monasterio de Yuste

Dos días en Salamanca

La Granadina

De Madrid á Santander

Mi primer viaje á Toledo

El eclipse de sol de 1860

Cuadro general de mis viajes por España




AL SEÑOR D. MARIANO VÁZQUEZ,

MAESTRO DE MÚSICA, INDIVIDUO DE NÚMERO DE LA REAL ACADEMIA DE BELLAS
ARTES, COMENDADOR DE LA REAL Y DISTINGUIDA ORDEN DE CARLOS III, Y DE
NÚMERO DE LA DE ISABEL LA CATÓLICA.


_Mi muy querido Mariano: Juntos hemos hecho, no sólo algunos de los
viajes que menciono en la presente obra, como el de_ Madrid á Toledo _y
el de_ El Escorial á Ávila, _sino también el muy más importante_ de la
adolescencia hasta la vejez, _pasando por los desiertos de la
ambición_.....

_Saliste tú de aquella metódica y bendita casa de la calle de Recogidas
de Granada, en donde, puedo decir que sin maestro, aprendiste á
interpretar las sublimes creaciones del Haydn español, ó sea del maestro
Palacios, del colosal Beethoven, del profundo Weber, del apasionado
Schubert y de otros grandes compositores casi desconocidos entonces en
nuestra Península; y salí yo de mi seminario eclesiástico de Guadix
(fundado sobre las ruinas de un palacio moro), llevando en pugna dentro
de mi agitado cerebro á Santo Tomás y á Rousseau, á Job y á lord Byron,
á Fr. Luis de León y á Balzac, á Savonarola y á Aben-Humeya....._

_Nuestro encuentro, hoy mismo hace_ treinta años, _fué en la
Alhambra..... Allí estaban ya reunidos, soñando también con la gloria,
los demás que de cerca ó de lejos habían de acompañarnos en la
peregrinación.--Fernández Jiménez, Moreno Nieto, Castro y Serrano,
Manuel del Palacio, tu pobre hermano Pepe, Antonio de la Cruz, Salvador
de Salvador, Pérez Cossío, Soler, Pepe Luque, Moreno González, Pineda_,
e tanti altri, _hoy ya viejos ó muertos, levantaron el vuelo con
nosotros ó como nosotros, desde aquella deliciosa mansión, en que
habíamos formado la célebre sociedad de_ La Cuerda, _hasta las ingratas
orillas del Manzanares, donde algunos seguimos viviendo juntos dos años
más, bajo la denominación de_ Colonia Granadina..... _¡Calle del Mesón
de Paredes! ¡calle de los Caños! ¡fonda del Carmen, que ya no existes!
¡ventorrillos, ventas y posadas, en que tan pobre y alegremente
pernoctamos durante nuestras primeras etapas por el mundo de las Letras,
de las Artes, de las Ciencias ó de la Política!..... ¿Quién os dijera
que muchos de aquellos locos mozuelos que tan dificultosamente pagaban
el gasto diario y tan alborotada traían la vecindad, habían de
convertirse en estas graves personas que hoy se complacen en recordar,
como inverosímiles leyendas, ó cual si refiriesen travesuras de sus
propios hijos, aquellas graciosas cuanto inocentes calaveradas, no
reñidas con el más asiduo y heroico trabajo?

En Dios y mi ánima te juro, reduciéndome á hablar de ti, Mariano mío,
que cuando, hace poco tiempo, te veía dirigir con universal aplauso la
orquesta del teatro Real, de donde mengua es de España que estés alejado
y donde no has sido sustituído ni lo serás nunca; cuando escuchaba á
insignes artistas nacionales y extranjeros ensalzar tu nombre sobre el
de todos los que habían ocupado aquel verdadero trono de la Música, me
regocijaba tu gloria cual si fuera mía, ó por lo menos, de toda la_
Colonia Granadina, _de_ 1854 _á_ 1856, _y que igual placer y ufanía
siento cada vez que asisto á los grandes triunfos que sigues alcanzando
como Director de la sabia_ Sociedad de Conciertos, _admiración de
propios y extraños_.....

_Todas estas cosas, que nunca te he dicho privadamente, tenía ganas de
decirte en público, y por eso y para eso te dedico ese libro, en que
varias veces te nombro y en que figuras como actor y parte.--Mucho
lamento no haber podido escribir en él nuestras visitas á_ Toledo _y á_
Ávila _tan extensamente como algunas otras de mis expediciones
artísticas ó poéticas; pero tú suplirás con tu buena memoria lo que yo
omita al hacer mención de aquéllas, y volverás á reirte homéricamente al
recordar al_ Tío Tereso _de Toledo y al_ cicerone _que sólo tenía empeño
en que viéramos la_ campana gorda _de la Catedral, ó bien cuando te
representes en la imaginación aquella mañana deleitosísima en que, con
tu hermano Paco, salimos á esperar á los arrieros que llevan de_ El
Barco de Ávila _á la estación de_ Ávila _la rica uva que tanto se estima
en Madrid, y nos comimos no sé cuántas libras por cabeza, al otro lado
de la ciudad, recostados en una romancesca muralla de color de naranja
marchita, dando cara á un paisaje verde y pedregoso, más activos y
descuidados que á la presente, y con mucho, muchísimo menos luto en el
alma....._

_Adiós, Mariano. Recibe con indulgencia este libro, y recibe también un
abrazo fraternal de tu paisano, amigo y compañero de viaje,_

PEDRO.

Madrid, 18 de Enero de 1883.




UNA VISITA AL MONASTERIO DE YUSTE

I


Si sois algo jinete (condición _sine qua non_); si contáis además con
cuatro días y treinta duros de sobra, y tenéis, por último, en
_Navalmoral de la Mata_ algún conocido que os proporcione caballo y guía
podéis hacer facilísimamente un viaje de primer orden--que os ofrecerá
reunidos los múltiples goces de una exploración geográfico-pintoresca,
el grave interés de una excursión historial y artística, y la religiosa
complacencia de aquellas romerías verdaderamente _patrióticas_ que, como
todo deber cumplido, ufanan y alegran el alma de los que todavía
respetan algo sobre la tierra.....--Podéis, en suma, visitar el
_Monasterio de Yuste_.

Para ello..... (suponemos que estáis en Madrid) empezaréis por tomar un
billete, de berlina ó de interior, hasta _Navalmoral de la Mata_, en la
«Diligencia de Cáceres»[1],--que sale diariamente de la calle del Correo
de ésta que fué corte, á las siete y media de la tarde.

La carretera es buena por lo general, y en ningún paraje peligrosa.
Pasaréis sucesivamente por la _Dehesa de los Carabancheles_, donde los
Artilleros _tenían_ establecida su muy notable _Escuela práctica_;--por
las _Ventas de Alcorcón_ y por _Alcorcón_ mismo, que es como si
dijéramos por el Sèvres de los actuales madrileños;--por _Móstoles_,
donde os acordaréis de su órgano y de su célebre Alcalde del año de
1808;--por _Navalcarnero_, uno de los principales lagares que surten de
peleón á Madrid;--por _Valmojado_, que nada tiene de mojado ni de valle,
pues ocupa un terreno muy alto y arcilloso;--por _Santa Cruz del
Retamar_, abundante en fiebres intermitentes y en carbones;--por
_Maqueda_, todavía monumental hoy, cuanto poderosa en la antigüedad
romana y en tiempos de nuestra doña Berenguela,--y, en fin, por _Santa
Olalla_, patria del historiador Alvar Gómez de Castro y del predicador
Cristóbal Fonseca, ambos insignes varones y literatos;--con lo cual, al
amanecer (dado que viajéis, como os lo aconsejamos, en primavera ó en
otoño), os encontraréis en _Talavera de la Reina_, confirmada (supongo)
recientemente con el nombre de _Talavera de la República federal_.

Dicho se está que en todo este trayecto no habéis visto casi nada, á
causa de la obscuridad de la noche y de haber ido proveyéndoos de
_sueño_, ó bien de _dormición_ ó _dormimiento_ (como se decía antaño,
para evitar confusiones entre la gana y el acto de dormir), y en ello
habréis hecho perfectamente, pues no os esperan grandes _hôteles_, que
digamos, en toda vuestra romería;--pero al llegar á _Talavera_, donde se
detiene el coche una hora y se toma chocolate, despertaréis sin duda
alguna, y podréis ver al paso muchas y muy buenas cosas.....

Por ahorraros gastos, no presuponemos que caéis en la tentación de pasar
todo un día en aquella ilustre villa, cuna del ínclito Padre Mariana;
rica de monumentos arquitectónicos; emporio de los opimos frutos y
frutas de todo el país que vais á recorrer; renombrada por sus barros
cocidos, que os indemnizan del bochorno cerámico que pasasteis en
Alcorcón, y vecina del memorable campo de batalla en que españoles é
ingleses dimos tan buena cuenta de José Napoleón, de Sebastiani, de
Víctor y de otros generales del Imperio, con más de 50.000 soldados
vencedores de Europa.....--En otro caso vierais allí, además de las
murallas, y la catedral, y los conventos, y los palacios, los
celebérrimos jardines y alamedas que forman un paseo público á la orilla
del noble _Tajo_.....--Pero ¡nada! vosotros vais á _Yuste_
exclusivamente, y no podéis deteneros en parte alguna.....

Montaréis, pues, de nuevo en la Diligencia, y, dejando á la izquierda el
gran río y viendo siempre á la derecha la cadena del Guadarrama (que,
con el nombre de Sierra de Gredos y otros, se extiende hasta Portugal),
continuaréis vuestro camino y cruzaréis por delante de la imponente
villa de _Oropesa_, de aspecto feudal, coronada por su viejo castillo y
presidida por el magnífico palacio de los antiguos Condes de Oropesa,
hoy Duques de Frías.....--Como sabéis á dónde vais, no dejaréis
seguramente de saludar agradecidos aquella villa, ni de pensar con
reverencia en los mencionados Condes, cuyos recuerdos habéis de
encontrar íntimamente ligados con los _del Monasterio de Yuste_; y,
cumplida esta obligación, pasaréis por la _Calzada de Oropesa_, último
pueblo de la provincia de Toledo; entraréis poco después en Extremadura,
y, en fin, á eso de las doce del día os hallaréis en _Navalmoral de la
Mata_.

En aquella importante villa, perteneciente ya á la provincia de Cáceres,
cabeza de partido judicial y distante de Madrid 172 kilómetros, es
donde os esperan el caballo y el guía. Dejaréis, por tanto, seguir á la
Diligencia su rumbo al Sudoeste, y vosotros tomaréis el sendero que
preferían siempre los Condes de Oropesa para dirigirse á _Yuste_ desde
su mencionada villa señorial, ora cuando el famoso Garci-Álvarez iba, á
principios del siglo XV, á proteger la fundación del Monasterio, ora
cuando un descendiente suyo acudía, ciento cincuenta años después, á
visitar á Carlos V ó á asistir á sus exequias.--Es decir, que os
encaminaréis al lugarcillo de _Talayuela_ (12 kilómetros); pasaréis por
la _barca_ del mismo nombre el caudaloso _Tiétar_, tan desprovisto de
puentes; entraréis en la célebre _Vera de Plasencia_, y, por _Robledillo
de la Vera_, iréis á hacer noche á _Jarandilla_.

De este modo, habiendo andado unas diez y siete horas en coche y cosa de
seis leguas á caballo, os hallaréis, á las veinticuatro horas de haber
salido de Madrid, á legua y media de _Yuste_, en una villa importante
(_Jarandilla_ es cabeza de otro partido judicial), perteneciente también
á los Estados de Oropesa ó Frías, cuyo palacio ó casa solariega albergó
algunos meses al nieto de los Reyes Católicos mientras acababan de
disponerle sus habitaciones en el convento.

Nosotros os dejamos ahora allí--donde creemos no os falte la necesaria
industria para buscar la posada, cenar, acostaros y trasladaros á la
mañana siguiente, muy tempranito, al lugar de _Quacos_, distante de
_Yuste_ un cuarto de legua, y donde vive el administrador del Sr.
Marqués de Miravel, actual dueño del Monasterio (administrador que es
muy amable y que os acompañará en vuestra visita, ú os proporcionará los
medios de que lo veáis todo á vuestro sabor); nosotros os dejamos en
_Jarandilla_, repetimos, y, retrocediendo á las orillas del _Tiétar_,
vamos á exponeros cómo y por donde llevamos á cabo, por nuestra parte,
hace poco tiempo, y arrancando de otro lugar, esta misma excursión al
célebre retiro del que fué dueño del mundo.

* * *

Cinco kilómetros más abajo de _Talayuela_, ó sea de su _barca_, hay una
hermosa finca, denominada el _Baldío_, situada en majestuosa, pero muy
alegre soledad.

El _Baldío_ forma una especie de anfiteatro sobre el _Tiétar_, que es su
límite al Norte. En medio de este anfiteatro se eleva el caserío,
teniendo al Sur un soberbio pinar y á los lados extensos bosques de
robles ó de encinas. Por las ventanas de todas sus habitaciones, que dan
al septentrión, se descubre: primero, una faja de vega, de un kilómetro
de ancho, que va á morir en el río; luego el mismo río, orlado de
pomposas arboledas, y, á su otra margen, un segundo anfiteatro, que es
la _Vera de Plasencia_, y que termina en las perpetuas nieves de las
Sierras de Jaranda y de Gredos.

Las ventanas del _Baldío_ dan, pues, frente al _Monasterio de Yuste_,
escondido en una leve ondulación de la falda meridional de la _Sierra de
Jaranda_, pero cuya situación y cercanías se divisan perfectamente.--Es
decir, que el _Baldío_ y _Yuste_ tienen un mismo horizonte y están
incluídos en la misma cuenca general del terreno, por cuyo fondo corre
mansamente el _Tiétar_, navegable en aquella región, y tan grandioso y
opulento como el propio _Tajo_, á quien poco después rinde vasallaje.

Tres leguas escasas (dos á vuelo de pájaro) dista _Yuste_ del _Baldío_,
y nosotros, que residíamos accidentalmente en este último paraje,
llevábamos muchos días de contemplar á todas horas aquel otro solitario
lugar, encerrado entre una gran sierra y un gran río, sin más
comunicación con el mundo que unas poco frecuentadas veredas, y donde
había pasado los últimos dos años de su vida aquel que llenó el universo
con su nombre y sus hazañas, y cuyos dominios no dejaba nunca de
alumbrar el sol.

Un porfiado temporal había ido retrasando la visita que desde que
llegamos al _Baldío_ nos propusimos hacer á _Yuste_, hasta que al fin
serenóse el tiempo, y el día 3 de Mayo (del presente año de 1873)
montamos á caballo; pasamos el _Tiétar_ por otra _barca_, propiedad de
nuestro amable y querido huésped, penetramos en la _Vera de Plasencia_,
y nos dirigimos al insigne Monasterio por el camino de _Jaraiz_.

Ninguna estación más á propósito para apreciar y admirar todos los
encantos de la famosísima _Vera_, país de la fertilidad y de la
incomunicación; especie de Alpujarra chica, en que el río hace las veces
del mar, y Sierra de Jaranda y Sierra de Gredos suplen por la colosal
Sierra Nevada.

La primavera estaba en todo su esplendor.--Primero caminamos por
magníficas dehesas, sobre una llanísima alfombra de verdura y bajo un
dosel de magníficos robles, encinas, fresnos, sauces y almeces, á través
de cuyos severos troncos penetraba horizontalmente el alegre sol de la
mañana. Después salimos á un monte cubierto de jarales floridos, cuyas
blancas flores eran tantas, que parecía que el monte estaba nevado.
Luego pasamos el hondo _río Jaranda_, por el tosco, sabio y gracioso
_Puente de la Calva_, y principiamos la ascensión á _Jaraiz_, risueña y
populosa villa, por cuyos arrabales desfilamos á eso de las ocho.

Estábamos á una legua de _Yuste_. Esta legua recorre un país abrupto,
selvático, atroz; pero pintoresco á sumo grado. Hay sobre todo un
paraje, llamado la _Garganta de Pelochate_, que es digno de los honores
del pincel y de la fotografía. Allí se despeña rapidísimo un espumoso
río por planos inclinados de formidables rocas, sobre las cuales se
eleva á extraordinaria altura cierto viejo y gastado puente de tablas,
atravesando el cual no puede uno menos de encomendar el alma á Dios. Las
orillas de esta semicatarata son de una rudeza y amenidad imponderables,
así como es muy celebrada, y ciertamente fresquísima y muy delgada y
gustosa, el agua de la gran fuente que de una peña brota al otro lado de
aquel abismo.

Pasada la _Garganta de Pelochate_, podíamos escoger dos senderos para
llegar á _Yuste_: el uno va por _Quacos_, lugarcillo de 300 vecinos,
que, como hemos apuntado, dista un cuarto de legua del Monasterio; el
otro..... no existe verdaderamente, sino que lo abre cada viajero por
donde mejor se le antoja, caminando á campo travieso.....

Nosotros escogimos este último, á pesar de todos sus
inconvenientes.--Una aversión invencible, una profunda repugnancia, una
antipatía que rayaba más en fastidio que en odio, nos hacía evitar el
paso por _Quacos_.

Y era que recordábamos haber leído que los habitantes de este lugar se
complacieron en desobedecer, humillar y contradecir á Carlos V durante
su permanencia en _Yuste_, llegando al extremo de apoderarse de sus
amadas vacas suizas, porque casualmente se habían metido á pastar en
término del pueblo, y de interceptar y repartirse las truchas que iban
destinadas á la mesa del Emperador. Hay quien añade que un día
apedrearon á _D. Juan de Austria_ (entonces niño), porque lo hallaron
cogiendo cerezas en un árbol perteneciente al lugarejo....

Pero ¿qué más? ¡Aun hoy mismo, los hijos de _Quacos_, según nuestras
noticias, se enorgullecen y ufanan de que sus mayores amargasen los
últimos días del César, por lo que siguen tradicionalmente la costumbre
de escarnecer el entusiasmo y devoción histórica que inspiran las ruinas
de _Yuste_!....

Alguien extrañará que Carlos V no declarase la guerra á los habitantes
de _Quacos_, pidiendo á su hijo Felipe II veinte arcabuceros que les
ajustasen las cuentas.... Pero ¡ah! el vencedor de Europa no había ido
al convento en busca de guerra, sino de paz, y, por otra parte, si
hubiese castigado á aquellos insolentes, el desacato y desamor de éstos
se habrían hecho públicos y dado margen á mil comentarios en toda
Europa.--Los pequeños lo calculan muy bien todo cuando se atreven á
insultar la misma grandeza á cuyos pies solían arrastrarse
miserablemente.....--El Emperador se hizo, pues, el desentendido, y
devoró en silencio, como una penitencia, aquellas mortificaciones de su
orgullo.

Conque decía que nosotros anduvimos á campo travieso la última media
legua que nos separaba de _Yuste_. Pronto nos sirvió de guía el propio
_Convento_, que vimos aparecer allá á lo lejos, al pie de una árida
ladera de _Sierra de Jaranda_, que lo defiende de los vientos del
Norte.--Por la parte del Sur lo resguarda también de las miradas del
mundo cierta suave colina, que forma con la dicha sierra una especie de
vallecejo ó cañada, cuya máxima longitud descubríamos nosotros sin
dificultad, por ir entonces marchando de Poniente á Levante.

El aspecto del _Monasterio_, á aquella distancia, realizaba
completamente el poético ideal que nos habíamos formado de él desde
niños, y que hace veinte años nos sugirió algunas páginas tituladas:
_Dos retratos_[2].--Cercado de robles y sombreado más intensamente á la
parte del Sur por una verde cortina de corpulentos, piramidales olmos,
aquel antiguo refugio de los desengañados de la tierra parecía como un
oasis en medio del desierto, como una isla en un océano tormentoso. Tan
rica vegetación, tanta lujosa verdura, tan abrigada soledad y las
austeras líneas de la Santa Casa que destacaba su mole, de un color gris
de hoja seca, sobre la obscuridad del ramaje, contrastaban dulcemente
con el áspero y desordenado panorama que se veía en torno, con los
esquivos montes, con las bruscas quebradas, con los rudos matorrales,
con la misma pedregosa tierra que cruzábamos.

Finalmente, salimos al camino que vosotros tendríais que seguir para
llegar á _Yuste_, esto es, al que desde el pobre _Quacos_ sube al
_Monasterio_.....

Ó, por mejor decir, nosotros ya estábamos casi en el _Monasterio_
mismo....

* * *

Una enorme cruz de piedra y una alta cerca ó tapia de cenicientos
peñones nos decía que allí principiaba la sagrada jurisdicción de
_Yuste_.

Por aquel escabroso camino, en que sólo nos restaba que andar algunos
pasos, llegó Carlos V á su final retiro el día 3 de Febrero de 1557, y
por el propio sendero pasó su cadáver, después de haber yacido allí
algunos años, para ir á continuar su sueño eterno en el panteón de El
Escorial.--Ya veremos más adelante cómo este sueño ha sido también
turbado recientemente en el imperial sarcófago de San Lorenzo, y cómo
nosotros llegamos, por nuestra parte, á profanar asimismo con la mirada,
en pública y sacrílega exhibición, la momia del invicto César.

Detengámonos ahora á contemplar un inmenso _Escudo_ de piedra que adorna
la alta cerca de que hablamos antes.--Él resume y compendia todo lo que
hemos de ver y de pensar dentro de Yuste.

Aquel _Escudo_, abrigado por las poderosas alas del águila de dos
cabezas y encerrado entre las dos columnas de Hércules, con la leyenda
de _Plus ultra_, comprende en sus cuarteles las armas de todos los
Estados del augusto Monje.--De estas armas resulta que el hombre que fué
allí á abreviar voluntariamente su vida y á anticipar su muerte, acababa
de ser en el mundo[3]: «Emperador de los romanos, Rey de Alemania, de
Castilla, de León, de Aragón, de las dos Sicilias, de Jerusalén, de
Hungría, de Dalmacia, de Navarra, de Granada, de Toledo, de Valencia, de
Galicia, de Sevilla, de Mallorca, de Cerdeña, de Córdoba, de Córcega, de
Murcia, de Jaén, de los Algarbes, de Algeciras, de Gibraltar, de las
islas de Canaria, de las Indias, Islas y Tierra Firme del mar Océano;
Archiduque de Austria, Duque de Borgoña, de Brabante, de Loteringia, de
Corincia, de Carmola, de Luzaburque, de Luzemburque, de Gueldres, de
Athenas y Neopatria; Conde de Brisna, de Flandes, del Tirol, de
Abspurque, de Artoes y de Borgoña; Palatino de Nao, de Holanda, de
Zelanda, de Ferut, de Fribuque, de Amuque, de Rosellón, de Aufania;
Lantzgrave de Alsacia; Marqués de Borgoña y del Sacro Romano Imperio, de
Oristán y de Gociano; Príncipe de Cataluña y de Suevia; Señor de Frisa,
y de la Marca, y de Labomo, de Puerta; Señor de Vizcaya, de Molina, de
Salinas, de Tripol, etc.»

Encima del _Escudo_ hay un _Medallón_ con un busto de San Jerónimo en
alto relieve.

Debajo del _Escudo_ se lee esta _Inscripción_, casi borrada por la
acción del tiempo sobre la mala calidad de la piedra:

«_En esta santa casa de San Jerónimo se retiró á acabar su vida el que
toda la gastó en defensa de la Fe y conservación de la Justicia, Carlos
V, Emperador, Rey de las Españas, cristianísimo, invictísimo. Murió á 21
de Septiembre de 1558._»

Acerca de esta misma vida, _gastada toda_ efectivamente en una perpetua
campaña, ocúrrenos copiar aquí algunas palabras del discurso en que
Carlos V abdicó en su hijo los Estados de Flandes, pocos meses antes de
retirarse á Yuste.

«Nueve veces (dijo, á fin de justificar ante su corte el cansancio y los
achaques en que fundaba su determinación), nueve veces fuí á Alemania la
Alta, seis he pasado en España, siete en Italia, diez he venido aquí, á
Flandes, cuatro, en tiempo de paz y guerra, he entrado en Francia, dos
en Inglaterra, otras dos fuí contra África, las cuales todas son
cuarenta, sin otros caminos de menos cuenta que por visitar mis tierras
tengo hechos. Y para esto he navegado ocho veces el mar Mediterráneo y
tres el Océano de España, y agora será la cuarta que volveré á pasarle
para sepultarme.....»

Pero nosotros no escribimos la historia de Carlos V, sino en todo caso
la de _Yuste_. Bueno será, pues, que antes de penetrar en el Monasterio
digamos todo lo que se sabe acerca de su fundación y rápido desarrollo
hasta el momento en que representó tan importante papel en el mundo, así
como respecto de su lamentable ruina.


II

El breve bosquejo que vamos á hacer de la historia del Monasterio de
Yuste desde su fundación hasta los tiempos presentes, no supone de
nuestra parte prolijas investigaciones ni detenidos estudios. Significa
tan sólo que, cuando visitamos aquellas venerables ruinas, tuvimos la
fortuna de que el celoso empleado que las custodia nos enseñase y nos
permitiese extractar rápidamente un preciosísimo _infolio_ manuscrito
que guarda allí como oro en paño el Sr. Marqués de Miravel, actual
propietario de aquellos que llegaron á ser _bienes nacionales_.

Dicho manuscrito, que constituye un abultado tomo, pudiera llamarse la
_Crónica del Convento_, y fué redactado por uno de los últimos
religiosos que habitaron aquella soledad--por el P. _Fr. Luis de Santa
María_,--quien se valió para ello del Libro de Fundación del Monasterio,
de las Actas de profesión de sus individuos y de las Escrituras y
Cuentas referentes á los pingües bienes que llegó á poseer la Comunidad.

Con este libro, y con las muchas noticias y apuntes que nos ha
suministrado una persona muy estudiosa y versada en todo lo concerniente
á la _Vera de Plasencia_--el Sr. D. Félix Montero Moralejo--hemos tenido
lo bastante para aprender en pocas horas cuanto puede saberse acerca de
_Yuste_; como vosotros, lectores, podréis aprenderlo también en un
momento, si nos prestáis vuestra benévola atención.

