Relación historica de los sucesos de la rebelión de José Gabriel Tupac-Amaru en las provincias del Peru, el año de 1780
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Title: Relación historica de los sucesos de la rebelión de José Gabriel Tupac-Amaru en las provincias del Peru, el año de 1780
Author: Anonymous
Release date: November 1, 2003 [eBook #10293]
Most recently updated: October 28, 2024
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[Nota del Transcriptor: Las irregularidades en acentuación y ortografía
encontradas en este libro son consistentes con la flexibilidad de las
reglas en uso en 1836, y así no deben ser consideradas "errores" sino
un elemento del estilo de la época.]
RELACION HISTORICA
DE LOS
SUCESOS DE LA REBELION
DE
JOSE GABRIEL TUPAC-AMARU,
EN LAS
PROVINCIAS DEL PERU,
EL AÑO DE 1780.
Primera Edicion.
BUENOS-AIRES.
IMPRENTA DEL ESTADO.
1836
DISCURSO PRELIMINAR
A LA
REVOLUCION DE TUPAC-AMARU.
* * * * *
Las extorsiones de los corregidores, y la impunidad de que disfrutaban
en las _Audiencias_, produgeron en 1780 una fuerte conmocion entre los
indios del Perú, capitaneados por José Gabriel Tupac-Amaru [1], cacique
de Tungasusa en la provincia de Tinta; [2] que, altivo por carácter é
irascible por génio, miraba con rencor la degradacion de los indígenas.
Ultimo vástago de los Incas, y reducido ahora á prosternarse ante el mas
vil empleado de la metrópoli, no pudo su ánimo sobrellevar en paz
estos ultrages.
[Nota 1: Se le dá comunmente el nombre de _Tupamaro_, corrupcion de
dos voces de la lengua _quicchuá_, que significan literalmente,
"resplandeciente" _(thupac)_ y "culebra" _(amaru)_. Los antiguos
Peruanos comparaban los hombres grandes y poderosos á las serpientes,
porque, como ellas infunden miedo con su presencia. Uno de los barrios
del Cuzco, donde los Incas mantenian por magnificencia algunos de estos
animales, llevaba el nombre de _Amanucancha,_ "corral de las
serpientes."]
[Nota 2: O mas bien _Ttintti_, que en el mismo idioma quiere decir
"langosta."]
Habia frecuentado las universidades de Lima y del Cuzco, donde aprendió
lo bastante para descollar entre sus iguales. No contento con el
cacicazgo, que era hereditario en su familia, solicitó ser reconocido
como descendiente legítimo de los antiguos dinastas del Perú, y habia ya
conseguido reasumir el título de _Marques de Oropesa_ que habian llevado
sus antecesores.[3]
[Nota 3: D. Martin Garcia Loyola, sobrino de San Ignacio, y
gobernador de Chile en 1583, casó con Clara Beatriz, _Coya_, hija única
y heredera del Inca Sayrí Tupac. De este matrimonio nació una hija, que
pasó á España, donde se enlazó con un caballero, llamado D. Juan
Henriquez de Borga, y á quien el Rey concedió el título de _Marquesa de
Oropesa_. De esta rama procedia tambien _Tupac-Amaru_.]
Preocupado con sus ideas de venganza, sintió la necesidad de adquirir
renombre, y derramó sus caudales para hacerse de clientes. Se puso
tambien en contacto con las personas mas influyentes del clero, á
quienes pintaba con los mas vivos colores los vejámenes que sufrian los
indios. Movidos por sus quejas, los obispos de la Paz, del Cuzco, y
otros prelados del Perú, las habian transmitido al Rey por medio de
Santelices, Gobernador de Potosí, muy inclinado á favor de los
naturales, y cuyos sufragios eran de un gran peso por el crédito que
disfrutaba en la corte. Carlos III, principe justo y magnánimo, habia
acogido con interés estas súplicas, y para atenderlas con acierto habia
llamado al mismo Santelices á ocupar un puesto en su Consejo de Indias.
Con tan prósperos auspicios, D. Blas Tupac-Amaru, deudo inmediato de
José Gabriel, fué á Madrid á solicitar la supresion de la mita y los
repartos. Todo anunciaba un feliz desenlace, cuando la Parca truncó la
vida de estos filántropos, no sin sospecha de haber sido envenenados.
Solo, y expuesto al resentimiento de los que habian sido denunciados, se
resolvió Tupac-Amaru á echar mano de un arbitrio violento. Hallábase de
corregidor en la provincia de Tinta un tal Arriaga, hombre ávido é
inhumano, que abusaba del poder para saciar su inextinguible sed de
riquezas. Hecho odioso al pueblo á quien tiranizaba, fué esta la primer
víctima que le fué inmolada. Bajo el pretexto de celebrar con pompa el
dia del Monarca, el cacique lo atrajo á Tungasuca, donde en vez de las
diversiones que esperaba, fué condenado á expiar sus crímenes en un
cadalso. Igual suerte estaba reservada al corregidor de _Quespicancha_
[4], que salvó la vida, abandonando sus ricos almacenes, y mas de 25,000
pesos que tenia acopiados en las arcas del fisco.
[Nota 4: Escriben comunmente _Quispicanchi_, que nada significa. El
otro nombre se compone de _quespi_, que en el idioma _aymará_
corresponde "á cosa que brilla", como cristal, piedra preciosa, &c., y
de _cancha_, "corral."]
Estos despojos, repartidos generosamente entre las tropas, dilataron la
esfera de accion de estos tumultos. Los funcionarios públicos, siguiendo
el ejemplo de los corregidores, que eran el blanco principal de la
animadversion de los pueblos, desamparaban sus puestos, y dejaban libre
el campo á los amotinados. Sus filas, que se engrosaban diariamente,
presentaron pronto una masa imponente para emprender mayores hazañas. Al
sentimiento de venganza, que brotaba expontaneamente de todos los
corazones, quiso Tupac-Amaru hermanar otro que lo afirmase y
ennobleciese. Dos siglos y medio, pasados en la servidumbre, no habian
podido borrar de la memoria de los indígenas los recuerdos del gobierno
paternal de los Incas: grabados en las ruinas del Cuzco, donde moraban
sus dioses, y descansaban sus héroes, hacian de esta ciudad el objeto de
una supersticiosa veneracion; y aquí fué donde se dirigió Tupac-Amaru
para inflamar el ardor de sus soldados. Trabado en su marcha por una
fuerza de milicianos que se habia organizado de Sangarara, los atacó, y
obligó á asilarse del templo, donde se defendieron hasta sepultarse bajo
los escombros del edificio, que se desplomó sobre sus cabezas.
Esta ventaja, poco considerable en sí misma, dió alas á la anarquia, que
se propagó hasta la provincia de Chichas. El foco principal de esta
nueva insurreccion era Chayanta, donde dominaban los Catari, hombres
populares y atrevidos, que estaban quejosos por la indiferencia con que
el virey Vertiz y la Audiencia de Charcas habian oido sus reclamos
contra la escandalosa administracion de Alós, corregidor de aquel
partido entonces, y promovido despues al gobierno del Paraguay. Tomas,
el mayor de sus hermanos, desairado por el Virey, cuya justicia habia
venido á implorar personalmente á Buenos Aires, regresó á su provincia,
esparciendo la voz de haber conseguido mas de lo que habia solicitado: y
este ardid sublevó contra Alós á todos los indios, que se resistian á
pagar los tributos y á admitir sus repartos.
El corregidor se vengó por una perfidia, que hizo mas arriesgada su
posicion. Imputó á Catari la muerte de un recaudador de rentas, y le
envió preso á la Audiencia de Charcas. Desde este momento la sangre
corrió á torrentes, y la pluma del historiador se retrae de trazar el
cuadro espantoso de tantos excesos. En Oruro, en Sicasica, en Arques, en
Hayopaya, fueron innumerables las víctimas. En la iglesia de Caracoto la
sangre de los españoles llegó á cubrir los tobillos de los asesinos. En
Tapacari, pequeño pueblo de la provincia de Cochabamba, se quiso obligar
á un padre á desgarrar el corazon de sus hijos á la vista de la madre: y
la repulsa á tan inicuo mandato, fué la señal de su comun exterminio.
Nada fué respetado: ni la edad, ni el sexo, ni las súplicas, ni los
lamentos libraban de la muerte, y una parte de la poblacion sucumbia al
furor de la otra.
Entretanto los Vireyes de Buenos Aires y de Lima trabajaban de consuno
para sofocar la insurreccion del Perú. Varias tentativas de los rebeldes
se habian malogrado por la impericia de los gefes en quienes Tupac-Amaru
habia depositado su confianza. Su muger le habia obligado á volver á
Tungasuco, para calmar los terrores que le habia causado la noticia de
la salida de la tropas de Lima. ¡Triste y singular presentimiento! Con
el Mariscal Valle, que mandaba esta expedicion, venia el Visitador
Areche--ese hombre feroz, que, conculcando los derechos de la humanidad,
y ultrajando al siglo en que vivia, debia renovar las escenas de los
tiempos bárbaros, en la época en que aun vivian Becaria y Filangeri!
La ausencia de Tupac-Amaru, aunque momentanea, fué señalada por grandes
reveses. Sus tropas, que no habian podido penetrar al Cuzco, fueron
rechazadas de Puno y de Paucartambo. Estos contrastes, y la expedicion
de Lima que se avanzaba á marchas redobladas, le hicieron advertir todo
el peligro de la inaccion en que estaba, y de la que le importaba salir
cuanto antes.
Su reaparicion excitó el mas vivo entusiasmo, y las poblaciones se
agolpaban en el tránsito para aclamarle. Esta vez ciñió las infulas,
_(llantu)_ que, segun Garcilaso, eran las insignias de la dignidad real
entre los Incas. Inexperto en el arte de mandar los ejércitos, se enredó
nuevamente en el sitio del Cuzco, del que tuvo que desistir segunda vez,
no por la resistencia que le oponia la ciudad, sino por el miedo de ser
atacado por la fuerza de Valle. En este estado no le quedaba mas
alternativa que salir al encuentro de la columna auxiliadora, ó
retirarse: prefirió este último arbitrio, teniendo á su disposicion un
ejército de 17,000 hombres!
Se replegó hácia la provincia de Tinta, donde no tardó en alcanzarlo
Valle al frente de 16,000 hombres. Le aguardó Tupac-Amaru con 10,000,
que fueron arrollados en las inmediaciones de Tungasuca. Hecho
prisionero con toda su familia, fué llevado al Cuzco, donde expió de un
modo atroz el deseo de restablecer la dominacion de los Incas, ó mas
bien de sustraer á los indios de la baja é intolerable tirania de los
corregidores.
No por esto cesaron los males del Perú. Diego, y Andres, el uno hermano,
y el otro sobrino de Tupac-Amaru, segundados por Julian Apasa, sucesor
de Tomas Catari, continuaron hostilizando á las tropas y á los pueblos.
Los sitios que pusieron á Puno, á Sorata y á la Paz, forman los
episodios mas interesantes de este drama. La última de estas ciudades
sostuvo dos cercos, que duraron 109 dias, á pesar de hallarse la ciudad
embestida por 12,000 indios, dueños de las avenidas, y de todas las
alturas que la dominan. En este teatro de desolacion brilló el génio
activo de D. Sebastian Segurola, sobre el cual gravitaba la
responsabilidad de conservar un numeroso vecindario, reducido á perecer
de hambre, ó á entregarse al cuchillo de una horda feroz. Solo la
firmeza de este gefe pudo librarlo de tan grande infortunio.
Ni fué menos honrosa la conducta de Valle, Flores, y del mas esforzado
de todos, Reseguin. Cuando pasó la frontera de Salta, se halló este
oficial en el centro de una gran insurreccion que devoraba la provincia
de Chichas. Suipacha, Cotagaita, Tupiza, estaban en manos de los
insurgentes, que en esta última ciudad habian imitado el ejemplo de
Tupac-Amaru, ahorcando á su corregidor. Reseguin, con un puñado de
bravos, restablece el órden, escarmienta á los indios, y los pone en la
imposibilidad de volverse á lanzar contra la autoridad pública. Su
marcha hasta el Cuzco fué una série continuada de combates y triunfos.
Llegó en circunstancias que el sitio de Sorata habia tenido un horrible
desenlace. Irritado Andres Tupac-Amaru de la obstinada resistencia que
le hacian sus habitantes, á quienes amagaba con un ejército de 14,000
hombres, recoge las aguas del cerro nevado de Tipuani, y cuando las vió
crecer en el estanque que habia formado en un nivel superior á la
ciudad, rompe los diques, é inunda la poblacion, destruyendo de un modo
irresistible todos sus medios de defensa.
Quedaba la Paz, cercada por segunda vez por la famosa _Bartolina_,
muger, ó concubina de Catari. Valiéndose del arbitrio empleado contra
Sorata, los sitiadores hacen represas en el rio que pasa por la ciudad,
y forman una inundacion que rompe sus puentes, y causa los mayores
estragos. Tal vez hubiera tenido que ceder su intrépido defensor
Segurola, sino hubiese aparecido Reseguin, que venia á socorrerle con
5,000 hombres, llenos de entusiasmo por un triunfo que acababan de
reportar en Yaco.
Tantos trabajos habian postrado á este incansable oficial, que por
primera vez desde su salida de Montevideo, se veia forzado á interrumpir
sus tareas. Aun no habia convalecido de una grave enfermedad que le
habia asaltado, cuando llega á la Paz la noticia de una fuerza que
Tupac-Catari organizaba en las Peñas. Débil, y extenuado por sus
padecimientos, Reseguin halla en su alma vigor bastante para reanimar
sus fuerzas abatidas. Empuña su espada, alcanza á los rebeldes, los
derrota, y cual otro Mariscal de Sajonia en la batalla de Fontenoi,
entra al pueblo de las Peñas, cargado en hombros de sus soldados.
Tan leal como valiente, respetaba las personas de los que se habian
amparado del perdon ofrecido por el Virey de Lima. Pero un oidor de
Chile, que le acompañaba en calidad de _consultor_, complicando á los
indultados en el proceso que seguia de oficio contra Tupac-Catari, mandó
prender á todos, é hizo destrozar vivo en la Paz á este caudillo.
De todas las cabezas principales de esta revolucion no quedaba mas que
Diego Cristóval Tupac-Amaru, á quien estos rasgos de perfidia hacian
desconfiar de las promesas de los españoles. Pero, arrastrado de su
destino, se dejó persuadir á entregarse voluntariamente al General Valle
en su campamento de Sicuani; y no tardó en arrepentirse de esta
confianza. Vivia retirado y tranquilo en el seno de su familia, cuando
se le asechó y prendió para someterle á un juicio, en que, por crímenes
imaginarios, se le condenó á perecer barbaramente en un cadalso.
Areche, Medina y Mata-Linares, autores de tantas atrocidades, recibieron
honores y aplausos: pero el aspecto de las víctimas, sus últimos
lamentos, sus miembros palpitantes, sus cuerpos destrozados por la
fuerza de los tormentos, son recuerdos que no se borran tan facilmente
de la memoria de los hombres;[5] y debe perpetuarlos la historia para
entregar estos nombres á la execracion de los siglos.
[Nota 5: Areche, que miraba la egecucion de Tupac-Amaru desde una
ventana del Colegio de los ex-Jesuitas del Cuzco, cuando vió que los
caballos no podian despedazar el cuerpo de este desgraciado, mandó que
le cortasen la cabeza: y á la muger de Tupac-Amaru la acabaron de matar
"dándole patadas en el estómago." _¡Horrcaco referens!_]
Pocos ejemplos ofrecen los anales de las naciones de una carniceria tan
espantosa. No solo se atormentó, y sacrificó á Tupac-Amaru, su muger, su
hijo, sus hermanos, tios, cuñados, y confidentes, sino que se proscribió
en masa á todo su parentezco, por mas remotos que fuesen los grados de
consanguineidad que los unian. Solo se perdonó la vida á un niño de once
años, hijo de Tupac-Amaru, que despues de haber presenciado el suplicio
de sus padres y deudos, fué remitido á España, donde falleció poco
despues. Así es que debe tenerse por apócrifo el título de _Quinto nieto
del último Emperador del Perú,_ que asumió _Juan Bautista Tupamaru_,
para conseguir del Gobierno de Buenos Aires una pension vitalicia.[6]
[Nota 6: El título del folleto que este impostor publicó en Buenos
Aires, es: _El dilatado cautiverio bajo el gobierno español de Juan
Bautista Tupamaru, quinto nieto del último Emperador del Perú._
_Buenos-Aires, 2 de Setiembre de_ 1837.
PEDRO DE ANGELIS]
El único resultado útil de este gran sacudimiento fué la nueva
organizacion que la Corte de España dió á la administracion de sus
provincias de ultramar, y la abolicion de los repartimientos. De este
modo quedó legitimado el principio que invocó Tupac-Amaru para mejorar
la suerte de los indios, que hallaron despues en sus Delegados,
administradores mas responsables, y por consiguiente mas íntegros que
los Corregidores.
RELACION HISTORICA &
* * * * *
Aunque las crueles y sangrientas turbaciones, que han excitado y
promovido los indios en la provincias de esta América Meridional, han
sido la causa total de tantas lamentables desdichas, como se han seguido
á sus habitantes, es no obstante preciso confesar que el verdadero y
formal orígen de ellas no es otro que la general corrupcion de
costumbres, y la suma confianza ó descuido con que hasta ahora se ha
vivido en este continente. Así parece se deduce de los propios hechos, y
lo persuaden todas sus circunstancias.
De algunos años á esta parte se reconocian en esta misma América muchos
de aquellos vicios y desórdenes que son capaces de acarrear la mas
grande revolucion á un estado, pues ya no se hallaba entre sus
habitadores otra union que la de los bandos y partidos. El bien público
era sacrificado á los intereses particulares: la virtud y el respeto á
las leyes, no era mas que un nombre vano: la opresion y la inhumanidad
no inspiraban ya horror á los mas de los hombres acostumbrados á ver
triunfar el delito. Los odios, las perfidias, la usura y la
incontinencia representaban en sus correspondientes teatros la mas
trágica escena, y perdido el pudor se transgredian las leyes sagradas y
civiles con escándalo reprensible.
Tal era el infeliz estado de estas provincias en punto á disciplina, y
no mejor el que se manifestaba en órden á la seguridad y defensa de
ellas; pues no se encontraban armas, municiones ni otros pertrechos para
la guerra, carecian de oficiales y soldados que entendiesen el arte
militar: porque, aunque en las capitales de este vasto reino, como son
Lima y Buenos Aires, se hallasen buenos é inteligentes, como el fuego de
la rebelion se encendió en el centro de las mismas provincias y casi á
un mismo tiempo en todas, y la distancia de una á otra capital es mil
leguas, cuando menos, no dió lugar á otra cosa que á hacer inevitables
los estragos, pues aunque tenian nombrados regimientos de milicias, cuya
fuerza se hizo crecer en los estados remitidos á la Corte, se conoció
despues que solo existian en la imaginacion del que los formó, tal vez
con miras poco decorosas á su alto carácter, por la utilidad que
producian los derechos de patentes y otras gabelas.
Los corregidores, poseidos de una ambicion insaciable con cuantiosos é
inutiles repartos, cuyo cobro exigian por medio de las mas tiranas
egecuciones, con perjuicio de las leyes y de la justicia, se les habia
visto en algunas provincias hacer reparto de anteojos, polvos azules,
barajas, libritos para la instruccion del egercicio de infanteria, y
otros géneros, que lejos de servirles de utilidad, eran gravosos y
perjudiciales. Por otra parte se veian tambien hostigados de los curas,
no menos crueles que los corregidores para la cobranza de sus
obvenciones que aumentaban á lo infinito, inventando nuevas fiestas de
santos y costosos guiones con que hacian crecer excesivamente la
ganancia temporal: pues si el indio no satisfacia los derechos que
adeudaba, se le prendia cuando asistia á la doctrina y á la explicacion
del evangelio, y llegaba á tanto la iniquidad, que se le embargaban sus
propios hijos, reteniéndolos hasta que se verificaba la entera
satisfaccion de la deuda, que regularmente se la habia hecho contraer
por fuerza el mismo párroco.
En algunas ocasiones habian manifestado anteriormente los indios estos
justos resentimientos, que ocasionaron la alteracion de varias
provincias, resistiendo y matando á sus corregidores, como sucedió en la
de Yungas de Chulumani, gobernándola el Marques de Villa-hermosa, que se
vió precisado, despues de haberle muerto á su dependiente Solascasas, á
contenerlos con las armas, á cuyo acto le provocaron. Así tambien en la
de Pacajes y Chumbilvicas, en donde quitaron las vidas á sus
corregidores, Castillo y Sugastegui, cometiendo otros excesos, que
indicaban el vasto proyecto, que con mucho tiempo y precaucion iban
meditando, para sacudir el yugo.
Ya fuese fatigados y oprimidos de las extorsiones y violencias que
toleraban, ó insultados y conmovidos con un espíritu de sedicion que
sembró el reo Tomas Catari, con el especioso pretesto de haber
conseguido rebaja de tributos, se alzaron con tan furioso impetu, que en
breve espacio de tiempo el incendio abrasó todas las provincias. En el
pueblo de Pocoata, provincia de Chayanta, se declaró la sedicion, y
dando los indios muerte á muchos españoles, prendieron á su corregidor,
D. Joaquin de Alós, que retuvieron en el pueblo de Macha, como en
rehenes, para solicitar insolentes la libertad de su caudillo Catari; y
como presentándose la necesidad armada en toda la fuerza del poder, es
irreparable el daño de la resistencia, fué forzoso que por salvar
aquella vida, se libertase del castigo el delincuente Catari, logrando
prontamente soltura de la prision en que se hallaba: ya fuese porque en
tiempo que el peligro aprieta, la prudencia induce á no detenerse en
formalidades, ni aventurar la quietud pública por los escrúpulos de
autoridad, ó ya porque, poco acostumbrados los Oidores de Charcas al
perdimiento del respeto tenido á sus personas, recelaban pasase adelante
el atrevimiento, y se viese disminuida la sumision fastidiosa y excesiva
que siempre han pretendido.
Por otra parte, desde los principios del año de 1780 se vieron en todas
las ciudades, villas y lugares del Perú, pasquines sediciosos contra los
ministros, oficiales y dependientes de rentas, con el pretesto de la
aduana y estancos de tabaco. De modo que el vulgo, á quien se atribuyó
esta insolencia, se despechó tanto en algunas partes, que hicieron
víctima de su furor á algunos inocentes: como en Arequipa, donde
perdiendo el respecto á la justicia, saquearon la casa del corregidor D.
Baltazar Semanat, le precisaron á ocultarse para salvar su vida,
atropellaron las casas destinadas á la recaudacion de estos derechos
reales, persiguieron á los administradores, y estuvo la ciudad á pique
de perderse: trascendiendo hasta los muchachos el espíritu sedicioso,
con juegos tan parecidos á las veras, que habiendo nombrado entre ellos
á uno, con el título de aduanero, se enfurecieron despues tanto contra
él, que á pedradas acabó su vida, costándole no menos precio el fingido
empleo con que le habian condecorado.
Como suelen las enfermedades de la naturaleza, originadas de pequeños
principios, llegar al último término, así en las dolencias políticas
sucede muchas veces, que nacidas de leves causas, suben á tan alto
punto, que es costoso su remedio. Esperimentóse esta verdad en Macha;
pues logrando en aquel engañado pueblo, Tomas Catari, todos aquellos
rendimientos que son gages de la autoridad, y olvidado del no esperado
beneficio de su libertad, dió agigantado vuelto á sus ideas, por la
desconcertada fantasia de los indios, graduando la soltura de su
caudillo por efecto del temor que habia infundido con sus insolencias; y
persuadidos por el nuevo método que se seguia con ellos, no era la
piedad la que obraba, para atraerlos suavemente á sus deberes, se
creyeron autorizados para egecutar las mas sangrientas crueldades,
siendo como consecuencia, se vean estas sinrazones donde no se conoce ni
domina la razon.
La Real Audiencia de Charcas, al paso que sentia la conmocion de tantas
poblaciones, deseaba con ansia el remedio, pero no acertaba con el
oportuno, porque sus miembros, poco acostumbrados á este género de
acontecimientos, se mantenian tímidos é irresolutos, sin atreverse á
tomar providencia, que cortase en sus principios el peligroso cáncer que
amenazaba al reino, haciendo algun castigo que escarmentase á los
sediciosos, y arrancase en su nacimiento la raiz de rebelion, que
comenzaba á sembrarse: único remedio, cuando ya de nada servia la
luchazon de sus personas, que con servil acatamiento se habia venerado
hasta entonces. Y desengañados de que eran inutiles en estos casos las
fórmulas del derecho y preeminencias de la toga, descendieron con tanto
exceso á contemporizar con los rebeldes, franqueándoles el perdon de sus
excesos y otras gracias, que no les fué dificultoso conocer que la suma
condescendencia de unos ministros, que en las felicidades de su absoluto
gobierno habian sido tan engreidos, nacia del terror y confusion en que
se hallaban.
