Parnaso Filipino
by Eduardo Martín de la Cámara · Spanish · Gutenberg #16201 · 417,846 chars · public domain (US)
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Title: Parnaso Filipino
Author: Eduardo Martín de la Cámara
Release date: July 4, 2005 [eBook #16201]
Most recently updated: December 11, 2020
Language: Spanish
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PARNASO FILIPINO
ANTOLOGÍA DE POETAS
DEL
ARCHIPIÉLAGO MAGALLÁNICO
Prólogo, selección y notas
DE EDUARDO MARTÍN DE LA CÁMARA
BARCELONA
CASA EDITORIAL MAUCCI
Gran Medalla de oro en las Exposiciones de Viena de 1903,
Madrid 1907, Budapest 1907 y Gran Premio en la de
Buenos Aires de 1910.
MALLORCA 166
ES PROPIEDAD DE ESTA CASA EDITORIAL
A LA HONRADA MEMORIA
DE MI PADRE
Eduardo Martín de la Cámara y Dávila,
Notario que fué de Manila;
_español a ultranza; humano,
fraterno y justo, cuando el serlo,
bajo aquel_ "medio", _despertaba
suspicacias_...
E.M. de la C. y M.
[Ilustración: PARNASO FILIPINO]
PROLOGO
No te alebres, lector, al afrontar el título de este volumen,
imaginando que van a servirte versos escritos en todas o algunas de
las treinta y tantas lenguas vernáculas del Archipiélago Filipino. Ni
yo sabría aderezar ese manjar, ni tú cómo catarle. Sobre que tal
poesía es parva, "difícil de exponer", según el ilustrado erudito de
allá Don Epifanio de los Santos Cristóbal, y con la antinomia de ser
sus cultivadores, tanto o más que los autóctonos, misioneros
españoles, en rimas "a lo divino", enderezadas a inyectar la fe de
Cristo en los corazones isleños.
Los poetas son filipinos, pero los versos castellanos.
Por los dedos pueden contarse los vates indígenas en nuestro romance
durante los tres siglos y pico de dominación hispánica. W.E. Retana[1]
nota tres hasta 1896: Atayde, Paterno y Rizal. Hubo algunos más: Seva,
quejumbrón cantor de Charing (que aquí diríamos Rosarito); Manolo
Rávago, en números de pura ortodoxia; Juan Caro y Mora, Hermógenes
Marcó, Isabelo de los Reyes, etcétera, y ciertos bardos de ocasión
aspirantes a la láurea en los certámenes patrióticos y religiosos,
mocerío casi siempre adoctrinado en el "Ateneo" de la Compañía. Hasta
1898, año límite de nuestro señorío, fué meñique la falange
versificadora, ¿Motivos? Retana aduce dos: la censura de imprenta y el
desconocimiento del castellano literario por la mayor parte de los
filipinos netos. Con la primera,--ejercida por funcionarios a tono con
el ambiente, de patriotismo anquilosado, dignos de las covachuelas de
Fernando VII,--sobra para justificar la inanidad del Arte egregio que
no admite trabas ni menoscabos, sólo germinante en la gleba arada con
reja de libertad y de justicia.
[Nota 1: De la evolución de la Literatura Castellana en
Filipinas.--Los Poetas.--Madrid, 1909.]
Cuanto a la propagación del castellano, prueba Retana,
documentalmente, cómo la coercieron los frailes--excepción los
jesuítas--contrariando espíritu y letra de sucesivas reales cédulas
metropolitanas. Cuán poco valió la treta lo demuestra no haber finado
1898 sin que vieran la luz pública composiciones de los más altos
metrificadores tagalos, Cecilio Apóstol, Fernando M.ª Guerrero y José
Palma, seguramente florecidas en aquellos retirados cenáculos donde se
hacía literatura y revolución.
¿Están todos los que son y son todos los que están? Creemos
sinceramente que sí. De los "inolvidables" no debe de faltar ninguno.
Si se advierte llenura en la selección, entiéndase que el editor tiene
sus exigencias y que este volumen ha de contar predeterminado número
de páginas. Por añadidura, tratándose de exhumar una literatura
inédita para muchedumbre de españoles, pide la discreción entregar al
lector los mayores elementos de juicio en cantidad y calidad.
Poetas se hallarán capaces de medirse con los consagrados nuestros:
tales Guerrero y Apóstol. Rizal, Bernabé, Recto, Palma, Balmori, Pérez
Tuells, Victoriano, Torres, Marfori, muéstranse también versificadores
de inspiración y enjundia, sin desdeñar a los otros, ni a ninguno,
como explícitamente demuestra la recolección de su cosecha pimplea.
Pero no queremos trocar en índice lo que es prólogo. Además, bueno es
dejar un margen al leyente para que, con su propia solercia, espigue
en el FLORILEGIO lo bello y lo galano.
La poesía filipina, por la época de su gestación, brota--¡en
castellano!--algo hostil a la Metrópoli exdominadora. No pudiéndose
evitar el idioma, esquívanse los únicos razonables modelos, nuestros
clásicos y nuestros modernos, yendo los bardos a beber las castalias
aguas en los "parnasianos" y simbolistas franceses y en los
modernistas hispano-americanos. En éstos, singularmente. El _azul_ y
los lirios y rosas líricos de Rubén coloran y perfuman la nueva poesía
ultramarina. Chispea el
"anillo de oro hecho pedazos,
que ya no es anillo, pero siempre es oro",
de Santos Chocano. ¡Y cuán equivocados los neo-versificadores, si así
creyeron librarse de hispanismo! ¡El autor de la _Sonatina_ es poeta
excelso porque hay muchos, muchos clásicos españoles en su educación
literaria; y Mallarmé, por sólo citar un ejemplo, es chozno de
Góngora!...
Es poeta elegante y lapidario Cecilio Apóstol, en cuyos números campa
serenidad clásica. Bebió el licor ático en búcaro francés, posibles
divinos "alfareros" Moreas o Heredia, no nacidos en Francia.
Otro vate plenamente logrado es Fernando María Guerrero, "príncipe de
los líricos filipinos". En nuestra opinión desautorizada es el
exponente etnológico, el poeta malayo por excelencia, el que más
hondamente siente su raza. En _Ilang-ilang, El Kundiman, A Filipinas,
Bajo las cañas_... vibra aquel alma tagala tan incomprendida, psiquis
sin complicaciones ni morbosidades, primitiva, melancólica, paciente,
siempre opresa y nostálgica de libertad, nervea y con arrestos en las
ocasiones altas.
Trasciende en Bernabé, con muy gallardas estrofas en su obra, la
preparación latina e hispano-clásica. También en Pacífico Victoriano y
en Ramón J. Torres, poetas vigorosos.
Recto--discípulo de Guerrero como Marfori--luce amplio léxico, rico de
color. Es lírico verdadero. ¡Si no se repitiera!
Palma, de estro enfermizo, fué delicado, noble y correcto.
Balmori es desigual. Tiene temperamento. Sabe decir muy bellamente...,
cuando quiere.
Pérez Tuells ha de cuajarse. Ya da mucho. Más promete.
En la lira femenina el cordaje más melodioso pertenece a Adelina
Gurrea, toda sentimiento y emoción.
Y asombrárase el leyente de que no haya aparecido todavía el nombre
del doctor Rizal, cuya soberana poesía _Ultimo Adiós_ ha recorrido el
orbe. Sí, Rizal fué poeta; pero secundariamente. Su rasgo
característico, bastante a obscurecer otras modalidades de su
mentalidad, fué el de revolucionario: dentro de este amplio círculo
están insertos el científico, el literato y el políglota. Cultivó
todas las artes bellas, pero siempre disfrazada de musa la obsesión de
manumitir y dignificar a su patria. Como poeta, le superan Guerrero y
Apóstol.
En toda esa labor apolinea, aun sin cumplir--prescindiendo de los
precursores--el cuarto de siglo de existencia, abundan inspiraciones
gemelas: cantos a la patria, a la nacionalidad y la independencia, a
los héroes epónimos--Rizal, Mabini, Jacinto, Bonifacio--loanzas de lo
aborigen... A las veces--¡ay! con demasiada frecuencia,--y asombrados
de discurrir sobre aquel bravío paisaje, surgen "Mimí", los violines
de Versalles y el tacón rojo. Aun la metrificación suele ser exótica.
Pero hay ternuras como la de Guerrero, tejiendo su canto _A Hispania_
en el romance rotundo de los abuelos peninsulares.
Los poetas de este PARNASO, por lo general, no parecen descubrir en su
solar motivos de inspiración. Porque los encuentra, elogia Guerrero a
Marfori en el proemio de _Aromas de ensueño_. Ni el paisaje, tan
sugeridor, les tienta, de lo que se duele el ya citado erudito de los
Santos Cristóbal en el prólogo a _Palomicas de mi palomar_, de Felipe
A. de la Cámara. Acaso lamentos tales obraron como nervino sobre
algunas idiosincrasias, pues Apóstol, Recto, Valdés, Marfori, en
composiciones recientes, plasman sensaciones de aquella prodigiosa
Naturaleza.
Recapitulación de tildes. Es frecuente en los filipinos, aun los
ilustrados, el sesear, defecto emergente de carecer del fonetismo de
la _ce_ sus lenguas vernáculas. De ahí el aconsonantar _besos_ con
_rezos_ y _sonrisa_ con _sinfoniza_. Otro vate consuena _jazmín_ con
_jardín_, lo que es menos explicable. Un tercero, queriendo decirle
"rimador" a Rueda le dice _rimero_, cosa bien distinta... Pero no
desmenucemos. En la construcción, es anomalía reiterada la de emplear
los varios modos de los verbos cual si tuvieran igual valor en el
tiempo.
Atañe este tema de los poetas filipinos pronunciándose por el
castellano, a otro de transcendencia nacional: la perdurabilidad de
nuestro idioma en el lejano Oriente.
Norte-América hizo, hace y hará lo posible por desarraigarle. Es un
hecho que desde 1911 el lenguaje oficial obligatorio de las islas es
el inglés; pero otro que dos años antes, o sea a los once de férula
"yankee", se publicaban en el Archipiélago 79 periódicos, de los que
29 estaban redactados en castellano, 15 en lenguas vernáculas, 16 en
castellano y lenguas vernáculas, 11 en inglés, 1 en castellano, inglés
y lengua vernácula y 7 en castellano e inglés[2]. Ahora mismo, "La
Vanguardia" y "El Debate", los diarios filipinos de mayor autoridad y
circulación, en castellano se imprimen. Es también un hecho que de los
40 poetas insulares catalogados en esta ANTOLOGÍA poseen el inglés
cuantos moran en las islas; pero otro que todos escriben ¡y sienten!
sus composiciones en castellano. Y así, cuando vemos como título de
una el _Awake_ britano en lugar del español, _Despierta_, nos sentimos
sorprendidos, como defraudados...
[Nota 2: _El idioma castellano en Filipinas_.--Artículo de Antonio
Medrano en la revista "Cultura Filipina". n.º I, Abril de 1***]
No parece próxima la concesión al solar rizalino de la independencia
que ansía. Tanto peor para el idioma inglés. Porque el nacionalismo,
henchido de brillantes poetas y prosistas, por dar en rostro al
detentador, más ahincadamente empleará y propagará nuestro romance.
Y arribada la independencia, que al fin ha de llegar, insuficientes
las lenguas vernáculas para las relaciones exteriores, así como el
Japón, en trance parigual, escogió el inglés, el nuevo estado, si cae
del lado del corazón, elegirá el castellano. Al fin, el área de los
países de habla hispana es superior al área de los territorios de
habla inglesa, y como idioma internacional el imperio del castellano
será creciente, por lo prolífico de la raza, por el desarrollo de las
jóvenes repúblicas de América, por haber sustituído su enseñanza a la
del inglés y francés en las naciones que cuando la gran guerra
lucharon frente a la _Entente_, y por extenderse el cultivo en las de
ésta misma, con vistas a los mercados del Nuevo Mundo.
¡Sean los bardos tagalos paladines en su dorada Malasia del idioma
colonizador!
Que "en Flandes se puso el sol"; pero para la lengua castellana no se
ha puesto todavía...
Algunas líneas para justificar la incorporación al PARNASO de la
sección consagrada a los _Poetas españoles en Filipinas_.
Apenas esgrimiendo el plectro, durante nuestra dominación, los
nativos, por las razones apuntadas, ¿era posible que una robusta
colonia de españoles alentara sin ejercitar el noble arte de la
Poesía? No, por cierto. Siempre hubo poetas, pero más desde que la
prensa fuése extendiendo. El culto estuvo reservado a una minoría de
peninsulares, que, sin entrar de lleno en el país, estimándose
transeúntes, no recibieron la sugestión de aquellas almas ni de
aquella Naturaleza. A que la inspiración poética volara rastrera
contribuyeron el medio y la censura de imprenta, también aplicada a la
raza dominadora. Era de mal tono loanzar al país sin muchas reservas y
alguna ironía; y quien con perennidad lo hiciera, corría el riesgo de
que le apellidaran filibustero...
Aquellos metrificadores hispanos fueron, por lo común, "poetas de
'Madrid Cómico', fabricantes de versitos festivos, sin pretensiones"
ni transcendencia. De los que merecieron dictado de poetas se han
recogido muestras. Hay entre ellos dos, Manuel Romero de Aquino y José
García Collado, sobre cuya obra requerimos la atención del lector.
Peninsulares ambos; pero emigrantes en edad moza al Archipiélago, allí
besaron las pimpleides su frente de elegidos. Allí murieron,
desconocidos de la tierra del abolorio. Mostráronse vates verdaderos,
aun bajo el yugo de la censura, y habrían lucido como tales en los
senos de cualquier mundo literario.
No sin esfuerzo hanse juntado los materiales del presente FLORILEGIO.
Para seleccionar lo moderno, la enorme distancia entre aquende y
allende y la inveterada pereza--por poetas y por filipinos--de los
vates luego arracimados, nos amontonaron dificultades. Por suerte,
hanos acorrido la sacra amistad, personificada en Adelina Gurrea,
gentil poetisa insular, morante ahora en España, y en dos ilustres
directores de periódico, que son algo más que periodistas: José María
Romero Salas, de "El Mercantil", de Manila en esta oceánica ciudad
conocido, entre literatos, por "El Maestro", y Joaquín Pellicena
Camacho, eximio periodista en España. Con generosidad ejemplar de
artistas enamorados de la Belleza y del Bien, nos han franqueado
libros y papeles donde el alma malaya dejó su emoción lírica...
Váyales nuestra gratitud, que no es una palabra más, sino un cordial
latido del corazón.
Ahora, lector, déjame, porque yo te dejo. Tú vas ganando. Avanza la
procesión de poetas...
EDUARDO MARTÍN DE LA CÁMARA
Alcalá de Henares, ciudad abuela del "Quijote", Septiembre, 1922.
Apostol (Cecilio)
Nació en Manila--humilde su cuna como la de Plauto--el 22 noviembre
1877. Fué bachiller por el Ateneo municipal, que regentaban los
Jesuitas; y abogado, 1903, mediante exámenes ante la Corte Suprema de
Manila. Comenzó a escribir, adolescente, en periódicos españoles de su
ciudad natal. Su salida al mundo de las letras fué en "El Comercio",
1895, con la composición _El terror de los mares índicos_. Declara ser
sus poetas dilectos Verlaine, Moreas y Baudelaire. Escribió versos en
lengua francesa. Muchos premios en certámenes literarios.
A RIZAL
(EN EL SEGUNDO ANIVERSARIO DE SU FUSILAMIENTO)
¡Héroe inmortal, coloso legendario,
emerge del abismo del osario
en que duermes el sueño de la gloria!
Ven. Nuestro amor, que tu recuerdo inflama,
de la sombrosa eternidad te llama
para ceñir de flores tu memoria.
Esta es la fecha, el día funerario
en el cual el tirano sanguinario
te hizo sufrir el último tormento,
cual, si al romper el ánfora de tierra,
la esencia que en el ánfora se encierra
no hubiera, acaso, de impregnar el viento.
¡Cuánto te debe el pueblo! En tu calvario
eras ayer el astro solitario
que alumbraba los campos de batalla,
la dulce aparición, rizo del cielo,
que infundía a los mártires consuelo,
valor al héroe y miedo a la canalla.
¿Quién no sintió huídas sus congojas
repasando tu libro[3] en cuyas hojas
la popular execración estalla?
Hermanando la mofa y el lamento,
vibra, encarnado en su robusto acento,
el silbo agudo de candente tralla.
[Nota 3: José Rizal, _Noli me tangere._]
Quizás en tu ostracismo voluntario
juzgabas que era un sueño temerario
manumitir nuestra oprimida raza;
mírala hoy: es virgen arrogante
que, con la augusta libertad, tu amante,
en un amplexo fraternal se enlaza.
Caíste como fruta ya amarilla,
pero cayó contigo la semilla.
Ya es una planta vigorosa; el germen
ha medrado en el surco de la senda,
y libres ya de la mortal contienda
bajo su sombra tus hermanos duermen.
¡Duerme en paz en las sombras de la nada,
redentor de una patria esclavizada!
¡No llores, de la tumba en el misterio,
del español el triunfo momentáneo,
que si una bala destrozó tu cráneo,
también tu idea destrozó un imperio!
¡Gloria a Rizal! Su nombre sacrosanto,
que con incendios de Thabor llamea,
en la mente del sabio es luz de idea,
vida en el mármol y en el arpa canto.
El enjugó de nuestra patria el llanto;
su verbo fué la vengadora tea
que encendió, en el fragor de la pelea,
los laureles de Otumba y de Lepanto.
Reverénciale, ¡oh pueblo redimido!
Llanto del corazón vierte afligido
por el amargo fin del gran patriota.
Y hoy que en los aires la tormenta zumba,
¡no salga ni un quejido de su tumba
al verte, oh pueblo, nuevamente ilota!
30 Diciembre 1898.
A EMILIO JACINTO[4]
[Nota 4: Aparece registrado como poeta en el lugar
correspondiente de este Florilegio.]
Patriota: en los tiempos de ingratos estudios y audaces
locuras, y dulces visiones de rostros fugaces
con rezos y risas en labios de ingenuo carmín,
hermético fuiste al amor y su gaya conquista.
Lo raro anidaba en tu airosa melena de artista,
y raras orquídeas poblaban tu austero jardín...
En odio implacable a todo lo inicuo y nefario,
tu mente inflamaba una arenga del nuevo Brumario
o un trozo del "Noli"; adorabas a Ibarra[5] y Danton
y amabas lo antiguo. La edad patriarcal y de oro
del pristino régulo, tuvo en tu verbo sonoro
la clara justeza de amada y distante visión.
[Nota 5: Personaje central de _Noli me tangere_, donde el autor de
la novela tal vez quiso personificarse.]
Espíritu prócer, sensible al poético encanto,--
que a veces es ritmo y a veces es flor,--de tu canto
aun queda el recuerdo sonoro en el aire natal;
aun vibra y contagia el patriótico ardor de tus versos,
y muestra tu limpia versión el claror de los tersos
diamantes que enjoyan el "Ultimo adiós" de Rizal.
No fué tu exclusiva misión la del canto apolíneo.
La arcana virtud, que preside el rodar curvilíneo
de pueblos y razas que integran la adámica grey,
tu acción en el ciclo inicial prefijó en el espacio:
Rizal puso el germen; su músculo Andrés Bonifacio[6];
tú, el brazo y la idea juntaste en armónica ley.
[Nota 6: Revolucionario filipino, caudillo de las partidas que
dieron (Agos* **illisible** Balintauac) el grito de rebelión.]
Así como el gris tenebroso de edades provectas
doraron las máximas puras de las Analectas,
y en ellas el Asia, rompiendo el sopor secular,
la voz escuchó del que luego escribiera a Corinto,
tu noble evangelio de honor y de patria, ¡oh Jacinto!,
nimbando a tu raza, engrandece la historia insular.
Rumor subterráneo, en mitad de la idílica fiesta,
sintió la colonia, y un viento de airada protesta
pasó por las frentes su fuego de cálido tul.
Plasmaste el anhelo en que espíritus libres se adunan,
y entonces, al rojo fulgor del audaz _Katipunan_,
puñales febriles lanzaron su reto al azul...
La ubérrima tierra tornóse después en un lago
de sangre firmada en el Pacto,[7] y el bolo hizo estrago,
fulgiendo en el puño broncíneo de añoso rencor.
La suerte fué adversa a tu ardor eficaz de guerrero;
no obstante, a tu genio encubría el vulgar prisionero,
y hubiste merced del hidalgo oficial cazador.
[Nota 7: Alusión al de amistad concertado entre Miguel López de
Legaspi, primer Adelantado de las islas Filipinas por España, y el
régulo Lacandola. Por imitación de éste le firmaron ambos personajes,
mojado el cálamo en sangre para el caso extraída de sus venas. Tal
suceso histórico sujirió al gran pintor tagalo Juan Luna y Novicio un
hermoso lienzo que, al cesar la soberanía de España en el
Archipiélago, (Agosto, 1898), decoraba un salón del Palacio municipal
de Manila.]
Después que la amada bandera se irguió hacia los astros,
en montes y valles, floridos, de históricos rastros,
tu dúplice gloria fué esquiva al favor popular.
Buscó tu nostalgia el retiro ancestral, y en belleza
rendiste, por fin, a la Parca tu insigne cabeza,
de cara a tu cielo, debajo de airoso palmar.
"La muerte es descanso". Cerebro en que tuvo su hornaza,
la idea que urdió la epopeya inmortal de la raza,
descansa. La Patria vigila tu sueño de paz.
La patria, orgullosa, entre epónimos héroes te nombra.
Moriste dichoso, sin ver que sobre el pecho la sombra
del ala extendida y las garras del buitre voraz.
La suerte está echada. Borraste el padrón infamante,
y en su híspida senda tu pueblo camina adelante.
Tal vez llegue al fin, o tal vez lo sepulte el alud.
Ya el árbol, nutrido con sangre y acerbos dolores,
sonríe en sus frutos y espera en sus vírgenes flores.
No es una razón el negarlo; tampoco es virtud.
1912.
SOBRE EL PLINTO
(A. MABINI)[8]
_Justum et tenacem propositi virum_. HORACIO.
[Nota 8: Apolinario Mabini, paralítico de cuerpo pero luminoso
cerebro de estadista, redactó las leyes sobre que se asentó la efímera
república filipina y fué elegido presidente del primer gobierno
revolucionario de Malolos, Enero, 1899.]
Ante el eterno símbolo granítico,
consagración de tus civiles palmas,
cumbre mental, sublime paralítico,
te aclaman hoy nueve millones de almas.
El tiempo, que devora despiadado
nobles recuerdos dignos de la historia,
sobre el rojo horizonte del pasado
conserva y magnifica tu memoria.
Hoy, como ayer, la multitud te aclama,
te elogia el sabio, te celebra el sistro;
y es actual, por imperio de tu fama,
tu investidura de primer ministro.
Murió el Estado efímero que urdiste,
sin otro alguno, ni anterior, ni análogo;
mas tu gobierno espiritual, subsiste,
está en vigor tu original Decálogo.
Cuantos admiran tu genial vestigio
grabado en el solar de tu linaje,
vinculan a tu límpido prestigio
la sanción de un perpetuo caudillaje.
Madura en hechos la rebelde idea,
mútilo el cetro de la noble España,
la reconquista levantó su tea
para alumbrar tu constructiva hazaña.
La patria de las ansias juveniles
estaba allí, de sus destinos dueña,
alzada sobre un bosque de fusiles
bajo el amparo de una libre enseña.
La que soñaste, acaso, en un monólogo
bajo un frandaje de rotundas _mangas_,[9]
labrando arquitecturas de ideólogo
en la quietud de tu natal Batangas.
[Nota 9: Fruto del árbol terebintaceo nombrado _mango_.]
Patria inmortal de la actuación primera,
que en sangre mártir empapó tu suelo,
y en los pliegues cuajó de una bandera
la afirmación de su vital anhelo.
Patria naciente, tras labor titánica
como aquellas de Bismarck y de Mazzini,
faltaba un hombre que la hiciese orgánica,
¡y ese hombre fuiste, colosal Mabini!
Ignota corre el agua subterrána
hasta que, gracias al humano ingenio,
bajo el subsuelo surge subitánea:
así, glorioso, apareció tu genio.
Y fué cuando otra vez tembló la tierra
al paso audaz del triunfador Emilio,[10]
cuando la mano que rigió la guerra
se levantó al poder desde tu exilio.
[Nota 10: Aguinaldo, caudillo de la revolución, luego generalísimo
y presidente de la república.]
Todo el nuevo fervor del patriotismo
que exaltaba un espíritu halagüeño,
la intuición, la acuidad, el dinamismo
mental pusiste en tu grandioso empeño.
Y tu obra demostró que, si fecundo
fué tu pueblo en heroismos de batalla,
también podía presentar al mundo
un estadista de tu enorme talla.
La flor ilustre que cuidó tu mano
tronchóla el soplo de enemigo cierzo;
mas la medida del valor humano
no el éxito la da, sino el esfuerzo.
No queda del ayer para el fenicio
mas que la huella del sangriento agravio,
y para el pueblo el noble sacrificio
y tus laureles de patriota y sabio.
Será execrado el triunfo de la fuerza
en nuestra actualidad de cautiverio,
mientras la ley de la justicia ejerza
en la conciencia universal su imperio.
Mas no murió la causa independiente.
Faltóla el brazo, pero tiene asilo
en las almas, y flota en el presente
como la cesta bíblica del Nilo.
No es fácil, no, que el ideal sucumba
bajo la acción del tiempo o la violencia,
pues, como el trigo de la egipcia tumba,
en sí contiene secular potencia.
Y ha de surgir en el futuro ignoto,
llevado a plenitud por el destino,
como la flor del legendario loco,
como el cofre del Padre Florentino;
porque supo de triunfos y derrotas,
porque tuvo su cruz y su calvario;
la sangre le ofrecieron los patriotas
y tú el cerebro, ¡oh gran Apolinario!
Era de hierro y de cristal tu mente;
grandes ideas modeló su fragua;
tuvo el vuelo del águila potente
y la profunda claridad del agua.
La vida concentró sus energías
en tu cerebro luminoso y triste.
Ninguna falta de los pies tenías
para los altos vuelos que emprendiste.
Fuiste toda una mente geométrica,
fórmula abstracta, puro pensamiento,
que nos hablaba en nuestra noche tétrica
con una voz de sibilino acento.
A la tienda llegó del adversario,
razonador, sin altivez ni reto.
Si no cambió su juicio refractario,
mucho fué que ganara su respeto.
Buscó el retiro de rural sosiego
y prosiguió su ruta sin desmayo.
Para trazar su rúbrica de fuego,
tras densa nube se recoge el rayo.
Sobre el rojo fulgor del exterminio,
sobre el mortal estruendo de las balas,
en el azur, su natural dominio,
serenamente desplegó las alas.
Allí alumbró la senda tenebrosa
en su función de numen y atalaya;
allí engendró la concepción grandiosa
de una fecunda comunión malaya.
