Viage al Parnaso
by Miguel de Cervantes Saavedra · Spanish · Gutenberg #16110 · 333,108 chars · public domain (US)
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Title: Viage al Parnaso
Author: Miguel de Cervantes Saavedra
Release date: June 22, 2005 [eBook #16110]
Most recently updated: December 11, 2020
Language: Spanish
Other information and formats: www.gutenberg.org/ebooks/16110
Credits: Produced by Miranda van de Heijning and the Online
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VIAGE AL PARNASO
COMPUESTO
POR MIGUEL DE CERVANTES
SAAVEDRA.
DIRIGIDO
A D. RODRIGO DE TAPIA,
CABALLERO DEL HABITO DE SANTIAGO, &C.
PUBLICANSE AHORA DE NUEVO UNA TRAGEDIA Y UNA COMEDIA
INEDITAS DEL MISMO CERVANTES:
AQUELLA INTITULADA LA NUMANCIA:
ESTA EL TRATO DE ARGEL.
EN MADRID
POR _DON ANTONIO DE SANCHA_.
ANO DE M. DCCLXXXIV.
Se hallará en su Librería en la _Aduana Vieja_.
_Con las Licencias necesarias._
_A DON RODRIGO DE TAPIA,
CABALLERO DEL HABITO DE SANTIAGO,
HIJO DEL SEÑOR DON PEDRO DE TAPIA,
OIDOR DEL CONSEJO REAL, Y CONSULTOR
DEL SANTO OFICIO DE LA INQUISICION SUPREMA._
Dirijo á Vm. este Viage que hice al Parnaso, que no desdice á su edad
florida, ni á sus loables y estudiosos exercicios. Si Vm. le hace el
acogimiento que yo espero de su condicion ilustre, él quedará famoso
en el mundo, y mis deseos premiados. Nuestro Señor, &c.
_Miguel de Cervantes Saavedra._
PROLOGO
AL LECTOR.
Si por ventura, Lector curioso, eres poeta, y llegare á tus manos
(aunque pecadoras) este Viage, si te hallares en él escrito, y notado
entre los buenos poetas, da gracias á Apolo por la merced que te hizo;
y si no te hallares, tambien se las puedes dar. Y Dios te guarde.
_D. AUGUSTINI DE CASANATE ROJAS_
EPIGRAMA
Excute cæruleum, proles Saturnia, tergum,
Verbera quadrigæ sentiat alma Tetys.
Agmen Apollineum, nova sacri injuria ponti;
Carmineis ratibus per freta tendit iter.
Proteus æquoreas pecudes, modulamina Triton
Monstra cavos latices obstupefacta sinunt.
At caveas tantæ torquent quæ mollis habenas,
Carmina si excipias nulla tridentis opes.
Hesperiis Michaël claros conduxit ab oris
In pelagus vates. Delphica castra petit.
Imó age, pone metus, mediis subsiste carinis,
Parnassi in littus vela secunda gere.
ADVERTENCIA DEL EDITOR.
Esta Advertencia que pudiera parecer escusada, respecto del Viage al
Parnaso de Miguel de Cervantes, por ser mera reimpresion de un libro
tan conocido, la exige la publicacion de las dos piezas igualmente
poeticas, que ahora se dan á luz la primera vez. Una es tragica: y
otra comica. Una se intitula La Numancia: la otra El Trato de Argel.
De entrambas hace mencion, baxo estos mismos titulos en el Dialogo con
el poeta Pancracio, en el Discurso del Canonigo de Toledo con el Cura
Pero Perez, que se introduce en D. Quixote, y al fin de la comedia de
los Baños de Argel, impresa el año de 1613. Estas dos son del número
de aquellas veinte ò treinta comedias que escribió por los años de
1582. recien redimido del cautiverio de Argel, y de las quales dice
que todas se representaron en los teatros de Madrid con gusto general
del pueblo. Pero sin embargo de estos elogios, en ambas se observan
ciertas irregularidades que las mancomunan con muchas de las que
despues reprehendió tan justamente el mismo Cervantes. Porque el Trato
de Argel no tanto merece el nombre de comedia, como el de una simple
relacion lastimosa y tragica por lo comun, de los trabajos que
padecian los cautivos cristianos en poder de los infieles, en cuya
pintura entran tambien las reprobadas costumbres de unos y de otros,
cuyos sucesos son tanto mas creibles en la pluma del autor, quanto que
por él pasaron muchos de ellos; y asi se introduce en ella à sí mismo,
como historiador verdadero. Por esto refiere con tanta puntualidad las
varias calamidades de los cautivos: la venta de ellos en el zoco ò
plaza de Argel: el peligro y facilidad con que renegaban los
muchachos: los intentos y aventurados arbitrios que discurrian los
cautivos para huir: los inclementes castigos con que por esto los
atormentaban los moros: el martirio que padeció en Argel Frey Miguel
de Aranda, caballero Valenciano, de la Orden de Montesa, en venganza
de haber quemado vivo la Inquisicion de Valencia à un morisco, que
pasandose à Berberia, profesó abiertamente el mahometismo, y dandose
despues al corso, cayó en manos de aquel Tribunal: cuyo suceso refiere
largamente el Padre Ahedo en su Historia de Argel. Tampoco omite las
deshonestas aficiones con que las moras se inclinaban à los cautivos,
y los moros à las cautivas, valiendose de hechicerías y encantos, con
el vano intento de atraer y fixar las voluntades humanas: cosa
freqüente entre ellos, como dice el mismo Ahedo: cuyos amores se
complicaban con otros que los mismos cautivos se tenian. Asi Cervantes
cuenta los de Aurelio y Silvia, cautivos enamorados, y presos por Mami
Arnaut en la galera nueva de Malta llamada San Pablo, de cuya pérdida
hace mencion el citado Ahedo, atribuyendo esta y otras desgracias à
que las galeras de España eran muy pesadas, cuyo peso se aumentaba con
el demasiado carguío de mercancias, sin ayudarle en un apuro nuestra
gente, por tener a caso de menos valer echar mano al remo: todo lo
qual sucedia al contrario en los moros, que usaban de embarcaciones
mas veleras. Compraron estos esclavos Izuf y Zara, dos moros
principales. Enamorase Zara de su cautivo Aurelio, y para inclinarle
se vale de la hechicera Fátima, y no contenta con esto, hace tercera
de su amor à Silvia. Izuf por su parte se aficiona à Silvia, y para
rendirla se vale de los oficios de Aurelio. Aunque en esta comedia no
se advierte una accion principal à que estén subordinados los demas
incidentes, si algun episodio puede ocupar el lugar de ella, es esta
complicación de afectos de amos y de esclavos: cuyo desenlace consiste
en conceder el Rey Azan à Aurelio y Silvia, libertad para que vuelvan
à España à solicitar dos mil ducados en que se rescataron, fiando de
su palabra y buena fe el cumplimiento de esta condicion. Y el fin de
toda la comedia es avistarse en el puerto de Argel el navio que traia
la limosna de la Redencion, en que venia el Padre Fray Juan Gil, cuyo
suceso fue tambien verdadero, pues este Religioso fue el que rescató à
Cervantes. Tampoco se observan las unidades de tiempo ni de lugar.
Pedro Alvarez y otro con-cautivo caminan noches y dias, huidos de sus
amos; y perdiendo el camino Alvarez, se aparece un leon que se le
enseña: cuyo extraordinario suceso atribuye à la intercesion de
nuestra Señora de Montserrate. Introduce tambien figuras morales. La
Necesidad y la Ocasion acosan à Aurelio para que condescienda con las
importunas instancias de Zara. Asi tambien en la Numancia introduce à
la España en forma de doncella, coronada de torres, informando del
sitio que la tenia puesto Scipion; y considerando que solo por la
parte por donde bañaba el rio la ciudad cercada, podia recibir
socorro, le hace una dolorosa súplica para que se le preste: y en
efecto, sale al teatro el Duero con tres muchachos que representan à
tres riachuelos que desaguan en él, y despues de una larga arenga en
que profetiza que los Godos en adelante, Atila, y el Duque de Alba D.
Fernando Alvarez de Toledo harían guerra á Roma, la desaucia de todo
remedio, y se sumerge en sus propias aguas. Facil hubiera sido y mas
natural poner estos discursos en boca de las personas. Pero esta
invencion fue tan del gusto de Cervantes, que se precia de haber sido
el primero que introduxo en el teatro las figuras morales con general
aplauso: si bien muchos años antes las vemos introducidas en la
comedia de la Duquesa de la Rosa impresa por Juan de Timoneda el año
de 1560. por Alonso de Vega, poeta y representante, como lo fue por
aquellos tiempos Lope de Rueda.
Por los años de 1598. compuso Lope de Vega una comedia intitulada: Los
Cautivos de Argel, cuyo argumento es el mismo que el del Trato de
Argel: y con efecto introduce en ella un cautivo llamado Saavedra, en
cuya introduccion tubo sin duda presente à Cervantes. A lo menos
supone sucedidos en el tiempo de su cautiverio los casos que refiere,
que casi son identicos con los que se leen en el Trato de Argel: como
son el martirio del Caballero de Montesa, las costumbres del Rey Azan,
la complicacion de los amores de amos y cautivos, que es lo que se
puede llamar la accion de la comedia. El desenlace es tambien casi
identico, y se reduce à que Azan concede libertad à los dos amantes
cautivos, que en Lope se llaman Leonardo y Marcela, con la misma
condicion, que vueltos à España adquieran el precio de su rescate, y
se lo remitan à Soliman su amo. Entre otras impropiedades, tampoco
guarda Lope la unidad de tiempo; porque suponiendo como se ha dicho,
los casos de su comedia sucedidos por los años de 1580. finge que
desde Argel se veian los fuegos del castillo de Denia, donde con
varios regocijos celebró D. Francisco de Sandoval y Roxas, Duque
despues de Lerma, el casamiento de Felipe III. con la Reyna Doña
Margarita, contraido el mencionado año de 1598. Esta conformidad de
casos, de escenas, y aun de expresiones con el Trato de Argel, que se
hallan en los Cautivos de Lope, prueba que éste tubo presente alguna
copia de aquella comedia, que disfrutó plenamente; aunque siempre se
echa de ver aquella facilidad, viveza y discrecion de Lope de Vega.
Pero volvamos à Cervantes. El qual pensando muchos años despues que
compuso el Trato de Argel, que todavia parecian bien sus versos,
compuso otras ocho comedias; y viendo que ni los farsantes se las
pedian, ni otros las apreciaban, se las vendió al librero Juan de
Villarroel, que las imprimió el año de 1615. Hallase entre ellas una
intitulada: Los Baños de Argel, que casi es idéntica, con la del Trato
de Argel. Conserva en ella principalmente la complicacion de amores de
amos y cautivos, aunque varía los nombres; porque estas aficiones
ilicitas y contrapuestas de amos y esclavos hicieron tal impresion en
Cervantes, que no solo las conserva en esta comedia renovada, sino que
las repite en la Novela del Amante Liberal. Introduce de nuevo el amor
de una hija de Agi Morato, moro rico de Argel, llamada Zara, que
enamorada de D. Lope, uno de los cautivos del Baño, se comunicaba con
él por medio de billetes que colgaba de una caña, con cuyo artificio
le proveyó tambien de dineros. El desenlace ò desenredo es igualmente
la libertad de los cautivos solicitada por el mismo D. Lope, que
viniendo rescatado à España, vuelve à Argel con una barca, donde trae
à todos los compañeros que caben en ella, y à Zara especialmente, con
quien recibido el bautismo, se casa: suceso que no solo dice Cervantes
fue verdadero, sino que le renovó en D. Quixote. Si en el Trato de
Argel se notan impropiedades, no menos se observan en los Baños de
Argel. Una de las mas extraordinarias de ésta es fingir que los moros
vieron una armada de mas de trescientas galeras, representada en las
nubes heridas por los rayos del sol, y oyeron los tiros, y vieron los
fuegos: y pensando los Genizaros que la enviaba Felipe II. para
conquistar aquella republica de piratas, se enfurecieron de tal modo,
que para tener menos enemigos, hirieron à mas de veinte cautivos, y
quitaron la vida à mas de treinta. Un erudito Anonimo reimprimió el
año de 1749. estas ocho comedias, acompañandolas con un dilatado
prologo en que intenta probar que las compuso su autor con el fin de
ridiculizar las de su tiempo, que tanto solian pecar contra las reglas
del arte; asi como escribió la Novela de D. Quixote con el de
ridiculizar los libros de caballerias. Ultimamente el célebre Abate D.
Xavier Lampillas pretende disculpar à Cervantes por un nuevo y
singular camino. Dice que estas ocho comedias no son suyas; _sino que
la malicia de los impresores publicó con su nombre y prologo aquellas
extravagantes comedias, correspondientes al pervertido gusto del
vulgo, suprimiendo las que verdaderamente eran de él, ò
transformandolas en un todo_. Pero como los defectos de la del Trato
de Argel, que Cervantes reconoce por suya, y de la qual dice se recitó
con general aplauso, certifican de las irregularidades de las que
despues él mismo dió à la estampa, se infiere que Cervantes no compuso
sus comedias con el fin que le supone el mencionado Anonimo, que
quiere hallar en ellas mas ingenio y artificio que el que tienen; y
que por consiguiente no es admisible el arbitrio que escogitó el Abate
Lampillas, aunque nacido de buen zelo por conservar la fama del autor
de D. Quixote. Lo primero, porque él mismo se declara autor de ellas
en la dedicatoria al Conde de Lemos, y en el prologo: y el estilo y
discurso de ambas composiciones no permite sospechar que sean de otra
pluma: lo segundo, porque no es creible que ninguno tubiese el
atrevimiento de prohijar al verdadero autor à vista suya, unas obras
agenas en lugar de las suyas propias; y quando asi hubiese sucedido,
parece imposible que no se hubiese vindicado de semejante supercheria,
habiendo sobrevivido à la publicacion mas de un año. Antes se infiere
y se comprueba con estas comedias la doctrina del Doctor Juan Huarte
alegada por el ingenioso P. Vicente de los Rios en la Vida de Miguel
de Cervantes Saavedra: que para la aplicacion de los ingenios se debe
examinar, no solo la ciencia que se adequa mas à cada uno, sino
tambien si se acomoda mejor à la teorica que à la practica de aquella
ciencia: porque estas requieren por lo comun, diferente indole de
ingenio. En Cervantes, prosigue Rios, se verificó plenamente esta
observacion. Nunca acertó à componer comedias, y poseia perfectamente
su teorica, como lo acreditan muchos lugares de sus obras, y
especialmente el Coloquio entre el Cura y el Canonigo de Toledo, que
inserta en la primera parte de D. Quixote. Por los defectos expuestos
del Trato de Argel, se puede hacer algún juicio de la Numancia, aunque
es algo mas regular.
[Illustration]
VIAGE AL PARNASO.
CAPITULO I.
Un quidam caporal Italiano,
De patria Perusino á lo que entiendo,
De ingenio Griego, y de valor Romano,
Llevado de un capricho reverendo,
Le vino en voluntad de ir á Parnaso,
Por huir de la corte el vario estruendo.
Solo y á pie partióse, y paso á paso
Llegó donde compró una mul antigua
De color parda, y tartamudo paso:
Nunca á medroso pareció estantigua
Mayor, ni menos buena para carga,
Grande en los huesos, y en la fuerza exigua:
Corta de vista, aunque de cola larga,
Escrecha en los hijares, y en el cuero
Mas dura que lo son los de una adarga.
Era de ingenio cabalmente entero,
Caia en qualquier cosa facilmente
Asi en Abril, como en el mes de Enero.
Enfin sobre ella el poeton valiente
Llegó al Parnaso, y fue del rubio Apolo
Agasajado con serena frente.
Contó, quando volvió el poeta solo
Y sin blanca á su patria, lo que en vuelo
Llevó la fama deste al otro polo.
Yo que siempre trabajo y me desvelo
Por parecer que tengo de poeta
La gracia, que no quiso darme el cielo:
Quisiera despachar á la estafeta
Mi alma, ó por los aires, y ponella
Sobre las cumbres del nombrado Oeta.
Pues descubriendo desde alli la bella
Corriente de Aganipe, en un saltico
Pudiera el labio remojar en ella:
Y quedar del licor süave y rico
El pancho lleno: y ser de alli adelante
Poeta ilustre, ó al menos manifico.
Mas mil inconvenientes al instante
Se me ofrecieron, y quedó el deseo
En cierne, desvalido, é ignorante.
Porque en la piedra que en mis hombros veo,
Que la fortuna me cargó pesada,
Mis mal logradas esperanzas leo.
Las muchas leguas de la gran jornada
Se me representaron que pudieran
Torcer la voluntad aficionada,
Si en aquel mismo instante no acudieran
Los humos de la fama á socorrerme,
Y corto y facil el camino hicieran.
Dixe entre mí: si yo viniese á verme
En la dificil cumbre deste monte,
Y una guirnalda de laurel ponerme;
No envidiaria el bien decir de Aponte,
Ni del muerto Galarza la agudeza,
En manos blando, en lengua Radamonte.
Mas como de un error siempre se empieza,
Creyendo á mi deseo, di al camino
Los pies, porque di al viento la cabeza.
Enfin sobre las ancas del destino,
Llevando á la eleccion puesta en la silla
Hacer el gran viage determino.
Si esta cavalgadura maravilla,
Sepa el que no lo sabe, que se usa
Por todo el mundo, no solo en Casulla.
Ninguno tiene, ó puede dar escusa
De no oprimir desta gran bestia el lomo,
Ni mortal caminante lo rehusa.
Suele, tal vez ser tan ligera, como
Va por el aire el aguila, ó saeta,
Y tal vez anda con los pies de plomo.
Pero para la carga de un poeta,
Siempre ligera, qualquier bestia puede
Llevarla, pues carece de maleta.
Que es caso ya infalible, que aunque herede
Riquezas un poeta, en poder suyo
No aumentarlas, perderlas le sucede.
Desta verdad ser la ocasion arguyo,
Que tu, ó gran padre Apolo, les infundes
En sus intentos el intento tuyo.
Y como no le mezclas ni confundes
En cosas de agibilibus rateras,
Ni en el mar de ganancia vil le hundes;
Ellos, ó traten burlas, ó sean veras,
Sin aspirar á la ganancia en cosa,
Sobre el convexo van de las esferas:
Pintando en la palestra rigurosa
Las acciones de Marte, ó entre las flores
Las de Venus mas blanda y amorosa.
Llorando guerras, ó cantando amores
La vida como en sueño se les pasa,
O como suele el tiempo á jugadores.
Son hechos los poetas de una masa
Dulce, süave, correosa y tierna,
Y amiga del hogar de agena casa.
El poeta mas cuerdo se gobierna
Por su antojo valdio y regalado,
De trazas lleno, y de ignorancia eterna.
Absorto en sus quimeras, y admirado
De sus mismas acciones, no procura
Llegar á rico, como á honroso estado.
Vayan pues los leyentes con letura,
Qual dice el vulgo mal limado y bronco,
Que yo soy un poeta desta hechura.
Cisne en las canas, y en la voz un ronco
Y negro cuervo, sin que el tiempo pueda
Desbastar de mi ingenio el duro tronco:
Y que en la cumbre de la varia rueda
Jamas me pude ver solo un momento,
Pues quando subir quiero, se está queda.
Pero por ver si un alto pensamiento
Se puede prometer feliz suceso,
Seguí el viage á paso tardo y lento.
Un candeal con ocho mis de queso
Fue en mis alforjas mi reposteria,
Util al que camina, y leve peso.
A dios dixe á la humilde choza mia,
A dios, Madrid, á dios tu, prado, y fuentes
Que manan nectar, llueven ambrosía.
A dios, conversaciones suficientes
A entretener un pecho cuidadoso,
Y á dos mil desvalidos pretendientes.
A dios, sitio agradable y mentiroso,
Do fueron dos gigantes abrasados
Con el rayo de Jupiter fogoso.
A dios teatros publicos, honrados
Por la ignorancia que ensalzada veo
En cien mil disparates recitados.
A dios de S. Felipe el gran paseo,
Donde si baxa, ó sube el Turco galgo,
Como en gaceta de Venecia leo.
A dios, hambre sotil de algun hidalgo,
Que por no verme ante tus puertas muerto,
Hoy de mi patria, y de mi mismo salgo.
Con esto poco á poco llegué al puerto,
A quien los de Cartago dieron nombre,
Cerrado á todos vientos y encubierto.
A cuyo claro y singular renombre
Se postran quantos puertos el mar baña,
Descubre el sol, y ha navegado el hombre.
Arrojose mi vista á la campaña
Rasa del mar, que truxo á mi memoria
Del heroyco Don Juan la heroyca hazaña.
Donde con alta de soldados gloria,
Y con proprio valor y airado pecho
Tuve, aunque humilde, parte en la vitoria.
Alli con rabia y con mortal despecho
El Otomano orgullo vió su brio
Hollado y reducido á pobre estrecho.
Lleno pues de esperanzas, y vacio
De temor, busqué luego una fragata,
Que efetuase el alto intento mio.
Quando por la, aunque azul, liquida plata
Ví venir un bagel á vela y remo,
Que tomar tierra en el gran puerto trata.
Del mas gallardo, y mas vistoso estremo
De quantos las espaldas de Neptuno
Oprimieron jamas, ni mas supremo.
Qual este nunca vió bagel alguno
El mar, ni pudo verse en el armada,
Que destruyó la vengativa Juno.
No fué del Vellocino á la jornada
Argos tan bien compuesta y tan pomposa,
Ni de tantas riquezas adornada.
Quando entraba en el puerto la hermosa
Aurora por las puertas del oriente,
Salia en trenza blanda y amorosa.
Oyose un estampido de repente,
Haciendo salva la real galera,
Que despertó y alborotó la gente.
El son de los clarines la ribera
Llenaba de dulcisima harmonia,
Y el de la chusma alegre y placentera.
Entrabanse las horas por el dia,
A cuya luz con distincion mas clara
Se vió del gran bagel la bizarria.
Ancoras echa, y en el puerto pára,
Y arroja un ancho esquife al mar tranquilo
Con musica, con grita y algazara.
Usan los marineros de su estilo,
Cubren la popa con tapetes tales
Que es oro, y sirgo de su trama el hilo.
Tocan de la ribera los umbrales,
Sale del rico esquife un caballero
En hombros de otros quatro principales.
En cuyo trage y ademan severo
Vi de Mercurio al vivo la figura,
De los fingidos dioses mensagero.
En el gallardo talle y compostura,
En los alados pies, y el Caduceo,
Simbolo de prudencia y de cordura;
Digo, que al mismo paraninfo veo,
Que truxo mentirosas embaxadas
A la tierra del alto coliseo.
Vile, y apenas puso las aladas
Plantas en las arenas venturosas
Por verse de divinos pies tocadas:
Quando yo revolviendo cien mil cosas
En la imaginacion, llegué á postrarme
Ante las plantas por adorno hermosas.
Mandóme el dios parlero luego alzarme,
Y con medidos versos y sonantes,
Desta manera comenzó á hablarme:
O Adán de los poetas, ó Cervantes!
Qué alforjas y qué trage es este, amigo?
Que asi muestra discursos ignorantes.
Yo, respondiendo á su demanda, digo:
Señor, voy al Parnaso, y como pobre
Con este aliño mi jornada sigo.
Y él á mí dixo: ó sobrehumano, y sobre
Espiritu Cilenio levantado!
Toda abundancia, y todo honor te sobre.
Que enfin has respondido á ser soldado
Antiguo y valeroso, qual lo muestra
La mano de que estás estropeado.
Bien sé que en la Naval dura palestra
Perdiste el movimiento de la mano
Izquierda, para gloria de la diestra.
Y sé que aquel instinto sobrehumano
Que de raro inventor tu pecho encierra,
No te le ha dado el padre Apolo en vano.
Tus obras los rincones de la tierra,
Llevandolas en grupa Rocinante,
Descubren, y á la envidia mueven guerra.
Pasa, raro inventor, pasa adelante
Con tu sotil disinio, y presta ayuda
A Apolo; que la tuya es importante:
Antes que el escuadron vulgar acuda
De mas de veintemil sietemesinos
Poetas, que de serlo están en duda.
Llenas van ya las sendas y caminos
Desta canalla inutil contra el monte,
Que aun de estar á su sombra no son dinos.
Armate de tus versos luego, y ponte
A punto de seguir este viage
Conmigo, y á la gran obra disponte.
Conmigo segurisimo pasage
Tendrás, sin que te empaches, ni procures
Lo que suelen llamar matalotage.
Y porque esta verdad que digo, apures,
Entra conmigo en mi galera, y mira
Cosas con que te asombres y asegures.
Yo, aunque pense que todo era mentira,
Entré con él en la galera hermosa,
Y vi lo que pensar en ello admira.
De la quilla á la gavia, ó estraña cosa!
Toda de versos era fabricada,
Sin que se entremetiese alguna prosa.
Las ballesteras eran de ensalada
De glosas, todas hechas á la boda
De la que se llamó Malmaridada.
Era la chusma de romances toda,
Gente atrevida, empero necesaria,
Pues á todas acciones se acomoda.
La popa de materia extraordinaria,
Bastarda, y de legitimos sonetos,
De labor peregrina en todo, y varia.
Eran dos valentisimos tercetos
Los espaldares de la izquierda y diestra,
Para dar boga larga muy perfetos.
Hecha ser la crugia se me muestra
De una luenga y tristisima elegia,
Que no en cantar, sino en llorar es diestra.
Por esta entiendo yo que se diria
Lo que suele decirse á un desdichado,
Quando lo pasa mal, pasó crugia.
El arbol hasta el cielo levantado
De una dura cancion prolija estaba
De canto de seis dedos embreado.
El, y la entena que por él cruzaba
De duros estrambotes, la madera
De que eran hechos claro se mostraba.
La racamenta, que es siempre parlera,
Toda la componian redondillas,
Con que ella se mostraba mas ligera.
Las jarcias parecian seguidillas
De disparates mil y mas compuestas,
Que suelen en el alma hacer cosquillas.
Las rumbadas, fortisimas y honestas
Estancias, eran tablas poderosas,
Que llevan un poema y otro á cuestas.
Era cosa de ver las bulliciosas
Vanderillas que al aire tremolaban,
De varias rimas algo licenciosas.
Los grumetes, que aqui y alli cruzaban,
De encadenados versos parecian,
Puesto que como libres trabajaban.
Todas las obras muertas componian
O versos sueltos, ó sextinas graves,
Que la galera mas gallarda hacian.
Enfin con modos blandos y süaves,
Viendo Mercurio que yo visto havia
El bagel, que es razon, letor, que alabes,
Junto á sí me sentó, y su voz envia
A mis oidos en razones claras,
Y llenas de suavisima harmonia,
Diciendo: entre las cosas que son raras
Y nuevas en el mundo y peregrinas,
Verás, si en ello adviertes y reparas.
Que es una este bagel de las mas dinas
De admiracion, que llegue á ser espanto
A naciones remotas y vecinas.
No le formaron maquinas de encanto,
Sino el ingenio del divino Apolo,
Que puede, quiere, y llega, y sube á tanto.
Formóle, ó nuevo caso! para solo
Que yo llevase en él quantos poetas
Hay desde el claro Tajo hasta Pactolo.
De Malta el gran Maestre, á quien secretas
Espias dan aviso que en oriente
Se aperciben las barbaras saetas;
Teme, y envia á convocar la gente
Que sella con la blanca cruz el pecho,
Porque en su fuerza su valor se aumente.
A cuya imitacion Apolo ha hecho
Que los famosos vates al Parnaso
Acudan, que está puesto en duro estrecho.
Yo, condolido del doliente caso,
En el ligero casco, ya instruido
De lo que he de hacer, aguijo el paso.
De Italia las riberas he barrido,
He visto las de Francia y no tocado,
Por venir solo á España dirigido.
Aqui con dulce y con felice agrado
Hará fin mi camino á lo que creo,
Y seré facilmente despachado.
Tu, aunque en tus canas tu pereza veo,
Serás el paraninfo de mi asunto,
Y el solicitador de mi deseo.