Bien convencidos los indios de esta verdad, apenas habia poblaciones de
ellos, que no se abrasase en la trágica llama del tumulto, porque á poco
despues alborotóse la provincia de Pária, dando en el pueblo de
Challapata cruel muerte al corregidor D. Manuel Bodega, egecutándose lo
mismo en la de Chichas, Lipes y Carangas, siguiendo el mal ejemplo la de
Sicasica, parte de las de Cochabamba, Porco y Pilaya, siendo en todas
iguales los excesos, y parecidos los insultos de muertes, robos, ruinas
de haciendas, sacrílegas profanaciones de los templos. Y como era uno el
principio del desasosiego, reglaban sus movimientos por el teatro de la
de Chayanta, donde, despues de muchos tormentos y ultrajes, quitaron la
vida á D. Florencio Lupa, cacique del pueblo de Moscani, falleciendo
víctima de la lealtad á manos de una plebeya indignacion, la que no
satisfaciéndose con juntar la muerte á la ignominia, le cortaron la
cabeza, y tuvieron el arrojo de fijarla en las inmediaciones de la
Plata, en una cruz, que se nombra Quispichaca, tremolando con esta
audacia la bandera de la sedicion.
Este suceso cubrió á la Plata de horror y de susto, temiendo con razon,
que estos principios tuviesen consecuencias muy tristes. Fué este dia el
10 de Setiembre de 1780, y como se esparció en la ciudad, que en sus
extramuros se hallaba una multitud crecida de indios para invadirla y
saquearla, fué notable la confusion que se originó. Presentáronse en la
plaza mayor los Ministros de la Real Audiencia, en compañia de su
Regente, para dar algunas disposiciones, que en aquella necesidad
pudieron graduarse oportunas, para rechazar la invasion del enemigo, y
desde aquel momento se empezaron á reglar compañias, alistándose la
gente sin excepcion de clases: pero con tal desórden y confusion, que si
hubiese sido cierta la noticia, indefectiblemente perece la ciudad á
manos de los rebeldes: llegando la turbacion de aquellos togados á tales
términos, que uno de ellos pregonaba en persona el ridículo bando de
pena de muerte, y 10 años de presidio al que no acudiese á la defensa, y
no hallándose el pregonero para hacer igual diligencia con otra
providencia, se ofreció el mismo Regente á egecutarlo, añadiendo la
circunstancia de que tenia buena voz. ¡O temor de la muerte, cuanto
puedes con las almas bajas! pues unos hombres, que poco antes se
consideraban poco menos que deidades, les obligas á egercer los oficios
mas viles de la república, haciéndose irrisibles de los mismos que los
tenian por sagrados.
Aunque el rebelde Catari, desde el pueblo de Macha, aparentaba sumision
y respeto á la autoridad de la Real Audiencia, no se ignoraba que
secretamente escribia cartas, convocando las provincias para una general
sublevacion, coligado con el principal rebelde José Gabriel Tupac-Amaru,
indio cacique del pueblo de Tongasuca en la provincia de Tinta, del
vireynato de Lima, quien pretendia ser legítimo descendiente de los
Incas del Perú.
Este, pues, dió principio á sus bárbaras egecuciones el 4 de Noviembre
de 1780, prendiendo á su corregidor, D. Antonio de Arriaga, en un
convite que le dió, con el pretexto de que queria celebrar el dia de
nuestro Augusto Soberano. Asegurado el tirano de su propio juez, que
sorprendió inopinadamente cuando estaba comiendo, publicó se hallaba
autorizado con una real Cédula para proceder de aquel modo, y
substanciándole la causa en pocos dias, el 10 del propio mes le quitó la
vida en una horca, en la plaza pública de su pueblo, y apoderándose de
todos sus bienes, pasó á hacer la misma egecucion con el de la provincia
de Quispicanchi, que no tuvo efecto por haber huido á la ciudad del
Cuzco, á donde llevó la noticia del suceso de Tinta. A contener este
alboroto, salieron de aquella ciudad 600 hombres tumultuariamente
dispuestos, los mas del pais, y entre ellos algunos europeos y á pocas
leguas que anduvieron, avistaron al rebelde en el paraje llamado
Sangarara, con un considerable trozo de indios y mestizos de aquella
comarca: y como al mismo tiempo esperimentasen una cruel nevada, se
refugiaron en la iglesia; y mas poseidos del miedo, que resueltos á
acometer al enemigo, le despacharon un emisario que le preguntase cual
era su intento, y el motivo que habla tenido para levantar gente y
turbar la tierra: y la respuesta fué, que todos los americanos pasasen
luego á su campo, donde serian tratados como patriótas, pues solo queria
castigar á los europeos ó chapetones, corregidores y aduaneros.
Esta órden, que mandó notificar José Gabriel Tupac-Amaru á los que le
habian hecho el mensage, con apercebimiento de no reservar á ninguno de
los que la contradigesen, excitó entre ellos una especie de tumulto, y
tratando sobre lo que se habia de resolver, fueron unos de parecer que
se embistiese al enemigo, y otros que nó; de modo que, divididos en los
dictámenes, sintieron bien presto los efectos de la discordia, que paró
en herirse reciprocamente. A esta fatalidad sobrevinieron otras, cuales
fueron la de haberlos cargado el enemigo, haberse pegado fuego á la
pólvora que tenian, y caídoles un lienzo del edificio en que se
alojaban: y muertos unos, otros abrasados, y no pocos envueltos en la
ruina de la pared, fueron todos consumidos y disipados, y el rebelde se
aprovechó de las armas de fuego y blancas, reforzándose con los despojos
de sus mismos enemigos.
Tanto cuanto este suceso desgraciado pudo ofrecer de turbacion á la
ciudad del Cuzco, tuvo de feliz y ventajoso para Tupac-Amaru, con el
cual, dueño de la campaña, la corrió y saqueó, haciendo destrozos en los
pueblos, haciendas y obrages de los españoles, y avanzándose hasta la
provincia de Lampa, entró en Ayabirí sin oposicion: porque aunque en
este pueblo se habian juntado algunos vecinos españoles de aquella y
otras provincias comarcanas, conducidos de sus corregidores, al
aproximarse al enemigo, tomaron la fuga: con lo que, difundiéndose la
confusion, el sobresalto y el temor, y prófugos los curas y
corregidores, quedaron abandonados, y á discrecion de los indios, los
pueblos y provincias, excepto la de Pancarcolla, en que su corregidor,
D. Joaquin Antonio de Orellana, lleno de heróicos sentimientos, formó
poco despues el proyecto de mantenerla á costa de su vida, y buscando
por asilo la villa de Puno, se fortificó en ella con pocos de los suyos.
La desenfrenada codicia de los bárbaros usurpadores los empeñaba en
pillarlo todo, sin respetar los templos; en ellos derramaban la sangre
humana sin distincion de sexos, ni edades. Pocas veces se habrá visto
desolacion tan terrible, ni fuego que con mas rapidez se comunicase á
tantas distancias, siendo digno de notar, que en 300 leguas que se
cuentan de longitud, desde el Cuzco hasta las fronteras del Tucuman, en
que se contienen 24 provincias, en todas prendió casi á un mismo tiempo
el fuego de la rebelion, bien que con alguna diferencia en el exceso de
las crueldades.
Siguió José Gabriel Tupac-Amaru las huellas de todos los tiranos, y
conociendo cuan facilmente se deja arrastrar el populacho de las
apariencias con que se le galantea, porque no penetra los arcanos del
usurpador, comenzó publicando edictos de las insufribles extorsiones que
padecia la nacion, las abultadas pensiones que injustamente toleraba,
los agravios que se repetian en las aduanas, y estancos establecidos:
que los indios eran víctima de la codicia de los corregidores, quienes
buscaban todos los medios de enriquecer, sin reparar en las injusticias
y vejaciones que originaban, cuyas modestas quejas, con que muchas veces
les representaron sus excesos, no sirviesen de otra cosa que de incitar
la ira y la venganza; y en fin que todo era injusticia, tirania y
ambicion: que su intento estaba unicamente reducido á buscar el bien de
la Patria, con esterminio de los inicuos y ladrones. Así se esplicaba
este rebelde, para seducir á los pueblos, engrosando su partido, y con
mano armada pasando á los filos de su cólera á cuantos se le oponian,
invadió las provincias de Azangaro, Carabaya, Tinta, Calca y
Quispicanchi, que por fuerza ó de grado se declararon sus partidarias, á
cuyo ejemplo siguieron el mismo rumbo las de Chucuito, Pacajes,
Omasuyos, Larecaja, Yungas y parte de las de Misque, Cochabamba y
Atacama. Siendo ya general la sublevacion, se experimentaron trágicos ó
inauditos sucesos, para cuya descripcion era necesario sudase sangre la
pluma, y fuesen los caracteres nuestras lágrimas.
Con los muchos indios que se habian juntado á Tupac-Amaru, y las armas
de que ya se habia apoderado, resolvió ir sobre el Cuzco, con el fin de
posesionarse de esta ciudad, y logrado su intento, coronarse en ella,
por ser la antigua capital del imperio peruano, con todas las
solemnidades que imitasen la costumbre de sus antiguos poderes. Se
habian acogido á esta poblacion muchos fugitivos de las provincias
inmediatas, que atemorizados de los estragos que ocasionaba el tirano,
no pensaban sino en salvar sus vidas por aquel medio: y cuando estaban
imaginando abandonar la ciudad, y que era en vano intentar resistir al
rebelde, lo impidió D. Manuel Villalta, corregidor de Abancay, que habia
servido en el real ejército con el grado de Teniente Coronel. Este
animoso oficial, despreciando los temores, y con la experiencia de su
profesion, levantó aquellos espíritus abatidos, echó mano de las
milicias, y ordenó las cosas de manera que dificultasen el proyecto del
rebelde: á que contribuyeron mucho los caciques de Tinta y Chicheros,
Rozas y Pumacagua, cuya lealtad y la de los Chuquiguancas, brilló como
un astro luminoso en medio de la negra oscuridad de la rebelion,
ofreciendo en obsequio de su fidelidad el digno sacrificio de algunas
vidas de los de sus familias y todas las haciendas que poseian.
Conocido por el tirano lo dificil que le era tomar el Cuzco, desistió
del empeño, despues de algunos ataques, en que fué rechazado
gloriosamente por sus vecinos, dirigidos y gobernados por Villalta,
quien le quitó de las manos una presa con que ya contaba, y perdida
aquella esperanza, se contrajo á continuar las correrias y robos contra
los españoles. Declarada ya en todas partes la guerra, y las poblaciones
y campaña sin resistencia, los que pudieron escapar de los primeros
insultos, se refugiaron á las ciudades y villas que les fueron mas
inmediatas. En la de Cochabamba solo, de las partes de Yungas (con
quienes confina por los valles de Ayopaya), entraron mas de 5,000
personas de ambos sexos y de todas edades, que condujo su corregidor, D.
José Albisuri. No porque en los pueblos de españoles faltase la
alteracion y recelo que ofrecia el numeroso vulgo, sino porque el riesgo
parecia menos egecutivo, aunque diariamente se fijaban pasquines y se
oian canciones á favor de Tupac-Amaru, contra los europeos y el
gobierno. Agitado el cuidado de los vireyes de Lima y Buenos Aires,
los Exmos. Señores, D. Agustin de Jauregui y D. Juan José de Vertiz,
pensaron sériamente al remedio de tantos males. El primero dispuso
pasase al Cuzco el Visitador General, D. José Antonio Areche, con el
mando absoluto de hacienda y guerra, nombrando tambien al Mariscal de
Campo, D. José del Valle, Inspector de las tropas de aquel vireinato, al
Coronel de Dragones, D. Gabriel de Aviles, y otros oficiales, para que
tomasen el mando y direccion de las armas que habian de obrar contra los
rebeldes; y el segundo confirmó la eleccion que habia hecho el
Presidente de Charcas, del Teniente Coronel D. Ignacio Flores,
Gobernador que era de Moxos, declarándole Comandante General de aquellas
provincias, y demas que estuviesen alteradas en la jurisdiccion de su
mando, con inhibicion de la Real Audiencia de la Plata, concediéndole
muchas y amplias facultades, para obrar libremente. Los Oidores, poco
conformes con esta disposicion, manifestaron su resentimiento en
distintas ocasiones, dificultando las providencias del Comandante,
oponiendo obstáculos á sus determinaciones, criticando su conducta de
morosa, calumniándole de pusilánime é irresoluto, fundándose en que no
tomaba partido con prontitud, y suponiendo que si hubiese obrado con
actividad ofensivamente contra los rebeldes, hubiera podido sofocarse
con el escarmiento de pocos el atrevimiento de los demas. En cuyas
alteraciones y etiquetas, suscitadas indebidamente en tan críticas
circunstancias, pasaron algun tiempo: hasta que fué creciendo el
cuidado, con motivo de haber mandado la Audiencia secretamente, y sin el
conocimiento que le correspondia á Flores, prender al reo Tomas Catari,
lo que egecutó D. Manuel Alvarez en el Asiento de Ahullagas, en virtud
del auto proveido en acuerdo reservado que se celebró con todo sigilo,
atropellando las prudentes disposiciones del Virey, y desairándole
cruelmente, porque tal proceder era opuesto á sus providencias y á las
facultades que tenia concedidas á aquel Comandante.
Este suceso llenó de regocijo á la ciudad de la Plata, y no fué de poca
satisfaccion á sus ministros, porque todos creian que cortada aquella
cabeza, pasase la inquietud, y que un hecho de esta naturaleza podia
servirles de escudo para cubrirse de sus primeros yerros y desacreditar
la conducta del Comandante militar: porque no solo habia concurrido á
él, sino que tenia significado, no era conveniente en aquella ocasion,
antes bien proponia se empleasen los medios políticos que eran mas
oportunos en tan críticas circunstancias, en que se debia sacar todo el
partido posible de la autoridad y fuerzas que ya habia adquirido el
delincuente, en tanto se acopiaban armas y municiones para resistirle,
motivos porque ocultaron su determinacion. Pero á poco tiempo se
desapareció aquella alegria, desvaneciéndose sus concebidas esperanzas
con las desgraciadas muertes del dicho D. Manuel, y del Justicia Mayor,
D. Juan Antonio Acuña, que con una corta escolta conducian preso á aquel
rebelde: quienes, viéndose inopinadamente atacados en la cuesta de
Chataquilay, y que era muy dificultoso conservar su persona con
seguridad, determinaron matarle antes de intentar la resistencia, sin
que bastase despues el esfuerzo á salvar ninguno de los que le
conducian; creciendo el espanto y susto con haberse acercado
inmediatamente los indios agresores á la ciudad para cercarla, campando
dos leguas de ella, en los cerros de la Punilla, mas de 7,000,
capitaneados por Damaso y Nicolas Catari, hermanos del difunto Santos
Achu, Simon Castillo y otros caudillos. Con cuyo hecho desgraciado varió
el modo de pensar de la Audiencia, que empleó todos los recursos
imaginables para ocultar habia sido suya aquella providencia,
significando que Alvarez habia egecutado la prision de motupropio: pero
Flores, que no se descuidaba en cubrirse de sus resultas, tuvo modo de
conseguir copia de todo lo acordado sobre aquel hecho. Así perpetuamente
se eslabonan los fracasos con las dichas, teniendo en continua duda
nuestros afectos, para que busquen en su centro la verdadera y estable
felicidad.
Aun no bien se supo estaban acampados los indios en aquel cerro,
proyectando el asalto de la ciudad, se infundió en todos sus vecinos la
generosa resolucion de defenderse, hasta derramar la última gota de
sangre: y porque fuesen iguales el valor y la precaucion, ganando los
instantes, se colocaron puestos avanzados para observar desde mas cerca
los movimientos del enemigo, y cortando las calles con tapias de adobes,
que impropiamente han llamado trincheras, se destacaron algunas
compañias de milicianos para que guarnecieran sus extramuros. El Regente
en una continua agitacion expedia providencia sobre providencia, y los
Ministros, disimulando el miedo que los dominaba con el celo y amor al
Soberano, se hicieron cargo con las compañias formadas del grémio de
abogados, de rondar y patrullar todas las noches, reconociendo las
centinelas avanzadas. Pero como todos carecian de los principios del
arte de la guerra, servian de confusion mas que de seguridad sus
diligencias, que tambien contribuyeren no poco á suscitar nuevas
disputas sobre sus pretendidas facultades, y las que tenia el Comandante
de las armas. Sin embargo de todo esto, se notaba en los vecinos buena
disposicion, por mas que se haya querido disminuir despues, abultando
desconfianzas para cubrir la negligencia, y el error de no haber acudido
con resolucion y actividad á cegar el manantial de donde nacian estas
alteraciones: siendo fácil comprender, que si en sus principios se
hubiese obrado con el valor y determinacion que piden semejantes casos,
se hubieran evitado tantos estragos, como siguieron, y la muerte de mas
de 40,000 personas españolas, y mucho mayor número de indios, que han
sido víctimas de estas civiles disenciones.
Insolentes los rebeldes en su campamento, dirigieron á la Real Audiencia
algunas cartas llenas de audaces amenazas, pidiendo las cabezas de
algunos individuos, y asegurando hacer el uso mas torpe de las mugeres
del Regente y algunos Ministros, ofreciendo emplearlas despues en las
tareas mas humildes del servicio de sus casas. En esta ocasion fué
sospechado cómplice en las turbaciones el cura de la doctrina de Macha,
el Dr. D. José Gregorio Merlos, eclesiástico de corrompida y escandalosa
conducta, de génio atrevido y desvergonzado, que fué arrestado por el
Oidor D. Pedro Cernadas en su misma casa, y depositado en la Recoleta
con un par de grillos, y despues en la cárcel pública con todas las
precauciones que requerian el delito que se le imputaba, y las continuas
instancias que hacian los rebeldes por su libertad, quienes aseguraban
entrarian á sacarle de su prision á viva fuerza: cuyo hecho se egecutó
tambien sin consentimiento del Comandante militar, aprovechando la
Audiencia, para proceder á su captura, del pretesto de hallarse ausente,
para un reconocimiento en las inmediaciones de la ciudad. El cuidado se
iba aumentando con continuos sobresaltos que ocasionaba la inmediacion
de los sediciosos, y aunque no llegaron nunca á formalizar el cerco, se
empezaba asentir alguna escasez de víveres, que fué tambien causa de
aumentarse las discordias, por la libertad de pareceres para el remedio.
Solicitaron los abogados, unidos con los vecinos, se les diese licencia
para acometer al enemigo, pero luego que entendieron que se disgustaba
el Comandante por esta proposicion, se apartaron de su intento. El
Director de tabacos, D. Francisco de Paula Sanz, sugeto adornado de las
mejores circunstancias y calidades, se hallaba en la ciudad casualmente,
y de resultas de la comision que estaba á su cargo para el
establecimiento de este ramo, movido de su espíritu bizarro, y cansado
de las contemplaciones que se usaban con los rebeldes, quizo atacarlos
con sus dependientes y algunos vecinos que se le agregaron, y saliendo
de la ciudad con este intento, el dia 16 de Febrero de 1781 llegó á las
faldas de los cerros de la Punilla, en que estaban alojados los indios,
que descendieron inmediatamente á buscarle para presentar el combate,
persuadidos de que el poco número que se les oponia, aseguraba de su
parte el vencimiento. Cargaron con tanta violencia y multitud aquel
pequeño trozo, que se componia de solos 40 hombres, que no bastó el
valor para la resistencia, y cediendo al mayor número y á la fuerza,
fué preciso pensar en la retirada, en que hubieran perecido todos por el
desórden son que la egecutaron, á no haber salido á sostenerlos la
compañia de granaderos milicianos, no pudiendo evitar perdiese la vida
en la refriega D. Francisco Revilla, y dos granaderos que le acompañaron
en su desgraciada suerte: pues aunque despues salió Flores con mayor
número de gente, sirvió poco su diligencia, por haber entrado la noche.
El génio dócil y el natural agrado del Director Sanz, acompañados de su
generosidad, le hacian muy estimado de todos, menos de Flores, con quien
habia tenido algunos disgustos por el diverso modo de pensar. Sanz, todo
era fuego para castigar la insolencia de los sediciosos, y Flores, todo
circunspeccion y flema en contemplarlos, cuya conducta, mormurada
generalmente, ocasionó pasquines denigrantes á su honor, tildándole de
cobarde, atreviéndose á decir, era afecto al partido de la rebelion: y
llegó á tanto la osadia del público, que expresó sus sentimientos con
satíricos versos y groseras significaciones, enviándole á su casa, la
misma noche del ataque del 16, una porcion de gallinas, sin saber quien
habia sido el autor de este intempestivo regalo. Al siguiente dia se
presentaron los vecinos por escrito, manifestando estaban prontos y
dispuestos á ir en busca del enemigo. Todos clamaban se anticipaba su
última ruina, gritaban descaradamente, que si no se les conducia al
ataque, saldrian sin el Comandante: y ya obligado de tantas y tan
repetidas eficaces insinuaciones que se aumentaron con el desgraciado
suceso del Director, determinó para el 20 del mismo Febrero atacar á los
indios de la Punilla. Serian las 12 de aquel dia, cuando se pusieron en
marcha nuestras tropas, y llegando al campo se presentó al Comandante un
espectáculo agradable, que le anunciaba la victoria, y fué reconocer que
un crecido número de mugeres, mezcladas y confundidas entre la tropa,
deseaba con ansia entrar en funcion: este raro fenómeno, cuanto
lisonjeaba el gusto, arrancó lágrimas de aquel gefe, que egercitó toda
su habilidad para disuadirlas se apartasen de tan peligroso empeño, con
el cual unicamente habian conseguido ya una gloria inmortal: y aunque se
les mitigó el ardor, nunca se pudo lograr se retirasen, y permanecieron
en el campo de batalla, ó bien para que su presencia inspirase aliento á
los soldados, ó para que sirviesen de socorro en cualquiera infortunio.
Las dos de la tarde serian cuando se tocó á embestir al enemigo, que se
hallaba apostado en las alturas de tres montañas ásperas y fragosas,
cuya ventaja hacia peligrosa la subida: pero esta dificultad empeñó el
valor de los nuestros, que estaban tan deseosos de venir á las manos, y
acometiendo con heróico denuedo, sufrieron los indios poco tiempo el
asalto, ganando airosamente las cumbres de aquellos empinados cerros,
llevándose con los filos de la espada á todos los que no retiró la fuga;
dejando en el campo de batalla 400 cadáveres, con poca ó ninguna pérdida
de nuestra parte, y de sus resultas libre la ciudad del bloqueo en tan
breve espacio de tiempo, que pudo el Comandante General exclamar con
Julio Cesar:--_Veni, vidi, vinci_. Celebróse esta victoria con festivas
aclamaciones de _Viva el Rey_; é iluminándose la ciudad por tres noches,
se rindieron al Todo-Poderoso las debidas gracias, manifestándose la
alegria con todos aquellas señas con que acredita el amor, la sinceridad
del afecto. Este destrozo de los enemigos trajo las mas favorables
consecuencias, y hubieran sido mayores si se hubiese adelantado la
accion: pues asustada la provincia de Chayanta, depuso toda inquietud, y
para comprobar su arrepentimiento, entregó á los principales autores,
que fueron Damaso y Nicolas Catari, Santos Hachu, Simon Castillo y otros
varios, que todos murieron en tres palos: que así burla la Divina
Providencia las esperanzas de los delincuentes, disponiendo caigan á
manos de la justicia, cuando se creen mas exentos de su rigor.
Este hecho acredita cuan conveniente era ganar los instantes, y obrar
con actividad contra los insurgentes, aprovechando la consternacion en
que se hallaban por el dichoso suceso de la Punilla, antes que
depusieran su espunto: pues los recelos y desconfianzas del Comandante,
y su carácter mas político que militar, le hacian observar una lentitud
perjudicial á la causa pública. Y como vacilaba en un mar de dudas, pasó
el tiempo en hacer prevenciones, con que disimulaba su manejo, que
pudiera haber variado con las repetidas pruebas de fidelidad y bizarria
que le tenian dadas los vecinos de la Plata, que justamente se han
quejado del concepto que le merecieron, porque consideraba no eran
capaces de sostener operaciones ofensivas en campo abierto sin el
auxilio de los veteranos que se esperaban: lo que debiera haber tentado
sin esta circunstancia, pues algo se ha de aventurar en los casos
estremos, en que no se presenta otro recurso. Estas detenciones
ocasionaron no pocos males, particularmente en las provincias de Chichas
y Lipes, que se sublevaron despues de aquel suceso, porque conocieron la
superioridad que tenian, y les manifestaba semejante conducta, y que no
eran muy temibles el Comandante y armas que se hallaban en la ciudad de
la Plata, cuando aun despues de vencedoras se contentaban con volver á
encerrarse en los términos de su recinto, sin pensar al remedio de las
calamidades agenas: á que contribuyó tambien el haber seguido el mismo
sistema la imperial villa de Potosí, que creyó llenaba so obligacion con
poner á cubierto sus preciosas minas.
Cuando estaba para celebrarse en casa del Comandante, D. Ignacio Flores,
con un banquete, el buen éxito que tuvo la accion de la Punilla, se
recibió la infausta noticia del horroroso hecho acaecido en la villa de
Oruro, con lo que se consternaron los ánimos de todos los convidados, y
se llenaron de amargura, convirtiéndose en pesar el placer que tenian
prevenido. Y como es uno de los acaecimientos mas notables de esta
general sublevacion, no podrá ser desagradable se refiera con extension,
y con todas las circunstancias que requiere un hecho de esta naturaleza.