Tu inteligencia en su carnal encierro,
era un poder supremo y absorbente.
¿Que fué tu misma voluntad de hierro
sino una fuerza que forjó tu mente?
Y este fué el timbre, el sello más glorioso
que señaló tu espléndida carrera;
rimaste el pensamiento vigoroso
con la indomable voluntad austera.
Aquí estás ya en lo eterno de la piedra,
genio vindicador de nuestra raza.
A tu columna, con amor de hiedra,
nuestra ferviente admiración se abraza.
Gentes futuras cantarán tu nombre,
y al contemplar tu busto en el espacio
dirán:--"Fué un alto pensador, un hombre
justo y tenaz como el varón de Horacio."
Patria, que ves, gozosa, en tu sorpresa,
los saltos de gigante de tu raza,
y vives entre un iris de promesa
y un nubarrón lejano de amenaza;
patria fecunda en héroes y licurgos,
nadie habrá que tus méritos no estime;
pues siendo madre de Rizal y Burgos,
pariste un paralítico sublime.
Mabini fué un excelso paradigma.
En sus virtudes tu virtud renueva.
Así saldrás, gallarda y sin estigma,
de los rojos crisoles de la prueba.
Y aunque contemples en casual desfile
el torpe halago y la esperanza trunca,
sabrás sentir, cuando tu fe vacile,
toda la fuerza del vocablo "nunca".
Pero, si indigna de tus dioses lares
perpetuamente has de vivir cautiva,
fuera mejor que tus contiguos mares
en un sepulcro te sepulten viva.
Marzo, 1915. (Al inaugurarse en Batangas el monumento a Apolinario
Mabini).
A ESPAÑA IMPERIALISTA
(CON OCASIÓN DEL VIAJE A FILIPINAS DE SALVADOR RUEDA)
Y mientras en Europa tiene un festín la "Intrusa"
y los vetustos pueblos son como inmensas piras,
España, fabricante de las más fuertes liras,
desda el castillo en donde la hostilidad rehusa,
amante nos recuerda enviándonos su musa.
Gracias, oh madre antigua, por el presente regio
que a la abundancia sumas de tus pasados dones.
¿Qué más que la embajada de tu poeta egregio,
qué más que su exquisito y vasto florilegio
para sellar afectos y sugerir uniones?
España: está en el mundo tu alta misión fijada;
en sueños de conquista tu acción total se inspira,
tu historia está en América, en Flandes y en Granada.
Ayer fundaste reinos por medio de la espada.
Hoy vuelves a ganarlos por medio de la lira.
En la extensión del tiempo aquel sueño aquilino
que presidió las hoestes del Quinto de los Cárlos,
en forma renovada, prosigue su camino.
Si a pueblos de tu raza no intentas sojuzgarlos,
sus rumbos enderezas hacia un común destino.
Yo admiro el alto vuelo de tu ideal conquista
que, alzándose del lodo de la mortal miseria,
abarca el mundo hispano con ojo imperialista,
y aspira, por la magia del sabio y del artista,
a establecer las bases de una mayor Iberia.
España: nos desune del piélago la anchura;
también la propia sangre de tí nos diferencia.
Mas tuyo es nuestro idioma, es tuya la cultura
que a remontar nos lleva tu nacional altura;
que nutre el santo anhelo de nuestra independencia.
Y si, por rasgos étnicos, en gran desemejanza
de tu linaje insigne nuestra nación está,
sabemos que, al principio, para pactar su alianza,
juntaron y bebieron, a la nativa usanza,
sus sangres en un vaso Legazpi y el Rajah.
Madre de veinte pueblos que hablan tu hermoso idioma
yo te saludo en este tu embajador poeta
y ansío que tu sueño, análogo al de Roma,
lo vivifique un mundo que te ama y te respeta
eterno sea el triunfo de tu vital axioma.
Vivir es renovarse. De tu pasada gloria
el canto repetido tu acción jamás empaña.
España ya estás libre; no hay moros en tu entraña.
Renueva el viejo grito que truena por tu historia
y dí al patrón heróico: ¡Santiago, y abre España!
Abre España a las nuevas corrientes de la vida,
abre España al abrazo de sus hijos dispersos
y surja del Pirene, como hostia bendecida,
el sol de un culto unánime, en el que adore unida
la progenie del inca de los cultos diversos.
Bendito será el día en que a la vida brote
del suelo de Pelayo un nuevo y fuerte imperio
que pase de Galicia, que pase del islote
de Gibraltar, el día en que medio hemisferio
raye con larga sombra la lanza de Quijote.
Septiembre, 1915.
PAISAJE FILIPINO
El sol en su ebriedad suprema el suelo muerde.
Porque todo en la hora canicular concuerde,
Ni un hálito de brisa cruza la extensa y verde
Paz del campo, ni un ave en el azúl se pierde.
Un mango aislado eleva su centenaria fronda
Junto a un _punsó_[11] enano de giba aguda y monda,
Que las hormigas alzan para que en él se esconda
El _nunu_[12] vigilante que por las mieses ronda.
Lejos corre, seguida del crío, una potranca;
Un carabao lustroso en un charco se estanca;
En su lomo una garza hace una nota blanca.
Un río desenrosca las eses de su tripa,
Y asoman, allá en donde su curva se disipa,
Las manchas trapeciales de unos techos de nipa.
[Nota 11: _(Punsó)_ Montículo de tierra elevado para su albergue
por la hormiga nombrada _anay_.]
[Nota 12: Fauno, silvano.]
LÍNEAS ACTUALES
(EN LA NATIVIDAD DE RIZAL)
Fué en una hora de graves indicios,
cuando por sobre la calma ilusoria,
tú, que ensayabas tus vuelos novicios,
patria, escuchaste mi voz monitoria.
Dieron los hechos razón a mi aviso
diste en la clave del pérfido enigma,
cándido el pueblo que fué manumiso
en la quimera que dora su estigma.
Sobrevivimos con harto desdoro
a los horrores del fiero desastre;
sobrevivimos y un áureo decoro
cubre un harapo de vida en arrastre.
¡Oh, cuántas veces, en noches sin astros,
como al imperio de un alto dictamen,
héroe, tu sombra define sus rastros
fija en un gesto solemne de examen!
Y yo te veo, temblando ante el mágico
gesto que imprime en el aire su marca,
(tal vió la sombra paterna aquel trágico
príncipe triste que hubo en Dinamarca).
No de vindicta de infamias inultas
tu epifanía camino me traza;
yo te adivino las ansias ocultas:
quieres la suerte saber de tu raza.
¡Cómo decirte que un huésped ingrato,
hábil en agios y en constituciones,
rota la suya, mediante un contrato,
es nuestro dueño por veinte millones![13]
[Nota 13: Alfilerazo a los Estados Unidos.]
¡Cómo decirte que un mal metabólico
identifica a la antigua colonia,
que, bajo el peso de hierro simbólico,
nuestro terruño nos es Babilonia!
¡Cómo decirte que yerras ilusas
las esperanzas bajo un cielo obscuro,
que el Ideal, con ambiguas excusas,
tiénenlo a fianza de ignoto futuro!
Una tutela que no demandamos
pone a las ansias el freno del hecho.
Y tras dos guerras por no tener amos,
¡somos mendigos del propio derecho!
Hay libertades civiles, hay templos
en que se plasman futuras matrices
de ideas sanas, hay nobles ejemplos,
¡hay el empeño de hacernos felices!
Tiene un programa de sano humanismo
el nuevo César plutócrata y rubio,
y hasta en el culto a tu excelso heroismo
se nos asocia en un sabio connubio.
Bellas promesas que un rato recrean
luego se fugan con gestos ausentes,
y en combativas arenas chispean
cruentos reproches, cual gladios fulgentes.
Propios y ajenos pecados disculpo;
--con la codicia, del brazo, va el hambre,--
cierto es, en tanto, que hemópico pulpo
viene extendiendo su odiosa raigambre.
Haz que formemos, Señor y Maestro,
contra ambiciones un sólido muro,
por la memoria inmortal del ancestro,
por el destino del nieto futuro.
Frente a la audacia del imperialismo,
que en triunfo ostenta el orgullo del yelmo,
danos tu lumbre, tu bravo heroismo,
y une las almas en fuerte cogüelmo.
Y proclamemos, de cara al Destino
y ante cañones de gruesos calibres,
que existe un nuevo derecho divino:
el de los pueblos a ser todos libres.
Y antes que el tiempo nuestra espalda encorve,
pueda la patria de tu amor, Rizal,
bajo el glorioso luminar del orbe,
levantar su bandera nacional.
1920.
Atayde (Juan)
Manileño. Residió largas temporadas en la metrópoli, forzado algunas
veces por su profesión militar. Murió, siendo comandante, en 1896.
Cultivó el apólogo. Dirigió en Manila un diario.
UN AÑO MENOS
Ve el hombre pasar el año
con mirada indiferente,
cual ve el árbol la corriente
que le riega con su baño.
Justo el desprecio es quizá;
que el agua que va pasando
a la tierra socavando,
al árbol arrastrará.
Tampoco el hombre "no" advierte
del tiempo la brusca huida,
¡que al par que le da la vida,
le va arrastrando a la muerte!
Balagtás (Dalmacio H.)
Contemporáneo. Natural de la Pampanga.
LÁGRIMAS
Lentamente se mustian mis pobres ilusiones
Tristemente se mueren mis ensueños en flor...
Y en todas mis endechas y en todas mis canciones
Solo hay cantos de pena y quejas de dolor.
Ignoro este misterio tan triste de mi vida
Que a veces con mis lloros, yo quisiera morir...
Ignoro si hay otra alma sensible y dolorida
Que en esta vida quiera mis penas compartir.
Ni los labios henchidos de mimos y embelesos
Que mitigan las penas con caricias y besos
Han podido de mi alma suavizar el dolor.
¡Misterio de mi vida! ¡Oh mi queja infinita!
¡Sólo a ti te comprende, mi fiel madre bendita,
Que con su santo beso, regenera mi amor!...
DULCEMENTE
Hay como besos locos de bocas olorosas,
hay brisas perfumadas de lejanos abriles,
hay aromas quiméricos de mileguas y rosas,
al oscular la aurora los dormidos pensiles.
Hermosa está Natura. Albarizos encajes
pueblan el azúl cielo. En amorosas citas
las aves mañaneras juegan en los ramajes
y se inebrian de esencias de suaves sampaguitas.
Besos de sol se posan en las cabezas mustias,
y ante las plantas de una Virgen de las Angustias,
musitando plegarias de matinal candor,
como una blanca sombra, está Mimí de hinojos
desgreñada la trenza, soñolientos los ojos,
--princesa fugitiva de un país del amor.
HOMENAJE
A SALVADOR RUEDA
Embajador poeta que vienes a esta tierra
donde flameó un día la enseña roja y gualda,
toma las galas todas que mi solaz encierra
y danos de tus rimas la perennal guirnalda.
De tus gloriosos versos la prodigiosa alquimia
afianzará los vínculos de nuestra antigua alianza,
que no en balde parlamos la hispana lengua eximia
y bruñó el sol nativo del "Quijote" la lanza.
No morirá en mi tierra la lengua de Castilla,
la cultura española no encontrará su ocaso,
las leyes del Rey Sabio tendrán vida inmortal;
porque en la historia un nombre eternamente brilla,
al lado de Cervantes, Molina y Garcilaso,
el nombre de aquel vate, héroe y mártir: Rizal.
Octubre, 1915.
Balmori (Jesús)
Manileño. Comenzó a metrificar para el público a los quince años, y a
los diez y siete publicó su volumen _Rimas malayas_ (Manila, 1904).
Sus primeros modelos fueron Bécquer, Espronceda y otros bardos
hispanos. Idolatró, luego, en Rubén. También cree en Villaespesa,
Rostand y D'Annunzio. Es padre de dos novelas y dos zarzuelas.
Laureáronle en copia de certámenes poéticos.
¡GLORIA!
(LETRA DE UN HIMNO ESCOLAR A RIZAL, PREMIADO NOVIEMBRE, 1908), EN
CONCURSO PROMOVIDO POR _El Renacimiento_, DIARIO NACIONALISTA DE
MANILA.
Del suelo de la patria que vuestra, sangre encierra
hoy brota un himno santo en vuestro augusto honor.
¡Gloria al que abrió los surcos para labrar su tierra!
¡Gloria al que abrió las almas para enseñar su amor!
No se extinguió en los aires vuestra palabra amada;
no faltan labios jóvenes que besen vuestra cruz;
y la legión de apóstoles por vos fructificada
no olvida al que en la noche cayó pidiendo luz.
Luz para las conciencias, para las almas todas;
luz para el ara triste del olvidado altar;
que aquella vuestra lámpara que se apagó en las bodas
iluminó, estallando, el alma popular.
Brotan frutos del suelo que el germen vuestro encierra;
las almas aprendieron a amar en vuestro honor...
¡Gloria al que abrió los surcos para labrar su tierra!
¡Gloria al que abrió las almas para enseñar su amor!
LA VENGANZA DE LAS FLORES
(CUENTO)
I
Señor: Pues ésta era una gentil chiquilla
Hija de un primitivo y autóctono rajhá,
Más bella que la estrella que sobre el viento brilla,
Más dulce que este cuento que a tí brindado vá.
¡Si hubieras visto qué ojos! ¡Lo mismo que dos frutas
De un _lomboy_[14] que tuviera las ramas perfumadas!
¡Y qué labios de rosa! ¡Y qué gloriosas rutas
Y líneas las del cuerpo de carnes encantadas!
Y se llamaba Flora, como la primavera,
Y su voz como el canto de los pájaros era,
Y sus cabellos negros y largos, y su frente...
Su frente era como un jazmín harto de aurora,
Con mucho de románticos amores soñadora
Y mucho de los rayos de luna. Dulcemente.
[Nota 14: Fruto negro, brillante, del árbol así nombrado.]
II
Señor: Pues esta niña estaba abandonada
Por el rajhá, ocupado en combates sin fin,
Y como ya muriera su madre, infortunada,
Ahora buscaba amor y aroma en el jardín.
Pero las flores, muchísimo menos amorosas
Que esas santas llamadas las madres de los hombres,
De la gentil chiquilla y su beldad celosas
Acordaron matarla, señor, aunque te asombres.
Que a veces la flor mata, como matan las leyes,
Así sean las víctimas diosas o hijas de reyes,
Así el verdugo luego grite arrepentimiento.
Y el acuerdo de todas las flores vengativas,
Desde las sampaguitas hasta las siemprevivas,
Quedó temblando a modo de una hoz sobre el viento.
III
Y aquí viene lo triste, señor, de todo esto;
Porque una tarde Flora cortó y cortó más flores,
Y luego de apiñarlas en su tagalo cesto,
Se fué a su lecho para contarlas sus amores.
Y se quedó dormida con ellas, y con ellas,
Que se reían bajo la luz de las estrellas,--
Lámparas de oro puestas en el celaje cónico,--
Flora, a la luz del alba amaneció abrasada,
Completa y dulcemente, de muerte perfumada.
¡Las flores la mataron con su ácido carbónico!
1910.
EL VOLCAN DE TAAL
(HACIA LO PARADÓJICO)
Y Dios cogió una vara de estrellas encendidas
Para prenderle fuego al cráter del volcán.
Temblaron las entrañas del monstruo, sacudidas.
La noche se tiñó del sol de sus heridas.
Y al despertar del sueño de siglos el titán,
Buscó a las dulces vírgenes al pié de su albo lecho,
Buscó a las flores hechas de todos sus vapores
Para clavar--¡qué loco!--sus garras en el pecho
De vírgenes y flores.
Cayeron. Y por ellas
Lloró el coloso luego sus lágrimas de estrellas.
Y es que algo en el zarpazo del débil a los fuertes
Pudiera aventurarnos a inmensos silogismos.
Si fueran esas cumbres eternamente inertes
Las águilas no harían su nido en los abismos
¡Oh ejemplo de las lavas!
¡Oh, tú, que matas vírgenes y rosas con tus babas
Llorando aquella risa con que rodó Satán!
Sigue rompiendo almas, sigue rompiendo prados.
Dios cogerá una vara de lirios perfumados
Para apagar el fuego del cráter del volcán.
1910.
EN EL CIRCO
Alma bohemia que jamás se abate,
gemela de Talión y Prometeo,
antes que suene el grito de combate
por la arena del circo me paseo.
No temas tú, oh Amor, porque me veas
despreciando mi vida ante el Coloso;
Una gota de sangre en las ideas
¡es Jesús en el Gólgota glorioso!
¡Y yo no temo al César! Por mis venas
corre sangre de mártires malayos...
¿Quién dijo que con balas o cadenas
puede atajarse el vuelo de los rayos?
Se ha de inclinar su testa coronada
bajo el verbo de gloria que pregono,
¡que es más grande mi pluma que su espada!
¡y hay más fuerza en mi pecho que en su trono!
Pero no has de temblar, ¡oh dulce amada,
Luz de mis ojos, paraiso mío!
Cuando tú veas fulgurar mi espada
en el solemne y loco desafío.
Que así cubra mi frente la victoria
como sobre la arena me desangre,
¡Si triunfo, para tí toda mi gloria!
¡Si caigo, para tí toda mi sangre!
BIENAVENTURANZA
Yo he abierto mi puerta al mendigo
y le he dado el dinero que tengo.
El pobre es mi padre y mi amigo,
y es pobre el hogar de que vengo.
He dado mi plata, a los ruegos
del viejo que llama a mi puerta
y clava sus ojos, ya ciegos,
en mi alma al amor siempre abierta.
Yo he dado mi plata ¡qué importa!
No lloren por mí los abuelos.
La vida es muy triste y muy corta,
y hay algo que premian los cielos.
Y no ha de faltarme a la mesa
el triste mendrugo que he dado;
que un ángel de Dios siempre besa
la mesa del que es desgraciado.
Bendiga mi frente la muerta;
la madre que lloro y bendigo.
Por ella yo he abierto mi puerta,
y he dado mi plata al mendigo.
A NUESTRO SEÑOR DON QUIJOTE DE LA MANCHA
(PREMIADA EN CONCURSO ORGANIZADO POR LA "CASA DE ESPAÑA", DE MANILA,
1920).
Señor de los poetas, de los desventurados
De todos los de ensueño de libertad turbados,
De los que han hambre y sed de justicia en la tierra!
Señor de los esclavos, señor de las zagalas,
En cuya frente baten las águilas sus alas,
Y en cuyo pecho España su corazón encierra!
En la vida que es triste, que es llena de amargura,
Y que sólo el amor salpica de ventura,
Como a ingrata doncella amante dadivoso,
¿Qué corazón que suena, que espíritu que adora,
No convierte en princesa la humilde labradora
Y no cree que Aldonza es la flor del Toboso?
Aún seguimos soñando castillos las posadas,
Ejércitos de príncipes altivos las mesnadas,
Jardines encantados los páramos sin dueño,
Y en todos los instantes y en todos los caminos,
Todos vamos cayendo por luchar con molinos,
Y a todos nos destrozan las aspas del ensueño!
¿Qué sería del mundo sin el halo divino
Que nos cubre lo mismo que el yelmo de Mambrino?
¿Qué sería la vida sin la dulce poesía
Que ciega nuestros ojos con sus flotantes tules,
Para llenar el alma de límites azules,
Y partir con un Sancho el pan de cada dia?
¡Oh, señor, ve que es cosa de gran desesperanza
salir por esos campos empuñando la lanza,
A desfacer entuertos en sin igual empresa!
¡Luchar con la quimera hasta rendir los brazos,
Y azotarse las carnes hasta hacerlas pedazos,
Por romper el encanto que aduerme a una princesa!
Pero todos lo hacemos. Todos siguen de trote
No hay un hijo de España que no sea Quijote,
Y aunque vaya soñando, haga el bien por doquiera.
Destrozado y herido le hallarán en la vida,
Pero no habrá una herida más ideal que su herida,
Ni habrá estrella más alta que su noble quimera.
Nada importa el que clama que su esfuerzo es locura,
Que es inútil su arrojo, que es fatal su aventura
¡Don Quijote discute todo eso con su lanza!
Y, en tanto ya ensartando malandrines follones,
Cargado de esperanzas, de ensueños, de visiones,
Por los campos del mundo avanza, avanza, avanza....
A su paso se llenan de flores los caminos,
Se abren todas las ventas, se callan los molinos,
Y aunque por todo oro lleve su sola historia,
Ante su porte triste soberbio, vagabundo,
El sol se para en lo alto de la frente del mundo,
Y como una campana de luz repica a gloria.
TRIPTICO REAL
(PREMIADA EN EL MISMO CERTAMEN QUE LA ANTERIOR)
I
ALFONSO XIII
Cuando cada monarca de la tierra
Sobre un cráter de horror su espada afila,
Y muere en flor la pompa de la tierra
Bajo los potros del moderno Atila;
Cuando Europa, violada y destruida,
En ese loco batallar sin nombre,
Siente que escapa su divina vida
En el agonizar de cada hombre;
Sólo tú, paladín excelso y franco,
Caballero ideal de punta en blanco,
Guardas tu espada de encendida lumbre.
Y abres en cruz tus brazos soberanos,
Para llamar a todos tus hermanos,
Como un Dios en lo alto de una cumbre.
II
VICTORIA DE BATTEMBERG
Mujer de fresa y nieve y terciopelo,
Suave como los besos de las brisas,
En cuyos ojos el azul del cielo
Es una flor de luz rota en sonrisas;
Hada dormida en pálido y sonoro
Ensueño ideal de amores y sigilos,
Cuyos cabellos de fragante oro
perfumaron a un rey entre sus hilos;
Reina gentil de aroma y maravillas
A quien un pueblo puesto de rodillas
Como a custodia de su fé venera.
No de Isabel la sangre esplendorosa
Va en tus venas. ¡Pero eres una rosa
Que lleva España abierta en su bandera!
III
BANDERA ESPAÑOLA
No hubo rincón en el mundo en que no ondearas,
Izada por la gloria de una hazaña;
No hubo ciudad ni yermo en que no hablaras,
Con tu oro y con tu púrpura, de España.
Y siempre en lo alto del ideal que enfloras,
Y del amor divino que sustentas,
Te besaron sonriendo las auroras,
Y te escupieron su ira las tormentas.
Pero aún flameas bajo el sol intacta,
Y la gloria que aun contigo pacta
Alza hacia ti su corazón desnudo.
Te reserva más cumbres y más cielo;
Cumbres de amor y honor para tu vuelo;
Cielos de egregia luz para tu escudo!
CANTO A ESPAÑA
El alma del poeta filipino
Se detiene en la aurora del camino
Y llama con sus alas a tu puerta
¡Es la hora en que el amor abre sus galas
Si has oido los golpes de mis alas,
Señora de mis cánticos, despierta!
Crisol de veinte estados castellanos,
Reina que sostuviste con tus manos
De dos Mundos la esfera estremecida,
Y rasgaste en pedazos tu bandera
Porque la enseña de esos pueblos fuera
Girón de tu alma, soplo de tu vida!
¡Vieja y noble leona castellana!
Tuya será la norma del mañana,
Como es hoy, por la gloria de tus hechos.
¡Te lo rujen unidos los cachorros
Que se amamantaron con los chorros
De las divinas fuentes de tus pechos!
Te lo dice esta fiesta de la Raza,
Rosal de luz que en rosas se te enlaza;
Y de onda a onda, en rebrincar mirífico
Te lo clama vibrando en aureo cántico,
Cristóforo Colombo en el Atlántico,
Y Hernán de Magalhaes en el Pacífico.
Tu eres la amada que jamás se olvida,
La labradora, de ilusión vestida,
Que hace de eriales, cármenes fecundos,
Y si ante el Cid, Castilla no se ensancha,
En cambio Don Quijote de la Mancha
Tiene por lanza el cetro de los mundos.
¿Qué te importa que en tierras del Oriente
Coronaran de abrojos la tu frente?
¿Qué, el que las Américas en coro
Se desprendieran todas de tus brazos?
"Un anillo de oro hecho pedazos,
Ya no es anillo, pero siempre es oro!"
Y nos queda el amor. ¡Lo que no muere!
Lo que es igual cuando nos besa o hiere!
¡Rosa inmortal rodeada de espinas!
El santo amor que te empujó quimérica
A vender tu corona por América,
Y a abrirte el corazón por Filipinas.
Alza la frente que abatió la pena;
Sacude el huracán de tu melena;
Llene el viento el clangor de tus rugidos...
Despierta, hermosa leona castellana,
Que tus huestes tocando están a diana,
Con los aceros hacia a tí rendidos.
Restallan bajo el sol tus estandartes,
Dice España el amor por todas partes,
Las almas beben cuanto tú interpretas,
Y por cumbres, collados y senderos,
Se une al himno triunfal de los guerreros,
La divina canción de los poetas.
Por igual en las pampas argentinas
Que en nuestras sementeras filipinas,
La espiga de oro que en el sol se baña
Y la flor que perfuma estremecida,
Flor que es el alma, espiga que es la vida,
Son vida y alma tuyas, madre España...
¡Madre, sí, más que reina, más que dueña,
Madre de Guatemoc cuando te sueña,
Y de Kalipulako si te hiere!
¡Madre que todo lo ama y lo perdona!
¿Qué labio ruin tu gloria no pregona?
¿Qué pecho es el traidor que no te quiere?
¡Oh, España! ¡Porque en tu alma nos enlazas,
Que te troven su amor todas las razas!
¡Y pues sus grandes gestas altaneras
Creó el mundo al calor de tus leones,
Que te echen flores todas las naciones,
Y que te besen todas las banderas!
El eco de tu mágico renombre
Que de hemisferio en hemisferio vuela,
Es el atril divino de tu Historia....
¡Llenas están las tierras de tu nombre!
¡Llenos están los mares de tu estela!
¡Llenos están los cielos de tu gloria!
Octubre, 1921.
Barbaza (Florencio G.)
Contemporáneo. De familia lauta, nació en Manila el 30 de Septiembre
de 1892. Cursó estudios en el Instituto de los Jesuitas y Universidad
dominicana de Santo Tomás. Aquí, algunos de Medicina. Colabora en
Prensa de Manila e Ilo-Ilo, habiendo dirigido en la capital de las
Bisayas el "Nuevo Heraldo". Sus poetas favoritos son Villaespesa,
Carrere, Marquina, Juan Ramón Jiménez, los hermanos Machado y Nervo.
Pero, sobre todos, Rubén Darío. Ha usado el seudónimo _Floriam_.
ELOGIO A TUS OJOS
He mirado tus ojos serenos,
me be bañado en su luz tardecina,
y he sentido vibrar alma adentro
una voz misteriosa escondida...
Fiel remedo de acordes lejanos,
con arrullo de besos y brisas,
con susurro de mansas corrientes,
con acento de notas distintas,
con la amarga profunda tristeza
que evoca doliente la cítara lírica.
He mirado tus ojos serenos,
me he bañado en su luz tardecina,
y he logrado saber tus angustias,
y he logrado leer tus desdichas.
Hay un dardo mortal en tu pecho
y en tu frente una sombra querida,
una tenue tristeza en tu rostro
y en tu boca una vaga sonrisa...
algo raro que es todo un misterio,
que nadie lo acierta y no lo adivina.
