Gutenberg · eo1.org

← catalogue

Segunda parte de la crónica del Perú, que trata del señorio de los Incas Yupanquis y de sus grandes hechos y gobernacion

by Pedro de Cieza de León · Spanish · Gutenberg #25255 · 432,436 chars · public domain (US)

The Project Gutenberg eBook of Segunda parte de la crónica del Perú, que trata del señorio de los Incas Yupanquis y de sus grandes hechos y gobernacion
    
This eBook is for the use of anyone anywhere in the United States and
most other parts of the world at no cost and with almost no restrictions
whatsoever. You may copy it, give it away or re-use it under the terms
of the Project Gutenberg License included with this eBook or online
at www.gutenberg.org. If you are not located in the United States,
you will have to check the laws of the country where you are located
before using this eBook.

Title: Segunda parte de la crónica del Perú, que trata del señorio de los Incas Yupanquis y de sus grandes hechos y gobernacion

Author: Pedro de Cieza de León


        
Release date: April 30, 2008 [eBook #25255]

Language: Spanish

Other information and formats: www.gutenberg.org/ebooks/25255

Credits: Produced by Julia Miller, Chuck Greif and the Online
        Distributed Proofreading Team at http://www.pgdp.net (This
        file was produced from images generously made available
        by The Internet Archive/American Libraries.)


*** START OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK SEGUNDA PARTE DE LA CRÓNICA DEL PERÚ, QUE TRATA DEL SEÑORIO DE LOS INCAS YUPANQUIS Y DE SUS GRANDES HECHOS Y GOBERNACION ***




Produced by Julia Miller, Chuck Greif and the Online
Distributed Proofreading Team at http://www.pgdp.net (This
file was produced from images generously made available
by The Internet Archive/American Libraries.)









[Nota del transcriptor: la ortografía del original está conservada; no ha
sido corregida ni actualizada.]




DEL SEÑORÍO DE LOS INCAS.

_ES PROPIEDAD._

_Tomo V de la Biblioteca Hispano-Ultramarina._

_BIBLIOTECA HISPANO-ULTRAMARINA._

SEGUNDA PARTE
DE LA
CRÓNICA DEL PERÚ,

QUE TRATA DEL SEÑORÍO
DE LOS INCAS YUPANQUIS Y DE SUS GRANDES HECHOS
Y GOBERNACION,

ESCRITA POR
PEDRO DE CIEZA DE LEON.

LA PUBLICA
_MÁRCOS JIMÉNEZ DE LA ESPADA._

_MADRID._
IMPRENTA DE MANUEL GINÉS HERNANDEZ,
_Libertad, 16 duplicado, bajo._
1880.


Al dar á luz en el tomo segundo de la BIBLIOTECA HISPANO-ULTRAMARINA el
TERCERO LIBRO DE LAS GUERRAS CIVILES DEL PERÚ, _el cual se llama_ LA
GUERRA DE QUITO, _hecho por Pedro de Cieza de Leon_, uno de los que
componen la _Cuarta parte_ de su gran CRÓNICA DEL PERÚ, expuse en largo
prólogo cuanto sabia de este insigne historiador y se me alcanzaba de
sus obras; pero además, dediqué por completo el apéndice 6.º de mi
edicion á la _Segunda parte_ de aquélla, que hoy publico con el título
que Cieza anunciaba en el Proemio de la _Primera_, al declarar que en la
_Segunda_ trataria "Del señorío de los ingas yupangues, reyes antiguos
que fueron del Perú, y de sus grandes hechos y gobernacion; qué número
dellos hubo, y los nombres que tuvieron; los templos tan soberbios y
suntuosos que edificaron; caminos de extraña grandeza que hicieron y
otras cosas grandes que en este reino se hallan. Tambien en este libro
se da relacion de lo que cuentan estos indios del Diluvio y de cómo los
ingas engrandecen su orígen." Remitir simplemente á mis lectores al
indicado apéndice, seria poco ménos que obligar al que no lo tuviera á
que se procurase el tomo segundo de nuestra BIBLIOTECA, y como uno de
los propósitos de los que la publicamos es que las obras de su
repertorio puedan adquirirse y leerse separadamente, aunque me exponga á
repetir textos ya en ella insertos, voy á copiar á la letra lo que allí
decia y puede servir ahora de preliminares con añadir tan solamente dos
rectificaciones indispensables.

"Hace ya algunos años, habiéndome llamado la atencion la especie
divulgada por Prescott en su _Conquista del Perú_, de que el Ilmo. Sr.
Don Juan de Sarmiento, Presidente del Consejo de las Indias,--el cual
jamás estuvo en ellas, y presidió este cuerpo, si acaso, veinte
meses[1],--hubiese escrito la exacta y minuciosa _Relacion de la
sucesion y gobierno de los incas, señores naturales que fueron del Perú,
etc._, en este reino y recorriendo sus provincias con aquel carácter,
traté de consultar una copia de ese documento conservada en la
Biblioteca de la Academia de la Historia, y ya en el título ví que dicha
Relacion se habia compuesto no _por_ sino _para_ aquel distinguido
personaje. Y procurando averiguar por su lectura el nombre del verdadero
autor, por cierto que no tardé en descubrirlo en multitud de referencias
y alusiones que en ella se hacen á la Primera parte de la Crónica del
Perú de Pedro de Cieza de Leon, tan claras, que parece imposible que
aquel historiador no cayese en la cuenta. Pero no solamente no cayó,
sino que hubo de emitir acerca de Sarmiento y el Tratado de los Incas, y
de Cieza y su Crónica tales juicios, que por ellos resultan dos
personalidades perfectamente definidas y dos autores completamente
diversos[2]. No es ahora del caso citar uno por uno los pasajes donde se
hallan dichas alusiones; basta el siguiente, que hace inútiles todos los
demás. En el capítulo "que trata la riqueza del templo de Curicancha y
de la veneracion que los incas le tenian" se dice textualmente: ".... y
á una obra que ví en Toledo cuando fuí á presentar la Primera parte de
mi corónica al príncipe don Felipe;" lo cual es poco ménos que la firma
del autor, porque sólo hay una Primera parte de crónica relativa á
Indias dedicada á ese príncipe, la de Cieza; y en acudiendo á ella con
la guía de ese indicio, se encuentran tantas referencias á la Relacion
de los Incas, como en esta á la Primera parte de la crónica.

"Faltábanme, por el tiempo en que tuve la fácil fortuna de descubrir en
la obra dedicada á Sarmiento la Segunda parte de la crónica del Perú del
desgraciado Cieza de Leon, medios de darla á la estampa. Quedó el asunto
en tal estado. Y más tarde, á poco de circular el prospecto de la
BIBLIOTECA HISPANO-ULTRAMARINA, supe por el señor don Pascual de
Gayangos que un distinguido peruano, el señor la Rosa, se ocupaba en
publicarla, restituyéndola en su verdadero título y á quien le
pertenece. A estas horas lleva ya más de un año de impresa, y hé aquí el
motivo de que no aparezca ántes de la _Guerra de Quito_, conforme á lo
que en dicho prospecto se anunciaba. Mas, como el señor la Rosa destina
la edicion, si mis informes son exactos, única y exclusivamente á su
patria, creo que no holgarán en esta nota las noticias del manuscrito,
primero atribuido á don Juan de Sarmiento, despues anónimo y últimamente
á quien le corresponde.

"Guárdase en la Biblioteca del Escorial, códice L j 5, donde ocupa desde
el fólio 1.º, que es la cubierta y portada de la Relacion, hasta el 130
inclusive. Es una copia, detestable por todo extremo, de mediados ó
fines del siglo XVI; de dos ó tres letras grandes y claras; bien
conservada; fáltale la primera hoja, por lo cual el manuscrito comienza
en el segundo de sus fólios--que están paginados al mismo tiempo que la
copia se hizo,--y con estas palabras: ".... _dellos mas de lo que yo
cuento va á un lugar deleitoso_, etc." Los capítulos carecen de
numeracion, y no es fácil restablecerla, porque si bien la falta de sólo
un fólio induce á suponer que la del manuscrito afecta nada más que á
una parte del primero de sus capítulos, hay que tener presente que Cieza
de Leon, la única vez que cita en la Primera parte de su Crónica
capítulo determinado de la Segunda, dice: "Muchos de estos indios
cuentan que oyeron á sus antiguos que hubo en los tiempos pasados un
diluvio grande y de la manera que yo lo escribo en el tercero capítulo
de la Segunda parte[3]." Y de tal acontecimiento no se habla poco ni
mucho en ninguno de los que comprende el manuscrito del Escorial.

"En la cubierta y primer fólio del códice, encima del título, se lee, de
letra más moderna: "De las relaciones del tiempo de la visita;" lo cual,
en mi entender, explica el error de haber tenido por anónimo este
escrito de Cieza. El que puso esa nota lo encontraría--acaso falto ya
del primer fólio ó sin nombre de autor--al lado de la copia de la _Suma
y narracion de los incas de Juan de Betánzos_, encuadernada en el mismo
códice L j 5, y de las mismas letras que la _Relacion de la sucesion y
gobierno de los incas_,--y con la informacion ó relacion de Hernando
Santillan acerca de las leyes y gobierno de esos soberanos, y quizá con
las de Polo de Ondegardo y Bravo de Sarabia, hechas en tiempo de los
vireyes don Antonio de Mendoza, conde de Nieva y marqués de Cañete, á
consecuencia de varias cédulas reales ordenando visitar los
repartimientos y encomiendas del Perú y averiguar si los indios
tributaban más ó ménos que en tiempo de sus señores naturales; y viendo
que trataba la misma materia que los otros, le atribuyó la misma
procedencia; refiriéndose probablemente en aquella visita á la famosa
que giraron en 1559 ó 60, gobernando el conde de Nieva, el licenciado
Briviesca de Muñatones y Diego de Várgas Carvajal.

"Este documento anónimo y mal titulado de la Biblioteca del Escorial, es
lo único contemporáneo ó casi contemporáneo que se conserva de la
Segunda parte de la Crónica del Perú de Pedro de Cieza de Leon.
Traslados suyos son el que ha publicado el señor la Rosa, el que se
guarda en la Academia de la Historia, hecho con bastante negligencia, y
el que existia en la rica coleccion del lord Kingsborough, del cual á su
vez procede el que envió Mr. Rich á Mr. Prescott con el _por_ en lugar
de _para Don Juan de Sarmiento_. Creo que el manuscrito de dicha parte,
propiedad de la persona á que me refiero en la nota de la página XXI de
mi prólogo, tampoco es original.[4]

"Herrera tomó tambien directamente de la copia escurialense, unas veces
á la letra, otras en extracto, ordenando á su modo los asuntos,
intercalando algunos trozos del libro sexto de la Historia natural y
moral de las Indias del P. Acosta, pero dejando intactos muchos de los
errores característicos de aquélla, el texto de los capítulos VI á XVII
del libro III, y I al VIII inclusive del IV de su Década V."

Las dos rectificaciones que los párrafos copiados necesitan son estas:

Primera: que me parece anduve muy ligero al indicar que la visita á que
se referia la nota puesta de otra mano y con posterioridad á la fecha
del MS. dirigido á don Juan de Sarmiento, era la del conde de Nieva y
comisarios, porque despues la he visto en documentos de la misma especie
y en otros interesantes en su mayor parte á la historia y geografía del
Nuevo Mundo, que de cierto proceden de la minuciosa y fructuosísima
visita que hizo al Consejo de las Indias su verdadero organizador, el
ilustre estadista Juan de Ovando, durante los años de 1568 á 1571, en
que pasó á presidirle. Pero no dejaré de observar, que la remision del
MS. de la _Segunda parte de la Crónica del Perú_, de Cieza--aunque en
calidad de anónimo y con otro título que el suyo propio--á don Juan de
Sarmiento, coincide con una órden que este presidente del Consejo de las
Indias dirigió á 29 de noviembre de 1563 al inquisidor de Sevilla
licenciado Andrés Gasco, mandándole "_que enviase al Consejo la Historia
de Cieza que tenia de mano_ y otro libro de Gonzalo Fernández de
Oviedo." Esta órden, incluida por Antonio de Leon Pinelo en los
extractos, copias y apuntes que hizo de los libros de registro de dicho
Consejo, siendo su relator, en un tomo voluminoso, que se conserva en la
Biblioteca de nuestra Academia de la Historia, es otra explicacion, por
lo ménos interina, del dudoso orígen del MS. del Escorial; pero da
segura noticia del paradero, hasta hoy desconocido, de las obras del
gran cronista del Perú, tres años despues de su muerte, en poder de una
persona que acaso fué su amigo y escogiera por testamentario, fiando en
su honradez y bondad públicas y notorias en Sevilla.

Segunda y más importante: que en realidad no existen los motivos que yo
creia para no publicar en esta BIBLIOTECA la Segunda parte de la crónica
de Cieza; porque despues de escrito el apéndice 6.º he llegado á saber
de una manera averiguada y positiva, que obstáculos muy sérios se oponen
hoy y se opondrán en muchos años á que termine su edicion el sábio
presbítero señor la Rosa; y no existiendo dichos motivos, era natural
que yo volviese á mi antiguo propósito, como he vuelto, resolviéndome á
reparar cuanto ántes el abandono que por unas cosas y otras padece la
primera historia del Perú que de tiempos anteriores á su conquista se ha
compuesto, y la vergüenza de que se siga atribuyendo por escritores de
nuestros dias á otro que no es su autor. Cual si la adversidad que
malogró la corta y trabajada vida del buen Cieza, se obstinase en
perseguirle aún en sus obras, á los tres siglos y medio de una oscura
muerte.

Por desgracia, una reparacion que satisfaga enteramente su memoria es
imposible. ¿Quién le devuelve ya el renombre que mereció gozar ántes que
nadie y desde 1552, de primer analista de los Incas y sus hechos? ¿El
inca Garcilaso de la Vega hubiera disfrutado hasta el presente el
monopolio de la autoridad en materia de antigüedades peruanas é historia
de aquellos monarcas, si la Segunda parte de la Crónica de Cieza hubiera
aparecido, como pudo, medio siglo ántes que _Los Comentarios Reales_? De
seguro que no.

Pero aún hay más; para el que se interese y se apasione--como á mí me
sucede--por la persona y los asuntos de Cieza, la pronta y completa
publicacion de sus obras es de suma importancia. Ningun historiador de
los que yo conozco ha sufrido en su fama de hombre honrado un entredicho
como el que le ha puesto el tosco narrador Pedro Pizarro en su _Relacion
del descubrimiento y conquista de los reinos del Perú_, acabada en 1571
y publicada, aunque tarde[5], ántes que los escritos que pretendia
desacreditar. "Porque he entendido, dice, hay otros coronistas que
tratan de ellas [las guerras civiles del Perú] aprovechándose de las
personas que en ellas se han hallado, de dos cosas: de informarse cómo
pasaron y de pedir interese por que les pongan en la corónica,
cohechándoles á doscientos y trescientos ducados porque les pusiesen muy
adelante en lo que escribian. Esto dicen hacia Cieza en una corónica que
ha querido hacer de oidas, y creo yo que muy poco de vista, porque, en
verdad, yo no lo conozco, con ser uno de los primeros que en el reino
entraron." Y si bien este ataque viene de quien, primero que atreverse á
manchar honras agenas, no le hubiera estado del todo mal lavar la suya,
con todo eso, el mejor abogado de Cieza es su crónica, y hasta que se
conozca y se publique, á ser posible, como yo lo he hecho con la GUERRA
DE QUITO, acompañada con documentos coetáneos que la justifiquen, la
fama del primero de los historiadores del Perú no quedará completamente
limpia.

Dos palabras acerca del sistema que he seguido en la ilustracion del MS.
que ve la luz en este tomo. El principal y casi exclusivo objeto de mis
notas ha sido purgarle de los infinitos errores introducidos en su texto
por un bárbaro copiante, sobre todo en los nombres geográficos y de
personajes, particularmente indígenas, y en las frases redactadas en
quíchua; pero dudo muy mucho haberlo alcanzado, así como me temo no
haber suplido algunas veces lo necesario para restaurar ciertos pasajes
faltos ó cuya lectura han hecho por extremo difíciles los yerros del
amanuense. He dejado intactas las cuestiones de fondo. Los hechos y
sucesos de los Incas y hasta sus nombres y genealogías varian
notablemente en los autores que de ellos tratan, que no son pocos; una
nota con pretensiones de ilustrar cualquier asunto de los que toca Cieza
en su libro, hubiera equivalido á una extensa Memoria llena de largas
citas y comentarios, y todas las notas juntas hubieran ciertamente
sumado cuatro veces más que el texto del manuscrito.

M. JIMÉNEZ DE LA ESPADA.




ÍNDICE DE CAPÍTULOS.


                                             Páginas.

CAPÍTULO III                                                  1

CAP. IV.--Que trata lo que dicen los indios deste
reino que habia ántes que los Incas fuesen
conocidos, y de cómo habia fortalezas por los
collados, de donde salian á se dar guerra los
unos á los otros                                                       2

CAP. V.--De lo que dicen estos naturales de Ticiviracocha,
y de la opinion que algunos tienen
que atravesó un Apóstol por esta tierra,
y del templo que hay en Cáchan, y de lo que
allí pasó                                                              5

CAP. VI.--De cómo remanecieron en Pacarec
Tampu ciertos hombres y mujeres, y de lo
que cuentan que hicieron despues que de allí
salieron                                                              13

CAP. VII.--Cómo estando los dos hermanos en
Tampu Quiru, vieron salir con alas de pluma
al que habian con engaño metido en la cueva,
el cual les dijo que fuesen á fundar la gran
ciudad del Cuzco, y cómo partieron de Tampu
Quiru                                                                 19

CAP. VIII.--Cómo despues que Manco Capac vió
que sus hermanos se habian convertido en
piedras, vino á un valle donde encontró algunas
gentes, y por él fué fundada y edificada
la antigua y muy riquísima ciudad del Cuzco,
cabeza principal que fué de todo el imperio
de los Incas                                                          27

CAP. IX.--En que se da aviso al lector de la
causa por quel autor, dejando de proseguir
con la sucesion de los reyes, quiso contar el
gobierno que tuvieron, y sus leyes, costumbres
qué tales fueron                                                      29

CAP. X.--De cómo el Señor, despues de tomada
la borla del reino, se casaba con su hermana
la Coya, ques nombre de reina, y cómo era
permitido tener muchas mujeres, salvo que,
entre todas, sola la Coya era la legítima y
más principal                                                         32

CAP. XI.--Cómo se usó entre los Incas, que del
Inca que hobiese sido valeroso, que hobiese
ensanchado el reino ó hecho otra cosa digna
de memoria, la hobiese dél en sus cantares y
en los bultos; y no siendo sino remisio y cobarde,
se mandaba que se tratase poco dél                                    34

CAP. XII.--De cómo tenian coronistas para saber
sus hechos, y la órden de los quipos cómo
fué, y lo que dello vemos agora                                       39

CAP. XIII.--Cómo los señores del Perú eran
muy amados por una parte y temidos por
otra de todos sus súbditos, y cómo ninguno
dellos, aunque fuese gran señor muy antiguo
en su linaje, podia entrar en su presencia
si no era con una carga, en señal de grande
obediencia                                                            44

CAP. XIV.--De cómo fué muy grande la riqueza
que tuvieron y poseyeron los reyes del Perú,
y cómo mandaban asistir siempre los hijos de
los señores en su córte                                               48

CAP. XV.--De cómo se hacian los edificios para
los Señores, y los caminos reales para andar
por el reino                                                          51

CAP. XVI.--Cómo y de qué manera se hacian las
cazas reales por los Señores del Perú                                 56

CAP. XVII.--Que trata la órden que tenian _en las
conquistas_[6] los Incas, y cómo en muchos
lugares hacian de las tierras estériles fértiles,
con el proveimiento que para ello daban                               59

CAP. XVIII.--Que trata la órden que habia en el
tributar las provincias á los reyes, y del concierto
que en ello se tenia                                                  64

CAP. XIX.--De cómo los reyes del Cuzco mandaban
que se tuviese cuenta en cada año con
todas las personas que morian y nacian en
todo su reino, y cómo todos trabajaban, y
ninguno podia ser pobre con los depósitos                             71

CAP. XX.--De cómo habia gobernadores puestos
en las provincias, y de la manera que tenian
por armas unas culebras ondadas con unos
bastones                                                              74

CAP. XXI.--Cómo fueron puestas las postas en
este reino                                                            79

CAP. XXII.--Cómo se ponian los mitimaes, y
cuantas suertes dellos habia y cómo eran estimados
por los Incas                                                         83

CAP. XXIII.--Del gran concierto que se tenia
cuando salian del Cuzco para la guerra los
Señores, y cómo castigaban los ladrones                               90

CAP. XXIV.--Cómo los Incas mandaron hacer á
los naturales pueblos concertados, repartiendo
los campos en donde sobrello podrian
haber debates, y cómo se mandó que todos
generalmente hablasen la lengua del Cuzco                             94

CAP. XXV.--Cómo los Incas fueron limpios del
pecado nefando y de otras fealdades que se
han visto en otros príncipes del mundo                                98

CAP. XXVI.--De cómo tenian los Incas consejeros
y ejecutores de la justicia, y la cuenta
que tenian en el tiempo                                              101

CAP. XXVII.--Que trata la riqueza del templo
de Curicancha, y de la veneracion que los
Incas le tenian                                                      103

CAP. XXVIII.--Que trata los templos que sin
éste se tenian por más principales, y los
nombres que tenian                                                   108

CAP. XXIX.--De cómo se hacia la Capaccocha,
y cuanto se usó entre los Incas, lo cual se
entiende dones y ofrendas que hacian á sus
ídolos                                                               114

CAP. XXX.--De cómo se hacian grandes fiestas
y sacrificios á la grande y solemne fiesta llamada
Hátun Raimi                                                          118

CAP. XXXI.--Del segundo rey ó Inca que hobo
en el Cuzco, llamado Sinchi Roca                                     124

CAP. XXXII.--Del tercero rey que hubo en el
Cuzco, llamado Lloque Yupanqui                                       127

CAP. XXXIII.--Del cuarto Inca que hobo en
el Cuzco, llamado Mayta Capac, y de lo que
pasó en el tiempo de su reinado                                      131

CAP. XXXIV.--Del quinto rey que hobo en el
Cuzco, llamado Capac Yupanqui                                        133

CAP. XXXV.--Del sexto rey que hubo en el
Cuzco y lo que pasó en su tiempo, y de la
fábula ó historia que cuentan del rio que
pasa por medio de la ciudad del Cuzco                                137

CAP. XXXVI.--Del sétimo rey ó Inca que en el
Cuzco hobo, llamado Inca Yupanqui                                    140

CAP. XXXVII.--Cómo, queriendo salir este
Inca á hacer guerra por la provincia del
Collao, se levantó cierto alboroto en el Cuzco,
y de cómo los Chancas vencieron á los Quíchuas
y les ganaron su señorío                                             142

CAP. XXXVIII.--Cómo los orejones trataron sobre
quien seria Inca, y lo que pasó hasta que
salió con la borla Viracocha Inga, que fué el
octavo rey que reinó                                                 145

CAP. XXXIX.--De cómo Viracocha Inga tiró
una piedra de fuego con su honda á Caitomarca,
y cómo le hicieron reverencia                                        150

CAP. XL.--De cómo en el Cuzco se levantó un
tirano, y del alboroto que hobo, y de cómo
fueron castigadas ciertas mamaconas, porque,
contra su religion, usaban de sus cuerpos feamente,
y de cómo Viracocha Ingavolvió al
Cuzco                                                                153

CAP. XLI.--De cómo vinieron al Cuzco embajadores
de los tiranos del Collao, nombrados
Sinchi Cari y Zapana, y de la salida de Viracocha
Inga al Collao                                                       156

CAP. XLII.--De cómo Viracocha Inga pasó por
las provincias de los Canches y Canas, y anduvo
hasta que entró en la comarca de los
Collas, y lo que sucedió entre Cari y Zapana                         160

CAP. XLIII.--De cómo Cari volvió á Chucuito,
y de la llegada de Viracocha Inga y de la paz
que entre ellos trataron                                             164

CAP. XLIV.--De cómo Inca Urco fué recebido
por gobernador general de todo el imperio
y tomó la corona en el Cuzco, y de cómo los
Chancas determinaban de salir á dar guerra
á los del Cuzco                                                      167

CAP. XLV.--De cómo los Chancas allegaron á
la ciudad del Cuzco y pusieron su real en
ella, y del temor que mostraron los que estaban
ella, y del gran valor de Inca Yupanqui                              170

CAP. XLVI.--De cómo Inca Yupanqui fué rescebido
por rey y quitado el nombre de Inca á
Inca Urco, y de la paz que hizo con Hastu
Guaraca                                                              174

CAP. XLVII.--De cómo Inca Yupanqui salió
del Cuzco, dejando por gobernador á Lloque
Yupanqui, y de lo que sucedió                                        176

CAP. XLVIII.--De cómo el Inca revolvió sobre
Vilcas y puso cerco en el peñol donde estaban
hechos fuertes los enemigos                                          180

CAP. XLIX.--De cómo Inca Yupanqui mandó á
Lloque Yupanqui que fuese al valle de Xauxa
á procurar de atraer á su señorío á los
Guancas y á los Yauyos sus vecinos que
caen en aquella parte                                                183

CAP. L.--De cómo salieron de Xauxa los capitanes
del Inca y lo que les sucedió, y cómo se
salió de entre ellos Ancoallo                                        186

CAP. LI.--De cómo fundó la casa real del sol en
un collado que por encima del Cuzco está, á
la parte del Norte, que los españoles comunmente
llaman la Fortaleza, y de su admirable
edificio y grandeza de piedras que en él
se ven                                                               191

CAP. LII.--De cómo Inca Yupanqui salió del
Cuzco hácia el Collao, y lo que le sucedió                           196

CAP. LIII.--De cómo Inca Yupanqui salió del
Cuzco, y lo que hizo                                                 199

CAP. LIV.--De cómo hallándose muy viejo Inca
Yupanqui, dejó la gobernacion del reino á
Tupac Inca, su hijo                                                  203

CAP. LV.--De cómo los Collas pidieron paz, y de
cómo el Inca se la otorgó y se volvió al Cuzco                       206

CAP. LVI.--De cómo Tupac Inca Yupanqui salió
del Cuzco, y cómo sojuzgó toda la tierra
que hay hasta el Quito, y de sus grandes hechos                      208

CAP. LVII.--Cómo el rey Tupac Inca envió á
saber desde Quito cómo se cumplia su mandamiento,
y cómo dejando en órden aquella
comarca, salió para ir por los valles de los
Yuncas                                                               214

CAP. LVIII.--De cómo Tupac Inca Yupanqui
anduvo por Los Llanos, y cómo todos los
más de los Yuncas vinieron á su señorío                              218

CAP. LIX.--Cómo Tupac Inca tornó á salir del
Cuzco, y de la recia guerra que tuvo con los
del Guarco, y cómo, despues de los haber
vencido, dió la vuelta al Cuzco                                      222

CAP. LX.--De cómo Tupac Inca tornó á salir
del Cuzco, y cómo fué al Collao y de allí á
Chile, y ganó y señoreó las naciones que hay
en aquellas tierras, y de su muerte                                  228

CAP. LXI.--De cómo reinó en el Cuzco Guayna
Capac, que fué el doceno rey Inca                                    232

CAP. LXII.--Cómo Guayna Capac salió del Cuzco,
y lo que hizo                                                        235

CAP. LXIII.--De cómo el rey Guayna Capac
tornó á mandar hacer llamamiento de gente,
y cómo salió para lo de Quito                                        240

CAP. LXIV.--Cómo Guayna Capac entró por
Bracamoros y volvió huyendo, y lo que más
le sucedió hasta que llegó á Quito                                   245

CAP. LXV.--De cómo Guayna Capac anduvo por
los valles de Los Llanos, y lo que hizo                              249

CAP. LXVI.--De cómo saliendo Guayna Capac
de Quito, envió delante ciertos capitanes suyos,
los cuales volvieron huyendo de los enemigos,
y lo que sobre ello hizo                                             252

CAP. LXVII.--Cómo, juntando todo el poder de
Guayna Capac, dió batalla á los enemigos y
los venció, y de la grand crueldad que usó
con ellos                                                            256

CAP. LXVIII.--De cómo el rey Guayna Capac
volvió á Quito, y de cómo supo de los españoles
que andaban por la costa, y de su
muerte                                                               259

CAP. LXIX.--Del linaje y condiciones de Guascar
y de Atahuallpa                                                      264

CAP. LXX.--De cómo Guascar fué alzado por
rey en el Cuzco, despues de muerto su padre                          266

CAP. LXXI.--De cómo se comenzaron las diferencias
entre Guascar y Atahuallpa, y se dieron
entre unos y otros grandes batallas                                  270

CAP. LXXII.--De cómo Atahuallpa salió del
Quito con su gente y capitanes, y de cómo
dió batalla á Atoco en los pueblos de Ambato                         273

CAP. LXXIII.--De cómo Guascar envió de nuevo
capitanes y gente contra su enemigo, y de
cómo Atahuallpa llegó á Tomebamba, y la
gran crueldad que allí usó, y lo que pasó entre
él y los capitanes de Guascar                                        275

NOTAS




_CAPITULO III._


  ..............................