El orígen, pues, y las causas de esta funestísima tragedia, fueron
haberse divulgado en aquella villa las fatalidades acaecidas en las
provincias de Chayanta y Tinta, con un edicto que expidió José Gabriel
Tupac-Amaru, en que espresaba todas sus crueles y ambiciosas
intenciones: lo que, llegado á noticia del corregidor, D. Ramon de
Urrutia, juntamente con los extragos que causaba en las provincias de
Lampa y Carabaya, le determinaron á prevenirse para cualquier
acontecimiento. Formó compañias de los _cholos_ y vecinos, para
disciplinarlas en el manejo de las armas, destinando diferentes sitios
para la enseñanza, donde concurrian semanalmente dos veces, y aprendian
con gusto la doctrina de sus maestros: algunos desde luego no aprobaron
esta diligencia, ó porque eran adictos al principal rebelde Tupac-Amaru,
cuya venida deseaban con ansia, ó lo mas cierto, porque eran sus
confidentes. Estos tales solamente concurrian á aquel acto para emular á
los que enseñaban, que eran europeos, y á formar diferentes críticas
sobre sus operaciones, al mismo tiempo que con insolencia fijaban
pasquines opuestos á la corona, censurando el gobierno del corregidor y
demas jueces. Entre ellos amaneció uno el dia 25 de Diciembre de 1780,
en que se anunciaba el asesinato, que despues egecutaron con los
europeos, y zaherian la conducta de D. Fernando Gurruchaga, Alcalde
ordinario, que acababa aquel año, con dicterios denigrativos á su
persona, y de la justicia. Tambien prevenian en él á los individuos del
Cabildo, se abstuviesen de elegir Alcaldes europeos, porque si tal
sucedia, no durarian ocho dias, porque se sublevarian y serian víctima
de su enojo, por ser ladrones: y que para evitar tan funesto suceso,
habian de nombrar precisamente de Alcaldes á D. Juan de Dios y á D.
Jacinto Rodriguez.
El Corregidor, cuidadoso con estas públicas amenazas, é insolentes
pretensiones: obraba vigilante en la averiguacion y pesquiza de los
autores, pero por mas exactas diligencias, así judiciales como
extrajudiciales que practicó, nunca pudo saber la verdad para castigar á
los delincuentes, á fin de mantener á todos con la quietud y buena
armonia, á que siempre propendió desde el ingreso á su corregimiento.
Llegado el dia de la eleccion, para el año de 1781, propuso á los
vocales nombrasen á sugetos benémeritos y honrados, de buenas costumbres
y amantes de la justicia, para que así pudiesen desempeñar con acierto
los cargos, con la madurez y juicio que previenen las leyes, y requerian
las críticas circunstancias, en que se hallaba el reino. Para este
efecto les propuso á D. José Miguel Llano y Valdez, patricio, á D.
Joaquin Rubis de Celis, y D. Manuel de Mugrusa, europeos, con la mira de
que saliese la vara de la casa de los Rodriguez, que pretendia hacerla
hereditaria, y que ni ellos ni ninguno de sus parciales y domésticos,
fuese elegido, pues hacian 18 años que estos sugetos estaban
posesionados de aquellos empleos, sin permitir jamas que fuesen
nombrados otros, por la desmedida ambicion de gobernar que los dominaba:
y tambien para evitar las injusticias, estorsiones y violencias, que con
título de jueces egecutaban con toda clase de gentes, validos del
depotismo sin límite que habian adquirido, con el cual protegian todo
género de vicios, de que adolecian sus dependientes y criados.
Trascendida por los Rodriguez esta idea, previnieron algunas
alteraciones y diferencias para el dia de la eleccion: no obstante
prevalecieron los votos á favor de la justicia, y salieron electos los
propuestos por el Corregidor, que aborrecian cruelmente los Rodriguez,
por la desemejanza de costumbres y nacimiento: y no podiendo ocultar la
ponzoña que encerraban sus corazones, al ver se les habia quitado el
mando, que tantos años tenian como usurpado, se quitaron la máscara,
para dejarse ver á todas luces sentidos contra él. D. Jacinto estuvo
para morirse con lo vómitos que le ocasionó la cólera del desaire, y D.
Juan salió de la villa para su ingenio á toda prisa, dejando prevenido
en su casa, que ninguno de sus clientes saliese á las corridas de toros,
que regularmente celebran los nuevos Alcaldes para festejar al público,
ni que á estos se les prestase cosa alguna que pidiesen para los
refrescos acostumbrados. En este mismo dia empezó á descubrirse la liga
que habia formado con ellos el cura de la iglesia matriz. Sucedió pues,
que siendo costumbre de tiempo inmemorial, que acabadas las elecciones,
y confirmadas por el corregidor en la casa capitular, pasaba todo el
Cabildo á la iglesia mayor á oir la misa de gracias, se dirigieron los
Cabildantes á esta pia demostracion, pero estando ya á las puertas de la
iglesia, salió al encuentro el sacristan para decirles que no habia
misa, porque ninguno habia dado la limosna.
Estaban las cosas en este crítico estado, cuando llegó la noticia de la
muerte de Tomas Catari; y creyendo el corregidor de Pária, D. Manuel
Bodega, que quitado este sedicioso perturbador de la quietud pública, le
seria fácil sugetar la provincia, cobrar los reales tributos y su
reparto, determinó ir á ella con armas y gente. Pidió para esto á
Urrutia le auxiliase con soldados, que le negó, previniendo no podian
resultar buenas consecuencias: pero Bodega mal aconsejado, juntó 50
hombres, pagados á su costa, y emprendió la marcha al pueblo de
Challapata, donde él y los mas que le acompañaban, pagaron con la vida
su lijera determinacion.
Con este hecho, persuadidos quedaron los indios de Challapata, Condo,
Popó y demas pueblos inmediatos, que el corregidor de Oruro habia
auxiliado al de Pária con armas y gente para castigarlos, desde aquel
dia amenazaban la villa y el corregidor, protestando asolarla, y dar
muerte á todos sus habitantes. Agregóse á esto, que un religioso
franciscano, llamado Fray Bernardino Gallegos, que á la sazon se hallaba
de capellan en los ingenios de D. Juan de Dios Rodriguez, solapando su
malicioso designio, decia habia oido, que los indios de Challapata
estaban prevenidos para invadir á Oruro, y que el principal motivo que
los impelia, era saber que se hacia diariamente egercicio, por lo que
consideraba conveniente se suspendiese; pues sin mas diligencia que
esta, se sosegarian los ánimos de aquellos rebeldes, porque su
resentimiento nacia unicamente de aquella disposicion. El corregidor, ya
fué que no dió asenso á los avisos de aquel religioso, ó porque
penetrase su interior, no alteró sus providencias, de que nacieron
continuos sobresaltos y cuidados: porque, resentido de esto, no cesó de
esparcir en adelante funestas noticias, que amenazaban por instantes el
insulto ofrecido por los indios circunvecinos. En este conflicto se
dudaba el medio que debia elegirse: no habia armas, ni pertrechos;
hacíanse cabildos públicos y secretos; nada se resolvia por falta de
dinero en la caja de propios, ó por decirlo con mas propiedad, por no
haber tal caja, porque hacia muchos años se habia apoderado de su fondo
D. Jacinto Rodriguez. Tampoco podia acudirse á las cajas reales, porque
lo resistian sus oficiales, alegando no serles facultativo extraer
cantidad alguna, sin órden espresa de la superioridad; y por último
recurso, se pensó en que los vecinos contribuyesen con algun donativo,
que tampoco tuvo efecto, por la suma pobreza en que se hallaban. En
estos apuros se manifestó el celo del tesorero D. Salvador Parrilla,
dando de contado 2.000 pesos de sus propios intereses, para que se
acuartelasen las milicias, y se previniesen municiones de guerra, entre
tanto se daba parte á la Audiencia, para que deliberase lo que tuviese
por conveniente. Con esta cantidad se dió principio á los preparativos;
pusiéronse á sueldo 300 hombres: se nombraron capitanes y demas
oficiales, para hacer el servicio: D. Manuel Serrano, formó una compañia
de la mas infame chusma del pueblo, y nombró por su teniente á D.
Nicolas de Herrera, de génio caviloso, que despues fué uno de los que
mas sobresalieron en esta trágica escena.
Acuartelada así la tropa, se suscitaron muchas disenciones por la poca
subordinacion de los soldados, la ninguna legalidad en los oficiales
para la suministracion del prest señalado, y otros motivos, que se
originaban, mas por la disposicion de los ánimos, que por, las
fundadas quejas.
El dia 9, á las diez de la noche, salieron del cuartel algunos soldados
de la compañia de Serrano, pidiendo á gritos socorro á los demas; y
preguntada la causa, respondió en voz alta Sebastian Pagador:--"Amigos,
paisanos y compañeros, estad ciertos que se intenta la mas aleve
traicion contra nosotros por los chapetones: esta noticia acaba de
comunicárseme por mi hija; en ninguna ocasion podemos mejor dar
evidentes pruebas de nuestro amor á la patria, sino en esta: no
estimemos en nada nuestras vidas, sacrifiquémoslas gustosos en defensa
de la libertad, convirtiendo toda la humildad y rendimiento, que hemos
tenido con los españoles europeos, en ira y furor, y acabemos de una vez
con esta maldita raza." Se esparció inmediatamente por todo el pueblo
este razonamiento, y la mocion en que estaban las compañias milicianas,
no descuidándose D. Nicolas Herrera en atizar el fuego, contando en
todas partes con los colores mas vivos, que su malicioso intento pudo
sugerirle, la conjuracion de los europeos.
Sebastian Pagador habia sido muchos años sirviente en las minas de ambos
Rodriguez, y en aquella actualidad concurria á ellas por las tardes con
D. Jacinto, donde este se ponia ébrio, mal de que adolecia comunmente.
Entre otras producciones de la borrachera, salió con el disparate que el
corregidor le queria ahorcar, juntamente con sus hermanos, á D. Manuel
Herrera y otros vecinos. El calor de la chicha, que tenia alterado á
Pagador, le hizo facilitar el asesinato que despues egecutaron,
tratándolo con D. Nicolas de Herrera, sugeto muchas veces procesado por
ladrón público y salteador de caminos. A este no sola le constaba que
muchos de los europeos estaban acaudalados, sino que él y algunos de sus
inicuos compañeros vieron depositar muchas barras y zurrones de plata
sellada en cara de D. José Endeiza, á quien se le consideraba mas de
50,000 pesos efectivos. Como este sugeto era tan amable, concurrian á su
mesa muchos de sus amigos, tambien acaudalados, y acordaron que en tanto
se les proporcionaba trasladarse á Potosí, se juntasen todos con sus
caudales á vivir en la casa donde se hallaba hospedado. La presa de tan
crecido caudal fué el principal orígen de este desgraciado suceso. D.
Nicolas Herrera, que deseaba mas que todos llegase el caso de egecutar
el saqueo, publicaba en todas partes el razonamiento de Pagador, y
continuando sus diligencias, entró en casa de D. Casimiro Delgado, que á
la sazon estaba jugando con D. Manuel Amezaga, cura de Challacollo, y
con Fray Antonio Lazo, del Orden de San Agustin. Alborotáronse todos con
la novedad, y resolvieron ir á avisar á los milicianos la desgracia que
los amenazaba: determinacion, á la verdad, impropia de aquellos sugetos,
y que tiene muchos visos de sediciosa; porque sin reflexionar en
consecuencias pasaron al cuartel, llamaron al capitan D. Bartolomè
Menacho y á otros, y les dieron noticia de lo que sabian, haciéndoles la
prevencion de que se guardasen. Con esto, y la voz de traicion de parte
de los europeos que Herrera habia esparcido por toda la villa, acudian
en crecidas tropas al cuartel, las madres, mugeres y hermanas de los que
estaban acuartelados: unas llevaban armas para que se defendiesen, y
otras con las mas tiernas voces, pedian con lágrimas dejasen aquel
recinto. A esto añadian los soldados, incitados por Pagador, se
persuadiesen era cierta la conjuracion: los unos afirmaban que el
corregidor tenia prevenida una mina para volarlos repentinamente, otros
gritaban que no habia que dudar, porque tenia arrimadas escaleras para
asaltarlos de improviso por el corral de su casa. Todo era confusion,
desórden y alboroto, sin el menor fundamento; porque la malicia de los
seductores inventaba estas y otras especias sediciosas para conmover los
ánimos. De esta conformidad pasaron aquella noche en continuo
sobresalto, y luego que aclaró el dia 10, desampararon el cuartel: unos
se dirigieron á sus casas, y otros reunidos por Pagador, se presentaron
á D. Jacinto Rodriguez, protestando que como á su Teniente Coronel
debian comunicarle lo que se premeditaba contra ellos; que estaban
prontos á obedecerle ciegamente, con lo que daban unas pruebas nada
equívocas de la subordinacion que le tenian: quien, al oir las quejas,
les dijo que no volviesen al cuartel, y quedándose con algunos de mayor
confianza, les previno sigilosamente se amotinasen aquella noche, y les
advirtió el modo con que lo habian de practicar.
Habia marchado dias antes al pueblo de Challapata Fray Bernardino
Gallegos, del Orden de San Francisco, con el pretesto de libertar
algunos soldados que llevó D. Manuel de la Bodega, los que se hallaban
escondidos en casa del cura; pero su verdadero designio fué el de
convocar á los indios para aquel dia. En el mismo distribuyó D. Jacinto
á sus negros, y algunos de sus criados por las estancias y pueblos
inmediatos, para con la ayuda de estos, doblar sus fuerzas y lograr su
intento; montó á caballo, se dirigió al Cerro de las Minas, donde juntó
á todos los indios, mulatos y mestizos, que trabajaban en ellas, y les
dió la órden de que precisamente bajasen por el Cerro de Conchopata á la
villa, luego que anocheciese. Todo se egecutó como estaba prevenido,
empezando la bulla de los peones mineros en aquel lugar, á la hora
señalada. Para asegurar mejor la accion premeditada, andaba por las
calles y plazas un oficial de la compañia de Menacho, llamado D. José
Asurdui, publicando era cierta la traicion del corregidor y europeos,
con tanto descaro, que, obligó á uno de ellos á reconvenirle,
diciéndoles: "Solamente un hombre de poco entendimiento podria proferir
este disparate: Vd. se persuade que el corregidor, acompañado unicamente
de 30 á 40 europeos, se consideren capaces de resistir y matar á mas de
5,000 hombres que tiene la villa; esto fuera lo mismo que intentar una
hormiga hacer frente á un leon." Pero como eran otros los principios de
aquel motin, de nada sirvieron estas sólidas razones para contenerle,
antes bien se aumentaron los corrillos en las esquinas de las calles y
plaza pública, creciendo el cuidado, por haber encontrado un pedazo de
carta de Fray Bernardino Gallego, en que avisaba á su hermano, Fray
Feliciano, que indefectiblemente la noche del 10 seria invadida la villa
por los indios Challapatas, pero que no tuviesen cuidado, que el fin era
quitar la vida al corregidor y oficiales reales. Tales indios no
parecieron aquella noche, y averiguada la verdad, muchos dias despues se
supo no pensaron en venir por entonces, y que solo habia sido ardid para
aumentar el temor y la confusion.
A las 4 de la tarde mandó el corregidor tocar llamada, para que las
milicias se juntasen; en efecto obedecieron, siendo muy pocos los que
hicieron falta; pero con la circunstancia de no querer entrar en el
cuartel, y si mantenerse divididos en trozos por las esquinas de la
plaza, hablando entre ellos de la supuesta traicion, y lo que habian de
practicar; y no descuidándose Pagador en su comision, recordó los hechos
de José Gabriel Tupac-Amaru, apoyando su conducta contra el Soberano,
las vejaciones que sufrian por el mal gobierno de sus ministros, los
insoportables pechos, que con motivo de la guerra con los ingleses,
imponian á los pueblos, y otras razones eficaces para conducir los
ánimos al fin que se habia propuesto. El corregidor, procuraba
reducirlos, ya con suavidad, ya con amenazas; pero nada bastaba, y, solo
pudo conseguir le ofreciesen, se mantendrian en la plaza, esperando á
los indios que amenazaban invadir la villa aquella noche: y para que no
quedase medio que emplear, se convidó á dormir con ellos, y que cuando
se verificase la conjuracion de los europeos, sacrificarian primero su
vida antes que permitir pereciese ninguno de los soldados. Pero como
faltaba ya la razon, y empezaban á descubrir su mala intencion, lejos de
producir los buenos efectos que se prometia de esta sumisa oferta, solo
sirvió para que se insolentasen mas. Rogábales humildemente, y procuraba
disuadirlos de las supuestas quejas con los europeos: decíales que todo
era falso é inventado por la malicia de los que les persuadian lo
contrario; pero mas irritados con estos medios de suavidad, empezaron á
manejar sus hondas, ensayando el modo con que habian de usar de ellas.
Estas son las causas de donde se originó tan cruel rebelion contra la
Magestad y los europeos; pero añadiré otra que á mi ver es el principal
fundamento de este sangriento suceso. Hacian 10 años, que se
esperimentaba un total atraso en las labores de minas; de modo que en la
actualidad no habia una sola que llevase formal trabajo, ni pudiese
rendir á su dueño lo necesario para su conservacion y giro, siendo lo
único que sostenia el vecindario: cuya total decadencia puso á sus
mineros en tan lamentable constitucion, que los que se contaban por
principales, y en otros tiempos poseian agigantados caudales, como eran
los Rodriguez, Herrera, Galleguillos y otros, se hallaban en un estado
de inopia, descubiertos en muchos miles, así al Rey, como con otros
particulares, sin poderlos pagar, ni seguir el trabajo de sus labores,
por falta de medios. Los europeos, que eran los únicos habilitadores, ya
no querian suplirles cantidad alguna, y desesperados por no hallar
remedio para socorrerse, y chancelar sus deudas, maquinaron esta
rebelion, que se hará dudosa á los tiempos venideros, por el conjunto de
muertes, robos, sacrilegios, profanaciones y demas crueldades que se
egecutaron.
Obligados los milicianos, de las muchas súplicas y persuasiones que se
emplearon por varios sugetos, entraron en el cuartel, despues de la
oracion del citado dia 10 de Febrero, no para permanecer en él como
otras noches, sino solo para engañar á sus capitanes con aquella
aparente obediencia, y con la mira de que se les diese el prest que se
les tenia asignado. Mientras se les pagaba, se oyeron por las calles y
plazas, muchas voces y alaridos de muchachos y demas chusma, quienes
despidiendo piedras con las hondas, pusieron al pueblo en bastante
consternacion. A este tiempo tocaron entredicho con la campana de la
matriz, segun se habia prevenido, para que todos se juntasen al puesto
señalado. Practicáronlo así, pero sin poder averiguar quien hubiese
tocado, ni con que órden, lo que obligó al corregidor mandase apostar
una compañia en cada esquina de la plaza, por si hubiese algun inopinado
asalto. Cuando se estaban tomando estas y otras disposiciones para
precaverse, se oyó el sonido de diferentes cornetas, que de uno á otro
ó estremo se correspondian, para confirmar la entrada de los indios; por
lo que se dispuso que algunos saliesen para hacer un reconocimiento,
quienes volvieron con la noticia, de que no habia nadie en aquellas
inmediaciones, y averiguado el caso, se halló que los que tocaban las
cornetas, eran dos negros de D. Jacinto Rodriguez, D. Nicolas de
Herrera, é Isidoro Quevedo, para que reunidos con esta novedad los
europeos, les fuese mas fácil conseguir su desesperado intento.
Asegurados estos, que nada habia que recelar de parte de los indios, se
tranquilizaron algo, y entraron á cenar juntos en casa de Endeiza. Pero
al primer plato que se puso en la mesa, entró D. José Cayetano de Casas,
derramando mucha sangre, de una peligrosa estocada, que le habian dado
los criollos, por haber resistido que entrasen por la esquina de la
matriz, que estaba guardando con su compañia, y al tiempo que referia su
desgracia y aseguraba era cierta la conjuracion de los criollos contra
ellos, oyeron que despedian desde la plaza millares de piedras hácia la
casa y balcones, y determinados á defenderse hasta el último estremo,
tomaron las armas de fuego que tenian, para dispararlas contra los
amotinados, y resistir su insulto: pero detúvolos el mismo dueño, D.
José de Endeiza, sugeto de vida ejemplar, quien conociendo era
inevitable la muerte de todos, les hizo el siguiente razonamiento, lleno
del celo cristiano que le animaba. "Ea, amigos y compañeros, no hay
remedio, todos morimos, pues se ha verificado ser la sedicion contra
nosotros: no tenemos mas delito que el ser europeos, y haber juntado
nuestros caudales, para asegurarlos, á vista de los criollos. Cúmplase
en todo la voluntad de Dios, no nos falte la confianza de su
misericordia, y en ella esperemos el perdon de nuestras culpas: y pues
vamos á dar cuenta á tan justo tribunal, no hagamos ninguna muerte, ni
llevemos este delito á la presencia de Dios, y así procuren Uds.
disparar sus escopetas al aire, y sin pensar en herir á ninguno: quizá
conseguiremos con solo el estruendo atemorizarlos, y hacer que huyan."
De esta suerte con lágrimas en los ojos, tiraban de la conformidad
prevenida, lo que comprueba no haber herido á ninguno de los criollos
con mas 200 tiros que dispararon, y aunque despues se quizo asegurar lo
contrario, fué una invencion de los autores del motin.
Enfurecidos los tumultuantes, y llenos de rabiosa cólera, unos despedian
hondazos contra los balcones, y otros procuraban incendiar la casa. Las
mugeres se empleaban en acarrear piedras las mas sólidas y fuertes que
encontraban en las minas, cuidando no faltase á los hombres esta
provision. Pasaban ya de 4,000 los amotinados, crecia el peligro de los
europeos, encerrados en la casa de Endeiza, y se aguardaba por instantes
fuesen víctima del populacho. Para evitarlo, salió de la iglesia de la
Merced el Señor Sacramentado, cuya diligencia no sirvió de otra cosa
que á aumentar el delito de aquellos bárbaros con el mayor sacrilegio:
porque desprendidos de toda humanidad, faltaron tambien á la veneracion
y respeto debido al Dios de los cielos y tierra, pues no hicieron caso
de su presencia real, y continuaron el asalto de la casa. El corregidor,
antes que oyese tiro alguno, pasó á casa de D. Manuel de Herrera, y le
rogó encarecidamente saliese con él por las calles á apaciguar el
tumulto, para ver si con su respeto conseguia lo que no habia podido
lograr despues de haber empleado muchos medios; á que le respondió no
era ya tiempo, y siguió jugando tranquilamente con el cura de Sorasora,
D. Isidoro Velasco, y otros, á quienes interesaba poco la consternacion
en que estaba el pueblo. Viéndose el corregidor desengañado, y
cerciorado que procuraban quitarle la vida, se vió precisado á emprender
la fuga para salvarla, y desde la misma casa de Herrera salió al campo,
sin llevar prevencion alguna para el camino, y tomando el de Cochabamba,
logró asilarse en la villa, capital de aquella provincia.
Continuaron los amotinados sus diligencias, y para que no desmayasen de
la empresa, gritaban algunos por las calles:--"Ea, criollos y criollas,
acarreen piedras para matar á los chapetones, pues ellos han sido
nuestros enemigos:" y para irritar y conmover los ánimos, decian unas
veces "ya le quitaron la cabeza á D. Jacinto Rodriguez:" otros, "han
muerto 30 paisanos nuestros." Pero entre ellos quien sobresalia mas que
todos era D. Juan Montesinos, que decia á grandes voces:--"Vayan hombres
y mugeres á mi casa, y saquen leña y paja para pegar fuego, y acabar con
estos traidores chapetones:" lo que practicaran inmediatamente,
incendiando los balcones y tienda principal, con lo que, obligados á
salir por los tejados aquellos infelices europeos, se pasaron á las
casas inmediatas. Luego que lo advirtieron, tomaron todas las avenidas,
y no hallando otro recurso que el de salir huyendo por la puerta de la
calle: se resolvieron á egecutarlo, pero acometidos de un furioso tropel
de criollos, los iban matando así como iban saliendo, hasta dejarlos
despedazados é inconocibles. Mientras los unos se ocupaban en estas
crueldades, y en quemar la casa, otros juntamente con las mugeres,
saqueaban las tiendas y viviendas altas, donde se atesoraron hasta
700,000 pesos de los mismos europeos, y otros que, persuadidos los
tendrian seguros, los depositaron en su poder, en las especies de oro,
plata sellada, barras, piñas, efectos de Castilla y de la tierra:
habiendo ya saqueado antes la tienda de un criollo, llamado Pantaleon
Martinez, con el pretexto de que era cómplice en el supuesto intento de
los europeos, por cuyo motivo debia perder todos sus haberes, y morir
con ellos.
A las cinco de la mañana del dia 11 se veia ya el lamentable espectáculo
de muchos muertos, tendidos por las calles, desnudos y tan
despedazados, que era preciso examinarlos con gran proligidad para
conocerlos. No contentos con esta venganza, los mandaron llevar al sitio
afrentoso del rollo, y de allí los pasaron á los umbrales de la cárcel,
donde los mantuvieron dos dias, siendo los mas de ellos pasto de los
perros. Se comprendieron en esta desgracia, D. José Endeiza, D. Juan
Blanco, D. Miguel Salinas, D. Juan Pedro Ximenez, D. Juan Vicente
Larran, D. Domingo Pavia, D. Ramon Llano, D. José Cayetano Casas, D.