Parte, y no te detengas solo un punto,
Y á los que en esta lista van escritos
Diras de Apolo quanto aqui yo apunto.
Sacó un papel, y en él casi infinitos
Nombres vi de poetas, en que havia
Yangueses, Vizcainos, y Coritos.
Alli famosos vi de Andalucia,
Y entre los Castellanos vi unos hombres,
En quien vive de asiento la poesia.
Dixo Mercurio: quiero que me nombres
Desta turba gentil, pues tu lo sabes,
La alteza de su ingenio con los nombres.
Yo respondi: de los que son mas graves
Diré lo que supiere, por moverte
A que ante Apolo su valor alabes.
El escuchó. Yo dixe desta suerte.
VIAGE AL PARNASO.
CAPITULO II.
Colgado estaba de mi antigua boca
El dios hablante; pero entonces mudo,
Que al que escucha, el guardar silencio toca.
Quando dí de improviso un estornudo,
Y haciendo cruces por el mal aguero,
Del gran Mercurio al mandamiento acudo,
Miré la lista, y ví que era el primero
El Licenciado JUAN DE OCHOA, amigo
Por poeta y christiano verdadero.
Deste varon en su alabanza digo
Que puede acelerar y dar la muerte
Con su claro discurso al enemigo.
Y que si no se aparta y se divierte
Su ingenio en la Gramatica Española,
Será de Apolo sin igual la suerte;
Pues de su poesia al mundo sola
Puede esperar poner el pie en la cumbre,
De la inconstante rueda, ó varia bola.
Este que de los comicos es lumbre,
Que el Licenciado POYO es su apellido,
No hay nube que á su sol claro deslumbre.
Pero como está siempre entretenido
En trazas, en quimeras, é invenciones,
No ha de acudir á este marcial ruido.
Este que en lista por tercero pones:
Que HIPOLITO se llama DE VERGARA,
Si llevarle al Parnaso te dispones,
Haz cuenta que en él llevas una jara,
Una saeta, un arcabuz, un rayo,
Que contra la ignorancia se dispara.
Este, que tiene como mes de Mayo
Florido ingenio, y que comienza ahora
A hacer de sus comedias nuevo ensayo,
GODINEZ es. Y estotro que enamora
Las almas con sus versos regalados,
Quando de amor ternezas canta ó llora,
Es uno, que valdrá por mil soldados,
Quando á la estraña y nunca vista empresa
Fueren los escogidos y llamados:
Digo que es DON FRANCISCO, el que profesa
Las armas y las letras con tal nombre,
Que por su igual Apolo le confiesa.
Es DE CALATAYUD su sobrenombre.
Con esto queda dicho todo quanto
Puedo decir con que á la invidia asombre.
Este que sigue es un poeta santo,
Digo famoso: MIGUEL CID se llama,
Que al coro de las musas pone espanto.
Estotro que sus versos encarama
Sobre los mismos hombros de Calisto,
Tan celebrado siempre de la fama,
Es aquel agradable, aquel bien quisto,
Aquel agudo, aquel sonoro y grave
Sobre quantos poetas Febo ha visto:
Aquel que tiene de escribir la llave
Con gracia y agudeza en tanto estremo,
Que su igual en el orbe no se sabe:
Es DON LUIS DE GONGORA, aquien temo
Agraviar en mis cortas alabanzas,
Aunque las suba al grado mas supremo.
O tu, divino espiritu, que alcanzas
Ya el premio merecido á tus deseos,
Y á tus bien colocadas esperanzas:
Ya en nuevos y justisimos empleos,
DIVINO HERRERA, tu caudal se aplica,
Aspirando del cielo á los trofeos.
Ya de tu hermosa Luz clara y rica
El bello resplandor miras seguro
En la que alma tuya beatifica:
Y arrimada tu yedra al fuerte muro
De la inmortalidad, no estimas quanto
Mora en las sombras deste mundo escuro.
Y tú DON JUAN DE JAUREGUI, que á tanto
El sabio curso de tu pluma aspira,
Que sobre las esferas le levanto:
Aunque Lucano por tu voz respira,
Dexale un rato, y con piadosos ojos
A la necesidad de Apolo mira:
Que te están esperando mil despojos
De otros mil atrevidos, que procuran
Fertiles campos ser, siendo rastrojos.
Y tú, por quien las musas aseguran
Su partido, DON FELIX ARIAS, siente,
Que por su gentileza te conjuran:
Y ruegan que defiendas desta gente
Non sancta su hermosura, y de Aganipe
Y de Hipocrene la inmortal corriente.
Consentiras tu á dicha participe
Del licor suavisimo un poeta,
Que al hacer de sus versos sude y hipe?
No lo consentirás, pues tu discreta
Vena abundante y rica, no permite
Cosa que sombra tenga de imperfeta.
Señor, este que aqui viene se quite,
Dixe á Mercurio, que es un chacho necio,
Que juega, y es de satiras su embite.
Este sí que podrás tener en precio,
Que es ALONSO DE SALAS BARBADILLO,
A quien me inclino y sin medida aprecio.
Este que viene aqui, si he de decillo,
No hay para que le embarques, y asi puedes
Borrarle. Dixo el dios: gusto de oillo.
Es un cierto rapaz, que á Ganimedes
Quiere imitar, vistiendose á lo godo,
Y asi aconsejo que sin él te quedes.
No lo harás con éste desse modo,
Que es el gran LUIS CABRERA, que pequeño
Todo lo alcanza, pues lo sabe todo.
Es de la historia conocido dueño,
Y en discursos discretos tan discreto,
Que á Tacito verás, si te le enseño.
Este que viene es un galan, sugeto
De la varia fortuna á los baibenes,
Y del mudable tiempo al duro aprieto.
Un tiempo rico de caducos bienes,
Y ahora de los firmes é inmudables
Mas rico, á tu mandar firme le tienes.
Pueden los altos riscos siempre estables
Ser tocados del mar, mas no movidos
De sus ondas en cursos variables.
Ni menos á la tierra trae rendidos
Los altos cedros Boreas, quando airado
Quiere humillar los mas fortalecidos.
Y éste que vivo exemplo nos ha dado:
Desta verdad con tal filosofía
DON LORENZO RAMIREZ es DE PRADO.
Deste que se le sigue aqui, diria
Que es DON ANTONIO DE MONROI, que veo
En ello qué es ingenio y cortesia.
Satisfacion al mas alto deseo
Puede dar de valor heroico y ciencia,
Pues mil descubro en él y otras mil creo.
Este es un caballero de presencia
Agradable, y que tiene de Torcato
El alma sin alguna diferencia.
De DON ANTONIO DE PAREDES trato,
A quien dieron las musas sus amigas
En tierna edad anciano ingenio y trato.
Este que por llevarle te fatigas,
Es DON ANTONIO DE MENDOZA, y veo
Quanto en llevarle al sacro Apolo obligas.
Este que de las musas es recreo,
La gracia, y el donaire, y la cordura,
Que de la discrecion lleva el trofeo:
Es PEDRO DE MORALES, propria hechura
Del gusto cortesano, y es asilo
Adonde se repara mi ventura.
Este, aunque tiene parte de Zoílo,
Es el grande ESPINEL, que en la guitarra
Tiene la prima, y en el raro estilo.
Este, que tanto allá tira la barra,
Que las cumbres se dexa atras de Pindo,
Que jura, que vocea, y que desgarra,
Tiene mas de poeta que de lindo,
Y es JUSEPE DE VARGAS, cuyo astuto
Ingenio y rara condicion deslindo.
Este, á quien pueden dar justo tributo
La gala y el ingenio, que mas pueda
Ofrecer á las musas flor y fruto,
Es el famoso ANDRES DE BALMASEDA,
De cuyo grave y dulce entendimiento
El magno Apolo satisfecho queda.
Este es ENCISO, gloria y ornamento
Del Tajo, y claro honor de Manzanares,
Que con tal hijo aumenta su contento.
Este que es escogido entre millares
DE GUEVARA LUIS VELEZ es el bravo,
Que se puede llamar quitapesares.
Es poeta gigante, en quien alabo
El verso numeroso, el peregrino
Ingenio, si un Gnaton nos pinta, ó un Davo.
Este es DON JUAN DE ESPAÑA, que es mas dino
De alabanzas divinas que de humanas,
Pues en todos sus versos es divino.
Este por quien de Lugo están ufanas
Las musas, es SILVEIRA, aquel famoso,
Que por llevarle con razon te afanas.
Este que se le signe, es el curioso
Gran DON PEDRO DE HERRERA, conocido
Por de ingenio elevado en punto honroso.
Este, que de la carcel del olvido.
Sacó otra vez á Proserpina hermosa,
Conque á España y al Dauro ha enriquecido,
Verasle en la contienda rigurosa,
Que se teme y se espera en nuestros dias,
Culpa de nuestra edad poco dichosa,
Mostrar de su valor las lozanias.
Pero qué mucho, si es aqueste el doto
Y grave DON FRANCISCO DE FARIAS?
Este, de quien yo fui siempre devoto
Oraculo y Apolo de Granada,
Y aun deste clima nuestro y del remoto,
PEDRO RODRIGUEZ es. Este es TEJADA,
De altitonantes versos, y sonoros
Con magestad en todo, levantada.
Este, que brota versos por los poros,
Y halla patria y amigos donde quiera,
Y tiene en los agenos sus tesoros,
Es MEDINILLA, el que la vez primera
Cantó el romance de la tumba escura,
Entre cipreses puestos en hilera.
Este, que en verdes años se apresura
Y corre al sacro lauro, es DON FERNANDO
BERMUDEZ, donde vive la cordura.
Este es aquel poeta memorando,
Que mostró de su ingenio la agudeza
En las selvas de Erifile cantando.
Este que la coluna nueva empieza,
Con estos dos que con su ser convienen,
Nombrarlos, aun lo tengo por baxeza.
MIGUEL CEJUDO, y MIGUEL SANCHEZ vienen
Juntos aqui, ó par sin par! en estos
Las sacras musas fuerte amparo tienen.
Que en los pies de sus versos bien cumpuestos,
Llenos de erudicion rara y dotrina,
Al ir al grave caso serán prestos.
Este gran caballero, que se inclina
A la leccion de los poetas buenos,
Y al sacro monte con su luz camina,
DON FRANCISCO DE SILVA es por lo menos:
Qué será por lo mas? O edad madura,
En verdes años de cordura llenos!
DON GABRIEL GOMEZ viene aqui, segura
Tiene con él Apolo la vitoria,
De la canalla siempre necia y dura.
Para honor de su ingenio, para gloria
De su florida edad, para que admire
Siempre de siglo en siglo su memoria,
En este gran sugeto se retire
Y abrevie la esperanza deste hecho,
Y Febo al gran VALDES atento mire.
Verá en él un gallardo y sabio pecho,
Un ingenio sutil y levantado,
Con que le dexe en todo satisfecho.
FIGUEROA es estotro el Dotorado,
Que cantó de Amarili la constancia
En dulce prosa y verso regalado.
Quatro vienen aqui en poca distancia
Con mayusculas letras de oro escritos,
Que son del alto asunto la importancia.
De tales quatro siglos infinitos
Durará la memoria, sustentada
En la alta gravedad de sus escritos.
Del claro Apolo la real morada
Si viniere á caer de su grandeza,
Será por estos quatro levantada.
En ellos nos cifró naturaleza
El todo de las partes, que son dinas
De gozar celsitud, que es mas que alteza.
Esta verdad, gran CONDE DE SALINAS,
Bien la acreditas con tus raras obras,
Que en los terminos tocan de divinas
Tu, el de ESQUILACHE PRINCIPE, que cobras
De dia en dia credito tamaño,
Que te adelantas á tí mismo y sobras:
Serás escudo fuerte al grave daño,
Que teme Apolo con ventajas tantas,
Que no te espere el esquadron tacaño.
Tú, CONDE DE SALDAÑA, que con plantas
Tiernas pisas de Pindo la alta cumbre,
Y en alas de tu ingenio te levantas.
Hacha has de ser de inextinguible lumbre,
Que guie al sacro monte, al deseoso
De verse en él, sin que la luz deslumbre.
Tú, el de VILLAMEDIANA, el mas famoso
De quantos entre Griegos y Latinos
Alcanzaron el lauro venturoso:
Cruzarás por las sendas y caminos
Que al monte guian, porque mas seguros
Lleguen á él los simples peregrinos.
A cuya vista destos quatro muros
Del Parnaso caerán las arrogancias
De los mancebos sobre necios duros.
O quántas, y quan graves circunstancias
Dixera destos quatro, que felices
Aseguran de Apolo las ganancias!
Y mas si se les llega el de ALCAÑICES,
Marques insigne, harán (puesto que hay una
En el mundo no mas) cinco Fenices.
Cada qual de por sí será coluna,
Que sustente y levante el edificio
De Febo sobre el cerco de la luna.
Este (puesto que acude al grave oficio,
En que se ocupa) el lauro y palma lleva,
Que Apolo da por honra y beneficio.
En esta ciencia es marabilla nueva,
Y en la Jurispericia unico y raro,
Su nombre es DON FRANCISCO DE LA CUEVA.
Este, que con Homero le comparo,
Es el gran DON RODRIGO DE HERRERA,
Insigne en letras, y en virtudes raro.
Este, que se le sigue es el DE VERA
DON JUAN, que por su espada y por su pluma
Le honran en la quinta y quarta esfera.
Este, que el cuerpo y aun el alma bruma
De mil, aunque no muestra ser christiano,
Sus escritos el tiempo no consuma.
Cayóseme la lista de la mano
En este punto, y dixo el dios: con estos
Que has referido está el negocio llano.
Haz que con pies y pensamientos prestos
Vengan aqui, donde aguardando quedo
La fuerza de tan validos supuestos.
Mal podrá DON FRANCISCO DE QUEVEDO
Venir, dixe yo entonces; y él me dixo:
Pues partirme sin él de aqui no puedo.
Ese es hijo de Apolo, ese es hijo
De Caliope musa, no podemos
Irnos sin él, y en esto estaré fijo.
Es el flagelo de poetas memos,
Y echará á puntillazos del parnaso
Los malos que esperamos y tememos.
O, señor, repliqué, que tiene el paso
Corto, y no llegará en un siglo entero.
Deso, dixo Mercurio, no hago caso.
Que el poeta que fuere caballero,
Sobre una nube entre pardilla y clara
Vendrá muy á su gusto caballero.
Y el que nó, pregunté, qué le prepara
Apolo? qué carrozas? ó qué nubes?
Qué dromedario? ó alfana en paso rara?
Mucho, me respondió, mucho te subes
En tus preguntas, calla y obedece.
Sí haré, pues no es infando lo que jubes.
Esto le respondí, y él me parece
Que se turbó algun tanto; y en un punto
El mar se turba, el viento sopla y crece.
Mi rostro entonces, como el de un difunto
Se debió de poner, y sí haria,
Que soy medroso á lo que yo barrunto.
Vi la noche mezclarse con el dia,
Las arenas del hondo mar alzarse
A la region del aire, entonces fria.
Todos los elementos vi turbarse,
La tierra, el agua, el aire, y aun el fuego
Vi entre rompidas nubes azorarse.
Y en medio deste gran desasosiego
Llovian nubes de poetas llenas
Sobre el bagel, que se anegara luego,
Si no acudieran mas de mil sirenas
A dar de azotes á la gran borrasca,
Que hacia el saltarel por las entenas.
Una, que ser pensé Juana la Chasca,
De dilatado vientre y luengo cuello,
Pintiparado á aquel de la tarasca,
Se llegó á mí, y me dixo: de un cabello
Deste bagel estaba la esperanza
Colgada á no venir á socorrello.
Traemos, y no es burla, á la bonanza,
Que estaba descuidada oyendo atenta
Los discursos de un cierto Sancho Panza.
En esto sosegose la tormenta,
Volvió tranquilo el mar, serenó el cielo,
Que al regañon el zéfiro le ahuyenta.
Volvi la vista, y vi en ligero vuelo
Una nube romper el aire claro
De la color del condensado yelo.
O marabilla nueva! ó caso raro!
Vilo, y he de decillo, aunque se dude
Del hecho que por brujula declaro.
Lo que yo pude ver, lo que yo pude
Notar fue, que la nube dividida
En dos mitades á llover acude.
Quien ha visto la tierra prevenida
Con tal disposicion, que quando llueve,
Cosa ya averiguada y conocida,
De cada gota en un instante breve
Del polvo se levanta ó sapo, ó rana,
Que á saltos, ó despacio el paso mueve:
Tal se imagine ver (ó soberana
Virtud!) de cada gota de la nube
Saltar un vulto, aunque con forma humana.
Por no creer esta verdad estube
Mil veces, pero vila con la vista,
Que entonces clara y sin legañas tuve.
Eran aquestos vultos de la lista
Pasada los poetas referidos,
A cuya fuerza no hay quien la resista.
Unos por hombres buenos conocidos,
Otros de rumbo y hampo, y Dios es Christo,
Poquitos bien, y muchos mal vestidos.
Entre ellos parecióme de haver visto
A DON ANTONIO DE GALARZA el bravo,
Gentilhombre de Apolo, y muy bien quisto.
El bagel se llenó de cabo á cabo,
Y su capacidad á nadie niega
Copioso asiento, que es lo mas que alabo.
Llovió otra nube al gran LOPE DE VEGA,
Poeta insigne, á cuyo verso ó prosa
Ninguno le aventaja, ni aun le llega.
Era cosa de ver marabillosa
De los poetas la apretada enjambre,
En recitar sus versos muy melosa.
Este muerto de sed, aquel de hambre:
Yo dixe, viendo tantos con voz alta,
Cuerpo de mi con tanta poetambre!
Por tantas sobras conoció una falta
Mercurio, y acudiendo á remedialla,
Ligero en la mitad del bagel salta.
Y con una zaranda que alli halla,
No sé si antigua, ó si de nuevo hecha,
Zarandó mil poetas de gramalla.
Los de capa y espada no desecha,
Y destos zarandó dos mil y tantos,
Que fue neguilla entonces la cosecha.
Colabanse los buenos y los santos,
Y quedabanse arriba los granzones,
Mas duros en sus versos que los cantos.
Y sin que les valiesen las razones,
Que en su disculpa daban, daba luego
Mercurio al mar con ellos á montones.
Entre los arrojados se oyó un ciego,
Que murmurando entre las ondas iba
De Apolo con un pésete y reniego.
Un sastre (aunque en sus pies flojos estriba,
Abriendo con los brazos el camino)
Dixo: sucio es Apolo, asi yo viva.
Otro (que al parecer iba mohino,
Con ser un zapatero de obra prima)
Dixo dos mil, no un solo desatino.
Trabaja un tundidor, suda, y se anima
Por verse á la ribera conducido,
Que mas la vida que la honra estima.
El esquadron nadante reducido
A la marina, vuelve á la galera
EL rostro con señales de ofendido.
Y uno por todos dixo, bien pudiera
Ese chocante embaxador de Febo
Tratarnos bien, y no desta manera.
Mas oigan lo que dixo: yo me atrevo
A profanar del monte la grandeza,
Con libros nuevos, y en estilo nuevo.
Calló Mercurio, y á poner empieza
Con gran curiosidad seis camarines,
Dando á la gracia ilustre rancho y pieza.
De nuevo resonaron los clarines,
Y asi Mercurio lleno de contento,
Sin darle mal aguero los delfines,
Remos al agua dió, velas al viento.
VIAGE AL PARNASO.
CAPITULO III.
Eran los remos de la real galera
De esdrujulos, y dellos conpelida
Se deslizaba por el mar ligera.
Hasta el tope la vela iba tendida,
Hecha de muy delgados pensamientos,
De varios lizos por amor tegida.
Soplaban dulces y amorosos vientos,
Todos en popa, y todos se mostraban
Al gran Viage solamente atentos.
Las sirenas en torno navegaban,
Dando empellones al bagel lozano,
Con cuya ayuda en vuelo le llevaban.
Semejaban las aguas del mar cano
Colchas encarrujadas, y hacian
Azules visos por el verde llano.
Todos los del bagel se entretenian,
Unos glosando pies dificultosos,
Otros cantaban, otros componian.
Otros de los tenidos por curiosos
Referian sonetos, muchos hechos
A diferentes casos amorosos.
Otros alfeñicados y deshechos
En puro azucar, con la voz süave,
De su melifluidad muy satisfechos,
En tono blando, sosegado y grave,
Eglogas pastorales recitaban,
En quien la gala y la agudeza cabe.
Otros de sus señoras celebraban
En dulces versos de la amada boca
Los escrementos que por ella echaban.
Tal huvo á quien amor asi le toca,
Que alabó los riñones de su dama,
Con gusto grande, y no elegancia poca.
Uno cantó, que la amorosa llama
En mitad de las aguas le encendia,
Y como toro agarrochado brama.
Desta manera andaba la poesia
De uno en otro, haciendo que hablase
Este Latin, aquel algaravia.
En esto sesga la galera vase
Rompiendo el mar con tanta ligereza,
Que el viento aun no consiente que la pase.
Y en esto descubriose la grandeza
De la escombrada playa de Valencia
Por arte hermosa y por naturaleza.
Hizo luego de sí grata presencia
El gran DON LUIS FERRER, marcado el pecho
De honor, y el alma de divina ciencia.
Desembarcóse el dios, y fue derecho
A darle quatro mil y mas abrazos,
De su vista y su ayuda satisfecho.
Volvió la vista, y reiteró los lazos
En DON GUILLEN DE CASTRO, que venia
Deseoso de verse en tales brazos.
CHRISTOVAL DE VIRUES se le seguia,
Con PEDRO DE AGUILAR, junta famosa
De las que Turia en sus riberas cria.
No le pudo llegar mas valerosa
Esquadra al gran Mercurio, ni él pudiera
Desearla mejor, ni mas honrosa.
Luego se descubrió por la ribera
Un tropel de gallardos Valencianos,
Que á ver venian la sinpar galera.
Todos con instrumentos en las manos
De estilos y librillos de memoria,
Por bizarria y por ingenio ufanos.
Codiciosos de hallarse en la vitoria,
Que ya tenian por segura y cierta,
De las heces del mundo y de la escoria.
Pero Mercurio les cerró la puerta:
Digo, no consintió que se embarcasen,
Y el porque no lo dixo, aunque se acierta.
Y fue, porque temió que no se alzasen,
Siendo tantos y tales con Parnaso,
Y nuevo imperio y mando en él fundasen.
En esto viose con brioso paso
Venir al magno ANDRES REY DE ARTIEDA,
No por la edad descaecido ó laso.
Hicieron todos espaciosa rueda,
Y cogiendole en medio, le embarcaron,
Mas rico de valor que de moneda.
Al momento las ancoras alzaron,
Y las velas ligadas á la entena,
Los grumetes apriesa desataron.
De nuevo por el aire claro suena
El son de los clarines, y de nuevo
Vuelve á su oficio cada qual sirena.
Miró el bagel por entre nubes Febo,
Y dixo en voz que pudo ser oida:
Aqui mi gusto y mi esperanza llevo.
De remos y sirenas impelida
La galera se dexa atras el viento,
Con milagrosa y prospera corrida.
Leiase en los rostros el contento
Que llevaban los sabios pasageros,
Durable, por no ser nada violento.
Unos por el calor iban en cueros,
Otros por no tener godescas galas
En trage se vistieron de romeros.
Hendia entanto las Neptuneas salas
La galera del modo como hiende
La grulla el aire con tendidas alas.
Enfin llegamos donde el mar se estiende,
Y ensancha y forma el golfo de Narbona,
Que de ningunos vientos se defiende.
Del gran Mercurio la cabal persona
Sobre seis rezmas de papel sentada
Iba con cetro y con real corona:
Quando una nube, al parecer preñada,
Parió quatro poetas en crugia,
O los llovió, razon mas concertada.
Fue el uno aquel, de quien Apolo fia
Su honra, JUAN LUIS DE CASANATE,
Poeta insigne de mayor quantía.
El mismo Apolo de su ingenio trate,
El le alabe, él le premie y recompense,
Que el alabarle yo sería dislate.
Al segundo llovido el Uticense
Catón no le igualó, ni tiene Febo,
Quien tanto por él mire, ni en él piense.
Del Contador GASPAR DE BARRIONUEVO
Mal podrá el corto flaco ingenio mio
Loar el suyo asi como yo debo.
Llenó del gran bagel el gran vacio
El gran FRANCISCO DE RIOJA al punto
Que saltó de la nube en el navio.
A CHRISTOVAL DE MESA vi alli junto
A los pies de Mercurio, dando fama
A Apolo, siendo dél propio trasunto.
A la gavia un grumete se encarama,
Y dixo á voces: la ciudad se muestra
Que Genova del dios Jano se llama.
Dexese la ciudad á la siniestra
Mano, dixo Mercurio, el bagel vaya
Y siga su derrota por la diestra.
Hacer al Tiber vimos blanca raya
Dentro del mar, haviendo ya pasado
La ancha Romana y peligrosa playa.
De lexos vióse el aire condensado
Del humo, que el estrombalo vomita,
De azufre, y llamas, y de horror formado.
Huyen la isla infame, y solicita
El suave poniente, asi el viage
Que lo acorta, lo allana y facilita.
Vimonos en un punto en el parage,
Do la nutriz de Eneas piadoso
Hizo el forzoso y ultimo pasage.
Vimos desde alli á poco el mas famoso
Monte que encierra en sí nuestro emisfero,
Mas gallardo á la vista y mas hermoso.
Las cenizas de Titiro y Sincero
Están en él, y puede ser por esto
Nombrado entre los montes por primero.
Luego se descubrió, donde echó el resto
De su poder naturaleza amiga,
De formar de otros muchos un compuesto.
Vióse la pesadumbre sin fatiga
De la bella Partenope, sentada
A la orilla del mar, que sus pies liga.
De castillos y torres coronada,
Por fuerte y por hermosa en igual grado
Tenida, conocida y estimada.
Mandóme el del aligero calzado,
Que me aprestase y fuese luego á tierra
A dar á los LUPERCIOS un recado.
En que les diese cuenta de la guerra
Temida, y que á venir les persuadiese
Al duro y fiero asalto, al cierra, cierra,
Señor, le respondí, si acaso huviese
Otro que la embaxada les llevase,
Que mas grato á los dos hermanos fuese,
Que yo no soy; sé bien que negociase
Mejor. Dixo Mercurio: no te entiendo,
Y has de ir antes que el tiempo mas se pase.
Que no me han de escuchar estoy temiendo,
Le replique, ya si el ir yo no importa,
Puesto que en todo obedecer pretendo.
Que no sé quien me dice, y quien me exhorta,
Que tienen para mi, á lo que imagino,
La voluntad, como la vista corta.
Que si esto asi no fuera, este camino
Con tan pobre recamara no hiciera,
Ni diera en un tan hondo desatino.
Pues si alguna promesa se cumpliera
De aquellas muchas, que al partir me hicieron,
Lléveme Dios si entrára en tu galera.
Mucho esperé, si mucho prometieron,
Mas podra ser, que ocupaciones nuevas
Les obligue á olvidar lo que dixeron.
Muchos, señor, en la galera llevas,
Que te podrán sacar el pie del lodo,
Parte, y escusa de hacer mas pruebas.
Ninguno, dixo, me hable dese modo,
Que si me desembarco y los envisto,
Voto á Dios, que me traiga al Conde, y todo.
Con estos dos famosos me enemisto,
Que haviendo levantado á la poesia
Al buen punto en que está, como se ha visto:
Quieren con perezosa tirania
Alzarse como dicen á su mano
Con la ciencia que á ser divinos guia.
Por el solio de Apolo soberano
Juro ... y no digo mas: y ardiendo en ira
Se echó á las barbas una y otra mano.
Y prosiguió diciendo: el DOTOR MIRA,
Apostare, sino lo manda el Conde,
Que tambien en sus puntos se retira.
Señor galan, parezca: á qué se asconde?
Pues á fé por llevarle, si él no gusta,
Que ni le busque, aseche, ni le ronde.