  ..............................

dellos más de lo que yo cuento, va á un lugar deleitoso lleno de vicios
y recreaciones, adonde todos comen, y beben y huelgan; y si por el
contrario ha sido malo, inobediente á sus padres, enemigo de la
religion, va á otro lugar oscuro y tenebroso. En el primer libro traté
mas largo estas materias[7], por tanto, pasando adelante, contaré de la
manera questaban las gentes deste reino antes que floresciesen los Incas
ni dél se hiciesen señores soberanos, por lo que todos afirman que eran
behetrias sin tener la órden, y gran razon, y justicia que despues
tuvieron, y lo que hay que decir de Ticiviracocha, á quien llamaban y
tenian por Hacedor de todas las cosas.




_CAP. IV.--Que trata lo que dicen los indios deste reino que habia antes
que los Incas fuesen conocidos, y de cómo habia fortalezas por los
collados, de donde salian á se dar guerra los unos á los otros._


Muchas veces pregunté á los moradores destas provincias lo que sabian
que en ellas hobo antes que los Incas los señoreasen, y sobre esto dicen
que todos vivian desordenadamente, y que muchos andaban desnudos, hechos
salvages, sin tener casas ni otras moradas que cuevas de las muchas que
vemos haber en riscos grandes y peñascos, de donde salian á comer de lo
que hallaban por los campos. Otros hacian en los cerros castillos, que
llaman pucara, desde donde, ahullando con lenguas estrañas, salian á
pelear unos con otros sobre las tierras de labor, ó por otras causas, y
se mataban muchos dellos, tomando el despojo que hallaban y las mugeres
de los vencidos; con todo lo cual iban trunfando á lo alto de los
cerros, donde tenian sus castillos, y allí hacian sus sacrificios á los
dioses en quien ellos adoraban, derramando delante de las piedras é
ídolos mucha sangre humana y de corderos. Todos ellos eran behetrias
sin órden, porque cierto dicen no tenian señores ni mas que capitanes
con los cuales salian á las guerras: si algunos andaban vestidos, eran
las ropas pequeñas, y no como agora las tienen. Los llautos y cordones
que se ponen en las cabezas para ser conocidos unos entre otros, dicen
que los tenian como agora los usan. Y estando estas gentes desta manera,
se levantó en la provincia del Collao un señor valentísimo llamado
Zapana, el cual pudo tanto, que metió debajo de su señorio muchas gentes
de aquella provincia; y cuentan otra cosa, la cual si es cierta ó no
sábelo el altísimo Dios que entiende todas las cosas, porque yo lo que
voy contando no tengo otros testimonios ni libros que los dichos de
estos indios; y lo que quiero contar es, que afirman por muy cierto, que
despues que se levantó en Hatuncollao aquel capitan, ó tirano poderoso,
en la provincia de los Canas, questá entre medias de los Canches y
Collao, cerca del pueblo llamado Chungara se mostraron unas mugeres como
si fueran hombres esforzados, que, tomando las armas, compelian á los
questaban en la comarca, donde ellas moraban, y questas, casi al uso de
lo que cuentan de las amazonas, vivian sin[8] sus maridos haciendo
pueblos por sí; las cuales, despues de haber durado algunos años y hecho
algunos hechos famosos, vinieron á contender con Zapana, el que se
habia hecho señor de Hatuncollao, é por defenderse de su poder, que era
grande, hicieron fuerzas y albarradas, que hoy viven, para defenderse, y
que despues de haber hecho hasta lo último de potencia, fueron presas y
muertas, y su nombre deshecho.

En el Cuzco está un vecino que ha por nombre Tomás Vázquez, el cual me
contó que yendo él y Francisco de Villacastin al pueblo de Ayavire,
viendo aquellas cercas y preguntando á los indios naturales lo que era,
les contaron esta historia. Tambien cuentan lo que yo tengo escripto en
la primera parte[9], que en la isla de Titicaca, en los siglos pasados
hobo unas gentes barbadas, blancas como nosotros, y que saliendo del
valle de Coquimbo un capitan que habia por nombre Cari, allegó á donde
agora es Chucuito, de donde, despues de haber hecho algunas nuevas
poblaciones, pasó con su gente á la isla, y dió tal guerra á esta gente
que digo, que los mató á todos. Chirihuana, gobernador de aquellos
pueblos, que son del Emperador, me contó lo que tengo escripto, y como
esta tierra fuese tan grande, y en parte tan sana y aparejada para pasar
la humana vida, y estobiese inchido de gentes, aunque anduviesen en sus
guerrillas y pasiones, fundaron é hicieron muchos pueblos, y los
capitanes que mostraron ser valerosos, pudieron quedarse por señores de
algunos pueblos; y todos, segund es público, tenian en sus estancias ó
fortalezas indios los más entendidos, que hablaban con el Demonio, el
cual, permitiéndolo Dios todopoderoso por lo que él sabe, tuvo poder
grandísimo en estas gentes.




_CAP. V.--De lo que dicen estos naturales de Ticiviracocha, y de la
opinion que algunos tienen que atravesó un Apóstol por esta tierra, y
del templo que hay en Cáchan y de lo que allí pasó._


Antes que los Incas reinasen en estos reinos ni en ellos fuesen
conocidos, cuentan estos indios otra cosa muy mayor que todas las que
ellos dicen, porque afirman questuvieron mucho tiempo sin ver el sol, y
que padeciendo gran trabajo con esta falta, hacian grandes votos é
plegarias á los que ellos tenian por dioses, pidiéndoles la lumbre de
que carecian; y questando desta suerte, salió de la isla de Titicaca,
questá dentro de la gran laguna del Collao, el sol muy resplandeciente,
con que todos se alegraron[10]. Y luego questo pasó, dicen que de hácia
las partes del Mediodía vino y remanesció un hombre blanco de crecido
cuerpo, el cual en su aspecto y persona mostraba gran autoridad y
veneracion, y queste varon, que así vieron, tenia tan gran poder, que de
los cerros hacia llanuras y de las llanuras hacia cerros grandes,
haciendo fuentes en piedras vivas; y como tal poder reconociesen,
llamábanle Hacedor de todas las cosas criadas, Principio dellas, Padre
del sol, porque, sin esto, dicen que hacia otras cosas mayores, porque
dió sér á los hombres y animales, y que, en fin, por su mano les vino
notable beneficio. Y este tal, cuentan los indios que á mí me lo
dixeron, que oyeron á sus pasados, que ellos tambien oyeron en los
cantares que ellos de lo muy antiguo tenian, que fué de largo hácia el
Norte, haciendo y obrando estas maravillas, por el camino de la
serranía, y que nunca jamás lo volvieron á ver. En muchos lugares diz
que dió órden á los hombres cómo viviesen, y que les hablaba
amorosamente y con mucha mansedumbre, amonestándoles que fuesen buenos y
los unos á los otros no se hiciesen daño ni injuria, ántes, amándose, en
todos hobiese caridad. Generalmente le nombran en la mayor parte
Ticiviracocha, aunque en la provincia del Collao le llaman _Tuapaca_, y
en otros lugares della _Arnauan_[11]. Fuéronle en muchas partes hechos
templos, en los cuales pusieron bultos de piedra á su semejanza, y
delante dellos hacian sacrificios: los bultos grandes questán en el
pueblo de Tiahuanacu[12], se tiene que fué desde aquellos tiempos; y
aunque, por fama que tienen de lo pasado, cuentan esto que digo de
Ticiviracocha, no saben decir dél más, ni que volviese á parte ninguna
deste reino.

Sin esto, dicen que, pasados algunos tiempos, volvieron á ver otro
hombre semejable al questá dicho, el nombre del cual no cuentan, y que
oyeron á sus pasados por muy cierto, que por donde quiera que llegaba y
hobiese enfermos, los sanaba, y á los ciegos con solamente palabras daba
vista; por las cuales obras tan buenas y provechosas era de todos muy
amado; y desta manera, obrando con su palabra grandes cosas, llegó á la
provincia de los Canas, en la cual, junto á un pueblo que há por nombre
Cacha, y que en él tiene encomienda el capitan Bartolomé de Terrazas,
levantándose los naturales inconsideradamente, fueron para él con
voluntad de lo apedrear, y conformando las obras con ella, le vieron
hincado de rodillas, alzadas las manos al cielo, como que invocaba el
favor divino para se librar del aprieto en que se veia. Afirman estos
indios más, que luego pareció un fuego del cielo muy grande que pensaron
ser todos abrasados; temerosos y llenos de gran temblor, fueron para el
cual así querian matar, y con clamores grandes le suplicaron de aquel
aprieto librarlos quisiese, pues conocian por el pecado que habian
cometido en lo así querer apedrear, les venia aquel castigo. Vieron
luego que, mandando al fuego que cesase, se apagó, quedando con el
incendio consumidas y gastadas las piedras de tal manera, que á ellas
mismas se hacian testigos de haber pasado esto que se ha escripto,
porque salian quemadas y tan livianas, que aunque sea algo crecida es
levantada con la mano como corcha. Y sobre esta materia dicen más, que
saliendo de allí, fué hasta llegar á la costa de la mar, adonde,
tendiendo su manto, se fué por entre sus ondas, y que nunca jamás
paresció ni le vieron; y como se fué, le pusieron por nombre Viracocha,
que quiere decir espuma de la mar. Y luego questo pasó, se hizo un
templo en este pueblo de Cacha, pasado un rio que va junto á él, al
Poniente, adonde se puso un ídolo de piedra muy grande en un retrete
algo angosto; y este retrete no es tan crecido y abultado como los
questán en Tiahuanaco hechos á remembranza de Ticiviracocha, ni tampoco
parece tener la forma del vestimento que ellos[13]. Alguna cantidad de
oro en joyas se halló cerca dél.

Yo pasando por aquella provincia, fuí á ver este ídolo[14], porque los
españoles publican y afirman que podria ser algun apóstol, y áun á
muchos oí decir que tenia cuentas en las manos, lo cual es burla, si yo
no tenia los ojos ciegos, porque aunque mucho lo miré, no pude ver tal
ni más de que tenia puestas las manos encima de los cuadriles,
enroscados los brazos, y por la cintura señales que debrian significar
como que la ropa que tenia se prendia con botones. Si este ó el otro fué
alguno de los gloriosos apóstoles que en el tiempo de su predicacion
pasaron á estas partes, Dios todopoderoso lo sabe, que yo no sé que
sobre esto me crea más de que, á mi creer, si fuera apóstol, obrara con
el poder de Dios su predicacion en estas gentes, que son simples y de
poca malicia, y quedara reliquia dello, ó en las Escrituras Santas lo
halláramos escrito; mas lo que vemos y entendemos es, que el Demonio
tuvo poder grandísimo sobre estas gentes, permitiéndolo Dios; y en estos
lugares se hacian sacrificios vanos y gentílicos; por donde yo creo que
hasta nuestros tiempos la palabra de Santo Evangelio no fué vista ni
oida; en los cuales vemos ya del todo profanados sus templos, y por
todas partes la Cruz gloriosa puesta.

Yo pregunté á los naturales de Cacha, siendo su cacique, ó señor, un
indio de buena persona y razon, llamado don Juan, ya cristiano, y que
fué en persona conmigo á mostrarme esta antigualla, en remembranza de
cuál Dios habian hecho aquel templo, y me respondió que de
Ticiviracocha. Y pues tratamos deste nombre de Viracocha, quiero
desengañar al lector del creer que el pueblo tiene que los naturales
pusieron á los españoles por nombre Viracocha, ques tanto decir como
espuma de la mar; y cuanto al nombre es verdad, porque _vira_ es nombre
de manteca, y _cocha_ de mar; y así, pareciéndoles haber venido por
ella, les habian atribuido aquel nombre, lo cual es mala interpretacion,
segun la relacion que yo tomé en el Cuzco y dan los orejones; porque
dicen que luego que en la provincia de Caxamarca fué preso Atahuallpa
por los españoles, habiendo habido entre los dos hermanos Huascar Inca,
único heredero del imperio, y Atahuallpa, grandes guerras y dándose
capitanes de uno contra capitanes de otro muchas batallas, hasta que en
el rio de Apurimac, por el paso de Cotabamba, fué preso el rey Huascar y
tratado cruelmente por Calicuchima, sin lo cual el Quízquiz en el Cuzco
hizo gran daño y mató, segun es público, treinta hermanos de Huascar é
hizo otras crueldades en los que tenian su opinion y no se habian
mostrado favorables á Atahuallpa; y como andando en estas pasiones tan
grandes hobiese, como digo, sido preso Atahuallpa y concertado con él
Pizarro que le daria por su rescate una casa de oro, y para traelle
fuesen al Cuzco Martin Bueno, Zárate y Moguer[15], porque la mayor parte
estaba en el solene templo de Curicancha; y como llegasen estos
cristianos al Cuzco en tiempos y coyunturas que los de la parte de
Huascar pasaban por la calamidad dicha, y supiesen la prision de
Atahuallpa, holgáronse tanto como se puede significar; y así, luego, con
grandes suplicaciones imploraba su ayuda contra Atahuallpa, su enemigo,
diciendo ser enviados por mano de su gran dios Ticiviracocha, y ser
hijos suyos, y así luego les llamaron y pusieron por nombre Viracocha. Y
mandaron al gran sacerdote, como á los demás ministros del templo, que
las mugeres sagradas se estuviesen en él, y el Quízquiz les entregó todo
el oro y plata. Y como la soltura de los españoles haya sido tanta y en
tan poco hayan tenido la honra ni honor destas gentes, en pago del buen
hospedage que les hacian y amor con que los servian, corrompieron
algunas vírgenes y á ellos tuviéronlos en poco; que fué causa que los
indios, por esto y por ver la poca reverencia que tenian á su sol, y
como sin vergüenza ninguna ni temor de Dios violaban[16] sus mamaconas,
que ellos tenian por gran sacrilegio, dijeron luego que la tal gente no
eran hijos de Dios, sino peores que _Supais_, que es nombre del Diablo;
aunque por cumplir con el mandado del señor Atahuallpa, los capitanes y
delegados de la cibdad los despacharon sin les hacer enojo ninguno,
enviando luego el tesoro[17]. Y el nombre de _Viracocha_ se quedó hasta
hoy; lo cual, segun tengo dicho, me informaron ponérselo por lo que
tengo escripto, y no por la significacion que dan de espuma de la mar. Y
con tanto contaré lo que entendí del orígen de los Incas.




_CAP. VI.--De cómo remanecieron en Pacarec Tampu ciertos hombres y
mugeres, y de lo que cuentan que hicieron despues que de allí salieron._


Ya tengo otras veces dicho[18], cómo, por ejercicio de mi persona y por
huir los vicios que de la ociosidad se recrecen, tomé trabajo descrebir
lo que yo alcancé de los Incas y de su regimiento y buena órden de
gobernacion; y como no tengo otra relacion ni escriptura que la que
ellos dan, si alguno atinare á escrebir esta materia mas acertada que
yo, bien podia; aunque para claridad de lo que escribo no dejé pasar
trabajo, y por hacerlo con más verdad vine al Cuzco, siendo en ella
corregidor el capitan Juan de Sayavedra[19], donde hice juntar á Cayu
Túpac, que es el que hay vivo de los descendientes de Huaina Capac,
porque Sairi Túpac, hijo de Manco Inca, está retirado en Viticos, á
donde su padre se ausentó despues de la guerra que en el Cuzco con los
españoles tuvo, como adelante contaré[20], y á otros de los orejones,
que son los que entre ellos se tienen por más nobles; y con los mejores
intérpretes y lenguas que se hallaron les pregunté, estos señores Incas
qué gente era y de qué nacion. Y parece que los pasados Incas, por
engrandecer con gran hazaña su nacimiento, en sus cantares se apregona
lo que en esto tienen, que es, questando todas las gentes que vivian en
estas regiones desordenadas y matándose unos á otros, y estando
envueltos en sus vicios, remanecieron en una parte que ha por nombre
Pacarec Tampu, ques no muy lejos de la ciudad del Cuzco, tres hombres y
tres mugeres. Y segun se puede interpretar, Pacarec Tampu quiere tanto
decir como casa de producimiento. Los hombres que de allí salieron dicen
ser Ayar Uchu el uno, y el otro Ayar Cachi Asauca, y el otro dicen
llamarse Ayar Manco: las mugeres, la una habia por nombre Mama Huaco, la
otra Mama Cora, la otra Mama Rahua[21]. Agunos indios cuentan estos
nombres de otra manera y en más número, mas yo á lo que cuentan los
orejones y ellos tienen por tan cierto me allegara (_sic_), porque lo
saben mejor que otros ningunos. Y así, dicen que salieron vestidos de
unas mantas largas y unas á manera de camisas sin collar ni mangas, de
lana riquísima, con muchas pinturas de diferentes maneras, que ellos
llaman _tucapu_, que en nuestra lengua quiere decir vestidos de reyes; y
quel uno destos señores sacó en la mano una honda de oro, y en ella
puesta una piedra; y que las mugeres salieron vestidas tan ricamente
como ellos y sacaron mucho servicio de oro. Pasando adelante con esto,
dicen más, que sacaron mucho servicio de oro, y quel uno de los
hermanos, el que nombraban Ayar Uchu, habló con los otros hermanos
suyos, para dar comienzo á las cosas grandes que por ellos habian de ser
hechas, porque su presuncion era tanta, que pensaban hacerse únicos
señores de la tierra; y por ellos fué determinado de hacer en aquel
lugar una nueva poblacion, á la cual pusieron por nombre Pacarec Tampu;
y fué hecha brevemente, porque para ello tuvieron ayuda de los
naturales de aquella comarca; y andando los tiempos, pusieron gran
cantidad de oro puro y en joyas, con otras cosas preciadas, en aquella
parte, de lo cual hay fama que hobo mucho dello Hernando Pizarro y don
Diego de Almagro el mozo.

Y volviendo á la historia, dicen quel uno de los tres, que ya hemos
dicho llamarse Ayar Cachi, era tan valiente y tenia tan gran poder, que
con la honda que sacó, tirando golpes ó lanzando piedras, derribaba los
cerros, y algunas veces que tiraba en alto, ponia las piedras cerca de
las nubes, lo cual, como por los otros dos hermanos fuese visto, les
pesaba, pareciéndoles que era afrenta suya no se igualar en aquellas
cosas; y así, apasionados con la envidia, dulcemente le rogaron con
palabras blandas, aunque bien llenas de engaño, que volviese á entrar
por la boca de una cueva donde ellos tenian sus tesoros, á traer cierto
vaso de oro que se les habia olvidado, y á suplicar al sol, su padre,
les diese ventura próspera para que pudiesen señorear la tierra. Ayar
Cachi, creyendo que no habia cautela en lo que sus hermanos le decian,
alegremente fué á hacer lo que dicho le habian, y no habia bien acabado
de entrar en la cueva, cuando los otros dos cargaron sobre él tantas
piedras, que quedó sin más parecer; lo cual pasado, dicen ellos por muy
cierto que la tierra tembló en tanta manera, que se hundieron muchos
cerros, cayendo sobre los valles[22].

Hasta aquí cuentan los orejones sobre el orígen de los Incas, porque
como ellos fueron de tan gran presuncion y hechos tan altos, quisieron
que se entendiese haber remanecido desta suerte y ser hijos del sol;
donde despues, cuando los indios los ensalzaban con renombres grandes,
les llaman _¡Ancha hatun apu, intipchuri!_, que quiere en nuestra lengua
decir: ¡Oh muy gran señor, hijo del sol! Y lo que yo para mí tengo que
se deba creer de esto questos fingen, será, que así como en Hatuncollao
se levantó Zapana, y en otras partes hicieron lo mismo otros capitanes
valientes, questos Incas que remanecieron, debieron ser algunos tres
hermanos valerosos y esforzados y en quien hobiese grandes pensamientos,
naturales de algun pueblo destas regiones, ó venidos de la otra parte de
las sierras de los Andes; los cuales, hallando aparejo, conquistarian y
ganarian el señorío que tuvieron; y aún sin esto, podria ser lo que se
cuenta de Ayar Cachi y de los otros ser encantadores, que seria causa de
por parte del Demonio hacer lo que hacian. En fin, no podemos sacar
dellos otra cosa questo.

Pues luego que Ayar Cachi quedó dentro en la cueva, los otros dos
hermanos suyos acordaron, con alguna gente que se les habia llegado, de
hacer otra poblacion, la cual pusieron por nombre Tampu Quiru, que en
nuestra lengua querrá decir _dientes de aposento ó de palacio_; y así,
débese entender questas poblaciones no eran grandes ni más que algunas
fuerzas pequeñas. Y en aquel lugar estuvieron algunos dias, habiéndoles
ya pesado con haber echado de sí á su hermano Ayar Cachi, que por otro
nombre dicen llamarse Huanacaure.




_CAP. VII.--Cómo estando los dos hermanos en Tampu Quiru, vieron salir
con alas de pluma al que habian con engaño metido en la cueva, el cual
les dijo que fuesen á fundar la gran ciudad del Cuzco; y como partieron
de Tampu Quiru._


Prosiguiendo la relacion que yo tomé en el Cuzco, dicen los orejones,
que despues de haber asentado en Tampu Quiru los dos Incas, sin se pasar
muchos dias, descuidados ya de más ver Ayar Cachi, lo vieron venir por
el ayre con alas grandes de pluma pintadas, y ellos con gran temor que
su visita les causó, quisieron huir; más él les quitó presto aquel
pavor, diciéndoles: "No temais ni os acongojeis, que yo no vengo sino
porque comience á ser conocido el imperio de los Incas; por tanto,
dejad, dejad esa poblacion que hecho habeis, y andad más abajo hasta que
veais un valle, adonde luego fundad el Cuzco, ques lo que ha de valer;
porquestos son arrabales, y de poca importancia, y aquella será la
ciudad grande, donde el templo suntuoso se ha de edificar y ser tan
servido, honrado y frecuentado, quel sol[23] sea el más alabado; y
porque yo siempre tengo de rogar á Dios por vosotros, y ser parte para
que con brevedad alcanceis gran señorío, en un cerro questá cerca de
aquí me quedaré de la forma y manera que me veis, y será para siempre
por vos y por vuestros descendientes santificado y adorado, y llamarle
heis Guanacaure; y en pago de las buenas obras que de mí habeis
recibido, os ruego para siempre me adoreis por Dios y en él me hagais
altares, donde sean hechos los sacrificios; y haciendo vosotros esto,
sereis en la guerra por mí ayudados; y la señal que de aquí adelante
teneis para ser estimados, honrados y temidos, será horadaros las orejas
de la manera que agora me vereis." Y así, luego, dicho esto, dicen que
les pareció verlo con unas orejas[24] de oro, el redondo del cual era
como un geme.