No te importe la cruel carcajada
de esa gran muchedumbre que grita.
Ven a mi, pobre enferma del alma,
y en mis hombros amantes reclina.
Yo te doy el calor de mis brazos,
yo te entrego gustoso mi vida,
yo te ofrendo la miel de mis trovas,
yo seré tu cantor, alma mía...
quien arrulle con versos tus sueños
tus sueños marchitos, mimosa chiquilla.
1920.
FANTASÍA CREPUSCULAR
En las postreras horas del crepúsculo,
cuando respira todo paz y calma,
y la tristeza reina en el ambiente
oloroso a sampagas...;
ese momento hermoso
del sol que se desmaya,
ocultando sus últimos fulgores
en las cumbres lejanas,
para dar paso a la plateada luna
que en luces se desata;
cuando pára el acento
de las corrientes mansas,
y de las ramas dormidas
descansan sosegadas
las _mayas_[15] que anhelantes sólo sueñan
en la pronta alborada
para lanzar de nuevo por los aires
la voz de su garganta;
cuando parece que la gente toda
el calor del hogar busca en sus casas,
gusta en estas horas de quietud solemne
mi fantasía alada
de remontarse hasta el azul del cielo
a regiones soñadas
donde no existen viles opresores,
ni pasiones funestas y malvadas.
[Nota 15: Pájaro diminuto, de dulce pio, abundante en los bosques
del país.]
Semejante ilusión mi mente crea
cuando en la imperial calma
de la tarde que muere lentamente,
cual la luz de una llama,
yo dejo en libertad mi pensamiento
que forja una añoranza;
sueño estar a tu lado, y es mi anhelo
y son mi dicha y mi alegría tantas
que con amor te llamo como un loco
buscando a la mujer que yo soñara
en un rato de ciego desvarío,
que con fervor pensaba,
recordando en el brillo de tus ojos
cual fulgor de alborada...
Mas, ¡nada!, esta ilusión, fugaz, ligera,
sólo es vana esperanza
que aumenta mi dolor y mi agonía
que me roba la calma,
y arranca de mis ojos melancólicos,
sinceras, fugitivas, muchas lágrimas.
Abril, 1919.
CATILINARIA
Bien, aquí estoy, de cara al Universo,
Altivo el gesto y el mirar sereno;
Lanzando al viento mi sonoro verso,
De grato incienso y de perfumes pleno.
Desde mi alto sitial, indiferente,
Contemplo al pueblo que ante mi se inclina;
La pobre humanidad triste y doliente
Que por la senda del ideal camina.
Me encuentro solo, sin ningún recelo
A los Zoilos pedantes y ruines.
Yo tengo por bandera el ancho cielo,
Vibra mi voz en todos los confines.
Me inspiran compasión esos traidores
Que vallas van poniendo en mi camino,
Mi numen de centellas y fulgores
Les señala a cada uno su destino.
No me asusta el ladrido de los canes
Que celosos envidian de mi suerte;
Yo, como Cristo, repartiendo panes
Protejo al débil cuanto insulto al fuerte.
Soy el bardo rebelde que en sí encierra
Un corazón ingente y bondadoso;
Y mi verbo es de admonición y guerra
Que aplasta al necio vil, ruin y coloso.
No me espanta la voz del sordo trueno.
Yo no conozco el miedo ni el fracaso,
Mi alma es un sol de resplandores lleno...
Sobre la ignata muchedumbre paso.
¡Oh, musa, ven a mi! Dame tu aliento,
Que quiero hablar retando al orbe entero,
Y aunque el dolor me abrume el sentimiento
No he de soltar mi cítara de acero.
Me gusta combatir. Amo la lucha.
Me siento fuerte ante el cruel tirano,
Y al torpe que mi voz no atento escucha,
Castigo impío con nervuda mano.
¿Qué me importa lidiar?--Si tras la lidia
Me aguarda entre sus brazos la victoria.
¿Qué me importa que otros con perfidia
Quieran manchar mi nombre envuelto en gloria?
Detesto el odio, la traición y engaño
Y a aquellos quienes me odian los perdono;
Podrán viles hacerme todo daño,
Mas no me harán temblar en mi alto trono.
Por encima del odio y de la inquina,
Todos pregonan mi carácter noble.
Yo proclamo mi sangre filipina,
Y tengo la altivez del viejo roble.
He heredado mi roja rebeldía
De un valiente sultán invicto moro.
Es mi sola heredad, y a fe mía,
Yo la guardo como único tesoro...
1920.
TRISTEZAS
Alma presa de dolencia,
Nunca encontrarás clemencia
Si no te acudes a mí:
Yo tu tristeza sentí,
Alma presa de dolencia.
Rosa de melancolía,
Toda pasión y dulzura,
¿Quien te dará su alegría?
Yo por tu bien te daría,
Todo mi amor y ternura,
Rosa de melancolía.
Todo es mentira en el mundo.
El desengaño encontraste,
Tu que mi afán despertaste,
Con tu desprecio profundo.
¡Todo en la vida es contraste,
Todo es mentira en el mundo!
Olvidemos lo pasado,
Ven de mis ansias en pos...
Ya que el amor ha tronchado
La existencia de los dos,
Olvidemos lo pasado.
Lejos de todo, olvidados,
Entre mil plantas y flores
Construyamos nuestro hogar;
Y por siempre enamorados,
Cantemos nuestros amores,
Ciegos a cualquier pesar,
Lejos de todo, olvidados....
Barroso-Arrieta (José María)
Manileño aunque de abolengo español. Abogado por la Universidad de
Manila. En esta ciudad, muy joven, comenzó a actuar de periodista en
"El Comercio" y otros diarios españoles. Alrededor del cambio de
dominación vino a España, fijando su residencia en Barcelona, donde
ejerce con lucimiento su carrera hace más de veinte años.
CONSUMMATUM EST...!
¡Qué dulcemente en el eterno sueño
que en flor segó una vida sin agravios...!
La pálida escarlata de tus labios
que el rocío del alma humedecía,
los santos clavos del sagrado Leño
tenuamente teñía.
Contemplando tu faz agonizante,
contemplando impotente que arrastraba
mis venturas la Muerte en su fiereza,
"¡En tus manos, Señor,
encomiendo mi espíritu...!", clamaba
trémula de estupor
mi voz desesperante.
Dulcísima rendiste la cabeza
consumando espantoso sacrificio;
a la gloria ascendiste con presteza
para empuñar de la virtud la palma,
dejándome en el alma
mortal tortura, aterrador suplicio...
Tus despojos después enriquecieron
próvidas flores que en cercano día
en ánforas tus manos dispusieron,
las mismas que en tus últimos delirios
impetrabas la amable compañía.
Y verbenas y anémonas y lírios,
llenos de excelsitud y de poesía,
rociados con mi llanto
fueron contigo, ¡Emula!, al Camposanto...
ESPIRITUALIDAD
Me prestas la sonrisa encantadora
que el pecho desgarrado necesita
para aplacar los ayes que vomita
del terrible dolor que le devora.
De nuestro amor el ánsia arrobadora
que fluya eternamente Dios permita,
feliz en tu alma en la Mansión bendita,
triste en mí en esta Tierra engañadora!
Por eso le suplico reverente
que no falte jamás luz en la mente
para que en ti se fije el pensamiento;
en el habla, calor para ensalzarte;
y fuego abrasador, encendimiento
vivo en el corazón, para adorarte.
EL EUCALIPTO DEL PANTEÓN
¡Mirtácea esplendorosa...!
¡Quién pudiera en tu médula inyectar
la esencia misteriosa
del alma tormentosa
que no ha podido el llanto debelar!
Tu estrenua arboladura
gallarda y rígida se yergue al pie
de sacra sepultura
que guarda la armadura
de la verdad de mi amorosa fe.
Tu fronda balancea
temerosa, y las hojas ven lucir
cuando el día febea,
la líquida presea
que ha de absorber la tierra al efundir.
El pétalo minúsculo
ufana ostenta tu plateada flor,
y al brote de su súrculo
más vivo en el crepúsculo
en declinando el sol dominador.
Exhala ténue esencia,
que es plegaria que envuelve, al descender
hasta la Omnipotencia,
lamento y asistencia,
primera lágrima, efusión postrer.
¡Eucalipto arrogante
que erguido impávido junto al panteón
despliegas fascinante
tu fronda murmurante
y embalsama tu nívea floración;
cipo fúnebre; estela
que Natura levanta a la virtud;
superno centinela
que siempre, siempre vela
de mi amada la frígida quietud;
mirtácea esplendorosa...!
¡Quién pudiera en tus fibras inyectar
la esencia misteriosa
del alma congojosa
que no ha podido el llanto debelar!
Bautista (Vicente)
Comtemporáneo. Frisaba con los 17 años cuando publicó en Manila (1911)
su colección de poesías _Luzónicas_. Es natural de la Pampanga.
MAYO
Ha llegado a mi casa sobre el ala de un rayo
y ha llenado de rosas mi pobre habitación,
y yo le he preguntado quién era, y era Mayo,
Mayo con su perfume de flor y corazón.
Abriéronse mis brazos a su áurea caravana
y se llenó mi mesa de vaga devoción;
fué un desfile de rosas y aves por mi ventana,
abierta a la olorosa y dulce procesión.
Y al fin, emocionado, hablé:--Mayo, ¿qué quieres?
(El me miraba como miran esas mujeres
que están enamoradas o enfermas de soñar).
Mayo ¿qué quieres?--dije de nuevo. Y él entonces,
sonó todas sus risas, sus besos y sus bronces,
para rugirme como pudiera un tigre:--¡Amar...!
REQUIESCAT...
Que descansen en paz los que cayeron
porque el volcán les hizo lo que fueron:
barro, barro no más,
¡Que descansen en paz!
Un requiescat a todos los temblores,
y a todos los dolores,
de los niños, ancianos y mujeres,
que mató ese maldito, ese loco criminal
que en el mapa se llama el volcán de Taal.
Dios puso el fuego en los volcanes como galas,
para que su humo trémulo, a modo de un favor,
le incensase;
como puso dos alas en el ave y cien alas
en la flor
para que le perfumase.
Y de esto que proclamo
¡oh, pueblo! no te asombres;
conos de cumbres, horror de los infiernos,
los volcanes, los reyes, los gobiernos,
son para la vida universal que yo amo
y no para matar razas y hombres.
Para el desastre hay que oponer el alma;
a la indigencia abrir nuestro tesoro,
y ahora que alumbra, en calma,
el sol, los restos de aquel toro de oro
que adoraba el taaleño como Israel el becerro
en los vastos desiertos, lloremos por los muertos,
por el hombre, el águila y el perro.
También lloró el volcán. Y fué su llanto
de lágrimas de oro, de besos de quebranto,
y de terror,
después que vió a sus vírgenes completamente yertas,
después que vió a sus islas completamente muertas,
Y sobre todo, muerto para él, todo el amor.
Mirad. No tiene fuego;
su cumbre está violada, su entraña carcomida,
perdió el Coloso vida,
de tanta vida en flor, como extirpara luego,
y loco de vergüenza y de arrepentimiento,
va hundiéndose, va hundiéndose,
la mismo que un perfume deshecho por el viento;
reuniéndose;
plegándose como una multitud plegárase en un templo,
o como van los pájaros enfermos a su nido,
para gemir:--¡Oh, Césares, miraos en mi ejemplo!
para gritar:--¡Oh fuertes, yo muero arrepentido...!
Bernabé (Manuel)
Nació en Parañaque (hoy provincia de Rizal), el 17 de Febrero de 1890.
Estudió en el Ateneo municipal de los Jesuitas y luego en la
Universidad de Santo Tomás. A los nueve años hacía versos castellanos.
A los 14 los componía en latín. Ha obtenido premios en certámenes. Sin
desdeñar lo moderno, venera a los clásicos españoles. Es maravilloso
declamador. Ahora actúa como redactor muy distinguido de "La
Vanguardia" y profesor de la Universidad de Filipinas.
LO IMPOSIBLE
(EN UN ALBUM)
En la flor de tus labios adivino
algo ideal que tu hermosura viste,
mientras, soñando en ellos, bebo el vino
de un ensueño de gloria que no existe.
Lo imposible es un ala que nos roza
creando en el dolor fuertes enojos.
¡Ay! No poder volver hasta mi choza,
llevando la presea de tus ojos!
Le diría a mi madre:--¡Madre mía,
pon tu albo traje, alégrate sin tasa;
ya tenemos los dos, de noche y día,
Un milagro de Dios en nuestra casa!
SOLDADO-POETA
Dios ha puesto en el arco de tus cejas
la excelsitud de un arco-iris santo,
igual que pongo un borbotón de canto
en una lira de cadencias viejas.
En el hondo negror de tus guedejas
la Noche obscura distendió su manto,
esa deidad que sorprendió mi llanto
más de una vez en tus doradas rejas.
Ven, y no tardes más. Dios ha querido
que fueras la paloma que convida
a las ternezas místicas del nido,
y yo, un fuerte soldado apolonida,
que, recogiendo mi pendón caído,
con la espada y laud, te dé la vida.
Julio, 1919.
¡CANTA, POETA!
(A SALVADOR RUEDA, DURANTE SU ESTANCIA EN MANILA)
(FRAGMENTO)
Embajador de madre Hispania: alzo la copa
a lo alto del Ensueño por la salud de Europa,
la Europa uncida al yugo del hado militar
bautizada con sangre por aire, tierra y mar,
la Europa que há rencores de hermanos entre hermanos
pero jamás de bardos indios y castellanos,
porque es la onda que corre por la arteria del verso
piélago de armonías que baña el Universo.
La España de hoy es sorda a irrumpir de metralla
ahita de laureles en cesáreas batallas,
no quiere ya ser cuna del Cid y de Pelayo,
de la Armada Invencible, los Tercios, Dos de Mayo,
la que hizo de los pueblos haz de suelo español
en que no se ponía la hipérbola del sol;
ramo de oliva porta en sus divinas manos,
que no quieren teñirse en sangre de cristianos,
consiguiendo el arrullo de la fabla rimada
lo que soñara en vano tiranizar la espada.
Tú, que al partír de Cuba, inclinada la frente,
cojiste tierra, "para besarla eternamente",
lee en el libro abierto de mi Naturaleza,
donde es panal la vida y otro Dios la belleza,
donde, como en un pórtico de bienaventuranza,
encontrarás a cada aurora una esperanza,
y en la mujer, la flor, el nido y los alcores,
oirás la sinfonía de todos los amores;
el cielo, siempre azul, sin mácula ni daño,
que da eternal cobijo al propio y al extraño;
los árboles ciclopeos que alzan la copa al cielo
y hunden, por defenderse, la raigambre en el suelo,
de corteza tan amplia, que unida la cintura
de tres gigantes de descomunal figura;
el Apo y el Maquiling, el Taal y el Mayón[16]
de fraguas encendidas como un gran corazón,
incensario de fuego hiriente en el altar
de la patria, como un eterno luminar,
como idea que salta del crisol de tu mente,
como el anhelo indígena de ser independiente...
[Nota 16: Volcanes filipinos.]
Y así, mientras la Europa riñe feroz contienda,
y España es madre que no olvida a su hija ausente,
también como guerrero de acero no humillado
que alegra la vejez mirando en el pasado...
Ese es el pueblo tuyo, que canta diplomacias
del rey Alfonso XIII, flor de las democracias;
que con la unción del reino te entregó el estandarte
tutelar y simbólico de la Paz y del Arte,
para que tu voz fuera en mi indiano solar
el reparto y renuevo de un amor secular,
(el árbol que la entraña de nuestro bosque cría
en cada retoñar acrece su ufanía);
para que tu voz fuera el aviso y proclama
de que el idioma hispano no muere, pues se le ama,
y España es madre que no olvida a su hija ausente
a quien dió sangre e idioma en un rincón de Oriente;
y de que es ley que el vínculo espiritual subsista
por cima del destino, del tiempo y la conquista.
Heraldo de grandezas de la matrona ibérica,
que pulsaste la cítara en la española América,
y envuelto entre los pliegues de su argentino manto
volcaste toda el ánfora de tu lirismo santo,
la flor que aroma, clave que trina, el río en calma,
como en el laberinto de sus dudas el alma,
te brindará su encanto la paz de los cañales,
desatará tu rima bajo espesos mangales,
te pondrás en el cuello un collar de sampagas,
la flor amada de las vírgenes dalagas...
Verás, al fin, un breve Edén en el planeta
que no pudo jamás soñar ningún poeta.
Canta, poeta, canta. Pienso y no es desvarío,
que ha de inmortalizar tu canto al pueblo mío.
Septiembre, 1915.
BLASON
Al ver los oros tenues de tu encaje,
tu lino de eucarística blancura,
quiero curar mi hidalga desventura
encarcelado en la prisión de un traje.
Tal que mis potros es mi amor salvaje;
pero, en mi sed de clásica aventura,
yo deshojo una flor a la hermosura
y la rindo perpetuo vasallaje.
Ya se que afirmas que no sabes cómo
el ciego impulso de mis potros domo;
pero perdona si a mi vez te arguyo.
Que este mi amor es impetuosa fiera
que sólo una mujer domar pudiera
con un mirar celeste como el tuyo.
MI ADIOS A ILOILO
Antes de abandonarte, ciudad maravillosa,
que ungiste de alegrías mi peregrinación,
quiero dejar prendida en tu escudo una rosa,
que yo he santificado ante el altar de Otón.
La nave lleva al bardo. Pero en la silenciosa
lágrima que yo vierto, queda mi corazón;
y el noble ilongo amigo, como la ilonga hermosa,
vivirán por los siglos dentro de mi canción.
Más alto que el _kanuyos_ cerniéndose en los montes
mi alma tenderá el vuelo a extraños horizontes,
cantando de los pueblos el himno redentor;
Pero, así bramen vientos y se refosquen cielos,
hacia estas islas sacras retornará sus vuelos,
¡como el ave que vuelve a su nidal de amor!
Abril, 1920.
CASTIDAD
Mujer, ¿te acuerdas? Con la sien caída,
en tu palor marmóreo de azucena,
tú desleías, como un alma buena,
todo el rosal de una ilusión perdida.
Aquella tarde fué. No sé si herida
en la raíz de tu virtud serena,
mi audacia fácil añadió otra pena
al calvario de penas de tu vida.
Llorabas y reías. De tu boca,
rojo nidal de sierpes del deseo,
fluían en suspiros mil encantos...
--¡Qué loco eres!--dijiste. Y yo, ¡qué loca!--
Pero en medio de tanto devaneo,
--¿lo recuerdas aún?--fuimos dos santos.
Julio, 1920.
ESPAÑA EN FILIPINAS
I
La dulce Hija, postrándose de hinojos,
dice a la Madre, a tiempo que sus ojos
leve cendal de lágrimas empaña:--
Dios ha dispuesto el término del plazo
y ya es la hora de romper el lazo
que nos unió tres siglos, ¡Madre España!
II
¡Madre, sí, madre! Sobre mi haz tendido
va fermentando el anhelar dormido
y, el germen abonado se agiganta,
la gratitud es flor del alma mía,
y no muere la clásica hidalguía
donde se irgue tu cruz, tres reces santa.
III
Puede venir el águila altanera
y hundir el corvo pico en la bandera
de gualda y oro, que nos da alegría;
podrán poner a mi garganta un nudo,
que cuando ¡el labio se retuerza mudo,
irá a gritar el alma: ¡Madre mía!
IV
¡Dichoso instante aquel que vió a las olas
dialogar con las naves españolas,
llevando a Limasawa a Magallanes!
De entonces a hoy, portentos mil se han visto,
y es que el poder de España arraiga en Cristo,
manso y sin hiel, multiplicando panes.
V
Soberbio es tu ideal, como tu gloria,
largos siglos ataste a la victoria
al carro de tu funesta monarquía.
¿Cómo no amar tu gesta no igualada,
si en las fronteras que humilló tu espada,
el gran disco del sol no se ponía?
VI
Mas, ¡no es la espada omnipotente sólo
la que al brillar del uno al otro polo,
obró cien maravillas en el llano;
es la esencia vital de las Españas,
que al invadir palacios y cabañas,
prestó eficacia al ideal cristiano.
VII
Quién empuñó con varonil denuedo,
en los tiempos de Lope y de Quevedo,
"el cetro de oro y el blasón divino";
quién sembró de fé en la individual conciencia
decoro en la mujer, que es otra herencia,
luz en las mentes y oro en el camino.
VIII
La que duerme arrullada por el cántico
de las ingentes olas del Atlántico;
la que empujó a Colón hasta la entraña
del mundo nuevo, que copió su hechura;
la que llevó a las pueblos fé y cultura
y áuras de libertad... Esa es España.
IX
España, la invencible soñadora,
que monta rocinantes a deshora,
los toros lidia, viste la mantilla,
ama la jota y al _danzón_ se entrega,
mas cuyo acero no es una hoz que siega,
sino arado que pone la semilla;
X
La patria de la vid y la verbena,
que fía a la guitarra su honda pena,
dominadora de la Argel moruna,
la que las tierras incas civiliza,
hidalgo pueblo, de otros cien nodriza,
única madre que meció mi cuna.
XI
Los claustros de tus Cuevas y tus Prados
noche y día miráronse atestados
de hijos nativos del saber amantes:
hiciste héroes y armaste caballeros,
y aun late en el cantar de mis troveros
la dulcísima lengua de Cervantes.
XII
¡Oh rica fabla espiritual! Simula
cordaje de una cítara que ondula,
--es blanda arcilla y música ese idioma--,
claro choque de perlas y corales,
remedo de los coros celestiales
que de Dios mismo su raigambre toma.
XIII
Si lloro, se unifica con mi llanto,
impregna hasta el _kundiman_[17] cuando canto,
y es en la liza imprecación y alerta.
Podrán hurtarme mis veneros de oro,
pero al perder tan singular tesoro,
es que habré sido traicionado y muerta.
[Nota 17: Canto popular filipino.]
XIV
Rizal, Mabini, del Rosario y Luna,
hijos míos y tuyos son. Cada una
lleva en la frente un evangelio escrito.
Si yo les dí mi maternal entraña,
no empresa mía fué, sino de España,
fundir el alma en su troquel bendito.
XV
La Cruz de Arrechedera y Urdaneta
está en mis cielos, tabla es que sujeta,
cuando zozobra, al bien; porque a despecho
de las más encontradas ambiciones,
tu religión, tu fé, tus tradiciones,
han abrigo recóndito en mi pecho.
XVI
En el curso del tiempo, desenvuelto,
tú, España, volverás,--¿Qué amor no ha vuelto?--
Presa en la red del propio bien perdido:
serás un ave, enferma de añoranza,
que va a volar cuando la noche avanza,
en dirección al solitario nido...
XVII
Si están ahitos de llorar tus ojos,
y en otros días te causara enojos,
la era de paz y de perdón se inicie.
¡Oh, qué mejor que tras la despedida,
seamos como el agua, en dos partida,
que se torna a juntar en la planicie!
XVIII
...Mientras la vista atónita vislumbra
la luz de redención en la penumbra,
e hijos del alma apréstanse a las lides;
¡vé, Madre! Y digan valles y colinas:
¡Gloria a la Madre España en Filipinas!...
¡Loor eterno a tí! Tú, no me olvides.
Canon (Fernando)
Veterano poeta cuyo plectro ha golpeado la lira bajo las dos
soberanías. Nació en Biñán (Laguna), en 1860, Fué condiscípulo y
_alter ego_ de Rizal en el Ateneo municipal, y juntos se graduaron de
bachiller en 1877. Hacía versos a los catorce años. Cursó la carrera
de ingeniero industrial, y para perfeccionar sus estudios viajó por
Europa, Años residió en Barcelona. Son sus pasiones, además de la
matemática, el ajedrez y la música. Fué general de ingenieros con el
ejército revolucionario. Sus poetas dilectos son Campoamor y
Villaespesa. Mora en Manila actualmente, siendo profesor de guitarra
del Conservatorio.
FLOR IDEAL
El rocío de nubes blanquecinas
Eterniza la _flor de las colinas_,
Esa flor que en su cáliz peregrino
Encierra el ósculo del amor divino,
Llevado allí por las sublimes notas
Del eterno cantar de los patriotas.
Blanca flor de montañas
Que en el azul empíreo se mece,
Cuando surgen patrióticas hazañas
Se multiplica y por doquier florece;
Pero diz que se oculta y desparece,
O se demuda roja,
Cuando patria postrada se sonroja,
Y vagan por las nubes sus raíces
Lloradas por las musas infelices.
En tanto llega el día
En que, unido el valor a la hidalguía,
Surje en la excelsa cumbre
La cálida ambrosía
Que, a la ignición de misteriosa lumbre,
La planta vitaliza
Y el amor de las musas fecundiza.
Sus hojas transparentes,
que guarnecen flexibles enramadas,
Irradian luces mil, resplandecientes
En medio de penumbras, azuladas,
Y esparcen, difundidos en su brillo,
Los campestres olores del tomillo
Refrescados por niveas sampaguitas,
Burlonas de las cuitas.
Del filipino céfiro amoroso,
Que atrae candencioso
Mil íntimas fruiciones infinitas...
Vértigo voluptuoso
De sonrisas, caricias y murmullo
Que vibran de una flor en el capullo.
El tronco de esa planta legendaria
Viste el tul que en la selva solitaria
La quietud simboliza
Y el frío del olvido cristaliza.
Mas, en lo alto, los vientos con sus marchas
Pasan para engarzar vivas escarchas
En derredor del cristalino encaje
Que en excelso ropaje
El tronco viste... ¡signo de grandezas!
Bajo una blanca trama de finezas.
Misterioso tamiz de las virtudes
Que alcanzan a divinas altitudes,
y parece una espléndida bandera
Que cubre un mástil de genial quimera.
Veste reticular a cuyas mallas
Llega el eco triunfal de las batallas,
Velo quizás de nupcias redentoras
Que a la patria querida
Viene anunciando bendecidas horas
De una raza indomable redimida.
Y ¡lo que más asombra!...
Sus raices nunca, yacen en la sombra.
Se adaptan en graníticas fisuras,
Desafiando el rigor de las alturas.
Forman telas de mimbre,
De finísima, urdimbre,
Sobre cálido erial o entre los hielos...
Sólidas, al amparo de los cielos,
Y a la vista del sol y las estrellas,
Bajo el fluído vital de las centellas.
Y, hasta en sus pequeñeces,
No puede la soberbia planta humana
Hollar con altiveces
La raiz soberana,
Que en la cúspide siempre se coloca
De acantilada roca,
Por cortantes aristas defendida...
Y es necesario despreciar la vida
Para llegar al pie de la meseta
Donde marca la flor dificil meta...
Pináculo oriental de lo sublime
Al que el astro solar su beso imprime.
Genio inmortal que velas noche y día
Por la ventura de la patria mía:
¿Cuando hallarás la _flor de los colinas_
En las altas montañas filipinas?