Es esta empresa acaso tan injusta,
Que se esquiven de hallar en ella quantos
Tienen conciencia limitada y justa?
Carece el cielo de poetas santos?
Puesto que brote á cada paso el suelo
Poetas, que lo son tantos y tantos?
No se oyen sacros hymnos en el cielo?
La harpa de David allá no suena,
Causando nuevo acidental consuelo?
Fuera melindres, y cese la entena,
Que llegue al tope, y luego obedeciendo
Fue de la chusma sobre buenas buena.
Poco tiempo pasó, quando un ruido
Se oyó, que los oidos atronaba,
Y era de perros aspero ladrido.
Mercurio se turbó, la gente estaba
Suspensa al triste son, y en cada pecho
El corazon mas valido temblaba.
En esto descubrióse el corto estrecho,
Que Scila, y que Caribdis espantosas,
Tan temeroso con su furia han hecho.
Estas olas que veis presuntuosas
En visitar las nubes de contino,
Y aun de tocar el cielo codiciosas.
Venciólas el prudente peregrino
Amante de Calipso, al tiempo quando
Hizo, dixo Mercurio, este camino.
Su prudencia nosotros imitando,
Echaremos al mar en que se ocupen,
Entanto que el bagel pasa volando.
Que entanto que ellas tasquen, roan, chupen
Al misero que al mar ha de entregarse,
Seguro estoy que el paso desocupen.
Miren si puede en la galera hallarse
Algun poeta desdichado acaso,
Que á las fieras gargantas pueda darse.
Buscaronle, y hallaron á LOFRASO,
Poeta militar Sardo, que estaba
Desmayado á un rincon marchito y laso:
Que á sus diez libros de Fortuna, andaba
Añadiendo otros diez, y el tiempo escoge,
Que mas desocupado se mostraba.
Gritó la chusma toda: al mar se arroje,
Vaya Lofraso al mar sin resistencia.
Por Dios, dixo Mercurio, que me enoje.
Cómo? y no será cargo de conciencia
Y grande echar al mar tanta poesia?
Puesto que aqui nos hunda su inclemencia?
Viva Lofraso, entanto que dé al dia
Apolo luz, y entanto que los hombres
Tengan discreta alegre fantasia.
Tocante á ti, ó Lofraso, los renombres,
Y epitetos de agudo y de sincero,
Y gusto que mi comitre te nombres.
Esto dixo Mercurio al caballero,
El qual en la crugia en pie se puso
Con un rebenque despiadado y fiero.
Creo que de sus versos le compuso,
Y no sé como fue, que en un momento,
O ya el cielo, ó Lofraso lo dispuso,
Salimos del estrecho á salvamento
Sin arrojar al mar poeta alguno,
Tanto del Sardo fue el merecimiento.
Mas luego otro peligro, otro importuno
Temor amenazó, sino gritára
Mercurio, qual jamas gritó ninguno.
Diciendo al timonero: á orza, pára,
Amainese de golpe, y todo á un punto
Se hizo, y el peligro se repara.
Estos montes que veis que están tan juntos,
Son los que Acroceraunos son llamados,
De infame nombre, como yo barrunto.
Asieron de los remos los honrados,
Los tiernos, los melifluos, los godescos;
Y los de á cantimplora acostumbrados.
Los frios los asieron y los frescos,
Asieronlos tambien los calurosos,
Y los de calzas largas y greguescos.
Del sopraestante daño temerosos,
Todos á una la galera empujan,
Con flacos y con brazos poderosos.
Debaxo del bagel se somurmujan
Las sirenas que dél no se apartaron,
Y á si mismas en fuerzas sobrepujan.
Y en un pequeño espacio la llevaron
A vista de Corfú, y á mano diestra
La isla inexpugnable se dexaron.
Y dando la galera á la siniestra
Discurria de Grecia las riberas,
Adonde el cielo su hermosura muestra.
Mostravanse las olas lisongeras,
Impeliendo el bagel suavemente,
Como burlando con alegres veras.
Y luego al parecer por el oriente,
(Rayando el rubio sol nuestro orizonte
Con rayas rojas, hebras de su frente;)
Gritó un grumete y dixo: el monte, el monte,
El monte se descubre, donde tiene
Su buen rocin el gran Belorofonte.
Por el monte se arroja, y á pie viene
Apolo á recebirnos. Yo lo creo,
Dixo Lofraso, ya llega á la Hipocrene.
Yo desde aqui columbro, miro y veo
Que se andan solazando entre unas matas
Las musas con dulcisimo recreo.
Unas antiguas son, otras novatas,
Y todas con ligero paso y tardo
Andan las cinco en pie, las quatro á gatas.
Si tu tal ves, dixo Mercurio, ó Sardo
Poeta, que me corten las orejas,
O me tengan los hombres por bastardo.
Dime, porqué algun tanto no te alejas
De la ignorancia, pobretón, y adviertes
Lo que cantan tus rimas en tus quejas?
Porqué con tus mentiras nos diviertes
De recibir á Apolo qual se debe,
Por haver mejorado vuestras suertes?
En esto mucho mas que el viento leve
Baxó el lucido Apolo á la marina
A pie, porque en su carro no se atreve.
Quitó los rayos de la faz divina,
Mostróse en calzas y en jubon vistoso,
Porque dar gusto á todos determina.
Seguiale detras un numeroso
Esquadron de doncellas bailadoras,
Aunque pequeñas, de ademan brioso.
Supe poco despues, que estas señoras,
Sanas las mas, las menos mal paradas.
Las del tiempo y del sol eran las horas.
Las medio rotas eran las menguadas,
Las sanas las felices, y con esto
Eran todas en todo apresuradas.
Apolo luego con alegre gesto
Abrazó á los soldados, que esperaba
Para la alta ocasion que se ha propuesto.
Y no de un mismo modo acariciaba
A todos, porque alguna diferiencia
Hacia con los que él mas se alegraba.
Que á los de señoria y excelencia
Nuevos abrazos dió, razones dixo,
En que guardó decoro y preeminencia.
Entre ellos abrazó á DON JUAN DE ARGUIJO,
Que no sé en qué, ó como, ó quando hizo
Tan aspero viage y tan prolijo.
Con él á su deseo satisfizo
Apolo y confirmó su pensamiento,
Mandó, vedó, quitó, hizo y deshizo.
Hecho pues el sinpar recebimiento,
Do se halló DON LUIS DE BARAHONA,
Llevado alli por su merecimiento.
Del siempre verde lauro una corona
Le ofrece Apolo en su intencion, y un vaso
Del agua de Castalia y de Elicona.
Y luego vuelve el magestoso paso,
Y el esquadron pensado y de repente
Le sigue por las faldas del Parnaso.
Llegóse enfin á la Castalia fuente,
Y en viendola infinitos se arrojaron
Sedientos al cristal de su corriente.
Unos no solamente se hartaron,
Sino que pies y manos, y otras cosas
Algo mas indecentes se lavaron.
Otros mas advertidos, las sabrosas
Aguas gustaron poco á poco, dando
Espacio al gusto, á pausas melindrosas.
El brindez y el caraos se puso en vando,
Porque los mas de bruces, y no á sorbos
El suave licor fueron gustando.
De ambas manos hacian vasos corbos
Otros, y algunos de la boca al agua
Temian de hallar cien mil estorbos.
Poco á poco la fuente se desagua,
Y pasa en los estomagos bebientes,
Y aun no se apaga de su sed la fragua.
Mas dixoles Apolo: otras dos fuentes
Aun quedan Aganipe é Hipocrene,
Ambas sabrosas, ambas excelentes.
Cada qual de licor dulce y perene,
Todas de calidad aumentativa
Del alto ingenio que a gustarlas viene.
Beben, y suben por el monte arriba,
Por entre palmas, y entre cedros altos,
Y entre arboles pacificos de oliva.
De gusto llenos y de angustia faltos,
Siguiendo á Apolo el esquadron camina,
Unos á pedicox, otros á saltos.
Al pie sentado de una antigua encina
Vi á ALONSO DE LEDESMA, componiendo
Una cancion angelica y divina.
Conocíle, y á él me fui corriendo
Con los brazos abiertos como amigo,
Pero no se movió con el estruendo.
No ves, me dixo Apolo, que consigo
No está Ledesma ahora, no ves claro
Que está fuera de sí, y está conmigo?
A la sombra de un mirto, al verde amparo
GERONIMO DE CASTRO sesteaba,
Varon de ingenio peregrino y raro.
Un motete imagino que cantaba
Con voz suave; yo quedé admirado
De verle alli, porque en Madrid quedaba.
Apolo me entendió, y dixo: un soldado
Como este no era bien que se quedara
Entre el ocio y el sueño sepultado.
Yo le truxe, y sé como, que á mi rara
Potencia no la impide otra ninguna,
Ni inconveniente alguno la repara.
En esto se llegaba la oportuna
Hora á mi parecer de dar sustento
Al estomago pobre, y mas si ayuna;
Pero no le pasó por pensamiento
A Delio que el exercito conduce,
Satisfacer al misero hambriento.
Primero á un jardin rico nos reduce,
Donde el poder de la naturaleza,
Y el de la industria mas campea y luce.
Tuvieron los Hesperidas belleza
Menor, no le igualaron los Pensiles
En sitio, en hermosura y en grandeza.
En su comparacion se muestran viles
Los de Alcinoo, en cuyas alabanzas
Se han ocupado ingenios bien sotiles:
No sugeto del tiempo á las madanzas,
Que todo el año primavera ofrece
Frutos en posesion, no en esperanzas.
Naturaleza y arte alli parece
Andar en competencia, y está en duda
Qual vence de las dos, qual mas merece.
Muestrase balbuciente y casi muda,
Si le alaba la lengua mas experta
De adulacion y de mentir desnuda.
Junto con ser jardin, era una huerta,
Un soto, un bosque, un prado, un valle ameno,
Que en todos estos titulos concierta.
De tanta gracia y hermosura lleno,
Que una parte del cielo parecia
El todo del bellisimo terreno.
Alto en el sitio alegre Apolo hacia,
Y alli mandó que todos se sentasen
A tres horas despues de mediodia.
Y porque los asientos señalasen
El ingenio y valor de cada uno,
Y unos con otros no se embarazasen;
A despecho y pesar del importuno
Ambicioso deseo, les dió asiento
En el sitio y lugar mas oportuno.
Llegaban los laureles casi á ciento,
A cuya sombra y troncos se sentaron
Algunos de aquel numero contento.
Otros los de las palmas ocuparon,
De los mirtos, y yedras, y los robles
Tambien varios poetas albergaron.
Puesto que humildes, eran de los nobles
Los asientos qual tronos levantados,
Porque tú, ó envidia, aqui tu rabia dobles.
Enfin, primero fueron ocupados
Los troncos de aquel ancho circuito,
Para honrar á poetas dedicados,
Antes que yo en el numero infinito
Hallase asiento: y asi en pie quedeme
Despechado, colerico y marchito.
Dixe entre mí: es posible que se estreme
En perseguirme la fortuna airada,
Que ofende á muchos y á ninguno teme?
Y volviendome á Apolo con turbada
Lengua le dixe lo que oirá el que gusta
Saber, pues la tercera es acabada,
La quarta parte desta empresa justa.
VIAGE AL PARNASO.
CAPITULO IV.
Suele la indignacion componer versos,
Pero si el indignado es algun tonto,
Ellos tendrán su todo de perversos.
De mí yo no sé mas, sino que pronto
Me halle para decir en tercia rima
Lo que no dixo el desterrado al Ponto.
Y asi le dixe á Delio: no se estima,
Señor, del vulgo vano el que te sigue
Y al arbol sacro del laurel se arrima.
La envidia y la ignorancia le persigue,
Y asi envidiado siempre y perseguido
El bien que espera, por jamas consigue.
Yo corté con mi ingenio aquel vestido,
Con que al mundo la hermosa _Galatea_
Salió para librarse del olvido.
Soy por quien _La Confusa_ nada fea
Pareció en los teatros admirable,
Si esto á su fama es justo se le crea.
Yo con estilo en parte razonable
He compuesto _Comedias_, que en su tiempo
Tuvieron de lo grave y de lo afable.
Yo he dado en Don Quixote pasatiempo
Al pecho melancolico y mohino
En qualquiera sazon, en todo tiempo.
Yo he abierto en mis _Novelas_ un camino,
Por do la lengua Castellana puede
Mostrar con propriedad un desatino.
Yo soy aquel que en la invencion excede
A muchos, y al que falta en esta parte,
Es fuerza que su fama falta quede.
Desde mis tiernos años amé el arte
Dulce de la agradable poesia,
Y en ella procuré siempre agradarte.
Nunca voló la pluma humilde mia
Por la region satirica, baxeza
Que á infames premios y desgracias guia.
Yo el soneto compuse que asi empieza,
Por honra principal de mis escritos:
_Voto á Dios que me espanta esta grandeza_.
Yo he compuesto _Romances_ infinitos,
Y el de los zelos es aquel que estimo,
Entre otros que los tengo por malditos.
Por esto me congojo y me lastimo
De verme solo en pie, sin que se aplique
Arbol que me conceda algun arrimo.
Yo estoy, qual decir suelen, puesto á pique
Para dar á la estampa al gran _Persiles_,
Con que mi nombre y obras multiplique.
Yo en pensamientos castos y sotiles,
Dispuestos en soneto de á docena,
He honrado tres sugetos fregoniles.
Tambien al par de _Filis_ mi _Filena_
Resonó por las selvas, que escucharon
Mas de una y otra alegre cantilena.
Y en dulces varias rimas se llevaron
Mis esperanzas los ligeros vientos,
Que en ellos y en la arena se sembraron.
Tuve, tengo y tendré los pensamientos,
Merced al cielo que á tal bien me inclina,
De toda adulacion libres y esentos.
Nunca pongo los pies por do camina
La mentira, la fraude y el engaño,
De la santa virtud total ruina.
Con mi corta fortuna no me ensaño,
Aunque por verme en pie, como me veo,
Y en tal lugar, pondero asi mi daño.
Con poco me contento, aunque deseo
Mucho. A cuyas razones enojadas,
Con estas blandas respondió Timbreo:
Vienen las malas suertes atrasadas,
Y toman tan de lejos la corriente,
Que son temidas, pero no escusadas.
El bien les viene á algunos derepente,
A otros poco á poco y sin pensallo,
Y el mal no guarda estilo diferente.
El bien que está adquirido, conservallo
Con maña, diligencia y con cordura
Es no menor virtud, que el grangeallo.
Tu mismo te has forjado tu ventura,
Y yo te he visto alguna vez con ella,
Pero en el imprudente poco dura.
Mas si quieres salir de tu querella,
Alegre, y no confuso, y consolado
Dobla tu capa, y sientate sobre ella.
Que tal vez suele un venturoso estado,
Quando le niega sin razon la suerte,
Honrar mas merecido, que alcanzado.
Bien parece, señor, que no se advierte,
Le respondí, que yo no tengo capa.
El dixo: aunque sea asi, gusto de verte.
La virtud es un manto con que tapa
Y cubre su indecencia la estrecheza,
Que esenta y libre de la envidia escapa.
Incliné al gran consejo la cabeza.
Quedeme en pie: que no hay asiento bueno,
Si el favor no le labra, ó la riqueza.
Alguno murmuró, viendome ageno
Del honor que pensó se me debia,
Del planeta de luz y virtud lleno.
En esto pareció que cobró el dia
Un nuevo resplandor, y el aire oyóse
Herir de una dulcisima harmonia.
Y en esto por un lado descubrióse
Del sitio un esquadron de ninfas bellas,
Con que infinito el rubio dios holgóse.
Venia enfin, y por remate dellas
Una resplandeciendo, como hace
El sol ante la luz de las estrellas.
La mayor hermosura se deshace
Ante ella, y ella sola resplandece
Sobre todas, y alegra y satisface.
Bien asi semejaba, qual se ofrece
Entre liquidas perlas y entre rosas
La aurora que despunta y amanece.
La rica vestidura, las preciosas
Joyas que la adornaban, competian
Con las que suelen ser marabillosas.
Las ninfas que al querer suyo asistian
En el gallardo brio y bello aspecto,
Las artes liberales parecian.
Todas con amoroso y tierno afecto,
Con las ciencias mas claras y escogidas,
Le guardaban santisimo respeto.
Mostraban que en servirla eran servidas,
Y que por su ocasion de todas gentes
En mas veneracion eran tenidas.
Su influjo y su reflujo las corrientes
Del mar y su profundo le mostraban,
Y el ser padre de rios y de fuentes.
Las yerbas su virtud la presentaban,
Los arboles sus frutos y sus flores,
Las piedras el valor que en sí encerraban.
El santo amor castisimos amores,
La dulce paz su quietud sabrosa,
La guerra amarga todos sus rigores.
Mostrabasele clara la espaciosa
Via, por donde el sol hace contino
Su natural carrera y la forzosa.
La inclinacion, ó fuerza del destino,
Y de qué estrellas consta y se compone,
Y como influye este planeta ó sino.
Todo lo sabe, todo lo dispone
La santa y hermosisima doncella,
Que admiracion como alegria pone.
Preguntele al parlero, si en la bella
Ninfa alguna deidad se disfrazaba,
Que fuese justo el adorar en ella.
Porque en el rico adorno que mostraba,
Y en el gallardo sér que descubria,
Del cielo, y no del suelo semejaba.
Descubres, respondió, tu boberia,
Que ha que la tratas infinitos años,
Y no conoces que es la Poesia.
Siempre la he visto envuelta en pobres paños,
Le repliqué: jamas la vi compuesta
Con adornos tan ricos y tamaños:
Parece que la he visto descompuesta,
Vestida de color de primavera
En los dias de cutio y los de fiesta.
Esta que es la poesia verdadera,
La grave, la discreta, la elegante,
Dixo Mercurio, la alta y la sincera,
Siempre con vestidura rozagante
Se muestra en qualquier acto que se halla,
Quando á su profesion es importante.
Nunca se inclina, ó sirve á la canalla
Trobadora, maligna y trafalmeja,
Que en lo que mas ignora, menos calla.
Hay otra falsa, ansiosa, torpe y vieja,
Amiga de sonaja y morteruelo,
Que ni tabanco, ni taberna dexa.
No se alza dos, ni aun un coto del suelo,
Grande amiga de bodas y bautismos,
Larga de manos, corta de cerbelo.
Tomanla por momentos parasismos,
No acierta á pronunciar, y si pronuncia,
Absurdos hace, y forma solecismos.
Baco donde ella esta, su gusto anuncia,
Y ella derrama en coplas el poleo,
Compa, y vereda, y el mastranzo, y juncia.
Pero aquesta que ves, es el aseo,
La gala de los cielos y la tierra,
Con quien tienen las musas su bureo,
Ella abre los secretos y los cierra,
Toca y apunta de qualquiera ciencia
La superficie y lo mejor que encierra.
Mira con mas ahinco su presencia,
Verás cifrada en ella la abundancia
De lo que en bueno tiene la excelencia.
Moran con ella en una misma estancia
La divina y moral Filosofia,
El estilo mas puro y la elegancia.
Puede pintar en la mitad del dia
La noche, y en la noche mas escura
El alba bella que las perlas cria.
El curso de los rios apresura,
Y le detiene, el pecho á furia incita,
Y le reduce luego á mas blandura.
Por mitad del rigor se precipita
De las lucientes armas contrapuestas,
Y da vitorias, y vitorias quita.
Verás como le prestan las florestas
Sus sombras, y sus cantos los pastores,
El mal sus lutos y el placer sus fiestas,
Perlas el Sur, Sabea sus loores,
El oro Tiber, Hibla su dulzura,
Galas Milan, y Lusitania amores.
Enfin ella es la cifra, do se apura
Lo provechoso y honesto, y deleitable,
Partes con quien se aumenta la ventura.
Es de ingenio tan vivo y admirable,
Que á veces toca en puntos que suspenden,
Por tener noséque de inescrutable.
Alabanse los buenos, y se ofenden
Los malos con su voz, y destos tales
Unos la adoran, otros no la entienden.
Son sus obras heroicas inmortales,
Las liricas suaves, de manera
Que vuelven en divinas las mortales.
Si alguna vez se muestra lisongera,
Es con tanta elegancia y artificio,
Que no castigo, sino premio espera.
Gloria de la virtud, pena del vicio
Son sus acciones, dando al mundo en ellas
De su alto ingenio, y su bondad indicio.
En esto estaba, quando por las bellas
Ventanas de jazmines y de rosas,
Que amor estaba á lo que entiendo en ellas;
Divisé seis personas religiosas
Al parecer de honroso y grave aspeto,
De luengas togas, limpias y pomposas.
Preguntele á Mercurio, por qué efeto
Aquellos no parecen y se encubren,
Y muestran ser personas de respeto?
A lo que él respondió: no se descubren
Por guardar el decoro al alto estado
Que tienen, y asi el rostro todos cubren.
Quién son, le repliqué, si es que te es dado
Decirlo? Respondióme: no por cierto,
Porque Apolo lo tiene asi mandado.
No son poetas? Sí. Pues yo no acierto
A pensar por qué causa se desprecian
De salir con su ingenio á campo abierto.
Para qué se embobecen y se anecian,
Escondiendo el talento que da el cielo
A los que mas de ser suyos se precian?
Aqui del Rey: qué es esto? qué recelo,
O zelo les impele á no mostrarse
Sin miedo ante la turba vil del suelo?
Puede ninguna ciencia compararse
Con esta universal de la poesia,
Que limites no tiene do encerrarse?
Pues siendo esto verdad, saber querria
Entre los de la carda, cómo se usa
Este miedo, ó melindre, ó hipocresia?
Hace Monseñor versos, y rehusa
Que no se sepan, y él los comunica
Con muchos, y á la lengua agena acusa
Y mas que siendo buenos, multiplica
La fama su valor, y al dueño canta
Con voz de gloria, y de alabanza rica.
Qué mucho pues? sino se le levanta
Testimonio á un Pontifice poeta,
Que digan que lo es? por Dios que espanta.
Por vida de Lanfusa la discreta,
Que si no se me dice quien son estos
Togados de bonete y de muceta:
Que con trazas y modos descompuestos
Tengo de reducir á behetria,
Estos tan sosegados y compuestos.
Por Dios, dixo Mercurio, y á fe mia,
Que no puedo decirlo, y si lo digo,
Tengo de dar la culpa á tu porfia.
Dilo, señor, que desde aqui me obligo
De no decir que tu me lo dixiste,
Le dixe: por la fe de buen amigo.
El dixo: no nos cayan en el chiste,
Llegate á mí, dirételo al oido,
Pero creo que hay mas de los que viste.
Aquel que has visto alli del cuello erguido,
Lozano, rozagante y de buen talle,
De honestidad y de valor vestido:
Es el DOTOR DON FRANCISCO SANCHEZ: dalle
Puede qual debe Apolo la alabanza,
Que pueda sobre el cielo levantalle.
Y aun mas su famoso ingenio alcanza,
Pues en las verdes hojas de sus dias
Nos dá de santos frutos esperanza.
Aquel que en elevadas fantasias,
Y en éstasis sabrosos se regala,
Y tanto imita las acciones mias,
Es el MAESTRO ORENSE, que la gala
Se lleva de la mas rara eloquencia
Que en las aulas de Atenas se señala.
Su natural ingenio con la ciencia,
Y ciencias aprendidas le levanta
Al grado que le nombra la excelencia.
Aquel de amarillez marchita y santa,
Que le encubre de lauro aquella rama,
Y aquella hojosa y acopada planta:
FRAY JUAN BAPTISTA CAPATAZ se llama,
Descalzo y pobre, pero bien vestido,
Con el adorno que le da la fama.
Aquel que del rigor fiero de olvido
Libra su nombre con eterno gozo,
Y es de Apolo y las musas bien querido,
Anciano en el ingenio, y nunca mozo,
Humanista divino, es segun pienso
El insigne DOCTOR ANDRES DEL POZO.
Un Licenciado de un ingenio inmenso
Es aquel, y aunque en trage Mercenario
Como á señor le dan las musas censo:
RAMON se llama, auxilio necesario
Con que Delio se esfuerza y vé rendidas
Las obstinadas fuerzas del contrario.
El otro, cuyas sienes ves ceñidas
Con los brazos de Dafne en triunfo honroso,
Sus glorias tiene en Alcalá esculpidas.
En su ilustre teatro vitorioso
Le nombra el cisne en canto no funesto,
Siempre el primero como á mas famoso.
A los donayres suyos echó el resto
Con propiedades al gorron debidas,
Por haverlos compuesto ó descompuesto.
Aquestas seis personas referidas,
Como están en divinos puestos puestas,
Y en sacra religion constituidas:
Tienen las alabanzas por molestas,
Que les dan por poetas y holgarian
Llevar la loa sin el nombre acuestas.
Porqué, le pregunté, señor porfian
Los tales á escribir y dar noticia
De los versos, que paren y que crian?
Tambien tiene el ingenio su codicia,
Y nunca la alabanza se desprecia,
Que al bueno se le debe de justicia,
Aquel que de poeta no se precia,
Para qué escribe versos y los dice?
Porqué desdeña lo que mas aprecia?
Jamas me contenté, ni satisfice
De hipocritas melindres. Llanamente
Quise alabanzas de lo que bien hice.
Con todo quiere Apolo, que esta gente
Religiosa se tenga aqui secreta,
Dixo el dios que presume de eloquente.
Oyose en esto el son de una corneta,
Y un trapa, trapa, aparta, afuera, afuera,
Que viene un gallardisimo poeta.
Volví la vista y vi por la ladera.
Del monte un postillon y un caballero
Correr, como se dice, á la ligera.
Servia el postillon de pregonero
Mucho mas que de guia, á cuyas voces
En pie se puso el esquadron entero.
Preguntóme Mercurio: no conoces
Quien es este gallardo, este brioso?
Imagino que ya le reconoces.
Bien, le respondi: que es el famoso
Gran DON SANCHO DE LEIVA, cuya espada
Y pluma harán á Delio venturoso.
Venceráse sin duda esta jornada
Con tal socorro: y en el mismo instante,
Cosa que parecia imaginada,
Otro favor no menos importante
Para el caso temido se nos muestra,
De ingenio, y fuerzas, y valor bastante.
Una tropa gentil por la siniestra
Parte del monte se descubrió: ó cielos,
Que dais de vuestra providencia muestra!
Aquel discreto JUAN DE VASCONCELOS
Venia delante en un caballo vayo,
Dando á las musas Lusitanas zelos.
Tras él el capitan PEDRO TAMAYO
Venia, y aunque enfermo de la gota,
Fue al enemigo asombro, fue desmayo.
Que por él se vió en fuga, y puesto en rota,
Que en los dudosos trances de la guerra
Su ingenio admira y su valor se nota.
Tambien llegaron á la rica tierra,
Puestos debaxo de una blanca seña,
Por la parte derecha de la sierra
Otros, de quien tomó luego reseña
Apolo: y era dellos el primero
El joven DON FERNANDO DE LODEÑA:
Poeta primerizo insigne, empero
En cuyo ingenio Apolo deposita
Sus glorias para el tiempo venidero.
Con magestad real, con inaudita
Pompa llegó, y al pie del monte para
Quien los bienes del monte solicita:
El Licenciado fue JUAN DE VERGARA
El que llegó, con quien la turba ilustre
En sus vecinos medios se repara.
De Esculapio y de Apolo gloria, y lustre,
Sino digalo el santo bien partido,
Y su fama la misma envidia ilustre.
Con él fue con aplauso recebido
El docto JUAN ANTONIO DE HERRERA,
Que puso en fil el desigual partido.
O quien con lengua en nada lisongera,
Sino con puro afecto en grande exceso,
Dos que llegaron alabar pudiera!
Pero no es de mis hombros este peso,
Fueron los que llegaron los famosos
Los dos Maestros CALVO Y VALDIVIESO.
Luego se descubrió por los undosos
Llanos del mar una pequeña barca
Impelida de remos presurosos:
Llegó, y al punto della desembarca
El gran DON JUAN DE ARGOTE Y DE GAMBOA
En compañia de DON DIEGO ABARCA,
Sugetos dinos de incesable loa,
Y DON DIEGO XIMENEZ Y DE ENCISO
Dió un salto á tierra desde la alta proa.