Antonio Sanchez, D. Francisco Palazuelos, otros que no se conocieron, y
cinco negros. Siguieron los asesinos llevándose en dia claro los robos
que egecutaban, diciendo públicamente lo habian ganado en buena guerra,
y que por derecho les tocaba: y dirigiéndose despues á la cárcel,
abrieron las puertas, echaron fuera todos los presos, y luego salieron
diciendo en altas voces: _Viva nuestro Justicia Mayor, D. Jacinto
Rodriguez:_ caminando juntos con grande algazara y alegria, tocando
cajas y clarines, lo sacaron de su casa, le hicieron dar vuelta por la
plaza mayor, y repitiendo las aclamaciones, lo volvieron á ella, y
habiendo subido el cura vicario á los balcones de la casa capitular, á
preguntarles qué era lo que solicitaban para sosegarse, respondieron
todos á una voz:--Queremos por Justicia Mayor á D. Jacinto Rodriguez, y
que el corregidor y demas chapetones salgan luego del lugar, desterrados
á vista nuestra.
A las doce del dia empezaron á entrar algunos trozos de indios, tocando
sus ruidosas cornetas, y armados de hondas y palos. Con horror de la
naturaleza se veia, que despues de rendir la obediencia á D. Jacinto,
para asegurarle con sus acostumbradas demostraciones de rendimiento, que
eran venidos á defender su vida, cuyas expresiones gratificaba con
generosidad, salian corriendo unidos con los criollos á ver los muertos,
encarnizándose de modo que descargaban nuevamente su furia contra los
cadáveres despedazados, dándoles palos, procurando todos ensangrentar
sus manos, y bañarlas en aquella sangre inocente. De allí pasaron á las
casas de D. Manuel Herrera, del capitan Menacho, y de su cuñado D.
Antonio Quiros, á quienes distinguian con iguales honores. El resto de
la tarde lo emplearon en examinar las casas donde presumian habia algun
caudal para saquearlas, y en reconocer los lugares mas ocultos, donde
sospechaban se hubiese escondido algun europeo, de los que se habian
libertado la noche antecedente. Continuaban entrando en tropas los
indios, que estaban convocados en las inmediaciones. Venian con banderas
blancas, y salian los criollos á recibirlos, dándoles muchos abrazos, y
les instaban para que entrasen á la iglesia matriz en busca de los
europeos fugitivos, y cuando no pudiesen haberlos á las manos, á lo
menos se hiciesen entregar las armas que habian escondido en ella.
Consiguieron esto, porque el cura, á fin de que no violasen el sagrado,
les entregó varias pistolas y sables; mas no contentos con ellas,
pedian otras con insolencia, y no teniendo el cura modo de contentarles,
determinó subirse á la cima del rollo á predicar, y darse una disciplina
en público: cuyo acto, lejos de enternecerlos, les provocó la risa, é
insolentándose mas, le despidieron algunos hondazos, con cuya eficaz
insinuacion le hicieron bajar bien á prisa. A este tiempo habia sacado
en procesion el Prior de San Agustin, acompañado de las comunidades de
San Francisco y de la Merced, la devota efigie del Santo-Cristo de
Burgos, llevándole en procesion por las calles, plazas y extramuros de
la villa, pero solo le acompañaban las viejas: y sin hacer aprecio ni
respetar tan sagrada imagen, se ocupaban los criollos, unidos con los
indios, en saquear la casa del corregidor. Y habiéndole suplicada al
Padre Prior se dirigiese por la calle del Tambo de Jerusalem, por ver si
contenia á los indios que estaban derribando la puerta de la tienda de
D. Francisco Resa, lo egecutó, pero nada pudo conseguir, antes si
ocasionó que los indios empezasen á declarar su apostasia á la religion
católica, que hasta entonces se juzgaba habian profesado: pues dijeron
en alta voz, que dicha imagen no suponia mas que cualquiera pedazo de
maguey ó pasta, y que como de estos y otros engaños padecian por
los pintores.
Ya empezaba á sentirse la consternacion que causaban los indios, que
habian entrado en la villa en el espacio de 6 horas, cuyo número pasaba
de 4,000, convocados por D. Jacinto Rodriguez y sus parciales: uno de
ellos dijo al tiempo de entrar los de Pária, que venian de paz, pues el
dia antes habian salido 25 sugetos para detenerlos y estorbar su venida,
porque no eran ya necesarios, cuando se habia conseguido el triunfo
deseado. Pero la noticia que tuvieron del saqueo y caudal que todavia
existia, fué incentivo para que no obedeciesen la órden de retirarse, y
se multiplicaron tanto, que se hace increible el excesivo número que
andaba por las calles, divididos en tropas, tocando sus cornetas, y
despidiendo piedras con las hondas: de suerte que toda la gente de
cristiandad y distincion estaba refugiada en los templos, implorando la
clemencia del Altísimo, y esperando la muerte por instantes. Durante la
noche se ocuparon en saquear las casas y tiendas de los europeos. D.
Francisco Rodriguez, el Alcalde, el cura párroco y otros sacerdotes,
intentaron el 12 por la mañana contener los robos, que estaban
egecutando en la tienda y casa de D. Manuel Bustamante, pero nada
pudieron conseguir, porque prorrumpieron en estas voces: "muera el
Alcalde, pues supo afrentar á sus paisanos:" á esto siguieron los indios
gritando, _comuna, comuna_, palabra de que usaban cuando querian matar ó
robar, como si dijeran _todos á una_. No se verificó este estrago,
porque el Alcalde logró ponerse en salvo por medio del mismo tumulto.
El dia 13 mandó abrir Cabildo D. Jacinto Rodriguez, y cuando se
presumia fuese para tomar alguna providencia, solo se dirigió á que lo
recibiesen de Justicia Mayor, empleo de que se habia posesionado con
solo la autoridad de los sublevados. Antes de entrar en la casa
capitular, se acercó á las puertas de la iglesia matriz, é hizo algunas
demostraciones de querer contener á los indios, que intentaban entrar y
profanar el templo, buscando á los europeos, lo que el cura habia
resistido hasta entonces: pero persuadido por Rodriguez y por D. Manuel
de Herrera, consintió que entrasen doce de los mas principales. El
pretexto era sacar solo al corregidor, que creian estaba en la bóbeda.
El párroco les aseguraba que no habia tal, pero simple ó maliciosamente
añadió, que habia cuatro europeos ya confesados. Los indios que no
deseaban otra cosa, se encendieron en ira, y llenos de furor entraron en
la iglesia por fuerza, abrieron las bóbedas, y las indias mas atrevidas
que los hombres, penetraron lo mas oculto. No encontraron á ninguno,
pero como era tanto el deseo de venganza contra el corregidor, sacaron
el ataud, en que se habia depositado el cadáver de D. Francisco
Mollinedos, administrador de correos, que pocos dias antes habia
fallecido; mandáronlo desclavar, creyendo estuviese dentro el
corregidor, pero no encontrándolo, sacaron los cuchillos y descargaron
sobre aquel cadáver, sus furias, dándole muchas puñaladas. Pasaron
despues á reconocer segunda vez la iglesia, y encontraron á D. Miguel
Estada, que mataron en el mismo cementerio: tambien hallaron á D. Miguel
Bustamante, y llevándole á los portales de Cabildo, le presentaron vivo
á D. Jacinto Rodriguez, le preguntaron si lo habian de matar, y habiendo
dispuesto lo entrasen en la cárcel, para cargarlo de prisiones, no
hicieron caso de la órden, y le dijeron á gritos: "Vos nos habeis
llamado para matar chapetones, y ahora quereis que solamente entren en
la cárcel; pues no ha de ser así"; y usando la voz _comuna, comuna_,
dieron muerte á aquel infeliz. Prosiguieron profanando el templo,
escudriñando con luces los lugares mas ocultos de él, cercáronle, y
sacaron á D. Vicente Fierro y D. Francisco Resa de un casa inmediata, á
quienes tambien mataron.
Cebados ya los indios en profanar los templos y matar europeos, entraron
en la iglesia y convento de San Agustin, encontraron en la calle con D.
Agustin Arregui, criollo, y queriendolo matar, porque les pareció
europeo, á fin de escapar, les dijo: "Yo no soy chapeton, sino criollo:
entrad al convento, donde están cinco chapetones con sus armas." Pero
para asegurarse, le llevaron con ellos, y despues de haber buscado los
lugares mas ocultos, le dieron cruel muerte, porque no habiéndolos
encontrado, se persuadieron queria escaparse con este engaño. No faltó
quien poco despues les avisase el lugar donde se escondian los que
buscaban, y volviendo á entrar con doblada furia, hallaron á D. Ventura
Ayarra, D. Pedro Martinez, D. Francisco Antonio Cacho y á un francès,
que una hora antes habia tomado el hábito de religioso: los que
perecieron tambien á mano de aquellos bárbaros.
El dia 14 amaneció cercado de una multitud de indios el convento de la
Merced, y para asegurar la presa se subieron á los techos, y entrando
con el mayor desacato en la iglesia, la reconocieron toda, y hallando
debajo del manto de Nuestra Señora de Dolores, á D. José Bullain, lo
sacaron á empellones, y le dieron muerte. Volvieron en tropel á la
iglesia, y hallaron que los que habian quedado sacaban á D. José
Ibarguen, vestido de muger, trage que tomó para confundirse con el sexo,
y estando rezando con las demas, lo acusó un criollo. Acometiéronle
furiosos, conocido por los zapatos, y arrancándole de los brazos de su
propia consorte, á quien el dolor obligó á salir en seguimiento de su
marido, y á quien consolaban los homicidas, con decirle: "no llóres, que
nosotros no tenemos la culpa, porque esto lo egecutamos por órden de D.
Jacinto Rodriguez." Corrió en busca del indulto, pero cuando volvió,
halló á su marido desnudo, despedazado. En aquel instante encontraron
debajo de una anda á un negro esclavo de D. Diego Azero, y le dieron la
misma muerte. Siguieron estas y otras crueldades, que se aumentaron con
la venida de 6,000 indios de la parte de Sorasora, quienes unidos á los
demas, buscaban con igual furor y cuidado á los europeos: hallaron en un
desvan á D. Pedro Lagraba, que habia libertado su vida la primera noche
del tumulto, y le condujeron á la plaza, donde acabó de la misma suerte
que los demas. De este modo se vió atropellada por la ambicion y codicia
de cuatro ó seis sugetos, la grandeza del Todo-Poderoso, profanados sus
templos, despreciadas sus sagradas imágenes, usurpada la inmunidad de
las iglesias por las casas de los Rodriguez, pues estas eran el mejor
asilo para escapar de la muerte; como lo consiguieron varios europeos,
ya fuese por las alianzas de una antigua amistad, ó ya para cohonestar
sus atroces delitos, con algunos hechos piadosos: pero la casa del
Señor, sus altares y tabernáculos se vieron polutos, despreciados y
ultrajados por esta vil canalla.
Llegada la noche, desamparan los indios el convento de la Merced, se
libraron en él D. José Caballero, D. José Lorzano, y D. Manuel Puch, por
la diligencia de un religioso: pero creyendo el comendador que los
sediciosos incendiarian la iglesia, por esta causa les obligó á salir á
una casa que les tenia destinada, disfrazados en traje ordinario. El
desgraciado D. José Caballero con la confusion se separó de los demas, y
se vió precisado á mantenerse entre los tumultuados, hasta la media
noche, que siendo descubierto le llevaron á D. Jacinto Rodriguez, quien
habiéndoles dicho no lo conocia, acabó á manos de los traidores, con la
mas cruel muerte que puede idear la impiedad. Tambien fueron víctimas
de su furor 14 negros de los europeos, sin mas delito que ser sus
esclavos. Siguieron saquando consecutivamente 20 casas, y segun una
prudente regulacion, ascendjeron los robos hasta dos millones de pesos,
habiendo perecido no solo los europeos que contenia la villa, sino
tambien los de todas las inmediaciones, cuyas cabezas traian los indios,
para presentarlas al nuevo Justicia Mayor, quien las hacia enterrar
clandestinamente.
Vacilaba ya la confianza de D. Jacinto Rodriguez, y empezaba á temer á
los mismos que habia llamado: juntó á los indios, y despues de
prevenirles se mantuviesen solo un dia en la villa, ofreció les daria de
las cajas reales un peso á cada uno, cuyo hecho se egecutó al siguiente
dia 15, sin mas autoridad que su antojo: y convenido con los oficiales
reales, abrieron las puertas del tesoro del Rey, y extrageron cuatro
zurrones, y mandándolos juntar de nuevo, se les cumplió lo prometido, y
se les hizo entender por medio del cura, que no habia necesidad se
mantuviesen dentro de la poblacion, y que recibido cada uno el peso, se
retirasen á sus estancias. "Hijos mios, les decia, yo como cura y
vicario vuestro, y en nombre de todo este vecindario, os doy las debidas
gracias por la fidelidad con que habeis venido á defendernos, matando á
estos chapetones pícaros, que nos querian quitar la vida á traicion á
todos los criollos: una y mil veces os agradecemos, y os suplicamos os
retireis á vuestras casas, pues ya como lo habeis visto, quedan muertos,
y por si hubieseis incurrido en alguna excomunion ó censura, haced todos
un acto de contricion, para recibir la absolucion." Y luego siguió con
el _misereatur vestri_; hecho que se hará dudoso á cuantos no estuvieron
presentes, pero así es, y así sucedió. Instaban despues los indios, para
que se les declarase por el Justicia Mayor las reglas que debian
observar en adelante: preguntaban si las tierras de los españoles serian
todas pertenecientes al comun de los indios: se les respondia que sí.
Añadian que en adelante no pagarian tributos, diezmos, ni primicias; á
todo condescendian el cura, los prelados y los vocales del Cabildo,
llenos de temor, viéndose en medio de 15,000 indios, todos armados de
palos, piedras y hondas.
Se emplearon en aquella distribucion 25,000 pesos, que se extrageron del
erario, previniendo D. Jacinto á los indios que el restante se reservaba
en cajas, para cuando se verificase la venida de su Rey, José Gabriel
Tupac-Amaru, á quien se le aguardaba por instantes. Cuando se estaba
practicando esta inicua diligencia, llegó un indio que venia de la
provincia de Tinta, y dirigiéndose á D. Jacinto, le dijo, era enviado
por el Inca Tupac-Amaru, y que este encargaba mirasen con mucho respeto
y veneracion á los templos y sacerdote; que no hiciesen daño alguno á
los criollos, y que solo persiguiesen y acabasen á los chapetones. Y
habiéndole preguntado por las cartas, respondió que el dia antes habia
llegado su compañero con un pliego para D. Jacinto: de que resultaron
repetidas aclamaciones del infame nombre del tirano, que se oia repetir
en las plazas y calles públicas por toda clase de gente; con el mayor
regocijo, corriendo todos con banderas y otras demostraciones de júbilo,
que imitó D. Manuel de Herrera desde el balcon de su casa, tremolando un
pañuelo blanco, y acompañando esta accion con las mismas palabras que
los demas, que eran decir: "viva Tupac-Amaru;" las que volvia á
pronunciar el pueblo, lleno de alegria. La chusma de criollos, que oia
estas noticias tan favorables á sus ideas, manifestaba el gozo que le
causaban, y algunos intentaron salir á encontrarle, porque aseguraba el
indio, que muy breve se hallaria en la ciudad de la Paz.
D. Jacinto Rodriguez, convenido con la muger del capitan de aquellas
milicias, D. Clemente Menacho, intentaron que todos los españoles usasen
el traje de los indios. Salió de esta conformidad por las calles,
vestido de terciopelo negro con ricos sobrepuestos de oro; amenazaba á
todos serian víctimas de los rebeldes, sino le imitaban, porque se
persuadirian eran europeos, á que se convinieron por librarse de la
muerte, y en un momento logró la transformacion que deseaba, adoptando
los hombres prontamente la _camiseta_ ó _unco_ de los indios, y las
Señoras dejando sus cortos faldellines aseados, vistieron los burdos y
largos _acsos_ de las indias. Cuando estaban ocupados en estas y otras
providencias, llegó la noticia de que se acercaban los indios
Challapatas. Salieron á recibirlos al campo como á los otros; pero solo
venian 40 de los mas principales, y á la cabeza de ellos D. Juan de Dios
Rodriguez, y luego que entraron en la plaza, se mandó repicasen las
campanas, pasando despues á hospedarse en la casa del que los conducia,
donde fueron bien regalados y asistidos. Al pasar por la Calle del
Correo, quitaron las armas del Rey, que estaban fijadas sobre la puerta
de la administracion, pisándolas y ultrajándolas, con cuyas atrevidas
demostraciones querian dar á entender habia fenecido el reinado de
Nuestro Augusto Soberano, D. Carlos III. Estos indios habian venido con
el especioso pretexto de socorrer la villa, quienes aseguraban que para
defenderla tenian prontos 40,000 hombres: pero se conoció que todo era
invencion de la malicia, pues el tiempo que existieron se ocuparon en
pedir á los hacendados cesiones y renuncias de sus haciendas para su
comunidad, lo que egecutaron los dueños de ellas con escrituras
públicas, para evitar la muerte, queriendo primero perder sus bienes que
sus vidas. Y como hasta aquí estuviesen los indios hechos dueños de
aquella poblacion, ensoberbecidos por el dinero que les habian pagado, y
por las gratificaciones de los Rodriguez y sus parciales, contemplándose
ya superiores, negaron la obediencia, y no quisieron egecutar la órden
que se les habia dado para retirarse: antes con mayor insolencia
volvieron por la noche al saqueo, acometieron la casa y tienda de D.
Francisco Polo, que no le sirvió ser de un criollo para libertarla, y
como amaneciesen en esta operacion, fueron vistos por el dueño, quien
fué á pedir á D. Jacinto remediára aquel exceso: lo que oido por el
indio, Gobernador de Challata, D. Lope Chungara, compadecido de tantos
estragos, resolvió se juntasen los vecinos, y unidos echasen á los
indios, y con la órden que dió, de que el que se resistiese lo matasen,
habiéndola egecutado en dos ó tres de los mas atrevidos, se logró el
intento, saliendo los demas sin la menor resistencia.
Este fué el cruel y sangriento acontecimiento de la villa de Oruro,
donde no solo se experimentaron tiranias de parte de los indios y cholos
sublevados, sino tambien de algunos sacerdotes y prelados de las
religiones. Uno de ellos europeo, y tal vez el mas beneficiado de sus
paisanos, compañero diario de sus mesas, cerró las puertas para que
ninguno pudiese acogerse á su clausura, despidiendo inhumanamente y con
la mayor violencia, á D. Francisco Duran y D. José Arijon, de respetable
ancianidad que lo intentaron. Pero mucho mas tirano se mostró, viendo
dentro del convento á D. José Isasa, que por huir de la persecucion,
habia saltado por las tapias del corral, al que tambien hizo salir en
medio del dia, exponiéndole con barbaridad á que fuese recibido entre
los garrotes, lanzas y hondas de sus enemigos. No menos indigno de su
ministerio se mostró otro, que aunque permitió que sus religiosos
amparasen algunos perseguidos, se apropió una cantidad crecida de
alhajas de oro, perlas y diamantes, que en confianza puso en su celda un
religioso, por recelar fuese saqueada la suya por los amotinados, á
causa de haber encontrado en ella á un europeo: de suerte que segun una
prudente regulacion, usurpó mas de 70,000 pesos fuertes. El cura de la
villa, continuando su errada doctrina, recibió de D. Jacinto Rodriguez
una barra de plata, cuyo valor ascendia á cerca de 2,000 pesos, y una
_mancerina_ de oro que le remitió de las robadas, para que celebrase los
sufragios á los europeos asesinados en el tumulto, contentándose con
enterrarlos á todos juntos en un hoyo, y aplicarles algunas misas.
Ninguno de estos ni otros superiores eclesiásticos hizo la menor
demostracion para impedir á los indios violentasen las iglesias: todos
consintieron en ello, poseidos del espanto, y lo que cansó mayor dolor,
fué ver que, despues de polutas las iglesias, permitiesen celebrar el
santo y tremendo sacrificio de la misa, enterrando el cura, en el lugar
que se hallaba violado, los cadáveres de los vecinos que morian de
enfermedad.
Satisfecha ya la tirania de los cómplices, con tantos y tan trágicos
sucesos, procuraban cohonestar sus maldades con algun específico
pretesto, por si quedaban sometidos á la obediencia del Rey. Suponian
era efectiva la mina, construida por el corregidor desde su casa al
cuartel: formaron autos, cuyos testigos fueron los mismos asesinos y
algunos muchachos, á quienes de propia autoridad dispensaba las edades
el Justicia Mayor, D. Jacinto Rodriguez, haciéndoles firmar
declaraciones, que con anticipacion tenia hechas por direccion de los
abogados Caro y Megia. Quizo probar el hecho de la mina con vista de
ojos, persuadido se habia construido secretamente, como lo habia
mandado: pero le salió el pensamiento errado, porgue los encargados de
esta maldad abandonaron la obra con la consideracion del delito, y
habiendo pasado el exámen el escribano real, D. José de Montesinos,
halló solamente un agujero, que no se dirigia á parte alguna, pero sin
embargo se siguió el proceso lleno de maldades y defectos, y se tuvo la
audacia de remitirlo á la Audiencia de Charcas, para alucinar á sus
Ministros. Se inventaban tambien diariamente continuas infaustas
noticias, á fin de que los pocos vecinos fieles no levantasen el grito;
unas veces aseguraban que habian arrasado la ciudad de la Plata, otras
que en Potosí los criollos, unidos y confederados con los indios de la
mita, habian muerto á todos los europeos, y que en la ciudad de la Paz
se habia querido egecutar la misma traicion que en aquella villa, y que
habian muerto 200 europeos y 300 criollos; con otras novedades de esta
naturaleza, que discurria la malicia para infundir terror y sumision á
los leales.
Disfrutaban los Rodriguez todas las distinciones del usurpado mando con
la mayor satisfaccion, fiados en la ciega subordinacion que les tenian
los indios: pero se desvanecieron todas sus esperanzas la mañana del dia
9 de Marzo, en que improvisamente fué asaltada su casa, de los mismos
que tanto confiaban, y nada menos intentaban que quitarles las cabezas y
destruir toda la villa. Tocaron inmediatamente á entredicho: se juntaron
las milicias, y fueron rechazados los indios con pérdida de 60. Este
hecho les hizo variar de conducta, abandonando desde entonces la
excesiva contemplacion con que les trataban, en especial D. Jacinto, que
estaba persuadido vendrian en su ayuda luego que los llamase, como lo
habian egecutado anteriormente: pero ya desengañados, mandó fundir
algunos pedreros, arreglar las milicias, y acopiar municiones para
la defensa.
Retirados los indios con este escarmiento á sus pueblos; estancias,
empezaron á convocar desde ellas á los de las demas provincias
inmediatas, atrayéndolos con la plata robada en el saqueo de Oruro.
Ocuparon los caminos para impedir la internacion de víveres, quitando la
vida á los conductores, y aprovechándose de cuanto conducian: de suerte
que aquellos vecinos se vieron reducidos á sufrir las mayores
necesidades. Todas las noches se tocaba entredicho, por los repetidos
avisos de que entraban los indios á destruir la villa, ocasion que
aprovechaban los cholos para continuar robando cuanto podian, hasta el
18 de Marzo, en que se verificó; amaneciendo en las cimas de los Cerros
de San Felipe y la Tetilla de 6,000 á 7,000. Salieron á combatirlos,
mataron á pocos, y hubo algunos heridos de parte de los Orureños que
bajaron, perdida la esperanza de superar las alturas que estaban
ocupadas, aumentándose la consternacion, así como iba reforzándose el
partido de los indios, con varias partidas que llegaban por instantes, y
se colocaban en el Cerro de San Pedro. Presentaron de nuevo la batalla,
que admitieron los vecinos: pero apenas se empezó el ataque, volvieron á
ocupar las eminencias, excepto 14, que fueron muertos con unos de sus
capitanes, cuya cabeza se enarboló en la punta de una lanza. A este
espectáculo cobraron nuevo esfuerzo, y olvidados del rencor contra los
europeos, por su propia conveniencia, pensaron en buscar los que habian
escapado, y estaban escondidos, para que ayudasen á la defensa, de cuya
comision se encargó D. Clemente Menacho, con toda su compañia, quien
aseguró á un religioso mercedario, podia sacar libremente á algunos que
sabia tenia en su celda, porque habia indulto general para ellos. En
efecto salieron del convento D. Antonio Goiburu, y D. Manuel Puche, que
fueron recibidos con brazos y demostraciones de buena fé, y
sucesivamente se determinaron á hacer lo mismo los que quedaban,
juntándose hasta 18 que tuvieron la felicidad de salvar sus vidas del
furor de la pasada conjuracion. Unidos con los criollos, y sabiendo que
los indios que habian ocupado los cerros inmediatos á Oruro, se
mantenian en el de Chosequirí, distante dos leguas, determinaron
seguirlos y atacarlos: en cuya accion, que duró todo el dia 19,
consiguieron matar 120, y derrotarlos enteramente: sintiendo desde aquel
dia los ventajosos efectos de este triunfo, porque los indios empezaron
á implorar el perdon, y ofrecieron entregar las cabezas que los habian
conmovido, como lo egecutaron despues, conduciendo á los caudillos de
los pueblos de Sorasora, Challacocho y Popó. D. Jacinto Rodriguez y
demas gefes de la milicia, acordaron con ellos un convenio, con la
condicion de que asistiesen á la villa con los víveres necesarios á la
subsistencia de su vecindario.