"RIZAL ARTISTA"
En sus juegos de niño,
Al descender ufano
Del tronco envejecido de un manzano,
Miraba con cariño
El fruto más hermoso,
Que a mí me regalaba generoso,
Y muy sério decía:
"Es pequeña, redonda,
Y parece una cara de muñeca
Sonrosada y moronda...
Y yo, en vez de comerla, le pondría
Ojitos".--Y, apesar de alguna mueca,
Convertía aquel fruto
En busto de cupido diminuto.
Lector; si crées invención galana
La escultura pueril de la manzana,
Admite estos detalles,
Y prueba por tí mismo,
(Siempre que iguales elementos halles
Para el escultural idealismo),
Hacer de aquella fruta
Una muñeca fresca y diminuta.
Manzana filipina,
Sonrosada, aromosa, pequeñina,
Y para dar una cabal idea,
De la infantil presea,
Te diré los coloquios que en la infancia
Sostuve con Rizal, en una estancia.
Parece que lo veo:
Con un carbón muy negro y puntiagudo
Le puso cejas y ojos... lo que pudo.
--¿Sin narices? le dije, ¡oh que feo...!
--"Estate quieto, espera,
ya le pondremos la nariz de cera,
Una nariz pequeña, filipina,
Nariz de la modestia, simple y fina."
--Pero dime, ¿y la boca?
--"Eso aquí, muy pequeña, se coloca
Sobre este hueco, ¡hoyuelo de bellezas!
Expresión de inocentes gentilezas.
Con dos más, forman una maravilla
En cualquier sitio de infantil mejilla".
--¿Queda sin cabellera?
--Sí. Sólo una gorrita
Con una blanca y grande _sampaguita_[18].
Un pámpano escotado por pechera,
Y en el cuello... así... o como se quiera
Por corbata _ilang-ilang_ o _champacas_[19]
O las verdes hojuelas de albahacas;
Por faldillas las rojas _gumamelas_[20]
Y dos partidos mondos cacahuetes
Por piés, con dos corolas por chinelas,
Ocultas por ribetes
Formados en minúsculos estambres,
Y verdosos pistilos,
Que ensartan dos alambres
O metálicos hilos,
A simular el oropel y encantos
Que dan la majestad a regios mantos.
[Nota 18: Aromosas flores del Archipiélago.]
[Nota 19: Flor roja, silvestre, parecida a nuestra amapola.]
[Nota 20: Hibiscos (Tagalog).]
"¡Es niño filipino!",--me decía,--
"Le visto con suprema gallardía."
Pasaron sin quebrantos
Esos días de juegos infantiles;
Vinieron los Abriles,
Con todos sus encantos
Haciendo palpitar los corazones.
Y Rizal ya tallaba
Machetes y cañones,
Y siempre preparaba,--
¡Manera singular de sus hazañas!--
Contra el cañón el triunfo de las cañas.
Y esto es verdad, mi buen lector mundano,
Porque él, con catapultas de cañizo,
Con frecuencia deshizo
El rico armón de mi cañón prusiano.
¡Del arte militar, el horizonte
Que ve un Napoleón o un Jenofonte...!
Mas tarde, siempre vencedor en tierra,
Piensa en barcos de guerra filipinos...
Y ya cansado un día
De la dificultad que siempre encierra
El triunfo en mar bravía,
¡Buscó en lo sobrehumano los destinos...!
Se puso con empeño
A esculpir en un leño
El frío simbolismo de algún santo...
Y el arte místico feliz nacía
Con religioso encanto
Al modelar su culta idolatría.
Ya es preciso cruzar los anchos mares.
Los genios tutelares
Nos señalan el triunfo muy lejano.
Allende el Océano
Veremos a Rizal en Barcelona
Sobre una mesa del "Café Pelayo"
Mirarnos de soslayo,
y con, medida artística segura
y sonrisa burlona,
En el mármol hermoso, muy pulido,
Una caricatura
Haciendo, pronto, igual y de corrido.
y allí nos señalaba,
Con rayas y con puntos
Cada uno y todos juntos,
Y caracterizaba
Nuestras tendencias siempre juveniles
En el loco correr de los Abriles.
Do quiera, hasta en los días de algaradas
Era Rizal artista en las veladas.
Siempre sus poesías
Eran una escultura,
O luciente pintura,
De sublimes, vibrantes melodías
Que por los mares y hasta por los aires
Transportaba, en patrióticos donaires,
Su artístico altar de estro divino,
Del suelo filipino
Amor de sus amores,
Búcaro inmenso de orientales flores.
Recuerdo que una tarde del Otoño,
En la Villa del oso y del madroño,
En casa de Paterno,
De filipinas glorias
Recolector eterno
Y pensador de idílicas historias,
Se hallaban literatos,
Ministros, periodistas,
Músicos y pintores,
Y todos los artistas,
En raros pugilatos,
A conquistar aplausos o bellezas
Exhibiendo primores
En cultas gentilezas...
Rizal, con tino singular y austero,
Me señaló en un rico musiquero
La colección de músicas tagalas,
Diciénidome sincero:
"Mi corazón palpita
Cuando a la luz de filipinas galas
La música infinita
De un canto lastimero
Despierta el alma mía
Al _kundiman_ de suave melodía..."
Y me habló de la insólita guitarra
Y me dijo galante:
"Yo siempre pintaría al estudiante
Con libro, con laúd y cimitarra".
Y mientras la alegría fermentaba
En aquellos espléndidos salones,
De los ricos plafones
Donde el genio ideal seleccionaba
Filipinas pinturas,
Y salacots y bolos...
Mil bellas esculturas
Y hasta los chirimbolos
De igorrotes y aetas
Y mandobles y cotas
De ignorados atletas
En regiones remotas,
Y juventud allí rivalizaba...
Y entre música y flores se libaba,
En copa de abundancias,
Amistad y elegancias.
Rizal siente volar en el ambiente
Las cadencias aladas
Que allí llegaban desde Extremo Oriente
Por aires filipinos transportadas...
¡Melancólica música sonriente,
por el artístico ideal rimadas!
Y siguiendo el relato
De aquellas expansiones
Que enaltecen patrióticas reuniones,
Donde el ameno trato
De jóvenes diplómatas noveles
Para la Patria conquistó laureles;
He de nombrar la femenil belleza,
Ornada de modestas galanuras
De filipina alteza,
Con sus alegres castas timideces,
Conjunto de hermosuras
Mezcladas con ingenuas altiveces.
Que preparó en su casa la velada,
Do emulación despierta en dulce calma
A filipina juventud mimada
En amores artísticos del alma;
La admirable Consuelo Ortiga y Rey,
Que amó en Madrid la filipina grey.
Allí Rizal "Me piden versos[21]" dijo
En su patriótico amor siempre prolijo...
Y aquella niña, sin igual hermosa,
Divisó en lontananza alguna cosa
Que faltaba en aquel rico concierto,
En donde gracias, músicas y flores
Esparcían fulgores,
Pues Rizal se sentía _en un desierto_
Recordando a su Patria encadenada.
La huérfana gentil cerró sus ojos,
Y hasta arrugó su frente iluminada
Por mil destellos rojos,
Al pensar en su madre idolatrada...
¡Así Rizal llenó de pensamientos
Aquella hora de luz y arrobamientos!...
[Nota 21: Cópiase esta composición entre las del Dr. Rizal.]
Es arte el de decir hondas tristezas,
Revestidas de fuego y de bellezas.
De Luna e Hidalgo es el cantor sublime.
Del "Spoliarium" a mujer llorosa,
Y de "Las Vírgenes" a voz que gime
En cristiana actitud de fé radiosa,
Cuando pinta con vívida hermosura
La expresión de simbólica pintura
En un brindis genial "A los pintores"
Que a la patria llenaron de esplendores.
Allí comienza el prólogo infinito
De su pasión creciente
Y patriotismo ardiente,
En el _Noli me tángere_ descrito,
Con al arte de hacer a los patriotas
En las batallas de candentes notas.
Clarividente y singular atleta
Ya era Rizal el escultor profeta.
En Leitmeritz he visto un esqueleto
Que me llenó de asombro,
Y cual un amuleto
Me conmovió por su expresión macabra:
Sobre cualquier escombro
Puesta de pié, famélica osamenta
Cubierta por sayal que apenas se abra.
En el cuello un rosario.
Y mujer macilenta,
Forcejeando en ánsias ya mortales,
Contra el lúbrico abrazo del falsario
En sus horribles crápulas letales...
Con sus órbitas huecas
De carcomido sátiro en lujuria
Que arranca, atroz, horripilantes muecas
En la tragedia de bestial injuria.
Así lanza Rizal su primer reto
Al amor monacal en esqueleto...
Y ya a Dámaso Ponce le vengaba
Y a su historia infeliz se anticipaba.
Borremos esa escena
Do el arte lucha en la mortal gangrena.
Otra rica escultura,
En "La ciencia que triunfa en la muerte"
Me enseñó Blumentritt con galanura,
Por venturosa suerte
Oí de aquellos labios
La incomparable explicación de sabios.
Un joven decidido y vigoroso
En lo alto, con indómita energía,
Cual bandera que ondea
En terrible porfía,
Ya blande victorioso
Antorcha que flamea
Para destruir el germen venenoso...
Bajo los pies, la calavera chata
En que ignorancia o muerte se retrata.
Esas dos creaciones
O esculturas que admiran las naciones,
A Blumentritt le fueron regaladas
Por el mismo Rizal, cuando, talladas,
Buscó el depositario
Que comprenda y explique
Al pueblo filipino
Aquel plan legendario
Que opondrá eterno dique
A la ruda invasión de un adversario
En el duro camino
Para alcanzar la justa independencia...
¡Expresión soberana de arte y ciencia!
Blumentritt, en sus fúlgidos salones
De filipino ambiente,
Do laten filipinos corazones,
Sincero y elocuente
En aquel sitio mismo
¡Qué parece el dosel del patriotismo!
Donde Rizal y él, solos conversaron...
Y de su patria con amor trataron
Me dijo conmovido:
"Ah... esas dos hermosas obras de arte
A solas, serán parte
A preparar santuario indefinido
Para un altar futuro
Cuando el género humano,
En su criterio puro,
Y amor cosmopolita
Del mundo, soberano,
Viva doquier con libertad bendita,
Y transforme del todo el fanatismo
En virtud, ciencias, artes y civismo".
Sí. De un templo en las gradas
Fundó Rizal sus obras celebradas,
!Texto o arquitectura
De un amor infinito, legendario,
Que revela en artística hermosura
Su noble corazón humanitario.
Y, por Rizal os juro,
Al entregar el último retazo
De este papel en que sus artes trazo,
Que es preciso que "Euterpe" siempre viva
En el amor más puro
De aquella iniciativa.
Y _creciente_ este círculo del arte,
Con severa constancia
Y oriental arrogancia,
Levante inmaculado el estandarte
Do brillarán los astros de la gloria
Del libro artístico de nuestra historia.
Casuso Alcuaz (Jesús)
Hijo de Manuel Casuso. Nació en Manila en 1898. Murió en el Japon el 19
de Julio de 1918. Escribió, cuando cursaba el bachillerato, las
composiciones que se copian.
LAS CAÑAS
Cada caña es una flauta que solloza inconsolable
Si Céfiro agita blando sus penachos de esmeralda,
Y en el tedio de las siestas, si cruzamos los senderos,
Nos convidan a la sombra de sus plañideras ramas.
Son sus voces cual las dulces de princesas medievales
En el fondo de castillos imponentes encerradas,
Que inspiraron a los bardos melenudos de Provenza
Los más dulces madrigales arrancadas de sus arpas.
En la calma apetecible de los pueblos escondidos,
Como duendes protectores en las sendas se levantan,
Declamando sus estrofas de lirismo incomprensible,
A la vez que por sus hojas ruedan tímidas las lágrimas.
Viajero, que con anhelos de poder llorar a solas
Te encaminas de las selvas a las partes resguardadas,
Llora, llora con el ritmo de las cañas majestuosas
Bajo pálios florecidos de vegetación malaya.
Cuántas veces he cruzado los caminos empolvados
Con el sol que descendió como un manto a mis espaldas,
Y he buscado la frescura de sus ramas temblorosas,
Cual oásis en desierto la sedienta caravana.
Y me han dicho sus tristezas, sus pesares, sus dolores;
Me han abierto los arcanos musicales de sus almas;
Me han narrado complacientes los sucesos culminantes
Y apopeyas de los días venturosos de la patria.
--"¿Dónde están aquellos fuertes y valientes Solimanes
Que cruzaron otros tiempos estas selvas solitarias
A la guerra? Todo duerme bajo el polvo de la muerte
Y la voz del tiempo rudo va segando nuestra raza".
--"En los pechos y en los brazos falta ya el viril denuedo
Y en la frente el entusiasmo y en las bocas la palabra:
Y la patria llora, llora, de sufrir el cautiverio,
Y no hay hombres, no hay soldados, no hay valientes no hay espadas..."
--"Cuan mejores, ¡ay! los días en que férricos guerreros
Nuestros troncos con el bolo para fin marcial cortaban.
Fuimos lanzas, fuimos saetas, que llevábamos la muerte
A las filas del contrario, con apóstrofes de rabia."
"Hoy dormidas, sólo tienen nuestros troncos musicales
Armonías, que el ambiente saturando van de gracia,
Y amedrentan a los niños, a los tímidos y púberes,
Que imagínanse que oyen los gemidos de las almas."
..................................................
Retiréme de la sombra de las cañas sollozantes
Y me vine pensativo, ya muy tarde, hacia mi casa;
¡Y en el bosque proseguía dolorida sus lamentos
Una orquesta fabulosa de un millar de verdes flautas!
A ESPAÑA
(FRAGMENTO)
Allá, detrás del mar, descansa España
con aire augusto de titán, rendida;
que al peso tanto de su mucha hazaña,
sobre sus lauros se cayó dormida...
Allá la patria de Guzmán el Bueno,
de un Cid que reta y en palestras mata;
y su tizona, remedando el trueno,
a los muslines en pavor desata...
Allá la noble España, madre nuestra,
aquí su noble hija del Oriente,
que a los extraños y a los propios muestra
que de ella supo levantar la frente...
Allá lo grande y lo sublime impera;
en Hispania halló el arte sus altares;
aquí esta Perla, que felice fuera
un pedazo de España en estos mares...
Mas hoy, cortados los benditos lazos,
tú estás muy lejos de nosotros, madre,
y aquí tendemos hacia ti los brazos
porque no hay suerte que sin ti nos cuadre...
Tú diste al mundo tus caducas leyes,
con cien coronas se ciñó tu frente;
hollaste cetros, destronaste reyes,
y ebria de gloria se durmió tu gente...
Si tanta gloria sin igual tuviste
y lauros cien tu señorial cabeza,
deja que diga que si al fin caíste,
fué tu caída tu mayor grandeza.
¿Mas, hemos de insultarte cuando vemos
plegar tus alas que taparon soles?
¡Oh, nunca, nunca, que mejor seremos
hermanos filipinos y españoles...!
ALMAS
Cuando inclinan las flores sus corolas
sobre los tallos,
meditan sus pesares
y vierten llanto.
A las flores he oído muchas veces
gimiendo por lo bajo...
¿Tal vez entre sus pétalos el alma
hay de un enamorado?
¿Tal vez las mismas flores aun lozanas
reciban desengaños,
y tengan de amarguras y dolores
repletos los nectarios?
Yo no sé, yo no sé qué es lo que tienen,
pero ello es el caso
que cuando agita el aire sus corolas
suspiran por lo bajo...
¡Las flores son las almas de mujeres
que en la tierra su crimen no purgaron,
mujeres que murieron olvidadas
después que tanto amaron,
y ahora vagan sus almas
de unas flores a otras emigrando,
y en el crisol ardiente de sus penas
purifican las huellas del pasado...
¡No arranquemos jamás con mano brusca
una flor de su tallo:
las flores tienen alma; las he oído
gimiendo muchas veces por lo bajo...!
......................................
Salí al campo cantando una mañana,
y vi sobre su alfombra
una siembra de gotas cristalinas,
de polícromas gotas.
¿Quién había llorado aquella noche?
¿Fueron, quizá, las sombras?
¿Fueron, quizá, los astros?
¿Fuera, quizá, la luna soñadora...?
No sé, no sé quién fuera,
pero lágrimas eran tales gotas;
lágrimas transparentes
y de luces radiantes como auroras...!
Dicen que tienen alma las estrellas;
mas, ¿por qué lloran?
Yo conozco esas lágrimas y juro
que son de penas hondas...
A veces, cuando el cielo está sereno
y la noche reposa,
levanto al firmamento la mirada
y pálidas las veo y ojerosas...!
¿Hay penas allá arriba?
Y si penas no hay, ¿por qué sollozan?
¡Las estrellas son almas
que vivieron errantes y azarosas,
informando unos cuerpos
de materia podrida y hedionda...!
Marzo, 1916.
Dayot (Rosario)
Contemporánea. Alumna de tercer año en el Centro Escolar de señoritas
(_High School_) de Manila.
A ESPAÑA
(OFRENDA.--DÍA ESPAÑOL, 25 JULIO 1922)
Con lealtad y gratitud sincera,
Unida a tí por irrompible lazo,
el alma filipina, en tu regazo,
Pone un beso de amor en tu bandera.
Perdónala si evoca plañidera
De tu recuerdo el indeleble trazo;
¡Oh! ¡cuán dulce calor el de tu abrazo
Para el que sufre en angustiosa espera!
Mas... escucha sus votos inmarchitos:
Ni del tiempo los cursos infinitos,
Ni el nuevo rumbo de tutela extraña.
Extinguirán en tierra filipina
La fe en tu amor, la fabla cervantina
Ni este grito supremo: ¡Viva España!
Fernández Lumba (Enrique)
Nació en Manila en Abril de 1899. En San Juan de Letrán y en la
Universidad de Santo Tomás, centros de enseñanza regidos por los
frailes dominicos, se hizo bachiller y abogado. Fué redactor de "El
Comercio", diario manileño en español. Lo es ahora del diario católico
"La Defensa".
LA MUJER
Es del artista inspiración fecunda;
flor divina en el huerto de la vida;
del bardo en el laud nota escogida
que de armonías la existencia inunda.
Angel hermoso que a la tierra inmunda
cayó del cielo con el ala herida;
blanca luz de la gloria desprendida,
que del vivir la lobreguez profunda
disipa con la magia de su encanto.
Es talismán de poderoso hechizo
que al brío de su amor no hay quien resista,
ni pecho que no ablande con su llanto.
¡Es Eva que nos quita el paraíso,
y es María que el cielo nos conquista!
1919.
MIENTRAS DICEN...
Madre España,
por tu gloria,
por el brillo de tu historia,
por tu hazaña de tres siglos en la tierra de mi amor,
por la sangre que vertiste en las Américas,
por tus luchas tan homéricas,
por la gloria de tu enseña bicolor,
hoy levanto
la ideal copa de mi canto,
mientras dicen mis hermanos, los poetas,
en estrofas peregrinas:
¡viva españa en Filipinas!
¡viva España y su memoria...!
y proclaman las trompetas
de la gloria
tu mirífica victoria.
Yo quisiera que mi verso condensara
el sentir de veinte pueblos hermanados
por tu idioma de armonía tan preclara;
veinte pueblos troquelados
en el fuego de tu alma generosa;
veinte pueblos herederos de tu historia y tu nobleza.
Yo los miro en este día como pétalos de rosa
colocada en el altar de tu grandeza;
como cuerdas de una lira colosal
que, pulsada por el genio de la historia,
suena un cántico real
de sublimes resonancias,
que venciendo las distancias
publicando va tu gloria
por los lindes del planeta...
Madre España: por tu honor,
por tu idioma, por Legazpi y Urdaneta,
por la gloria de tu enseña bicolor,
por la cruz que nos legaste, yo levanto
la ideal copa de mi canto,
mientras cantan mis hermanos, los poetas,
en estrofas peregrinas:
¡viva España en Filipinas!
Y proclaman las trompetas
de la gloria
lo inmortal de tu victoria...
Julio, 1920.
A PLARIDEL[22]
Luchaste allá en la vieja monarquía
con voluntad exenta de egoísmo,
sirviéndote de escudo el patriotismo
y nuestra santa libertad por guía.
Vertiste gota a gota tu energía
en la lucha mental del periodismo,
al pueblo predicando el heroismo
y encendiéndole en sacra rebeldía.
Y es justo que hoy, en los nativos lares,
ensalce el vate en líricos cantares
tu nombre pregonado por doquiera;
y es justo que la patria agradecida,
por quien supistes inmolar la vida,
¡guarde en su seno tu mansión postrera...!
Noviembre, 1920.
[Nota 22: Seudónimo que usó en el periódico "La Solidaridad", por
él fundado, el escritor filipino Marcelo H. del Pilar. "La
Solidaridad" se publicó en Barcelona.]
A MAGALLANES
(EN EL CUARTO CENTENARIO DEL DESCUBRIMIENTO DE FILIPINAS)
En vano tu recuerdo y tu nombre esclarecidos
indignas almas viles intentan olvidar;
los signos de tu gloria quedaron esculpidos
en páginas eternas del libro universal.
Jamás el hombre aleve podrá borrar la estela
que tus sencillas naves dejaron en el mar;
el genio de la historia por tu recuerdo vela
y tu glorioso nombre los siglos guardarán.
La noche del olvido no puede con sus brumas
de tu memoria egregia las luces apagar;
constante el mar azota las peñas, y en espumas
tan sólo se convierte su furia pertinaz.
No en vano con tus naves cargadas de nobleza,
del todo lo sublime que Iberia pudo dar,
venciste los embates del mar y su fiereza,
trayendo con tu espada la cruz y la verdad.
Tu gloria es como el astro que intenso resplandece;
mirar tal vez no quieran su bello fulgurar,
pero su clara lumbre ni muere ni decrece,
y en los espacios célicos luciendo siempre está.
Mi débil voz te anuncia que tu gloriosa hazaña
trayendo a Filipinas--¡a mi adorado lar!--
la lengua de Castilla, la fe de aquella España,
los buenos filipinos jamás olvidarán.
En vano la desidia pretenderá olvidarte,
que el eco de tu nombre resuena sin cesar;
se oye entre las ruinas que sirven de baluarte
a un ayer glorioso que nunca cederá;
lo lleva entre los labios el hijo de esta tierra:
nombrar a Filipinas tu nombre es pronunciar;
si el tiempo borra un día la losa que te encierra,
no temas, pues tu nombre jamás se perderá.
Después de cuatro siglos aun tu gloria existe
aun recuerda el pueblo tu hazaña singular,
que el tiempo ni los hombres la sangre que vertiste
borrar no pueden ellos del suelo de Mactán.
.............................................
¡Oh, insigne Magallanes, bendita tu memoria!
¡Bendito aquel instante cuando cruzaste el mar,
trayendo a estas regiones un nombre y una historia,
y con la cruz de Cristo la luz de la verdad!
Noviembre, 1921.
LAS TRES BANDERAS
I
Vedla, llena de gloria, ondear pacífica
Sin los arrestos bélicos de ayer,
Es la bandera bicolor, magnífica,
Que arrastró un día el triunfo por doquier.
Es la de España, la nación prolífica
Que a pueblos dió la libertad y el ser;
La gualda y roja, a cuya luz mirífica
Pudo Iberia la gloria retener...
Yo te saludo con el alma extática,
Que siempre fué por tu esplendor fanática
Queriendo verte ondear en el confín.
Rotos los lazos de la unión política,
Bendícete mi patria en la hora crítica
como al emblema de un amor sin fin...
II
Ved la otra que se ostenta dominante
Llena de juventud y de vigor,
Y porque es ella fuerte va delante
Deslumbrando con su áurico fulgor.
Ayer en Francia se mostró gigante
Guiada por el genio vencedor;
Hoy por el mundo llévala triunfante
De la concordia el ángel mediador.
Es la enseña que anuncia libertades
Prometiendo trocar en realidades
De los pueblos las ansias de vivir...
¡Oh bandera de América potente!
Mi pueblo te saluda reverente
Como al signo de un bello porvenir...
III
Y allí la siempre amada y bendecida
Que un tiempo se eclipsó de nuestros cielos;
La que entrevió Rizal en sus desvelos
Y en el supremo instante de su vida.
La enseña que en Malolos vióse erguida
Colmando de mi patria los anhelos;
La que a mi pueblo préstale consuelos
En tanto espera verla enaltecida...
¡Bendita seas, tricolor enseña!
Mirarte libre un día mi alma sueña,
Derramando la luz de tus colores;
Y cuando llegue aquel dichoso instante.
Yo te diré con alma delirante
¡Que tú eres el amor de mis amores!
Enero, 1922.
¿QUE MAS DECIR...?
A ESPAÑA
Por cantar tu excelsa gloria los poetas ya agotaron
los acentos de sus liras, los vocablos del lenguaje...
¿Qué poetas, inspirados por tu historia, no cantaron
la nobleza de tus hechos, la virtud de tu linaje?
¿Qué oceanos los colores de tu enseña no copiaron?
¿Qué naciones no sintieron el vigor de tu coraje?
¿Qué países tus soldados con su sangre no sellaron
y qué historia habrá en el mundo que a tus fastos aventaje?
¿Qué cultura habrá más alta que la tuya tan cristiana?
¿Cuál más dulce que tu idioma, que parece una fontana
que hace siglos se desliza sobre un lecho de diamantes?
--Y en el alma filipina, ¿qué recuerdo habrá más dulce?
¿Qué potencia irresistible que al progreso nos impulse,
Que la fe de Jesucristo, más la lengua de Cervantes...?
Julio, 1922.
Guerrero (Fernando María)
Nació en el barrio playero manilense de la Ermita, año de 1873. Cursó
la segunda enseñanza en el Ateneo municipal. Se hizo perito mecánico y
abogado luego. Aunque siempre con aficiones literarias, no comenzó a
lucir como poeta hasta el cese de la soberanía española. A partir de
1898, consagróse al periodismo. Dirigió "El Renacimiento", diario
filipino, nacionalista, escrito en castellano. Usó el pseudónimo
_Belisario Rosas_. En 1907 fué elegido diputado. Ultimamente era
secretario del Senado. Es correspondiente de la Real Academia
Española.
A FILIPINAS
Virgen de la Malasia, ramo de flores
que argentan con su espuma los roncos mares:
tuyos son mis suspiros y mis amores,
tuyo el ritmo tembloso de mis cantares.
Ya está tu sien radiante libre de abrojos;
ya, como ayer, no arrastras veste de ilota,
y ya el alba soñada brilla en tus ojos,
y tu clámide limpia de manchas flota.
Tú eres hoy la sirena del mar malayo,
el hada rozagante que endechas quiere
y vive de los astros al níveo rayo,
cantando su amor puro que nunca muere.
¡Escúchame! En las rimas del bardo errante
flamea el sacro fuego del sol de Oriente;
deja que al son del arpa tu nombre cante,
porque beses siquiera su mustia frente.
Sobre un lecho, adormida, de piedras finas,
te arrullan de los bosques las auras suaves;
velan tus sueños de oro castas ondinas,
te murmuran mil trovas parleras aves.