En estos tres la gala y el aviso
Cifró quanto de gusto en sí contienen,
Como su ingenio y obras dan aviso.
Con JUAN LOPEZ DEL VALLE otros dos vienen
Juntos alli, y es PAMONES el uno,
Con quien las musas ogeriza tienen.
Porque pone sus pies por do ninguno
Los puso, y con sus nuevas fantasias
Mucho mas que agradable es importuno.
De lexas tierras por incultas vias
Llegó el brabo Irlandes DON JUAN BATEO,
Xerxes nuevo en memoria en nuestros dias,
Vuelvo la vista, á MANTUANO veo,
Que tiene al gran Velasco por Mecenas,
Y ha sido acertadisimo su empleo.
Dexarán estos dos en las agenas
Tierras, como en las proprias dilatados
Sus nombres, que tú, Apolo, asi lo ordenas.
Por entre dos fructiferos collados
(Habrá quien esto crea, aunque lo entienda?)
De palmas y laureles coronados,
El grave aspecto del ABAD MALUENDA
Pareció, dando al monte luz y gloria,
Y esperanzas de triunfo en la contienda.
Pero de qué enemigos la vitoria
No alcanzará un ingenio tan florido?
Y una bondad tan digna de memoria?
DON ANTONIO GENTIL DE VARGAS, pido
Espacio para verte, que llegaste
De gala y arte, y de valor vestido;
Y aunque de patria Ginoves, mostraste
Ser en las musas castellanas doto,
Tanto que al esquadron todo admiraste.
Desde el Indio apartado del remoto
Mundo llegó mi amigo MONTESDOCA,
Y el que anudó de Arauco el nudo roto.
Dixo Apolo á los dos: á entrambos toca
Defender esta vuestra rica estancia
De la canalla de verguenza poca.
La qual de error armada y de arrogancia
Quiere canonizar y dar renombre
Inmortal y divino á la ignorancia.
Que tanto puede la aficion, que un hombre
Tiene á sí mismo, que ignorante siendo,
De buen poeta quiere alcanzar nombre.
En esto otro milagro, otro estupendo
Prodigio se descubre en la marina,
Que en pocos versos declarar pretendo
Una nave á la tierra tan vecina
Llegó, que desde el sitio donde estaba,
Se ve quanto hay en ella, y determina.
Demás de quatro mil salmas pasaba,
Que otros suelen llamarlas toneladas,
Ancha de vientre y de estatura brava:
Asi como las naves que cargadas
Llegan de la oriental india á Lisboa,
Que son por las mayores estimadas.
Esta llegó desde la popa á proa
Cubierta de poetas, mercancia
De quien hay saca en Calicut y en Goa.
Tomole al roxo dios alferecia
Por ver la muchedumbre impertinente,
Que en socorro del monte le venia.
Y en silencio rogó devotamente,
Que el vaso naufragase en un momento
Al que gobierna el humido tridente.
Uno de los del numero hambriento
Se puso en esto al borde de la nave,
Al parecer mohino y mal contento:
Y en voz, que ni de tierna ni suave
Tenia un solo adarme, gritando
(Dixo tal vez colerico, y tal grave)
Lo que impaciente estuve yo escuchando,
Porque vi sus razones ser saetas,
Que iban mi alma y corazon clavando.
O tú, dixo, traidor, que los poetas
Canonizaste de la larga lista,
Por causas y por vias indiretas:
Dónde tenias, Magancés, la vista
Aguda de tu ingenio, que asi ciego
Fuiste tan mentiroso coronista?
Yo te confieso, ó barbaro, y no niego
Que algunos de los muchos que escogiste
Sin que el respeto te forzase ó el ruego,
En el debido punto los pusiste;
Pero con los demas sin duda alguna
Prodigo de alabanzas anduviste.
Has alzado á los cielos la fortuna
De muchos, que en el centro del olvido
Sin ver la luz del sol, ni de la luna,
Yacian: ni llamado, ni escogido
Fue el gran pastor de Iberia, el gran BERNARDO,
Que de la VEGA tiene el apellido.
Fuiste envidioso, descuidado y tardo,
Y á las Ninfas de Henares y Pastores,
Como á enemigos les tiraste un dardo,
Y tienes tu poetas tan peores
Que estos en tu rebaño, que imagino
Que han de sudar, si quieren ser mejores.
Que si este agravio no me turba el tino,
Siete trobistas desde aqui diviso,
A quien suelen llamar de torbellino,
Con quien la gala, discrecion y aviso
Tienen poco que ver, y tu los pones
Dos leguas mas allá del paraiso.
Estas quimeras, estas invenciones
Tuyas te han de salir al rostro un dia,
Si mas no te mesuras y compones.
Esta amenaza y gran descortesia
Mi blando corazon llenó de miedo,
Y dió al traves con la paciencia mia.
Y volviendome á Apolo con denuedo
Mayor del que esperaba de mis años,
Con voz turbada y con semblante acedo,
Le dixe: con bien claros desengaños
Descubro, que el servirte me grangea
Presentes miedos de futuros daños.
Haz, ó señor, que en publico se lea
La lista que Cilenio llevó á España,
Porque mi culpa poca aqui se vea.
Si tu deidad en escoger se engaña,
Y yo solo aprobé lo que él me dixo,
Porqué este simple contra mí se ensaña?
Con justa causa y con razon me aflixo,
De ver como estos barbaros se inclinan
A tenerme en temor duro y prolixo.
Unos, porque los puse me abominan:
Otros, porque he dexado de ponellos,
De darme pesadumbre determinan.
Yo no sé como me avendré con ellos,
Los puestos se lamentan, los no puestos
Gritan, yo tiemblo destos y de aquellos.
Tú, señor, que eres dios, dales los puestos
Que piden sus ingenios: llama, y nombra
Los que fueren mas habiles y prestos.
Y porque el turbio miedo que me asombra,
No me acabe, acabada esta contienda,
Cubreme con tu manto y con tu sombra.
O ponme una señal, por do se entienda
Que soy hechura tuya y de tu casa:
Y asi no havrá ninguno que me ofenda.
Vuelve la vista, y mira lo que pasa,
Fue de Apolo enojado la respuesta,
Que ardiendo en ira el corazon le abrasa.
Volvila, y vi la mas alegre fiesta,
Y la mas desdichada y compasiva,
Que el mundo vió, ni aun la verá qual esta.
Mas no se espere que yo aqui la escriba,
Sino en la parte quinta, en quien espero
Cantar con voz tan entonada y viva,
Que piensen que soy cisne, y que me muero.
VIAGE AL PARNASO.
CAPITULO V.
Oyó el señor del humido tridente
Las plegarias de Apolo, y escuchólas
Con alma tierna y corazon clemente.
Hizo de ojo, y dió del pie á las olas,
Y sin que lo entendiesen los poetas
En un punto hasta el cielo levantólas.
Y él por ocultas vias y secretas
Se agazapó debaxo del navio,
Y usó con él de sus traidoras tretas.
Hirió con el tridente en lo vacio
Del buco, y el estomago le llena
De un copioso corriente amargo rio.
Advertido el peligro, al aire suena
Una confusa voz, la qual resulta
De otras mil que el temor forma y la pena.
Poco á poco el bagel pobre se oculta
En las entrañas del ceruleo y cano
Vientre, que tantas animas sepulta.
Suben los llantos por el aire vano
De aquellos miserables, que suspiran
Por ver su irreparable fin cercano.
Trepan y suben por las jarcias, miran
Qual del navio es el lugar mas alto,
Y en él muchos se apiñan y retiran.
La confusion, el miedo, el sobresalto
Les turba los sentidos, que imaginan
Que desta á la otra vida es grande el salto.
Con ningun medio ni remedio atinan;
Pero creyendo dilatar su muerte
Algun tanto á nadar se determinan.
Saltan muchos al mar de aquella suerte,
Que al charco de la orilla saltan ranas
Quando el miedo, ó el ruido las advierte.
Hienden las olas del romperse canas,
Menudean las piernas y los brazos,
Aunque enfermos estan, y ellas no sanas.
Y en medio de tan grandes embarazos
La vista ponen en la amada orilla,
Deseosos de darla mil abrazos.
Y sé yo bien, que la fatal quadrilla
Antes que alli, holgara de hallarse
En el compas famoso de Sevilla.
Que no tienen por gusto el ahogarse,
Discreta gente al parecer en esto,
Pero valioles poco el esforzarse.
Que el padre de las aguas echó el resto
De su rigor, mostrandose en su carro
Con rostro airado y ademan funesto.
Quatro delfines, cada qual bizarro,
Con cuerdas hechas de tegidas obas
Le tiraban con furia y con desgarro.
Las ninfas en sus humidas alcobas
Sienten tu rabia, ó vengativo Nume,
Y de sus rostros la color les robas.
El nadante poeta que presume
Llegar á la ribera defendida,
Sus ayes pierde y su teson consume.
Que su corta carrera es impedida
De las agudas puntas del tridente,
Entonces fiero y aspero homicida.
Quien ha visto muchacho diligente
Que en goloso á si mesmo sobrepuja
Que no hay comparacion mas conveniente,
Picar en el sombrero la granuja,
Que el hallazgo le puso alli ó la sisa,
Con punta alfileresca, ó ya de aguja:
Pues no con menor gana, ó menor prisa
Poetas ensartaba el Nume airado
Con gesto infame, y con dudosa risa.
En carro de cristal venia sentado,
La barba luenga y llena de marisco,
Con dos gruesas lampreas coronado.
Hacian de sus barbas firme aprisco
La Almeja, el Morsillon, Pulpo y Cangrejo,
Qual le suelen hacer en peña ó risco.
Era de aspecto venerable y viejo,
De verde, azul y plata era el vestido,
Robusto al parecer y de buen rejo.
Aunque como enojado, denegrido
Se mostraba en el rostro, que la saña
Asi turba el color como el sentido.
Airado contra aquellos mas se ensaña
Que nadan mas, y saleles al paso,
Juzgando á gloria tan cobarde hazaña.
En esto, ó nuevo y milagroso caso,
Dino de que se cuente poco á poco,
Y con los versos de Torcato Taso.
Hasta aqui no he invocado, ahora invoco
Vuestro favor, ó musas! necesario
Para los altos puntos en que toco.
Descerrajad vuestro mas rico almario,
Y el aliento me dad que el caso pide,
No humilde, no ratero, ni ordinario.
Las nubes hiende el aire, pisa y mide
La hermosa Venus Acidalia, y baxa
Del cielo que ninguno se lo impide.
Traia vestida de pardilla raja
Una gran saya entera hecha al uso,
Que le dice muy bien, quadra y encaja.
Luto que por su Adonis se le puso,
Luego que el gran colmillo del berraco
A atravesar sus ingles se dispuso.
A fe que si el mocito fuera Maco,
Que él guardára la cara al colmilludo,
Que dió á su vida, y su belleza saco.
O valiente garzon, mas que sesudo,
Cómo estándo avisado, tu mal tomas,
Entrando en trance tan horrendo y crudo?
En esto las mansisimas palomas
Que el carro de la diosa conducian
Por el llano del mar, y por las lomas:
Por unas y otras partes discurrian,
Hasta que con Neptuno se encontraron,
Que era lo que buscaban y querian.
Los dioses que se ven, se respetaron,
Y haciendo sus zalemas á lo moro,
De verse juntos en estremo holgaron.
Guardaronse real grave decoro,
Y procuró Ciprinia en aquel punto
Mostrar de su belleza el gran tesoro.
Ensanchó el verdugado, y dióle el punto
Con ciertos puntapies que fueron coces
Para el dios que las vió y quedó difunto.
Un poeta llamado DON QUINCOCES
Andaba semivivo en las saladas
Ondas dando gemidos y no voces.
Con todo dixo, en mal articuladas
Palabras: o, señora, la de Pafo,
Y de las otras dos islas nombradas,
Muevate á compasion el verme gafo
De pies y manos, y que ya me ahogo,
En otras Linfas que las del Garrafo.
Aqui será mi Pira, aqui mi rogo,
Aqui será QUINCOCES sepultado,
Que tuvo en su crianza Pedagogo.
Esto dixo el mezquino, esto escuchado
Fue de la diosa con ternura tanta,
Que volvió á componer el verdugado.
Y luego en pie y piadosa se levanta,
Y poniendo los ojos en el viejo,
Desembudó la voz de la garganta:
Y con cierto desden y sobrecejo,
Entre enojada y grave, y dulce dixo
Lo que al humido dios tuvo perplejo.
Y aunque no fue su razonar prolixo,
Todavia le truxo á la memoria
Hermano de quien era y de quien hijo.
Representole quan pequeña gloria
Era llevar de aquellos miserables
El triunfo infausto, y la cruel vitoria.
El dixo: si los hados inmudables
No huvieran dado la fatal sentencia
Destos en su ignorancia siempre estables.
Una brizna no mas de tu presencia
Que viera yo, bellisima señora,
Fuera de mi rigor la resistencia.
Mas ya no puede ser, que ya la hora
Llegó donde mi blanda y mansa mano
Ha de mostrar que es dura y vencedora.
Que estos de proceder siempre inhumano,
En sus versos han dicho cien mil veces,
Azotando las aguas del mar cano.
Ni azotado, ni viejo me pareces,
Replicó Venus, y él le dixo á ella:
Puesto que me enamoras no enterneces.
Que de tal modo la fatal estrella,
Influye destos tristes, que no puedo
Dar felice despacho á tu querella.
Del querer de los hados solo un dedo,
No me puedo apartar, ya tu lo sabes,
Ellos han de acabar, y ha de ser cedo.
Primero acabarás que los acabes,
Le respondió madama, la que tiene
De tantas voluntades puerta y llaves.
Que aunque el hado feroz su muerte ordene,
El modo no ha de ser á tu contento,
Que muchas muertes el morir contiene.
Turbóse en esto el liquido elemento,
De nuevo renovóse la tormenta,
Sopló mas vivo y mas apriesa el viento.
La hambrienta mesnada, y no sedienta,
Se rinde al uracan recien venido,
Y por mas no penar muere contenta.
O raro caso y por jamas oido,
Ni visto! ó nuevas y admirables trazas
De la gran reina obedecida en Gnido!
En un instante el mar de calabazas
Se vió quajado, algunas tan potentes,
Que pasaban de dos, y aun de tres brazas.
Tambien hinchados odres y valientes,
Sin deshacer del mar la blanca espuma,
Nadaban de mil talles diferentes.
Esta trasmutacion fue hecha en suma
Por Venus de los languidos poetas,
Porque Neptuno hundirlos no presuma.
El qual le pidió á Febo sus saetas,
Cuya arma arrojadiza desde aparte
A Venus defraudara de sus tretas.
Negóselas Apolo; y veis do parte
Enojado el vejon con su tridente,
Pensandolos pasar de parte á parte;
Mas este se resbala, aquel no siente
La herida, y dando esguince se desliza,
Y él queda de la colera impaciente.
En esto Boreas su furor atiza,
Y lleva antecogida la manada,
Que con la de los cerdas simboliza.
Pidióselo la diosa aficionada
A que vivan poetas zarabandos,
De aquellos de la seta almidonada:
De aquellos blancos, tiernos, dulces, blandos,
De los que por momentos se dividen
En varias setas, y en contrarios vandos.
Los contrapuestos vientos se comiden
A complacer la bella rogadora,
Y con un solo aliento la mar miden:
Llevando á la piara gruñidora,
En calabazas y odres convertida
A los reynos contrarios del aurora.
Desta dulce semilla referida
España, verdad cierta, tanto abunda,
Que es por ella estimada y conocida.
Que aunque en armas y en letras es fecunda
Mas que quantas provincias tiene el suelo,
Su gusto en parte en tal semilla funda.
Despues desta mudanza que hizo el cielo,
O Venus, ó quien fuese, que no importa
Guardar puntualidad como yo suelo,
No veo calabaza, ó luenga ó corta,
Que no imagine que es algun poeta
Que alli se estrecha, encubre, encoge, acorta.
Pues qué quando veo un cuero, ó mal discreta
Y vana fantasia, asi engañada,
Que á tanta liviandad estás sugeta!
Pienso que el piezgo de la boca atada
Es la faz del poeta transformado
En aquella figura mal hinchada.
Y quando encuentro algun poeta honrado,
Digo, poeta firme y valedero,
Hombre vestido bien y bien calzado,
Luego se me figura ver un cuero,
O alguna calabaza, y desta suerte
Entre contrarios pensamientos muero,
Y no sé si lo yerre, ó si lo acierte,
En que á las calabazas y á los cueros,
Y á los poetas trate de una suerte.
Cernìcalos que son lagartigeros
No esperen de gozar las preeminencias
Que gozan gabilanes no pecheros.
Puestas en paz pues ya las diferencias
De Delio, y los poetas transformados
En tan vanas y huecas apariencias:
Los mares y los vientos sosegados,
Sumergiose Neptuno mal contento
En sus palacios de cristal labrados.
Las mansisimas aves por el viento
Volaron, y á la bella Cipriana
Pusieron en su reyno á salvamento.
Y en señal que del triunfo quedó ufana,
Lo que hasta alli nadie acabó con ella,
Del luto se quitó la saboyana.
Quedando en cueros tan briosa y bella,
Que se supo despues que Marte anduvo
Todo aquel dia, y otros dos tras ella.
Todo el qual tiempo el escuadron estuvo
Mirando atento la fatal ruina,
Que la canalla transformada tuvo.
Y viendo despejada la marina
Apolo del socorro mal venido,
De dar fin al gran caso determina.
Pero en aquel instante un gran ruido
Se oyó, con que la turba se alboroza,
Y pone vista alerta, y presto oido.
Y era quien le formaba una carroza
Rica, sobre la qual venia sentado
El grave DON LORENZO DE MENDOZA,
De su felice ingenio acompañado,
De su mucho valor y cortesia,
Joyas inestimables, adornado.
PEDRO JUAN DE REJAULE le seguia
En otro coche insigne Valenciano,
Y grande defensor de la poesia.
Sentado viene á su derecha mano
JUAN DE SOLIS, mancebo generoso,
De raro ingenio en verdes años cano.
Y JUAN DE CARVAJAL, Dotor famoso,
Les hace tercio, y no por ser pesado
Dexan de hacer su curso presuroso.
Porque el divino ingenio al levantado
Valor de aquestos tres que el coche encierra,
No hay impedirle monte, ni collado.
Pasan volando la empinada sierra,
Las nubes tocan, llegan casi al cielo,
Y alegres pisan la famosa tierra.
Con este mismo honroso y grave zelo,
BARTOLOME DE MOLA, y GABRIEL LASO
Llegaron á tocar del monte el suelo.
Honra las altas cimas de Parnaso
DON DIEGO, que de SILVA tiene el nombre,
Y por ellas alegre tiende el paso.
A cuyo ingenio, y sin igual renombre
Toda ciencia se inclina y le obedece,
Y le levanta á ser mas que de hombre.
Dilatanse las sombras, y descrece
El dia, y de la noche el negro manto
Guarnecido de estrellas aparece.
Y el esquadron que havia esperado tanto
En pie, se rinde al sueño perezoso
De hambre y sed, y de mortal quebranto.
Apolo entonces poco luminoso,
Dando hasta los Antipodas un brinco,
Siguió su accidental curso forzoso.
Pero primero licenció á los cinco
Poetas titulados á su ruego,
Que lo pidieron con estraño ahinco,
Por parecerles risa, burla y juego
Empresas semejantes; y asi Apolo
Condecendió con sus deseos luego.
Que es el galan de Dafne unico y solo
En usar cortesia sobre quantos
Descubre el nuestro, y el contrario polo.
Del lobrego lugar de los espantos
Sacó su hisopo el languido Morfeo,
Con que ha rendido y embocado á tantos,
Y del licor que dicen que es Leteo,
Que mana de la fuente del olvido,
Los parpados bañó á todos arreo.
El mas hambriento se quedó dormido,
Dos cosas repugnantes, hambre y sueño,
Privilegio á poetas concedido.
Yo quedé enfin dormido como un leño,
Llena la fantasia de mil cosas,
Que de contallas mi palabra empeño,
Por mas que sean en sí dificultosas.
VIAGE AL PARNASO.
CAPITULO VI.
De una de tres causas los ensueños
Se causan, ó los sueños, que este nombre
Les dan los que del bien hablar son dueños.
Primera, de las cosas de que el hombre
Trata mas de ordinario: la segunda
Quiere la medicina que se nombre,
Del humor que en nosotros mas abunda.
Toca en revelaciones la tercera,
Que en nuestro bien mas que las dos redunda.
Dormí, y soñé, y el sueño la tercera
Causa le dió principio suficiente,
A mezclar el ahito y la dentera.
Sueña el enfermo, á quien la fiebre ardiente
Abrasa las entrañas, que en la boca
Tiene de las que ha visto alguna fuente.
Y el labio al fugitivo cristal toca,
Y el dormido consuelo imaginado
Crece el deseo, y no la sed apoca.
Pelea el valentisimo soldado
Dormido, casi al modo que despierto
Se mostró en el combate fiero armado.
Acude el tierno amante á su concierto,
Y en la imaginacion dormido llega
Sin padecer borrasca á dulce puerto.
El corazon el avariento entrega
En la mitad del sueño á su tesoro,
Que el alma en todo tiempo no le niega.
Yo, que siempre guardé el comun decoro
En las cosas dormidas y despiertas,
Pues no soy Troglodita ni soy Moro;
De par en par del alma abrí las puertas,
Y dexé entrar al sueño por los ojos
Con premisas de gloria y gusto ciertas.
Gocé durmiendo quatro mil despojos,
Que los conté sin que faltase alguno,
De gustos que acudieron á manojos.
El tiempo, la ocasion, el oportuno
Lugar correspondian al efeto,
Juntos y por sí solo cada uno.
Dos horas dormí, y mas á lo discreto,
Sin que imaginaciones ni vapores
El celebro tuviesen inquieto.
La suelta fantasia entre mil flores
Me puso de un pradillo, que exhalaba
De Pancaya y Sabea los olores.
El agradable sitio se llevaba
Tras sí la vista que durmiendo, viva
Mucho mas que despierta se mostraba.
Palpable vi, mas no sé si lo escriba,
Que á las cosas que tienen de imposibles,
Siempre mi pluma se ha mostrado esquiva.
Las que tienen vislumbre de posibles,
De dulces, de suaves y de ciertas
Explican mis borrones apacibles.
Nunca á disparidad abre las puertas
Mi corto ingenio, y hallalas contino
De par en par la consonancia abiertas.
Cómo puede agradar un desatino
Si no es que de proposito se hace,
Mostrandole el donaire su camino?
Que entonces la mentira satisface
Quando verdad parece, y está escrita
Con gracia, que al discreto y simple aplace.
Digo, volviendo al cuento, que infinita
Gente vi discurrir por aquel llano,
Con algazara placentera y grita:
Con habito decente y cortesano
Algunos, á quien dió la hipocresia
Vestido pobre; pero limpio y sano.
Otros de la color que tiene el dia
Quando la luz primera se aparece
Entre las trenzas de la aurora fria.
La variada primavera ofrece
De sus varias colores la abundancia,
Con que á la vista el gusto alegre crece.
La prodigalidad, la exorbitancia
Campean juntas por el verde prado
Con galas que descubren su ignorancia.
En un trono del suelo levantado,
(Do el arte á la materia se adelanta
Puesto que de oro y de marfil labrado)
Una doncella ví desde la planta
Del pie hasta la cabeza asi adornada,
Que el verla admira, y el oirla encanta.
Estaba en él con magestad sentada,
Giganta al parecer en la estatura,
Pero aunque grande, bien proporcionada.
Parecia mayor su hermosura
Mirada desde lejos, y no tanto
Si de cerca se ve su compostura.
Lleno de admiracion, colmo de espanto,
Puse en ella los ojos, y vi en ella
Lo que en mis versos desmayados canto.
Yo no sabré afirmar si era doncella,
Aunque he dicho que sí, que en estos casos
La vista mas aguda se atropella.
Son por la mayor parte siempre escasos
De razon los juicios maliciosos
En juzgar rotos los enteros vasos.
Altaneros sus ojos y amorosos
Se mostraban con cierta mansedumbre,
Que los hacia en todo estremo hermosos.
Ora fuese artificio, ora costumbre,
Los rayos de su luz tal vez crecian,
Y tal vez daban encogida lumbre.
Dos ninfas á sus lados asistian,
De tan gentil donaire y apariencia,
Que miradas las almas suspendian.
De la del alto trono en la presencia
Desplegaban sus labios en razones,
Ricas en suavidad, pobres en ciencia.
Levantaban al cielo sus blasones,
Que estaban por ser pocos ó ningunos,
Escritos del olvido en los borrones.
Al dulce murmurar, al oportuno
Razonar de las dos, la del asiento,
Que en belleza jamas le igualó alguno,
Luego se puso en pie, y en un momento
Me pareció, que dió con la cabeza
Mas allá de las nubes, y no miento:
Y no perdió por esto su belleza,
Antes mientras mas grande, se mostraba
Igual su perfecion á su grandeza:
Los brazos de tal modo dilataba,
Que de do nace adonde muere el dia
Los opuestos estremos alcanzaba.
La enfermedad llamada hidropesia
Asi le hincha el vientre, que parece
Que todo el mar caber en él podia.
Al modo destas partes asi crece
Toda su compostura, y no por esto,
Qual dixe, su hermosura desfallece.
Yo atonito esperaba ver el resto
De tan grande prodigio, y diera un dedo
Por saber la verdad segura, y presto.
Uno, y no sabré quien, bien claro y quedo
Al oido me habló, y me dixo: espera,
Que yo decirte lo que quieres puedo.
Esta que ves, que crece de manera,
Que apenas tiene ya lugar do quepa,
Y aspira en la grandeza á ser primera:
Esta que por las nube sube y trepa
Hasta llegar al cerco de la luna
(Puesto que el modo de subir no sepa.)
Es la que confiada en su fortuna
Piensa tener de la inconstante rueda
El exe quedo, y sin mudanza alguna.
Esta que no halla mal que le suceda,
Ni le teme atrevida y arrogante,
Prodiga siempre, venturosa y leda:
Es la que con disignio extravagante
Dió en crecer poco á poco hasta ponerse
Qual ves en estatura de gigante.
No dexa de crecer por no atreverse
A emprender las hazañas mas notables,
Adonde puedan sus estremos verse.
No has oido decir los memorables
Arcos, anfiteatros, templos, baños,
Termas, porticos, muros admirables:
Que á pesar y despecho de los años,
Aun duran sus reliquias y entereza,
Haciendo al tiempo y á la muerte engaño?
Yo, respondi por mí, ninguna pieza
Desas que has dicho, dexo de tenella
Clavada y remachada en la cabeza.
Tengo el sepulcro de la viuda bella,
Y el Coloso de Rodas alli junto,
Y la lanterna que sirvió de estrella.
Pero vengamos de quien es al punto
Esta, que lo deseo. Haráse luego,
Me respondió la voz en baxo punto.
Y prosiguió, diciendo: á no estar ciego
Huvieras visto ya quien es la dama:
Pero enfin tienes el ingenio lego.
Esta que hasta los cielos se encarama
Preñada, sin saber como, del viento,
Es hija del deseo y de la fama.
Esta fue la ocasion y el instrumento
En todo y parte de que el mundo viese
No siete marabillas, sino ciento.
Corto numero es ciento: aunque dixese
Cien mil y mas millones, no imagines,
Que en la cuenta del numero excediese.
Esta conduxo á memorables fines,
Edificios que asientan en la tierra,
Y tocan de las nubes los confines.
Esta tal vez ha levantado guerra,
Donde la paz suave reposaba
Que en limites estrechos no se encierra.
Quando murió en las llamas, abrasaba
El atrevido fuerte brazo y fiero,
Esta el incendio horrible resfriaba.
Esta arrojó al Romano caballero
En el abismo de la ardiente cueva,
De limpio armado, y de luciente azero.