No causa menos dolor el estrago que la rebelion hizo en el pueblo de San
Pedro de Buena Vista, de la provincia de Chayanta, que, aunque tuvo la
fortuna de escarmentar el atrevimiento de los indios cuando altivos y
sobervios, lo asaltaron en los meses de Noviembre y Diciembre de 1780.
Impacientes de que resistiese su furor tan pequeña poblacion, mal
asistida de municiones de guerra y boca, volvieron con mayores fuerzas
por el mes de Febrero de 1781 á redoblar los ataques y los asaltos. El
cura, Dr. D. Isidoro José de Herrera, en quien en competencia se
admiraban con un gran juicio, una profunda sabiduria, y una acrisolada
fidelidad, exhortaba á sus feligreses á la mayor constancia, y á que no
manchasen su honor con el feo tizne de la deslealtad. Pudo este ejemplar
párroco evadir el riesgo con la fuga: pero hizo escrúpulo de conciencia
desamparar aquella afligida grey, que en ocasion tan apretada necesitaba
de su auxilio, y con una lijera esperanza de que su respeto y autoridad
podrian apagar aquella voraz llama, permaneció en el pueblo.
Con esta heróica resolucion enarboló por estandarte un Santo-Cristo, y
con tan sagrada efigie exhortaba á los españoles y reprendia á los
rebeldes: mas estos, despreciando aquellos divinos auxilios que les
franqueaba el Todo-Poderoso por mano de su ministro, repetian los golpes
con un diluvio de piedras; y aunque los nuestros por siete dias
continuos hicieron prodigios de valor y de constancia, no solo
rechazando los furiosos esfuerzos con que eran acometidos por aquella
canalla, sino hiriendo y matando á muchos, cediendo ya las fuerzas á la
obstinada porfia y número desigual de los contrarios, y hallándose
fatigados de la hambre y de la sed, con total falta de pólvora y balas,
y sin llegar el auxilio que repetidas veces habian pedido al Comandante
Militar y Audiencia de la Plata, distante solas 30 leguas, determinaron
por último remedio retirarse al templo, creyendo que el respeto debido á
la casa de Dios fuese la mas inespugnable fortaleza, que les salvase las
vidas. Pero ¡ó barbaridad inaudita! no fué así, pues con opróbio de la
misma racionalidad, y menosprecio del adorable Sacramento, de las
sagradas imágenes, y de toda la corte celestial, se convirtió el templo
en cueva de facinerosos, que con sacrílegas manos quitaron la vida al
cura y á cinco sacerdotes, pasando á cuchillo mas de 1,000 personas,
entre hombres, mugeres y criaturas, quedando el santuario convertido en
pielago de sangre inocente, y salpicados con ella los altares.
Esperimentóse la misma tragedia en el pueblo de Caracoto, provincia de
Sicasica, donde la sangre de los españoles, derramada en la iglesia,
llegó á cubrir los tobillos de los sacrilegos agresores: en el de
Tapacari provincia de Cochabamba tuvieron igual suerte los que la
habitaban: llegando la crueldad de los rebeldes á tanto exceso, que
quisieron enterrar vivas á las mugeres españolas, para lo que tenian ya
abierto un hoyo en la plaza, capaz de enterrarlas á todas. Ejercitaron
en este pueblo la crueldad hasta el estremo. Sacaron de la iglesia á un
español, que se habia acogido al altar mayor con seis hijos varones, le
arrastraron hasta su casa, le pusieron el cuchillo en las manos,
precisándole con crueles azotes, á que fuese verdugo de su propia
sangre, en presencia de la muger que se hallaba adelantada de su
embarazo. Resistíose el infeliz á esta bárbara egecucion, así por los
cariñosos ruegos de la madre, como por los tiernos sollozos de los
hijos, sin que bastase tan compasivo espectáculo á enternecer los
corazones empedernidos de aquellos tiranos, que se resolvieron degollar
al padre, y á los hijos á vista de la madre, por mas diligencias y
lágrimas que empleó para libertarlos, y habiendo abortado con el dolor y
susto, acudieron rabiosos á examinar el feto, y hallando que era varon,
le quitaron la vida, antes que espirase naturalmente.
En el de Palca, de la misma provincia de Cochabamba, cometieron las
mismas tiranias y sacrilégios, dando muerte á muchas personas de todos
sexos y edades, y al cura D. Gabriel Arnau, que acabó á golpes y
empellones al pié de la sagradas aras, teniendo en las manos el
Santísimo Sacramento del Altar, que quedó espuesto á la mas sacrílega
profanacion: y tomando una india la hostia consagrada, corria con ella
en las manos, diciendo: "mirad el engaño, que padecemos por estos
pícaros; esta torta la hizo el sacristan con la harina que yo conduje
del valle, y despues nos fingen que en ella está Dios sacramentado." Así
tambien en el pueblo de Arque fueron víctima de la sedicion todos los
vecinos españoles, establecidos en él y su quebrada. En ella asaltaron
al pueblo de Colcha, y egercitaron iguales crueldades, prendiendo á su
cura, el Dr. D. Martin Martinez de Tineo, que maneatado le condujeron en
medio del tumulto, donde fué herido de un garrotazo en la cabeza, porque
no quiso asentir á sus proposiciones, de que no les daria azotes, para
que aprendiesen la doctrina. Este eclesiástico se mantuvo con la mayor
entereza, á vista del peligro que le amenazaba: preguntándole si los
azotaria, les respondia, que sí, cuando diesen motivo, por no quererse
instruir en las obligaciones cristianas. Reproducianle los indios, que
solo les daria 20 ó 25 azotes: á que replicaba, que si cometian aquella
falta, los castigaria con los 50, como lo habia acostumbrado hasta
entonces, manteniéndose inflexible á estas y otras proposiciones que le
hacian, opuestas á su ministerio. Pero como su celo y arreglada
couducta, con las muchas limosnas que hacia, y los infinitos intereses
de obvenciones que continuamente los perdonaba, le hubiesen hecho muy
amado de todos, salvó la vida; y libre ya de sus opresores, pasó sin
pérdida de tiempo á la capital de la provincia, dondo entró bañado en su
propia sangre, y presentándose en la plaza mayor, sin haber hecho otra
diligencia, que ponerse en la herida una medida de Nuestra Señora de
Copacabana, rodeado de un numeroso concurso, exortó á los circunstantes,
diciendo: ¿Donde está la lealtad y religion de los Cochabambinos, que
no evita tantos daños y sacrilegios? Y enseñando la herida, decia:
"Mirad como se trata á los sacerdotes y ministros del santuario: no
creais en las vanas ofertas del traidor Tupac-Amaru, todos sereis
víctima de su tirana ambicion, porque su intento es derramar toda la
sangre española; buenos testigos son las crueldades egecutadas en Arque,
Tapacari, Palca y otros pueblos." Y repitiendo las mismas razones, dió
muchas vueltas por la plaza y calles de la villa, con lo que conmovió
los ánimos de aquellos cholos, que estaban vacilando en la fidelidad, y
anunciaban con pasquines y canciones, les faltaba poco para abrazar el
partido del rebelde, lo que daba fundados motivos para temer una
tragedia tan sangrienta, como semejante á la de Oruro, de que hubiera
resultado la pérdida inevitable de todo el reino; porque aquella
provincia tiene mas de 20,000 hombres de todas castas, que pasan por
españoles, capaces de manejar las armas, y tan valientes como
determinados.
Este celoso párroco fué el principal móvil para que los Cochabambinos se
arraigasen en la fidelidad, vinculando Dios por este medio en aquella
provincia el remedio de tan detestable sublevacion: porque no bien
comprendieron el altivo pensamiento de los rebeldes, de pasar á los
filos del cuchillo á todos los que no fuesen legítimamente indios,
cuando armados con solas lanzas y palos, salieron con denuedo, y les
hicieron conocer su esfuerzo. Estos valerosos provincianos se hicieron
el terror de los sediciosos, porque en los repetidos encuentros que
tuvieron, dejaron regadas las campañas con la sangre del enemigo,
debiéndose á su bizarria el haberlos contenido para que no repitiesen de
nuevo las inauditas crueldades que se experimentaron al principio de la
conmocion. Estos varones fuertes han dado á conocer que, disciplinados y
armados como corresponde, no tenian que envidiar á las tropas veteranas
mas aguerridas. Es verdad que se les ha notado poca obediencia y
demasiada inclinacion al pillage, pero estos defectos dimanaron por la
falta de disciplina y del mal egemplo que les dieron sus comandantes y
oficiales.
Conocida por el corregidor, D. Felix José de Villalobos, la buena
disposicion de los Cochabambinos, y asegurado de su fidelidad, dispuso
600 hombres, que á las órdenes de D. José de Ayarza, saliesen á conocer
los estragos que se experimentaban en su provincia. Se encaminó este
comandante por las quebradas de Arque en busca de los enemigos, que le
esperaron en las inmediaciones del pueblo de Colcha, fiados en su mayor
número, y en las ventajosas situaciones que ocupaban. Presentóles la
batalla, que admitieron audaces, haciéndoles una larga y obstinada
resistencia, hasta que derrotados y puestos en una vergonzosa
desordenada fuga, dejaron sembrados de cadáveres y despojos, á
disposicion del vencedor, los eminentes cerros que tenian por
inespugnables. Subido despues de la victoria el trágico suceso de Oruro,
dirigió sus marchas hasta aquella villa, donde entró, despreciando la
repugnancia que manifestaron los Rodriguez y sus parciales, haciendo
fijar en su puesto el escudo de armas del Soberano, que pocos dias antes
habia sido hollado, y tremolar las reales banderas por las calles y
plazas mas principales: y despues de haber permanecido tres dias en
aquel destino, dejó algunos víveres para alivio del vecindario, y se
retiró á Cochabamba; pero en Oruro se tuvo el atrevimiento de quitar
segunda vez las armas de S.M., luego que verificó su salida. A evitar
las crueldades de Tapacari se destinó otro cuerpo de tropas de igual
fuerza, que despues de haber combatido á los rebeldes, salvó
oportunamente á las mugeres españolas, que tenian ya recogidas y
encerradas para hacer con ellas el cruel atentado de enterrarlas vivas.
Por la parte de Tarata se tuvieron los mismos fundados recelos, que no
llegaron á verificarse por la actividad de su cura D. Mariano Moscoso,
cuyo celo y conocida fidelidad supieron aplicar eficaces remedios,
sacrificando mucha parte de sus intereses para costear bastantes
soldados de aquellas milicias, que sirviesen á contener la osadia de los
malcontentos. Con estos estragos no quedaban por el Rey, desde el
Tucuman hasta el Cuzco, mas que las ciudades de la Plata y la Paz, que
las villas de Potosí, Cochabamba y Puno; porque en la provincia de
Chucuito habian sido semejantes los robos y muertes de los españoles y
sacerdotes, habiendo sentido tambien en la de Mizque algunas turbaciones
que dieron no poco cuidado.
Los continuos y repetidos avisos que sucesivamente recibia de estos
graves acontecimientos el Exmo. Señor D. Juan José de Vertiz, Virey de
Buenos Aires, le determinaron á desprenderse de algunas tropas, sin
embargo de las pocas fuerzas con que se hallaba para atender á las
necesidades y recelos que ocasionaba en todas aquellas costas la guerra
con los ingleses. Primeramente dispuso marchase un destacamento de 200
veteranos, á cargo del capitan de infanteria D. Sebastian Sanchez; y á
pocos dias nombró otro de igual número, inclusa en él la compañia de
granaderos del batallon de infanteria de Savoya, á las órdenes de su
capitan, el Teniente Coronel D. Cristóval Lopez: y no contento aquel
celoso y acreditado General con estas diligencias, envió tambien algunos
oficiales sueltos para que pudiesen contribuir al arreglo y enseñanza de
las milicias, y mandar las operaciones militares que ocurriesen en
aquellas provincias para sugetarlas y mantenerlas en la debida
obediencia al Soberano. Uno de ellos fué el Comandante en gefe del
cuerpo de Dragones de la expedicion, D. José Reseguin, que salió de
Montevideo con la mayor aceleracion; y recibida la instruccion del Virey
se puso en camino por la posta, el 19 de Febrero de 1781, con la mira de
alcanzar el destacamento que habia salido primeramente, y que llevaba ya
dos meses de marcha: y aunque hizo presente á aquel Exmo. no le era nada
airoso ir á servir bajo las órdenes de un Teniente Coronel mas moderno,
y que solo era graduado, no fué obstáculo para que este oficial
practicase cuantos esfuerzos le fueron posibles, á fin de lograr la idea
que se habia propuesto, y que consiguió á costa de sus diligencias;
habiéndose incorporado en aquellas tropas el 13 de Marzo en el Puesto de
los Colorados, que dista 460 leguas de la capital del vireinato, sin que
lograsen detenerle los eficaces esfuerzos y ruegos que emplearon los
vecinos de Jujuy, y los de muchos españoles fugitivos, que por todo el
camino encontraba, quienes le aseguraban estaban ya del todo sublevadas
las provincias de Chichas, Ciuti, Lipes y Porco, que median hasta la
villa de Potosí y ciudad de la Plata, cuya noticia confirmaba el
corregidor de Chayanta, D. Joaquin de Alós, que disfrazado de religioso
franciscano, iba huyendo por no caer segunda vez en manos de los
sediciosos.
Recibido por este oficial el mando del departamento, le halló disminuido
de 50 hombres, que habian desertado en el tránsito de la provincia del
Tucuman, seducidos por sus habitantes, que ponderaban los riesgos á que
iban á exponerse, y las comodidades y libertad que ellos disfrutaban,
ofreciéndoles casamientos y otras ventajas; cuyo dulce atractivo fué muy
perjudicial á todas las tropas que se destinaron al Perú; pero se
hallaba reemplazada aquellas falta con una compañia de las milicias de
Salta, aunque muy inferior en la calidad, así por su poca disciplina y
subordinacion, como por el ningun conocimiento que tenian en el manejo
de las armas de fuego. Con estas cortas fuerzas, y con solos 5,000
cartuchos de fusil y algunas armas de repuesto, siguió Reseguin las
marchas, forzándolas cuanto le permitia la debilidad de las caballerias,
y el crecido número de cargas de equipaje que habian multiplicado
algunos oficiales, poseidos de miras lucrativas, faltando expresamente á
las rigurosas órdenes del Virey, dirigidas á evitar todo comercio. Estos
y otros embarazos que le ocurrieron, no lo fueron para que el dia 16
llegase á las inmediaciones del pueblo de Moxo, correspondiente ya á la
provincia de Chicas, desde donde se adelantó á encontrarle el cura de
Talina, el Dr. D. Antonio José de Iribarren, eclesiástico de
recomendables circunstancias; de acrisolada fidelidad al Soberano,
quien le impuso igualmente de la fermentacion en que estaban aquellas
inmediatas provincias, los riesgos que habia padecido por mantener en la
debida subordinacion á sus feligreses, y el terror pánico de que estaban
poseidos los vecinos españoles, á vista de los estragos que cometian los
rebeldes, habiendo sacrificado á su ira, la noche del 6 al 7 de aquel
mes en la villa de Tupiza, al corregidor D. Francisco Garcia de Prado y
algunos de sus dependientes; y que igual suerte habia tenido D.
Francisco Revilla, corregidor de la de Lipes, hallándose fugitivos de
las suyas, D. Martin de Asco, que lo era de la de Cinti, y D. Martin
Boneo, de la de Porco. Persuadíale tambien á que se colocase y detuviese
en su pueblo, á esperar el segundo destacamento que le seguia, porque el
terreno que habia de transitar en adelante era muy quebrado; los
caminos, á mas de ser ásperos, estaban llenos de angosturas, y que era
excesivo el número de indios que se reunia para embarazar el paso á las
tropas. Que si se perdian, era segura la ruina de la ciudad de la Plata,
villa de Potosí, y demas poblaciones que aun se mantenian con alguna
esperanza de salvarse, y que tambien quedaria cortada enteramente la
comunicacion de ellas con el Tucuman y Buenos Aires, de que podia
seguirse la pérdida de todo el reino, pues de este modo les seria fácil
interceptar los socorros y demas auxilios que se remitiesen para
contener á los sediciosos en los límites de la debida obediencia.
Vacilaba Reseguin, combatido de la fuerza de estas razones, y del deseo
que tenia de emprender alguna accion que acreditase su conducta, é
impusiese respeto á los rebeldes. Conocia el inmediato peligro de todo
el Perú, si se malograba aquel corto refuerzo de veteranos, lo árduo de
la empresa que iba á emprender, los obstáculos insuperables que se le
oponian, y el ningun recurso que le quedaba en caso de ser batido. Por
otra parte consideraba, que buscar el abrigo de las trincheras indicaba
temor, que su detencion era peligrosa, porque animaria á los sediciosos,
les daria tiempo para adquirir mayores fuerzas, y concebir fundadas
esperanzas de arraigarse en el dominio que tenian usurpado. Ignoraba la
suerte de la Plata y Potosí, y el éxito que habia tenido el ataque de la
Punilla, que meditaba el Gobernador de armas, D. Ignacio Flores. Por
instantes llegaban de todas partes españoles fugitivos, que ponderaban
los extragos, las muertes y los robos que cometian los indios: nadie se
consideraba seguro, y todos creian perecer irremediablemente á manos de
la tirania. Nada fué bastante para hacer decaer su ánimo. Oia con
serenidad las trágicas relaciones de los que se le unian: hacia concebir
á los tímidos nuevos pensamientos y esperanzas, ponderándoles cuanto
valia aquel corto número de hombres, por su disciplina y por sus armas,
y reflexionando importaba poco se sacrificase él y todos los suyos,
cuando se trataba de evitar la pérdida de todo el reino, y tal vez
podria cortar los progresos de la rebelion que estaba en sus principios
en aquellas provincias, con algunos movimientos y maniobras del arte
militar que supliesen el número y debilidad de sus fuerzas, echó la
suerte, y resolvió vencer ó morir, y dirigirse á evitar el riesgo
inmediato y cierto, abandonando á la fortuna el que estaba mas
distante y dudoso.
Resuelto á poner en práctica esta determinacion, despreció las
instancias de cuantos le persuadian lo contrario, y superadas en su
interior todas las dificultades que le representaban, ocultó las ideas
que tenia determinadas, y trató solo de dar algunas horas de descanso á
sus tropas, con el fin de conferir con el cura Iribarren el modo y
medios que podrian emplearse para sorprender á Tupiza, residencia de
Luis Laso de la Vega, cabeza principal del motin de aquella villa, y de
todas las provincias inmediatas. Despues de reflexionado todo, con la
madurez y resolucion que pedian las críticas circunstancias en que se
hallaba, facilitóle aquel párroco 200 mulas que le pidió, é hizo apostar
en el puesto de Morara, distante tres leguas de Moxo, camino real de
Potosí, y al propio tiempo significó á todos no podia alterar las
órdenes de seguir su marcha, para incorporarse con Flores y salvar la
ciudad de la Plata que tanto cuidado daba por el bloqueo que le hacian
sufrir los indios, acaudillados por los dos hermanos Cataris, de cuya
pérdida se haria responsable por su detencion: y sin el menor retardo
destacó algunas partidas, para que ocupasen los caminos y embarazasen el
paso á cuantos se dirigiesen hacia adelante, con la órden de observar
los movimientos de los enemigos, que con alguna distancia y disimulo,
procuraban certificarse de la verdadera intencion de aquellas tropas.
Lleno de confianza y algo reforzado con aquellos, que poco antes creian
no les quedaba mas recurso que la fuga, se puso en marcha la misma tarde
del citado dia 16 de Marzo, y campó en Moraja con todas las apariencias
de pasar la noche en aquel campamento, tomando las precauciones
necesarias á evitar el grave riesgo que le amenazaba por todas partes.
Hizo poner las tiendas, encender fogatas, y cenar la tropa con brevedad,
y al acabar el dia mandó de nuevo tomar las mulas de refresco que tenia
anticipadas, y dejando el campamento con solo 20 hombres veteranos á
cargo de un oficial, se puso en movimiento con mucha precaucion y
silencio; y dejando á la derecha en el pueblo de Suipacha el camino de
la Plata, tomó el de la izquierda, que dirigia á Tupiza, previniendo al
oficial que quedaba en el campo, cuidase con exactitud y vigilancia,
permaneciesen encendidos los fuegos, y se pasase la palabra toda la
noche: dejándole tambien la órden, para que antes de amanecer el nuevo
dia, levantase el campamento, y siguiese sus pasos con el equipage y
bagajes que le quedaban.
Se practicó este movimiento con tanto órden y destreza militar, que
logró eludir la cuidadosa vigilancia con que le observaban los rebeldes,
los cuales quedaron sorprendidos á las primeras luces del dia siguiente,
por no saber el como, y por donde se habia desaparecido Reseguin. Dista
Moraya de Tupiza 10 leguas de camino muy fragoso, la mitad cuestas y
barrancos, y la otra mitad de profunda quebrada, por donde desciende un
rio que se vadea muchas veces, y como á dos leguas de aquella villa, es
inevitable una angostura de medio cuarto de legua, en que no pueden ir
mas que dos hombres de frente, y á los lados tiene unos peñascos
escarpados, de altura extraordinaria, que forman un callejon tortuoso,
muy á propósito para que un corto número de hombres contenga y resista
al mas numeroso ejército. No ignoraban los indios las excelencias de
aquel puesto, como que ha demostrado la experiencia su conocimiento y
acierto para la eleccion de situaciones ventajosas, razon porque le
habian escogido, para oponer la primera resistencia á las tropas del
Rey, considerando, que cuando llegasen á él, estarian cansadas de
superar los obstáculos, que por grados iban creciendo, así como se iban
acercando: porque á los naturales del camino, agregábase en aquella
ocasion lo caudaloso del rio, que en algunos vados se pasaba con mucho
trabajo y no poco peligro, aumentado por la oscuridad de la noche.
Superados con diligencia y constancia todos los inconvenientes, llegó la
tropa á la natural fortaleza á que el arte no podia añadir
circunstancia, la que reconocida por algunas partidas que se formaron de
los españoles fugitivos que eran prácticos del terreno, la hallaron
desocupada, y se siguió la marcha, no sin algun sobresalto, porque
cuando se estaba en la mitad del peligro, se oyó un chasquido de honda,
y que algunas piedras se precipitaban de lo mas alto. Todos se
suspendieron, creyendo habian sido sentidos de los enemigos, pero el
Comandante, animado de su resolucion, se volvió, y les dijo: "ya el
peligro es inevitable, lo que importa es salir de él cuanto antes." Y
avivando el paso, mandó á todos le siguiesen: en efecto, logró atravesar
aquel estrecho sin resistencia, y salir á otra quebrada mas espaciosa,
donde tuvo ya lugar la imaginacion para concebir fundadas esperanzas de
un éxito feliz. No malogró instante Reseguin; y haciendo alto, reunió su
formacion dilatada por los regularos efectos del desfiladero, estendió
su frente cuanto le permitia la mayor anchura del camino; dividió los
200 hombres que llevaba en cinco divisiones, las cuatro iguales, á las
órdenes de los oficiales veteranos, y la mayor quedó á las suyas. A
cada una señaló un vecino del pueblo, que se dirigiese y apostase al
paraje señalado, y despues de haber hablado con entereza á sus soldados,
representándoles su obligacion, el órden que debian observar, la
obediencia y resolucion en el obrar, dobló el cuidado y el silencio para
seguir á Tupiza. Llegó á esta villa á las 4 de la mañana del dia 17, y
la mandó rodear inmediatamente por las partidas, que ocuparon toda su
circunferencia, para que nadie saliese de ella, y con la suya entró por
la calle principal, y se dirigió á la plaza mayor, sin que hasta
entonces le hubiesen sentido sus vecinos ni los rebeldes que estaban
entregados al sueño con la mayor confianza, así por el desprecio que
hicieron del corto número de tropas que los amenazaba, como por la
distancia en que se hallaban el dia antecedente.
Su primer cuidado fué asegurarse del caudillo principal Luis Laso de la
Vega, que prendió por sí mismo en la casa que habitaba, llamándole por
su nombre, á que contestó agriamente, porque se le incomodaba: pero
reproduciéndole desde afuera que se hallaba en gran peligro, porque
estaban ya muy cerca las armas del Rey, se levantó, y medio vestido
salió en persona á la puerta con un trabuco en la mano. Pero ganandole
la accion, quedó inmovil al ver una visita que no esperaba, faltándole
el movimiento, aun para dar impulso al gatillo, regulares efectos que
ocasiona en los traidores la magnitud de su delito; á presencia del
Juez, de quien aguardan el castigo. Siguiéronse sin intermision las
prisiones de su secretario, Fermin Aguirre, sugeto español y no de comun
nacimiento, quien por la ambiciosa fantasia de haberle nombrado Virey de
aquella provincia, abrazó el partido sedicioso; y la de otros que se
hallaban condecorados con varios títulos, para dividirse el marido de
las cuatro que se habian propuesto dominar: y como una exhalacion mandó
recorriesen sus tropas todas las inmediaciones de la villa, á dos leguas
de distancia, que lograron asegurar á los demas cómplices del tumulto.