* * *

«En el año de 1402, sobre una de las colinas que se elevan al Norte del
actual convento, alzábase una pequeña ermita, llamada del _Salvador_, á
la cual iban anualmente, en alegre y devota romería, los pueblos
comarcanos. Cerca de aquel modesto santuario había un rico manantial,
conocido por la _Fuente-Santa_, nombre que debió á la catástrofe
ocurrida á catorce Obispos que, refugiados en la dicha ermita cuando la
invasión de los árabes, fueron descubiertos por éstos y degollados
bárbaramente sobre el cristalino manantial, rojo luego con la sangre de
aquellos ilustres mártires[4].

»Sin duda alguna, á la celebridad de este acontecimiento y á la
veneración en que los naturales de la _Vera_ tenían la _Ermita del
Salvador_, debióse que por entonces resolvieran trasladarse á ella y
establecerse allí dos santos anacoretas que moraban hacía tiempo en la
ermita de San Cristóbal de Palencia.

»Ello es que en una hermosa tarde del mes de Junio de 1402 (la tradición
así lo refiere), _Pedro Brales_ ó _Brañes_ y _Domingo Castellanos_, con
tosco sayal y larga barba, precedidos de un jumento, portador de escasos
y pobres enseres, después de una jornada de siete leguas que dista la
ciudad de Plasencia, llegaban al obscurecer al escabroso y elevado sitio
que ocupaba la _Ermita del Salvador_, y, en ella instalados,
continuaron, como en la de San Cristóbal, su vida cenobítica y
penitente, á que se prestaba más y más aquel solitario sitio.

»Sin embargo, la considerable altura á que éste se encontraba, en la
ladera misma de la sierra, y los augurios de algunas personas del
inmediato pueblo de _Quacos_, hicieron pronto temer á los ermitaños que
les fuera imposible habitar la _Ermita del Salvador_ en la estación de
las nieves y las aguas. Pero era tan majestuosa, por lo deleitable y
absoluta, la soledad en que allí vivían, que de manera alguna quisieron
abandonarla por completo, y á fin de evitar el peligro de helarse que
podrían correr en las escarpadas rocas donde moraban, bajaron á
inspeccionar las faldas de aquella misma sierra en busca de un paraje lo
más próximo posible al _Salvador_, donde al abrigo de los elementos
pudiesen continuar su vida de penitencia.

»Así llegaron á un escondido barranco, por en medio del cual corría el
cristalino arroyo llamado _Yuste_, á cuyas orillas crecían algunos
árboles, y donde toda la naturaleza se mostraba más benigna que en los
alrededores. Parecióles aquel punto muy á propósito para establecerse,
y, sentándose bajo un árbol á descansar de su largo reconocimiento,
proyectaban ya bajar á _Quacos_ al siguiente día á tratar de la
adquisición de aquel terreno, cuando apareció por allí un hombre, que se
les acercó afablemente y trabó conversación con ellos como si los
conociera de toda la vida.

»Pronto supieron por sus explicaciones que era un vecino de _Quacos_,
llamado _Sancho Martín_, propietario de todo aquel barranco, y que
casualmente había subido aquella tarde á recorrerlo, cosa que no solía
hacer. Enteróse por su parte el recién llegado campesino del deseo de
ambos cenobitas, y en aquel mismo punto y hora hízoles donación del
pedazo de terreno que necesitaban, asaz inculto por cierto; donación que
se confirmó en 24 de Agosto de aquel mismo año de 1402, ante el
escribano Martín Fernández de Plasencia.--Por eso el modesto labrador
_Sancho Martín_ ocupa el primer lugar en la Crónica de Fr. Luis de Santa
María, entre los protectores del Monasterio de Yuste; lista en que más
adelante figuran potentados y monarcas.

»Poco tiempo después se unieron á los dos citados cenobitas otros varios
hombres piadosos que deseaban también consagrarse á una vida retirada y
ascética, entre los cuales descollaron pronto _Juan_ (de Robledillo) y
_Andrés_ (de Plasencia), cuyos apellidos no dicen las crónicas,
designándolos únicamente con el de los pueblos en que nacieron, y todos
juntos dedicáronse á construir sus celdas en el terreno donado por
Sancho Martín, que es el que hoy ocupan la Panadería, la Casa del Obispo
y las Caballerizas. Aquellas celdas fueron al principio sumamente toscas
y reducidas, cual convenía al objeto de los fundadores, quienes no
dejaron de seguir cuidando también la _Ermita del Salvador_ y de orar en
ella diariamente.

»Cinco años de reposo, oración y penitencia pasaron allí aquellos
solitarios; pero á fines de 1406 los oficiales de diezmos principiaron á
fijar su atención en los _Hermanos de la pobre vida_, nombre que habían
adoptado los anacoretas establecidos á la orilla del arroyo _Yuste_.
Negábanse éstos á pagar la contribución que se les exigía, fundándose en
la escasez de los productos de su huerta y artefactos, y, apremiados por
los oficiales, acudieron á D. Vicente Arias, Obispo de Plasencia, para
que los eximiese del diezmo. El Prelado denegó la solicitud, y ordenó
que pagasen incontinenti todo lo que se les exigía.

»Atribulados cuanto sorprendidos los _Hermanos de la pobre vida_ con tan
acre é inesperada resolución, acordaron elevar al Papa Benedicto XIII
una súplica pidiéndole autorización para erigir una capilla á San Pablo,
primer ermitaño; y Juan de Robledillo y Andrés de Plasencia encargáronse
de llevar á Roma la solicitud. Llegaron al fin éstos á la Ciudad
Eterna, después de una larga y penosa marcha á pie y mendigando, y
arrojáronse á los pies de Su Santidad, quien, no sólo les concedió
cuanto pedían, sino que por una Bula les otorgó campanillas, campana,
cementerio y licencia para que celebrasen Misa en aquella soledad todos
los ermitaños que fuesen sacerdotes.--Esta concesión tuvo efecto en
1407.

»Extraordinario fué el júbilo que experimentaron y con que fueron
recibidos en _Yuste_ los dos animosos comisionados, los cuales, dos días
después de su llegada, se presentaron con la Bula ante el Obispo de
Plasencia, á fin de que ordenase su ejecución. Pero el Prelado,
creyéndose herido en su dignidad, cuando sólo podía estarlo en su amor
propio, por aquel triunfo de los humildes cenobitas, negó temerariamente
su obediencia al mandato pontificio, y ordenó á cierto religioso llamado
fray Hernando que pasase á _Yuste_ y se incautase de _los bienes_ de los
ermitaños, despidiéndolos además de sus celdas.--Así lo verificó el
fraile, y los _Hermanos de la pobre vida_ bajaron á Quacos, en donde la
caridad pública les dió albergue y limosna.

»No se desalentaron los cenobitas, ni eran hombres fáciles de vencer los
dos recién llegados de Roma.--Muy por el contrario: estos infatigables
varones, sin descansar de su larga y penosa peregrinación,
encamináronse á Tordesillas, residencia entonces del infante D.
Fernando, hermano del rey de Castilla D. Enrique III _el Doliente_, y le
expusieron sus agravios, pidiéndole protección contra el Obispo de
Plasencia. Favorable acogida alcanzaron los dos comisionados en el ánimo
de aquel ilustre Príncipe, quien comenzó, á fuer de prudente y
morigerado, por entregarles una carta para el mismo prelado Arias, en
que le suplicaba devolviese los bienes á los _Hermanos de la pobre vida_
y les permitiera hacer uso de la concesión del Sumo Pontífice. Pero el
que había desobedecido al sucesor de San Pedro, no reparó tampoco en
desatender la respetuosa carta del hermano del Rey, y los dos religiosos
tornaron presto al lado del Infante con la noticia de que el Obispo no
había hecho caso alguno de su respetuosa cuanto respetable
recomendación.

»Enojóse grandemente D. Fernando, y maravillado de aquella tenaz
rebeldía, al par que decidido á vencerla, entregó á los monjes una carta
para D. Lope de Mendoza, Arzobispo de Compostela, de quien era
sufragáneo el obispo Arias, encargándoles volviesen á darle cuenta de
cómo los había recibido y de las disposiciones que había tomado.
Partieron, pues, Juan de Robledillo y Andrés de Plasencia á Medina del
Campo, punto en que residía el Arzobispo, el cual, leído que hubo, con
tanta indignación como asombro, la carta de D. Fernando, ampliada con el
relato de los dos humildes ermitaños, albergó cariñosamente á éstos en
su propia posada, y cuando los vió repuestos de tan continuos viajes y
sinsabores, dióles dos cartas, una de ellas para el rebelado Obispo, en
que, bajo santa obediencia y pena de excomunión, le ordenaba cumplir lo
mandado por Su Santidad, y otra para _Garci-Álvarez de Toledo_, señor de
Oropesa, rogándole se encargase de la ejecución de lo preceptuado por el
Papa, á cuyo fin le autorizaba para que obligase al obispo Arias á
devolver sus bienes á los _Hermanos de la pobre vida_.

»La fecha de estas dos cartas es de 10 de Junio de 1409.

»Provistos de ellas, pasaron otra vez los dos religiosos á Tordesillas,
y se las mostraron al infante D. Fernando, el cual se complació mucho en
leerlas y les dió otra para el mismo Garci-Álvarez, recomendándole
vivamente el negocio que le había cometido el ilustre Arzobispo de
Compostela.

»Veraneaba á la sazón en su palacio señorial de Jarandilla el poderoso
señor de Oropesa Garci-Álvarez, quien recibió á los dos cenobitas con
extraordinaria benevolencia, y enterado de los escritos de que eran
portadores, les manifestó que, siendo aquel día la festividad del
Nacimiento de San Juan Bautista, dejaba para el siguiente el pasar á
Yuste, á donde podían ellos marchar desde luego (Yuste dista de
Jarandilla poco más de una legua, como ya hemos indicado), á decir á sus
hermanos que se les haría cumplida justicia. Con esto, dirigiéronse
ambos comisionados á Quacos, donde residía el resto de la Comunidad,
caritativamente albergada por aquellos vecinos, entonces muy partidarios
de todo lo que hacía relación con el naciente Monasterio de Yuste; y,
llegado que hubieron Plasencia y Robledillo al puente situado á la
entrada del lugar, fueron recibidos por unos y otros con abrazos y
fraternal regocijo; con lo que, siendo la hora de vísperas,
trasladáronse todos á la iglesia á dar gracias al Señor por la victoria
que les había concedido.

»En la mañana del siguiente día, 25 de Junio, cuando apenas alboreaba,
el señor de Oropesa y un su amigo de Trujillo, que veraneaba con él en
Jarandilla, y cuyo nombre omiten las crónicas, caballeros en briosos
corceles y seguidos de brillante comitiva, pasaron por Quacos con
dirección á Yuste. El concejo y vecinos de aquel lugar, y, por supuesto,
todos los despojados anacoretas, siguieron á pie al esclarecido magnate,
entre grandes aclamaciones, y de este modo llegaron al Monasterio, donde
permanecía Fr. Hernando como administrador ó encargado del Obispo de
Plasencia.

»Aquel religioso intentó al principio eludir el cumplimiento de las
órdenes que llevaba Garci-Álvarez; pero éste mostró tal energía y asustó
de tal manera al _fraile intruso_ (así le llama el libro del convento),
que Fr. Hernando acabó por hacer entrega de todos los bienes de Yuste á
los _Hermanos de la pobre vida_, á quienes donaron por su parte gruesas
sumas el de Oropesa y el caballero trujillano, ofreciéndoles al
despedirse constante protección para cuanto se les ocurriese en lo
sucesivo.

»Pero de aquí en adelante todo fué ya favorable á la santa empresa de
aquellos animosos solitarios. Desde luego pusiéronse bajo la vocación de
San Jerónimo y protección de fray Velasco, prior de los Jerónimos de
Guisando, hasta que en 1414 los vemos acudir á Guadalupe, asiento del
Capítulo general de la Orden, solicitando ingresar en ella y ser
reconocidos como verdadera comunidad. Algunas objeciones les opusieron
los padres graves de Guadalupe, alegando que los _Hermanos de la pobre
vida_ carecían de las _fincas_ ó _elementos necesarios_ para sostener
con decoro la elevada Orden Jerónima; pero Juan de Robledillo y Andrés
de Plasencia acudieron á su protector Garci-Álvarez, que por entonces
residía en Oropesa, el cual montó en seguida á caballo y se presentó
ante el Capítulo de Guadalupe, haciendo suya la solicitud de los
anacoretas de Yuste. Reprodujeron los Jerónimos las razones de su
anterior negativa, y oídas por el señor de Oropesa, exclamó sin vacilar:
«_Pues bien: hoy por mí, mañana por mis descendientes, me obligo á
cubrir todas las necesidades del Monasterio de Yuste_.»

»Ante esta arrogante y caballeresca donación, tan propia del sujeto que
la hacía, el Capítulo declaró Jerónimos á los _Hermanos de la pobre
vida_, quedando así fundado definitivamente el convento que había de ser
orgullo de la Orden.--Su primer Prior fué Fr. Francisco de Madrid,
ignorándose las razones por qué no recayó este cargo ni en Robledillo ni
en Plasencia.--Finó con ello el año de 1414.»

* * *

Tal es la historia de la fundación de _Yuste_.--La de su rápido
crecimiento, esplendorosa magnificencia y lamentable ruina nos detendrá
también muy poco, pues ni ofrece tanto interés dramático como la
porfiada lucha que acabamos de reseñar, ni creemos oportuno diferir
demasiado la narración de nuestra visita á los venerables restos de
aquella santa casa.

Diremos, pues, sucintamente, que D. Juan II, D. Enrique IV y los Reyes
Católicos heredaron del piadoso hermano de D. Enrique III el decidido
empeño de proteger el Monasterio de Yuste; y que, del propio modo, los
Condes de Oropesa siguieron en estos reinados la tradición de
Garci-Álvarez de Toledo y consagraron al propio fin gran parte de sus
rentas.

Al principio se edificó, además de la magnífica iglesia que ya
describiremos, un extenso y cómodo convento, á la verdad nada suntuoso;
pero, á mediados del siglo XVI, los mismos Condes de Oropesa costearon
casi solos otro gran Monasterio (todo de piedra y en el soberbio orden
arquitectónico del Renacimiento), dejando para _Noviciado_ el adyacente
primitivo edificio. La nueva obra, que había de vivir menos que la
antigua, fué terminada en 1554.

Cuando Carlos V concibió la primera idea de retirarse del mundo, fijó
desde luego su atención, como en lugar muy á propósito para acabar
tranquilamente su vida, en el Monasterio de Yuste, cuya fama llenaba ya
el orbe cristiano, no sólo por la grandiosidad de su fábrica y por la
riqueza de la Comunidad, sino también por lo ameno, sosegado y saludable
de aquel solitario sitio. Así es que algunos años antes de su
abdicación, hallándose el César en los Países Bajos, encargó á su hijo
D. Felipe que, antes de partir á casarse con la Reina de Inglaterra,
fuese al célebre convento y plantease en él las habitaciones que debían
construirse para recibirlo y albergarlo en su día.--

El que pronto había de llamarse Felipe II cumplió la orden paterna, y
muy luego empezaron las obras del apellidado _Palacio del Emperador_,
palacio modestísimo, reducido á cuatro grandes celdas, cuyo destino fué
al principio un secreto para los mismos religiosos que allí vivían,
excepción hecha del Prior y de algún otro.

Más adelante veremos cómo Felipe II volvió algún tiempo después á Yuste.
Ahora nos toca decir, con la misma fórmula que emplea el mencionado
cronista de la casa, que Carlos V se estableció definitivamente en ella
_el día de San Blas de 1557, y murió el día de San Mateo de 1558_, de
modo que permaneció allí, haciendo hasta cierto punto vida de anacoreta,
un año, siete meses y diez y ocho días.

Pero no adelantemos los sucesos, pues su viaje desde Flandes al
Monasterio ofreció algunas particularidades dignas de mención, que
merecen párrafo aparte.

* * *

«Renunciadas así una tras otra las coronas--dice la
_Historia_[5]--determinó ya Carlos su viaje á España..... La flota en
que había de venir, que se componía de sesenta naves guipuzcoanas,
vizcaínas, asturianas y flamencas, se reunió en Zuitburgo, en Zelanda,
donde se dirigió Carlos (28 de Agosto), acompañado del rey D. Felipe, su
hijo, de sus hermanas las reinas viudas de Francia y de Hungría, de su
hija María y su yerno Maximiliano, Rey de Bohemia, que habían ido á
despedirle, y de una brillante comitiva de flamencos y españoles.--Al
pasar por Gante no pudo menos de enternecerse, contemplando la casa en
que nació, los lugares y objetos que le recordaban los bellos días de la
infancia, y que visitaba por última vez para no volver á verlos jamás.

»Despidióse tiernamente de sus hijos, abrazó á Felipe, le dió algunos
consejos para su gobierno y conducta, y se hizo á la vela (17 de
Septiembre), trayendo consigo á sus dos hermanas D.ª Leonor y D.ª María,
reinas viudas ambas, que después de tantos años volvían á su patria y
suelo natal. El 28 de Septiembre arribó la flota al puerto de
Laredo.--«_Yo te saludo, madre común de los hombres_, exclamó Carlos al
tomar tierra. _Desnudo salí del vientre de mi madre: desnudo volveré á
entrar en tu seno_.»--A pesar de esta abnegación, todavía se incomodó
mucho por no haber hallado allí el recibimiento que esperaba, y no haber
llegado aún la remesa de 4.000 ducados que preventivamente había pedido
á la Gobernadora de Castilla, su hija, la princesa D.ª Juana, ni el
Condestable, los capellanes y médicos que necesitaba, pues los más de
los capellanes y criados venían enfermos y algunos habían muerto en la
navegación. El mismo Luis Quijada, mayordomo de la Princesa regente, no
pudo llegar hasta unos días después, por el fatal estado de los caminos;
todo lo cual puso al Emperador de malísimo humor y le hacía prorrumpir
en desabridas quejas, no pudiendo sufrir verse en tal especie de
desamparo el que tan acostumbrado estaba á mandar y ser servido.

»Partió el 6 de Octubre de Laredo para Medina de Pomar, acompañado del
alcalde de Durango, de la Chancillería de Valladolid, con cinco
alguaciles, disgustado y como avergonzado de verse entre tantas varas de
justicia, que parecía le llevaban preso. No quería que le hablaran de
negocios; huía de que le tocaran asuntos políticos, y mostraba no tener
otro anhelo que sepultarse cuanto antes en Yuste. Al fin le llegaron los
4.000 ducados, con lo cual prosiguió ya más contento á Burgos, donde
llegó el 13 y permaneció hasta el 16, no queriendo que el Condestable de
Navarra le hiciese ningún recibimiento. Las dos reinas hermanas
marchaban una jornada detrás por falta de medios de transporte, que esto
le sucedía en su antiguo reino de Castilla al mismo que tantas veces y
con tanta rapidez y tanto aparato había cruzado y atravesado la Europa.
Marchaba tan lentamente, que empleó cerca de seis días desde Burgos á
Valladolid. Alojóse en la casa de Rui Gómez de Silva, dejando el palacio
para las reinas sus hermanas, que entraron después. Ocupóse el Emperador
en Valladolid en el arreglo de ayudas de costa y mercedes que había de
dejar á los que hasta entonces le habían servido, en lo de la paga que
se había de dar á los que con él habían venido de Flandes, y en lo que
había de quedar para el gasto de su casa. Con esto partió de Valladolid
(4 de Noviembre), con tiempo lluvioso y frío, caminando en litera.

»Siguió su marcha por Valdestillas, Medina del Campo, Horcajo de las
Torres, Alaraz y Tornavacas, y para franquear el áspero y fragoso puerto
que separa este pueblo del de Jarandilla[6], fué conducido en hombros de
labradores, porque á caballo no le permitían sus achaques caminar sin
gran molestia, y en la litera no podía ir sin grave riesgo de que las
acémilas se despeñasen. El mismo Luis Quijada anduvo á pie al lado del
Emperador las tres leguas que dura el mal camino. Por fortuna
encontraron en Jarandilla (14 de Noviembre) magnífico alojamiento en
casa del Conde de Oropesa, bien provisto de todo, y con bellos jardines
poblados de naranjos, cidras y limoneros. Detuviéronse allí todos
bastante tiempo, por las malas noticias que comenzaron á correr acerca
de la temperatura de Yuste. En el invierno era castigado de frecuentes
lluvias y de frías y densísimas nieblas, y en el verano le bañaba un sol
abrasador. Proclamaban á una voz sus criados que los monjes habían
cuidado bien de hacer sus viviendas al Norte y defendidas del calor por
la iglesia, mientras la morada del Emperador y de sus sirvientes se
había hecho al Mediodía y tenía que ser insufrible en la estación del
estío. Con esto todos estaban disgustados y todos aconsejaban al
Emperador, inclusa su hermana la Reina de Hungría, que desistiera de su
empeño de ir á Yuste y buscase otro lugar más favorable para su salud.

»Obligó esto al Emperador á ir un día (23 de Noviembre) á visitar
personalmente su futura morada, y cuando todos esperaban que regresaría
disgustado, volvió diciendo que le había parecido todo bien, y aun mucho
mejor que se lo pintaban; que en todos los puntos de España hacía calor
en el verano y frío en el invierno, y que no desistiría de su propósito
de vivir en Yuste, aunque se juntase el cielo con la tierra.

»Seguía reteniendo al Emperador en Jarandilla la falta de dinero para
pagar y despedir la gente que había traído consigo, y aun para los
precisos gastos de manutención, hasta que, habiendo llegado el dinero
que tenía pedido á Sevilla (16 de Enero de 1557), fué dando orden en la
paga de los criados que más impacientes se mostraban por marchar. Con
esto apresuró ya los preparativos para su entrada en Yuste, cosa que
apetecían vivamente los monjes, tanto como la repugnaban y sentían cada
vez más cuantos componían su casa y servicio.

»Entró, pues, el emperador Carlos V en el Monasterio de Yuste el 3 de
Febrero de 1557. Su primera visita fué á la iglesia, donde le recibió la
Comunidad con cruz, cantando el _Te Deum laudamus_, y colocado después
S. M. en una silla, fueron todos los monjes por su orden besándole la
mano, y el Prior le dirigió una breve arenga, felicitando á la Comunidad
por haberse ido á vivir entre ellos[7].»

* * *

De la vida que el César hizo en _Yuste_, algo nos dirá, aunque tan
ruinoso, el propio Monasterio, cuando penetremos en él.....; y para que
esto no se retarde ya mucho, terminaremos rápidamente el extracto que
vamos haciendo de los anales del edificio.

En 1570, doce años después de la muerte del Emperador, fué á visitar su
sepultura el rey D. Felipe II, al paso que se dirigía á Córdoba con
motivo de la rebelión de los moriscos de Granada. Dos días permaneció el
severo Monarca en la que había sido última mansión de su augusto padre;
pero, «_por respeto_ (dice el fraile cronista), _no durmió en el
dormitorio de éste, sino en un retrete del mesmo aposento, que apenas
cabe una cama pequeña_».

Ya veremos nosotros todas estas habitaciones, que existen todavía.

Cuatro años más tarde, terminado ya el Panteón de El Escorial, fué
trasladado á su gran cripta el cadáver de Carlos V, con harto
sentimiento de los PP. Jerónimos de Yuste. Sin embargo, los Reyes que
sucedieron á Felipe II, lo mismo los de su dinastía que los de la de
Borbón, continuaron dispensando al _Monasterio_ grandes mercedes y muy
decidida protección, con lo que siguió siendo uno de los más ricos y
florecientes de la Orden jerónima.

Así llegó, sin novedad alguna digna de mencionarse, el año de 1809.--Era
el 12 de Agosto, quince días después de la victoria obtenida por
españoles é ingleses sobre los ejércitos de Napoleón delante de
Talavera de la Reina. Una columna francesa, parece que fugitiva ó
cortada, estuvo merodeando en la Vera, esperando á saber cómo podría
reunirse al grueso del ejército derrotado. Los frailes de Yuste huyeron
á su aproximación, y los soldados franceses profanaron la iglesia,
robaron cuanto hubieron á mano, penetraron en el convento, saquearon su
rica despensa y vaciaron su bien provista bodega, de cuyas resultas
estaban todos ebrios cuando les llegó la orden de evacuar inmediatamente
aquella comarca y salir á juntarse á las tropas del mariscal Víctor.
Marcharon, pues, como Dios les dió á entender; pero no pudieron hacerlo
diez ó doce, cuya embriaguez era absoluta, por lo que se quedaron en el
Monasterio durmiendo la borrachera. Sabedores de esta circunstancia los
colonos y criados de la casa, que tan maltratados habían sido aquellos
días por la soldadesca invasora, tomaron una horrible venganza en
aquellos diez ó doce hombres dormidos, á los cuales dieron muerte á
mansalva. Dos días después fueron echados de menos por sus camaradas,
quienes, sospechando lo ocurrido, enviaron en su busca una sección de
caballería. Estos expedicionarios no hallaron á nadie en el convento ni
en sus alrededores, pero sí grandes manchas de sangre en el lugar en que
dejaron dormidos á sus compañeros.....; y apelando á su vez á las
represalias, pusieron fuego al Monasterio, cuya parte más monumental y
preciosa quedó completamente destruída, salvándose la iglesia, el
Noviciado y las habitaciones que se construyeron para albergue de Carlos
V.--Es decir, que pereció todo el _Convento Nuevo_, edificado, como
dijimos, á mitad del siglo XVI.

Desde entonces volvieron los frailes á habitar el _Convento Viejo_, ó
sea el Noviciado.

En 1820 fueron expulsados por la _revolución_, y vendióse el Monasterio
á un Sr. Tarríus, que lo poseyó hasta 1823.

En 1823 se anuló la venta por la _reacción_.

En 1834 la expulsión volvió á tener efecto, y la compra del Sr. Tarríus
fué revalidada por el Gobierno.

Hace algunos años el Sr. Tarríus sacó el Monasterio á pública subasta.
Napoleón III quiso adquirirlo; pero los periódicos hablaron mucho sobre
el particular, lamentando que la cámara mortuoria del vencedor de Pavía
pudiese ir á parar á manos francesas. Entonces, animados de un
sentimiento patriótico, reuniéronse algunos títulos de Castilla, y
acordaron comprar á _Yuste_, costare lo que costare. Pero este proyecto,
como todos aquellos en que intervienen muchos, iba quedando en
conversación, cuando el Sr. Marqués de Miravel, uno de los asociados,
viendo que no se hacía nada de lo convenido, lo compró por sí solo en
la cantidad de 400.000 reales.