Esta tal vez con marabilla nueva,
(De su ambiciosa condicion llevada)
Mil imposibles atrevida prueba.
Desde la ardiente Libia hasta la helada
Citia lleva la fama su memoria,
En grandiosas obras dilatada.
Enfin ella es la altiva vanagloria,
Que en aquellas hazañas se entremete,
Que llevan de los siglos la vitoria.
Ella misma á sí misma se promete
Triunfos y gustos, sin tener asida
A la calva ocasion por el copete.
Su natural sustento, su bebida,
Es aire, y asi crece en un instante
Tanto, que no hay medida á su medida.
Aquellas dos del placido semblante
Que tiene á sus dos lados, son aquellas
Que sirven á la maquina de Atlante.
Su delicada voz, sus luces bellas,
Su humildad aparente, y las lozanas
Razones, que el amor se cifra en ellas,
Las hacen mas divinas que no humanas,
Y son, (con paz escucha y con paciencia)
La adulacion y la mentira hermanas.
Estas están contino en su presencia,
Palabras ministrandole al oido,
Que tienen de prudentes aparencia.
Y ella qual ciega del mejor sentido,
No ve que entre las flores de aquel gusto,
El aspid ponzoñoso está escondido.
Y asi arrojada con deseo injusto
En cristalino vaso prueba y bebe
El veneno mortal, sin ningun susto.
Quien mas presume de advertido, pruebe
A dexarse adular, verá quan presto
Pasa su gloria como el viento leve.
Esto escuché: y en escuchando aquesto,
Dió un estampido tal la gloria vana,
Que dió á mi sueño fin dulce y molesto.
Y en esto descubrióse la mañana,
Vertiendo perlas y esparciendo flores,
Lozana en vista, y en virtud lozana.
Los dulces pequeñuelos ruiseñores
Con cantos no aprendidos le decian
Enamorados della mil amores.
Los silgueros el canto repetian,
Y las diestras calandrias entonaban
La musica, que todos componian.
Unos del esquadron priesa se daban,
Porque no los hallase el dios del dia
En los forzosos actos en que estaban.
Y luego se asomó su señoria,
Con una cara de tudesco roja,
Por los balcones de la aurora fria.
En parte gorda, en parte flaca y floja,
Como quien teme el esperado trance,
Donde verse vencido se le antoja.
En propio toledano y buen romance
Les dió los buenos dias cortesmente,
Y luego se aprestó al forzoso lance.
Y encima de un peñasco puesto enfrente
Del esquadron, con voz sonora y grave
Esta oracion les hizo de repente.
O espiritus felices, donde cabe
La gala del decir, la sutileza
De la ciencia mas docta que se sabe!
Donde en su propia natural belleza
Asiste la hermosa poesia
Entera de los pies á la cabeza!
No consintais por vida vuestra y mia,
(Mirad con que llaneza Apolo os habla)
Que triunfe esta canalla que porfia.
Esta canalla digo que se endiabla,
Que por darles calor su muchedumbre,
Ya su ruina, ó ya la nuestra entabla.
Vosotros de mis ojos gloria y lumbre,
Faroles do mi luz de asiento mora,
Ya por naturaleza, ó por costumbre,
Haveis de consentir que esta embaidora,
Hipocrita gentalla se me atreva,
De tantas necedades inventora?
Haced famosa y memorable prueba
De vuestro gran valor en este hecho,
Que á su castigo y vuestra gloria os lleva.
De justa indignacion armad el pecho,
Acometed intrepidos la turba,
Ociosa, vagamunda, y sin provecho.
No se os dé nada, no se os dé una burba,
(Moneda Berberisca, vil y baxa)
De aquesta gente, que la paz nos turba.
El son de mas de una templada caja,
Y el del pifaro triste y la trompeta,
Que la colera sube, y flema abaxa;
Asi os incite con virtud secreta,
Que despierte los animos dormidos
En la facion que tanto nos aprieta.
Yá retumba, ya llega á mis oidos
Del esquadron contrario el rumor grande,
Formado de confusos alaridos.
Ya es menester, sin que os lo ruegue, ó mande,
Que cada qual como guerrero experto,
sin que por su capricho se desmande,
La orden guarde y militar concierto,
Y acuda á su deber como valiente
Hasta quedar, ó vencedor ó muerto.
En esto por la parte de poniente
Pareció el escuadron casi infinito
De la barbara, ciega, y pobre gente.
Alzan los nuestros al momento un grito
Alegre, y no medroso; y gritan, arma,
Arma resuena todo aquel distrito;
Y aunque mueran, correr quieren al arma.
VIAGE AL PARNASO.
CAPITULO VII.
Tu, Beligera musa, tú, que tienes
La voz de bronce, y de metal la lengua,
Quando á cantar del fiero Marte vienes:
Tú, por quien se aniquila siempre y mengua
El gran genero humano: tú, que puedes
Sacar mi pluma de ignorancia, y mengua:
Tu, mano rota, y larga de mercedes;
Digo en hacellas: una aqui te pido,
(Que no hará que menos rica quedes.)
La soberbia y maldad, el atrevido
Intento de una gente mal mirada
Ya se descubre con mortal ruido.
Dame una voz al caso acomodada,
Una sotil y bien cortada pluma,
No de aficion, ni de pasion llevada.
Para que pueda referir en suma
Con purisimo y nuevo sentimiento,
Con verdad clara, y entereza suma,
El contrapuesto y desigual intento
De uno y otro esquadron, que ardiendo en ira,
Sus vanderas descoge al vago viento.
El del vando catolico, que mira
Al falso y grande al pie del monte puesto,
Que de subir al alta cumbre aspira;
Con paso largo, y ademan compuesto,
Todo el monte coronan, y se ponen
A la furia, que en loca ha echado el resto.
Las ventajas tantean, y disponen
Los animos valientes al asalto,
En quien su gloria y su venganza ponen.
De rabia lleno y de paciencia falto
Apolo su bellisimo estandarte
Mandó al momento levantar en alto.
Arbolole un MARQUES, que el propio Marte
Su briosa presencia representa
Naturalmente, sin industria y arte.
Poeta celeberrimo y de cuenta,
Por quien, y en quien Apolo soberano
Su gloria y gusto, y su valor aumenta.
Era la insinia un cisne hermoso y cano,
Tan al vivo pintado, que dixeras,
La voz despide alegre al aire vano.
Siguen al estandarte sus vanderas
De gallardos alfereces llevadas,
Honrosas por no estar todas enteras.
Las cajas á lo belico templadas
Al milite mas tardo vuelven presto,
De voces de metal acompañadas.
GERONIMO DE MORA llegó en esto,
Pintor excelentisimo y poeta,
Apeles y Virgilio en un supuesto:
Y con la autoridad de una gineta,
(Que de ser capitan le daba nombre)
Al caso acude y á la turba aprieta.
Y porque mas se turbe, y mas se asombre
El enemigo desigual y fiero
Llegó el gran BIEDMA de inmortal renombre.
Y con él GASPAR DE AVILA, primero
Sequáz de Apolo, á cuyo verso y pluma,
Iciar puede envidiar, temer Sincero.
Llegó JUAN DE MEZTANZA, cifra y suma
De tanta erudicion, donaire y gala,
Que no hay muerte, ni edad que la consuma.
Apolo le arrancó de Guatimala,
Y le truxo en su ayuda para ofensa
De la canalla en todo estremo mala.
Hacer milagros en el trance piensa
CEPEDA, y acompañale MEGIA,
Poetas dinos de alabanza inmensa.
Clarisimo esplendor de Andalucia,
Y de la Mancha el sin igual GALINDO
Llegó con magestad y bizarria.
De la alta cumbre del famoso Pindo
Baxaron tres bizarros Lusitanos
(A quien mis alabanzas todas rindo.)
Con prestos pies y con valientes manos
Con FERNANDO CORREA DE LA CERDA,
Pisó RODRIGUEZ LOBO monte y llanos.
Y porque Febo su razon no pierda
El grande DON ANTONIO DE ATAIDE
Llegó con furia alborotada y cuerda.
Las fuerzas del contrario ajusta y mide
Con las suyas Apolo, y determina
Dar la batalla, y la batalla pide.
El ronco són de mas de una bocina,
Instrumento de caza y de la guerra,
De Febo á los oidos se avecina.
Tiembla debaxo de los pies la tierra
De infinitos poetas oprimida,
Que dan asalto á la sagrada sierra.
El fiero general de la atrevida
Gente, que trae un cuervo en su estandarte,
Es ARBOLANCHES, muso por la vida.
Puestos estaban en la baxa parte,
Y en la cima del monte, frente á frente
Los campos de quien tiembla el mismo Marte:
Quando una, al parecer discreta gente,
Del catolico vando al enemigo
Se pasó, como en numero de veinte.
Yo con los ojos su carrera sigo,
Y viendo el paradero de su intento,
Con voz turbada al sacro Apolo digo:
Qué prodigio es aqueste? qué portento?
O por mejor decir, qué mal aguero,
Que asi me corta el brio y el aliento?
Aquel tránsfuga que partió primero,
No solo por poeta le tenia,
Pero tambien por bravo churrullero.
Aquel ligero que tras él corria,
En mil corrillos en Madrid le he visto
Tiernamente hablar en la poesia.
Aquel tercero que partió tan listo,
Por satirico, necio, y por pesado
Sé que de todos fue siempre mal quisto.
No puedo imaginar como ha llevado
Mercurio estos poetas en su lista.
Yo fui, respondió Apolo, el engañado;
Que de su ingenio la primera vista
Indicios descubrió que serian buenos
Para facilitar esta conquista.
Señor, repliqué yo, crei que agenos
Eran de las deidades los engaños,
Digo, engañarse en poco mas ni menos.
La prudencia que nace de los años,
Y tiene por maestra la experiencia,
Es la deidad que advierte destos daños.
Apolo respondió: por mi conciencia,
Que no te entiendo, algo turbado y triste
Por ver de aquellos veinte la insolencia.
Tu, SARDO militar LOFRASO, fuiste
Uno de aquellos barbaros corrientes,
Que del contrario el numero creciste.
Mas no por esta mengua los valientes
Del esquadron catolico temieron,
Poetas madrigados y excelentes.
Antes tanto corage concibieron
Contra los fugitivos corredores,
Que riza en ellos y matanza hicieron.
O falsos y malditos trobadores,
Que pasais plaza de poetas sabios,
Siendo la hez de los que son peores.
Entre la lengua, paladar y labios
Anda contino vuestra poesia,
Haciendo á la virtud cien mil agravios.
Poetas de atrevida hipocresia,
Esperad, que de vuestro acabamiento
Ya se ha llegado el temeroso dia.
De las confusas voces el concento
Confuso por el aire resonaba
De espesas nubes condensando en viento.
Por la falda del monte gateaba
Una tropa poetica, aspirando
A la cumbre que bien guardada estaba.
Hacian hincapie de quando en quando,
Y con hondas de estallo y con ballestas
Iban libros enteros disparando.
No del plomo encendido las funestas
Balas, pudieran ser dañosas tanto,
Ni al disparar pudieran ser mas prestas.
Un libro mucho mas duro que un canto
A JUSEPE DE VARGAS dió en las sienes,
Causandole terror, grima y espanto.
Gritó, y dixo á un soneto: tú, que vienes
De satirica pluma disparado,
Porqué el infame curso no detienes?
Y qual perro con piedras irritado,
Que dexa al que las tira, y va tras ellas,
Qual si fueran la causa del pecado,
Entre los dedos de sus manos bellas
Hizo pedazos al soneto altivo,
Que amenazaba al sol y á las estrellas.
Y dixole Cilenio: ó rayo vivo
Donde la justa indignacion se muestra
En un grado y valor superlativo,
La espada toma en la temida diestra,
Y arrojate valiente y temerario
Por esta parte que el peligro adiestra.
En esto del tamaño de un breviario
Volando un libro por el aire vino,
De prosa y verso que arrojó el contrario.
De verso y prosa el puro desatino
Nos dió á entender que de ARBOLANCHES eran
Las Avidas pesadas de contino.
Unas Rimas llegaron, que pudieran
Desbaratar el esquadron christiano,
Si acaso vez segunda se imprimieran.
Dióle á Mercurio en la derecha mano
Una satira antigua licenciosa,
De estilo agudo, pero no mui sano.
De una intricada y mal compuesta prosa,
De un asunto, sin jugo y sin donaire,
Quatro Novelas disparó PEDROSA.
Silvando recio, y desgarrando el aire,
Otro libro llegó de rimas solas
Hechas al parecer como al desgaire.
Viólas Apolo y dixo, quando viólas:
Dios perdone á su autor, y á mí me guarde
De algunas Rimas sueltas españolas.
Llegó EL PASTOR DE IBERIA, aunque algo tarde,
Y derribó catorce de los nuestros,
Haciendo de su ingenio y fuerza alarde.
Pero dos valerosos, dos maestros,
Dos lumbreras de Apolo, dos soldados,
Unicos en hablar, y en obrar diestros:
Del monte puestos en opuestos lados
Tanto apretaron á la turba multa,
Que volvieron atras los encumbrados.
Es GREGORIO DE ANGULO el que sepulta
La canalla, y con él PEDRO DE SOTO,
De prodigioso ingenio, y vena culta.
Doctor aquel, estotro unico y doto
Licenciado, de Apolo ambos sequaces
Con raras obras y animo devoto.
Las dos contrarias indignadas haces
Ya miden las espadas, ya se cierran
Duras en su teson y pertinaces.
Con los dientes se muerden y se aferran
Con las garras, las fieras imitando,
Que toda piedad de sí destierran.
Haldeando venia, y trasudando
El autor de LA PICARA JUSTINA,
Capellan lego del contrario vando.
Y qual si fuera de una culebrina
Disparó de sus manos su librazo,
Que fue de nuestro campo la ruina.
Al buen TOMAS GRACIAN mancó de un brazo,
A MEDINILLA derribó una muela,
Y le llevó de un muslo un gran pedazo.
Una despierta nuestra centinela
Gritó: todos abaxen la cabeza,
Que dispara el contrario otra Novela.
Dos pelearon una larga pieza,
Y el uno al otro con instancia loca
De un embion, con arte y con destreza,
Seis seguidillas le encajó en la boca,
Con que le hizo vomitar el alma
Que salió libre de su estrecha roca.
De la furia el ardor, del sol la calma
Tenia en duda de una, y otra parte
La vencedora y pretendida palma.
Del cuervo en esto el lobrego estandarte
Cede al del cisne, porque vino al suelo
Pasado el corazon de parte á parte.
Su alferez, que era un ANDALUZ mozuelo
Trobador repentista, que subia
Con la soberbia mas allá del cielo,
Helosele la sangre que tenia,
Murióse quando vió que muerto estaba
La turba pertinaz en su porfia.
Puesto que ausente el gran LUPERCIO estaba
Con un solo soneto suyo hizo
Lo que de su grandeza se esperaba.
Descuadernó, desencajó, deshizo
Del opuesto esquadron catorce hileras,
Dos criollos mató, hirió un mestizo.
De sus sabrosas burlas y sus veras
El magno CORDOVES un cartapacio
Disparó, y aterró quatro vanderas.
Daba ya indicios de cansado y lacio
El brio de la barbara canalla,
Peleando mas flojo y mas despacio.
Mas renovóse la fatal batalla
Mezclandose los unos con los otros,
Ni vale arnes, ni presta dura malla,
Cinco melifluos sobre cinco potros
Llegaron, y envistieron por un lado,
Y llevaronse cinco de nosotros.
Cada qual como moro ataviado,
Con mas letras y cifras, que una carta
De Principe enemigo y recatado.
De romances moriscos una sarta,
Qual si fuera de balas enramadas,
Llega con furia y con malicia harta.
Y á no estar dos esquadras avisadas
De las nuestras del recio tiro y presto,
Era fuerza quedar desbaratadas.
Quiso Apolo indignado echar el resto
De su poder y de su fuerza sola,
Y dar al enemigo fin molesto.
Y una sacra cancion, donde acrisola
Su ingenio, gala, estilo y bizarria
BARTOLOME LEONARDO DE ARGENSOLA,
Qual si fuera un petrarte Apolo envia,
Adonde está el teson mas apretado,
Mas dura, y mas furiosa la porfia.
_Quando me paro á contemplar mi estado_
Comienza la cancion, que Apolo pone
En el lugar mas noble y levantado.
Todo lo mira, todo lo dispone
Con ojos de Argos, manda, quita y veda,
Y del contrario á todo ardid se opone.
Tan mezclados están, que no hay quien pueda
Discernir qual es malo, ó qual es bueno,
Qual es GARCILASISTA, ó TIMONEDA.
Pero un mancebo de ignorancia ageno,
Grande escudriñador de toda historia,
Rayo en la pluma, y en la voz un trueno,
Llegó, tan rica el alma de memoria,
De sana voluntad y entendimiento,
Que fue de Febo y de las musas gloria.
Con este acelerose el vencimiento,
Porque supo decir: este merece
Gloria, pero aquel no, sino tormento.
Y como ya con distincion parece
El justo y el injusto combatiente,
El gusto al paso de la pena crece.
Tú PEDRO MANTUANO el excelente,
Fuiste quien distinguió de la confusa
Maquina el que es cobarde del valiente.
JULIAN DE ALMENDARIZ no reusa,
Puesto que llegó tarde, en dar socorro
Al rubio Delio con su ilustre musa.
Por las rucias que peino, que me corro
De ver que las comedias endiabladas
Por divinas se pongan en el corro.
Y á pesar de las limpias y atildadas
Del comico mejor de nuestra Esperia
Quieren ser conocidas y pagadas.
Mas no ganaron mucho en esta feria,
Porque es discreto el vulgo de la corte,
Aunque le toca la comun miseria.
De llano no le deis, dadle de corte,
Estancias Polifemas, al poeta
Que no os tuviere por su guia y norte.
Inimitables sois, y á la discreta
Gala que descubris en lo escondido,
Toda elegancia puede estar sugeta.
Con estas municiones el partido
Nuestro se mejoró de tal manera,
Que el contrario se tuvo por vencido.
Cayó su presuncion soberbia y fiera,
Derrumbanse del monte abaxo quantos
Presumieron subir por la ladera,
La voz prolija de sus roncos cantos
El mal suceso con rigor la vuelve
En interrotos y funestos llantos.
Tal huvo, que cayendo se resuelve
De asirse de una zarza ó cabrahigo,
Y en llanto á lo de Ovidio se disuelve.
Quatro se arracimaron á un quejigo
Como enjambre de abejas desmandada,
Y le estimaron por el lauro amigo.
Otra quadrilla virgen por la espada
Y adultera de lengua, dió la cura
A sus pies de su vida almidonada.
BARTOLOME llamado DE SEGURA
El toque casi fue del vencimiento,
Tal es su ingenio, y tal es su cordura.
Resonó en esto por el vago viento
La voz de la vitoria repetida
Del numero escogido en claro acento.
La miserable, la fatal caida
De las musas del limpio tagarete
Fue largos siglos con dolor plañida.
A la parte del llanto (ay me!) se mete
Zapardiel famoso por su pesca,
Sin que un pequeño instante se quiete.
La voz de la vitoria se refresca,
Vitoria suena aqui, y alli vitoria,
Adquirida por nuestra soldadesca,
Que canta alegre la alcanzada gloria.
VIAGE AL PARNASO.
CAPITULO VIII.
Al caer de la maquina excesiva
Del esquadron poetico arrogante
Que en su no vista muchedumbre estriba:
Un poeta, mancebo y estudiante,
Dixo: caipaciencia, que algun dia
Será la nuestra, mi valor mediante.
De nuevo afilaré la espada mia,
Digo mi pluma, y cortaré de suerte
Que dé nueva excelencia á la porfia.
Que ofrece la comedia, si se advierte,
Largo campo al ingenio, donde pueda
Librar su nombre del olvido y muerte.
Fue desto exemplo JUAN DE TIMONEDA,
Que con solo imprimir se hizo eterno
Las comedias del gran LOPE DE RUEDA.
Cinco vuelcos daré en el propio infierno
Por hacer recitar una que tengo
Nombrada: _El Gran Bastardo de Salerno_.
Guarda Apolo, que baxa guarde rengo
El golpe de la mano mas gallarda
Que ha visto el tiempo en su discurso luengo.
En esto el claro són de una bastarda
Alas pone en los pies de la vencida
Gente del mundo perezosa y tarda.
Con la esperanza del vencer perdida
No hay quien no atienda con ligero paso,
Si no á la honra, á conservar la vida.
Desde las altas cumbres de Parnaso
De un salto uno se puso en Guadarrama,
Nuevo, no visto, y verdadero caso.
Y al mismo paso la parlera fama
Cundió del vencimiento la alta nueva,
Desde el claro Caistro hasta Jarama.
Lloró la gran vitoria el turbio Esgueva,
Pisuerga la rió, rióla Tajo,
Que en vez de arena granos de oro lleva.
Del cansancio, del polvo, y del trabajo
Las rubicundas hebras de Timbreo
Del color se pararon de oro baxo.
Pero viendo cumplido su deseo,
Al son de la guitarra Mercuriesca
Hizo de la gallarda un gran paseo.
Y de Castalia en la corriente fresca
El rostro se lavó, y quedó luciente
Como de acero la segur Turquesca.
Pulióse luego, y adornó su frente
De magestad mezclada con dulzura,
Indicios claros del placer que siente.
Las reynas de la humana hermosura
Salieron de do estaban retiradas,
Mientras duraba la contienda dura:
Del arbol siempre verde coronadas,
Y enmedio la divina Poesia,
Todas de nuevas galas adornadas.
MELPOMENE, TERSICORE, Y TALIA,
POLIMNIA, URANIA, ERATO, EUTERPE, Y CLIO,
Y CALIOPE, hermosa en demasia
Muestran ufanas su destreza y brio,
Tegiendo una entricada y nueva danza
Al dulce son de un instrumento mio.
Mio, no dixe bien, mentí á la usanza
Del que dice propios los agenos
Versos, que son mas dinos de alabanza.
Los anchos prados, y los campos llenos
Están de las esquadras vencedoras,
(Que siempre van á mas, y nunca á menos)
Esperando de ver de sus mejoras
El colmo con los premios merecidos
Por el sudor y aprieto de seis horas.
Piensan ser los llamados escogidos
Todos á premios de grandeza aspiran,
Tienense en mas de lo que son tenidos:
Ni á calidades, ni riquezas miran,
A su ingenio se atiene cada uno,
Y si hay quatro que acierten, mil deliran.
Mas Febo, que no quiere que ninguno
Quede quexoso dél, mandó á la Aurora,
Que vaya, y coja _in tempore oportuno_
De las faldas floriferas de Flora
Quatro tabaques de purpureas rosas,
Y seis de perlas de las que ella llora.
Y de las nueve por estremo hermosas
Las coronas pidió, y al darlas ellas
En nada se mostraron perezosas.
Tres, á mi parecer, de las mas bellas
A Partenope sé que se enviaron,
Y fue Mercurio el que partió con ellas.
Tres sugetos las otras coronaron
Alli en el mesmo monte peregrinos,
Con que su patria y nombre eternizaron.
Tres cupieron á España, y tres divinos
Poetas se adornaron la cabeza,
De tanta gloria justamente dinos.
La envidia, monstruo de naturaleza,
Maldita, y carcomida, ardiendo en saña
A murmurar del sacro dón empieza.
Dixo: será posible que en España
Haya nueve poetas laureados?
Alta es de Apolo, pero simple hazaña.
Los demas de la turba defraudados
Del esperado premio, repetian
Los himnos de la envidia mal cantados.
Todos por laureados se tenian
En su imaginacion antes del trance,
Y al cielo quejas de su agravio envian.
Pero ciertos poetas de romance
Del generoso premio hacer esperan
A despecho de Febo presto alcance.
Otros, aunque latinos, desesperan
De tocar del laurel solo una hoja,
Aunque del caso en la demanda mueran.
Vengase menos el que mas se enoja,
Y alguno se tocó sienes y frente,
Que de estar coronado se le antoja.
Pero todo deseo impertinente
Apolo resfrió, premiando á quantos
Poetas tuvo el esquadron valiente.
De rosas, de jazmines y amarantos
Flora le presentó cinco cestones,
Y la Aurora de perlas otros tantos.
Estos fueron, letor dulce, los dones
Que Delio repartió con larga mano
Entre los poetisimos varones.
Quedando alegre cada qual, y ufano
Con un puño de perlas y una rosa,
Estimando el premio sobrehumano.
Y porque fuese mas marabillosa
La fiesta y regocijo, que se hacia
Por la vitoria insigne y prodigiosa,
La buena, la importante Poesia
Mandó traer la bestia, cuya pata
Abrió la fuente de Castalia fria.
Cubierta de finisima escarlata,
Un lacayo la truxo en un instante,
Tascando un freno de bruñida plata.
Envidiarle pudiera Rocinante
Al gran Pegaso de presencia brava,
Y aun Billadoro el del señor de Anglante.
Con no sé quantas alas adornaba
Manos y pies, indicio manifiesto,
Que en ligereza al viento aventajaba.
Y por mostrar quan agil y quan presto
Era, se alzó del suelo quatro picas,
Con un denuedo y ademan compuesto.
Tú, que me escuchas, si el oido aplicas
Al dulce cuento deste gran Viage,
Cosas nuevas oiras de gusto ricas.
Era del bel troton todo el herrage
De durisima plata diamantina,
Que no recibe del pisar ultrage.
De la color que llaman columbina,
De raso en una funda trae la cola,
Que suelta con el suelo se avecina.
Del color del carmin ó de amapola
Eran sus clines y su cola gruesa,
Ellas solas al mundo, y ella sola.
Tal vez anda despacio, y tal á priesa,
Vuela tal vez, y tal hace corbetas,
Tal quiere relinchar, y luego cesa.
Nueva felicidad de los poetas!
Unos sus escrementos recogian
En dos de cuero grandes barjuletas.
Pregunté, para qué lo tal hacian?
Respondióme Cilenio á lo vellaco
Con no sé que vislumbres de ironia:
Esto que se recoge, es el tabaco,
Que á los vaguidos sirve de cabeza
De algun poeta de celebro flaco.
Urania de tal modo lo adereza,
Que puesto á las narices del doliente,
Cobra salud, y vuelve á su entereza.
Un poco entonces arrugué la frente,
Ascos haciendo del remedio estraño,
Tan de los ordinarios diferente.
Recibes, dixo Apolo, amigo, engaño.
Leyome el pensamiento. Este remedio
De los vaguidos cura, y sana el daño.
No come este rocin lo que en asedio
Duro y penoso comen los soldados,
Que están entre la muerte y hambre en medio.
Son deste tal los piensos regalados,
Ambar y almizcle entre algodones puesto,
Y bebe del rocio de los prados.
Tal vez le damos de almidon un cesto,
Tal de algarrobas con que el vientre llena,
Y no se estriñe, ni se va por esto.
Sea, le respondi, muy norabuena,
Tieso estoy de celebro por ahora,
Vaguido alguno no me causa pena.
La nuestra en esto universal señora,
Digo la poesia verdadera,
Que con Timbreo y con las musas mora,
En vestido subcinto á la ligera
El monte discurrió, y abrazó á todos,
Hermosa sobre modo, y placentera.
O sangre vencedora de los Godos!
Dixo: de aqui adelante ser tratada
Con mas suaves y discretos modos
Espero ser, y siempre respetada
Del ignorante vulgo que no alcanza,
Que puesto que soy pobre, soy honrada.
Las riquezas os dexo en esperanza,
Pero no en posesion, premio seguro
Que al reyno aspira de la inmensa holganza.
Por la belleza deste monte os juro,
Que quisiera al mas minimo entregalle
Un privilegio de cien mil de juro.
Mas no produce minas este valle,
Aguas sí, salutiferas y buenas,
Y monas que de cisnes tienen talle.
Volved á ver, ó amigos, las arenas
Del aurifero Tajo en paz segura,
Y en dulces horas de pesar agenas.
Que esta inaudita hazaña os asegura
Eterno nombre, entanto que dé Febo
Al mundo aliento, y luz serena y pura.