De modo que, por la tarde se hallaban en las cárceles 100 reos de los
principales y que mas se habian distinguido en aquella conspiracion. Se
tomaron despues por el comandante todas las precauciones y providencias
convenientes para asegurarse de una sorpesa, y las que se requerian para
resistir á los rebeldes, si intentaban invadir la villa, como se
afirmaba, para libertar á sus caudillos. Colocó dobles guardias
avanzadas, eligió la iglesia para hacer la última resistencia, dispuso
rondas, nombró patrullas, encargó la exactitud del servicio, y
aumentaron su vigilancia y cuidado á proporcion que aumentaba el
peligro. Llamó las milicias del pueblo de Suipacha, que estaban por el
Rey, y las de Tarija, reforzándose con las pocas reliquias de fidelidad
que habian quedado, y antes que pudieran recobrarse los desleales del
terror infundido por las armas del Soberano, la resolucion de aquella
operacion, la inopinada prision de sus caudillos, y del conjunto de
circunstancias que ocurrieron en accion tan determinada, nombró partidas
para evitar los daños que seguian en todos los límites de la provincia
que estaban conmovidos, y en que cometian los sediciosos atroces
crueldades, obligando á los habitantes españoles á venir fugitivos, para
acogerse á la sombra de las tropas recien llegadas. Diariamente se
presentaban viudas desamparadas y huérfanos afligidos, que abandonando
sus haciendas, comodidades y domicilio, se reunian en Tupiza, para
esponer al Comandante sus padecimientos, con la pérdida de sus padres,
maridos y bienes, que les habia quitado el rigor de los tiranos
agresores; quienes egercitaron su barbarie, con mas exceso que en otras
partes, en los minerales de Tomabe, Ubina, Tatasi, Portugalete y la Gran
Chocalla, ultrajando á los sacerdotes, profanando los templos, y
cometiendo las mas sacrílegas muertes en ellos, con cuantiosos robos,
despedazando los ingenios, y destruyendo las labores de las minas.
Oíales Reseguin con afabilidad, consolaba á todos con ternura, y
ofrecíales mirar por ellos, como un padre benéfico por sus hijos;
prometia hacerles restituir sus bienes, y derramar hasta la última gota
de sangre en su defensa, y por tan justa causa.
La sedicion de esta provincia tuvo algunas circunstancias, por las
cuales se hacia mas temible que la general que se esperimentaba en el
Perú, y pudiera haber dado muchos cuidados, á no haberse cortado tan
oportunamente sus progresos. El autor y cabeza principal de ella, Luis
Laso de la Vega, era de casta de los cholos, mas español que indio, y se
hallaba sirviendo en calidad de sargento de aquellas milicias, á quien
acompañaba un génio audaz y algunas particularidades que le hacian
distinguir entre los suyos. Este inicuo, favorecido del corregidor, D.
Francisco Garcia de Prado, correspondió á su benefactor con la mayor
ingratitud, fraguando aquella trama, para usurpar el mando de las
provincias de Chichas, Lipes, Cinti y Porco, aprovechándose de la
fermentacion que habian causado los edictos y las diligencias de los
comisionados del principal rebelde Tupac-Amaru, y los movimientos de las
demas, que tambien obligaron al corregidor al acopio de algunas
municiones, y á reunir en Tupiza el regimiento de milicias de este
nombre, compuesto de cholos y mestizos, en que servia Laso, quien dió
principio á sus ambiciosos y atrevidos pensamientos, el 6 de Marzo,
aprovechando el acto de la revista, para conmover los ánimos de sus
soldados y compañeros, que no tardaron en dejarse seducir, y sacudiendo
las riendas de la obediencia, principiaron cuantos excesos les dictaba
su antojo y sugeria el caudillo cuyo egemplo siguieron los indios
circunvecinos y de la villa, creciendo el tumulto en tanta aceleracion,
que desengañado Prado del ningun fruto que producian sus persuasiones y
autoridad, no le quedó otro recurso que buscar el asilo de su casa con
algunos de los suyos. Cercóle en ella Laso con una crecida multitud, que
inutilmente intentó romper á caballo en algunas ocasiones favorables que
se le presentaron, para ponerse en fuga y huir del riesgo que por
instantes iba creciendo: pero viendo eran inutiles sus esfuerzos para
encontrar la salida, resolvió defenderse hasta el último extremo,
favorecido de las puertas y ventanas de su casa, desde donde empezó á
hacer fuego á la multitud que le tenia cercado, que correspondieron del
mismo modo; durando la confusion hasta la media noche, en que muertos ya
algunos, otros fatigados y sin fuerzas para continuar la defensa,
lograron los rebeldes incendiar la casa, y volar el repuesto de pólvora
que tenia acopiada para municionar aquella tropa, y caido un lienzo de
pared, penetró al corral el indio Nicolas Martinez, y hallando á su
corregidor aturdido en un rincon, se acercó á él y le degolló
prontamente, y le bebió mucha parte de su sangre. Pudiera haberse
salvado si con anticipacion hubiera emprendido la fuga, como se lo
aconsejaban algunos sugetos bien intencionados, pero le fué menos
sensible perder la vida que abandonar sus intereses, adquiridos á costa
de un descontento general, que le puso en aquel estado y situacion.
Luego que el agresor publicó la muerte de su corregidor y demas que le
acompañaban, entraron los sediciosos en su casa, saquearon cuanto en
ella habia, y durante la noche cometieron muchos excesos y desórdenes en
la poblacion y sus inmediaciones, como en la hacienda de Salo, donde,
alentados los indios con el ejemplo de Tupiza, conspiraron contra su
dueño, D. Salvador Paxsi, á quien cortaron la cabeza y se apoderaron de
los cuantiosos bienes que poseia: por cuyo medio y otros de igual
naturaleza, se desembarazó Laso de los sugetos que podian causarle
sugecion, y libre ya de este obstáculo, pensó solo en asegurarse el
dominio que se habia propuesto. Se intituló Gobernador y Capitan General
de aquella provincia por Tupac-Amaru, haciendo expedir sin pérdida de
tiempo, por su secretario Aguirre, cartas circulares y convocatorias
para toda la jurisdiccion, en que mandaba, bajo de graves penas, se le
uniesen para contribuir á la defensa comun, sacudir el mal gobierno y la
opresion en que los habian puesto los corregidores, las aduanas,
alcabalas y demas ramos de hacienda, nuevamente establecidos. El cura
párroco de la villa, el Dr. D. José Dávalos, procuró desde los
principios disuadirlos y aquietarlos, empleando las mas humildes
súplicas y eficaces oficios; pero no consiguió mas que el permiso para
dar sepultura á los cadáveres, cuya diligencia practicada con la mayor
piedad, no fué bastante á contener aquellos ánimos, que perdida la
obediencia y el respeto á la justicia, no tardaron en perderla tambien á
la casa del Señor, pues entrando en ella tumultuariamente una porcion de
indios llenos de furor, desenterraron el cadáver de Prado, y le cortaron
la cabeza, para llevarla á la Audiencia de la Plata, segun declararon
algunos, ó á su Inca, segun depusieron otros. Lo cierto es, que el
Gobernador indio, del pueblo de Santiago de Cotagaita, que se habia
mantenido leal en el centro de la rebelion, la recogió y le dió
sepultura en la iglesia de su pueblo con toda la solemnidad debida, y
prendió á los indios que la conducian para que sufriesen el castigo
justamente merecido á tan criminal delito: pero este ejemplo, ni las
repetidas diligencias que practicaron algunos vecinos honrados,
impidieron que de todas partes se presentasen á rendir la obediencia al
usurpador, los caciques, gobernadores, _segundas_ y _curacas_,
asegurándole sostener sus ideas hasta sacrificar sus vidas y haciendas
por la libertad.
Tal era el estado en que se hallaban aquellas provincias, cuando el
comandante D. José Reseguin llegó á ellas con su corto número de tropas.
El peso de tan graves cuidados, y la multitud de obstáculos que
encontraba y que por momentos se aumentaban, no fueron bastantes á
detenerle ni á intimidarle, antes bien, conociendo cuan conveniente era
no perder un instante en semejantes ocasiones, se dedicó inmediatamente
y con la mayor actividad al remedio de tantos y tan crecidos males,
buscando incesantemente los recursos mas oportunos y eficaces para
evitarlos. Su obrar activo, su espíritu y determinacion fueron sin duda
los diques que contuvieron la velocidad con que corrian los progresos de
la sedicion, y los que sofocaron las voraces llamas que habian comenzado
á arder con demasiada violencia, agitadas por las dulces lisongeras
ofertas de la libertad que prometian los edictos de Tupac-Amaru,
esparcidos por sus comisionados en todas partes, los que no dejaron de
penetrar hasta los corazones de los habitantes de la provincia del
Tucuman, cuyos naturales empezaban ya á disponerse para admitir con
gusto las turbaciones suscitadas en Chayanta y Tungasuca, no teniendo
reparo en expresar publicamente lo muy grato que les seria el dominio de
un dueño que aseguraba libertarlos de la opresion en que se
consideraban. El 18 de Marzo recibió los primeros pliegos del
comandante D. Ignacio Flores, en que comunicaba el feliz éxito que habia
tenido el ataque de la Punilia, cuya noticia habia adquirido Reseguin
pocas horas antes por algunas voces vagas: pero no tardó mucho el
turbarse el regocijo de tan importante aviso, porque la misma tarde supo
por D. Juan Domingo de Reguera, que se le presentó vestido de clérigo,
fugitivo del ingenio del Oro, se hallaba en él Pedro de la Cruz Condori,
indio principal del pueblo de Challapata, provincia de Chayante, y
Gobernador de los Cerrillos, intitulándose General de Tupac-Amaru, con
mas de 4,000 rebeldes de quienes era tratado y obedecido con la mayor
veneracion. Que representaba con mucha autoridad, adornado de las
insignias correspondientes, el carácter que suponia; que hablaba con
entereza, manifestaba tener espíritu y resolucion, con alguna habilidad
para desempeñar el mando que obtenia, y que premeditaba atacar á Tupiza,
para libertar á los delincuentes que estaban aprisionados en sus
cárceles. Añadio tambien, que tres indios hermanos, tomando los nombres,
el uno de Tupac-Amaru, y los dos restantes el de Damaso y Nicolas
Catari, habian entrado en algunos pueblos, asegurando eran los
personages que fingian; y que los naturales sin mas exámen, los seguian
y obedecian ciegamente: con lo que habian juntado un cuerpo
considerable, capaz de superar los esfuerzos de los pocos vecinos
leales, que se habian mantenido por el Rey hasta entonces en algunas
poblaciones; las que ya abandonaban apresuradamente, temerosos de la
muerte y obligados del terror que infundian por todas partes aquellos
tiranos, con muertes, robos y escandalosos excesos. Impuesto el
Comandante de esta série de calamidades, y que era muy conveniente
atajarlas en sus principios, bien persuadido que con el retardo ó
circunspeccion tomarian mas incremento y autoridad los nuevos caudillos,
haciéndose en cada momento de mayores fuerzas, dispuso saliesen á su
encuentro tres destacamentos, compuestos de tropa veterana y de
milicias, que por distintos caminos llegasen á un tiempo al paraje donde
se hallaba acampado Pedro de la Cruz Condori, le atacasen de acuerdo, y
procurasen su captura. Llegaron en efecto á su vista, como se les habia
prevenido, y reconociendo el corto número de hombres que se les
presentaba, los miró con gran desprecio; y adelantándose con pocos de
los suyos, para poder hablar con el comandante D. José Vila, teniente de
dragones de la expedicion, le propuso con la mas audaz confianza que se
volviese, ó se le incorporase, porque de lo contrario, seria víctima del
furor de su gente; pues era conocida temeridad intentar otra cosa á
vista de las fuerzas que tenia presentes. Lejos de intimidarse este
oficial, cuyo bizarro espíritu acreditó despues repetidas veces en toda
el tiempo de la rebelion, le reprodujo que se entregase, y no diese
lugar á que se derramase la sangre de aquellos infelices que traia
engañados. Cuyas espresiones, oidas por uno de los indios que le
acompañaban, dispuso la honda en accion de despedir la piedra contra él;
lo que advertido por Alonso Mesias, cabo de su propio cuerpo, arrancó
una pistola, y con la bala atravesó el pecho del agresor, antes que
acabase de poner en práctica su comenzado intento. Este no esperado
accidente atemorizó á los demas que acompañaban á Condori, y aturdidos
emprendieron una fuga precipitada, para incorporarse con los mas
distantes, entre quienes llevaron el desórden: é introduciéndose entre
todos la confusion, que regularmente causa la diversidad de pareceres,
no pensaron mas que en la fuga, dejando en manos de los nuestros á su
venerado general, que llevándole bien asegurado, siguieron á la Gran
Chocalla en busca de los tres hermanos, que tuvieron igual suerte, y al
sexto dia de su salida, regresaron á Tupiza con todos estos reos, llenos
de satisfaccion gloriosa, y con no poco contento de algunos españoles,
porque veian recuperada mucha parte de las riquezas que les habia
usurpado. Tambien fué arrestado al propio tiempo el teniente de cura de
aquel pueblo, el Licenciado D. José Vasquez de Velazco, á causa de
habersele justificado acompañó á Condori en las aclamaciones que se
hicieron de Tupac-Amaru, en las plazas públicas de su doctrina, habiendo
hecho despues la demostracion de bendecir las tropas de aquel rebelde,
implorando el favor del Altísimo por la felicidad de sus armas, y
convidándose á seguirle hasta el ataque de Tupiza que premeditaba,
contribuyendo con la autoridad de su carácter á promulgar los edictos, y
esparcir las cartas sediciosas de que se valian para conmover los
ánimos, en que se espresaba de esta manera:--
_Carta de los rebeldes._
SEÑORES PRINCIPALES, ASÍ ESPAÑOLES COMO NATURALES Y MESTIZOS CRIOLLOS DE
LA DOCTRINA DE SANTIAGO DE COTAGAITA:--
Muy Señores mios.--"Con la mayor urbanidad y atencion que se debe al
trato humano, hago esta á Vds. como Gobernador electo para estas
provincias, en nombre de S.M.D. José Gabriel Tupac-Amaru, Rey Inca de
este vasto vireinato del Perú, y hablando con Vds. en calidad de
embajador suyo, digo:--Que el fin á que he venido á esta provincia, y
escribo esta, es, para saber el parecer y dictámen de sus voluntades en
asunto á vasallaje, del que tomándoles el consentimiento, quisiera que
Vds. deliberáran el partido á que se inclinan, y me avisarán su
dictámen: esto es, si se conforman á ser vasallos debajo de las banderas
de dicho Monarca, cuya piedad y clemencia no propende á otra cosa que á
la conservacion, pacífica tranquilidad y alivio de todos los paisanos,
así naturales como españoles y mestizos criollos, y otros sugetos de
cualquier calidad ó condicion, nacidos en nuestras tierras, sacándolos
del gravámen y yugo pesado que hasta el dia nos ha tenido debajo de su
peso tan oprimidos, mediantes el gobierno tirano de España, con sus
pechos insoportables, que no parecia otra cosa que una servidumbre de
total esclavitud, á semejanza del cautiverio de Babilonia, en donde el
pueblo de Dios Israelita, gemia. Por lo que habiéndose visto con maduro
acuerdo todos estos motivos, en nombre de Dios, Nuestro Señor, y despues
de él, en el de nuestro referido Monarca, Inca, vengo á convidarles mas
bien con la paz y concordia, que á hacerles guerra. Pero, si
despreciando este dulce llamamiento y convite, quisieren Vds.
sorprenderme, experimentarán despues el castigo rigoroso que previene
nuestro Monarca en su edicto, del que remito un tanto, sacado á la
letra, para que Vds. se impongan de los fines tan santos y rectas
intenciones que lleva enderezadas en esta empresa. Y en el supuesto que
Vds. y los demas individuos principales que componen este cuerpo,
admitan este partido que se les propone, se fijará en los lugares
públicos y convenientes, despues que se lea en tono de bando y pregon,
para que todos comunmente entiendan y se impongan en su contenido.
"Tambien hago saber á Vds., para que no vivan recelosos, equívocos ó
confusos, como en esta doctrina de Tatasi ó Chocalla tengo en prisiones,
para aplicarles la pena de muerte, á ciertos bandoleros y facinerosos,
que fingiendo ser comisionados de nuestro Monarca, Inca, y usurpando
varios títulos furtivos, cometieron muchos delitos de alevosia y
asesinato, y arrastraron muchos vecinos españoles y mestizos de varios
pueblos, como son, Tolapampa, Ubina, este de Chocalla y otros, solamente
llevados del perverso fin de robar y de su desordenada codicia.
Contemplando lastimosamente la noticia que corre por acá, de que en ese
pueblo de Santiago han muerto los naturales á su Gobernador, y no sé á
que español criollo; amonesto á dichos indios naturales se contengan en
egecutar estas muertes, que sin tener facultades ni motivos las hayan
cometido, que eso no manda nuestro piadoso Monarca, sino solo rebatir el
mal gobierno con el exterminio ó expulsion de los corregidores europeos,
y que armados todos los indios y españoles criollos, le defendamos, en
caso de que por alguno de los puertos de este reino venga alguna armada
de soldados contrarios, y opuestos á su corona.
"Y porque espero en su Divina Magestad, que por su infinita misericordia
admitan Vds. esta propuesta, no soy mas, á quien ruego les guarde muchos
años. Chocalla, y Marzo 19 de 1781.--B.L.M. de Vds. su seguro servidor
que su bien desea."
_El Gobernador_, D. PEDRO DE LA CRUZ CONDORI.
_Edicto para la Provincia de Chichas_.
D. José Gabriel Tupac-Amaru, Indio de la sangre real, y tronco
principal:--"Hago saber á los paisanos criollos, moradores de la
provincia de Chichas y sus inmediaciones, que viendo el yugo fuerte que
nos oprime con tanto pecho, y la tirania de los que corren con este
cargo, sin tener consideracion de nuestras desdichas, y exasperado de
ellas y de su impiedad, he determinado sacudir este yugo insoportable, y
contener el mal gobierno que experimentamos de los gefes que componen
estos cuerpos: por cuyo motivo murió en público cadalso el corregidor de
esta provincia de Tinta, á cuya defensa vinieron á ella de la ciudad del
Cuzco, una porcion de chapetones, arrastrando á mis amados criollos,
quienes pagaron con sus vidas su audacia y atrevimiento. Solo siento de
los paisanos criollos, á quienes ha sido mi ánimo no se les siga algun
perjuicio, sino que vivamos como hermanos, y congregados en su un
cuerpo, destruyendo á los europeos. Todo lo cual, mirado con el mas
maduro acuerdo, y que esta pretension no se opone en lo mas leve á
nuestra sagrada religion católica, sino solo á suprimir tanto desórden,
despues de haber tomado por acá aquellas medidas que han sido
conducentes para el amparo, proteccion y conservacion de los españoles
criollos, de los mestizos, zambos é indios, y su tranquilidad, por ser
todos paisanos y compatriotas, como nacidos en nuestras tierras, y de un
mismo orígen de los naturales, y haber padecido todos igualmente dichas
opresiones y tiranias de los europeos,--ha tenido por conveniente
hacerles saber á dichos paisanos criollos, que si eligen este dictámen,
no se les seguirá perjuicio ni en vidas ni en haciendas; pero si
despreciando esta mi advertencia hicieren lo contrario, experimentarán
su ruina, convirtiendo mi mansedumbre en saña y furia, reduciendo esta
provincia en cenizas; y como sé decirlo, tengo fuerzas, pesos, y á mi
disposicion todas estas provincias comarcanas, en union entre criollos y
naturales, fuera de las demas provincias que igualmente están á mis
órdenes, y así no estimen en poco esta mi advertencia, que es nacida de
mi amor y clemencia, que propende al bien comun de nuestro reino, pues
se termina á sacar á todos los paisanos españoles y naturales de la
injusta servidumbre que han padecido. Mirando al mismo tiempo como por
principal objeto el que cesen las ofensas á Dios Nuestro Señor, cuyos
ministros, los Señores sacerdotes, tendrán el debido aprecio y
veneracion á sus estados, y del mismo modo las religiones y monasterios,
por cuya piadosa y recta intencion con que procedo, espero de la divina
clemencia, como destinado por ella, para el efecto me alumbrará y
gobernará para un negocio en que necesito toda su asistencia para su
feliz éxito.
"Y para que así tengan entendido, se fijarán ejemplares de este edicto,
en los lugares que se tengan por conveniente, en dicha provincia, en
donde sabré quienes siguen este dictámen, premiando á los leales, y
castigando á los rebeldes, que conocereis vuestro beneficio, y despues
no alegareis ignorancia. Es cuanto puedo deciros. Lampa, y Diciembre
23 de 1780."
D. JOSE GABRIEL TUPAC-AMARU, _Inca_.
Ya no quedaba en toda la provincia caudillo alguno que pudiese dar
cuidado. Las partidas de tropa veterana que se habian dejado ver por
toda su jurisdiccion, habian llenado de respeto á los indios que habitan
los pueblos, y ya empezaban á distinguirse algunas señales de sumision
en sus vecinos, porque con apresurada diligencia venian á Tupiza los
Gobernadores indios, á implorar el perdon, manifestando su mayor cuidado
en acreditar no habia llegado el caso de sublevarse formalmente, lo que
dió lugar al comandante, para substanciar las causas á los reos que
tenia aprendidos, lo que se verificó militarmente, y justificados los
delitos sufrieron el último suplicio 23 de los principales, y los
restantes se condenaron á presidio y azotes: todo lo que se egecutó sin
haber ocurrido la menor novedad, á pesar de las amenazas que se habian
publicado en algunos papeles satíricos, que prometian atacar la villa
para libertar los opresores. Se continuaron por aquel celoso oficial las
mas exactas y activas diligencias para recuperar los bienes robados, así
de los españoles que habian muerto, como de los que estaban fugitivos.
Consiguió juntar mas de 2,500 pesos, que devolvió á sus dueños,
precedidas las diligencias precisas de justificacion de legitimidad, y
entregó al juzgado de bienes de difuntos, sin mas cargo que el de rogar
á los interesados mantuviesen á sueldo, por algunos dias á su costa, las
milicias que tenia alistadas, con el fin de ahorrar á la real hacienda
este gasto, á que se convinieron gustosos, en atencion á los muchos
beneficios que les habia proporcionado.
Atento despues al establecimiento de la quietud pública, y considerando
que para conseguirla era preciso asegurar enteramente el recelo del
castigo, que susistia en algunos pueblos que habian contribuido en mucha
parte á aquella conspiracion, determiné hacer publicar en todas las
iglesias, por sus respectivos curas, el edicto siguiente:--
_D. José Reseguin, Teniente Coronel de Dragrones, Comandante en Gefe del
cuerpo de esta clase destinado á la plaza de Montevideo y comisionado
por el Superior Gobierno de Buenos Aires á la pacificacion de las
Provincias sublevadas del Perú._
"Hago saber, que habiendo llegado á esta villa de Tupiza con una porcion
de gente, de la que ha dispuesto pase á la ciudad de la Plata, el Exmo.
Señor D. Juan José de Vertiz y Salcedo, Virey Gobernador y Capitan
General de las provincias del Rio de la Plata, &c., para establecer la
quietud y sosiego de las que estuviesen conmovidas y sublevadas, siendo
una de ellas esta de Tarija y Chichas, halló conveniente hacer saber á
los Gobernadores, curas, segundas y demas habitantes de los pueblos de
su jurisdiccion, se mantengan sin la menor novedad en sus respectivos
domicilios, continuando las tareas, faenas y trabajos, á que se
dedicaban antes de los presentes alborotos, porque de lo contrario
esperimentarán el mas severo castigo. Asimismo mandó, que á cualquiera
individuo que se presente, aseguren y pongan á mi disposicion, á fin de
evitar en adelante, que estos mal intencionados aprovechen la ocasion de
sorprender y seducir los ánimos sencillos de los indios, robar las
haciendas, y cometer muchos atentados atroces, dignos de la mayor pena.
Así tambien les hago saber, que las tropas y armas del Rey no vienen con
otro objeto que el de disipar las presentes turbaciones, castigar á los
culpados, y restablecer en todas partes el buen órden y administracion
de justicia. Por lo que encargó á todos muy particularmente no tengan el
menor recelo, ni abandonen sus habitaciones á la aproximacion de dichas
tropas, y les exhortó por el presente, á que se mantengan leales
vasallos de S. M., porque si así no lo egecutaren, esperimentarán los
mas terribles efectos de severidad, trasladándome inmediatamente con
fuerzas competentes, para dar el merecido castigo á los que no diesen
entero cumplimiento á cuanto en este se previene. Dado en la villa de
Tupiza, á 20 de Marzo de 1781."
JOSE RESEGUIN.
Produjo esta diligencia, todos los favorables efectos que se esperaban,
porque con indecible diligencia se presentaron muchos indios
principales, representando sus pueblos, para asegurar al Comandante su
mas constante resolucion de mantenerse leales: de modo que en tan corto
tiempo quedó enteramente sosegada la provincia, y sin recelo las
inmediatas, que esperaban impacientes la llegada de la tropa, para dar
las mismas pruebas y demostraciones de fidelidad. Se volvieron á
trabajar las minas, se transitaba ya por las calles y caminos sin
cuidado, se despachó á la Plata y Potosí la balija de la correspondencia
del público, que estaba detenida en Mojo, y todo volvió á tomar el órden
alterado por los sediciosos, y despues de algunas disposiciones
gobernativas y de precaucion, se puso Reseguin otra vez en movimiento,
el dia 5 de Abril de 1781, para el pueblo de Santiago de Cotagaita, á
donde habia hecho adelantar al capitan de infanteria de Savoya, D.