Los hermanos, espantados de lo que vian, estaban como mudos, sin hablar;
y al fin, pasada la turbacion, respondieron que eran contentos de hacer
lo que mandaba, y luego á toda prisa se fueron al cerro que llaman de
Guanacaure, al cual desde entónces hasta ora tuvieron por sagrado; y en
lo más alto dél volvieron á ver Ayar Cachi--que sin dubda debió de ser
algun demonio, si esto que cuentan en algo es verdad, y permitiéndolo
Dios, debajo destas falsas apariencias les hacia entender su deseo,
quera que le adorasen y sacrificasen, ques lo quél más procura;--y les
tornó á hablar, diciéndoles, que convenia que tomasen la bolrra ó corona
del imperio los que habian de ser soberanos señores, y que supiese como
en tal acto se ha de hacer para los mancebos ser armados caballeros y
ser tenidos por nobles. Los hermanos respondiéronle que ya habian
primero dicho que en todo su mandado se cumpliria, y en señal de
obidiencia, juntas las manos y las cabezas inclinadas, le hicieron la
mocha, ó reverencia, para que mejor se entienda; y porque los orejones
afirman que de aquí les quedó el tomar de la bolrra y el ser armados
caballeros, pornélo en este lugar, y servirá para no tener necesidad de
lo tornar en lo de adelante á reiterar; y puédese tener por historia
gustosa y muy cierta, por cuanto en el Cuzco Manco Inca tomó la bolrra
ó corona suprema, y hay vivos muchos españoles que se halláron presentes
á esta cirimonia, é yo lo he oido á muchos dellos. Es verdad que los
indios dicen tambien quen tiempo de los reyes pasados se hacia con más
solenidad y preparamientos y juntas de gentes y riquezas tan grandes,
que no se puede inumerar.

Segun parece, estos señores ordenaron esta órden para que se tomase la
bolrra ó corona, y dicen que Ayar Cachi en el mismo cerro de Guanacaure
se vistió de aquesta suerte: el que habia de ser Inca se vistia en un
dia de una camisola negra, sin collar, de unas pinturas coloradas, y en
la cabeza con una trenza leonada se ha de dar ciertas vueltas, y
cubierto con una manta larga leonada ha de salir de su aposento é ir al
campo á cojer un hace de paja, y ha de tardar todo el dia en traerlo sin
comer ni beber, porque ha de ayunar, y la madre y hermanas del que fuere
Inca, han de quedar hilando con tanta priesa, que en aquel propio dia se
han de hilar y tejer cuatro vestidos para el mesmo negocio, y han de
ayunar sin comer ni beber las que en esta obra estuvieren. El uno destos
vestidos ha de ser la camiseta leonada y la manta blanca, y el otro ha
de ser la manta y camiseta todo blanco, y el otro ha ser azul con
flocaduras y cordones. Estos vestidos se ha de poner el que fuere inca,
y ha de ayunar el tiempo establecido, que es un mes, y á este ayuno
llaman _zaziy_[25], el cual se hace en un aposento del palacio real sin
ver lumbre ni tener ayuntamiento con muger; y estos dias del ayuno las
señoras de su linage han de tener muy gran cuidado en hacer con sus
propias manos mucha cantidad de su chicha, ques vino hecho de maíz, y
han de andar vestidos ricamente. Despues de haber pasado el tiempo del
ayuno, sale el que ha de ser señor, llevando en sus manos una alabarda
de plata y de oro, y va á casa de algun pariente anciano á donde le han
de ser tresquilados los cabellos; y vestido una de aquellas ropas, salen
del Cuzco, á donde se hace esta fiesta, y van al cerro de Guanacaure,
donde decimos questaban los hermanos, y hechas algunas cirimonias y
sacrificios, se vuelven á donde está aparejado el vino, donde lo beben;
y luego sale el Inca á un cerro nombrado Anaguar, y desde el principio
dél va corriendo, porque vean cómo es ligero y será valiente en la
guerra, y luego baja dél trayendo un poco de lana atado á una alabarda,
en señal que cuando anduviere peleando con sus enemigos, ha de procurar
de traer los cabellos y cabezas dellos. Hecho esto, iban al mesmo cerro
de Guanacaure á cojer paja muy derecha, y el que habia de ser rey, tenia
un manojo grande della, de oro, muy delgada y pareja, y con ella iba
otro á cerro llamado Yahuira[26], á donde se vestia otra de las ropas
ya dichas, y en la cabeza se ponia unas trenzas ó llautu que llaman
_pillaca_, ques como corona, debajo del cual colgaban unas orejas[27] de
oro, y encima se ponia un bonete de plumas cosido como diadema, que
ellos llaman _puruchuco_[28], y en la alabarda ataban una cinta de oro
larga que llegaba hasta el suelo, y en los pechos llevaba puesta una
luna de oro; y desta suerte, en presencia de todos los que allí se
hallaban, mataba una oveja, cuya sangre y carne repartian entre todos
los más principales, para que cruda la comiesen; en lo cual
significaban, que si no fuesen valientes, que sus enemigos comerian sus
carnes de la suerte que ellos habian comido la de la oveja que se mató.
Y allí hacian juramento solene, á su usanza, por el sol, de sustentar la
órden de caballería y por la defensa del Cuzco morir, si necesario
fuese; y luego les abrian las orejas, poniéndolas tan grandes, que tiene
un geme cada una dellas en redondo; y hecho esto, pónense unas cabezas
de leones fieros, y vuelven con gran estruendo á la plaza del Cuzco, en
donde estaba una gran maroma de oro, que la cercaba toda, sosteniéndose
en horcones de plata y de oro: en el comedio desta plaza bailaban y
hacian grandísimas fiestas á su modo, y andaban los que habian de ser
caballeros cubiertos con las cabezas de leones, que tengo dicho, para
dar á entender que serian valientes y fieros como lo son aquellos
animales. Dando fin á estos bailes, quedan armados caballeros, y son
llamados orejones, y tienen sus privilegios, y gozan de grandes
libertades, y son dignos, si los eligen, de tomar la corona, ques la
borla; la cual cuando se da al señor que lo ha de ser del imperio, se
hacen mayores fiestas, y se junta gran número de gente, y el que ha de
ser emperador ha primero de tomar á su misma hermana por muger, porquel
estado real no suceda en linaje bajo, y hace el _zaziy_ grande, ques el
ayuno. Y en el inter que estas cosas pasan, porque estando el Señor
ocupado en los sacrificios y ayunos no sale á entender en los negocios
privados y de gobernacion, era ley entre los Incas, que cuando alguno
fallescia, ó se daba á otro la corona ó borla, que pudiese señalar uno
de los principales varones del pueblo y que tuviese maduro consejo y
gran autoridad, para que gobernase todo el imperio de los Incas, como el
mesmo señor, durante aquellos dias; y á este tal le era permitido tener
guarda y hablalle con reverencia. Y hecho esto, y recibidas las
bendiciones en el templo de Curicancha, recibe la borla, que era grande
y salia del llautu que tenia en la cabeza cubriéndole hasta caer encima
de los ojos, y este era tenido y reverenciado por soberano. Y á las
fiestas se hallaban los principales señores que habia en más de cinco
leguas quellos mandaron, y parescia en el Cuzco grandísima riqueza de
oro y plata, y pedrería, y plumajes, cercándole toda la gran maroma de
oro, y la admirable figura del sol, que era todo de tanta grandeza, que
pesaba, á lo que afirman por cierto los indios, más de cuatro mill
quintales de oro; y si no se daba la borla en el Cuzco, tenian al que se
llamaba Inca por cosa de burla, sin tener su señorío por cierto[29]; y
así, Atahuallpa no es contado por rey, aunque como fué de tanto valor y
mató tanta gente, por temor fué obedecido de muchas naciones.

Volviendo á los questaban en el cerro de Guanacaure, despues que Ayar
Cachi les hobo dicho de la manera que habian de tener para ser armados
caballeros, cuentan los indios, que, mirando contra su hermano Ayar
Manco, le dijo que se fuese con las dos mugeres al valle que dicho le
habia, á donde luego fundase el Cuzco, sin olvidar de venir hacer
sacrificios aquel lugar, como primero rogado le habian; y que como esto
hobiese dicho, así él como el otro hermano se convirtieron en dos
figuras de piedras, que demostraban tener talles de hombres, lo cual
visto por Ayar Manco, tomando sus mugeres, vino á donde agora es el
Cuzco, á fundar la ciudad, nombrándose y llamándose dende adelante Manco
Capac, que quiere decir rey y señor rico.




_CAP. VIII.--Cómo despues que Manco Capac vió que sus hermanos se habian
convertido en piedras, vino á un valle donde encontró algunas gentes, y
por él fué fundada y edificada la antigua y muy riquísima ciudad del
Cuzco, cabeza principal que fué de todo el imperio de los Incas._


Reídome he de lo que tengo escripto destos indios: yo cuento en mi
escriptura lo que ellos á mí contaron por la suya, y antes quito muchas
cosas que añido una tan sola. Pues como Manco Capac hobiese visto lo que
de sus hermanos habia sucedido, y llegase al valle donde agora es la
ciudad del Cuzco, alzando los ojos al cielo, dicen los orejones que
pedia con grande humildad al sol que le favoreciese y ayudase en la
nueva poblacion que hacer queria, y que, vueltos los ojos hácia el cerro
de Guanacaure, pedia lo mesmo á su hermano, que ya lo tenia y
reverenciaba por dios, y mirando en el vuelo de las aves y en las
señales de las estrellas y en otros prodigios, lleno de confianza,
teniendo por cierto que la nueva poblacion habia de florecer, y él ser
tenido por fundador della y padre de todos los Incas que en ella habian
de reinar. Y así, en nombre de su Ticiviracocha y del sol y de los otros
sus dioses, hizo la fundacion de la nueva ciudad, el original y
principio de la cual fué una pequeña casa de piedra cubierta de paja que
Manco Capac con sus mugeres hizo, á la cual pusieron por nombre
_Curicancha_, que quiere decir cercado de oro, lugar donde despues fué
aquel tan célebre y tan riquísimo templo del sol, y que agora es
monesterio de frayles de la órden de Santo Domingo; y tiénese por
cierto, que en el tiempo questo por Manco Inca Capac se hacia, habia en
la comarca del Cuzco indios en cantidad; mas como él no les hiciese mal
ni ninguna molestia, no le impidian la estada en su tierra, antes se
holgaban con él; y así, Manco Capac entendia en hacer la casa ya dicha,
y era dado á sus religiones y culto de sus dioses, y fué de gran
presuncion y de persona que representaba gran autoridad.

La una de sus mugeres fué estéril, que nunca se empreñó; en la otra[30]
hobo tres hijos varones y una hija: el mayor fué nombrado Inca Roca
Inca, y la hija Ocllo, y los nombres de los otros dos no cuentan ni
dicen más de que casó al hijo mayor con su hermana; á los cuales mostró
lo que habian de hacer para ser amados de los naturales y no
aborrecidos, y otras cosas grandes. En este tiempo, en Hatuncollao se
habian hecho poderosos los descendientes de Zapana, y con tiranía
querian ocupar toda aquella comarca. Pues como el fundador del Cuzco,
Manco Capac, hobo casado á sus hijos y allegado á su servicio algunas
gentes con amor y buenas palabras, con los cuales engrandeció la casa
de Curicancha, despues de haber vivido muchos años, murió estando ya muy
viejo, y le fueron hechas las obsequias con toda sumptuosidad, sin lo
cual se le hizo un bulto para reverencialle como á hijo del sol.




_CAP. IX.--En que se da aviso al lector de la causa porquel autor,
dejando de proseguir con la sucesion de los reyes, quiso contar el
gobierno que tuvieron, y sus leyes, costumbres qué tales fueron._


Aunque pudiera escribir lo que pasó en el reinado de Sinchi Roca
Inca[31], hijo que fué de Manco Capac, fundador del Cuzco, en este
lugar, lo dejé, pareciéndome quen lo de adelante habria confusion para
saber por entero la manera que se tuvo en la gobernacion destos señores,
porque unos ordenaron unas leyes y otros otras, y así, pusieron unos los
mitimaes y otros las guarniciones de gente de guerra en los lugares
establecidos en el reino para la defensa dél; y porque son todas cosas
grandes y dignas de memoria, y para que las repúblicas que se rigen por
grandes letrados y varones, desto tomen aviso, y unos y otros conciban
admiracion, considerando que pues en gente bárbara y que no tuvo letras
se halló lo que de cierto sabemos que hobo, así en lo del gobierno como
en sojuzgar las tierras y naciones, porque debajo de una monarquía
obedesciesen á un Señor que sólo fuese soberano y digno para reinar en
el imperio que los Incas tuvieron, que fueron más de mill é doscientas
leguas de costas; así, por no variar en decir que unos dicen que ciertos
dellos constituyeron lo uno, y otros lo otro, en lo cual muchos
naturales varian, pondré en este lugar lo que yo entendí y tengo por
cierto, conforme á la relacion que dello tomé en la ciudad del Cuzco y
de las reliquias que vemos haber quedado destas cosas todos los que en
el Perú habemos andado. Y no parezca á los letores que en tomar esta
órden salgo de la que al libro conviene que lleve; para que ellos con
más claridad lo entiendan se pone, como declaro; y esto haré con gran
brevedad, sin querer ocuparme en contar cosas menudas, de que siempre
huyo, y así, con ella misma proseguiré en tratar el reynado de los Incas
y la sucesion dellos, hasta que con la muerte de Huascar y entrada de
los españoles se acabó. Y quiero que sepan los que esto leyeren, que
entre todos los Incas, que fueron once, tres salieron entre ellos
bastantísimos para la gobernacion de su señorío, que cuentan y no acaban
los orejones de loarlos; y estos no se parescieron en las condiciones
tanto como en el juicio; los cuales son Huayna Capac, Tupac Inca
Yupanqui, su padre, é Inca Yupanqui, padre del uno y agüelo del otro. Y
tambien se puede presumir, que como estos fuesen tan modernos, que está
el reyno lleno de indios que conocieron á Tupac Inca Yupanqui, y con él
anduvieron en las guerras, y á sus padres oyeron lo que Inca Yupanqui
hizo en el tiempo de su reinado, podria ser destas cosas, vistas[32]
casi por los ojos, tener más lumbre para las poder contar, y lo sucedido
á los otros señores, sus proxinitores, haberse dello mucho olvidado.
Aunque, cierto, para lo tener en la memoria, y que no se pierda en
muchos años, tienen grande aviso, para no tener letras, que estas ya
tengo escripto en la primera parte desta Crónica[33], cómo no se han
hallado en todo este reino, ni áun en todo este orbe de las Indias. Y
con tanto prosigamos lo comenzado.




_CAP. X.--De cómo el Señor, despues de tomada la borla del reino, se
casaba con su hermana la Coya, ques nombre de reyna; y cómo era
permitido tener muchas mugeres, salvo que, entre todas, sólo la Coya era
la legítima y más principal._


Conté brevemente en los capítulos pasados cómo los que habian de ser
nobles se armaban caballeros, y tambien las cirimonias que se hacian en
el tiempo que los Incas se coronaban por reyes, tomando la corona, que
es la borla que hasta los ojos les caia; y fué por ellos ordenado, quel
que hobiese de ser rey, tomase á su hermana, hija legítima de su padre y
madre, por muger, para que la sucesion del reino fuese por esta vía
confirmada en la casa real, pareciéndoles por esta manera, que aunque la
tal muger, hermana del rey, de su cuerpo no fuese casta, y, usando con
algun hombre, dél quedase preñada, era el hijo que nasciese della y no
de muger extraña; porque tambien miraban, que aunque el Inca se casase
con muger generosa, queriendo, podia hacer lo mismo y concibir con
adulterio, de tal manera, que no siendo entendido, fuese tenido por hijo
del señor y natural marido suyo. Por estas cosas, ó porque les paresció
á los que lo ordenaron que convenia, era ley entre los Incas que el
señor que entre todos quedaba por emperador, tornase á su hermana por
muger, la cual tenia por nombre _Coya_, ques nombre de reyna, y que
ninguna se lo llamaba,--como cuando un rey de España casa con alguna
princesa que tiene su nombre propio, y entrando en su reyno, es llamada
reyna, así llaman las que lo eran del Cuzco, Coya. Y si acaso el que
habia de ser tenido por señor no tenia hermana carnal, era permitido que
casase con la señora más ilustre que hobiese, para que fuese entre todas
sus mugeres tenida por la más principal; porquestos señores, no habia
ninguno dellos que no tuviese más de setecientas mugeres para servicio
de su casa y para sus pasatiempos; y así, todos ellos tuvieron muchos
hijos que habian en éstas que tenian por mugeres ó mancebas, y eran bien
tratadas por él y estimadas de los indios naturales; y aposentado el rey
en su palacio, ó por donde quier que iba, eran miradas y guardadas todas
por los porteros y camayos, ques nombre de guardianes; y si alguna usaba
con varon, era castigada con pena de muerte, dándole á él la misma pena.
Los hijos que los señores habian en estas mugeres, despues que eran
hombres, mandábanles proveer de campos y heredades, que ellos llaman
chácaras, y que de los depósitos ordinarios les diesen ropas y otras
cosas para su aprovechamiento, porque no querian dar señorío á estos
tales, porque en habiendo alguna turbacion en el reyno, no quisiesen
intentar de quedarse con él con la presuncion de ser hijos del rey. Y
así, ninguno tuvo mando sobre provincia, aunque, cuando salian á las
guerras y conquistas, muchos dellos eran capitanes y preferidos á los
que iban en los reales; y el señor natural que heredaba el reyno los
favorescia, puesto que si urdian algun levantamiento, eran castigados
cruelísimamente; y ninguno dellos hablaba con el rey, aunque más su
hermano fuese, que primero no pusiese en su cerviz carga liviana y fuese
descalzo, como todos los demás del reyno, á le hablar.




_CAP. XI.--Cómo se usó entre los Incas que del Inca que hobiese sido
valeroso, que hobiese ensanchado el reyno ó hecho otra cosa digna de
memoria, la hobiese dél en sus cantares y en los bultos; y no siendo
sino remisio y cobarde, se mandaba que se tratase poco dél._


Entendí, quando en el Cuzco estuve[34], que fué uso entre los reyes
Incas, que el rey que entre ellos era llamado Inca, luego como era
muerto, se hacian los lloros generales y continos, y se hacian los otros
sacrificios grandes, conforme á su religion y costumbre; lo cual pasado,
entre los más ancianos del pueblo se trataba sobre qué tal habia sido
la vida y costumbres de su rey ya muerto, y qué habia aprovechado á la
república, ó qué batalla habia vencido que dado se hobiese contra los
enemigos; y tratadas estas cosas entre ellos, y otras que no entendemos,
por entero, se determinaban, si el rey difunto habia sido tan venturoso
que dél quedase loable fama, para que por su valentía y buen gobierno
meresçiese que para siempre quedase entre ellos, mandaban llamar los
grandes quiposcamayos, donde las cuentas se fenescen y sabian dar razon
de las cosas que sucedido habian en el reyno, para que estos lo
comunicasen con otros quentrellos, siendo escogidos por más retóricos y
abundantes de palabras, saben contar por buena órden cada cosa de lo
pasado, como entre nosotros se cuentan por romances y villancicos; y
estos en ninguna cosa entienden que en aprender y saberlos componer en
su lengua, para que sean por todos oidos en regocijos de casamientos y
otros pasatiempos que tienen para aquel propósito. Y así, sabido lo que
se ha de decir de lo pasado en semejantes fiestas de los señores
muertos, y si se trata de guerra por el consiguiente, con órden galana
cantaban de muchas batallas que en lugares de una y otra parte del reyno
se dieron; y por el consiguiente, para cada negocio tenian ordenados sus
cantares ó romances, que, viniendo á propósito, se cantasen, para que
por ellos se animase la gente con lo oir y entendiesen lo pasado en
otros tiempos, sin lo inorar, por entero. Y estos indios que por mandado
de los reyes sabian estos romances, eran honrados por ellos y
favorescidos, y tenian cuidado grande de los enseñar á sus hijos y á
hombres de sus provincias los más avisados y entendidos que entre todos
se hallaban; y así, por las bocas de unos lo sabian otros, de tal
manera, que hoy dia entre ellos cuentan lo que pasó ha quinientos años,
como si fueran diez.

Y entendida la órden que se tenia para no se olvidar de lo que pasaba en
el reyno, es de saber, que muerto el rey dellos, si valiente habia sido
y bueno para la gobernacion del reyno, sin haber perdido provincia de
las que su padre les dejó, ni usado de bajezas ni poquedades, ni hecho
otros desatinos que los príncipes locos con la soltura se atreven á
hacer en su señorío, era permitido y ordenado por los mismos reyes, que
fuesen ordenados cantares honrados y que en ellos fuesen muy alabados y
ensalzados, en tal manera, que todas las gentes admirasen en oir sus
hazañas y hechos tan grandes, y que estos no siempre ni en todo lugar
fuesen publicados ni apregonados, sino cuando estuviese hecho algun
ayuntamiento grande de gente venida de todo el reyno para algun fin, y
cuando se juntasen los señores principales con el rey en sus tiempos y
solaces, ó cuando hacian los taquis[35] ó borracheras suyas. En estos
lugares, los que sabian los romançes, á voces grandes, mirando contra el
Inca, le cantaban lo que por sus pasados habia sido hecho; y si entre
los reyes alguno salia remisio, cobarde, dado á vicios, y amigo de
holgar sin acrescentar el señorío de su imperio, mandaban que destos
tales hobiese poca memoria ó casi ninguna; y tanto miraban esto, que si
alguna se hallaba, era por no olvidar el nombre suyo y la sucesion; pero
en lo demás se callaba, sin contar los cantares de otros que de los
buenos y valientes. Porque tuvieron en tanto sus memorias, que, muerto
uno destos señores tan grandes, no aplicaba su hijo para sí otra cosa
que el señorío, porque era ley entre ellos que la riqueza y el aparato
real del que habia sido rey del Cuzco, no lo hobiese otro en su poder,
ni se perdiese su memoria; para lo cual se hacia un bulto de mano[36],
con la figura que ellos ponerle querian, al cual llamaban del nombre del
rey ya muerto; y solian estos bultos ponerse en la plaza del Cuzco,
cuando se hacian sus fiestas, y en rededor de cada bulto destos reyes
estaban sus mugeres y criados, y venian todos, aparejándose allí su
comida y bebida, porque el Demonio debia de hablar en aquellos bultos,
pues que esto por ellos se usaba; y cada bulto tenia sus truanes ó
decidores, questaban con palabras alegres contentando al pueblo; y todo
el tesoro que el señor tenia siendo vivo, estaba en poder de sus criados
y familiares, y se sacaba á las fiestas semejantes con gran aparato; sin
lo cual, no dejaban de tener sus chácaras, ques nombre de heredades,
donde cogian sus maízes y otros mantenimientos con que sustentaban las
mugeres con toda la demás familia destos señores que tenian bultos y
memorias, aunque ya eran muertos. Y cierto esta usanza fué harta parte
para que en este reyno hobiese la suma tan grande de tesoros que se han
visto por nuestros ojos; y á españoles conquistadores he oydo que,
cuando, descubriendo las provincias del reyno, entraron en el Cuzco,
habia destos bultos, lo cual paresció ser verdad, cuando dende á poco
tiempo, queriendo tomar la borla Manco Inca Yupanqui, hijo de Huayna
Capac, públicamente fueron sacados en la plaza del Cuzco, á vista de
todos los españoles é yndios que en ella en aquel tiempo estaban.

Verdad es, que habian ya habido los españoles mucha parte del tesoro, y
lo demás se escondió y puso en tales partes, que pocos ó no ninguno debe
saber dél; ni de los bultos ni otras cosas suyas grandes hay ya otra
memoria que la que ellos dan y tienen en sus cantares[37].