O marabilla nueva, ó caso nuevo,
Digno de admiracion que cause espanto,
Cuya estrañeza me admiró de nuevo!
Morfeo, el dios del sueño por encanto
Alli se apareció; cuya corona
Era de ramos de beleño santo.
Flogisimo de brio y de persona,
De la pereza torpe acompañado,
Que no le dexa á visperas, ni á nona.
Traia al silencio á su derecho lado,
El descuido al siniestro, y el vestido
Era de blanda lana fabricado.
De las aguas que llaman del olvido,
Traia un gran caldero, y de un hisopo
Venia como aposta, prevenido.
Asía á los poetas por el hopo,
Y aunque el caso los rostros les volvia
En color encendida de piropo,
El nos bañaba con el agua fria,
Causandonos un sueño de tal suerte,
Que dormimos un dia y otro dia.
Tal es la fuerza del licor, tan fuerte
Es de las aguas la virtud, que pueden
Competir con los fueros de la muerte.
Hace el ingenio alguna vez que queden
Las verdades sin credito ninguno,
Por ver que á toda contingencia exceden.
Al despertar del sueño asi importuno,
Ni vi monte, ni monta, dios, ni diosa,
Ni de tanto poeta vide alguno.
Por cierto estraña y nunca vista cosa,
Despavilé la vista, y parecióme
Verme en medio de una ciudad famosa.
Admiración y grima el caso dióme,
Torné á mirar, porque el temor ó engaño
No de mi buen discurso el paso tome.
Y dixeme á mi mismo: no me engaño.
Esta ciudad es Napoles la ilustre,
Que yo pisé sus ruas mas de un año:
De Italia gloria, y aun del mundo lustre,
Pues de quantas ciudades él encierra,
Ninguna puede haver que asi le ilustre.
Apacible en la paz, dura en la guerra,
Madre de la abundancia y la nobleza,
De Eliseos campos, y agradable sierra;
Si vaguidos no tengo de cabeza,
Pareceme que está mudada en parte
De sitio, aunque en aumento de belleza.
Qué teatro es aquel donde reparte
Con él quanto contiene de hermosura,
La gala, la grandeza, industria y arte?
Sin duda el sueño en mis palpebras dura,
Porque este es edificio imaginado,
Que excede á toda humana compostura.
Llegose en esto á mí disimulado
Un mi amigo, llamado Promontorio,
Mancebo en dias, pero gran soldado.
Creció la admiracion viendo notorio
Y palpable, que en Napoles estaba,
Espanto á los pasados acesorio.
Mi amigo tiernamente me abrazaba,
Y con tenerme entre sus brazos, dixo:
Que del estar yo alli mucho dudaba.
Llamóme padre, y yo llamele hijo.
Quedó con esto la verdad en punto,
Que aqui puede llamarse punto fijo.
Dixome Promontorio: yo barrunto,
Padre, que algun gran caso á vuestras canas
Las trae tan lejos ya semidifunto.
En mis horas mas frescas y tempranas
Esta tierra habité, hijo, le dixe,
Con fuerzas mas briosas y lozanas.
Pero la voluntad que á todos rige,
Digo el querer del cielo, me ha traido
A parte que me alegra mas que aflige.
Dixera mas, sino que un gran ruido
De pifaros, clarines y tambores
Me azoró el alma, y alegró el oido.
Volví la vista al són, vi los mayores
Aparatos de fiesta que vió Roma
En sus felices tiempos, y mejores.
Dixo mi amigo: Aquel, que ves que asoma
Por aquella montaña contrahecha,
Cuyo brio al de Marte oprime y doma,
Es un alto sugeto, que deshecha
Tiene á la envidia en rabia, porque pisa
De la virtud la senda mas derecha.
De gravedad y condicion tan lisa,
Que suspende y alegra á un mismo instante,
Y con su aviso al mismo aviso avisa.
Mas quiero antes que pases adelante
En ver lo que verás si estas atento,
Darte del caso relacion bastante.
Será DON JUAN DE TASIS de mi cuento
Principio, porque sea memorable,
Y lleguen mis palabras á mi intento.
Este varon en liberal notable,
Que una mediana Villa le hace Conde,
Siendo rey en sus obras admirable.
Este, que sus haberes nunca esconde,
Pues siempre los reparte, ó los derrama,
Ya sepa adonde, ó ya no sepa adonde:
Este, á quien tiene tan en fil la fama,
Puesta la alteza de su nombre claro,
Que liberal y prodigo le llama:
Quiso prodigo aqui, y alli no avaro,
Primer mantenedor ser de un torneo,
Que á fiestas sobrehumanas le comparo.
Responden sus grandezas al deseo
Que tiene de mostrarse alegre, viendo
De España y Francia el regio himeneo.
Y este que escuchas, duro, alegre estruendo,
Es señal que el torneo se comienza,
Que admira por lo rico y estupendo.
Arquímedes el grande se averguenza
De ver que este teatro milagroso
Su ingenio apoque, y á sus trazas venza.
Digo pues que el mancebo generoso,
Que alli deciende de encarnado y plata,
Sobre todo mortal curso brioso,
Es el CONDE DE LEMOS, que dilata
Su fama con sus obras por el mundo,
Y que lleguen al cielo en tierra trata:
Y aunque sale el primero, es el segundo
Mantenedor, y en buena cortesia
Esta ventaja califico y fundo.
El DUQUE DE NOCERA, luz y guia
Del arte militar, es el tercero
Mantenedor de este festivo dia.
El quarto, que pudiera ser primero,
Es DE SANTELMO el fuerte CASTELLANO,
Que al mesmo Marte en el valor prefiero.
El quinto es otro Eneas el Troyano,
Arrociolo, que gana en ser valiente
Al que fue verdadero, por la mano.
El gran concurso y numero de gente
Estorbó que adelante prosiguiese
La comenzada relacion prudente.
Por esto le pedí que me pusiese
Adonde sin ningun impedimento
El gran progreso de las fiestas viese.
Porque luego me vino al pensamiento
De ponerlas en verso numeroso,
Favorecido del Febeo aliento.
Hizolo asi, y yo vi lo que no oso
Pensar, no que decir, que aqui se acorta
La lengua y el ingenio mas curioso.
Que se pase en silencio es lo que importa,
Y que la admiracion supla esta falta
El mesmo grandioso caso exôrta.
Puesto que despues supe que con alta
Magnifica elegancia y milagrosa,
Donde ni sobra punto ni le falta,
El curioso DON JUAN DE OQUINA en prosa
La puso, y dió á la estampa para gloria
De nuestra edad, por esto venturosa.
Ni en fabulosa, ó verdadera historia
Se halla que otras fiestas hayan sido,
Ni puedan ser mas dignas de memoria.
Desde alli, y no sé como, fui traido
Adonde vi al gran DUQUE DE PASTRANA
Mil parabienes dar de bien venido:
Y que la fama en la verdad ufana
Contaba que agradó con su presencia,
Y con su cortesia sobrehumana:
Que fue nuevo Alexandro en la excelencia
Del dar, que satisfizo á todo quanto
Puede mostrar real magnificencia:
Colmó de admiracion, llenó de espanto.
Entré en Madrid en trage de romero,
Que es grangeria el parecer ser santo.
Y desde lexos me quitó el sombrero
El famoso ACEVEDO, y dixo: á Dio,
Voi siate il ben venuto, cabaliero;
So parlar Zenoese, & Tusco anchio.
Y respondi: la vostra signoria
Sia la ben trovata, patron mio.
Topé á LUIS VELEZ, lustre y alegria,
Y discrecion del trato cortesano,
Y abracéle en la calle á medio dia.
El pecho, el alma, el corazon, la mano
Di á PEDRO DE MORALES y un abrazo,
Y alegre recebi á JUSTINIANO.
Al volver de una esquina sentí un brazo
Que el cuello me ceñia, miré cuyo,
Y mas que gusto me causó embarazo:
Por ser uno de aquellos (no rehuyo
Decirlo) que al contrario se pasaron,
Llevados del cobarde intento suyo.
Otros dos al del Layo se llegaron,
Y con la risa falsa del conejo,
Y con muchas zalemas me hablaron.
Yo socarron, yo poeton ya viejo
Volviles á lo tierno las saludes,
Sin mostrar mal talante, ó sobrecejo.
No dudes, ó letor caro, no dudes,
Sino que suele el disimulo á veces
Servir de aumento á las demas virtudes.
Dinoslo tú, David, que aunque pareces
Loco en poder de Aquis, de tu cordura,
Fingiendo el loco, la grandeza ofreces.
Dexélos esperando coyuntura
Y ocasion mas secreta para dalles
Vejamen de su miedo, ó su locura.
Si encontraba poetas por las calles,
Me ponia á pensar, si eran de aquellos
Huidos, y pasaba sin hablalles.
Ponianseme yertos los cabellos
De temor no encontrase algun poeta,
De tantos que no pude conocellos;
Que con puñal buido, ó con secreta
Almarada me hiciese un abugero
Que fuese al corazon por via reta.
Aunque no es este el premio que yo espero
De la fama, que á tantos he adquirido
Con alma grata, y corazon sincero.
Un cierto mancebito cuellierguido,
En profesion poeta, y en el trage
A mil leguas por Godo conocido:
Lleno de presuncion y de corage
Me dixo: bien sé yo, señor Cervantes,
Que puedo ser poeta, aunque soy page.
Cargastes de poetas ignorantes,
Y dexastesme á mí, que ver deseo
Del Parnaso las fuentes elegantes.
Que caducais sin duda alguna creo:
Creo, no digo bien: mejor diria
Que toco esta verdad, y que la veo.
Otro, que al parecer de argenteria,
De nacar, de cristal, de perlas y oro
Sus infinitos versos componia,
Me dixo bravo, qual corrido toro:
No sé yo para que nadie me puso
En lista con tan barbaro decoro.
Asi el discreto Apolo lo dispuso,
A los dos respondí, y en este hecho
De ignorancia ó malicia no me acuso.
Fuime con esto, y lleno de despecho
Busqué mi antigua y lobrega posada,
Y arrogéme molido sobre el lecho:
Que cansa quando es larga una jornada.
ADJUNTA _AL PARNASO._
Algunos dias estuve reparandome de tan largo viage, al cabo de los
quales salí á ver y á ser visto, y á recebir parabienes de mis amigos,
y malas vistas de mis enemigos, que puesto que pienso que no tengo
ninguno, todavia no me aseguro de la comun suerte. Sucedió pues que
saliendo una mañana del monesterio de Atocha, se llegó á mí un mancebo
al parecer de veinte y quatro años, poco mas ó menos, todo limpio,
todo aseado y todo crugiendo gorgoranes, pero con un cuello tan grande
y tan almidonado, que creí que para llevarle fueran menester los
hombros de otro Adlante. Hijos deste cuello eran dos puños chatos, que
comenzando de las muñecas, subian y trepaban por las canillas del
brazo arriba, que parecia que iban á dar asalto á las barbas. No he
visto yo yedra tan codiciosa de subir desde el pie de la muralla donde
se arrima, hasta las almenas, como el ahinco que llevaban estos puños
á ir á darse de puñadas con los codos. Finalmente la exôrbitancia del
cuello y puños era tal, que en el cuello se escondia y sepultaba el
rostro, y en los puños los brazos. Digo pues que el tal mancebo se
llegó á mí, y con voz grave y reposada me dixo: es por ventura vm. el
señor Miguel de Cervantes Saavedra, el que ha pocos dias que vino del
Parnaso? A esta pregunta creo sin duda, que perdí la color del rostro,
porque en un instante imaginé y dixe entre mí: si es este alguno de
los poetas que puse, ó dexé de poner en mi Viage, y viene ahora á
darme el pago que él se imagina se me debe? Pero sacando fuerzas de
flaqueza, le respondí: yo, señor, soy el mesmo que vm. dice: qué es lo
que se me manda? El luego en oyendo esto, abrió los brazos, y me los
echó al cuello, y sin duda me besára en la frente, si la grandeza del
cuello no lo impidiera, y dixome: vm. señor Cervantes, me tenga por su
servidor y por su amigo, porque ha muchos dias que le soy muy
aficionado asi por sus obras, como por la fama de su apacible
condicion. Oyendo lo qual respiré, y los espiritus que andaban al
borotados se sosegaron: y abrazandole yo tambien con recato de no
ajarle el cuello, le dixe: yo no conozco á vm. sino es para servirle;
pero por las muestras bien se me trasluce que vm. es muy discreto y
muy principal: calidades que obligan á tener en veneracion á la
persona que las tiene. Con estas pasamos otras corteses razones, y
anduvieron por alto los ofrecimientos, y de lance en lance me dixo:
vm. sabrá, señor Cervantes, que yo por la gracia de Apolo soy poeta, ó
á lo menos deseo serlo, y mi nombre es Pancracio de Roncesvalles.
_Miguel_. Nunca tal creyera, si vm. no me lo hubiera dicho por su
mesma boca. _Pancracio_. Pues porqué no lo creyera vm? _Mig_. Porque
los poetas por marabilla andan tan atildados como vm. y es la causa,
que como son de ingenio tan altaneros y remontados, antes atienden á
las cosas del espiritu, que á las del cuerpo. Yo, señor, dixo él, soy
mozo, soy rico, y soy enamorado: partes que deshacen en mí la flogedad
que infunde la poesia: por la mocedad tengo brio; con la riqueza con
que mostrarle: y con el amor con que no parecer descuidado. Las tres
partes del camino, le dixe yo, se tiene vm. andadas para llegar á ser
buen poeta. _Pan_. Quales son? _Mig_. La de la riqueza y la del amor.
Porque los partos de los ingenios de la persona rica y enamorada son
asombros de la avaricia, y estimulos de la liberalidad, y en el poeta
pobre la mitad de sus divinos partos y pensamientos se los llevan los
cuidados de buscar el ordinario sustento. Pero digame vm. por su vida:
de qué suerte de menestra poetica gasta ó gusta mas? A lo que
respondió: no entiendo eso de menestra poetica. _Mig_. Quiero decir
que á qué genero de poesia es vm. mas inclinado? al lirico, al
heroico, ó al comico? A todos estilos me amaño, respondió él; pero en
el que mas me ocupo, es en el comico. _Mig_. Desa manera habrá vm.
compuesto algunas comedias. _Pan_. Muchas, pero solo una se ha
representado. _Mig_. Pareció bien? _Pan_. Al vulgo no. _Mig_. Y á los
discretos? _Pan_. Tampoco. _Mig_. La causa? _Pan_. La causa fue, que
la achacaron que era larga en los razonamientos, no muy pura en los
versos, y desmayada en la invencion. Tachas son estas, respondí yo,
que pudieran hacer parecer mal á las del mesmo Plauto. Y mas, dixo él,
que no pudieron juzgalla, porque no la dexaron acabar segun la
gritaron. Con todo esto la echó el autor para otro dia: pero porfiar,
que porfiar: cinco personas vinieron apenas. Creame vm. dixe yo, que
las comedias tienen dias, como algunas mugeres hermosas: y que esto de
acertarlas bien, va tanto en la ventura, como en el ingenio: comedia
he visto yo apedreada en Madrid, que la han laureado en Toledo: y no
por esta primer desgracia dexe vm. de proseguir en componerlas, que
podrá ser que quando menos lo piense, acierte con alguna que le dé
credito y dineros. De los dineros no hago caso, respondió él; mas
preciaria la fama, que quanto hay: porque es cosa de grandisimo gusto,
y de no menos importancia ver salir mucha gente de la comedia, todos
contentos, y estar el poeta que la compuso á la puerta del teatro,
recibiendo parabienes de todos. Sus descuentos tienen esas alegrias,
le dixe yo, que tal vez suele ser la comedia tan pesima, que no hay
quien alce los ojos á mirar al poeta, ni aun él pára quatro calles del
coliseo, ni aun los alzan los que la recitaron, avergonzados y
corridos de haverse engañado y escogidola por buena. Y vm. señor
Cervantes, dixo él, ha sido aficionado á la caratula? ha compuesto
alguna comedia? Sí, dixe yo: muchas, y á no ser mias, me parecieran
dignas de alabanza, como lo fueron: _Los Tratos de Argel: La Numancia:
La gran Turquesca: La Batalla Naval: La Gerusalen: La Amaranta ó La
del Mayo: El Bosque amoroso: La Unica y la vizarra Arsinda_, y otras
muchas de que no me acuerdo; mas la que yo mas estimo, y de la que mas
me precio, fue y es, de una llamada _La Confusa_, la qual, con paz sea
dicho de quantas comedias de capa y espada hasta hoy se han
representado, bien puede tener lugar señalado por buena entre las
mejores. _Pan_. Y agora tiene vm. algunas? _Mig_. Seis tengo con otros
seis entremeses. _Pan_. Pues porqué no se representan? _Mig_. Porque
ni los autores me buscan, ni yo les voy á buscar á ellos. _Pan_. No
deben de saber que vm. las tiene. _Mig_. Sí saben, pero como tienen
sus poetas paniaguados, y les va bien con ellos, no buscan pan de
trastrigo; pero yo pienso darlas á la estampa, para que se vea de
espacio lo que pasa apriesa, y se disimula, ó no se entiende quando
las representan; y las comedias tienen sus sazones y tiempos coma los
cantares. Aqui llegabamos con nuestra platica, quando Pancracio puso
la mano en el seno, y sacó dél una carta con su cubierta, y besandola,
me la puso en la mano: leí el sobrescrito y vi que decia desta manera.
A Miguel de Cervantes Saavedra, en la calle de las Huertas, frontero
de las casas donde solia vivir el Principe de Marruecos, en Madrid. Al
porte: medio real, digo diez y siete maravedís.
Escandalizome el porte, y de la declaracion del medio real, digo diez
y siete. Y volviendosela le dixe: estando yo en Valladolid llevaron
una carta á mi casa para mí, con un real de porte: recibióla y pagó el
porte una sobrina mia, que nunca ella le pagára; pero dióme por
disculpa, que muchas veces me havia oido decir que en tres cosas era
bien gastado el dinero: en dar limosna, en pagar al buen medico, y en
el porte de las cartas ora sean de amigos, ó de enemigos, que las de
los amigos avisan, y de las de los enemigos se puede tomar algun
indicio de sus pensamientos. Dieronmela, y venia en ella un soneto
malo, desmayado, sin garbo, ni agudeza alguna, diciendo mal del Don
Quixote, y de lo que me pesó, fue del real, y propuse desde entonces
de no tomar carta con porte: asi que, si vm. le quiere llevar desta,
bien se la puede volver, que yo sé que no me puede importar tanto como
el medio real que se me pide. Riose muy de gana el señor Roncesvalles,
y dixome: aunque soy poeta, no soy tan misero que me aficionen diez y
siete maravedis. Advierta vm. señor Cervantes, que esta carta por lo
menos es del mesmo Apolo: él la escribió no ha veinte dias en el
Parnaso, y me la dió para que á vm. la diese. vm. la lea, que yo sé
que le ha de dar gusto. Haré lo que vm. me manda, respondí yo: pero
quiero que antes de leerla, vm. me le haga de decirme, como, quando, y
á qué fue al Parnaso? Y él respondió: como fui, fue por mar, y en una
fragata que yo y otros diez poetas fletamos en Bercelona: quando fui,
fue seis dias despues de la batalla que se dió entre los buenos y los
malos poetas: a que fui, fue á hallarme en ella por obligarme á ello
la profesion mia. A buen seguro, dixe yo, que fueron vms. bien
recebidos del señor Apolo. _Pan_. Sí fuimos, aunque le hallamos muy
ocupado á él, y á las señoras Pierides, arando y sembrando de sal todo
aquel termino del campo donde se dió la batalla. Preguntéle para qué
se hacia aquello, y respondióme, que asi como de los dientes de la
serpiente de Cadmo havian nacido hombres armados, y de cada cabeza
cortada de la Hidra que mató Hercules, habian renacido otras siete, y
de las gotas de la sangre de la cabeza de Medusa se havia llenado de
serpientes toda la Libia; de la mesma manera de la sangre podrida de
los malos poetas que en aquel sitio havian sido muertos, comenzaban á
nacer del tamaño de ratones otros poetillas rateros, que llevaban
camino de henchir toda la tierra de aquella mala simiente, y que por
esto se araba aquel lugar, y se sembraba de sal, como si fuera casa de
traidores. En oyendo esto, abri luego la carta, y vi que decia.
APOLO DELFICO
A MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA.
SALUD.
El señor Pancracio de Roncesvalles, llevador desta, dirá á vm. señor
Miguel de Cervantes, en qué me halló ocupado el dia que llegó á verme
con sus amigos. Y yo digo, que estoy muy quejoso de la descortesia que
conmigo se usó en partirse vm. deste monte sin despedirse de mí, ni de
mis hijas, sabiendo quanto le soy aficionado, y las musas por el
consiguiente; pero si se me dá por disculpa que le llevó el deseo de
ver á su Mecenas el gran conde de Lemos en las fiestas famosas de
Napoles, yo la acepto y le perdono.
Despues que vm. partió deste lugar, me han sucedido muchas desgracias,
y me he visto en grandes aprietos, especialmente por consumir y acabar
los poetas que iban naciendo de la sangre de los malos que aqui
murieron, aunque ya, gracias al cielo y á mi industria, este daño está
remediado.
No sé si del ruido de la batalla, ó del vapor que arrojó de sí la
tierra, empapada en la sangre de los contrarios, me han dado unos
vaguidos de cabeza, que verdaderamente me tienen como tonto, y no
acierto á escribir cosa que sea de gusto, ni de provecho: asi, si vm.
viere por allá que algunos poetas, aunque sean de los mas famosos,
escriben y componen impertinencias y cosas de poco fruto, no los
culpe, ni los tenga en menos, sino que disimule con ellos; que pues yo
que soy el padre y el inventor de la poesia, deliro y parezco
mentecato, no es mucho que lo parezcan ellos.
Envio á vm. unos privilegios, ordenanzas y advertimientos, tocantes á
los poetas: vm. los haga guardar y cumplir al pie de la letra, que
para todo ello doy á vm. mi poder cumplido quanto de derecho se
requiere.
Entre los poetas que aqui vinieron con el señor Pancracio de
Roncesvalles, se quejaron algunos de que no iban en la lista de los
que Mercurio llevó á España, y que asi vm. no los havia puesto en su
Viage. Yo les dixe, que la culpa era mia y no de Vm. pero que el
remedio deste daño estaba en que procurasen ellos ser famosos por sus
obras, que ellas por sí mismas les darian fama y claro renombre, sin
andar mendigando agenas alabanzas.
De mano en mano, si se ofreciere ocasion de mensagero, ire enviando
mas privilegios, y avisando de lo que en este monte pasare. Vm. haga
lo mesmo, avisandome de su salud, y de la de todos los amigos.
Al famoso Vicente Espinel dará vm. mis encomiendas, como á uno de los
mas antiguos y verdaderos amigos que yo tengo.
Si D. Francisco de Quevedo no huviere partido para venir á Sicilia,
donde le esperan, toquele vm. la mano, y digale que no dexe de llegar
á verme, pues estaremos tan cerca; que quando aqui vino, por la subita
partida no tuve lugar de hablarle.
Si vm. encontrare por allá algun transfuga de los veinte que se
pasaron al vando contrario, no les diga nada, ni los aflija, que harta
mala ventura tienen, pues son como demonios, que se llevan la pena y
la confusion con ellos mesmos, do quiera que vayan.
Vm. tenga cuenta con su salud, y mire por sí, y guardese de mí,
especialmente en los caniculares, que aunque le soy amigo, en tales
dias no va en mi mano, ni miro en obligaciones, ni en amistades.
Al señor Pancracio de Roncesvalles tengale vm. por amigo, y
comuniquelo; y pues es rico no se le dé nada que sea mal poeta. Y con
esto nuestro señor guarde á vm. como puede y yo deseo. Del Parnaso á
22. de Julio, el dia que me calzo las espuelas para subirme sobre la
Canicula, 1614.
Servidor de Vm.
_Apolo Lucido_
En acabando la Carta, vi que en un papel aparte venia escrito.
_PRIVILEGIOS, ORDENANZAS, y advertencias, que Apolo envia á los poetas
Españoles_.
Es el primero, que algunos poetas sean conocidos tanto por el desaliño
de sus personas, como por la fama de sus versos.
Item, que si algun poeta dixere que es pobre, sea luego creido por su
simple palabra, sin otro juramento ò averiguacion alguna.
Ordenase, que todo poeta sea de blanda y de suave condicion, y que no
mire en puntos, aunque los traiga sueltos en sus medias.
Item, que si algun poeta llegáre á casa de algun su amigo ò conocido,
y estuviere comiendo y le convidare, que aunque él jure que ya ha
comido, no se le crea en ninguna manera, sino que le hagan comer por
fuerza, que en tal caso no se le hara muy grande.
Item, que el mas pobre poeta del mundo, como no sea de los Adanes y
Matusalenes, pueda decir que es enamorado, aunque no lo esté, y poner
el nombre á su dama como mas le viniere á cuento, ora llamandola
Amarili, ora Anarda, ora Clori, ora Filis, ora Filida, ò ya Juana
Tellez, ò como mas gustare, sin que desto se le pueda pedir ni pida
razon alguna.
Item, se ordena que todo poeta de qualquier calidad y condicion que
sea, sea tenido y le tengan por hijodalgo en razon del generoso
exercicio en que se ocupa, como son tenidos por cristianos viejos los
niños que llaman de la piedra.
Item, se advierte que ningun poeta sea osado de escribir versos en
alabanzas de principes y señores, por ser mi intencion y advertida
voluntad, que la lisonja ni la adulacion no atraviesen los umbrales de
mi casa.
Item, que todo poeta comico, que felizmente huviere sacado á luz tres
comedias, pueda entrar sin pagar en los teatros, si ya no fuere la
limosna de la segunda puerta, y aun esta, si pudiese ser, la escuse.
Item, se advierte que si algun poeta quisiere dar á la estampa algun
libro que él huviere compuesto, no se dé á entender que por dirigirle
á algun Monarca, el tal libro ha de ser estimado, porque si él no es
bueno, no le adobará la direccion, aunque sea hecha al prior de
Guadalupe.
Item, se advierte que todo poeta no se desprecie de decir que lo es,
que si fuere bueno, será digno de alabanza, y si malo, no faltará
quien lo alabe, que quando nace la escoba &c.
Item, que todo buen poeta pueda disponer de mí, y de lo que hay en el
cielo á su beneplacito: conviene á saber, que los rayos de mi
cabellera los pueda trasladar y aplicar á los cabellos de su dama, y
hacer dos soles sus ojos, que conmigo serán tres, y asi andará el
mundo mas alumbrado; y de las estrellas, signos y planetas puede
servirse de modo, que quando menos lo piense, la tenga hecha una
esfera celeste.
Item, que todo poeta á quien sus versos le huvieren dado á entender
que lo es, se estime y tenga en mucho, ateniendose á aquel refran:
ruin sea el que por ruin se tiene.
Item, se ordena que ningun poeta grave haga corrillo en lugares
públicos, recitando sus versos, que los que son buenos en las aulas de
Atenas se havian de recitar, que no en las plazas.
Item, se da por aviso particular que si alguna madre tuviere hijos
pequeñuelos, traviesos y llorones, los pueda amenazar y espantar con
el coco, diciendoles: guardaos, niños, que viene el poeta fulano, que
os echará con sus malos versos en la sima de Cabra, ò en el pozo
Airon.
Item, que los dias de ayuno no se entienda que los ha quebrantado el
poeta que aquella mañana se ha comido las uñas al hacer de sus versos.
Item, se ordena que todo poeta que diere en ser espadachin, valenton y
arrojado, por aquella parte de la valentia se le desague y vaya la
fama que podia alcanzar por sus buenos versos.
Item, se advierte que no ha de ser tenido por ladron el poeta que
hurtare algun verso ageno, y le encajare entre los suyos, como no sea
todo el concepto y toda la copla entera, que en tal caso tan ladron es
como Caco.