Joaquin Salgado, con 50 hombres, para sostener aquel vecindario, y
animar á sus milicianos que tuvieron la gloriosa determinacion de
mantenerse leales y contrarestar los esfuerzos y persuasiones de los
rebeldes, cuya heróica accion se hace acreedora á una perpetua memoria.
Dos dias solamente empleó Reseguin en el camino, sin embargo de distar
18 leguas, y estar acometido de una fuerte terciana, de cuyo accidente
adolecia mas de la tercera parte de los soldados, y casi todos los
oficiales: lo que tampoco fué obstáculo para que dejase de substanciar
inmediatamente las causas á mas de 80 reos que se hallaban en aquellas
cárceles, aprendidos en las salidas que habian hecho aquellas leales
milicias, entre los cuales se hallaban algunas cabezas principales en la
conjuracion de la provincia de Lipes, cómplices en la muerte de su
corregidor, D. Francisco Revilla, á quienes examinados y justificados
sus delitos, se condenaron once á pena capital, y á presidio los
restantes. Entre los primeros ocurrió un suceoo que tiene mucho de
milagroso. Uno de ellos, reo de dos muertes, y que en el tumultuoso
desórden de la doctrina de Tatasi habia tomado y maltratado á su cura
dentro de la iglesia, con fuertes golpes, y por varias veces le habia
puesto el cuchillo á la garganta para degollarle, amaneció muerto el dia
que se habia de verificar en su persona el último suplicio, de lo que
inmediatamente se dió parte al Comandante, quien la tarde antes le habia
tomado la declaracion, sin notarle indisposicion alguna: y creyendo que
aquel accidente le nacia de algun efecto de desesperacion ó de descuido,
mandó se le reconociese; lo que egecutado, le hallaron el brazo y mano
con que habia cometido el sacrilegio, enteramente descarnado el hueso,
como si fuese de un esqueleto de muchos años, y la manga de la chupa
llena de gusanos: de todo lo que enterado Reseguin, dispuso se colgase
en la horca, y que el cura explicase al numeroso concurso que estaba
presente, el orígen y las causas de aquel portento.
Concluidos los asuntos criminales, cuidó Reseguin de significar á los
leales moradores de Cotagaita, haria presente al Soberano su acrisolada
fidelidad, y les exhortó á la continuacion de sus buenos propósitos,
dándoles las gracias en nombre del Rey por sus distinguidos servicios: á
que correspondieron aquellos vecinos, juntamente con los de Tupiza y
demas españoles que habia librado en toda la provincia, con las mas
expresivas demostraciones de respetuoso agradecimiento, aclamándole su
libertador, y ofreciendo dirigir al Altísimo los mas solemnes votos por
la felicidad de quien les habia restituido en la antigua pacífica
posesion de sus casas y haciendas. Pero temiendo aun aquellos ánimos,
que todavia no habian convalecido del pavoroso espanto que ocasionaron
en sus corazones los estragos y crueldades de los tiranos, le dirigieron
una representacion, para que se detuviese, en que se expresaron de
este modo:--
_Representacion._
"Los Oficiales, vecinos y habitantes de esta provincia, ya consideramos
á V.S. bastante impuesto del lamentable estado en que la tienen
constituida los alborotos, muertes y latrocinios de algunos indios
incógnitos, que se han introducido en distintos curatos de esta
jurisdiccion, derramando cartas sediciosas, publicando bandos y órdenes,
en nombre del principal rebelde, José Gabriel Tupac-Amaru: llegando la
avilantez de estos, hasta plantar horcas en el punto de Estarca, para
ajusticiar en ellas á todos los que, como fieles vasallos y buenos
servidores de nuestro legítimo Soberano, no adhiriesen á las ideas de
aquel cabeza de rebelion, que se conoce á primera vista, no son otras
que anhelar á la subversion de este reino, y colocarse violentamente en
la posesion de él.
"Pero, aunque á la comprension de V.S. nada de esto se encubre,
hallándonos noticiosos de la próxima marcha que resuelve egecutar á la
ciudad de la Plata, dejando esta provincia, que es el antemural y
precisa entrada del Perú, abandonada y espuesta á la discrecion del
enemigo, que situado en los pueblos minerales de Ubina, Chocalla,
Tatasi, Esmoraca, Santa Catalina, la Rinconada, Lipes y Atacama, despues
de haber dado muerte á los jueces y principales vecinos de dichos
pueblos, se mantienen vigilantes, esperando se retire V.S. con la tropa
de su mando, para entrar á fuego y sangre en esta villa y resto de la
provincia, haciéndonos víctimas de su rigor; se nos hace preciso, como
buenos servidores y fieles vasallos del Rey Nuestro Señor, representar á
V.S., que es muy de su obligacion el amparar con las armas del Soberano
esta provincia, pues de lo contrario, las reales rentas de tabacos,
alcabalas y correos, se miraban abandonadas, sus administradores
espuestos á perder la vida, ó ponerse en fuga, como igualmente todos los
leales, que hallándonos sin la menor defensa, por faltarnos las armas y
pertrechos necesarios, para juntar ejército y ponernos en campaña, nos
será preciso abandonar nuestros domicilios y preciosos bienes, por
conservar la vida, sin embargo de que el celo de la honra de Dios, y
defensa de los dominios de S.M., nos precisa á mantenernos firmes
conteniendo las irrupciones de los rebeldes, hasta perder la última gota
de sangre. Pero el mirarnos indefensos, y el derecho natural de
conservar la vida, nos conducirá, no á separarnos del servicio de S.M.,
y sí á abandonar la provincia, dejando el egercicio de azogueros y
trabajo de minas, de que tanto beneficio le resulta al real erario; é
incorporándonos en la tropa del mando de V.S., caminaremos á su destino,
donde daremos las mas acrisoladas pruebas de nuestra fidelidad y amor
al Soberano.
"El perjuicio que, de abandonar V.S. á esta provincia, resulta á S.M.,
por todo evento es bien conocido, pues por el ramo de tributos, se
pierden anualmente mas de 20,000 pesos, y por los quintos y ramos
correspondientes al trabajo de minas de oro y plata, arriba de 50,000
pesos: y por lo tocante al ramo de alcabalas, renta de tabacos y
correos, bien considerable cantidad de pesos. De manera que, así en el
embolso de real hacienda, como en el de los particulares fieles, vendrá
S.M. á ser perjudicado en mas de un millon de pesos anualmente; y no es
de menos consideracion, el que V.S. tenga presente, ser este el tránsito
preciso, por donde pasa el correo de Buenos Aires al Perú, y por donde
se conduce el situado para dicha ciudad de Buenos Aires, y todo el
comercio de aquella con las provincias de la tierra: de modo que, esta
es la única y precisa puerta para internarse á todo el Perú, porque
aquí igualmente se han de conducir los auxilios de víveres para las
plazas de Potosí y Chuquisaca, las que, abandonada esta provincia,
quedaron en asedio, expuestas totalmente á que por hambre se entreguen
al enemigo.
"La mente del Exmo. Señor Virey no debemos persuadirnos que sea
precisamente el que V.S. se presente en Chuquisaca, habiendo primero
urgencia de mayor atencion que remediar: pues para estos casos, que son
los no prevenidos, consideramos le dé á V.S. las facultades necesarias
para operar segun su sabio conocimiento y pericia militar tuviese por
conveniente.
"El celo de la honra de Dios, y el culto de la sagrada religion que
profesamos, es uno de los puntos que V.S. debe fijar la atencion, pues
es notorio que los indios rebeldes, sin reparo á lo sagrado de los
templos y ministros de Jesu-Cristo, se arrojen intrépidos á la
profanacion de ellos, como lo han egecutado en dicho pueblo de Chocalla,
degollando dentro de la misma iglesia á D. Francisco Javier Carbonel, y
en esta de Tupiza, sacando del sepulcro el cadaver del corregidor, y
cortándole la cabeza; y en el de Tatasi prendieron al cura de aquella
doctrina, y teniéndolo de rodillas, amenazaron con el cuchillo su
garganta, hasta que á fuerza de ruegos y clamores consiguió lo dejasen
con vida, habiéndole intimado salga de aquella doctrina á destierro
formal, y no administrase el pasto espiritual á sus feligreses.
"Tenemos por infalible que inmediatamente á su partida, mas enconados
los ánimos de los rebeldes, siguiendo sus políticas perniciosas de
alzarse en el mando, avasallen esta provincia, y embarazen enteramente
el tránsito de ella: pero no dudamos que hecho cargo V.S. de los graves
motivos que le precisan á mantenerse en esta provincia, hasta nueva
órden del Exmo. Señor Virey, suspenda la resolucion de su marcha, ó á lo
menos, caso de verificarla, deje un destacamento de tropa veterana para
custodiar esta jurisdiccion, con cuyo respaldo no nos será dificultoso,
á los gefes de esta provincia, mantener la milicia en el mejor pié,
obediencia y servicio del Soberano. Mas si despreciando nuestra
representacion y las fuertes causas que le hacemos presentes, la
abandonase, no seremos en ningun tiempo responsables al Rey ni á Dios de
la pérdida de esta provincia y abandono de la religion, quedándonos con
un traslado para hacer presente, en caso necesario al Soberano y al
Señor Virey, que de nuestra parte hemos cumplido lo que somos obligados,
y protestamos hacer á V.S. responsable de todos los daños y perjuicios
que á S. M. se le sigan por abandonarla, teniéndola en el dia bajo de su
proteccion.
"Nuestro Señor guarde á V.S. muchos años. Tupiza, y Marzo 17 de 1781."
_Antolin de Chabarri.--Manuel de Montellano.--Pedro Pizarro
Santander.--José Leon de los Rios.--José Dávalos.--Pedro Julian Calvete.
--Ramon Ignacio Dávalos.--José de Burgos.--Alberto Puch.--José
Martinez.--Felipe Aranibar._
Señor Comandante General D. José Reseguin.
Contestóles Reseguin verbalmente en los términos mas benignos y eficaces
para consolarlos, y no obstante su corto número de tropas, determinó
dejarles á D. Joaquin de Soria, teniente del regimiento de infanteria de
Savoya, oficial de acreditado espíritu y conducta, con 25 veteranos y
salteños: destacamento que le pareció suficiente, así para
tranquilizarlos, como para sostener la expedicion, que de aquellas
propias milicias habia dispuesto entrase en la provincia de Lipes, con
las miras de hacer presos á los cabezas principales de aquel
levantamiento, libertar la muger del difunto corregidor, que aun
mantenian prisionera, vestida á su uso, y en servicio de una de las
indias principales, y tambien para acabar de afianzar la quietud de
aquellos naturales, cuyas turbaciones se daban las manos con las de la
provincia de Porco, que suscitaban en Yora, Tomabe y otros pueblos,
algunos ánimos inquietos: las que dieron no pocos cuidados y desvelos á
la imperial villa de Potosí, que se vió muchas veces amenazada de ser
invadida por aquellos insurgentes, cuyos temores tomaban mayor
incremento, por la impericia militar y natural en un Gobernador togado,
que sobresaltaba y precavia mas de lo que era necesario, para las
amenazas que diariamente le dirigian los rebeldes, con el fin de
mantenerle en continuo subsidio, hasta que las acertadas operaciones de
Reseguin hicieron calmar todos los recelos, como lo espresa el mismo
Gobernador D. Jorge Escobedo, en carta de 9 de Abril de 1781, en que lo
dice aquel Ministro: "Confio se restablezca la quietud de estos lugares,
porque ya parece manifiestan el miedo, que los primeros pasos de Vd. les
ha dado; pues ayer hubo carta, en que piden se interceda por ellos para
el perdon, y en Tomabe podrán á estas horas estar presos los
principales." Estas y otras noticias, que adquirió el Comandante, le
aseguraron el buen estado en que estaban aquella é inmediatas
provincias, y considerándolas ya libres del contagio que habian
introducido en ellas las diligencias de los sediciosos, determinó
ponerse en camino el dia 11 del citado mes de Abril, sin esperar la
salida de la espedicion de Lipes, por los cuidados que mas adelante
llamaban su atencion. Pero no tardó mucho tiempo en saber, habia tenido
el éxito mas feliz; cumpliendose exactamente cuanto habia prevenido en
las instrucciones que dejó á D. Antolin de Chabarri, y á quien nombró
Comandante de ella y de las milicias de Santiago de Cotagaita, que
dirigió con acierto aquella operacion, desempeñando puntualmente todos
los encargos que se le habian confiado.
Continuó Reseguin las marchas, forzándolas cuanto le permitia su
debilidad, y la de los muchos enfermos que tenia; esforzábase en superar
las dificultades que le sobrevenian con este motivo, porque eran
repetidas las instancias que en todas ocasiones le hacia D. Ignacio
Flores, para que se acercase á la Plata. Los pueblos del tránsito se
esmeraron en dar las mayores pruebas de fidelidad, recibiendole con las
mas espresivas demostraciones que les permitia la infeliz constitucion
en que habian estado poco antes. Tenian dispuestos alojamientos, prontos
los víveres y bagajes necesarios: se excedia en el cuidado de los
enfermos; salian al encuentro á larga distancia los indios gobernadores,
acompañados de sus segundas y curacas, con danzas y músicas á su uso,
para acreditar el gusto y complacencia con que le recibian: de modo que
parecia no habia tenido aquel pais alteracion alguna. Estas
circunstancias le proporcionaron la satisfaccion de llegar á la Plata el
dia 19 del propio mes, donde entró por medio de las aclamaciones de un
numeroso pueblo, acompañado de aquel Comandante, y de toda la
oficialidad de milicias y de muchas personas de la primera distincion,
que habian salido á recibir aquel corto número de hombres, cubiertos de
laureles, y de una gloria inmortal, que no podia borrarla el transcurso
del tiempo, ni obscurecerla las negras sombras de la envidia.
Los continuados repetidos avisos que recibia en el camino D. Cristóval
Lopez, del agigantado cuerpo que tomaba la sedicion en las provincias de
la Sierra, le hicieron apresurar las marchas cuanto pudo: y hallándose
ya en las inmediaciones de Salta con la tropa de su mando, tuvo órden
del Coronel D. Andres Mestre, Gobernador del Tucuman, para que con toda
la aceleracion posible se acercase, en atencion á que 300 hombres de las
milicias de aquel gobierno, destinados á servir en el Perú, habian
perdido la obediencia á su comandante y oficiales, que maneatados los
hacian retroceder en busca del regalo de sus casas. Y tambien porque
sabia que los indios Tobas, coligados con los de las inmediaciones de la
ciudad de Jujuy, intentaban invadirla y saquearla. Se adelantó este
comandante con sola su compañia de granaderos, haciendo la
extraordinaria diligencia de caminar en dos dias, 50 leguas y aunque
llegó en tiempo oportuno para contener á los atrevidos milicianos,
algunas consideraciones prudentes detuvieron las providencias, y
aquellos hombres feroces, dejando las armas, volvieron dispersos á sus
idolatrados domicilios. Sin embargo se logró desvanecer el proyecto de
los sediciosos, y escarmentar á los Tobas, de que se siguió la entrega
de las cabezas principales del motin, que sufrieron el último suplicio
en la plaza pública de aquella ciudad, de cuyas resultas se consiguió
algun sosiego, y que calmaron en parte los justos temores que ocasionaba
un acontecimiento de esta naturaleza, temiendo con razon, que si tomaba
cuerpo y trascendencia el alzamiento á toda la provincia, hubiera sido
muy dificultoso y arriesgado el sugetarla, que por su estension pasaba
de 300 leguas, sin mas poblaciones considerables que Córdoba, Santiago
del Estero, San Miguel del Tucuman, Salta y Jujuy: pues aunque lo
restante está muy poblado, son pequeñas aldeas y estancias, habitadas
por hombres tan parecidos á las fieras y tan gigantes, que pueden
considerarse los verdaderos Centauros que nos fingen los poetas. Su
terreno montuoso, y lleno de inmensos bosques espesos, les
proporcionaban unas ventajas, que si ellos las hubiesen conocido, puede
presumirse se habrian detenido poco en admitir el partido de sedicion
que tanto lisonjeaba sus corazones, con la esperanza de una absoluta
libertad, de que son en extremo amantes. Cuyas circunstancias,
reflexionadas por el Virey de Buenos Aires, le obligaron á enviar una
compañia de infanteria del regimiento de Savoya, para que ocupase la
ciudad de Jujuy; puesto importante por la precision de transitar por él
á las provincias internas del vireinato. Desvanecidos en algun modo los
recelos, y tomadas algunas providencias de precaucion por el Gobernador,
oficial de mucha experiencia y acreditada conducta, siguió Lopez al
destino señalado, viéndose en la precision de dejar en aquella ciudad y
por el camino, la tercera parte de su destacamento, que igualmente fué
acometido por el accidente de la terciana, y con lo restante transitó
las provincias pacificadas por Reseguin, sin ocurrirle novedad, y el dia
20 de Abril llegó oportunamente á la ciudad de la Plata.
En tanto sucedian estos acontecimientos en los límites del vireinato de
Buenos Aires, en el de Lima ocurrian otros de no menor consideracion, y
se disponian para contener los enemigos estragos y desolacion que
ocasionaba el principal rebelde, José Gabriel Tupac-Amaru, á la cabeza
de sus secuaces que ya formaban un formidable ejército, nó como los que
encontraron Pizarro, Cortéz y demas primeros conquistadores, sino
armados con muchas armas de fuego, lanzas y algunos cañones de pequeño
calibre, que habia mandado fundir el tirano, asistido con exactitud de
todo lo necesario, y pagado con puntualidad. Las disposiciones de este
usurpador, mas conformes con la humanidad, le hacian menos aborrecible
que á sus capitanes, los cuales llenos de ferocidad, no conocian otra
providencia que el cordel ó el cuchillo. Tupac-Amaru, aunque en sus
edictos proscribia todo europeo, perdonaba á cuantos se le presentaban,
si conocia podia sacar algun partido de su habilidad ú oficio, y
particularmente lograban un seguro salvo-conducto los que tenian algun
conocimiento del manejo de las armas y profesion militar. El haber
seguido los estudios en uno de los colegios de Lima, le habia hecho
deponer aquella barbarie característica de su nacion, y le pusieron en
estado de manejar con algun acierto una transformacion tan terrible:
pero faltaron agentes con que poner en práctica las bien premeditadas
medidas que tenia tomadas para ella. Uno de sus generales, llamado
Cicenaro, pasó á cuchillo en el pueblo de Ayabirí á cuantos vivientes
halló de todas castas, menos los de la suya, contra la expresa órden de
su gefe. Reprendióle agriamente por su excesiva crueldad, y este le
representaba que si no extinguia á todos los que no fuesen puramente
indios, era consecuente quedarian dominados por cualquier clase que
animase parte de sangre española. "No es tiempo aun, decia José Gabriel;
pensemos por ahora solamente en posesionarnos en el dominio de estas
vastas y dilatadas regiones, que luego se buscará modo para deshacernos
de todos los embarazos y obstáculos que se nos presenten." Máxima, á la
verdad, que si se hubiera seguido por sus subordinados, podia temerse
con razon, y segun la disposicion en que se hallaban los ánimos de
aquellos habitantes, hubiera dado al traves con las pocas reliquias de
fidelidad que habian quedado: pudiéndose asegurar esto sin recelo de
exceder los límites de una prudente congetura, pues, aunque en las
ciudades capitales y en algunos rincones de pocas provincias, se
aparentaba mucho afecto al partido del Rey, estaban muy pocos corazones
de parte del Soberano; y si el tirano hubiese tenido ocho ó diez sugetos
capaces de conformarse y egecutar sus deliberaciones, se hubiera visto
seguramente representar en el Perú la segunda parte de la catástrofe
acaecida en las colonias Anglo-Americanas, y el nombre de Tupac-Amaru y
el de sus subalternos, en los siglos venideros seria tan admirado y
respetado como el de Washington y de los demas generales de aquella
nueva república.
Es innegable, que la general sublevacion que acabamos de esperimentar,
se estaba premeditando hacia mucho tiempo. Acreditan esto mismo
infinitos documentos, tomados á los capitanes indios, por los cuales
consta, se trataba de ella 10 años antes que llegase el dia fatal de
verificarla: y aun se hubiera diferido algun tiempo, si Tomas Catari
hubiese sido capaz de manejarse con mas prudencia y circunspeccion.
Tenia tratado el principal rebelde con este y otros indios los medios de
sacudir el dominio español, en distintos viages que hizo por todas las
provincias, para lo que le daba proporcion el oficio de arriero que
profesaba. Tuvo noticias en Tungasuca, de que se habian adelantado á
sus miras los movimientos de Chayanta, y receloso de que se descubriese
la trama que tenia urdida, pasó inmediatamente á la egecucion del
proyecto, creyendo que, aunque se habia anticipado el tiempo, podia ser
oportuna la ocasion, atendido el descontento que generalmente se
manifestaba por los reglamentos espedidos de la Corte para el nuevo
establecimiento de algunos ramos de real hacienda, que en nada
perjudicaban á los indios, porque los exceptuaban las soberanas
deliberaciones, siempre atentas á su beneficio y comodidad. No obstante
esto, se ha querido despues atribuir maliciosamente á este motivo el
único orígen de tantos males, sin examinar que, si contribuyó en parte,
fué dimanado de la poca conformidad é imprudencia de los que debian
admitir y obedecer aquellas disposiciones con la resignacion debida á
los buenos y leales vasallos. Esto supuesto, ¿con qué razon podrá
disputarse la causa primaria del levantamiento, cuando es una opinion
que se destruye con tanta facilidad, que basta saber que en nada
comprendian á los indios aquellas providencias, y que estos trataban y
disponian la sedicion antes de pensarlas el ministerio? Digan cuanto
quieran los peruanos sobre este particular, lo cierto es, que en el
interior de todos ellos se aplaudia la general conmocion: sentian si
hubiese sido un indio el autor, porque se les hacia muy duro doblar la
rodilla á un hombre de esta casta, mirada en aquellos paises con menos
consideracion que la de los esclavos: y no obstante esta repugnancia,
estuvieron indecisos, hasta que vieron no se les cumplia, como se les
habia prometido, la libertad de sus vidas y haciendas. No por esto
pretendo disminuir la constante fidelidad de muchos, que ligados por las
obligaciones de su nacimiento, lo hubieran sacrificado todo por el
Soberano: solo deseo dar una idea positiva del estado en que
generalmente se hallaban aquellas provincias.
Ya dispuesto por José Gabriel Tupac-Amaru lo mas preciso para emprender
su meditada usurpacion, no se detuvo en mas reflexiones. Se hizo cargo
que nuestra Corte estaba empeñada en sostener una guerra contra los
Ingleses, que ocupaban toda su atencion: que los excesivos clamores de
los mercaderes y comerciantes, contra los nuevos impuestos repetidos
muchas veces á los compradores, desde sus almacenes y mostradores, sin
otro motivo que el de ver disminuida su excesiva ganancia, habian
penetrado no solo los corazones de los indios, sino los ánimos de todos:
que se prestaban gratos los oidos á las voces de libertad é
independencia, y que su propio corregidor, D. Antonio de Arriaga, estaba
excomulgado por el Obispo del Cuzco, cuya providencia espedida
imprudentemente por aquel prelado, en ocasion tan peligrosa, habia
atraido contra él los ánimos de sus provincianos, creyó no podia
presentarsele coyuntura mas favorable para establecer su dominio: y
persuadido por todos accidentes que reconocia, hallaria un apoyo
general para realizar su temerario intento, lo puso en egecucion. No se
alejaba mucho de lo cierto, y hubiera visto seguramente verificados sus
designios si, como empezó, hubiese seguido el método de admitir bajo sus
banderas á cuantos se les presentaban, providencia eficaz, pero que
inutilizaron la feroz condicion de sus comandantes, y la barbarie de
unas tropas que no supieron obedecer las muchas y repetidas órdenes que
tenia dadas, para que se egecutase de este modo, y para que no se
ofendiese ni perjudicase á los españoles criollos, mestizos, cholos y
zambos, en sus personas ni bienes.
Bien penetradas por el Visitador General, D. José Antonio de Areche, y
el Mariscal de Campo, D. José del Valle, las calamitosas funestas
consecuencias que podian esperarse de la crítica situacion en que se
hallaba el reino, no malograron instante, y eligiendo por cuartel
general la ciudad del Cuzco, dedicaron toda su atencion á buscar los
medios para contener con prontitud los progresos y autoridad del
rebelde, que cada dia se aumentaban extraordinariamente. Se abrieron las
arcas reales para el acopio de víveres, municiones y artilleria; se
ofrecieron prémios; se asignaron sueldos y gratificaciones, y se
depusieron las ideas económicas que se habian adoptado, y procurado
establecer hasta entonces, conociendo no era ya ocasion de pensar en
ellas, y sí solo en destruir los proyectos del tirano, que daban mas
cuidados de los que se tuvieron al principio de la conjuracion: y
avivadas las disposiciones, con la actividad que requeria el peligro, se
halló en muy poco tiempo reunido un ejército considerable, capaz de
competir y superar al de los insurgentes.