_CAP. XII.--De cómo tenian coronistas para saber sus hechos, y la órden
de los quipos como fué, y lo que dello vemos agora._


Fué ordenado por los Incas lo que ya habemos escripto acerca del poner
los bultos en sus fiestas, y en que se escogiesen algunos de los más
sábios dellos, para que en cantares supiesen la vida de los señores qué
tal habia sido y cómo se habian habido en el gobierno del reyno, para el
efecto por mí dicho. Y es tambien de saber, que, sin esto, fué costumbre
dellos y ley muy usada y guardada, de escoger cada uno, en tiempo de su
reynado, tres ó cuatro hombres ancianos de los de su nacion, á los
cuales, viendo que para ello eran hábiles y suficientes, les mandaba que
todas las cosas que sucediesen en las provincias durante el tiempo de su
reynado, ora fuesen prósperas, ora fuesen adversas, las tuviesen en la
memoria, y dellas hiciesen y ordenasen cantares, para que por aquel
sonido se pudiese entender en lo foturo haber así pasado; con tanto
questos cantares no pudiesen ser dichos ni publicados fuera de la
presencia del Señor; y eran obligados estos que habian de tener esta
razon durante la vida del rey, no tratar ni decir cosa alguna de lo que
á él tocaba, y luego que era muerto, al sucesor en el imperio le decian,
casi por estas palabras: "¡Oh Inca grande y poderoso, el Sol y la Luna,
la Tierra, los montes y los árboles, las piedras y tus padres te guarden
de infortunio y hagan próspero, dichoso y bienaventurado sobre todos
cuantos nacieron! Sábete, que las cosas que sucedieron á tu antecesor
son éstas." Y luego en diciendo esto, los ojos puestos al suelo, y
bajadas las manos, con gran humildad le daban cuenta y razon de todo lo
que ellos sabian; lo cual podrian muy bien hacer, porque entre ellos hay
muchos de gran memoria, subtiles de ingenio, y de vivo juizio, y tan
abastados de razones, como hoy dia somos testigos los que acá estamos é
los oimos. Y así, dicho esto, luego que por el rey era entendido,
mandaba llamar á otros de sus indios viejos, á los cuales mandaba que
tuviesen cuidado de saber los cantares que aquéllos tenian en la
memoria, y de ordenar otros de nuevo de lo que pasaba en el tiempo de su
reynado, y que las cosas que se gastaban y lo que las provincias
contribuian, se asentasen en los quipos, para que supiesen lo que daban
y contribuyan muerto él y reynando su progenitor. Y si no era en un dia
de gran regocijo, ó en otro que hobiese lloro ó tristeza por muerte de
algun hermano ó hijo del rey, porque estos tales dias se permitia contar
su grandeza dellos y su orígen y nascimiento, fuera destos, á ninguno
era permitido tratar dello, porque estaba así ordenado por los señores
suyos, y si lo hacian, eran castigados rigurosamente.

Sin lo cual tuvieron otra órden para saber y entender cómo se habia de
hacer en la contribucion, en las provincias, de los mantenimientos, ora
pasase el rey con el ejército, ora fuese visitando el reyno, ó que sin
hacer nada desto, se entendiese lo que entraba en los depósitos y pagaba
á los súbditos, de tal manera, que no fuesen agraviados, tan buena y
subtil, que ecede en artificio á los _carastes_ que usaron los mexicanos
para sus cuentas y contratacion; y esto fué los quipos, que son ramales
grandes de cuerdas anudadas, y los que desto eran contadores y entendian
el guarismo destos nudos, daban por ellos razon de los gastos que se
habian hecho, ó de otras cosas que hobiesen pasado de muchos años atrás;
y en estos nudos contaban de uno hasta diez, y de diez hasta ciento, y
de ciento hasta mill; y en uno destos ramales está la cuenta de lo uno,
y en otro lo del otro; de tal manera esto, que para nosotros es una
cuenta donosa y ciega, y para ellos singular. En cada cabeza de
provincia habia contadores á quien llamaban quiposcamayos[38], y por
estos nudos tenian la cuenta y razon de lo que habian de tributar los
questaban en aquel distrito, desde la plata, oro, ropa y ganado, hasta
la leña y las otras cosas mas menudas, y por los mismos quipos se daba á
cabo de un año, ó de diez, ó de veinte, razon á quien tenia comision de
tomar la cuenta, tan bien, que un par de alpargatas no se podian
esconder.

Yo estaba incrédulo en esta cuenta, y aunque lo oia afirmar y tratar,
tenia lo más dello por fábula; y estando en la provincia de Xauxa, en lo
que llaman Marcavillca[39], rogué al señor Guacarapora[40] que me
hiciese entender la cuenta dicha de tal manera que yo me satisficiese á
mí mismo, para estar cierto que era fiel y verdadera; y luego mandó á
sus criados que fuesen por los quipos, y como este señor sea de buen
entendimiento y razon para ser indio, con mucho reposo satisfizo á mi
demanda, y me dijo, que para que mejor lo entendiese, que notase que
todo lo que por su parte habia dado á los españoles desde que entró el
gobernador don Francisco Pizarro en el valle, estaba allí sin faltar
nada: y así ví la cuenta del oro, plata, ropa que habian dado, con todo
el maíz, ganado y otras cosas, que en verdad yo quedé espantado dello. Y
es de saber otra cosa, que tengo para mí por muy cierto, segun han sido
las guerras largas, y las crueldades, robos y tiranías que los españoles
han hecho en estos indios, que si ellos no estuvieran hechos á tan
grande órden y concierto, totalmente se hubieran todos consumido y
acabado; pero ellos, como entendidos y cuerdos y que estaban impuestos
por príncipes tan sábios, entre todos determinaron que si un ejército de
españoles pasase por cualquiera de las provincias, que si no fuere el
daño que por ninguna vía se puede escusar, como es destruir las
sementeras y robar las casas y hacer otros daños mayores questos, que en
lo demás, todas las comarcas tuviesen en el camino real, por donde
pasaban los nuestros, sus contadores, y éstos tuviesen proveimiento lo
más ámplio que ellos pudiesen, porque con achaque no los destruyesen del
todo; y así eran proveidos; y despues de salidos, juntos los señores,
iban los quipos de las cuentas, y por ellos, si uno habia gastado más
que otro, lo que ménos habian proveido lo pagaban, de tal suerte, que
iguales quedasen todos.

Y en cada valle hay esta cuenta hoy dia, y siempre hay en los aposentos
tantos contadores como en él hay señores, y de cuatro en cuatro meses
fenescen sus cuentas por la manera dicha; y con la órden que han tenido,
han podido sufrir combates tan grandes, que si Dios fuese servido que
del todo hobiesen cesado con el buen tratamiento que en este tiempo
reciben, y con la buena órden y justicia que hay, se restaurarian y
multiplicarian, para que en alguna manera vuelva á ser este reyno lo que
fué, aunque yo creo que será tarde ó nunca. Y es verdad que yo he visto
pueblos, y pueblos bien grandes, y de una sola vez que cripstianos
españoles pasen por él, quedar tal, que no parecia sino que fuego lo
habia consumido; y como las gentes no eran de tanta razon, ni unos á
otros se ayudaban, perdíanse despues con hambres y enfermedades, porque
entre ellos hay poca caridad, y cada uno es señor de su casa, y no
quiere más cuenta. Y esta órden del Perú débese á los señores que lo
mandaron y supieron ponerla en todas las cosas tan grande como vemos los
que acá estamos, por estas y otras cosas mayores; y con tanto pasaré
adelante.




_CAP. XIII.--Cómo los Señores del Perú eran muy amados por una parte y
temidos por otra de todos sus súbditos, y cómo ninguno de ellos, aunque
fuese gran señor muy antiguo en su linage, podia entrar en su presencia,
si no era con una carga en señal de grande obediencia._


Es de notar, y mucho, que como estos reyes mandaron tan grandes
provincias y en tierra tan larga, y en parte tan áspera y llena de
montañas y de promontorios nevados, y llanos de arena secos de árboles y
faltos de agua, que era necesario gran prudencia para la gobernacion de
tantas naciones y tan distintas unas de otras en lenguas, leyes y
religiones, para tenellas todas en tranquilidad y que gozasen de la paz
y amistad con él; y así, no embargante que la ciudad del Cuzco era la
cabeza de su imperio, como en muchos lugares hemos apuntado, de cierto
en cierto término, como tambien diremos, tenian puestos sus delegados y
gobernadores, los cuales eran los más sábios, entendidos y esforzados
que hallarse podian, y ninguno tan mancebo que ya no estuviese en el
postrer tercio de su edad. Y como le fuesen fieles y ninguno osase
levantarse, y tenia de su parte á los mitimaes, ninguno de los
naturales, aunque más poderoso fuese, osaba intentar ninguna rebelion, y
si alguna intentaba, luego era castigado el pueblo donde se levantaba,
embiando presos los movedores al Cuzco. Y desta manera eran tan temidos
los reyes, que si salian por el reyno y permitian alzar algun paño de
los que iban en las andas, para dejarse ver de sus vasallos, alzaban tan
gran alarido, que hacian caer las aves de lo alto donde iban volando, á
ser tomadas á manos; y todos los temian tanto, que de la sombra que su
persona hacia no osaban decir mal. Y no era esto solo; pues es cierto,
que si algunos de sus capitanes ó criados salian á visitar alguna parte
del reyno para algun efecto, le salian á recibir al camino con grandes
presentes, no osando, aunque fuese sólo, dejar de cumplir en todo y por
todo el mandamiento dellos.

Tanto fué lo que temieron á sus príncipes en tierra tan larga, que cada
pueblo estaba tan asentado y bien gobernado como si el Señor estuviera
en él para castigar los que lo contrario hiciesen. Este temor pendia del
valor que habia en los señores y de su misma justicia, que sabian que
por parte de ser ellos malos, si lo fuesen, luego el castigo se habia de
hacer en los que lo fuesen, sin que bastase ruego ni cohecho ninguno. Y
como siempre los Incas hiciesen buenas obras á los questaban puestos en
su señorío, sin consentir que fuesen agraviados, ni que les llevasen
tributos demasiados, ni que les fuesen hechos otros desafueros, sin lo
cual, muchos que tenian provincias estériles y que en ellas sus pasados
habian vivido con necesidad, les daban órden que las hacian fértiles y
abundantes, proveyéndoles de las cosas que en ella habia necesidad; y en
otras donde habia falta de ropa, por no tener ganados, se los mandaban
dar con gran liberalidad. En fin, entendíase, que así como estos señores
se supieron servir de los suyos y que les diesen tributos, así ellos les
supieron conservar las tierras y traellos de bastos á muy pulíticos, y
de desproveidos, que no les faltase nada; y con estas buenas obras, y
con que siempre el Señor á los principales daba mugeres y preseas ricas,
ganaron tanto las gracias de todos, que fueron dellos amados en estremo
grado, tanto que yo me acuerdo por mis ojos haber visto á indios viejos,
estando á vista del Cuzco, mirar contra la ciudad y alzar un alarido
grande, el cual se les convertia en lágrimas salidas de tristeza,
contemplando el tiempo presente y acordándose del pasado, donde en
aquella ciudad por tantos años tuvieron señores de sus naturales, que
supieron atraellos á su servicio y amistad de otra manera que los
españoles.

Y era usanza y ley inviolable entre estos señores del Cuzco, por
grandeza y por la estimacion de la dignidad real, questando él en su
palacio, ó caminando con gente de guerra, ó sin ella, que ninguno,
aunque fuese de los más grandes y poderosos señores de todo su reyno, no
habia de entrar á le hablar, ni estar delante de su presencia, sin que
primero, tirándose los zapatos, que ellos llaman oxotas, se pusiese en
sus hombros una carga para entrar con ella á la presencia del Señor, en
lo cual no se tenia cuenta que fuese grande ni pequeña, porque no era
por más de que supiesen el reconocimiento que habian de tener á los
señores suyos; y entrando dentro, vueltas las espaldas al rostro del
Señor, habiendo primero hecho reverencia, quellos llaman _mocha_, dice á
lo que viene ó oye lo que les mandado, lo cual pasado, si quedaba en la
Córte por algunos dias y era persona de cuenta, no entraba más con la
carga; porque siempre estaban los que venian de las provincias en la
presencia del Señor en convites y en otras cosas que por ellos eran
hechas.




_CAP. XIV.--De cómo fué muy grande la riqueza que tuvieron y poseyeron
los reyes del Perú y cómo mandaban asistir siempre hijos de los señores
en su Córte._


Por la gran riqueza que habemos visto en estas partes, podremos creer
ser verdad lo que se dice de las muchas que tuvieron los Incas; porque
yo creo, lo que ya muchas veces tengo afirmado, que en el mundo no hay
tan rico reyno de metal, pues cada dia se descubren tan grandes veneros,
así de oro como de plata; y como en muchas partes de las provincias
cogiesen en los rios oro, y en los cerros sacasen plata, y todo era por
un rey, pudo tener y poseer tanta grandeza; y dello yo no me espanto de
estas cosas, sino como toda la ciudad del Cuzco y los templos suyos no
eran hechos los edificios de oro puro. Porque, lo que hace á los
príncipes tener necesidad y no poder atesorar dineros, es la guerra, y
desto tenemos claro ejemplo en lo que el Emperador ha gastado desdel año
que se coronó hasta este; pues aviendo más plata y oro que ovieron los
reyes d'España desde el rey don Rodrigo hasta él, ninguno dellos tuvo
tanta necesidad como S. M. y si no tuviera guerras, y su asiento fuera
en España, verdaderamente, con sus rentas y con lo que ha venido de las
Indias, toda España estuviera tan llena de tesoros como lo estaba el
Perú en tiempo de sus reyes.

Y esto tráigolo á comparacion, que todo lo que los Incas habian, lo
gastaban no en otra cosa que arreos de su persona y ornamento de los
templos y servicio de sus casas y aposentos; porque en las guerras, las
provincias les daban toda la gente, armas y mantenimientos que fuese
necesario, y si [á] alguno de los mitimaes daban algunas pagas de oro en
alguna guerra que ellos tuviesen por dificultosa, era poca y que en un
dia lo sacaban de las minas; y como preciaron tanto la plata y oro, y
por ellos fuese tan estimada, mandaban sacar en muchas partes de las
provincias cantidad grande della, de la manera y con la órden que
adelante se dirá.

Y sacando tanta suma, y no podiendo el hijo dejar que la memoria del
padre, que se entiende su casa y familiares con su bulto, estuviese
siempre entera, estaban de muchos años allegados tesoros, tanto, que
todo el servicio de la casa del rey, así de cántaros para su uso como de
cocina, todo era oro y plata; y esto no en un lugar y en una parte lo
tenia, sino en muchas, especialmente en las cabeceras de las provincias,
donde habia muchos plateros, los cuales trabajaban en hacer estas
piezas; y en los palacios y aposentos suyos habia planchas destos
metales, y sus ropas llenas de argenteria y desmeraldas y turquesas y
otras piedras preciosas de gran valor. Pues para sus mugeres tenian
mayores riquezas para ornamento y servicio de sus personas, y sus andas
todas estaban engastonadas en oro y plata y pedrería. Sin esto, en los
depósitos habia grandísima cantidad de oro en tejuelos, y de plata en
pasta, y tenian mucha chaquira, ques en estremo menuda, y otras joyas
muchas y grandes para sus taquis y borracheras; y para los sacrificios
eran más lo que tenian destos tesoros; y como tenian y guardaban aquella
ceguedad de enterrar con los difuntos tesoros, es de creer que cuando se
hazian los osequias y entierros destos reyes, que seria increible lo que
meterian en las sepulturas. En fin, sus atambores y asentamientos y
estrumentos de música y armas para ellos eran deste metal; y por
engrandecer su señorío, paresciéndoles que lo mucho que digo era poco,
mandaban por ley que ningun oro ni plata que entrase en la ciudad del
Cuzco, della pudiese salir, sopena de muerte, lo cual ejecutaban luego
en quien lo quebrantaba; y con esta ley, siendo lo que entraba mucho y
no saliendo nada, habia tanto, que si cuando entraron los españoles se
dieran otras mañas y tan presto no ejecutaran su crueldad en dar la
muerte á Atahuallpa, no sé qué navíos bastaran á traer á las Españas tan
grandes tesoros como están perdidos en las entrañas de la tierra y
estarán, por ser ya muertos los que lo enterraron.

Y como se tuviesen en tanto estos Incas, mandaron más, que en todo el
año residiesen en su córte hijos de los señores de las provincias de
todo el reino, porque entendiesen la órden della y viesen su magestad
grande, y fuesen avisados cómo le habian de servir y obedecer, de que
heredasen sus señoríos y curacazgos; y si iban los de unas provincias,
venian los de otras. De tal manera se hacia esto, que siempre estaba su
córte muy rica y acompañada; porque sin esto, nunca dejaban destar con
él muchos caballeros de los orejones, y señores de los ancianos, para
tomar consejo en lo que se habia de proveer y ordenar.




_CAP. XV.--De cómo se hacian los edificios para los Señores, y los
caminos reales para andar por el reino._


Una de las cosas de que yo mas me admiré, contemplando y notando las
cosas deste reino, fué pensar cómo y de qué manera se pudieron hacer
caminos tan grandes y soberbios como por él vemos, y que fuerzas de
hombres bastáran á los hacer, y con que herramientas y estrumentos
pudieron allanar los montes y quebrantar las peñas, para hacerlos tan
anchos y buenos como están; porque me parece que si el Emperador
quisiese mandar hacer otro camino real, como el que va del Quito á
Cuzco, ó sale de Cuzco para ir á Chile, ciertamente creo, con todo su
poder para ello no fuese poderoso, ni fuerzas de hombres le pudiesen
hazer, sino fuese con la órden tan grande que para ello los Incas
mandaron que hobiese. Porque si fuera camino de cincuenta leguas, ó de
ciento, ó docientas, es de creer, que aunque la tierra fuese más áspera,
no se tuviera en mucho, con buena diligencia, hacerlo; mas estos eran
tan largos, que habia alguno que tenia mas de mill y cien leguas, todo
hechado por sierras tan ágras y espantosas, que por algunas partes,
mirando abajo, se quitaba la vista, y algunas destas sierras drechas y
llenas de piedras, tanto, que era menester cavar por las laderas en peña
viva, para hacer el camino ancho y llano; todo lo cual hacian con fuego
y con sus picos. Por otros lugares habia subidas tan altas y ásperas,
que salian de lo bajo escalones para poder subir por ellos á lo más
alto, haciendo entre medias dellos algunos descansos anchos para el
reposo de las gentes. En otros lugares habia montones de nieve, que era
más de temer, y esto no en un lugar, sino en muchas partes, y no así
como quiera, sino que no va ponderado ni encarecido como ello es ni como
lo vemos; y por estas nieves, y por donde habia montañas de árboles y
céspedes, lo hacian llano, y empedrado, si menester fuese.

Los que leyeren este libro y hobieren estado en el Perú, miren el camino
que va desde Lima á Xauxa por las sierras tan ásperas de Huarochiri[41],
y por la montaña nevada de Pariacaca[42], y entenderán, los que á ellos
lo oyeron, si es más lo que ellos vieron, que no lo que yo escribo; y
sin esto, acuérdense de la ladera que abaja al rio de Apurímac[43], y
cómo viene el camino por las sierras de los Paltas, Caxas y Ayauacas[44]
y otras partes deste reyno, por donde el camino va tan ancho como quince
piés, poco más ó ménos; y en tiempo de los reyes estaba limpio, sin que
hobiese ninguna piedra ni hierba nacida, porque siempre se entendia en
lo limpiar; y en lo poblado, junto á él, habia grandes palacios y
alojamiento para la gente de guerra, y por los desiertos nevados y de
campaña, habia aposentos donde se podian muy bien amparar de los frios y
de las lluvias; y en muchos lugares, como es en el Collao[45] y en otras
partes, habia señales de sus leguas, que eran como los mojones d'España
con que parten los términos, salvo que son mayores y mejor hechos los de
acá. A estos tales llaman topos, y uno dellos es una legua y media de
Castilla[46].

Entendido de la manera que iban hechos los caminos y la grandeza dellos,
diré con la facilidad que eran hechos por los naturales, sin que les
recreciese muerte ni trabajo demasiado; y era, que determinado por algun
rey que fuese hecho alguno destos caminos tan famosos, no era menester
muchas provisiones ni requerimientos ni otra cosa que decir el rey,
hágase esto, porque luego los veedores iban por las provincias marcando
la tierra y los indios que habia de[47] una á otra, á los cuales mandaba
que hiciesen los tales caminos; y así, se hacian desta manera, que una
provincia hacia hasta otra á su costa y con sus indios, y en breve
tiempo lo dejaban como se lo pintaba; y otras hacian lo mismo, y áun, si
era necesario, á un tiempo se acababa gran parte del camino, ó todo él;
y si allegaban á los despoblados, los indios de la tierra adentro
questaban más cercanos, venian con vituallas y herramientas á los hacer,
de tal manera, que con mucha alegría y poca pesadumbre era todo hecho;
porque no les agraviaban en un punto, ni los Incas ni sus criados les
metian en nada.

Sin todo esto, se hicieron grandes calzadas de excelente edificio, como
es la que pasa por el valle de Xaquixaguana, y sale de la ciudad del
Cuzco, y va por el pueblo de Muhina. Destos caminos reales habia muchos
en todo el reyno, así por la sierra como por los llanos. Entre todos,
cuatro se tienen por los más importantes, que son los que salian de la
ciudad del Cuzco, de la misma plaza della, como crucero, á las
provincias del reino, como tengo escripto en la Primera parte desta
Crónica, en la fundacion del Cuzco[48]; y por tenerse en tanto los
señores, cuando salian por estos caminos, sus personas reales con la
guarda convenible iban por uno, y por otro la demás gente; y áun en
tanto tuvieron su poderío, que muerto uno de ellos, el hijo, habiendo de
salir á alguna parte larga, se le hacia camino por sí mayor y más ancho
que el de su antecesor; mas esto era si salia [á] alguna conquista el
tal rey, ó á hacer cosa digna de tal memoria que se pudiese decir que
por aquello era más largo el camino que para él se hizo. Y esto vemos
claro, porque yo he visto junto á Vilcas tres ó cuatro caminos; y áun
una vez me perdí por el uno, creyendo que iba por el que agora se usa; y
á estos llaman, al uno camino del Inca Yupanqui, y al otro de Tupac
Inca; y el que agora se usa y usará para siempre, es el que mandó hacer
Huaina Capac, que llegó acerca del rio de Angasmayo, al Norte, y al Sur,
mucho adelante de lo que agora llamamos Chile; caminos tan largos, que
habia de una parte á otra más de mill y doscientas leguas.




_CAP. XVI.--Cómo y de qué manera se hacian las cazas reales por los
Señores del Perú._


En la primera parte[49] conté ya cómo en este reino del Perú habia suma
grandísima de ganado doméstico y bravo, urcos, carneros y pacos,
vicunias y ovejas, llamas, en tanta manera, que así lo poblado como lo
que no lo era andaba lleno de grandes manadas; porque por todas partes
habia y hay excelentes pastos para que bien se pudiese criar. Y es de
saber, que aunque habia tanta cantidad, era mandado por los reyes, que
so graves penas, ninguno osase matar ni comer hembra ninguna, y si lo
quebrantaban, luego eran castigados, y con este temor no lo osaban
comer. Multiplicábanse tanto, ques de no creer lo mucho que habia en el
reino cuando los españoles entraron en él; y lo principal porquesto se
mandaba, es porque hobiese abasto de lanas para hacer ropas; porque,
cierto, en muchas partes, si faltase del todo este ganado, no sé cómo
podrian las gentes guarecerse del frio, por la falta que tenian de
lanas para hacer ropas. Y así, con esta órden, eran muchos los depósitos
que por todas partes habia llenos de ropa, así para la gente de guerra,
como para los demás naturales; y la más desta ropa se hacia de la lana
del ganado de los guanacos y vicunias.

Y cuando el Señor queria hacer alguna caza real, es de oir lo mucho que
se mataba y tomaba á manos de hombres; y tal dia hubo, que se tomó más
de treinta mill cabezas de ganado; mas cuando el rey lo tomaba por
pasatiempo y salia para ello de propósito, poníanle las tiendas en el
lugar que á él le parescia; porque como fuese en lo alto de la serranía,
en ninguna parte dejaba de haber este ganado y tanto como habemos dicho;
de donde, habiéndose ya juntado cincuenta ó sesenta mill personas, ó
cien mill, si mandado les era, cercaban los breñales y campañas de tal
manera, que con el ruido que iban haciendo en el resonido de sus voces,
bajaban de los altos á lo más llano; en donde poco á poco se vienen
juntando unos hombres con otros, hasta quedar asidos de las manos, y en
el redondo que con sus propios cuerpos hacian, está la caza detenida y
represada, y el Señor puesto á la parte que á él más le place, para ver
la matanza que della se hace; y entrando otros indios con unos que se
llaman _ayllos_, ques para prender por los piés, y otros con bastones y
porras, comienzan de tomar y matar; y como hay tan gran cantidad de
ganado detenido y entre ellos tantos de los guanacos, que son algunos
mayores que pequeños asnillos, largos de pescuezos, como camellos,
procuran la salida, echando por la boca la roña que tienen[50], en los
rostros de los hombres, y con hender por donde pueden con grandes
saltos. Y cierto, se dice ques cosa despanto ver el ruido tan grande que
tienen los indios por les tomar, y el estruendo que ellos hacen para
salir, tanto, que se oye gran trecho de donde pasa. Y si el rey quiere
matar alguna caza sin entrar en la rueda questá hecha, lo hace como á él
le place[51].

Y en estas cazas reales se gastaban muchos dias; y muerta tanta cantidad
de ganado, luego se mandaba por los veedores llevar la lana de todo ello
á los depósitos ó á los templos del sol, para que las mamaconas
entendiesen en hacer ropas finísimas para los reyes, que lo eran tanto,
que parescian de sargas de seda, y con colores tan perfectos cuanto se
puede afirmar. La carne de esto que sacaban, della comian los que
estaban allí con el rey, y della se secaba al sol[52], para tener puesta
en los depósitos, para proveimiento de la gente de guerra; y todo este
ganado se entiende que era de lo montesino, y no ninguno de lo
doméstico. Tomábase entre ellos muchos venados y biscachas, raposas y
algunos osos y leones pequeños.