Más adelante veremos que el histórico Monasterio no ha podido caer en
mejores manos.

El Sr. Marqués de Miravel se ha consagrado con incesante afán, y á costa
de grandes sacrificios, á salvar á _Yuste_ de la total ruina que le
amenazaba. Ya ha reedificado mucho de lo derruído; ya ha contenido en
todas partes la destrucción, y de esperar es que algún día acabe de
restaurar lo que yace en pedazos por el suelo.--Sólo con lo que ha hecho
hasta hoy, ya ha merecido bien de la patria y de cuantos aman sus
antiguas glorias.

Conque penetremos en Yuste.


III

Delante de la actual entrada, que es la antigua de la _Huerta_ del
Monasterio, y por la que se regía el Emperador cuando salía á caballo,
elévase un añoso y corpulento _nogal_, tenido en gran veneración
histórica, y del que no hay viajero que no se lleve algunas hojas como
recuerdo de su peregrinación á Yuste.

Es que aquel _nogal_ data de un tiempo muy anterior á la fundación del
convento; es que á su sombra fué donde, según la tradición, se sentaron
los anacoretas Bralles y Castellanos la tarde que eligieron aquel sitio,
entonces desierto, como el más á propósito para establecerse, y es que
el mismo César, en tiempo de verano, solía pasar largas horas bajo su
espesísimo ramaje, viendo correr el agua del arroyo que fluye á su pie y
respirando el fresco ambiente de un lugar tan umbroso, ameno y
deleitable.

Después de rendir el debido acatamiento á aquel árbol, cuya edad no
bajará de seis siglos, llamamos á la mencionada puerta del Monasterio, ó
sea á la puerta rústica del que fué Palacio del Emperador. Un campesino
acudió á abrirnos, y como ya se hubiese recibido allí recado del
Administrador (que reside en Quacos) avisando nuestra visita y
anunciando que él llegaría inmediatamente á hacernos los honores de
aquella mansión de los recuerdos, dejósenos pasar adelante.

Agradabilísima emoción nos produjo el noble cuanto gracioso aspecto del
primer cuadro que apareció á nuestros ojos.--Gigantescos naranjos
seculares, cuajados de rojas naranjas, sombreaban la especie de atrio ó
compás en que habíamos entrado. Sus ramas subían hasta los arcos de un
elegante mirador que teníamos enfrente y que sirve de fachada al único
piso alto de un modesto aunque decoroso edificio. A aquel mirador ó
salón abierto, cuyo interior descúbrese completamente por los amplios
arcos que constituyen dos de sus lados, se sube, no por escaleras, sino
por una suave _rampa_ construída sobre otros arcos de progresiva
elevación. Debajo del salón-mirador vense también al descubierto los
pilares, arcos y bóvedas que lo sustentan, de modo que la tal morada
aparecía á nuestros ojos en una forma aérea, calada, abierta, luminosa,
sin otra defensa contra el sol y el viento que el verdor de los próximos
árboles ó de las enredaderas y rosales que trepaban por pilastras,
balaustres y columnas.

Aquel risueño edificio era el _Palacio del Emperador_, al cual servía de
vestíbulo el descubierto y alegre aposento que estábamos mirando,
aposento restaurado recientemente por el Sr. Marqués de Miravel,
mediante costosísimas obras, en que se ha respetado religiosamente la
primitiva forma y disposición de la parte arruinada.

La extensa _rampa_ que teníamos delante, y por la cual se sube á dicho
vestíbulo, es la misma que se construyó para que el valetudinario Carlos
V pudiese montar á caballo á la puerta de sus habitaciones, ó sea en el
propio piso alto, librándose así de la incomodidad de las escaleras, que
le eran ya insoportables.--También han sido reforzados sus arcos en
estos últimos tiempos con tal arte y habilidad, que no falta ni una
sola piedra del sitio que ocupaba hace trescientos años.

Viejísimas hiedras, contemporáneas, sin duda, del primer convento,
visten por completo las recias tapias que forman el compás ó atrio en
que nosotros echamos pie á tierra, y desde donde contemplábamos la
morada del César.--De una de estas tapias sale un brazo de agua sonora y
reluciente, que con su eterno murmullo presta no sé qué plácida
melancolía á aquel sosegado recinto. La hiedra y el agua, con su
perdurable existencia, parecían encargadas de perpetuar las huérfanas
memorias de tantas grandezas extinguidas. El agua, sobre todo, fluyendo
y charlando hoy como fluía y charlaba en 1558, sin respetar ahora el
silencio de muerte que ha sucedido en aquella soledad al antiguo
esplendor y movimiento, recordábanos estos hermosos versos con que
nuestro inmortal Quevedo acaba un soneto titulado: _A Roma sepultada en
sus ruinas:_

      «Sólo el Tibre quedó, cuya corriente,
    Si ciudad la regó, ya sepultura
    La llora con funesto son doliente.
      ¡Oh Roma! En tu grandeza, en tu hermosura,
    Huyó lo que era firme, y solamente
    Lo fugitivo permanece y dura.»

Atado que hubimos nuestros caballos á los recios troncos de los naranjos
susodichos, emprendimos la subida por la rampa, que nos condujo al
_salón-mirador_, estancia verdaderamente deliciosa, más propia de una
_villa_ italiana ó de un _carmen_ granadino que de un monasterio oculto
en los repliegues y derivaciones de una sierra de Extremadura.

Cuatro son los grandes arcos que ponen el mirador en relación directa
con el rico ambiente y esplendorosa vegetación de aquel amenísimo
barranco. Dos de ellos dan á la parte donde subíamos, sirviendo el uno
de entrada á la rampa, y el otro como de balcón, desde el cual se tocan
con la mano los bermejos frutos de los naranjos del compás, y se
descubre, al través de sus ramas, un elegantísimo ángulo de la contigua
iglesia, de perfecto estilo gótico, cuyas gentiles ojivas, esbeltos
juncos y erguidas agujas, todo ello de una resistente piedra dorada por
los siglos, infunden en el ánimo, en medio de aquellas abandonadas
ruinas, arrogantes ideas de inmortalidad.

Los otros dos arcos miran al Mediodía, y desde ellos se goza de la
apacible contemplación de la _Huerta_ y del bosque de olmos y de todos
los suaves encantos de aquel breve y pacífico horizonte. De dicha
_Huerta_ trepan, como hemos apuntado, hasta penetrar por los arcos
dentro de aquel salón, rosales parietarios y escaladoras enredaderas con
sus elegantes campanillas, que todavía no se habían cerrado aquella
mañana: además, los dos grandes balcones determinados por ambos arcos
tienen el antepecho en la parte ó cara interna del recio muro, dejando
destinado todo el ancho de éste á dos extensos arriates ó pensiles que
cultivaba Carlos V, y que hoy se cultivan también cuidadosamente.
Geranios, rosales de pitiminí y clavellinas, todo florido, pues ya he
dicho que estábamos en Mayo, vimos nosotros en aquellos dos jardinillos
tan graciosamente imaginados y dispuestos.--Cuando al poco rato llegaron
el Administrador y su señora, supimos que ésta, madrileña de pura raza,
aficionadísima, por consiguiente, á macetas, era la autora del milagro
de que continuasen consagrados á Flora los dos arriates que cuidó en
otro tiempo Carlos de Austria.

Llevo descritos dos lados del _salón-mirador_, bien que aun me falte
decir que, entre el arco que comunica con la rampa y el otro contiguo,
hay un _poyo de piedra_, de dos cuerpos, mucho más ancho el de abajo que
el de arriba, que se construyó allí para que Carlos V montase á caballo
más cómodamente.....

Por cierto que, según refiere Fr. Prudencio Sandoval en su _Historia del
Emperador_, las cabalgaduras que éste usaba en Yuste no tenían nada de
cesáreas ni de marciales, pues consistían en _una jaquilla bien pequeña
y una mula vieja_.--¡Tan acabado de fuerzas estaba aquel que tantas
veces había recorrido la Europa á caballo!

Pero ya que de esto hemos venido á hablar, oigamos describir al mismo
historiador la manera cómo montó á caballo por última vez el
protagonista del siglo de los héroes, el vencedor de mil combates, el
hombre de hierro.

«.....Puesto en la jaquilla, apenas dió tres ó cuatro pasos cuando
comenzó á dar voces que le bajasen, que se desvanecía, y como iba
rodeado de sus criados, le quitaron luego, y desde entonces nunca más se
puso en cabalgadura alguna.»

Considerad ahora cuántas reflexiones no acudirán á la mente al
contemplar aquel poyo de piedra, terrible monumento que acredita toda la
flaqueza y rápida caducidad de esta nuestra máquina humana, tan
temeraria, impetuosa y presumida en las breves horas de la juventud, si
por acaso le presta sus alas la fortuna.....--Mas sigamos nuestra
descripción.

La pared que da al Norte, sólo es notable por lindar con el muro de la
iglesia y porque en aquel lado del _salón-mirador_ hay una pequeña y
preciosa _fuente_, labrada en la forma y estilo de las que adornan los
paseos públicos ó los jardines de los palacios.

Esta _fuente_ tendrá unas dos varas y media de altura, y se compone de
un pilar redondo, del centro del cual sale un recio fuste ó árbol, que
luego se convierte en gracioso grupo de niños, muy bien esculpido; todo
ello de una sola pieza y de piedra bastante parecida al mármol, aunque
de la especie granítica. El grupo de niños sostiene una taza redonda, de
la cual fluye por cuatro caños un agua cristalina, sumamente celebrada
por sus virtudes higiénicas.--El Emperador no bebía otra, y nosotros la
probamos también, aunque llevábamos _á bordo_ un vino de primer orden.

Porque debemos advertir que, mientras llegaba ó no llegaba el Sr.
Administrador, nos permitimos desplegar las provisiones que habíamos
sacado del Baldío y almorzar como unos..... jerónimos, haciendo mesa del
poyo de piedra en que se encaramaba el Emperador para montar en la
jaquilla ó en la mula.....--Pero, volviendo á la _fuente_, diré que del
libro de Fr. Luis de Santa María (que después leímos) consta que «se la
regaló á Carlos V el ilustre Ayuntamiento de la ciudad de Plasencia».

Vamos á la cuarta pared.--En ella está la puerta de entrada al Palacio,
y á su lado existe hoy un _banco_ muy viejo de madera (en el mismo lugar
que había antes un asiento de piedra), sobre el cual se lee la siguiente
_inscripción_, pintada en la pared en caracteres del siglo XVI muchas
veces retocados:

      «_Su Mag.ª El Emper.or D. Carlos_
    _Quinto nro. Señor en este lugar_
    _estava asentado quando le dió_
    _el mal á los treynta y uno_
    _de Agosto á las quatro de la_
    _tarde.--Fallesció á los Veinte_
    _y uno de Septiembre á las dos_
    _y media de la mañana. Año_
    _del S.or_

       _de 1558._»

El _mal_ á que alude la precedente inscripción consistió en que,
habiendo comido al sol Carlos V, en aquel propio salón-mirador, sintióse
acometido de frío, no bien dejó la mesa, y luego le entró
calentura.--«Pónenos en cuidado (escribía dos días después su mayordomo
Luis Quijada á Juan Vázquez de Molina[8]), porque ha muchos años que á
S. M. no le ha acudido calentura con frío sin accidente de gota. El frío
casi lo tuvo delante de mí todo; mas no fué grande, puesto que tembló
algún tanto; duró casi tres horas la calentura: no es mucha, aunque en
todo me remito al doctor, que escribirá más largo.--Yo temo que este
accidente sobrevino de comer antier en un terrado cubierto, y hacía sol,
y reverberaba allí mucho, y estuvo en él hasta las cuatro de la tarde,
y de allí se levantó con un poco dolor de cabeza y aquella noche durmió
mal.»

Esta carta es de 1.º de Septiembre.--Por consiguiente, la inscripción
preinserta está equivocada, y donde dice 31 de Agosto debe leerse 30 de
Agosto.

Sobre ella se ven las armas imperiales, pintadas en la pared; obra, sin
duda, del mismo autor de aquella leyenda conmemorativa.

Con lo cual terminan todas las cosas que hay que notar en el
_salón-mirador_ ó vestíbulo del humilde Palacio de Yuste.

* * *

Entramos, pues, en el Palacio.

Ya he dicho que se compone de cuatro grandes celdas, situadas dos á cada
lado de un pasillo ó galería que atraviesa el edificio de Oeste á Este y
al cual dan las puertas de las cuatro.

Las dos celdas de la izquierda, entrando, estaban destinadas en tiempo
del Emperador, la una á _Recibo_, y la otra á _Dormitorio_, y se
comunican entre sí. Las dos de la derecha, que también tienen
comunicación por dentro, eran el _Comedor_ y la _Cocina_.

Y á esto se reducía el alojamiento del César.

Su servidumbre, compuesta de sesenta personas, habitaba el piso inferior
de aquel llamado Palacio, ó varias dependencias del convento, residiendo
en Quacos los empleados que no tenían que asistir continuamente á S. M.

En la actualidad no hay ni un solo mueble en dichas celdas; y como, por
otra parte, carecieron siempre de toda ornamentación arquitectónica sus
lisas paredes, blanqueadas con cal á la antigua española, la revista que
nosotros les pasamos habría sido muy corta, si recuerdos históricos y
consideraciones de una mansa y cristiana filosofía no nos hubieran
detenido largo tiempo en cada estancia.

Nuestra visita principió por el _Recibo_, donde sólo había que ver una
gran chimenea, digna de competir con las llamadas de campana: tan
enormes eran su tragante y su fogón. Entre la puerta de entrada, la de
comunicación con el _Dormitorio_, la reja que da paso á la luz del
salón-mirador y otra puertecilla de que hablaré luego, no quedaba más
que un puesto resguardado del aire, ó sea un único _rincón_ que ocupar
cerca de la chimenea. No podíamos, pues, equivocarnos respecto de cuál
sería el sitio que ocuparía el Emperador en aquella sala, durante la
estación del invierno, cuando iban á visitarlo San Francisco de Borja,
el Conde de Oropesa, el Arzobispo de Toledo y otros antiguos amigos
suyos.

Pero no seguiré adelante sin hacer una advertencia de gran
importancia.....

Si yo me hubiese propuesto referir la _Vida de Carlos V en Yuste_
(escrita ya con suma minuciosidad y conciencia en un notable capítulo y
en un apéndice muy curioso de la _Historia de España_ por D. Modesto
Lafuente), podría enumerar aquí, sin más trabajo que copiar algunos
documentos del Archivo de Simancas, insertos en la obra de aquel
historiador, los muebles, los cuadros, las alhajas y hasta las ropas que
tenía el Emperador en su retiro, así como sus hábitos, entretenimientos
y conversaciones; pero, no siendo, ni pudiendo ser, tal mi propósito,
sino meramente fotografiar, por decirlo así, el estado _actual_ del
Monasterio, me limitaré á remitiros á la obra mencionada y aconsejaros
que no deis crédito á lo que otros historiadores cuentan acerca de los
actos del Emperador en Yuste.

Desconfiad, sobre todo, de las noticias de Fr. Prudencio Sandoval y de
Mr. Robertson, quienes, en esta parte íntima de sus célebres historias,
fueron sin duda mal informados, ó fantasearon á medida de su deseo. Así
lo demuestra el Sr. Lafuente con irrebatibles razones y documentos
originales de primera fuerza.--Es falso, por ejemplo, que Carlos hiciese
sus exequias en vida; falso que estuviese sujeto á la misma regla que
los frailes de la casa; falso que se flagelase hasta teñir de sangre las
disciplinas; falso que no atendiese á las cosas políticas de España y
del resto de Europa, y falso que se dedicase á la construcción de
juguetes automáticos y otras puerilidades con su relojero de cámara y
famoso mecánico Juanelo Turriano.--Leed á Lafuente, repetimos, y allí
veréis, auténticamente probado, que Carlos V, en Yuste, fué el hombre de
siempre, con sus cualidades y sus defectos y con la sabida originalidad
de su condición, festiva y grave á un tiempo mismo, dominante,
vehemente, voluntariosa, y á la par llana y sencilla, como la de Julio
César.

Sigamos nuestra exploración.

La ya mencionada puertecilla de la sala de _Recibo_ conduce á un
diminuto é irregular aposento, que es aquel _retrete_ ó gabinetillo de
que ya he hablado también, en que _apenas cabe una cama_, y donde durmió
Felipe II la última vez que estuvo en Yuste, en señal de respeto..... ó
miedo á las habitaciones que habían sido de su difunto padre.--¡Curioso
fuera saber lo que pensó allí el hombre del Escorial durante las dos
noches que pasó, como quien dice, emparedado cerca de la cámara
mortuoria de Carlos de Gante!--Pero la historia ignora siempre las
mejores cosas.

Del _Recibo_ volvimos á salir al pasillo ó galería, dejando para lo
último la visita al _Dormitorio_, y pasamos al _Comedor_ del más comilón
de los emperadores habidos y por haber....., excepto Heliogábalo.

Carlos V era más flamenco que español, sobre todo en la mesa. Maravilla
leer (pues todo consta) el ingenio, verdaderamente propio de un gran
jefe de Estado Mayor militar, con que resolvía la gran cuestión de
vituallas, proporcionándose en aquella soledad de Yuste los más raros y
exóticos manjares. Sus cartas y las de sus servidores están llenas de
instrucciones, quejas y demandas, en virtud de las cuales nunca faltaban
en la despensa y cueva de aquel modesto palacio los pescados de todos
los mares, las aves más renombradas de Europa, las carnes, frutos y
conservas de todo el universo. Con decir que comía ostras frescas en el
centro de España, cuando en España no había ni siquiera caminos
carreteros, bastará para comprender las artes de que se valdría á fin de
hacer llegar en buen estado á la sierra de Jaranda sus alimentos
favoritos.

Pero nos metemos sin querer en honduras pasadas, olvidando que aquí no
se trata sino de lo presente. Pues bien: en el _Comedor_ sólo hay de
notable otra chimenea como la susodicha; un gran balcón-cierre, ó
tribuna volada, que da á la huerta y mira al Mediodía, donde el viejo
Emperador tomaba en invierno los últimos rayos del sol de sus
victorias....., y una puerta de comunicación con la _Cocina_.

La _Cocina_ es digna del imperial glotón, propia de un convento de
Jerónimos y adecuada á los grandes fríos que reinan en aquel país
durante el rigor del invierno. En torno del monumental fogón, que ocupa
casi la mitad de aquel vasto aposento, bien pudieron calentarse
simultáneamente con holgura los sesenta servidores de S. M. En cuanto á
las hornillas, puede asegurarse que infundirían verdadera veneración
cuando estaban en ejercicio, así como hoy su yerta desnudez y triste
arrumbamiento infunden melancólicas reflexiones.

Pero estas reflexiones nos llevan como por la mano al _Dormitorio_ del
Emperador, ó sea á su cámara mortuoria.

Es una pieza del mismo tamaño que las tres mencionadas, con otra enorme
chimenea. Una alta reja le da luz por la parte de Levante, y tiene
además tres puertas, de las cuales una da á la iglesia, otra al _Recibo_
y otra á la galería.

No cabe ni puede caber duda respecto del sitio que ocupaba el lecho de
S. M. y en que lanzó el último suspiro, puesto que lo indica
matemáticamente la puerta de comunicación con la iglesia, que se rasgó
frente por frente á la cama del César, á fin de que, acostado y todo,
pudiese ver el altar mayor y oir Misa cuando sus achaques le impedían
dejar el lecho. Trazóse, pues, dicha puerta, _oblicuamente_, sobre el
recio muro del templo, en el ángulo opuesto á aquel en que dormía y
había de morir Carlos V, y allí sigue, y desde ella se determina
fijamente tan histórico paraje.

A mayor abundamiento, en aquel rincón del _Dormitorio_ hay un cuadro que
representa á San Jerónimo viendo llegar á Carlos V á la gloria eterna y
arrodillarse á los pies de la Santísima Trinidad.--Debajo de este cuadro
se ve un tarjetón dorado que dice lo siguiente: «S. A. R. el Infante
Duque de Montpensier regaló al Monasterio de Yuste este cuadro, sacado
del original que á la muerte del Emperador Carlos V, su glorioso abuelo,
se hallaba á la cabecera de su cama.»

Decir los pensamientos que acudieron á mi mente en aquel sitio, donde
expiró (en hora ignorada por sus propios hijos durante algunos días) el
que tantas veces desafió la muerte á la faz del universo en los campos
de batalla, fuera traducir pálidamente lo que el lector se imaginará sin
esfuerzo alguno.

Hágole, pues, gracia de mis reflexiones, y le invito á que me siga á la
_iglesia_ y á las _ruinas del convento_, donde todo hablará aún más
alto y más claro el severo lenguaje de aquellas verdades eternas:
_Verumtamen, universa vanitas..... Verumtamen, in imagine pertransit
homo_.


IV

La _iglesia_ se reduce á una nave gótica, larga y altísima, digna de una
catedral de primer orden. Esta nave se conserva íntegra: según una
tradición, porque los incendiarios franceses de 1809 procuraron que el
fuego no llegase á ella; según otra tradición, porque no había en todo
aquel edificio madera alguna en que pudiesen prender las llamas.

Sin embargo, sus bóvedas ojivales amenazaban desplomarse cuando compró
el Monasterio el Sr. Marqués de Miravel, quien procedió inmediatamente á
repararlas.--Así lo indica la siguiente modestísima inscripción, que se
lee en el testero posterior del coro:

_Estando estas bóvedas en ruinas, se construyeron por José Campal, año
de 1860._

Pero dirá el lector: ¿quién es _José Campal_? ¿Son éstos el nombre y el
apellido del espléndido Marqués que costeó la obra, ó los de algún
insigne arquitecto, émulo de la gloria de los Brunelleschi y Miguel
Ángel?

Ni lo uno ni lo otro.

José Campal es un humilde albañil de Jarandilla, que se atrevió á
acometer tan ardua empresa, y la llevó á feliz término, cuando maestros
llevados de Madrid con tal propósito la habían considerado
irrealizable.--Admirado entonces el Marqués del arrojo y la inteligencia
de Campal, mandó poner dicha inscripción en el coro.

La nave de la iglesia y sus altares están hoy completamente desnudos de
todo cuadro, de toda imagen, de toda señal de culto. Los únicos
accidentes que interrumpen la escueta monotonía de aquellos blanqueados
muros, son las Armas Imperiales que campean allá arriba, en el centro
del embovedado, y un negro _ataúd_ depositado á gran altura, en un nicho
ú hornacina de la pared de la derecha.

Este ataúd es de madera de castaño, y estuvo forrado de terciopelo
negro. Hoy no contiene nada; pero en un tiempo contuvo otra caja de
plomo, dentro de la cual fué depositado el cadáver del Emperador.....

«Púsose el cuerpo del Emperador (dice la historia) en una caja de plomo,
la cual se encerró en otra de madera de castaño, forrada de terciopelo
negro. Hiciéronsele solemnes exequias por tres días, celebrando el
Arzobispo de Toledo, Fr. Bartolomé de Carranza, á quien sirvieron de
ministros el confesor del Emperador, Fr. Juan Regla, y el prior Fr.
Martín de Angulo, y predicando sucesivamente el P. Villalva y los
priores de Granada y Santa Engracia de Zaragoza.

»Una de las cláusulas del codicilo de Carlos V era que se le enterrara
debajo del altar mayor del Monasterio, quedando fuera del ara la mitad
del cuerpo, del pecho á la cabeza, en el sitio que pisaba el Sacerdote
al decir la misa, de manera que pusiese los pies sobre él. Para cumplir
del modo posible este mandato, se derribó el altar mayor y se sacó hacia
fuera, con objeto de depositar detrás de él el cadáver, pues debajo no
podía estar, por ser lugar exclusivo de los Santos que la Iglesia tiene
canonizados[9].»

A consecuencia de esta reforma, el altar Mayor quedó en la extraña
disposición que hoy se advierte; esto es, sumamente estrecho de
presbiterio, y muy alto en proporción del escaso desarrollo de su
escalinata, cuyos peldaños son tan pinos, que cuesta fatiga y peligro
subirlos ó bajarlos.

Fué, pues, depositado el cadáver del César dentro de las dos cajas
mencionadas, detrás del retablo de Yuste, hasta que, quince años y medio
después, el 4 de Febrero de 1574, verificóse su traslación al Escorial,
en la caja de plomo, revestida de otra nueva que se construyó al
intento, quedando en la bóveda de Yuste, como recuerdo, la caja de
castaño. Pero como todos los viajeros que visitaban la tal bóveda
hubiesen dado en la flor de cortar pedazos del viejísimo ataúd, á fin de
guardarlos como reliquias históricas, el Marqués de Miravel dispuso
colocarlo en el inaccesible nicho que hoy ocupa, y desde donde produce
terrible y fantástica impresión.

* * *

Dijimos más atrás que el sueño eterno de Carlos V ha sido turbado
también en el Monasterio del Escorial, y que nosotros mismos no hemos
sabido librarnos de la tentación de asistir á una de las sacrílegas
exhibiciones que se han hecho de su _momia_ en estos últimos años.....

Cometimos esta impiedad, ó cuando menos esta irreverencia, en Septiembre
de 1872, pocos meses antes de ir á Yuste.--Nos hallábamos en el fúnebre
Real Sitio, descansando del calor y las fatigas de Madrid, cuando una
mañana supimos que había pública exposición del cadáver del César, á
petición de las bellas damas madrileñas que estaban allí de
veraneo.--Era ya la vigésima de estas _exposiciones_, desde que las
inauguró cierto temerario y famoso prohombre de la situación política
creada en 1868.--Nosotros (lo repetimos) no tuvimos al cabo suficiente
valor para rehusarnos la feroz complacencia de aquella profanación, que
de todas maneras había de verificarse.....

Acudimos, pues, al panteón de los Reyes de España, á la hora de la
cita.--¿Y qué vimos allí? ¿Qué vieron las tímidas jóvenes y los
atolondrados niños y los zafios mozuelos que nos precedieron ó siguieron
en tan espantoso atentado?--Vieron, y vimos nosotros, la tumba de Carlos
V abierta, y delante de ella, sobre un andamio construído _ad hoc_, un
ataúd, cuya tapa había sido sustituída por un cristal de todo el tamaño
de la caja.

En las primeras _exposiciones_ no había tal cristal, ó si lo había, se
levantaba, de cuyas resultas no faltó quien pasase su mano por la
renegrida faz del cadáver..... ¡La pasó el mencionado prohombre
revolucionario, en muestra de familiaridad y _compañerismo_!.....