_Fuerza del ejército destinado á obrar contra José Gabriel Tupac-Amaru._
_Gefe principal._ El Mariscal de Campo, D. José del Valle.
_Mayor General._ El Capitan D. Francisco Cuellar.
_Ayudantes de Campo._
Los Tenientes de caballeria: D. Antonio Donoso.
D. Isidro Rodriguez.
El Alferez de idem, D. Francisco Lopez.
_Primera columna_.
Comandante, el Sargento Mayor de caballeria, D. Joaquin Balcarcel.
Segundo, el Coronel de milicias, Marques de Rocafuerte.
_Fuerza de ella_.
REGIMIENTOS. HOMBRES.
Dragones de Cotabamba 100
Idem de Calca 60
Idem de Urumbamba 100
Idem de Abambay 25
Idem de Andaguaillas 25
Indios fieles de Tambo y Quebrada de Calca 2,000
TOTAL. 2,310
_Segunda columna_.
Comandante, el Teniente Coronel, D. Manuel Campero.
Segundo, el Teniente de infanteria, D. José Varela.
_Su fuerza_
Caballeria lijera 200
Idem del Cuzco 150
Idem de Quispicanchi 200
Idem de Andaguaillas 200
Infanteria de Lima 900
Indios fieles de Maras, Gayabamba y Chincheros 2,000
TOTAL 2,950
_Tercera columna_.
Comandante, el Teniente Coronel, D. Manuel Villalta.
Segundo, El Coronel de milicias, D. Matias Baulen.
_Su fuerza_.
Infanteria de Lima 100
Idem de Andaguaillas 300
Idem de Abancay 200
Compañia del cacique Rozas 200
Idem de Lebu 100
Indios fieles de Tinta, Guarocordo, Suritti
y Altos 2,000
TOTAL. 2,900
_Cuarta columna_.
Comandante, el Corregidor de Paruro, D. Manuel Urruz de Castilla.
Segundo, el Coronel de milicias, D. Isidro Guizasola.
_Su fuerza_.
Infanteria del Cuzco 100
Españoles é indios fieles 2,900
TOTAL. 3,000
_Quinta columna_.
Comandante, el Coronel de infanteria, D. Domingo Marnara.
Segundo, el Corregidor de Cotabambas, D. José Acuña.
Tercero, el Corregidor de Chumbivileas, D. Francisco Laisequilla.
_Su fuerza_.
Infanteria veterana 100
Españoles é indios fieles 2,900
TOTAL. 3,000
_Sexta columna_.
Comandante, el Coronel D. José Cabero.
Segundo, el Justicia Mayor de Paucartambo, D. Francisco Zelerio.
_Su fuerza_.
Infanteria, españoles é indios fieles 550
_Cuerpo de reserva_.
Comandante, el Coronel de Dragones, D. Gabriel de Aviles.
Segundo, el Capitan de ejército, D. José Leon.
Tercero, el Coronel de milicias, D. Gabriel de Ugarte.
_Su fuerza_.
Infanteria veterana de Lima 300
Idem de Guañanga 200
TOTAL. 500
______
TOTAL. 15,210
======
A mas de la fuerza espresada, se destinaron dos destacamentos,
compuestos de 1,846 hombres, para tomar los puestos de Urubamba, Calca y
Lares, con la mira de cortar la retirada al rebelde por aquella parte: y
despues de haber dispuesto lo conveniente y necesario para la
subsistencia del ejército, se puso en movimiento el dia 9 de Marzo de
1781, con 6 cañones, pertrechos y municiones correspondientes; y con
arreglo á lo que habian espuesto los patricios del pais, se dió la órden
á los comandantes de las columnas, para que dirigiesen su marcha, en
esta forma. La 1.ª por Paucartambo, Quispicanche y Tinta. La 2.ª por la
Quebrada de Quispicanche. La 3.ª por los Altos de Orocoroco,
Quispicanche hasta Tungasuca y Tinta. La 4.ª por Paruro á Livitaca,
Chumbivilcas, Yauri, y Coporaque de Tinta. La 5.ª por Cotabamba,
Chumbivilcas hasta Livitaca. La 6.ª por Paucartambo, Altos de Ocongari y
Puestos de Azorayaste, y el cuerpo de reserva por los Altos de
Orocoroco.
Puestas en marcha todas las columnas y el cuerpo de reserva por las
rutas indicadas, empezaron desde luego á esperimentar las mayores
incomodidades, así por los excesivos aguaceros, granizos y nieves, que
son muy frecuentes en aquellas elevadas y ásperas montañas, como por la
falta de víveres, leña y otros auxilios, que ocasionaba haber cerrado
los rebeldes las comunicaciones con los pueblos fieles de donde podian y
debian conducirse: cuyos pasos guardaban con tanta vigilancia, que las
tropas del Rey llegaron á esperimentar las mayores necesidades, y
estuvieron espuestas en algunas ocasiones á ser víctimas del frio y de
la hambre. Pero sufrieron entonces con laudable constancia todos estos
trabajos, animados por el ejemplo del Comandante General, y demas
oficiales que se desvelaban en mantenerlas vigilantes, para rechazar á
los insurgentes, que muchas veces intentaron sorprender los campamentos,
aprovechándose de la hora de amanecer: en cuyas ocasiones consiguieron
siempre gloriosas ventajas, y rechazaron los ataques con conocido
escarmiento de los contrarios, que dejaron en todos cubiertos de
cadáveres los campos inmediatos.
Estas repetidas victorias nada mejoraban las necesidades y situacion del
ejército: crecian los obstáculos, y las escaseses aumentaban; de tal
suerte, que considerándose ya D. José del Valle en una situacion crítica
y delicada, determinó variar de ruta para encaminarse á Tinta, donde
tenia el rebelde el cuartel general y repuestos de guerra: y bajando
para este logro una cañada situada entre elevadas montañas, halló un
benigno temperamento, y tanta abundancia de alimentos, que su tropa
consiguió reponerse en pocos dias de sus pasados quebrantos, y continuar
cómodamente las marchas: bien que con muchos dificultades que superar,
así por los estrechos pasos, como por las grandes y profundas
cortaduras que los enemigos no supieron defender, ni menos aprovecharse
de estas ni otras infinitas ventajas que le proporcionaban aquellos
ásperos terrenos, que en muchos parajes la naturaleza ha hecho
inaccesibles. Sin embargo hicieron obstinada resistencia en algunos
parajes y apostaderos menos fuertes, persiguiendo diariamente, por
derecha é izquierda del camino, las marchas de nuestro ejército,
particularmente en los desfiladeros, sin descuidarse en aprovechar la
obscuridad de la noche, para rodear los campamentos y fatigarlos,
obligando á la tropa á estar continuadamente sobre las armas, sufriendo
el fuego de su fusileria y de cañon, que con facilidad trasportaban y
apostaban á todas partes, por ser de pequeño peso y de poco calibre.
Tolerando siempre los insultos de los rebeldes, y las repetidas amenazas
de sorprender al ejército, llegó á las inmediaciones del pueblo de
Quiquijana, despues de haber sufrido en todo el camino algun fuego de su
artilleria y fusileria. Aquellos vecinos habian sido los mas tenaces en
el fomento y apoyo de la sedicion, fiados sin duda en la situacion
ventajosa que ocupaban; de manera que, reconocida por el Comandante
General, D. José del Valle, estimó, que para reducirlos era menester
emplear muchos dias, y que no lo conseguiria sino á costa de mucha
sangre, no obstante la impericia de los sediciosos; graduando la
espugnacion de aquel puesto, capaz de detener dos meses á un ejército
aguerrido y numeroso, si le hubiesen ocupado y defendido enemigos de
otra naturaleza. Pero hecho cargo de todo, determinó acampar en sus
inmediaciones, y desde luego fué saludado con el fuego de la artilleria
y fusileria, que no causó efecto alguno, por estar apostada demasiado
distante. Al amanecer del siguiente dia, el cura del propio pueblo dió
aviso que los rebeldes lo habian abandonado, con el designio de reunirse
al ejército de su principal Gefe, José Gabriel Tupac-Amaru, que se
hallaba en Tinta, habiendo cortado antes el puente, para retardar por
todos términos la continuacion de la marcha á nuestras tropas, y tambien
impedir se les persiguiese y picase la retaguardia. Con este aviso entró
el ejército del Rey en Quiquijana, donde solo habian quedado las mugeres
y hombres, que por su ancianidad ó achaques no habian podido seguir á
los demas. Todos se acogieron al asilo del templo, en donde con muchas
lágrimas y señales de arrepentimiento, imploraban el perdon de sus vidas
y el indulto de sus casas y haciendas, para que no fuesen entregadas á
las llamas, como merecian. Todo se les concedió, y solo experimentaron
el rigor del castigo, Luis Poma, Inca, primo del usurpador José Gabriel,
y Bernardo Zegarra, su confidente, que pagaron con la vida en una horca
sus atroces delitos.
Dadas las disposiciones mas precisas en el pueblo de Quiquijana para su
seguridad y arreglo, continuó nuestro ejército las marchas sin
intermision de dias, y al llegar al primer campamento se presentaron los
enemigos ocupando las próximas montañas, en cuya falta habian colocado
un cañon, y prevenido en las cumbres muchas piedras grandes y pesadas, á
que dán el nombre de _galgas_, con el fin de arrojarlas y despeñarlas
para ofender á los nuestros en un estrechísimo desfiladero inevitable,
contiguo á un rio caudaloso, que se habia de vadear precisamente. Para
evitar el peligro se nombraron 100 fusileros de tropas ligeras con todos
los indios auxiliares de Anta y Chincheros, á quienes se dió la órden
para desalojar á los rebeldes de tres puestos muy ventajosos que
ocupaban en la cresta de la montaña en que estaban alojados, cuyo ataque
emprendieron valerosamente; y tuvieron la fortuna no solo de conseguir
el intento, sino tambien derrotarlos enteramente, á vista del resto de
las tropas que esperaban el éxito del suceso.
Al siguiente dia se tuvo noticia por un desertor de los enemigos, que
habian colocado una bateria en la falda de otra montaña, inmediata al
camino que debia seguir nuestro ejército, y que la defendian 10,000
combatientes. Se nombró inmediatamente una columna muy reforzada, para
que, tomando otra direccion, rodease la montaña y subiese á dominar por
la espalda á los rebeldes, y el Comandante General con el resto del
ejército se puso en marcha por la llanura: pero á la media legua tuvo
que dar vuelta para evitar otra montaña, y bajar á un valle muy ancho y
espacioso, donde con mas desembarazo pudiesen maniobrar sus tropas.
Luego que avistaron los rebeldes unas cargas de los indios de Tinta y
Chincheros que se habian adelantado sin órden, las atacaron con la mayor
intrepidez y osadia. Unos caballeros aventureros y los dragones de Lima
y Caravaillo, que llevaban la vanguardia del ejército, salieron á la
defensa, y este motivo fué empeñando sucesivamente las demas tropas con
el grueso de los sediciosos, y se trabó la accion, en que fueron
derrotados completamente, dejando en el campo de batalla un crecido
número de cadáveres, sin contar infinitos heridos que retiraron ó se
hicieron prisioneros, y aun el mismo José Gabriel Tupac-Amaru lo hubiera
quedado, á no haberse libertado por la lijereza de uno de sus caballos,
en que emprendió una precipitada fuga, y con tanto aturdimiento, que
olvidándose del vado del rio que debia atravesar para ir á Tinta, se
arrojó á nado por lo mas profundo, donde estuvo muy cerca de ser
sumergido en las aguas, y de acabar en ellas su vida. Este accidente
consternó mas y mas el ánimo del tirano, y determinó huirse sin pasar
por Tinta, y antes de poner en práctica esta resolucion, escribió á su
muger en los términos mas pateticos y melancólicos, diciéndules: _vienen
contra nosotros muchos soldados y muy valerosos, no nos queda otro
remedio que morir_. Se ignoraban en el ejército estas últimas
particularidades, sin saberlas se puso de nuevo en movimiento, para
seguir la marcha, con la resolucion de alojarse aquella noche en Tinta:
pero no pudo verificarse, á causa de que el rio inmediato detuvo el paso
á las tropas, por estar tan crecido, que no obstante las precauciones y
activas providencias que tomó el Comandante General, D. José del Valle,
no pudo evitar se le ahogasen dos hombres. En esta maniobra, siempre
lenta y peligrosa en los ejércitos, se empleó lo restante del dia, y ya
próxima la noche fué preciso acampar en las cercanias del pueblo de
Cambapata, que dista del de Tinta una legua, y al clavar nuestras tropas
las primeras estacas de las tiendas, rompieron los enemigos el fuego con
tres cañones, de una bateria que tenian colocada, pero siempre con el
ordinario defecto de situarlos demasiado distantes, haciendo con esto
las mas veces inutil su efecto, porque las balas no alcanzaban á
nuestras tiendas, ni á otros objetos que se proponian ofender.
A las 2 de la mañana del siguiente dia se mandaron salir 150 fusileros
de las tropas lijeras, con los indios auxiliares de Anta y de
Chincheros, para que ocupasen una montaña que dominaba la llanura, por
donde debia pasar precisamente el ejército para dirigirse á Cambapata,
cuyo pueblo reconocido, se notó le habian cercado los insurgentes, con
una muralla de adobes, coronada y cubierta de espinos, para embarazar la
marcha, y retardar cuanto les fuese posible la llegada de las tropas á
Tinta. A las 4 de la misma mañana, mandó el mismo General situar una
bateria de cinco cañones, en un puesto que dominaba la de los enemigos
cuyo fuego perfectamente dirigido, produjo la ventaja, que lo
abandonaren en menos de una hora, y que poco despues se presentasen 30
vecinos de Tinta, que afirmaron haberse ausentado de aquel pueblo toda
la familia de José Gabriel Tupac-Amaru, llevándose la plata sellada,
labrada, alhajas y demas efectos de valor, de que se habian apoderado
desde los principios del alzamiento.
Con esta novedad mandó inmediatamente el General batir tiendas, para
transportarse con todo el ejército al pueblo de Tinta, donde halló el
retrato del principal rebelde pendiente de la horca, sin averiguar el
autor de aquella accion. Dispuso desde luego cuanto estimó conveniente,
para celebrar sério acto, de hacer respetar el nombre de nuestro augusto
legítimo Soberano, y despues despachó muchos destacamentos por distintas
direcciones, con las órdenes mas eficaces, para que por todos términos
procurasen la captura de los fugitivos: con la prevencion de que la
primera diligencia habia de dirigirse á cerrar el paso á los Andes por
la provincia de Carabaya, á fin de que el rebelde y su familia no
tuviesen el seguro asilo que se presumia buscasen en aquellas
impenetrables asperezas, ó se confundiese entre los indios bárbaros.
No siguieron este intento los rebeldes, antes bien tomaron el camino de
Langui; y como se habia hecho pública su última derrota, se atrevió á
perseguirlos D. Ventura Larda, unido á otros vecinos de aquella
jurisdiccion, que lograron arrestar al mismo José Gabriel, á su muger
Micaela Bastidas, y á dos hijos, Hipólito y Fernando, que entregaron
para su segura conduccion y custodia á unos de los destacamentos que
habian ido siguiendo su alcance, y fueron conducidos al campo español,
donde aquel mismo dia habian sufrido ya la pena de horca 67 rebeldes,
que se arrestaron en aquellas inmediaciones, cuyas cabezas se colgaron
en los parajes públicos, para escarmiento de los demas sediciosos; á
quienes se les tomaron ocho cañones de diferentes calibres, siendo el
mayor del de á cuatro, 20 fusiles y escopetas, dos pares de pistolas,
cuatro quintales de balas de cañon y de fusil, otros tantos de pólvora,
30 lanzas, y mucha parte de los robos y saqueos que habian hecho.
Quedaron tambien prisioneros, de resultas de estos favorables y
prósperos sucesos, Antonio Bastidas, cuñado de José Gabriel, á quien
habia nombrado Capitan General; Cecilia Tupac-Amaru, su media hermana;
su primo, Patricio Noguera; el Coronel José Mamani; los Comandantes, el
de artilleria, Ramon Ronce; Diego Ponce; Diego Verdejo, pariente del
tirano; Andres Castelo, Felipe Mendizabal, Isidro Puma, Mariano Castaño,
Sargento Mayor; Diego Ortigosa, Asesor; Manuel Gallegos, plumario;
Melchor Arteaga mayordomo de ganados; Blas Quiñones, mayordomo mayor;
Tomasa Tito, cacica de Acós; José Venela, confidente; Estevan Vaca,
fundidor de artilleria; Francisco Torres comisionado principal; Lucas
Colque, Comisario y alcalde; cuatro capitanes, dos tenientes, algunos
soldados y negros huidos de particulares, entre ellos Antonio Oblitas,
esclavo de D. Antonio Arriaga, y el mismo que fué su verdugo en Tinta.
Despues de arrestado el principal rebelde, su muger, sus hijos y la
mayor parte de sus gefes principales, parece debia esperarse una crisis
favorable, que restableciese en su antigua quietud los ánimos alterados
de aquellos naturales: pero lejos de esto, se puede asegurar empezó de
nuevo y con mas ligereza la rebelion, porque habiendo logrado la fuga
Diego Cristóval Tupac-Amaru, medio hermano de José Gabriel, Mariano
Tupac-Amaru, su hijo, Andres Noguera, y Miguel Bastidas sus sobrinos,
por haber seguido diferente camino que los demas, consiguieron
felizmente libertarse y establecer su residencia en la provincia de
Azangaro, que continuó ciegamente á su devocion, con las circunvecinas
de la Paz, y las del Collao, formando considerable partido para sostener
sus ideas. A este intento dispusieron con las mas activas y eficaces
diligencias, reunir todos sus inicuos parciales, y acopiar muchas armas
y municiones, para apoderarse de los prisioneros, al tiempo que fuesen
conducidos á la ciudad del Cuzco, donde habia determinado remitirlos el
Comandante General, D. José del Valle, para que sufriesen el castigo que
merecian por sus gravísimos delitos. Penetradas por este gefe las
intenciones de los rebeldes, aunque consideró remoto pudiesen verificar
su proyecto, no dejó de tomar todas cuantas medidas le dictaban su
práctica y esperiencia militar, para frustrar sus esfuerzos, y no
esponerse á que por algun inesperado accidente ó casualidad, recobrasen
la libertad unos reos de aquella naturaleza: y persuadiéndose que para
su entera seguridad se requeria la presencia de su persona, determinó
escoltarlos con una columna muy reforzada, dejando el resto del ejército
en los campos de Quiquijana, Tinta y Langui, para que ocurriesen á
cuanto pudiese suceder en el poco tiempo que calculó podia emplear en el
viage; y dispuesto todo en la forma espresada, custodió á los
delincuentes, hasta la puente de Urcos, donde se los entregó todos á D.
José Cabero, Coronel del regimiento de dragones provinciales de
Armaraes, que guarnecia aquel importante puesto, para que siguiese con
ellos hasta la ciudad del Cuzco, é hiciese formal entrega de sus
personas al Visitador, D. José Antonio de Areche, que se mantenia en
ella, esperando el éxito de las operaciones del ejército, y tambien para
providenciar cuanto fuese necesario á su resistencia.
Hasta esta época las tropas de Lima no habian esperimentado sino
felicidades, y aunque siempre vencedoras, y en todas ocasiones
gloriosas, no pudo conseguir su general, imprimir en ellas la generosa
resolucion de acabar la obra comenzada. El demasiado amor á sus familias
y hogares, y el ambicioso deseo de recoger sus cosechas, motivaron una
considerable desercion, que desvaneció cuanto tenia proyectado, pues no
pudo verificar su retroceso desde la puente de Urcos, tan pronto como se
lo habia propuesto; porque improvisamente se desaparecieron todos los
indios de Anta y Chincheros, y la mayor parte de las tropas milicianas,
en que consistia la fuerza del ejército, respecto al corto número de
veteranos que en el tenia Sucesivamente fué recibiendo avisos de los
gefes de las demas columnas, en que le comunicaban iguales incidentes,
ocurridos con las tropas de sus respectivos mandos, y tambien que habia
sido atacada la de Langui por los rebeldes, mandados y dirigidos ya por
Diego Cristóval Tupac-Amaru, las noches del 18 y 20 de Abril, en que
tuvieron dos acciones muy sangrientas, en las cuales fué considerable la
pérdida del enemigo, y muchos los heridos de nuestra parte, siendo
comprendidos en este número el Comandante, D. Manuel Castilla, y algunos
oficiales principales. Atendidas estas críticas circunstancias, fué
preciso disponer con activas providencias, el pronto reemplazo de los
desertores, en que se emplearon 11 dias, y verificada esta diligencia,
se puso de nuevo en movimiento, con el cuerpo de tropas de su mando,
forzando cuanto pudo sus marchas para dirigirse al pueblo de Sicuani de
Su provincia de Tinta, con el intento de hacer entrar todo su ejército
en las del Collao, para pacificarlas y sugetarlas á la debida obediencia
del Soberano.
A este fin dispuso que la columna del cargo de D. Manuel de Castilla,
corregidor de Paruro, siguiese el camino del pueblo de Macari, donde
habia de hacer alto, para esperar las órdenes posteriores. Que la de
Cotabamba, mandada por su corregidor, D. José Maria Acuña, se encaminase
para Checa, Quequi, Yauri y Coporaque, con el objeto de reducir estos
pueblos á la obediencia de S.M., y para su mejor éxito se le
incorporaron los mestizos é indios de los pueblos de la provincia de
Quispicanche, que el celo del presbítero D. Felipe de Loaira, natural y
residente del pueblo de Oropesa, recluto de su propia voluntad,
anhelando patentizar las veras, con que se interesaba en los favorables
sucesos de las armas del Rey, gobernándolos y sirviendo al frente de
ellos. Que otra columna de 1,000 hombres, al cargo del Coronel de
Dragones del ejército, D. Gabriel de Aviles, pasase á las cercanias del
pueblo de Muñoz, con el fin de adquirir noticias de aquel pais, y de
castigar aquellos rebeldes: y el Comandante General, con el resto del
ejército, pasó la raya que divide el vireinato de Lima con el de Buenos
Aires, donde halló la rebelion con el mayor furor y crueldad, porque
Diego Cristóval Tupac-Amaru, su nuevo caudillo temerario, recelando que
los blancos y mestizos de aquellas provincias lo arrestesen con
traicion, en fuerza de los prémios ofrecidos por su captura, eligió y
puso en egecucion el bárbaro partido de inundar asesinar indistintamente
á todos los que no fuesen de su casta, sin reparar en la edad ni en el
sexo, castigando y persiguiendo tambien á los curas y sacerdotes de
aquellos territorios, que su medio-hermano José Gabriel habia tratado
con mucha consideracion, y con el debido respeto á su sagrado carácter.
Uníanse á estas desgracias otra mayor, que era la de haberse formado por
el tiempo, ó poco antes, en el pueblo de Ayoayo, provincia de Sicasica,
otro monstruoso caudillo de rebelion, mas cruel y sanguinario que todos
los de su clase. Este fué Julian Apasa, indio pobre y desconocido, que
de sacristan pasó á peon de un ingenio, y despues sabiéndose aprovechar
de las turbaciones suscitadas por los Tupac-Amaru, ayudado de otro,
llamado Marcelo Calle, adquirió una autoridad tan gigante, que puso á
su devocion en pocos dias las provincias de Carangas, Sicasica, Pacajes,
Yungas, Omasoyos, Larecaja, Chucuito y otras: y para que los indios de
ellas tuviesen mas respeto y veneracion á su persona, y diesen mas
ascenso á sus persuasiones, se apellidó Tupac-Catari, juntando el de
Tupac de José Gabriel, y el apellido de Catari, propio de los tres
hermonos que fomentaron los primeros movimientos en la provincia de
Chayanta. De este horroroso caudillo tendremos repetidas ocasiones de
acordarnos cuando sea tiempo de referir los sucesos lastimosos que
originó á estos reinos. Volvamos ahora á las tropas del vireinato de
Lima, y á seguir la série de sus operaciones.
Continuó el Comandante General, D. José del Valle, las marchas, como lo
habia pensado, para entrar en la jurisdiccion del vireinato de Buenos
Aires: al acercarse á la Pampa de Quesque, donde pasó la noche, se
avistaron como 100 rebeldes, que tuvieron la osadia de hacer fuego á la
vanguardia del ejército, con solos tres fusiles, acompañando esta
hostilidad de repetida y descompuesta griteria, en que decian á los
nuestros que no eran tan cobardes como los de la provincia de Tinta, que
acababan de vencer, y que luego esperimentarian que era muy diferente el
brio y la constancia de los indios del Collao. Cuando acabaron de
descubrir nuestro ejército, se subieron á la cima de un monte muy alto,
cubierto de nieve, donde iban ritirando todo su ganado. El Comandante
General nombró á D. Antonio Ternero, Sargento Mayor del regimiento del
Cuzco, para que con 80 fusileros subiese á castigar su atrevimiento: lo
que egecutó este oficial bizarramente, matando doce rebeldes, y
quitándoles algunos caballos y mucho ganado lanar que condujo al campo;
y poco despues se supo por cuatro prisioneros, que los vecinos del
pueblo de Santa Rosa eran los mas afectuosos distin
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