Palpita en tus entrañas, arde en tu suelo
la áurea y candente lava de los volcanes;
sierpes de escamas ígneas hienden tu cielo
cuando ruedan crujiendo los huracanes.
Ondulando en el éter, sobre los campos,
despliega la neblina su blanco tul,
y la apolínea antorcha, con vivos lampos,
arrebola del cielo la veste azul.
En la cúspide esbelta de las montañas,
donde el águila altiva trenza su nido,
mecidas por la brisa sueñan las cañas
con la inflexión de un hondo flébil quejido.
A impulsos de la savia de su energía,
agitan las palmeras sus verdes plumas;
mientras allá, en la selva fresca y sombría,
van flotando calladas las densas brumas.
Como alígeras flores de oro y zafiro
llevadas por el hálito de auras sutiles,
los insectos se esparcen con manso giro
a libar la ambrosía de los pensiles.
Desde la agreste cumbre, suelta, hervorosa,
su penacho de linfas la catarata:
en él dibuja el iris su franja hermosa,
que el lago en sus cristales después retrata.
Por tu atmósfera vírgen, urna de aromas,
donde sus róseos labios la aurora imprime,
vuelan y se acarician blancas palomas,
suspirando de amores himno sublime.
Y cuando por las tardes el sol desmaya
sobre olas de esmeralda su frente roja,
niñas de tez morena van a la playa
a recoger las conchas que el mar arroja.
Son dulces y mimosas como las hadas,
rutilan en su rostro ojos traviesos,
y hay caricias eternas en sus miradas,
y hay un fuego divino que arde en sus besos.
Asidas de la mano, suelto el cabello,
cruzan nuestras praderas siempre inmarchitas,
ostentando en su grácil, flexible cuello,
perfumados collares de sampaguitas.
Y en la paz de los bosques, en donde vuela
el céfiro de mayo vertiendo olores,
con los ritmos dolientes de una vihuela
mezclan la voz sin mancha de sus amores.
........................................
¡Patria! ¡Patria bendita, ramo de flores,
que besan con sus ondas los roncos mares!
Ya que fuiste la cuna de mis amores,
¡Oh! sé también la tumba de mis pesares.
Noviembre 1898.
BAJO LAS CAÑAS
Solemne y honda la mudez del campo;
cálido el aire, el término azuloso...
Todo vibra de gloria bajo el lampo
de un sol que es siempre, cual Apolo, hermoso.
En el bochorno de la tarde estiva,
sueña la flor y duerme hasta la idea.
Sólo aparece como mancha viva,
allá en lo alto, la llama que caldea.
Silencio y paz... El único sonido
que el ambiente volcánico desgarra,
lo da, bajo el ramaje florecido,
con su música agreste, la cigarra.
El espacio es cristal; fulge y ondula
cual la cuerda de un arpa estremecida,
y mientras más el término se azula,
más bellos son los sueños de la vida.
¡Soñar! ¡Vivir...! Soñar bajo las cañas
y vivir a su sombra eternamente,
sin sentir esas penas tan extrañas
que ensombrecen el alma lentamente.
Soñar que el corazón es siempre joven
y que esa juventud es una gloria,
sin cuitas que en el vértigo nos roben
lo más caro escondido en la memoria.
Soñar así es soñar de color rosa;
vivir así es vivir en pleno idilio;
es tener en el alma, en vez de prosa,
una égloga admirable de Virgilio...
¡Oh, dulces soledades campesinas!
¡Oh, refugio de amor de los cañales...!
Tan sólo allí las almas filipinas
consiguen olvidar todos sus males.
Allí se escucha la palabra santa,
la dulce voz de la querida tierra,
esa que llora, y regenera, y canta,
y en sí las notas de lo grande encierra.
Allí todas las almas se expansionan
y se abren al amor los corazones,
y hasta las frentes tristes se coronan
con flores, muy abiertas, de ilusiones.
Allí, por un milagro, se ensimisma
el alma de la patria con la nuestra,
y allí la vemos, bajo el propio prisma,
dentro del corazón como maestra...
¡Soñar! ¡Vivir! ¡Soñar allí a la sombra,
con la vista clavada en el celaje,
que cuanto se contempla y aun se nombra
es filipino todo en el paisaje...!
Eso es soñar triunfando de la pena
y mover con la fe hasta las montañas.
¡Oh, dejadme soñar en mi hada buena
a la sombra piadosa de las cañas...!
FANTASIA CARNAVALESCA
Y cruzaban, y cruzaban sobre el lomo verdinegro
del antiguo Pasig[23], todas
las espléndidas y gráciles, las espléndidas pagodas
como notas fugitivas y triunfantes de un alegro,
fusionando con las odas, con los ecos de las odas
que exhalaban de sus labios,
parecidos a sublimes instrumentos
de invisibles gnomos sabios,
los espíritus acuáticos y las diosas de los vientos.
Y cruzaban las pagodas,
y cruzaban las pagodas cual visión de mil colores,
como regias invitadas a las bodas
de la luz de las estrellas y el aroma de las flores.
Y eran flores, flores bellas,
las que mórbidas, y esbeltas, y rientes,
arrastraban al claror de las estrellas
y al sollozo de las aguas somnolentes,
sus disfraces de princesas,
de princesas refulgentes
y de históricas marquesas,
con magníficas diademas y con túnicas crujientes.
[Nota 23: Río caudaloso que nace en la Laguna de Bay y cruza la
capital del Archipiélago, donde vierte al mar.]
..................................................
Ya arribaron todas, todas,
con sus pórticos y flámulas y sus globos de escarlata:
ya arribaron las pagodas...
Las pagodas han tocado la marmórea escalinata
del palacio del Gran Hombre
de mortífera sonrisa, y cuyo nombre
lo repiten la corriente de las aguas y los vientos en sus odas
y en los flébiles arpegios de su eterna serenata.
Ya están quietas las pagodas, ya están quietas
cual quelónidos fosfóricos
que han plegado sus aletas,
escindidas en las ramas de los bosques madrepóricos.
Ya las flores van brotando, flores bellas,
flores mórbidas, rientes,
que recogen, al claror de las estrellas
y al murmullo de las ondas balbucientes,
los cendales de sus pétalos divinos,
y las nieblas de sus túnicas crujientes
empapadas en la gama de color de los ardientes
paisajes filipinos.
Los voltáicos van vertiendo con sus ánforas de plata
raudales diamantinos,
y en la lámina del agua y en la breve escalinata,
la luz blanca va escribiendo mil ensueños peregrinos,
mil curiosas historietas
de mundanas e inocentes, de galanes y poetas,
y de flores, y de flores
que vibraron entre ráfagas inquietas
de los cierzos destructores,
y murieron en un vértigo de amores,
reposando todas, todas,
al igual de las gloriosas, las espléndidas pagodas,
que se aduermen, que están quietas
como saurios gigantescos, cual quelónidos fosfóricos
que han plegado sus aletas
desgarradas en las puntas de los bancos madrepóricos.
..................................................
Está lleno el gran palacio. En los fúlgidos salones
los disfraces van bailando
y ondulando,
al compás de locos valses y corteses rigodones.
Está lleno el gran palacio. Los voltaicos sinfonizan
un poema de alas blancas y eucarísticos jazmines,
mientras mugen los trombones,
mientras miman los violines
con sus mimos que electrizan,
y rotundos bordonean los pastosos violoncelos
unas músicas de ensueño que la mente narcotizan
como un opio de los cielos,
y derraman los oboes
la armonía voluptuosa del amor y del idilio
que recuerda bellas páginas del gran Longo y de Virgilio,
¡bellas páginas soñadas en la Hélade y el Lacio,
tierra azul de las ideas!
con sus Dafnis y sus Cloes,
con sus Títiros agrestes y sus lindas Galateas...
¡Está lleno el gran palacio!
Y se agitan los disfraces en tumulto pintoresco,
y fascinan con sus ropas,
con sus ropas policrómicas, con su rostro pierrotesco,
y entre rápidas volutas del furioso torbellino,
burbujea efervescente, hasta el borde de las copas
delicadas y sonoras, la alegría del buen vino.
Las parejas se entrelazan,
las parejas sudorosas se entrelazan en la fiesta,
como ramas de mil árboles que se funden y se abrazan;
y a los sones de la orquesta,
que acaricia con sus flautas, sus oboes y violines,
los sedeños zapatitos y los nítidos botines
van trazando nuevas vueltas y espirales,
nuevas curvas ideales
a la luz de los voltaicos semejantes a jazmines,
a jazmines de florestas siderales,
de corolas luminosas, de pistilos colosales,
mientras sobre el lomo ingente del gran Pasig verdinegro,
las pagodas todas, todas,
las hieráticas pagodas,
se fastidian y bostezan, envidiosas del alegro,
las fantásticas pagodas.
..................................................
Ya amanece. Ya el sol bello pontifica en el espacio,
en su altar de azul y grana y con su hostia de topacio.
¡Ya está mudo el gran palacio!
Diciembre, 1903.
DOLORA DE PASCUA
¡Alma de Diciembre, perfume de Pascua,
que impregnas la arcilla de mi corazón,
y en lo frío pones de mi vida un ascua
de alegría ingenua y otra de ilusión...!
Sonajas y parches alzarán en coro
frente a los belenes pastoril canción,
y sobre el establo, una estrella de oro
marcará la senda de la adoración.
Son trozos de espejo los azules lagos,
algodón las nubes, lo demás cartón;
cruzarán un puente los tres Reyes Magos
y ordenará Herodes la degollación...
¡Ah! sí, muy dichosos los que todavía
no han roto los velos de la encantación,
y sueñan de noche, y también de día,
en que son las nubes copos de algodón.
¡Dichosas las manos de los pequeñuelos
que aun aroma el óleo de la tradición,
y dejan zapatos como barquichuelos
en espera de algo, sobre algún balcón...!
Si ellas no tocaran jamás una herida
ni tocaran nunca la humana ficción,
fueran inocentes por toda la vida
y en Belén durmiera toda su ilusión.
Pero se harán grandes, palparán desdenes,
tomarán un cetro: el de la Razón,
y ya no habrá el goce de erigir belenes
ni soñar en Reyes Magos de cartón...
.......................................
¡Alma de Diciembre, beso de la Pascua
que aromas la arcilla de mi corazón!
¿Por qué en nuestras vidas no pones un ascua
de candor eterno y eterna ilusión?
MAS QUE TODO, MI CRUZ...
Hay un amor oculto en cada cosa
y en cada cosa una sutil tristeza,
lo mismo en una rosa
--vaso que Abril llenó de su belleza--
que en la fina y voluble mariposa
de lírica hermosura,
que, al posarse temblando en tu cabeza,
surmonta su locura a tu locura.
Cuando despunta un sueño
y florece en la vida una quimera,
el fondo de las cosas es risueño
porque es azul como una primavera.
Pero si un sueño muere
y la quimera amable nos olvida,
cada cosa es un dardo que nos hiere,
y lloran no sé qué miserere
las cosas de la vida.
Todavía eres joven,
pero yo voy haciéndome ya viejo,
y antes que tu primor los años roben
y te diga el espejo
la verdad de un encanto destruído,
permite que te envíe este consejo
del corazón, un poco entristecido:
Busca el amor oculto en cada cosa,
quédate con el alma de la rosa,
con su aroma y color;
y de las alas de la mariposa
toma el vuelo sutil, la gracia leve,
y hallarás en la vida, que es tan breve,
una divina suavidad de amor.
Busca en la quieta fuente
la armonía del agua que hace santa
la enorme soledad;
busca en la ondulación de la corriente,
que a veces llora y otras veces canta,
el hondo arcano de la libertad.
No interrogues al astro
perdido en el zafir,
por tu senda o tu rastro,
o lo que ha de venir.
Pregunta por su luz, tan dulce y pura,
pregunta por su inmensa trayectoria,
y si es verdad que en la celeste altura
existe o no la gloria.
Busca, en fin, un amor en cada cosa
y cada amor te ofrecerá su rosa.
Yo, mientras tanto, buscaré en las cosas
una lágrima oculta, una tristeza.
Es justo. En mis jardines ya no hay rosas
sino espinas: ¡las lleva mi cabeza!
He cambiado las llaves del cariño
por las llaves del cofre del dolor,
y voy, o como un viejo o como un niño,
muerto para las glorias del amor.
Quede en tus manos, pues, la mariposa,
quede en tus manos la divina rosa,
el agua mansa y la celeste luz,
y déjame en limosna la tristeza,
las espinas que ciñen mi cabeza,
y, más que todo, mi sangrienta cruz.
LA BANDERA
Corre el torrente alborotado y ciego,
y el Derecho parece una quimera;
pero aun hay fe, y allí donde yo llego
ha de llegar conmigo mi bandera.
Es bandera muy santa. Me la dieron
hombres ya muertos de mi propia raza.
Ellos la amaron mucho y defendieron
cuando tronó el insulto o la amenaza.
Y hoy la defiendo yo. No sea el torrente
la fuerza superior que la derribe.
Esa bandera es algo omnipotente
que flota y obsesiona, y siempre vive.
¡Vivirá...! Si algún día de mis manos
un golpe del azar la desprendiera,
en pos de mí vendrían mis hermanos
a tremolar de nuevo esa bandera.
Fija en la brecha está. Ese es su puesto;
allí la encontrarán otras edades;
allí irán a besar su hierro enhiesto
rayos de gloria o fieras tempestades.
Allí la mirarán, siempre clavada,
flameando al sol, las esperanzas mías;
vieja quizás, pero jamás hollada,
jamás vendida por el bravo _Elías_...[24]
[Nota 24: Interesante personaje de _Noli me tangere_.]
Y Elías es mi hermano. Su firmeza
arde en todas las almas filipinas,
ya la ciñan de flores o de espinas,
y satura de fe nuestra cabeza.
¿Y qué brazo mejor que el brazo hermano
para sostén de la bandera santa?
Ese la salvaría del pantano,
como la salva ahora y la levanta.
¡Alcémosla...! ¡Que llegue hasta los cielos,
que ondee y que restalle muy arriba,
que cubra con su gloria nuestros duelos
y que mantenga la esperanza viva!
Y aunque ciego el raudal se precipite
y parezca el Derecho una quimera,
nadie, mientras la fe no se marchite,
podrá decir que ha muerto esa bandera...
Junio, 1905.
MARCHA FUNEBRE DE CHOPIN
Pausas, grandes pausas, notas largas,
estertores musicales, lloriqueos de almas rotas,
fusión de cosas amargas,
y entre el lloro de las notas
lamentables y solemnes, melancólicas y graves,
un olor a flores mustias,
un vuelo de negras aves
cantando en el aire gélido la canción de las angustias.
Pausas, grandes pausas. (Va el cortejo,
con sus sombríos crespones,
por la calle silenciosa, de los cirios al reflejo,
farfullando rezos tristes. Los relinchantes bridones
estremecen sus gualdrapas
y sacuden sus airones
negros como las coronas, las estolas y las capas...)
Pausas, grandes pausas. Amarguras,
humedades en los ojos, en el pecho una honda herida...
¡Oh, flor de las sepulturas!
¡oh, tristeza de la vida!
..................................................
De repente un gran quejido, de repente un gran lamento.
una armonía inefable,
un suspiro sofocado bajo las alas del viento...
¡algo que queda imborrable...!
El muerto va en la carroza,
anegada hasta los bordes de muchas rosas muy pálidas...
Detrás, la pobre familia que padece y que solloza,
¡caras de pena que cubren temblonas manos escuálidas!
El quejido pasa y muere
en languidez dolorosa,
y a lo lejos va llorando sus llantos el _Miserere_,
¡triste canción de la fosa!
...Y luego una melodía,
una música de ensueño y de aflicción resignada,
como el hielo, blanca y fría,
como el beso, delicada...
(El cuerpo es el del amado... ¡Adiós! Blanquea un pañuelo
sobre el negror de unos ojos
que suben desde el cadáver hasta la gloria del cielo
lleno de matices rojos...)
Crepúsculo. Entra el cortejo en la ciudad de los muertos.
Pausas, grandes pausas, notas largas,
armonías lamentosas, soledad de los desiertos,
¡inmensas cosas amargas...!
¡Oh, Chopín! ¡Oh, gran maestro!
(Ya están cayendo las hojas, ya está cayendo la escarcha).
Haz que suenen en el aire melancólico y siniestro,
cerca a mí, las armonías funerales de tu _Marcha_...
Octubre, 1905.
ANTIFONARIO
ORACIÓN DE TODA HORA
Santa Reina del amor:
tú sabes que noche y día
te rezo la letanía
y la salve del dolor.
Tú sabes que es el deleite
de mi alma sentimental
llenar de fragante aceite
tu lámpara de cristal,
y con mano temblorosa
mi luz votiva encender,
y enflorar con una rosa
tus leves pies de mujer.
Señora: por la belleza
de toda melancolía;
por la vesperal tristeza
de mi ruta; por la fría
cerrazón de mis mañanas;
por las rosas que en Abril
mueren solas y tempranas;
por toda brisa sutil
que besó flores amargas;
por toda negra visión
y por las horas ¡tan largas!
en que espera el corazón;
por los escollos adversos
donde se estrella mi esquife;
por mis lágrimas y versos
y por el mismo arrecife,
libértame del delito
de hablarte a veces en prosa;
libértame, y pues contrito
estoy de mi culpa odiosa,
guárdame en tu corazón
y en tu memoria también,
y dame tu bendición
por siempre jamás. Amén.
ORACIÓN MATINAL
Nuestra Señora de la mañana:
tú, que deslíes
sobre las nieblas tu suave grana;
tú, que te enjoyas de mil rubíes;
tú, soberana,
que te sonríes
como una dulce Fata Morgana,
pon en mi lengua sabor de mieles
y una sonrisa bajo mis labios.
No me des nunca laureles sabios...
Odio lo amargo: gloria, laureles.
Guíame al prado de tu optimismo,
donde el buen Emerson, todo sonrisa,
dijo su misa,
que era la misa de su pietismo...
¡Santa mañana, reina ideal,
vaso de lirios en eclosión,
arca de gemas y de cristal,
por tí suspira mi corazón!
Reina inmortal,
manda a mi pluma tu tentación,
toda la excelsa luz de tu edén;
libra mis sueños de todo mal,
y haz que a tu diestra me siente. Amén.
ORACIÓN DEL MEDIODÍA
Padre y señor. Tú, Mitra, el del ojo sanguíneo,
gran arquero celeste
que lo penetras todo con tu dardo lumíneo;
tú, el de la roja veste
con orlas y con flecos de eternas igniciones;
tú, Helios, y tú, Osiris,
por quien vive el imperio de las constelaciones
y se hace en las alturas el milagro del iris;
tú, bello emperador,
envíanos tus dones,
tus púrpuras de gloria y tu vital calor.
Derrite en tus brasas todos los corazones,
para que al fin, señor,
salgan del frío ártico de su inercia y desdén,
y en su nuevo ecuador
reciban el espíritu del arte nuevo. Amén.
ORACIÓN VESPERAL
Madona crepuscular
que de nostalgias te vistes,
cuando, tristes,
caen las rosas del otro lado del mar;
Madona, tú que, si pasas
sobre el camino del hombre,
dejas en toda frente prendidas las tenues gasas
de unas "saudades" sin nombre;
¡Madona! ¡Madona mía!
la de los ojos cargados de resplandores violeta,
fuente de melancolía
del poeta;
tiende tus pálidas manos
al que en tus velos de reina clara un dardo de ironía,
porque no entiende tu culto ni sabe de tus arcanos,
¡santa mía!
Dale a besar tus anillos
en que Véspero escintila,
tus collares, tus zarcillos,
tu boca roja y tranquila...
Y cuando tu seducción
divina y crepuscular
conquiste para tu rito algún nuevo corazón
que sepa quimerizar,
extiende sobre el neófito tus manos en bendición,
¡oh Madona!,
y alrededor de su sien
pon las perlas de nostalgia que tiemblan en tu corona,
por toda tu vida. Amén.
ORACIÓN DE LA ALTA NOCHE
¡Noche...! Sulamita,
tan hermosa y tan negra cual mis propios pesares,
como aquella que muere de langor, y palpita
entre los nardos del _Cantar de los cantares_;
emperatriz augusta del silencio y la sombra,
noche meditabunda,
¡salve, mil veces salve! Por mi voz que te nombra,
por mi vida errabunda,
por mi senda cubierta de propósitos muertos
y de muertas venturas;
por la luz que no encuentran mis jardines desiertos,
por todas mis tristuras;
unge mi pecho en un claror de luna,
en un beso de brisas; dame el bien
de todos tus misterios, noche bruna,
y no me prives de tu luna. Amén.
1908.
HORA CALIDA
¡Oh calor de la siesta filipina,
calor de corazón, calor de fragua,
en que hierve en la copa cristalina,
con temblores estuosos, hasta el agua!
Una suave molicie que alucina
irrumpe en nuestra carne, y la cabeza,
como agobiada de sopor, se inclina
florecida de rosas de pereza.
Hay como una decadencia en las pupilas
húmedas de pasión; y mientras fiera
la luz solar sobre las cosas arde,
beben las almas graves y tranquilas
el vino del ensueño y la quimera
en el cálido vaso de la tarde.
Octubre, 1908.
LA ISLA HERMANA
Isla de los tesoros,
Mindanao, isla fuerte de cristianos y moros,
grande bajo el aliento del polífono mar;
isla de bravas gestas y pugnas legendarias,
que tiene por reductos las selvas milenarias
y por vivac inmenso el campo secular.
Isla maravillosa,
sultana bella y grácil a quien vemos ansiosa
poner oro y corales sobre el nativo altar,
y buscar en la arena de sus sonoras playas,
como sus dos hermanas, cual Luzón y Bisayas,
la perla de un ensueño que no quiere llegar...
La gran Naturaleza
te dió la magia augusta de su inmortal belleza,
su savia formidable, su sol canicular;
por eso son enormes tus bosques y tus ríos,
y hacen temblar ejércitos tus indomables bríos,
y el Apo a las estrellas no cesa de retar.
Eres como tus lagos,
para la flor propicios, para el pirata aciagos,
épicos en la guerra, líricos en la paz;
y eres, cuando el peligro tus lares amenaza,
la cúspide en que erige sus tiendas una raza
para gritar:--"¡Atilas! mi gloria no es fugaz.
"Yo soy como el granito;
mi sed de vivir sube hasta el infinito
como las flechas ágiles de mi aljaba ancestral.
Yo, aunque me ciña ajorcas, zarcillos y turbante,
tengo en las venas mías la sangre palpitante,
la misma que en el ara oblacionó Rizal."
¡Loor a tu boca altiva,
Mindanao, isla de oro, Cólquida rediviva,
a donde van los Argos de un moderno Jasón!
Tu increpación histórica tiene inmanente vida;
es la consigna étnica de que jamás se olvida
ni el hombre de Bisayas, ni el hijo de Luzón.
Un vínculo más fuerte
que el puño de los Césares y que la misma muerte
hace de las tres islas un solo corazón;
que tendrá, en la ventura, una sonrisa única,
y, en las adversas horas, sabrá rasgar su túnica
con un definitivo y unánime tirón.
¿No son tus noches bellas
las mismas que las nuestras? ¿No es luz de tus estrellas
la que reciben juntas Bisayas y Luzón?
¿No es aroma indígena del _ilang-ilang_ regio
el que a leer nos mueve un solo florilegio
y a sentir, alma adentro, una sola emoción?
¡No morirás...! No temas
que extrañas manos roben tus collares de gemas
y maten de un hachazo tu árbol tradicional:
los que guardan su libro de gestas legendarias
y tienen por reductos las selvas milenarias,
clarinearán mañana una marcha triunfal...
Cólquida filipina,
Mindanao, isla hermana, isla bella y divina
en cuyo honor dispara sus retumbos el mar:
para quien sea osado a herir tus esperanzas,
sé como nuestra piña, corónate de lanzas
y quede en ellas muerto el pulpo secular.
Agosto, 1908.
ILANG-ILANG
_Ilang-ilang_ de los huertos filipinos,
donde aroman aurinegras mariposas
sus dos alas de colores vespertinos
cual flabeles para reinas voluptuosas;
_ilang-ilang_ de ramaje desmayado
--varillaje de verdosos parasoles--
tú eres fuerte por el beso que han dejado
en tu copa melodiosa muchos soles.
Son tus flores glaucos astros pensativos
y eres todo, cuando ondulas, incensario
ante el ara de los dioses primitivos
en el templo de algún bosque milenario.
Tu perfume, como un alma grande y sola,
ha pasado del terruño las fronteras;
y el prestigio que embellece tu corola
no lo olvidan las beldades extranjeras.
De sus áureos tocadores los cristales
--ostensorios de tu lírica fragancia--
reverdecen en los lechos virginales
un delirio que halló vida en la constancia...
_Ilang-ilang_, árbol patrio, suave y bello:
a tu sombra dicen cuentos y cariños
nuestras musas de negrísimo cabello
y alma ingenua como el alma de los niños.
Si tus hojas, bajo el ala de la brisa,
dan al aire de la noche madrigales,
no hay un labio que no enflore una sonrisa
ni una fuente que no azule sus cristales.
_Ilang-ilang_ que arrojaste tus corolas
en mis sendas a la luz del plenilunio:
¡cuántas almas que están tristes y están solas
han cubierto con tus flores su infortunio!
Y han creído que era un beso muy cercano
el suspiro de tus flores estelares,
y han gritado: "¡Ya, ya viene el beso hermano
a la herida que han abierto los pesares!"
Por tí, todo: por la gloria de tu esencia,
por tus hojas que alcatifan nuestra ruta,
por tu sombra, donde es buena la existencia
y pensamos que no es todo fuerza bruta.
Danos siempre con tu olor de primavera
un anhelo de ser libres como el viento,
que sacude tu fragante cabellera
y emborracha nuestra vida con su aliento.
_Ilang-ilang_ de los huertos filipinos
a que el alma de mis cánticos se abraza;
sé tú el árbol de verdores matutinos
que perfume las tristezas de mi raza.
Septiembre, 1909.
EL DOLOR DE LAS CUARTILLAS VÍRGENES
Quedó sin nada en la mesa la inmaculada cuartilla,
y yo me dí en pensar hondo pidiendo una maravilla
a la luz chisporroteante de una candela amarilla
de pena... Quedó sin nada la inmaculada cuartilla.
Yo quise llenar el pliego, casto por sus resplandores,
de mis locuras de niño, de mis risas y dolores,
del aroma inolvidado de no sé qué santas flores,
y así convertir el pliego en libro de mis amores.
Era la noche de luna. Fuera decían los vientos
el suspiro milenario de sus plácidos lamentos.
En mi frente había un loco florecer de pensamientos
y de tristezas nocturnas... ¡Fuera lloraban los vientos!
Mis pobres quimeras iban rotas en el torbellino;
mis pies no tenían rumbo, ni mi espíritu destino;
pero allá lejos un niño, un niño ciego y divino,
me disparaba una flecha y me enseñaba el camino.
Tomé la pluma. En mi mano hubo temblores febriles,
miedo de no encarnar nunca en las palabras sutiles
la voz de mi vida; el miedo de un _bebé_ de cuatro abriles
a las brujas y los duendes de los cuentos infantiles.