A través del cristal vimos la corpulenta y recia momia del nieto de los
Reyes Católicos, de la cabeza á los pies, completamente desnuda,
perfectamente conservada, un poco enjuta, es cierto, pero acusando todas
las formas, de tal manera que, aun sin saber que eran los despojos
mortales de Carlos V, hubiéralos reconocido cualquiera que hubiese
visto los retratos que de él hicieron Ticiano y Pantoja.

La especial contextura de aquel infatigable guerrero, su alta y
amplísima cavidad torácica; sus anchos y elevados hombros; sus cargadas
espaldas; su cráneo característico; su ángulo facial, típico en la casa
de Austria; la depresión de la boca; la prominencia de la barba por el
descompasado avance de las mandíbulas: todo se apreciaba exactamente, y
no en esqueleto, sino vestido de carne y cubierto de una piel
cenicienta, ó más bien parda, en que aun se mantenían algunos raros
pelos de pestañas, barbas y cejas y del siempre atusado cabello.....

¡Era, sí, el Emperador mismo! ¡Parecía su estatua vaciada en bronce y
roída por los siglos, como las que aparecen entre las cenizas de
Pompeya!

No infundía asco ni fúnebre pavor, sino veneración y respeto.

Lo que infundía pavor y asco era nuestra impía ferocidad, era nuestra
desventurada época, era aquella escena repugnante, era aquel sacrílego
recreo, era la risa imbécil ó el estúpido comentario de tal ó cual
señorita ó mancebo, que escogía semejante ocasión para aventurar un
conato de chiste.....

¡Siquiera nosotros (dicho sea en nuestro descargo) callábamos y
padecíamos, sintiendo al par, y en igual medida, reverencia hacia lo
que veíamos y remordimientos por verlo! ¡Siquiera nosotros teníamos
conciencia de nuestro pecado!

* * *

De mi visita á las ruinas de los _claustros_ de Yuste guardo recuerdos
indelebles.

La naturaleza se ha encargado de hermosear aquel teatro de desolación.
Los trozos de columnas y las piedras de arcos, que yacen sobre el suelo
de los que fueron patios y crujías, vense vestidos de lujosa hiedra. El
agua, ya sin destino, de las antiguas fuentes, suena debajo de los
escombros, como enterrado vivo que se queja en demanda de socorro, ó
como recordando y llamando á los antiguos frailes para que reedifiquen
aquel edificio monumental. Y por todas partes, entre la hiedra y el
musgo, ó entre las flores silvestres y las altas matas con que adornaba
Mayo aquellos montones de labrados mármoles, veíamos los escudos de
armas de la casa de Oropesa, esculpidos en las piedras que sirvieron de
claves ó de capiteles á las arcadas hoy derruídas.

Las cuatro paredes del _refectorio_ siguen de pie; pero el techo, que se
hundió de resultas del incendio, ha formado una alta masa de escombros
dentro de la estancia. Hoy se trabaja en sacar aquel cascajo, y ya van
apareciendo los alicatados de azulejos que revestían el zócalo de los
muros.

El _Convento de Novicios_ subsiste, aunque en muy mal estado.--Allí,
como ya sabéis, vivieron los últimos frailes desde la _catástrofe del
Edificio_, ocurrida en 1809, hasta la _catástrofe de la Comunidad_,
ocurrida en 1835.

Nosotros penetramos en algunas _celdas_. Reinaba en ellas la misma muda
soledad que en las del Palacio de Carlos V. Ni gente ni muebles quedaban
allí..... Las desnudas paredes hablaban el patético lenguaje de la
orfandad y de la viudez.

Aquello era más melancólico que las ruinas del otro gran convento
hacinadas entre la hiedra.--Una celda habitable y deshabitada
representa, en efecto, algo más funesto y pavoroso que la destrucción.
Los pedazos de mármol que acabábamos de ver parecían tumbas cerradas:
las celdas del noviciado eran como lechos mortuorios ó ataúdes vacíos,
de donde acababan de sacar los cadáveres.

Sí; ¡todo vacío! ¡todo expoliado! ¡todo saqueado!.....--Tal aparecía
aquella mañana á nuestros ojos cuanto contemplábamos, cuanto
recordábamos, cuanto acudía á nuestra imaginación por asociación de
ideas.

En Yuste....., una tumba abierta, de donde había sido sacado Carlos
V.--En El Escorial....., otra tumba vacía, de donde también se le había
desalojado temporalmente.....--Y si se nos ocurría la fantástica ilusión
de que la exhumada y escarnecida momia del César, avergonzada de su
pública desnudez, pudiese salvar el Guadarrama, en medio de las sombra
de la noche, para ir á buscar á Yuste su primitiva sepultura,
considerábamos temblando que tampoco encontraría en su sitio el ataúd de
madera, sino que lo vería encaramado en aquella antigua hornacina de un
Santo que probablemente habrían derribado á pedradas otros liberales de
la Vera de Plasencia.....

¡Y todo así! ¡Todo así!--Dondequiera que el atribulado espectro imperial
fijase la vista, hallaría igual dislocación, el mismo trastorno, la
propia devastación y miseria, como si el mundo hubiese llegado al día
del Juicio final.....

Ya no había Monasterio de Yuste; ya no había en España Comunidades
religiosas; ya no había Monarquía; ¡casi ya no había Patria!--Los
tiempos del cataclismo habían llegado, y, sobre las ruinas de la obra de
Fernando V y de Isabel I, oíanse más pujantes que nunca en aquellos
mismos días (los primeros días de Mayo de este primer año de la
República), así en Extremadura como en el resto de la Península
española, gritos de muerte contra la Unidad nacional, contra la
Propiedad, contra la Autoridad, contra la Familia, contra todo culto á
Dios, contra la sociedad humana, en fin, tal y como la habían
constituído los afanes de cien generaciones.

_Illic sedimus et flevimus_....., al modo de los hebreos junto á los
ríos de Babilonia.

* * *

Pasó aquel momento de emoción, disimulable en tan aciaga fecha, y desde
el convento nos dirigimos á una ermitilla, llamada de _Belén_, que dista
de él medio kilómetro, y á donde solían encaminar los frailes su paseo
de invierno--costumbre que adquirió también Carlos V.

El camino de la ermita es una llana y hermosa calle de árboles, con
prolongados asientos, en que cabía toda la Comunidad.

Al principio de este paseo hay un viejísimo ciprés, á cuyo pie, y
recostado en su tronco, es fama estaba sentado Carlos V la primera vez
que vió en Yuste á su hijo D. Juan de Austria, ya casi mozo, después de
muchos años de separación.

El hijo de Bárbara Blomberg había nacido en Ratisbona, donde pasó la
infancia con su madre. A la edad de ocho años lo habían traído á
España, sin que nadie adivinase su condición, y vivió primero en
Leganés, á cargo del clérigo Bautista Vela y de una tal Ana Medina,
casada con un flamenco llamado Francisco, que vino en la comitiva de
Carlos V la primera vez que visitó estos reinos el coronado nieto de
Isabel la Católica. Pero el bastardo imperial hacía en Leganés una vida
demasiado villana, confundido con los otros chicos del pueblo, y
entonces Luis Quijada, mayordomo del César, y el único que sabía quién
era aquel niño, se lo llevó á Villagarcía, de donde era Señor, y lo
confió á su mujer, sin revelarle el secreto; por lo que esta
ejemplarísima señora llegó á concebir tristes sospechas, que amargaron
su vida hasta que, muerto ya el Emperador, hizo pública la verdad el rey
D. Felipe II, reconociendo como príncipe y hermano suyo al que había de
ser el primer guerrero de su tiempo.

«Cuando Carlos V vino á encerrarse en el Monasterio de Yuste (dice un
historiador) érale presentado muchas veces su hijo en calidad de paje de
Luis Quijada, gozando mucho en ver la gentileza que ya mostraba, aun no
entrado en la pubertad. Tuvo, no obstante, el Emperador la suficiente
entereza para reprimir ó disimular las afectuosas demostraciones de
padre, y continuó guardando el secreto.....»

En la Crónica manuscrita del convento menciona también el P. Luis de
Santa María la estancia de D. Juan de Austria en _Yuste_, y, además, la
tradición cuenta algunas de sus travesuras de adolescente, como las que
referimos al hablar de _Quacos_.....

* * *

Por aquí íbamos en nuestra visita á _Yuste_, cuando principió á
encapotarse el cielo. Conocimos que amenazaba una de aquellas tormentas
que tan formidables son en las sierras de Gredos y de Jaranda, y como
teníamos que andar tres leguas para regresar al _Baldío_, y ya no nos
quedaba más que ver, aunque sí mucho que meditar en aquellas ruinas, nos
apresuramos á montar á caballo, henchida el alma de mil confusas ideas,
que he procurado ir fijando y desenvolviendo en los humildes artículos á
que doy aquí remate.

Pero no soltaré la cansada pluma sin recordar unos versos que el insigne
poeta, mi amigo D. Adelardo López de Ayala, pone en boca de D. Rodrigo
Calderón, y que repetí muchas veces al alejarme de _Yuste_:

      «¡Nunca el dueño del mundo Carlos quinto
    Hubiera reducido su persona
    De una celda al humilde apartamiento,
    Si no hubiera tenido una corona
    Que arrojar á las puertas del convento!»

De resultas de lo cual, ó sea de la falta de cualquier especie de
corona, algunos días después me veía yo obligado á dejar la pacífica
soledad del _Baldío_ por la turbulenta villa de Madrid, donde fecho hoy
este relato á 9 de Octubre de 1873.




DOS DÍAS EN SALAMANCA


I

DISCURSO PRELIMINAR


El lunes 8 de Octubre de 1877 nos hallábamos de sobremesa en cierto
humilde comedor de esta prosaica y anti-artística villa de Madrid,
cuatro antiguos amigos, muy amantes de las letras y de las artes, algo
entrados en años por más señas, y aficionadísimos, sin embargo, á correr
aventuras en demanda de ruinas más viejas que nosotros.

Habíase por entonces abierto al público la última sección del
_Ferrocarril de Medina del Campo á Salamanca_, lo cual quería decir, en
términos metafóricos, que esta insigne y venerable ciudad, monumento
conmemorativo de sí propia, acababa de ser desamortizada por el
espíritu generalizador de nuestro siglo, pasando de las manos muertas de
la Historia ó de la rutina, al libre dominio de la vertiginosa actividad
moderna.

Así lo indicó, sobre poco más ó menos, uno de nosotros; y como otro
apuntase con este motivo la feliz idea de ir los cuatro á hacer una
visita á aquel antiguo emporio del saber, y semejante propuesta, bien
que recibida con entusiasmo y aceptada _en principio_, suscitara algunas
objeciones, relativas á lo desapacible de la otoñada, á los achaques del
uno, á los quehaceres del otro y al natural temor de todos de que en la
ilustre y grave Salamanca no hubiese fonda vividera, el amo de la casa,
ó sea el anfitrión, encendióse (ó afectó encenderse) en santa ira, y
pidiendo arrogantemente la palabra (y una segunda copa de legítimo
_fine-champagne_), pronunció el siguiente discurso:

«Señores:

»¡Parece imposible que la edad nos haya reducido á tal grado de miseria!
¿Somos nosotros aquellos héroes, que hace algunos años, recorrían en
mulo ó á pie las montañas más altas de Europa, expuestos á perecer entre
la nieve, sólo por ver un ventisquero, una cascada ó el sitio en que los
aludes aplastaron á tal ó cual impertérrito naturalista? ¿Somos nosotros
los mismos que pasaron noches de purgatorio en ventas dignas de la pluma
de Cervantes, por conocer las ruinas de un castillejo moruno, los que
hicieron largas jornadas en carro de violín, por contemplar un retablo
gótico; los que sufrieron á caballo todos los ardores del estío andaluz,
buscando el sitio en que pudo existir tal ó cual colonia fenicia ó
campamento romano? ¿Somos nosotros los atrevidos exploradores de la
Alpujarra, los temerarios visitantes de Soria, los que llegaron por
tierra á la misteriosa Almería, y, sobre todo, los intrépidos
descubridores de Cuenca....., de cuya existencia real se dudaba ya en
Madrid cuando fuimos allá, sin razón ni motivo alguno, y en lo más
riguroso del invierno, tripulando un coche-diligencia que volcó seis
veces en veinticuatro horas?

»¡Nadie diría que nosotros somos aquellos célebres aventureros, al
vernos vacilar de esta manera en ir á la conquista de la inmortal
Salamanca, hoy que la locomotora la ha puesto, como quien dice, á las
puertas de Madrid! ¡Nadie lo diría, al vernos retroceder ante el frío,
ante la perspectiva de una cama incómoda ó de una comida poco suculenta,
y ante otros trabajos y fatigas, que siempre fueron, para hombres bien
nacidos, estímulo y aliciente de esta clase de expediciones!--¡Pues qué!
¿no eran mucho más viejos que nosotros, y no tenían más achaques y
dolamas, Cristóbal Colón, al embarcarse en Palos; Antonio de Leiva, al
salir de Pavía en ayuda de los ejércitos imperiales, y Abdel-Melik, el
Maluco, en la batalla de Alcazarquivir, á la que asistió moribundo,
llevado en hombros por sus soldados, y durante la cual expiró como
bueno, seguro ya de la derrota de D. Sebastián de Portugal?

»¡Un esfuerzo semejante espero yo de vosotros en la presente ocasión!
¡Considerad, señores, que se trata de Salamanca, de la _Madre de las
Virtudes y de las Ciencias_, como la llamaban antiguamente; de la ciudad
que ha llevado también el nombre de _Roma la Chica_, por los
innumerables y nobilísimos monumentos que la decoran; celebérrima bajo
la dominación de los romanos; cristiana antes de la irrupción de los
godos; arrancada varias veces de manos de los sarracenos, en los siglos
IX y X; liberada definitivamente en el siglo XI, y lumbrera desde
entonces de la entenebrecida Europa, por su veneranda Universidad, que,
con las de Oxford, Bolonia y París, vinculaba el saber de aquellos
tiempos! ¡Considerad que se trata de la hija mimada de Castilla la
Vieja, de la Atenas española, protegida constantemente por Magnates,
Prelados, Reyes, Papas y hasta Santos, desde D. Ramón de Borgoña y el
obispo Visquio, que la repoblaron, y comenzaron á engrandecerla, hasta
los Reyes Católicos, que la distinguieron con su predilección casi tanto
como á Granada! ¡Considerad que allí hubo concilios; que allí se
reunieron Cortes; que allí se juzgó á los Templarios; que allí se
establecieron preferentemente las _Órdenes Militares_ y fundaron
magníficos templos; que allí predicaron San Vicente Ferrer y San Juan de
Sahagún; que allí residieron mucho tiempo Santa Teresa y San Ignacio de
Loyola; que allí estudió y explicó Fr. Luis de León, y que allí
estuvieron los reyes Ordoño I, Alfonso VII, Fernando II, Alfonso IX,
Enrique II (antes y después de matar á su hermano), D. Juan I, D. Juan
II, D. Enrique IV, los Reyes Católicos (no una, sino muchas veces), el
emperador Carlos V, Felipe II, Felipe III, Felipe V, y D. Alfonso XII,
que felizmente reina!

»Digo más, señores; digo más.....--Allí nació y fué bautizado Alonso XI;
allí murió la esposa amadísima de Trastamara, ó sea la reina D.ª Juana
Manuel; allí murió también el príncipe D. Juan, único hijo varón de los
Reyes Católicos, quien, de haber vivido más tiempo, hubiera ahorrado á
España muchas calamidades; y allí, en fin, se casó con María de Portugal
el Sr. D. Felipe II, cuyo nombre y cuyos hechos no figurarían en nuestra
historia si no hubiese habido antes un Felipe I.....

»Salamanca, por consiguiente, debe de estar cuajada de iglesias, de
palacios y de conventos. Salamanca debe de ser un álbum arquitectónico,
donde se encuentren modelos de todos los estilos cristianos: del
románico, del gótico, del plateresco, del greco-romano y del
churrigueresco (y esto suponiendo que no haya también piedras árabes y
judías). Salamanca, en fin, será un _mare magnum_ de portadas, de
torres, de columnatas, de ojivas, de retablos, de púlpitos, de pinturas
en tabla, en lienzo y al fresco, de sillerías y estatuas de madera, de
verjas, de alhajas, de ornamentos, de ropas y de otras venerandas
antigüedades.

»Para formar idea de ello, básteos saber que, en el siglo XII, cuando se
escribió el _Fuero de Salamanca_, había en la ciudad 33 iglesias, y que
después llegó á haber hasta 48, sin contar cuatro conventos de Monacales
y 17 de Religiosos de los demás Institutos, 16 de Monjas, dos beaterios
de reclusión voluntaria, uno de reclusión forzosa, y más de 30 colegios,
incorporados legalmente á la Universidad..... Y, aunque descontemos las
muchas iglesias, y, sobre todo, los muchos conventos que habrán caído al
golpe del cañón extranjero y de la piqueta constitucional y republicana
desde 1808 á 1813, y desde 1835 á 1874, todavía quedarán en pie los
bastantes monumentos históricos y artísticos para considerar á Salamanca
(y es cuanto se puede decir) como otra Toledo.--¡A Salamanca, pues,
amigos míos! ¡A Salamanca, sin pérdida de tiempo! ¡A Salamanca, antes
de que, por razón de ornato público, le sacudan el polvo de los siglos!
¡A Salamanca, antes de que la reformen, antes de que la mejoren, antes
de que la profanen..... (que todo viene á ser la misma cosa)! ¡A
Salamanca mañana mismo!

»El viaje es sumamente cómodo.....--Aquí tenéis _El Indicador_.....--Se
sale de Madrid á las nueve y media de la noche, y se llega allá á las
nueve y media de la mañana.--El billete, en 1.ª clase, cuesta siete
duros, que, con siete de volver, son catorce.--Supongo que habrá allí
hoteles, ó sea fondas; pero, si no los hay, habrá casas de huéspedes, y
si no, posadas, y si no, hospicio.--Y hablo así, porque no avisaremos á
nadie nuestra llegada; que, de lo contrario, bien podríamos asegurar que
allí tenemos al padre alcalde, y no sólo al padre, sino al abuelo y al
bisabuelo....., dado que conocemos en Salamanca al Sr. Obispo de la
diócesis, Martínez Izquierdo, compañero de algunos de nosotros en las
Cortes de 1869 y en el actual Senado; dado que nuestro amigo Frontaura
es Gobernador de la provincia, y dado que yo cuento además en aquella
población con la antigua y excelente amistad de otras personas, que no
dejaré de presentaros en el momento oportuno.--Fuera de esto, sabed que
Salamanca gozó siempre opinión de barata y de rica, y que sus alimentos
son también muy celebrados. Los castaños y encinas de sus montes dan
pasto al mejor ganado de cerda de las Españas, y el tal ganado de cerda
(convendréis en ello) puede muy bien servir de pasto á viajeros tan
aguerridos como nosotros. A mayor abundamiento, las truchas del Tormes
gozan igual fama de exquisitas (me refiero al geógrafo Miñano), sin
contar con que en los corrales de aquellas casas de labor se crían
ciertos pavos enormes, ya cantados por mí en un célebre soneto.--Y, ¡en
fin, señores! ¡qué diablos! ¡corre de mi cuenta llevar un cesto de
víveres y municiones (cuando digo _municiones_, entended _botellas_)
para los casos de _fuerza mayor_ y otras calamidades inesperadas!.....

»Conque..... he dicho.»

Aplausos y aclamaciones acogieron este discurso; y, sin más debate,
aprobóse por unanimidad el proyecto, quedando decidido que á la noche
siguiente saldríamos para Salamanca.


II

DE MADRID A MEDINA DEL CAMPO


En efecto: á las nueve y media de la siguiente noche salíamos de Madrid
en el tren _segundo correo_, destinado, como todo el mundo sabe, á
transportar cartas y viajeros desde esta Villa y Corte (que ya cuenta
400.000 habitantes) á media España y á toda Europa.

Sin embargo, íbamos casi solos.....--Los españoles tenemos pocos asuntos
fuera de casa, y los que tenemos no nos interesan hasta el extremo de
hacernos emprender largos viajes. Nuestra filosofía moruna, ascética, ó
como queráis llamarla, da de sí esta magnánima indiferencia, tan
deplorada por economistas y políticos, y tan aplaudida por otra clase de
pensadores que miran las cosas desde más alto. Viajan, sí, por mero
placer, los elegantes y los fantaseadores, los bañistas de afición y los
amantes de la naturaleza; pero, precisamente en la fecha citada, este
linaje de madrileños regresaba ya hacia las orillas del Manzanares, ó,
por mejor decir, hacia las bocas de riego del Lozoya.--Además, aquel día
era martes, y los martes apenas se despacha algún billete en nuestros
ferrocarriles, por aquello de que _en martes ni te embarques ni te
cases_; razón que me ha movido á mí siempre á preferir los martes para
viajar, pues va uno más holgado en el tren ó en la diligencia. ¡Y si
puedo combinar que sea _martes y día 13_, mejor que mejor!

Esto de la holgura lo llevábamos nosotros resuelto aquella noche _por
ministerio de la ley_..... Quiero decir, que éramos dueños de un
_reservado_ de ocho asientos, que entre cuatro personas daba dos
asientos para cada una, con su correspondiente rincón por cabeza y para
la cabeza.--Nos dormimos, pues, en seguida que el tren se puso en marcha
(como muy necesitados que estábamos de descansar de nuestras prisas del
día, y también para ir haciendo provisión de sueño y de reposo, á cuenta
de los madrugones y demás fatigas consiguientes á una expedición
artístico-poética por tierra de garbanzos), y dormidos pasamos muchísimo
tiempo.

* * *

A las tres de la madrugada el hambre nos despertó.

Estábamos en _Sanchidrián_, á veinticinco leguas de Madrid, al otro lado
de la cordillera del Guadarrama.

¡Bien nos habíamos portado! ¡Cinco horas de sueño de un tirón!

Durante ellas, sólo habíamos oído, á cosa de las doce, en uno de esos
intervalos de semiconciencia que tiene el durmiente á cada parada del
tren, los destemplados gritos con que una pobre mujer (única que á tal
hora estaría despierta en aquella áspera sierra) pregonaba á todo lo
largo de la hilera de coches: «_¡Leche de las Navas!_», sin que se
siguiese ruido alguno demostrativo de que la infeliz trasnochadora
despachaba algo.....

Es decir, que habíamos pasado por _El Escorial_, por las susodichas
_Navas_ (que Dios bendiga), por _Ávila_, y por otros varios pueblos
chicos y grandes, sin darnos siquiera cuenta de ello.--¡Quién se lo
dijera á D. Felipe II cuando edificaba lo que recibió el nombre de
_octava maravilla_! ¡Quién le dijera que llegaría un tiempo en que
cruzasen por allí _con los ojos cerrados_ personas tan amantes del Arte
y de la Historia como nosotros!

Pero, ¿qué mucho, si habíamos atravesado con igual indiferencia la
formidable Sierra de Guadarrama (que es algo más grande que el
Monasterio del Escorial), pasando _inconscientes_, no sólo por delante
de sus cimas, sino _por dentro_ de sus mismísimas entrañas, por la cuna
de los metales, por la oficina de los terremotos, por las regiones del
infierno?

* * *

Decía que estábamos en _Sanchidrián_, y que el aguijón del hambre nos
había despertado.

El mismo mozo de la vía por quien supimos particularmente en qué
Estación nos hallábamos (pues nadie se había tomado el trabajo de
_vocearla_), nos participó además, _motu proprio_, que el termómetro del
telegrafista marcaba en aquel instante seis grados bajo cero.

¡Oirlo nosotros, y bajar el cristal de la ventanilla, todo fué una sola
cosa! Hecho lo cual transformamos el coche en fonda, y cenamos
tranquila, profusa y regaladamente: que para eso llevábamos _á bordo_ el
anunciado cesto de provisiones, en que no faltaba ningún perfil; pues, á
más de comestibles de buena ley, contenía frascos de agua y botellas de
vino, café del mismísimo Aden y máquina para hacerlo, velas con que
alumbrarnos _á guiorno_, y otros muchos refinamientos de sibaritismo y
de _confort_, que ni tan siquiera concibieron los antiguos emperadores
romanos.

Terminada la cena, nos fué imposible volver á dormir.--Pasamos, por
consiguiente, en alegre conversación cosa de una hora; hasta que, cerca
de las cinco de la mañana (es decir, todavía con estrellas) llegamos á
la Estación de _Medina del Campo_.

_¡Medina! ¡Parada y fonda! ¡Cambian de tren los viajeros para Zamora y
para Salamanca!_--gritó el mozo de la Estación.

--¡Vaya una fonda y una parada inoportunas!--exclamamos nosotros, dando
un suspiro.

Y nos pusimos á recoger nuestros enseres.


III

EN MEDINA DEL CAMPO


Los viajeros que se dirigen á Salamanca en camino de hierro, tienen que
esperar en la Estación de _Medina_ (¡durante una hora!) la salida del
tren que corre exclusivamente entre estas dos ínclitas
ciudades.--Cargamos, pues, con todo nuestro ajuar, y echamos pie á
tierra en el andén, acatando los altos é incomprensibles designios de
las Empresas, que no han juzgado conveniente ahorrar á los viajeros esta
hora de detención.

Como todavía era de noche, según queda indicado, y hacía todo el frío
que nos dijeron en Sanchidrián, tuvimos que refugiarnos, lo mismo que el
resto de los viajeros (unos treinta, naturales de aquellas cercanías),
en el diminuto, descristalado y afortunadísimo cafetín (vulgo _Fonda_)
de la Estación, donde nos vimos obligados á oir, á pesar nuestro, más de
una conversación ajena, poco edificante y nada chistosa....., á las
cuales conseguimos al cabo sustraernos, hablando entre nosotros y en voz
baja de la ilustre ciudad á cuyas puertas vivaqueábamos tan
desagradablemente.