_CAP. XVII.--Que trata la órden que tenian los Incas, y cómo en muchos
lugares hacian de las tierras estériles fértiles, con el proveimiento
que para ello daban._


Una de las cosas de que más se tiene envidia á estos señores, es
entender cuán bien supieron conquistar tan grandes tierras y ponellas,
con su prudencia, en tanta razon como los españoles las hallaron, cuando
por ellos fué descubierto este nuevo reyno; y de questo sea así muchas
veces me acuerdo yo, estando en alguna provincia indómita fuera destos
reynos, oir luego á los mismos españoles: "Yo seguro, que si los Incas
anduvieran por aquí, que otra cosa fuera esto;" es decir, no
conquistaron los Incas esto como lo otro, porque supieran servir y
tributar. Por manera, que, cuanto á esto, conocida está la ventaja que
nos hacen, pues con su órden las gentes vivian con ella y crecian en
multiplicacion, y de las provincias estériles hacian fértiles y
abundantes, en tanta manera y por tan galana órden como se dirá.

Siempre procuraron de hacer por bien las cosas y no por mal en el
comienzo de los negocios; despues, algunos Incas hicieron grandes
castigos en muchas partes; pero antes, todos afirman que fué grande la
benevolencia y amicicia con que procuraban el atraer á su servicio estas
gentes. Ellos salian del Cuzco con su gente y aparato de guerra y
caminaban con gran concierto hasta cerca de donde habian de ir y querian
conquistar, donde muy bastantemente se informaban del poder que tenian
los enemigos y de las ayudas que podian tener y de qué parte les podrian
venir favores, y por qué camino; y esto entendido por ellos, procuraban
por las vías á ellos posibles, estorbar que no fuesen socorridos, ora
con dones grandes que hacian, ora con resistencias que ponian;
entendiendo, sin esto, de mandar hacer sus fuertes, los cuales eran en
cerros ó laderas, hechos en ellos ciertas cercas altas y largas, con su
puerta cada una, porque perdida la una, pudiesen pasarse á la otra, y de
la otra hasta lo más alto. Y enviaban escuchas de los confederados para
marcar la tierra y ver los caminos y conoscer del arte questaban
aguardando, y por donde habia mas mantenimiento; y sabiendo por el
camino que habian de llevar y la órden con que habian de ir, enviábales
mensajeros propios, con los cuales les enviaba decir quel queria
tenerlos por parientes y aliados, por tanto, que con buen ánimo y
corazon alegre, saliesen á lo recebir y recibirlo en su provincia, para
que en ella le sea dada la obediencia, como en las demás; y por que lo
hagan con voluntad, enviaba presentes á los señores naturales.

Y con esto, y con otras buenas maneras que tenian, entraron en muchas
tierras sin guerra, en las cuales mandaba á la gente de guerra que con
él iba, que no hiciesen daño ni injuria ninguna, ni robo, ni fuerza; y
si en esta provincia no habia mantenimientos, mandaba que de otras
partes se proveyese; porque á los nuevamente venidos á su servicio no
les paresciese, desde luego, pesado su mando y conocimiento, y el
conocelle y aborrecelle fuese en un tiempo. Y si en alguna destas
provincias no habia ganado, luego mandaba que le diesen por cuenta
tantas mill cabezas, lo cual mandaban que mirasen mucho y con ello
multiplicasen, para proveerse de lana para sus ropas; y que no fuesen
osados de comer ni matar ninguna cria por los años y tiempo que le
señalaba. Y si habia ganado y tenian de otra cosa falta, era lo mismo; y
si estaban en collados y breñales, bien les hacian entender con buenas
palabras, que hiciesen pueblos y casas en lo más llano de las sierras y
laderas; y como muchos no eran diestros en cultivar las tierras,
avezábanles como lo habian de hacer, emponiéndoles en que supiesen sacar
acequias y regar con ellas los campos.

En todo lo sabian proveer tan acertadamente, que cuando entraba por
amistad alguno de los Incas en provincias de estas, en breve tiempo
quedaba tal, que parescia otra, y los naturales, le daban la obidiencia,
consintiendo que sus delegados quedasen en ellas, y lo mismo los
mitimaes. En otras muchas que entraron de guerra y por fuerza de armas,
mandábase que en los mantenimientos y casas de los enemigos se hiciese
poco daño, diciéndoles el Señor: "presto serán estos nuestros como los
que ya lo son." Como esto tenian conocido, procuraban que la guerra
fuese la mas liviana que ser pudiese, no embargante que en muchos
lugares se dieron grandes batallas, porque todavía los naturales dellos
querian conservarse en la libertad antigua, sin perder sus costumbres y
religion por tomar otras extrañas; más durando la guerra, siempre habian
los Incas lo mejor, y vencidos, no los destruyan de nuevo, antes
mandaban restituir los presos, si algunos habia, y el despojo y ponerlos
en posesion de sus haciendas y señorío, amonestándoles que no quieran
ser locos en tener contra su persona real competencias ni dejar su
amistad, antes quisieran ser sus amigos, como lo son los comarcanos
suyos. Y diciendo esto, dábanles algunas mujeres hermosas y piezas ricas
de lana ó de metal de oro.

Con estas dádivas y buenas palabras, habia las voluntades de todos, de
tal manera, que sin ningun temor los huidos á los montes se volvian á
sus casas, y todos dejaban las armas; y el que mas vezes via al Inca, se
tenia por bien aventurado y dichoso.

Los señoríos nunca los tiraban á los naturales. A todos mandaban unos y
otros que por Dios adorasen el sol; sus demás religiones y costumbres no
se las proivian, pero mandábanles que se gobernasen por las leyes y
costumbres que usaban en el Cuzco, y que todos hablasen la lengua
general.

Y puesto gobernador por el Señor con guarniciones de gente de guerra,
parten para lo de adelante; y si estas provincias eran grandes, luego se
entendia en edificar templo del sol, y colocar las mujeres que ponian
en los demás, y hacer palacios para los señores; y cobraban los tributos
que habian de pagar, sin llevarles nada demasiado, ni agravialles en
cosa ninguna, encaminándoles en su pulicía y en que supiesen hacer
edificios, traer ropas largas, y vivir concertadamente en sus pueblos; á
los cuales, si algo les faltaba, de que tuviesen necesidad, eran
proveidos y enseñados como lo habian de sembrar y beneficiar. De tal
manera se hacia esto, que sabemos en muchos lugares que no habia ganado,
lo hubo y mucho desdel tiempo que los Incas lo sojuzgaron; y en otros
que no habia maíz, tenello despues sobrado. Y en todo lo demás andaban
como salvages, mal vestidos y descalzos, y desde que conocieron á estos
señores, usaron de camisetas, lazos y mantas, y las mujeres lo mismo, y
de otras buenas cosas; tanto, que para siempre habrá memoria de todo
ello. Y en el Collao y en otras partes mandó pasar mitimaes á la sierra
de los Andes, para que sembrasen maíz y coca, y otras frutas y raíces,
de todos los pueblos la cantidad conviniente; los cuales con sus mujeres
vivian siempre en aquella parte donde sembraban, y cogian tanto de lo
que digo, que se sentia poco la falta, por traer mucho destas partes y
no haber pueblo ninguno, por pequeño que fuese, que no tuviese destos
mitimaes. Adelante trataremos cuantas suertes habia destos mitimaes, y
[que] hacian los unos y entendian los otros.




_CAP. XVIII.--Que trata la órden que habia en el tributar las provincias
á los reyes, y del concierto que en ello se tenia._


Pues en el capítulo pasado escribí la manera que en sus conquistas los
Incas tuvieron, será bien decir en éste cómo tributaban tantas naciones,
y cómo en el Cuzco se entendia lo que venia de los tributos; pues es
cosa muy notoria y entendida, ningun pueblo de la sierra ni valle de los
llanos dejó de pagar el tributo de derrama que le era impuesto por los
que para ello tenian cargo; y aun tal provincia hubo, que diciendo los
naturales no tener con que pagar tributo, les mandó el rey que cada
persona de toda ella fuese obligada de le dar cada cuatro meses un
cañuto algo grande lleno de piojos vivos, lo cual era industria del
Inca, para emponellos y avisallos en el saber tributar, y contribuir; y
así, sabemos que pagaron su tributo de piojos algunos dias, hasta que,
habiéndoles mandado dar ganado, procurar de lo criar, y hacer ropas, y
buscar con que tributar para el tiempo de adelante.

Y la órden que los orejones del Cuzco y los más señores naturales de la
tierra dicen que se tenia en el tributar, era esta: que desde la ciudad
del Cuzco, el que reinaba, enviaba algunos principales criados de su
casa á visitar por el uno de los cuatro reales caminos que salen de
aquella ciudad, que ya tengo escripto[53] llamarse Chincha Suyo el uno,
en el cual entran las provincias que hay hasta Quito, con todos los
llanos de Chincha para abajo hácia el Norte; y el segundo se llama Conde
Suyo, ques donde se incluyen las regiones y provincias questán hácia la
mar del Sur y muchas de la serranía; al tercero llaman Colla Suyo, ques
por donde contaron todas las provincias que hay hácia la parte del Sur
hasta Chile. El último camino llaman Ande Suyo[54]; por este van á todas
las tierras questán en las montañas de los Andes, que se estiende en las
faldas y vertientes dellas.

Pues como el Señor quisiese saber lo que habian de tributar todas las
provincias que habia del Cuzco hasta Chile, camino tan largo, como
muchas veces he dicho, mandaba salir, como digo, personas fieles y de
confianza, las cuales iban de pueblo en pueblo mirando el traje de los
naturales y posibilidad que tenian, y la grosedad de la tierra, ó si en
ellas habia ganados, ó metales, ó mantenimientos, ó de las demás cosas
quellos querian y estimaban; lo cual mirado con mucha diligencia,
volvian á dar cuenta al Señor de todo ello; el cual mandaba hacer Córtes
generales y que acudiesen á ellas los principales del reino; y estando
allí los señores de las provincias que le habian de tributar, les
hablaba amorosamente, que pues le tenian por solo Señor y monarca de
tantas tierras y tan grandes, que tuviesen por bien, sin recibir
pesadumbre, de le dar los tributos debidos á la persona real, el cual él
queria que fuesen moderados y tan livianos, que ellos fácilmente lo
pudiesen hacer. Y respondídole conforme á lo que él deseaba, tornaban á
salir de nuevo con los mesmos naturales algunos orejones á imponer el
tributo que habian de dar; el cual era en algunas partes más que el que
dan los españoles en este tiempo; pero con la órden tan grande que se
tenia en lo de los Incas, era para no sentirlo la gente, y crecer en
multiplicacion; y con la desorden y demasiada codicia de los españoles,
se fueron disminuyendo en tanta manera, que falta la mayor parte de la
gente, y del todo se acabara de consumir por su codicia y avaricia que
los más, ó todos, acá tenemos, si la misericordia de Dios no lo
remediara con permitir que las guerras hayan cesado, ques cierto se han
de tener por azotes de su justicia, y que la tasacion se haya hecho de
tal manera y moderacion, que los indios con ella gozan de gran libertad
y son señores de sus personas y haciendas, sin tener más pecho ni
subsidio que pagar cada pueblo lo que le ha sido puesto por tasa.
Estotra de adelante. Un poco más largo[55].

Visitando los que por los Incas son enviados las provincias, entrando
en una, en donde ven por los quipos la gente que hay, asi hombres como
mujeres, viejos é niños, en ella[56], y mineros de oro ó plata, mandaban
á la tal provincia, que puestos en las minas tantos mill indios, sacasen
de aquellos metales la cantidad que les señalaban, mandando que lo
diesen y entregasen á los veedores que para ello ponian; y porque en el
inter que andaban sacando plata los indios que eran señalados, no podian
beneficiar sus heredades y campos, los mismos Incas ponian por tributo á
otras provincias que les viniesen á les hacer la sementera á sus tiempos
y coyuntura; de tal manera, que no quedase por sembrar; y si la
provincia era grande, della mesma salian indios á cojer metales y á
sembrar y labrar las tierras; y mandábase, que si estando en las minas
adolesciese alguno de los indios, que luego se fuese á su casa y viniese
otro en su lugar; mas que ninguno cojiese metales que no fuese casado,
para que sus mujeres le adrezasen el mantenimiento y su brevaje; y sin
esto, se guardaba de enviar mantenimientos bastantes á estos tales. De
tal manera se hacia, que aunque toda su vida estuvieran en las minas, no
lo tuvieran por gran trabajo; ni ninguno moria por darselo demasiado. Y
sin todo esto, en el mes le era permitido dejar de trabajar algunos
dias, para sus fiestas y solazes; y no unos [mismos] indios estaban á la
continua en los mineros, sino de tiempo á tiempo los mandaban, saliendo
unos y entrando otros.

Tal manera tuvieron los Incas en esto, que les sacaban tanto oro y plata
en todo el reino, que debió de haber año que les sacaron más de
cincuenta mill arrobas de plata, y más de quince mill de oro, y siempre
sacaban destos metales para servicio suyo. Y estos metales eran traidos
á las cabeceras de las provincias, y de la manera y con la órden con que
los sacaban en las unas, los sacaban en las otras, de todo del reino; y
si no habia metal que sacar en otras tierras, para que pudiesen
contribuir, echaban pechos y derramas de cosas menudas, y de mugeres y
muchachos; los cuales se sacaban del pueblo sin ninguna pesadumbre,
porque si un hombre tenia un solo hijo ó hija, este tal no le tomaban,
pero si tenia tres ó cuatro, tomábales una para pagar el servicio.

Otras tierras contribuian con tantas mill cargas de maíz como en ella
habia casas, lo cual se daba cada cosecha[57] y á costa de la misma
provincia. En otras regiones proveian por la mesma órden de tantas
cargas de chuño[58] seco como los otros hacian de maíz; lo cual hacian
otros, y contribuian de quínua[59] y de las otras raíces. En otros
lugares daban cada uno tantas mantas como indios en él habia casados, y
en otros tantas camisetas como eran cabezas. En otros se echaba por
imposicion que contribuyesen con tantas mill cargas de lanzas, y otras
con hondas y ayllos con todas las demás armas que ellos usan. A otras
provincias mandaban que diesen tantos mill indios puestos en el Cuzco,
para que hiciesen los edificios públicos de la ciudad y los de los
reyes, proveyéndoles de mantenimiento necesario. Otros tributaban
maromas para llevar las piedras; otros tributaban coca. De tal manera se
hacia esto, que desde lo más menudo hasta lo más importante les
tributaban á los Incas todas las provincias y comarcas del Perú; en lo
cual hobo tan grande órden, que ni los naturales dejaban de pagar lo ya
debido é impuesto, ni los que cojian los tales tributos osaban llevar un
grano de maíz demasiado. Y todo el mantenimiento y cosas pertenecientes
para el proveimiento de la guerra, que se contribuian, se despendia en
la gente de guerra ó en las guarniciones ordinarias questaban puestas en
partes del reino, para la defensa dél. Y cuando no habia guerra, lo más
de todo lo comian y gastaban los pobres, porque estando los reyes en el
Cuzco, ellos tenian sus anaconas[60], que es nombre de criado perpétuo,
y tantos, que bastaban á labrar sus heredades y sus casas y sembrar
tanto mantenimiento que bastase, sin lo que para su plato se traia de
las comarcas siempre, muchos corderos y aves, y pescado, y maíz, coca,
raíces, con todas las frutas que se cogen. Y tal órden habia en estos
tributos que los naturales los pagaban, y los Incas se hallaban tan
poderosos, que no tenian guerra ninguna que se recreciese.

Para saber cómo y de qué manera se pagaban los tributos y se cogian las
otras derramas, cada _guata_, que es nombre de año, despachaba ciertos
orejones como juezes de comision, porque no llevaban poder de más de
mirar las provincias y avisar á los moradores si alguno estaba agraviado
lo dijese y se quejase, para castigar á quien le hubiese hecho alguna
sinjusticia; y recibidas las quejas, si las habia, ó entendido si en
alguna parte algo se dejaba por pagar, daba la vuelta al Cuzco, de donde
salia otro con poder para castigar quien tuviese culpa. Sin esta
diligencia, se hacia otra mayor, que era, que de tiempo á tiempo
parecian los principales de las provincias, donde el dia que á cada
nacion le era permitido hablar, proponia delante del Señor el estado de
la provincia y la necesidad ó hartura que en ella habia, y el tributo si
era mucho ó poco, ó si lo podian pagar ó no; á lo cual eran despachados
á su voluntad, estando ciertos los señores Incas que no mentian, sino
que les decian la verdad; porque si habia cautela, hacian gran castigo y
acrecentaban el tributo. Las mugeres que daban las provincias, dellas
las traian al Cuzco para que lo fuesen de los reyes, y dellas dejaban en
el templo del sol.




_CAP. XIX.--De cómo los reyes del Cuzco mandaban que se tuviese cuenta
en cada año con todas las personas que morian y nacian en todo su reino,
y cómo todos trabajaban y ninguno podia ser pobre con los depósitos._


Para muchos efectos concuerdan los orejones que en el Cuzco me dieron la
relacion, que antiguamente, en tiempo de los reyes Incas, se mandaba por
todos los pueblos y provincias del Perú, que los señores principales y
sus delegados supiesen cada año los hombres y mugeres que habian sido
muertos, y todos los que habian nacido; porque así para la paga de los
tributos, como para saber la gente que habia para la guerra y la que
podia quedar por defensa del pueblo, convenia que se tuviese ésta; la
cual fácilmente podian saber, porque cada provincia, en fin del año,
mandaba asentar en los quipos por la cuenta de sus nudos todos los
hombres que habian muerto en ella en aquel año, y por el [con] siguiente
los que habian nacido. Y por principio del año que entraba, venian con
los quipos al Cuzco, por donde se entendia, así los que en aquel año
habian nacido, como los que faltaban por ser muertos. Y en esto habia
gran verdad y certidumbre, sin en nada haber fraude ni engaños. Y
entendido esto, sabian el Señor y los gobernadores los indios que
destos eran pobres y las mugeres que eran viudas, y si bien podian pagar
los tributos, y cuánta gente podia salir para la guerra; y otras muchas
cosas que para entre ellos se tenian por muy importantes.

Y como sea este reino tan largo, como en muchos lugares de esta
escriptura tengo dicho, y en cada provincia principal habia número
grande de depósitos llenos de mantenimientos y de otras cosas necesarias
y provechosas para el provehimiento de los hombres; si habia guerra,
gastábase, por donde quiera que iban los reales, de lo questaba en estos
aposentos, sin tocar en lo que los confederados suyos tenian, ni allegar
á cosa ninguna que en sus pueblos hobiese; y si no habia guerra, toda la
multitud de mantenimientos que habia, se repartia por los pobres y por
las viudas. Estos pobres habian de ser los que eran viejos
demasiadamente, los que eran cojos, mancos ó tollidos, ó toviesen otras
enfermedades; porque si estaban sanos, ninguna cosa les mandaban dar. Y
luego eran tornados á hinchir los depósitos con los tributos que eran
obligados á dar; y si por caso venia algun año de mucha esterilidad,
mandaban así mesmo abrir los depósitos y prestar á las provincias los
mantenimientos necesarios; y luego, en el año que hobiese hartura, lo
daban y volvian por su cuenta y medida cierta. Aunque los tributos que á
los Incas se daban no sirvieran para otras cosas que para las dichas,
era bien empleado, pues tenian su reino tan harto y bien proveido.

No consentian que ninguno fuese haragan y anduviese hurtando el trabajo
de otros, sino á todos mandaban trabajar. Y así, cada señor, en algunos
dias, iba á su chácara y tomaba el arado en las manos y aderezaba la
tierra, trabajando en otras cosas. Y aún los mismos Incas lo hacian,
puesto que era por dar buen ejemplo de sí; porque se habia de tener por
entendido, que no habia de haber ninguno tan rico que por serlo quisiese
baldonar y afrentar al pobre; y con su órden no habia ninguno que lo
fuese en toda su tierra, porque, teniendo salud, trabajaba y no le
faltaba, y estando sin ella, de sus depósitos le proveian de lo
necesario. Ni ningun rico podia traer más arreo ni ornamento de los
pobres, ni diferenciar el vestido y traje, salvo á los señores y
curacas, que estos, por la dignidad suya, podian usar de grandes
franquezas y libertades, y lo mesmo los orejones, que entre todas las
naciones eran jubilados.




_CAP. XX.--De cómo habia gobernadores puestos en las provincias, y de la
manera que tenian los reyes, cuando salian á visitarlas, y cómo tenian
por armas unas culebras ondadas con unos bastones._


Por muy cierto se averigua de los reyes deste reino, en el tiempo de su
señorio y reinado tuvieron en todas las cabeceras de las
provincias,--como eran Vilcas, Xauxa, Bombon, Caxamalca, Guancabamba,
Tomebamba, Latacunga[61], Quito, Carangui; y por la otra parte del
Cuzco, hácia el Mediodia, Hatuncana, Hatuncolla, Ayavire, Chuquiabo,
Chucuito, Paria, y otros que van hasta Chile,--sus delegados; porque en
estos lugares habia mayores aposentos y mas primos que en otros muchos
pueblos deste gran reino, y muchos depósitos; y eran como cabezas de
provincias ó de comarcas, porque de tantas á tantas leguas venian los
tributos á una destas cabeceras, y de tantas á tantas, iba á otra;
habiendo en esto tanta cuenta, que ningun pueblo dejaba de tener
conocido á donde habia de acudir. Y en todas estas cabeceras tenian los
reyes templos del sol y casa de fundicion y muchos plateros, que no
entendian en todo el tiempo en más que en labrar ricas piezas de oro, ó
grandes vasijas de plata; y habia mucha gente de guarnicion, y, como
dije, mayordomo mayor ó delegado que estaba sobre todos, y á quien venia
la cuenta de lo que entraba, y el que era obligado á la dar de lo que
salia. Y estos tales gobernadores no podian entremeterse en mandar en la
jurisdiccion agena y que tenia á cargo otro como él; mas en donde él
estaba, si habia algun escándalo y alboroto, tenia poder para
castigarlo, y más si era cosa de conjuracion ó de levantarse algun
tirano, ó de querer negar la obidiencia al rey; porque es cierto que
toda la fuerza estaba en estos gobernadores. Y si los Incas no cayeran
en ponerlos y en que hubiese los mitimaes, muchas veces se levantaran
los naturales y esimieran de sí el mando real; pero con tantas gentes de
guerra y tanto proveimiento de mantenimientos, no podian, si entre
todos, los unos y los otros, no hobiese trama de traicion ó
levantamiento; lo cual habia pocas veces, porque estos gobernadores que
se ponian, eran de gran confianza, y todos orejones y que los más dellos
tenian sus chácaras, que son heredades, en la comarca del Cuzco, y sus
casas y parientes; y si alguno no salia bastante para gobernar lo que
tenia á cargo, luego le era quitado el mando y puesto otro en su lugar.

Y estos, si en algunos tiempos venian al Cuzco á negocios privados ó
particulares con los reyes, dejaban en sus lugares tenientes, no á los
que ellos querian, sino á los que sabian que harian[62] con más
fidelidad lo que les quedaba mandado, y más á servicio de los Incas. Y
si alguno destos gobernadores ó delegados moria en su presidencia, los
naturales, cómo y de qué habia muerto con mucha presteza enviaban la
razon ó probanza dello al Señor, y aun los cuerpos de los muertos
llevaban por el camino de las postas, si vian que convenia. Lo que
tributaba cada término destas cabeceras y contribuian los naturales, así
oro, como plata, y ropa y armas, con todo lo demás que ellos daban, lo
entregaban por cuenta á los camayos que tenian los quipos, los cuales
hacian en todo lo que por este les era mandado en lo tocante á despender
estas cosas con la gente de guerra, ó repartillo con quien el Señor
mandaba, ó de llevallo al Cuzco; pero cuando de la ciudad del Cuzco
venian á tomar la cuenta, ó á que la fuesen á dar al Cuzco, los mesmos
contadores con los quipos la daban ó venian á la dar á donde no podia
haber fraude, sino todo habia de estar cabal. Y pocos años se pasaban
sin dar cuenta y razon de todas estas cosas.

Tenian gran autoridad estos gobernadores y poder bastante para formar
ejércitos y juntar gente de guerra, si súpitamente se recresciese alguna
turbacion ó levantamiento, ó que viniese alguna gente extraña por alguna
parte á dar guerra; y eran delante del Señor honrados y favorecidos; y
desto se quedaron, cuando entraron los españoles, muchos dellos con
mando perpétuo en provincias. Yo conozco algunos dellos y estar ya tan
aposesionados, que sus hijos heredan lo que era de otros.

Cuando en tiempo de paz salian los Incas á visitar su reino, cuentan que
iban por él con gran magestad, sentados en ricas andas, armadas sobre
unos palos lisos, largos, de maderas excelentes, engastonadas en oro y
en argentería; y de las andas salian dos arcos altos, hechos de oro,
engastonados en piedras preciosas, y caian unas mantas algo largas por
todas las andas, de tal manera, que las cubrian todas; y si no era
queriendo el que iba dentro, no podia ser visto, ni alzaban las mantas
sino era cuando entraba y salia; tanta era su estimacion. Y para que le
entrase aire y él pudiese ver el camino, habia en las mantas hechos
algunos agujeros. Por todas partes destas andas habia riqueza, y en
algunas estaban esculpidos el sol y la luna, y en otras unas culebras
grandes ondadas, y unos como bastones que las atravesaban;--esto traian
por insinia[63], por armas;--y estas andas las llevaban en hombros de
señores los mayores y más principales del reino, y aquel que más con
ellas andaba, aquel se tenia por más honrado y por más favorecido.

En redor de las andas y á la hila iba la guarda del rey con los
archeros y alabarderos, y delante iban cinco mill honderos, y detrás
venian otros tantos lanceros, con sus capitanes, y por los lados del
camino y por el mesmo camino, iban corredores fieles descubriendo lo que
habia y avisando la ida del Señor; y acudia tanta gente por lo ver, que
parecia que todos los cerros y laderas estaban llenos della; y todos le
daban sus bendiciones alzando alaridos y grita grande á su usanza;
llamándoles "_Ancha hatun apu, intipchuri, canqui zapallaapu tucuy pacha
ccampa uyay sullull_[64]"; que en nuestra lengua dirá: "Muy grande y
poderoso Señor, hijo del sol, tú sólo eres Señor, todo el mundo te oya
en verdad." Y sin esto le decian otras cosas más alto; tanto, que poco
faltaba para le adorar por Dios.