¿Qué escribir? ¿Qué pensamientos consignar en aquel trozo
de papel? ¿Mis ilusiones? ¿La hora triste o la del gozo?
Miré dentro de mi vida y mi vida era un destrozo;
miré fuera, y desde fuera llegó a mí un hondo sollozo.
Solté el cálamo. Mi vida no me daba la respuesta;
no había una flor en toda la inmensidad de la cuesta;
mi fatiga siempre grande, la carga siempre molesta,
y en el aire ni el susurro de la más leve respuesta.
¿Qué escribir...? La tinta obscura del tintero era tristeza;
tristeza el silencio augusto de la gran Naturaleza,
y en medio de este dualismo de dolor y de aspereza,
se moría lo más triste de lo triste: mi cabeza.
Quedó sin nada en la mesa la cuartilla inmaculada.
Hundí en las manos mi frente ardorosa y quebrantada;
pedí al pábilo amarillo la lumbre de una mirada,
y en el fondo de mi vida no hubo nada, nada... nada.
¡Oh vacío de las almas...! ¡Oh negras horas tediosas
en que no hay para las manos que tiemblan divinas rosas,
ni para los ojos tristes un vuelo de mariposas
novias del sol...! ¡Oh infinita pesadumbre de las cosas!
Dejadme esta noche solo retroceder a mi cuna,
ver que la besa y la envuelve un suave rayo de luna;
no me arranquéis de los ojos una lágrima importuna...
¡Dejadme solo esta noche, que la noche está de luna!
Alcé mi frente. La vida no me daba su respuesta.
No había una flor en toda la inmensidad de la cuesta;
mi fatiga siempre grande, mi carga siempre molesta,
y los labios de mi musa no me daban la respuesta...
Y mientras yo meditaba sobre la virgen cuartilla,
penetró por mi ventana un ave de pesadilla;
yo pedí que me cantara un canto de maravilla,
y el ave mató la luz de la candela amarilla.
Quedó sin nada en la mesa la cuartilla inmaculada.
Hundí en las manos mi frente ardorosa y quebrantada;
busqué en mi cofre más íntimo alguna perla encantada,
y en el cofre de mi vida no hallé nada, nada... ¡nada...!
Septiembre, 1910.
A HISPANIA
Te hablo en tu lengua; mis versos
te dirán que hay un amor
que en la hecatombe pretérita
su raigambre conservó
en lo más hondo y arcano
de mi pecho. Es como flor
que han respetado celliscas
y avalanchas de pasión,
flor abierta suavemente
en cumbres llenas de sol,
a donde sube el espíritu
de sus quimeras en pos,
para rezarte:--"¡Oh, Hispania!
¡oh dulce idioma español,
el del Arcipreste de Hita,
el de Lope y Calderón,
de Juan de Mena y Cervantes,
de Pereda y de Galdós!
¡Oh dulce lengua, que irradias
tu latina irisación
y encierras la amplia eufonía
de toda una selva en flor,
pues eres susurro de agua,
gorjeo de ave, canción
de brisa leve en las hojas
en mañanitas de sol...!"
En esta lengua ¡oh Hispania!
balbuciente formuló
mi alma en los días niños
sus caprichos, su candor;
y en las horas juveniles,
cuando hicieron irrupción
en mi vida las primeras
exaltaciones de amor,
también fué tu idioma egregio
el que sirvió a mi ilusión
y la dió plumas divinas
de mágico tornasol,
para llegar hasta el fondo
de un lejano corazón
y decirle:--"Ven conmigo
y dame un beso de amor".
Murió este amor. En mi pecho,
muerta la hoguera, restó
un puñado de cenizas
de la pasada ilusión;
y al verme tan olvidado
de la mujer que me amó,
para luego envenenarme
con una negra traición,
cuando quise maldecirla
con mi pluma y con mi voz,
llorando de pena y rabia,
la maldije ¡en español...!
Y en tu idioma, que es un iris
por su fulgencia y color,
voy dando a todos los vientos
trozos de mi corazón,
mis líricos fantaseos,
mis optimismos, mi horror
por lo prosaico y mis gritos
de protesta y rebelión
contra todas las limazas,
contra el buho y el halcón,
contra la sierpe asquerosa
que quiere alzarse hasta el sol,
contra "chaturas estéticas"
que nos roban la emoción,
contra Verres coloniales
y su dolar corruptor[25],
y contra todos los hombres
que hacen tan fiera irrisión
del derecho de mi pueblo
a ser su único señor...
¡Oh noble Hispania! Este día
es para ti mi canción,
canción que viene de lejos
como eco de antiguo amor,
temblorosa, palpitante
y olorosa a tradición,
para abrir sus alas cándidas
bajo el oro de aquel sol
que nos metiste en el alma
con el fuego de tu voz,
y a cuya lumbre, montando
clavileños de ilusión,
mi raza adoró la gloria
del bello idioma español,
que parlan aun los Quijotes
de esta malaya región,
donde quieren nuevos Sanchos
que parlemos en sajón.
Pero yo te hablo en tu lengua,
¡oh Hispania! porque es su són
como música de fuente,
como arrullo encantador,
y como beso de vírgenes
en primaveras de amor.
1913.
[Nota 25: Alusión explícita al nuevo dominador, o sea la república
de los Estados Unidos.]
NO CIERRES TU PUERTA
Un labio lejano me ha dicho
que tienes cerrada tu puerta...
Si es cierto, reforma el capricho:
¡tu puerta ha de estar siempre abierta!
Abierta a las aves del cielo,
abierta al rumor de las brisas,
al goce, al dolor, al consuelo
y al triste que pida sonrisas.
Abierta a los claros de luna,
al suave perfume de mayo,
al lloro del niño en la cuna
y al viejo que tiembla en desmayo.
No cierres tu puerta. ¿No sabes
que cruzan el largo camino
mil sombras, mil vidas, mil aves
que ignoran su obscuro destino?
Tu mano, que abrió las entrañas
del suelo y halló un gran tesoro,
arroje las llaves extrañas
que cierran tus puertas al lloro.
Preparen tus manos la mesa,
el plato de arroz y hasta el vino.
¡La sombra en la luz hace presa
y es largo y tortuoso el camino!
Que sea, en la vida, tu techo
la fuente que lave los males,
que cierre las llagas del pecho
que borre las penas mortales.
Si quieres que nazcan al paso
de tu alma las rosas celestes,
acoge el dolor del ocaso
y zurce las míseras vestes.
Bien sabes que es noble y es santo
alzar al que cae en la vía.
No dudes ni niegues. El llanto
secado es raudal de alegría.
Si pones tu mano en la mano
del pobre, Dios besa la tuya.
No cierres tu puerta, ¡oh mi hermano!
no sea que de ella Dios huya.
Ten siempre dispuesta tu casa
y esté a todo huésped abierta,
que acaso la sombra que pasa
es sombra de tu madre muerta.
No cierres tu puerta. ¿No sabes
que cruzan el largo camino
mil sombras, mil vidas, mil aves
que apenas si saben cuál es su destino?
EL JARDÍN REDIVIVO
PARA EL "JARDÍN DE EPICURO"[26]
[Nota 26: Así era nombrado un cenáculo literario de Manila. Y para
festejar la cena con que fué inaugurada su segunda etapa, escribió los
versos el poeta.]
Nuestros días sin sol, de retiro y mudez,
en que el alma sufrió de congoja o esplín,
han pasado a ser ya cosa muerta, y, al fin,
nuevos besos de luz nos encienden la tez
y florece otra vez el antiguo jardín.
¡Oh delicia! ¡oh amor del humilde pensil
donde el alma sintió la pasión de soñar
y, en el giro fugaz de las auras, gustar
el olor celestial de las rosas de Abril
y el dulzor juvenil de un anhelo de amar!
Está abierto el jardín. Venid todos a él
los que ansiéis suspirar besuqueando una flor,
los que, en vez de llorar, tengáis hambre de amor
al sonrís, al fulgor, al olor, a la miel
de una bella emoción. ¡El jardín está en flor!
Entrad todos, entrad. El antiguo jardín
sólo os pide otra vez, por su nueva eclosión,
que tengáis para él una eterna canción,
una voz de querer, un espíritu afín
y una sed de habitar con la Reina Ilusión.
El vivir es el _hoy_; nadie sabe el _después_:
¿a qué tristes vivir, a qué solos vagar
sin un lazo de unión que nos pueda estrechar
y, aunque herida la sien y maltrechos los piés,
nos dé amor de vivir, de soñar y cantar?
Está abierto el jardín... ¡Cómo invita su olor
a subir al azul y olvidar el fangal,
lo que tiene de vil nuestra arcilla mortal,
lo que pone en la miel de la vida un sabor
parecido al cruel de las "flores del mal".
Corazón, emoción, ala leve y sutil,
tenlos siempre, oh varón, y tú siempre, oh mujer,
y ambos siempre tendréis, con las rosas de Abril,
entre risas de sol, un rincón de pensil
en que a solas oir el volar de un querer.
Este mar del vivir es muy fiero; este mar
tiene a veces un són de alarido de horror,
y quien oiga esa voz y no sepa ensoñar,
ante la ola sabrá cuán amargo es llorar
por el alma sin luz y la vida sin flor.
Luz y flor las veréis en el nuevo jardín
cuya fronda es de paz, cuyo ambiente es cordial;
unas veces dirá su quimera un violín
y otras veces de amor, Chaminade y Chopín,
en el clave dirán la sonata inmortal.
Vibrará su cristal una voz de mujer
como un ¡ay! de pasión o un suspiro de Abril,
y el poeta alzará, fresca, gaya y gentil,
su canción al amor, a la vida, al placer,
y entre todos harán un edén del pensil.
¡Oh delicia! ¡oh amor del tranquilo jardín
donde el alma sintió la pasión de soñar
y, en el vuelo fugaz de la brisa, escuchar
la quejumbre sutil de un celeste violín
o el latido inicial de un anhelo de amar!
Entrad todos, entrad. El antiguo jardín
sólo os pide esta vez, por su nueva eclosión,
que tengáis para él una bella canción,
una voz de querer, un espíritu afín
y una sed de morir por la Reina Ilusión.
Julio, 1913.
LAS DOS HOCES
I
Parece la fragua el ojo cerrado
de un muerto titán,
y el yunque parece un pico en silencio
de un ave anormal.
En un negro rincón duerme el mazo
que otros días batiera el metal...
¡Cómo duele esta paz de la fragua!
¡Cómo duele esta paz!
"¡Hola, herrero! ¿qué tienes? ¿qué inercias
han ganado tus músculos hoy?
Tus brazos semejan dos ramas tronchadas,
dos angustias largas de una abdicación.
¡Levántate, herrero!
Haz que de la fragua resucite un sol.
Enarbola el mazo y así, junto al yunque,
entre rojos hálos serás como un dios."
........................................
Ha soplado el fuelle sobre los carbones,
ya la roja llama crepitando está;
sobre el recio tórax del despierto herrero,
hay como una bella púrpura imperial.
El mazo es tu cetro;
¡oh herrero! comienza de nuevo a reinar,
y en tus brazos aprendan los flojos
a batir y forjar.
II
"--Toma este oro--le digo al becerro--
y forja una hoz".
"--Yo no soy orfebre--me dice--
que herrero yo soy".
"--Forjarás la segur; los orfebres
no pondrían en mi oro un vigor.
Ellos saben de ajorcas y anillos;
de segures, no.
Yo no quiero mi oro para hacer joyeles
que tengan el brillo de una tentación;
yo no quiero mi oro para que me muerda
la interior serpiente que mordió a Shylock.
Resuélvete, herrero;
mientras en la altura nos sonríe el sol,
coge el oro mío con tus manos rudas
y forja una hoz."
.........................................
¡Cómo irradia la luz hecha de oro
y tiembla el metal,
con su luz de ideal novilunio
rielando en el mar!
En mis manos pone no sé qué virtudes
y en mi pecho enciende nueva claridad,
y en su empuñadura siento que palpita
el misterio fuerte de una inmensidad.
III
"--He aquí el hierro--le digo al herrero--
y forja otra hoz".
"--Ya me duelen--contesta--los brazos
y débil estoy".
"--Forjarás la segur. ¿No recuerdas
que el hierro es tu honor;
que del hierro has vivido y el hierro
dió a tu fragua inmortal tradición?
Herrero: a toda hora
es el hierro quien manda: ¡es el dios!
Si te cruzas de brazos, si doblas
el cuello al sopor,
en tu abulia torpe ya no escucharás
la solemne voz
del hierro, tu amigo... Escúchame, herrero,
y forja otra hoz."
.......................................
La segunda segur, la de hierro,
fabricada está.
Es como la ceja borrascosa y dura
de un fiero titán.
En mis manos tiene un brillo de relámpago
y en mi pecho enciende redentor afán,
y en su empuñadura, cuando ya la cojo,
siento el loco empuje de una tempestad.
IV
Ya están en mis manos las dos sacras hoces
que el herrero anónimo para mí forjó:
la de hierro duro, que es mi fortaleza,
y la de oro fino, que es mi ensoñación.
La segur más grácil, para cuando quiera
cercenar un lauro o una flor de amor,
para el santo muérdago de la vida íntima
y para el ensueño de mi corazón;
y la más robusta, para las podridas
ramas que del árbol la ignominia son;
para las raíces de la mala yerba
que la gloria roban de la mies en flor,
y para los cuellos del halcón y el lobo
y el áspid traidor.
Mayo, 1914.
VIAJE FANTASTICO
¡Va el corcel de mis versos...! Da a los aires sus crines
de metáforas nuevas y de símbolos bellos;
sus relinchos rimbomban como fieros clarines
y sus cascos galopan despidiendo destellos.
El corcel de mis versos es rebelde a los frenos
porque sabe que ahogan como en flor su carrera;
y en su fuga brillante por los cielos serenos,
no es Pegaso con alas, sino roja bandera...
¡Va el corcel de mis versos! En sus lomos cabalgo,
y enristrando el acero de mi acrática pluma,
con su hierro alanceo, como el clásico Hidalgo,
los fantasmas y duendes de la clásica bruma.
Mi corcel es el libre morador de los campos
donde se alzan en triunfo los ensueños del arte,
donde vierten de lleno sus magníficos lampos
las pupilas de Erato y el escudo de Marte.
Corre, corre a lo lejos, ¡oh corcel de mis versos!
y en los aires restallen tus indómitas crines,
que allí hay flores más regias y celajes más tersos,
y a tus nuevos escapes más abiertos confines...
¡Va el corcel de mis versos! Y azotando sus ancas
con la tralla flamígera de mi audaz fantasía,
llego, al fin, a unas tierras ideales y blancas;
llego, y beso entre auroras a la musa del día...
Abril, 1921.
EL "KUNDIMAN"
Tagalo _Kundiman_, _Kundiman_ de versos de amores
que en los plenilunios prefieres tu vuelo tender:
tus suaves estrofas que lloran ocultos dolores
dicen la nativa tristeza del atardecer.
Tienes el aroma de nuestras edémicas flores
y el ritmo y el mimo de un beso ideal de mujer,
y resumes toda la queja de los soñadores
de mi pobre raza, sujeta a un extraño poder.
Fuiste la delicia de nuestros difuntos abuelos;
dasnos, en el tiempo presente, un dulzor de consuelos,
que son para el alma cual riego en muriente jardín;
y serás mañana de toda una raza la gloria
cuando, con tu música, su toque marcial de victoria
dé a los cuatro vientos un libre y sonoro clarín...
COPA BOHEMIA
Héla ahí: fino el cristal,
tembloroso, musical.
Héla ahí: fino el cristal.
Aún exhala un viejo olor
el cristal: guardó una flor
que aún exhala un suave olor...
Dió la flor una griseta
y dejó su alma el poeta
en la flor de la griseta.
Una noche dolorosa
robó la envidia la rosa
en la noche dolorosa...
Y dió fama a su bohemia
el pobre. ¡Sangre y blasfemia
dieron gloria a su bohemia!
Volvió al "bar", pidió más vino,
y, negro ya su camino,
en el "bar" bebió más vino.
Dijo sus últimos versos,
y, entre sus sueños dispersos,
lloró sus últimos versos.
Postrer copa... Dió un suspiro
y se suicidó de un tiro
en la sien... ¡Postrer suspiro!
Cayó al suelo la pistola
y al cristal dió una aureola
el humo de la pistola.
El rodó bajo la mesa
con se desgracia inconfesa,
bajo el mármol de la mesa...
Y desde entonces no existe
quien beba en la copa triste
de bohemio que no existe.
Héla ahí: fino el cristal,
sin la flor sentimental
Héla ahí: ¡rojo el cristal!...
ETERNA HERIDA
¡Oh pobre corazón!
¡oh entraña mía, sitibunda y loca,
que tiemblas a la más breve ilusión
puesta en la miel de una divina boca!
¡Oh víscera escondida
que sin cesar renuevas en tu fondo
tu amor ardiente y hondo,
sin ver que quedas para siempre herida...!
¡Oh triste corazón! ¿por qué vas ciego
tropezando en las sombras del camino,
cuando tu propio sino
te grita:--"¡Aún no! Tu ruego
no llegó a su destino
y tu tiempo de amar no es hoy, es luego"?
Pero tú, entraña mía,
vas amando a deshora, y sueñas... sueñas
que esas bocas risueñas
tienen piedad de tu melancolía.
Y creen tus quimeras,
y ves en lontanazas ilusorias
no sé que nuevas glorias,
no sé qué flor de nuevas primaveras.
Y tu sed de gozar te lleva lejos,
centuplica las plumas de tus alas
y hasta te olvidas de las cosas malas
cual si te alucinasen mil espejos.
¡Oh pobre corazón! ¡Icaro triste
y triste Prometeo!
si subes a la altura el sol te embiste
y, amarrado a la roca del deseo,
ni dicha ni quietud para ti existe.
Y esto lo sabes bien, ¡oh entraña mía!
y sabes del sendero que es muy largo
¡oh entraña! y, sin embargo,
vas cruzando el sendero en tu porfía.
Ya estás llena de sangre, ya tus fibras
se han desgarrado en su latir convulso
¡y sin embargo aun vibras!
¡y sin embargo aun tienes nuevo impulso!
¡Oh vaso de dolor! ¡oh pecho mío
que sabes convertir tu muerte en vida!
si has de seguir amando sin hastío
¿quién habrá de curar tu eterna herida?
Mayo, 1921.
Gurrea (Adelina)
Nació en la Carlota (Negros occidental), hija de los españoles don
Carlos y doña Ramona Monasterio, ella hermana del notable autor don
Ricardo. Recibió esmerada educación, primero en colegio español de
monjas y luego, durante once años, en otro inglés. Cursó el
bachillerato, sobresaliendo en el estudio de la Preceptiva y la
Literatura británicas. A pesar de ello ha escrito sus versos en
castellano, nunca en la lengua de Shakespeare. Salió al mundo de las
letras por la "puerta grande", al obtener el primer premio en un
concurso de cuentos para plumas femeninas (1915). Cuatro años después
mereció igual galardón en certamen organizado por la "Casa de España",
de Manila, Dirigió la Sección femenina de "La Vanguardia", de la misma
ciudad. Hace poco más de un año mora en la Península.
EL NIDO
(PRIMER PREMIO EN EL CONCURSO LITERARIO ORGANIZADO POR LA "CASA DE
ESPASA", MANILA, 1919)
I
Ha lanzado la paloma su quejido lastimero.
En el beso de la tierra con el cielo, muere el sol...
De la tarde el arrebol
se desmaya entre las sombras de la noche del guerrero.
El silencio de las horas enlutadas
ha rasgado los clarines del heraldo de la muerte;
hay espectros en las sombras y hay terror en las miradas
y vomitan los cañones el derecho del más fuerte.
Y ha volado la paloma de plumaje alabastrino
ahuyentada por la mano poderosa del destino.
II
De su nido de ideales
sólo queda el esqueleto, ¡Seculares ambiciones!
Aquel nido que cubierto de olorosas ilusiones
orgulloso se mecía de la historia en los anales.
Más su túnica de nieve
ha rasgado el negro aullido de los vientos,
y debajo de los santos, ideales sentimientos,
son los odios un grabado, la ambición es un relieve.
Aquel nido, que era un beso
en el vivir de los hermanos corazones,
es escarnio de la fé que se deben las naciones;
y por eso
ha volado la paloma de plumaje alabastrino,
ahuyentada por la mano poderosa del destino.
III
¡Oh, la mística paloma de las pálidas canciones!
A través de nausebundas humaredas,
por encima de campiñas que atraviesan las veredas,
entre el ronco estremecer de los cañones,
entre el trueno de las turbas que fatídicas vocean
por encima de sepulcros y de alfombras funerarias,
suspirando sus plegarias,
va esfumándose su vuelo,
y se aleja con sus alas de los mundos que pelean
y se acerca con sus ansias a las cúpulas del cielo.
Ave errante y fugitiva, ave hecha de azahares,
¿Dónde buscas el encanto y el amor de tu doctrina?
¿Dónde están las resonancias de tu plática divina
y la piedra de holocausto que reclaman tus altares?
¿Dónde vas?
Si hoy el hombre irreverente
ya no quiere que te poses en su frente
palomita de la paz...
"Voy buscando" dijo ella, "algún nido hecho de amores
donde vivan mis creencias, donde mueran mis dolores".
..................................................
Tañen lentas, compungidas, las campanas de la Francia,
y vigilan solitarios
en sus níveos sudarios
los mil picos (que se burlan de la altura y la distancia)
de los rudos Pirineos.
El blancor de su cabeza
da un aliento en su tristeza
a la reina del olivo y a sus líricos deseos.
Pero sigue su camino,
porque en ellos aun se escucha
el estruendo de la lucha,
y aun la empuja aquella mano poderosa del destino.
Ya ha pasado por encima de la típica montaña
de los místicos del norte,
y ha llegado hasta la corte,
y en el suelo de la España
se ha posado la paloma de plumaje alabastrino
subyugada por un alma que es más fuerte que el destino.
IV
En el fondo dulce y cálido
de un humano corazón
ha hecho nido la paloma, mientras reza una oración
por la viuda sin amores, y los hijos del inválido.
Santo nido hecho de flores y fragancias maternales
de caricias, de ternuras
y sedientas calenturas
Por el bien de los mortales!
¡Corazón que guarda dentro
el calor de las canciones
que palpitan en los tristes corazones,
que es altar, estuche, y centro
de noblezas olvidadas y de hidalgas compasiones!
¡Ruiseñor enamorado
de los cánticos del arte!
¡Corazón! Santo estandarte
de lo honrado,
donde vive la divina poesía
de la tétrica tragedia del vivir.
¡Vaso hondo del sentir!
¡Corazón que es una mezcla de tristeza y de alegría!
Que es color, canto, fragancia,
clamor, risa, luz, suspiro,
movimiento, danza, giro,
simpatía y añoranza.
Don Quijote que enloquece
acariciando una ilusión.
¡Corazón, fiel corazón.
del gran Rey Alfonso Trece!
..................................................
Y ha vivido la paloma de plumaje alabastrino
en el fondo de ese pecho que es más fuerte que el destino.
V
Ha cesado la matanza,
han callado los cañones,
y la voz de las naciones
la reclama una vez más con promesas de bonanza.
La paloma no se mueve. Con suspiro tenue y quedo
tiembla aún de sus ansias al compás.
La paloma de la paz
todavía tiene miedo.
..................................................
En, la boca del monarca juguetea una sonrisa;
en el hueco de su mano aún descansa
la paloma blanca y mansa
que ha quedado para siempre convertida en su divisa.
¿Qué derecho hay en la tierra que le quite el blanco emblema,
redivivo con su aliento,
escudado con su honra, en el trágico momemto
en que quisieron arrancarle esa gloria de su lema?
En las luchas de la corte, en lia inquietud de la cabaña,
ha sabido defenderla con su pecho y con su ley,
ha sabido defenderla vuestro rey,
por la unión de sus hermanos y la gloria de su España.
A MIS PRIMOS
EN EL DÍA DE SUS BODAS
I
¿La Vida?........
Es un drama, de más o menos actos,
que puede ser comedia, aunque asi siéndolo
no han de faltarle lágrimas;
o puede ser tragedia, aunque asi siéndolo
no han de faltarle risas.
En ambos casos
Ni deja de ser drama
ni deja de ser vida.
II
Nace el niño.
Y su primer saludo
es un llanto inconsciente;
ni siente lo que llora
ni llora lo que siente.
Pero en los huecos que egoísta deja
el reir y llorar de su niñez,
deposita la mano del destino
la pólvora dormida,
y la oculta alegría
que explote en la tragedia
y en la comedia ria.
El drama ya ha empezado y sin sentirlo
un acto ha terminado.
III
Y suben el telón del segundo acto.
La adolescencia loca,
con sus brios de férvida osadía,
se levanta gigante
en medio de la lucha
desafiando al mundo con los años
que tiene por delante.
Se propone vencer, porque confía
en ese amor sin fin
que engendra un ideal,
y en el firme y seguro pedestal
de una amistad sin cerco ni confín.
Ante sus ojos el mundo que soñó
se desvanece pronto,
y en su lugar, irguiéndose asesino,
otro mundo de prosas y mentiras
acaba de matar
del pecho joven el último ideal
....................................
Ya vemos asomar los dedos lívidos
de la cruel tragedia,
que por entre la puerta sin cerrojos
del corazón humano
intenta introducir toda la mano.
Y la vemos entrar,
muy abiertos los ojos,
la faz idiotizada,
pensando cuán inútil
será toda defensa meditada.
¡Oh maldecida mano
que llaman experiencia!
¡Qué caro cuesta el aprender tu ciencia!
...................................
Y con estas palabras el telón
vuelve lento a caer,
sin que el público sepa
lo que entre bastidores puede haber.
IV
Ya está el héroe otra vez sobre la escena
con su porte viril, pero... ¿y su fuerza?
Su fuerza no es la loca rebeldía
del que quiere vivir;
es la resignación, es la alegría
del vencido en la lucha,
que no le importa nada su derrota
porque trae la paz, aunque en sus garras
lleve su voluntad deshecha y rota.
Y se entrega en los brazos del amor
para gozar en paz
la dicha gue promete,
y se arrima al hogar que da calor,
mientras el huracán fuera arremete
contra el loco que quiere, ensangrentado,
batirse moribundo,
y con la boca cubierta ya de espuma
hacer un gesto de desprecio al mundo.
A vosotros os hablo, ahora arribais
al puerto de la paz.
Sois prisioneros de la gran batalla
donde la sociedad
al débil avasalla,
y en la cárcel sombría del deber
vais a reir,
vais a llorar,
y vais a recordar
el fragor de la lucha del ayer.
Yo soy siempre cruel con el cobarde,
más no hace caso ¡por Dios! de los poetas:
somos locos enfermos de la vida
y es que para curar
nuestro pensar suicida
la sociedad no encuentra una receta.
......................................
Tenéis derecho a vuestra dicha de hoy;
pues que es la libertad
a cambio de amor.