Dicho se está, por tanto, que salió á relucir el funestísimo día 21 de
Agosto de 1520, en que _Medina del Campo_ fué quemada por el alcalde
Ronquillo y por el capitán Fonseca, á consecuencia de haberse resistido
sus moradores á entregarles la artillería para combatir á Segovia,
alzada en favor de los Comuneros, y que recordamos también aquella
hermosa carta, escrita con tal motivo por los Segovianos á los
Medinenses, en que se leen estas sublimes frases dignas de la antigua
Musa de la Historia:--«_Nuestro Señor nos sea testigo, que si quemaron
desa villa las casas, á nosotros abrasaron las entrañas, y que
quisiéramos más perder las vidas que no se perdieran tantas haciendas.
Pero tened, señores, por cierto, que pues Medina se perdió por Segovia,
ó de Segovia no quedará memoria, ó Segovia vengará la su injuria á
Medina..... Desde aquí decimos, y á la ley de cristianos juramos, y por
esta escritura prometemos, que todos nosotros por cada uno de nosotros
pornemos las haciendas y aventuraremos las vidas; y lo que menos es que
todos los vecinos de Medina libremente se aprovechen de los pinares de
Segovia, cortando, para hacer sus casas, madera. Porque no puede ser
cosa más justa que, pues Medina fué ocasión de que no se destruyese con
la artillería á Segovia, Segovia dé sus pinares con que se repare á
Medina....._»

«Medina (añade el historiador Lafuente) había sido hasta entonces el
emporio del comercio, el gran mercado del Reino, y el principal depósito
de las mercancías extranjeras y nacionales, de paños, de sedas, de
brocados, de joyería y tapicería: sus ferias anuales tenían fama en el
mundo: todo pereció en aquel día de desolación: de setecientas á
novecientas casas fueron consumidas por las llamas.»

* * *

A todo esto había principiado á amanecer; visto lo cual, nos trasladamos
al andén de la Estación, prefiriendo helarnos al aire libre viendo los
rosicleres de la aurora, á los aires colados y á las crecientes
vulgaridades del cafetín.

El andén de la estación estaba tan silencioso como solitario.--Nuestro
primitivo tren había continuado su marcha hacia Irún, no bien nos
bajamos de él, y después había partido otro con dirección á la insigne
ciudad de Zamora.--¡El único que no daba ni señales de pensar en salir
era el recién establecido _tren de Salamanca_!

En cambio, salió el sol.--Por cierto que su primer rayo no hirió
directamente nuestras pupilas, sino que fué á besar con amoroso respeto
un arrogantísimo torreón gótico, que ya habíamos divisado enfrente de la
Estación, sobre las ruinas de una antigua fortaleza.--Era la famosa
_Torre del Homenaje_ del celebérrimo _Castillo de la Mota_.

Este castillo, distante de _Medina_ algunos centenares de pasos, y
separado hoy de ella por el tiránico ferrocarril, corona una especie de
meseta que, en estas interminables planicies castellanas, pudo muy bien
hacer el papel de _altura_ cuando se la eligió para asiento de una
ciudadela.....--Allí murió Isabel la Católica. Es decir, que tal vez en
el interior de aquella _torre_, dorada por el sol naciente, se hallaba
(y se halla) el aposento pintado por Rosales, con singular maestría, en
el cuadro que dió principio á su reputación.--Allí estuvo preso, durante
veinte años, Hernando Pizarro, hermano y compañero de glorias del
Conquistador del Perú.--Allí vivió también encarcelado el abominable
César Borgia.....

Pero como si el tren de Salamanca hubiera estado aguardando á que nos
fuese grata la permanencia en la Estación de _Medina_ para decir
«_¡Vámonos!_», la campanilla, y el pito, y las voces de los empleados
nos sacaron en esto de la contemplación de tan venerables ruinas y de
sus grandes recuerdos históricos, obligándonos á correr más que aprisa
hacia el andén, del cual nos habíamos alejado insensiblemente.

En aquel mismo instante brilló á nuestros ojos, no ya la luz refleja,
sino el mismo disco del sol.....

Eran las seis.


IV

DE MEDINA DEL CAMPO A SALAMANCA


Partimos.

El tren giró hacia el Oeste, no bien salió de entre agujas, y colóse
inmediatamente en _Medina del Campo_, cuyas últimas casas lindan con la
Estación.

La vía férrea cruza por las calles mismas de la villa, sobre un
terraplén de algunos pies de altura, gracias al cual fuimos viendo, por
encima de cercas y tapias, el interior de muchos corrales llenos de
leña, estiércol y aperos de labor, y cubiertos de recientísima escarcha,
por donde andaban ya las madrugadoras gallinas tomando el sol y
cacareando.....

Los medinenses no se habían levantado todavía. Por lo menos, las
ventanas y puertas de sus casas estaban cerradas, las chimeneas no
expelían humo, y no había ni un alma en las silenciosas calles.

_Medina_ es extensísima, y compréndese muy bien, al verla, que desempeñe
papel tan importante en la Historia de España. A cada paso descubríamos
casas ruinosas, con todo el aspecto de deshabitadas, y amplios solares
de otras que se han hundido. Infinidad de torres de iglesias nuevas ó
viejas (es decir, de hace cuatro ó cinco siglos, ó del siglo pasado, á
juzgar por la forma de sus campanarios y por el color de los muros)
mantiénense todavía en pie. Abundan las de piedra renegrida por el
tiempo, y aun hay que contar las que habrán derribado los siglos y las
revoluciones.....

De los desastres causados por la tea incendiaria de Ronquillo y de
Fonseca, nótanse por doquier horribles vestigios.--La desventura de
_Medina_, como las de Pompeya y Herculano, tiene fecha determinada. ¡Tal
día de tal año amaneció rica y poderosa, y á la noche era un montón de
ruinas!

Pero mientras nosotros pensábamos en esto, el tren había dejado ya atrás
á Medina del Campo, y corría por más alegres horizontes.....

Hagamos nosotros lo mismo.

* * *

De Medina á Salamanca hay 77 kilómetros.

Acerca de los primeros que recorrimos, sólo tengo que decir que seguimos
cruzando la gran llanura de Castilla la Vieja, más productiva, pero no
menos desamparada y monótona que la de Castilla la Nueva. En cuanto
alcanzaban los ojos veíamos leguas y leguas de campos sin verdor,
recién arados con el mayor esmero, en donde iban á sembrarse los
gérmenes de la cosecha de 1878; ¡pero ni un árbol, ni una vivienda, ni
un chorro de agua, ni la más leve ondulación en el terreno!.....

Sin embargo, aquella interminable planicie casi negra, cobijada por un
cielo azul y limpio, é inundada de luz por un sol alegre y esplendoroso,
no carecía de encanto y grandiosidad, á causa de su misma
sencillez.--Hacía un día hermosísimo, un verdadero día español, y esto
lo embellece todo.

Por lo demás, ya íbamos divisando en la soledad de aquellas tierras
algunos labradores que araban tranquilamente, y que nosotros no podíamos
imaginar de dónde habían salido ni á qué hora se habían levantado para
estar allí tan de mañana.--Vistos desde el tren, parecían habitantes de
la Luna contemplados desde la Tierra, ó habitantes de la Tierra
contemplados desde la Luna, ó más bien parecían un accesorio fijo y
permanente de aquel cuadro, como las figurillas humanas que ponen los
pintores en los _paisajes_.

Minutos después (que es como si dijéramos _algunas leguas_ más allá)
pasamos por delante de un montecillo de barro, de piedras, de yeso, de
tejas y de retama, coronado por un campanario con su cruz y todo.....
Era un pueblo: era _Campillo_: quiero decir, era uno de tantos
_Campillos_ como figuran en el _Nomenclátor_ de España.

Luego pasamos por _El Carpio_ (ó sea por _un Carpio_, pues también
conocíamos ya más de uno).....

Y á las siete y veintiocho llegamos á _Cantalapiedra_, famosa hoy por su
agua potable, que no bebimos.

Habíamos entrado en la PROVINCIA DE SALAMANCA.

Allí comienza ya á rizarse el terreno.--_Cantalapiedra_ ocupa una meseta
inclinada, donde hubo también antiguamente cierto castillo casi
inexpugnable.

En el siglo XV los Portugueses se apoderaron de él y defendieron largo
tiempo, al amparo de sus muros, las pretensiones de la Beltraneja.--Los
vecinos de la villa discurrieron entonces que el tal castillo podía con
el tiempo dar ocasión á nuevas luchas y trastornos, si lo dejaban en
pie; y no bien terminó aquella guerra civil, lo demolieron pacíficamente
con sus propias manos.--Vese, pues, que no siempre ha corrido como
verdad axiomática lo de _si vis pacem, para bellum_.

Y es cuanto puedo decir de _Cantalapiedra_.

Puestos otra vez en marcha, el sol, que iba ya calentando, principió á
acariciarnos dentro del coche, y acabó por dormirnos
amorosísimamente.....

Y dormidos pasamos (según luego vimos en _El Indicador_) por

_Nueva Carolina_,

_Pedroso_,

_Gomecello_,

Y _Moriscos_,

nombres que ningún eco habrían hallado en nuestra memoria, aunque no
hubiésemos estado dormidos.

En cambio, quiso la Providencia que despertásemos al salir de esta
última Estación, ó sea cuando faltaba un cuarto de hora (legua y media)
para llegar á _Salamanca_.--De otro modo, nos hubiéramos hallado _de
pronto_ bajo los muros de la gran ciudad; cosa opuesta á todas las
reglas del arte de conmoverse.

* * *

Lo primero que vimos de _Salamanca_ (mucho antes de divisarla á lo
lejos) fué sus célebres toros....., _los toros salamanquinos_, de mil
libras de peso y de formidables astas, plantados cerca de la vía y
mirando el tren con más cólera que espanto.

--¡Ah, facinerosos! (estuve por decirles). ¡Desde tiempo inmemorial
habéis estado yendo á Madrid á asustarnos con esa fuerza y esos cuernos
que Dios os ha dado!..... ¡Ahora nos toca á los madrileños venir á
Salamanca á asustaros á vosotros!--¿Por qué no probáis á luchar con esta
locomotora?

Los toros debieron de adivinar semejante desafío, y noticiosos, sin
duda, del trágico fin de aquellos héroes y mártires de su misma especie
que embistieron arrogantemente en las orillas del Jarama á los primeros
trenes de Madrid á Aranjuez y de Aranjuez á Madrid, nos volvieron la
espalda con suma dignidad, como diciendo:

--¡Nuestra raza cumplió ya ese deber! ¡Su protesta quedó escrita con
sangre! ¡Paso á la majestad caída!

Y la verdad es que tenían razón.

En esto apareció ante nuestros ojos _Salamanca_, surgiendo de la
hondonada en que se asienta á la orilla derecha del Tormes.

¡Aquélla era, sí, la _muy noble y muy leal_ matrona, con sus rotas
murallas; con su centenar de torres y cúpulas, que en línea horizontal
se dibujaban en el cielo; con sus amplios edificios de dorada piedra,
que reverberaban al sol, y precedida de una verde arboleda, que parecía
servirle de zócalo ó de alfombra!

Tanta erguida piedra campeando en el aire, tanta arquitectura, tanta
grandiosidad, tanta nobleza, correspondían de todo punto al
encomiástico dictado de «_Roma la Chica_.....» Era, pues, indudable que
estábamos delante de _Salamanca_.


V.

ENTRADA EN LA CIUDAD.--LA CALLE DE ZAMORA


La Estación del ferrocarril de Salamanca distará un kilómetro de la
ciudad, y desde aquélla á ésta corre una hermosa calle de árboles, que
sirve de paseo público. Además, cuando nosotros fuimos allí, construíase
á toda prisa, para el servicio de la misma Estación, una ancha y bien
acondicionada carretera, por cuyo explanado trayecto pasaban ya los
_ómnibus generales_ y muchos _particulares de los hoteles_.

¡Porque _todo esto había_ donde ningún alojamiento temíamos hallar
cuando en Madrid proyectábamos el viaje!

--«¡Señorito, al _Hotel H_!.....--¡Señorito, al _Hotel
B_!.....--¡Señorito, á la _Fonda X_!.....»--nos gritaban los
_commissionnaires et facteurs_, ni más ni menos que si acabásemos de
llegar á París ó Londres.

--¡Bien por Salamanca!--exclamamos nosotros.--_¡Nobleza
obliga!_--¡Cuando los Grandes se meten á plebeyos, deben hacer las
cosas con este rumbo!

Pero de aquella misma abundancia de alojamientos surgía una nueva
dificultad, y era que, como no habíamos consultado á nadie antes de
salir de Madrid, ni avisado á ningún amigo nuestra llegada á Salamanca,
ignorábamos cuál era el mejor hotel, hallándonos, por tanto, en la
situación que los franceses (y va de afrancesamiento) denominan
_embarras du choix_.

No era cosa de equivocarse en punto de tamaña trascendencia.
Preguntamos, pues, á un guardia civil (autoridad infalible, de tejas
abajo), y éste nos recomendó (confidencialmente) el _Hotel del
Comercio_.

--_¡Al Hotel del Comercio!_--dijimos nosotros entonces con absoluta
confianza, penetrando en el ómnibus de aquella advocación.

Y partimos.

En cuanto al resto de los viajeros..... (¡ah, cucos!), ya se les veía
caminar á pie por la calle de árboles: de lo cual se deduce que los
demás carruajes volvieron de vacío á la ciudad.--Pero ¿qué importaba, si
el honor de Salamanca se había salvado?

Dice un refrán novísimo: _Haz lo que debas, aunque debas lo que hagas_.

* * *

Subido en el estribo de la trasera, y con la gorra, la cabeza y medio
cuerpo metidos dentro de nuestra jaula, nos miraba y se sonreía el
_zagal_ del ómnibus (_zagal_ también por los años, pues no habría
cumplido quince), y al ver yo su rostro picaresco, digno de su paisano
_Lázaro de Tormes_, díjeme alborozadamente:--«¡He aquí nuestro
_cicerone_ hasta que lleguemos á la fonda!.....»

Y me puse con él _al habla_, previa donación, que le hice, de un cigarro
puro.

Aquel joven nos dijo, entre otras muchas cosas menos interesantes, que
_la puerta_, ya sin puerta, por donde poco después entrábamos en
Salamanca, se llama todavía la _Puerta de Zamora_, y que la hermosa
calle que allí comienza lleva también el nombre de la ciudad de Gonzalo
Arias.

Y nosotros recordábamos, por nuestra parte, el clamoreo que se alzó en
las Academias de Madrid el año de gracia de 1855, cuando los salmantinos
(no todos) tuvieron á bien derribar la tal puerta, sin reparar en que
había servido de Arco de Triunfo para la entrada del emperador Carlos V
en la ciudad del Tormes el año, también de gracia, de 1534.....

La dicha _Calle de Zamora_, que, según vimos después, es la mejor de
Salamanca, llamó sobre todo nuestra atención, y muy particularmente la
mía, por su color pardo, austero y como de vejez.--Y era que mi último
y entonces recientísimo viaje de recreo había tenido por teatro la
provincia de Cádiz, y mis ojos estaban hechos á ver pueblos
blanquísimos, relucientes, flamantes, _nuevos_, por decirlo, así,
adornados de verdes balcones, de floridos patios expuestos al público, y
de enjalbegadas horizontales azoteas al estilo de África: era que aun
danzaban en mi imaginación aquellas ciudades muertas de risa, sin
monumentos históricos ni humos artísticos, sencillas, graciosas y
coquetas como jóvenes vestidas de veraniego percal, que se llaman
Sanlúcar, los Puertos, San Fernando y Cádiz.

Salamanca, por el contrario, se me presentaba en la _Calle de Zamora_,
vestida de paño y de terciopelo, de hierro y de gamuza, como una especie
de ricahembra apercibida á asistir al Consejo ó á la batalla, y más
aficionada al templo que al sarao.--Muchas casas eran de piedra, y otras
estaban pintadas de un modo severo, anticuado, monumental. La
arquitectura y la arqueología, la historia y la leyenda, extrañas
completamente al alegre caserío gaditano, reaparecían, pues, á mi vista
con sus venerandos caracteres. Grandes escudos heráldicos campeaban
encima de varias puertas, ó en los espaciosos lienzos de fortísimos
muros, ó en el herraje negro y feudal de rejas y balcones. Estos
balcones tenían por dosel enormes guardapolvos; los tejados remataban
en descomunales aleros, y, abajo, las amplias y voladas rejas terminaban
en humildes cruces. Veíanse portadas de aquel período del Renacimiento
que puede llamarse _plateresco español_; otras de arco romano, con
grandísimas _dovelas_, al estilo del tiempo de los Trastamaras, y
algunas de tan imponente y esquiva hechura, que, á no correr el año de
1877, hubiera yo jurado que en tales casas vivían poderosos inquisidores
ó alguno de aquellos terribles mayorazgos que solían ser jefes de una
docena de hermanos, todos ellos soldados, frailes y
monjas.--¡Indudablemente estábamos en Castilla la Vieja, ó, mejor dicho,
en el antiguo reino de León! ¡Hasta el aire era allí godo, español
rancio, cristiano puro, _antisarraceno_, en fin--ya que es menester
decir las cosas claras!

Y cuenta que Salamanca no tiene nada de lúgubre, de sombría ni de
taciturna, como nosotros mismos habíamos creído hasta entonces,
equiparándola á otras ciudades castellanas; sino que es, y desde luego
conocimos que era, una población alegre, animada, de mucha luz, de
hermoso cielo, de libre y puro ambiente, digna, en fin, de albergar,
como alberga, á los que suelen ser llamados en Valladolid y Burgos _los
andaluces de Castilla_.

Con esto llegamos al hotel, situado al otro extremo de aquella misma
calle; elegimos habitaciones, que nos parecieron excelentes; y como
entonces se nos advirtiera ó notificara de oficio que en aquel
establecimiento se almorzaba á las once en punto, batimos palmas en
señal de alegría, y tomamos en seguida la escalera abajo, á fin de
aprovechar la hora y pico que faltaba para la canónica del almuerzo, en
dar el _primer paseo_ artístico por la ciudad de los Fonsecas y
Maldonados.


VI

LA PLAZA MAYOR.--EL CORRILLO DE LA HIERBA


El primer paseo por toda ciudad monumental debe hacerse sin _cicerone_ y
sin _Guía_ escrita, única manera de formar _juicio propio_ de las cosas
y admirarlas, ó no admirarlas, independientemente de sugestiones y
comentarios ajenos.

Esto hicimos nosotros aquella mañana: salimos á la calle á la buena de
Dios; y como lo primero que divisamos fuese, á muy pocos pasos de la
puerta del hotel, cierto arco de piedra que daba acceso á una gran plaza
con árboles y jardines, nos dirigimos allá resueltamente, no sin
preguntarnos antes con tanto énfasis como si acabásemos de descubrir la
India.

--¿Qué plaza será ésta?

Pronto leímos en los azulejos que era la _Plaza Mayor_, y pronto
dedujimos de otras señales que era también la plaza del Ayuntamiento, la
plaza de la _Constitución_, el foro salmantino.

Declaro que, _prima facie_, nos agradó mucho la tal plaza; y,
verdaderamente, su conjunto es magnífico. Disputen los arquitectos y los
meros aficionados al arte (nosotros disputamos también allí sobre ello)
acerca de si la ornamentación peca de más ó menos barroca y pesada,
sobre la desproporción que hay entre los huecos y los macizos, á tal
punto que ciertos adornos y molduras parecen miembros principales de la
obra, y sobre lo mucho que la composición se resiente del mal gusto
dominante cuando se ejecutó (que fué en tiempo de los Churrigueras y de
Borromino); pero, aun así, el aspecto general resulta noble, rico,
decoroso, hasta regio.....; digno, en fin, ya que no de la exquisita
Salamanca, de cualquier adocenada corte. Además, la exornación moderna
(jardines, fuentes, candelabros, etc.) es sumamente agradable, y denota
gran esmero y elegancia de parte de los Ayuntamientos salmantinos de
nuestros días.

Aunque la _Plaza Mayor_ parece cuadrada, no lo es, sino que forma un
trapecio cuyos lados varían de 72 metros á 82.--Todas las casas son
iguales y tienen tres cuerpos. El cuerpo inferior deja expedito un ancho
pórtico, ó sea unos soportales corridos, donde hay más de cien tiendas
de comercio, muy variadas y bien surtidas. Los otros dos cuerpos son
también arquitectónicos, y obedecen á un plan monumental dibujado por el
célebre maestro D. Andrés García de Quiñones, el cual no anduvo muy
disparatado para lo que entonces se estilaba en el mundo..... (Me
refiero á 1710, fecha en que D. Felipe V visitó la ciudad y dió permiso
para concluir la obra.)

Nicolás Churriguera, descendiente del famoso D. José, y como él natural
de Salamanca, encargóse de la ejecución, con otros arquitectos que no
recuerdo ahora, y fué el exclusivo autor de una estupenda fachada (la de
las _Casas Consistoriales_), recargadísima de hojarasca y de mil locuras
de piedra, que debe de agradar mucho generalmente, y que tampoco dejó de
gustarnos á nosotros como _documento artístico_.--¿No andamos hoy
comprando á altísimos precios marcos dorados y otros muebles de estilo
barroco? ¿No está hoy de moda lo Pompadour y hasta lo Dubarry, tanto
como ayer estaba lo gótico y anteayer lo pagano?--¡Pues ya hemos
absuelto á los Churrigueras y sus discípulos, si no como doctrina y
norma del arte, como hecho consumado y dato histórico, y con la
condición de que no vuelvan!

En dicha fachada había dos excelentes bustos de Carlos IV y de María
Luisa, ejecutados por uno de los más insignes entre los varios grandes
escultores españoles que han llevado el apellido _Álvarez_. Refiérome á
D. Manuel Álvarez, llamado comúnmente _el Griego_, hijo también de
Salamanca y autor de las cinco hermosas estatuas de la _Fuente de Apolo
y las Cuatro Estaciones_ que embellecen el Salón del Prado de esta
coronada villa.....--Pues bien: los tales bustos fueron derribados y
destruídos en no sé qué asonada popular, sin consideración alguna á su
mérito artístico..... ¡Y, sin embargo, todavía hay artistas que no son
reaccionarios!

Muchos otros bustos de antiguos Reyes é ilustrados Capitanes hay en las
enjutas de los arcos de dos lados de la plaza; pero valen tan poco como
esculturas, y es tan problemático su parecido, que el motín los
respetó.--Bastante más que todos ellos nos interesó una sencilla lápida
que conmemora, en la fachada de la casa núm. 19, que _allí vivió y murió
el famoso poeta salmantino_ D. JOSÉ IGLESIAS.

* * *

Terminado el examen de la _Plaza Mayor_, atrajeron nuestra vista y
despertaron nuestra curiosidad dos altísimas torres gemelas, dominadas
por una cúpula y un cimborio, y no exentas de majestad y gallardía, que
asomaban á lo lejos, hacia la parte del Sudoeste, por encima de las
intermedias manzanas de casas.

--¿Qué será aquello?--volvimos á preguntarnos.

--Aquello..... (respondió un bondadoso transeunte, que nos miraba con
tanta extrañeza como nosotros á las dos torres), aquello es _la
Compañía_.

--¡Ah, ya!..... _Los Jesuítas_.....

--Justamente.....; la grandiosa Casa de los Padres.....

--Muchísimas gracias.....--replicó el más _liberal_ de nosotros cuatro,
levantando la sesión con un saludo.

Y todos nos dirigimos allá resueltamente.

Pero, no bien salimos de la _Plaza Mayor_, entramos en una plaza.....
mínima, que nos enamoró mucho más que la que dejábamos. ¡Tanto nos
enamoró, que si los hijos del país hubiesen oído nuestras celebraciones,
las habrían considerado irónicas y burlescas!

Porque se trataba de una plazoletilla triangular, de irregulares líneas
y viejo y abigarrado caserío, donde no había dos balcones iguales, ni
dos edificios simétricos, ni monumento alguno bueno ni malo; nada, en
fin, que fuese elegante, ordenado, lujoso, ó tan siquiera limpio. ¡Y en
esto precisamente consistían su belleza artística, su encanto poético,
su color histórico!

El _Corrillo de la Hierba_ se llama aquel sitio.--Se lo recomiendo á
toda persona de buen gusto que vaya á Salamanca.--Verá allí
aglomeraciones de casas viejas, como las que figuran en las decoraciones
teatrales ó en los cuadros referentes á la Edad Media; verá allí un
variado y grotesco repertorio de balcones, aleros, guardapolvos y
barandajes sumamente característicos; verá puertas chatas, paredes
barrigonas, ventanas tuertas, pisos cojos y tejados con la cabeza dada á
componer, como no los encontrará en ninguna otra parte.--Y ¡qué escenas
localiza en aquel sitio la imaginación! ¡Qué fondo aquel para un lienzo
que representase el célebre motín en favor de los Comuneros, ó las
sangrientas riñas á que dió ocasión D.ª María _la Brava_, ó una de
aquellas temerarias revueltas contra los Franceses, coronadas luego de
gloria por la batalla de Arapiles!

Además de los multiformes tenduchos que rodean la plazuela, y que le
añaden animación y fuerza dramática, veíase á aquella hora una infinidad
de _puestos_ amovibles ó _matutinos_; es decir, una multitud de
lugareñas sentadas en el suelo, con su cesta de huevos al lado, y
rodeadas de pollos, pavos y gallinas.--Aquellas mujeres, vestidas con
pesadísimos dobles refajos, y liadas en una especie de manta, parecían
montones de lana de vivos colores, de cuyo fondo salían pregones tan
agrios y desapacibles como el cacareo ó los graznidos de las propias
aves pregonadas.

Agréguese á esta algarabía el disputar de los hombres, los gritos de los
muchachos, la charla de las criadas que hacían la compra, el ruido de
los talleres, el son de unas campanas vecinas que tocaban á niño muerto,
los perros ladrando, los pobres pidiendo limosna, bestias cargadas que
iban y venían, y el correspondiente vocear del que las arreaba, y se
formará juicio aproximado del _Corrillo de la Hierba_, á las diez de la
mañana de un día de Octubre del ya casi octogenario siglo XIX.

De buena gana nos hubiéramos estado allí hasta las once; pero las torres
de la _Compañía_ seguían llamándonos, y no era cosa de desairarlas
cuando alguno de nosotros acababa de cobrar en Madrid fama de
jesuíta.--Continuamos, pues, nuestra marcha en aquella dirección,
tomando por una solitaria calle, que creo se llamaba de _Sordolodo_.


VII

LA CASA DE LAS CONCHAS.--IGLESIA Y COLEGIO DE LA COMPAÑÍA DE
JESÚS.--MÁS IGLESIAS Y PALACIOS.