Todo el camino iban indios limpiando, de tal manera, que ni yerba ni
piedra no parescia, sino todo limpio y barrido. Andaba cada dia cuatro
leguas, ó lo que él queria; paraba lo que era servido, para entender el
estado de su reino; oia alegremente á los que con quejas le venian,
remediando y castigando á quien hacian injusticia. Los que con ellos
iban, no se desmandaban á nada ni salian del camino un paso. Los
naturales proveian de lo necesario, sin lo cual lo habia tan cumplido en
los depósitos, que sobraba, y ninguna cosa faltaba. Por donde iba,
salian muchos hombres y mugeres y muchachos á servir personalmente en
lo que les era mandado; y para llevar las cargas, los de un pueblo las
llevaban hasta otro, de donde los unos las tomaban, y los otros las
dejaban; y como era un dia, y cuando mucho dos, no lo sentian, ni dello
recebian agravio ninguno. Pues yendo el señor desta manera, caminaba por
su tierra el tiempo que le placia, viendo por sus ojos lo que pasaba, y
proveyendo lo que entendia que convenia: que todo era cosas grandes é
importantes; lo cual hecho, daba la vuelta al Cuzco, principal ciudad de
todo su imperio.




_CAP. XXI.--Cómo fueron puestas las postas en este reino._


Era tan grande el reino del Perú, que mandaban los Incas lo ya muchas
veces dicho desde Chile hasta Quito, y áun del rio de Maule hasta el de
Angasmayo; y si estando el rey en el un cabo destos, hobiera de ser
informado de lo que pasaba en el otro con quien anduviera por jornadas,
aunque fueran grandes, fuera una cosa muy larga; porque, á cabo de haber
andado mill leguas, ya seria sin tiempo lo que se habia de proveer, si
conviniera, ó remediar otros negocios de gobernacion. En fin, por esto,
é por en todo acertar á gobernar las provincias, los Incas inventaron
las postas, que fué lo mejor que se pudo pensar ni imaginar; y esto á
sólo Inca Yupanqui se debe, hijo que fué de Viracocha Inga, padre de
Tupac Inca, segun dél publican los cantares de los indios, y afirman los
orejones. No sólo lo de las postas inventó Inca Yupanqui, que otras
cosas grandes hizo, como iremos relatando. Y así, desde el tiempo de su
reinado, por todos los caminos reales fueron hechas de media legua á
media legua, poco más ó ménos, casas pequeñas bien cubiertas de paja é
madera, y entre las sierras estaban hechas por las laderas y peñascos de
tal manera, que fueron los caminos llenos destas casas pequeñas de
trecho á trecho, como es dicho de suso. Y mandóse que en cada una dellas
estuviesen dos indios con bastimentos, y que estos indios fuesen puestos
por los pueblos comarcanos, y que no estuviesen estantes, sino, de
tiempo á tiempo, que fuesen unos y viniesen otros; y tal órden hobo en
esto, que no fué menester más de mandarlo para nunca dejarlo de hacer
mientras los Incas reinaron.

Por cada provincia se tenia cuidado de poblar las postas que caian en
sus términos, y lo mismo hacian en los desiertos campos y sierras de
nieve los que estaban más cerca del camino. Y como fuese necesario dar
aviso en el Cuzco ó en otra parte á los reyes de alguna cosa que hobiese
sucedido ó que conviniese á su servicio, salian de Quito ó de Tomebanba,
ó de Chile ó de Caranqui, ó de otra parte cualquiera de todo el reino,
así de los llanos como de las sierras, y con demasiada presteza andaban
al trote sin parar aquella media legua; porque los indios que allí
ponian y mandaban estar, de creer es que serian ligeros y los más
sueltos de todos. Y como llegaba junto á la otra posta, comenzaba á
apellidar al que está en ella y á le decir: "Parte luego, y ve á tal
parte, y avisa desto y esto que ha acaecido, ó desto y esto que tal
gobernador hace saber al Inca." Y así como el que está lo ha oido, parte
con mayor priesa, y entra, el que viene, á descansar en la casilla, y á
comer y beber de lo que siempre en ella está, y el que va corriendo hace
lo mesmo.

De tal manera se hacia esto, que en breve tiempo sabian á trescientas
leguas, y quinientas, y ochocientas, y más y ménos, lo que habia pasado
ó lo que convenia proveer y ordenar. Y con tanto secreto usaban de sus
oficios estos que residian en las postas, que por ruego ni amenaza jamás
contaban lo que iban á avisar, aunque el aviso hobiese ya pasado
adelante. Y por tales caminos, así de sierras ásperas como de montañas
bravas, como de promontorios de nieves y secadales de pedregales llenos
de abrojos y de espinas de mill naturas, ván estos caminos, que se puede
tener por cierto y averiguado, que en caballos ligeros ni mulas no
pudiera ir la nueva con más velocidad que estos correos de pié; porque
ellos son muy sueltos, y andaba más uno de ellos en un dia, que
anduviera en tres un correo á caballo ó á mula; y no digo siempre un
indio, sino cómo y de la órden quellos tenian, que era andar uno media
legua, y otro otra media legua. Y es de saber, que nunca por tormenta ni
por cosa que sucediese, habia de estar posta ninguna despoblada, sino en
ella los indios que digo, los cuales, ántes que de allí se fuesen, eran
venidos otros á quedar en su lugar.

Y por esta manera eran avisados los señores de todo lo que pasaba en
todo su reino y señorío, y proveian lo que más les parescia convenir á
su servicio. En ninguna parte del mundo no se lee que se haya hallado
tal invençion, aunque sé que, desbaratado Xerxes el Grande, fué la nueva
así, por hombres de pié, en tiempo breve. Y cierto fué esto de las
postas, muy importante en el Perú, y que se vé bien por ello cuán buena
fué la gobernacion de los señores dél. Y hoy dia están en muchas partes
de las sierras, junto á los caminos reales, algunas casas destas en
donde estaban las postas, y por ellas vemos ser verdad lo que se dice. Y
aun tambien he visto yo algunos topos, que son, como atrás dije, á
manera de mojones de términos, salvo que estos de acá son grandes y
mejor hechos, y era por donde contaban sus leguas, y tiene cada uno
legua y media de Castilla.




_CAP. XXII.--Cómo se ponian los mitimaes, y cuántas suertes dellos
habia, y cómo eran estimados por los Incas._


En este capítulo quiero escrebir lo que toca á los indios que llaman
mitimaes, pues en el Perú tantas cosas dellos se cuentan, y tanto por
los Incas fueron honrados y privilegiados y tenidos, despues de los
orejones, por los más nobles de las provincias; y esto digo, porque en
la _Historia_, que llaman, _de Indias_, está escripto por el autor, que
estos mitimaes eran esclavos de Huaina Capac[65]. En estos descuidos
caen todos los que escriben por relacion y cartapacios, sin ver ni
saber la tierra de donde escriben, para poder afirmar la verdad.

En la mayor parte de las provincias del Perú, ó en todas ellas, habia y
aun hay de estos mitimaes[66], y tenemos entendido que hobo tres maneras
ó suertes dellos; lo cual convino grandemente para la sustentacion[67]
dél y para su conservacion, y áun para su poblacion; y entendido cómo y
de qué manera estaban puestos estos mitimaes y lo que hacian y
entendian, conocerán los letores cómo supieron los Incas acertar en todo
para la gobernacion de tantas tierras y provincias como mandaron.

_Mitimaes_ llaman á los que son traspuestos de una tierra en otra; y la
primera manera ó suerte de mitimaes mandada poner por los Incas, era,
que despues que por ellos habia sido conquistada alguna provincia ó
traida nuevamente á su servicio, tuvieron tal órden para tenella segura,
y para que con brevedad los naturales y vecinos della supiesen cómo la
habian de servir y de tener, y para desde luego entendiesen lo demás
que entendian y sabian sus vasallos de muchos tiempos, y para que
estuviesen pacíficos y quietos, y no todas veces tuviesen aparejo de se
rebelar, y si por caso se tratase dello, hobiese quien lo
estorbase,--trasmutaban de las tales provincias la cantidad de gente que
della parecia convenir que saliese; á los cuales mandaban pasar á poblar
otra tierra del temple y manera de donde salian, si fria fria, si
caliente caliente, en donde les daban las tierras y campos y casas tanto
y más como dejaron; y de las tierras y provincias que de tiempo largo
tenian pacíficas y amigables y que habian conoscido voluntad para su
servicio, mandaban salir otros tantos ó más y entremetellos en las
tierras nuevamente ganadas y entre los indios que acababan de sojuzgar,
para que dependiesen dellos las cosas arriba dichas, y los impusiesen en
su buena órden y pulicía, para que, mediante este salir de unos y entrar
de otros, estuviese todo seguro con los gobernadores y delegados que se
ponian, segun y como digimos en los capítulos de atrás.

Y conosciendo los Incas cuánto se siente por todas las naciones dejar
sus patrias y naturalezas propias, porque con buen ánimo tomasen aquel
destierro, es averiguado que honraban á estos tales que se mudaban, y
que á muchos dieron brazaletes de oro y de plata y ropas de lana y de
pluma y mugeres, y eran privilegiados en otras muchas cosas; y así,
entre ellos habia espías que siempre andaban escuchando lo que los
naturales hablaban é intentaban, de lo cual daban aviso á los
delegados, ó con priesa grande iban al Cuzco á informar dello al Inca.
Con esto, todo estaba seguro y los mitimaes temian á los naturales y los
naturales á los mitimaes, y todos entendian en obedecer y servir
llanamente. Y si en los unos ó en los otros habia motines ó tramas ó
juntas, hacianse grandes castigos; porque los Incas, algunos dellos
fueron vengativos y castigaban sin templanza y con gran crueldad.

Para este efecto estaban puestos los unos mitimaes, de los cuales
sacaban muchos para ovejeros y rabadanes de los ganados de los Incas y
del sol, y otros para roperos, y otros para plateros, y otros para
canteros y para labradores, y para debujar y esculpir y hacer bultos; en
fin, para lo que más le mandaban y dellos requerian servir. Y tambien
mandaban que de los pueblos fuesen á ser mitimaes á las montañas de los
Andes, á sembrar maíz y criar la coca y beneficiar los árboles de fruta,
y proveer de la[68] que faltaba en los pueblos donde con los frios y con
las nieves no se pueden dar ni sembrar estas cosas.

Para el segundo efecto que los mitimaes se pusieron, fué, porque los
indios de las fronteras de los Andes, como son Chunchos y Moxos
Cheriguanaes, que los más dellos tienen sus tierras á la parte de
Levante á la decaida de las sierras, y son gentes bárbaras y muy
belicosas, y que muchos dellos comen carne humana, y que muchas veces
salieron á dar guerra á los naturales de acá y les destruyan sus campos
y pueblos, llevando presos los que dellos podian; para remedio desto,
habia en muchas partes capitanías y guarniciones ordinarias, en las
cuales estaban algunos orejones. Y porque la fuerza de la guerra no
estuviese en una nacion, ni presto supiesen concertarse para alguna
rebelion ó conjuracion, sacaban para soldados destas capitanías,
mitimaes de las partes y provincias que convenian, los cuales eran
llevados á donde digo, y tenian sus fuertes, que son pucaraes, para
defenderse, si tuviesen necesidad; y proveian de mantenimiento á esta
gente de guerra, del maíz y otras cosas de comida que los comarcanos
proveian de sus tributos y derramas que les eran echadas; y la paga que
se les hacia, era, en algunos tiempos mandalles dar algunas ropas de
lana y plumas ó braceletes de oro y de plata á los que se mostraban más
valientes; y tambien les daban mujeres de las muchas que en cada
provincia estaban guardadas en nombre del Inca; y como todas las más
eran hermosas, teníanlas y estimábanlas en mucho. Sin esto les daban
otras cosas de poco valor; lo cual tenian cargo de proveer los
gobernadores de las provincias, porque tenian mando y poder sobre los
capitanes á quien estos mitimaes obedecian. Y sin las partes dichas,
tenian algunas destas guarniciones en las fronteras de los Chachapoyas y
Bracamoros, y en el Quito, y en Caranque, que es adelante del Quito, al
Norte, junto á la provincia que llaman de Popayan, y en otras partes
donde seria menester, así en Chile como en los llanos y sierras.

La otra manera de poner mitimaes era más extraña; porque, aunque esotras
son grandes, no es novedad poner capitanes y gente de guarnicion en
fronteras, puesto que hasta agora no ha faltado quien así lo haya
acertado á hacer; y era, que si por caso, andando conquistando la tierra
de sierras ó valles ó campaña ó en ladera aparejada para labranza y
crianza, y que fuese de buen temple y fértil, que estuviese desierta y
despoblada, que fuese como he dicho y teniendo las partes que he puesto,
luego con mucha presteza mandaban que de las provincias comarcanas que
tuviesen el mismo temple que aquellas, para la sanidad de los
pobladores, que viniesen tantos que bastasen á poblarlas, á los cuales
luego repartian los campos, proveyéndolos de ganados y mantenimientos
todo lo que habian menester, hasta tener fructo de sus cosechas; y tan
buenas obras se hacian á estos tales, y tanta diligencia en ello mandaba
poner el rey, que en breve tiempo estaba poblado y labrado y tal, que
era gran contento verlo. Y desta manera se poblaron muchos valles en los
llanos y pueblos en la serranía de los que los Incas vian, como de los
que por relacion sabian haber en otras partes; y á estos nuevos
pobladores, por algunos años no les pedian tributo ni ellos lo daban,
ántes eran proveidos de mujeres y coca y mantenimientos, para que con
mejor voluntad entendieren en sus poblaciones.

Y desta manera habia en estos reinos, en los tiempos de los Incas, muy
poca tierra que pareciese fertil que estuviese desierta, sino todo tan
poblado como saben los primeros chripstianos que en este reino entraron.
Que por cierto no es pequeño dolor contemplar, que siendo aquellos Incas
gentiles é idólatras, tuviesen tan buena órden para saber gobernar y
conservar tierras tan largas, y nosotros, siendo chripstianos, hayamos
destruido tantos reinos; porque, por donde quiera que han pasado
chripstianos conquistando y descubriendo, otra cosa no parece sino que
con fuego se va todo gastando. Y háse de entender, que la ciudad del
Cuzco tambien estaba llena de gentes estranjeras, todo de industria;
porque habiendo muchos linages de hombres, no se conformasen para
levantamiento ni otra cosa que fuese deservicio del rey; y [de] esto hoy
dia están en el Cuzco Chachapoyas y Cañares y de otras partes, de los
que han quedado de los que allí se pusieron.

Tiénese por muy cierto de los mitimaes, que [se] usaron desde Inca
Yupanqui, el que puso las postas, y el primero que entendió [en]
engrandecer el templo de Curicancha, como se dirá en su lugar; y aunque
otros algunos indios dicen que fueron puestos estos mitimaes desde el
tiempo de Viracocha Inga, padre de Inca Yupanqui, podrálo creer quien
quisiere, que yo hice tanta averiguacion sobre ello, que torno [á]
afirmar haberlo inventado Inca Yupanqui; y así lo creo y tengo para mí;
y con tanto, pasemos adelante.




_CAP. XXIII.--Del gran concierto que se tenia cuando salian del Cuzco
para la guerra los Señores, y cómo castigaban los ladrones._


Conté en los capítulos de atrás de la manera que salia el Señor á
visitar el reino, para ver y entender las cosas que en él pasaban; y
agora quiero dar á entender al lector cómo salian para la guerra y la
órden que en ello se tenia. Y es, que como estos indios son todos
morenos y alharaquientos y que en tanto se parecen los unos á otros,
como hoy dia vemos los que con ellos tratamos; para quitar
inconvenientes y que los unos á los otros se entendiesen, porque si no
era cuando algunos orejones andaban visitando las provincias, nunca en
ninguna dejaron de hablar en lengua natural, puesto que por la ley que
lo ordenaba eran obligados á saber la lengua del Cuzco, y en los reales
era lo mesmo, y lo que es en todas partes; pues está claro, que si el
Emperador tiene un campo en Italia, y hay españoles, tudescos,
borgoñones, flamencos é italianos, que cada nacion hablará en su
lengua;--y por esto, se usaba en todo este reino, lo primero, de las
señales en las cabezas diferentes las unas de otras; porque si eran
Yuncas[69], andaban arrebozados como gitanos[70]; y si eran Collas,
tenian unos bonetes como hechura de morteros, hechos de lana; y si
Canas; tenian otros bonetes mayores y muy anchos; los Cañares traian
unas coronas de palo delgado como aro de cedazo; los Guancas unos
ramales que les caian por debajo de la barba, y los cabellos
entrenchados; los Canchis[71] unas vendas anchas coloradas ó negras por
encima de la frente; por manera, que así estos como todos los demás,
eran conocidos por estas [señales] que tenian por insinia[72], que era
tan buena y clara, que aunque hobiera juntos quinientos mill hombres,
claramente se conoscieran los unos á los otros. Y hoy dia, donde vemos
junta de gente, luego decimos, estos son de tal parte, y estos de tal
parte; que por esto, como digo, eran unos de otros conocidos.

Y los reyes, para que en la guerra, siendo muchos, no se embarazasen y
desordenasen, tenian esta órden: que en la gran plaza de la cibdad del
Cuzco estaba la piedra de la guerra, que era grande, de la forma y
hechura de un pan de azúcar, bien engastonada y llena de oro; y salia el
rey con sus consejeros y privados á donde mandaba llamar á los
principales y caciques de las provincias, [para saber] de los cuales
los que entre sus indios eran más valientes, para señalar por mandones y
capitanes; y sabido, se hacia el nombramiento; que era, que un indio
tenia cargo de diez, y otro de cincuenta, y otro de ciento, y otro de
quinientos, é otro de mill, é otro de cinco mill, y otro de diez mill; y
estos que tenian estos cargos, era cada uno de los indios de su patria,
y todos obedecian al capitan general del rey. Por manera, que siendo
menester enviar diez mill hombres [á] algun combate ó guerra, no era
menester más de abrir la boca y mandarlo, y si cinco mill[73], por el
consiguiente; y lo mesmo para descubrir el campo, y para escuchas y
rondas, á los que tenian menos gente. Y cada capitanía llevaba su
bandera, y unos eran honderos, y otros lanceros, y otros peleaban con
macanas, y otros con ayllos y dardos, y algunos con porras.

Salido el Señor del Cuzco, habia grandísima órden, aunque fuesen con él
trescientos mill hombres; iban con concierto por sus jornadas de tambo á
tambo, á donde hallaban proveimiento para todos, sin que nada faltase, é
muy cumplido, é muchas armas y alpargates y toldos para la gente de
guerra, y mugeres é indios para servirlos y llevarles sus cargas de
tambo á tambo, á donde habia el mesmo proveimiento y abasto de
mantenimiento; y el Señor se alojaba y la guarda estaba junto á él, y la
demás gente se aposentaba en la redonda en los muchos aposentos que
habia; y siempre iban haciendo bailes y borracheras, alegrándose los
unos á los otros.

Los naturales de las comarcas por donde pasaban, no habian de ausentarse
ni dejar de proveer lo acostumbrado y servir con sus personas á los que
iban á guerra, sopena de que eran castigados en mucho; y los soldados y
capitanes, ni los hijos de los mismos Incas, eran osados á les hacer
ningun mal tratamiento ni robo ni insulto, ni forzaban á muger ninguna,
ni les tomaban una sola mazorca de maíz; y si salian deste mandamiento y
ley de los Incas, luego les daban pena de muerte; y si alguno habia
hurtado, lo azotaban harto más que en España, é muchas veces le daban
pena de muerte. Y haciéndolo ansí, en todo habia razon y órden, y los
naturales no osaban dejar de servir y proveer á la gente de guerra
bastantemente, y los soldados tampoco querian roballos ni hacelles mal,
temiendo el castigo. Y si habia algunos motines ó conjuraciones ó
levantamientos, los principales y más movedores llevaban al Cuzco á buen
recaudo, donde los metian en una cárcel que estaba llena de fieras, como
culebras, víboras, tigres, osos, y otras sabandijas malas; y si alguno
negaba, decian que aquellas serpientes no le harian mal, y si mentia,
que le matarian; y este desvarío tenian y guardaban por cierto. Y en
aquella espantosa cárcel tenian siempre, por delitos que hecho habian,
mucha gente, los cuales miraban de tiempo á tiempo; y si su suerte tal
habia sido que no le hobiesen mordido [á] algunos dellos, sacábanlos,
mostrando grande lástima, y dejábanlos volver á sus tierras. Y tenian
en esta cárcel carceleros los que bastaban para la guarda della, y para
que tubiesen cuidado de dar de comer á los que se prendian, y áun á las
malas sabandijas que allí tenian. Y cierto, yo me reí bien de gana
cuando en el Cuzco oí que solia haber esta cárcel, y aunque me dijeron
el nombre, no me acuerdo, y por eso no lo pongo[74].




_CAP. XXIV.--Cómo los Incas mandaron hacer á los naturales pueblos
concertados, repartiendo los campos en donde sobrello podrian haber
debates, y cómo se mandó que todos generalmente hablasen la lengua del
Cuzco._


En los tiempos pasados, ántes que los Incas reinasen, es cosa muy
entendida que los naturales destas provincias no tenian los pueblos
juntos como ahora los tienen, sino fortalezas con sus fuertes, que
llaman _pucaraes_[75], de donde salian á se dar los unos á los otros
guerra; y así siempre andaban recatados y vivian con grandísimo trabajo
y desasosiego. Y como los Incas reinaron sobre ellos, paresciéndoles
mal esta órden y la manera que tenian en los pueblos, mandáronles,
procurándolo en unas partes con halagos y en otras con amenazas, y en
todos lugares con dones que les hacian, á que tuvieren por bien de no
vivir como salvajes, mas ántes, como hombres de razon, asentasen sus
pueblos en los llanos y laderas de las sierras juntos en barrios, como y
de la manera que la disposicion de la tierra lo ordenase; y desta
manera, los indios, dejados los pucaraes que primeramente tenian,
ordenaron sus pueblos de buena manera, así en los valles de los llanos,
como en la serranía y llanura de Collao; y para que no tuviesen enojo
sobre los campos y heredades, los mismos Incas les repartieron los
términos, señalando lo que cada uno habia de tener, en donde se puso
límites, para conocimiento de los que habian y despues dellos nasciesen.
Esto claro lo dicen los indios hoy dia, y á mí me lo dijeron en Xauxa, á
donde dicen que uno de los Incas les repartia entre unos y otros los
valles y campos que hoy tienen, con la cual órden se han quedado y
quedarán. Y por muchos lugares destos que estaban en la sierra, iban
echadas acequias sacadas de los rios con mucho primor y grande ingenio
de los que las sacaron; y todos los pueblos, los unos y los otros,
estaban llenos de aposentos y depósitos de los reyes, como en muchos
lugares está dicho.

Y entendido por ellos cuán gran trabajo seria caminar por tierra tan
larga y á donde á cada legua y á cada paso habia nueva lengua, y que
seria gran dificultad el entender á todos por interpretes, escogiendo
lo más seguro, ordenaron y mandaron, so graves penas que pusieron, que
todos los naturales de su imperio entendiesen y supiesen la lengua del
Cuzco generalmente, así ellos como sus mujeres; de tal manera, que aun
la criatura no hobiese dejado el pecho de su madre, cuando le comenzasen
á mostrar la lengua que habia de saber. Y aunque al principio fué
dificultoso, y muchos se pusieron en no querer deprender más lenguas de
las suyas propias, los reyes pudieron tanto, que salieron con su
intencion, y ellos tovieron por bien de cumplir su mandado; y tan de
veras se entendió en ello, que en el tiempo de pocos años se sabia y
usaba una lengua en más de mill y doscientas leguas; y aunque esta
lengua se usaba, todos hablaban las suyas, que eran tantas, que aunque
lo escribiese no lo creerian.

Y como saliese un capitan del Cuzco ó alguno de los orejones á tomar
cuenta ó residencia, ó por juez de comision, entre algunas provincias, ó
para visitar lo que le era mandado, no hablaba en otra lengua que la del
Cuzco, ni ellos con él. La cual es muy buena, breve y de gran
comprehension y abastada de muchos vocablos, y tan clara, que en pocos
dias que yo la traté, supe [lo] que me bastaba para preguntar muchas
cosas por donde quiera que andaba. Llaman al hombre en esta lengua
_luna_ [runa], y á la mujer _guarare_ [huarmi], y á el padre _yaya_, y
al hermano[76] _guayqui_ [huauque], y á la hermana[77] _nana_ [ñaña], y
á la luna _quilla_, y al mes por el consiguiente, y al año _guata_, y al
dia _pinche_ [punchau], y á la noche _tota_ [tuta], y á la cabeza llaman
_oma_ y á los orejas _lile_ [rinri], y á los ojos _naui_ [ñahui], y á
las narices _sunga_ [zenca ó singa] y los dientes _queros_ [quiru], y á
los brazos _maqui_ y á las piernas _chaqui_.