Item, que todo buen poeta, aunque no haya compuesto poema heroico, ni
sacado al teatro del mundo obras grandes, con qualesquiera aunque sean
pocas pueda alcanzar renombre de Divino, como le alcanzaron Garci Laso
de la Vega, Francisco de Figueroa, el capitan Francisco de Aldana, y
Hernando de Herrera.
Item, se da aviso que si algun poeta fuere favorecido de algun
principe, ni le visite á menudo, ni le pida nada, sino dexese llevar
de la corriente de su ventura, que el que tiene providencia de
sustentar las sabandijas de la tierra y los gusarapos del agua, la
tendrá de alimentar á un poeta por sabandija que sea.
En suma, estos fueron los privilegios, advertencias y ordenanzas que
Apolo me envió, y el señor Pancracio de Roncesvalles me truxo, con
quien quede en mucha amistad, y los dos quedamos de concierto de
despachar un propio con la respuesta al señor Apolo, con las nuevas
desta Corte. Darase noticia del dia para que todos sus aficionados le
escriban.
_LA NUMANCIA._
TRAGEDIA
DE MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA.
INTERLOCUTORES.
CIPION.
JUGURTA.
GAYO MARIO.
DOS EMBAXADORES DE NUMANCIA.
SOLDADOS ROMANOS.
QUINTO FABIO.
MAXIMO: _hermano de Cipion_.
[Illustration:_Mar de la Cruz la invidib. J.J. Fabregat la grave._]
JORNADA I.
SCENA I.
_Salen_ CIPION _y_ JUGURTA.
CIPION.
Esta dificil y pesada carga
Que el senado Romano me ha encargado,
Tanto me aprieta, me fatiga y carga,
Que ya sale de quicio mi cuidado:
Guerra de curso tan estraño y larga,
Y que tantos Romanos ha costado,
Quién no estará suspenso al acabarla,
O quién no temerá de renovarla?
JUGURTA.
Quién, Cipion? quien tiene la ventura
Y el valor nunca visto, que en tí encierras,
Pues con ello y con él está segura
La victoria y el triunfo destas guerras.
CIPION.
El esfuerzo regido con cordura
Allana al suelo las mas altas sierras,
Y la fuerza feroz de loca mano
Aspero vuelve lo que está mas llano:
Mas no hay que reprimir á lo que veo.
La furia del exercito presente,
Que olvidado de gloria y de trofeo
Yace embebido en la lascivia ardiente:
Esto solo pretendo, esto deseo
Volver á nuevo trato á nuestra gente,
Que enmendado primero el que es amigo,
Sujetaré mas presto al enemigo.
Mario?
_Sale_ GAYO MARIO.
GAYO MARIO.
Señor?
CIPION.
Haz que á noticia venga
De todo nuestro exercito en un punto,
Que sin que estorbo alguno le detenga
Parezca en este sitio todo junto,
Porque una breve platica ó arenga
Les quiero hacer.
GAYO MARIO.
Harelo en este punto.
CIPION.
Camina, porque es bien que sepan todos
Mis nuevas trazas y sus viejos modos.
_Vase_ GAYO MARIO.
JUGURTA.
Séte decir, señor, que no hay soldado
Que no te tema juntamente y te ame;
Y porque ese valor tuyo estremado
De Antartico á Calisto se derrame,
Cada qual con feroz animo osado,
Quando la trompa á la ocasión le llame,
Piensa de hacer en tu servicio cosas
Que pasen las hazañas fabulosas.
CIPION.
Primero es menester que se refrene
El vicio que entre todos se derrama,
Que si este no se quita, en nada tiene
Con ellos que hacer la buena fama:
Si este daño común no se previene,
Y se dexa arraigar su ardiente llama,
El vicio solo puede hacernos guerra
Mas que los enemigos desta tierra.
_Dentro se echa este vando, haviendo primero tocado á recoger el
atambor_.
Manda nuestro General
Que se recojan armados
Luego todos los soldados
En la plaza principal,
Y que ninguno no quede
De parecer á esta vista,
So pena que de la lista
Al punto borrado quede.
JUGURTA.
No dudo yo, señor, sino que importa
Regir con duro freno la milicia,
Y que se dé al soldado rienda corta
Quando él se precipita en la injusticia:
La fuerza del exercito se acorta
Quando va sin arrimo de justicia,
Aunque mas le acompañen á montones
Mil pintadas vanderas y esquadrones.
_A este punto han de entrar los mas soldados que pudieren, y_ GAYO
MARIO, _armados á la antigua, sin arcabuces, y_ CIPION _se sube sobre
una peñuela que está en el tablado, y mirando á los soldados, dice:_
CIPION.
En el fiero ademan, en los lozanos
Marciales aderezos y vistosos
Bien os conozco, amigos, por Romanos;
Romanos digo, fuertes y animosos;
Mas en las blancas delicadas manos
Y en las teces de rostros tan lustrosos
Allá en Bretaña pareceis criados,
Y de padres Flamencos engendrados.
El general descuido vuestro, amigos,
El no mirar por lo que tanto os toca,
Levanta los caidos enemigos,
Y vuestro esfuezo y opinion apoca.
Desta ciudad los muros son testigos
Que aun hoy están qual bien fundada roca,
De vuestras perezosas fuerzas vanas,
Que solo el nombre tienen de Romanas.
Pareceos, hijos, que es gentil hazaña
Que tiemble del Romano nombre el mundo,
Y que vosotros solos en España
Le aniquileis y echeis en el profundo?
Qué floxedad es esta tan estraña?
Qué floxedad? si mal yo no me fundo,
Es floxedad nacida de pereza,
Enemiga mortal de fortaleza.
La blanda Venus con el duro Marte
Jamas hacen durable ayuntamiento:
Ella regalos sigue, él sigue el arte
Que incita á daños, y á furor sangriento:
La Cipria diosa estese agora á parte,
Dexe su hijo nuestro aloxamiento:
Que mal se aloxa en las marciales tiendas
Quien gusta de banquetes y meriendas.
Pensais que solo atierra la muralla
El ariete de ferrada punta,
Y que solo atropella la batalla
La multitud de gente y armas junta?
Si el esfuerzo y cordura no se halla
Que todo lo previene y lo barrunta,
Poco aprovechan muchos esquadrones,
Y menos infinitas municiones.
Si á militar concierto se reduce
Qualquier pequeño exercito que sea,
Vereis que como sol claro reluce,
Y alcanza las victorias que desea:
Pero si á floxedad él se conduce,
Aunque abreviado el mundo en él se vea,
En un momento quedará deshecho
Por mas reglada mano y fuerte pecho.
Averguenceos, varones esforzados,
Ver que á nuestro pesar con arrogancia
Tan pocos Españoles y encerrados
Defiendan este nido de Numancia.
Diez y seis años son y mas pasados,
Que mantienen la guerra y la jactancia
De haver vencido con feroces manos
Millares de millares de Romanos.
Vosotros os venceis, que estais vencidos
Del baxo antojo femenil liviano,
Con Venus y con Baco entretenidos,
Sin que á las armas estendais la mano.
Correos agora, sino estais corridos,
De ver que este pequeño pueblo Hispano
Contra el poder Romano se defienda,
Y quando mas rendido, mas ofenda.
De nuestro campo quiero en todo caso
Que salgan las infames meretrices,
Que de ser reducidos á este paso
Ellas solas han sido las raices.
Para beber no quede mas de un vaso,
Y los lechos un tiempo ya felices,
Llenos de concubinas, se deshagan,
Y de fagina y en el suelo se hagan.
No me huela el soldado á otros olores,
Que al olor de la pez y de resina,
Ni por gulosidad de los sabores
Traiga aparato alguno de cocina,
Que el que busca en la guerra estos primores,
Muy mal podrá sufrir la corazina:
No quiero otro primor ni otra fragrancia
En tanto que Español viva en Numancia.
No os parezca, varones, escabroso
Ni duro este mi justo mandamiento,
Que al fin conocereis ser provechoso,
Quando aquel consigais de vuestro intento.
Bien sé se os ha de hacer dificultoso
Dar á vuestras costumbres nuevo asiento;
Mas sino las mudais, estará firme
La guerra, que esta afrenta mas confirme.
En blandas camas, entre juego y vino
Hallase mal el trabajoso Marte;
Otro aparejo busca, otro camino,
Otros brazos levantan su estandarte;
Cada qual se fabrica su destino;
No tiene aqui fortuna alguna parte;
La pereza fortuna baxa cria,
La diligencia imperio y monarquia.
Estoy con todo esto tan seguro
De que al fin mostrareis que sois Romanos,
Que tengo en nada el defendido muro
Destos rebeldes barbaros Hispanos,
Y asi os prometo por mi diestra y juro
Que si igualais al animo las manos,
Que las mias se alarguen en pagaros,
Y mi lengua tambien en alabaros.
_Miranse los soldados unos à otros, y hacen señas à uno de ellos_,
GAYO MARIO, _que responda por todos, y asi dice:_
GAYO MARIO.
Si con atentos ojos has mirado,
Inclito General, en los semblantes
Que á tus breves razones han mostrado
Los que tienes agora circunstantes,
Qual havreis visto sin color, turbado,
Y qual con ella, indicios bien bastantes
De que el temor y la verguenza á una
Los aflixe, molesta, é importuna:
Verguenza de mirarse reducidos
A terminos tan baxos por su culpa,
Que viendo ser por tí reprehendidos
No saben á su falta hallar disculpa:
Temor de tantos yerros cometidos;
Y la torpe pereza que los culpa,
Los tiene de tal modo, que se holgaran
Antes morir que en esto se hallaran.
Pero el lugar y tiempo que les queda
Para mostrar alguna recompensa,
Es causa que con menos fuerza pueda
Fatigar el rigor de tal ofensa:
De hoy mas con presta voluntad y leda
El mas minimo de estos cuida y piensa
De ofrecer sin reves á tu servicio
La hacienda, vida y honra en sacrificio.
Admite pues de sus intentos sanos
El justo ofrecimiento, señor mio,
Y considera alfin que son Romanos,
En quien nunca faltó del todo el brio.
Vosotros, levantad las diestras manos
En señas que aprobais el voto mio.
SOLDADOS.
Todo lo que aqui has dicho confirmamos,
Y lo juramos.
TODOS.
Sí juramos.
CIPION.
Pues arrimada á tal ofrecimiento
Crecerá desde hoy mas mi confianza,
Creciendo en vuestros pechos ardimiento,
Y del viejo vivir nueva mudanza;
Vuestras promesas no se lleve el viento,
Hacedlas verdaderas con la lanza,
Que las mias saldran tan verdaderas
Quanto fuere el valor de vuestras veras.
SOLDADO.
Dos Numantinos con seguro vienen
A darte, Cipion, una embaxada.
CIPION.
Porqué no llegan ya? en qué se detienen?
SOLDADO.
Esperan que licencia les sea dada.
CIPION.
Si son embaxadores, ya la tienen.
SOLDADO.
Embaxadores son.
CIPION.
Dales entrada,
Que aunque descubra cierto ó falso pecho
El enemigo, siempre es de provecho.
Jamas la falsedad vino cubierta
Tanto con la verdad, que no mostrase
Algun pequeño indicio, alguna puerta
Por donde su maldad se investigase:
Oir al enemigo es cosa cierta
Que siempre aprovechó, antes que dañase,
Y en las cosas de guerra la experiencia
Muestra que lo que digo, es cierta ciencia.
_Entran dos Embaxadores Numantinos_, PRIMERO _y_ SEGUNDO.
PRIMERO.
Si nos das, buen señor, grata licencia
De decir la embaxada que traemos,
Do estamos, ó ante sola tu presencia,
Todo á lo que venimos te diremos.
CIPION.
Decid, que á donde quiera doy audiencia.
PRIMERO.
Pues con ese seguro que tenemos,
De tu real grandeza concedido,
Dare principio á lo que soy venido.
Numancia, de quien yo soy ciudadano,
Inclito General, á tí me envia
Como al mas fuerte Cipion Romano,
Que ha cubierto la noche, ó visto el dia,
A pedirte, señor, la amiga mano
En señal de que cesa la porfia
Tan trabada y cruel de tantos años,
Que ha causado sus propios y tus daños.
Dice que nunca de la ley y fueros
Del Romano senado se apartára,
Si el insufrible mando y desafueros
De un consul y otro no la fatigára:
Ellos con duros estatutos fieros
Y con su estrecha condicion avara
Pusieron tan gran yugo á nuestros cuellos,
Que forzados salimos dél y de ellos,
Y en todo el largo tiempo que ha durado
Entre ambas partes la contienda, es cierto
Que ningun General hemos hallado
Con quien poder tratar de algun concierto.
Empero agora, que ha querido el hado
Reducir nuestra nave á tan buen puerto,
Las velas de la guerra recojemos,
Y á qualquiera partido nos ponemos.
Y no imagines que temor nos lleva
A pedirte las paces con instancia,
Pues la larga experiencia ha dado prueba
Del poder valeroso de Numancia:
Tu virtud y valor es quien nos ceba,
Y nos declara que será ganancia
Mayor de quantas desear podremos
Si por señor y amigo te tenemos.
A esto ha sido la venida nuestra:
Respondenos, señor, lo que te place.
CIPION.
Tarde de arrepentidos dais la muestra,
Poco vuestra amistad me satisface,
De nuevo ejercitad la fuerte diestra,
Que quiero ver lo que la mia hace,
Ya que ha puesto en ella la ventura
La gloria mia, y vuestra desventura:
A desverguenza de tan largos años
Es poca recompensa pedir paces:
Seguid la guerra, renovad los daños,
Salgan de nuevo las valientes haces.
EMBAXADOR SEGUNDO.
La falsa confianza mil engaños
Consigo trae: advierte lo que haces,
Señor, que esa arrogancia que nos muestras,
Renovará el valor en nuestras diestras;
Y pues niegas la paz, que con buen zelo
Te ha sido por nosotros demandada,
De hoy mas la causa nuestra con el cielo
Quedará por mejor calificada,
Y antes que pises de Numancia el suelo,
Probarás do se estiende la indignada
Furia de aquel que siendote enemigo,
Quiere serte vasallo y fiel amigo.
CIPION.
Teneis mas que decir?
PRIMERO.
No: mas tenemos
Que hacer, pues tu, señor, ansi lo quieres,
Sin querer la amistad que te ofrecemos,
Correspondiendo mal á ser quien eres.
Pero entonces verás lo que podemos,
Quando nos muestres tu lo que pudieres:
Que es una cosa razonar de paces,
Y otra romper por las armadas haces.
CIPION.
Verdad dices, y ansi para mostraros
Si sé tratar en paz, y obrar en guerra,
No quiero por amigos aceptaros,
Ni lo seré jamas de vuestra tierra,
Y con esto podeis luego tornaros.
SEGUNDO.
Que en esto tu querer, señor, se encierra?
CIPION.
Ya he dicho que sí.
SEGUNDO.
Pues sús al hecho:
Que guerras ama el Numantino pecho.
_Salense los Embaxadores y_ QUINTO FABIO, _hermano de_ CIPION _dice_.
El descuido pasado nuestro ha sido
El que os hace hablar de aquesa suerte;
Mas ya ha llegado el tiempo, ya es venido,
Do vereis nuestra gloria y vuestra muerte:
CIPION.
El vano blasonar no es admitido
De pecho valeroso, honrado y fuerte,
Templa las amenazas, Fabio, y calla,
Y tu valor descubre en la batalla,
Aunque yo pienso hacer que el Numantino
Nunca á las manos con nosotros venga
Buscando de vencerle tal camino,
Que mas á mi provecho le convenga:
Yo haré que abaxe el brio y pierda el tino,
Y que en sí mesmo su furor detenga.
Pienso de un hondo foso rodeallos,
Y por hambre insufrible subjetallos:
No quiero ya que sangre de Romanos
Colore mas el suelo desta tierra:
Basta la que han vertido estos Hispanos
En tan larga, reñida, y cruda guerra:
Exercitense agora vuestras manos
En romper y cabar la dura tierra,
Y cubranse de polvo los amigos
Que no lo estan de sangre de enemigos:
No quede de este oficio reservado
Ninguno que le tenga preminente:
Trabaje el decurion como el soldado,
Y no se muestre en esto diferente:
Yo mismo tomare el hierro pesado,
Y romperé la tierra facilmente.
Haced todos qual yo, y vereis que hago
Tal obra con que á todos satisfago.
QUINTO FABIO.
Valeroso señor y hermano mio,
Bien nos muestras en esto tu cordura,
Pues fuera conocido desvario
Y temeraria muestra de locura,
Pelear contra el loco airado brio
Destos desesperados sin ventura:
Mejor será encerrallos, como dices,
Y quitarles al brio las raices.
Bien puede la ciudad toda cercarse,
Sino es la parte por do el rio la baña.
CIPION.
Vamos, y venga luego á efectuarse
Esta mi nueva poco usada hazaña,
Y si en nuestro favor quiere mostrarse
El cielo, quedará subjeta España
Al senado Romano solamente
Con vencer la soberbia de esta gente.
SCENA II.
_Sale una doncella coronada con unas torres y trae un castillo en la
mano, la qual significa_ ESPAÑA, _y dice:_
ESPAÑA.
Alto, sereno, y espacioso cielo,
Que con tus influencias enriqueces
La parte que es mayor desde mi suelo,
Y sobre muchos otros le engrandeces,
Muevate á compasion mi amargo duelo,
Y pues al afligido favoreces,
Favoreceme á mí en ansia tamaña,
Que soy la sola desdichada España.
Bastete ya que un tiempo me tuviste
Todos mis fuertes miembros abrasados,
Y al sol por mis entrañas descubriste
El reyno escuro de los condenados:
A mil tiranos, mil riquezas diste,
A Fenices y Griegos entregados
Mis reynos fueron, porque tu has querido,
O porque mi maldad lo ha merecido.
Será posible que contino sea
Esclava de naciones estrangeras,
Y que un pequeño tiempo yo no vea
De libertad, tendidas mis banderas?
Con justisimo titulo se emplea
En mí el rigor de tantas penas fieras,
Pues mis famosos hijos y valientes
Andan entre sí mesmos diferentes.
Jamas en su provecho concertaron
Los divididos animos briosos,
Antes entonces mas los apartaron
Quando se vieron mas menesterosos;
Y ansi con sus discordias convidaron
Los barbaros de pechos codiciosos
A venir y entregarse en mis riquezas,
Usando en mí y en ellos mil cruezas.
Sola Numancia es la que sola ha sido
Quien la luciente espada sacó fuera,
Y á costa de su sangre ha mantenido
La amada libertad suya primera:
Mas ay! que veo el termino cumplido,
Y llegada la hora postrimera
Do acabará su vida y no su fama,
Qual Fenix renovandose en la llama!
Estos tan muchos timidos Romanos,
Que buscan de vencer cien mil caminos,
Rehuyen de venir mas á las manos
Con los pocos valientes Numantinos.
O si saliesen sus intentos vanos,
Y fuesen sus quimeras desatinos,
Y esta pequeña tierra de Numancia,
Sacase de su perdida ganancia!
Mas ay! que el enemigo la ha cercado
No solo con las armas contrapuestas
Al flaco muro suyo, mas ha obrado
Con diligencia estraña y manos prestas,
Que un foso por la margen trincheado
Rodea la ciudad por llano y cuestas;
Sola la parte por do el rio se estiende,
De este ardid nunca visto se defiende.
Ansi estan encogidos y encerrados
Los tristes Numantinos en sus muros;
Ni ellos pueden salir ni ser entrados,
Y estan de los asaltos bien seguros;
Pero en solo mirar que están privados
De exercitar sus fuertes brazos duros,
Con horrendos acentos y feroces
La guerra piden ó la muerte á voces.
Y pues sola la parte por do corre
Y toca á la ciudad el ancho Duero,
Es aquella que ayuda y que socorre
En algo al Numantino prisionero,
Antes que alguna maquina ó gran torre
En sus aguas se funde, rogar quiero
Al caudaloso conocido rio,
En lo que puede ayude el pueblo mio.
Duero gentil, que con torcidas vueltas
Humedeces gran parte de mi seno,
Ansi en tus aguas siempre veas envueltas
Arenas de oro qual el Tajo ameno,
Y ansi las ninfas fugitivas sueltas,
De que está el verde prado y bosque lleno,
Vengan humildes á tus aguas claras,
Y en prestarte favor no sean avaras,
Que prestes á mis asperos lamentos
Atento oido, ó que á escucharlos vengas,
Y aunque dexes un rato tus contentos,
Suplicote que en nada te detengas:
Si tú con tus continos crecimientos
Destos fieros Romanos no me vengas,
Cerrado veo ya qualquier camino
A la salud del pueblo Numantino.
_Sale el_ RIO DUERO _con otros muchachos vestidos de rio como él, que
son tres riachuelos que entran en_ DUERO.
DUERO.
Madre y querida España, rato havia
Que hirieron mis oidos tus querellas,
Y si en salir acá me detenia
Fue por no poder dar remedio á ellas.
El fatal, miserable, y triste dia
Segun el disponer de las estrellas
Se llega de Numancia, y cierto temo
Que no hay dar medio á su dolor extremo.
Con Orvion, Minuesa, y tambien Tera
Cuyas aguas las mias acrecientan,
He llenado mi seno en tal manera,
Que los usados margenes rebientan;
Mas sin temor de mi veloz carrera,
Qual si fuera un arroyo, veo que intentan
De hacer lo que tú, España, nunca veas,
Sobre mis aguas, torres y trincheas.
Mas ya que el revolver del duro hado
Tenga el ultimo fin estatuido
Deste tu pueblo Numantino amado,
Pues á terminos tales ha venido,
Un consuelo le queda en este estado,
Que no podran las sombras del olvido
Escurecer el sol de sus hazañas,
En toda edad temidas por estrañas.
Y puesto que el feroz Romano tiende
El paso agora por tu fertil suelo,
Y que te oprime aqui, y alli te ofende
Con arrogante y ambicioso zelo,
Tiempo vendrá, segun que ansi lo entiende
El saber que á Proteo ha dado el cielo,
Que esos Romanos sean oprimidos
Por los que agora tienen abatidos.
De remotas naciones venir veo
Gentes que habitarán tu dulce seno
Despues que como quiere tu deseo
Havrán á los Romanos puesto freno:
Godos serán, que con vistoso arreo,
Dexando de su fama el mundo lleno,
Vendrán á recogerse en tus entrañas,
Dando de nuevo vida á sus hazañas.
Estas injurias vengará la mano
Del fiero Atila en tiempos venideros,
Poniendo al pueblo tan feroz Romano
Sujeto á obedecer todos sus fueros,
Y portillos abriendo en Vaticano:
Tus bravos hijos, y otros estrangeros
Harán que para huir vuelva la planta
El gran Piloto de la nave santa.
Y tambien vendrá tiempo en que se mire
Estar blandiendo el Español cuchillo
Sobre el cuello Romano, y que respire
Solo por la bondad de su caudillo
El grande Albano: hará que se retire
El Español exercito; sencillo
No de valor, sino de poca gente,
Que iguala al mayor numero en valiente.
Y quando fuere ya mas conocido
El propio hacedor de tierra y cielo,
Aquel que ha de quedar estatuido
Por visorrey de Dios en todo el suelo,
A tus Reyes dará tal apellido,
Qual viere que mas quadra con su zelo:
Catolicos serán llamados todos,
Succesion digna de los fuertes Godos.
Pero el que mas levantará la mano
En honra tuya y general contento,
Haciendo que el valor del nombre Hispano
Tenga entre todos el mejor asiento,
Un Rey será, de cuyo intento sano
Grandes cosas me muestra el pensamiento:
Será llamado, siendo suyo el mundo,
El Segundo Filipo sin segundo.
Debaxo deste imperio tan dichoso
Serán á una corona reducidos
Por bien universal y tu reposo
Tres reynos hasta entonces divididos:
El giron Lusitano tan famoso
Que un tiempo se cortó de los vestidos
De la ilustre Castilla, ha de zurcirse
De nuevo, y á su estado antiguo unirse.
Qué invidia, y qué temor, España amada,
Te tendrán las naciones estrangeras,
En quien tu teñirás tu aguda espada,
Y tenderás triunfando tus banderas!
Sirvate esto de alivio en la pesada
Ocasion, por quien lloras tan de veras,
Pues no puede faltar lo que ordenado
Ya tiene de Numancia el duro hado.
ESPAÑA.
Tus razones alivio han dado en parte,
Famoso Duero, á las pasiones mias,
Solo porque imagino que no hay parte
De engaño alguno en estas profecias.
DUERO.
Bien puedes de eso, España, asegurarte,
Puesto que tarden tan dichosos dias,
Y á Dios, porque me esperan ya mis Ninfas.
ESPAÑA.
El cielo aumente tus sabrosas linfas.
JORNADA II.
SCENA I.
INTERLOCUTORES
TEOGENES, _y_ CORABINO, _con otros quatro
Numantinos, Gobernadores de Numancia,
y_ MARQUINO, _hechicero, y un_ CUERPO
MUERTO, _que saldrá á su tiempo. Sientanse
á consejo, y los quatro Numantinos
que no tienen nombres, se señalan asi_:
PRIMERO, SEGUNDO, TERCERO, QUARTO.
TEOGENES.
Pareceme, varones esforzados,
Que en nuestros daños con rigor influyen
Los tristes signos y contrarios hados,
Pues nuestra fuerza y maña desminuyen:
Tienennos los Romanos encerrados,
Y con cobardes mañas nos destruyen,
Ni con matar muriendo no hay vengarnos,
Ni podemos sin alas escaparnos.
Y no solo á vencernos se despiertan
Los que havemos vencido veces tantas,
Que tambien Españoles se conciertan
Con ellos á segar nuestras gargantas.
Tan gran maldad los cielos no consientan;
Con rayos hieran las ligeras plantas
Que se mueven en daño del amigo,
Favoreciendo al perfido enemigo.
Mirad si imaginais algún remedio
Para salir de tanta desventura,
Porque este largo y trabajoso asedio
Solo promete presta sepultura.
El ancho foso nos estorva el medio
De probar con las armas la ventura,
Aunque á veces valientes, fuertes brazos,
Rompen mil contrapuestos embarazos.
CORABINO
A Jupiter pluguiera soberano
Que nuestra juventud sola se viera
Con todo el bravo exercito Romano
A donde el brazo rodear pudiera!
Que alli el valor de la Española mano
La mesma muerte poco estorvo fuera
Para dexar de abrir ancho camino
A la salud del pueblo Numantino.
Mas pues en tales terminos nos vemos,
Que estamos como damas encerrados,
Hagamos todo quanto hacer podremos
Para mostrar los animos osados:
A nuestros enemigos convidemos
A singular batalla, que cansados
De este cerco tan largo, ser podría
Quisiesen acabarle por tal via.
Y quando este remedio no suceda
A la justa medida del deseo,
Otro camino de intentar nos queda,
Aunque mas trabajoso á lo que creo:
Este foso y muralla que nos veda
El paso al enemigo que alli veo,
En un tropel de noche le rompamos
Y por ayuda á los amigos vamos.
NUMANTINO PRIMERO.
O sea por el foso ó por la muerte
De abrir tenemos paso á nuestra vida;
Que es dolor insufrible el de la muerte,
Si llega quando mas vive la vida;
Remedio á las miserias es la muerte,
Si se acrecientan ellas con la vida,
Y suele tanto mas ser excelente,
Quanto se muere mas honradamente.
SEGUNDO.
Con qué mas honra pueden apartarse
De nuestros cuerpos estas almas nuestras
Que en las Romanas armas arrojarse
Y en su daño mover las fuertes diestras?
En la ciudad podrá muy bien quedarse
Quien gusta de cobarde dar las muestras,
Que yo mi gusto pongo en quedar muerto
En el cerrado foso ó campo abierto.
TERCERO.
Esta insufrible hambre macilenta
Que tanto nos persigue y nos rodea,
Hacen que en vuestro parecer consienta,
Puesto que temerario y duro sea,
Muriendo, escusaremos tanta afrenta;
Mas quien morir de hambre no desea,
Arrojese conmigo al foso, y haga
Camino á su remedio con la daga.
QUARTO.