Reid la carcajada
de la felicidad,
soltad vuestras campanas,
que repiquen a gloria,
que suenen alegría,
que lleguen sus tañidos
a esta mansión dichosa,
que besen vuestras almas
con sus sueños de rosa.
Yo quiero panderetas,
yo quiero cascabeles,
quiero trinos de pájaros
y ruido de caireles,
yo quiero la alegría
de los días de sol,
quiero la chillería
de la niñez dichosa,
y en medio del concierto
de este bullicio humano
una salva de aplausos
por mis primos hermanos.
V
Ya sólo falta un acto,
Y ese os toca a vosotros concluir.
Estais sobre la escena...
Acabad vuestro drama
con el arte grandioso del vivir.
Pero tened en cuenta
que si os sale tragedia
no han de faltarle risas;
ni han de faltarle lágrimas
si os resulta comedia.
EL FANTASMA DE MARÍA CLARA[27]
[Nota 27: Heroina de _Noli me tangere_.]
El epílogo triste de tu vida
se prolonga cubriendo con su gloria
el silencio expresivo de la historia.
Fingiéndote dormida,
cual sonámbula audaz, en la alta noche,
caminas abordando los abismos,
y eres el albo escudo,
protector de sagrados misticismos,
y eres dorado broche
del rosario oloroso de sampagas,
emblema de virtudes femeninas,
que adoran las _dalagas_ [28]
nuestras dulces mujeres filipinas.
[Nota 28: Muchacha, doncella.]
Allá en la negra noche,
rasgada por relámpagos inquietos
y llorada por negros nubarrones,
hiciste de tus lágrimas derroche,
para llorar tus retos
en un ¡ay! de deshechas ilusiones.
Muerta, más no vencida,
tu alma extenuada y fría
comprendió la grandeza del dolor;
del dolor que afrontó con heroismo,
para hacer de la vida
una trágica negra poesía;
para hacer del amor
un sublime grandioso fanatismo.
Creyéronte fantasma, y sí lo eras;
de pié, sobre un tejado
batido por la lluvia huracanada,
no eras masa de carne que gemía,
eras la encarnación de algo soñado,
un aliento que vive de quimeras,
el último estertor de una agonía,
aquella sombra tierna y desgraciada
que con su cuerpo proyectó Rizal
sobre el sol de una creencia,
salvando su existencia
con las luces espléndidas
de su genio inmortal.
¿No te acuerdas ya más, María Clara?
La noche saturada de negrores.
Sobre la ingente ara
de la naturaleza embravecida
sacrificaste todos tus amores,
diste toda tu vida.
La noche se prolonga y hay quien llora.
Entre muros que llaman Democracia
la mujer filipina
siente el zarpazo de un progreso falso,
y se busca tu fuerza de aquella hora,
tu alma llena de gracia,
para huir de un cadalso
lento y espiritual, mas no por eso
menos tirano que el que mata al preso.
Tu eres chispa nacida
del cerebro de un mártir de la Idea,
en el choque aquel seco del amor
(a la patria adorada)
contra alguna injusticia maldecida.
No murió tu esplendor,
y en la noche del hoy aún eres tea
que camina en la nada
del misterio del alma femenina,
un fantasma esparcido
en su psicología tenue y fina,
aroma desprendido
del dolor de un poeta,
que te dejó al morir,
para que en la carrera
empuñases muy alto su bandera
y llegases por él hasta la meta
antes de sucumbir.
Por eso en la presente obscuridad
escuchamos el ritmo de tus pasos,
porque en aquella noche de orfandad
dilataste tu espíritu
hasta romper los lazos
del abrazo fugaz de lo mortal.
Y por eso,
fantasma azul del alma femenina
que soñara Rizal,
prolongación del beso
de su obsesión divina,
vibrante poesía
que el poeta cantara,
eres, clara María,
¡Nuestra María Clara!
DEL PRADO AMIGO
Hay un silencio triste, de consuelo, en el prado.
Una esquila se queja en los brazos del viento
como un poeta triste, eternamente atado
al buey de la materia, sin luz ni sentimiento.
Las voces pueblerinas de unos chicos se alejan
entre el grueso ramaje con que se adorna al río.
De su inercia unas rocas parecen que se quejan
y la yerba se seca al beso del estío.
Otra vez el silencio. Ahora es un gorjeo
que sobre mi cabeza sueña un verso de amor...
Vuelve a chillar la prosa: mugriento y sin aseo
el tren silba ya el grito carnal de un estertor.
Unas nubes muy blancas se agarran al azul.
Árboles verdinegros vigilan el espacio.
Los murmullos del río me rozan como un tul
que acaricia las trenzas de una novia. Despacio
marcha el sol. Al azar abro el libro, un retrato
me sonríe... ¡Es tu risa!... En mi triste mirar
se esfuma la campiña. Todo esto es sólo un rato.
¡Después son unas ganas muy grandes de llorar!..
Los Molinos, Agosto 1921.
NO ESTÉS TRISTE
No estés triste...
A través del espacio,
tan henchido de arcanos
y apariencias de calma,
enlacemos, despacio,
el alma de las manos
y las manos del alma.
No estés triste...
Voy a inclinar mi frente,
para que en ella escribas
tu pregunta en un beso.
Un silencio doliente
responderá con vivas
ternuras hechas verso.
No estés triste...
Yo callo porque quiero
que tú, en la sinfonía
del silencio sagrado,
percibiendo el lijero
temblor del alma mía,
me sientas a tu lado.
No estés triste...
¡que tú nunca estás sola!
ha bajado una estrella
y ha llegado a tu lecho.
¿Conoces su aureola?
mi amor hecho centella
se refugia en tu pecho.
No estés triste...
Que también ha bajado
un rayo de luna.
¡Yo estoy siempre contigo!
mi tristeza a tu lado
es siempre, ¡siempre! una
caricia de un amigo.
No, no; nunca estés triste...
A través del espacio,
que guarda los arcanos
de nuestro amor sin calma,
enlacemos, despacio,
el alma de las manos
y las manos del alma.
Cercedilla, Septiembre 1922.
Hernández Gavira (José)
Nació en Ilo-Ilo el 20 de Octubre de 1893. Bachiller en 1912 y abogado
en 1916, paró en militar, siendo ahora teniente del tercer regimiento
de infantería de la división filipina al servicio de Norte América. En
Ilo-Ilo dirigió "El Adalid". Fué luego redactor del "The Philippines
National Weekly". Ha publicado en Manila, 1921, un volumen de versos:
_De mi jardín sinfónico_.
NO ES MI MUSA...
No es mi musa la sílfide aturdida
que corre tras azules mariposas,
ni tampoco es Ofelia dolorida
que pasa desbordando tuberosas.
Es Astarté mi musa preferida,
la que inspira pasiones clamorosas.
Es voluptuosa y es gentil panida
la diosa de mis vidas primorosas.
Es mónada que ríe, canta y llora
con locura de pájaro divino,
de ritmos y de vida sembradora.
Baco la ofrenda cántaros de vino,
e implora Pan, cabe sus pies de Flora,
loco de amor celeste y peregrino.
1921.
PARA TI
Para tí son todas
mis ternezas cálidas,
y mis rosas pálidas,
y mis reales odas.
Para tí mi aliento
y también mis rezos,
la miel de mis besos
y mi pensamiento.
Para tí mis cantos
que humedecen llantos
de acerbo dolor.
Para tí la esencia
de esta mi existencia
que atrista el amor.
1921.
LA ESPERANZA
Nácar de luna que en los cielos, riela,
oriflama brillante sobre el mar,
nieve en la cima que el calor deshiela,
pebetero encendido ante el altar,
presto a los caminantes mi consuelo,
acompañando a Fé y a Caridad;
las tres llevamos por camino el cielo,
formando una gloriosa trinidad.
Soy la princesa del ropaje verde
que renueva en el hombre la confianza,
cuando el naufragio del vivir le pierde;
le hago entrever la mística bonanza,
mientras la sierpe del dolor le muerde;
soy la última en morir: soy la Esperanza.
1921.
EN LA HORA DEL CREPÚSCULO
Se oye un lamento de agoreras aves
bajo el palio del cielo tropical,
y se aspira un olor de brisas suaves
que estremece el silencio sepulcral.
Sobre el lejano mar las negras naves
sombras son en la calma vesperal;
en la fronda un rumor de notas graves,
que deslíe un liróforo oriental.
Es la hora del crepúsculo. Silente
gime el aura rindiendo vasallaje
a Febo que desciende al Occidente.
Eternamente fúlgida y doliente,
es la tarde del trópico salvaje
que muere lenta, lenta, lentamente...
CUANDO YO MUERA...
Cuando yo muera llevad mis restos
allá a la cumbre de una montaña
que sea digna de mis arrestos
de indio poeta, nieto de España.
Egregia lira mi tumba exorne,
para que preste vida a mis huesos,
y allí una virgen y Pan bicorne
derramen ritmos, flores y besos.
Grabad entonces sobre mi fosa
con letras de oro esta inscripción:
"Yace aquí un bardo que a toda cosa
grande o hermosa dio el corazón".
Irureta Goyena (Tirso de)
Español su abolengo. Hijo de don Ramón, teniente coronel de Ingenieros
de nuestro ejército, ya difunto, y hermano de un actual comandante de
caballería. Perdió Tirso la nacionalidad de la progenie para ejercer
en Manila la abogacía. Fué nombrado C. de la Española y le sorprendió
la muerte (1918) cuando trataba de organizar una Academia,
corresponsal de la citada, en la capital del Archipiélago.
RECUERDOS
I
Cae la inmensa cascada
en numerosos raudales
cual los niveos cendales
de una vírgen desposada.
Y aquella masa agitada
de cortinas espumosas
que se pierden rumorosas
en el fondo del abismo,
semejan el eco mismo
de una conciencia irritada.
II
El ambiente, saturado
de mil líquidos vapores,
llena de frescos olores
aquel lugar retirado.
Y así el tajo fabricado
por térreas convulsiones,
irisado por millones
de rayos de un sol que baña,
figura enorme champaña
que chispea desbordado.
III
Junto a los trozos de roca
cubiertos por verde hiedra,
formando dique de piedra
al agua que se desboca,
se oye un rumor que entrechoca
con multitud de sonidos;
notas de risas, gemidos,
sollozos e imprecaciones
y acentuadas inflexiones
de besos de boca a boca.
IV
Ante el murmullo constante
de rápidos surtidores,
que descienden bullidores
en un caer incesante,
hace sentir palpitante
mi corazón sus latidos,
y cien recuerdos queridos.
Cual procesión ilusoria,
desfilan por mi memoria
con marchar avasallante.
V
Siente el alma, dolorida
por fiebre que la consume,
sutil y vago perfume,
que al descanso la convida;
y al quedar adormecida
por el agua saltadora,
que susurra arrulladora,
dejos de ardientes caricias,
sueña con locas delicias
de las que alegran la vida.
VI
Hay en el agua una nota
de tonos arrulladores,
cual si pregonase amores
el líquido que borbota;
y por la atmósfera flota
una humedad impalpable,
cuyo vaho imponderable
exhala en sus blandos giros
los sofocados suspiros
de la cavidad ignota.
VII
Bajo el azulado velo
del sereno firmamento
en aquel feliz momento
de olvido y de loco anhelo,
quisiera emprender el vuelo
hacia recuerdos hermosos,
que brillan esplendorosos
en medio de mis dolores
y ofrecen consoladores
las dulzuras de mi cielo.
VIII
Las matas y los abrojos
se agitan al roce leve
de la brisa blanda y breve
que acaricia sin sonrojos;
y entre los verdes despojos
del fondo de la llanura,
creo entrever la figura
de alguna imagen querida
que me mira enternecida
con sus adorados ojos.
IX
Mas, al despertar ligero
de las dichas de mi sueño,
y abandonar el beleño
de aquel cuadro lisonjero;
sólo escucho el lastimero
movimiento de las aguas
y el ruido de las piraguas
que surcan río cercano,
perdiéndose por el llano
a impulsos de hábil remero.
X
Dije mal; no se ha perdido
la impresión de mi memoria.
Y en la accidentada historia
de lo poco que he vivido,
evocaré enternecido
los gentiles surtidores
que, blandos y arrulladores
cual la brisa del desierto,
me hacían soñar despierto
con mi recuerdo querido.
TRIPTICO
DIVINA VOZ
Es tu voz cuando cantas dulce fuente,
arroyo fresco que en la selva umbría
el himno de cristal de su corriente
va entonando en suave melodía.
Escuchándote, el alma se extasía,
brilla luz de ideales en mi mente
y calma de tus notas la harmonía
la fiebre abrasadora de mi frente.
Ahora que triste, enfermo y abrumado
por desengaños, descansar quisiera
en un rincón obscuro y olvidado.
Oyendo el eco de tu voz de diosa,
en el pecho sombrío la quimera
deja caer sus pétalos de rosa.
JUNTO AL ALTAR
La lucidez de mi amoroso anhelo
entrevé tu límpida mirada,
que a través de las sombras de tu velo
me hiere el corazón como una espada.
Marchando, silenciosa y recatada,
hacia el altar, con religioso celo,
pareces una virgen arrancada
de las alturas del divino cielo.
La nieve de tu frente se ilumina
cuando el ungido tu presencia acierta
y a darte el cuerpo de Jesús se inclina;
Mi adormecido corazón despierta,
y en tus hermosos ojos adivina
los mismos ojos de mi madre muerta.
ARDIENTE AMOR
No pudieron la ausencia ni el olvido,
ni el hielo de tu cruel indiferencia
arrancar para siempre esta dolencia
del fondo de mi pecho dolorido.
La pasión que me tiene enloquecido
me consume con honda persistencia,
y resurge con súbita violencia
ante el prodigio de tu sér querido.
Cual hadas misteriosas de un ensueño,
son la nieve y la rosa de tu encanto
que aumentan la porfía de mi empeño;
¡Oh amor inexplicable, bajo el manto
de las blancas cenizas de mi sueño
entona el himno de su ardiente canto!
HERMANOS ESPAÑOLES
(SONETO IMPROVISADO EN EL ACTO DE LA INAUGURACIÓN DE LA "CASA DE
ESPAÑA")
Hermanos españoles: un bardo de mi raza
ha cantado las glorias de vuestro hablar divino,
que es el sublime nexo que a todos nos enlaza
y hace un súbdito hispano de todo filipino.
Por eso, aunque designios fatales del destino
rompieron la cadena de amor que nos unía.
caballeros andantes por el mismo camino
marcharán juntas siempre vuestra patria y la mía.
Y así como en tres siglos de perenne memoria
vivieron bajo Hispania las filipinas greyes,
y escribimos unidos los fastos de la historia;
Aun las leyes de España se llaman nuestras leyes,
vuestra alma es la nuestra y es nuestra vuestra gloria,
Y es Miguel de Cervantes el rey de nuestros reyes.
Jacinto (Emilio)
Revolucionario ardiente en el movimiento secesionista de Filipinas.
Organizó el _Katipunan_. Con Andrés Bonifacio dió el grito de
independencia en Balintauac, Agosto de 1896. Generalísimo del ejército
del Norte, combatiendo contra los españoles, fué herido y hecho prisionero
(1898), muriendo al año siguiente. Sus conterráneos veneran su
memoria. Escribió poesías, principalmente en su lengua vernácula y
pocas en castellano. La inserta recuerda _Ultimo adiós_, de Rizal.
A LA PATRIA
¡Salve, oh patria, que adoro, amor de mis amores,
que Natura de tantos tesoros prodigó;
vergel do son más suaves y gentiles las flores,
donde el alba se asoma con más bellos colores,
donde el poeta contempla delicias que soñó!
¡Salve, oh reina de encantos, Filipinas querida,
resplandeciente Venus, tierra amada y sin par:
región de luz, colores, poesía, fragancias, vida,
región de ricos frutos y de armonías, mecida
por la brisa y los dulces murmullos de la mar!
Preciosísima y blanca perla del mar de Oriente,
edén esplendoroso de refulgente sol:
yo te saludo ansioso, y adoración ardiente
te rinde el alma mía, que es su deseo vehemente
verte sin amarguras, sin el yugo español.
En medio de tus galas, gimes entre cadenas;
la libertad lo es todo y estás sin libertad;
para aliviar, oh patria, tu padecer, tus penas,
gustoso diera toda la sangre de mis venas,
durmiera como duermen tantos la eternidad.
El justo inalienable derecho que te asiste
palabra vana es sólo, sarcasmo, burla cruel;
la justicia es quimera para tu suerte triste;
esclava, y sin embargo ser reina mereciste;
goces das al verdugo que en cambio te dá hiel.
¿Y de qué sirve ¡ay, patria! triste, desventurada,
que sea límpido y puro tu cielo de zafir,
que tu luna se ostente con luz más argentada,
de que sirve, si en tanto lloras esclavizada,
si cuatro siglos hace que llevas de sufrir?
¿De que sirve que cubran tus campos tantas flores,
que en tus selvas se oiga al pájaro trinar,
si el aire que trasporta sus cantos, sus olores,
en alas también lleva quejidos y clamores
que el alma sobrecogen y al hombre hacen pensar?
¿De qué sirve que, perla de virginal pureza,
luzcas en tu blancura la riqueza oriental,
si toda tu hermosura, si toda tu belleza,
en mortíferos hierros de sin igual dureza
engastan los tiranos, gozándose en tu mal?
¿De qué sirve que asombre tu exuberante suelo,
produciendo sabrosos frutos y frutos mil,
si al fin cuanto cobija tu esplendoroso cielo
el hispano declara que es suyo y sin recelo
su _derecho_ proclama con insolencia vil?
Mas el silencio acaba y la senil paciencia,
que la hora ya ha sonada de combatir por ti.
Para aplastar sin miedo, de frente, sin clemencia,
la sierpe que envenena tu mísera existencia,
arrastrando la muerte, nos tienes, patria, aquí.
La madre idolatrada, la esposa que adoramos,
el hijo que es pedazo de nuestro corazón,
por defender tu causa todo lo abandonamos:
esperanzas y amores, la dicha que anhelamos,
todos nuestros ensueños, toda nuestra ilusión.
Surgen de todas partes los héroes por encanto,
en sacro amor ardiendo, radiantes de virtud;
hasta morir no cejan, y espiran. Entre tanto
que fervientes pronuncian, patria, tu nombre santo;
su último aliento exhalan deseándote salud.
Y así, cual las estrellas del cielo numerosas,
por tí se sacrifican mil vidas sin dolor:
y al oir de los combates las cargas horrorosas
rogando porque vuelvan tus huestes victoriosas
oran niños, mujeres y ancianos con fervor.
Con saña que horroriza, indecibles torturas,--
porque tanto te amaron y desearon tu bien,--
cuantos mártires sufren; más en sus almas puras
te bendicen en medio de angustias y amarguras
y, si les dan la muerte, bendicente también.
No importa que sucumban a cientos, a millones,
tus hijos en lucha tremenda y desigual
y su preciosa sangre se vierta y forme mares:
no importa, si defienden a tí y a sus hogares,
si por luchar perecen, su destino fatal.
No importa que suframos destierros y prisiones,
tormentos infernales con salvaje furor;
ante el altar sagrado que en nuestras corazones
juntos te hemos alzado, sin mancha de pasiones,
juramentos te hicieron el alma y el honor.
Si al terminar la lucha con laureles de gloria
nuestra obra y sacrificios corona el triunfo al fin,
las edades futuras harán de tí memoria;
y reina de esplendores, sin manchas ya ni escoria,
te admirarán los pueblos del mundo en el confín.
Ya en tu cielo brillando el claro y nuevo día,
respirando venturas, amor y libertad,
de los que caído hubieren en la noche sombría
no te olvides, que aun bajo la humilde tumba fría
se sentirán felices por tu felicidad.
Pero si la victoria favorece al hispano
y adversa te es la suerte en la actual ocasión,
no importa: seguiremos llamándonos "hermano",
que habrá libertadores mientras haya tirano,
la fé vivirá mientras palpite el corazón.
Y la labor penosa en la calma aparente
que al huracán precede y volverá a bramar,
con la tarea siguiendo más firme, más prudente,
provocará otra lucha aun más tenaz y ardiente
hasta que consigamos tus lágrimas secar.
¡Oh patria idolatrada, cuanto más afligida
y angustiada te vemos te amamos más y más:
no pierdas la esperanza; de la profunda herida
siempre brotará sangre, mientras tengamos vida,
nunca te olvidaremos: ¡jamás, jamás, jamás!
Octubre, 1897.
Jesús y Vergara (Anselmo de)
Nació y murió en Manila, Abril 1869 y Mayo 1901, respectivamente, cursó
el bachillerato en escuelas privadas, y en centros oficiales de
enseñanza dibujo y rudimentos de escultura. Se consagró luego a este
arte en el taller de su padre, don Romualdo Teodoro, imaginero de nota.
En sus vagares cultivó la poesía amatoria y la patriótica, siempre en
castellano. Colaboró en "El Comercio", "El Resumen" y "El Bello Sexo",
y fué uno de los fundadores de "La Moda Filipina", periódicos todos de
Manila.
A UNA ROSA
Vé, tierna y fragante rosa,
llena de encanto nacida,
el aroma que en tí anida
a ofrecerla bondadosa.
Cual amante mariposa,
de nieve y carmín teñida,
besa su boca encendida
y en su cabellera posa.
Y díla que en tu pensil,
en bullicioso tropel,
huríes te han reclamado
y beldades más de mil,
y que a todas ellas, cruel,
con esquivez te he negado.
LA INFANCIA
Sueño fugaz de la vida,
campo esmaltado de flores,
aura empapada de olores,
carrera llana y florida...:
tal es la infancia querida.
La vida le es placentera,
al ignorar que le espera,
en su camino escabroso,
con el semblante lloroso,
la triste vejez austera.
LA SAMPAGUITA
Diminuta y nevada,
en los pensiles de mi patria amada,
entre mil raras flores peregrinas,
brota la sampaguita perfumada,
cuyo tímido broche,
joya digna de ser de las ondinas,
ábrese al tierno aliento de la noche.
Nocturno adorno bello
que a las encantadoras filipinas
regala Dios para prenderse al cuello.
EL HOMBRE
Con ardiente ambición desmesurada,
anhela ciego el hombre, sin reposo,
blasones adquirir, nombre famoso,
y subyugar la ciencia ilimitada.
Escudriñar la bóveda estrellada,
registrar el Océano proceloso,
por llegar, arrogante y majestuoso,
de la gloria a la cúspide escarpada.
Tal es su ceguedad y su locura:
llevado por mezquinas ambiciones,
lauros y gloria sin cesar procura.
¡Vive anhelando vanas ilusiones,
sin recordar que en una tumba obscura
se perderán sus glorias y blasones!
Jesús y Vergara (Vicente de)
Contemporáneo. Hermano de Anselmo.
LO IMPOSIBLE
Tú y yo somos dos almas de misterio.
Eres tú la poesía de la vida,
materia que germina en el imperio
lumínico del astro apolonida.
Yo soy el vate de inmortal salterio;
alma sublime a la emoción nacida,
que vuela de hemisferio en hemisferio
siempre a los rayos de tu luz asida.
No confundas tu sueño con mi sueño,
que somos dos materias bien distintas
apesar de esta magna afinidad...
Eres la Inspiración, mas soy el dueño
del ritmo y de las gamas inextintas,
¡y mía es la sublime eternidad!
DESPUÉS DE TODO...
Sobre la cresta del altivo monte,
águila herida por audaz, detengo
mi vuelo para ver el horizonte
ensangrentado y triste de que vengo.
Abajo yacen muertos pavorosos;
los cuervos que han posado a mi partida,
llenarán sus estómagos ansiosos
bebiendo sangre en cada fresca herida.
Así es la humanidad; para el herido
la paz, la indiferencia y el olvido,
sólo en el llano y en la cumbre solo.
Para el muerto la unción de los gusanos,
repartición, de carnes entre hermanos:
¡comedia eterna, repugnante dolo!
Mayo, 1920.
Lam (Rosario)
Poetisa contemporánea, casada con norteamericano, pero españolísima de
sentimientos.
ASPIRACION
A ALEJO VALDÉS
De tu lira, poeta, yo diría
que los pechos embriaga con su canto
cuando llora las penas, el quebranto,
del hijo por la madre en agonía.
El que lea tus versos pensaría
eres bardo sutil, semidivino.
Virgilio del Parnaso filipino,
y filtro del dolor tu poesía.
Yo te auguro corona de laureles
con tu "Electa", panal de ricas mieles,
ánfora evocadora de tus cuitas.
Y aspiro, como premio a tus dolores,
ofrenden a tu musa bellas flores
de cadenas de amor y sampaguitas.
Octubre, 1915.
Laygo (Enrique K.)
Abogado y poeta contemporáneo.
¡SIEMPRE IGUAL!
Siempre lo mismo, siempre igual. Mi vida,
cansada está de sus antiguos vuelos,
y estúpida persigue la medida
carrera de dos rieles paralelos.
¡Siempre igual!... Hay la misma establecida
mudéz indescifrable de los cielos;
la misma torpe humanidad vencida
besando la cadena de sus duelos.
¡Oh! ¡Quién, teniendo fuerzas lapidarias,
pudiese ese banal mundo de parias
sostener como un Atlas en sus hombros;
y sacudirlo, en un supremo esfuerzo,
a ver si así revive el Universo;
o se sepulta al fin en sus escombros!
"TIRONG"
Caballeresco tipo que de otros tiempos queda,
forma nota discorde con el siglo presente.
Bien merece el prestigio de casacas de seda,
con una espada al cinto y un chambergo en la frente.
Así podría abrir camino a cintarazos
al paso de su potro que corre como el viento
mientras, acongojada, desmáyase en sus brazos
una dama arrancada al dolor de un convento.
Y en el seno tranquilo de la noche sombría,
con el ojo avizor, su fuga seguiría
hasta que el nuevo sol derramase su brillo.
A tiempo que a través de floridos jardines
resonasen triunfantes clangores de clarines
desde los alminares de su feudal castillo...
Lazcano (Edilberto)
Presbítero. Colabora en "El Debate", de Manila. Ha comenzado a
versificar, para el público, hace poco; pero ya tan formado
literariamente, que merece un lugar en este PARNASO.
DIPTICO
I
LA CAMPANA
¡Oh España, de sin par ejecutoria,
que a tu cabeza unciste el Universo:
del sol de tu poder radiante y terso
hoy sólo queda pálida memoria!
Más, ya hundida la torre de tu historia
bajo las olas de un olvido adverso,
aún repica sonora como el verso
la campana gloriosa de tal gloria.
En el templo ideal del alma humana
es tu lenguaje esa inmortal campana;
y es de su voz el eco soberano
la virtud de cien pueblos diferentes,
para avanzar, seguros y valientes,
por la ancha vía del progreso humano...
II
RAMO DESGAJADO
No lamentes, España, tu caída,
si te hirió con su hachazo el elemento;
también lograste que impregnase el viento
la rica esencia que exhaló tu herida.
Y del árbol herido de tu vida
un ramo en flor se desgajó violento;
que fué rodando a la merced del viento
hasta hundirse en la mar embravecida.
Pero, al cogerlo Dewey de la playa,
vio que era un gajo de la mar malaya
florecido de perlas peregrinas.