Estos vocablos solamente pongo en esta Corónica, porque agora veo que
para saber la lengua que antiguamente se usó en España, andan variando,
atinando unos á uno y otros á otro; porque los tiempos que han de venir,
es sólo para Dios saber los sucesos que han de tener; por tanto, para si
algo viniere que enfrie ó haga olvidar lengua que tanto cundió y por
tanta gente se usó, que no estén vacilando cuál fué la primera ó la
general, ó de dónde salió, ó lo que sobre esto más se desea. Y con
tanto, digo que fué mucho beneficio para los españoles haber esta
lengua, pues podian con ella andar por todas partes, en algunas de las
cuales ya se vá perdiendo.




_CAP. XXV.--Cómo los Incas fueron limpios del pecado nefando y de otras
fealdades que se han visto en otros príncipes del mundo._


En este reino del Perú, pública fama es entre todos los naturales dél,
cómo en algunos pueblos de la comarca de Puerto Viejo se usaba el pecado
nefando de la sodomia,--y tambien en otras tierras habria malos cómo en
las demás del mundo. Y notaré de esto una gran virtud destos Incas,
porque, siendo señores tan libres y que no tenian á quién dar cuenta, y
ni habia ninguno tan poderoso entre ellos que se la tomase, y que en
otra cosa no entendian las noches y los dias que en darse á lujuria con
sus mujeres, y otros pasatiempos;--y jamás se dice ni cuenta que ninguno
dellos usaba el pecado susodicho, ántes aborrecian á los que lo usaban,
teniéndolos en poco como á viles apocados, pues en semejante suciedad se
gloriaban. Y no solamente en sus personas no se halló este pecado, pero
ni áun consentian estar en sus casas ni palacios ningunos que supiesen
que lo usaban; y áun sin todo esto, me parece que oí decir, que si por
ellos era sabido de alguno que tal pecado hubiese cometido,
castigaban[le] con tal pena, que fuese señalado y conocido entre todos.
Y en esto no hay que dudar, sino ántes se ha de creer que en ninguno
dellos cupo tal vicio, ni de los orejones, ni de otras muchas naciones;
y los que han escripto generalmente de los indios, condenándolos en
general en este pecado, afirmando que son todos sodométicos, han
acargádose en ello y, cierto, son obligados á desdecirse, pues ansí han
querido condenar tantas naciones y gentes, que son harto más limpios en
esto de lo que yo puedo afirmar. Porque, dejando aparte lo de Puerto
Viejo, en todo el Perú no se hallaron estos pecadores, sino como es en
cada cabo y en todo lugar uno, ó seis, ó ocho, ó diez, y estos, que de
secreto se daban á ser malos; porque los que tenian por sacerdotes en
los templos, con quien es fama que en los dias de fiesta se ayuntaban
con ellos los señores, no pensaban ellos que cometian maldad ni que
hacian pecado, sino por sacrificio y engaño del Demonio se usaba[78]. Y
aun que por ventura podria ser que los Incas inorasen que tal cosa en
los templos se cometiese; [y] puesto que disimulaban algo, era por no
hacerse mal quistos, y con pensar que bastaba que ellos mandasen por
todas partes adorar el sol y á los más sus dioses, sin entremeterse en
proibir religiones y costumbres antiguas, que es á par de muerte á los
que con ellas nascieron quitárselas.

Y aun tambien tenemos por entendido, que antiguamente, ántes que los
Incas reinasen, en muchas provincias andaban los hombres como salvajes,
y los unos salian á se dar guerra á los otros, y se comian como agora
hacen los de la provincia de Arma y otros de sus comarcas; y luego que
reinaron los Incas, como gente de gran razon y que tenian santas y
justas costumbres y leyes, no solamente ellos no comian aquel manjar,
porque de otros muchos ha sido y es muy estimado, pero pusiéronse en
quitar tal costumbre á los que con ellos trataban, y de tal manera, que
en poco tiempo se olvidó y totalmente se tiró, que en todo su señorío,
que era tan grande, no se comian ya de muchos años ántes. Los que agora
han sucedido, muestran que en ello les vino beneficio notable de los
Incas, por no imitar ellos á sus pasados en comer aqueste manjar, en los
sacrificios de hombres y niños.

Publican unos y otros,--que aún, por ventura, algun escriptor destos que
de presto se arroja lo escribirá,--que mataban, habia dias de sus
fiestas, mill ó dos mill niños y mayor número de indios; y esto y otras
cosas son testimonio que nosotros los españoles levantamos á estos
indios, queriendo con estas cosas que dellos contamos, encubrir nuestros
mayores yerros y justificar los malos tratamientos que de nosotros han
recebido. No digo yo que no sacrificaban y que no matavan hombres y
niños en los tales sacrificios; pero no era lo que se dice ni con mucho.
Animales y de sus ganados sacrificaban, pero criaturas humanas menos de
lo que yo pensé, y harto, segund contaré en su lugar.

Así que, tengo sabido por dicho de los orejones antiguos, que estos
Incas fueron limpios en este pecado, y que no usaban de otras costumbres
malas de comer carne humana, ni andar envueltos en vicios públicos, ni
eran desordenados, antes ellos á sí propios se corregian. Y si Dios
permitiera que tuvieran quien con celo de chripstiandad, y no con ramo
de codicia, en lo pasado les dieran entera noticia de nuestra sagrada
religion, era gente en quien bien imprimiera, segund vemos por lo que
agora con la buena órden que hay se obra. Pero, dejemos lo que se ha
hecho, á Dios, quél sabe por que; y en lo que de aquí adelante se
hiciere, supliquémosle nos dé su gracia, para que paguemos en algo á
gentes que tanto debemos y que tan poco nos ofendió para haber sido
molestados de nosotros, estando el Perú y las demás Indias tantas leguas
d'España, y tantos mares en medio.




_CAP. XXVI.--De cómo tenian los Incas consejeros y ejecutores de la
justicia, y la cuenta que tenian en el tiempo._


Como la ciudad del Cuzco era la más principal de todo el Perú, y en ella
residian lo más del tiempo los reyes, tenian en la misma ciudad muchos
de los principales del pueblo que eran entre todos los más avisados y
entendidos, para sus consejeros; porque todos afirman, que ántes que
intentasen cosa ninguna y de importancia, lo comunicaban con estos
tales, allegando su parecer á los más votos; y para la gobernacion de la
ciudad, y que los caminos estuviesen seguros, y por ninguna parte se
hiciesen ningunos insultos ni latrocinios, de los más reputados[79]
destos, nombraban para que siempre anduviesen castigando á los que
fuesen malos; y para esto, andaban siempre mucho por todas partes. De
tal manera entendian los Incas en proveer justicia, que ninguno osaba
hacer desaguisado ni hurto. Esto se entiende cuanto á lo tocante á los
que andaban hechos ladrones, ó forzaban mujeres, ó conjuraban contra los
reyes; porque en lo demás, muchas provincias hobo que tuvieron sus
guerras unos con otros, y del todo no pudieron los Incas apartallos
dellas.

En el rio que corre junto al Cuzco se hacia la justicia de los que allí
se prendian ó de otra parte traian presos, á donde les cortaban las
cabezas y les daban muerte de otras maneras, como á ellos les agradaba.
Los motines y conjuraciones castigaban mucho, y más que á todos, los que
eran ladrones y tenidos ya por tales; los hijos y mujeres de los cuales
eran aviltados y tenidos por á rentados entre ellos mismos.

En cosas naturales alcanzaron mucho estos indios, así en el movimiento
del sol como en el de la luna; y algunos indios decian habia cuatro
cielos grandes, y todos afirman que el asiento y silla del gran Dios
Hacedor del mundo es en los cielos. Preguntándoles yo muchas veces si
alcanzan quel Mundo se ha de acabar, se ríen; y sobre esto saben poco, y
si algo saben, es lo que Dios permite quel Demonio les diga. A todo el
Mundo llaman _Pacha_, conociendo la vuelta quel sol hace, y las
crecientes y menguantes de la luna. Contaron el año por ello, al cual
llaman _guata_, y lo hacen de doce lunas, teniendo su cuenta en ello; y
usaron de unas torrecillas pequeñas, que agora están muchas por los
collados del Cuzco algo cuidadas[80], para por la sombra quel sol hacia
en ellas, entender en sementeras y en lo que ellos más sobre esto
entienden. Y estos Incas miraban mucho en el cielo y en las señales dél,
lo cual tambien pendia de ser ellos tan grandes agoreros. Cuando las
estrellas corren, grande es la grita que hacen y el mormullo que unos
con otros tienen.




_CAP. XXVII.--Que trata la riqueza del templo de Curicancha y de la
veneracion que los Incas le tenian._


Concluido con algunas cosas que para mi propósito convienen que se
escriban, volveremos luego con grand brevedad á contar la sucesion de
los reyes que hobo hasta Guascar; y agora quiero decir del grande,
riquísimo y muy nombrado templo de Curicancha, que fué el más principal
de todos estos reinos.

Y es público entre los indios, ser este templo tan antiguo como la mesma
ciudad del Cuzco; más de que Inca Yupanqui, hijo de Viracocha Inga, lo
acrescentó en riquezas y paró tal como estaba cuando los chrisptianos
entraron en el Perú; y lo más del tesoro fué llevado á Caxamarca por el
rescate de Atahuallpa, como en su lugar diremos. Y dicen los orejones,
que despues de haber pasado la dudosa guerra que tuvieron los vecinos
del Cuzco con los Chancas, que agora son señores de la provincia de
Andaguaylas, que como de aquella vitoria que dellos tuvieron quedase
Inca Yupanqui tan estimado y nombrado, de todas partes acudian señores á
le servir, haciéndole las provincias grandes servicios de metales de oro
y plata; porque, en aquellos tiempos, habia grandes mineros y vetas
riquísimas; y viéndose tan rico y poderoso, acordó de ennoblecer la Casa
del Sol,--que en su lengua llaman _Indeguaxi_ [Intihuasi], y por otro
nombre la llamaban _Curicancha_, que quiere decir cercado de oro,--y
acrecentalla con riqueza. Y por que todos los que esto vieren ó leyeren
acaben de conocer cuán rico fué el templo que hobo en el Cuzco y el
valor de los que edificaron y en él hicieron tan grandes cosas, porné
aquí la memoria dél, segund que yo ví é oí á muchos de los primeros
chripstianos que oyeron á los tres[81] que vinieron desde Caxamarca,
que [le] habian visto; aunque los indios cuentan tanto dello y tan
verdadero, que no es menester otra probanza.

Tenia este templo en circuito más de cuatrocientos pasos, todo cercado
de una muralla fuerte, labrado todo el edificio de cantería muy
excelente de fina piedra muy bien puesta y asentada, y algunas piedras
eran muy grandes y soperbias; no tenian mezcla de tierra ni cal, sino
con el betun que ellos suelen hazer sus edificios, y están tan bien
labradas estas piedras, que no se le parece mezcla ni juntura ninguna.
En toda España no he visto cosa que pueda compararse á estas paredes y
postura de piedra, sino la torre que llaman la Calahorra, questá junto
con la puente de Córdoba, y á una obra que ví en Toledo, cuando fuí á
presentar la _Primera parte_ de mi _Corónica_ al príncipe don Felipe,
ques el hospital que mandó hacer el arzobispo de Toledo Tavera[82]; y
aunque algo se parecen estos edificios á los que digo, los otros son más
primos, digo cuanto á las paredes y á las piedras estár primísimamente
labradas y asentadas con tanta sotilidad; y esta cerca estaba derecha y
muy bien trazada. La piedra me pareció ser algo negra y tosca y
excelentísima[83]. Habia muchas puertas, y las portadas muy bien
labradas; á media[84] pared, una cinta de oro de dos palmos de ancho y
cuatro dedos de altor. Las portadas y puertas estaban chapadas con
planchas de este metal. Más adentro estaban cuatro casas no muy grandes
labradas desta manera, y las paredes de dentro y de fuera chapadas de
oro, y lo mesmo el enmaderamiento, y la cobertura era paja que servia
por teja. Habia dos escaños en aquella pared, en los cuales daba el sol
en saliendo, y estaban las piedras sotilmente horadadas y puestas en los
agujeros muchas piedras preciosas y esmeraldas. En estos escaños se
sentaban los reyes, y si otro lo hacia, tenia pena de muerte.

A las puertas destas casas estaban puestos porteros que tenian cargo de
mirar por las vírgenes, que eran muchas hijas de señores principales,
las más hermosas y apuestas que se podian hallar; y estaban en el templo
hasta ser viejas; y si alguna tenia conocimiento con varon, la mataban ó
la enterraban viva, y lo mesmo hacian á él. Estas mujeres eran llamadas
_mamaconas_; no entendian en más de tejer y pintar ropa de lana para
servicio del templo y en hacer _chicha_, que es el vino que hacen, de
que siempre tenian llenas grandes vasijas.

En la una destas casas, que era la más rica, estaba la figura del sol,
muy grande, hecha de oro, obrada muy primamente, engastonada en muchas
piedras ricas; y estaban en aquélla algunos de los bultos de los Incas
pasados que habian reinado en el Cuzco, con gran multitud de tesoros.

A la redonda deste templo habia muchas moradas pequeñas de indios
questaban diputados para servicio dél, y habia un cercuito donde metian
los corderos blancos y los niños y hombres que sacrificaban. Tenian un
jardin que los terrones eran pedazos de oro fino, y estaba
artificiosamente sembrado de maizales, los cuales eran [de] oro, así las
cañas dello como las hojas y mazorcas; y estaban tan bien plantados, que
aunque hiciesen recios vientos no se arrancaban. Sin todo esto tenian
hechas más de veinte ovejas de oro con sus corderos, y los pastores con
sus hondas y cayados, que las guardaban, hechos deste metal. Habia mucha
cantidad de tinajas de oro y de plata y esmeraldas, vasos, ollas y todo
género de vasijas, todo de oro fino. Por otras paredes tenian esculpidas
y pintadas otras mayores cosas. En fin, era uno de los ricos templos que
hubo en el mundo.

El gran sacerdote, llamado _Vilaoma_ [Villac Umu], tenia su morada en el
templo, y con los sacerdotes hacia los sacrificios ordinarios con
grandes supersticiones, segund su costumbre. A las fiestas generales iba
el Inca á se hallar presente á los sacrificios, y se hacian grandes
fiestas. Habia dentro en la casa y templo más de treinta trojes de
plata, en que echaban el maíz, y tenia este templo muchas provincias que
contribuian con tributos para su servicio. En algunos dias era visto el
Demonio por los sacerdotes, y daba respuestas vanas y conformes á el que
las daba.

Otras muchas cosas pudiera decir deste templo, que dejo, porque me
parece que basta lo dicho para que se entienda cuán grande cosa fué;
porque no trato de la argentería, chaquira, plumaje de oro y otras
cosas, que si las escribiera, no fueran creidas. Y, lo que tengo dicho,
aún viven chripstianos que vieron la mayor parte dello, que se llevó á
Caxamaca para el rescate de Atahualpa; pero mucho escondieron los indios
y está perdido y enterrado. Aunque todos los Incas habian adornado este
templo, en tiempo de Inca Yupanqui se acrecentó de tal manera, que
cuando murió y Tupac-Inca, su hijo, hobo el imperio, quedó en esta
perficion.




_CAP. XXVIII.--Que trata los templos que sin este se tenian por más
principales, y los nombres que tenian._


Muchos fueron los templos que hobo en este reino del Perú, y algunos se
tienen por muy antiguos, porque fueron fundados ántes, con muchos
tiempos, que los Incas reinasen, así en la serrania de los altos, como
en la serrania (_así_) de los llanos; y reinando los Incas, se
edificaron de nuevo otros muchos en donde se hacian sus fiestas é
sacrificios. Y porque hacer mencion de los templos que habia en cada
provincia en particular, seria cosa muy larga y prolija, determino de
contar en este lugar solamente los que tuvieron por más eminentes é
principales. Y así, digo, que despues del templo de Curicancha, era la
segunda guaca de los Incas el cerro de Guanacaure, que está á vista de
la ciudad, y era por ellos muy frecuentado y honrado por lo que algunos
dicen quel hermano del primer Inca se convertió en aquel lugar en
piedra, al tiempo que salian de Pacaritambo [Pacarec Tampu], como al
principio se contó. Y habia en este cerro antiguamente oráculo por donde
el maldito Demonio hablaba; y estaba enterrado á la redonda suma de
grande tesoro, y en algunos dias se sacrificaban hombres y mujeres, á
los cuales, antes que fuesen sacrificados, los sacerdotes les hacian
entender que habian de ir á servir [á] aquel Dios que allí adoraban,
allá en la gloria que ellos fingian con sus desvaríos que tenian; y así,
teniéndolo por cierto los que habian de ser sacrificados, los hombres se
ponian muy galanos y ataviados con sus ropas de lana fina, y llautos de
oro, y patenas, y brazaletes, y sus oxotas con sus correas de oro; y
despues de haber oido el parlamento que los mentirosos de los sacerdotes
les hacian, les daban á beber mucho de su chicha con grandes vasos de
oro, y solenizaban [con] cantares el sacrificio, publicando en ellos,
que, por servir á sus dioses, ofrecian sus vidas de tal suerte, teniendo
por alegre recebir en su lugar la muerte. Y habiendo bien endechado
estas cosas, eran ahogados por los ministros, y puestos en los hombros
sus _quipes_[85] de oro y un jarrillo de lo mesmo en la mano, los
enterraban á la redonda del oráculo, en sus sepulturas. Y á estos tales
tenian por santos canonizados entre ellos, creyendo sin duda ninguna que
estaban en el cielo sirviendo á su Guanacaure. Las mujeres que
sacrificaban iban vestidas asimismo ricamente con sus ropas finas de
colores y de pluma, y sus topos de oro, y sus cucharas, y escudillas y
platos, todo de oro; y así aderezadas, despues que han bien bebido, las
ahogaban y enterraban, creyendo, ellas y los que las mataban, que iban á
servir á su diablo ó Guanacaure. Y hacíanse grandes bailes y cantares,
cuando se hacian semejantes sacrificios questos. Tenian este ídolo,
donde estaba el oráculo, con sus chácaras, yanaconas, y ganados, y
mamaconas, y sacerdotes que se aprovechaban de lo más dello.

El tercero oráculo y guaca de los Incas era el templo de Vilcanota, bien
nombrado en estos reinos, y á donde, permitiéndolo nuestro Dios y Señor,
el Demonio tuvo grandes tiempos poder grande y hablaba por boca de los
falsos sacerdotes, que para servicio de los ídolos en él estaban. Y
estaba este templo de Vilcanota poco más de veinte leguas del Cuzco,
junto al pueblo de Chungara; y fué muy venerado y estimado y que se
ofrecieron muchos dones y presentes, así por los Incas y señores, como
por los ricos hombres de las comarcas [de] donde venian á sacrificar; y
tenia sus sacerdotes y mamaconas y sementeras, y casi cada año se hacian
en este templo ofrendas de la capacocha, que es lo que luego diré.
Dábase grande crédito á lo que el Demonio decia por sus respuestas, y á
tiempos, se hacian grandes sacrificios de aves y ganados y otros
animales.

El cuarto templo estimado y frecuentado por los Incas y naturales de las
provincias, fué la guaca de Ancocagua, donde tambien habia oráculo muy
antiguo y tenido en gran veneracion. Estaba pegado con la provincia de
Hátun Cana, y á tiempos iban de muchas partes con grand veneracion á
este demonio á oir sus vanas respuestas; y habia en él grand suma de
tesoros, porque los Incas y todos los demás los ponian allí. Y dícese
tambien, que sin los muchos animales que sacrificaban á este diablo, que
ellos tenian por dios, hacian lo mesmo de algunos indios é indias, así y
como conté que se usaba en el cerro de Guanacaure. Y que hobiese en este
templo la riqueza que se dice, tiénese por verdad, porque despues de
haber los españoles ganado al Cuzco con más de tres años, y haber los
sacerdotes y caciques alzado los grandes tesoros que todos estos templos
tenian, oí decir que un español llamado Diego Rodríguez Elemosin (_así_)
sacó desta guaca más de treinta mill pesos de oro; y sin esto se ha
hallado más, y todavía hay noticia de haber enterrado grandísima
cantidad de plata y oro en partes que no hay quien lo sepa, si Dios no,
y nunca se sacarán si no fuera acaso ó de ventura.

Sin estos templos, se tuvo otro por tan estimado y frecuentado como
ellos, y más, que habia por nombre la _Coropuna_, que es en la provincia
de Condesuyo, en un cerro muy grande cubierto á la contina de nieve que
de invierno y de verano no se quita jamás. Y los reyes del Perú con los
más principales dél visitaban este templo, haciendo presentes y ofrendas
como á los ya dichos; y tiénese por muy cierto, que de los dones y
capacocha que á este templo se le hizo, habia muchas cargas de oro y
plata y pedrería enterrado en partes que dello no se sabe, y los indios
escondieron otra suma grande que estaba para servicio del ídolo y de los
sacerdotes y mamaconas, que tambien tenia muchos el templo[86]; y como
haya tan grandes nieves, no suben á lo alto, ni saben atinar á donde
están tan grandes tesoros. Mucho ganado tenia este templo, y chácaras y
servicio de indios y mamaconas. Siempre habia en él gente de muchas
partes, y el Demonio hablaba aquí más sueltamente que en los oráculos
dichos, porque á la contina daba mill respuestas, y no á tiempos, como
los otros. Y áun agora en este tiempo, por algun secreto de Dios, se
dice que andan por aquella parte diablos visiblemente, que los indios
los ven y dellos reciben grand temor. Y á chrisptianos he yo oido que
han visto los mesmos en figura de indios y aparecérseles y
desaparecérseles en breve espacio de tiempo. Algunas veces sacrificaban
mucho en este oráculo, y así mataban muchos ganados y aves, y algunos
hombres y mujeres.

Sin estos oráculos, habia el de Aperahua, en donde por el troncon de un
árbol respondia el oráculo, y que junto á él se halló cantidad de oro; y
el de Pachacama, ques de los Yuncas, y otros muchos, así en la comarca
de Andesuyo, como en la de Chinchasuyo y Omasuyo, y otras partes deste
reino, de los cuales pudiera decir algo más; mas, pues que lo dije en la
Primera parte[87], que trata de las fundaciones, no trataré desto más
que de los oráculos, los que tenian más devocion todos los Incas con las
demás naciones, sacrificaban algunos hombres y mujeres y mucho ganado; y
á donde no habia este crédito, no derramaban sangre humana ni mataban
hombres, sino ofrecian oro y plata. A las guacas que tenian en ménos,
que eran como ermitas, ofrecian chaquira y plumas y otras cosas menudas
y de poco valor. Esto digo, porque la opinion que los españoles tenemos
en afirmar que en todos los templos sacrificaban hombres, es falsa; y
esto es la verdad segund lo que yo alcancé, sin tirar ni poner más de lo
que yo entendí y para mí tengo por cierto.




_CAP. XXIX.--De cómo se hacia la Capaccocha y cuánto se usó entre los
Incas, lo cual se entiende dones y ofrendas que hacian á sus ídolos._


En este lugar entra bien, para que se entienda, lo de la capaccocha,
pues todo era tocante al servicio de los templos ya dichos y de otros; y
por noticia que se tiene de indios viejos que son vivos y vieron lo que
sobre esto pasaba, escribiré lo que de ello tengo entendido que es
verdad. Y así, dicen que se tenia por costumbre en el Cuzco, por los
reyes, que cada año hacian venir á aquella ciudad á todas las
estatuas[88] y bultos de los ídolos que estaban en las guacas, que eran
los templos donde ellos adoraban; las cuales eran traidas con mucha
veneracion por los sacerdotes y _camayos_ dellas, ques nombre de
guardianes; y como entrasen en la ciudad, eran recebidas con grandes
fiestas y procesiones y aposentadas en los lugares que para aquello
estaban señalados y establecidos; y habiendo venido de las comarcas de
la ciudad, y áun de la mayor parte de las provincias, número grande de
gente, así hombres como mujeres, el que reinaba, acompañado de todos los
Incas y orejones, cortesanos y principales de la ciudad, entendian en
hacer grandes fiestas y borracheras y táquis.

Ponian en la plaza del Cuzco la gran maroma de oro que la cercaba toda,
y tantas riquezas y pedrería, cuanto se puede pensar por lo que se ha
escripto de los tesoros questos reyes poseian; lo cual pasado, se
entendia en lo que todos los años por ellos se usaba, que era, questas
estátuas y bultos y sacerdotes se juntaban para saber por boca dellos el
suceso del año, si habia de ser fértil, ó si habia de haber esterilidad;
si el Inca tenia larga vida, ó si por caso moriria en aquel año; si
habian de venir enemigos por algunas partes, ó si algunos de los
pacíficos se habian de revelar. En conclusion, eran repreguntados destas
cosas y de otras mayores y menores que va poco desmenuzarlas; porque
tambien preguntaban si habria peste, ó si vernia alguna morriña para el
ganado, y si habria mucho multiplico dél. Y esto se hacia y preguntaba,
no á todos los oráculos juntos, sino á cada uno por sí; y si todos los
años los Incas no hacian esto, andaban muy recatados y vivian
descontentos y muy temerosos, y no tenian sus vidas por seguras.