Desde que penetramos en aquella calle, Salamanca tomó á nuestros ojos un
nuevo aspecto.--Ya no era la señorona del siglo pasado representada por
la _Plaza Mayor_: tampoco era la revoltosa ciudadana del siglo XVI, que
gritaba y luchaba en el _Corrillo de la Hierba_: ya era una dama gótica,
tan severa como triste; mucho más triste, á decir verdad, que en la
_Calle de Zamora_.

La en que acabábamos de entrar y las adyacentes eran angostas y
torcidas, como anteriores al uso de los coches urbanos: blasones
nobiliarios y portadas artísticas de la Edad Media adornaban sus
ruinosas casas, y un silencio de muerte servía allí de melancólico
acompañante á la romántica soledad.--Ni una sola tienda profanaba
aquellos portales. No se veía alma viviente ni en rejas ni en balcones.
Dijérase que en tal barrio no vivía criatura humana. Parecía aquello,
más que realidad de los tiempos presentes, engendro fantástico de un
poeta de 1838, de un Espronceda, de un Zorrilla, de un García
Gutiérrez.

Salimos al fin frente por frente del _Colegio de la Compañía_, y ya nos
disponíamos á estudiar la enorme y suntuosa fachada de su iglesia,
cuando reparamos que en la acera opuesta se alzaba una de las maravillas
arquitectónicas más célebres de Salamanca; uno de los monumentos que
íbamos buscando _ex-profeso_ en aquel viaje; uno de los palacios más
bellos y singulares que nos ha legado el siglo XV.--Me refiero á la
_Casa de las Conchas_.

Nosotros la conocíamos, como todo el mundo, por la fotografía y por el
grabado: nosotros habíamos contado muchas veces con el dedo sobre el
papel las elegantísimas _conchas_ de piedra que cubren su extensa
fachada..... Pero hay que ver el edificio en el _original_, con su color
y su tamaño, para formar completo juicio de su gentileza y hermosura.
Hay que ver, por ejemplo, la sombra _natural_ que proyectan las
abultadas _conchas_, heridas por el sol, sobre la dorada piedra del
pulimentado muro: hay que ver las cuatro preciosas ventanas, dos de
ellas muy parecidas á ajimeces árabes, que interrumpen á largos trechos
la planicie de aquellas paredes: hay que ver aquellas esquinas, de
afilada y correctísima arista, como si fuesen de bruñido acero, y de las
cuales se destacan, campeando en el aire, bellísimos escudos de piedra,
que son otros tantos primores artísticos: hay que ver, en fin, aquellas
otras grandes conchas de hierro que cubren á su vez, por vía de clavos,
la gran puerta de entrada, y el precioso herraje de aquellas
_melodramáticas_ rejas (perdonadme el adjetivo), y aquel gran Escudo
Real que _preside_ la fachada, y todos aquellos perfiles aristocráticos
y piadosos que ennoblecen el exterior de tan poético palacio.....--Ya he
dicho que data del siglo XV. Así lo revela su arquitectura, cuyo
conjunto es gótico decadente con detalles platerescos; y así lo indican
también el yugo y el haz de flechas, blasón especial de los Reyes
Católicos, que se ven en el mencionado Escudo Real.

Las _conchas_ que ostenta todo el edificio significan que el que lo
mandó construir era caballero santiagués y que había ido ó tenía hecho
voto de ir en peregrinación á Compostela, así como los escudos con
_cinco lises_ que adornan las esquinas y la espalda del palacio, prueban
que el tal santiagués pertenecía á la poderosa y esclarecida familia de
los Maldonados de Salamanca.

Y, en efecto, la _Casa de las Conchas_ fué primero de los Maldonados,
señores de Barbalos; luego la heredaron los Marqueses de Valdecarzana, y
hoy la posee el cinco veces Grande de España, Conde de Santa Coloma, en
su calidad de Conde de las Amayuelas.

* * *

Por cierto, y perdonadme la digresión, que Francisco Maldonado, el
célebre _comunero_, el compañero de Bravo y de Padilla, el _degollado_
del gran cuadro de Gisbert, no pertenecía á la rama principal de la
familia mencionada, de la cual era jefe, aunque tampoco dueño de la
_Casa de las Conchas_, un D. Pedro Maldonado y Pimentel, también afecto
á la causa de las Comunidades, del cual me parece oportuno decir aquí
algunas cosas, de todos sabidas, por si hay alguien que las tenga
olvidadas, cosa que á mí me acontecía no hace muchas horas.....

Notorio es que Salamanca acudió en auxilio de Segovia contra el alcalde
Ronquillo, como casi todas las ciudades castellanas. Principió en
Salamanca la cosa por un gran motín (¡indudablemente estalló en el
_Corrillo de la Hierba_!), durante el cual quemó el pueblo una casa del
mayordomo del terrible Fonseca, arzobispo de Santiago, derribó otras
muchas, y arrancó las varas á las autoridades. En tal coyuntura, el
poderoso D. Pedro Maldonado y Pimentel, creyendo que los victoriosos
amotinados no podían hacer nada bueno en Salamanca, y sí se lucirían
muchísimo yendo en auxilio de los Comuneros, formó con ellos una crecida
hueste, y los llevó á luchar contra los imperiales. Los salmantinos
lidiaron en diferentes jornadas con varia fortuna, que se les declaró al
fin totalmente adversa en los campos de Villalar. Al lado de Maldonado
Pimentel, ó mejor dicho, en las filas de su gente, peleó allí como bueno
otro Maldonado, algo pariente suyo y también hijo de Salamanca, y ambos
cayeron prisioneros después de su derrota.--Fueron entonces condenados á
muerte los principales cabecillas ó jefes de Comuneros; pero como el D.
Pedro Maldonado Pimentel tuviese parentesco con el famoso Conde de
Benavente, consiguióse que el otro Maldonado, conocido por _el de la
calle de los Moros_, muriese en lugar suyo con Bravo y con Padilla, cual
si este bárbaro ardid pudiera deslumbrar á la opinión pública..... ni
aun en tiempos en que no había periódicos.--Y al cabo sucedió que los
imperiales, después de guardar encerrado algunos meses al Maldonado
Pimentel, diéronse cuenta de que nadie había sido engañado con la
sustitución referida, y tuvieron que degollarlo también, me parece que
en Simancas, un año después que á su homónimo.--Por manera que el
insigne D. Pedro trocó por un año de vida los siglos de popularidad que
ha disfrutado, y disfrutará todavía muchísimo tiempo, la memoria del
pobre D. Francisco, y el alto honor de figurar en el mencionado cuadro
de Gisbert.

Conque volvamos á la _Casa de las Conchas_.

* * *

La puerta estaba abierta: llamamos, sin embargo, y no nos
respondieron.....--¿Qué hacer en tal apuro, sabiendo, como sabíamos por
la fotografía y el grabado, que el patio era bellísimo?

Perdone el Sr. Conde de Santa Coloma: el partido que tomamos fué
colarnos de rondón en su casa, bajo la salvaguardia de nuestras buenas
intenciones.....

Y ¡qué patio vimos!--Su estilo podía calificarse de mixto de gótico y
mudéjar: las líneas generales tenían más de mudéjares que de otra cosa:
en las ventanas y demás pormenores predominaba lo gótico.--De una ó de
otra suerte, todo era allí gallardo, primoroso y del mejor gusto,
causando verdadero asombro la prolijidad y esmero de la ejecución. Baste
decir que la dura piedra semejaba trenzados de cuerdas como si fuese
cáñamo, y hasta calados de encajes, como si fuera lino.....

De buena gana hubiéramos llevado más adelante nuestra exploración; pero
no nos atrevimos á tanto, y salimos de aquella interesantísima casa como
habíamos entrado en ella, llenos de respeto á su carácter señorial y
religioso, y de admiración á sus bellezas artísticas.

* * *

Desventajosa en sumo grado para la arrogantísima _Iglesia de los
Jesuítas_ (que, como he dicho, se alza frente á la _Casa de las
Conchas_) es la transición de un edificio á otro. Todo lo que el
caballeresco palacio gótico tiene de fino, delicado y como espiritual,
lo tiene de pesado, rudo y meramente corpóreo el enorme templo
greco-romano que erigió allí la Compañía de Jesús. Y aun todavía fuera
menor tal desventaja, si el estilo pagano de la católica iglesia se
distinguiese por su pureza y corrección..... (que, entonces, ya sería
cuestión de gusto ó de escuela entre clásicos y románticos); pero
acontece que este suntuoso templo es _barroco_ dentro de su mismo
estilo, dado que pecó desde su origen contra las reglas clásicas y luego
sufrió el pernicioso influjo de los peores tiempos de la arquitectura
neogentílica.

Pero ¿á qué cansarme en explicar lo que ya tiene su nombre propio?--Esta
iglesia de la _Compañía_ es un nuevo ejemplar, sumamente característico,
de la que hoy se llama en las Academias _Arquitectura jesuítica_, bien
que exceda en majestad y hermosura á cuantas erigieron los discípulos de
Loyola en España, Portugal y América.

Resumiendo: el templo de que tratamos sólo es _grandioso_ por el
_grandor_ material de su tamaño y por los tesoros que representan
tantísimas disformes piedras como se ven empleadas en su estupenda
escalinata, en una portada inmensa, en dos recias y vistosas torres, en
una ingente cúpula coronada por altísimo cimborio, y en infinidad de
estatuas, agujas, escudos, bolas, molduras, balcones y ventanas; que de
todo hay en aquella fachada, y todo gigantesco, descompasado,
descomunal.....

La _Iglesia y Colegio de la Compañía_ fueron fundados por Felipe III y
Margarita de Austria. Ambos edificios ocupan más de 20.000 metros
cuadrados. Para construirlos, ó sea para explanar el terreno en que se
alzan, se derribaron dos iglesias y tres manzanas de casas,
suprimiéndose dos calles enteras.--Por cierto que la _Casa de las
Conchas_ se vió en peligro de venir también al suelo, y que, si no se
consumó semejante atentado, debióse, según unos, al valor cívico y
tradicional cultura de los hijos de Salamanca, y, según conseja vulgar,
á lo inadmisible de cierta humorística é indecorosa condición, que no
creo llegara á formularse.....

En el _Colegio_ hay habitación para 300 misioneros, y todos los salones,
aulas y demás dependencias de una verdadera universidad.

En fin: un portero nos dijo, como supremo encomio, que las llaves de
toda la casa pesan diez y nueve arrobas.....--¡Qué español rancio es
este criterio estético!

El interior de la iglesia no es tan grande de tamaño ni tan ostentoso
de forma como hace presumir su exterior. De orden dórico, y sólo rico en
vulgares retablos churriguerescos, resulta frío é insignificante.
Únicamente llama allí la atención el _Retablo del Altar Mayor_, por lo
enorme, colosal y complicadísimo de su estructura. Puede decirse que es
una tempestad de pino y oro, al par que un motín contra las reglas
arquitectónicas. En los fustes de las que no sé si llamar _columnas_, se
ven enredadas hojosas vides de tamaño natural, con sus racimos
correspondientes; todo ello dorado y luego bruñido. Las gigantescas
estatuas de los cuatro Evangelistas, que también forman parte de la
_composición_, parece que cruzan un páramo en día de mucho viento: ¡tan
infladas y revueltas están sus vestiduras!

Arrodillada en medio de aquel solitario templo vimos á una guapísima
peregrina, demasiado hermosa, limpia y elegante para penitente, ó,
cuando menos, para excitar ideas de penitencia. Apoyábase en el báculo;
pendía el amplio sombrero sobre su espalda de cariátide, y tenía fijos
en el altar mayor unos grandes y relucientes ojos que parecían dos soles
negros.....--Comedia ó tragedia (yo creo piadosamente que sería lo
último), aquella actitud, aquella santa vestidura, el lugar de la acción
y nuestras propias circunstancias nos infundieron respeto, y ni nos
curamos de preguntar á nadie quién era la peregrina, ni hemos vuelto á
hablar de ella desde entonces.....

Y es cuanto recuerdo de _la mejor casa que los Jesuítas tuvieron en
España_.--Esta frase no me pertenece: se la oí al ya difunto Padre
Manrique.--Por mi parte debo añadir que Salamanca debía tal desagravio á
San Ignacio de Loyola; pues (como ya veremos más adelante) el
celebérrimo fundador de la Compañía de Jesús fué procesado y estuvo
preso en la ínclita ciudad del Tormes.

* * *

Libre nuestra atención del poderoso atractivo de la _Casa de las
Conchas_ y de la _Iglesia y Colegio de los Jesuítas_, volvió á fijarse
en el carácter poético y artístico de aquel histórico barrio. Pero lo
que ya nos asombraba en él no era tanto su aire de vejez y de romántica
melancolía, como la grandeza monumental que siguió desplegando á
nuestros ojos.

_Calle de la Compañía_ se llama la que comienza en los edificios
citados, y, así ella como todas las plazuelas, calles y callejas
inmediatas, se componen de una sucesión de altas construcciones de
piedra, ó sea de una no interrumpida serie de palacios, de iglesias, de
conventos, de colegios y de casas señoriales, que nos infundía respeto
y veneración. Todo era allí monumento, como en algunos barrios de
Ferrara, Pisa y Florencia. Por todas partes alzábanse padrones de
historia militar, de devoción, de aristocracia ó de ciencia, según la
arquitectura y destino de cada edificio.--¡Oh! No podíamos negarlo:
estábamos en la Atenas castellana: estábamos en _Roma la Chica_.

¡Doquier piedra, silencio y soledad! Mas esta soledad no era ya medrosa
como la de las ruinas ó la de los cementerios: era plácida y augusta
como la de los claustros. Cierto que nadie pasaba, ni parecía haber
pasado hacía mucho tiempo, por aquellas nobilísimas calles: certísimo
que altas hierbas crecían entre las losas y guijas del empedrado.....;
pero no sé si la presencia de tanto escudo de armas como adornaba las
esquinas, las fachadas, las puertas, los canceles, los balcones y las
rejas de templos, colegios y palacios, ó si lo bien conservados que se
veían hasta los más menudos detalles arquitectónicos de cada página de
piedra, ó si la índole y forma cristianas de aquellos monumentos, les
hacían aparecer vivos, subsistentes, militantes como las cerradas
ermitas que conservan su campana, como los mudos conventos en cuya
portería arde por la noche una luz ante la imagen de María, ó como los
desnudos árboles del invierno, cuando se ve que sus ramas se doblan,
pero no se quiebran, al impulso de los huracanes.....

¡Ah! sí..... Salamanca no representa una edad pasada ó una raza muerta,
como acontece con muchas ciudades ricas en monumentos gentiles:
Salamanca existe todavía con toda su antigua vitalidad, aunque en
estación tan desfavorable. Y existe, porque no ha caducado enteramente
la civilización á que debió su vida; porque los ideales de que son noble
símbolo sus iglesias y colegios, siguen imperando en la Nación que
reconstruyeron los Reyes Católicos; porque, ya que no dentro de las
viejas murallas que besa el Tormes, á lo menos en los flamantes hoteles
del ensanche de Madrid, se perpetúan, con sus antiguos blasones, las
familias aristocráticas que levantaron aquellos palacios que nosotros
íbamos viendo; porque subsisten, en fin, la Religión cristiana, la
Monarquía española, la Nobleza de Castilla y hasta las democráticas
Leyes patrias que defendieron las Comunidades; es decir, todos los
veneros de la grandeza salmantina.

Si todo esto desapareciese, Salamanca, por muy bien conservados que
guardase sus monumentos, no pasaría de ser un cadáver, como Nínive ó
Pompeya.

Pero dejémonos de discursos, y enumeremos, siquier rápidamente, las
cosas que vimos aquella mañana antes de regresar á la fonda.

* * *

En una esquina próxima al Colegio de la Compañía leímos en letras de oro
y sobre marmórea lápida, que allí vivió el gran poeta Meléndez Valdés.

Más abajo descubrimos la que un azulejo denominaba _Plazuela de San
Benito_, la cual, más que plaza, parecía el compás de una
Cartuja.--Tampoco había allí gente. Lo único que allí había era una
hermosa iglesia, consagrada al Santo que da nombre á aquel lugar;
iglesia que, según supimos luego, había servido además de panteón á la
familia de Maldonado, cuando era lícito dormir el sueño eterno al pie de
los altares, ó sea en tiempos en que no se anteponía á todo _la
higiene_.

Después fuimos hallando muchas casas góticas ó platerescas, en cuyas
lindísimas portadas se veían grandes escudos que nos indicaban la
familia á que pertenecían ó habían pertenecido.--El _sol_ de los Solís,
las _cinco lises_ de los Maldonados, y, sobre todo, las _estrellas_ de
los Fonsecas, abundaban más que ningún otro blasón.

Y aquí debo apuntar que la casa de Fonseca fué, durante siglos, la más
poderosa de Salamanca, así en lo civil como en lo eclesiástico, y que,
aparte de sus grandes guerreros, la hicieron célebre en toda la
cristiandad aquel severísimo Arzobispo de Santiago y Patriarca de
Alejandría de que tanto hablan las historias, y otro Arzobispo de
Santiago y de Toledo, hijo suyo, á quien debieron los salmantinos
importantísimas fundaciones, como diremos oportunamente.

De la plazuela de San Benito pasamos á otra no menos solitaria y
monumental, denominada _del Águila_, siendo de advertir que, como no
encontrábamos á nadie que pudiese indicarnos el camino, teníamos que
guiarnos por la posición del sol, á fin de llegar pronto al hotel, pues
iba siendo hora de almorzar..... en su reglamento y en nuestro estómago.

En la _Plazuela del Águila_ se eleva un hermoso edificio greco-romano,
que colegimos sería la famosa _Iglesia de las Agustinas_, de que tanto
habíamos oído hablar en Madrid.--Ni por un instante nos ocurrió penetrar
en ella, sino que dejamos su examen para la tarde ó para el día
siguiente, á fin de estudiarla con el debido detenimiento.

Pero de un peligro caíamos en otro, y cuanto más apretábamos el paso,
mayores prodigios arquitectónicos nos salían al camino tratando de
detenernos.....

De la _Plaza del Águila_ pasamos á la de _Monterrey_, y nos encontramos
frente á frente del magnífico palacio de este nombre, que es otra de las
maravillas de Salamanca, según podéis ver en los escaparates de los
fotógrafos de esta villa y corte, y que sirvió de modelo para el
Pabellón Español de la Exposición de París de 1867.

Huímos, pues....., bien que jurándonos volver al cabo de pocas horas.--Y
no huíamos ya solamente para que no se enfriara el almuerzo, sino porque
nos aturdía aquella rápida sucesión de emociones, tanta nueva belleza,
tanta poesía, tanta historia, tanto portento de diverso orden como
llamaba nuestra atención por todas partes y á un mismo
tiempo.--¡Necesitábamos descansar, hacer algunos apuntes, descargar
nuestra memoria!.....

Llegamos, al fin, al hotel.....--Y considerando yo ahora que mis
lectores estarán también necesitados de algún reposo, pongo punto á este
capítulo, dejando para el siguiente el hablarles del almuerzo y de otras
cosas interesantísimas, ninguna de las cuales (dicho sea entre
paréntesis) tendrá nada que ver con la Arquitectura.


VIII

LA PLAZA DE LAS VERDURAS.--LA FRONTERA DE PORTUGAL.--EL REY DE LOS
TÍOS.--UN TRAJE DE CHARRA.--LA CALLE DE LA RÚA.--LA UNIVERSIDAD.


Del almuerzo que nos aguardaba en la fonda debo decir, no como dato
oficioso y trivial, sino para instrucción de los viajeros que vayan á
Salamanca, que nada tenéis allí que temer, y sí muchos goces que
prometeros, por muy gastrónomos y delicados que seáis.--El _Hôtel del
Comercio_ se encargará de no desmentirme.--¡Qué tortilla! ¡qué truchas!
¡qué jamón! y ¡qué peras..... _de cristal_! (Este era su nombre.)--Lo
único medianejo fué el vino.....; pero á bien que nosotros teníamos
todavía en nuestra despensa ambulante, no _de lo nuevo_ (que dice el
marido de Inés en los versos de Baltasar de Alcázar), sino _de lo
bueno_.

Para colmo de satisfacción, almorzamos en muy grata compañía; pues
habéis de saber que, cuando llegamos á la fonda, nos encontramos con que
nos aguardaban en nuestro cuarto aquellos antiguos amigos que, según
indiqué en el capítulo primero, tenía yo en Salamanca. Era uno de ellos
el distinguido escritor que suele dirigir preciosas cartas á _La Época_
bajo el pseudónimo de _la Baronesa del Zurguén_, y cuyo verdadero nombre
(tiempo es de que lo sepa el público, aunque el interesado se enoje de
mi locuacidad) es D. Ramón Losada. Otro era el erudito cronista de la
provincia y aventajado poeta D. Manuel Villar y Macías. Era el
tercero..... (no en persona, por hallarse algo malo, mas representábalo
un su sobrino) el Dignidad de Chantre de aquella catedral D. Camilo
Álvarez de Castro, de quien hablaremos luego. Diré aquí solamente que su
sobrino y representante, el presbítero D. Elías Ordóñez, no tardó en
hacernos conocer cuánto valía por sí propio, ó sea por su mucha
instrucción y buena crítica. Y estaba, en fin, allí el menor de los dos
discretísimos hijos y herederos del talento de Losada..... En cuanto al
primogénito, también _antiguo_ amigo mío (pues lo conocí cuando todavía
no le apuntaba el bozo), hallábase en el campo con su señora madre.

Pero ¿cómo habían sabido aquellos señores (á quienes pensábamos ir á ver
después de almorzar) que estábamos en Salamanca?--El caso había sido muy
sencillo: un madrileño que nos conocía de vista, pero que no nos
trataba, nos vió llegar á la Estación; el madrileño se lo dijo á un
compañero suyo de oficina, que era amigo mío; el amigo mío, que sabía mi
intimidad con Losada, fué á casa de éste en nuestra busca; Losada envió
en seguida recado al Chantre y á Villar y Macías, y organizóse en el
acto una batida general por todas las fondas y casas de pupilos,
comenzando por el _Hôtel del Comercio_.

--¿De modo (exclamamos nosotros), que ni Frontaura ni su policía saben
nuestra llegada á Salamanca?

--Creemos que no; pero, aunque el Gobernador la supiera, no podría
acudir á ustedes hasta las dos de la tarde. Hoy es el cumpleaños de la
reina D.ª Isabel II, y, con tal motivo, hay besamanos en el Gobierno
civil; ó, mejor dicho, el Gobernador recibe corte.--Si quieren ustedes,
nosotros, cuando vayamos á la recepción, le diremos que están aquí.

--¡De manera alguna! Nosotros debemos procurar que Frontaura ignore
nuestra llegada á su _ínsula_, á fin de sorprenderlo y de poner en solfa
á sus esbirros é inquisidores.

--Pues entonces optamos por no asistir al besamanos oficial, y luego
iremos con ustedes á ver á Frontaura.

--¡Admirable idea! De este modo podrán ustedes hacernos el obsequio de
acompañarnos ahora mismo á visitar la _Universidad_.....

--Con muchísimo gusto.....

--Pues andando.

* * *

Ya que este capítulo ha comenzado en estilo familiar, y que son muchas
las intimidades en él referidas, aprovecho la ocasión de deciros, para
que nos entendamos mejor, que mis tres compañeros de viaje eran: un ex
ministro de Hacienda, muy aficionado á las Bellas Artes y competentísimo
en ellas y en otras muchas cosas; un ex diplomático y ex consejero de
Estado, dado á la arqueología, á la numismática y á la indumentaria, el
cual conoce por su nombre á todos los baratilleros del Rastro de Madrid,
y uno de nuestros más afamados pintores, que ganó en la Exposición
Nacional de hace algunos años el primer premio de Pintura de Historia.

Pues bien: este pintor y yo declaramos, al salir del _Hôtel_, que
nosotros, por razón de oficio, teníamos obligación de estudiar, no sólo
obras de arte, sino costumbres, tipos, paisajes y otras escenas
pictóricas ó novelescas, y que, por consiguiente, sin perjuicio de ir á
la _Universidad_ y á todos los edificios monumentales de Salamanca,
deseábamos contemplar también los sitios, las perspectivas y los cuadros
_naturales_ más característicos de la ciudad, añadiendo (para que el ex
ministro y el ex consejero comprendiesen bien nuestra pretensión) que en
el _Corrillo de la Hierba_ nos habíamos quedado con hambre de
aprendernos de memoria á _aquellos tíos_, ó sea á aquellos vendedores y
compradores, y sus vestimentas, adornos y mercancías.

Nuestros compañeros de viaje hallaron muy justa esta demanda, y, en su
virtud, los bondadosos salmantinos que á todos nos servían de _cicerone_
nos prometieron hacernos dar cuantos rodeos creyesen interesantes,
aunque tardásemos mucho tiempo en llegar á la _Universidad_.

Principiaron, pues, por llevarnos á la _Plaza de las Verduras_, contigua
á la Mayor, no sin que antes, al pasar nuevamente por ésta (y
prescindiendo ya de aficiones y leyes arquitectónicas), nos detuviésemos
á mirarla con ojos de amantes de la Pintura y de la Poesía; y á fe que
nos maravilló sobremanera y arrancó celebraciones generales el
pintoresco efecto que hacía la proyección de los verdes árboles sobre la
dorada piedra de arcos y fachadas, así como el recorte de estos mismos
dibujos monumentales sobre el cielo azul y purísimo de aquella hermosa
mañana de otoño.....

Pasamos entonces á la _Plaza de las Verduras_.

La _Plaza de las Verduras_, extensísima, muy desnivelada, de trazado
irregular, con grandes y viejos edificios históricos, y con otros
vulgares y feísimos, viejos también, nos pareció una amplificación del
_Corrillo de la Hierba_.--Su lado más largo y más alto estaba todo lleno
de puestos de frutas, legumbres y otros comestibles. Veíanse allí, en
lechugas, pimientos, escarolas, cardos, acelgas y coliflores, todos los
verdes de la paleta de nuestra madre Natura, mientras que las peras, los
melocotones, los nísperos, los tomates, las manzanas, las uvas, los
higos, las naranjas, las granadas, los limones y otros frutos,
ostentaban variados colores y despedían ricos aromas.