Primero que vengais al trance duro
Desta resolucion que haveis tomado,
Pareceme ser bien, que desde el muro
Nuestro fiero enemigo sea avisado,
Diciendole que dé campo seguro
A un Numantino, y otro su soldado,
Y que la muerte de uno sea sentencia
Que acabe nuestra antigua diferencia.
Son los Romanos tan soberbia gente,
Que luego aceptarán este partido,
Y si lo aceptan, creo firmemente
Que nuestro amargo daño ha fenecido,
Pues está Corabino aqui presente,
Cuyo valor me tiene persuadido
Que él solo contra tres bravos Romanos
Quitará la victoria de las manos.
Tambien será acertado, que Marquino,
Pues es un agorero tan famoso,
Mire qué estrella, qué planeta ó signo
Nos amenaza muerte, ó fin honroso,
Y si puede hallar algun camino
Que nos pueda mostrar si del dudoso
Cerco cruel, do estamos oprimidos,
Saldremos vencedores ó vencidos.
Tambien primero encargo que se haga
A Jupiter solene sacrificio,
De quien podremos esperar la paga
Harto mayor que nuestro beneficio;
Curese luego la profunda llaga
Del arraigado acostumbrado vicio,
Quiza con esto mudará de intento
El hado esquivo, y nos dará contento.
Para morir jamas le falta tiempo
Al que quiere morir desesperado:
Siempre seremos á sazon y á tiempo
Para mostrar muriendo el pecho osado,
Mas porque no se pase en valde el tiempo,
Mirad si os cuadra lo que aqui he ordenado,
Y sino os pareciere, dad un modo
Que mejor venga, y que convenga á todo.
MARQUINO.
Esa razon que muestran tus razones,
Es aprobada del intento mio,
Haganse sacrificios y oblaciones,
Y pongase en efecto el desafio:
Que yo no perderé las ocasiones
De mostrar de mi ciencia el poderio:
Yo sacaré del hondo centro escuro
Quien nos declare el bien ó el mal futuro.
TEOGENES.
Yo desde aquí me ofrezco, si os parece
Que puede de mi esfuerzo algo fiarse,
De salir á este duelo que se ofrece,
Si por ventura viene á efectuarse.
CORABINO.
Mas honra tu valor raro merece,
Bien pueden de tu esfuerzo confiarse
Mas dificiles cosas y mayores,
Por ser el que es mejor de los mejores;
Y pues tú ocupas el lugar primero
De la honra y valor con causa justa,
Yo que en todo me cuento por postrero,
Quiero ser el Haraldo desta justa.
PRIMERO.
Pues yo con todo el pueblo me prefiero
Hacer de lo que Jupiter mas gusta,
Que son los sacrificios y oraciones,
Si van con enmendados corazones.
SEGUNDO.
Vamonos, y con presta diligencia
Hagamos quanto aqui propuesto havemos,
Antes que la pestifera dolencia
De la hambre nos ponga en los extremos.
TERCERO.
Si tiene el cielo dada la sentencia
De que en este rigor fiero acabemos,
Revoquela, si acaso la merece
La justa enmienda que Numancia ofrece.
SCENA II.
_Salen primero dos Soldados Numantinos_ MORANDRO, _y_ LEONCIO.
LEONCIO.
Morandro amigo, á do vas,
O ácia do mueves el pie?
MORANDRO.
Si yo mismo no lo sé,
Tampoco tu lo sabras.
LEONCIO.
Cómo te saca de seso
Tu amoroso pensamiento?
MORANDRO.
Antes despues que le siento
Tengo mas razon y peso.
LEONCIO.
Eso ya está averiguado
Que el que sirviere al amor,
Ha de ser por su dolor
Con razon muy mas pesado.
MORANDRO.
De malicia ó de agudeza
No escapa lo que dixiste.
LEONCIO.
Tu mi agudeza entendiste,
Mas yo entiendo tu simpleza.
MORANDRO.
Qué, soy simple en querer bien?
LEONCIO.
Sí, si ya el querer no se mide,
Como la razon lo pide,
Con quando, como, y á quien.
MORANDRO.
Reglas quies poner á amor?
LEONCIO.
La razon puede ponellas.
MORANDRO.
Razonables serán ellas,
Mas no de mucho primor.
LEONCIO.
En la amorosa porfia
A razon no hay conocella.
MORANDRO.
Amor no va contra ella
Aunque de ella se desvia.
LEONCIO
No es ya contra la razon,
Siendo tú tan buen soldado,
Andar tan enamorado
En esta estrecha ocasion?
Al tiempo que del dios Marte
Has de pedir el furor,
Te entretienes con amor,
Que mil blanduras reparte?
Ves la patria consumida,
Y de enemigos cercada,
Y tu memoria turbada
Por amor de ella se olvida?
MORANDRO.
En ira mi pecho se arde
Por verte hablar sin cordura:
Hizo el amor por ventura
A ningun pecho cobarde?
Dexo yo la centinela
Por ir donde está mi dama?
O estoy durmiendo en la cama
Quando mi capitan vela?
Hasme tu visto faltar
De lo que debo á mi oficio,
Por algun regalo ó vicio,
Ni menos por bien amar?
Y si nada me has hallado
De que deba dar disculpa,
Porqué me das tanta culpa
De que sea enamorado?
Y si de conversacion
Me ves que ando siempre ageno,
Mete la mano en tu seno,
Veras si tengo razon.
No sabes los muchos años
Que tras Lira ando perdido?
No sabes que era venido
El fin de mis tristes daños,
Porque su padre ordenaba
De darmela por muger,
Y que Lira su querer
Con el mio concertaba?
Tambien sabes que llegó
En tan dulce coyuntura
Esta fuerte guerra dura,
Por quien mi gloria cesó.
Dilatose el casamiento
Hasta acabar esta guerra,
Porque no está nuestra tierra
Para fiestas y contento.
Mira quan poca esperanza
Puedo tener de mi gloria,
Pues está nuestra victoria
Toda en la enemiga lanza.
De la hambre fatigados,
Sin medio de algun remedio,
Tal muralla y foso en medio,
Pocos, y esos encerrados.
Pues como veo llevar
Mis esperanzas del viento,
Ando triste y descontento
Ansi qual me ves andar.
LEONCIO.
Sosiega, Morandro, el pecho,
Vuelve al brio que tenias,
Quizá por ocultas vias
Se ordena nuestro provecho:
Que Jupiter soberano
Nos descubrirá camino,
Por do el pueblo Numantino
Quede libre del Romano;
Y en dulce paz y sosiego
De tu esposa gozarás,
Y las llamas templarás
Deste tu amoroso fuego,
Que para tener propicio
Al gran Jupiter tonante,
Hoy Numancia en este instante
Le quiere hacer sacrificio.
Ya el pueblo viene y se muestra
Con las victimas é incienso.
O Jupiter, padre imenso!
Mira la miseria nuestra.
_Han de salir agora dos Numantinos vestidos como sacerdotes antiguos,
y traen asido de los cuernos en medio de entrambos un carnero grande,
coronado de oliva ó yedra, y otras flores, y un paje con una fuente de
plata y una toalla al hombro, otro con un jarro de plata lleno de
agua, otro con otro lleno de vino, otro con otro plato de plata con un
poco de incienso, otro con fuego y leña, otro que ponga una mesa con
un tapete, donde se ponga todo esto, y salgan en esta scena todos los
que huviere en la comedia en habito de Numantinos, y luego los
sacerdotes, y dexando el uno el carnero de la mano, diga:_
SACERDOTE PRIMERO.
Señales ciertas de dolores ciertos
Se me han representado en el camino,
Y los canos cabellos tengo yertos.
SACERDOTE SEGUNDO.
Si acaso yo no soy mal adevino,
Nunca con bien saldremos desta impresa.
Ay desdichado pueblo Numantino!
PRIMERO.
Hagamos nuestro oficio con la priesa
Que nos incitan los agueros tristes.
SEGUNDO.
Poned, amigos, acia aqui esa mesa,
El vino, encienso y agua, que trugistes,
Poneldo encima, y apartaos afuera,
y arrepentios de quanto mal hicistes,
Que la oblacion mejor y la primera
Que se debe ofrecer al alto cielo,
Es alma limpia y voluntad sincera.
PRIMERO.
El fuego no le hagais, vos, en el suelo,
Que aqui viene brasero para ello,
Que ansi lo pide el religioso zelo.
SEGUNDO.
Lavaos las manos, y limpiaos el cuello.
PRIMERO.
Dad aca el agua: el fuego no se enciende?
UNO.
No hay quien pueda, señores, encendello?
SEGUNDO.
O Jupiter! qué es esto que pretende
De hacer en nuestro daño el hado esquivo?
Cómo el fuego en la tea no se enciende?
UNO.
Ya parece, señor, que está algo vivo.
PRIMERO.
Quítate afuera, ó flaca llama escura,
Que dolor en mirarte ansi, recibo.
No miras como el humo se apresura
A caminar al lado del Poniente,
Y la amarilla llama mal sigura
Sus puntas encamina acia el Oriente?
Desdichada señal, señal notoria
Que nuestro mal y daño está presente.
SEGUNDO.
Aunque lleven Romanos la victoria
De nuestra muerte, en humo ha de tornarse
Y en llamas vivas nuestra muerte y gloria.
PRIMERO.
Pues debe con el vino rociarse
El sacro fuego, dad aca ese vino,
Y el incienso tambien que ha de quemarse.
_Rocian el fuego, y á la redonda con el vino, y luego ponen el
incienso en el fuego, y dice el_
SEGUNDO.
Al bien del triste pueblo Numantino
Endereza, ó gran Jupiter, la fuerza
Propicia, del contrario amargo signo.
PRIMERO.
Ansi como este ardiente fuego fuerza
A que en humo se vaya el sacro incienso,
Ansi se haga al enemigo fuerza,
Para que en humo eterno, padre inmenso,
Todo su bien, toda su gloria vaya,
Ansi como tu puedes, y yo pienso.
SEGUNDO.
Tengan los cielos su poder á raya
Ansi como esta victima tenemos,
Y lo que ella ha de haber, él tambien haya.
PRIMERO.
Mal responde el aguero, mal podremos
Ofrecer esperanza al pueblo triste,
Para salir del mal que poseemos.
_Hagase ruido debaxo del tablado con un barril lleno de piedras, y
disparese un cohete volador._
SEGUNDO.
No oyes un ruido, amigo? viste
El rayo ardiente que pasó volando?
Presago verdadero desto fuiste.
PRIMERO.
Turbado estoy, de miedo estoy temblando,
O qué señales en el ayre veo!
Qué amargo fin nos van pronosticando!
No ves un esquadron airado y feo
De unas aguilas fieras, que pelean
Con otras aves en marcial rodeo?
SEGUNDO.
Solo su esfuerzo y su rigor emplean
En encerrar las aves en un cabo,
Y con astucia y arte las rodean.
PRIMERO.
Tal señal vitupero, y no la alabo,
Aguilas imperiales vencedoras:
Tu verás de Numancia presto el cabo.
SEGUNDO.
Aguilas, de gran mal anunciadoras,
Partios, que ya el aguero vuestro entiendo,
Ya el efecto, contadas son las horas.
PRIMERO.
Con todo, el sacrificio hacer pretendo
Desta inocente victima, guardada
Para aplacar el dios del rostro horrendo.
O gran Pluton, á quien por suerte dada
Le fue la habitacion del reyno oscuro,
Y el mando en la infernal triste morada,
Ansi vivas en paz, cierto y seguro
De que la hija de la sacra Ceres
Corresponde á tu amor con amor puro,
Que en todo aquello que en provecho vieres
Venir del pueblo triste que te invoca,
Lo allegues, qual se espera de quien eres;
Atapa la profunda escura boca
Por do salen las tres fieras hermanas,
A hacernos el daño que nos toca,
Y sean de dañarnos tan livianas
_Quite algunos pelos al carnero y echelos al ayre_.
Sus intenciones, que las lleve el viento:
Y ansi como yo baño y ensangriento
Este cuchillo en esta sangre pura
Con alma limpia y limpio pensamiento,
Ansi la tierra de Numancia dura
Se bañe con la sangre de Romanos,
Y aun les sirva tambien de sepultura.
_Aqui ha de salir por los huecos del tablado un demonio hasta el medio
cuerpo, y ha de arrebatar el carnero, y meterle dentro, y tornar luego
á salir, y derramar y esparcir el fuego, y todos los sacrificios_.
Mas quien me ha arrebatado de las manos
La victima? qué es esto, dioses santos?
Qué prodigios son estos tan insanos?
No os han enternecido ya los llantos
Deste pueblo lloroso y afligido,
Ni la sagrada voz de nuestros cantos?
SEGUNDO.
Antes creo que se han endurecido,
Qual se puede inferir de las señales
Tan fieras como aqui han acontecido;
Nuestros vivos remedios son mortales,
Toda es nuestra pereza diligencia,
Y los bienes agenos nuestros males.
UNO DEL PUEBLO.
Enfin, dado han los cielos la sentencia
De nuestro fin amargo y miserable,
No nos quiere valer ya su clemencia.
OTRO.
Lloremos pues en son tan lamentable
Nuestra desdicha, que en la edad postrera
Dél y de nuestro esfuerzo siempre se hable.
Marquino haga la experiencia entera
De todo su saber, y sepa quanto
Nos promete de mal la lastimera
Suerte, que ha vuelto nuestra risa en llanto.
_Salense todos, y quedan solos_ MORANDRO _y_ LEONCIO.
MORANDRO.
Leoncio, qué te parece?
Tendrán remedio mis males
Con estas buenas señales,
Que aqui el cielo nos ofrece?
Tendrá fin mi desventura
Quando se acabe la guerra?
Que será quando la tierra
Me sirva de sepultura?
LEONCIO.
Morandro, al que es buen soldado
Agueros no le dan pena,
Que pone la suerte buena
En el animo esforzado;
Y esas vanas apariencias
Nunca le turban el tino,
Su brazo es su estrella y signo,
Su valor sus influencias;
Pero si quieres creer
En este notorio engaño,
Aun quedan, si no me engaño,
Experiencias mas que hacer,
Que Marquino las hará,
Las mejores de su ciencia,
Y el fin de nuestra dolencia
Ser bueno, ó malo sabrá.
Pareceme que le veo:
En que estraño trage viene!
MORANDRO.
Quien con feos se entretiene
No es mucho que venga feo:
Será acertado seguirle?
LEONCIO.
Acertado me parece
Por si acaso se le ofrece
Algo en que poder servirle.
_Aquí sale_ MARQUINO _con una ropa negra de bocaci ancha, y una
cabellera negra, y los pies descalzos, y en la cinta traerá, de modo
que se le vean, tres redomillas llenas de agua, la una negra, la otra
teñida con azafran, y la otra clara; y en la una mano una lanza
barnizada de negro, y en la otra un libro, y viene_ MILVIO _con él, y
asi como entran, se ponen á un lado_ LEONCIO _y_ MORANDRO.
MARQUINO.
Dó dices, Milvio, que está el joven triste?
MILVIO.
En esta sepultura está enterrado.
MARQUINO.
No yerres el lugar do le pusiste.
MILVIO.
Nó, que con esta piedra señalado
Dexé el lugar adonde el mozo tierno
Fue con lagrimas tiernas sepultado.
MARQUINO.
De qué murió?
MILVIO.
Murió de mal gobierno:
La flaca hambre le acabó la vida,
Peste cruel, salida del infierno.
MARQUINO.
En fin, que dices, que ninguna herida
Le cortó el hilo del vital aliento,
Ni fue cancer, ni llaga su homicida?
Esto te digo, porque hace al cuento
De mi saber, que esté este cuerpo entero,
Organizado todo, y en su asiento.
MILVIO.
Havrá tres horas que le di el postrero
Reposo, y le entregué á la sepultura,
Y de hambre murió, como refiero.
MARQUINO.
Está muy bien, y es buena coyuntura
La que me ofrecen los propicios signos
Para invocar de la región oscura
Los feroces espiritus malignos:
Presta atentos oidos á mis versos.
Fiero Pluton, que en la region oscura
Entre ministros de animos perversos
Te cupo de reynar suerte y ventura,
Haz, aunque sean de tu gusto adversos,
Cumplidos mis deseos, y en la dura
Ocasion que te invoco, no te tardes
Ni á ser mas oprimido de mí aguardes.
Quiero que al cuerpo que aquí está enterrado,
Vuelvas el alma que le daba vida,
Aunque el fiero Caron del otro lado
La tenga en la ribera denegrida,
Y aunque en las tres gargantas del airado
Cerbero esté penada y escondida,
Salga, y torne á la luz del mundo nuestro,
Que luego tornará al escuro vuestro;
Y pues ha de salir, salga informada
Del fin que ha de tener guerra tan cruda,
Y desto no me encubra ó calle nada,
Ni me dexe confuso y con mas duda
La platica desta alma desdichada,
De toda ambiguidad libre y desnuda
Tiene de ser. Inviala, qué esperas?
Esperas á que hable con mas veras?
No revolveis la piedra, desleales?
Decid, ministros falsos, qué os detiene?
Cómo? no me haveis dado ya señales
De que haceis lo que digo, y me conviene?
Buscais con deteneros vuestros males,
O gustais de que yo al momento ordene
De poner en efecto los conjuros
Que ablandan vuestros fieros pechos duros?
Ea pues, vil canalla, mentirosa,
Aparejaos á duro sentimiento,
Pues sabeis que mi voz es poderosa
De doblaros la rabia y el tormento.
Dime traidor esposo de la esposa
Que seis meses del año á su contento
Está sin tí, haciendote cornudo,[A]
Porqué á mis peticiones estás mudo?
Este hierro bañado en agua clara
Que al suelo no tocó en el mes de Mayo,
Herirá en esta piedra, y hará clara
Y patente la fuerza deste ensayo.
[Footnote A: _Alusión á las puntas ó cuernos de la luna, quando crece
ó mengua_.]
_Con el agua de la redoma clara baña el hierro de la lanza, y luego
hiere en la tabla, y debaxo ó sueltense cohetes, ó hagase el rumor con
el barril de piedras_.
Ya parece, canalla, que á la clara
Dais muestras de que os toma cruel desmayo.
Qué rumores son estos, ea malvados,
Que alfin venis, aunque venis forzados?
Levantad esta piedra, fementidos,
Y descubridme el cuerpo que aqui yace.
Qué es esto? qué tardais? á dó sois idos?
Cómo mi mandado al punto no se hace?
No os curais de amenazas, descreidos?
Pues no espereis que mas os amenace:
Esta agua negra del Estigio lago
Dará á vuestra tardanza presto el pago.
Agua de la fatal negra laguna,
Cogida en triste noche, escura y negra,
Por el poder que en ti junto se auna,
A quien otro poder ninguno quiebra,
...... diabolica importuna,
Y á quien la primer forma de culebra
Tomó, conjuro, apremio, pido y mando,
Que venga á obedecerme aqui volando.
_Rocia con el agua la sepultura, y abrese_.
O mal logrado mozo, sal ya fuera,
Y vuelve á ver el sol claro y sereno;
Dexa aquella region do no se espera
En ella un dia sosegado y bueno;
Dame, pues puedes, relacion entera
De lo que has visto en el profundo seno
Digo, de aquello á que mandado eres,
Y mas, si al caso toca, y tu pudieres.
_Sale el_ CUERPO _amortajado, con un rostro de mascara, descolorido,
como de muerto, y va saliendo poco á poco, y en saliendo, dexase caer
en el teatro sin mover pie ni mano hasta su tiempo_.
Qué es esto? no respondes? no revives?
Otra vez has gustado de la muerte?
Pues yo haré que con tu pena avives,
Y tengas el hablar á buena suerte,
Pues eres de los nuestros, no te esquives
De hablarme y responderme, mira, advierte
Que si callas, haré que con tu mengua
Sueltes la atada y encogida lengua.
_Rocia el cuerpo con el agua amarilla, y luego le azota con un azote_.
Espiritus malignos, no aprovecha?
Pues esperad, saldrá el agua encantada
Que hará mi voluntad tan satisfecha,
Quanto es la vuestra perfida y dañada,
Y aunque esta carne fuera polvos hecha,
Siendo con este azote castigada,
Cobrará nueva aunque ligera vida,
Del aspero rigor suyo oprimida.
_Menease y estremecese el cuerpo á este punto_.
Alma rebelde, vuelve al aposento
Que pocas horas ha desocupaste.
_El_ CUERPO.
Cese la furia del rigor violento,
Tuyo, Marquino, baste, triste, baste
La que yo paso en la region escura,
Sin que tú crezcas mas mi desventura.
Engañaste, si piensas que recibo
Contento de volver á esta penosa,
Misera y corta vida, que aora vivo,
Que ya me va faltando presurosa;
Antes me causas un dolor esquivo,
Pues otra vez la muerte rigurosa
Triunfará de mi vida y de mi alma,
Mi enemigo tendrá doblada palma,
El qual con otros del escuro vando,
De los que son sujetos á aguardarte,
Está con rabia en torno, aqui esperando
A que acabe, Marquino, de informarte
Del lamentable fin, del mal nefando,
Que de Numancia puedo asegurarte,
La qual acabará á las mismas manos
De los que son á ella mas cercanos.
No llevarán Romanos la victoria
De la fuerte Numancia, ni ella menos
Tendrá del enemigo triunfo ó gloria,
Amigos y enemigos, siendo buenos,
No entiendas que de paz havrá memoria,
Que rabia alverga en sus contrarios senos:
El amigo cuchillo el homicida
De Numancia será, y será su vida,
_Arrojase en la sepultura, y dice_:
Y quedate, Marquino, que los hados
No me conceden mas hablar contigo,
Y aunque mis dichos tengas por trocados,
Al fin saldrá verdad lo que te digo.
MARQUINO.
O tristes signos, signos desdichados,
Si esto ha de suceder del pueblo, amigo,
Primero que mirar tal desventura,
Mi vida acabe en esta sepultura.
_Arrojase_ MARQUINO _en la sepultura_.
MORANDRO.
Mira, Leoncio, si ves,
Por do yo pueda decir,
Que no me haya de salir
Todo mi gusto al reves!
De toda nuestra ventura
Cerrado está ya el camino,
Sino, digalo, Marquino,
El muerto, y la sepultura,
LEONCIO.
Que todas son ilusiones,
Quimeras y fantasias,
Agueros y hechicerias,
Diabolicas invenciones:
No muestres que tienes poca
Ciencia en creer desconciertos,
Que poco cuidan los muertos
De lo que á los vivos toca.
MILVIO.
Nunca, Marquino, hiciera
Desatino tan estraño,
Si nuestro futuro daño
Como presente no viera:
Avisemos este caso
Al pueblo, que está mortal;
Mas para dar nueva tal
Quién podrá mover el paso?
JORNADA III.
SCENA I.
INTERLOCUTORES
CIPION, JUGURTA, _y_ GAYO MARIO.
CIPION.
En forma estoy contento en mirar como
Corresponde á mi gusto la ventura,
Y esta libre nacion soberbia domo
Sin fuerzas, solamente con cordura.
En viendo la ocasion, luego la tomo,
Porque sé que si corre, y se apresura,
Y si se pasa, en cosas de la guerra
El credito consume y vida atierra.
Juzgabades á loco desvario
Tener los enemigos encerrados,
Y que era mengua del Romano brio,
No vencerlos con modos mas usados:
Bien sé que lo havrán dicho, mas yo fio
Que los que fueren practicos soldados,
Diran que es de tener en mayor cuenta
La victoria que menos es sangrienta.
Qué gloria puede haver mas levantada
En las cosas de guerra que aqui digo,
Que sin quitar de su lugar la espada
Vencer y sujetar al enemigo?
Que quando la victoria es grangeada
Con la sangre vertida del amigo,
El gusto mengua que causar pudiera
La que sin sangre tal, ganada fuera.
_Aqui ha de sonar una trompeta desde el muro de Numancia_.
QUINTO FABIO.
Oye, señor, que de Numancia suena
El són de una trompeta, y me asiguro
Que decirte algo desde allá se ordena,
Pues el salir acá lo estorva el muro.
Corabino se ha puesto en una almena,
Y una señal ha hecho de seguro:
Lleguemonos mas cerca.
CIPION.
Sea, lleguemos.
GAYO MARIO.
No mas: que dende aqui le entenderemos.
_Ponese_ CORABINO _encima de la muralla con bandera blanca puesta en
una lanza_.
CORABINO.
Romanos, ah Romanos, puede acaso
Ser de vosotros esta voz oida?
GAYO MARIO.
Puesto que mas la baxes, y hables paso,
Qualquiera tu razon será entendida.
CORABINO.
Decid al General, que acerque el paso
Al foso, porque viene dirigida
A él una embaxada.
CIPION.
Dila presto,
Que yo soy Cipion.
CORABINO.
Escucha el resto.
Dice Numancia, General prudente,
Que consideres bien que ha muchos años
Que entre la nuestra y tu Romana gente
Duran los males de la guerra estraños,
Y que por evitar que no se aumente
La dura pestilencia destos daños,
Quiere, si tu quisieres, acaballa,
Con una breve y singular batalla.
Un soldado se ofrece de los nuestros
A combatir cerrado en estacada,
Con qualquiera esforzado de los vuestros
Por acabar contienda tan pesada,
Y si los hados fueren tan siniestros,
Que el uno quede sin la vida amada,
Si fuere el nuestro, darse ha la tierra,
Si el tuyo fuere, acabese la guerra:
Y por seguridad deste concierto,
Daremos á tu gusto los rehenes.
Bien sé que en él vendrás, porque estás cierto
De los soldados que á tu cargo tienes,
Y sabes que el menor en campo abierto
Hará sudar el pecho, el rostro y sienes
Al mas aventajado de Numancia:
Ansi que está sigura tu ganancia.
Respondeme, señor, si estas en ello,
Porque á la execucion se venga luego.
CIPION.
Donaire es lo que dices, risa, juego,
Y loco el que pensase de hacello.
Usad el medio del humilde ruego,
Si quereis que se escape vuestro cuello
De probar el rigor y filos diestros
Del Romano cuchillo y brazos nuestros.
La fiera que en la jaula está encerrada
Por su selvatiquez y fuerza dura,
Si puede alli con maña ser domada
Y con el tiempo y medios de cordura,
Quien la dexase ir libre y desatada,
Daria grandes muestras de locura:
Bestias sois, y por tales encerrados
Os tengo donde haveis de ser domados:
Mia será Numancia á pesar vuestro,
Sin que me cueste un minimo soldado,
Y el que teneis vosotros por mas diestro
Rompa por ese foso trincheado,
Y si en esto os parece que yo muestro
Un poco mi valor acobardado,
El viento lleve agora esta verguenza,
Y vuelvale la fama quando os venza.
_Vanse_ CIPION _y los suyos_.
CORABINO.
No escuchas mas, cobarde? ya te escondes?
Enfadate la igual justa batalla?
Mal con tu nombradia correspondes,
Mal podrás deste modo sustentalla;
En fin, como cobarde me respondes:
Cobardes sois, Romanos, vil canalla,
En vuestra muchedumbre confiados,
Y no en los diestros brazos levantados.
Perfidos, desleales, fementidos,
Crueles, revoltosos y tiranos,
Ingratos, codiciosos, mal nacidos,
Pertinaces, feroces y villanos,
Adulteros, infames, conocidos
Por de industriosas, mas cobardes manos,
Qué gloria alcanzareis en darnos muerte
Teniendonos atados desta suerte?
Encerrado escuadron, ó manga suelta
En la campaña rasa, do no pueda
Estorbar la mortal fiera revuelta
El ancho foso y muro que la veda,
Fuera bien que sin dar el pie la vuelta
Y sin tener jamas la espada queda
Ese exercito mucho bravo vuestro,
Se viera con el poco flaco nuestro.
Mas como siempre estais acostumbrados
A vencer con ventajas y con mañas,
Estos conciertos en valor fundados
No los admiten bien vuestras marañas:
Liebres en pieles fieras disfrazados,
Load y engrandeced vuestras hazañas,
Que espero en el gran Jupiter de veros
Sujetos á Numancia y
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