Y así, alegrado al pueblo y hechas sus solenes borracheras y banquetes y
grandes táquis y otras fiestas que ellos usan, diferente en todo á las
nuestras, en que los Incas están con gran triunfo y á su costa se hacen
los convites, en que habia suma de grandes tinajas de oro y plata, y
vasos de otras cosas, porque todo el servicio de su cocina, hasta las
ollas y vasos de servicio, era de oro y plata;--mandaban á los que para
aquello estaban señalados y tenian las veces del Gran Sacerdote, que
tambien estaba presente á estas fiestas con tan grand pompa y triunfo
como el mesmo rey, acompañado de los sacerdotes y mamaconas que allí se
habian juntado,--que hiciesen á cada ídolo su pregunta destas cosas, el
cual respondia por boca de los sacerdotes que tenian cargo de su bulto;
y éstos, como estaban bien beodos, adivinaban lo que más vian que hacia
al gusto de los que preguntaban, inventando por ellos y por el diablo,
questaba en aquellas estátuas. Y hechas las preguntas á cada ídolo, por
ser los sacerdotes tan astutos en maldades, pedian algund término para
responder, para que con más devocion y crédito dellos oyesen sus
desvarios; porque decian que querian hacer sus sacrificios, para que
estando gratos á los altos dioses suyos, fuesen servidos de responder lo
que habia de ser; y así, eran traidos muchos animales de ovejas y
corderos, y cuis y aves, que pasaba el número de más de dos mill
corderos y ovejas; y estos eran degollados, haciendo sus exorcismos
diabólicos y sacrificios vanos á su costumbre; y luego denunciaban lo
que soñaban ó lo que fingian, ó por ventura lo que el diablo les decia;
y al dar de las respuestas, teníase gran cuenta en mirar lo que decian y
cuantos dellos conformaban en un dicho ó suceso de bien ó de mal; y así
hacian con las demás respuestas, para ver cuál decia verdad y acertaba
lo que habia de ser en el dicho año.

Esto hecho, luego salian los limosneros de los reyes con las ofrendas
que ellos llaman _capaccocha_, y juntándose la limosna general, eran
vueltos los ídolos á los templos; y si pasado el año habian acaso
acertado alguno de aquellos soñadores, alegremente mandaba el Inca que
lo fuese de su casa.

La _capaccocha_, como digo, era ofrenda que se pagaba en lugar de diezmo
á los templos, de muchos vasos de oro y plata y de otras piezas y
piedras, y cargas de mantas ricas, y mucho ganado. Y á las que habian
salido inciertas y mentirosas, no les daban el año venidero ninguna
ofrenda, ántes perdian reputacion. Y para hacer esto, se hacian grandes
cosas en el Cuzco, mucho más de lo que yo escribo. Y agora, despues de
fundada la Audiencia y haberse ido Gasca á España[89], entre algunas
cosas que se trataban en ciertos pleitos, se hacia mencion de esta
_capaccocha_; y ello y todo lo demás que hemos escripto es cierto que se
hacia y usaba. Y contemos agora de la gran fiesta de _Hátun Raimi_[90].




_CAP. XXX.--De cómo se hacían grandes fiestas y sacrificios á la grande
y solene fiesta llamada Hátun Raimi._


Muchas fiestas tenian en el año los Incas, en las cuales hacian grandes
sacrificios conforme á la costumbre dellos, y ponerlas todas en
particular, era menester hacer de solo ello un volúmen; y tambien hacen
poco al caso y ántes conviene que no se trate de contar los desvaríos y
hechicerías que en ellas se hacian, por algunas causas; y solamente
porné la fiesta de _Hátun Raimi_[91], porque es muy nombrada. En muchas
provincias se guardaba, y era la principal de todo el año y en que más
los Incas se regocijaban, y más sacrificios se hacian; y esta fiesta
celebraban por fin de agosto, cuando ya habian cogido sus maices, papas,
quinua[92], oca[93], y las demás semillas que siembran. Y llaman á esta
fiesta, como he dicho, _Hátun Raimi_, que en nuestra lengua quiere decir
fiesta muy solene, porque en ella se habian de rendir gracias y loores
al gran Dios hacedor de los cielos y la tierra, á quien llamaban, como
muchas veces he dicho, Ticiviracocha, y al Sol, y á la Luna, y á los
otros dioses suyos, por les haber dado buen año de cosechas para su
mantenimiento. Y para celebrar esta fiesta con mayor devocion y
solenidad, se dice que ayunaban diez ó doce dias, abstiniéndose de comer
demasiado y no dormir con sus mugeres, y beber solamente por la mañana,
que es cuando ellos comen, chicha, y despues, en el dia, tan solamente
agua, y no comer ají, ni traer cosa en la boca, y otras cirimonias que
entre ellos se guardaban en semejantes ayunos. Lo cual pasado, habian
traido al Cuzco mucha suma de corderos, y de ovejas, y de palomas y
cuis, y otras aves y animales, los cuales mataban para hacer el
sacrificio; y habiendo degollado la multitud del ganado, untaban con la
sangre dellos las estátuas y figuras de sus dioses, ó diablos, y las
puertas de los templos y oráculos, á donde colgaban las asaduras; y
despues de estar un rato, los agoreros y adivinos miraban en los
livianos sus señales, como los gentiles, anunciando lo que se les
antojaban, á lo cual daban mucho crédito.

Y acabado el sacrificio, el grand sacerdote con los demás sacerdotes
iban al templo del sol, y despues de haber dicho sus salmos malditos,
mandaban salir á las vírgenes mamaconas arreadas ricamente y con mucha
multitud de chicha quellas tenian hecha, y entre todos los que se
hallaban en la gran ciudad del Cuzco se comian los ganados y aves que
para el sacrificio vano se habian muerto, y bebian de aquella chicha,
que tenian por sagrada, dándosela á beber en grandes vasos de oro, y
estando ella en tinajas de plata de las muchas que habia en el templo.

Y habiendo comido y muchas veces bebido, estando, así el rey como el
grand sacerdote, como todos los demás, bien alegres y calientes dello,
siendo poco mas de mediodia, se ponian en órden y comenzaban los hombres
á cantar con voz alta los villancicos y romances que para semejantes
dias por sus mayores fué inventado, que todo era dar gracias á sus
dioses, prometiendo de servir los beneficios recebidos. Y para esto
tenian muchos atabales de oro engastonados algunos en pedreria, los
cuales les tañian[94] sus mujeres, que juntamente con las mamaconas
sagradas les ayudaban á cantar.

Y en mitad de la plaza tenian puesto, á lo que dicen, un teatro grande
con sus gradas, muy adornado con paños de plumas llenos de chaquira de
oro, y mantas grandes riquísimas de su tan fina lana, sembrados de
argenteria de oro y de pedreria. En lo alto de este trono ponian la
figura de su Ticiviracocha, grande y rica; al cual, como ellos tenian
por Dios soberano hacedor de lo criado, lo ponian en lo más alto y le
daban el lugar más eminente; y todos los sacerdotes estaban junto á él;
y el Inca con los principales y gente común le iban á mochár, tirándose
los alpargates, descalzos, con grand humildad; y encogian los hombros y,
hinchando los carrillos, soplaban hácia él, haciendo la mocha, que es
como decir reverencia.

Abajo deste trono se tenia la figura del sol, que no oso afirmar de lo
que era hecha, y tambien ponian la de la luna y otros bultos de dioses
esculpidos en palos y en piedras; y crean los letores, que tenemos por
muy cierto, que ni en Jerusalem, Roma, ni en Persia, ni en ninguna parte
del mundo, por ninguna república ni rey dél se juntaba en un lugar tanta
riqueza de metales de oro y plata y pedreria como en esta plaza del
Cuzco, cuando estas fiestas y otras semejantes se hacian; porque eran
sacados los bultos de los Incas, reyes suyos, ya muertos, cada uno con
su servicio y aparato de oro y plata que tenian, digo los que habiendo
sido en vida buenos y valerosos, piadosos con los indios, generosos en
les hacer mercedes, perdonadores de injurias; porque á estos tales
canonizaba su ceguedad por sanctos, y honraban sus huesos, sin entender
que las animas ardian en los infiernos, y creían questaban en el cielo.
Y lo mesmo era de algunos otros orejones ó de otra nacion, que por
algunas causas que en su gentilidad hallaban, los llamaban tambien
sanctos. Y llaman ellos á esta manera de canonizar _ylla_, que quiere
decir cuerpo del que fué bueno en la vida[95]; y en otro entendimiento,
_yllapa_ significa trueno ó relámpago; y asi llaman los indios á los
tiros de artilleria _yllapa_, por el estruendo que hace[96].

Pues juntos el Inca y el grand sacerdote con los cortesanos del Cuzco y
mucha gente que venia de las comarcas, teniendo sus dioses puestos en
tálamo, los mochaban, que es hacerles reverencia, lo que ellos usaban
ofreciéndoles muchos dones de ídolos de oro pequeños y ovejas de oro, y
figuras de mujeres, todo pequeño, y otras muchas[97] joyas. Y estaban en
esta fiesta de _Hátun Raimi_ quince ó veinte dias, en los cuales se
hacian grandes táquis y borracheras y otras fiestas á su usanza; lo cual
pasado, daban fin al sacrificio, metiendo los bultos de los ídolos en
los templos, y los de los Incas muertos en sus casas.

El sacerdote mayor tenia aquella dignidad por su vida, y era casado, y
era tan estimado, que competia en razones con el Inca, y tenia poder
sobre todos los oráculos y templos, y quitaba y ponia sacerdotes. El
Inca y él jugaban muchas veces á sus juegos, y eran estos tales de grand
linaje y de parientes poderosos, y no daban la tal dignidad á hombres
bajos ni oscuros, aunque tuviesen mucho merecimiento.--Nobles se llaman
todos los que vivian en la parte del Cuzco, que llamaban _orencuzcos_ y
_anancuzcos_[98], y los hijos descendientes dellos, aunque en otras
partes residiesen en otras tierras. Yo me acuerdo, estando en el Cuzco
el año pasado de mill quinientos y cincuenta por el mes de agosto,
despues de haber cogido sus sementeras, entrar los indios con sus
mugeres por la ciudad con gran ruido, trayendo los arados en las manos y
algunas pajas y maíz, hacer fiesta en solamente cantar y decir cuanto en
lo pasado solian festejar sus cosechas. E porque no consienten los
apos[99] y sacerdotes questas fiestas gentílicas se hagan en público,
como solian, ni en secreto lo consintirian, si lo supiesen; pero como
haya tantos millares de indios sin se haber vuelto chripstianos, de
creer es, que, en donde no los vean, harán lo que se les antojare. La
figura de Ticiviracocha, y la del sol y la luna, y la maroma grande de
oro, y otras piezas conocidas, no se han hallado, ni hay indio, ni
chripstiano que sepa ni atine á dónde están[100]; pero aunque mucho,
esto es poco para lo que está enterrado en el Cuzco y en los oráculos y
en otras partes deste grand reino.




_CAP. XXXI.--Del segundo rey ó Inca que hobo en el Cuzco, llamado Sinchi
Roca[101]._


Pues con la más brevedad que pude escribí lo que entendí de la
gobernacion y costumbre de los Incas, quiero volver con mi escriptura á
contar lo que hobo desde Manco Capac hasta Guascar, como atrás prometí.
Y así, deste como de otros no dan mucha noticia los orejones, porque, á
la verdad, hicieron pocas cosas; porque los inventores de lo escripto y
los más valerosos de todos ellos, fueron Inca Iupanqui y Tupac Inca, su
hijo, y Guayna Capac su nieto; aunque tambien lo debe causar la razon,
que ya tengo escripta, de ser éstos los más modernos.

Luego, pues, que fué muerto Manco Capac y hechos por él los lloros
generales y osequias, Sinchi Roca Inca toma la borla ó corona con las
cirimonias acostumbradas, procurando luego de alargar la casa del sol y
allegar á sí la más gente que pudo con halagos y grandes ofrecimientos,
llamando, como ya se llamaba á la nueva poblacion, Cuzco. Y algunos de
los indios naturales dél afirman, que á donde estaba la grande plaza,
ques la misma que agora tiene, habia un pequeño lago y tremedal de agua
que les era dificultoso para el labrar los edificios grandes que querian
comenzar y edificar; mas, como esto fuese conocido por el rey Sinchi
Roca[102], procura con ayuda de sus aliados y vecinos deshacer aquel
palude, cegándolo con grandes losas y maderos gruesos, allanando por
encima donde el agua solia estar, de tal manera, que quedó como agora lo
vemos. Y aún cuentan más, que todo el valle del Cuzco era estéril y
jamás daba buen fruto la tierra dél de lo que sembraron, y que de dentro
de la grand montaña de los Andes trajeron muchos millares de cargas de
tierra, la cual tendieron por todo él; con lo cual, si es verdad, quedó
el valle muy fértil, como agora lo vemos.

Este Inca hobo en su hermana y mujer muchos hijos: al mayor nombraron
Lloque Yupanqui[103]. Y visto por los comarcanos al Cuzco la buena órden
que tenian los nuevos pobladores que en él estaban, y cómo traian á su
amistad las gentes más por amor y binivolencia que no por armas ni
rigor, algunos capitanes y principales vinieron á con ellos tener sus
pláticas, holgándose de ver el templo de Curicancha y la buena órden con
que se regian; que fué causa que firmaron con ellos amistades de muchas
partes. Y dicen más, que como hobiesen venido al Cuzco, entre estos que
digo, un capitan del pueblo que llaman Zañu[104], no muy léjos de la
ciudad, que rogó á Sinchi Roca[105], con gran veemencia que en ello
puso, que tuviese por bien que una hija que él tenia muy apuesta y
hermosa, la quisiese recibir para darla por mujer á su hijo. Entendido
esto por el Inca, pesóle, porque era lo que se le pedia cosa, que si lo
otorgaba, iba contra lo establecido y ordenado por su padre, y si no
concedia al dicho deste capitan, quél y los demás los tenian por hombres
inhumanos, publicando que no eran más de para sí. Y habiendo tomado
consejo con los orejones y principales de la ciudad, paresció á todos
que debia de recibir la doncella para la casar con su hijo, porque hasta
que tuviesen más fuerza y potencia, no se habian de guiar en aquel caso
por lo que su padre dejó mandado. Y así, dicen que respondió al padre de
la que habia de ser mujer de su hijo, que la trajiesen; y se hicieron
las bodas con toda solenidad, á su costumbre é modo, y fué llamada en el
Cuzco Coya; y una hija que tenia el rey, que habia de ser mujer de su
hermano, fué colocada en el templo de Curicancha, á donde ya habian
puesto sacerdotes y se hacian sacrificios delante de la figura del sol,
y habia porteros para guarda de las mujeres sagradas de la manera y como
está contado. Y como este casamiento se hizo, cuentan los mismos indios
que aquella parcialidad se juntó con los vecinos del Cuzco, y haciendo
grandes convites y borracheras, confirmaron su hermandad y amistad de
ser todos unos; y por ello se hicieron grandes sacrificios en el cerro
de Guanacaure y en Tampuquiro y en el mesmo templo de Curicancha. Lo
cual pasado, se juntaron más de cuatro mill mancebos, y hechas las
cirimonias que para ello se habian inventado, fueron armados caballeros
y quedaron tenidos por nobles, y les fueron rasgadas las orejas y
puestos en ellas aquel redondo que usar solian.

Pasado esto y otras cosas que sucedieron al rey Sinchi Roca, que no
sabemos, despues de ser viejo y de dejar muchos hijos y hijas, murió y
fué muy llorado y plañido, y le hicieron osequias muy suntuosas,
guardando su bulto para memoria que habia sido bueno, creyendo que su
ánima descansaba en los cielos.




_CAP. XXXII.--Del tercero rey que hubo en el Cuzco, llamado Lloque
Yupanqui._


Muerto, de la manera que se ha contado, Sinchi Roca, Lloque Yupanqui, su
hijo, fué recebido por Señor, habiendo primero ayunado los dias para
ello señalados; y como por sus adivinanzas y pensamientos se tuviese
grande esperanza que en lo futuro la ciudad del Cuzco habia de
florescer, el nuevo rey comenzó á la ennoblecer con nuevos edificios que
en ella fueron hechos, y rogó, á lo que cuentan, á su suegro, quisiese
con todos sus aliados y confederados pasarse á vivir á su ciudad, á
donde le seria guardado su honor y en ella ternia la parte que quisiese.
Y el señor ó capitan de Zañu[106] haciéndolo asi, se le dió y señaló
para su vivienda la parte más occidental de la ciudad, la cual, por
estar en laderas y collados, se llamó Anancuzco; y en lo llano y mas
bajo, quedóse el rey con su casa y vecindad; y como ya todos eran
orejones, ques tanto como decir nobles, y casi todos ellos hobiesen sido
en fundar la nueva ciudad, tuviéronse siempre por ilustres las gentes
que vivian en los dos lugares de la ciudad, llamados Anancuzco y
Orencuzco. Y aun algunos indios quisieron decir que el un Inca habia de
ser de uno destos linajes, y otro del otro; mas no le tengo por cierto,
ni que es mas de lo que los orejones cuentan, que es lo que ya está
escripto. Por una parte y por otra de la ciudad habia grandes barrios en
los collados, porque ella estaba atrazada en cerros y quebradas, como se
contó en la Primera parte desta Corónica[107].

No dan relacion que en estos tiempos hobiese guerra notable; ántes
afirman, que los del Cuzco, poco á poco, con buenas mañas que para ello
tenian, allegaban á su amistad muchas gentes de las comarcas de su
ciudad y acrescentaban el templo de Curicancha, así en edificios como en
riqueza; que ya buscaban metales de plata y oro, y dello venia mucho á
la ciudad al tianquez[108] ó mercado que en ella se hacia; y metíanse en
el templo mujeres para no salir dél, segund y como está dicho en otros
lugares.

Y reinando desta manera Lloque Yupanqui en el Cuzco, pasándosele lo mas
de su tiempo, allegó á ser muy viejo, sin haber hijo en su mujer.
Mostrando mucho pesar dello los vecinos de la ciudad, hicieron grandes
sacrificios y plegarias á sus dioses, así en Guanacaure como en
Curicancha, y en Tamboquiro; y dicen que por uno de aquellos oráculos
donde iban [por] respuestas vanas, oyeron que el Inca engendraria hijo
que le sucediese en el reino; de lo cual mostraron mucho contento, y
alegres con la esperanza, ponian al viejo rey encima de su mujer la
Coya, y con tales burlas, á cabo de algunos dias, claramente se conoció
estar preñada, y á su tiempo parió un hijo.

Lloque Yupanqui murió, mandando primero que la borla ó corona del
imperio fuese puesta y depositada en el templo de Curicancha, hasta que
su hijo tuviese edad para reinar, al cual pusieron por nombre Mayta
Capac; y por gobernadores dicen que dejó á dos de sus hermanos, los
nombres de los cuales no entendí.

Muerto el Inca Yupanqui, fué llorado por todos los criados de su casa, y
en muchas partes de la ciudad, conforme á la ceguedad que tenian, se
mataron muchas mujeres y muchachos, con pensar que le habian de ir á
servir al cielo, donde ya tenian por cierto que su ánima estaba; y
santificándole por sancto, mandaron los mayores de la ciudad que fuese
hecho bulto para sacar á las fiestas que se hiciesen. Y cierto, grande
es el preparamiento que se hacia para enterrar á uno de estos reyes, y
generalmente en todas las provincias le lloraban, y en muchas dellas se
tresquilaban las mujeres, ciñéndose sogas de esparto; y al cabo del año
se hacian unas lamentaciones y sacrificios gentílicos, mucho más de lo
que se puede pensar. Y esto, los que se hallaron en el Cuzco el año de
mill quinientos y cincuenta, verian lo que allí pasó sobre las honras de
Paulo[109], cuando le hicieron su cabo de año; que fué tanto, que las
más de las dueñas de la ciudad subieron á su casa á lo ver; y yo me
hallé presente, y cierto era para concebir admiracion. Y háse de
entender que era aquello nada en comparacion de lo pasado. Y diré agora
de Mayta Capac.




_CAP. XXXIII.--Del cuarto Inca que hobo en el Cuzco, llamado Mayta Capac
y de lo que pasó en el tiempo de su reinado._


Pasado, pues, lo que se ha escripto, Mayta Capac, se fué haciendo
grande; el cual, despues de haber hecho las cirimonias que se requerian,
le fueron abiertas las orejas; y siendo más hombre, en presencia de
muchas gentes, así naturales como extranjeros, que para ello se
juntaron, rescebió la corona ó borla del imperio; é porque no tenia
hermana con quien casar, tomó por mujer á una hija de un[110] señorete ó
capitan del pueblo de Oma, que estaba del[111] Cuzco hasta dos leguas;
la cual por nombre habia Mama Cahua Pata.

Hechas las bodas, estaba un barrio cerca de la ciudad, donde vivia un
linaje de gente á quien llamaban Alcaviquiza[112], y estos no habian
querido tener amistad con los del Cuzco ninguna, y estando llenos de
sospechas unos de otros, dicen que yendo á tomar agua una muger del
Cuzco á ciertas fuentes que por allí estaban, salió un muchacho del otro
barrio y le quebró el cántaro y habló no sé qué palabras; la cual, dando
gritos, volvió al Cuzco; y como estos indios son tan alharaquientos,
salieron luego con sus armas contra los otros, que tambien habian tomado
las suyas al ruido que oian, para ver en lo que paraba el negocio; y
llegando el Inca con su gente cerca, se pusieron en órden de pelea,
habiendo tomado por achaque cosa tan liviana como entre la india y
muchacho habia pasado, para querer sojuzgar los de aquel linaje ó que la
memoria dellos se perdiese.

Y esto por los de Alcaviquiza bien era entendido; y como hombres de
valor, salieron á la batalla con grand denuedo, que fué la primera que
se dió en aquellos tiempos, y pelearon gran rato así los unos como los
otros, porque habiendo sido el caso tan súpito, no habian podido allegar
favores ni buscar ayudas los de Alcaviquiza; los cuales, aunque mucho
pelearon, fueron vencidos despues de ser muertos todos los más, que casi
no escaparon cincuenta con la vida. Y luego el rey Mayta Capac, tomando
posesion en los campos y heredades de los muertos, usando de vencedor,
lo repartió todo por los vecinos del Cuzco, y se hicieron grandes
fiestas por la vitoria, yendo todos á sacrificar á los oráculos que
tenian por sagrados.

Deste Inca no cuentan los orejones más de que Mayta Capac reynó en el
Cuzco algunos años; y estando allegando gente para salir á lo que
llaman Condesuyo, le vino tal enfermedad, que hobo de morir, dejando por
su heredero al hijo mayor, llamado Capac Yupanqui.




_CAP. XXXIV.--Del quinto rey que hobo en el Cuzco, llamado Capac
Yupanqui._


Paréceme, que destos Incas que al principio de la fundacion del Cuzco
reinaron en aquella ciudad, que los indios cuentan pocas cosas dello; y,
cierto, debe ser lo que dicen, que entre los Incas, cuatro ó cinco
dellos fueron [los que] tanto se señalaron y que ordenaron é hicieron lo
que ya [he] escripto.

Muerto Mayta Capac, le fueron hechas las osequias como se usaba entre
ellos, y habiendo puesto su bulto en el templo, para lo canonizar por
santo conforme á su ceguedad, Capac Yupanqui tomó la borla con grandes
fiestas que para solenizar la coronacion fueron hechas; y para ello, de
todas partes vinieron gentes. Y pasadas las alegrias, que lo más es
beber y cantar, el Inca determinó de ir á hacer sacrificio al cerro de
Guanacaure, acompañado del Gran Sacerdote y de los ministros del templo,
y de muchos orejones y vecinos de la ciudad.

Y en la provincia de Condesuyo se habia entendido cómo al tiempo que el
Inca pasado murió, estaba determinado de él ir á dar guerra, [y]
habianse apercebido, porque no los tomase descuidados; y dende á pocos
dias tuvieron tambien noticias de su muerte y de la salida que queria
hacer Capac Yupanqui, su hijo, á hacer sacrificios al cerro de
Guanacaure, y determinaron de venir á le dar guerra, y á cojer el
despojo, si con la victoria quedasen. Y así lo pusieron por obra, y
salieron de un pueblo que está en aquella comarca, á quien llaman Marca,
y así llegaron á donde ya era venido el Inca, que siendo avisado de lo
que pasaba, estaba á punto aguardando lo que viniese; y sin se pasar
muchos dias, se juntaron unos con otros y se dieron batalla; la cual
duró mucho espacio, y que todos pelearon animosamente; mas al fin, los
de Condesuyo fueron vencidos con muerte de muchos dellos; y así, el
sacrificio se hizo con más alegría, matando algunos hombres y mugeres,
conforme á su ceguedad, é mucho ganado de ovejas y corderos, en las
asaduras de los cuales pronosticaban sus desvaríos y liviandades.
Acabados estos sacrificios, el Inca dió la vuelta al Cuzco, á donde se
hicieron grandes fiestas y alegrías por la victoria que habia habido.

Los que escaparon de los enemigos, como mejor pudieron, fueron á parar á
su provincia, á donde de nuevo procuraron de allegar gente y buscar
favores, publicando que habian de morir ó destruir la ciudad del Cuzco,
matando todos los advenedizos que en ella estaban; y con mucha soberbia,
inflamados en ira, se daban priesa á recoger armas, y sin ver el templo
de Curicancha, repartian entre ellos mesmos las señoras que en él
estaban. Y estando aparejados, se fueron hácia el [cerro] de Guanacaure,
para desde allí entrar en el Cuzco; donde habia aviso destos movimientos
y Capac Yupanqui habia juntado todos los comarcanos al Cuzco y
confederados, y con los orejones aguardó á sus enemigos, hasta que supo
estar cerca del Cuzco; á donde fueron á encontrarse con ellos, y entre
los unos y los otros se dió la batalla, animando cada capitan á su
gente. Mas, aunque los de Condesuyo pelearon hasta más no poder, fueron
vencidos segunda vez con muerte de más de seis mill hombres dellos, y
los que escaparon, volvieron huyendo á sus tierras.

Capac Yupanqui los fué siguiendo hasta su propia tierra, donde les hizo
la guerra de tal manera, que vinieron á pedir paz, ofreciendo de
reconoscer al 

Showing first 200,000 characters. Full text: gutenberg.org/ebooks/25255