Nada hay más hermoso ni agradable en el comercio (á lo menos para mí),
que estos bazares, vulgo mercados, en que se venden la inocencia y
hermosura naturales y la eterna verdad campesina..... Allí no había
falsificación, violencia ni engaño alguno: aquellas manzanas eran
manzanas; aquellas uvas eran uvas; aquellos higos eran higos, y todo
aquello había brotado amorosamente del seno de la tierra para alimentar
al hombre.--En comparación de los puestos de frutas y legumbres, ¿qué
son las carnicerías, las pescaderías, las tiendas de caza y los rimeros
de latas llenas de conservas?--¡Cementerios, campos de batalla, losas de
hospital; algo que representa la muerte en lugar de la vida!--¡Ah! ¿Por
qué no se contenta el hombre con ser herbívoro?

Y ¡qué _color_ (pictóricamente hablando), ó qué variedad de colores
fuertes (para decirlo con más claridad), en los trajes de vendedoras y
vendedores, de compradores y compradoras!--¡Cuánta ropa, á principios de
Octubre! ¡Cuánta lana! ¡Qué refajos, qué mantas, qué capas, qué
capotes, qué anguarinas!

Por el abrigo y color general, así como por el dibujo ó hechura, la
indumentaria de aquellas gentes recuerda á León y á Galicia. Y es que la
provincia de Salamanca forma ya parte de aquel triángulo Noroeste de
nuestra España por donde no se va á ninguna parte.--Por Andalucía, que
es otro rincón, ó, mejor dicho, otro _cujón_ de Europa (subrayo esta
palabra, porque todavía no está en el Diccionario), se va á África, se
va á América, se ha ido á Filipinas..... Así es que allí no se detiene
nada; allí no hay remanso; allí corre el tiempo; allí cambian las
modas.--Pero en el _cujón_ Noroeste de la Península no circula el aire
de las mudanzas: en él se estaciona todo, lo mismo las modas que los
sentimientos; cosa que, por idéntico motivo, acontece también en otro
país de análoga situación: en la Bretaña de Francia.

Y no se me diga que por Salamanca se va á Portugal..... ¡La frontera
lusitana es peor que la del agua! ¡Es una frontera de hielo!--El Miño
resulta más ancho, más hondo y más amargo que el Océano.

Volviendo á las salmantinas rurales, diré que, más que sus refajos
amarillos y sus pañuelos en la cabeza (_toilette_ frecuente en España),
llamó nuestra atención una manta larga y angosta de mucho abrigo y
vivísimos colores, que llevaban sobre los hombros y luego cruzada sobre
el pecho. Esta especie de _schal_ oriental se llama la _sayaguesa_,
porque proviene del pueblo de Sayago, en la limítrofe provincia de
Zamora.

Las salmantinas tienen renombre de guapas y valientes.--Lo primero puedo
asegurarlo: en la _Plaza de las Verduras_ había más de una refajona que
nada habría perdido en aligerarse de tres ó cuatro arrobas de lana. Por
lo que toca á su valentía, ya Plutarco la calificó de heroica, al citar
el denuedo con que libertaron á sus padres, hermanos y maridos, presos
en poder de Aníbal, y yo debo añadir que hechos posteriores, y aun de
este siglo, demuestran que las matronas del Tormes no han degenerado de
su antigua pujanza.--Pero no se deduzca de este párrafo que á mí me
gustan las mujeres valientes: yo creo (ó _creía_, cuando pensaba en
estas cosas) que uno de los mayores encantos de las hembras es la
pusilanimidad.

Y basta ya de verduleras.

* * *

Desde el Mercado nos dirigimos, dando un rodeo, hacia la _Calle de la
Rúa_, cuyo anticuado aspecto habíamos oído celebrar mucho; pero, antes,
al pasar por cierta solitaria plazuela, tuvimos que hacer otra parada
para contemplar á dos notabilísimos personajes que, rodeados de gran
número de bestias y de montones de costales llenos y vacíos, contaban
dinero á la puerta de una vetusta casa, como si en ella acabasen de
comprar ó de vender trigo, cebada, maíz ó cosa tal.

Eran dos _charros_, quieto decir, eran dos soberbios ejemplares de la
más peregrina singularidad social é indumentaria de esta tierra. Eran
dos hombres colosales, hermosos, con aire de muy ricos, vestidos
suntuosísimamente, con chaqueta y calzón corto de terciopelo negro y
chaleco de raso azul, todo ello muy adornado de gruesos y pomposos
botones de plata, y con unas camisas tan bordadas, rizadas y llenas de
primores, que cada pechera representaba el trabajo de seis años de una
comunidad de monjas.--Cualquiera de aquellos dos arrogantes y
espléndidos rústicos habría sido llamado con razón _El Rey de los
Tíos_..... Y, en efecto, por su corpulencia, por su lujo y por su
inocente y cómica ufanía, había en ellos mucho del pavo _real_.

La _Baronesa del Zurguén_ nos dijo que eran dos _charros_ de primera, y
que debían de proceder del campo de Ciudad-Rodrigo, tierra clásica de
tales prójimos nuestros.--En Salamanca los hay también. Casi todos los
labradores de la Puerta de Zamora visten de charro, con más ó menos
ostentación, y en el Ayuntamiento de la aristocrática ciudad del Tormes
hay _siempre_ un concejal de tal clase, con su traje y todo.--Los ya
dichos _clásicos_ del campo de Ciudad-Rodrigo se hablan de _vos_ muy
formalmente.

El mismo Losada nos invitó entonces á llegarnos á su casa, que no estaba
lejos, y nos enseñó un traje completo de _charra_, cuidadosamente
guardado en antiquísimo cofre, y causáronnos asombro el lujo y el gusto,
verdaderamente regios, de aquellas vestiduras. Paños, terciopelos y
rasos, recamados y bordados de oro con tanta gracia como profusión;
encajes, tules, preciosas cintas, ricas joyas y otros accesorios de gran
mérito y coste componían aquel raro uniforme femenino, que me recordó
los trajes que las judías ricas sacaban á relucir los sábados en Tetuán.

Y, á propósito, ¿qué son los _charros_?--¿No se diferencian del resto de
los españoles más que en la ropa? ¿Constituyen raza aparte? ¿Tienen
alguna organización social íntima y secreta?--Yo no lo sé, ni me he
acordado de preguntarlo en Madrid á personas más leídas ó instruídas que
yo. Pero es cosa que debe de constar en muchos libros.....--Ya lo
averiguaré con el tiempo; y, si no, me moriré con esta dulce ignorancia,
que tanto campo deja á las suposiciones de mi fantasía.

* * *

En el ínterin, y no sin grande emoción, seguíamos marchando hacia la
veneranda _Universidad_, que, como todos sabéis, es una de las mayores
glorias de España.

Pero, antes de darle vista, aun nos detuvimos un poco en la _Calle de la
Rúa_, digna por todo extremo de su renombre.--Yo no recuerdo haber
pasado en pueblo alguno por calle que tenga tanto carácter de
autenticidad secular; donde tan íntegros é intactos se vean los antiguos
usos y costumbres; donde tan viva y patente se toque la España de la
Edad Media, no ya representada por mudos monumentos ni aislados
edificios, sino por las tiendas y por los talleres que siguen abiertos
al público; por las mercancías que en ellos se venden ó se elaboran; por
la disposición de sus escaparates, mostradores y armarios; por las
industrias allí fehacientes; por todas las casas, sin excepción alguna,
desde las de aspecto señorial hasta las más humildes y vulgares; por sus
vidrieras, visillos, cortinas, esteras y zarzos; por los muebles en
activo servicio que se columbran en algunas salas bajas; por el color,
el empedrado y hasta los transeuntes de la misma calle; por todo, en
fin, lo que es su estado presente, su movimiento actual, su existencia
social de hoy.....

Abundaban en aquella calle las tiendas de filigranas de plata y oro,
trabajadas éstas del propio modo que en tiempos de la Reina Católica, y
había también bastantes librerías.....--¡Librerías en Salamanca! ¡Era de
esperar! Estábamos en la patria del saber.....--Pero ¡ay! ya dista mucho
el comercio de libros de Salamanca de lo que fué antiguamente..... Yo he
leído que, cuando el famoso D. Antonio Agustín era estudiante (él mismo
lo refiere), había en la ciudad 52 imprentas y 84 librerías.

En todo lo demás, nosotros cogíamos intacta y con el polvo de los siglos
la decrépita _Calle de la Rúa_. Y no sólo aquella calle, sino el resto
de Salamanca; pues es de advertir que éramos sus primeros visitadores
después de la inauguración del ferrocarril, á que asistieron S. M. el
Rey y su comitiva..... Aun no se había profanado nada por insustanciales
curiosos; aun no se había alineado, revocado ni _hermoseado_ cosa
alguna, defiriendo á las críticas de los doctores madrileños de ornato
público á la moderna; aun Salamanca era Salamanca.....--¡Quiera Dios que
continúe así todavía!

Pero basta ya de humoradas y de bromas.--Descubrámonos y saludemos.....
Hemos llegado á la _Universidad_.

* * *

Más que un edificio, la _Universidad_ de Salamanca es un barrio de la
ciudad.

Altas y simétricas construcciones, de varia y magnífica arquitectura,
forman tres lados de una extensa plaza cuadrilonga. Todos aquellos
nobles alcázares dependen de la _Universidad_ propiamente dicha, cuyo
gran palacio, separado de los demás por el angosto paso de una calle,
ocupa el cuarto lado y preside majestuosamente aquel Foro de las
ciencias.

Pálido y débil, comparado con la realidad, será siempre cuanto se diga
en elogio de la bellísima fachada del Capitolio de la
sabiduría.--Hállase labrada en el más primoroso y delicado estilo del
Renacimiento, y parece una enorme filigrana calada en piedra por los
plateros de la calle de la Rúa, parece un trabajo chino de marfil,
parece la mística puerta de algún lugar santo. Benvenuto Cellini se
hubiera enorgullecido de cincelar en oro una creación semejante. Los
árabes que bordaron la Alhambra habrían declarado también que sus
mejores templetes y camarines no excedían en finura, suntuosidad é
idealismo á tal maravilla del arte cristiano.

Gloria de los Reyes Católicos es aquella página de piedra, y así lo
pregonan los _bustos_ de Fernando y de Isabel que ocupan un gran
medallón sobre la puerta principal; así lo confirma el venerable escudo
de sus armas, y así lo reza terminantemente una leyenda ó rótulo, que
dice en griego: «_Los Reyes á la Universidad, y la Universidad á los
Reyes_.»

En los amplios muros de los otros edificios que forman la plaza, esto
es, en las paredes de las vastas y monumentales dependencias
universitarias del Hospital de Santo Tomás para el socorro de
estudiantes pobres, y de las Escuelas Menores ó _Instituto_ (cuya linda
fachada es plateresca), vense, desde el suelo hasta muy grande altura,
los infalibles, clásicos letreros encarnados y los tradicionales
_vitores_ en abreviatura que escribió el entusiasmo estudiantil, en
siglos ya pasados, con motivo de tales ó cuales reñidas oposiciones.....

Al leerlos, parecíame estar en aquellos tiempos de ruidosísimas
controversias escolásticas, cuyo estrépito llenaba toda la nación,
preocupando y agitando lo mismo á los eclesiásticos que á los seglares,
así á los plebeyos como á los nobles y á los mismos Reyes; y aun
recordaba que en mi niñez figuré en algún bando de seminaristas en pro ó
en contra de este ó aquel opositor, y escribí también con almagre
rótulos como aquéllos.....--¡Ay! pasó ya la boga y la importancia de
tales lizas, como antes habían pasado las justas y los torneos, y como
pasarán sin duda alguna, cuando les llegue su hora, estas empeñadas
luchas electorales y parlamentarias que hoy apasionan tanto á los
pueblos..... Lo que nunca pasará ni cambiará es el fondo de las cosas
humanas, que siempre resulta el mismo: ¡vanidad y discordia con
diferentes nombres ó pretextos!

En medio de aquella plaza, compás ó patio, y dando frente á la
_Universidad_, álzase desde la primavera de 1868 la _Estatua de Fray
Luis de León_, discípulo que fué y luego catedrático, de aquel emporio
del saber.--Por ninguna parte se veía alma viviente. No sé si á causa de
la festividad del día, ó de ser la una de la tarde, ni fuera ni dentro
de la _Universidad_ (según vimos después) había nadie que turbara el
religioso silencio y melancólica soledad de tan venerandos sitios.....

Nosotros nos sentamos al pie de la estatua, y nos pusimos á recapacitar
en la historia y en la grandeza de cuanto teníamos ante la
vista.--Nuestra emoción era verdadera, profunda, unánime, y, por lo
tanto, silenciosa..... Únicamente oíamos, ó creíamos oir, sobre nuestra
cabeza, una gran voz, la voz de Fray Luis, que repetía con dulce y
formidable acento, como al salir de la prisión:

«_Decíamos ayer_.....»

* * *

No intentaré en manera alguna contar la historia ni hacer la descripción
de la _Universidad_ salmantina. Semejante empeño requeriría un tomo en
folio. Diré solamente las cosas de más bulto, tal y como vayan
presentándose á mi memoria.

Fundó la _Universidad_ Alfonso XI, rey de León, padre de San Fernando.

Durante mucho tiempo estuvo albergada (¡significativa hospitalidad!) en
la _Catedral Vieja_; pero reinando Alfonso XI se emancipó de la
dirección del Obispo de Salamanca y se hizo _pontificia_. Es decir, que
desde entonces el Papa fué el verdadero _Rector_; teniendo en ella por
Delegado al Maestrescuela de la Catedral, á cuya dignidad iba anejo el
cargo de Cancelario de la Universidad. Este era quien confería los
grados y ejercía el juzgado eclesiástico y civil-escolástico, con
autoridad real y pontificia. El Rector no era más que el Jefe
administrativo y económico del Establecimiento.

Llegó á contar, por término medio, unos ocho mil estudiantes, y aun
recuerdo haber leído que, en algunas matrículas, éstos ascendieron á
doce mil.

En 1569 las Cátedras eran setenta: diez de Cánones, diez de Leyes, siete
de Medicina, siete de Teología, once de Filosofía, una de Astrología,
una de Música, una de lengua Caldea, una de Hebreo, cuatro de Griego y
diez y siete de Retórica y Gramática.

Allí hubo estudiantes de todas las naciones, y muy principalmente
ingleses é irlandeses católicos, después que abrazó la Reforma Enrique
VIII.--De esta última tierra no falta aún en Salamanca un contingente
fijo de escolares, como veremos después al hablar del _Colegio de
Irlandeses_.

En la Universidad de Salamanca explicaron maestros tan insignes como
Nebrija, Fray Luis de León, Melchor Cano, el Brocense, Fray Domingo
Soto, Covarrubias, etc., y aprendieron los santos siguientes: San Juan
de Sahagún, Santo Tomás de Villanueva, Santo Toribio de Mogrovejo, San
Juan de la Cruz, San Pedro Bautista, San Miguel de los Santos y el Beato
Juan de Rivera. Cursaron también en aquellas aulas los grandes
fundadores Diego de Anaya y el Cardenal Jiménez de Cisneros, los
célebres historiadores D. Diego Hurtado de Mendoza, Bartolomé de las
Casas, Zurita, Nicolás Antonio y Ambrosio de Morales, el famoso
conquistador Hernán Cortés, los sabios escritores Arias Montano, D.
Antonio Agustín, Chumacero y Saavedra Fajardo, y los insignes literatos
y poetas Cervantes, Villegas, Meléndez Valdés, Iglesias, Jovellanos,
Cienfuegos, Quintana y D. Juan Nicasio Gallego.

Confundida desde hace mucho tiempo la _Universidad_ con la Catedral, los
Doctores tienen asiento en el coro, y los Canónigos en los actos
universitarios.

A fines del reinado de Felipe II, esto es, en lo más cerrado del
absolutismo, todavía se proveían las Cátedras á pluralidad de votos de
los estudiantes de la respectiva asignatura, é igual procedimiento
democrático se empleaba para la elección de Consiliarios.

En la _Capilla Pontificia_ de la Universidad no se pedía, ni se pide
hoy, por el Obispo, sino por el Papa y por los Doctores del
Establecimiento.

Cada nuevo Papa dirigía á la _Universidad_ salmantina una carta
especial, participándole su elección; y cuando había en Castilla nuevo
Rey, la _Universidad_, en vez de enviarle Procuradores que le prestasen
pleito homenaje, se reunía como en Cortes, por su propia cuenta, y le
juraba fidelidad directamente.

En el claustro de las antiguas _Escuelas Mayores_ vimos una leyenda en
que se dice que, «congregados por Alfonso X (el Sabio) los varones más
doctos de aquella Academia, se consiguió por último concluir las _Leyes
Patrias_ (Las Siete Partidas) y las _Tablas Astronómicas_.»

La Universidad tenía muchos locales ó sucursales en la ciudad, con el
nombre de _Colegios incorporados_. Entre ellos se contaban cuatro
_Mayores_, cuatro _Militares_ (de las Órdenes de San Juan, Santiago,
Calatrava y Alcántara), veintiún _Menores_ y dos _Seminarios_. Casi
todos ellos ocupaban soberbios edificios monumentales con muchas
dependencias.--¡Es decir, que toda Salamanca era Universidad, y lo es
todavía, y lo será siempre en la mente de las generaciones, como Toledo
es su catedral, y Granada su Alhambra, y cada ciudad aquello que le dió
vida y grandeza y á cuya sombra amiga nacieron y prosperaron los demás
elementos de su esplendor y poderío!

«_Tesoro de donde proveía á sus reinos de gobierno y de justicia_»,
llamó Carlos V á la _Universidad_ de Salamanca;--y eso que Carlos V fué
más europeo que español.

* * *

Después de contemplar y conmemorar todas estas cosas, sentados al pie de
la estatua de Fray Luis de León, penetramos al fin en la _Universidad_,
y recorrimos con profundo respeto aquellos antiguos claustros, donde se
pasearon, en la alegre edad de su adolescencia, tantos y tantos hombres
ilustres.

Admiramos los magníficos _artesanados_ de aquellos techos. Visitamos la
_Capilla pontificia_, y en ella _adoramos_ los _restos de Fray Luis de
León_, encontrados hace doce años en las ruinas de su convento de San
Agustín (de que ya sólo queda el sitio en la ciudad del Tormes), y
guardados hoy en decorosa urna de mármoles blanco y negro, que ocupa una
hornacina de dicha capilla.--Y del propio modo, ó sea con igual
veneración que ya habíamos visto la _estatua_ y la _tumba_ del gran
maestro, vimos después su _aula_ y su _cátedra_.....

El _aula_ tiene los mismos bancos de tosco pino en que se sentaron los
discípulos de Fray Luis. Dichos bancos se reducen á una viga sin alisar,
para asiento, y otra por delante para apoyar el libro. Estas segundas
vigas están muy labradas por los cortaplumas de los estudiantes, que han
tallado en ellas, durante siglos, iniciales, fechas, cruces y
caricaturas.

La _cátedra_ es también de pino viejo; pero no nos pareció contemporánea
del autor de la _Profecía del Tajo_, sino mucho más moderna.--De
cualquier modo, en aquel paraje fué donde exclamó: «_Decíamos
ayer_.....» al reanudar, después de largos años de cautiverio, sus
lecciones de Teología y de Literatura Sagrada.

Mucho hablamos allí y muchísimo más nos quedó que hablar acerca del
célebre agustino, de sus inspiradas poesías, de sus hermosos escritos en
prosa, del error en que se estuvo mucho tiempo creyéndolo hijo de
Granada, por haberlo confundido con el otro insigne Fray Luis, y del
excelente drama del segundo Marqués de Gerona, titulado _Fray Luis de
León_.....

--Pero ya se había concluído el besamanos; eran las dos, y decidimos ir
á buscar, sin pérdida de tiempo, al amigo Frontaura, al festivo autor de
_El Caballero particular_, al ingenioso director de _El Cascabel_, al
muy bien conceptuado Gobernador de Salamanca, que nada sabría (tal
ilusión nos halagaba por lo menos) de nuestra estancia en la capital de
sus dominios.


IX

LAS DOS CATEDRALES.--EL CONVENTO DE SANTO DOMINGO.--EL TORMES.--LA
ARCADIA SALMANTINA.--UNA VISITA A LA ANTIGUA ESPAÑOLA.

¡Maldición! (como diría un poeta romántico).

¡Frontaura lo sabía todo, y sus polizontes nos buscaban por Salamanca
hacía ya dos horas!

Grande fué el regocijo del famoso escritor al encontrarse con gente
madrileña. En seguida resignó el mando, por decirlo así, y se agregó á
nuestra correría artístico-poética, cuya dirección en jefe llevaba
Losada.

Estuvimos, pues, juntos toda la tarde, y juntos anduvimos más de dos
leguas por templos, calles y plazas..... y hasta por el campo, á pesar
del mucho frío que había vuelto.--(Y, á propósito de frío, diré que los
vientos dominantes en Salamanca son el Norte y el Poniente, y la
enfermedad más común la tisis.)

Primero fuimos á la _Catedral Nueva_, que nos pareció muy hermosa,
aunque no comparable (perdonen los salmantinos) con la de Toledo, con la
de Sevilla, ni con la de Burgos.--Es del período _flamboyant_ del
gótico, y lo que le falta en severidad y unción mística lo tiene en lujo
de primorosos adornos..... Todos convienen en que, no obstante sus
líneas ojivales, pertenece al Renacimiento por la ornamentación.

Centenares de estatuas adornan sus fachadas: las agujas pasan de
doscientas. El conjunto resulta grandioso.

La fachada de Poniente es la más bella, y la _Puerta de Ramos_
notabilísima. Su _mediorelieve_ central, tan reproducido por el grabado
y la fotografía, y que representa la _Entrada de Jesús en Jerusalén_,
merece el nombre de prodigio artístico.--Por lo demás, todas las
fachadas de este bien situado templo presentan ventajosas perspectivas,
que hacen crecer su hermosura y su importancia. La cúpula es
atrevidísima, cuanto resulta fea y abrumadora la descompasada torre.

La _Catedral Nueva_, comenzada en 1513, no se terminó hasta 1733, y eso
que corría mucha prisa acabarla, visto que no cabían decorosamente en la
_Catedral Vieja_ los 65 prebendados, 25 capellanes, 24 niños de coro y
12 acólitos que asistían á los oficios cotidianos.

Dibujó la obra y construyó la parte principal de ella el célebre Juan
Gil de Ontañón.

Por dentro, la Catedral es esbelta y elegante, aunque el coro estorba
mucho para enfilar sus naves con la vista.--En cuanto á las pinturas,
sepulcros, verjas y otros preciosos pormenores que la adornan, su
enumeración sería interminable. Sólo llamaré la atención hacia los
_cuadros_ del pintor salmantino Fernando Gallegos, que es la
especialidad pictórica de esta ciudad, y recomendaré muy especialmente
que se visite, en la capilla del Carmen, no por su mérito artístico,
sino por devoción histórica, el _Sepulcro del Obispo Visquio_ (de quien
hablaré muy luego), y que se procure ver _El Cristo de las batallas_,
que este Prelado llevaba en la guerra, y _El Cristo chico del Cid_,
venerandos objetos que no se contemplan sin grande emoción.

* * *

Pero ¿qué es la _Catedral Nueva_ comparada con la _Catedral Vieja_?

Entre las notas y apuntaciones que llevábamos de Madrid, había una de
cierto distinguido académico de Bellas Artes, que decía
así:--«Recomiendo á ustedes en Salamanca la _Catedral Vieja_ (bizantina
de veras, y no de pega), con su soberbio retablo _cinquecento_, de un
cierto Nicolás Florentino, de quien no tuvo noticias Ceán Bermúdez; con
sus magníficos sepulcros del mismo siglo, de _escultura pintada_, y con
preciosas tablas de Fernando Gallegos en el claustro.»

Razón tenía el académico. No bien fijamos los ojos en la _Catedral
Vieja_, los cuatro expedicionarios convinimos en que ella, la portada de
la _Universidad_ y la _Casa de las Conchas_ eran lo mejor que hasta
entonces habíamos visto en Salamanca, y que cualquiera de estos
monumentos valía todas las molestias del viaje.--Por lo demás, en parte
alguna habíamos encontrado un ejemplar tan puro y tan bien conservado de
arquitectura bizantina como el exterior de aquella vetusta Catedral.....

Pero procedamos con orden, y digamos primero algo de su grande historia.

En 1098, el conde _francés_ D. Ramón de Borgoña, casado con nuestra
reina D.ª Urraca, y el Obispo, también _francés_, D. Jerónimo Visquio,
procedente del Monasterio de Cluny (muy amigo del Cid, por más señas, y
de su confesor el Arzobispo D. Bernardo), trajeron artistas de Italia y
Francia y emprendieron la construcción de este templo, cimiento y base
de la grandeza monumental de Salamanca.

(¡Bien hubieran podido los _franceses_ de 1808 haberse acordado de esto,
y no destruir, como destruyeron, en la ciudad del Tormes multitud de
obras de arte!)

Según las noticias que he podido reunir, entre dichos artistas figuraban
el navarro Alvar García, el francés Casandro Romano y el italiano Florín
de Pontuerga; mas no se sabe á punto fijo quiénes continuaron la obra,
aunque se conjetura que serían también extranjeros de la escuela de
Cluny, pues el arte no llegó por entonces en España al grado de madurez
que denota la _Catedral Vieja_.

La construcción duró un siglo.--Hoy sólo queda parte de ella..... El
resto se destruyó para edificar la _Catedral Nueva_ (!); pero dicha
parte hace formar completo juicio de todo lo que allí hubo.

El exterior tiene algo de fortaleza; y, en efecto, á esta Catedral se
dió el nombre de _la Fuerte_. Las bóvedas, cubiertas por fuera de
escamas; los muros, coronados de almenas, y los cubos de sus ángulos,
revestidos con capacetes escamados también, hicieron decir que parecía
un guerrero armado de todas armas. Su agudo cimborio es el yelmo, y el
gallo de la veleta le sirve de cimera y de penacho.