El que se desgajó de tu existencia,
llevándose tu amor, tu fé, tu esencia,
¡el ramo en flor: mi patria, Filipinas!
Julio, 1922.
FASCINACIÓN
He soñado contigo... ¿No lo dudas?
Mejor; así comprenderás al fin
que hay besos más horribles que el de Judas,
cerebros locos y almas de Caín.
He soñado contigo... Han sido mudas
horas de ensueño,--horas de jardín,--
con los ojos abiertos a las rudas
olas de olor que me brindó un jazmín.
He soñado contigo... Mira; aun arde
mi corazón en su postrer alarde.
Mírame bien ¡oh amor! mírame bien.
Y aunque en la vida sea todo falso,
hazme con tus abrazos un cadalso,
pero ven a matarme de amor... ¡Ven!
1911.
Magno (Leoncio G.)
Nació en Manila el 13 de Enero de 1895; Una acuitada adolescencia le
impidió acabar en el Ateneo municipal el bachillerato. Ejerció el
oficio de tornero mecánico. A los 16 años versificaba. Consagrado
ahora al periodismo, es redactor del diario filipino "La Vanguardia".
Adora a Rubén y Villaespesa.
TROVA DOLOROSA
Romántica _dalaga_
que lloras, dolorida,
con tu alma de azucena, sin luz, desfallecida,
en medio de la senda de la desolación.
Del astro de tu angustia
suprema a los reflejos,
bardo de ensoñaciones, vengo a tí, de muy lejos,
con la lira enlutada y triste el corazón.
Aquí me tienes, virgen
de sublimes amores.
Ante el ara sombría de tus hondos dolores,
donde fulgura el cirio de la Fatalidad,
permite que lamente
tus penas y tormentos,
yo que, cual tú, he sentido también mis sufrimientos,
sin ver siquiera un prado de la Felicidad.
¡Qué suerte tan infausta
te dio la Providencia!
la esperanza nacida en tu pura conciencia,
de la implacable parca, cayó bajo el rigor,
y el ser idolatrado
de tu sueño divino,
se fué por el sendero que le trazó el Destino
¡y te has quedado sola con tu infinito amor!
¡Ah! Si pudiera mi alma,
_dalaga_ de mi tierra,
mitigar los pesares que tu espíritu encierra,
te enseñaría un prado de encanto singular,
y en medio de tus ansias,
bellísima criatura,
te haría ver poéticos jardines de ventura,
do eternamente puedas tu cuitas olvidar.
Mas, enjuga el llanto
¡oh virgen desolada!
eleva hacia el Altísimo tu lánguida mirada,
tu mirada piadosa ¡oh púdica mujer!
y piensa que el amado,
tu gloria, tu consuelo,
aquel que te adoraba no ha muerto, está en el cielo,
y allá en el cielo sueña, feliz con tu querer!
¿Qué más hacer podrías,
con entera eficacia,
sino saber, heroica, triunfar en la desgracia,
y dar un santo bálsamo de paz a tu orfandad?
La vida es así: mezcla
de gozo y agonía...
A la tétrica noche, sucede el claro día,
y al día placentero, la triste obscuridad...
Alma buena y romántica,
corazón dolorido,
levanta, pues, tu espíritu sin luz, desfallecido,
en medio de la senda de la desolación...
Del astro, de tu angustia
suprema a los reflejos,
bardo de ensoñaciones, vine a tí, de muy lejos,
para darte las rosas de la consolación.
Hélas aquí, pletóricas
de esencia consagrada...
Yo las pongo a tus plantas con mi lira enlutada,
en el augusto nombre del rey universal...
¡No pierdas la esperanza!
La muerte, en sí, no es muerte...
¡Es sólo una vereda que nos conduce al fuerte
imperio donde irradia el Sol de lo inmortal...!
1920.
A LA JUVENTUD FILIPINA
Juventud, flor divina de mi tierra,
el horizonte se abre a tu camino...
Mira las cumbres... Tu progreso encierra
el ideal del pueblo filipino.
Es verdad que jamás falta en la ruta
de ía existencia, un negro precipicio...
Pero ¿qué importa? Tu alma no se inmuta
y está dispuesta siempre al sacrificio.
Animosa prosigue tu jornada...
Bajo el beso del hada de la Historia,
tu naciste con alma destinada
a ser conquistadora de la gloria!
Con un amor ardiente e infinito,
enarbola la enseña de la ciencia...
En las hojas del libro allí está escrito
el poema inmortal: la independencia!
Juventud estudiosa del Oriente,
las libertades nacen en la guerra,
pero tú, de la paz bajo el ambiente,
con tu saber libertarás mi tierra.
Que no haya ni un pequeño desaliento,
a la luz de tu espíritu sublime...
Con la labor constante y el talento,
así una raza toda se redime.
Mañana, cuando llegues, afanosa,
con tus frescos laureles, a las cumbres,
te abrazará una patria venturosa,
ante una aurora de gloriosas lumbres...
Te rendirán la vida y el misterio,
del porvenir los prados ideales,
y las musas, en todo el hemisferio,
te cantarán con trovas inmortales.
Juventud, esperanza de mi tierra,
es grandioso y sublime tu destino...
Sigue avanzando... ¡Tu progreso encierra
la redención del pueblo filipino!...
1920.
FLORES OLVIDADAS
La virgen desposada lleva floridos ramos,
radiante de ternura y de felicidad.
Se arrodilla ante el ara. Y, con dulces reclamos,
ofreciendo a Dios flores, jura fidelidad...
Las flores son las bellas mensajeras del alma
que saben de las glorias que dora la ilusión.
Hay pájaros sin nido, hay momentos sin calma,
más, sin flores no tiene palabra el corazón!
¡Pobres flores que bajo un obscuro destino
he encontrado olvidadas en medio del camino...
Por vuestras gracias vibra mi lira con amor!
Vuestro hermoso capullo una misión encierra:
la aurora por vosotras ilumina la tierra...
¡La tierra, por vosotras, no olvida a su Creador!
AMOR DE MADRE
Bajo un sol de misterio,
en un pobre ataud,
cuatro hombres me llevaron a un negro cementerio,
poblado de violetas en mística quietud.
Estaba triste el cielo
tres rosas del amor,
de vigoroso luto, con hondo desconsuelo
lloraban por la muerte del joven trovador.
Era una la adorable,
enferma de ilusión,
a quien bajo un ramaje de dicha, inolvidable,
una tarde yo diera todo mi corazón.
Era otra la afligida
musa de mi querer,
que en las horas sombrías e inciertas de la vida
consolaba mi espíritu con su alma de mujer.
La tercera era aquella
que me enseñó a sufrir,
aquella madre mía, pura como una estrella,
conturbada pensando siempre en mi porvenir.
¡Y que lección encierra
aquel sueño opresor!
Ante una sepultura pusiéronme en la tierra,
abrieron mi ataud y después... ¡oh dolor!
En el horrendo estado
de la disgregación
mi carne, barro siempre, había entrado,
ahuyentando el encanto de la humana ficción.
La musa idolatrada
de mi ardiente querer,
y aquella novia enferma de ilusión, tan amada,
gimieron mucho, pero resistiéndose a ver...
Y en un sublime exceso
de su amor inmortal,
mi madre fué la única mujer que un sacro beso
depositó en las ruinas de mi carne mortal.
1921.
Marfori (Isidro)
De la Laguna, como Rizal y Cánon. Nació el 15 de Mayo de 1890. Interno
con jesuítas y dominicos, se graduó de perito mercantil. En talante de
poeta, tuvo una primera juventud inquieta y romántica, aunque al fin
le sujetaron las realidades de la vida. Ha impreso en Manila dos
colecciones de poesías: _Aromas de ensueño_ (1914) y _Cadencias_
(1917). Villaespesa es su poeta preferido: luego Darío, Núñez de Arce,
Chocano y Vargas Vila.
A SALVADOR RUEDA
CON MOTIVO DE SU VIAJE A FILIPINAS
Artífice inmortal de la Poesía,
incomparable y mágico rimero
que tienes en las venas fuego ibero
y en el pecho panales de ambrosía.
Alma de luz, de sol y de armonía,
que en medio de este siglo de odio fiero,
descuellas indicando un derrotero
a la soberbia humanidad del día;
bardo de paz y de combate rudo,
que la bandera azul tan alto agitas,
¡divino soñador, yo te saludo!
Mi musa a ti, con temblorosa mano,
te ofrenda un haz de frescas sampaguitas
¡oh embajador del intelecto hispano!
1915.
A UNA ESTRELLA
Dulzuras destella
tu luz de topacio,
luminosa estrella
del celeste espacio.
Y viendo que de ella
yo nunca me sacio,
me sonríes bella,
desde tu palacio.
Tus fulgores dame,
que amante los guardo
en mi ánima opresa,
y deja que te ame
nostálgico el bardo,
¡divina princesa!
1917.
LAS NOCHES DE CITA
Todas las noches, a la sombra amena
de un frondoso macizo floreciente,
yo acudía con paso diligente
y con el alma de ilusiones llena.
Veía a poco su cuerpo de azucena
avanzar indeciso, lentamente,
mientras un ansia de pasión ardiente
daba a mi pecho hervores de colmena.
Juntos los dos en dulces embelesos,
volviamos al cuento de los besos,
sin pensar que es voluble la fortuna.
Y sólo nuestro ardor se interrumpía
cuando ya en el azul se desleía
la dorada sonrisa de la luna.
1917.
EL PASIG
En una vega ubérrima y tranquila,
bajo el quemante ardor de un sol de estío,
sonoro y riente se desliza el río
desde el lago de Bay hasta Manila.
Bruñe la faz de su caudal bravío
brillante luz que todo refocila,
y se entorna ofuscada la pupila
al contemplar tan fulgido atavío.
Al saludo jovial de la cañada
y del _sipao_ que trina en la enramada,
su romántica y triste serenata,
van pasando sus linfas transparentes
bajo el arco de hierro de los puentes
como una eterna procesión de plata.
A LA GLORIA
En la aurora de mi vida,
aún sin dolores aciagos,
te he visto, de azul vestida,
flotando en mis sueños vagos.
Despertaron mi dormida
pasión tus dulces halagos,
tornaste en arpa mi vida
y fuí cisne de tus lagos.
Y ahora qué en ellos me agito,
con una sed de infinito
y la visión de mi cruz
¿porque le niegas ¡oh gloria!
a mi breve trayectoria
tu eterna estela de luz?
1917.
AL VOLCAN APO
Guarda silencio el coloso, silencio largo y profundo.
Ni siquiera se estremece su ardiente seno iracundo
al paso del fiero _baguio_[29] que desvasta en un segundo,
azotando en su locura la enorme esfera del mundo.
Velado por blancas nubes yace en un frío mutismo;
ningún rumor de amenaza se escapa de su hondo abismo
¿Está en vísperas y acaso se reconcentra en sí mismo
y prepara en sus entrañas un horrendo cataclismo?
Preguntádselo a las tribus que moran en sus laderas
y os dirán que el Apo duerme con sus ansiedades fieras
que las lavas de sus hornos sólo se desbordarán
el año en que ellos olviden, en su propio menoscabo,
la tradición milenaria de dar a feudo un esclavo
arrojándole a las fauces insaciables del volcán.
1917.
[Nota 29: Ciclón.]
EN LA MUERTE DE TIRSO DE IRURETA-GOYENA
Junto al negro ataud de tus despojos
¡oh prócer de linaje apolonida!
mi frente inclino, humilde y abatida,
y un responso de amor rezo de hinojos,
al pensar en tus épicos arrojos,
en los laureles de tu edad florida,
siento la honda amargura de la vida
y se llenan de lágrimas mis ojos...
No te alzas ya para domar la rabia,
de la impiedad y el credo disoluto...
ya no escuchamos tu ingeniosa labia.
Has caído, llenándonos de luto,
¡como un árbol pletórico de savia
al grave peso de su mismo fruto!
Octubre, 1918.
POR AMOR A ESPAÑA
(SEGUNDO PREMIO EN EL CONCURSO DE LA "CASA DE ESPAÑA", 1919)
TRIPTICO HEROICO
I
Desafiando del sino los desmanes,
un grupo de española valentía
arribaba a las ínsulas un día
al mando de Fernán de Magallanes.
En la cruz de sus recios gavilanes
las católicas luces nos traía,
en sus fuertes aceros la hidalguía,
en sus pechos, olímpicos afanes.
Estoicos, en el ciclo de sus penas
conquistaron sus glorias de soldado,
y al sellar con la sangre de sus venas
su epopeya brillante y espartana,
nos dejaron el dúplice legado
de su habla hermosa y de su fe cristiana.
II
Arbol coloso de verdor florido
que há tres centurias crece y exubera,
es en mi patria la cultura ibera
que la escuadra inmortal nos ha traído.
Nativos ruiseñores hacen nido
en sus frondas de eterna primavera,
y aunque enfurece la ventisca fiera,
en la arada social seguirá erguido.
En vano ilusos de intelecto oscuro,
que miran su grandeza con inquina,
clavan las hachas en su tronco duro.
¡Por virtud de sus mismas cicatrices
no hay un trozo de tierra filipina
que no abarquen sus cívicas raíces!
III
La gratitud es una flor que brota
de la pureza del sentir humano,
y no hay sarcasmo ni atrevida mano
que la marchite en mísera picota.
--¡Oh falange del yelmo y de la cota!
Para pagar tu esfuerzo soberano,
lidiar quisiera por el fuero hispano
en una tierra anónima y remota.
Que el talismán sagrado del ensueño,
oculto en mi armadura de guerrero,
hará un gigante de mi ser pequeño.
Y en una gran batalla yo quisiera
hacer del brazo un mástil altanero
¡para elevar al cielo tu bandera!
TRES SONETOS DE AMOR
I
Paseaba su gracia de sultana
al múrice reflejo del Poniente,
cuando en la luz de su mirada ardiente
vi el paraiso de la vida humana.
En pos de sí marchó la caravana
--cual una estela inmensa y esplendente--
de todos los ensueños de mi frente
y todos mis anhelos del mañana.
Y fué la estrella que fulgió en mis cimas,
la lírica cadencia de mis rimas,
el encanto perenne de mis horas.
Mi astro altivo tejióla una guirnalda,
la hizo un trono y pidió para su espalda
el bermellón de todas las auroras.
II
A distancia la amé, porque quería
vaciar en un romántico latido
la excelsitud del ideal florido,
su esencia de suprema poesía.
En silencio la amé porque temía
que mi orgullo tenaz fuese vencido,
que se mofara de mi pecho herido
¡y sólo fuera mi ilusión de un día!
...Pero el disimular inútil era,
pues no se oculta una pasión sincera
con grávidas cadenas o cerrojos.
Y al fin la dijo mi íntimo secreto,
tras la prisión de un antifaz discreto,
la pena delatora de mis ojos.
III
Como va al sol la inquieta mariposa
para besarle en su febril intento,
constante iba mi inquieto pensamiento
tras la esquiva figura de mi hermosa.
El tierno hechizo de su faz radiosa
me sonreía en mi amargo aislamiento,
añoranza celeste que al momento
remozaba mi vida tumultuosa.
¡Callar más tiempo me oprimía el pecho!
y dejando el amor su encierro estrecho,
entró en el alma de la amada mía.
¡Mas vió en el templo su candor inerte
y en su ara triste, al soplo de la muerte,
un resplandor que en sombras se extinguía!
Enero, 1920.
Nedruda (Esteban)
Consagrado al periodismo, es ahora redactor de "El Debate". Antes lo
fué de "La Vanguardia".
ANHELOS
Quiero los cantares que miman al alma,
las tiernas endechas que saben a miel,
los trinos del ave de la noche en calma
y el aroma suave que esparce el vergel.
Quiero las caricias de la fresca aurora
sentir en la frente al amanecer,
y en los labios rojos de la diosa Flora
libar tiernos besos que embriaguen mi ser.
Quiero de la brisa el blando murmurio
en campos y valles plácido escuchar,
y de la sibila el feliz augurio
de glorias y triunfos de mi patrio lar.
Quiero luz, colores, vida, miel, aroma,
pues tengo en mi pecho una eterna sed
que mi alma atormenta cual una carcoma
y de las tristezas me pone a merced.
Y quiero en mi rostro sentir de los vientos
ósculos ardientes que sepan de amor,
y en mi mente loca tejer pensamientos
tan bellos que halaguen mi alma, mi alma en flor.
Porque necesito decirme a mí mismo
que el dolor no existe, que es pura ilusión,
que sólo germina el laudable altruísmo
de todos los hombres en el corazón.
Que todo es ameno, que todo es de rosa,
que es palabra vana la fatalidad,
que ninguna pena mi pecho destroza
y que no es amarga la realidad.
Porque hay que engañarse si el alma queremos
que no se deshaga en girones mil,
y siempre pensemos y siempre forjemos
que nunca se mueren las rosas de Abril.
Ya que nuestro mundo lleno está de abrojos,
vilezas y engaños que causan horror,
un cristal de rosa pondré ante mis ojos
porque todo sea de hermoso color.
Por eso yo adoro del sol los fulgores,
y busco en los ritmos el grato solaz,
y alfombro mi senda con versos y flores
para hacer más dulce la vida fugaz.
MEDITACION
Segado por el viento de un huracán furioso
desciende al frío suelo el cáliz de una flor:
tal de los desengaños al sopolo venenoso
fugaz se desvanece un sueño encantador.
El río solitario, cruzando las malezas,
en su áspero camino tropieza sin cesar,
y en vez de alegres odas murmura sus tristezas:
tal navegan los hombres de la vida en el mar.
Un día contemplaba en viejo campanario
la ligera veleta de su eterno girar,
y pensé que es veleta el hombre en su calvario
que gira sin descanso en constante penar.
Y, si acaso, hay momentos de calma lisonjera
que de gozo inocente nos hacen sonreir,
son momentos fugaces que con la primavera
dejan triste recuerdo en el pecho, al partir.
Cuando en noches serenas despierta el alma mía
tras un sueño de rosa,--dulce sueño de amor--,
que en suave desvarío recreó mi fantasía
por mundos ignorados y jardines en flor;
Cuando en alas del rápido y misterioso viento,
de la argentada luna a la trémula luz,
a las altas regiones vuela mi pensamiento
olvidando un instante de las penas la cruz;
Yo siento que en mis labios se enjoya la sonrisa
y la calma perdida vuelve el alma a sentir,
y yo bendigo todo: rocío, flores, brisa;
y entonces me parece que es hermoso el vivir.
¡Oh, cuán grata es la vida cuando sólo ilusiones
llenan de nuestra mente el invisible azul!
¡cuán bello es todo el mundo si nuestros corazones
de amor se sienten presos en el rosado tul!
Mas ¡ay! cuando se cae la venda de los ojos,
el bello panorama tórnase en funeral...
¡los que gratos nos fueron, hoy nos causan enojos!
¡lo que fué nuestra dicha, es ahora nuestro mal!
Entonces es en vano que alcemos las miradas
hacia el límpido cielo do dicen que está Dios;
¡no tendrán ningún eco nuestras tristes baladas
y de los sueños idos se perderán en pos...!
¿Porqué ha de ser la vida cadena de amarguras?
¿porqué todos nosotros hemos de padecer?
Dime, ¡oh rey de los astros que radiante fulguras!
¿porqué gime lloroso el infante al nacer?
Nolasco (Luis F.)
Contemporáneo. Posee el título de abogado.
FLOR DE DOLOR
Tus lágrimas enjuga, amada mía,
y escucha los gemidos del amante
que te alza una rosa lacerante
en cada estrofa de su poesía.
No llores ¡virgen mía! si el destino
de negras gasas recubrió tu suerte;
no llores, que mi amor hasta la muerte
luchando seguirá por tu camino.
Bien comprendo la cruel melancolía
que en tu alma dolorida se atesora,
las penas que tu sufres cada día,
y las nostalgias que tu pecho llora.
Mas no llores; la vida es así, amada,
toda lucha y dolor, pena y tormento;
la vida es viva acción del sufrimiento
y es imagen de amor, despedazada.
Yo adoro tu beldad y tu pureza
como adoro a los ángeles del cielo;
sólo por adorarte me desvelo
en medio del dolor y la tristeza.
Yo te entrego la flor de mis amores,
mi lauro eterno, mi triunfante palma;
te entrego así mi corazón y mi alma
pero nunca la cruz de mis dolores.
Seca tus negros y divinos ojos,
alza tu frente de oriental violeta,
mi amor tu senda limpiará de abrojos...
¡Ya eres salva, mujer...! ¡Te ama un poeta!
Palma y Velázquez (José)
Nació en el arrabal de Tondo, de Manila, en 1876, falleciendo el 12 de
Febrero de 1903. Fué ardiente revolucionario, como sus hermanos Manuel
y Rafael. Cursó el bachillerato con los jesuitas. Escribió sus
primeras poesías a los 17 años. Perteneció, con sus hermanos, Cecilio
Apostol, los Guerrero (Fernando y Manuel), Veyra, Zulueta y otros al
cenáculo literario aposentado en la morada de Epifanio de los Santos
Cristóbal, el filipino erudito, C. de nuestras Academias de la Lengua
y de la Historia. En 1912, los hermanos de José Palma editaron un
tomito de las poesías del poeta muerto, bajo el título de
_Melancólicas_, con prólogo de Cecilio Apostol.
MI REGALO
¿Sabes cuál es...? ¡Escúchame un momento!
con voz muy queda lo diré a tu oído,
que no lo pueda oir el mismo viento
que, al refrescar tu frente con su aliento,
palpita de placer estremecido.
Es muy pobre, muy pobre... casi nada,
es más bien la fineza de un mendigo:
una joya sin brillo, desgastada,
que, por cobrar su luz en tu mirada,
te la ofrece el afecto de un amigo.
¡Aquí lo tienes, toma!... te lo entrego:
es este corazón ya moribundo,
que se agita entre océanos de fuego,
y que latiendo temeroso y ciego,
te vió y te amó con un amor profundo...
Es este corazón de fibras rotas,
anémico y enfermo, siempre triste...
donde circulan de la hiel las gotas
y vibran melancólicas las notas
de un mal tenaz que en maltratar insiste.
Es este corazón, que va sangrando
con la herida brutal de su delirio,
mi pobre corazón, agonizando,
mientras va sollozando... sollozando...
al rudo golpear de su martirio.
Este martirio he siempre comprimido
por inquieto temor a tu repulsa,
hondo martirio que, a mi ser asido,
parece cual mi vida confundido
y siempre al lloro y al sufrir me impulsa.
¡Cuántas veces sentí su horrible clavo
golpearme con áspera sevicia,
y sentí a su furor cómo temblaba
el cielo de las dichas que soñaba,
como un mundo de luz que se desquicia!
¡Cuántas veces también alzó en mi pecho,
la indómita borrasca de la angustia,
y por las noches le encontré en acecho
para robar mi sueño, sobre el lecho
en que gemía por mi vida mustia!
¡Ay, no es verdad que brote la alborada
tras la noche caótica y severa!...
Donde la pena labra su morada,
allí estará cual víbora enroscada,
siempre más pertinaz, siempre más fiera.
En vano, muchas veces, temerario,
intenté refrenar con valla ruda
el cauce de mis penas tumultuario:
no he logrado desviarme del calvario
donde sucumbo sin piedad ni ayuda.
Ya han hollado mis pies muchas espinas,
y aunque avanzo llorando en mi camino,
sólo encuentro doquier sombras y ruinas,
tristes, como las tintas vespertinas,
y obscuras, cual la voz de mi destino.
¿Qué me resta sufrir?... En mi amargura,
¿Dónde tender la vista lacrimosa
sin que encuentre mi propia desventura?
¡oh!... ¿Como descansar de esta tortura
el alma que no vive ni reposa?
Sólo tú, sólo tú, virgen del cielo,
puedes reverdecer mi vida muerta;
tú regalarme puedes el consuelo,
y puedes alegrar mi triste duelo
y restañar mi herida siempre abierta.
¡Oh! en tí está mi esperanza; no la mates;
déjame acariciar mis ilusiones,
y no me arranques ¡ay! no me arrebates
la dicha que me anima en los combates
y rompe de mi mal los eslabones.
¡Es tan triste sufrir!... Es tan sombrío
batallar con el propio sentimiento,
que, si no escuchas el acento mío,
tal vez con la punzada del estío
no me dure la vida ni un momento.
¡Oh! escúchame... ¡Aquí estoy! Solo, perdido
en mitad de mi obscuro derrotero...
Y aunque procuro, loco, dolorido,
desterrar mi pesar con el olvido,
ya no puedo luchar... ¡Amame o muero!
EN LA ULTIMA PAGINA DEL "NOLI ME TANGERE"
Eres el grito del derecho herido,
la encarnación de las candentes lágrimas
que en la noche sin luz de su pasado,
de mi país los ojos escaldaban.
Yo te leí cien veces. Noble amigo,
hallé siempre flotando en cada página,
un paño para el llanto del esclavo,
para el tirano vengadora tralla.
¡Cómo sentía, al recortar tus hojas,
lástima por mi patria esclavizada!
¡Cuál lloraba contigo en mis insomnios,
y ansiaba, como tú, la luz del alba!
Más un día... sonaron los fusiles,
ahogó los suspiros la metralla,
y fulminando muertes, al derecho
pronto abriéronle paso las espadas.
Y tembló la opresión. Himno de muerte
parecía el rugido de sus armas,
y en su mismo estertor... ¡ay! frente a ella
irguióse su conciencia: ¡cuán manchada!
Entonces, al clangor estrepitoso
que producían, al herir, las balas,
veía al pueblo defender sin miedo
la idea que tus párrafos inflama.
Veíale surgir grande, potente,
dispuesto a perecer en la demanda,
a recabar con sangre de sus venas
su libertad y su honra conculcadas.
Y fué obra tuya, tuya solamente;
que, sin tí, aún no viera nuestra patria
roto el dogal que le estrujaba el cuello
y en sus cielos brillando la alborada.
¡Ah!--Mucho hiciste. Verbo del opreso,
anatema al poder, tus hojas santas,
al irradiar en los cerebros muertos,
de la opresión libraron una raza.
.....................................
Te cierro ya. En la noche de su sueño,
¡paz al patriota que escribió tus páginas!
dile que sus hermanos no le olvidan,
que en cada pecho se le erige un ara.
Octubre, 1898.
DE MI JARDIN
Me pides sampaguitas... No te envío,
porque, al ir a cortarlas de la rama,
sentí temblar mis manos y mi pecho
prensado por la lástima.
No quiero que padezcan esas flores,
como padece, lejos de tí, mi alma,
no quiero que al contacto de mis manos
perezcan marchitadas.
¡Qué caigan ellas solas! Yo, que siento
más que nunca mortíferas nostalgias,
no quiero que por mí tengan las flores
nostalgia de las ramas.
Es crueldad separarlas de sus tallos
antes que lo haga el soplo de las áuras
¡quién sabe si en las horas más de vida
que se irán al troncharlas,
ellas esparcirán en el ambiente
la esencia más sabrosa y delicada
que formada con mieles de rocío
en sus corolas guardan!
Deja que
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