En el _interior_ de tan ruda fábrica hállanse todas las delicadezas del
sentimiento. (Lo mismo acontecía con los férreos paladines de aquella
edad).--Allí hay sepulcros finísimos góticos, llenos de exquisitas
labores; allí místicas pinturas del Renacimiento, ó sea de cuando el
Renacimiento no era todavía pagano; allí santos sobre los capiteles;
allí preciosos trípticos; allí un claustro digno de la ciudad de Pisa.
Allí se ve también el retablo de Nicolás Florentino que nos recomendó el
académico, con treinta y tantos cuadros de la _Vida de Jesús_ (y su
fecha de 1442). Y allí, por último, sobre el dicho retablo, en el
_cascarón_ de la bóveda, hay un _Juicio final_, verdaderamente dantesco,
que parece concebido por Giotto. ¡Aquel grupo de resucitados blancos que
sube hacia _la diestra del Dios Padre_, y aquel otro grupo de
resucitados negros que marcha lúgubremente por la siniestra, son
interesantes y bellos hasta lo sumo para los que en el arte buscamos
algo más que forma ó postura académica y realidad anatómica!

De lo dicho se infiere que la _Catedral Vieja_ (tan genuinamente
bizantina por fuera, como se nos había dicho) tiene _por dentro_ muchos
perfiles góticos: y ahora añado que esto no ocurre sólo en sus
accesorios postizos, sino también en la estructura misma de miembros
principalísimos de su fábrica. Por todas partes apunta allí lo ojival y
hasta lo latino del Renacimiento. Vense además pilastras cuadradas,
_románicas_ y no _bizantinas_, mezcladas con columnas, formando grupos
híbridos sobre basas redondas y sosteniendo indistintamente arcos ú
ojivas, lo cual me pareció muy expresivo y simbólico, dado que trajo á
mi imaginación aquellos siglos de la Iglesia en que el Oriente y el
Occidente estaban del propio modo confundidos en el sentimiento
cristiano.

Entre los notabilísimos _sepulcros_ que guarda todavía la parte
subsistente de la Catedral, no figuran ni el de D. Ramón de Borgoña ni
el del Obispo Visquio.--El de éste se trasladó á la Catedral Nueva,
según ya dije, con otras muchas curiosidades ó maravillas de la Vieja.
(Afortunadamente, una Catedral linda con la otra y se hallan en
comunicación.)--El sepulcro del esposo de D.ª Urraca no estuvo nunca en
Salamanca, sino meramente un cenotafio. Sus cenizas descansan en la
Catedral de Santiago de Galicia.

En cambio, otros muchos muertos ilustres duermen el sueño eterno en el
antiquísimo templo salmantino, donde se ven tendidas sobre magníficas
tumbas sus calladas estatuas, ora dentro de hornacinas labradas en el
espesor de los muros, ora en medio de suntuosas capillas.--Y ¡cosa rara!
entre las más humildes lápidas hallamos la de una _Princesa Mandalfa ó
Mafalda_, hija de Alonso VIII, más célebre como muerta que como viva, ó
sea más famosa como estatua que como mujer, á lo menos para mí, que ni
siquiera recordaba haber leído antes su dudoso nombre.....--Hoy, empero,
he vuelto á registrar la Historia, y sé ya, y no olvidaré nunca, lo
mismo que dice el epitafio; esto es: que la tal Princesa murió «_por
casar_», ó, hablando menos equívocamente, soltera.

Mucho más que este sepulcro me interesó otro que vimos en la _Capilla de
los Anayas_ ó de _San Bartolomé_.--Duermen juntos sobre él un caballero
y su esposa. Él viste de guerrero, con cierto elegantísimo tocado
morisco, la armadura ricamente labrada, el casco á los pies y la espada
en la mano. Ella está amortajada de beata, con muy rizada toca en la
cabeza, y calzada con unos raros zapatos altos, de aristocrática
hechura. El rostro del caballero es noble y adusto, y el de ella plácido
y hermoso como el amor en paz. Llaman también la atención por su
delicadeza las manos de la dama, y, por sus exquisitas labores, la
lujosa almohada en que reposa la cabeza del marido. La almohada de ella
es más severa y humilde, cual correspondía á su piadosa mortaja.

Carece de epitafio este sepulcro; pero los empeñados en saberlo todo
conjeturan que aquellos personajes deben de ser un D. Gabriel de Anaya,
que murió en América, y su mujer D.ª Ana, que finó sus días en un
convento.

Yo no digo que sí ni que no[10]. Lo único que puedo asegurar es que--no
sé por qué..... (sin duda porque mi ánimo se hallase dispuesto aquella
mañana á la melancolía)--estuve largo tiempo contemplando aquel
matrimonio yacente, aquellos cónyuges de piedra, aquellos _muertos
inmortales_, y sentí en mi corazón congojas de lástima, tumultos de
miedo y palpitaciones de envidia, todo ello junto y confundido, no
obstante lo contradictorio de tales emociones.--¡Hay que ver aquel
tálamo! ¡Hay que verlo, y hay que pensar, con los ojos fijos en aquellas
mudas y al parecer insensibles estatuas, en que es imposible que ninguna
de ellas haya pasado siglos y siglos sin darse cuenta de que la otra
duerme á su lado!--¡En alguna parte estarán las almas de los que fueron
consortes, y desde dondequiera que estén, irán á dar vida y conciencia á
aquellos mármoles para que se complazcan en su perdurable unión!--¡Pues
qué! ¿Ha de ser más constante una ficción de piedra que la fe conyugal
que simboliza? ¿Ha de ignorar el espíritu lo que está repitiendo á todas
horas la materia? ¿Ha de poder una escultura más que un alma? ¿Ha de
superar el Arte á la Naturaleza? ¿Ha de vivir la mentira más que la
realidad?--¡Oh desventura! ¡Seguir juntos después de haberse amado
tanto, seguir juntos, y no saberlo!.....--¡No puede ser! ¡No puede ser!

* * *

La _Catedral Vieja_ es la abuela de Salamanca, como la Universidad es su
madre. Digo más: la _Catedral Vieja_ es la venerable ejecutoria, el arca
santa de tantísimos timbres y blasones..... Su antiguo _Claustro_, que
infunde profundísima reverencia, fué cuna de los estudios salmantinos.
Allí se ve la célebre _Capilla de Santa Bárbara_, donde, hasta hace cosa
de cuarenta ó cincuenta años, se conferían los Grados Mayores. Allí está
la _Capilla del Doctor Talavera_, donde se conserva, como en Toledo, el
Rito mozárabe, y se guarda la _pila_ en que fué bautizado Alfonso XI.
Allí está la _Capilla del Canto_, donde se celebraron Concilios, y la
histórica Sala en que se reunieron Cortes, y el aposento en que quince
Obispos juzgaron y absolvieron á los poderosos
Templarios.....--¡Paréceme que no puede ser más gloriosa la historia de
la insigne Abuela!

En aquel mismo _Claustro_ hay centenares de sepulcros de canónigos, ora
empotrados en las paredes, ora embutidos en el suelo, ora formando las
jambas de las puertas, ora colgados cerca de las altas bóvedas.--¡Son
los Cabildos que han precedido al actual desde el siglo XII inclusive!
Es decir, son dos mil Canónigos muertos, cuyo volumen ha ido achicando
el tiempo gradualmente, para que nunca falte allí acomodo á un cadáver
más..... de un Canónigo menos.

También hay en el _Claustro_ pinturas muy notables en tabla, debidas las
mejores de ellas á Fernando Gallegos.--En las cuatro mencionadas
_Capillas_ vense asimismo excelentes cuadros y magníficos sepulcros. El
más suntuoso entre éstos es el que, en la _Capilla de Santa Bárbara_,
ocupa el célebre Obispo D. JUAN LUCERO, aquel que tanto sonó en las
disensiones matrimoniales de D. Pedro _el Cruel_, por haber autorizado
el repudio de doña Blanca de Borbón y casado al Monarca con D.ª Juana de
Castro. El sepulcro se alza en medio de la capilla, es de mármol blanco,
y sirve de lecho á una buena estatua del Obispo, revestido de
pontifical. Compite en grandeza con este monumento fúnebre el sepulcro
de D. DIEGO DE ANAYA, Arzobispo que fué de Sevilla y fundador de la
capilla ó pequeña iglesia de los Anayas, que ya hemos mencionado, y del
gran Colegio de San Bartolomé.--Su Excelencia duerme en una cama
imperial de mármol blanco, sostenida en los lomos de ocho leones, y
adornada de primorosas esculturas. La verja de hierro que hay alrededor
del mausoleo vale cuanto pudiera pesar y valer siendo de plata.

Pero no acabaría nunca si hubiese de describir minuciosamente todo lo
que acude á mi memoria.--Doy, pues, aquí punto, recomendando vivamente á
cuantos vayan á Salamanca aquel Panteón, aquel Museo, aquel Libro de
Historia que se llama la _Catedral Vieja_.

* * *

Fuera ya de ambas Catedrales, las contemplamos todavía largo tiempo y á
cierta distancia, admirando el grandioso golpe de vista que ofrecen
juntas y como en anfiteatro sobre la colina en que se asientan. Parece
aquello una montaña arquitectónica, como las labradas por los indios del
Himalaya.--Al propio tiempo veíamos en otros lados y en vasto panorama
el enorme _Colegio de San Bartolomé_ (hoy Gobierno civil), con su
gigantesco pórtico greco-romano; la suntuosa _Iglesia de Santo Domingo_,
dominando gallardamente otra colina y reflejando la luz del sol en su
cúpula cuadrada y roja; la cúpula y las torres de _los Jesuítas_; la
gran mole de la _Universidad_, y otros colosales edificios de
piedra.--¡Era un cuadro verdaderamente cesáreo, de olímpica
grandiosidad!..... Era una nueva justificación del dictado de _Roma la
Chica_ que lleva Salamanca.

Porque debo advertir que aquella augusta decoración, en su magnífico y
vistoso conjunto, no tenía carácter gótico, castellano ni leonés, bien
que algunos de sus componentes fueran del estilo ojival. ¡Salamanca es
la única ciudad del Norte y del Oeste de España que ostenta dignamente
el esplendor imperial austriaco, de que tan soberana muestra quedó en el
Alcázar de Toledo!--Y esto sin perjuicio de tener otros aspectos
diferentes, como ya hemos notado al examinar sus calles de la Edad Media
y sus templos y palacios góticos ó platerescos.....--¡Salamanca es
multiforme!

Ejemplo de esta variedad de sus formas:--Por darnos gusto á los que
deseábamos contemplar, no sólo monumentos artísticos, sino también
cuadros poéticos, la expedición se trasladó desde aquel pasaje de tan
majestuosa perspectiva, á otro lado de los _barrios muertos_ de la
ciudad, bastándonos para ello andar muy pocos pasos. Nos encontramos,
pues, de pronto en unas plazuelas y calles completamente solas (_calle
del Silencio_ se llamaba una de ellas), donde no vivía nadie ni parecía
haber corrido el tiempo desde el siglo XV.

Aquélla era, en verdad, la Salamanca fantástica que recorrió el _D.
Félix de Montemar_ de Espronceda, cuando iba en pos del blanco espectro
de _Doña Elvira_.....

      Cruzan tristes calles,
    Plazas solitarias,
    Arruinados muros.....
    Etc., etc.

Aquellos eran los campanarios que lo seguían, agitando sus esquilones,

    Como mulas de alquiler
    Andando con campanillas.....

Y allí estaba el Cristo cuya mortecina luz reflejó en el ensangrentado
acero del Estudiante.....

Mientras yo pensaba todo esto, nuestros bondadosos guías nos enseñaban
la casa, hoy muda, donde falleció en 1842 el célebre compositor Doyagüe,
último catedrático de Música de Salamanca, cuyos restos fueron
trasladados á Madrid y paseados por las calles, de orden del inolvidable
Ruiz Zorrilla, con destino al _Panteón Nacional_.....

Y á propósito: aquellos y otros huesos de hombres insignes están
todavía, á la hora presente, arrinconados é insepultos en San Francisco
el Grande, sin que nadie piense ya en construir tal Panteón.....--¿No
habrá un alma caritativa que haga la _obra de misericordia_ de _enterrar
á los muertos_, ó sea de volver á enviar las cenizas de dichos varones
ilustres á las sepulturas en que esperaban tranquilamente la trompeta
del Juicio Final cuando fué á despertarlos el himno de Riego?

* * *

Del barrio sin gente en que vivió Doyagüe saltamos al _Convento de Santo
Domingo_, ó sea á _San Esteban_ (que ambos nombres tiene aquel
renombrado monumento), y digo «_saltamos_», porque _Santo Domingo_ se
alza en otra colina, frente por frente de la que acabábamos de recorrer.

Nada más vistoso que la perspectiva de aquella gran casa de los
opulentos Dominicos. Su fachada, recargadísima de adornos, marca la
transición del gótico al plateresco, y luce todas las galas y fantasías
de este singular estilo, medio gentil y medio cristiano.

Muchísimo que admirar nos ofrecieron también el _interior_ del templo,
su _sacristía_, y, sobre todo, el _claustro_, obra magistral del mismo
período del Renacimiento, restaurada modernamente; pero no fatigaré aquí
á mis lectores con nuevas descripciones arquitectónicas, pues basta por
hoy á mi objeto recomendarles que no dejen de estudiar muy despacio á
_Santo Domingo_ el día que visiten á Salamanca.--Conque vamos á otra
cosa.

En este convento estuvo preso tres días San Ignacio de Loyola, y luego
veintidós en la cárcel, todo ello siendo estudiante y seglar, hasta que
se examinaron y absolvieron por varones doctos algunas doctrinas, que al
principio parecían heréticas, del que había de acabar siendo fundador
de la Compañía de Jesús y santo canonizado por la Iglesia.....

Cupo, en cambio, á este mismo convento (según la tradición y según
muchos libros, que algunos crueles eruditos comienzan ya á
desmentir.....) la alta gloria de albergar á Cristóbal Colón el invierno
de 1486 á 1487, con motivo de hallarse también en Salamanca los Reyes
Católicos.--_Sala de Colón_ se llama todavía (¡y con qué profundo
respeto la visitamos nosotros!) aquella en que se dice fué escuchado el
ilustre genovés por los Padres Dominicos y por varios Doctores de la
Universidad, los cuales (especialmente los primeros) se entusiasmaron
mucho oyéndole, y lo alentaron con su protección más decidida, que le
valió al cabo la del Maestro Fr. Diego de Deza, «_al cual y al Convento
de San Esteban ó de Santo Domingo de Salamanca_ (son palabras del mismo
Colón transmitidas por Fr. Bartolomé de las Casas) _debieron los Reyes
Católicos las Indias_».--Por eso (concluyen diciendo la tradición y los
libros en que yo todavía creo) el gran navegante puso el nombre de
_Santo Domingo_ á la segunda isla que descubrió, como homenaje de
gratitud al varón sabio y á la insigne Orden que más protegieron su
empresa.--Tiempo es ya, por tanto (agrego yo), de que los poetas
liberales reparemos bien en lo que decimos cuando se nos ocurra hablar
de los frailes y doctores de Salamanca con referencia al sublime
proyecto de Cristóbal Colón..... ¡La fantasía no debe llegar hasta el
falso testimonio!

Por último: el _Convento de San Esteban ó de Santo Domingo_ encierra,
entre otros grandes recuerdos, la sepultura del eminente _Padre Soto_,
que tanto lució en el Concilio de Trento.

Y este fué el tema constante de nuestra conversación, en tanto que
visitábamos el _Museo Provincial_, establecido hoy allí por la muy
celosa y entendida Comisión de Monumentos salmantina, digna de disponer
de más fondos.....

* * *

Desde _Santo Domingo_ bajamos hacia el río _Tormes_, pasando por un
barrio en ruinas, en el cual hubo, hasta los tiempos de Enrique IV, un
antiquísimo _Alcázar Regio_, que los monárquicos salmantinos de entonces
juzgaron oportuno destruir, _con anuencia del mismo Rey_, para que no lo
ocupasen los rebelados nobles.--En aquella parte de la ciudad estuvo
también la _Judería_.

Salimos al fin de la población por la puerta llamada de _Aníbal_,
bajando una pendientísima cuesta hasta llegar al famoso _Puente
Romano_.--¡Cartago! ¡Roma!..... ¡Todas las grandezas históricas van
unidas á la de Salamanca!--El Tormes sabe tanto de mundo como el Tíber.

El nobilísimo río español llevaba aquella tarde bastante agua, y sus
orillas, cubiertas de acacias y de otros árboles, no carecían de encanto
ni de belleza..... De entre lo más espeso de aquella pintoresca fronda
salía mansamente el arroyo _Zurguén_, que baja de las históricas alturas
de _Arapiles_ y penetra en el Tormes, después de haber regado el
precioso valle cantado por Iglesias y por Meléndez Valdés.

El _Valle de Zurguén_ y las _Praderas de Otea_, lindantes también con
Salamanca por el otro lado del río, son la Arcadia de la poesía pastoril
española.....

    Venid, venid, zagalejos,
    Que al Zurguén sale Amarilis......,

decía Iglesias. Y casi en los mismos años denominaba Meléndez á su
amada:

    La gloria del Tormes,
    La flor del Zurguén.

En cuanto al _Puente_, construído, dicen, por Domiciano, restaurado por
Trajano y recompuesto más tarde por nuestro Felipe IV de Austria, mide
176 metros de longitud y cerca de cuatro de anchura.--Por él pasaba la
calzada romana de _la Plata_, que iba de Mérida á Zaragoza.

Al otro lado del _Puente_ hay, ó hubo, un barrio, frustrado varias veces
por las inundaciones, en el cual no quedan ni señales del _Hospital de
Leprosos_, de _la Mancebía pública_ ni del _Cementerio de Judíos_, que
existieron allí algún tiempo.--¡Malhadado arrabal, á fe mía! ¡Sirvió de
albergue á deicidas, rameras y leprosos, ó sea á tres lepras diferentes,
y luego se lo llevó todo el agua!..... ¡Verdaderamente, el cataclismo
fué muy justo!

* * *

Desde el Tormes subimos á visitar al ya citado señor chantre D. Camilo
Álvarez de Castro, cuya casa y huerto se divisaban á una grande altura
sobre nuestra cabeza, pues se apoyan en la antigua muralla de Salamanca
y tienen vistas al río.

Nunca olvidaremos aquella visita. El señor Chantre es una de las
personas más buenas, más afables y más instruídas que hemos tratado
nunca, y nos obsequió y agasajó como hombre bien nacido de los buenos
tiempos de la hidalguía española, quedando por nosotros, y no por él, si
de visitantes no nos convertimos en comensales, y hasta en huéspedes de
su pacífica morada.

Amantísimo de la soledad y del estudio, el insigne Prebendado no sale
más que para ir á la próxima Catedral, y esto por calles silenciosas en
que nunca se ve criatura humana.--Vive, pues, en el mundo como en una
Cartuja, y en más relaciones con el cielo que con la tierra.

A ruegos de Losada, nos enseñó todas las curiosidades artísticas que
embellecen su mansión, así como el preciosísimo oratorio en que dice
Misa los días que sus achaques ó la inclemencia del tiempo le impiden
salir.

¡Qué silencio, qué paz, qué beatitud en aquella morada! Y ¡qué
deliciosas vistas las de las habitaciones que ocupa el Dignidad! Sus
balcones y miradores dan á las alamedas del Tormes y del Zurguén y á un
hermoso panorama que se extiende hasta las sierras de Gredos, cuyos
picos cierran el horizonte al Sur.....

Era ya la caída de la tarde. Las higueras del jardín alto penetraban en
el mismo aposento en que contemplábamos la puesta del sol. Todo el
plácido sosiego que respiran las mejores poesías de Meléndez se
respiraba en aquel lugar y en aquella hora siempre augusta. Las rotas
nubes y los cristales del río tomaban maravillosas tintas al reflejar
los rayos horizontales del moribundo astro-rey. Las sombras larguísimas
de los árboles parecían prolongadas despedidas y supremos adioses que le
daba la creación á aquel día para nosotros inolvidable.....

Todos callábamos: los madrileños, porque una indefinible envidia de
aquella tranquila existencia nos hacía contemplar con odio la vida
febril de la corte á que estábamos condenados.....; y los salmantinos,
porque adivinaban lo que sentíamos y temían acaso ofendernos dándose por
entendidos de nuestra emoción ó elogiando aquella solemne paz de la
Naturaleza, que no volveríamos á gozar en mucho tiempo.....--¡No; no
volveríamos á gozarla, puesto que á la tarde siguiente, á aquella misma
hora, estaríamos otra vez camino de Madrid, y puesto que Madrid es una
máquina neumática para los mejores sentimientos del corazón humano!.....

* * *

La noche de tal día fué y nos pareció todo lo _moderna_ y _amadrileñada_
que podía serlo á las orillas del Tormes.

Comimos en _Hotel_, á la francesa; fuimos al _Casino_ á tomar café;
jugamos un par de horas al _billar_ y al _tresillo_; hablamos de
_política_ y de otras cosas contemporáneas con D. Álvaro Gil Sanz, ex
subsecretario del Ministerio de la Gobernación, y con D. Santiago Diego
Madrazo, ex ministro de Fomento, que habían estado en la fonda á
visitarnos; y á eso de las once (¡cerca de la media noche!) nos
retirábamos á casita, donde hicimos el programa del día siguiente,
tomamos té, leímos _La Correspondencia_ del día anterior, y nos
acostamos en sendos catrecillos, como cuando teníamos veinte años de
edad y vivíamos en plena estudiantina.

¡No se podían pedir más placeres de última moda á una ciudad tan grave y
señoril como Salamanca!


X

BARRIOS ARRUINADOS.--EL COLEGIO DEL ARZOBISPO.--LOS ESTUDIANTES
IRLANDESES.--EL PALACIO DE MONTEREY.--LA CASA DE LAS MUERTES.--EL
CONVENTO DE LAS AGUSTINAS.--UN CUADRO DE RIVERA.


Serían las siete de la siguiente mañana cuando atravesábamos la _Plaza
Mayor_.--También el sol acababa de penetrar en ella (el mismo sol que
habíamos creído ver _morir_ la tarde antes), y sus alegres rayos doraban
gozosamente las copas de los árboles municipales.

Todas las criadas de Salamanca iban á la compra ó volvían de ella.....
Un organillo ambulante tocaba la _romanza_ de la tisis de la
_Traviata_..... Los gorriones cruzaban regocijados por un cielo limpio
de nubes..... Las campanas tocaban pacíficamente á misa.....

En cuanto á nosotros, puedo decir que, para estar muy contentos en aquel
instante, solamente nos estorbaban veinte ó treinta de los años ya
vividos..... ¡Cualquiera de los cuatro hubiera querido ser gorrión, el
muchacho que tocaba el organillo, una de aquellas presumidas fámulas, ó
aquel rubicundo sol que, como un eterno Fausto, torna á ser joven todas
las mañanas!

Pero ¿qué responder al señor chantre, si por acaso lee estos
renglones?--¡Perdóneme el reverdecimiento extemporáneo que denotan las
anteriores frases, y crea que á mí también se me alcanza, aunque no lo
practique, que lo mejor de todo es envejecer y morir tan santamente como
envejece y morirá su señoría!

Conque dejémonos de frivolidades, y refiramos lisa y llanamente nuestra
expedición de aquella mañana.

* * *

Nos dirigíamos á ver una de las primeras maravillas arquitectónicas de
Salamanca, ó sea el famoso _Colegio del Arzobispo_, hoy todavía habitado
por _estudiantes irlandeses_.

Para ir á él, pasamos por un barrio feísimo, triste y solitario,
compuesto de irregulares casuchas, hechas con escombros de insignes
ruinas..... ¡Oh profanación!..... Piedras de diferentes arcos, nobles
columnas tomadas de acá y de allá, maderas sueltas de antiguos
artesonados, y otros restos de soberbias construcciones, habían servido
para zurcir aquellos pobres edificios.--_Barrio de las Peñuelas de San
Blas_, nos dijo un muchacho que se llamaba el tal paraje.

Y luego supimos por los arqueólogos de Salamanca (pues en aquella
excursión íbamos solos los cuatro huéspedes del _Hotel del Comercio_)
que aquel barrio y el contiguo de _San Francisco_, así como todo el lado
de Poniente de la población, fueron asolados por los cañones franceses
(y también por los ingleses) durante la guerra de la Independencia.
Había allí magníficos conventos, suntuosas iglesias, monumentales
colegios y grandiosos palacios: entre los colegios figuraban los de
_Cuenca_ y de _Oviedo_, de cuya hermosura hablan muchísimos libros: ¡y
todo fué destruído por nuestros enemigos y por nuestros aliados!

En el susodicho barrio de las Peñuelas hay una antigua calle cuyo
azulejo dice «_Calle de los Moros_ ó _de Cervantes_», por creerse (no
unánimemente) que el autor de _Don Quijote_ y un MIGUEL DE CERVANTES que
de los registros universitarios aparece matriculado en Filosofía y
viviendo en la _calle de los Moros_ á mediados del siglo XVI, son una
misma persona..... De un modo ó de otro, el autor de _La Tía Fingida_
debió de residir alguna vez en Salamanca; pues la descripción que en
aquella novela hace de la población flotante de la ciudad del Tormes y
de sus usos y costumbres, es demasiado gráfica y pintoresca para no
estar tomada _d'après nature_.--«Advierte, hija mía (dice doña Claudia á
doña Esperanza), que estás en Salamanca, que es llamada en todo el mundo
madre de las ciencias, y que de ordinario cursan en ella y habitan diez
ó doce mil estudiantes, gente moza, antojadiza, arrojada, libre,
alicionada, gastadora, discreta, diabólica y de humor.....» Y en seguida
pasa á definirle prolijamente las cualidades de los vizcaínos,
manchegos, aragoneses, valencianos, catalanes, castellanos nuevos,
extremeños, andaluces, gallegos, asturianos y portugueses que viven en
la ciudad.....

Pero henos ya en lo alto del barrio de las Peñuelas y cerca de la meseta
donde se alza el grandioso _Colegio del Arzobispo_.....--Dejemos la
pluma y cojamos el pincel.

* * *

Figuraos, al remate de empinada cuesta, dos amplias y hermosas
escalinatas, por las que se sube á un extenso atrio ó compás, guarnecido
de grandes columnas sin capitel, que nada sostienen y que parecen otros
tantos heraldos encargados de anunciar la grandeza del edificio que
custodian.--En el fondo de aquel atrio está el célebre colegio.

Bella sobre toda ponderación es su lujosa fachada. Compónese de dos
cuerpos de estilo plateresco, y luce maravillosos trabajos de escultura,
así en los capiteles de sus elegantes pilastras como en los camafeos que
adornan los netos, en las estatuas amparadas de sus graciosas
hornacinas, y en l

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